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Etiqueta: Ronald Reagan

Lo que Elon Musk puede aprender de Ronald Reagan

Por Matthew Bowles. El artículo Lo que Elon Musk puede aprender de Ronald Reagan fue publicado originalmente en CapX.

Desde su toma de posesión como presidente de Estados Unidos, Donald Trump no ha perdido el tiempo en alterar el orden del día. En cuestión de días, la ayuda federal se había pausado para garantizar que el gasto se ajustaba a la agenda de la administración. Otras medidas incluyen la congelación de la contratación de empleados federales y la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental, también conocido por sus siglas, DOGE.

Estas políticas son increíblemente populares entre la base de Trump; sin embargo, no hace falta ser un partidario de Trump para ver los argumentos a favor del recorte de gastos. En 2024, Estados Unidos registró un déficit de 1,8 billones de dólares, lo que contribuyó a una deuda nacional de más de 36 billones de dólares. Según Elon Musk, el magnate de la tecnología contratado para dirigir DOGE, esto incluye un potencial de 50.000 millones de dólares al año de pagos fraudulentos de derechos dentro del Departamento del Tesoro.

En el Reino Unido, muchos comentaristas de la derecha se han apresurado a apoyar estas medidas debido a la creencia de que una revisión radical del Estado resolverá el malestar económico observado desde la crisis financiera de 2007-2008.

Recorta despacio, que tengo prisa

Aunque está claro que es necesario un enfoque diferente, actuar demasiado rápido sin tener en cuenta todas las implicaciones no conducirá a resultados positivos. Una mirada retrospectiva a la carrera política de Ronald Reagan puede resultar instructiva como ejemplo de cómo los planes ambiciosos pueden prometer mucho pero cumplir poco.

Como Gobernador de California, Reagan creó un organismo privado financiado y dotado de personal, la Encuesta del Gobernador sobre Eficiencia y Control de Costes. Las recomendaciones se basaban en prestar los servicios públicos «de la forma más eficaz, rápida y económica». En este punto, Reagan había completado su viaje de autodenominado «New Dealer» a ardiente republicano, decidido a intentar reducir el tamaño del gobierno.

Un resultado indeseado

Sin embargo, los resultados de la reducción del gasto fueron desiguales. Un caso paradigmático fue la Ley Lanterman-Petris-Short, que abolía la hospitalización involuntaria salvo en casos extremos. A principios de la década de 1970, casi todos los enfermos mentales de California eran retirados de los hospitales estatales, con pocas probabilidades de volver al hospital si el paciente recaía.

Estos pacientes acabaron en residencias para enfermos mentales propiedad de cadenas con ánimo de lucro y agrupadas en zonas urbanas degradadas. California fue el primer estado en registrar un aumento del número de personas sin hogar y un incremento del encarcelamiento y la delincuencia como consecuencia directa de la desinstitucionalización. Este es un factor importante que contribuye a la crisis de personas sin hogar a la que se enfrenta California hoy en día.

Más adelante, Reagan también intentó un recorte de gastos similar, pero a escala nacional. Pero a escala nacional. Poco después de convertirse en Presidente, Reagan anunció su plan de recortes fiscales y de gastos. Se creó entonces la Comisión Grace, un organismo del sector privado centrado en la reforma de la burocracia federal y el control del gasto. Se ha comparado con el grupo consultivo de nueva creación, el DOGE. La Comisión Grace presentó más de 2.500 recomendaciones durante sus dos años de mandato, pero sólo el 27% de ellas podían aplicarse por la autoridad presidencial. El 73% restante requería la intervención del Congreso.

El DOGE

Es probable que el DOGE se enfrente a problemas similares. Los juristas se han apresurado a señalar que ni la Constitución ni la legislación estadounidense permiten que el ejecutivo actúe en solitario para anular lo que el Congreso ha autorizado y financiado.

Durante la presidencia de Reagan, el gobierno federal creció mucho. El empleo federal total aumentó en unos 400.000 puestos de trabajo. El déficit casi se duplicó, pasando de 79.000 millones de dólares a 155.000 millones, debido en parte a que el gasto público también casi se duplicó, pasando de 599.000 millones de dólares a algo menos de 1,1 billones.

La misión del DOGE, recortar el gasto federal, sólo puede lograrse recortando los gastos de seguridad social, defensa, Medicaid o Medicare. El gasto fuera de estas cuatro «grandes partidas» no ha sido inferior en porcentaje del PIB desde hace más de 40 años. Los ejemplos de «despilfarro y fraude» son un mero escaparate y no producirán los resultados esperados.

Abordar la regulación puede ser una forma mucho más fructífera de revitalizar la economía estadounidense. El ejecutivo tiene poder para cambiar gran parte de esta situación. Aunque la idea de reducir el tamaño del Gobierno es loable, la presidencia de Trump debe tener cuidado de no prometer demasiado y aprender de los errores del pasado.

Los héroes del capitalismo: Ronald Reagan

Siempre he escuchado eso de que al capitalismo le faltan héroes, mártires, iconos. Si bien es cierto, se nota la ausencia de un símbolo, un “Che” capitalista, una “Revolución libertaria” y, en definitiva, algo que dentro de las representaciones sociales fuera relativamente fácil de identificar con los valores que muchos defendemos. A priori me viene a la cabeza Apple y su distinguida manzana como el summum del sistema, pero, aun así, no es suficiente.

Lo que vengo a proponer en resumidas cuentas es empezar a “empoderarnos” y “construir” a nuestros propios héroes. El lector atento verá que estoy utilizando los galimatías de algunos ladinos zurdos que intentan embaucar al personal mediante el lenguaje. Como puede apreciarse, veo con buenos ojos resignificar algunos términos.

En general, la derecha occidental se ha conformado estas últimas décadas con la órbita de la economía, un poco en la línea del homo oeconomicus neoclásico que Mises desechó en su libro Epistemological Problems of Economics (1933), proponiendo el homo agens en contraposición con la “utility theory” basada en el supuesto comportamiento lógico y racional de los agentes económicos. Mises aceptaba la figura del homo oeconomicus encarnada en el empresario (Mises, 2003, pág. 191), no así para el resto de consumidores. Después Thaler, Kahneman y Tversky (entre otros) acabaron rematando la faena.

Sea como fuere, la persona que vengo a proponer como héroe del capitalismo es nada más y nada menos que el Sr. Ronald Wilson Reagan. Por ende, absténganse de leer este artículo los puretas ideológicos, puesto que se trata de un caso con muchas contradicciones. Como versa el proverbio San Juan 8,7 “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra él[1]”. Llegados a este punto, para no alargarnos más de lo necesario, me comprometo a escribir otro artículo hablando exclusivamente del espectro económico y de lo que supuso el “Reaganomics” en las acaballas de la Guerra Fría, pero en este, lo que busco es el ámbito cultural del “fenómeno Reagan”.

Es importante mencionar que se trata de un presidente que para bien o para mal está en el Panteón de la Historia Política Americana y puede equipararse a personajes de la talla de Thomas Jefferson, Lincoln, Roosevelt, o al menos así lo postula el historiador Sean Wilentz en la introducción de su libro “The age of Reagan, a history 1974-2008”. A pesar de los honores, también asevera que “the average performance rating” durante sus mandatos estuvo a la par del de Lyndon Johnson, Clinton y muy lejos de Roosevelt o Kennedy (Wilentz, 2008, pág. 278).

En cualquier caso, haciendo campaña por B. Goldwater en 1964, Reagan pronunció uno de sus discursos más célebres “A time for choosing[2]” en el cual decía cosas como: The Founding Fathers knew a government can’t control the economy without controlling people. And they knew when a government sets out to do that, it must use force and coercion to achieve its purpose. So we have come to a time for choosing. Ciertamente, el elocuente y perspicaz discurso no tuvo el impacto esperado y una semana después, Goldwater fue destruido políticamente por L. Johnson, pero Reagan poco tiempo después, acabó ganando unos comicios estatales por casi un millón de votos a su rival demócrata en California, Pat Brown (Cannon, 2008, pág. 10).

Entonces, ¿por qué habría que reivindicar más a Reagan e incluso, hacer de él un estandarte del capitalismo? En primer lugar: la izquierda siempre lo menospreció, fue sistemáticamente caricaturizado como un burdo actor venido a menos que no tenía ni un ápice de intelectual. Clark Clifford (consejero del Partido Demócrata) describiendo a Dutch lo consideró como un “amiable dunce”, otros como George Nash (un referente en la historiografía del conservadurismo) en su libro “The Conservative Intellectual Movement in America Since 1945” (1976), excluyó a Reagan por considerarlo un activista político, ergo no un intelectual.

El historiador David T. Byrne propone que Reagan produjo un cambio radical en el mundo, con ideas que a mi juicio son simples y asequibles para la inmensa mayoría, básicamente: extendió la libertad a una esfera internacional para aniquilar al comunismo, especialmente en Europa Oriental y ayudó a deshacer los gigantescos estados surgidos después de la II Guerra Mundial. Byrne añade que las concepciones de libertad para Reagan provenían de los pensadores ilustrados (Byrne, 2018, págs. 12-15).

Obviamente esto era y es una herejía para la intelligentsia, por ejemplo, Hobsbawn calificó a Reagan de ser un idealista ingenuo (con sus palabras, “simple-minded idealism”) rodeado de ideólogos fanáticos (Hobsbawm, 1994, pág. 250). A pesar de la mala fama entre los intelectuales (de izquierda), otro historiador, Gil Troy, afirma que Dutch disfrutaba siendo infravalorado. Pocos conocen que se graduó en Economía (ciertamente no fue un alumno que destacara), y que estuvo cautivado por personajes de la talla de Buckley o Hayek, especialmente por su Road to serfdom (Troy, 2009, págs. 1-19). Sea como fuere, para algunos sectores de la izquierda de ningún modo Reagan podía ser un intelectual.

Un segundo motivo: ganó la partida política y económica al comunismo, uno de sus motto fue el célebre Make America Great Again que Trump volvió a poner en boga. Su filosofía de vida, su humor, su irradiante carisma, su enfrentamiento directo con el comunismo soviético y con sus derivados colectivistas occidentales hacen de él, un incono. Fue uno de los artífices más visibles de la caída del Muro de la Vergüenza, de la posterior desaparición de la URSS (a pesar que ya estaba Bush padre en el poder en el momento de eclosión). Por ende, para construir hegemonía Reagan me parece una pieza central y un estandarte del capitalismo.

El problema a mi juicio, es que, una vez cayó el Muro se demostró la superioridad de un modelo económico por encima del otro, pero, los “vencedores”, dejaron a los “vencidos” el terreno de la cultura, especialmente el de las universidades. Harto contentos de haber ganado la batalla económica descuidaron una que actualmente es igual de importante, la cultural, y lo que se está viendo es que, quien controla esta esfera, puede controlar la otra. Se dejaron las universidades, los grandes debates, la televisión, el entretenimiento, en manos de sectores “progresistas”, que, por cierto, ya no se atrevían a calificarse como “comunistas”, la derecha en cambio, creyó que con saber gestionar algo mejor la res publica, ya bastaba.

Para concluir, me gustaría mencionar una cuestión que quizás pueda ser inocua. Cuando uno busca héroes de izquierda en formato póster, tazas, bustos y demás, los encuentra por doquier. Animo al lector a que haga la prueba: búsquese en Amazon “busto Marx”. Va a encontrar una amalgama de productos interesantes. Ahora, haga lo propio con “busto Adam Smith”, también puede probar a buscar “símbolos comunistas” y “símbolos capitalistas”.  Esto a priori demuestra que los greedy capitalists se ve que no compran tantos objetos relativos a sus posicionamientos económicos (ni construyen su identidad sobre ellos), cosa positiva, pero también demuestra la incapacidad de este sector de construir sus propios héroes; craso error.

Bibliografía

Byrne, D. T. (2018). Ronald Reagan: An Intellectual Biography. Nebraska: Potomac Books.

Cannon, L. (2008). President Reagan. The role of a lifetime. New York: PublicAffairs.

Hobsbawm, E. (1994). The Ages of Extremes: The Short Twentieh Century, 1914-1991. Londres: Abacus.

Mises, L. v. (2003). Epistemological Problems of Economics. Alabama: Ludwig von Mises Institute.

Troy, G. (2009). The Reagan Revolution. Great Britain: Oxford University Press .

Wilentz, S. (2008). The Age of Reagan: A History, 1974-2008. United States: HarperCollins.


[1] En el proverbio es “ella” en referencia a la mujer adultera y su lapidación, que finalmente, no se produjo.

 La influencia de dicho discurso fue notable, el historiador H.W. Brands en su reciente biografía sobre el presidente (Reagan. The life, 2015), llama a la parte III “A time for Choosing”.