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Etiqueta: Socialismo

Obituario del prominente economista húngaro Janos Kornai

János Kornai nació en 1928, en un siglo de cambios y sangrientas revueltas trágicas. Su tierra natal, Hungría, fue un lugar especialmente peligroso durante el siglo XX; entre otras cosas, cayó bajo los dos regímenes totalitarios del momento: nazismo y comunismo.

La vida personal de Kornai también fue moldeada por este siglo. Su padre fue víctima del Holocausto y él mismo fue asignado a un cuerpo de trabajo especial del ejército húngaro, para el que los judíos eran reclutados como fuerzas suplementarias destinadas prácticamente a perecer por el trabajo de riesgo que tenían que asumir y el vejatorio tratamiento que recibían.

Kornai, sin embargo, tuvo la suerte de sobrevivir a la guerra. Para él, la llegada de las tropas soviéticas significó literalmente la liberación. No es de extrañar que el joven Kornai, cuyo destino era la muerte prácticamente segura, se convirtiera en comunista, una conversión fuertemente influenciada por la lectura de Das Kapital en 1947.

Como periodista, llegó a trabajar para el periódico del Partido Comunista Húngaro. Sin embargo, uno de los juicios del espectáculo de la era estalinista le abrió los ojos y provocó un cambió en su trayectoria de vida. Kornai, el antiguo y devoto periodista comunista, se distanció cada vez más del régimen. Se convirtió en partidario de las reformas y optó por la carrera académica de economista en 1955. Participó en la revuelta de 1956 y, tras la sangrienta reimposición del comunismo por parte de las tropas rusas, abandonó sus creencias marxistas. No obstante, el reinstalado régimen dirigido por János Kádár, se había distanciado cada vez más de las prácticas abiertamente represivas del período estalinista. Así, en esta nueva era, Kornai pudo continuar con su trabajo académico. 

Al comienzo de su carrera como investigador, criticó la excesiva centralización de la planificación estatal y abogó por una economía socialista más descentralizada que imitara al mercado. En la era de reformas del régimen de Kádár, desde finales de los años cincuenta hasta principios de los sesenta y en adelante, su trabajo académico también contribuyó a las cautelosas, limitadas y selectivas reformas de mercado y a la liberalización del régimen. El llamado socialismo gulash llevó prosperidad a la nación en comparación con el período estalinista. Pero Kornai era muy consciente de las contradicciones internas y de los problemas profundamente arraigados de la economía socialista en los llamados “cuarteles más felices del campo soviético”, nombre con el que se designaba a Hungría en los años setenta.

En la década de los ochenta, se convirtió en uno de los críticos modernos más importantes del socialismo en ese momento. Su obra pionera, La economía de la escasez, argumentaba que existen razones internas profundamente arraigadas que causan problemas inevitables e irresolubles en el sistema socialista. Sus análisis de las disfunciones sistémicas del socialismo son un elemento básico para aquellos que realmente quieren saber por qué la utopía socialista de Marx es inoperante y antihumana. Los constructos teóricos que desarrolló para el análisis y la comparación de los sistemas ideales del socialismo y el capitalismo, tales como la economía de la escasez y superávit y la restricción presupuestaria blanda y dura, proporcionaron un importante punto de partida y un marco teórico para futuras investigaciones. 

A lo largo de su dilatada carrera académica, Kornai llegó a tener una visión muy cercana a la posición que desarrolló la Escuela Austriaca de Economía sobre el socialismo. Al mismo tiempo, se convirtió en uno de los más grandes pensadores a favor del mercado de nuestro tiempo. A pesar de tener un punto de vista muy parecido, Kornai nunca se consideró a sí mismo miembro de la Escuela Austria, aunque admitió su deuda intelectual con Mises, Hayek, Kirzner y especialmente con Schumpeter.

El principal punto de concomitancia entre Kornai y la escuela austriaca estaba en que figuras clave, como Eugen von Böhm-Bawerk y Ludwig von Mises habían asumido el desafío de criticar el marxismo y la utopía marxista del socialismo en el cambio de siglo y a principios de los años veinte. Demostraron que el trabajo científico de Marx tenía contradicciones insuperables y que el socialismo estaba destinado a conducir al fracaso. Además, los miembros de la Escuela Austriaca contrastaron los beneficios de una economía de mercado con los problemas inherentes a la visión utópica marxista del socialismo. Argumentaron con más fuerza entre las escuelas económicas que el capitalismo es un sistema económico dinámico, y este dinamismo es la clave del progreso humano. Además, los austriacos fueron los economistas que más fuertemente argumentaron que la causa del dinamismo del capitalismo es la propiedad privada, el espíritu empresarial y la competencia. De hecho, uno de los últimos libros importantes de Kornai se titula Dinamismo, rivalidad y economía de excedentes, cuyo tema principal es la comparación del socialismo (economía estatal planificada) y el capitalismo (economía de mercado), es decir, la economía de la escasez y el superávit.

El socialismo produce escasez, el capitalismo produce superavit. La razón básica de esta diferencia, según Kornai, es que no hay oportunidad ni espacio para la innovación en el socialismo a menos que el estado de planificación centralizada lo considere importante para algún propósito político. Por tanto, no hay lugar para emprendedores, cuya función es aplicar las invenciones de forma innovadora. En contraste, la característica más importante del capitalismo es que le da al empresario la libertad de realizar inventos y satisfacer la demanda de los consumidores.

El argumento de Kornai es, en general, el mismo que la posición de la Escuela Austriaca de Economía. Una de las principales diferencias es el método de investigación entre los austriacos y Kornai. Menger, el padre fundador de la escuela austriaca, estableció por primera vez que el objetivo de la teoría económica es descubrir los vínculos de causa y efecto en la vida económica. Kornai, usando el lenguaje contemporáneo del pensamiento económico positivista, llegó a la misma posición que Menger y Mises, quienes usaron un lenguaje teórico, que ahora se considera anticuado por la literatura dominante. Kornai primero descubre los hechos económicos, luego los analiza y finalmente, busca identificar las relaciones causales. Al final, llega básicamente a las mismas posiciones que Menger: la vida económica es dinámica, el motor del dinamismo es la invención humana y el espíritu empresarial y existen vínculos de causa y efecto que dan forma al comportamiento humano.

Kornai habría merecido el Premio Nobel de Economía. Qué lástima que, con su muerte, el Comité del Premio Nobel perdiera la oportunidad de reconocer su enorme contribución al desarrollo teórico de la economía.

Es aún más doloroso que con su muerte se haya visto privado de la oportunidad de educar a las nuevas generaciones de economistas, a lectores laicos interesados e incluso a los políticos. Como Kornai dice en el libro citado, es una pena porque el ciudadano, los académicos y los políticos de nuestro tiempo no reconocen los beneficios del capitalismo, sino que apoyan las políticas económicas que promueven el intervencionismo estatal. Tal y como aprendió Kornai a través de su propia experiencia personal, un sistema económico capitalista no solo mejora drásticamente la calidad de vida de los ciudadanos, sino que además es una condición necesaria para el sustento de la democracia.

Catolicismo, protestantismo, comunismo, capitalismo

En las redes circulan ‘opiniones’ identificando al catolicismo con el socialismo y marxism0 y al protestantismo con el capitalismo. La raíz de este planteamiento dicotómico representada en la imagen es frívola y falsa. Un atrevimiento. A mí me entristece. Aunque puede haber de todo en ‘las viñas’. En ambos contextos religiosos, en su perspectiva más material y social, ha habido y hay un gran caudal de pensamiento y de personas directamente contrario/as, y ponen reparos, al socialismo y al marxismo. Y no es igual, no es así respecto al capitalismo. Respecto a ésta forma de sistema socio económico la posición es más favorable o menor la entidad de los reparos.

Los Papas se han pronunciado respecto al liberalismo, capitalismo y al socialismo y comunismo. Ambos sistemas reciben sus reparos, aunque no es el mismo.

El socialismo y el comunismo real recibe la condena con Pio XI en 1931, en QA (117, 120), pero mucho antes ya el papa Pio IX en 1849 en (Nn 17) y en 1846 (QP), antes de que Marx sacara su manifiesto comunista en 1948, había advertido respecto estos sistemas. El socialismo y el comunismo real tienen muy serios reparos porque son un sistema ideológico contrario a la revelación cristiana, es decir, como sistema ideológico se trata de una concepción de cómo tendría que funcionar la humanidad e intentan llevarlo a la realidad imponiéndolo, quitando la libertad. Pues priva a la persona de su libertad en “beneficio” de la colectividad e imponiéndole la renuncia a toda aspiración a la trascendencia, la encierra en una perspectiva terrena y dirigida. ¿Se sostiene el ‘beneficio” colectivo privando a la persona de su libertad? Pues creo que no, ni eso, ni el beneficio individual, ni el colectivo. No existió, no existe ni existirá “el paraíso terrenal” comunista prometido por Marx. Su profecía se ha revelado falsa por ser un sistema insostenible y empobrecedor ya a corto y medio plazo, aunque por la fuerza haya sido mantenido en el tiempo con sus nefastas consecuencias medibles.

Respecto al capitalismo y la economía de mercado la iglesia hace una distinción. El papa Juan Pablo II en (CA 42b) dice: “Si por capitalismo se entiende el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva… Pero si por capitalismo se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa.” Mi impresión valorativa sigue la relación entre libertad, justicia, economía y política. La justicia debe cuidar a la libertad y la economía debe cuidar de la correcta política. Aunque a veces se descuidan.

Por otro lado, apreciamos cuando leemos a los primeros ‘economistas’, incluso anteriores a A. Smith, de la Escuela de Salamanca, como el historiador sacerdote Juan de Mariana (1536-1624), o al mismo A. Smith que escribió ‘la teoría de los sentimientos morales’ además de ‘la riqueza de las naciones’, cuando leemos a Mises en la Acción Humana, cuando leemos a León XIII en la RN, tratando `la cuestión social` no argumentan en términos de pugna mutua (lucha de clases), sino mediante la interdependencia entre agentes libres y distintos, con objetivos distintos, sujetos a restricciones endógenas y exógenas de manera que van actuando y van, vamos, tomando decisiones en búsqueda de acuerdos que se plasman en intercambios voluntarios, no impuestos.

En el marxismo las decisiones en cantidades y precios no las determinan las interacciones voluntarias entre personas libres buscando optimizar sus objetivos. Los objetivos los definen desde la imposición planificada centralmente desde lo público, en planes anuales o quinquenales, … Un trágala atroz. La persona es un factor, como persona, individuo, libre e integral no existe, su función es la de factor de producción. ‘El hombre queda reducido así a una serie de relaciones sociales, desapareciendo el concepto de persona como sujeto autónomo de decisión moral’ (CA, 13), S. Juan Pablo II.

Por otro lado, en el socialismo, aunque no haya planificación central, existe una multitud de intervenciones gubernamentales en los mercados. Estas intervenciones intentan o pretenden mejoras sociales estableciendo precios máximos o precios mínimos, regulando salarios, los precios de la energía, de materias primas, los tipos de interés, dando subvenciones a diversas industrias o grupos sociales, recargos o bonificaciones fiscales, etc.; así como recurriendo de forma permanente, con ávida adicción, al déficit público, lo que normalmente conlleva un crecimiento continuo de la deuda pública.

Estas políticas y reacciones de los agentes, sean tomadas por católicos o por protestantes, normalmente generan ineficiencias plasmadas en una menor actividad socio económica, aumentan el paro y reducen la riqueza.

La causa primigenia de ello no son las creencias religiosas, ciertamente coincidente con sus matices entre ambas lecturas dentro del cristianismo. Es la pretensión de fijar los precios de los bienes de manera discrecional por los gobiernos y la reacción espontánea de los agentes económicos a estas medidas.

Éste es el punto, muchos políticos y no políticos afirman que lo que hace falta es “voluntad política”, que con voluntad política “sí se puede”, y con estos eslóganes logran seducir a muchas personas. Los ‘fallos del Estado’ suelen ser mucho más graves que los ‘fallos de mercado’.

Ciertamente el sector público cobró mucho protagonismo tras la crisis de demanda que siguió al crack de 1929. En dicha crisis muchos creyeron ver la constatación del fin del “modo de producción” capitalista profetizado por Marx. Pero este fin no se produjo. Siguiendo la “orientación” de JM Keynes, el sector público ha cobrado con el tiempo un protagonismo tremendo, no sólo por su actividad legislativa en materia económica sino por su implicación directa en la producción de bienes y servicios y la cuantía del gasto. Aquella crisis de demanda fue resuelta en una economía en la que el sector público tenía un peso raquítico en comparación con el privado. En una crisis de esta clase se podría entender el tirón desde el sector público, pero el margen de maniobra de este sector merma por “asfixia” conforme crece su proporción en el PIB, porque la financiación del mismo puede “apabullar” y “sofocar” al sector privado, que es la fuente de financiación de todo lo público. Esto lo sabemos desde la economía, pero desde la política pueden intentar ignorar esta restricción apelando a la “voluntad política” y a los bolsillos y patrimonios ajenos. Todos somos conscientes de la cada vez menor laxitud de las restricciones derivadas de la escasez de recursos financieros, nos percatamos por la evolución de las primas de riesgo de la deuda soberana acumulada, que ya alcanza un 120% del PIB anual. Resultado derivado de la crisis de confianza en las instituciones financieras.

Bajo el capitalismo y el mercado, de bienes y servicios, de trabajo, de activos financieros (dinero, bonos y divisas), ¿es verdad que las cosas fluyen de mejor manera? Desde luego el mercado como mecanismo de asignación de recursos, como mecanismo de búsqueda de los acuerdos de intercambio voluntario entre personas libres, es la mejor de las garantías entre los experimentos llevados a cabo. Si yo tuviera responsabilidades políticas y le dijera una mañana a mi esposa: ¡lo tengo decidido, voy a fijar los precios y las cantidades de todos los bienes, servicios y factores! Su respuesta sería, con toda firmeza, ¡’loco, tú hoy no sales a la calle’! Las posibilidades de los mercados son indudablemente superiores a las asignaciones a dedo por colas o por racionamiento, aunque siempre hay que estar pendientes por si se producen conflictos entre los objetivos de libertad y justicia y las “leyes” de la economía y la política. Tenemos que estar atentos, como indica la encíclica de Juan Pablo II (CA 42b), en el cuidado de “un sólido contexto jurídico al servicio de la libertad humana integral…”

En esta clase de conflictos tienen un protagonismo especial las connivencias entre empresas y gobiernos, entre los que dirigen las grandes empresas y los políticos en connivencia, sobre todo cuando se trata de empresas con ‘poder de mercado’. En el arte de la economía y la política no debe haber margen para la ingenuidad. Y en la imagen que aparece al principio de este artículo hay mucha ingenuidad y estupidez con doblez de intención. Se necesita una gestión en la que cada quien tenga el arte y la sensibilidad de ver ‘la belleza’ del otro. No en vano, el otro para el otro soy yo. Y la verdad es que reconozco, como indiqué, que si la justicia cuida de la libertad y la economía cuida de la política  las cosas marchan mejor.

En un debate me indicó un conocido, “estoy muy de acuerdo con usted. Pero cuando el papa era Juan Pablo II creo que nadie osaría poner ese símbolo de la imagen, Francisco y su discurso, ese es el problema… que usa terminología de izquierda para hablar de temas económicos y políticos…”. 

En un debate me indicó un conocido, “estoy muy de acuerdo con usted. Pero cuando el papa era Juan Pablo II creo que nadie osaría poner ese símbolo de la imagen, Francisco y su discurso, ese es el problema… que usa terminología de izquierda para hablar de temas económicos y políticos…”. 

La osadía siempre aparecerá en alguien por lo que diga o deje de decir cualquier papa. La verdad es que, como dije a principio, la imagen me entristece por su falsedad y perversidad. Pero tranquilos por eso. A Juan Pablo II también le criticaron cuando estaba en su puesto, por su posición ante el aborto y la eutanasia, y muchos comunistas y socialistas occidentales por su posición contra el comunismo por él experimentado, por su teología del cuerpo, por sus puntualizaciones sobre el capitalismo, por su oposición a la “ideología de género” … Así y todo, con su capacidad de convocatoria y seducción, cautivó a los jóvenes y a los mayores por igual.

Los papas y el cristianismo tratan los asuntos materiales y espirituales que nos mueven en nuestro interior como personas libres, sin perder el sentido de la trascendencia (el cielo) y sin pretender imponer sus creencias a nadie. ‘Dios es un caballero’ y su Iglesia podrá proponer, podrá sugerir, pero nunca, nunca imponer. Cuando se ha pretendido imponer algo inapropiado y se ha hecho desde la religión, ello ha sido causa de daños por los cuales los papas Juan Pablo II y Francisco han tenido el coraje de pedir públicamente perdón. El fallo en la gestión humana nos acompaña siempre. Nos caemos y nos levantamos.

El mundo cristiano, católico o protestante, Occidente, tiene sus raíces en las tradiciones judeocristiana y grecorromana. Pero es verdad que, estando atentos a todo, muchas veces en Occidente también se bebe y se vive “como si Dios no existiera,” “en el ardiente afán de novedades.” sin ser de izquierdas; o bien, se bebe y se vive así mismo de los postconceptos surgidos del ‘marxismo cultural’ tras la caída del muro de Berlín en 1989. Algunos, quizá muchos, desenfocan el análisis y quieren escuchar en Francisco cosas que el Papa dice mirando ‘al cielo’ y pisando el suelo. Si a Francisco se le escucha sin mirar ‘al cielo’ puede no entendérsele y ello es normal y debe aceptarse. Las interpretaciones son múltiples y la confusión aumentan el ruido. Es lo que hay. Los papas hablan no solo a los católicos, muchas veces se indica en sus textos que van dirigidos a las personas de buena voluntad. Pero ¿quiénes son estas personas? Para mí son todos los humanos.

Normalmente, la gente no se levanta por la mañana decidida a hacerse o a hacer daño, a menos que padezca algún trastorno mental. Pero, eso sí, los economistas, juristas y políticos cristianos tenemos una responsabilidad compartida y debemos apoyar al papa en su permanente ejercicio de discernimiento. Muchas conversaciones sobre ello he tenido con profesores, especialmente menciono aquí las que he tenido con mi querido compañero de departamento de la ULL el Dr. Eduardo Martínez Budria y con mi maestro de la UVA el Dr. José Miguel Sánchez Molinero.

Los cristianos, católicos y protestantes, con sus debilidades y fortalezas, tratan el compartir, la caridad, la ‘caritas’, a distintos niveles y siempre voluntariamente, nunca imponiéndola, ejerciéndola con discernimiento en libertad. Siempre sujetos a las restricciones exógenas vigentes (restricciones fiscales, monetarias, etc.); y también, por otro lado, a las restricciones propias de cada cual, las que cada quién se marque a sí mismo en su libre ejercicio solidario, con sus propios recursos económicos, con su bolsillo y patrimonio, no con el ajeno. Y en cada nivel de ejercicio de la caridad, el cristiano está llamado a realizarse, a ejecutarse de tal modo que ‘no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha y/o viceversa’.

Los papas apelan a esto, a despertar y avivar esta conciencia que libera y engrandece a quien la practica con alegría y explicitan el premio anunciado: ‘recibirás el ciento por uno’, eso sí con persecución. Estos creo son los puntos que fundamentan la posición de los papas: 1) El anuncio de la Buena Noticia, esto es, la predicación del Evangelio. 2) La libertad religiosa, es decir, la no imposición de la Fe a nadie. 3) La caridad con los recursos propios de cada uno, alentando la sensibilidad plasmada en el principio de ‘preferencia por los pobres’. 4) El principio que inspira toda la doctrina social de la Iglesia, resaltado por Juan Pablo II en su encíclica Laborem excersens; a saber, “La prioridad del trabajo sobre el capital y la exigencia de que el capital y los instrumentos de producción estén siempre al servicio del trabajo y del hombre,” lo cual conlleva el respeto a la dignidad humana por encima de todo.  Y 5) ‘Dejar a Dios ser Dios’, esto es, dejar que Dios cumpla sus planes con respecto a cada uno de nosotros, aunque nosotros no podamos entenderlos. Mi opción es el discernimiento en cada momento con los pies en el suelo y mirando, con mucha Esperanza, “al Cielo”. Ánimo y a Servir.

I. Economías planificadas: El caso cubano

He querido enfocar mi primer artículo en el IJM hacia la economía planificada, aquella por la que a lo largo del s.XX se justificaron (y se justifican) ad nauseam todo tipo de fines independientemente de las laceraciones y estragos que tal modelo pudiera conllevar. Así pues, antes de empezar hay explicar qué es la planificación central. Se trata de uno de los sistemas económicos imperantes a lo largo y ancho del globo durante el s.XX, del cual aún hoy quedan vestigios. Basada en establecer bajo criterios estatales la asignación de X recursos teniendo in mente el consumo actual y la inversión futura, así pues, el gobierno dice qué producir, en qué cantidad, cómo distribuirlo, para quién, etc. En definitiva, el mercado deja de ser la mejor forma de asignar recursos y estos pasan a estar subordinados a los designios de los burócratas de turno, lo que conocemos bien mediante la aserción “hayekiana” de la fatal arrogancia.

Puesto el punto de partida, hace unos meses leí el paper “Measuring the role of the 1959 revolution on Cuba’s economic performance” (2018), de los economistas Hugo Jales, Thomas H. Kang, Guilherme Stein y Felipe García Ribeiro. Su metodología está impregnada de estadística y de modelos matemáticos, pero el punto fuerte de la pesquisa (y a la vez su debilidad) es precisamente su carácter hipotético y el uso de controladores sintéticos con los cuales se crean países ficticios para hacer comparativas de cómo hubiera sido Cuba sin la Revolución de 1959 (ceteris paribus en el contexto internacional).

Grosso modo, el objetivo era medir el papel de la Revolución en términos económicos siguiendo un hilo histórico de cómo se llegó a ese punto. Se dejan al margen costes sociales, principalmente la represión del régimen, y la pregunta que impregna la investigación es: ¿qué hubiera sucedido sin este hecho histórico? En primer lugar, se menciona que Cuba tenía una economía bastante desarrollada en su contexto antes que la hoz y el martillo se instaurasen manu militari. Se enfatizan cosas como: el bagaje económico de la isla desde la segunda mitad del s.XIX, que antes de 1959 sus índices de desarrollo eran superiores a los del sur de Europa, el hecho que fueron el primer país de América Latina en tener un sistema de ferrocarriles (con el primer tranvía), etc.

Todo eso se truncó mediante los procesos de colectivización, propaganda, expropiación de todo tipo de empresas (especialmente petroleras y americanas), planificación estatal, partido único, represión ideológica, élite extractiva alrededor de la familia dominante, poca diversificación de los productos para exportar (cosa que a lo largo de su historia había sido la tónica dominante), ínfima innovación tecnológica, rol soviético en las ayudas a la isla con la venta de petróleo a precios muy por debajo del valor de mercado y compras de azúcar a precios muy por encima del valor de mercado. De esta forma, Cuba estaba generosamente subsidiada por el Bloque Comunista y, por ende, 1991 fue su annus horribilis.

El fin de la URSS provocó la desaparición del sustento básico de la economía cubana la cual acabó en una profunda crisis y tuvo que optar por introducir elementos promercado para paliar el cataclismo económico que se estaba produciendo. Es importante decir que estas medidas se tomaron con mucha reticencia por parte del gobierno el cual nunca quiso facilitar la obertura económica de la isla. Justo en ese fatídico año para el socialismo real, Estados Unidos reforzó su Embargo (Nota Bene: no es un Bloqueo, como sigue insistiendo la propaganda castrista) mediante leyes aprobadas por el Congreso Americano (especialmente la Torricelli Act, 1992 y Helms-Burton Act, 1996).

Sea como fuere, uno de los puntos cardinales del paper es el intento de crear un análisis de Cuba con y sin la Revolución mediante la elaboración de un PIB hipotético. Como es lógico, es imposible saber con exactitud el crecimiento y desarrollo de países con tanta opacidad, por lo tanto, el modus operandi de los investigadores está muy enfocado al estudio de las exportaciones de la isla. Uno de los temas que impregna el estudio es, sobre todo, el efecto de las políticas de los EEUU respecto a Cuba, especialmente con el polémico Embargo. Al hacer diversas estimaciones macroeconómicas, se concluye lo siguiente, “we do not observe a particularly large effect in 1962, the year when the USA strengthened its embargo against Cuba […], the contemporaneous effect of the embargo on Cuba’s GDP is small” (Jales, Hyeono Kang, Stein, & Garcia Ribeiro, 2018, pág. 13).

Hay que tener en cuenta que faltan datos oficiales, sin estos, difícilmente se pueden hacer estudios en profundidad sobre la amalgama de medidores económicos que pueden encontrarse en un país. Tanto es así que el profesor Giovanni A. Cornia, en un estudio sobre la desigualdad en América Latina dice lo siguiente sobre Cuba (dedicándole un escueto pie de página), “Due to data limitations we do not include this country in the analysis” (Cornia, 2014, pág. 335). No sólo los economistas padecen de este mal respecto a Cuba, sino que los historiadores también, por ejemplo, Silvio Pons pone a la misma altura a Cuba y Corea del Norte en cuanto a estados aislados que suponen un reto para el investigador (Pons, 2014, pág. 11).

Podría concluirse que el impacto de la Revolución hizo que Cuba divergiera de la tendencia histórico-económica que había tenido hasta el momento. El movimiento nacionalista encabezado por Castro supuso un shock a todos los niveles. Sin duda, el punto cúlmine del artículo es la desaparición de la URSS, la búsqueda de nuevas políticas económicas muy enfocadas al exterior (como el turismo) y en nuevos partners internacionales. El rol soviético fue sustituido por el de Venezuela con la llegada de Chávez. En definitiva, Cuba continuará siendo un foco de debate y polémica por todo lo que per se implica y las sensibilidades que atrae.

Sepa el lector que los experimentos de ingeniería social tienen costes imperecederos, al menos para unas cuantas generaciones, en este caso, de cubanos. Para los demagogos con ínfulas utopísticas recuérdenles que no se puede jugar a ser Dios. Como afirmaba Bruno Leoni en su libro Il pensiero político moderno e contemporáneo “la direzione di una società socialista non è concepibile senza una limitazione sostanziale della libertà degli individui, ad opera di un ristretto numero di individui, che in quella società assumono la funzione di direttori” (Leoni, 2008, págs. 185-186), ergo, si quieren socialismo, prepárense para la dictadura.

Bibliografía

Cornia, G. A. (2014). Falling Inequality in Latin America. Oxford: Oxford University Press.

Jales, H., Hyeono Kang, T., Stein, G., & Garcia Ribeiro, F. (2018). Measuring the role of the 1959 revolution on Cuba’s economic performance. World Economy , 1-39.

Leoni, B. (2008). Il pensiero político moderno e contemporáneo . Macerata: Liberilibri.

Pons, S. (2014). The Global Revolution: A History of International Communism, 1917-1991. Oxford: Oxford University Press.

El Mar Negro (II): el impacto soviético

Uno de los principales problemas que suelen afectar a los ecosistemas, o al menos uno de los más publicitados, es la proliferación de especies invasoras. Hay que decir que este argumento es un poco tramposo, pues da la sensación de que los sistemas ecológicos son cerrados, aislados de otros, que las especies que los habitan son eternas y únicas y apenas sufren variaciones en su calidad genética, en la cantidad de individuos y especies distintas que los componen, y que las condiciones se mantienen para siempre. Los ecosistemas son sistemas dinámicos que tienen sus propios mecanismos de defensa y adaptación y que cambian con el tiempo, soportando desde luego la invasión de especies, de modo que una multitud de pequeños cambios a lo largo del tiempo termina dando lugar a uno lo suficientemente profundo como para considerar que estamos ante un nuevo ecosistema. Es cierto que, antes del hombre, estas invasiones eran posiblemente más pausadas y el ecosistema tenía más tiempo para adaptarse a los cambios. El ser humano, como especie dentro del ecosistema global que forma la Tierra, ha creado e introducido en ella la tecnología que le permite hacer mucho más rápidos los intercambios de materiales, energía o información, además de cambiar las condiciones del entorno para su comodidad[1] y esto, obviamente, termina impactando sobre los ecosistemas, más acostumbrados a cambios más suaves y prolongados en el tiempo.

En los años 80 apareció en el Mar Negro una nueva especie, la Mnemiopsis leidyi, un cetanóforo (una especie de medusa) proveniente de la costa americana del Atlántico. Esta especie invasora, que también arraigó en toda Europa y en la parte occidental de Asia y que seguramente se introdujo de manera accidental en buques mercantes provenientes de Estados Unidos, se alimenta de zooplancton -en el que se incluyen las larvas de pescado y crustáceos-, así como de otras medusas. Al ser hermafrodita, es capaz de fecundarse a sí mismo, por lo que su proliferación no está condicionada a la aparición de otro espécimen de género contrario. Además, en su nuevo entorno del Mar Negro no tenía ninguna especie que lo depredara, por lo que su población se disparó sin apenas problemas, alimentándose del zooplancton que en unos pocos años empezó a escasear, afectando a las especies que sí dependen de él, entre ellas, algunas de las especies que se pescaban y que fueron escaseando.

Sin embargo, siendo la situación preocupante, hubo un elemento que vino a alterar aún más el estado del Mar Negro durante los años 80: la ineficacia de la agricultura soviética a la hora de satisfacer las necesidades alimentarias de su población. Su agricultura era una parte más de la planificación económica y no estaba sujeta a una investigación de la mejora del rendimiento, al menos no cómo lo estaba en otros países. A ello se unió la megalomanía del régimen que se embarcó en la construcción de infraestructuras sin el debido estudio de su viabilidad, siendo más importante el hecho de mostrar estas inútiles obras de ingeniería como grandes logros de su poder. La economía soviética de los años 80 estaba en crisis, pese a que en Occidente se la tenía como una potencia, no sólo en el aspecto militar, sino también en el económico.

La URSS llevaba muchos años teniendo dificultades para alimentar a su población, pues tenía una agricultura demasiado anticuada comparada con la de su enemigo occidental. Ello le obligó a hacer dos cosas. La primera fue endeudarse, comprando trigo a su gran enemigo americano y a sus aliados. La segunda fue optar por una explotación sin sentido de sus recursos hídricos y el abuso de abonos químicos, con la esperanza de que sus cosechas tuvieran un mayor rendimiento. En el entorno del Mar Negro, las fértiles -hasta hacía relativamente pocas décadas- llanuras cerealistas empezaron a recibir dosis excesivas de abonos de nitrógeno, fósforo y otros productos químicos. Por otra parte, con la intención de aprovechar mejor los recursos hídricos, se realizaron presas a lo largo de los ríos que desembocaban en sus aguas, como la de Stalin en el Dniéper o la de Tsimlyansk en el Don; presas que no tenían en cuenta cosas tan básicas como el proceso de colmatación en el transcurso de los años[2]. Esta necesidad megalómana también afectaba a sus países satélites. El dictador rumano Chauchescu planeó drenar el delta del Danubio, talar la vegetación y poner arrozales. Afortunadamente, semejante salvajada no se llevó a cabo.

En los 80, un exceso de contaminantes empezó a verterse hacia el Mar Negro, el nitrógeno y el fósforo de los abonos ayudaban al fitoplancton a desarrollarse de manera descontrolada, a la vez que la Mnemiopsis leidyi depredaba el zooplancton que se alimentaba de él. Esta dinámica propició la eutrofización del mar, fenómeno que ocurre cuando hay un aporte excesivo de nutrientes que favorece una proliferación excesiva del fitoplancton que, a su vez, termina con el oxígeno libre que hay disuelto en las aguas, del que vive la mayoría de las especies acuáticas, provocando la muerte de estas o su migración a zonas aún adecuadas para su vida.

La contaminación del agua fue la gran aportación del régimen soviético y otros países comunistas al medioambiente del Mar Negro, y no sólo de fósforo o nitrógeno. La agricultura soviética también usaba de manera masiva los pesticidas que, a diferencia de Occidente, no tenían un control para impedir daños colaterales. A eso había que añadir la contaminación radiactiva proveniente del accidente de Chernóbil y otras fuentes, así como los habituales vertidos de aguas fecales o contaminadas por la industria, que tampoco tenían los sistemas de limpieza que se estaban desarrollando con mayor o menor acierto en Occidente. La proliferación de presas también estaba afectando al agua que llegaba al mar, con una fauna piscícola especialmente afectada, sobre todo, la migrante. Un ejemplo de este desgobierno ocurrió en 1983, cuando una presa industrial en la ciudad de Stebniki estalló liberando en el mar 400 toneladas de compuestos potásicos, que contaminaron las aguas durante décadas.

La solución chocó con unas circunstancias difíciles. Los institutos científicos de la URSS ya habían avisado de que se debía hacer algo y su análisis de la situación, pese a haber sido ignorado por el régimen, era certero y proporcionó datos a los investigadores posteriores. La desaparición de la URSS afectó al proceso de investigación que, de la noche a la mañana, se vio sin fondos ni medios. El caos político pareció acrecentar el problema o, al menos, paró el planteamiento de soluciones.

La introducción de un depredador natural para el Mnemiopsis leidyi no era una buena solución, pues no habría dejado de ser otra nueva especie invasora que podría afectar a las existentes, así que el único recurso factible era reducir los vertidos y eso era, literalmente, cambiar la política agrícola de varios regímenes comunistas o en breve excomunistas. En este sentido, puede que la desaparición de la URSS y la democratización de sus países satélites fuera una ayuda inesperada.

En unos años, la presión sobre la ecología del Mar Negro se redujo significativamente con la introducción de sistemas más adecuados en la agricultura, tras la apertura del bloque del Este a Occidente. Por otra parte, una de las cosas que más llamó la atención a los científicos fue la relativa y rápida recuperación de los ecosistemas cuando los vertidos se redujeron. El grado de eutrofización disminuyó y algunas especies empezaron a prosperar de nuevo, aunque otras desaparecieron. En la actualidad, otros peligros amenazan al Mar Negro desde lo que fue la URSS. Los problemas militares y políticos entre la Federación Rusa y Ucrania, por una parte, y Georgia por otra, impiden hacer frente a este y otros muchos asuntos y se está volviendo a viejos escenarios.

Resulta sorprendente ver cómo la izquierda comunista se ha hecho con el monopolio de la lucha por el medio ambiente y cómo es el capitalismo el que, desde el punto de vista popular, agrede al planeta Tierra, al equilibrio ecológico y a la biodiversidad. Un repaso a la historia muestra que los principales desastres naturales a manos del hombre han venido de sistemas políticos de carácter totalitario o autoritario, aunque no únicamente. Sólo hay que ver actualmente cómo afronta la República Popular China la lucha contra la contaminación: de ninguna manera práctica que la rebaje y sí mediante un gran plan de propaganda que endosa a sus enemigos occidentales sus propios desastres.

Al contrario, si de algún lugar surgen las denuncias y las soluciones a estas catástrofes, es de aquellas sociedades donde se es más libre a la hora de criticar o denunciar las agresiones y de buscar las soluciones. El socialismo/comunismo y el ecologismo tienen una coincidencia muy evidente: ambos defienden una solución basada en la regulación, la intervención económica y la ingeniería social. Ambos se complementan muy bien y uno, el ecologismo, le sirve como base moral al otro, el comunismo/socialismo. Desde un punto de vista más político, la excusa del daño medioambiental ha sido usada para instalar políticas mucho más restrictivas, con o sin razones científicas, sobre las actividades humanas. Las instituciones favorables a la intervención y las personas o grupos que las dirigen se han congratulado en encontrar una razón moral que justifique su existencia. El problema en Occidente es que el resto del espectro político ha aprendido esta estrategia de colaboración entre ideologías y, hoy por hoy, conservadores, cristianodemócratas y populistas de diversas familias incluyen en sus programas ciertas políticas que, no hace mucho, sólo se podían leer en los programas de los partidos verdes.

Por último, quiero incidir en la capacidad que tienen los ecosistemas para reparar las heridas que las circunstancias, entre las que se encuentra la acción del hombre, pueden infligir y que está basada en su dinamismo y capacidad de adaptación. No estoy diciendo con esto que se pueda hacer cualquier cosa porque al final se ‘curan’, pero sí observo que en los mensajes mediáticos se ignora esta resiliencia (sí, en este caso está bien usado el término) de los ecosistemas, que se muestran habitualmente como sistemas frágiles que hay que mimar.

En el siguiente artículo analizaré la explotación comercial pesquera y cómo, desde la otra orilla del Mar Negro, la costa turca, se actuó de manera insensata en nombre de la intervención estatal.


[1] Hay que tener en cuenta que, de alguna manera, esta capacidad la tienen todas las especies, siendo más marcada en las especies animales sociales.

[2] No es raro que los regímenes totalitarios cometan este tipo de errores. La presa de las Tres Gargantas en China lo está experimentando en la actualidad o, si nos vamos a casos más antiguos, la de Asuán en Egipto, es otro ejemplo de mal diseño. La sobreexplotación de los acuíferos, que son sobreexplotados sin esperar a que las lluvias los recarguen, terminan provocando la desertificación de la zona, como ocurrió con el Mar de Aral.

El Mar Negro (I): Un acercamiento

El capitalismo salvaje de Corea del Norte

Si a un economista le pidieran que diseñara un experimento social para comprobar cuál de dos sistemas económicos da mejores resultados, creo que difícilmente podría definir mejores condiciones de las que se han dado durante más de 75 años en la península de Corea.

En efecto, partamos de una sociedad con una gran homogeneidad cultural, producto de más de 500 años bajo el mandato de la dinastía Joseon, posiblemente la más longeva de la historia de la humanidad. Pues bien, coja usted el territorio en que se desarrolla dicha sociedad y divídalo en dos partes aproximadamente iguales, algo de lo que se encargaron en 1945 los EEUU y la antigua URSS, usando a tal fin el paralelo 38. A continuación, aplique a uno de los territorios resultantes un régimen comunista y al otro un régimen democrático de libre mercado. Finalmente, observe la evolución en ambos territorios con el paso del tiempo. Ah, si se produce una guerra entre ambos territorios, impida que se mueva mucho la frontera pactada y vuelva a empezar el experimento.

Por supuesto, si esto hubiera sido realmente un experimento social, haría tiempo que estaría desmantelado, pues los resultados de la comparación se pudieron ver en relativamente poco tiempo, y no hubiera sido necesario mantener en el sufrimiento a unos cuantos millones de coreanos en el territorio norte.

En la actualidad, la divergencia en el desarrollo de ambos países es pasmosa y supera la imaginación del experimentador más optimista. En Corea del Sur se implantó el régimen de libre mercado, y ahora resulta ser uno de los países más ricos del mundo, con empresas reconocidas globalmente como Samsung o Hyundai. Un éxito en toda regla para un país devastado por guerras en 1950 y que posiblemente era el país más pobre del mundo en ese momento.

En Corea del Norte, la República Popular Democrática de Corea (ya se sabe que cuánto más “democrático” es el nombre un país, mayor comunismo le gobierna), se implantó el régimen comunista. Corea del Norte partía con cierta ventaja, pues era más rico en recursos que Corea del Sur y además tiene frontera terrestre. Por supuesto, esta supuesta ventaja quedó en nada, y en la actualidad Corea del Norte es un país que destaca por la carencia de iluminación en las fotos nocturnas del planeta (sí, esa mancha negra entre Corea del Sur y China) o por tener hambrunas en pleno siglo XXI, a solo unos kilómetros al norte de uno de los países más ricos de la Tierra.

Como decía, si esto fuera un experimento, lo podríamos haber interrumpido ya hace unos cuantos decenios, para suerte de los norcoreanos[1]. Pero, por desgracia, no lo es, y Corea del Norte sigue vigente, ya por la tercera generación de dictadores comunistas de la familia Kim Yong-Un.

Desde el punto de vista de teoría económica, ello presenta un reto. En efecto, el teorema de la imposibilidad del socialismo postula que este sistema económico es insostenible, pues es incapaz de dirigir los recursos haya donde la población los necesita. En consecuencia, dilapida los recursos inevitablemente hasta llegar al colapso. El ejemplo paradigmático es, por supuesto, la URSS. Otros regímenes comunistas se han visto obligados a introducir reformas liberalizando los mercados para sobrevivir, siendo el caso más llamativo el de China, vecina de Corea del Norte, donde solo queda de comunista el nombre (a efectos económicos). Lo mismo, a otra escala, se puede decir de Cuba. Y de Venezuela solo cabe decir que el experimento aún no lleva mucho tiempo y hasta ahora se ha podido apoyar en el petróleo. Ya veremos cuánto dura sin volver al libre mercado.

Por eso es tan llamativo el caso del régimen de Corea del Norte, porque en este caso no consta ningún tipo de aperturismo o liberalización comercial. ¿Cómo es posible que siga en pie?

Desde el punto de vista de los ciudadanos norcoreanos, es muy recomendable el trabajo de la periodista norteamericana Bárbara Demick[2], quien nos muestra la vida en el país a partir de los testimonios de fugados del régimen. A grandes rasgos, dos son las causas de la falta de acción por parte de los individuos, una fisiológica y otra propagandística.

La primera es el hambre: los norcoreanos están en un estado perpetúo de hambre, lo que les debilita física y mentalmente. Si cada día tu máxima preocupación es qué comer, difícilmente vas a tener energías para rebelarte contra el régimen. Ello invita a pensar en algo tan terrible como una política deliberadamente dirigida a mantener a la población en dicho estado de necesidad.

La segunda es más curiosa. Los norcoreanos se habían quedado anclados en el pasado y habían extrapolado a futuro lo que conocían entonces. Y eso era básicamente que eran más ricos que China y, en particular, que Corea del Sur. Así que, sí, ellos lo estaban pasando mal; pero los vecinos lo estaban pasando aún peor, porque no vivían bajo el cuidado del “querido Líder”. Lo repito por si no queda claro: una mayoría de norcoreanos vive pensando que son afortunados y que el resto de los países del mundo está peor.

Por supuesto, las cosas están cambiando en este último aspecto, y empezaron a hacerlo desde el mismo día en que los habitantes de la orilla sur del río Tumen (la frontera con China) constataron con sorpresa que en la orilla norte aparecían iluminación y nuevos edificios, consecuencia de la apertura económica de China. A partir de ese momento, algunos norcoreanos empezaron a darse cuenta de su situación real. Imaginen la sorpresa de estos pobres desgraciados cuando son capaces de salir de las redes del “Amado Líder” y llegan a la paupérrima Corea del Sur, donde siempre encuentran un familiar que les acoge.

Sin embargo, si bien ambos factores pueden explicar la aparente conformidad del pueblo norcoreano con el régimen y la ausencia de rebeliones, la teoría económica sigue anticipando su colapso y, si no viene desde abajo hacia arriba, tendría que venir desde arriba, como en los otros ejemplos mencionados. ¿Por qué no ocurre?

Una explicación fácil es asumir que China dota de fondos al régimen norcoreano por razones geopolíticas, y que, por tanto, es su sostén. Puede ser, no digo que no. Pero creo que hay una explicación alternativa, o, al menos, complementaria, según nos muestra un reciente documental de la BBC[3], y que es bastante más tenebrosa a la par que coherente.

Se trata de la historia de un danés que decide, por su cuenta y riesgo, infiltrarse en las organizaciones exteriores del país asiático. Lo que encuentra puede explicar, a mi modo de ver, la sostenibilidad del régimen, y, por tanto, son muy malas noticias para los habitantes de aquel país.

En efecto, el protagonista (podríamos llamarle héroe sin incurrir en exageración) de la historia se integrará en la Korean Friendship Association (KFA) presidida por un español, sí señor, en todas las salsas tenemos que estar, un tal Alejandro Cao de Benós. Lo que descubre nuestro héroe es que la tal KFA no es más que una tapadera para conseguir negocios e inversores en las más oscuras actividades económicas que uno pueda imaginar, lo que deja al señor Cao de Benós en mero conseguidor y comisionista, en la mejor tradición de la realeza, eso sí para actividades ilegales e incluso inmorales.

Y es que, como declaran expresamente en un par de ocasiones tanto Cao de Benós como algunos de los “emprendedores” norcoreanos, el factor diferencial de Corea del Norte, su ventaja competitiva, no es otra que la siguiente: en su territorio se pueden llevar a cabo todo tipo de actividades productivas prohibidas en los países occidentales (e, imagino, sin necesidad de respetar los derechos humanos de los trabajadores). Eso implica que si tu negocio es de armas o de componentes químicos prohibidos, o de otras cosas por el estilo, en Corea del Norte lo puedes implementar, y seguro que a precios muy competitivos.

Así pues, tampoco falla en Corea del Norte la teoría económica sobre la imposibilidad del socialismo. Claro que no. Tienen una ventaja competitiva diferencial con otros países: que en su territorio se pueden realizar actividades ilegales en el resto del mundo, porque en su territorio no hay leyes. Y las élites norcoreanas han desarrollado los mecanismos para promocionar y distribuir su producto, eso sí, con las dificultades que cabe esperar.

En resumen, que no falla la teoría económica. Lo que tampoco podíamos esperar es que fuera precisamente en Corea del Norte donde tuviera su manifestación el capitalismo más salvaje del mundo. Hala, ya tienen otra disculpa podemitas y socialistas para culpar al capitalismo de los males de la humanidad, sobre todo de los sufridos por los norcoreanos.


[1] Otra cosa es que la evidencia empírica que arroja este experimento haya trascendido a la sabiduría de la gente. Especialmente a la de los españoles, anomalía en Europa, donde se sigue votando a partidos procomunistas como Podemos.

[2] Querido Líder: Vida cotidiana en Corea del Norte, de Barbara Demick (En inglés, “(“Nothing to Envy“).

[3] The Mole: Infiltrating North Korea. Ver https://www.bbc.co.uk/programmes/p08tqd6q