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Etiqueta: Política

¿Se domará a la fiera autoritaria?

La publicación casi simultánea de sendos informes de la Comisión Europea sobre la situación del Estado de derecho y el Instituto Juan de Mariana fijando un Índice de Seguridad Jurídica (ISJ) para los mismos países miembros de la Unión Europea[1], ha dejado constancia de la dificultad de mantener actualizados los indicadores relevantes ante cambios dramáticos.

En el caso español porque la sistemática acumulación de ataques y violaciones del ordenamiento jurídico cometidos articulan un proceso – que muchos hemos asimilado a un autogolpe de estado – en el que guardando inicialmente las formas democrático-liberales previstas en la Constitución española [ y el Derecho comunitario de la Unión Europea][2] se van asaltando con elementos incondicionales las instituciones de control (Tribunal Constitucional, CGPJ y puestos claves en los juzgados y tribunales, Tribunal de Cuentas, CNMV, Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, etc) que servirían para impedir los progresivos desafueros hasta desembocar en una dictadura donde la mayoría de las decisiones de los poderes públicos se adoptan con el fin de satisfacer los deseos y caprichos de su caudillo. Que lo único claro sea el gobierno de una cleptocracia de geometría variable no debe sorprender en este contexto.

Esto no quiere decir que los partidos mayoritarios que se habían turnado en el gobierno de España durante casi cincuenta años no abusaran del poder cuando se presentó la ocasión. Bien es cierto que el PSOE, el partido dominante, el que se ha autoungido como amañador del paradigma político durante la mayor parte de este tiempo, se ha destacado por sus pulsiones autoritarias desde antes de obtener la gigantesca mayoría parlamentaria de las elecciones de octubre de 1982. Su espíritu más sectario, por otro lado, ha mantenido una impronta más abrasiva, frente a las reconfiguraciones de sus principales adversarios (UCD, AP, PP, Ciudadanos fugazmente).

Ahora bien, en línea de continuidad al golpe a la independencia judicial de 1985, con la instauración del sistema de elección parlamentaria de todos los vocales del CGPJ, desde los tiempos de José Luís Rodríguez Zapatero los dirigentes del PSOE han asumido como plausible la invasión de la potestad jurisdiccional de los jueces y tribunales en favor de un poder ejecutivo omnímodo que actúe por encima de la constitución y el derecho. Con argumentos similares a los empleados por la derecha populista polaca, el régimen turco de Erdogan o el partido Morena mexicano.

En este sentido, resulta extraordinariamente significativo que el gobierno español no haya traducido al español dos informes, publicados el 16 de abril de este año por el Grupo de Estados contra la Corrupción del Consejo de Europa (GRECO) del Consejo de Europa sobre el reiterado incumplimiento de sus recomendaciones para prevenir la corrupción: El primero, adoptado el 1 de diciembre de 2023, para prevenir la corrupción y promover la honradez de los altos cargos del Gobierno central y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (Policía Nacional y Guardia Civil) y el segundo, adoptado el 21 de junio de 2024, para prevenir la corrupción de parlamentarios, jueces y fiscales.

Esta demora en facilitar una traducción de dichos informes de seguimiento de recomendaciones anteriores del GRECO – a pesar de la petición expresa en ese sentido contenida en el punto final del segundo – se suma al escandaloso retraso en su publicación por la falta de autorización del gobierno, la cual fue, asimismo, denunciada en el acta de la sesión plenaria del GRECO, celebrada el 19 de marzo de 2025 (punto 37).

De ahí que convenga indicar que, debido a la relación de los estados con el grupo, los seguimientos se realizan de forma confidencial. No obstante, la vinculación de cada estado con el Consejo de Europa comporta un compromiso de autorizar la publicación de los correspondientes informes en un plazo razonable para conocimiento general.

Desde esta perspectiva, parece muy probable que el ejecutivo español considerase contraproducente airear su contenido para su estrategia de atrincheramiento en el poder. No en vano, habría coincidido con los estertores de los casos del Tito Berni, PSOE/gobierno (con dos secretarios de organización ya investigados en el Tribunal Supremo por una pluralidad de delitos, incluida la pertenencia a organización criminal) así como de Álvaro García Ortiz – aunque parezca mentira, fiscal general del Estado-  Begoña Gómez Fernández y David Sánchez Pérez-Castejón, esposa y hermano del presidente del gobierno y secretario general del PSOE.

Por otro lado, yendo al fondo de las recomendaciones incumplidas, conviene reparar en la existencia de unos “cánones o estándares europeos”, asumidos tanto por el Consejo de Europa como por la Comisión Europea, respecto al reforzamiento de la autonomía del fiscal frente al poder político y, en aquellos países donde existe, un sistema de elección del órgano de gobierno de los jueces en el que, al menos, la mitad de sus miembros sean elegidos por sus pares para garantizar la independencia judicial y la separación de poderes[3].

De forma disimulada o abierta, según le aconsejan las circunstancias y la audiencia a la que se dirige, el gobierno de Pedro Sánchez Pérez-Castejón se niega a aceptar las consecuencias de ese consenso europeo. Esto se puso de manifiesto en el pacto para la renovación del CGPJ, la reforma de la LOPJ y el Estatuto Fiscal, firmado por el Partido Popular y el gobierno/PSOE, bajo la “mediación” de la Comisión Europea en junio del pasado año. Uno de los apartados del referido acuerdo indicaba ambiguamente:

(iii) se requiere al CGPJ que apruebe, por mayoría de tres quintos, una propuesta de reforma del sistema de elección de los vocales de procedencia judicial, que será trasladada al Gobierno y a las Cortes para su debate y, en su caso, tramitación y aprobación”.

Asimismo, su insidia va más allá cuando pretende colar la especie de que la atribución al fiscal de la instrucción criminal responde a una exigencia europea, cuando la Ley de Enjuiciamiento Criminal española actual se ajusta al requisito de separar al órgano instructor del juzgador en el procedimiento penal.

Llama la atención, por otro lado, que, tras varias advertencias anteriores sobre la conculcación de los estándares europeos para garantizar la independencia del sistema judicial a las que el gobierno hizo caso omiso, los comisarios competentes no instaran la incoación de los correspondientes expedientes de infracción o demandado al Reino de España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Y que el gobierno español muestre cínicamente su “satisfacción” por el informe sobre el Estado de derecho 2025 que le recuerda algunos posibles incumplimientos totales o parciales de sus recomendaciones, incluida la posible autoamnistía con la Ley pactada con el fugado Carles Puigdemont Casamajó y su partido para obtener los votos suficientes en la última investidura.

De ahí que el empeño del ejecutivo en ocultar a la opinión pública las más claras admoniciones del GRECO deba denunciarse. No por casualidad se trata de incumplimientos en materia de prevenir la corrupción de los miembros del Parlamento, los jueces y los fiscales, reformar el sistema de selección del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) según los cánones ya vistos, así como el incumplimiento parcial de la necesidad de establecer mayores garantías en relación con el refuerzo de la independencia, la transparencia y la autonomía del Ministerio Fiscal.

Notas

[1] Con independencia de que el informe de la Comisión Europea tenga un valor admonitorio, además del informativo.

[2] Que, a grandes rasgos, supone la existencia de un régimen de libertades, amparo de los derechos humanos fundamentales, igualdad ante la Ley, independencia judicial, separación de poderes y un gobierno con poder limitado, sustituible de forma pacífica por métodos democráticos.

[3] Fijados de forma nítida por la Recomendación CM/Rec (2010)12, de 17 de noviembre de 2010 del Comité de Ministros del Consejo de Europa, la cual resulta compatible con la elección de 12 jueces miembros por sus compañeros de profesión, perfilada en el artículo 122.3 CE.

Epístola de Pedro Sánchez a sus creyentes

Pedro Sánchez retoma el género epistolar (aquí), pero ya no escribe enamorado a la ciudadanía sino que se dirige en exclusiva a los militantes y creyentes del PSOE, sus queridos compañeros y compañeras progresistas y feministas, que están decepcionados, dolidos, indignados, desconcertados, tristes. Pobres: ellos y ellas son gente buena a quienes les repugna la falta de ejemplaridad y el machismo; son víctimas dolientes en estos difíciles momentos y no son responsables de nada. “Contad conmigo. Yo cuento con vosotros.” Y les cuenta un cuento para que se duerman y sueñen tranquilos y felices.

Asegura que el PSOE es un partido decente, comprometido con el interés general y moralmente superior, porque no están a salvo de la infamia de la corrupción pero reaccionan contundentemente ante ella. O al menos reaccionan cuando la corrupción es pública e innegable, después de haberla negado consistentemente, después de haber puesto la mano en el fuego por los corruptos, después de haber denunciado que eran víctimas de campañas de acoso y linchamiento, después de haber insultado y despreciado a los periodistas que informaron sobre ella, la fábrica de bulos y fango de la fachosfera.

Insiste en que su gobierno es legítimo y critica a la oposición por intentar derribarlo al precio que sea, una derecha malvada que al parecer no tiene proyecto político de país y solo quiere destruir y no construir. Denuncia que se enfrentan a una operación de demolición moral, por procedimientos que conllevan más peligro para la democracia que aquello que pretenden combatir.

No menciona cómo compró votos para gobernar al precio que sea, a cambio de amnistías y pactos con independentistas y herederos de terroristas que antes aseguró que nunca haría. Él no miente, ni falta a su palabra, ni incumple compromisos, solo cambia de opinión.

Tras sus constantes ataques a los jueces y a la prensa tiene la desvergüenza, natural en él, de afirmar que con su gobierno las instituciones funcionan, el poder ejecutivo no interfiere en investigaciones que dependen del poder judicial, y la transparencia ha aumentado.

Alaba a los militantes del PSOE, quienes trabajan y colaboran día tras día para construir un país mejor y un mundo más justo, no como los militantes de otros partidos, que o no trabajan o lo hacen para conseguir un país peor y un mundo más injusto.

Dice que la ciudadanía del país es exigente, pero no les permite manifestar sus exigencias mediante la convocatoria de elecciones, no sea que se equivoquen y voten mal. Apela a la templanza y al debate sereno con quienes quieran sumarse a él para aportar y mejorar. Es tan razonable, tan sensato, tan abierto al diálogo y la reflexión: a todo, menos a permitir que los ciudadanos se expresen mediante el voto, que ahora no toca, las elecciones son cada cuatro años y nunca se adelantan.

Asegura que no hay un sistema podrido cuya reforma haya que abordar políticamente: o no hay podredumbre, o la que hay no es un asunto político aunque implique a ministros, secretarios de organización del PSOE y familiares del presidente del gobierno.

Defiende que la corrupción se combate con mejores medios y las herramientas adecuadas, mientras se niega a dar más medios a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil e insiste en el control político de una fiscalía a la que quiere dar más poder porque… ¿la fiscalía, de quién depende?

Recuerda que la oposición tiene a su disposición una herramienta prevista en nuestro ordenamiento, la moción de censura. Por algún motivo no menciona que él tiene otra, la moción de confianza, quizás adecuada para estos momentos de agitación e incertidumbre.

No deja pasar la ocasión de mencionar a la ultraderecha que presuntamente odia, legitima la violencia y es incompatible con los valores fundamentales de la democracia, el progreso, los derechos y las libertades. No tiene ningún problema con la ultraizquierda en su gobierno, aunque en el pasado asegurara que le quitarían el sueño si gobernaran, porque ellos son todo amor, paz, sabiduría, progreso, derechos y libertades.

Recuerda lo mucho que han conseguido y lo que queda por conseguir con trabajo y políticas públicas justas, modernas y eficaces, de las cuales al parecer solo ellos son capaces. Véase por ejemplo lo que han conseguido con la vivienda, y lo que les queda por conseguir. Tiene claro que merece la pena seguir luchando con la misma ilusión y ganas que el primer día: esta vez no necesita tomarse unos días de reflexión. Él no ha venido a ocupar un sillón, pero lo ocupa y se aferra a él para mejorar la vida de la gente, esa gente cuyo voto actual le conviene no conocer.

No perdamos la perspectiva: no prestemos tanta atención a la corrupción, distraigamos al público con otras cosas. Es momento de coherencia, de claridad y de orgullo. Y de ilusión, de mucha ilusión: del concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. Pedro Sánchez es un maestro de la ilusión.

Pide perdón y no dimite, en contra del Pedro Sánchez de hace años cuando estaba en la oposición, esa persona diferente que aseguraba que en política no se pide perdón sino que se dimite.

Metiendo mano

Esta semana ha saltado a la palestra algunos casos que hierven la sangre, salvo para los que viven de ellos. En primer lugar, nos hemos enterado de que el exministro José Luis Ábalos, número 2 del PSOE en su momento y sujeto elegido por Pedro Sánchez para defender la moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy, eligió la amistad de Jésica a través de un catálogo para meretrices. Posteriormente, el ministro colocó a la señorita en dos empresas públicas dependientes de la Administración en la que gobernaba, en una nueva defensa a ultranza de lo público. Según la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, esta joven llegó a percibir entre 6.000€ y 12.000€ mensuales, amén del pago de un alquiler en Plaza de España por la nada desdeñable cifra de 2.700€ mensuales. Luego dicen que hay crisis de vivienda o que los salarios no suben para los jóvenes. No cabe mayor delicia que recordar que, en esos momentos, 2021 y 2022, José Luis Ábalos e Irene Montero se sentaban juntos en el Consejo de Ministros.

Pero los pontificadores de los derechos feministas no se quedan aquí. Esto viene de lejos. El caso de Ramiro Santalices, asesor de Yolanda Díaz en el Parlamento gallego por la coalición Alternativa Galega de Esquerda (AGE). Ya saben: uno de los rasgos distintivos de los comunistas desde la caída del Muro de Berlín es que tienen que esconder en sus siglas que son comunistas, aparte de cambiarse de formación cada dos por tres. La situación es que los propios militantes de Izquierda Hundida habían denunciado de forma interna las “actividades” (ya me entienden) de este asesor. La situación se resolvió con la suspensión de militancia de los denunciantes. Sí, sí, de los denunciantes. El debate saltó a la opinión pública, salvo para los que vean el programa de Silvia Intxaurrondo o similares, cuando este señor (por llamarlo de alguna forma) fue detenido, condenado a año y medio de prisión y a la prohibición de trabajar con menores por un periodo de cuatro años. Santalices accedió a estos indeseables contenidos desde los ordenadores del parlamento gallego.

Vamos: que Yolanda Díaz sabe muy bien, como poco, vigilar a los suyos. Viendo el percal, el caso Errejón se antoja poco menos que una anécdota. Lo mejor fue cuando le dijo al juez que tuvo que dejar sus cargos, tanto en el partido como en el Congreso, porque en su formación se presume que las mujeres dicen siempre la verdad, por lo que, en caso de querer defenderse de las acusaciones vertidas contra él, tendría que hacerlo desde fuera. ¡Eso es voto de obediencia y no lo del clero! Errejón tuvo la desgracia de militar en Más País, porque de haber estado en Alternativa Galega de Esquerda, la situación podría haber sido diferente.

Pero la traca final ha llegado esta semana: a Juan Carlos Monedero, otro de los fundadores de Podemos, le ha salido un procedimiento interno de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), por, supuestamente y siempre respetando la presunción de inocencia que tanto odian, acosar a alumnas. Billetero ya tuvo sus líos con Hacienda allá por 2015, una situación que le valió que su nombre sonara como candidato al Premio Juan de Mariana del año correspondiente. Billetero había facturado lo que cobró del gobierno asesino de Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia (vaya clientes) a través de una sociedad (Caja de Resistencia Motiva 2 Producciones, S.L.). El combo completo: cobrar en el extranjero, intentar declararlo a través de una sociedad instrumental, no dar parte a la UCM (que tenía derecho a cobrar la mitad) y no incluirlo en su IRPF. El día después, pero el día después literalmente, de gritar en Sol “Montoro, no te tengo miedo”, Billetero pagó 200.000€ (regularizó en términos orwellianos) a Hacienda para evitarse un posible pleito.

La cosa no acaba aquí: el remate es que, al procedimiento de la UCM, le ha salido otro por la misma conducta, supuestamente, en el partido. En septiembre de 2023 (¡septiembre de 2023!) el partido lo ha apartado. Ione Belarra, la que se ha quedado gobernando la ruina, ha dicho que no hicieron públicas estas supuestas conductas para, cito textualmente, “proteger a las víctimas”. Vamos: que ha que montar un ministerio, con sus funcionarios, secretarios de Estado y todo lo que nos cuesta, pero cuando tenemos un supuesto caso de esos malísimos en las narices, entonces hay que lavar los trapos sucios en casa. Lo que se aprende del feminismo.

Lo contrario del PSOE no es el PP, sino el liberalismo

Hoy más que nunca, a pesar de que aún faltan cerca de tres años para las próximas elecciones, resuenan los tambores de un cambio de gobierno. Esto se debe a la notable falta de apoyos del actual ejecutivo, sumada a los numerosos escándalos de corrupción que rodean al presidente. En este escenario, resulta aún más evidente la ausencia de una oposición fuerte. Con un Partido Popular debilitado en la opinión pública, todo indica que Vox podría ser el gran beneficiado en las urnas en las próximas elecciones.

Sin embargo, existe una duda más que razonable de la ineptitud, obviando la connotación soberbia de la expresión, de todo el bloque derechista. En un escenario inédito en la política española, justo en el momento en el que sus voces son más escuchadas, son incapaces de darle importancia a aquellos problemas que realmente afectan a la mayoría de la población: generación de deuda, gasto público, inflación y descenso empicado de poder adquisitivo a riesgo de hacer desaparecer la clase media.

Prueba de ello es la reciente polémica de las pensiones: resulta que podrían ser insostenibles en su formato actual y que condenan a los jóvenes a un futuro incierto. A menos que cambie mucho la demografía, baje el gasto público, o los pensionistas decidan por unanimidad bajarse los ingresos, todo parece indicar que vamos de cabeza a lugar donde la clase media no existirá y que la mayoría de lo que se genere irá para la enorme maquinaria del Estado. En un marco tan acentuado, Partido Popular y VOX se niegan a reconocer el problema, dejando solo el debate para esos políticos retirados que, ahora ya sí, pueden decir la verdad sin consecuencias profesionales.

Personas como Albert Rivera, que no se atrevió a decirlo con la llave del país en sus manos, o Espinosa de los Monteros, que podría decirse que abandonó su escaño precisamente por sus convicciones sobre temas económicos, parecen ser las únicas figuras públicas que hablan del gigante elefante amarillo que hay en el centro de la habitación.

Borja Vilaseca

Decía un (aún más) joven Borja Vilaseca en uno de sus libros, que nada tiene que ver con temas económicos o políticos, lo siguiente[1]:

El liberalismo es una aspiración con tintes utópicos. Principalmente, porque requiere que una gran mayoría de ciudadanos estemos verdaderamente despiertos y gocemos de libertad de pensamiento. Y que nos relacionemos entre nosotros de forma responsable, madura, sabia y consciente. Para que esto sea posible, primero es necesaria una profunda revolución del sistema educativo.

En este sentido, el concepto de nación tal y como hoy lo conocemos, seguramente sea reemplazamos por el de territorio. De este modo, se devolverá la soberanía y el protagonismo a zonas y localidades donde las personas y empresas puedan cooperar y aportarse valor mutuamente. Por todo ello, el liberalismo es el modelo de organización política más opuesto posible al totalitarismo actual.

Lo que vivimos hoy en día es un empobrecimiento de la población, disfrazado de justicia social e igualdad. Esto fomenta el resentimiento entre la mayoría, impulsándolos a seguir votando por quienes prometen un futuro ideal basado en la intervención. Lo que resulta evidente es la intención de sancionar a quienes prosperan. Sin embargo, parece que no se dan cuenta de que, si penalizas continuamente al exitoso, terminarás creando una sociedad poco incentivada para conseguir grandes logros.

En toda sociedad, el talento y la excelencia son bienes escasos, mientras que la mediocridad, abundante y respaldada por la mayoría, se convierte en la norma. Un sistema democrático, basado en el número y no en el mérito, tiende inevitablemente a favorecer a los menos capaces, relegando a quienes destacan. Paradójicamente, la verdadera esencia de la humanidad radica en la diversidad, y es precisamente esa diferencia la que nos hace, por naturaleza, desiguales[2]. Más paradójico aún es que los que atenten con esa diversidad son los que, a priori, mayor divergencia quieren aparentar.

Hablemos del elefante en la habitación: el Estado no sabe más que nosotros. Bajemos esa idea. Podemos ser cien veces más conocedores que ellos en un tema específico, y un claro ejemplo de esto son las constantes idas y venidas durante la gestión del COVID, donde ofrecieron información completamente contradictoria a solo semanas de distancia. O, por ejemplo, cuando nos dicen cómo gastar nuestro dinero mientras ellos llevan a la quiebra a un país entero. ¿Cuándo permitimos que nos den lecciones de finanzas personas que son incapaces de hacer una simple cuenta entre ingresos y gastos?

El PP como el PSOE

Tanto el PP como el PSOE no han hecho más que centrarse en aumentar drásticamente los impuestos, endeudar a la población a través de la deuda pública y, a la par, recurrir a la devaluación de la moneda. Cada acción, hoy en día, está gravada impositivamente. Vivimos en un expolio fiscal constante, todo ello con el fin de justificar un Estado de Bienestar que se sostiene sobre años de un comportamiento vicioso.

La última ocurrencia del Partido Popular, además de apoyar el sistema de pensiones, es la “hucha hogar joven”, medida que anunció Feijóo para ayudar a los menores de 40 años a comprar una vivienda. Esta hucha pretende aplicar una deducción del 20% en el IRPF a las aportaciones que hagan los menores de dicha edad. Además, les servirá para que el Estado les avale luego con la misma cantidad que hayan ahorrado. Lo que pasa por alto Feijóo en el comunicado es que el Estado se beneficia de la compra de nuevas viviendas a partir del 10% del IVA, o con el algo más reducido ITP para viviendas de segunda mano (7% aprox.).

Estamos hablando de que, para acceder a una vivienda de 200.000 euros, hay que estar pagando del orden de 20.000 a 50.000 euros entre impuestos directos e indirectos que no pueden ser financiados. Esto es una barrera real en la compra de pisos para la clase media actual. Y me pregunto yo, ¿por qué no quitar el IVA en la compra de la primera vivienda? ¿Por qué no bajar IRPF a clases medias? ¿Por qué nadie habla de que la verdadera solución pasa por reducir el gasto público para que no siga aumentando la presión fiscal?

Que estamos gobernados por personas que no están preparadas para decir la verdad es un hecho. Pero nos equivocamos si pensamos que la oposición va a cambiar algo. PP y Vox son un mismo bloque que se han unido para continuar con la misma dinámica que venimos sucediendo, y nadie más que el liberalismo parece estar hablando de ello.


[1] Qué harías si no tuvieras miedo, de Borja Vilaseca

[2] El triunfo de la estupidez, de Jano García

Los principios de la política (I): el mito de Prometeo

El término Política tiene sus raíces en el nombre de la obra clásica de Aristóteles, Politiká, que introdujo el término del griego (Πολιτικά, ‘asuntos de las ciudades’). Hablamos aproximadamente del año 350 a.C. Antes incluso que Aristóteles, Platón utiliza el mito de Prometeo para explorar diferentes temas filosóficos, como el origen de la humanidad y el florecimiento de su forma de organización. Lo hace en el diálogo Protágoras, que se centra en un debate entre Sócrates y el sofista Protágoras sobre la naturaleza de la virtud y su enseñanza. En el pasaje 320C-322D, Protágoras narra un mito para explicar su visión de la virtud.

El mito de Prometeo

Este mito se sitúa en un tiempo primero cuando los dioses aún no habían creado a las especies mortales. Los dioses encargaron a Prometeo y a su hermano Epimeteo distribuir habilidades entre estas criaturas. Epimeteo, encargado de la tarea, otorgó características diversas para asegurar su supervivencia; algunos animales recibieron fuerza, otros rapidez, algunos fueron dotados con armas, mientras que otros poseían habilidades de huida o defensa personal. Cuando llegó el momento de equipar al hombre, Epimeteo había agotado ya todos los recursos. Prometeo, viendo al hombre desprotegido, intervino robando el fuego y la sabiduría técnica de los dioses para darla a la humanidad, lo que les permitió desarrollar tecnología y cultura, pero sin otorgarles la sabiduría política necesaria para vivir en armonía, lo que originalmente solo Zeus podía otorgar.

Debido a esta falta de sabiduría política, los primeros humanos no pudieron formar sociedades estables; vivían dispersos y eran amenazados por animales salvajes. Al buscar convivir en ciudades para protegerse, se veían envueltos en conflictos internos por la ausencia del arte de la política. Viendo la posibilidad de que la especie humana pudiera extinguirse, Zeus decidió enviar a Hermes para dotar a todos los hombres de justicia y pudor, asegurando que todos los individuos poseyeran estas virtudes fundamentales para la convivencia en sociedad, estableciendo así las bases de la ordenación política y la cohesión social.

El ser humano como ser distinto

Ya en este mito se distingue al ser humano del resto de criaturas. Se representa la primera aparición del ser humano como ente corpóreo distinto. La explicación se da en que, como seres humanos, tenemos una corporeidad no especializada. Mientras que un animal cualquiera, como podría ser un águila, encuentra la progresión de la especie en su alta especialización y en instinto, nosotros los hombres nos desvinculamos a un medio. O, dicho de otra forma, para la naturaleza resulta difícil explicar para qué está diseñado un ser humano. Es por ello que, al hombre, le corresponde la vida social. Y con la vida social se corresponde la vida política.

La vida política

Mientras que las ciudades mesopotámicas eran de los dioses, en Grecia eran de los hombres. Mientras que en Mesopotamia existían Reyes Sacerdotes, en Grecia se cultivaba la política y la ciudad. La vida política es un tipo de vida que llevan los seres humanos. Y una vez se consolida la vida política, se comienza a reflexionar sobre las grandes cuestiones de la vida. ¿Por qué al ser humano le corresponde la vida política? ¿Qué relación hay entre el orden de la ciudad y el orden del universo? Estas grandes reflexiones ya se comenzaban a plantear, como muestra Platón a través del mito.

Los griegos fueron el origen del pensamiento como polis, lo que tiene que ver con lo que está dentro. Y por contraposición, nace la palabra bárbaro, “barbaroi”, que era el término con el que se designaba a los extranjeros. Y todavía más lejano, más allá de los bárbaros, los griegos fueron los primeros en usar la palabra cosmos, que se referían al universo como un todo ordenado y estructurado, en contraposición al caos. Pero, además, “cosmos” también tenía un significado relacionado con el adorno y la belleza. Los griegos imaginaban y tenían la idea de que existía una materia eterna, que siempre había existido. De esa idea nace la concepción de que, a través del fuego, se obtienen las artes. En el mito, Prometeo roba el fuego del templo para dotar al hombre de estas artes. El fuego sirve también como metáfora de la chispa de la inteligencia.

La organización humana

Aterrizando esta idea, y si nos observara un supuesto ente no terrícola, se preguntaría cómo los seres humanos sobreviven como especie a través de la organización. La respuesta es simple: trabajando. Mediante aquello que con la iniciativa hace que puedan coexistir. Para sobrevivir, se han de poner ideas en común. Este trabajo es lo que diferencia la labor de una colmena de abejas (que está predeterminado), de la lógica y la puesta en común. Cuando no somos capaces de poner las cosas en común, surgen las guerras.

La vida política es necesaria para que los seres humanos cubran sus necesidades, permitiéndoles llevar a cabo una vida contemplativa y reflexiva, y realizar acciones libremente. A través de ello, se fomenta la realización de buenas acciones. ¿Y qué es bien de todo? Aquello que posibilite el desarrollo del ser humano según lo que es. Este bien debe posibilitar la máxima autarquía y promover la máxima capacidad operativa, siempre en un marco de libertad. En la ciudad tenemos que integrar la política para que el ser humano pueda resolver las máximas cuestiones del espíritu posibles. La vida política es la vida de seres libres que viven de una determinada manera.

La justicia…

En el mito, Zeus no reparte las mismas habilidades a todos los hombres. En una sociedad, no todos pueden ser médicos, o abogados. Necesitamos que unos hagan por los otros. Para que sea posible la vida humana, se necesita distinguir entre tipos de personas. Y para resolver los conflictos que puedan darse, se debe recurrir a la vida política. Al diálogo. Y aquí Zeus repartió la justicia. Sin embargo, a la hora de repartirla, lo hizo a todos por igual. Porque sin justicia, no habría ciudades: La vida política es aquella que adoptan las personas que valoran la justicia, pues solo ellas aspiran a que las acciones humanas se coordinen de manera que todos los bienes puedan ser compartidos –no necesariamente igualados–.

Sin embargo, incluso en las sociedades más libres, se presentarán imperfecciones. Sócrates, por ejemplo, encontró la muerte en una democracia, bajo circunstancias que no deberían haberse dado. Su experiencia sugiere que la vida social puede prevalecer sobre las consideraciones políticas y filosóficas. Los actos libres generan nuevas posibilidades, creando circunstancias que, antes de realizarse, eran impredecibles. Aunque los resultados de A y B pueden anticiparse si A y B ya existen, los actos nuevos surgen de actos libres.

… y su entorno

¿Vale la pena ser justo, o sólo para una determinada finalidad? ¿Vale la pena morir como Sócrates? Aristóteles decía que el ser humano es un viviente político por naturaleza. Ha sido dotado de lenguaje, de palabra. A diferencia de los animales, el hombre utiliza el lenguaje para hablar de lo justo y de lo injusto.

¿Existe aquello que es justo? ¿Hay algo que relaciona lo que es justo o no, y la verdad? ¿La justicia corresponde a la dimensión de la realidad, o de la verdad? ¿Lo que es justo o injusto es totalmente independiente de nosotros? Sería extraño, porque parecería que estamos predeterminados. Y aquí viene un concepto potente: si nosotros estableciésemos lo que es justo, nos tendríamos que definir nosotros, todos. No sería posible que existieran leyes injustas. Nos resistiríamos a hacer cosas que no son justas. No las haríamos porque no las entenderíamos. No podemos establecer lo que es justo meramente por nosotros, sería un imposible. Si establecemos aquello que es justo, a través nuestra, sin lugar a dudas, aquello que es injusto no tendría sentido para nosotros.

Tipos de justicia

Es por ello que se llega a otra posibilidad, y es que haya causas justas por naturaleza, y otras justas por legalidad. Si hay algo natural, viene predeterminado. Si es algo de carácter práctico, lo mandamos nosotros. Hay causas que son justas porque las mandan las leyes, y otras veces las mandan las leyes porque son justas. Conducir por la izquierda no es malo por sí mismo. Pero sí que lo es quitar una vida. Cualquier ley que establezcamos nosotros, necesitará complejidad y diálogo. ¿Y hay causas más justas que otras? En una última instancia, muchas causas dependen de otras.

Un relato interesante y relacionado aparece en la tragedia Antígona, de Sófocles. Narra la historia de Antígona. Tras la muerte de sus hermanos en una guerra fratricida, el nuevo rey de Tebas decreta que el cuerpo de uno de ellos, considerado traidor, no reciba sepultura. Antígona desafía este edicto regido por la justicia humana y decide sepultar a su hermano siguiendo lo que ella considera una justicia superior: las leyes no escritas y sagradas que dictan respeto por los fallecidos. Este conflicto entre lo divino y lo humano se convierte en un punto central de reflexión sobre la naturaleza y la legitimidad de las leyes que rigen las acciones y la moral en la sociedad.

Conclusión

El mito de Prometeo invita a reflexionar sobre la conexión entre nuestra corporeidad poco especializada, la necesidad de trabajar, la necesidad de integrar los logros laborales, y la necesidad de crear nuevos acuerdos para que todo lo anterior sea posible. El ser humano no puede avanzar sin la división del trabajo y la integración de los frutos de diversas actividades.

Debido a esta corporeidad poco especializada, el ser humano está por naturaleza dispuesto y requiere de una vida política; además, éste es capaz de desarrollar un lenguaje para discutir sobre lo justo y lo injusto. Esto nos lleva a preguntar: ¿Determinamos nosotros mismos lo justo y lo injusto, o estas nociones ya están preestablecidas por la naturaleza? En cualquier caso, parece esencial que el ser humano participe en la vida política, porque sólo así se vive verdaderamente como humano.

Ver también

Leo Strauss y la promesa de la filosofía política. (Daniel J. Mahoney).

Platón, admirador de Esparta. (Francisco Moreno).

Private roads: Response to Zhang and Levinson

“Paper” original escrito por: Walter Block.

Archivo pdf original aquí.

Abstract:

Zhang and Levinson (2009) have joined the ranks of those who seriously contemplate a private road and highway industry. But their support for privatization is a limited one. The present paper is an attempt to obviate their support for restricting the economic freedom of private street and road owners.
Purpose of this paper: to promote road privatization
Design/methodology/approach: criticize Zhang and Levinson
Findings: Zhang and Levinson are fair weather friends of privatized highways
What is original/value of paper: road privatization will save thousands of lives.

Key words:

Traffic fatalities; congested highways; privatization; deregulation

JEL category:

R00

Private roads: Response to Zhang and Levinson

I wish to welcome Zhang and Levinson (2009) to the ranks of scholars who at least seriously consider the case for free enterprise roads, highways, streets, etc.

Why is it so important that these ranks be swelled? There are two reasons, one crucially imperative, the other of no little importance. The first is the fact that some 40,000 people in the U.S. perish annually from highway fatalities, and this is the fault of public ownership. Privatization is the last best hope for radically reducing this horrid statistic. The second, a minor reason compared to that one, but very important in its own right, is traffic congestion. This costs the American economy millions of dollars per year, and even fits into the first consideration in a minor way: road rage is enhanced by traffic congestion, and this in and of itself leads to road deaths.

The usual explanation given for traffic fatalities is speed, driver inattention, drunkenness and drugged driving, bad weather conditions, etc. But this is totally fallacious. Rather, the massive killings are due to the failure of government road managers to deal with these challenges. If there were private profit and loss making entrepreneurs in charge, the death rate would be radically reduced due to competition. Similarly, under private enterprise it is more than likely that peak load pricing would be introduced, and traffic congestion would be a phenomenon of the past.

So I once again repeat my congratulations to Zhang and Levinson (2009) for joining the ranks of scholars who seriously contemplate, and often even advocate, privatization of this industry. Unfortunately, this welcome must come accompanied by an asterisk. For, instead of favoring a fully free enterprise private enterprise road industry, they invite in, only, one that is greatly constrained and hemmed in by a welter of restrictions and regulations.

What is their reasoning on this matter? What are their reservations about full laissez faire in this sector of the economy? They are not fully weaned away from road socialism on these; following grounds:

“… private roads possess spatial monopoly power and will likely charge higher-than-optimal tolls on their users, leading to welfare losses. In addition, market entry barriers due to high construction cost and demand uncertainty imply that the private road economy is not a perfect market.”

This is highly problematic. Every geographical business has “spatial monopoly power.” This applies not only to “long, thin things” such as pipelines, railroads, water and sewer lines, telephone lines, etc. It also pertains to each and every commercial enterprise that takes up space, which means each and every one of them without exception. For example, bakeries, shoe stores, groceries, pharmacies, hotels, etc. How can we prove any such claim? It is simple: two things cannot occupy the same relevant space at the same time. If the jewelry store occupies 123 Elm Street in Nowhere, USA, then the filling station cannot also have this as its address.

Then, consider the claim that private roads will “charge higher-than-optimal tolls.” There are difficulties here. For one thing, this is predicated upon an outdated, mischievous understanding of monopoly versus perfect competition. Among the other fallacies of this perspective are that it involves invalid interpersonal comparisons of utility. How does the state know what the optimal price for road usage would be? To think that it does is to ignore the contributions of many economists to the debate over socialist calculation. If we have learned anything from this debate, it is that central planners, in the absence of market prices, cannot rationally plan. Yet, it is the very market prices that would emanate under road privatization that Zhang and Levinson are advocating be undermined.

For another, this relies upon the institution, the government, which is responsible for the massive traffic deaths in the first place. These authors in effect are relying on one branch of the government, the anti-trust regulators, to overcome the flaws in the polices of another branch, those in charge of roads, streets and highways. Suppose one division of a supermarket created problems, let us suppose the meat and butcher section. Would we choose to ameliorate this another branch, for example that which deals with fruit and vegetables? They would hardly be our first choice, since we would look to the root of the initial difficulty and see that entire institution as problematical.

Zhang and Levinson continue their rejection of a fully free market for highways:

“Therefore, comparing a centralized public ownership with an unregulated private ownership is not fair because in theory, proper regulations on private roads can improve welfare…. Limited by the length of the paper, we will only consider the price ceiling regulation in which a global maximum toll level (e.g., $3 per km) is set for all private roads.”

Very much to the contrary, it is exceedingly fair to
compare a centralized public ownership with an unregulated private ownership. The present situation, it bears repeated, creates some 40,000 needless deaths per year. The best estimate for the number of needless fatalities in the latter case is around 10,000. Thus, 30,000 people could be saved on an annual basis. It is not only “fair” it is imperative to compare these two very different systems of road management. Many innocent lives are at stake.

If economics 101 teaches us anything, it is that a price ceiling at any level brings about a shortage. We all can picture the supply and demand drawing with an illustrated maximum price placed below equilibrium. What ensues? Well, demand exceeds supply and we have a shortage. Even on the basis of interventionist neo-classical economics, it simply makes no sense to impose a “$3 per km” on every roadway. Surely, the supply and demand conditions would not be homogeneous all throughout the entire country. And also if we want to have a full employment enactment for economists, we should spend vast amounts of treasure on us dismal scientists so that we can figure out which price ceilings should be placed upon which streets and avenues?

The next arrow in the quiver of is this:

“For any regulatory policy, there is also the issue of optimal regulation. In the case of price ceiling, the optimal ceiling price that maximizes social welfare needs to be determined so that the full potential of the regulation can be appreciated.”

Here, these authors are entirely correct. It is indeed important to determine “the optimal ceiling price.” But, from reading in between the lines, one gets the impression that in their view it would be impossible for the optimal ceiling price to be none at all. Rather, what they appear to have in mind is some price, perhaps not the exact same for all roads that lies below equilibrium. But why will the “full potential” be realized when shortages are created? Who benefits from when demand exceeds supply? It is difficult to see that anyone would, except for the bureaucrats charged with rationing a limited supply amongst numerous customers. However, we already have just that situation: traffic congestion. And, we already have a maximum price set below equilibrium, at present. It is a zero price.

Last but not least, Zhang and Levinson deviate from the free enterprise position as follows:

“When the ceiling price is too high, its influence on private roads’ pricing and investment decisions is marginal. When it is too low, private roads may not be willing to expand an under-built network to the optimal capacity level. We identify the optimal ceiling price by simulating a large number of alternative ceiling prices (i.e., from $0 to $10 per km in $0.1 increments) and evaluating the corresponding welfare measures. Although a global ceiling price for all links is assumed herein for simplicity, the optimal ceiling price in theory could vary on a link-by-link basis.”
Happily, our authors make the best of a bad business by allowing that regulated prices cannot be of a one size fits all variety. Their comment about high ceilings being marginal is also in the right direction. If they are high enough, they will have no effect whatsoever. For example, if the maximum price allowed is $1 million per inch travelled, it would not “bite” at all. But then comes the full employment for economists consideration: doing empirical research on this matter.

I, along with all other dismal scientists approve of this as a matter of instinct. But not when so many innocent lives are at stake. Let us have instead full free enterprise, unencumbered by price controls, and a radical reduction in traffic fatalities.

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Warren Sánchez, ni bien ni mesurado

Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, perdió casi todos los papeles y los nervios en el debate de Atresmedia del lunes frente a Albertinho Feijoada. En ocasiones, el líder carioca del Partido Popular parecía un sonriente director de una «escola do samba» de Río de Janeiro, contento ante las facilidades que le brindó su rival.

Recuerdo que de adolescente me impresionó el primer cantar de Mio Cid, que leíamos en el bachillerato en mi Buenos Aires natal: «Sospiro mio Çid ca mucho avié grandes cuidados,/fabló mio Çid bien e tan mesurado». No encajaba con un noble héroe luchador, ni eso ni el comienzo: «De los sos ojos tan fuerte mientre lorando». El profesor nos explicaba la historia y el contexto para que apreciáramos la hazaña y la honra.

Los récord de Warren Sánchez

La conducta de Warren fue exactamente la opuesta. No habló bien, ni mucho menos desplegó mesura. Al contrario, se empeñó en interrumpir a Albertinho y en promover el diálogo de sordos, que fue a menudo la discusión. Además de las manidas y absurdas reclamaciones al jefe conservador por ser cómplice de las pérfidas empresas eléctricas y los asquerosos ricos, Sánchez acusó los golpes sobre las devastadoras consecuencias de su legislación supuestamente feminista, y tropezó, por extraño que parezca, justo en el tema que pretendía que fuera o suponía que iba a ser su punto fuerte: la economía.

Ya he apuntado en un vídeo reciente en La Razón que la apuesta de Warren y sus partidarios por la carta económica tiene mucho peligro. En efecto, insistir en que todo va bien gracias al Gobierno, y si hay algo malo es por culpa de Putin, evoca la famosa frase de Groucho Marx: «¿A quién va a creer usted, a mí o a lo que usted ve con sus propios ojos?». Y la gente ve con sus propios ojos su propio empobrecimiento. Ve los impuestos. Ve el paro. En tales circunstancias, y teniendo el récord que ostenta Warren Sánchez de desapego a la verdad, el anunciar que la izquierda logrará en la próxima legislatura el pleno empleo, nada menos, no satisfará ni a los más entusiastas del contubernio Frankenstein.

Antes del debate, ya había bastante inquietud en el PSOE por los resultados de las próximas elecciones. Ahora, lógicamente, hay más.