Mauricio Macri frena la incorporación de Argentina al auge de las aerolíneas ‘low cost’
Macri mantiene en el sector del transporte aéreo el proteccionismo kirchnerista.
Macri mantiene en el sector del transporte aéreo el proteccionismo kirchnerista.
Hubiera sido mucho peor si nos hubiéramos lanzado a la entelequia de gasto y déficit que proponen algunos.
Vivimos en esta situación dos tragedias: la de los comunes y la de la nefasta gestión pública.
¿La clave de su éxito? Menores impuestos y mayor liberalización que en el resto de la Eurozona.
Tenemos otra campaña feminista en marcha. Naturalmente, no se presenta como tal. El feminismo moderno es tan descaradamente sexista, mentiroso y manipulador que sus cruzadas deben esconderse bajo la apariencia de defender algo en los que todos estemos de acuerdo. Como a una víctima real de malos tratos teniendo que arriesgar su vida y su futuro por el bien de sus hijos. Con un marido italiano ya condenado en 2009, del que tuvo que huir el año pasado por su bien y el de su prole. ¿Cómo no simpatizar con esta compatriota, y no con un extranjero que ni siquiera es presunto? Lo malo es que, por lo que realmente sabemos, igualmente podría tratarse de una aprovechada –por no decir algo más fuerte– que está empleando las injustas leyes españolas para dejar a unos hijos sin padre.
Juana Rivas y Francesco Arcuri llevaban juntos cuatro años y tenían un hijo. En 2009 la granadina sufrió una lesión leve en la mano y lo denunció por ello. Él asegura que fue una pelea y que intentaba evitar que le rompiera sus cosas. Después de aquella condena, sin juicio, por conformidad de un marido aconsejado por un abogado que conocía demasiado bien cómo son las leyes y tribunales de excepción que nos hemos dado, volvieron a vivir juntos y en 2014 tuvieron otro hijo. Ya no vivían en la Granada de ella, sino en la Italia de él. Hasta que en mayo de 2016 se llevó a los niños a pasar unas vacaciones en España que se transformaron en una estancia definitiva. Una vez aquí volvió a denunciarle por maltrato. Él la denunció por secuestro. Ella ha desaparecido con los hijos, protegida por “redes feministas clandestinas”.
Estos datos desnudos pueden encajarse en dos historias completamente distintas. Una, la que se nos ha vendido, es la de una madre coraje que está dispuesta a ir a la cárcel por secuestrar a sus hijos con tal de que no tengan que convivir ni un segundo con un padre violento y maltratador. Otra, la de una mujer que cuando se ha hartado de la convivencia conyugal ha tirado por la calle de en medio, tanto la primera vez, cuando lo denunció para volver con él poco después, como ahora, cuando se ha llevado a sus hijos.
No está en mi mano saber cuál es la historia que mejor refleja lo que ha pasado entre Juana y Francesco durante los últimos doce años. Pero tampoco en la de quienes se han abalanzado sobre el caso para hacer propaganda política, entre ellos el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tan proclive por otra parte a refugiarse en la presunción de inocencia cuando los presuntos delitos caían más cerca de casa. Nadie salvo los implicados sabe cuál es la verdad, y es obvio que ninguno de los dos va a renunciar a sus hijos e ir a la cárcel voluntariamente, así que es posible que nunca la sepamos.
Al final, lo que se persigue con la publicidad que se está dando a este caso es muy evidente. Que un señor al que denuncien por maltrato no pueda volver a ver a sus hijos jamás. “Que no vuelva a ocurrir que un padre condenado en firme por malos tratos pueda tener luego el disfrute de sus hijos en cualquiera de los formatos posibles”, ha dicho Carmen Calvo, exministra y encargada de la cosa feminista en el PSOE. Los adalides de la reinserción han encontrado su kriptonita no en los terroristas o los violadores de niños, sino en un italiano condenado a tres meses que nunca ingresó en prisión. Terminará pasando que cada vez más hombres opten por alejarse del riesgo cada vez mayor que supone tener una familia, como ya está sucediendo en Estados Unidos, y entonces llegará el llanto y el rechinar de dientes. Al menos en la gente normal. El feminismo moderno nunca ha querido otra cosa.
You’re the reason I’m travelling on, don’t think twice, it’s all right” Bob Dylan
Mucho se discute estos días sobre la calidad del empleo y la recuperación, y poco sobre el desastre que causaron las políticas equivocadas, que nos quieren vender como “soluciones”.
La EPA del segundo trimestre de 2017 nos muestra que España está creando mejor empleo que el que perdió. España lleva 41 meses creando empleo indefinido y el 91% del empleo recuperado es a tiempo completo. El empleo ha crecido en 503.600 personas en el sector privado en los últimos doce meses y 512.300 personas en total.
La economía se expande por encima del 3,2% anualizado y España se sitúa como líder en crecimiento y el segundo país de la Eurozona en creación de empleo indefinido.
Hay muchos elementos importantes en esta EPA. La tasa de paro juvenil ha caído siete puntos y se sitúa a niveles no vistos desde mediados de 2009. En el último año, los parados de larga duración han descendido en 426.100 personas, una caída del 19,8%.
Se ha tardado seis años en recuperar el destrozo en el mercado laboralcreado por las políticas equivocadas, y la sangría de empleo imparable que situaba a España como una campeona mundial de destrucción de empleo entre 2007 y 2011.
¿Y a qué quieren “volver”?
Para los “redistribuidores de la nada” que han descubierto la temporalidad y el paro juvenil en 2012, siempre conviene recordar que la temporalidad llegó a casi el 34% en 2007 en medio de la burbuja y hoy está en el 25%, y que el desempleo juvenil ya era cercano al 20% en 2007 y se multiplicó entre ese año y 2011, cerrando en un 48,5%.
Lo hemos explicado en varias ocasiones. Volver a la rigidez laboral de los 80 y 90 no solo no reduce la temporalidad, sino que ataca el empleo y aumenta la precariedad.
Entre 1977 y 1985, con los sindicatos al mando del mercado laboral, el desempleo se disparó al 21,6% y estuvo 11 trimestres por encima del 20%. Algunos lo achacan todo a la moneda única. Falso. Antes de la entrada en el euro, el paro estuvo 20 trimestres por encima del 20% y llegó al 24,5%.
Recordemos que el número de ocupados se desplomó en 348.700 personas solamente en el cuarto trimestre de 2011, se destruían más de 100.000 empleos al mes, con una destrucción de empleo indefinido de 104.200 y 246.000 temporales. La tasa de temporalidad bajaba al 24,98%… Por la destrucción masiva de empleo. Un éxito, reducir la temporalidad mandando gente al paro. Hoy, a pesar de una tasa de temporalidad que aún es alta, ni un 3% de los contratos son de menos de tres meses.
Cuando los mismos que llevan gestionando durante más de tres décadas comunidades autónomas con un paro medio del 25%, y 22 años España con un paro medio del 18%, nos dicen que tienen la solución para crear empleo, o se la han guardado para fastidiar o simplemente es falso.
El problema del mercado laboral español es complejo, pero es una absoluta falacia decir que la reforma laboral es la creadora de la temporalidad, precariedad o de los salarios. Los salarios reales están subiendo. Y el problema del paro, la precariedad o la temporalidad no se va a solucionar ignorando al 90% de las empresas, las PYMEs, para mantener estructuras de negociación obsoletas con una patronal y sindicatos que están muy lejos de las empresas y de los trabajadores.
En el debate político y económico del paro se le da voz a los partidos, y a unos agentes sociales con representación más que mínima, pero hay que escuchar a los que crean empleo, a la inmensa mayoría de las empresas y a los autónomos.
Lo que es una demostración del error garrafal de nuestro mercado laboral es que una enorme mayoría del parlamento quiera mantener a toda costa rigideces que atacan a la contratación, que hacen caro y burocrático contratar y una fiscalidad devoradora que lleva a que las empresas pequeñas y medianas solo tengan una manera de afrontar los cambios de ciclo, cerrando y despidiendo.
No, los evidentes retos de nuestro mercado laboral no se van a afrontar repitiendo los errores del pasado.
¿Hacia dónde hay que ir?
Hay que reconocer el tejido empresarial español, que son 90% PYMEs, y de ellas, 57% microempresas, dejarlas respirar, permitir que ganen tamaño y se fortalezcan para que el empleo sea mucho más sostenible. Debemos apoyar programas de participación en el capital entre trabajadores y empresarios para que la identidad de objetivos a la hora de conseguir que las empresas sobrevivan, se fortalezcan y mejoren en una crisis sea mayor. No demonizando a las grandes empresas hasta que no queden. España necesita muchas más grandes empresas, y urgentemente.
Debemos reconocer el éxito de esta EPA sin olvidar los retos. España es un país que, con una legislación laboral flexible y segura, como las de los países líderes, con menos trabas burocráticas y una fiscalidad orientada al crecimiento, creará muchos más empleos y saldrá de los errores del pasado. Pero no podemos hacer a los trabajadores sufrir los destrozos generados desde perspectivas obsoletas. La mayor política social es crear empleo, y los salarios crecen cuando pongamos como objetivo aumentar la productividad y acabar con los escollos a la contratación.
No se va a conseguir subvencionando a los improductivos subiéndole impuestos a los productivos. Ni, desde luego, creyendo que los que destruyeron millones de puestos de trabajo o los que no han creado uno en su vida, van a tener la solución mágica del empleo.
Para ser líderes en empleo de calidad, no necesitamos políticos con ideas mágicas, sino avanzar en lo que está funcionando. Crecer más, atraer inversión. Necesitamos que dejen a las empresas respirar y a los trabajadores desarrollarse y formarse.No queremos volver a ver una EPA donde se aplauda que se destruye menos empleo que en el mes anterior. No queremos volver a ver una EPA donde nos digan que se destruyen cientos de miles de puestos de trabajo mensuales, eso sí, con mucha dignidad.
No vamos a tener tasas de empleo alemanas con legislación griega.
En La Sexta parece que vivimos en Burundi, con millones de niños en riesgo de pobreza y el auge de la ultraderecha como principal problema nacional.
Sería tramposo e injusto negar la buena salud que exhibe el mercado laboral español.
Es la competencia la que nos salva a los individuos europeos de los efectos de la actuación arbitraria de nuestras autoridades de Competencia.
Las entidades de gestión de derechos son uno de los grupos de presión más influyentes en la Unión Europea.