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Etiqueta: Teoría fiscal

Teoría fiscal del nivel de precios (IV): regímenes fiscales y evidencia empírica

En los tres episodios anteriores de esta serie sobre la Teoría Fiscal del Nivel de Precios (TFNP), describimos lo que considero que son los elementos esenciales de esta teoría macroeconómica. Por ello, en este artículo abordaré la prueba que toda teoría en una ciencia social debe superar: la contrastación empírica. Aunque la interpretación de dicha evidencia se incardina en un marco interpretativo determinado, sí que podemos determinar si, a priori, la TFNP guarda una mínima correspondencia con la realidad. 

Podría suceder, empero, que la evidencia empírica mostrara una presentación sesgada de la realidad económica, en solo aquellos casos donde la teoría no es falsable. En ese caso, a pesar de que en ese caso concreto existiera una correspondencia entre la TFNP y la evidencia, no podríamos afirmar que esta es una teoría adecuada y completa sobre el valor de la moneda fiat. Pero, si hay casos en los que se demuestra que la posición fiscal del gobierno guarda relación con el valor del dinero fiat, ¿no debería conformar esto una ley económica irrevocable? Lo cierto es que, para comprobar la TFNP empíricamente, deberemos articular una teoría que demuestre que esta es válida en todos los regímenes fiscales que pueden existir bajo un patrón fiat. 

Regímenes fiscales ricardianos y no ricardianos

En las teorías macroeconómicas convencionales, solemos distinguir entre regímenes fiscales ricardianos, bajo el que el gobierno otorga a una determinada cantidad de moneda fiat la capacidad de anular obligaciones tributarias nominales; y el no ricardiano, en el que las obligaciones tributarias se referencian a un porcentaje determinado de la producción de un agente económico. Si describiéramos el valor de la moneda fiat de forma algebraica, y asumiendo que la única fuente de la demanda monetaria son las obligaciones tributarias, en Rallo (2017) obtenemos:

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En este modelo simplificado obtenemos conclusiones similares a las que llegamos con el modelo intertemporal de la TFNP, a saber, que la oferta de unidades de moneda fiat  (M) es igual al valor descontado por el factor estocástico m de las obligaciones tributarias reales –el producto del tipo efectivo T, el vector de mercancías Q producidas en t+j y el nivel de precios P de ese período. En los regímenes ricardianos, los tipos efectivos se incrementan proporcionalmente con la inflación. Y, dado que la producción nominal de mercancías (P*Q) y el factor estocástico de descuento se encuentran exógenamente dados en este modelo, entonces el nivel de precios se encontrará determinado por la política fiscal (T) y monetaria (M) del Estado (Ibidem). 

TFNP: ¿limitada a regímenes no ricardianos?

Una de las objeciones más comunes a la Teoría Fiscal del Nivel de Precios es que solo es capaz de explicar el nivel de precios en regímenes no ricardianos. Cuando los tipos impositivos no varían proporcionalmente junto al nivel de precios, entonces se podrían dar infinitas combinaciones de T*P*Q –a la postre, la obligación tributaria nominal. A priori, podríamos pensar que existiría una indeterminación del nivel de precios con respecto a la política fiscal del Estado. Con todo, hemos de tener en cuenta que toda obligación tributaria nominal contiene una sanción en el caso de que la obligación tributaria no se cumpla. Por tanto, no diríamos que el nivel de precios viene determinado por {M, m, T*Q}, sino por {M, m, s} (Ibidem), siendo s la sanción real por obligación tributaria impagada. De ahí que, en cualquier tipo de régimen fiscal, la política fiscal, junto a la política monetaria, sí determina el nivel de precios. 

Más en concreto, lo que nos estamos planteando aquí es si la validez del modelo intertemporal que construimos en la segunda entrega de esta serie recae enteramente sobre el tipo de régimen fiscal de una economía:

Diagrama, Esquemático

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Como sucede con la formación del precio de cualquier activo financiero, la capacidad de repago del emisor siempre va a jugar un papel esencial. De ahí que esta identidad se cumpla en cualquier economía donde la unidad de cuenta la constituya una moneda fiat, siendo esta una deuda más del Estado. En suma, tal y como muestra la ecuación cuantitativa del dinero, el nivel de precios puede venir determinado por factores relacionados con la demanda de dinero (k), la oferta monetaria (M) o la producción de mercancías (Q) en una economía. Si consideramos que los factores reales son total o parcialmente exógenos, entonces solo nos queda pensar que {M, k} determinarán el nivel de precios. Y, como vimos en el artículo anterior de esta serie, las variaciones en estas variables surgen de las interacciones entre la política fiscal y monetaria:

A mathematical equation with symbols

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El peso que tendrá cada uno de estos dos ámbitos a la hora de determinar el nivel de precios dependerá, en su mayor parte, de las políticas que escoja el gobierno en cada caso –por evitar complejidades innecesarias, supondremos que la política monetaria la emprende un banco central independiente, mientras que la fiscal la establece el Tesoro. Si este último decide llevar a cabo una política fiscal pasiva –en la que los superávits primarios reaccionan en proporción 1:1 con la inflación–, entonces la política monetaria determinará el nivel de precios: decidirá cuál de todas las combinaciones de M y P acabará prevaleciendo. Lo contrario sucederá si el banco central instaura los tipos de interés de acorde a la tasa de inflación interanual: la política fiscal acabará determinando el nivel de precios por la lógica establecida previamente. Lo anterior no significa, empero, que la política monetaria en el primer caso y la fiscal en el segundo no influencien el nivel de precios. Cuando afirmamos que una de las dos determina el nivel de precios nos referimos a que, cuando una de las dos reacciona pasivamente al nivel de precios, es la otra la que lo estipula.

Mientras que la realidad es infinitamente más compleja que el experimento mental anterior, resulta ciertamente útil para entender que, pese a la correlación de fuerzas entre la política fiscal y monetaria, ambas influyen en el nivel de precios y que, por consiguiente, el Tesoro tiene un papel esencial en este proceso, aunque no en todos los casos determina el nivel de precios si se decide perseguir una política fiscal pasiva. 

Evidencia empírica

Inicialmente, la teoría expuesta en los últimos artículos podría hacernos llegar a pensar que debería existir una correlación entre los superávits –o déficits– públicos y el nivel general de precios. No obstante, una vez observamos los datos de los últimos cuarenta años en Estados Unidos, no observamos dicha correlación entre las variables:

A graph of a graph showing the growth of the company's stock market

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Mientras que se aprecian episodios de estímulo fiscal que vienen seguidos de episodios inflacionarios –como sucedió en 2020–, esta relación no se cumple en la mayoría de la serie temporal. Al fin y al cabo, ya explicamos con el modelo intertemporal que la valoración de los pasivos estatales no varía junto a cambios puntuales en los superávits primarios, sino junto a cambios estructurales de las expectativas de los agentes económicos respecto al flujo de superávits esperados en el período de tiempo relevante en la acción.

Historias fiscales: la inflación de los 70

En su artículo Fiscal Histories (2022), John H. Cochrane nos propone un marco interpretativo para analizar estas series temporales en base a la TFNP. Sobre la inflación de los años 70, Cochrane desafía el relato convencional, en base al cual fue la política monetaria la que terminó con esta. Sin mayor análisis, los datos secundarían esta tesis: cuando el tipo de interés del banco central supera a la tasa interanual de inflación –dicho de otro modo, cuando los tipos de interés reales aumentan–, entonces la tasa de inflación se acaba controlando. Esta es la lección que extraemos de la célebre regla de Taylor (1993).

Los teóricos de la Teoría Fiscal del Nivel de Precios no niegan el papel que tiene la política monetaria en el control de la inflación, sino que enfatizan que el déficit primario en 1975, alcanzando máximos históricos desde la Segunda Guerra Mundial, junto a una desconfianza hacia la solvencia de Estados Unidos tras la ruptura del sistema de Bretton Woods (Cochrane, 2022), agravó la inflación durante ese proceso. Del mismo modo, la inflación de los setenta no concluyó exclusivamente gracias a la política monetaria de la Reserva Federal, sino gracias a una concatenación de reformas monetaria, fiscal y microeconómica (Ibidem). En el ámbito monetario, ya hemos explicado el papel de la regla de Taylor; en el fiscal, la economía norteamericana recuperó los superávits primarios, compensando la pérdida de confianza por parte de los tenedores de deuda gubernamental; y, finalmente, en el aspecto microeconómico, la política desregulatoria de Carter seguida por Reagan provocó un crecimiento económico que alivió la situación fiscal del gobierno y también impulsó la demanda de dólares.

La pregunta que nos debemos hacer en todos estos episodios es si la política fiscal fue una condición necesaria para reducir la inflación. En este caso, podemos atender a la evidencia que presenta Christopher A. Sims (2011) en su artículo Stepping on a rake:  the role of fiscal policy in the inflation of 1970s. Para Sims, y de acuerdo con la TFNP, una subida de los tipos de interés reduce la inflación a corto plazo, pero la incrementa de forma persistente debido a los mayores gastos en intereses. Para evitar que esto se traduzca en superávits primarios menores en el futuro, será necesario, como mínimo, mejorar la posición fiscal del gobierno. Y esto es, según Sims, la razón por la que tal y como ocurrió en este episodio inflacionario, “la política fiscal puede ser una fuente primaria de cambios en la tasa de inflación” (Ibidem). 

Estímulos fiscales e inflación pospandémica

Un caso distinto al de la inflación de los años setenta es el de la inflación pospandémica, en el que las tasas interanuales de inflación alcanzaron máximos en décadas. Este caso es especialmente ilustrativo porque, al contrario que en el caso anterior –que podríamos calificar de un problema de expectativas–, en este nos encontramos ante un estímulo fiscal evidente, es decir, un shock fiscal que provoca un episodio inflacionario en el muy corto plazo. 

Para la TFNP, los estímulos fiscales no son necesariamente inflacionarios:  si los agentes económicos esperan que la deuda emitida en el estímulo fiscal va a ser amortizada mediante superávits primarios futuros, entonces este estímulo no generaría inflación. Utilizando el modelo intertemporal (Cochrane, 2023):

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Nótese que, tal y como estábamos exponiendo, el cambio en la inflación no esperada sucede siempre y cuando tenga lugar un cambio estructural en las expectativas de superávits primarios por parte de los agentes. Esto tiene una clara explicación desde la liquidez de los pasivos estatales: si las expectativas sobre la solvencia estatal se deterioran tras el estímulo fiscal, la liquidez de la deuda pública con la que se ha financiado el estímulo –y contra la que se ha emitido moneda fiat– se deteriora, generando inflación a través del “efecto riqueza”: los agentes que han intercambiado un activo marginalmente menos líquido –deuda pública– por uno más líquido –moneda fiat– ven incrementada su capacidad de gasto, aumentando el nivel de precios.

A su vez, cuando se emite moneda fiat contra un activo de mala calidad, tal y como sucede con una deuda cuyo repago es cuestionado por sus inversores, la moneda fiat se depreciará: su valor fundamental –derivado de su colateral–, provocando que los inversores le apliquen una tasa de descuento superior (m en la primera ecuación de este artículo).

Cabe otro escenario, distinto al que propone la TFNP, bajo el cual un estímulo fiscal no causará inflación, a saber, si la demanda monetaria aumenta. Este caso es especialmente relevante si tenemos en cuenta que las situaciones donde se suelen aplicar estos estímulos suelen ser episodios de recesión económica, donde aumenta la demanda de dinero. Los súbitos cambios en su velocidad (la inversa de la demanda) en las zonas sombreadas de este gráfico, esto es, cuando Estados Unidos se encontraba en recesión, ilustran esta observación:

A graph showing the growth of the stock market

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Atendiendo a la evidencia empírica sobre la inflación pospandémica, la realidad valida el diagnóstico de la TFNP. En primer lugar, la inflación tuvo raíces predominantes en el incremento de la demanda agregada tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea (Giannone and Primiceri, 2024). En segundo lugar, la fuente de esta mayor demanda agregada fue, fundamentalmente, los estímulos fiscales que ejecutaron los gobiernos de Occidente durante la pandemia (Cochrane, 2023).

Concretamente, en un working paper para el National Bureau of Economic Research (NBER), Robert Barro (2024) expone, con la muestra de 37 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que se verifica la tesis de la Teoría Fiscal del Nivel de Precios sobre el estímulo fiscal: déficits sin un flujo suficiente de superávits esperados conducen a inflación. En tercer y último lugar, toda esta nueva oferta monetaria no se vio contrarrestada por una demanda proporcional de atesoramiento de dinero, a pesar de que, tal y como muestra la gráfica anterior, creció considerablemente tras los primeros meses de 2020.

Conclusiones

La TFNP no debe relegarse a una exposición teórica de la relación entre los superávits o déficits primarios y la inflación, sino que debe contrastarse con la realidad económica. En este intento de respaldar empíricamente la teoría, podríamos caer en el error de relegarnos a economías con regímenes fiscales que, restringidamente, la Teoría Fiscal del Nivel de Precios podría explicar. Con todo, tal y como hemos visto, esta teoría del nivel de precios no requiere de un régimen fiscal específico: la variable P nunca cae en una indeterminación con respecto a la política fiscal y monetaria del Estado. Por ello, toda la evidencia empírica que se muestre no es más que una ilustración de una teoría del nivel de precios que demuestra tener la entidad suficiente como para poder comprobarse en los últimos episodios inflacionarios –a pesar de contener ciertas inexactitudes o errores que cabrá abordar en un futuro artículo.

Bibliografía

Barro, R. J., & Bianchi, F. (2023). Fiscal influences on inflation in OECD countries (NBER Working Paper No. 31838). National Bureau of Economic Research.

Cochrane, J. H. (2022). Fiscal Histories. The Journal of Economic Perspectives, 36(4), 125–146. ç

Cochrane, J.H. (2023). The Fiscal Theory of the Price Level. Princeton University Press.

Giannone, D., & Primiceri, G. (2024). The drivers of post-pandemic inflation (Working Paper No. 32859). National Bureau of Economic Research.

Rallo, J.R. (2017). Contra la Teoría Monetaria Moderna: Por qué imprimir dinero sí que genera inflación y por qué la deuda pública sí la pagan los ciudadanos. Ediciones Deusto.

Sims, C. A. (2011). Stepping on a rake: The role of fiscal policy in the inflation of the 1970s. European Economic Review, 55(1), 48–56.

Taylor, J. B. (1993). Discretion versus policy rules in practice. Carnegie-Rochester Conference Series on Public Policy, 39(1), 195–214.

Por qué nos tiene que importar la posición fiscal de nuestro gobierno

Esta no es una lista exhaustiva de motivos por los que la política fiscal nos debería de importar y seguramente tampoco una lista de los principales, pero sí algunos de los que creo que merece la pena hablar. En un mundo ideal, no se habría política fiscal (ni política). Mientras no vivamos en ese mundo, puede tener sentido hablar de cómo funciona este.

Políticas contracíclicas

En primer lugar, tenemos las políticas contracíclicas, las cuales son políticas fiscales o monetarias contrarias al ciclo económico: cuando la economía está en recesión, el gobierno debe gastar más, y cuando la economía está en auge, el gobierno debe gastar menos. Su objetivo es suavizar las fluctuaciones del ciclo económico: especialmente, minimizar la caída del PIB y el aumento del desempleo, así como acelerar la recuperación. Podemos dividirlas en monetarias (si usan la oferta monetaria para actuar sobre la demanda agregada) y fiscales (si utilizan el déficit público) y en expansivas (intentando aumentar la demanda agregada) y contractivas. La política fiscal, sobre la que doy motivos para interesarse en este artículo, puede adoptar dos formas: aumentos en el gasto público o reducción de impuestos. Un aumento del gasto público pone más gasto en manos del gobierno y una reducción de impuestos pone más gasto en manos del sector privado.

Las políticas fiscales expansivas tienen un coste: el efecto desplazamiento. El aumento del gasto público se financia mediante un aumento de los impuestos. Este aumento incrementa la demanda agregada en el corto plazo, pero genera efecto desplazamiento por la reducción de la renta disponible de las empresas- También se pueden financiar con un aumento del déficit, que también aumenta la demanda agregada en el corto plazo, pero genera efecto desplazamiento por la reducción de las inversiones privadas.

Efecto desplazamiento y equivalencia ricardiana

Los gobiernos financian los recortes impositivos endeudándose más, lo que podría causar dos alternativas: que, como cuando aumenta el gasto público, aumente la DA y se genere efecto desplazamiento o que se dé la equivalencia ricardiana, según la cual los ciudadanos entienden que, para un nivel dado de gasto público, unos impuestos más bajos hoy significan unos impuestos más altos en el futuro y, por tanto, ahorran el dinero de una rebaja fiscal para pagar impuestos futuros. Cuando se cumple la equivalencia ricardiana, una bajada de impuestos no aumenta la demanda agregada, ni siquiera a corto plazo. Así que la equivalencia ricardiana probablemente describe a algunas personas, pero no a la mayoría. En cualquier caso, en la medida en que la equivalencia ricardiana refleja cómo planifica la gente, los recortes fiscales financiados con bonos son menos eficaces a corto plazo que en caso contrario.

La política fiscal expansiva también puede generar una deuda financiera insostenible que llegue a reducir el crecimiento real, pues al pasar un umbral de deuda, esta genera rendimientos negativos. Este umbral es la productividad marginal de la deuda o ∆PIB/∆deuda (riqueza adicional creada por 1 euro de deuda adicional). En algún momento, la productividad marginal de la deuda puede ser negativa y destruir riqueza y causar crisis. Algunos países están tan endeudados que cualquier nuevo endeudamiento público corre el riesgo de provocar un colapso económico total.

Políticas contracíclicas

Además, la deuda pública puede usarse para rescatar empresas que deberían quebrar, que al mantenerlas operativas se genera un desperdicio de recursos en la economía. Las políticas fiscales contracíclicas suelen ser muy recomendadas entre economistas, pero no muy seguidas por los gobiernos. Incluso cuando los gobiernos gastan más en las recesiones, como recomiendan los economistas, a los políticos no les gusta seguir la segunda parte de la receta: gastar menos durante los auges.

El mejor uso para las políticas fiscales contracíclicas expansivas es en el caso de que merezca la pena incurrir en costes a largo plazo para obtener un impulso económico a corto plazo, como los causados por una emergencia inmediata como una guerra o una catástrofe natural. O si existe alguna inversión pública con un retorno claramente positivo, las depresiones son el mejor momento para ejecutarlo. Idóneamente, el mercado se haría cargo de ella, pero es posible pensar que el sector esté intervenido y a corto plazo solo tenga sentido que sea el Estado el que ahí invierta.

El efecto desplazamiento en los mercados de capitales

Un motivo por el que nos debería importar la política fiscal del país es por el efecto desplazamiento. Supongamos que, como en la mayoría de los años de la historia reciente, hay un déficit público y el gobierno debe pedir prestado para financiar la diferencia entre sus ingresos y sus gastos. La principal preocupación sobre los déficits públicos es que el endeudamiento del gobierno nacional podría competir con el endeudamiento de las empresas privadas. Es decir, si se utiliza una oferta fija de ahorro para financiar tanto el capital de las empresas privadas como el endeudamiento del gobierno, entonces el endeudamiento del gobierno puede desplazar el endeudamiento del sector privado y conducir a un menor nivel de acumulación de capital.

La incorporación del endeudamiento público al mercado de capitales reduce la oferta de fondos ahorrados disponibles para el mercado privado de capitales, ya que el Estado utiliza parte de esa oferta de ahorro para financiar su déficit. Por lo tanto, el endeudamiento público para financiar un déficit hace que disminuya la oferta de ahorro al mercado de capital privado, por lo que la curva de oferta se desplaza a la izquierda.

Política fiscal, integración económica y ahorro

Esta reducción de la oferta genera un tipo de interés mayor y, consecuentemente, una menor cantidad de capital demandado por los inversores. Por lo tanto, este menor nivel de capital puede reducir el crecimiento económico, al hacer que cada unidad de trabajo sea menos productiva. Así, cuando el gobierno compite con el sector privado por el ahorro privado limitado, el sector privado termina con menos recursos para financiar las inversiones de capital que impulsan el crecimiento.

Es cierto que este efecto queda mitigado por el papel de los mercados de capitales internacionales. Si un país estuviera perfectamente integrado en los mercados internacionales y su stock de ahorro no estuviese limitado por los tipos de interés, sino que es esencialmente ilimitado (es decir, que la reserva de ahorro disponible para financiar tanto la inversión privada como el endeudamiento público fuera casi perfectamente elástica, de modo que incluso pequeñas subidas de los tipos de interés exigieran un ahorro adicional) los déficits públicos solo causarían pequeñas subidas de los tipos de interés, y habría poco desplazamiento de la acumulación de capital privado por el endeudamiento público. Pero esto no es el caso ni de Estados Unidos, por lo que seguramente sí que tengas que preocuparte por las consecuencias del efecto desplazamiento.

El valor de la moneda

La política fiscal del gobierno también debería importarnos, pues es el principal determinante del nivel general de precios, como explica la Teoría Fiscal del Nivel de Precios. La TFNP entiende el dinero como acciones del gobierno. Por lo tanto, la forma de evaluar el dinero es similar a la de las acciones: calculando el descuento a presente de sus flujos de caja futuros esperados. Por la misma razón en que si crees que una acción no va a pagar dividendos dentro de 20 años, la vendes y el precio baja, si crees que el gobierno no pagará sus deudas, el valor del dinero cae. El valor del dinero fiat lo podemos obtener por el descuento de sus flujos de caja futuros esperados. Es decir, el valor del dinero fiat viene del peso de la deuda de la que nos libre.

Un gobierno que quiera mantener un nivel de precios estable deberá seguir un principio de disciplina fiscal manteniendo un presupuesto equilibrado, pues los déficits generarán inflación y con esto una caída del valor del dinero fiat. Además, la expectativa de que esta inflación no pueda ser controlada, aun sin una necesaria mayor emisión de dinero fiat, provocará una mayor caída del valor del dinero fiat, pues caerá la demanda.

Por tanto, el superávit debería ser el objetivo de los gobiernos que se preocupen por no destrozar riqueza. Los cambios en el nivel general de precios causador por el acortamiento de nuestra herramienta para medir utilidades marginales—el dinero—, suponen que tenemos que cambiar los precios relativos de todos los bienes de la economía, lo cual es costoso, pues los agentes económicos tienen que dedicarle tiempo a pensar cómo cambiar los precios, se enfrentan a información contable errónea, existen costes asociados a la renegociación de contratos y no todos los precios son igual de rígidos. 

Equidad intergeneracional

Una última razón por la que podrían preocuparnos las deudas y los déficits es la equidad intergeneracional, o el trato que reciben las generaciones futuras en relación con las actuales. Al igual que la sociedad puede preocuparse más por sus miembros más desfavorecidos que por los más acomodados, también puede preocuparse más por sus generaciones más desfavorecidas que por las más acomodadas. Al igual que los gastos comunes de una sociedad los sufragamos, como mínimo, de forma proporcional, haciendo que los más ricos sean los que más paguen, también debemos tener en cuenta la financiación de estos gastos durante varias generaciones.

Por un lado, no es justo transportar todo el peso del coste a generaciones futuras, no solo porque no hayan tenido un dicho sobre este gasto (la gran mayoría de la generación actual tampoco), sino porque nosotros lo estamos disfrutando ahora y, por tanto, algo deberíamos pagar por ello. La política gubernamental actual se caracteriza por gravar a las generaciones futuras en beneficio de las actuales, empeorando así la situación de las generaciones futuras.

Thomas Macaulay

Por otro lado, tampoco sería justo que las generaciones actuales cargáramos con todo el peso de la financiación de ciertos bienes y servicios que provea el estado. Algunas infraestructuras como las carreteras van a ser disfrutadas durante generaciones, por lo que el coste de ellas debería repartirse entre el número de generaciones que se espere que vaya a disfrutar de estas. Además, hay que tener en cuenta que el continuo aumento de la productividad en todo el mundo hace que cada generación disponga de más recursos que la anterior.

Así, aunque las generaciones futuras tendrán que hacer frente a deudas mayores, también se beneficiarán de un mejor nivel de vida (como correctamente predijo Thomas Macaulay). Al considerar la equidad intergeneracional, es posible que queramos tener en cuenta no solo la carga absoluta de la deuda, sino esa carga en relación con el nivel de vida. Sin embargo, lo que dificulta esta comparación es que el tamaño de la deuda puede determinar el nivel de vida futuro a través del crecimiento económico (motivado por el ahorro y posteriormente la inversión), y por la alteración del valor del dinero. Así, un gran déficit, puede reducir el nivel de vida de la futura generación a la que se transmite la deuda al desplazar el ahorro privado y al generar inflación.

Por lo tanto, debido a que tenemos un estado que financia su actuación mediante el cobro de impuestos y la emisión de deuda, puede considerarse que socialmente merece la pena igualar estas cargas, sin excedernos transportando parte del coste al futuro, pero sin olvidarnos que las próximas generaciones algo deberían pagar y que, al aumentar el nivel de vida, el coste relativo será menor.

Ver también

Teoría Fiscal del Nivel de Precios: una introducción. (César Táboas).

La teoría fiscal del nivel de precios (II): el modelo intertemporal

En el artículo previo de esta serie, analizamos las premisas básicas de la teoría fiscal del nivel de precios basándose en un modelo con dos periodos:

Imagen que contiene Diagrama

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En función de este modelo, explicamos cómo el valor real de la deuda se ajusta a aquel de los superávits esperados descontados, pues estos son activos que el gobierno puede emplear para reabsorber la base monetaria –y, ceteris paribus, la oferta monetaria– y para mantener una la confianza de los tenedores de deuda gubernamental, de modo que no huyan de los pasivos estatales, incluyendo dentro de estos la moneda fiat. 

Flujo de superávits esperados

Con todo, la comprensión que nos puede proporcionar un modelo con únicamente dos periodos es, más bien, limitada. Como bien sabemos, la acción humana se desarrolla en un contexto dinámico, en el que el tiempo juega un papel fundamental (Mises, 2023). Si bien este modelo nos puede ser de utilidad para construir cierta intuición sobre la teoría, no es suficiente para explicar los cambios en las variables a lo largo de un periodo concreto. 

Mientras que el valor de la deuda pública a corto plazo viene determinado por el valor presente de los superávits esperados en un corto espacio de tiempo, el de la deuda pública a largo plazo se encuentra ligado al flujo de superávits esperados durante un período más prolongado. Por ello, es incorrecto entender la formación del nivel de precios como una reacción mecánica a los superávits esperados de los períodos más próximos en el tiempo, tal y como sugiere el modelo con el que hemos iniciado este artículo. Para ello, será necesario crear un modelo intertemporal que ilustre de forma rigurosa la realidad económica.

Representando estos procesos económicos matemáticamente (Cochrane, 2023):

Diagrama, Esquemático

Descripción generada automáticamente

De esta manera, es imprescindible entender que el nivel de precios no viene determinado por las finanzas del Estado en un momento concreto, sino por el flujo de superávits o déficits esperados. Esta es la lógica que subyace a reemplazar el modelo de dos períodos que ya introducimos en el artículo anterior con el intertemporal: el nivel de precios no reacciona de forma mecánica a los superávits o déficits presentes, sino a los esperados en un espacio temporal prolongado, que dependerá, en última instancia, del plazo de la deuda emitida por el gobierno. 

Tipos de interés y política monetaria bajo la TFNP

Hasta ahora, hemos tratado únicamente la política fiscal sin analizar cambios en la política monetaria. ¿Qué ocurre si los superávits y las ventas de bonos se mantienen inalteradas, pero se incrementan los tipos de interés? ¿Y si los tipos de interés y los superávits van en direcciones opuestas? ¿Qué consecuencias tiene sobre la TFNP una política de tipos de interés negativos? Este tipo de preguntas contienen una serie de implicaciones muy relevantes para la TFNP, y que han de ser resueltas si se quiere construir una teoría sólida sobre el nivel de precios.

En la actualidad, los bancos centrales controlan la base monetaria mediante los tipos de interés, y que dependen de cada banco central (Stigum, 2007). Unos bajos tipos de interés implican que los bancos centrales están creando reservas, ampliando su balance y, en consecuencia, aumentando el gasto o la demanda agregada dentro de la economía. Por contrapartida, una subida de tipos de interés significa lo contrario, es decir, una contracción de la base monetaria.

Efectos de la política de tipos

Si introducimos la política fiscal en este razonamiento teórico, la comprensión de la política monetaria como único método estabilizador cambia radicalmente. Unos tipos de interés más altos con un endeudamiento elevado y sin un compromiso del gobierno de realizar ajustes fiscales puede llevar, incluso, a generar inflación. Al incrementar los tipos de interés del banco central, también lo hacen los intereses devengados por la deuda pública de los gobiernos. Ello conduce a un menor superávit o a un mayor déficit primario, financiado con más deuda, lo cual ya sabemos que puede tener un gran efecto sobre el nivel de precios. 

Bajo este marco teórico se puede comprender, incluso, la viabilidad de los interest rate pegs con un nivel de precios estable, es decir, unos tipos de interés constantes en el tiempo. Al asumir una política fiscal pasiva –a saber, aquella en la que los superávits reaccionan en una relación 1:1 con la inflación–, distintas tradiciones, como la monetarista, argumentaron en contra de dicha propuesta (Friedman, 1968). La TFNP, en contraposición, sugiere que una política fiscal “activa” tiene una gran influencia sobre el nivel de precios (Cochrane, 2023).

Las lecciones de política fiscal y monetaria que podemos extraer de la teoría fiscal del nivel de precios se incardinan en la defensa de que la política fiscal tiene una gran influencia sobre el nivel de precios, razón por la cual es necesaria una coordinación entre ambos ámbitos de la política pública para establecer un control efectivo del nivel de precios. La efectividad de la política monetaria depende de la política fiscal, y viceversa, y la primera no es en absoluto prescindible en la TFNP. 

Expectativas

Volvamos al enunciado principal de la TFNP: “el nivel de precios se determina de manera que el valor real de la deuda se ajusta al valor presente y descontado de los superávits esperados”. Esta última palabra es central en esta teoría: precisamente porque estamos analizando el valor de un activo financiero como es el caso de la moneda fiat, las expectativas determinan en gran parte este valor y su precio en el mercado (Rallo, 2017).

Gracias a haber sustituido el modelo de dos períodos con el intertemporal, hemos formalizado que estas expectativas se corresponden a un flujo indefinido de superávits, y no a aquel del período posterior. Este avance teórico que encabeza la teoría fiscal del nivel de precios se puede observar en contraste a la típica formulación de la teoría cuantitativa del dinero, en virtud de la cual los cambios en la oferta monetaria influían directamente en el nivel de precios (Friedman, 1956), tal y como se puede apreciar en la siguiente representación gráfica:

Gráfico

Descripción generada automáticamente con confianza media

En contraposición, la TFNP ofrece una perspectiva algo más sofisticada y que se integra de un modo mucho más adecuado en la realidad económica. La determinación del valor del dinero fiat –entendiendo este valor como la inversa del nivel de precios (1/Pt)– también se encuentra influenciado por las expectativas (Et) de los agentes económicos sobre la solvencia y las finanzas del gobierno. En forma gráfica:

Gráfico

Descripción generada automáticamente

Deterioro del balance del banco central, demanda de pasivos estatales y refinanciación de deuda gubernamental

En este sentido, las expectativas pueden afectar a la determinación del nivel de precios tanto desde el cuantitativo como cualitativo, a través de los siguientes procesos:

  1. Deterioro del balance del banco central: puesto que la mayoría de los bancos centrales mantienen deuda pública en su balance, este es un activo con el cual pueden reabsorber moneda fiat y estabilizar su valor. Si los acreedores desconfían en la solvencia relativa del gobierno a largo plazo, el valor de la deuda pública en el mercado decrecerá, de la misma manera que lo hará la calidad del activo financiero –a fin de cuentas, recordemos que el valor del activo financiero depende de aquel de los activos que sirven como su colateral.
  2. Reducción de la demanda de los pasivos estatales: si los agentes económicos pierden confianza sobre la solvencia del gobierno, tendrá lugar una caída de la demanda de los pasivos de este –recordemos que el valor de un activo financiero se encuentra ligado a la solvencia percibida del emisor. Y, como la moneda fiat es un pasivo más del Estado (Rallo, 2017), también se reducirá la demanda monetaria, bien sea mediante el atesoramiento de activos reales, de otras monedas fiat y activos financieros o simplemente consumiendo sus saldos de tesorería (Ibidem).
  3. Incapacidad de refinanciar la deuda. Recordemos, en primer lugar, que en este modelo el gobierno puede retirar moneda fiat del sistema mediante los superávits (s) y las ventas de bonos estatales (Qt*Bt):

Menor margen de maniobra

Si se reduce la demanda global de la estructura de deuda del gobierno –dentro de la cual no solo está la moneda fiat, sino también todos los bonos que emite–, la consecuencia directa será que el gobierno perderá la capacidad de estabilizar el nivel de precios mediante la venta de bonos que generan un reflujo de la moneda fiat.

Como vemos, mientras que 1) y 2) afectan a la calidad de la moneda fiat, 3) hace referencia a la cantidad de moneda fiat que permanece en la economía. Todos estos tres procesos, como se observó en la ilustración inicial, afectan directa o indirectamente al nivel de precios bajo el marco de la TFNP.

¿Y la deuda a largo plazo?

En el inicio del presente artículo ya explicamos la necesidad de incorporar un flujo intertemporal de superávits esperados y descontados en el modelo inicial, dado que el valor de cada bono se determinaba en función de los superávits esperados en el mismo vencimiento. A raíz de este razonamiento, surgen diferentes implicaciones sobre el nivel de precios en relación con el plazo de vencimiento de la deuda.

Pero primero, hemos de entender que los Estados se endeudan de forma regular mediante la refinanciación, o roll-over, de esta: pagan la cantidad inicial a devolver emitiendo deuda por ese mismo valor nominal, teniendo que hacer frente únicamente a los gastos de intereses. En consecuencia, una huida generalizada de la deuda gubernamental a corto plazo no se produciría porque el gobierno no es capaz de generar los superávits necesarios, sino porque es incapaz de refinanciar esa deuda mediante nuevas emisiones, en un proceso similar al de un pánico bancario (Cochrane, 2023). 

Para la TFNP, el nivel de precios se comporta de distinta manera si la estructura de deuda del gobierno es a corto o a largo plazo. Mientras que la deuda a corto plazo es más volátil respecto a los superávits o déficits presentes, la deuda a largo plazo se valora en relación con un flujo de superávits más extendido y, en consecuencia, genera comparativamente más estabilidad en las finanzas del gobierno y en el nivel de precios (Cochrane, 2001).

Conclusiones

En este artículo, hemos avanzado en una comprensión más global y realista de lo que es y lo que no es la TFNP, gracias a haber expuesto un modelo intertemporal que nos permite explicar la variación de los superávits a lo largo de varios períodos. Esto es esencial al integrar las expectativas y los flujos de superávits esperados en las teorías macroeconómicas, al influir estos de forma significativa sobre el nivel de precios.

Si cabe extraer una conclusión fundamental de este artículo, es que la política fiscal es fundamental en términos macroeconómicos. Evidentemente, los tipos de interés, las operaciones de mercado abierto, o la oferta monetaria son imprescindibles para entender las fluctuaciones en el nivel de precios. Sin embargo, tanto o más importantes son los superávits y déficits primarios, los plazos de vencimiento de la deuda pública y demás variables fiscales que tienen una gran influencia sobre la economía real y financiera.

Bibliografía

Cochrane, J. H. (2001). Long-Term Debt and Optimal Policy in the Fiscal Theory of the Price Level. Econometrica, 69(1), 69–116.

Cochrane, J.H. (2023). The Fiscal Theory of the Price Level. Princeton University Press.

Friedman, M. (1956). The Quantity Theory of Money – A Restatement. En Milton Friedman (ed.), Studies in the Quantity Theory of Money, University of Chicago Press, 3-21.

Friedman, M. (1968). The Role of Monetary Policy. The American Economic Review, 58(1), 1-17.

Mises, L.v. (2023). La Acción Humana. Unión Editorial.

Rallo, J.R. (2017). Contra la Teoría Monetaria Moderna: Por qué imprimir dinero sí que genera inflación y por qué la deuda pública sí la pagan los ciudadanos. Ediciones Deusto.

Stigum, M. (2007). Stigum’s Money Market. McGraw Hill.

Ver también

La teoría fiscal del nivel de precios (I): una introducción. (César Táboas).

La teoría fiscal del nivel de precios. (Jon Aldekoa).