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Etiqueta: Planificación

China da marcha atrás en la planificación demográfica

Por Peter Jacobsen. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

El siglo XX estuvo lleno de intentos de planificar la población de forma centralizada. Científicos como Paul Ehrlich y empresarios como Hugh Moore se pasaron la vida presionando directamente a políticos y ciudadanos para que abordaran el inminente espectro de la “superpoblación”. El lenguaje de los detractores de la población era a menudo dramático y a menudo incluía predicciones de muerte masiva en tan sólo unas décadas. Las predicciones nunca llegaron a cumplirse. La humanidad nunca se quedó sin alimentos -ni sin ningún otro recurso- antes del cambio de siglo.

Pero los agoreros de la población sí tuvieron impacto. Gobiernos como el de Estados Unidos, a través de USAID, y organizaciones como el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades en Materia de Población (FNUAP) dedicaron amplios recursos organizativos a frenar la población mundial. Este impulso se manifestó en el primer Premio de Población de la ONU concedido a líderes de China e India en 1983. En aquel momento, ambos países habían utilizado tácticas coercitivas para frenar el crecimiento demográfico, pero uno de ellos ha quedado grabado en el espíritu de la época como el principal ejemplo de planificación demográfica: China y su infame política del hijo único.

“Nueva cultura del matrimonio y la procreación”

Hace poco más de una semana, el 30 de octubre, el líder del PCCh, Xi Jinping, admitió implícitamente que la política demográfica de China fue un gran error. 2022 fue el primer año en más de seis décadas en el que China registró un descenso de su población. Esto no es sólo un parpadeo. A menos que algo cambie, la población de China disminuirá cada vez más rápidamente en un futuro previsible.

Para combatirlo, dice Xi, “debemos cultivar activamente una nueva cultura del matrimonio y la procreación”. Aunque los líderes del PCCh nunca admitirían que las políticas demográficas del pasado fueron un error, por miedo a admitir un fracaso del difunto dictador Mao Zedong, este cambio de rumbo es lo más parecido a una admisión que se puede conseguir.

La clave de este momento, sin embargo, no es sólo el fracaso de Mao y de la política del hijo único. El fracaso reside en la idea misma de planificar centralmente una población y en todos los planificadores centrales que la promovieron a lo largo del siglo XX. Veamos por qué fracasó.

Humanidad + Creatividad > Tragedia

El llamamiento a la planificación centralizada de la población se deriva en última instancia de un único ejercicio intelectual que dice algo así. Imagina que vives cerca de un estanque que nadie posee. Cada persona que vive en el estanque se da cuenta rápidamente de que cada vez que un vecino pesca, éste recibe todo el beneficio del pez, pero todos los que viven cerca del estanque experimentan la pérdida de tener un pez menos.

Esta situación incentiva a cada persona a pescar más a menudo porque significa que cada persona reclama más peces. Este reconocimiento conduce a un círculo vicioso en el que todos se apresuran a pescar y, al hacerlo, capturan todos los peces del estanque, de modo que éste queda vacío para siempre.

Este escenario se conoce como la tragedia de los comunes. El ecologista Garrett Hardin fue el primero en formalizar esta preocupación y lo hizo en el contexto del llamado problema de población. La teoría de Hardin era que si había recursos comunes, la gente produciría hijos en exceso porque los niños recibirían todo el beneficio de los recursos comunes sin que los padres soportaran el coste.

Las justificaciones de la planificación central de la población varían con el tiempo en función del recurso común. En los años 70, a muchos les preocupaba que los alimentos (que no son realmente un recurso común en ningún sentido formal) fueran consumidos en exceso por una población creciente. Hoy, los académicos escriben artículos sobre el consumo excesivo de nuestro recurso común, el “clima”.

Julian Simon y Elinor Ostrom

Estas justificaciones han resultado ser siempre erróneas. Los economistas Julian Simon y Elinor Ostrom explicaron por qué a lo largo de sus carreras. Simon destacó cómo el crecimiento de la población aumentaba el número de personas creativas que responderían a la escasez de recursos con soluciones ingeniosas. A lo largo de su vida debatió con Hardin sobre este punto (“Is the Era of Limits Running Out?” Public Opinion, 5, febrero/marzo, 1982, pp. 48-57) y ganó una apuesta contra Paul Ehrlich demostrando que los recursos eran cada vez más abundantes.

Ostrom abordó el problema de otra manera. Destacó cómo los grupos de personas a menudo ideaban normas culturales e institucionales inteligentes que protegían los bienes comunes de la sobreexplotación, y ganó el premio Nobel de Economía por ello.

El mensaje general de ambos académicos es el mismo: la gente no está atrapada en la tragedia de los bienes comunes. Son capaces de pensar en soluciones inteligentes que ecologistas como Ehrlich y Hardin eran aparentemente incapaces de concebir. Esta incapacidad para reconocer la creatividad humana como la solución definitiva a los problemas asociados a una mayor población es la primera razón del fracaso de la planificación demográfica centralizada.

Los humanos no son moscas de la fruta

La segunda razón del fracaso de la planificación demográfica central también está relacionada con la importancia de la creatividad humana. A diferencia de los supuestos en los que se basan muchos modelos de crecimiento de la población animal, las personas son capaces de considerar y sopesar los costes y beneficios futuros de tener hijos para sí mismas.

Este problema de los planificadores de la población se viene observando desde hace mucho tiempo. En un artículo de 1932 titulado “Población y cultura”, escrito por Lyman Bryson con comentarios del economista Frank Fetter, Bryson desmonta el “enfoque biológico” por el que se trata a los humanos igual que a los animales. Los defensores de este enfoque argumentan que funcionaría si se ignorara el hecho de que los humanos responden a condiciones cambiantes. Bryson responde,

¿Y no es esa otra forma de afirmar que los datos derivados del laboratorio, de experimentos controlados con moscas de la fruta, tendrían algún significado en las interpretaciones demográficas si no fuera por la obstinada tendencia de los hombres a ser hombres y no moscas de la fruta?

El comentario de Fetter refuerza este punto:

…tenemos el espectáculo del biólogo, mal entrenado en los elementos del pensamiento en el campo social, esforzándose por reducir el complejo problema de la población humana al tamaño y contenido de una botella de gusanos en su laboratorio.

El humano es un animal inteligente

En resumen, los seres humanos no son moscas de la fruta. En general, toman decisiones inteligentes sobre cuestiones importantes como tener hijos. Eso no significa que los humanos no cometamos errores, pero tampoco somos simples siervos de nuestros impulsos. En muchos países en desarrollo, los hijos cumplen una importante función de seguridad social para los padres. Si a esto unimos la preferencia cultural masculina que excluye a muchas mujeres del mercado laboral, resulta fácil ver cómo las familias muy numerosas son una respuesta racional de los pobres en función de su situación.

Los países ricos suelen desvincular la seguridad social de los padres y sus descendientes directos. En su lugar, la generación de más edad en su conjunto se mantiene teóricamente gracias al trabajo de la generación más joven en su conjunto. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta disociación entre padres e hijos implica una disociación de incentivos. Cuando tus hijos te proporcionan directamente la seguridad social, tienes un incentivo para tener hijos. Cuando los hijos de otra persona pueden proporcionarle seguridad social, usted tiene menos incentivos para tenerlos.

La mala decisión de China

Esto no quiere decir que el sistema disociado no pueda funcionar. El país que lo utilice simplemente tiene que ser lo suficientemente rico como para hacer frente a este problema. El problema es que la planificación demográfica central ignoró por completo esta realidad. Al imponer una política artificial de un solo hijo, China redujo en millones el número de habitantes de las generaciones futuras.

Ahora China se enfrenta al problema de una mano de obra relativamente pequeña en comparación con una gran generación de edad avanzada. Si el país hubiera confiado en la toma de decisiones de los individuos, parece probable que la pirámide de población en China sería mucho menos problemática de lo que es.

El orden de muchos planes

El fracaso de la planificación demográfica central en China es un microcosmos de la tendencia de la planificación demográfica central a fracasar siempre. La actitud del planificador central queda bien reflejada en una cita de Mao Zedong, quien dijo,

Hay que planificar la reproducción. En mi opinión, la humanidad es completamente incapaz de autogestionarse. Tiene planes para la producción en fábricas, para producir telas, mesas y sillas, y acero, pero no hay ningún plan para producir seres humanos. Esto es anarquismo: sin gobierno, sin organización y sin reglas.

Irónicamente, esta cita de 1957 se produce sólo 8 años después de que Mao proclamara que el crecimiento de la población sería siempre una bendición para China.

El error fundamental que se comete aquí es la afirmación de que sin planificación central no hay gobierno, organización ni normas. Esto no es cierto. La mayoría de nuestras acciones e interacciones cotidianas se rigen por normas institucionales formales e informales ajenas al Estado. La ausencia de planificación central no es la ausencia de un plan. Más bien es la presencia de millones de planes creados por individuos inteligentes que saben más sobre sus situaciones de lo que jamás podría saber un planificador central.

La preeminencia del plan del dictador

Citando al economista Ludwig von Mises en su libro Socialismo:

Lo que defienden los que se llaman a sí mismos planificadores no es la sustitución de la acción planificada por el dejar hacer. Es la sustitución del plan del propio planificador por los planes de sus semejantes. El planificador es un dictador en potencia que quiere privar a todas las demás personas del poder de planificar y actuar según sus propios planes. Su único objetivo es la preeminencia absoluta y exclusiva de su propio plan.

Tal vez apoyar los planes de muchos sea una especie de anarquismo, pero es cualquier cosa menos caótico.

Contrasta con el caos de la planificación demográfica central. En los últimos 80 años China ha pasado del sentimiento pro-natal al sentimiento anti-natal, a la política anti-natal, al sentimiento pro-natal, y probablemente pronto a la política pro-natal. Con planes así, ¿quién necesita el caos?

La mejor esperanza para la humanidad en la cuestión del crecimiento demográfico es que la gente mire hacia atrás en la historia de las políticas demográficas de China y se dé cuenta de que no ha sido sólo un caso de mala suerte. Más bien, la inestabilidad demográfica es un resultado previsible de lo que ocurre cuando el gobierno se entromete en los planes de los ciudadanos.

Ver también

El sueño urbano de China. (Javier Moreno).

La gran lección económica de China. (María Blanco).

El visionario Milton Friedman y la economía de China. (Rainer Zitelmann).

Economías planificadas III: el caso norcoreano

Este artículo forma parte del compendio de investigaciones llevadas a cabo sobre las economías planificadas del s.XX, las cuales empecé con el caso cubano. Después de Corea del Norte el régimen que se analizará será el soviético, el cual no deja de ser la madre nodriza del resto. Sin más preámbulos, en este caso el punto de partida es el paper publicado por la Carnegie Moscow Center titulado “The Resurgence of a Market Economy in North Korea” (2016) del profesor Andrei Lankov[1]. El investigador definió al régimen norcoreano de la siguiente forma “a hereditary Stalinist dictatorship” (Lankov, 2013, pág. 40).

En primer lugar, para entender qué sucede en países tan herméticos debemos mirar los procesos históricos de longue durée como explicó Braudel y l’École des Annales, los cuales nos ayudan a saber cómo hemos llegado al punto en el que estamos en la actualidad. Por lo que concierne a Corea del Norte, hay dos factores que juegan un papel crucial respecto a este estado: su gran aislamiento y la Guerra de Corea (1950-53). Las regiones que han experimentado dictaduras y que, actualmente continúan en este tipo de sistemas son lugares en los cuales es difícil encontrar datos fiables dado que, o bien el régimen no los proporciona, o bien los manipula (o viceversa). Por este motivo muchos datos microeconómicos no existen y los macroeconómicos deben descifrarse mediante estimaciones.

En el artículo se hace un sucinto repaso sobre cómo se desarrolló Corea del Norte durante la Guerra Fría y sus relaciones internacionales, las cuales no fueron muy amplias. Todos los casos que he tratado hasta la fecha tienen un denominador común: 1991 como annus horribilis. En líneas generales, una de las cosas más sorprendentes de la pesquisa es la forma en que presenta a Corea del Norte durante los años 40s, “North Korea, which in the 1940s was the most economically developed East Asian country outside of Japan” (Lankov, 2016, pág. 11). Al leer esto, cualquier investigador debería preguntarse qué sucedió para que un país descrito de este modo, acabase siendo en la actualidad uno de los más pobres del mundo con la mitad de población viviendo en la miseria[2]. Con el marco de análisis proporcionado por Acemoglu y Robinson (entre otros) a nivel macroeconómico, las instituciones de Corea del Norte podrían catalogarse fácilmente como extractivas. Por una serie de idiosincrasias que mencionaré a continuación.

En primer lugar, el sistema político norcoreano (y en general, de cualquier país con una dictadura) no da lugar a la pluralidad por lo que respecta a las instituciones y en buena medida, se trata de una región donde el poder está muy centralizado, el estado impregna cada rincón de la vida de sus ciudadanos. Podríamos decir que las libertades individuales están completamente prohibidas. Quienes toman las decisiones son un órgano muy reducido formado por un grupo de oligarcas bien situados socialmente y en concomitancia con la familia[3] que ha gobernado desde que el país quedó dividido en 1953. Por lo tanto, el poder está extremadamente concentrado en pocas manos. Otro motivo es el saqueo sistemático de esta elite, el paper muestra que se trata de un país muy corrupto, normalmente la vida de lujo que envuelve a los dirigentes choca frontalmente con el paupérrimo modus vivendi de la mayoría de la población[4].

Por norma general, no se han dado muchos avances tecnológicos y la innovación tampoco es bien recibida por las elites, básicamente porque esto puede llevar al reemplazo de los viejos oligarcas por unos nuevos. El sistema dictatorial debe velar por mantener sus redes clientelares para continuar en el poder. Es importante subrayar también lo que el sociólogo alemán Robert Michels llamó Ley de hierro de la oligarquía[5]. Este concepto lo desarrolló con una serie de argumentos que podemos aplicar tanto a dictaduras como a democracias. Para plasmarlo lo citaré directamente, “the eternal struggles between aristocracy and democracy of which we read in history have never been anything more than struggles between an old minority, defending its actual predominance, and a new and ambitious minority, intent upon the conquest of power” (Michels, 1915, p. 377). De aquí que las instituciones extractivas tiendan a ser difíciles de erradicar y se consoliden mediante relaciones endogámicas.

Se está analizando un país en donde dichas instituciones se ven a todos los niveles. Por un lado, en el ámbito político con la medida del partido único, la inexistente división de poderes, persecución ideológica, represión, etc. Por otro, la prohibición explícita de la propiedad privada, la nula actividad económica fuera del estado (teóricamente), la planificación económica, los trabajos forzados, las expropiaciones, etc. El autor hace hincapié en las similitudes con la URSS (sobre todo en el período de los años 70s) y en las reminiscencias estalinistas.

Como se ha mencionado, la mayoría de especialistas ponen el énfasis en el año 1991. Se produjo un retroceso en el comercio internacional y se perdió al máximo aliado económico, la URSS (también disminuyeron las relaciones con China). Los intercambios eran asimétricos, puesto que, los soviéticos entregaban mucho más de lo que recibían. En cierto modo, estaban subsidiando a los norcoreanos, especialmente con el petróleo que les dejaban a precios irrisorios. También les dotaban de piezas de repuesto para maquinarias, fertilizantes, tecnología, etc.

Se desplomó el mito de la autosuficiencia, sostenido por ingentes cantidades de propaganda interior y, sobre todo, exterior. Finalizaron las ayudas provenientes de los soviéticos y el país retrocedió en todos los indicadores económicos, había una extrema dependencia de bienes provenientes del extranjero. Ese fatídico año provocó una crisis agraria acuciante a causa de la falta de productos químicos provenientes de la URSS.

Así mismo, hubo una caída estrepitosa en la producción anual en los cereales y esto derivó en la gran hambruna de mediados de los 90s que se alargó hasta el año 2000. Se calcula que murieron 2-3 millones de personas de inanición entre 1996-1999, estos números, postula Lankov, podrían estar sobredimensionados, pero estimaciones más recientes plasman que las cifras no bajaron de 600.000 para un país con unos 25 millones de habitantes. Así lo describe el propio autor “The famine was the largest humanitarian disaster to occur in East Asia since the Chinese famine of the early 1960s caused by Mao Zedong’s notorious Great Leap Forward policy” (Lankov, 2016, pág. 5).

Este shock hizo que la propia población desarrollase métodos de economía sumergida muy alejados a los dictámenes oficiales. En el paper se estima que entre el 30-50% del PIB norcoreano es fruto del sector privado, el cual a todas luces se encuentra prohibido y perseguido. Aún en estas circunstancias de clandestinidad, no ha parado de desarrollarse. Además, se ha ido configurando una especie de mercado negro con elementos propios de economía capitalista[6].

El mercado negro emergió con fuerza después de la caída del Imperio Soviético, y aún hoy, provoca que muchas personas puedan sobrevivir entre tanta miseria. Según algunas estimaciones llevadas a cabo, el salario de los trabajadores que se dedican a realizar actividades económicas al margen de los parámetros oficiales, oscila entre los 25-30$ mensuales. Esto supone una fortuna en su contexto.

Además, muchas de las transacciones económicas se dan en zonas fronterizas desde las cuales llegan todo tipo de bienes del exterior. Ha sido mencionado anteriormente que se trata de un país con altas tasas de corrupción y es precisamente a consecuencia de esta que la población puede “prosperar”. Gracias a los sobornos que reciben los funcionarios y policías (los cuales ganan más con ellos que con sus sueldos), ha habido cierta mejora en las condiciones de vida en los últimos 20 años.

Por último, en lo concerniente a los recursos naturales, a pesar de ser un país con una orografía abrupta, tiene una dotación substancial de acero, minerales, carbón y alimentos marinos. Estos cuatro elementos constituyen factores clave para su comercio internacional. Muchas de las problemáticas ya han sido citadas, pero en el caso de los recursos medioambientales es importante mencionarlas también: quedan en manos de una élite privilegiada, hay una evidente falta de inversión en tecnología que proporcionaría mejores métodos de extracción y, por ende, un aprovechamiento de sus ventajas comparativas que, a su vez podrían diversificar sus capacidades de exportación con productos de mayor valor añadido  (Babson, 2016, p. 170). Sea como fuere, a mi juicio no se trata de un caso flagrante de abundancia de recursos naturales (por ello no creo que sea un caso de Resource course) al estilo de países como: Venezuela, Gabón, Etiopía, etc.

Como se ha visto, el refrán español de hecha la ley, hecha la trampa, podría aplicarse en todos los casos analizados. El capitalismo se inmiscuye en cualquier sistema en forma de mercados negros, de microempresas privadas, de ofrecer productos demandados, de intercambios no coercitivos, de eludir prerrogativas impuestas, etc. Lenin lo entendió, y por ello, sostenía que incluso en un país socialista, si se dejaba un mínimo de libertad de mercado a un burgo (por pequeño que fuera), éste sería capaz de reconstruir el árbol entero del capitalismo (Braudel, 2006, p. 26)

Antes de cerrar mi explicación, me gustaría traer a colación una situación que plasmará mi premisa sin necesidad de extenderme más. En marzo del 2016, en pleno auge de Podemos, Juan Carlos Monedero fue invitado a Espejo Público, allí tuvo la lucidez de preguntarle a Nacho Martín Blanco si conocía al presidente de Portugal[7]. Nacho se mostró dubitativo, como la inmensa mayoría de nosotros ante preguntas del estilo. Monedero le dijo que ignoraba (recalcó lo de la ignorancia hasta cinco veces) quién era el presidente del país vecino, pero que conocía al de Venezuela, un ejemplo de manual de red herring, como indicó Nacho.

¿Qué pretendía Juan Carlos? Si no sabías quién gobernaba Portugal, era por una especie de conspiración de los medios de comunicación (cuando él ha sido un colaborador habitual de los mismos) que ponían el foco en Venezuela para criminalizar la “revolución bolivariana”. Aparte del blanqueamiento de dictadores, la mejor respuesta es: la falta de noticias, son buenas noticias. ¿Quién conoce al presidente de Corea del Sur? O al de Luxemburgo, Suiza, Noruega, Dinamarca, Suecia, Andorra, Irlanda, etc. Todos ellos, países con los PIB per cápita más elevados del mundo, ¿sabría respondernos el prestigioso politólogo? En líneas generales, la mayoría conocemos a Kim Yong-un y no a su homólogo del sur. Básicamente, porque pensar que aún quedan sitios donde existen gulags y economías planificadas, llama la atención, como también que un dictador sudamericano del perfil de Chávez saliera pidiendo expropiaciones a empresas privadas mientras paseaba por Caracas. ¿De veras hay dudas de por qué no se conoce al presidente de Portugal como sí conocemos a los presidentes de Venezuela? La respuesta es por la misma razón que conocemos al dictador norcoreano y no al presidente de Corea del Sur.  

 

Bibliografía

Acemoglu, D., & Robinson, J. (2012). Why Nations Fail. New York: Crown Publishing Group.

Babson, B. O. (2016). The North
Korean Economic System: Challenges and Issues. International Journal of Korean Studies, 149-175.

Braudel, F. (2006). La dinámica del capitalismo.
México : Fondo de Cultura Económica .

Ku, Y. (2018). North Korean
economy. En Y. Ku, I. Lee , & J. Woo, Politics in North and South
Korea: Political Development, Economy
(págs. 1-246). New York: Routledge.

Lankov, A. (2013). The Real
North Korea: Life and Politics in the Failed Stalinist Utopia.
New York:
Oxford University Press.

Lankov, A. (2016). The Resurgence
of a Market Economy in North Korea. Carnegie Moscow Center, 1-26.

Michels, R. (1915). Political Parties:
A Sociological Study of the Oligarchial Tendencies of Modern Democracy.
New York: Hearst’s International Library Co.

 


[1] Andrei Lankov (1957 – ) es un especialista en el ámbito de la política, relaciones Internacionales, economía e historia de la Península de Corea. Actualmente, es profesor en la Universidad Kookmin de Corea del Sur. Ha publicado muchos papers académicos tratando los temas relacionados con esta zona de Asia, en Research Gate hay más de cuarenta estudios publicados (42) y sus libros se cuentan por decenas. En orden cronológico los más destacados: From Stalin to Kim il Sung: the Formation of North Korea 1945-1960 (1988), Crisis in North Korea: The Failure of de-Stalinization, 1956 (2005), The Dawn of Modern Korea: The transformation in life and cityscape (2007), The Real North Korea: Life and Politics in the Failed Stalinist Utopia (2013), Daily life in North Korea (2015). Su trabajo como investigador no se ha limitado sólo a publicaciones académicas sino también a otras de carácter más divulgativo. Ha participado en muchos periódicos internacionales como: The Korea Times, Bloomberg News, Al Jazeera English, entre otros.

[2] Esto lo expresan Acemoglu y Robinson de la siguiente manera: the poorest countries in the world, such as North Korea, Sierra Leone, and Zimbabwe, where well over half the population lives in poverty (Acemoglu & Robinson, 2012, pág. 12).

[3] Algunos autores incluso hablan de dinastía en el caso de Corea del Norte, como por ejemplo: Bradley K. Martin en su libro Under the Loving Care of the Fatherly Leader: North Korea and the Kim Dynasty (New York: St. Martin’s Press, 2004).

[4] Para mostrar esto recurro al texto analizado, el cual, dice lo sigüente, “Considering that the  official salary in 2000 was equivalent to only $1 to $2 a month” (Lankov, The Resurgence of a Market Economy in North Korea, 2016, p. 8).

[5] Se encuentra en el capítulo II de la parte VI de su libro (titulo original) Zur Soziologie des Parteiwesens in der modernen Demokratie.
Untersuchungen über die oligarchischen Tendenzen des Gruppenlebens (1911). Con este concepto no quiero poner a la misma altura a una democracia occidental (con todos sus defectos) a la de una autocracia dictatorial como la coreana, lo que busco es reflejar una de las características de las instituciones extractivas. Lo que pretendo plasmar es este círculo vicioso de perpetuación en el poder por parte de una minoría que educe de su población toda su riqueza.

[6] Es interesante ver lo que dicen otros autores al respecto. Indagando un poco sobre la literatura concerniente al tema, uno de los mejores estudios sobre Corea del Norte, titulado Politics in North and South Korea (2018) dice lo siguiente, “A most significant change in the North Korean economy caused by the famine was the emergence of private entrepreneurs and markets, referred to as Jangmadang among North Koreans” (Ku, 2018, p. 135).

[7] Marcelo Rebelo de Sousa había sido escogido ese mismo mes.

II. Economías planificadas: el caso angoleño

Sigo con el problema al que dediqué el primer artículo que publiqué en esta institución (véase Economías planificadas: el caso cubano). El segundo país que he escogido es uno relativamente poco conocido, Angola. El estado que nos atañe se sitúa geográficamente al sur del continente africano y tiene un pasado colonial portugués muy significativo. Aun así, el marco histórico en el cual se desarrollará este artículo será entre la segunda mitad del s.XX, las postrimerías del mismo y ligeramente el s.XXI.

A priori una persona no versada sobre la historia de África no tendría por qué conocer ni entrever las concomitancias y similitudes entre un país caribeño y otro africano (1), así pues, corre a cargo de un servidor exponer con la mayor sencillez posible un tema arduo como es el de las economías planificadas. Es importante mencionar que en la República de Angola se han dado las condiciones históricas necesarias para que confluyeran instituciones extractivas y para más inri, para que se adoptara un modelo de planificación central.

Uno de los papers que he tenido ocasión de leer recientemente se centra en investigar el sistema bancario de dicho país, el cual proporciona un marco de análisis óptimo para entender qué problemáticas acucian a su economía y, por ende, a su sociedad. The political economy of banking in Angola (2018), investigación llevada a cabo por Manuel Ennes Ferreira (2) y Ricardo Soares de Oliveira (3). Sin duda, el continente africano supone un reto para encontrar trabajos sobre economías de estas características, a mi parecer, esto se debe a las pocas investigaciones realizadas y como siempre, a la opacidad de este tipo de regímenes. 

La pesquisa del paper gira en torno al crecimiento económico, al petróleo y a la caída de precios internacionales. Se empieza haciendo una breve introducción histórica al tema tratado. De entrada, lo que llama la atención es la sangrienta guerra civil originada por ver quién gobernaría el país en 1975 (la cual no finalizó hasta el 2002). Como es de imaginar, estas condiciones materiales son el primer obstáculo para desarrollar una economía eficiente con instituciones políticas inclusivas. 

Quien resultó vencedor de este conflicto armado fue el MPLA (Movimento Popular de Libertação de Angola) con una base ideológica heterogénea, pero dentro de la familia del marxismo-leninismo. Dicho triunfo militar fue en detrimento del UNITA (União Nacional para a Independência Total de Angola) que, por el contrario, defendía un nacionalismo africano de carácter conservador.

Los principios ideológicos del MPLA son reveladores. Por poner sólo algún ejemplo:

A República Popular de Angola é um Estado soberano, independente e democrático, cujo primeiro objectivo é a total libertação do Povo Angolano dos vestígios do colonialismo e da dominação e da dominação e agressão do imperialismo e a construção dum país próspero e democrático, completamente livre de qualquer forma de exploração do homem pelo homem, materializando as inspirações das massas populares

MPLA, Artículo 1 de la Ley Constitucional de la República de Angola (1975). Como puede columbrarse, la retórica está impregnada de una capa de populismo de izquierdas y va acompañada de fines y palabras rimbombantes que en la práctica se demostraron fallidas. 

Siguiendo un orden cronológico, en 1980 durante el plenario de un congreso del movimiento, se culpó al capitalismo de las vicisitudes económicas por las que estaba atravesando el país. Me gustaría hacer hincapié en esto, puesto que puede parece un detalle baladí. Dentro de la academia (y también fuera), hay mucho vociferador convencido de que la pobreza en África (continente que viene tratado muchas veces como si de un país homogéneo se tratara) es debida al “capitalismo” (4). 

Mi pregunta es: ¿cuándo ha habido un solo país en el continente africano que tuviera instituciones inclusivas (al estilo de Robinson y Acemoglu), libre mercado, estados pequeños y la retahíla de condiciones para que hubiera de facto un modelo económico como muchos gurús proclaman? En la mayoría de países que un servidor ha tenido oportunidad de observar, el común denominador son los caudillos que se perpetúan en el poder y que usan los recursos occidentales para su propio beneficio en detrimento de sus poblaciones. El debate de la pobreza y sus motivos es inabarcable, aun así, me adscribo a las premisas de Easterly, el cual arguye que la causa de la misma es la ausencia de derechos políticos y económicos sumado al “free political and economic system that would find the technical solutions to the poor’s problems. The dictator whom the experts expect will accomplish the technical fixes to technical problems is not the solution; he is the problem” (Easterly, 2013, pág. 14).

Volviendo al tema del MPLA, el partido revolucionario llevaba ya un lustro en el poder (desde 1975) cuando lanzaba balones fuera y argumentaba que la situación económica era debida al capitalismo. Aun así, como muestra el autor A. Birmingham, las ganancias de las industrias heredadas del período de la colonización (creadas en los años 60s) fueron nacionalizadas/confiscadas y se dilapidó lo que ya estaba construido en los primeros 10 años de independencia. Por ejemplo: el sector manufacturero había caído un 30%. Esto lo atribuyeron a la supuesta especulación capitalista, pero de facto lo que había era lo siguiente, “the government had more or less followed Soviet-style models of economic planning” (Birmingham, 2015, p. 101).

En líneas generales, se trata de un buen ejemplo de país condenado a la Maldición de los recursos naturales (también conocido como Mal holandés). Siguiendo esta teoría, vemos que, elementos como el petróleo pueden ser muy dañinos para las regiones menos desarrolladas, por muy paradójico que pueda sonar. Angola ha experimentado diversos shocks negativos y positivos en su economía, por poner algún ejemplo de la investigación, “under President José Eduardo dos Santos’s rule, during which Angola’s oil-fuelled GDP increased ten-fold from 2002 to 2014” (Ennes Ferreira & Soares de Oliveira, 2018, p. 2). Angola en 2008 se convirtió en el país africano que más petróleo producía (superando a Nigeria), este recurso suponía el 45% de su PIB y más del 90% de sus exportaciones (Hammond, 2011, p. 354).

En el famoso libro de Terry Karl, The paradox of Plenty (1997), se explica cómo los países que tienen abundancia de recursos han experimentado nacionalizaciones y expansiones de sus estados. Además, el politólogo norteamericano alerta de que esto puede tener consecuencias impredecibles en la economía y en el caso de Angola, pone como ejemplo su amarga guerra civil (Karl, 1997, p. 32). No son pocos los países con grandes reservas de petróleo que cuentan con una élite extractiva nacional que vive de las rentas internacionales. Esto acaba provocando que se formen gobiernos autoritarios que no ofrecen grandes coberturas de bienestar a su población, descuidando cosas como la educación o la sanidad.

En lo que respecta al sector bancario, en tan solo 3 años de gobierno revolucionario, ya no quedaba ningún banco privado y prácticamente, toda propiedad permaneció en manos del estado mediante las leyes de Nacionalización y Expropiación de 1976 (5). Lo que acabó ocurriendo es que, una pequeña élite vinculada a la familia dominante, controló el sistema bancario, el cual, no tuvo la voluntad de financiar sectores productivos de la economía. Así lo expresan los autores del paper, [los bancos] “They do not lend to small and medium enterprises or productive sectors and are able to conceive of profit in Angola without broader financial development” (Ennes Ferreira & Soares de Oliveira, 2018, p. 16).

Durante el trabajo, los autores analizan la relación entre el sistema bancario y sus fuentes de recursos naturales. Hay 3 aportaciones principales en la investigación. La primera es que el crecimiento económico en el sector bancario quedó en manos de una parte muy pequeña del MPLA que se enriqueció muchísimo. Esta oligarquía comunista usó al estado para someter a los bancos, especialmente a su Banco Central. En segundo lugar, el crecimiento espectacular durante los “booms” del petróleo permitió la extracción de rentas, pero no la reinversión de estas. Se concedieron pocos créditos, y la mayoría de la población no tenía ni una sola cuenta bancaria. En tercer y último lugar, la caída de precios del crudo en 2014 provocó un proceso de regulación global del sector (impulsado por agentes externos).

Para ir acabando, no se puede disociar la economía de la jurisprudencia, y para que un país tenga instituciones inclusivas es conditio sine qua non tener separación de poderes, entre otras cosas. De ahí la importancia de la independencia judicial y el respeto hacia la Constitución. Angola, en su Carta Magna (1975) insiste en el papel del Consejo de la Revolución (Conselho da Revolução) y en su artículo octavo dice lo siguiente respecto a su economía, “O Estado orienta e planifica a economia nacional visando o desenvolvimento sistemático e harmonioso de todos os recursos naturais e humanos do país e a utilização da riqueza em benefício do Povo Angolano”.

En definitiva, vemos cómo el modelo económico de planificación estatal nace con muy buenos propósitos teóricos, pero la praxis acaba muy alejada de estos. La pequeña élite que se enriquece, vive al margen de las vicisitudes de la mayoría de sus habitantes. Por poner un ejemplo concreto, la hija del presidente José Eduardo dos Santos (el cual gobernó el país durante 1979-2017), Isabel dos Santos, es la mujer más rica del continente (según la revista Forbes) con una fortuna que asciende a más de 1.7 billones de dólares provenientes principalmente del sector bancario. Esto es un caso de todo el entramado de corruptelas que padece el país. 

Finalmente, es importante mencionar las dificultades de desarrollar un trabajo académico solvente en países como los que se han tratado y se tratarán cuando la opacidad es la norma y no la excepción. Mi ambición ha sido intentar observar con más precisión cómo funcionaron algunas economías planificadas, centrándome en casos paradigmáticos y vestigios que actualmente quedan. 

En lo que coinciden estos sistemas es en la anulación de la libertad individual. Esto, lejos de ser una soflama liberal constituye la piedra angular de las sociedades con instituciones inclusivas. En los casos analizados, siempre se aspiraba a un bien superior, por el cual, los medios estaban justificados: expropiaciones, nacionalizaciones, persecución ideológica, exilio, encarcelamientos, propaganda, estados enormes, planificación económica, enemigos comunes, doctrina política convertida en catecismo, etc.  

En conclusión, allí donde se intentó erradicar el cálculo de precios, subyugar la economía a la política y las decisiones quedaron a manos de una Nomenklaura, los resultados económicos distaron mucho de las prerrogativas teóricas. Es necesario analizar desde la economía mainstream aquellos casos donde el modelo económico se repensó, para entender sus fortalezas, debilidades y consecuencias. Siempre es positivo cuestionarse las cosas, pensar en un mundo mejor, pero, ¿a qué precio?

(1) Recomiendo encarecidamente leer el artículo sobre la economía de Cuba, puesto que, mi intención es publicar otro sobre Corea del Norte y la URSS con el propósito de discernir similitudes y diferencias. Ergo, todos los escritos estarán relacionados.

(2) Profesor e investigador de la Universidad de Lisboa. Especialista en Economía industrial, en la Angola postcolonial, en relaciones económicas, etc.

(3) Profesor e investigador asociado de la Universidad de Oxford. Especialista en geopolítica, energía, economía política, etc.

(4) O palabras que se usan como sinónimos, entiéndase por estos: colonialismo, imperialismo, entre otras.

(5) A pesar que su texto constitucional de 1975 dice explícitamente en su Art. 10, lo siguiente, “A República Popular de Angola reconhece, protege e garante as actividades e a propriedade privadas, mesmo de estrangeiros, desde que úteis à economia do país e aos interesses do Povo Angolano”. El vacío legal para actuar de la forma en que lo hicieron podría ser la frase de “desde que úteis à economía”.

Bibliografía

Birmingham, D. (2015). A Short History of Modern Angola. Oxford: Oxford University Press .

Easterly, W. (2013). The Tyranny of Experts: Economists, Dictators, and the Forgotten Rights of the Poor. Philadelphia: Basic Books.

Ennes Ferreira, M., & Soares de Oliveira, R. (2018). The political economy of banking in Angola. African Affairs, 1-26.

Hammond, J. (2011). The Resource Curse and Oil Revenues in Angola and Venezuela. Science & Society, 348–378.

Karl, T. L. (1997). The paradox of plenty oil booms and petro-states . Berkeley: University of California Press.

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalisto (LXII): La anarquía urbanística

Cuando un visitante llega a la ciudad en la que resido y trabajo, Santiago de Compostela, una de las cosas que les llama la atención es el contraste entre la ciudad vieja, que concentra casi todos los visitantes, y la nueva de factura más moderna, casi toda ella edificada desde la mitad del siglo XX hasta la actualidad. Supongo que este fenómeno es perceptible en muchas otras ciudades del mundo.

Casi todos consideran más hermosa e interesante a la ciudad vieja, realizada sin una planificación urbanística digna de tal nombre frente a la nueva que ya disfrutó de las “ventajas de la regulación”. Sin embargo, como ocurre también en muchas partes del mundo, se ha decidido congelar la parte histórica y hacerla disfrutar también de las grandes ventajas de la regulación de tal forma que según informa la prensa local no deja de padecer una pérdida continua de habitantes. Se considera que es poco adecuada a la vida moderna, y que cualquier actuación sobre la vivienda es muy difícil y costosa, dado su grado de protección. De hecho se ha convertido en una suerte de parque temático congelado en el tiempo para goce y disfrute de turistas y visitantes, pero desprovista de población nativa que le dé aspecto de ciudad habitada. 

El problema que se plantea en el ámbito del urbanismo es que la estética ha pasado a formar parte con todos los honores de las justificaciones normativas de la existencia e intervención del estado en la vida social y es fuente de cada vez más demandas de intervención. No sólo eso, ha sustituido a muchas justificaciones tradiciones del estilo de los bienes públicos en el argumentario de los defensores de la imposibilidad de una sociedad de libre mercado. Los defensores de este tipo de intervención se han convertido, además, en los más fieros defensores de la planificación; mucho más que cualquier comisario del gosplan sovietico en los tiempos de gloria del comunismo. Y a diferencia de estos últimos, no son nada receptivos a los argumentos sobre el cálculo eonómico o la coordinación de actividades empresariales en sus modelos. 

La estética o el gusto han sido siempre materia en la que los gustos de los individuos se consideraban soberanos, y ello imponía un límite a la intervención de los gobiernos. Pero es paradójico que con argumentos de tan poca base lógica se haya montado lo que Manuel Ayllón ha denominado, en un libro así titulado, La dictadura de los urbanistas. (como curiosidad y apartándome del tema fue en este libro donde ví escrita por primera vez la afirmación de que los carlistas habían sido los verdaderos liberales hispanos).

No sólo eso, los urbanistas han conseguido un grado de concienciación y movilización de gran parte de la población tal, que ya le gustaría a los promotores de otras políticas públicas mejor fundadas teóricamente. En efecto, ni los grandes teóricos clásicos del Estado ni los minarquistas ni los socialdemócratas intervencionista s han desarrollado nunca una justificación teórica basada en la estética. Pero aún así, no sólo funciona sino que se ha convertido en una de las políticas más potencialmente agresivas contra el derecho de propiedad que se conocen en la actualidad.

Sus argumentos acostumbran a ser muy emotivos, y por tanto muy poderosos. En ausencia de planificación y ordenación, se nos dice, los liberales seríais capaces de derribar la catedral de Burgos o la de Santiago para instaurar franquicias de moda o de comida rápida en su lugar. O destruiriamos hermosas ciudades medievales mezclándolas con edificios de hormigón, acero y cristal. También por supuesto talaríamos bosques y urbanizariamos espacios protegidos de la naturaleza. Además se insiste en que los ricos, usando de su poder económico, podrían hacerse con todos estos bienes y expropiar su uso a la inmensa mayoría de la ciudadanía que, impotente, asistiría a la degradación de su espacio. En este artículo queremos par tanto señalar cómo podrían establecerse mecanismos de conservación del patrimonio urbano y natural en ausencia de un ente regulador de corte estatal.

En primer lugar, habría que apuntar un hecho: la mayoría de los bienes y paisajes que se han conservado en condiciones que los hacen merecedores de conservación lo son porque han llevado a cargo a lo largo del tiempo buenas prácticas en ese sentido. Es más, éstas han sido practicadas en ausencia de sistemas de planificación formal, lo que prueba es que puede perfectamente conservarse un patrimonio en ausencia de regulación.

De hecho, la regulación urbanística o paisajística castiga a quien han llevado a cabo esas prácticas, privando de derechos de construcción o de explotación de cultivos o forestal a quien se ha caracterizado por respetar su medio. Hay un caso reciente en Galicia en el que se declara espacio protegido un bosque atlántico, cuidado secularmente por sus vecinos, y que ha resultado en que estos ahora no pueden explotarlo ni hacer uso de sus parcelas, como premio por hacerlo tan bien. En cambio aquellos otros que destruyeron bosques y paisajes se ven premiados, de tal forma que pueden obrar o cultivar como lo deseen.

Lo mismo acontece con los paisajes urbanos. Aquellos que se han esforzado en mimarlos y conservarlos pierden derechos, mientras que quienes lo han destruido los conservan. ¿No sería mejor, en cualquier caso, tratar de imitar y conservar las buenas prácticas que intentar regular lo que ya funciona bien? La planificación urbanística presupone que nuestros contemporáneos son más negligentes estéticamente que nuestros antepasados. Parece como si los antiguos supiesen como hacer las cosas y nosotros no. Los antiguos usaban los materiales que tenían a su disposición, y si tuviesen o hormigón o acero es muy probable que los hubiesen usado sin dudar.

De hecho, las regulaciones prohíben materiales y formas sólo de nuestra época, sin considerar que en los espacios conservados ya existen materiales y formas de distintas épocas. Catedrales y plazas de las grandes ciudades históricas combinan estilos arquitectónicos de diferentes siglos, probablemente tan discordantes en su tiempo como los nuestros a respecto del pasado.

Hoy ya no es posible en muchos sitios enriquecer una ciudad con nuevas formas de construir, y edificaciones como la Torre Eiffel (que también fue polémica en su momento) sería radicalmente prohibidas. Porque detrás de estas prohibiciones lo que está latente es un profundo deprecio cultural por nuestra propia época y nuestra civilización, que al ser supuestamente tan capitalista se entiende que no pueden apartar nada que pueda ser hermoso a la humanidad. De la misma forma que la Edad Media es vilipendiada por los ilustrados y sus seguidores por ser una era cristiana, la edad moderna es análogamente atacada por sus valores estéticos, comerciales y egoístas y por tanto desprovisto de cualquier sentido de la belleza. Parece como si el realismo socialista ofreciese soluciones más dignas de conservar.

Otra derivada de la regulación urbanística es la idea de que en una sociedad de mercado la gente no tuviese ningún criterio estético y le gustase aposta vivir en condiciones de deterioro estético. La cultura comercial no excluye para nada la conservación del patrimonio ni el buen gusto. Al contrario, precisamente porque es comercial permite primero que existan fondos para restaurar edificios y obras de arte, lo que en muchas ocasiones es más caro que edificar de nuevo y de ahí que viejos edificios brillen ahora con el fasto de otros tiempos y sean al tiempo capaces de adecuarse a las necesidades tecnológicas de sus moradores.

Pero además, dado que muchas personas aprecian el pasado es comercialmente rentable mantener en buen estado nuestro pasado y exista interés por parte de numerosos empresarios por aprovechar esta demanda potencial. Si tirásemos una catedral para hacer un parking, la ciudad vería mermado sustancialmente su turismo y los empresarios que de él viven no lo tolerarían, y serían los primeros en oponerse. Muy probablemente lo adquirirían y mantendrían tal cual. Sus propietarios actuales tampoco tendrían interés en que pierdan su valor, y lo conservarían, realizando las operaciones de mantenimiento adecuadas. Muchos edificios religiosos han sido conservados precisamente porque son propiedad de instituciones como la Iglesia Católica que han resistido presiones de venta y los han protegidos. Sólo hay que comparar, en nuestro país, lo que le ocurrió a los bienes culturales desamortizados por el estado en el siglo XIX, muchos de ellos en ruinas, o cual fue el destino de muchas de las centenarias murallas que antes defendían las ciudades, casi todas ellas destruidas por sus propietarios estatales en aras del progreso y la  modernidad urbanística. 

No sólo los propietarios conservarán sus bienes, sino que intentarán adaptarlos de manera empresarial a los posibles gustos del futuro. Esto es, no los congelarán en el tiempo, sino que irán realizando poco a poco innovaciones como han hecho nuestros antepasados. Estos no se centraron en una época y la conservaron (de ser así todas las viviendas serían de tipo romano, por ejemplo) sino que usaron los nuevos materiales de los que iban disponiendo y aprovecharon las innovaciones en arquitectura y estética propias de su tiempo. Sólo nosotros, por un extraño odio a nosotros mismos, consideramos poco estéticas nuestras artes, técnicas y gustos, cuando probablemente no dejen nada que desear a las antiguas.

Por último, existen técnicas de planificación privada que podrían perfectamente adecuarse a la protección del entorno urbanístico si así se desease. Simplemente en una comunidad de derecho privado podrían perfectamente ponerse cautelas a las construcción, estableciendo que puede o no hacerse. Existirían comunidades conservadoras que querrían conservar un estilo propio y otras más modernas que permitirían innovaciones de todo tipo. De hecho fue la propia “presión” social la que más contribuyó a esta preservación, de forma análoga a la planificación privada..

De la misma forma que adecuamos nuestra vestimenta a los gustos y modas de la época en que nos tocó vivir en el caso del urbanismo y de los paisajes opera un fenómeno parecido. De la misma forma en que no vemos a nuestros convecinos con toga, peplo o cota de malla a pesar de ser perfectamente libres de hacerlo si así lo decidiesen es muy presumible que no se llevasen a cabo anacronismos o aberraciones estéticas en el ámbito que estamos abordando.  

La anarquía decía Pierre Proudhon es la madre del orden. En el urbanismo lo demuestran ciudades prácticamente  anarcocapitalistas como Gurgaon en la India que demuestran que se puede disfrutar de unos estándares de urbanismo muy elevados en ausencia de regulación. Algún día volveremos a este tema para comparar ámbitos urbanos con y sin regulación.

I. Economías planificadas: El caso cubano

He querido enfocar mi primer artículo en el IJM hacia la economía planificada, aquella por la que a lo largo del s.XX se justificaron (y se justifican) ad nauseam todo tipo de fines independientemente de las laceraciones y estragos que tal modelo pudiera conllevar. Así pues, antes de empezar hay explicar qué es la planificación central. Se trata de uno de los sistemas económicos imperantes a lo largo y ancho del globo durante el s.XX, del cual aún hoy quedan vestigios. Basada en establecer bajo criterios estatales la asignación de X recursos teniendo in mente el consumo actual y la inversión futura, así pues, el gobierno dice qué producir, en qué cantidad, cómo distribuirlo, para quién, etc. En definitiva, el mercado deja de ser la mejor forma de asignar recursos y estos pasan a estar subordinados a los designios de los burócratas de turno, lo que conocemos bien mediante la aserción “hayekiana” de la fatal arrogancia.

Puesto el punto de partida, hace unos meses leí el paper “Measuring the role of the 1959 revolution on Cuba’s economic performance” (2018), de los economistas Hugo Jales, Thomas H. Kang, Guilherme Stein y Felipe García Ribeiro. Su metodología está impregnada de estadística y de modelos matemáticos, pero el punto fuerte de la pesquisa (y a la vez su debilidad) es precisamente su carácter hipotético y el uso de controladores sintéticos con los cuales se crean países ficticios para hacer comparativas de cómo hubiera sido Cuba sin la Revolución de 1959 (ceteris paribus en el contexto internacional).

Grosso modo, el objetivo era medir el papel de la Revolución en términos económicos siguiendo un hilo histórico de cómo se llegó a ese punto. Se dejan al margen costes sociales, principalmente la represión del régimen, y la pregunta que impregna la investigación es: ¿qué hubiera sucedido sin este hecho histórico? En primer lugar, se menciona que Cuba tenía una economía bastante desarrollada en su contexto antes que la hoz y el martillo se instaurasen manu militari. Se enfatizan cosas como: el bagaje económico de la isla desde la segunda mitad del s.XIX, que antes de 1959 sus índices de desarrollo eran superiores a los del sur de Europa, el hecho que fueron el primer país de América Latina en tener un sistema de ferrocarriles (con el primer tranvía), etc.

Todo eso se truncó mediante los procesos de colectivización, propaganda, expropiación de todo tipo de empresas (especialmente petroleras y americanas), planificación estatal, partido único, represión ideológica, élite extractiva alrededor de la familia dominante, poca diversificación de los productos para exportar (cosa que a lo largo de su historia había sido la tónica dominante), ínfima innovación tecnológica, rol soviético en las ayudas a la isla con la venta de petróleo a precios muy por debajo del valor de mercado y compras de azúcar a precios muy por encima del valor de mercado. De esta forma, Cuba estaba generosamente subsidiada por el Bloque Comunista y, por ende, 1991 fue su annus horribilis.

El fin de la URSS provocó la desaparición del sustento básico de la economía cubana la cual acabó en una profunda crisis y tuvo que optar por introducir elementos promercado para paliar el cataclismo económico que se estaba produciendo. Es importante decir que estas medidas se tomaron con mucha reticencia por parte del gobierno el cual nunca quiso facilitar la obertura económica de la isla. Justo en ese fatídico año para el socialismo real, Estados Unidos reforzó su Embargo (Nota Bene: no es un Bloqueo, como sigue insistiendo la propaganda castrista) mediante leyes aprobadas por el Congreso Americano (especialmente la Torricelli Act, 1992 y Helms-Burton Act, 1996).

Sea como fuere, uno de los puntos cardinales del paper es el intento de crear un análisis de Cuba con y sin la Revolución mediante la elaboración de un PIB hipotético. Como es lógico, es imposible saber con exactitud el crecimiento y desarrollo de países con tanta opacidad, por lo tanto, el modus operandi de los investigadores está muy enfocado al estudio de las exportaciones de la isla. Uno de los temas que impregna el estudio es, sobre todo, el efecto de las políticas de los EEUU respecto a Cuba, especialmente con el polémico Embargo. Al hacer diversas estimaciones macroeconómicas, se concluye lo siguiente, “we do not observe a particularly large effect in 1962, the year when the USA strengthened its embargo against Cuba […], the contemporaneous effect of the embargo on Cuba’s GDP is small” (Jales, Hyeono Kang, Stein, & Garcia Ribeiro, 2018, pág. 13).

Hay que tener en cuenta que faltan datos oficiales, sin estos, difícilmente se pueden hacer estudios en profundidad sobre la amalgama de medidores económicos que pueden encontrarse en un país. Tanto es así que el profesor Giovanni A. Cornia, en un estudio sobre la desigualdad en América Latina dice lo siguiente sobre Cuba (dedicándole un escueto pie de página), “Due to data limitations we do not include this country in the analysis” (Cornia, 2014, pág. 335). No sólo los economistas padecen de este mal respecto a Cuba, sino que los historiadores también, por ejemplo, Silvio Pons pone a la misma altura a Cuba y Corea del Norte en cuanto a estados aislados que suponen un reto para el investigador (Pons, 2014, pág. 11).

Podría concluirse que el impacto de la Revolución hizo que Cuba divergiera de la tendencia histórico-económica que había tenido hasta el momento. El movimiento nacionalista encabezado por Castro supuso un shock a todos los niveles. Sin duda, el punto cúlmine del artículo es la desaparición de la URSS, la búsqueda de nuevas políticas económicas muy enfocadas al exterior (como el turismo) y en nuevos partners internacionales. El rol soviético fue sustituido por el de Venezuela con la llegada de Chávez. En definitiva, Cuba continuará siendo un foco de debate y polémica por todo lo que per se implica y las sensibilidades que atrae.

Sepa el lector que los experimentos de ingeniería social tienen costes imperecederos, al menos para unas cuantas generaciones, en este caso, de cubanos. Para los demagogos con ínfulas utopísticas recuérdenles que no se puede jugar a ser Dios. Como afirmaba Bruno Leoni en su libro Il pensiero político moderno e contemporáneo “la direzione di una società socialista non è concepibile senza una limitazione sostanziale della libertà degli individui, ad opera di un ristretto numero di individui, che in quella società assumono la funzione di direttori” (Leoni, 2008, págs. 185-186), ergo, si quieren socialismo, prepárense para la dictadura.

Bibliografía

Cornia, G. A. (2014). Falling Inequality in Latin America. Oxford: Oxford University Press.

Jales, H., Hyeono Kang, T., Stein, G., & Garcia Ribeiro, F. (2018). Measuring the role of the 1959 revolution on Cuba’s economic performance. World Economy , 1-39.

Leoni, B. (2008). Il pensiero político moderno e contemporáneo . Macerata: Liberilibri.

Pons, S. (2014). The Global Revolution: A History of International Communism, 1917-1991. Oxford: Oxford University Press.

El Mar Negro (II): el impacto soviético

Uno de los principales problemas que suelen afectar a los ecosistemas, o al menos uno de los más publicitados, es la proliferación de especies invasoras. Hay que decir que este argumento es un poco tramposo, pues da la sensación de que los sistemas ecológicos son cerrados, aislados de otros, que las especies que los habitan son eternas y únicas y apenas sufren variaciones en su calidad genética, en la cantidad de individuos y especies distintas que los componen, y que las condiciones se mantienen para siempre. Los ecosistemas son sistemas dinámicos que tienen sus propios mecanismos de defensa y adaptación y que cambian con el tiempo, soportando desde luego la invasión de especies, de modo que una multitud de pequeños cambios a lo largo del tiempo termina dando lugar a uno lo suficientemente profundo como para considerar que estamos ante un nuevo ecosistema. Es cierto que, antes del hombre, estas invasiones eran posiblemente más pausadas y el ecosistema tenía más tiempo para adaptarse a los cambios. El ser humano, como especie dentro del ecosistema global que forma la Tierra, ha creado e introducido en ella la tecnología que le permite hacer mucho más rápidos los intercambios de materiales, energía o información, además de cambiar las condiciones del entorno para su comodidad[1] y esto, obviamente, termina impactando sobre los ecosistemas, más acostumbrados a cambios más suaves y prolongados en el tiempo.

En los años 80 apareció en el Mar Negro una nueva especie, la Mnemiopsis leidyi, un cetanóforo (una especie de medusa) proveniente de la costa americana del Atlántico. Esta especie invasora, que también arraigó en toda Europa y en la parte occidental de Asia y que seguramente se introdujo de manera accidental en buques mercantes provenientes de Estados Unidos, se alimenta de zooplancton -en el que se incluyen las larvas de pescado y crustáceos-, así como de otras medusas. Al ser hermafrodita, es capaz de fecundarse a sí mismo, por lo que su proliferación no está condicionada a la aparición de otro espécimen de género contrario. Además, en su nuevo entorno del Mar Negro no tenía ninguna especie que lo depredara, por lo que su población se disparó sin apenas problemas, alimentándose del zooplancton que en unos pocos años empezó a escasear, afectando a las especies que sí dependen de él, entre ellas, algunas de las especies que se pescaban y que fueron escaseando.

Sin embargo, siendo la situación preocupante, hubo un elemento que vino a alterar aún más el estado del Mar Negro durante los años 80: la ineficacia de la agricultura soviética a la hora de satisfacer las necesidades alimentarias de su población. Su agricultura era una parte más de la planificación económica y no estaba sujeta a una investigación de la mejora del rendimiento, al menos no cómo lo estaba en otros países. A ello se unió la megalomanía del régimen que se embarcó en la construcción de infraestructuras sin el debido estudio de su viabilidad, siendo más importante el hecho de mostrar estas inútiles obras de ingeniería como grandes logros de su poder. La economía soviética de los años 80 estaba en crisis, pese a que en Occidente se la tenía como una potencia, no sólo en el aspecto militar, sino también en el económico.

La URSS llevaba muchos años teniendo dificultades para alimentar a su población, pues tenía una agricultura demasiado anticuada comparada con la de su enemigo occidental. Ello le obligó a hacer dos cosas. La primera fue endeudarse, comprando trigo a su gran enemigo americano y a sus aliados. La segunda fue optar por una explotación sin sentido de sus recursos hídricos y el abuso de abonos químicos, con la esperanza de que sus cosechas tuvieran un mayor rendimiento. En el entorno del Mar Negro, las fértiles -hasta hacía relativamente pocas décadas- llanuras cerealistas empezaron a recibir dosis excesivas de abonos de nitrógeno, fósforo y otros productos químicos. Por otra parte, con la intención de aprovechar mejor los recursos hídricos, se realizaron presas a lo largo de los ríos que desembocaban en sus aguas, como la de Stalin en el Dniéper o la de Tsimlyansk en el Don; presas que no tenían en cuenta cosas tan básicas como el proceso de colmatación en el transcurso de los años[2]. Esta necesidad megalómana también afectaba a sus países satélites. El dictador rumano Chauchescu planeó drenar el delta del Danubio, talar la vegetación y poner arrozales. Afortunadamente, semejante salvajada no se llevó a cabo.

En los 80, un exceso de contaminantes empezó a verterse hacia el Mar Negro, el nitrógeno y el fósforo de los abonos ayudaban al fitoplancton a desarrollarse de manera descontrolada, a la vez que la Mnemiopsis leidyi depredaba el zooplancton que se alimentaba de él. Esta dinámica propició la eutrofización del mar, fenómeno que ocurre cuando hay un aporte excesivo de nutrientes que favorece una proliferación excesiva del fitoplancton que, a su vez, termina con el oxígeno libre que hay disuelto en las aguas, del que vive la mayoría de las especies acuáticas, provocando la muerte de estas o su migración a zonas aún adecuadas para su vida.

La contaminación del agua fue la gran aportación del régimen soviético y otros países comunistas al medioambiente del Mar Negro, y no sólo de fósforo o nitrógeno. La agricultura soviética también usaba de manera masiva los pesticidas que, a diferencia de Occidente, no tenían un control para impedir daños colaterales. A eso había que añadir la contaminación radiactiva proveniente del accidente de Chernóbil y otras fuentes, así como los habituales vertidos de aguas fecales o contaminadas por la industria, que tampoco tenían los sistemas de limpieza que se estaban desarrollando con mayor o menor acierto en Occidente. La proliferación de presas también estaba afectando al agua que llegaba al mar, con una fauna piscícola especialmente afectada, sobre todo, la migrante. Un ejemplo de este desgobierno ocurrió en 1983, cuando una presa industrial en la ciudad de Stebniki estalló liberando en el mar 400 toneladas de compuestos potásicos, que contaminaron las aguas durante décadas.

La solución chocó con unas circunstancias difíciles. Los institutos científicos de la URSS ya habían avisado de que se debía hacer algo y su análisis de la situación, pese a haber sido ignorado por el régimen, era certero y proporcionó datos a los investigadores posteriores. La desaparición de la URSS afectó al proceso de investigación que, de la noche a la mañana, se vio sin fondos ni medios. El caos político pareció acrecentar el problema o, al menos, paró el planteamiento de soluciones.

La introducción de un depredador natural para el Mnemiopsis leidyi no era una buena solución, pues no habría dejado de ser otra nueva especie invasora que podría afectar a las existentes, así que el único recurso factible era reducir los vertidos y eso era, literalmente, cambiar la política agrícola de varios regímenes comunistas o en breve excomunistas. En este sentido, puede que la desaparición de la URSS y la democratización de sus países satélites fuera una ayuda inesperada.

En unos años, la presión sobre la ecología del Mar Negro se redujo significativamente con la introducción de sistemas más adecuados en la agricultura, tras la apertura del bloque del Este a Occidente. Por otra parte, una de las cosas que más llamó la atención a los científicos fue la relativa y rápida recuperación de los ecosistemas cuando los vertidos se redujeron. El grado de eutrofización disminuyó y algunas especies empezaron a prosperar de nuevo, aunque otras desaparecieron. En la actualidad, otros peligros amenazan al Mar Negro desde lo que fue la URSS. Los problemas militares y políticos entre la Federación Rusa y Ucrania, por una parte, y Georgia por otra, impiden hacer frente a este y otros muchos asuntos y se está volviendo a viejos escenarios.

Resulta sorprendente ver cómo la izquierda comunista se ha hecho con el monopolio de la lucha por el medio ambiente y cómo es el capitalismo el que, desde el punto de vista popular, agrede al planeta Tierra, al equilibrio ecológico y a la biodiversidad. Un repaso a la historia muestra que los principales desastres naturales a manos del hombre han venido de sistemas políticos de carácter totalitario o autoritario, aunque no únicamente. Sólo hay que ver actualmente cómo afronta la República Popular China la lucha contra la contaminación: de ninguna manera práctica que la rebaje y sí mediante un gran plan de propaganda que endosa a sus enemigos occidentales sus propios desastres.

Al contrario, si de algún lugar surgen las denuncias y las soluciones a estas catástrofes, es de aquellas sociedades donde se es más libre a la hora de criticar o denunciar las agresiones y de buscar las soluciones. El socialismo/comunismo y el ecologismo tienen una coincidencia muy evidente: ambos defienden una solución basada en la regulación, la intervención económica y la ingeniería social. Ambos se complementan muy bien y uno, el ecologismo, le sirve como base moral al otro, el comunismo/socialismo. Desde un punto de vista más político, la excusa del daño medioambiental ha sido usada para instalar políticas mucho más restrictivas, con o sin razones científicas, sobre las actividades humanas. Las instituciones favorables a la intervención y las personas o grupos que las dirigen se han congratulado en encontrar una razón moral que justifique su existencia. El problema en Occidente es que el resto del espectro político ha aprendido esta estrategia de colaboración entre ideologías y, hoy por hoy, conservadores, cristianodemócratas y populistas de diversas familias incluyen en sus programas ciertas políticas que, no hace mucho, sólo se podían leer en los programas de los partidos verdes.

Por último, quiero incidir en la capacidad que tienen los ecosistemas para reparar las heridas que las circunstancias, entre las que se encuentra la acción del hombre, pueden infligir y que está basada en su dinamismo y capacidad de adaptación. No estoy diciendo con esto que se pueda hacer cualquier cosa porque al final se ‘curan’, pero sí observo que en los mensajes mediáticos se ignora esta resiliencia (sí, en este caso está bien usado el término) de los ecosistemas, que se muestran habitualmente como sistemas frágiles que hay que mimar.

En el siguiente artículo analizaré la explotación comercial pesquera y cómo, desde la otra orilla del Mar Negro, la costa turca, se actuó de manera insensata en nombre de la intervención estatal.


[1] Hay que tener en cuenta que, de alguna manera, esta capacidad la tienen todas las especies, siendo más marcada en las especies animales sociales.

[2] No es raro que los regímenes totalitarios cometan este tipo de errores. La presa de las Tres Gargantas en China lo está experimentando en la actualidad o, si nos vamos a casos más antiguos, la de Asuán en Egipto, es otro ejemplo de mal diseño. La sobreexplotación de los acuíferos, que son sobreexplotados sin esperar a que las lluvias los recarguen, terminan provocando la desertificación de la zona, como ocurrió con el Mar de Aral.

El Mar Negro (I): Un acercamiento

La planificación central silenciosa: cuando los objetivos ESG se imponen a través de los bancos centrales


Cualquier persona que comprenda el funcionamiento de la política monetaria y de los bancos centrales en los países occidentales, sabe que la emisión de dinero es una actividad en monopolio legal, que además es llevada a cabo por una entidad política, pretendidamente independiente, movida por criterios políticos más o menos afines al bienestar social.

De que es un monopolio legal no tendrán ninguna duda los numerosos televidentes que disfrutaron con la primera temporada de La Casa de Papel y llegaron a su último episodio, en el que el Profesor explica perfectamente lo que hacen los bancos centrales (en su caso, la Casa de la Moneda) y que no se le deja hacer al común de los mortales. Él lo aplica a la impresión de billetes: sabemos que Casa de la Moneda imprime billetes, una actividad poco sofisticada; pero si usted trata de hacer la misma actividad en casa, será detenido por falsificación, aunque su billete sea exactamente igual que el que haya producido el banco central. Imaginemos cuanto más fácil puede resultar esta “impresión” de dinero en un mundo digital, donde basta apretar al Enter tras la cifra deseada para crear dinero en una cuenta.

En resumen, el dinero se suministra al mercado, en general, mediante un monopolio legal y en planificación central[1]. Las razones por las que esto se hace así son muy diversas y hasta pueden sonar lógicas; no voy a entrar en ellas, pero sí quiero recordar al lector que este sistema tiene poco más de un siglo de historia, y que en el pasado no era así, existiendo, en general, competencia de monedas y emisores, por llamarlos de alguna manera.

Contrariamente a la mayor parte de los bienes, el dinero está presente en todas las actividades económicas y en casi todas las transacciones entre individuos. Por ello, cualquier economista que conozca los efectos negativos de los monopolios legales, debería poder fácilmente extrapolar los riesgos que supone un monopolio legal en la “sangre” del sistema. Por ejemplo, el monopolista podría dar el dinero recién creado en condiciones distintas a según qué empresas, o incluso denegárselo, y de esta forma decidir ganadores y perdedores en la economía.

El problema se agudiza en un entorno de tipos de interés artificialmente bajos (y digo “artificialmente” porque son obra de ese monopolista legal y no reflejan las preferencias de los individuos: ¿cómo va a querer alguien que le quiten dinero por ahorrarlo?), en el que las empresas han tendido a sobre-endeudarse como consecuencia de dichas señales erróneas. Así, se ha generado una enorme dependencia económica de la deuda[2], por lo que diferencias en las condiciones de acceso a la misma suponen la diferencia entre viabilidad y desaparición para muchas empresas.

La solución a esta evidente amenaza ha consistido en dotar a los bancos centrales de una exquisita independencia del poder político, y en definir de forma precisa sus objetivos, tradicionalmente definidos en función de la inflación. Vamos, que han de tratar a todos los bancos por igual con respecto al dinero creado en la búsqueda de ese objetivo de estabilizar los precios, o estabilizar el valor del dinero[3].

Hasta aquí todo fenomenal. Pero ¿qué ocurre si se utiliza el banco central como herramienta para conseguir otros objetivos en el mercado? Acabamos de ver el potencial de los bancos centrales como planificador central: con sus decisiones, pueden elegir ganadores y perdedores, con independencia de las preferencias de los individuos. Si, por ejemplo, el banco central decide que no se han de dar préstamos a las tiendas de mascotas, ¿qué viabilidad tendrán éstas?

Para mi sorpresa, algo parecido, aunque con muchos más grados de sutileza, está ocurriendo. Resulta que el Banco Central Europeo ha decidido la inclusión de riesgos relacionados con el cambio climático en la valoración de los riesgos de los bancos a que supervisa: “Climate-related risks can be captured in risk categories that are already used by financial institutions and reflected in the Basel Framework, for example credit risk, market risk, liquidity risk and operational risk.[4]. Además, ahondando en dicha sorpresa: “it is becoming ever clearer that beyond climate-related risks, biodiversity loss could also be a source of material financial risks.” Como lo leen.

Anécdotas aparte. ¿qué significa todo esto? No siendo experto en regulación bancaria y financiera, quizá me equivoque en mi análisis. Pero al menos quiero dejar claro lo que pienso que significa. Si me equivoco, tanto yo como mi paz mental agradeceremos la enmienda.

Mi lectura es que los activos de los bancos (que son, principalmente, inversiones o préstamos en terceras empresas) se van a calificar no solo en base a los riesgos tradicionales (crédito, mercado, liquidez y operativos), si no también en base a riesgos climáticos. Esto es, según la “neutralidad” que el proyecto empresarial presente respecto al medio ambiente. Así pues, si el proyecto se juzga nocivo para el medio ambiente, su riesgo tenderá a ser mayor, y, en consecuencia, serán peores sus condiciones para acceder al crédito. Los bancos quedarán disciplinados como correa de transmisión, en la medida en que el riesgo global de su cartera les penaliza en su acceso a los recursos del BCE.

En resumen, se permite al BCE (no sé si a otros bancos centrales también) discriminar en el acceso a fondos según la actividad empresarial. Hasta dónde yo sé, esto carece de precedentes. Por el contrario, sienta uno peligroso en cuanto a dirigismo de las economías de la zona Euro.

No voy a discutir la base científica del cambio climático que es en lo que se apoya la clase política para este proyecto de tintes soviéticos. Incluso podemos aceptar que no haya dudas sobre tal fenómeno (cuya evidencia se construye con modelos a 30 años vista, como si alguno de ellos pudiera prever siquiera qué va a pasar la próxima semana). El problema es que esto abre una puerta a este uso torticero del monopolio legal auto-conferido por los Gobiernos. Y no sólo eso, sino que también existe una hoja de ruta clara por la que es fácil adivinar que pueden seguir estos derroteros de planificación central. Esa ruta se llama objetivos ESG[5] (“Environmental, Social and Governance”) y está ya presente en muchos gestores de fondos, empezando por el más voluminoso del mundo, Blackrock.

Así que, si atribuir riesgos climáticos dentro de los bancarios se impone, ¿por qué no poner riesgos relacionados con políticas de género o con cualquier cosa políticamente correcta que se les ocurra a los inconscientes planificadores centrales?

Por supuesto, Blackrock es libre de escoger como invierte el dinero de sus inversores; si el mercado no está intervenido, sus fondos ESG tenderán a dar menos rentabilidad que fondos análogos que solo se guíen por este último criterio, y será la decisión de los partícipes si prefieren más rentabilidad o estar socialmente comprometidos en los términos propuestos por Blackrock. Pero la cosa es muy distinta si el que está imponiendo su preferencia es el monopolista legal en la emisión del dinero, porque entonces nos está comprometiendo a todos con sus criterios, estemos o no de acuerdo con ellos.

Lógicamente, los lectores que crean en la democracia se preguntarán de qué vale votar “Libertad” si al final los organismos independientes nos pueden implantar la planificación central por la puerta de atrás. A ver si encuentran respuesta.


[1] El “en general” es para que no me acusen los lectores de olvidarme de Bitcoin y otras criptomonedas. 

[2] Casualidades del destino, parece que estos días el Bank of America está advirtiendo sobre que “los riesgos de fragilidad en el mercado son los más altos de la historia debido a la alta dependencia de la Fed”. Ver la noticia de El Economista: https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/11211196/05/21/BofA-alerta-de-que-los-riesgos-de-fragilidad-en-el-mercado-son-los-mas-altos-de-la-historia.html

[3] Si alguien tiene dudas sobre el objetivo principal del BCE solo tiene que mirar el artículo 127.1 del Tratado de la UE.

[4]All the way to zero: guiding banks towards a carbon-neutral Europe”, Keynote speech by Frank Elderson, Frankfurt am Main, 29 April 2021. Disponible en https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2021/html/ecb.sp210429~3f8606edca.en.html

[5] Environmental, Social and Governance