Ir al contenido principal

Etiqueta: Pobreza

Sólo el libre mercado puede hacer que la pobreza sea historia

Por Melissa Hussain. El artículo Sólo el libre mercado puede hacer que la pobreza sea historia fue publicado originalmente en CapX.

Soy el orgulloso fundador de Anti-Poverty Conservatives, una nueva organización dedicada a reafirmar la arraigada compasión que se encuentra en el corazón de los valores conservadores. Los miembros del Partido Conservador han respondido con entusiasmo, acogiendo a menudo nuestros esfuerzos como un ejemplo de «conservadurismo compasivo». Sin embargo, la etiqueta de «conservador compasivo» implica una distinción preocupante: que la compasión no es inherente a todos los conservadores. Se trata de un concepto erróneo que debemos erradicar.

El conservadurismo, tal y como lo concibieron sus antepasados intelectuales como Edmund Burke, Michael Oakeshott y, más recientemente, Roger Scruton y Russell Kirk, siempre ha contenido en su interior las semillas de la compasión, el deber y la responsabilidad hacia los menos afortunados. Scruton sostenía que la creencia primordial del conservadurismo es conservar lo que es bueno, y ¿cómo puede ser buena una sociedad si desatiende a sus miembros más débiles? Kirk, cuya profunda comprensión de la tradición y el orden moral informa gran parte del pensamiento conservador moderno, creía igualmente que la sociedad debe ser ordenada y justa, reconociendo que la dignidad de cada individuo es primordial. No se trata de una rama del conservadurismo, sino de su núcleo.

Mercados libres y prosperidad para todos: la tradición conservadora

Para algunos, el término «conservador contra la pobreza» puede parecer paradójico. Al fin y al cabo, a menudo se culpa al libre mercado de impulsar la desigualdad y dejar atrás a algunos miembros de la sociedad. Sin embargo, este argumento se basa en un profundo malentendido tanto de los principios del libre mercado como de la filosofía conservadora. Es precisamente a través del libre mercado, junto con una gobernanza pragmática y unas instituciones sólidas, como podemos crear una sociedad en la que todos tengan la oportunidad de prosperar.

Desde los tiempos de Margaret Thatcher, el Partido Conservador ha promovido políticas económicas que -cuando se aplican correctamente- potencian a las personas, las sacan de la pobreza y amplían las oportunidades. La creencia de Thatcher en el «capitalismo popular» no estaba impulsada por un frío utilitarismo, sino por la convicción moral de que facultar a las personas para poseer viviendas, crear empresas y participar en la economía como agentes libres beneficiaría a muchos, no sólo a unos pocos. Entendía que los mercados libres, debidamente regulados, generan riqueza que beneficia a todos, creando la base impositiva que financia los servicios públicos y las redes de seguridad social.

Compasión conservadora en acción

George Osborne, durante su etapa como Canciller, introdujo políticas como el aumento de la asignación personal del impuesto sobre la renta. Al elevar el umbral a partir del cual las personas empiezan a pagar impuestos, Osborne se aseguró de que los trabajadores con rentas más bajas conservaran una mayor parte de sus ingresos. Esta reforma no era un mero ajuste fiscal; era una expresión de la compasión conservadora en acción, diseñada para recompensar el trabajo, reducir la dependencia y empoderar a los individuos, dándoles un mayor control sobre su destino financiero. Esta política benefició a millones de trabajadores, sacando a muchos del impuesto sobre la renta y demostrando que el libre mercado y las reformas fiscales pueden aliviar la pobreza y fomentar la confianza en uno mismo.

Es fácil para los críticos afirmar que la izquierda tiene la razón moral en materia de pobreza porque defiende la intervención del Estado. Lo que los conservadores han entendido desde hace mucho tiempo -y lo que los Conservadores contra la Pobreza tratan de reafirmar- es que el gran gobierno y los amplios programas de bienestar a menudo hacen más mal que bien. Pueden crear una cultura de dependencia, minar la iniciativa individual y atrapar a la gente en ciclos de pobreza. La izquierda mide con demasiada frecuencia el éxito por la cantidad de dinero gastado, mientras que los conservadores se fijan en los resultados: mejoras reales en la vida de las personas, sustentadas en la libertad y la responsabilidad personales.

Una historia de la compasión conservadora

La tradición del Partido Conservador ofrece algunos de los mejores ejemplos de cómo el libre mercado y un enfoque compasivo de la gobernanza pueden ir de la mano en la lucha contra la pobreza. Disraeli, con su idea del conservadurismo de «una nación», reconoció los peligros de una sociedad dividida y comprendió que la estabilidad y el crecimiento económicos debían beneficiar a todos los sectores de la sociedad. Sus reformas fueron más allá de la prosperidad económica y abarcaron el bienestar social, la vivienda y la educación.

Winston Churchill, durante su mandato como Ministro de Trabajo, introdujo medidas para mejorar las condiciones de trabajo, limitar el desempleo y sentar las bases de un Estado del bienestar que apoyara -no reprimiera- la empresa individual. En una ocasión afirmó: «El vicio inherente al capitalismo es el reparto desigual de las bendiciones; la virtud inherente al socialismo es el reparto igualitario de las miserias». El ingenio de Churchill encierra una profunda verdad conservadora: los mercados crean prosperidad, pero es una sociedad moral la que garantiza que la prosperidad se comparta ampliamente.

La situación de un hombre es el preceptor de su deber

Más recientemente, el Gobierno de David Cameron adoptó el espíritu de la «Gran Sociedad», cuyo objetivo era capacitar a las comunidades para que tomaran el control de los servicios locales, un modelo de descentralización que defendía la sociedad civil frente al Estado burocrático. Al redistribuir el poder a las comunidades locales, los conservadores de Cameron aprovecharon el papel vital de la familia, los barrios y las organizaciones benéficas en la mitigación de la pobreza, poniendo de relieve una vez más que las fuerzas del mercado y la compasión cívica no son fuerzas mutuamente excluyentes, sino complementarias para el bien.

Conservadores contra la Pobreza no pretende crear un grupo disidente de conservadores bienintencionados. Por el contrario, pretendemos recordar a nuestros conciudadanos y a los responsables políticos que el conservadurismo siempre ha contenido las herramientas para construir una sociedad más equitativa. El pragmatismo, la responsabilidad fiscal y el patriotismo no son antitéticos a la hora de abordar la pobreza, sino que son esenciales.

Una sociedad sana debe equilibrar el libre mercado con la responsabilidad social, y este equilibrio está en el corazón del conservadurismo. Como tan sabiamente observó Burke, «la situación de un hombre es el preceptor de su deber». Es nuestro deber -nuestro deber conservador- tender la mano a los necesitados, no mediante posturas ideológicas, sino mediante políticas prácticas y eficaces arraigadas en nuestra tradición.

Los conservadores no son indiferentes a los pobres; buscamos crear las condiciones en las que todos los individuos puedan prosperar. En última instancia, es el camino conservador -basado en la sabiduría de nuestros antepasados, el poder de los mercados y un profundo sentido del deber- el que ofrece la mejor esperanza para una sociedad próspera y justa.

Ver también

¿Qué fue antes, la desigualdad o la pobreza? (María García Carrión).

Riqueza y pobreza. (José Hernández Cabrera).

La pobreza. (José Carlos Rodríguez).

Pobreza y moral. (José Carlos Rodríguez).

Círculos viciosos de la pobreza. (José Carlos Rodríguez).

Riqueza y pobreza en una lección. (José Carlos Rodríguez).

¿Estamos volviendo a perder la batalla contra la pobreza?

Hemos repetido en infinidad de ocasiones el hecho de que la proporción poblacional viviendo por debajo del nivel de subsistencia pasó del 80% a principios del siglo XIX a menos del 10% en 2018, contando además con el hecho de que la población aumentó en este periodo cerca de un 800% hasta los 7.800 millones de habitantes globales. Junto a todo ello, y como multitud de lectores de esta columna sabrán, la esperanza de vida global durante este periodo aumentó hasta superar los 70 años de media en el mundo.

Si algo cabe destacar es el hecho de que esta mejora no se produjo de manera paulatina desde principios del siglo XIX hasta cerca de 2020, sino desde la explosión del proceso globalizador de la economía a partir de la década de 1970. Para constatar este hecho vale con señalar que en 1970 aún cerca del 50% de la población mundial vivía por debajo del umbral de la pobreza. Esto, como hemos reiterado en múltiples ocasiones, demuestra como el proceso de liberalización progresivo a nivel global a partir de 1970 benefició precisamente a los más pobres, permitiéndoles incrementar su nivel de vida y escapar del umbral de pobreza.

De hecho, el gran aumento del nivel de vida en países miembro de la Asociación Internacional de Fomento se produjo entre el año 2000 y 2021, incrementando de los 58 a los 65 años de esperanza de vida.

Asociación Internacional de Fomento

Sin embargo, durante los últimos años y debido principalmente a las tendencias económicas postpandemia, la situación de los países miembros de la Asociación Internacional de Fomento no ha sido tan positiva. Desde el inicio de la pandemia a escala global, los ingresos per cápita en el 50% de los 75 países miembro de la AIF han crecido a un menor ritmo que en las economías desarrolladas y en más del 30% de los países de la AIF los ingresos per cápita han incluso decrecido, volviéndose más pobres que en los años previos a 2020. Esta debe ser la tendencia que tratemos de revertir en los próximos años si queremos continuar con el éxito de reducción de la pobreza de las últimas décadas.

Como hemos comentado, shocks como el Covid, la crisis inflacionaria postpandemia, el incremento de los precios de la energía y los alimentos a causa de la invasión de Ucrania o el pasado incremento de los tipos de interés afectaron sobremanera a los países emergentes. Estas tendencias han conducido a una mayor inestabilidad política, social y económica en estos países, particularmente en los localizados en África subsahariana.

El elemento financiero

Dentro de las tendencias que más negativamente están afectando a los países emergentes, las financieras se hallan a la cabeza. La movilización de recursos financieros nacionales en los países emergentes está resultando cada vez más compleja, tanto por el peso de la economía sumergida como por la reducida madurez de sus sectores financieros. Además, la reducción de ingresos por caída de exportación de materias primas o el efecto de la debilidad de sus divisas locales, han hecho que estos países se hayan vuelto cada vez más dependientes de la deuda extranjera.

Esto es enormemente negativo para los países emergentes. Al percibirse como de alto riesgo en el mercado, su coste de endeudamiento aumenta. Ello, unido a su dificultad de generar ingresos fiscales por el elevado peso de la economía sumergida, incrementa el peso del pago de vencimientos de la deuda sobre el gasto público total. Todo esto, además, incrementa la probabilidad de crisis de deuda en estos países, generando un círculo vicioso que a su vez conduce a una elevación del coste de la deuda.

La clave para que esto no ocurra se traduce en un mayor flujo de inversión extranjera hacia los países más afectados por estas dinámicas, generando así un incremento de su productividad total y del crecimiento económico, reduciendo el riesgo de impago y el coste de la deuda. Sin embargo, será muy complicado que esto ocurra exclusivamente con inversión privada en el corto plazo. Algunos analistas han remarcado la necesidad de un incremento del volumen de créditos de bajo coste hacia aquellos países emergentes que muestren unas bases sólidas para asentar el crecimiento y desarrollo futuros, previniendo así la mencionada espiral negativa de la deuda.

El riesgo del endeudamiento

Los planes actuales para ello es que el próximo paquete de financiación para países de la Asociación Internacional de Fomento se cierre a finales del presente año por parte del Banco Mundial, ante la urgente necesidad de evitar que la deuda y las dinámicas actuales terminen por revertir la tendencia de reducción de la pobreza a escala global. Por poner las necesidades actuales en perspectiva, el plan más reciente del Banco Mundial para financiación de países de la AIF se aprobó en 2021 para el periodo 2022-2025. Sumaba $93 billones en total, lo cual equivale al 0.03% del PIB global. Esto muestra la necesidad de que esta cantidad se incremente en el presente plan. Y que ponga el foco en incrementar la proporción de dichos fondos procedentes del sector privado en forma de inversión extranjera directa.

Tal y como se ha descrito, las tendencias económicas de los últimos años están conduciendo a muchos países emergentes al precipicio de una espiral de deuda que puede hacer implosionar sus sistemas económicos y hacer retroceder la tendencia de reducción masiva de la pobreza que se lleva produciendo las últimas décadas. Para evitar que esto ocurra es esencial que se diseñen programas de colaboración público-privada que incentiven la inversión extranjera directa hacia estos países, impulsando su productividad y crecimiento y, por lo tanto, reduciendo la pobreza.

Ver también

El aumento de la pobreza en España. (Álvaro Mártín).

Contra la teoría del decrecimiento. (Álvaro Martín).

El empobrecimiento de España

A finales de febrero conocíamos los resultados de la más reciente Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) que publica el INE anualmente, arrojando unos resultados verdaderamente preocupantes para España en el año 2023. El principal titular que podemos extraer de dicha encuesta es el hecho de que el 26,5% de la población española se encontró en 2023 en riesgo de pobreza o exclusión social, suponiendo un incremento de 0,5 puntos porcentuales con respecto al año 2022.

Esto coloca a España en una muy mala posición dentro de la UE, siendo el tercer país con mayor porcentaje de la población en riesgo de pobreza o exclusión social, solo por detrás de Rumanía y Bulgaria. Resulta sobre todo preocupante que, en un entorno de crecimiento económico por encima de la media europea, estemos observando tales incrementos de la pobreza y riesgo de exclusión social en el caso de España. Para analizar y entender las causas de este fenómeno conviene primero comprender como se mide la pobreza y posteriormente como han evolucionado las variables que puedan haber contribuido a incrementarla.

Riesgo de pobreza o exclusión social (AROPE)

Tradicionalmente, la pobreza de un país se mide empleando el indicador AROPE, derivado de At Risk of Poverty and Exclusion. Este indicador incluye todas aquellas personas cuyos ingresos estén por debajo de la media nacional del país, aquellas con una actividad laboral de baja intensidad (en términos de horas trabajadas) y las personas con carencia material y social severa. La combinación de estas variables sirve para medir no solo en nivel de pobreza actual en un país, sino también para proyectar su evolución.

Analizando el AROPE para España en el año 2023, llama la atención el hecho de que, aunque aumentó la tasa agregada de la proporción de población en riesgo de pobreza o exclusión social, de las tres variables empleadas para calcularlo tan solo se incrementó con respecto a 2022 el porcentaje de población con carencia material severa, pasando de un 7,7% a un 9% en el transcurso de un año.

Por poner en contexto, dentro del indicador de carencia material severa se incluyen factores como no poder irse de vacaciones fuera de casa al menos una semana entera al año o no poderse permitir comer carne y pescado fresco al menos cada dos días. En este sentido, en el año 2023, el 33% de la población española no pudo irse de vacaciones fuera de casa al menos una semana y el 6,4% no pudo permitirse comer carne y pescado cada dos días, considerando ambos grupos en carencia material severa.

Inflación y pobreza

Tal y como muchos lectores de esta columna estarán pensando, la inflación ha sido la causa principal del alza de la pobreza durante el año 2023. Ha hecho que muchas familias españolas vieran fuertemente disminuido su poder adquisitivo por un incremento de precios de los productos básicos de la cesta de la compra y un encarecimiento de los precios de la energía (asunto este último que parece resuelto). Con respecto al encarecimiento de la energía, durante el año 2023, el 20,7% de los españoles no pudo mantener su casa a una temperatura media adecuada, lo que supone una subida de 3 puntos porcentuales con respecto al año anterior.

Por otro lado, el 10% de los encuestados a nivel de hogar ha declarado haberse retrasado en los pagos relacionados con la vivienda principal durante el año 2023 tales como la hipoteca, el alquiler, los gastos de comunidad, etc., mientras el 9,3% de los hogares llega a fin de mes con grandes dificultades. Lógicamente, estas dinámicas se transmiten igualmente al ahorro con la ECV mostrando que el 37% de los españoles no tiene ahorrado ni para afrontar pequeños gastos imprevistos, es decir, poder cubrir gastos imprevistos de unos 400 euros sin tener que recurrir a préstamos o necesitar comprar a plazos para pagar gastos habituales que anteriormente fueran pagados al contado por esa persona.

Situación por Comunidades Autónomas

Como es de esperar, sin embargo, la situación en España difiere mucho por CCAA. Respecto a los hogares con dificultad severa para llegar a fin de mes, lideran la clasificación Andalucía (13,6%), Extremadura (11%) y Canarias (10%), mientras aquellas con menor proporción son La Rioja (4,8%), Baleares (5,2%) y Asturias (5,6%). Respecto a la categoría de ahorro/capacidad de afrontar gastos imprevistos, las CCAA con mayores dificultades son Canarias (53,1%), Andalucía (46,5%) y Murcia (46,3%), mientras las que menos dificultades presentaron en 2023 fueron País Vasco (20,6%), Cantabria (25,8%) y Castilla y León (26,2%).

Finalmente, con respecto al porcentaje de hogares que no pudieron irse de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año, las CCAA con mayor porcentaje fueron Andalucía (43,9%), Canarias (42,2%) y Murcia (41,6%), mientras aquellas que menos sufrieron por ello fueron País Vasco (19,2%), Madrid (22,6%) y Navarra (24,8%).

Impuesto negativo sobre la renta

Aunque son muchas las soluciones que se han propuesto para combatir esta tendencia, desde una óptica liberal y sin intención de ser exhaustivo, hay una que me convence sobre todas las demás: el impuesto negativo sobre la renta (INR).

Brevemente, el INR surge inicialmente de las teorías de Milton Friedman y James Tobin, consistiendo en la provisión por parte del Estado y a través del sistema fiscal de un complemento de renta a todos aquellos ciudadanos cuya renta anual se sitúe por debajo de un determinado umbral y calculado como un porcentaje de esta. Es decir, tal y como su nombre indica funcionaría igual que un impuesto, pero a la inversa.

Según economistas como Friedman, esta medida contribuiría principalmente a combatir la pobreza y la desigualdad y haría innecesarias medidas como el IMV o el salario mínimo. Por lo tanto, el INR no sería un subsidio más, sino que se emplearía la renta como vehículo de cálculo del complemento salarial, ayudando así a llegar a un mínimo considerado necesario para cubrir las necesidades vitales básicas, ayudando a reducir el riesgo de pobreza (Álvarez, 2002). Dejemos esto para una futura columna, que seguro resultará interesante.

Referencias

INE (2023), Encuesta de Condiciones de Vida (ECV).

Álvarez, J. A. M. (2002). El INR (Impuesto Negativo sobre la Renta): una solución novedosa y eficiente a la pobreza. Estudios de Economía Aplicada20(2), 451-470.

Ver también

La pobreza (José Carlos Rodríguez).

Por qué la verdadera caridad sólo puede florecer en el capitalismo

Axel Weber. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

Los progresistas y los socialistas han sido capaces de apoderarse del terreno moral gracias al uso de una propaganda eficaz. Estos santurrones charlatanes se postulan como paladines de la caridad, por su apoyo a la redistribución económica y al Estado del bienestar. Y condenan el capitalismo por fomentar la codicia.

Dejemos las cosas claras. El capitalismo es el único sistema económico (si es que la libertad de poseer y vender bienes puede llamarse realmente sistema) en el que florece la virtud de la caridad. Es más, la caridad ni siquiera puede existir en el paradigma progresista-socialista. La verdadera caridad sólo puede existir en el contexto de la propiedad privada.

Un aspecto esencial de la caridad es la abnegación. La caridad puede adoptar la forma de donaciones y voluntariado. En estos casos, el donante sacrifica dinero, bienes o tiempo, que podría haber utilizado en su propio beneficio.

Progresista: persona generosa con lo ajeno

Lo contrario es lo que proponen socialistas y progresistas. En lugar de sacrificarse a sí mismos, estos santurrones “sacrifican” los recursos de otras personas y dicen ser caritativos por hacerlo. Sería como si una iglesia pidiera comida para ayudar a alimentar a los sin techo, y yo “ofreciera” la comida de mis vecinos asaltando sus despensas. Como explicó Murray Rothbard, “es fácil ser llamativamente compasivo cuando se obliga a otros a pagar el coste”. Al obligar a los contribuyentes a ayudar a los necesitados, los socialistas y progresistas eluden el autosacrificio que exige la caridad.

Si un carterista roba a Pedro para pagar a Pablo, el carterista no está siendo caritativo. Y tampoco lo es Pedro, porque no tuvo elección en el asunto. La libertad de elegir si ayudar o no ayudar es un requisito previo para la auténtica caridad. “La virtud y la moralidad requieren la libertad de hacer el bien y el mal”, escribió Rothbard. “Si no hay más opción que hacer el bien, entonces no hay moralidad ni virtud”. (Curiosamente, si las donaciones obligatorias son caritativas, ¿no tendrían que admitir los progresistas y socialistas que los ricos (que son los que más impuestos pagan) son las personas más caritativas de todas?) Además, la naturaleza coercitiva de la “caridad” socialista y progresista destruye la motivación para ayudar a los demás. Como escribió Frank Chodorov

…nosotros, que no tenemos derecho a poseer, ciertamente no tenemos derecho a dar, y la caridad se convierte en una palabra vacía; en un orden socialista, nadie necesita pensar en un vecino desafortunado porque es deber del gobierno, el único propietario, ocuparse de él…

La caridad en el capitalismo, el progresismo y el socialismo

Por ello, el gasto público tiende a desplazar al gasto y la inversión privados. Los economistas llaman a este fenómeno desplazamiento. El auge del Estado del bienestar, por ejemplo, ha desplazado a la caridad privada. Un informe de Citigroup afirma: “En los países con un gasto público más elevado, existe la sensación de que cualquier deuda con la sociedad se ha saldado a través de la factura fiscal de un individuo o una empresa. Donde hay menos gasto público, hay una mayor sensación de que se debe algo”. Esta distinción marca la tendencia del gráfico que relaciona gasto público y donaciones.

Algunos podrían argumentar que los países con Estados del bienestar más generosos son suficientemente capaces de llevar a cabo la tarea del bienestar social.

Este argumento trata el gasto privado y el público como equivalentes, cuando en realidad no son directamente comparables. En un estudio de 2007, James Rolph Edwards señala que

se calcula que los organismos públicos de redistribución de la renta absorben alrededor de dos tercios de cada dólar que se les presupuesta en gastos generales, y en algunos casos hasta tres cuartas partes de cada dólar… En cambio, los gastos administrativos y otros gastos de funcionamiento de las organizaciones benéficas privadas absorben, por término medio, sólo un tercio o menos de cada dólar donado, dejando los otros dos tercios (o más) para ser entregados a los beneficiarios. (Énfasis añadido)

Gravar 5 dólares por cada dólar de prestación

Pero el panorama es aún peor. Utilizando una estimación del coste impuesto por los impuestos, Edwards descubre que hay que gravar casi 5 dólares por cada dólar de prestaciones. No sólo se desincentiva el trabajo, el ahorro y la inversión de quienes están sujetos a este impuesto ridículamente ineficaz, sino que también se desincentiva la productividad de los beneficiarios de las ayudas.

Como señala conmovedoramente Edwards:

En un cuidadoso experimento, James Andrioni (1993) estimó que 71 centavos de contribución caritativa privada son desplazados por cada dólar gravado y presupuestado para la ayuda gubernamental… Debido a esta compensación, así como a los menores ingresos del trabajo debido a la reducción del tiempo de trabajo de los receptores de la ayuda, el coste de los recursos de la burocracia administrativa, y los otros costes de las transferencias obligatorias de ingresos discutidos anteriormente, los programas del gobierno federal pueden en realidad haber aumentado la cantidad de pobreza y generado una clase dependiente de receptores de ayuda. (Énfasis añadido)

Matar la empatía

Si bien estos argumentos se refieren a la posición progresista del Estado del bienestar, ¿qué ocurre con la socialista? China es el ejemplo obvio para los países socialistas.

Para demostrar vívidamente lo destructivo que ha sido el socialismo en China para la virtud individual, consideremos cómo en 2011 una niña pequeña fue atropellada por una furgoneta, que se detuvo un momento antes de atropellarla lentamente. Ninguna de las personas de alrededor la ayudó mientras se retorcía de dolor. Como consecuencia, volvió a ser atropellada. Esta vez por un camión. Durante otros 7 minutos, nadie ayudó a la niña de 2 años.

Debido a esta falta de moralidad pública, el Partido Comunista Chino ha asumido el papel de padre. El PCCh despliega vallas publicitarias con mensajes como “una sociedad civilizada empieza por ti y por mí”. Publica anuncios en televisión diciendo a los padres que es su responsabilidad enseñar a sus hijos un comportamiento civilizado. Leland M. Lazarus explica que “Xi Jinping intenta utilizar el Estado de Derecho como base de los principios morales en China. Un frecuente anuncio de televisión muestra a una niña estudiando, a un joven nadando y a una pareja de ancianos cogidos de la mano. El narrador dice con una relajante voz masculina: “Siempre estaré a tu lado”. La niña mira al cielo. Siempre te protegeré. El joven nadador mira hacia arriba. Siempre puedes confiar en mí… al final la pantalla se vuelve negra y aparecen dos caracteres: fa lu 法律. La ley”.

Caridad y libertad

Este no es el modelo de una sociedad caritativa. Como ya se ha subrayado, la verdadera caridad exige libertad de elección. El método del planificador central, tanto en la visión socialista como en la progresista, elimina la interacción individual que es fundamental para formar y construir las costumbres del pueblo.

La caridad bajo el capitalismo es genuina, porque el donante está sacrificando su propia riqueza voluntariamente. La llamada caridad santificada y buscada por socialistas y progresistas es lo contrario. Bajo una fachada de caridad, abogan por la tiranía y el control -como si fuera la solución más obvia, y cualquiera que se les oponga fuera irremediablemente malvado- justificando su poder con la excusa de que están ayudando a otros.

Recibir un cheque en el correo de algún burócrata lejano que no conoces, con dinero tomado de todos pero entregado indiferentemente, no es ni de lejos lo mismo que interactuar con los individuos que te están ayudando. Esto ayuda a explicar por qué Meina Cai et al. (2022) encuentran que “el vínculo entre individualismo, capitalismo y bienestar colectivo es más complicado de lo que creen los críticos del capitalismo. Encontramos que en lugar de contribuir al comportamiento antisocial, el individualismo contribuye al comportamiento prosocial y podría decirse que a la mejora moral.”

Sacrificar lo propio implica tener algo propio

Pensemos, por ejemplo, en mi amigo Timmy, que hace poco terminó de correr por todo el país para recaudar fondos para una causa en la que cree. Timmy fue capaz de conectar su pasión y su impulso por hacer algo bueno de una forma que sólo es posible en una sociedad en la que el individuo se siente responsable de hacer del mundo un lugar mejor.

Como ya se ha dicho, para ser caritativo hay que sacrificar voluntariamente algo propio, lo que presupone la propiedad privada. Por lo tanto, la caridad se manifiesta más en un régimen de plena propiedad privada: es decir, el capitalismo. Esto implica también que cuanto más se acumula, más se puede sacrificar por caridad. Es un hecho bien conocido que los países capitalistas son más ricos que los no capitalistas y, por tanto, capaces de ser mucho más filantrópicos. Lógicamente, ser más capitalista se traducirá en más filantropía.

Conclusión

Contra socialistas y progresistas, el capitalismo y los capitalistas no son intrínsecamente codiciosos. Como señala Edwards

La envidia es un poderoso motivo humano que existe mientras haya diferencias de renta de cualquier tipo entre la población, y existiría incluso si la renta media fuera tan alta que prácticamente nadie cayera por debajo de un nivel absoluto y definido de renta de pobreza (Schoeck 1966).

Como Dan y yo hemos escrito antes, el socialismo es el evangelio de la envidia. El primo cercano del socialismo, el progresismo, está afectado por el mismo vicio. En el capitalismo no hay vicio inherente. Los pecados que se manifiestan en el capitalismo no pueden achacarse al “sistema”, ya que no son exclusivos del capitalismo, sino que son producto de la naturaleza defectuosa de la humanidad.

El individuo no puede convertirse a la fuerza en un santo caritativo. Sólo puede mejorarse a sí mismo y volverse más caritativo en la libertad inherente al capitalismo.

Ver también

La caridad como abuso moral: la zancadilla solidaria. (María Blanco).

De la caridad bien entendida. (Alberto Illán Oviedo).

Las siete marcas de la compasión. (José Carlos Rodríguez).

La pobreza. (José Carlos Rodríguez).

El cuidado de los pobres no justifica el Estado del Bienestar. (Albert Esplugas).

¿Existe la trampa de la pobreza?

La trampa de la pobreza (poverty trap) hace referencia a mecanismos o situaciones que, por una variedad de causas interrelacionadas, no permiten o dificulta importantemente a las personas (o países) salir de la pobreza, por más que trabajen, ahorren (si es posible) y sean empresariales (alertas y creativos).

¿Por qué es relevante preguntarnos si la trampa de la pobreza existe?[i]

En primer lugar, los constructos en ciencias sociales existirán o no dependiendo de cómo se definan, de manera que, la evidencia es el ajuste de la realidad a los constructos elaborados.[ii]

En segundo lugar, es importante poder saber si la trampa de la pobreza existe y si es un fenómeno espontaneo o no, porque muchas veces se emplea como justificación para la intervención económica o las ayudas al desarrollo. En este sentido, si la pobreza es consecuencia de las instituciones habrá que entender el origen del problema, por qué se han corrompido o por qué nunca se han desarrollado las instituciones, ya que estas son a menudo causa y consecuencia de la situación económica.

En tercer lugar, la trampa de la pobreza se emplea para rebatir la idea de que, con esfuerzo, trabajo, ahorro e inversión, cualquier país o persona puede salir de la pobreza, por lo que cuando esto no ocurre es necesariamente debido a una falta de esfuerzo. Pero claramente no es tan sencillo, enriquecerse depende de  acciones individuales económicamente correctas que son universalmente válidas, aunque no sean igual de fáciles de aplicar para todos, pero también depende de que exista un entorno propicio para la generación de dicha riqueza. Sin embargo, tan espectacular es el libre mercado y el capitalismo que premia “de más”. Cuando nos encontramos en un país que está experimentando un crecimiento importante o tiene un clima económico propicio, hasta los que menos se esfuerzan les va relativamente mejor cada año. Cuando las intervenciones económicas castran la libre empresa y el mercado, ni los que más se esfuerzan logran diferenciarse y solo suelen enriquecerse los “enchufados”.

La trampa de la pobreza histórica no es igual a la actual

Existe una idea muy extendida de que la pobreza engendra pobreza en forma de mecanismo de autorrefuerzo, en consecuencia, debido a la trampa de la pobreza los países ricos de hoy serán los países ricos de mañana. Bajo los estándares de vida actuales podemos decir que la humanidad estuvo siempre en una trampa de la pobreza, y no fue hasta hace alrededor de dos siglos que ha salido de ella. Por lo tanto, es claro que se puede salir de la trampa sin intervención externa.

Para negar este hecho, se suele alegar que los países actualmente ricos recibieron en el pasado ese empujoncito externo/extraordinario (equivalente a una ayuda económica actual) por medio de las colonias o la esclavitud, e incluso Europa y Japón recibieron apoyo de EE. UU. para reconstruirse o desarrollarse luego de la segunda guerra mundial. Básicamente, los países salieron de la pobreza a costa de mecanismo no replicables en la actualidad, por lo que hay que simularlos por medio de ayudas al desarrollo. Este argumento sencillamente se falsea exponiendo casos recientes de éxito o países que no requirieron de ayuda externa, colonias ni mano de obra esclava para salir de la pobreza.

La trampa de la pobreza con un origen espontaneo

Un tipo de trampa de la pobreza es nutricional, concretamente, no compensa al trabajador movilizarse porque no consigue ganar el dinero suficiente para reponer las calorías que pierde al trabajar, pero por algún medio como la pesca o el cultivo personal, la persona alcanza los requerimientos nutricionales para subsistir. A pesar de que actualmente es muy barato[iii] alcanzar el nivel calórico funcional, esto podría ocurrir por razones climáticas, sanitarias o por variaciones del mercado que hacen que determinados sectores sean menos rentables.

Como no somos cazadores-recolectores ni vivimos en tribus seminómadas, si esto ocurre, lo más probable es que el trabajador tenga que esperar, trabajar para otro agricultor que disponga de la tecnología necesaria para hacer frente a la dificultad, emigrar o esperar a que el mercado se adapte a los cambios y poder cambiar de trabajo.  Sin embargo, para que una población se encuentre en tal nivel de vulnerabilidad económica, donde ligeras fluctuaciones del clima o del mercado la pueden dejar en la inanición, debemos estar frente a un escenario económico dañinamente intervenido o ante conflictivos políticos importantes.

Otra forma de trampa de la pobreza es la dificultad para ahorrar, invertir y obtener crédito cuando los ingresos son muy bajos. Esta dificultad es real y relativa, es decir, el sistema financiero beneficia o privilegia claramente a los que más tienen y las pequeñas inversiones o emprendimientos suelen ser más difíciles de encontrar o rentabilizar que las grandes. Sin embargo, la consecuencia no intencionada más frecuente de la burocracia, el salario mínimo, las cuotas de género, entre otros, ha sido perjudicar a las pequeñas empresas frente a las grandes empresas.

Estos fenómenos no son tan espontáneos, los problemas del microcrédito están relacionados con la capacidad o la facilidad de discriminar y hacer cumplir los contratos. Del mismo modo, la posibilidad de que los bancos no muestren interés e incluso rechacen a los pequeños ahorradores tiene que ver con las enormes barreras de entrada que suelen existir en el sector bancario, ya que todo negocio suele tener su versión ”low cost” (aunque el problema más frecuente de la banca intervenida es que da créditos a agentes insolventes). Y en el caso de las inversiones, aunque puede ser más fácil encontrar proyectos de inversión cuando se tienen 10 millones de dólares que cuando se tienen 3 mil, los mercados con sectores financieros libres y bien desarrollados tienden a ofrecer instrumentos y opciones de inversión para todo tipo de inversores, fraccionando de alguna forma los activos o agrupando a los inversores.

La trampa de la pobreza con un origen político

  • La trampa de la educación: se argumenta que los pobres no ven rentabilidad en la educación o que las necesidades actuales incentivan a los jóvenes a dejar la escuela para trabajar. La educación puede adoptar muchas formas (algo que la regulación suele limitar) y hacer ofertas económicas o ajustadas a los niveles de renta donde se ubica el servicio (la mayor parte de los costes son los salarios de los profesores).

Los mayores retornos se dan en la educación inicial y los menores en los estudios de doctorado, por lo que los niños no suelen perder los años más importantes de escolarización. Cuando ha habido enriquecimiento intergeneracional, los padres o abuelos que no pudieron estudiar todo lo que querían tienden a incentivar fuertemente a sus descendientes para que lo hagan, incluso sobreestimando los rendimientos de la educación (que no son homogéneos).

  • Trampa de la pobreza por ilegalización de drogas: el hecho de que las drogas sean ilegales las convierte en un negocia extremadamente rentables, especialmente su transporte y comercialización final, partes de la cadena a los que suelen dedicarse los jóvenes en situación de pobreza. SI las drogas fueran legales, probablemente su producción, trasporte y comercialización tendría retornos similares al alcohol, tabaco o las farmacéuticas.  

Muchas de las consecuencias negativas del consumo de drogas no vienen dadas por los efectos fisiológicos, sino por los efectos sociales debido a su precio y la marginalidad a la que somete al consumidor. El mercado ilegal de drogas crea una trampa de la pobreza en la medida en que genera rentabilidades extraordinarias a cambio de acciones delictivas, extremadamente riesgosas y peligrosas; el incentivo a traficar es muy alto por lo que los jóvenes descartan otras opciones laborales, sometiéndose a un estilo de vida generalmente infértil, violento, de muy alta preferencia temporal, con una baja potencial de desarrollo.

  • Por regulaciones laborales, migratorias y al alquiler: las regulaciones sobre estos tres sectores actúan como barreras de entrada a la competencia, benefician a los que ya tiene trabajo, vivienda y una nacionalidad de algún país próspero, a costa de perjudicar y mantener en la pobreza a quienes quieren ingresar al mercado laboral, alquilar o salir del entorno hostil donde, a pesar del esfuerzo, no encuentran mejorar su situación.
  • Por inflación: la inflación suele ser consecuencia de la manipulación monetaria llevada a cabo por las autoridades políticas y la inflación perjudica más a quienes depender de salarios que pierden poder adquisitivo rápidamente y no son fáciles de renegociar, no tiene muchos activos que se revaloricen ni tiene muchas deudas que no se revaloricen con la inflación. Por las razones ya mencionadas los pobres suelen tener esas condiciones en su balance personal.
  • La trampa de los subsidios, transferencias y ayudas: tanto la ayuda internacional al desarrollo como las ayudas nacionales a los más pobres suelen perpetuar la pobreza y sostener a los malos gobiernos. Los pequeños empujoncitos para salir de la pobreza se convierten a menudo en empujones hacia abajo para quien quiera levantarse. Las subvenciones son un incentivo para no buscar ni aceptar empleo, no superar un determinado umbral de ingresos y no mudarse para seguir recibiéndolas. En el contexto internacional, las organizaciones que ofrecen ayudas (a menudo financiadas con impuestos), encuentran en la crisis la gallina de los huevos de oro, y por ello no la sueltan fácilmente, perpetuando el paternalismo. Tanto los beneficiarios como los intermediarios de la ayuda social se convierten en parásitos, consolidando el negocio internacional de la lucha contra la pobreza.

Conclusión

A pesar de su fama, la trampa espontánea de la pobreza responde principalmente a sesgos e intuiciones más que a hechos empíricos. La evidencia más clara de la existencia de trampas parece provenir de personas atrapadas en lugares de baja productividad, ya sean regiones rurales remotas dentro de un país o países de baja productividad (Kraay y McKenzie 2014 p.22), pero la libre movilidad de persona no está en la agenda política. El mito está lejos de morir, como es el caso de muchos economistas venezolanos que siguen apostando por la ayuda humanitaria exterior o financiada con los ingresos del petróleo y no por la liberalización del país como única vía sostenible de desarrollo. Salir de la pobreza absoluta nunca ha sido tan fácil como ahora, el efecto derrame del capitalismo es extremadamente beneficioso, pero no se reduce a un debate de ”condiciones vs. esfuerzo” sino a la comprensión de la compleja relación entre el mercado, los incentivos, las instituciones y las consecuencias no deseadas de las intervenciones.


[i] Una revisión más extensa de la pregunta se encuentra en Kraay, A., & McKenzie, D. (2014). Do poverty traps exist? Assessing the evidence. Journal of Economic Perspectives, 28(3), 127-148.

[ii] Por ejemplo, para decir que en una relación laboral existe ”explotación” tendremos que entenderla como (1) una consecuencia de la plusvalía, (2) una situación relativa de bajos salarios y malas condiciones de trabajo o (3) una situación en la que el trabajo se impone por la fuerza o no se remunera según lo acordado. En el primer caso, la explotación no existe porque la teoría del valor trabajo no es cierta y el capitalista si aporta valor; en el segundo caso la explotación, e incluso auto explotación, siempre existirá de forma relativa (cada mercado laboral tiene mejores y peores salarios y condiciones) y en el tercer caso la explotación existe y es llevada a cabo por el Estado sobre los ciudadanos.

[iii] Abhijit Banerjee y Esther Duflo (2011, p. 32) en su libro Poor Economics calculan que en Filipinas se pueden obtener 2.400 calorías diarias por tan solo 21 céntimos en términos de PPP y en India el porcentaje de personas que consideran que no tienen alimentos suficientes ha pasado: del 17% en 1983 al 2% en 2004.

El lenguaje económico (XII): Riqueza y pobreza

Sobre la riqueza y la pobreza se ha escrito mucho, casi siempre de forma errada según el dogma de Montaigne: “El beneficio de unos es perjuicio de otros”. El corolario de este error económico es la maniquea distinción entre países ricos y pobres o entre hombres ricos y pobres, donde los primeros son culpables de la lamentable situación de los segundos. Este mito se adorna de una variada retórica que vamos a analizar.

Riqueza y pobreza no son estados permanentes

Habitualmente se dice que alguien «es» rico o pobre como si tal condición fuera inherente a la persona. Tal vez, esto fuera cierto en una sociedad estamental o de castas donde la movilidad social apenas existe. Hoy en día, sería más apropiado decir que alguien «está» rico o pobre pues la sociedad capitalista no garantiza las respectivas posiciones patrimoniales de los individuos. Tampoco es cierto que «el rico es cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre». El rico puede convertirse en pobre y viceversa, todo depende del acierto o desacierto en la conducta económica. Abundan casos de ricos que consumen su capital con la misma rapidez con que lo reciben —herederos, agraciados en el juego— o lo generan: artistas, deportistas, etc. En definitiva, como dice Kirzner (1995: 104): «El beneficio es un fenómeno esencialmente dinámico».

¿Se hereda la pobreza?

En el Antiguo Régimen la riqueza (o pobreza) se heredaba, dicho metafóricamente, junto con el estamento social de pertenencia. La Revolución industrial y la aparición de la burguesía dio paso a una incipiente movilidad social y la pobreza dejó de ser el destino inexorable de las masas. La llegada del capitalismo ensanchó y profundizó la movilidad social. Haber nacido pobre dejó de ser una excusa para morir pobre. Por ello, resulta anacrónico oír que la pobreza se hereda. La pobreza no es genética: de padres pobres nacen hijos «provisionalmente» pobres. La riqueza tampoco se hereda en sentido económico. Un afortunado descendiente no hereda las cualidades que hicieron ricos a sus antepasados, lo que hereda es una específica cantidad de capital —dinero, bienes, propiedades— que lo convierte «provisionalmente» en alguien rico; pero el capital no se mantiene de forma automática, sino que «es necesariamente fruto de una acción deliberada» (Mises, 2011a: 614). El rico heredero, si quiere conservar su fortuna, está obligado a actuar de forma económica.

Igualdad de oportunidades entre ricos y pobres

Estamos ante una imposibilidad teórica y práctica cuya búsqueda provoca toda clase de interferencias gubernamentales en el libre mercado. No hay ni puede haber dos personas con las mismas oportunidades y la principal razón es la diversidad natural: genética (sexo, fenotipo, inteligencia), cultural, geográfica, social, familiar, psicológica, etc. Los individuos tienen diferentes capacidades —vigor intelectual, fuerza de voluntad, capacidad de trabajo— que no pueden igualarse mediante la coacción política. Sólo el fruto —la propiedad— puede ser confiscado y repartido cual botín. Además, las capacidades y circunstancias que hacen a unos ricos y a otros pobres son cambiantes durante la vida. Tampoco es posible «crear» oportunidades (tal y como dice un eslogan publicitario) porque éstas son preexistentes y depende de la creatividad humana el detectarlas y aprovecharlas (Huerta de Soto, 2010).

La riqueza no «merecida»

Otras veces se realizan arbitrarios juicios de valor sobre el merecimiento de la riqueza. Por ejemplo, nadie condena al que se hace rico, «sin esfuerzo», con un premio en la lotería; pero muchos se escandalizan de quien se hace rico, honradamente, con su trabajo. Se tacha de inmorales o injustos los pingües salarios que perciben determinados famosos. Las iras recaen con especial virulencia sobre presentadores y tertulianos de programas del corazón, deportistas de élite —futbolistas, pilotos— o youtubers millonarios; entre otros. Es frecuente comparar sus ingresos con los de otros profesionales —médicos, bomberos, maestros— que supuestamente son más «útiles» a la sociedad.

El elenco de lamentos y agravios comparativos que tildan de «excesiva» la ganancia de los famosos puede deberse a la envidia, pero sobre todo a la incapacidad para entender cómo se retribuye el trabajo. «La democracia capitalista del mercado no premia a las gentes en razón a sus ‘verdaderos’ méritos, virtudes personales o excelsitud moral» (Mises, 2011b). Es el consumidor, en última instancia, el que asigna los ingresos de cada individuo; por ejemplo, las audiencias —TV, radio, cine, Internet— fijan indirectamente los cachés; por este motivo, ciertos «famosos» se enriquecen más que otros profesionales. ¿Es esto justo? Si la justicia es «dar a cada uno lo suyo» (Ulpiano), por supuesto que sí. Por ejemplo, la riqueza de J. K. Rowling (creadora de Harry Potter) es la justa retribución al talento creativo de sus novelas que deleitan a millones de lectores. En resumen, el ingreso monetario no depende de nuestras filias, fobias o de una particular concepción del mérito, sino de la productividad del trabajo; es decir, de la personal contribución a la satisfacción de las necesidades y deseos de los consumidores.

Pobreza energética

Otra moda consiste en poner adjetivos para crear subcategorías de pobreza. Pobre energético es quien no puede pagar la factura de la luz o comprar gas butano o el que destina a tal efecto una «excesiva» proporción de sus ingresos. Mutatis mutandi podríamos crear otras subcategorías de pobreza; por ejemplo, pobreza «tabáquica»: no tener dinero para comprar tabaco; pobreza «inmobiliaria»: no tener dinero para comprar o alquilar una vivienda; pobreza «telemática»: no tener dinero para pagar Internet. Los apóstoles de la pobreza energética intentan medirla «científicamente» con ratios que combinan temperaturas, rentas domésticas, precios de la energía, etc. ¿Qué hay detrás de esta impostura? La captura de rentas a expensas del contribuyente: a) Primero se crea un problema y luego se destinan fondos públicos para hacer informes, cursos, conferencias, programas, etc. La O.N.U., la U.E. y los gobiernos elaboran estrategias, crean departamentos, agencias y chiringuitos. b) Se otorgan subsidios directos a los «consumidores vulnerables» y dinero público para mejorar la eficiencia energética de sus viviendas.

Serie ‘El lenguaje económico’

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2010). Socialismo, cálculo económico y función empresarial. Madrid: Unión Editorial.

Kirzner, I. (1995). Creatividad, capitalismo y justicia distributiva. Madrid: Unión Editorial.

Mises, L. (2011a). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Mises, L. (2011b). La Mentalidad Anticapitalista. Madrid: Unión Editorial.

Montaigne, M. (1580). Ensayos. Edición digital basada en la de Paris, Casa Editorial Garnier Hermanos, [s.a.]. http://www.cervantesvirtual.com