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Etiqueta: Proceso político: tª estado elección pública y democracia

Mamá, ¡quiero ser político!

En la actualidad, desempeñar la actividad política, más allá de ocupar un alto cargo de responsabilidad, se ha convertido en un auténtico chollo. No sólo por la percepción de elevados ingresos, sino por el hecho de contar con una serie de privilegios ajenos a cualquier otra profesión que se desempeñe en el ámbito privado.

Con sospechosa frecuencia, políticos de toda índole y condición se defienden argumentando que el desarrollo de la actividad pública ha de ser entendida como un sacrificio puesto que, en general, el desarrollo de una carrera profesional en el ámbito de la empresa privada les reportaría, incluso, mayores ingresos económicos. ¿En serio? De ser realmente así, ¿no resultaría del todo absurdo optar por una profesión menos ventajosa en caso de poder elegir libremente entre ambas ocupaciones, una pública y otra privada?

Más allá del poder y de la influencia que implica ostentar un cargo de esta índole, ya sea como mero diputado raso, ministro, alcalde o director general, la profesión política reporta cuantiosas ventajas. Así, por ejemplo, los miembros del parlamento nacional cobran de media algo más de 3.100 euros al mes. Sin embargo, dicho montante se ve incrementado de modo sustancial en función de los cargos complementarios que la mayoría de ellos desarrollan como miembros de las diversas comisiones y mesas parlamentarias.

Así, por ejemplo el presidente de la Cámara dispone de un complemento mensual de 3.605 euros, más una cuantía, también mensual, nada desdeñable, de 3.915 euros para gastos de representación, y otros 3.210 en concepto de gastos de libre disposición (es decir, para lo que guste). Hagan ustedes las cuentas.

Por su parte, los vicepresidentes, secretarios, portavoces y portavoces adjuntos de Mesa parlamentaria perciben, a su vez, de una a tres pagas extra que oscilan entre los 700 y 1.400 euros mensuales. Mientras, los presidentes de Comisión disponen de casi 1.600 euros al mes para "gastos de representación". Una cifra algo inferior en caso de ocupar simplemente el cargo de secretario o portavoz de esa misma Comisión parlamentaria.

Pero, no se engañen, que la cosa no queda ahí. Según el reglamento de la Cámara, además de las percepciones individuales correspondientes a la asignación constitucional, los diputados tienen derecho a "las ayudas, franquicias e indemnizaciones por gastos que sean indispensables para el cumplimiento de su función". Así, todos los diputados de circunscripciones distintas a Madrid cobran 1.823 euros al mes para afrontar los "gastos de alojamiento y manutención en la capital que origine la actividad de la Cámara". En el caso de los diputados por Madrid, esta cantidad se reduce a 870 euros extra al mes.

A ello hay que añadir, por supuesto, todos los gastos de transporte de sus señorías, cuya tributación está además exenta, siempre y cuando no cuenten con un chófer oficial. Algo que, por cierto, ocurre en la mayoría de los casos. "A partir del 1 de enero de 2006, la cuantía de las dietas devengadas por los desplazamientos que los Diputados realizan en misión oficial se cifran en 150 euros por día en el supuesto de desplazamientos al extranjero, y 120 euros diarios en el de viajes dentro del territorio nacional". Es decir, y hablando en plata, no sólo los contribuyentes sufragamos la vuelta a casa de sus señorías, fin de semana sí y fin de semana también, sino que tan sólo es necesario argumentar la celebración de algún acto institucional o político en su ciudad de origen para que, encima, perciban 120 euros extra al día.

Ordenador portátil, teléfono móvil, despacho propio en el Congreso y asistente personal son algunos de los privilegios añadidos que poseen los políticos españoles por el mero hecho de ser un "diputado raso", tal y como lo denominan. No está nada mal si se tiene en cuenta que su horario laboral se extiende, en la mayoría de los casos, únicamente hasta el jueves por la mañana. Aunque, en realidad, muchos de los residentes fuera de Madrid (la mayoría) ya abandonan el hemiciclo el miércoles por la tarde, tras la sesión de control al Gobierno.

Y eso en cuanto a las retribuciones visibles y, hasta cierto punto, transparentes. El tema de los alcaldes y concejales de los ayuntamientos españoles es cosa aparte y de sobra conocida por todos. Sirva como ejemplo que ciertos directores generales de algunos municipios medianos (de más de 100.000 habitantes) de la geografía nacional cobran más de 60.000 euros al año.

En el caso de los eurodiputados, el salario medio mensual asciende a cerca de 9.000 euros, dietas y complementos aparte. Es decir, los políticos perciben ingresos económicos que en nada tienen que envidiar a las retribuciones medias de los altos ejecutivos de la mayoría de empresas privadas. Aunque éstos carecen, sin duda, de la influencia y poder que ostentan sus señorías. No obstante, son los encargados de articular las leyes y decidir lo que está o no permitido en el ámbito privado. Qué mayor poder que ése, ¿no creen?

Por último, tan sólo recordar que la mayoría de los cargos políticos no han desarrollado prácticamente actividad alguna en la empresa privada. Muchos de ellos son funcionarios o han ido ascendiendo poco a poco en el escalafón jerárquico del partido hasta ocupar su ansiado sillón en el Congreso, organismo oficial o ayuntamiento de turno. Es decir, más allá de su carrera pública, dudo mucho de que cualquiera de ellos, con su formación académica, lograran un cargo de similares características a nivel retributivo en el mundo de la empresa privada. Así que, por favor, déjense ya de milongas.

Y ZP la miró

Y es que ZP te mira a los ojos y se te cae la ropa interior a pulso y sin que puedas hacer nada por evitarlo. La protagonista no ha aclarado si también tuvo un orgasmo, como le ocurre a su amig@ Zerolo, pero la cara de gustirrinín con que relató la anécdota habla por sí misma.

La decisión de situar a Pajín al frente del cotarro socialista promete darnos muchas tardes de gloria. A Pepiño le han dado una patada hacia arriba, pero su legado está suficientemente preservado con esta ilustre desocupada. Una señorita que jamás ha hecho nada en la vida aparte de medrar en el PSOE desde que cambió los dientes de leche. Por cierto, igual que su jefe, quien tampoco ha dado un palo al agua desde que nació, y va ya para cincuenta tacos.

No resulta extraño el sectarismo radical de los líderes socialistas. Al contrario, es lo normal cuando uno no ha experimentado jamás la sensación que el diccionario define con el verbo "trabajar" ni ha vivido los problemas que cualquier español tiene que superar para labrarse un futuro. Leyre, como el resto de la chupipandi, tiene las habichuelas más que garantizadas desde que tenía quince años. A costa de los demás, claro, que es la forma más progresista de prosperar en este valle de lágrimas.

Y tú, ¿de quién eres?

Según el ministro de Sarkozy, con la crisis alimenticia mundial no es el momento para reformar la política agrícola común (PAC) en los términos librecambistas que se negocia en la Organización Mundial del Comercio (OMC). En esta ocasión la excusa para no liberalizar consiste en que un desmantelamiento de la PAC reduciría la producción agrícola europea agravando así la escasez y el desabastecimiento de productos alimenticios. Una cosa sí es cierta, los precios artificialmente elevados que la Unión Europea ha establecido por encima del precio de mercado alientan la producción agrícola.

Sin embargo, la contrapartida de esa intervención es que la billetera de Bruselas no da para pagar a todo el que le gustaría vender a ese precio a lo largo y ancho del planeta. Así que, para no ver cómo naufragan las arcas europeas, la UE tiene que restringir la entrada de alimentos en Europa. De esta manera los precios garantizados han servido de coartada a nuestros intervencionistas para establecer cuotas y elevar aranceles, barreras de entrada que matan literalmente de hambre a millones de agricultores en el tercer mundo.

En un mundo sin esas barreras, sin restricciones a la biotecnología y subvenciones a productos que compiten con el alimento humano (como sucede con los biocombustibles) difícilmente se darían cuellos de botella como los que estamos viviendo y que padecen con especial crudeza los países pobres. Aun así Barnier, quien asegura que España y otros 20 países respaldan su coartada para no liberalizar, ha dicho en más de una ocasión que lo que debería hacer el resto del mundo es copiar el modelo agrícola europeo. Ese el sueño de todo ingeniero social, un horizonte lleno de aranceles, cuotas, pleitos, negociaciones bilaterales y multilaterales, congresos, cumbres y toda clase de fuegos artificiales para hacer creer a la ciudadanía que hacen algo por la libertad y contra la pobreza. Entre eso y mandar a los ejércitos a la frontera para provocar un conflicto armado no hay mucha diferencia.

Algún ingenuo pensará que tampoco es para mosquearse. Después de todo, este socialista de derechas habla de no cambiar las cosas mientras dure la crisis internacional. Pero yo no me lo trago. Hace unas semanas escuché afirmar a este señor que a “lo que estamos asistiendo alrededor del globo es la consecuencia de demasiado liberalismo”. Está clarísimo. No es que no sea momento para liberalizar… es que, para Barnier y compañía, nunca lo será.

La lógica del mundo al revés

Cualquier realidad puede ser así violentada, pero ninguna como la política, ya que suyo es el reino de la mentira y la manipulación de los sentimientos; del espectáculo y la representación.

Miren, sino, cómo Partido Popular y PSOE se han intercambiado los papeles por completo. Mariano Rajoy adopta un papel magnánimo, condescendiente, y ha dedicado su 16 congreso a anunciar pactos con los otros partidos. ¿Alguien le ha dicho a Mariano Rajoy que él no ha ganado las elecciones? Los partidos tienen que intentar hacer avanzar sus programas. Lo harían de forma absoluta y total, pero el sistema les obliga, en ocasiones, a realizar pactos. Pero quien concede esos acuerdos es quien está en el poder. Rajoy habla de acuerdos pero porque quiere ser aceptado, perdonado por los demás a pesar de ser quien es y representar al centro derecha español.

¿Y el PSOE? Bien cierto es que no tiene mayoría absoluta, pero está en el poder. Él tiene los ingentes medios que otorga el Gobierno en su mano. Y una capacidad de comunicación a la que no se acerca, ni por asomo, el Partido Popular. Celebran estos días la que es su fiesta, en la que reciben universal atención de los medios de comunicación de España, prestos a hacerse eco de todos sus mensajes, eslóganes, ideas, proyectos. Y ¿a qué dedican la mitad del tiempo? A hacer oposición… de la oposición. PP y PSOE han intercambiado sus roles; pero lo interesante es saber porqué.

El PP por ser esa derecha descreída que teme sus propios valores y los oculta o matiza; los viste o incluso los disfraza. Y centra su atención desde el propio proyecto a la forma de conseguirlo. El centro, insisten Rajoy y sus marianistas, “es una actitud”. Y la que más fácil venta tiene es la del acuerdo y los pactos.

Las razones del PSOE para hacer de oposición desde el Gobierno son muy otras. Los socialistas han interiorizado hasta el más recóndito de sus humores la concepción moderna de la política que inició un austríaco allá por los años 20 en una Alemania humillada por los avatares de la historia. La política de la era de masas no es la de los discursos parlamentarios, sino la de la apelación a los sentimientos, a las entrañas. Los sentimientos mueven a las personas, y cuanto más primarios, mejor. Adhesión, admiración, amor, odio, indignación… Y ese tribal sentimiento de pertenencia, el “nosotros” frente a “ellos”.

En el discurso racional, en la política decimonónica de Rajoy, el brillante parlamentario, el PSOE tiene (casi) todas las de perder. Es en el terreno de los sentimientos, de las identificaciones, donde los socialistas adquieren todo su poder. Y el odio, el rechazo visceral y acrítico al adversario, al PP, es absolutamente necesario. Pero el odio cansa, por eso hay que avivarlo constantemente. Esa es la clave del discurso socialista de estos días, y de todos.

Rajoy insiste en hacer apelaciones a la realidad, a la economía, a “los verdaderos problemas de los españoles”. Y Zapatero, amo de la prestidigitación, hace desaparecer crisis monumentales a la vista de todos como David Copperfield hizo lo propio con la Estatua de la Libertad en la isla Ellis. Eutanasia por aquí, aborto por allá, derechona, derechona, hocus-pocus y ¡paf! ¿Dónde está la crisis?

El déficit exterior resume nuestra crisis

La cuenta corriente nos dice si está entrando o saliendo dinero del país. Si exportamos un kilo de arroz por 10 euros e importamos dos kilos de tomates por 20, el saldo neto es que han salido 10 euros. Para obtener estos 10 euros netos tendremos que echar mano de nuestros ahorros o bien pedírselos prestados a los extranjeros.

Este hecho no es problemático si destinamos las importaciones a la inversión para ser más productivos (por ejemplo, si importamos maquinaria), de modo que en el futuro incrementemos nuestras exportaciones y generemos un saldo exterior favorable, o bien si, en caso de destinarlo al consumo (por ejemplo, si importamos tabaco), ahorramos en el futuro para compensar el exceso de consumo anterior.

Desde el año 2002 hasta mediados de 2007, la economía española fue acumulando un creciente déficit exterior. La economía interna fue concentrándose en el sector de la construcción, de modo que no se producían los bienes que deseaban los extranjeros. Es como si usted redujera las horas diarias de trabajo y dedicara todo ese tiempo al bricolaje; la consecuencia lógica debería ser que su salario disminuyera y que, por consiguiente, pudiera comprar menos bienes.

Sin embargo, la economía española no se ajustó de este modo. Cada vez vendía menos (en términos relativos) al extranjero y compraba más, con lo cual su endeudamiento exterior se acumulaba. Ahora bien, ¿cómo pueden los extranjeros seguir prestando dinero a un país que cada vez está más endeudado? Si usted deja de trabajar y vive del dinero que le presta el banco, es probable que en breve le cierren el grifo y se vea obligado a volver a trabajar… o a morirse de hambre.

La economía española pudo seguir endeudándose casi sin límites gracias a la venta de cédulas hipotecarias. Una cédula hipotecaria no es más que el derecho a percibir las cuotas hipotecarias de los españoles. Dicho de otra manera, un banco alemán compraba las hipotecas a las cajas españolas. La pujanza del mercado inmobiliario español convertía a las cédulas en una inversión prácticamente sin riesgo. En el extraño caso de que el hipotecado dejase de pagar, siempre cabía ejecutar la hipoteca y vender la casa. Dado que hasta mediados de 2007 el precio de la vivienda no dejaba de subir, la recuperación de la inversión estaba asegurada. Por consiguiente, existía una enorme demanda de cédulas hipotecarias españolas en el extranjero, lo que nos proporcionaba dinero contante y sonante para financiar el déficit corriente.

Pero desde agosto del año pasado los mercados financieros internacionales dejaron de funcionar, y el mercado inmobiliario español entró en crisis. La inversión en cédulas hipotecarias dejó de ser atractiva y perdimos nuestra principal fuente de financiación. Así, entre enero y abril de 2007 recibimos entradas de capital en concepto de "inversiones en cartera" (lo que incluye la venta de cédulas hipotecarias) por valor de 81.941,6 millones, mientras que en el mismo período de este año se han desinvertido 31.197.

El resultado lógico debería haber sido que nuestras importaciones se redujeran. Si nadie nos financia en el extranjero, ¿cómo vamos a seguir consumiendo más de lo que producimos? Pero hete aquí que, lejos de disminuir, ha seguido aumentando, a un ritmo galopante.

Y es que buena parte de nuestro déficit corriente se debe a nuestra enorme dependencia del petróleo y, en general, de las fuentes externas de energía. El déficit no puede reducirse por este lado, ya que implicaría una paralización de la actividad productiva.

Pero ¿cómo se ha logrado financiar el déficit corriente desde agosto de 2007? Por un lado, España ha reducido drásticamente su inversión directa en el extranjero. Entre enero y abril de 2007 se habían invertido 21.167,8 millones, por sólo 8.903 en el mismo periodo de 2008. Por otro lado, nos hemos vuelto mucho más dependientes de los préstamos que nos conceden a corto plazo. Entre enero y abril de 2007 los bancos españoles recibieron 13.707 millones de euros en forma de préstamos extranjeros a corto plazo; este año la cifra se ha disparado hasta los 73.658.

El problema de los préstamos a corto plazo es que vuelven a los bancos españoles muy vulnerables frente al sistema financiero internacional y no sirven para que la concesión de nuevas hipotecas o préstamos empresariales. En marzo, en plena quiebra de Bear Stearns, los bancos extranjeros nos retiraron 3.080 millones de financiación, y los bancos españoles se vieron forzados a repatriar 37.911 millones. Del mismo modo, en 2008 el crédito bancario ha crecido a tasas que rara vez han superado el 5%, cuando la media de los años anteriores se situaba claramente por encima del 10%.

En definitiva, las empresas invierten menos y los bancos prestan menos (de hecho, incluso desinvierten) para poder financiar la dependencia energética de España. Hasta mediados de 2007 este problema se había enmascarado con la venta de cédulas hipotecarias; de hecho, todo el petróleo consumido en España desde el año 2000 hasta mediados de 2007 había sido financiado con deuda gracias a su venta. Desde entonces, sin embargo, no sólo hay que financiar el petróleo de otra forma, sino que hay que comenzar a pagar la deuda del que hemos consumido desde el año 2000.

Y esta forma alternativa de financiación es la restricción del crédito (credit crunch) y de la inversión interna, principal motivo de la acelerada crisis que estamos padeciendo. Como ya expliqué, la crisis actual se debe a que los bajos tipos de interés de los bancos centrales fomentaron una estructura productiva concentrada en la construcción y en la importación de bienes de consumo asiáticos sin expandir correlativamente la producción de materias primas. En España esta tragedia es evidente: hemos dejado de invertir para mantener lo que ya tenemos.

En este contexto, tanto la retórica ecologista como el sesgo favorable a la obra pública del presidente del Gobierno es suicida. En un momento en que la dependencia energética estrangula el crecimiento y el empleo, Zapatero sigue despilfarrando recursos en métodos de generación de electricidad que, al menos hoy, no son en absoluto rentables, así como en expandir un sector de la construcción totalmente hipertrofiado. Difícilmente se puede hacer peor.

Centrismo regional

Recuerdo los congresos regionales que le siguieron. Región por región, fue descabezando el partido de los abigarrados dirigentes de cierta edad y colocando en cada sitio a gente más joven y que se pudiese comprometer con un proyecto de carácter liberal y españolista. Galicia, con Fraga al frente, quedó como territorio inexpugnable. ¿Para qué? Al fin y al cabo, Fraga es el último troskista que queda en España, siempre en "renovación permanente". Madrid, con Gallardón, quedó también intacto.

Ahora empieza la ristra de congresos regionales post-congreso para que, como en la España del XIX, los resultados democráticos se ajusten a las decisiones tomadas en otro sitio. Las próximas se celebran en dos regiones muy importantes para las aspiraciones del Partido Popular: Cataluña y País Vasco. La diferencia de escaños que le sacaron los socialistas en Cataluña es mayor que la que le sacaron en el conjunto de España; y el PP tiene el riesgo de desaparecer prácticamente del País Vasco, del cual María San Gil no será ya la líder. Y, por lo que respecta a Cataluña, Rajoy quiere una candidatura única donde se habían presentado tres pretendientes. Adiós al discurso liberal que, según parece, tenía preparado Sirera.

Esta renovación regional se cerrará, como el XVI Congreso del PP, en falso. Tres elecciones le esperan a los populares en el corto plazo: vascas, europeas y gallegas, y todo hace pensar que cosecharán tres rotundos fracasos. En las europeas, además, como son vistas por los españoles como votos "sin coste", tendrán el efecto de hacer de UPyD el tercer gran partido que no tenía España desde el desplome del CDS. Rajoy, entonces, no tendrá más remedio que convocar un congreso adelantado al 2010 para que el candidato saliente tenga al menos dos años para erigirse como líder. Y entonces sí que habrá al menos dos candidatos.

Si no, al tiempo.

Pertrechados contra la crisis

Sepan los compañeros proletarios que Zapatero sabe cómo resolver este pequeño contratiempo. De hecho, todas sus decisiones políticas tras el pasado nueve de marzo están encaminadas a solventar con éxito los efectos del huracán que se cierne sobre la economía española, cuyo punto álgido Perico Solbes sitúa a mediados del año que viene.

De momento ha creado un Ministerio de Igualdad, receta infalible para salir de cualquier crisis económica recomendada por todos los economistas desde el padre Juan de Mariana. Al frente del ministerio ha colocado a una avezada gestora, que ya ha empezado a hacer honor a la confianza depositada en ella. Sus propuestas, desde incluir la entrada miembra en el diccionario de la lengua española en igualdad de condiciones con el término fistro hasta acabar con el drama de la mujer "inferiorizada" (sic) a través de la creación de bibliotecas sólo para chicas, tranquilizan mucho a los votantes del PSOE que acaban de quedarse sin curro por culpa de la "ligera desaceleración".

El cambio climático, por otra parte, es una de las graves cuestiones que más preocupan a quienes están a punto de experimentar una "transferencia puntual" desde el mercado laboral a las listas del paro. Y es que entre poder pagar cada mes la hipoteca del adosado o luchar contra la subida de 0’5 grados de la temperatura media terrestre dentro de cien años, el albañil prefiere, sin duda, que su Gobierno solucione esto último con carácter prioritario.

Porque todo se reduce a una cuestión de prioridades y en eso forzoso es reconocer que Zapatero está muy fino. La ciudadanía de otros países, infectada por el virus del consumismo neoliberal, exige a sus gobiernos que mantengan una economía saneada para crear más empleo y más bienestar. Los votantes socialistas españoles, en cambio, prefieren resolver otras cuestiones mucho más importantes a medio y largo plazo, como "crecer en derechos" (¿?), acabar con la preponderancia moral de la Iglesia Católica o llenar las cuentas bancarias de Al Gore adquiriendo su merchandising.

Se quedarán sin trabajo –de hecho muchos de ellos ya lo están–, pero por mal que vayan las cosas, Zapatero no les verá por las calles quemando contenedores al estilo argentino. La única manifestación prevista es la de la cabalgata del orgullo gay, que este año se anuncia grandiosa. Con eso y el subsidio del desempleo, el votante socialista tiene más que suficiente. Y en 2012 a votar de nuevo a ZP para que no gane la derecha franquista. Cuestión de prioridades.

Represión y moral en el régimen cubano

Antonio José Chinchetru presentó este miércoles, 25 de junio, su primer libro, que es también el primero de la editorial Episteme, llamado Bajo el signo de Fidel. Trata de las experiencias que compartió con Luis Margol en un viaje a Cuba. Estas vivencias le sirven a Chinchetru para reflexionar sobre las características de un Estado totalitario.

Uno de los asuntos que plantea el libro es el de la moral. Las normas morales son propias de una sociedad libre, o al menos en la que se permite una cierta autonomía a la voluntad. Hay un conjunto de normas que facilitan los intercambios, las interacciones pacíficas entre las personas. Puesto que en una sociedad no tribal tenemos que tratar con desconocidos, tenemos que formarnos alguna idea de cuál será su comportamiento. Necesitamos saber si el otro respetará a mi persona o mi propiedad, si mentirá, si cumplirá sus promesas, si pagará sus deudas… El comportamiento moral reduce estas incertidumbres y facilita la libre colaboración entre las personas.

Pero el Estado totalitario quiere sustituir ese entramado de relaciones voluntarias entre ciudadanos por miles, millones de relaciones personales… con el Estado. Las relaciones de cada individuo con los demás constituyen un estorbo para el Estado, que quiere tener un monopolio con cada persona. Es la atomización de la sociedad, que tan ajena es al ideario liberal, pero que es el objetivo último del totalitarismo. Privado de las solidaridades trabadas en las relaciones interpersonales, cada individuo sólo tiene un apoyo: el Estado, que es su proveedor, su salvador, al igual que su amo y su verdugo.

En la medida en que el Estado logre sustituir esos lazos solidarios entre las personas por la dependencia de cada uno de esos individuos hacia sí, habrá minado la moral de la sociedad. Primero, porque en esa relación atomizada de dependencia individual del Estado, la moral no cumple ninguna función. El régimen de Cuba sigue esa política y mina la moral de los cubamos.

La pobreza es un subproducto del socialismo. Pero se convierte también en un arma, pues si el pueblo se debate al borde de la supervivencia, si no puede mantenerse con los recursos propios, si un comportamiento laborioso, probo, austero, no es garantía de nada, las normas de la moral se tornan irrelevantes, cuando no inconvenientes.

La inmoralidad es también un instrumento en manos de Fidel y su camarilla, porque mina la persona. Si un padre se alegra porque ve en la llegada de un extranjero la oportunidad de prostituir a su hija, ¿tendrá la fuerza moral para enfrentarse al régimen? Los vicios privados, ¿no serán un argumento más para la represión? La dignidad personal es, como la propiedad, un bastión contra el poder.

Chinchetru ha sabido recoger esta situación en su libro, breve pero aleccionador. Gracias, Antonio.

Partitocracia

Conmovidos aún tras el indecente espectáculo del Congreso a la búlgara del Partido Popular, muchos se preguntan por qué ocurre eso, a santo de qué se forman semejantes circos, estériles y absurdos, pero que tanta expectación levantan. Y no es para menos. La opereta interpretada a una voz durante tres días por la derecha española, a modo de obsequio a sus votantes y a los que no son, es una representación a pequeña escala de la naturaleza misma del sistema de partidos, su código genético, su causa primera y su última consecuencia.

El Partido, que nació como asociación voluntaria de votantes que compartían ciertas opiniones y enfoques sobre las políticas públicas, ha terminado por convertirse en el pilar fundamental de cualquier país democrático. Hay diferencias, claro está. En los Estados Unidos, por ejemplo, los partidos no son tan monolíticos y poderosos como en Europa, pero son igualmente la columna vertebral del sistema y la razón de existir de los políticos, que batallan incansables por controlarlos antes de dar el salto y controlar a toda la sociedad, objetivo único y último de prácticamente todos los políticos del planeta. Alguna excepción hay que, por descontado, no dura mucho en un escenario donde el papel principal consiste quitar al otro para ponerse uno mismo.

Quien quiera mandar, imponernos su parecer y freírnos a leyes tiene que hacerse antes con el dominio sobre un partido, es una condición sine qua non. Y si pierde ese dominio las posibilidades de perder el poder son altas. De ahí que los navajazos más genuinos se den dentro de los partidos, lugar donde el político de raza llega a serlo gracias a que sobrevive a una severísima selección darwiniana. En este caldo de verdades absolutas, lealtades inquebrantables, traiciones al alba y maquiavelismo sin tasa los socialistas siempre se han movido con la mayor de las solturas. Es su ambiente. No por casualidad en los regímenes comunistas el Poder con mayúscula es siempre sinónimo de Partido, con mayúscula también y, por supuesto, único y verdadero.

Es en Cuba, Corea del Norte o la antigua Unión Soviética donde el Partido ha alcanzado su máxima expresión monopolizándolo todo, desde un ambicioso plan quinquenal hasta el telegrama más indescifrable con el que dos disidentes tratan de comunicarse. En Occidente, por el contrario, han aprendido a convivir repartiéndose el pastel del poder entre dos o tres, a lo sumo cuatro o cinco partidos hegemónicos que disponen a placer presentando listas de candidatos cuidadosamente elaboradas en el sancta sanctórum de la sede central. El trayecto que esa lista transformada en papeleta realiza de la sede a la urna –campaña electoral mediante– es, en esencia, lo que nos venden por democracia, es decir, poder del pueblo, que en realidad no pasa de apaño entre políticos dedicados full time al viejo arte de meterse en la vida del prójimo.

Nuevos tiempos, nuevos pastores

A lo largo del siglo XX hemos vivido el intento de suplantación de la Iglesia por el Estado. Las tareas tradicionalmente atribuibles a la Iglesia por ser la institución en cuyas manos Dios ha delegado parte de su labor de pastoreo fueron objeto del intrusismo "profesional" de los mandatarios y gobernantes.

Por ejemplo, el conocimiento era un don divino y por ello el alumno de las universidades medievales no pagaba por recibirlo. Ahora el Estado asegura una educación gratuita para todos. El matiz es que gratuito ahora significa cobrado anticipadamente vía impuestos. El cuidado de los enfermos, dar cobijo al que no tiene techo, vigilar la moral de los parroquianos… poco a poco esas funciones han sido usurpadas por el Estado que se ha convertido en el objeto de una nueva religión.

Y como sucede en la religión católica, muchos son los llamados pero pocos los elegidos. Sólo que en este caso todos son los llamados a pagar y pocos los elegidos para recibir. Tiene usted que pertenecer a una congregación (o lobby) cercana al poder del nuevo Papa (el gobernante de turno): jóvenes, mujeres, inmigrantes… en una palabra, potenciales votantes. Si es usted mayor de cuarenta, hombre, divorciado y no comulga con ruedas de molino, está usted fuera de juego. Esa es la nueva igualdad.

Pero esta situación ha ido evolucionando con el cambio de siglo. En primer lugar, en lugar de pretender configurarse como una nueva religión "a la antigua", nuestros gobernantes se han convertido en predicadores de película, a la americana. Obsérvense si no los mítines en grandes estadios, los mensajes al más puro estilo Warren Sánchez, el personaje de Les Luthiers. ¿Quién va a un mitin pensando que le van a decir la verdad? ¿Qué director de campaña, redactor de discursos, asesor de comunicación, pone su empeño en otra cosa que no sea la obtención de votos, financiación o ambas cosas? ¿Qué mayor logro que la captura de incautos votantes, a ser posible convencidos del mensaje?

De la misma manera que para un predicador de tres al cuarto, para conservar a los adeptos el mayor tiempo posible se imponen cada vez más conductas sectarias. Y me refiero a la definición amplia: un conjunto de tendencias internas subyacentes en todo grupo humano que gira alrededor de un concepto aglutinante y que tienden a provocar la separación y/o división del grupo "madre" generando subgrupos que tienden a aislarse de su contexto socio-cultural reivindicando la exclusividad de la verdad. Los partidos políticos en el poder cumplen las características definitorias de las sectas de acuerdo con la conclusión de la Jonhson Foundations Winspread Conference Center, reunida en 1985 en Racine (EE.UU.):

  1. La adscripción de personas totalmente dependientes de las ideas de un líder y de las doctrinas del grupo.
  2. Puede presentarse bajo la forma de identidad religiosa, asociación cultural, centro científico o grupo terapéutico.
  3. Utiliza las técnicas de control mental y persuasión coercitiva para que todos los miembros dependan de la dinámica del grupo y pierdan su estructura de pensamiento individual en favor de la idea colectiva y del grupo, creándose muchas veces un fenómeno de epidemia psíquica y un fenómeno de pensamiento colectivo, sin que tenga que ver la personalidad propia del individuo.

En el ámbito de los gobernantes del siglo XXI, cada vez más se prioriza el seguimiento del líder frente al objetivo principal: la política está al servicio del ciudadano, el líder es secundario. Y como sucede en estas religiones de masas, siempre surgen divisiones, nuevos líderes que cuestionan el status quo. Las soluciones pueden ser la escisión o la comunión. O se crea un nuevo partido que opta a imponerse o se integran a los discrepantes. ¿Les suena?

Sin embargo, y contra todo pronóstico, la cosa va a peor, y quienes detentan el poder estatal no solamente actúan como una secta multitudinaria como las descritas, sino que ahora predican doctrinas de autoayuda llevadas a la política. Las recetas de Zapatero para combatir la crisis parecen sacadas del best-seller Aprenda a gobernar mientras espera el ascensor (si no está escrito, alguien debería hacerlo). Las consignas ministeriales se parecen cada vez más a las páginas en las que gurús de pacotilla te enseñan todo tipo de tácticas para lo de siempre: "Diez trucos para acabar con la celulitis en diez minutos", "Como conservar la templanza cuando su jefe le toca las narices" o "Cómo pasar del sedentarismo a correr en cinco pasos". Los argumentos aportados son tan peregrinos como los títulos: diviértete mientras corres, cálmate para no enfadarte, bebe agua para que la piel esté hidratada…

De forma similar, nuestros renovados pastores nos ofrecen soluciones vacías, insultantemente vacías, para solucionar temas serios, y nos llevan a situaciones notoriamente peores a las iniciales. Incluso los candidatos a gobernantes muestran sus habilidades y montan congresos multitudinarios con líderes y disidentes, palabras huecas y tópicos al uso.

¿Por qué siguen saliendo elegidos entre aclamaciones y vítores? Bueno… para eso sirve la manipulación. Por más que parezca que el centro político está superpoblado, en realidad, en el centro no hay nada. Y como la nada no es nada, puede ser cualquier cosa.