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Etiqueta: Pensiones

Francia arde, pero Macron no cede

Gavin Mortimer. Este artículo fue originalmente publicado en CapX.

Un sondeo de opinión reveló el pasado fin de semana que el índice de aprobación de Emmanuel Macron ha caído al 28%, el más bajo desde las protestas de los Chalecos Amarillos de 2018. El único consuelo para el presidente es que algunos de sus predecesores han sido más impopulares. François Hollande, por ejemplo, alcanzó el 13% en 2014, François Mitterrand registró un 26% en 1984 y Jacques Chirac se situó en el 27% en 1995. Esto demuestra que los franceses rara vez están satisfechos con sus presidentes.

La popularidad de Mitterrand y Chirac se hundió en un momento de crisis económica, provocando protestas callejeras masivas, turbulencias similares a las que sacuden actualmente al país. Desde enero, los ocho principales sindicatos han sacado a la gente a la calle para protestar por el proyecto de ley de reforma de las pensiones, en particular el aumento de la edad de jubilación de 62 a 64 años. También ha habido huelgas -desde ferroviarios a basureros-, en una rara muestra de solidaridad entre los sindicatos. En el pasado, los sindicatos moderados, como la CFDT, han encontrado pocos puntos en común con los de izquierda más dura, como la CGT y Force Ouvrière, pero esta vez están unidos.

Aprobación al margen del Parlamento

Ninguna de las partes ha estado dispuesta a transigir. Macron no es un hombre conocido por su humildad, pero se le atribuye cierta astucia. La semana pasada, sin embargo, hizo algo muy imprudente. Temiendo que el proyecto de reforma no fuera aprobado por la Asamblea Nacional, ordenó a su Primera Ministra, Elisabeth Borne, que eludiera al Parlamento activando el artículo 49.3 de la Constitución. Esto permite aprobar un proyecto de ley sin someterlo a votación. Forma parte de la Constitución de la V República, pero se utiliza poco. Al menos hasta que Macron ganó un segundo mandato el año pasado. Su Gobierno ha recurrido al artículo 49.3 once veces en nueve meses. En los 64 años anteriores de la V República se había utilizado 89 veces, y solo para leyes relativamente menores.

Al utilizarlo para aprobar su despreciada ley de reforma de las pensiones, Macron enfureció a sus oponentes, confirmando su visión de él como un presidente arrogante, testarudo y fuera de lugar. Mientras las personalidades políticas expresaban su indignación a los medios de comunicación, el pueblo salía a la calle. Ayer hubo -dependiendo de si se creen las cifras de la policía o las de los sindicatos- entre uno y tres millones de manifestantes en todo el país. La gran mayoría eran pacíficos, pero basta con un par de miles de matones para sembrar el caos, como ocurrió en París, Burdeos, Nantes y otras ciudades, donde las turbas quemaron ayuntamientos, atacaron comisarías y destrozaron comercios y restaurantes.

Una “nación start-up”

El Gobierno está conmocionado por la violencia, y la visita de Estado de los reyes Carlos y Camilla a Francia -prevista para el domingo- ha sido cancelada. Evidentemente, Macron ha decidido que no sería bueno para el prestigio de la República que el rey de Inglaterra fuera atacado por una turba en Versalles.

Cuando Macron fue elegido presidente en 2017, presumió de que convertiría Francia en una “Start-Up Nation”; hasta cierto punto lo ha conseguido. El año pasado, el país creó su 25º Unicornio (una empresa emergente privada valorada en más de 1.000 millones de dólares) y en 2021 las empresas tecnológicas francesas recaudaron 11.600 millones de euros en fondos, un 115% más que el año anterior. Existe un verdadero amor mutuo entre Macron y los tecnólogos.

Desprecio mutuo

Por desgracia para el presidente, millones de votantes le odian -le odian de verdad- porque no comparten su visión globalista del mundo. Creen que los desprecia, y hay muchas pruebas de ello. A lo largo de los años ha descrito a sus compatriotas como “holgazanes”, “nada” y “resistentes al cambio”. La ira que ha estallado en los últimos días existe desde hace años; estalló en el invierno de 2018/19, vestida con un Chaleco Amarillo, y tras una pausa por Covid, ha vuelto.

En una entrevista televisiva el miércoles, Macron insistió en que nunca retiraría el proyecto de ley. Su desafío no fue bien recibido. Olivier Faure, líder del Partido Socialista, le acusó de “echar leña a un fuego ya bien encendido”. Marine Le Pen es una de las figuras políticas que exigen un referéndum sobre el proyecto de reforma, y otros quieren que el Presidente disuelva el Parlamento y convoque nuevas elecciones legislativas. Ninguno se saldrá con la suya.

La ruptura generacional y el nuevo contrato social (II)

“Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio”

La producción de seguridad, Gustave de Molinari

En la primera parte analicé la ruptura generacional y la necesidad de un nuevo contrato social, en esta segunda parte haré una conjetura sobre por dónde podría desarrollarse.

A medida que el poder de negociación entre las distintas generaciones se va modulando en esta transición hacia una nueva era —la era de la información—, a la par que la vieja política es incapaz de cumplir sus promesas y las generaciones que han cumplido su parte del contrato social exigen el pago del Estado de sus pensiones, se planteará nuevamente un escenario similar al de la Transición, donde nos debatiremos entre la Continuidad de los boomers y pensionistas, la Reforma de los trabajadores y la Ruptura de los más jóvenes.

En la elaboración de todo contrato es esencial el poder de negociación de las partes: qué quiere cada una, qué puede aportar y en qué puede ceder. En este caso, las partes serán los tres sectores generacionales que ya identificamos, a grandes rasgos: boomers y pensionistas (>58 años), trabajadores (30-58 años) y jóvenes (<30 años). Será importante, por tanto, estudiar de qué dispone cada uno y qué quieren para este nuevo contrato social.

Boomers y pensionistas quieren mantener el statu quo, la continuidad del sistema actual que tantos beneficios les reporta; esencialmente, sus pensiones. Por ejemplo, las nuevas pensiones de jubilación son un 23,3 % más altas que el sueldo más habitual en España. Estos ingresos en su mayoría son renta disponible, puesto que ya tienen sus viviendas pagadas y apenas tienen otros gastos. Disponen de ahorros, bienes inmuebles y un poder de negociación significativo por el elevado número de votantes que son. No obstante, tienen muy poco poder social, puesto que ellos son los que menos movilidad tienen y los que más necesitan al resto de la sociedad, dado que ni producen bienes ni prestan servicios.

Trabajadores. El mundo cambia a una velocidad de vértigo y ya no tienen tan seguro mantener un buen puesto de trabajo por las necesidades de actualizarse y la situación macroeconómica. Aunque su horizonte empieza a tener nubes negras, todavía aspiran a llevar una jubilación tranquila como la de sus padres y que el temporal que se avecina no sea más que una breve tormenta de verano. Sin embargo, la demografía es testaruda, y para que puedan llevar a cabo su retiro, el Gobierno planea retrasar la edad de jubilación y abrir las puertas a 10 millones de inmigrantes. Su poder de negociación es el menor de todos, puesto que están atados a las expectativas de futuro vinculadas al Estado, pero también a sus impuestos. Son los que más tienen que perder, las principales víctimas de la ruptura del contrato social. Disponen de las herencias futuras y de los frutos de su trabajo presente al menos de lo que no se coman la inflación y los impuestos. No obstante, a pesar de ser los que menor poder de negociación tienen, detentan el poder actual y tienen en sus manos las riendas para elegir el camino: la Continuidad, la Reforma o la Ruptura.

Los jóvenes con el statu quo actual no tienen nada que ganar, y por la precariedad tampoco nada que perder, y tienen todo el futuro por delante. Con el fork en los medios de comunicación van a tener voces mediáticas que les representen, y pueden hacer su patrimonio portátil y difícilmente confiscable gracias a Bitcoin. Así, con la facilidad para emigrar llegado el caso, su poder de negociación social irá creciendo significativamente a medida que pase el tiempo. Sin embargo, no tendrán gran poder de negociación político, pues por demografía ni siquiera atraen el interés de los partidos. Tanto la Continuidad como la Reforma les necesita como agua de mayo, ¿quién va a mantener si no el sistema? ¿20 millones de inmigrantes? El sistema necesita a los jóvenes, pero ellos lo único que quieren es un trabajo digno, formar una familia, acceder a una vivienda y poder vivir sin que les asfixien con regulación e impuestos, por lo que su facilidad para hacer un opt-out —optar por salir del sistema— incrementará exponencialmente su poder de negociación. Además, tienen competencias esenciales para el mundo que viene, si no les integran en las estructuras de poder, la fragilidad y vulnerabilidad será enorme, sirva como ejemplo cuando un periodista se coló en una reunión secreta de Defensa de la Unión Europea.

Una vez visto el poder de negociación de cada parte, de qué disponen y qué quieren, hay que conjeturar acerca de cómo se llega a este escenario, puesto que el actual contrato social se está resquebrajando a marchas forzadas. Veamos un ejemplo paralelo: la Superliga.

Florentino Pérez plantea hacerla porque ve que el fútbol, tal y como está, es insostenible, en el medio-largo plazo puede morir. Como tuvieron un monopolio de la emisión, subieron mucho los precios, y los que siempre habían sido aficionados siguieron consumiéndolo. Pero una capa de la sociedad, los jóvenes, quedaron excluidos justo en el momento en el que aparecía una alternativa —Youtube—, así que se bajaron del tren para subir a uno nuevo. Y no sólo esto, es que también disuadieron a muchos padres de seguir viéndolo. Los jóvenes ya solo ven los grandes partidos, pero no son fanáticos del fútbol. En el día a día no siguen todos los encuentros, ven a creadores de contenido. Es difícil encontrar un partido de Primera División que no sea del Real Madrid, Barcelona o Atlético, que supere un directo de Ibai. Si se proyecta esto 10 años, el fútbol va a tener muy pocos espectadores el día de mañana, a excepción de los grandes partidos. La solución propuesta a este escenario era la Ruptura.

La Superliga suponía romper con el statu quo, haciendo partidos solo con los equipos de primer nivel europeo, retransmitidos por plataformas globales y con los creadores de contenido como comentaristas. La solución era buena ante un escenario de crisis del fútbol, pero no incluyó los intereses de las instituciones establecidas. El error, además de hacer la presentación en El Chiringuito, fue no negociar con todas las partes. Pero la consecuencia de que no se negociase entre todas las partes ante un escenario de crisis, supone que el fútbol ya va a tener prácticamente imposible recuperarse y mantenerse hegemónico las próximas décadas. El escenario era, “el fútbol, de seguir así, muere, ¿qué vamos a hacer para salvar esto?”. Se enfrentaron los intereses acumulados de las instituciones futbolísticas y los intereses de los equipos que tienen mayores ingresos, y no buscaron la negociación por el bien común, sino sus intereses particulares; y por ello el fútbol muere.

Pues bien, España está como el fútbol. Si seguimos así, en 10 años estaremos como Argentina. Al igual que el fútbol va a morir por perseguir cada uno sus intereses particulares, si no hay una negociación que tenga en cuenta los intereses de todas las partes, lo que vamos a perder es el futuro de España.

Los pilares esenciales de esta hipotética negociación, a mi juicio, serán: 1/ pensiones, 2/ sector público e impuestos, 3/ deuda pública, 4/ inmigración y 5/ jurisdicciones privadas.

1/ Pensiones. Lo bueno de tener un sistema de reparto es que las pensiones no “quiebran”, simplemente se reparte lo que hay, sea mucho o poco. Lo que es prácticamente imposible es que se sostengan tal y como están ahora y se sigan actualizando al IPC, especialmente con la inflación que tenemos —y que apenas ha comenzado—. Dado el elevado número de votantes que son y que su interés primordial son las pensiones, será difícil ver recortes en ellas. No obstante, dentro de la negociación, parece razonable buscar un acuerdo por el que haya pensiones para todos ellos, pero adaptándolas en función de un criterio de renta disponible por pensionista. Además, habrá que retrasar la edad de jubilación —siguiendo criterios por sectores— puesto que la esperanza y calidad de vida se han incrementado muy significativamente. No parece razonable que el nuevo contrato social acuerde pagar rentas por encima de la media del sector productivo, cuando además los pensionistas no suelen tener los gastos corrientes de alquiler de los trabajadores y jóvenes. Sin embargo, todavía estamos lejos de empezar la negociación, y acaban de anunciar que el Gobierno eliminará el tope de las pensiones máximas, parece que busca acelerar la caída del Estado.

2/ Sector público e impuestos. Sin un recorte significativo del sector público será muy difícil bajar impuestos, y sin bajar impuestos será prácticamente imposible mantener en España a los supercontribuidores, que son los que nutren las arcas del Estado. En el mundo que empieza a amanecer, tendrán extraordinariamente accesible el cambiarse de jurisdicción o tener su patrimonio fuera del alcance de las garras del Estado. Además, habrá que incorporar a los jóvenes en el sector público, tanto para reemplazar a los boomers que se jubilan como para introducir las competencias de las que ahora la Administración carece. Para ello se hace imprescindible una reforma significativa del funcionamiento de la Administración y de la integración y régimen de funcionarios.

3/ Deuda pública. Los intereses de la deuda pública van a asfixiar a los españoles la próxima década. Parece razonable ajustar a la realidad económica de España las pensiones y no cargar todo el peso sobre las condiciones laborales de los jóvenes, que hoy además nacen con 39.947 euros de deuda real por persona. Al fin y al cabo, no parece demasiado justo que unos sean los que se endeuden en nombre de otros que no disfrutan de los beneficios y que pagan la fiesta.

4/ Inmigración. España necesita inmigrantes, millones de ellos. No es suficiente con incrementar la natalidad, porque esos resultados llegarían dentro de tres décadas, y necesitamos trabajadores hoy. Pero, ¿qué inmigración? Una de las virtudes de España es su posición geográfica y su clima, con una regulación atractiva, bajos impuestos, y acabando con el principio de neutralidad del Estado, se pueden atraer millones de inmigrantes que vengan a aportar y empresas productivas a nuestro territorio. En caso de que no optemos por esta vía, recibiremos principalmente inmigración del norte de África, poco cualificada, y nos convertiremos en el lugar de mano de obra barata para la Unión Europea devaluando los salarios de nuestros jóvenes, precarizando más el trabajo e incrementando la inseguridad. Del diseño de esta política de inmigración depende en gran medida lo que será España este siglo.

5/ Jurisdicciones privadas. Las Micrópolis (libro en el que estoy trabajando junto a Adolfo) son zonas jurídicas y económicas especiales, que en alguna medida recogen la tradición española de los fueros, y que permitirían adaptar las normas sociales a grupos y comunidades con intereses afines. Con los problemas de la España vacía sería una propuesta muy interesante para, en lugar de tener que resignarnos a una decadencia constante, poder atraer personas y empresas de todo el mundo que simplemente vayan buscando un lugar seguro donde asentarse y prosperar —o simplemente no tener que emigrar de España.

Pensemos en jurisdicciones diseñadas específicamente para pensionistas, con un tejido sanitario espectacular; en Micrópolis donde sectores empresariales se asienten para tener una regulación concreta y conectar sinergias, como puedan ser farmacéuticas o el sector del automóvil europeo; ciudades privadas con legislaciones educativas propias, o con mayores o menores restricciones de inmigración.

Matandrinos es una aldea abandonada de Segovia que se puede comprar por 100.000 euros, ¿por qué no permitir a unos jóvenes que se instalen allí y se organicen jurídica y socialmente como consideren? Al fin y al cabo, con un ciberdinero y un mercado de 580 millones de hispanohablantes se pueden prestar servicios desde cualquier parte del mundo, por lo que estas opciones serán más que viables.

Y todo esto podría convivir con el “resto de España” funcionando con las mismas reglas, mientras se permite un crecimiento significativo tanto de la vida como de la riqueza, contribuyendo a sostener las enormes promesas de gasto social del Estado. Siendo una alternativa a aquello que Ortega comentaba de las sociedades cuando los jóvenes no tienen perspectivas de futuro:

“Entonces acontece la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado; es decir, la anulación de la espontaneidad histórica, que en definitiva sostiene, nutre y empuja los destinos humanos. Cuando la masa siente alguna desventura, o simplemente algún fuerte apetito, es una gran tentación para ella, esa permanente y segura posibilidad de conseguirlo todo —sin esfuerzo, lucha, duda ni riesgo— sin más que tocar el resorte y hacer funcionar la portentosa máquina. La masa se dice: “El Estado soy yo”, lo cual es un perfecto error. El resultado de esta tendencia será fatal. La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar [¿ninguna?]. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la máquina del Gobierno. Y como a la postre no es sino una máquina cuya existencia y mantenimiento dependen de la vitalidad circundante que la mantenga, el Estado, después de chupar el tuétano a la sociedad, se quedará hético, esquelético, muerto con esa muerte herrumbrosa de la máquina, mucho más cadavérica que la del organismo vivo. Esta empieza a ser esclavizada, a no poder vivir más que en servicio del Estado. La vida toda se burocratiza. ¿Qué acontece? La burocratización de la vida produce su mengua absoluta, en todos los órdenes. La riqueza disminuye, y las mujeres paren poco”.

La rebelión de las masas, Ortega y Gasset

Frente a esta situación habrá que buscar alternativas. Reformular el contrato social para aliviar tensión social y generar vida y prosperidad es una, y es ahí donde el proyecto de las Micrópolis ofrece una salida a este escenario.

La ruptura generacional y el nuevo contrato social (I)

“Por lo que a nosotros concierne, estamos totalmente convencidos de que un día se establecerán asociaciones para reclamar la libertad de gobierno como han sido establecidas para reclamar la libertad de comercio”

La producción de seguridad, Gustave de Molinari

En esta primera parte, trataré de analizar la ruptura generacional y ver la necesidad de un nuevo contrato social, cuestión que plantearé en la segunda parte.

Cada vez se respira mayor tensión entre los distintos sectores de edad de la sociedad, aunque la categoría de generaciones defendida por Ortega ha recibido críticas razonables, considero que sigue siendo oportuno emplearla, aunque por el crecimiento de la esperanza de vida conviene ampliarla de 15 a 30 años. A grandes rasgos, podemos identificar tres grandes sectores de edad: boomers y pensionistas (>58 años), trabajadores (30-58 años) y jóvenes (<30 años).

Entre estas generaciones hay una serie elementos comunes que permiten trazar un retrato de cada una, donde se puede ver que sus intereses están muy poco alineados, lo que no hace presagiar nada bueno y puede producir una ruptura generacional.

La primera generación, la de boomers y pensionistas, es una generación que se encuentra cómoda con la Transición y los resultados de ella, en su mayoría son propietarios de una o varias viviendas, gozan de pensiones superiores a su contribución a las arcas públicas –según el Banco de España de 1,74 euros por cada euro aportado–, sus fuentes de información son los medios de comunicación tradicionales –prensa, televisión y radio–, creen que los estudios universitarios son fundamentales para obtener un buen trabajo –fijo y buen salario–, han disfrutado y disfrutan del Estado de bienestar, y creen que todo esto está garantizado. No obstante, son una generación que ha obtenido todo esto a base de consumir el ahorro de los abuelos y de traer al presente bienes y servicios endeudándose por las generaciones futuras.

La segunda generación, la de trabajadores, ha experimentado en su juventud la buena vida, y trabaja incansablemente por alcanzarla. Aspiran a llevar una vida como la de sus padres, donde la tranquilidad y la seguridad es lo que más se busca. Sin embargo, los impuestos y regulaciones, junto a la inflación, les ponen en serias dificultades. Además, hay que añadir que por el alargamiento de la esperanza de vida ya no heredan cuando empiezan sus proyectos vitales, sino ya cuando están cerca de la jubilación. Empiezan a percibir un cambio significativo en la estabilidad social y ven peligrar su futuro. Son los que están viviendo la ruptura del contrato social. Al ver a los jóvenes perciben que ellos no van a llevar los mismos niveles de vida de sus padres, puesto que difícilmente puedan contar con unas pensiones que les permitan un nivel alto de vida o recibir una sanidad de tanta calidad. Sus fuentes de información también son los medios tradicionales, pero desconfían de ellos. Son los que creyeron en las promesas del sistema y empiezan a ver que no se van a cumplir. No obstante, no quieren renunciar a sus aspiraciones, prefieren evitar enfrentarse a la realidad y seguir en la rueda del hámster como si el castillo de naipes no se estuviese desmoronando delante de sus narices.

Por último, los jóvenes, ya saben que ese mundo no es para ellos. Apenas se identifican con la política. Sus fuentes de información son radicalmente distintas, se informan a través de creadores de contenido, Youtube, Twitch, podcast; información mucho más personalizada que les confronta directamente con las generaciones anteriores. Ya saben que una educación en una universidad no te garantiza ni un trabajo ni un buen salario. El descrédito de todo lo anterior junto a la dificultad para encontrar salidas y proyectos vitales esperanzadores los arroja a la frustración. Sólo han vivido en crisis, primero la de 2008 y ahora la del Covid-19. Tienen muy difícil el acceso a la vivienda, y los alquileres que les cobran las generaciones anteriores les dejan muy poca renta disponible para su día a día e iniciar sus proyectos vitales.

Esto son solo algunas pinceladas de estas generaciones, pero es que además hay una serie de elementos que hacen que sus intereses e incentivos estén completamente desalineados, veamos algunos de ellos sin hacer un númerus clausus:

1/ Forks de los medios de comunicación. Estamos viviendo una bifurcación de los medios de comunicación. Las fuentes de acceso a la información de los jóvenes son radicalmente distintas a los de las otras generaciones, y esto hace que vivan en mundos distintos, ven la realidad de forma diferente y esto es una fuente constante de conflictos. De continuar así, los relatos políticos y sociales que circularán en una y otra dirección serán opuestos. Por si fuera poco, al ver amenazada su posición, los medios tradicionales cargan contra los youtubers a la mínima ocasión que tienen, lo que aviva aún más la percepción de ruptura.

2/ Pensiones e impuestos. Las pensiones van a continuar incrementándose los próximos años, lo que no hace presagiar nada bueno acerca de los impuestos. Cada vez habrá más pensionistas con menos trabajadores, lo que incrementará la carga fiscal sobre cada uno de ellos. Además, la generación de boomers y pensionistas necesitará incrementos en su gasto sanitario para su vejez. Esto genera una situación de asimetría entre una generación que aúna la mayoría del voto, propiedad inmobiliaria y extracción de rentas al resto de la sociedad sin contribuir a la producción; lo que cada vez va a generar mayores tensiones sociales, ¿quién querrá contribuir con aproximadamente un tercio de sus ingresos a un sistema del que sabe que no percibirá sus beneficios?

3/ Vivienda. La mayoría está concentrada en manos de la primera generación, lo que dificulta enormemente el acceso a los más jóvenes a algo esencial para empezar sus proyectos vitales. Apenas pueden formar una familia, independizarse, o dejar de depender de sus padres, ¿cuántos años aguantará esta situación?

4/ Trabajo. Si hace unas décadas se cumplía el acuerdo social de “estudia y tendrás un buen trabajo”, ese acuerdo hoy está completamente roto. La cronificación de los trabajos precarios para los más jóvenes, con contratos de prácticas abusivos, jornadas laborales que apenas dejan tiempo de ocio, la sobreprotección de la generación de los trabajadores que impide a los jóvenes competir con ellos en el mercado laboral, la destrucción de capital de las dos crisis, la burocracia, los altos costes de contratación, impuestos, etc., hacen del mercado laboral hoy para la tercera generación un auténtico infierno, donde si consigues trabajo apenas te da para vivir.

5/ Demografía. Da vértigo ver la evolución de la demografía en España, es el elefante en la habitación que nadie quiere ver, y ya es tarde para tratar de remediar sus consecuencias. A medida que la segunda generación se vaya jubilando, la primera tendrá una losa encima que le impedirá prosperar por tener que mantener a las otras dos.

6/ Herencias. La herencia permitía el inicio de los proyectos vitales de los hijos en su juventud. El incremento tan significativo de la esperanza de vida resulta en que este capital que permite el inicio de dichos proyectos no se ha trasladado. Ahora se hereda, en la mayoría de los casos, en el ocaso de la vida. Pero si, además, por las dificultades económicas la primera generación tiene que empezar a consumir su patrimonio para llegar a final de mes y mantener su nivel de vida, las herencias se verán significativamente consumidas.

7/ Educación. La educación está rota. Cualquiera que esté relacionado con el sector sabe que es una pérdida de tiempo enorme en la que los incentivos están completamente desalineados. Su degradación no parece conocer límites. Sin una buena educación será muy difícil tener buenos trabajadores y empresarios en el futuro que permitan mantener el gasto social.

8/ Bitcoin. Por si todo esto fuera poco, aparece un activo que te permite preservar valor de manera excepcional en periodos largos de tiempo y también des responsabilizarte de las decisiones erróneas de terceros en el ámbito económico-patrimonial. Puedes hacen un opt-out y encontrar esa seguridad económica en tiempos de incertidumbre.

Estos son solo algunos de los elementos. La inflación y las subidas de tipos de interés servirán de catalizadores para acelerar estas tensiones sociales entre las distintas generaciones. A nada que los introduzcamos en una coctelera vemos que sus consecuencias no parecen muy halagüeñas.

La primera generación se encuentra ante un escenario donde perderá su posición de comodidad y verá peligrar aquello que consideraba seguro y garantizado. Frente a ello, optará por votar a aquellos partidos que se lo garanticen a cualquier precio para el resto de la sociedad, lo que tensará aún más la cuerda por el significativo número de votantes que son. Apostarán todo a la continuidad, a mantener el statu quo.

La segunda generación tendrá que trabajar más y pagar más impuestos para percibir menos de lo que esperaba, con la incertidumbre del “¿qué podemos esperar de las siguientes generaciones?”. Tendrán que llevar a cabo una segunda transición, evitando tanto la continuidad como la ruptura.

La tercera generación no tiene nada que perder, lo que los puede llevar a buscar la ruptura. Sin trabajos estables y bien remunerados, sin poder formar sus familias, sin acceso a la vivienda, con unas fuentes de información opuestas a las de las otras generaciones, con un activo que les permite independizarse del resto de la sociedad, engañados por el sistema educativo, con una carga fiscal desproporcionada y con menor representación política por la demografía.

Frente a esta situación habrá que reformular el contrato social si se quiere aliviar tensión social, y es ahí donde el proyecto de las Micrópolis ofrece una salida a este escenario.

Esclavitud en España en pleno siglo XXI

Es un título que resultará chocante para muchos. ¿Existe aún la esclavitud? ¿En el siglo XXI? ¿En un país occidental y democrático? Bien, no es algo que sea fácil de visualizar; no se ve gente con cadenas por las calles completamente a voluntad de sus dueños y señores. No, es evidente que no es esa esclavitud a la que me refiero.

Sin embargo, cuando comenzamos el año con titulares recordándonos que a partir del 1 de enero solo nos podremos jubilar a los 66 años y 2 meses, uno no puede evitar sentirse un poquito esclavo. De alguna forma se nos obliga a trabajar (o cotizar) hasta esa edad si se quiere tener derecho a una pensión pagada por el Estado con la que, quizá, pueda mantenerse el resto de su vida sin trabajar.

Alguien podría responder que el Estado no te esclaviza, nadie te obliga a trabajar si no quieres, puedes dejar de hacerlo cuando lo desees, eso sí, sin acceder al Dorado de la pensión. Pero el problema es evidente: si has trabajado o estás trabajando por cuenta ajena, estás obligado a cotizar para esa futura pensión, la quieras o no la quieras. Dicho de otra forma, desde que empiezas a tener un salario, una parte nada despreciable del mismo pasa a manos del Estado mensualmente, a cambio de la promesa de pagarte una pensión desde determinada edad hasta que fallezcas.

Estamos hablando de un 28,3% del dinero que te corresponde, aunque en la nómina solo se vea el 4,7% que paga el trabajador. El otro 23,6% es “a cargo del empresario”, como si fuera una cosa que paga éste de su bolsillo, cuando la realidad es que solo lo paga como consecuencia de la riqueza que genera el trabajo del contratado. Vamos, que por mucho que el Estado te diga que lo paga el empresario de sus ingresos, realmente terminaría siendo parte del sueldo del trabajador en un mercado no intervenido.

En suma, desde que empiezas a trabajar, el Estado te quita un 30% de lo que ganas para contingencias comunes, entre ellas la jubilación. Y solo podrás acceder a esos fondos que está ahorrando el Estado en tu nombre si cumples tu parte de estar trabajando todos los años que te diga el Estado, que además varían con el tiempo, como prueba el titular recogido en el segundo párrafo de este artículo.

La comparación es odiosa, pero imaginemos por un momento que ese 28,3% se quedará en nuestra nómina en vez de “guardárnoslo” el Estado. Ello nos permitiría ser nosotros los que decidiéramos hasta cuándo trabajar, en función de nuestras preferencias de nivel de vida y ahorro en cada momento. En comparación con esta posibilidad, pocas dudan caben de que el régimen a que nos someten es una cierta forma de esclavitud: Nos retienen parte de lo que producimos y solo nos lo darán si estamos trabajando hasta que ellos decidan1. Tienen nuestro ahorro como rehén para obligarnos a trabajar.

¿Por qué nos quiere tener esclavizados el Estado? Pues porque a la postre el Estado vive de lo que genera el trabajador con su trabajo. Me apresuro a explicarme: no existe producción de riqueza sin una componente de trabajo, sin la cooperación del ser humano en algún momento de la producción. Por tanto, el trabajo es componente necesario en cualquier generación de riqueza, y los impuestos solo se pueden cobrar si hay generación de riqueza, tengan el calificativo que tengan.

No hay Impuesto de Sociedades sin empresas en que haya algún trabajador, ni hay IVA sin personas haciendo consumo, ni hay IBI sin personas pagándose una casa, ni mucho menos a IRPF sin salario. O sea que todos los ingresos del Estado provienen, directa o indirectamente, del trabajo de los individuos2.

El círculo queda así cerrado: el Estado necesita trabajadores que generen la riqueza con la que sostenerse. Lógicamente, lo racional es tratar de alargar lo máximo la vida útil de tales generadores de riqueza, toda vez que, además, en el momento en que dejan de ser generadores, pasan a ser consumidores de la misma (si han accedido a una pensión). Así pues, a nadie debería extrañar que los Estados, esos que cuidan nuestro futuro, traten por todos los medios de impedir que ejerzamos nuestra libertad de trabajar o no hacerlo. Ellos nos quieren trabajando, cotizando y pagando impuestos. Y si para ello nos tienen que esclavizar, que sea de forma sutil: reteniéndonos parte importante de nuestra producción y condicionando el acceso a la misma a que cumplamos su voluntad, la voluntad del señor.

Son unas cadenas invisibles, pero no menos reales que las que sufrían los esclavos de tiempos pretéritos. Al menos, aquellos eran conscientes de que cargaban con ellas, y esa es condición necesaria para arrancárselas. ¿Cuánta gente nota ahora mismo las dulces cadenas de la jubilación?

1 Y nos lo darán si para cuando toque devolvérnoslo aún lo tienen, algo muy dudoso en un régimen piramidal como él que rige en España. Pero este no es el tema de hoy.

2 Se pueden anticipar esos ingresos acudiendo a los mercados de Deuda Pública, por supuesto, pero la única forma de devolverlos descansa en recaudar impuestos de los ciudadanos en algún momento posterior.

El lastre de las pensiones

Hace unos cuantos meses escribía en este mismo espacio acerca de la reforma de las pensiones propuesta por el gobierno de España. En dicha columna comentaba que aún desconocíamos el Mecanismo de Equidad Intergeneracional que debía publicar el ministerio dirigido por José Luis Escrivá, ya que este sería una pieza clave a la hora de poder analizar y juzgar la reforma de las pensiones en su plenitud. Ahora que ya conocemos dicho mecanismo y las diferentes vías a través de las cuales el ministro Escrivá pretende obtener ingresos adicionales para cubrir el aumento del gasto en pensiones derivado de las tendencias demográficas y la propia reforma, debemos preocuparnos aún más por la sostenibilidad de las mismas. De hecho, siguiendo la presente reforma, la sostenibilidad de las pensiones se torna aún más compleja con el tiempo, lo cual hace que debamos preocuparnos.

En primer lugar, cabe destacar que Escrivá fía la sostenibilidad futura del sistema de pensiones al efecto que pudiera tener el sistema de incentivos para el retraso voluntario de la edad de jubilación, tratando de acercar la edad efectiva de jubilación a la edad legal. Esto es enormemente variable, ya que es muy difícil predecir el comportamiento de los trabajadores ante el establecimiento del nuevo marco de incentivos.

Manifestación de pensionistas en Andalucía, España.

Lo que si se puede calcular con una mayor seguridad y mucha menor variabilidad es la cuantía del aumento del gasto en pensiones derivado de la jubilación de la generación del baby boom y la propia reforma de las pensiones, que promueve un mayor gasto al, por ejemplo, indexar las pensiones al IPC, eliminar el factor de sostenibilidad o permitir la elección de los mejores 35 años de vida laboral para el cálculo de la pensión. Todo ello nos lleva a unos cálculos actuariales que permiten saber con certeza el aumento del gasto en pensiones que se podría producir a lo largo de los próximos años. La propia Comisión Europea, en su reciente Ageing Report , estima que la derogación de la reforma de las pensiones del año 2013 supondría un incremento directo del coste anual del 3,5% del PIB, lo cual, en términos actuales, equivaldría a cerca de 39.000 millones de euros. Además, sumado a esto, la medida que permitiría a los trabajadores elegir los mejores años de su vida laboral como base para calcular la cuantía de su pensión contribuiría a aumentar el gasto en cerca del 0,7% del PIB, lo cual elevaría el aumento total del gasto anual en pensiones a cerca del 4,2% del PIB.

Este incremento repentino del gasto en pensiones haría que España pasara del 12% del PIB anual actual al 16% en 2050 destinado íntegramente a pensiones, lo cual causaría que nuestro país dejara de tener un gasto en pensiones en línea con la media de la Eurozona a tener un gasto tres puntos superior. Además, debemos tener en cuenta que España va más retrasada que otros países europeos en lo que respecta al envejecimiento poblacional, por lo que el efecto de inversión de la pirámide demográfica (más pensionistas cobrando pensiones más altas unido a un menor número de trabajadores en activo -mayor tasa de dependencia-)  junto al mayor gasto por la reforma, generaría una elevadísima presión sobre las cuentas públicas a causa del notable incremento del déficit estructural que se generaría, poniendo en peligro la sostenibilidad no solo del sistema de pensiones, sino de la deuda nacional.

Para que la reforma de las pensiones unida a los cambios demográficos no supusiera un mayor riesgo a la sostenibilidad del sistema de pensiones, la reforma debería contemplar una serie de medidas que aseguraran que el incremento del gasto viene acompañado por uno similar de los ingresos, el cual no es el caso. Los nuevos ingresos que contempla la reforma de Escrivá no son solo inestables sino asimismo insuficientes. La recaudación adicional que generará la reforma de Escrivá no llegará probablemente al 0,4% anual del PIB, comparado con un incremento del gasto cercano al 4,2% del PIB.

Veamos cuales son las fuentes de ingresos adicionales que contempla la reforma de Escrivá. La AIRef estima que el retraso de dos años de la edad efectiva de jubilación incrementaría los ingresos anuales un 0,8% del PIB, mientras que el Grupo de Investigación en Pensiones y Protección social estima que este retraso de la edad efectiva de jubilación aumentaría los ingresos tan solo un 0,2% del PIB, debido a que aunque en un primer momento se redujera el gasto debido a que el trabajador se mantendría en activo, después la pensión sería seguramente más elevada a consecuencia de las propias dinámicas que establece la reforma.

Otra fuente de ingresos adicionales deriva del Mecanismo de Equidad Intergeneracional  (acordada con los sindicatos) son las cotizaciones adicionales. Dicho acuerdo establece que se aumentarían las cotizaciones en 0,6 puntos anuales, lo cual tendría un impacto del 0,2% del PIB hasta el año 2033.

El incremento de ingresos por el retraso en la edad de la jubilación efectiva unido al derivado del aumento de las cotizaciones generarían unos ingresos adicionales entre el 0,4% y el 1% del PIB anual, lo cual cubriría solamente entre el 10% y el 20% del aumento del gasto anual en pensiones, con el remanente pasando a representar un aumento del déficit. Aún así, está por ver el potencial recaudatorio de estas medidas, aunque por muy positiva que sea la evolución de la recaudación, esta será insuficiente para compensar el incremento anual del gasto en pensiones, generado por tendencias demográficas y la derogación de la reforma de las pensiones del año 2013.

Pese a la situación descrita en el presente artículo, lo más probable es que se siga avanzando hacia un mayor agujero de déficit del sistema de pensiones y, por lo tanto, hacia su insostenibilidad presente y futura. Es la propia tendencia de evolución demográfica -en el plano político- la que juega en contra de una adecuada y necesaria reforma del sistema, ya que los pensionistas representan cada vez una mayor proporción del electorado mientras los jóvenes resultan cada vez más insignificantes a nivel demoscópico. Esto causa que los políticos no estén interesados en reformar el sistema sino en legislar para promover beneficios inmediatos concentrados en aquel segmento de la población del cual puedan extraer un mayor numero de votos en el futuro inmediato, rentabilizando así su futuro político inmediato.

Ahorro y capitalización: Los sistemas de cuentas nocionales

A lo largo de la historia, muchos autores han escrito sobre la importancia del ahorro a la hora de generar riqueza. Si bien desde el punto de vista de la escuela austriaca, ese ahorro debía ser individual. Y es que la escuela austriaca no se ha ahorrado críticas a la forma forzosa en que los gobiernos sustraen parte de la renta de los ciudadanos con el argumento de un fin superior. El economista y premio Nobel (1974) Friedrich Hayek en su libro Camino de servidumbre (1944), argumentaba que el titular del poder coercitivo (el Estado), debía limitarse a generar unas condiciones en las que el conocimiento e iniciativa individual pudieran planificarse con mayor éxito y que los “fines sociales” que vendía el estado, eran idénticos a los fines individuales y cuyos individuos estarían dispuestos a contribuir de forma voluntaria e individual. Igualmente Mises, en La acción humana (1949), defiende la libertad y la responsabilidad de cada uno con sus acciones, frente a totalitarismos, planificadores y el Estado.

Es por todo esto por lo que consideramos que la idea de los sistemas de cuentas nocionales, donde cada individuo ahorra y capitaliza su ahorro, se amoldan inmejorablemente a las ideas austriacas.

La capitalización del ahorro que mencionamos es muy ventajosa cara a aumentar la riqueza de nuestra sociedad. A más ahorro capitalizado, se dispondrá de más capital para invertir. A mayor inversión mayor productividad de los distintos agentes económicos, lo que generará mayor renta y capacidad de ahorro, entrando así en el conocido como círculo virtuoso de la prosperidad, donde más ahorro lleva a más inversión, más inversión lleva a más renta, más renta a más ahorro…

Dos de los problemas más generalizados en las distintas economías occidentales, que reducen o dificultan la capacidad de ahorro de nuestra sociedad, son las rigideces en el mercado de trabajo, que provocan altas tasas de desempleo y de temporalidad. Y la más que dudosa viabilidad en el largo plazo de los sistemas públicos de pensiones.

Si atendemos primero al problema del mercado de trabajo, y nos centramos en la Unión Europea, observamos como si bien algunas reformas como la introducción de los llamados mini jobs en Alemania o la reforma laboral del 2012 en España han reducido la rigidez de sus distintos mercados de trabajo, aún existen grandes problemas, como la existencia de múltiples tipos de contratos, o el aumento de los costes de contratación, que están dañando seriamente las distintas economías de la unión.

Como hemos mencionado antes, el segundo gran problema al que tenemos que hacer frente, es la cada vez mayor dificultad para pagar las pensiones públicas lo que está haciendo que se ponga en tela de juicio su viabilidad futura. Y es que, el aumento de la esperanza de vida y por tanto de los años que se disfruta de la pensión, el aumento de la cuantía de las pensiones, la baja natalidad y con ello es escaso remplazo generacional, así como la cada vez menor proporción de trabajadores por cada pensionista, ha hecho que los sistemas públicos de pensiones se estén acercando si no lo están ya, a la quiebra.

A esta más que dudosa viabilidad de los sistemas de pensiones de reparto a largo plazo, hay que añadirle que estos impiden el ahorro y posterior capitalización de dicho ahorro, por parte de los trabajadores, para su futuro patrimonio con el que poder vivir durante su jubilación. El Estado, al extraer una parte importante de la renta de los trabajadores (entorno a un 30% en España), dificulta en gran medida que estos puedan ahorrar. Así lo diagnosticó el profesor Jesús Huerta de Soto, cuando hablaba de los problemas técnicos de estos sistemas, en su libro Ahorro y previsión en el seguro de vida (2007): “El sistema financiero de reparto, en el que se basa la financiación de la seguridad social, disminuye sustancialmente el ahorro global del país”.

Para solucionar estos problemas e impulsar el ahorro, son muchos los países los que han puesto en funcionamiento, variando sus condiciones para adaptarse a las características de la economía y su país, los novedosos sistemas de cuentas nocionales. Austria, Suecia, Chile o Italia son ejemplos de países en los que estos sistemas están funcionando en la actualidad. Sobre estos sistemas, podemos hacer una distinción entre los que están enfocados al mercado de trabajo y los que lo hacen en el sistema de pensiones.

La famosa “Mochila austriaca”, es un ejemplo del primer caso, que se ha puesto en práctica en Austria, entrando en vigor el 1 de enero del año 2003 tras un pacto social. Mediante este sistema, el empresario no tendrá que pagar una indemnización en el momento del despido, sino que tendrá la obligación de abonar cada año a cada trabajador un 1,35% (lo que serían 5-6 días) de su salario bruto, a partir del segundo mes de trabajo, a una cuenta de ahorros individual, independiente y externa al empresario. La entidad gestora de esos fondos será elegida entre el empresario y el trabajador. Esta reforma tiene muchas ventajas, como son las flexibilizar el mercado de trabajo, favorecer la contratación, además con ella desaparece la dualidad; trabajador indefinido-trabajador temporal. Incentiva la movilidad voluntaria, al poder llevarte tu mochila contigo, en vez de perder tu antigua indemnización si te cambiabas de empresa como sucedía antes. La otra gran ventaja de este modelo es que crea un fondo de capitalización por el cual los trabajadores adquieren una rentabilidad y además fomenta su ahorro. Todo esto hace que, si durante su vida laboral no han estado durante demasiado tiempo en desempleo y viviendo del dinero de la mochila, cuando llegue el final de su vida laboral, puedan contar con este dinero como complemento a su pensión, ya sea pública o privada. Atendiendo a los datos históricos y comparándolos con los datos de la UE, está reforma habría ayudado a contener el aumento del paro durante las distintas recesiones que se han vivido desde que se aplicó.

Si ahora buscamos un sistema de cuentas nocionales que afecte al sistema de pensiones, tenemos el sistema sueco, que sigue siendo en última instancia, de reparto. Pero la diferencia, es que lo que cotiza cada trabajador se contabiliza en una cuenta individual, cuyo valor se actualiza según unas distintas variables.  De esta forma, cuando el trabajador llega al final de su vida laboral, su pensión será igual a esa cuenta dividida entre la esperanza de vida que se estime en ese momento. Por lo tanto, si el pensionista falleciese antes de ese periodo estimado, el dinero restante que no habría llegado a recibir volvería al sistema, para pagar pensiones mínimas a los pensionistas que sobrepasasen esa esperanza de vida. Este sistema no cambia que los trabajadores de hoy pagan las pensiones a los pensionistas actuales, pero si cambia la forma de calcularlas. Bajo el lema <<una corona de aportación, una corona de pensión>> es más justo y transparente que los otros sistemas públicos de pensiones a los que estamos acostumbrados, ya que cada trabajador acumula sus cotizaciones y cada pensionista cobra lo aportado durante su vida laboral. Lo que acaba haciendo de este sistema, un sistema de pensiones más sostenible en el largo plazo. Estas cotizaciones, corresponden al 18, 5% del salario bruto, ya que el 16% va directamente al sistema de pensiones, y el 2,5% restante se puede invertir en planes de pensiones privados

En conclusión, podríamos decir que estos distintos sistemas de cuentas nocionales podrían ayudar a incrementar la cada vez más en declive tasa de ahorro de nuestra sociedad, al ser capaz reducir el desempleo, liberalizando el mercando laboral si se aplica sobre este, o al permitir capitalizar hasta la jubilación, el ahorro existente, así como hacerlo de una forma más transparente y lo más importante, viable en el largo plazo, en caso de aplicarse sobre el sistema de pensiones.

Referencias:

La no-reforma de las pensiones

Esta semana unas declaraciones de Escrivá generaron un gran debate en los medios de comunicación en torno a la sostenibilidad del sistema de pensiones y su viabilidad futura. El Ministro declaró que la generación del baby boom “podrán elegir entre un ajuste pequeño en su pensión o podrán trabajar algo más”. Una cosa hay que reconocer a Escrivá, y es que en estas declaraciones fue mínimamente honesto sobre las consecuencias de la jubilación de los baby boomers para la sostenibilidad y capacidad del sistema público de pensiones. Eso sí, tan solo un día después de dichas declaraciones y tras posicionarse sindicatos y patronal en contra de la posición de Escrivá, este rectificó alegando haber tenido un mal día y disculpándose por no haber sabido transmitir certidumbre.

La realidad es que lo que no transmite certidumbre es la “reforma” del sistema de pensiones que el Gobierno acaba de pactar con los agentes sociales. Lo aprobado hasta el momento es únicamente la primera parte de una reforma más amplia que se ha prometido a Bruselas. El problema está en que esta primera parte es de fácil ejecución y bajísimo coste político (no así en términos de coste económico), mientras que las partes restantes quedarían para siguientes legislaturas, y, por lo tanto, se traspasaría la responsabilidad de dichas reformas futuras -más dolorosas, en términos de coste político- a otros partidos, probablemente.

La primera parte de la reforma aprobada por el Gobierno incluye la eliminación del Índice de Revalorización de las Pensiones, que, recordemos, limitaba la subida anual de la pensión al 0,25% en caso de déficit del sistema, y, asimismo, la derogación del Factor de Sostenibilidad, que adaptaba las pensiones a la esperanza de vida para así garantizar la sostenibilidad del sistema en el largo plazo. El Gobierno propone sustituir este último mecanismo por uno de equidad intergeneracional -cuyo funcionamiento aún se desconoce- a la par que se vuelven a ligar las pensiones al IPC sin tener en cuenta otros factores.

Por supuesto, esto no saldrá gratis. Un documento de Fedea estima que esta medida costará cerca de 2.400 millones de euros anuales. Para su financiación, Escrivá considera varias medidas que aumentarían los ingresos, como la subida de impuestos a aquellos ciudadanos con ingresos superiores a 49.000 euros, la ampliación de la base reguladora (esto no es seguro tras la polémica generada hace algunos meses en torno a ello) o la aproximación de la edad de jubilación efectiva a la edad legal. Esta última medida no está nada claro que ayudase a generar un mayor ahorro al sistema, ya que los coeficientes correctores aplicables sobre las pensiones de jubilación temprana son contundentes, y en muchos casos contribuyen a ahorrar más que un retraso de uno o dos años en la edad de jubilación efectiva. Cabe recordar que el Ejecutivo se ha comprometido con Bruselas a realizar un ajuste del sistema del 3% del PIB, lo que equivaldría más o menos a 30.000 millones de euros.

Otra de las medidas “estrella” del ministerio de Escrivá consiste en trasladar los denominados “gastos impropios” de la Seguridad Social a los Presupuestos Generales del Estado, rompiendo parcialmente el principio de separación de fuentes (en vez de reforzarlo, como algunos han tratado de vender) y tratando, en realidad, de que el Estado, a través de los PGE financie una mayor proporción de las pensiones contributivas. La reforma trasladaría cerca de 21.000 millones de euros al año al Estado desde la Seguridad Social, lo cual equivaldría al 2% del PIB. Para este año, tal y como se hallaba ya presupuestado, se transferirán 14.000 millones, cifra que aumentará anualmente.  Esto no supondría solución alguna, ya que pasaría el problema de la sostenibilidad del sistema de unas cuentas a otras y lo trasladaría al futuro, a través de la propia dinámica del aumento de una ya elevadísima deuda pública, que supondrá una gran carga para los trabajadores futuros.

Volviendo al documento de Fedea, en el mismo se afirma que con la reforma de las pensiones del año 2013, se alcanzaría en 2050 un gasto en pensiones del 12,5% del PIB (actualmente se destina cerca del 12%), mientras que con la actual supresión del Factor de Sostenibilidad y la indexación al IPC, el gasto se elevaría hasta el 17% del PIB en 2050. Lo realmente relevante es que el déficit del sistema, tras esta reforma, se elevaría hasta el 5-7% del PIB. Esto requeriría un recorte del gasto en pensiones de entre el 3% y 5% del PIB para que el sistema de pensiones no requiriera que el Estado cubriese estos déficits.

Si hay un factor sobre todos los demás que hace innegable la insostenibilidad del sistema en un futuro cercano es el factor demográfico. En un sistema de reparto, los trabajadores actuales cubren las pensiones actuales, mientras las suyas serán cubiertas por los trabajadores del futuro. Esto es muy relevante, ya que mientras en la actualidad hay 3,4 personas en edad de trabajar por cada persona mayor de 66 años (no significa que todas las personas en edad de trabajar estén empleadas), en 2050 habría 1,8 personas en edad de trabajar por pensionista, y tan solo 1 trabajador en activo por pensionista. En este sentido, el Banco de España ha calculado que, incluso asumiendo una tasa de ocupación del 80% (en España es del 60%), las cotizaciones futuras deberían aumentarse un 35% para poder financiar la tasa de sustitución actual en 2050, algo absolutamente inviable. Todo ello mientras la natalidad se mantiene anclada en 1,2 hijos por mujer, incluso en épocas de elevado crecimiento económico.

Las propuestas realizadas por diferentes instituciones para solucionar los actuales problemas del sistema público de pensiones español son muy variadas. En primer lugar, el Fondo Monetario Internacional propone un incremento de la inmigración cercano a los 5,5 millones de personas hasta 2050, a la par que un incremento de los ingresos del sistema, una reducción de la tasa de sustitución de la pensión, incrementar la tasa de ocupación, retrasar la edad de jubilación y aumentar las fuentes de ahorro complementario. Según el FMI, solo así se garantizaría la sostenibilidad del sistema público de pensiones en España bajo las perspectivas demográficas actuales.

Por otro lado, Fedea plantea la transición hacia un sistema mixto con cuentas nocionales, al estilo sueco. En un sistema de este estilo, los trabajadores aportarían una porción de la base salarial a un sistema individual de cuentas financieras (aparte de al sistema general). Dichas cuentas financieras serían gestionadas de manera privada, mientras la parte de “reparto” podría ligar la edad de jubilación y/o la cuantía de la pensión a la esperanza de vida.

Por lo tanto, vemos que la primera fase de reformas del sistema de pensiones no son más que parches mal puestos que no solucionarán el grave problema estructural de sostenibilidad del sistema, mientras contribuye a trasladar el problema y sus costes asociados al futuro cercano, cargando con ello a los trabajadores más jóvenes y a las futuras generaciones.

REFERENCIAS:

Hernández de Cos, P. (2021), “El sistema de pensiones en España: Una actualización tras el impacto de la pandemia”, Documentos Ocasionales, Banco de España.

Conde-Ruiz, J.I. (2021), “El futuro de las pensiones en España”, Mediterráneo Económico.

FMI (2019), “Retos más allá de la sostenibilidad financiera”.

La mochila austriaca: una vieja y muy necesaria idea

En España llevamos casi una década hablando de la mochila austriaca y son ya varios los partidos que han llevado la implementación de dicho modelo en su programa electoral. Aún así, nunca ha existido consenso político suficiente para su introducción, y la dificultad que supondría la transición desde el sistema actual a la mochila austriaca, ha terminado por mandar la idea al cajón de varios ministerios. Hasta hace poco. Recientemente se ha vuelto a hablar de la mochila austriaca, los beneficios que esta supondría para el mercado laboral español e incluso algunas propuestas de financiación. Todo ello ha ocurrido a raíz del informe anual del Banco de España (2021) y la posterior defensa en el Congreso de los Diputados de la implementación del sistema de mochila austriaca, por parte de Pablo Hernández de Cos. Según el Banco de España, la mochila austriaca beneficiaría al 70% de los trabajadores de España y ayudaría a paliar en gran manera uno de los mayores problemas de la economía española: la dualidad en el mercado laboral. Para comprender los beneficios de la mochila austriaca primero hemos de comprender su funcionamiento. Vamos a ello.

La mochila austriaca, o su implementación, se trata de intercambiar el actual sistema de indemnizaciones por despido por uno de cuenta de despido individual. El funcionamiento de dicho sistema se basa en que, desde el inicio de una relación contractual entre empresa y trabajador, el empresario destina mensualmente dinero a un fondo que en caso de despido o jubilación puede ser reclamado de manera íntegra por el trabajador, siendo este fondo portable entre empresas, en caso de que el trabajador decidiera cambiar de empleador. Asimismo, la introducción de dichos fondos iría acompañada de una reducción sustancial e incluso eliminación de las indemnizaciones por despido, ya que el trabajador las recibiría directamente de su fondo individual al ser despedido.

Al ser personal, dicho fondo no se vacía al cambiar el trabajador de empresa. Si un empleado decide cesar su relación laboral con una empresa y moverse a otra, el nuevo empleador será el encargado de aportar mensualmente al fondo sobre lo aportado por la anterior empresa. Por lo tanto, el sistema favorece la movilidad laboral y geográfica dentro del territorio nacional. Esto facilita que las empresas, en caso de tener que reducir sus plantillas no se vean siempre forzadas a prescindir de aquellos trabajadores que menos tiempo lleven en la compañía (a causa de un menor coste de indemnización) y podría por lo tanto ajustar sus plantillas en base a la productividad de cada trabajador.

Por otro lado, los trabajadores no perderían derechos, ya que acumularían su derecho de indemnización de la misma manera, solo que, en lugar de producirse en un solo pago, se produciría a través de la acumulación de aportaciones periódicas al fondo, el cual podría ser liquidado por el trabajador bajo el supuesto de despido o jubilación. Respecto a este último punto, cabe destacar el hecho de que no sólo es que el sistema de mochila austriaca no reduzca ni los beneficios ni derechos de los trabajadores, sino que incluso añade algunos adicionales. En caso de llegar a la jubilación sin haber liquidado la totalidad del fondo, el trabajador puede recibir el valor de dicho fondo íntegramente, como si de un fondo de pensiones se tratase.

El sistema recibe el nombre de “mochila austriaca” a raíz de su implementación en Austria en 2003, donde parece que ha funcionado de manera efectiva, en base a los dos objetivos principales por los que se decidió introducir este sistema: facilitar la movilidad laboral, especialmente de aquellos trabajadores de mayor edad, contribuyendo  así a una reasignación más eficiente del factor trabajo, aumentando la productividad laboral y, construir una muleta adicional para el sistema de pensiones.

Hofer et al. (2012) mostraron que el impacto sobre la movilidad laboral fue positivo, partiendo de niveles previos de movilidad laboral muy reducidos. Por otro lado, el rol del sistema de mochila austriaca como complemento adicional a las pensiones de jubilación habría sido algo más reducido, ya que para aquellos trabajadores que hubiesen liquidado el fondo a causa de despido en una o más ocasiones durante su vida laboral, la cantidad acumulada al llegar a la jubilación era menor (Koman et al. 2005). Aún así, dichos trabajadores seguían recibiendo íntegra su pensión estándar del sistema público, ya que la mochila austriaca no pretendía en ningún momento sustituir o modificar el sistema de pensiones, sino simplemente actuar como un complemento adicional. Algunos economistas como Kettemann et al. (2017) han extraído conclusiones más amplias sobre el sistema de mochila austriaca. Dichos investigadores afirman que la transición de un sistema de indemnizaciones por despido como el actual (presente en la gran mayoría de naciones del sur de Europa) a uno de mochila austriaca contribuiría a reducir la tasa de desempleo y la temporalidad del mercado laboral.

Un punto clave si realmente se pretende reducir la dualidad del mercado laboral con la introducción de un sistema de mochila austriaca sería el cierre de la brecha de costes de despido. Es decir, lo ideal sería que las aportaciones mensuales al fondo fuesen de la misma cuantía para trabajadores temporales e indefinidos. Aún así, en el proceso de transición, dichos aportaciones se podrían adaptar para cerrar la brecha de manera progresiva.

A pesar de todo, la implantación de un sistema “completo” de mochila austriaca resultaría muy complejo, al menos en la actualidad, por lo que seguramente habría que optar por un sistema parcial, en el cual el fondo y las indemnizaciones por despido supongan la mitad cada cual de lo recibido por el trabajador en caso de cese contractual. La cuantía seguiría siendo muy similar, pero con una distribución intertemporal de los costes diferente, lo cual permitiría a las empresas y trabajadores adaptarse paulatinamente al nuevo sistema.

Una de las mayores dificultades y trabas en la transición al sistema de mochila austriaca lo encontramos en el coste de dicho proceso de evolución del sistema actual a un sistema de cuenta de despido individual, independientemente de si este finalmente fuera completo o parcial. Para facilitar dicha transición, el Banco de España propone que el Estado aporte temporalmente a los fondos de los trabajadores españoles: 5 días por año trabajado en el primer año de transición, 4 días en el siguiente, 3 días en el tercero y 2 días en el último año que el Estado contribuiría a co-financiar el sistema de mochila austriaca, cubriendo la empresa el diferencial hasta alcanzar una cuantía similar a la del sistema actual pero pagada en forma de cotizaciones al fondo en lugar de un pago único por indemnización. El coste total de dicha co-financiación estatal de la transición del sistema actual al sistema de mochila austriaca ascendería hasta los 8.031 millones de euros, según los propios cálculos del Banco de España. El organismo propone asimismo financiar dicha cuantía con dinero procedente de los fondos europeos, lo cual es posible, ya que la CE autoriza a emplear dichos fondos para financiar reformas estructurales asociadas al mercado de trabajo, como sería la descrita.

Por lo tanto, la mochila austriaca contribuiría a incrementar la eficiencia y el dinamismo del mercado laboral español, a la par que promovería un posible aumento de la productividad laboral, a través de un incremento de la movilidad laboral y geográfica del factor trabajo. La mochila austriaca, además, no solo no mermaría los derechos a prestaciones e indemnizaciones de los trabajadores, sino que los aumentaría al ser este fondo acumulativo, portable y liquidable tanto en caso de despido como de jubilación.

REFERENCIAS:

Hofer, H., Schuh, U., & Walch, D. (2012). effects of the Austrian severance pay reform. Reforming Severance Pay, 177.

Kettemann, A., Kramarz, F., & Zweimüller, J. (2017). Job mobility and creative destruction: flexicurity in the land of Schumpeter.

Koman, R., Schuh, U., & Weber, A. (2005). The Austrian Severance Pay Reform: Toward a Funded Pension Pillar. Empirica32(3-4), 255-274.

Banco de España (2021). Informe anual 2020.