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Etiqueta: Recursos energía y medio ambiente

Dejemos que el mercado del petróleo funcione

De todas las respuestas, la más curiosa es la que culpa a los especuladores. Si éstos pudiesen manejar el precio a su antojo, lo harían subir sin límite y tendrían una forma segura y fácil de ganar dinero. ¿Por qué no lo hacen, si son ellos los que suben los precios? Sencillamente, porque ellos no tienen esa capacidad. Intentan adelantarse a la evolución futura de los precios, ya sea al alza o a la baja. Son testigos de un teatro improvisado y en el que ellos no tienen más voz que los demás.

Todos los expertos coinciden. Los precios suben porque la demanda de petróleo es cada vez más intensa, y porque la oferta, a diferencia de lo que ha ocurrido otras veces, no sigue la estela de la demanda. Por eso estamos tan lejos del secular precio del barril a 20 dólares, y llegamos a ver cómo se compran y venden más allá de los 140 dólares.

Tony Hayward, consejero delegado de British Petroleum (BP), ha explicado recientemente en un artículo escrito para el Financial Times qué está ocurriendo con esa demanda y con esa oferta. La mayor parte del incremento de la demanda proviene de países que se están incorporando crecientemente a la globalización y con alto crecimiento, como India y China, pero en los que el precio del combustible está subsidiado, como recalca Hayward. No ocurre lo mismo en Estados Unidos y Europa. Aquí los consumidores se han adaptado a los precios más altos ajustando su consumo, y "se está comenzando a imponer la eficiencia energética".

Pero ¿Y la oferta? Está decayendo en muchas partes del mundo. La OPEP ha cerrado el grifo y en 2007 ha lanzado al mercado 350.000 barriles menos cada día. BP, como el resto de grandes compañías productoras, tiene el capital y el conocimiento suficientes para extraer más petróleo, pero el "nacionalismo de los recursos", es decir, el socialismo con tintes nacionalistas que conocemos bien en Europa, está restringiendo su entrada. "Los problemas para traer nuevo petróleo no están tanto bajo el suelo como sobre él, y no son geológicos, sino políticos".

La conclusión es evidente, y sólo podemos sumarnos a ella: deberíamos dejar que productores y consumidores adapten su comportamiento a las señales del mercado. "Los altos precios nos dicen que necesitamos más inversión en eficiencia energética, en nueva extracción, nuevas tecnologías y nuevas fuentes de energía." Pero para ello los gobiernos tienen que hacer su trabajo, eliminando todas las barreras al el mercado del petróleo.

Mientras, nos acordaremos del socialismo y del nacionalismo cuando llenemos el depósito.

Nunca es el momento

A semejanza de lo que había hecho el Partido Demócrata en los Estados Unidos, el PSOE se esforzaría por crear primero grupos sociales identificables y luego convertirse en la única opción de voto para ellos.

Esta estrategia tiene muchas ventajas. Para empezar, como explica Sowell, la izquierda entiende el mundo en términos de mascotas y culpables. Las mascotas son grupos siempre depositarios de la verdad, la justicia y la simpatía (minorías, pobres, países subdesarrollados…) y los otros (Iglesia, ricos, EEUU…) son siempre culpables, sean cuales fueren las circunstancias. Como tienen ya ese pobre esquema del mundo, incidir en él es jugar en campo propio.

La segunda ventaja importante es que con una política de identificación se saltan todas las normas de la lógica e incluso cualquier apelación a la realidad, por muy clara y tozuda que sea. “Si eres homosexual, tienes que votar al PSOE” o “si eres obrero, tienes que votar al PSOE” son los mensajes últimos. Y puesto que tu condición te acompaña sea cual fuere tu circunstancia, no hay discurso racional sobre lo que haga el partido socialista o el Gobierno que valga. Es como si el voto a los socialistas fuera parte del ser de las personas que pertenecen a este u otro grupo. Su último intento es con los inmigrantes, pero este gran asalto puede salirles rana.

Los socialistas tienen que ayudar a la gente a que descubran con qué se sienten identificados. Y para ello es necesario lanzar al debate cuestiones polémicas y que sirvan para situar a cada uno en el “nosotros” y “ellos” que a los socialistas les va a servir para ampliar su voto cautivo. Por eso ha sido tan importante, y tan exitoso, el matrimonio homosexual. Por eso se sacan de la manga cuestiones como la eutanasia, el aborto, la laicidad. Si han creado un nuevo think tank es precisamente para que haga la cobertura ideológica de esta estrategia.

Rajoy, que sigue sin enterarse, se indigna diciendo que los socialistas prefieren huir de los problemas verdaderos de los españoles. Y tiene razón. Pero no entiende que para combatir la estrategia del “y tú ¿de quién eres?” no basta con apelar a la realidad, a la racionalidad, porque consiste precisamente en superar a ambas. Para ello necesita un discurso alternativo cargado de ideas y valores. Y Rajoy lo ha dejado caer en Valencia.

Caros modelos

En un artículo del pasado marzo, John Tierney se preguntaba en el New York Times si realmente los críticos, es decir, los negadores de los negadores, pensaban que había más prebendas en la negación del cambio climático que en ir con la mayoría de quienes lo dan por cierto.

Aclaraba que no dudaba de la integridad o la competencia de los investigadores y de los grupos ecologistas que están embolsándose billones de dólares provenientes de diversas agencias gubernamentales, corporaciones o fundaciones privadas. No.

Pues bien, quieren más, muchos más dólares. Como señala el editorial de la revista Nature del 15 de mayo, ahora que el consenso es universal, los modeladores climáticos miran al futuro cercano, quieren desarrollar nuevos modelos que ayuden a diseñar políticas para la prevención o mitigación de los efectos del cambio climático. Efectos que, por cierto, se han previsto con la ayuda inestimable de modelos muy sensibles a los prejuicios de sus creadores.

Al término de la cumbre de cuatro días que mantuvieron en Reading, los científicos plantearon la necesidad de un proyecto para la predicción del clima de escala semejante al Proyecto Genoma Humano. Costaría algo más de un billón de dólares y podría traducirse en la creación de un nuevo centro de investigación mundial o, tal vez, global (sic), competencia para los centros ya existentes y, es de esperar, un motivo para el "desconsenso".

En fin. Richard Lindzen nos recordaba en 2007 que el principal argumento para la atribución del calentamiento reciente al incremento antropogénico del CO2 se debe al Centro Hadley (Gran Bretaña). Los investigadores asumían, lógicamente, que el modelo que habían desarrollado era correcto. Comprobaron que, considerando los efectos (forzamientos) de volcanes y de la variabilidad solar, podían replicar la temperatura global media observada desde 1880 hasta 1976. Sin embargo, dijeron, el incremento de dicha temperatura desde entonces, apenas unas décimas de grado, no se podría explicar sin añadir nuevos forzamientos que habría que atribuir al hombre y su CO2. Lindzen se preguntaba si era suficiente evidencia del forzamiento antropogénico el hecho de que un modelo no pudiera replicar un calentamiento de apenas unas décimas de grado. Un problema, nos decía, es que los modeladores, en general, no consideran que pueda existir una retroalimentación negativa, es algo que no aceptan entre las hipótesis sobre las que construyen sus modelos predictivos. Así limitan los resultados, los orientan y nos orientan.

Los modelos, los algoritmos, podrán mejorar gracias al mejor conocimiento de la ciencia y a la mayor potencia de cálculo, pero no creo que palabras como las de Jeffrey Sachs, al comienzo de la cumbre de Reading, ayuden a confiar en la naturaleza humana:

[Habría] mucho interés entre los políticos en invertir los millones de dólares necesarios si los científicos pudieran dar respuestas a preguntas fundamentales, tales como el suministro futuro de alimentos.

Antitrasvasista, pero muy de centro

Sus votantes levantinos, en cambio, han recibido la noticia con cierta prevención. No porque la chica sea mala persona ni mucho menos, de hecho parece más buena que el pan, sino por su particular forma de entender la solidaridad interterritorial en materia de recursos hídricos.

Cospedal, recordemos, fue la primera en estampar su firma en el nuevo estatuto de Castilla-La Mancha, que sitúa el límite de la vigencia del trasvase Tajo-Segura en el año 2015. Dentro de siete años escasos, gracias a la flamante secretaria general del PP, se acabó el trasvase, sean cuales sean las condiciones de los pantanos de la cabecera del Tajo, y sea como sea también de dramática la escasez de agua en las provincias de Almería, Murcia y Alicante.

Su visión de los grandes asuntos de estado en clave nacional es, digamos, algo peculiar. En realidad, y por lo que refiere al caso concreto del agua, su punto de vista no es distinto de los nacionalistas catalanes, pues si el trasvase Tajo-Segura tuviera que empezar a construirse ahora, Cospedal sería, sin duda, la primera en encabezar las manifestaciones oponiéndose a su realización.

En declaraciones a las agencias de noticias, la política manchega ha estrenado su cargo arremetiendo nuevamente contra el trasvase del Tajo. En su opinión es una obra que "tiene que desaparecer". Por su parte, la ponencia económica del congreso "titánico" del PP, afirma respecto al problema del agua la necesidad de "recuperar la planificación hidrológica y el carácter nacional del recurso, rompiendo la actual tendencia a su "territorialización". Pero no se preocupen, dice Mariló, que no hay ninguna contradicción. Es sólo un arcano más del centrismo renovador, cuyos efectos sociopolíticos se escapan al común de los mortales. Los centristas, en efecto, no tienen ningún problema en votar una ponencia que afirma el carácter nacional de los recursos hídricos y, al mismo tiempo, reclamar la desaparición de uno de los grandes proyectos vertebradores de la nación sólo porque los recursos naturales provienen de la región en la que se presentan a las elecciones.

La prueba del nueve de que la chica está en la onda del nuevo régimen, que convierte España en un conjunto de nacioncitas mal avenidas, la hemos tenido al día siguiente de su cooptación a la Secretaría General del PP: De la Vega está encantada con su nombramiento. Como Camps. Como Valcárcel. ¡Viva el centrismo! Y el que no tenga agua que se fastidie. Haber nacido más al norte.

Con las cosas de comer no se juega

Acabamos de asistir al nacimiento de otro indicador económico agregado, de los que tanto gustan a los economistas. Se trata del IPOD (nada que ver con el cacharrito de Apple), el Índice de Precios en Origen y Destino. Se nos presenta por cortesía de diversas organizaciones de consumidores (la UCE y la CEACCU) al alimón con los grupos que representan a agricultores y ganaderos (COAG).

¿Cuál es el propósito del recién nacido índice? Ni más ni menos que mostrarnos las diferencias que hay entre el precio que tienen determinados alimentos en origen, esto es, el que paga la cadena de distribución al agricultor o ganadero, y el precio en destino, o sea, el que el último distribuidor cobra al cliente final. Evidentemente, de forma directa, esta diferencia nos ilustrará sobre el margen de este precio final que retiene la cadena de distribución.

Como cabe esperar, habida cuenta de las partes interesadas en publicar esta información, la citada diferencia resulta ser escandalosa. Si bien los datos oficiales aún no están publicados, los referidos en la rueda de prensa hablaban de una diferencia media del 483% para los 25 alimentos controlados, siendo extremo el caso de los plátanos, que se pagan en origen a 12 céntimos/kilo y se venden a 1,83 Euros/kilo al consumidor.

Hasta aquí el estudio es perfectamente legítimo, y no deja de añadir transparencia al mercado. Es una forma barata mediante la que posibles emprendedores podrían encontrar nuevas oportunidades de negocio. La preocupación viene después, cuando, como también cabía esperar, las entidades elaboradoras instan al Gobierno a intervenir para que se acabe con la "abusiva especulación" que provoca la injusta formación de precios y de márgenes comerciales.

Y esto es una preocupación porque si, por azar o populismo, el Gobierno cayera en la trampa tendida (y a la que seguro que no faltarán voces que le empujen), entonces sí tendríamos un problema real y cierto: el desabastecimiento de los mercados de alimentos.

Tanto la historia como la teoría económica nos demuestran que si el Gobierno regula los precios o los márgenes de una determinada actividad comercial, provoca la escasez del bien regulado. Esto es fácilmente entendible: al precio que fija libremente el mercado, los productores están dispuestos a ofrecer sus bienes hasta equilibrar oferta y demanda. Pero en el momento en que dicho precio es inferior al de mercado, habrá más cantidad demandada de la que la oferta está dispuesta a proporcionar, por lo que se producirá desabastecimiento.

En la medida en que las actividades de distribución de alimentos están libres de injerencias de la regulación, los precios que se establecen entre cada actividad sucesiva son libres. Si el Gobierno interviene fijando margen, justiprecio o lo que se le ocurra, se reducirá la oferta en estas actividades, trasladándose esta merma por toda la cadena de distribución hasta el consumidor final.

Y sí, puede que el precio para éste sea menor, puede que se consiga reducir el "abusivo" margen comercial que el mercado ha fijado para la cadena de distribución, pero lo que es seguro es que la demanda quedará insatisfecha. Podremos comprar los plátanos más baratos… si los encontramos.

Por eso, hay que pedir un poco de responsabilidad a los grupos de interés que solicitan la intervención en la distribución de alimentos. Está muy bien que informen sobre las diferencias de precios de origen y destino, pero que no vayan más allá, por favor: con las cosas de comer no se juega.

La PAC, un virus que se transmuta

El alumbramiento de la PAC (1962), buque insignia de la Comunidad europea, vino con una tara inicial: los políticos quisieron proteger al agricultor y ganadero europeos de los fríos (y eficaces) brazos del mercado. Los primeros treinta años de la PAC fueron un verdadero despropósito interventor. Todos tenemos en mente los perniciosos efectos de las subvenciones directas a la producción, los precios de intervención, el barbecho impuesto, las cuotas a la producción, los subsidios a la exportación o los aranceles a la importación.

Las presiones fruto de las rondas del GATT (hoy OMC) y la perspectiva de la incorporación de nuevos miembros allanaron el camino de las diversas reformas de la PAC que se han ido sucediendo. Las más importantes –como la del comisario Ray Mc Sharry (1992), la Agenda 2000 (1999) o la última reforma de 2003 (que se empezó a aplicar en 2006)– han cambiado el modus operandi de la PAC, pero no su filosofía intervencionista.

De esta guisa, los sabios burócratas han eliminado (desacoplado) gradualmente casi todas las ayudas directas a la producción y las han sustituido por un pago único en forma de renta (por hectárea o por subvenciones medias históricas) independientemente de lo producido realmente. Asimismo, mediante el mecanismo denominado modulación, una parte significativa del presupuesto de la PAC se dirige ahora a planes de desarrollo rural.

Como se ve, pese a su lavado de cara, los empresarios agrícolas y ganaderos de Europa siguen rehenes de lo que los funcionarios decidan y proyecten para el campo. Cualquier desarrollo de la función empresarial, introducción de innovaciones o mejora de la competitividad en el sector será problemática. El virus sigue muy presente.

Recientemente la Comisión ha hecho un “chequeo médico” de la situación y ha propuesto nuevas reformas a los 27 Estados miembros, tales como mayores recortes en las ayudas directas todavía existentes, el aumento de la modulación, la supresión paulatina de las cuotas lecheras, el abandono del barbecho obligatorio del 10% de la superficie para el cultivo de cereales o la reducción de las subvenciones a los biocombustibles. Incluso la nueva comisaria del ramo nos ha lanzado recientemente sus “inefables” consejos para no comprar más comida de la debida (hay que tener la faz como el granito).

Por su parte, los diferentes lobbies agroganaderos se han movilizado de inmediato para pedir a sus políticos y al millar de funcionarios que gestionan la PAC que no se precipiten en dichas reformas. Toca a finales de este año la confección del presupuesto de la PAC para el 2013 y con los dineros “de uno” no se juega.

En un contexto actual de encarecimiento mundial de los productos alimenticios, la agricultura europea, además de haber distorsionado el mercado mundial durante décadas, se ha visto completamente impotente para acudir en ayuda efectiva de los más vulnerables (las rigideces de la PAC impiden a nuestros subsidiados productores crear excedentes puntuales). La mala conciencia aflora con propuestas de ayuda a los países afectados. No obstante el ministro francés del Agro, Michel Barnier ha superado a todos en hipocresía al decir, refiriéndose a la crisis alimentaria internacional, que lo que estamos presenciando en el mundo es una consecuencia de “demasiado liberalismo que fomenta la especulación”.

Triunfe o no la ronda de Doha, está claro que el agro-proteccionismo tradicional tiene sus días contados, pese a sus excepciones o prórrogas más o menos significativas. No obstante, la PAC se transmutará. Manejará sus fondos de otra forma. La nueva tendencia será que las ayudas vengan ahora “eco-condicionadas” para promover difusos proyectos (cofinanciados por los Estados) que cumplan con la prolija normativa europea de sostenibilidad medioambiental, salubridad alimenticia, protección de la biodiversidad, mejora en la gestión del agua, bienestar de los animales y lucha contra el cambio climático (ahí es nada).

El ignorar las señales del mercado durante casi medio siglo ha supuesto un condicionante empobrecedor y paralizante para muchos empresarios agrícolas y ganaderos que se han acostumbrado a mirar más al boletín oficial (europeo o nacional) que a las oportunidades de negocio, al consumidor final y, si me apuran, a la climatología. No parece que sea ésta la estrategia más adecuada ante un futuro de alza generalizada de precios de los alimentos.

Cuando se tiene un virus, lo deseable es destruirlo. Los objetivos señalados en el artículo 33,1 del Tratado de Roma se pueden conseguir mucho mejor mediante relaciones comerciales libres y voluntarias entre productores y consumidores, no mediante la planificación política de un bello jardín.

Miembros y miembras

Miren, si no, a Bibiana Aído, la ministra orwelliana del Gobierno, que ha agradecido su compromiso con la igualdad a “los miembros y miembras del Congreso”. Se habían perdido en la memoria los “jóvenes y jóvenas” de la diputada Carmen Romero, “y griega” de nuestro “x”, Cicerón en negativo, que interrumpió el silencio más largo y minucioso de la democracia para darle una patada a la gramática de la que no se ha repuesto.

Pero ¿qué hay más propio del socialismo de la ESO que una miembra? El profesor de Educación para la Ciudadanía explicará que los géneros son roles sociales impuestos por una sociedad patriarcal, completamente aleatorios y arbitrarios. Y el de lengua, si es que esa asignatura no sufre el hachazo que el PSOE le ha propinado a la de Filosofía, se verá obligado a recordar acendradas y eficaces normas de nuestro idioma. Como que no hay que confundir el género y el sexo. O que hay más de dos géneros en español, que al masculino y al femenino le acompañan el neutro, el común, el epiceno y el ambiguo. Que hay palabras que no tienen la suerte de tener género determinado y están a la espera de que se lo otorgue un oportuno artículo, como ocurre con muchas profesiones. Vamos, que con hablar de los “miembros del Congreso” le hubiese bastado a la ministra para referirse a todos ellos, sin distinción de sexo.

Pero como el socialismo es también la lucha contra el mérito, han privado de ese tributo a las mujeres del Gobierno y las han convertido en cuotas, un nuevo éxito de Zapatero contra el machismo, del que la Aído es su máximo ejemplo. ¿Qué más propio que una ministra que no sabe ni hablar y que todo lo hace en nombre de la igualdad?

La Aído se ha puesto a violentar el español como si la Aído estuviese cumpliendo un capricho de ERC contra nuestra lengua. Pero no ha querido llevar su desafuero con todas sus consecuencias contra toda palabra privada de género propio. Jóvenes y jóvenas, miembros y miembras, jueces y juezas. Pero, ¿por qué no hablar de periodistos y periodistas, economistos y economistas, analistos y analistas?

Sí. Esa es la revolución pendiente; la última lucha del socialismo español contra nuestra lengua. ¡Ánimo, Aído!

Inseguridad alimentaria

Desde luego, el problema de la inseguridad alimentaria es político. Lo ha dicho Jacques Diouf, Director General la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en la apertura de la Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial que se ha celebrado en Roma.

Se trata del reconocimiento de un error y, claro, la demanda de una solución. El problema se complica extraordinariamente cuando, como señaló Josep Borrell en su intervención, recordamos que la Unión Europea y el resto de países participantes persiguen como mínimo un doble objetivo: "alimentar a un 50% más de seres humanos y reducir un 50% las emisiones de CO2 de aquí a 2050". Es decir, el ubicuo cambio climático, la lucha contra un riesgo incierto, será el lastre con el que habrán de diseñarse las soluciones al problema real de la subida de los precios de los alimentos básicos y su desabastecimiento. Y dado que los principales responsables del incremento antropogénico del CO2 son los países desarrollados, en justicia, "la justicia del carbono", serán éstos los que financien mayoritariamente su solución. Pero no es la única falta para la que debieran hacer penitencia, y es que los países desarrollados, con la Unión Europea y Estados Unidos a la cabeza, gracias a la constante presión de grupos ecologistas, han acumulado un despropósito político-agroalimentario tras otro.

Así, en los años 80 del siglo pasado, los gobiernos de la Europa occidental prácticamente prohibieron el suministro de fertilizantes a África, mientras que el Banco Mundial y fundaciones como la Ford abortaron la mayoría de sus proyectos en el continente, frustrando así el desarrollo de una versión africana de la Revolución Verde. Como dice Paul Collier, desgraciadamente, la agricultura comercial de gran escala no es algo romántico, es decir, no es sostenible según los parámetros ecoestéticos de moda en Occidente. Una moda que los países desarrollados se pueden permitir pero que en África ha significado el estancamiento, cuando no el retroceso, de su agricultura comercial en favor de una producción más humana, poco competitiva y con una productividad que se ve aún más amenazada por el incremento de los precios de los fertilizantes. Una moda que ha llevado a los gobiernos africanos a desestimar el cultivo de transgénicos, dado que la Unión Europea, tan progresista para otras cosas, ha prohibido la importación y exportación de productos genéticamente modificados. Proteccionismo con coartada ecologista, la imposición de una "moral" paternalista y retrógrada de la que los países más pobres son las principales víctimas.

Eso por no hablar de los 100 millones de toneladas de cereales, alimento para 450 millones de personas al año, que se transformarán en biocombustible con un coste adicional de hasta 12.000 millones de dólares en subsidios. Y es que el presunto cambio climático, las políticas para paliar sus efectos apocalípticos y otras lindezas ecologetas son una amenaza real a la productividad del sector primario, ya que detraen tiempo e ingentes recursos económicos que podrían destinarse a la investigación productiva o a la mejora de las infraestructuras.

Pero no todo es culpa de los países desarrollados; el proteccionismo de los países más pobres es una causa muy importante de la subida de los precios de productos como el arroz. Tyler Cowen nos cuenta que pese al incremento estimado de la producción, que según la FAO alcanzará este año el 1,8%, se espera que el comercio internacional se reduzca un 3% el año próximo en países productores como India, Indonesia, Vietnam o China.

Eso sí, nada comparable, denuncia Diouf, a la "contradicción básica" que se observa en "que en 2006 los países de la OCDE hayan provocado la distorsión de los mercados mundiales con 372.000 millones de dólares de subvenciones a sus agriculturas".

Tiene razón el director general de la FAO: "Se trata de una cuestión de prioridades ante las necesidades humanas más esenciales." Lástima que la asignación de los recursos en este tablero dependa de las decisiones que adopten los gobiernos.

El retorno del hambre

Antes que nada conviene aclarar qué es el Euribor, para no cometer errores como los que comete nuestro presidente del Gobierno. Como ya hemos explicado en alguna ocasión, la causa última de la actual crisis económica es esa mala práctica bancaria consistente en endeudarse a corto plazo y prestar a largo.

Veamos un ejemplo: un ciudadano abre un depósito a la vista en el banco y éste lo presta en forma de crédito hipotecario. En teoría, mediante el depósito a la vista el banco comercial garantiza al cliente la total e inmediata disponibilidad de sus fondos. Pero ¿cómo es posible que el banco garantice unos fondos que en última instancia se han utilizado para comprar una vivienda? Aquí entra (torpemente) en juego lo que se llama gestión de tesorería: el banco cree que no todos sus clientes acudirán en tropel a retirar sus fondos, así que bastará con poder atender a quienes sí lo hagan. Para ello, guarda en caja un pequeño porcentaje (alrededor del 2%) de los fondos que sus clientes le han confiado (coeficiente de caja). Con este diminuto saldo, los bancos confían en poder atender a sus clientes.

Ahora bien, en ocasiones habrá bancos que tendrán más reservas de las que necesiten y bancos con poco dinero en la caja. Para corregir estos desajustes surgen los mercados interbancarios, donde los bancos se prestan dinero entre sí. El tipo de interés medio de los préstamos en euros entre los bancos europeos es el Euribor.

Cuando el BCE modifica sus tipos de intervención (actualmente en el 4%), lo que trata de hacer es influir en el Euribor. Y es que si los bancos pueden pedir prestado más cantidad de dinero y a un mejor precio del BCE, es previsible que también se presten más dinero y a un mejor precio entre sí. Normalmente, esto es lo que sucede. Cuando no se espera que el BCE suba o baje tipos (como ahora), los bancos comerciales se prestan dinero entre sí a un tipo de interés (Euribor) ligeramente superior al tipo de intervención del BCE.

Sin embargo, a partir del mes de agosto se ha producido un fenómeno extraño para algunos. El Euribor se ha distanciado mucho del tipo de intervención del BCE. Por ejemplo, en mayo de 2004, momento en que los tipos del BCE estaban estabilizados en el 2%, el Euribor a 12 meses alcanzó el 2,3% (un 14% por encima del 2%). Hoy, con los tipos estabilizados en el 4%, el Euribor a 12 meses se sitúa en el 5% (un 25% por encima del 4%) y creciendo.

La explicación más común a este fenómeno es que las altas tasas de inflación eliminan cualquier margen del BCE para que reduzca sus tipos de intervención y, por tanto, los bancos comerciales se tienen que prestar a tipos altos. Sin embargo, esto no explica por qué se está produciendo una ampliación entre el Euribor y el tipo de intervención del BCE. Ampliación que, por cierto, no se circunscribe al ámbito europeo. En EEUU, el Libor (el equivalente a nuestro Euribor) a 12 meses se sitúa en alrededor del 3%, frente a los tipos de intervención de la Reserva Federal, en el 2% (un 50% más), y en Inglaterra en el 6%, frente a unos tipos de intervención del 5% (un 20% más).

¿Por qué los bancos no se prestan dinero entre sí, cuando se pueden endeudar en sus bancos centrales a tipos más reducidos? La respuesta es doble: por un lado, la mayoría está haciendo acopio de liquidez para afrontar las contingencias futuras (como el previsible aumento de la morosidad de sus préstamos); por otro, no se fían unos de otros. Existe la posibilidad de que, si un banco presta dinero a otro, no llegue a recuperarlo (debido a los activos basura que poseen); de ahí que el Euribor y el Libor recojan una gran prima de riesgo con respecto a los tipos de intervención.

Si el Euribor sigue subiendo, la carga financiera que soportarán las familias españolas aumentará, lo que, junto con el creciente desempleo, disparará la morosidad y pondrá en graves dificultades a las entidades bancarias. Es la temida dinámica del credit crunch o de la contracción crediticia, que tantos quieren evitar.

La cuestión es qué puede hacerse para detenerla. Los intervencionistas monetarios están clamando por que el BCE reduzca los tipos de interés y, así, el Euribor baje. El problema es que una reducción drástica de los tipos de intervención provocará una fuerte depreciación del euro frente al dólar y al resto de materias primas. Dicho de otra manera, el petróleo y los alimentos subirán mucho más de precio. Y es que si en un año el precio en dólares del petróleo ha aumentado casi un 100%, en euros sólo lo ha hecho un 60%. Si el euro se deprecia (y una política monetaria expansiva del BCE es una garantía de depreciación), los costes de las empresas y los precios de los bienes de consumo se dispararán.

¿Resultado? Las empresas reducirán sus márgenes de beneficio, lo que hara subir aún más el paro, y las familias verán disminuir su renta disponible como consecuencia del desempleo y del encarecimiento de los productos básicos. Al final, lo que se ahorrarán en cuota de hipotecas lo perderán, corregido y aumentado, por otro lado.

Y es que, como decía el mejor economista del siglo XX, Ludwig von Mises, "no hay manera de evitar el colapso de un boom artificial generado por la expansión crediticia". "La única alternativa es si la crisis debe presentarse más pronto (como resultado del abandono voluntario de la expansión crediticia) o más tarde (como resultado del derrumbe total del sistema monetario)".

Sería bueno que los intervencionistas dejaran la política monetaria en paz y se centraran en atacar la auténtica causa del problema: la insuficiencia de ahorros para respaldar el enorme monto de deuda vivo y la existencia de una organización monetaria corrupta de principio a fin. Para lo primero el camino es muy claro: reducir el peso del Estado y mejorar la tributación del ahorro (plusvalías, reinversión empresarial…); para lo segundo, la solución se conoce de sobra, pero los estatistas fanáticos se niegan a reconocerla: regresar al patrón oro.

Pero mira que son pesados

Vaya por delante que a mí los coches deportivos me parecen una horterada (excepto los Ferrari) y los todo-terreno para conducir en ciudad una cosa incomodísima, pero a nadie en su sano juicio se le ocurriría insultar a sus propietarios por ejercer su derecho a gastarse su dinero en el coche que les plazca. A los ecologistas sí.

No basta con que los impuestos que gravan la adquisición de un coche penalicen al alza a quien osa comprar un vehículo de gran cilindrada. Ahora también tendrá que soportar las broncas callejeras de los calentólogos, empeñados en salvar al mundo aunque para eso haya que abofetear a algún conductor insolidario.

Del jet privado de Al Gore, en cambio, no tienen nada que opinar, y eso que el asustaviejas por antonomasia lo utiliza hasta para ir a la farmacia de la esquina a comprar su dosis mensual de botox. Como escuché decir a uno de sus fieles, a Él se lo perdonamos porque está luchando por salvar a la humanidad. Son las prebendas lógicas del líder de cualquier secta. En unas el gurú se acuesta con las jovencitas adeptas y en esta de la calentología el macho alfa contamina más que dos millones de fieles juntos, pero como lo hacen por la salvación del mundo no sólo se les recrimina su actitud sino que encima se lo agradecen.

Los ecologistas de la rama calentóloga, preponderante dentro del movimiento a escala mundial, se han constituido en "árbitros del clima". No lo digo yo, lo dicen ellos. Y añaden, para los más despistados, que su poder interventor emana de "la autoridad moral que confiere la salud de las personas y las desastrosas consecuencias del cambio climático".

Supongo que cuando no queden conductores que amonestar se dedicarán a disparar a las vacas, cuyas deposiciones expulsan a la atmósfera toneladas de metano, un gas mucho más peligroso que el ingenuo CO2. De hecho una vaca contamina al año lo mismo que un coche que recorra diez mil kilómetros. Tengan cuidado los ganaderos si ven a parecer por la alquería algún grupúsculo de cuarentones con trenzas rastafari y camisetas alternativas. Después de la epidemia de las vacas locas probablemente empiece la de las vacas insolidarias, a las que habrá que sacrificar aunque los propietarios se queden sin sustento. Todo sea por cuidar el planeta. Y la chequera de Al Gore.