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Etiqueta: Teoría monetaria

Bitcoin y la crisis de Autoridad del Estado (I): Introducción

Si por algo está teniendo tanto éxito La filosofía de Bitcoin es porque creo haber dado con la tecla de analizar Bitcoin como algo de dimensión muy superior a la de ser meramente un activo económico, al margen de consideraciones sobre su naturaleza económica.

Bitcoin, efectivamente, es un activo económico con unas características muy peculiares e interesantes para analizar bajo la lupa de los investigadores en esta materia, pero a mi juicio su importancia es muy superior en el ámbito político, jurídico y social. Al final, la economía no es un área cerrada, sino que siempre está atravesada por la política.

Bitcoin es una evolución superior en el ámbito de las transacciones económicas, lo cual no equivale de forma idéntica a decir que es un buen medio generalmente aceptado de pago, ni mucho menos. La mejor manera de entenderlo a mi modo de ver es comprender que es el primer activo escaso digital no dependiente de terceros.

Si atendemos a formas de intercambios económicos históricos vemos que las relaciones económicas mediadas por metales eran distintas a los intercambios monetarios. Los intercambios metálicos debían ser validados entre particulares, que debían comprobar la pureza y calidad de éstos; con el salto a la moneda se pasa a delegar esta validación en el poder político, pasando de ser una relación entre particulares a una relación mediada por el gobernante de turno. Y desde entonces no ha habido gran innovación en el ámbito monetario.

Friedrich A. Hayek adelantó muy bien en La desnacionalización del dinero que esto no se debía nada más que a una creencia ampliamente establecida de que debía ser el poder político el que llevase a cabo esta tarea, y se encargó de abrir la imaginación monetaria por la vía teórica para devolver a esa creencia su carácter de mera idea histórica, y por histórica transitoria, no necesaria.

Bitcoin, al no depender de terceros, permite precisamente superar eso y abrir un nuevo espacio no sólo económico, también político.

Por la parte del Estado, conviene incidir en los amplios estudios históricos y teóricos de Dalmacio Negro, que sigue a Carl Schmitt, en lo referente a la peculiar naturaleza del Estado. El Estado no es sinónimo de cualquier forma política. No toda organización política es un Estado. Gran parte de los teóricos liberales y las corrientes surgidas del mismo caen precisamente en el error de equiparar el Estado con el Gobierno o con cualquier otra forma política. Llevamos las gafas del estatismo para ver a la Grecia clásica y vemos “ciudades-estado”, cuando las polis son simplemente una forma política. Lo mismo sucede al mirar Roma o a la Monarquía hispánica. Vemos el pasado, el presente y el futuro con el virus del Estado.

El Estado surge en la segunda mitad del siglo XVI, a raíz de la idea de soberanía que fusiona las ideas clásicas de Potestad (poder socialmente reconocido), que históricamente recaía en la monarquía, y Autoridad (saber socialmente reconocido), que lo detentaba la Iglesia y sus juristas. De las guerras de religión aparecen las monarquías absolutas, un fenómeno moderno, y de su proceder bajo el principio de la soberanía crearían el Leviatán, que se independizaría de ellas. Con la Revolución francesa el usufructo de la soberanía pasó de los monarcas absolutos a la Nación, ahora política, y en los últimos coleteos de este tiempo histórico es donde creo que nos encontramos. Tanto la Potestad como la Autoridad del Estado-Nación están entrando en crisis.

No sólo Bitcoin incide en esta crisis, pero sin Bitcoin no imagino una transición a otras formas políticas, y Bitcoin le arrebata al Leviatán de forma radical el báculo de la Autoridad.

Ahora nos encontramos en una situación en la que la Autoridad del Estado tiene 5 fracturas principales:

1/ La seguridad patrimonial. El Estado ha dejado de ser el garante de la seguridad patrimonial en varios ámbitos, ya no garantiza la propiedad, su uso y disfrute a capas muy amplias de la Sociedad, y nada hace pensar que vaya a corregir su rumbo. En el sector inmobiliario se protege más al okupa que al propietario. En el resto de sectores se centra más en el control y el expolio fiscal que en su crecimiento y prosperidad. Esta forma de proceder está desplazando la percepción de seguridad del Estado a otros ámbitos, por ejemplo, los maximalistas depositan su percepción de seguridad patrimonial en Bitcoin, de ahí que tenga ciertos elementos religiosos al absorber parte del aura del Estado. Recordemos que las religiones duran más que los imperios.

2/ Su papel como administrador de justicia y legislador. El Estado monopoliza en gran medida los sistemas de aplicación de justicia, sin embargo, en el Ciberespacio no tiene soberanía, lo que limita tanto su capacidad de hacer justicia como el respeto a su legislación. Bitcoin bien custodiado es inconfiscable, y por ello no se puede hacer justicia en el sentido clásico del término de lo que se mantenga en este activo. Pensemos en aquellas situaciones en las que una de las partes se ha apropiado indebidamente de unos bienes y los liquida para pasarlo a Bitcoin, ¿qué hace un juez ante esta situación si no puede embargarlos? Si alguien tiene su patrimonio en Bitcoin, ¿cómo le obliga un juez a cumplir con una obligación de dar si éste se niega? Es más, si no depende de terceros, te permite mantener la privacidad, es inconfiscable y sus transacciones incensurables, ¿pueden hacer algo los Estados contra Bitcoin? ¿Sirve de algo que lo “prohíban”?

3/ Por si todo esto fuera poco, también produce un cambio en las relaciones de poder. Bitcoin te permite secesionarte patrimonialmente a nivel individual, colectivo y político. Se puede pasar el patrimonio a Bitcoin sin KYC —el Estado no tiene manera de enterarse de esto si el procedimiento se realiza adecuadamente— ello significa que se puede mantener un patrimonio al margen de las garras del Estado, y de cualquiera. Pero esto no es sólo a nivel individual, también se puede hacer a nivel colectivo para forzar al poder político a negociar, pensemos por ejemplo en una ciudadanía que mantiene gran parte de su patrimonio en Bitcoin sin KYC. Pero no sólo se da entre individuos y colectivos respecto del Estado, también entre Estados y el orden internacional, como demuestra El Salvador frente al FMI. Bitcoin permite hacer un opt-out a todos los niveles. Esto supone una pérdida de credibilidad, de autoridad, inmensa. El todopoderoso Estado —o las organizaciones interestatales que han creado— ya no tiene poder para expoliar a sus ciudadanos si éstos se quieren proteger, pero todavía más, puede ser presionado por esos ciudadanos si se organizan para presionar a los gobernantes al excluir sus patrimonios del expolio fiscal. Los Estados más débiles ya no se tienen que plegar ante chantajes de los más poderosos para conseguir financiación. Al producir ese cambio en las relaciones de poder tiene un efecto igualador que hace perder la autoridad al Estado —y sus organismos— de ser superior, porque hasta una persona corriente puede escapar de sus garras.

Menciono de forma frecuente la idea inspirada por @mu_muloko de que en periodos largos de tiempo no hacemos por norma general aquello que consideramos bueno, sino aquello que estamos incentivados a hacer. Bitcoin cambia los incentivos, por lo que también transformará nuestro comportamiento y con ello nuestras relaciones sociales y políticas.

Las otras dos fracturas las analizaré en el próximo artículo junto a las implicaciones políticas que podrían aparecer.

El valor de Bitcoin no depende de la confianza

En el artículo de hoy retomo el asunto de un post anterior donde explicaba que la confianza no es lo que confiere valor al dinero. Confianza entendida como que otros aceptarán el dinero simplemente porque a su vez confían en que otros también lo harán. Voy a referirme a este significado como “confianza de aceptación” para distinguirlo del significado “cosa que posee las cualidades recomendables para el fin a que se destina”. Este último significado sí sería correcto, aunque es aplicable a cualquier bien, no es nada especial del dinero, ni es el significado que pretendo criticar en este artículo.

Para transmitir esta misma idea de confianza de aceptación, algunos economistas usan el término “fiduciaria”, y afirman que por definición toda moneda es fiduciaria ya que su valor depende fundamentalmente de esta confianza o esperanza de aceptación. Afirmación con la que no estoy de acuerdo porque esa esperanza no es nada especial de la moneda ni de cualquier mercancía, y por tanto es un concepto inútil como criterio de distinción.

Bitcoin, la revolucionaria y pionera criptomoneda concebida en 2008.

Para que exista valor de cambio, y el valor de cambio es siempre una expectativa futura, no es necesario que exista ninguna demanda pasada o presente por parte de terceros. Ni siquiera es necesario que esa expectativa futura se acabe por materializar. Esto es así  para cualquier mercancía, sea activo financiero o no, y tenga valor de uso o no. Para demostrarlo, tomemos Bitcoin como ejemplo de mercancía, que además se podría decir que es una mercancía “pura” (a falta de un término más adecuado), porque no tiene ningún valor de uso en el sentido de que de forma directa no te alimenta, no te abriga, adorna, etc.

Quien primero otorgó valor de cambio a Bitcoin fue Satoshi Nakamoto. Creo que podemos decir casi con total seguridad que atesoró las primeras unidades de Bitcoin porque consideró que sus cualidades eran apropiadas para ser medio de intercambio: Oferta limitada, divisible, difícil de falsificar, fungible, barata de almacenar y transmitir, etc. Para formar su expectativa del valor de cambio solo pudo basarse en dichas cualidades, pues al tratarse de un bien totalmente nuevo no existía ninguna referencia de valor de cambio, ni previa ni actual.

El mero hecho de que Satoshi atesore unidades de Bitcoin ya implica que tienen valor para él. De lo contrario ni las habría creado ni las atesoraría. Pero las atesoró y por tanto tienen valor de cambio para él aunque en ese momento sea la única persona que conoce la existencia de Bitcoin. ¿Qué habría pasado si Hal Finney y los demás early adopters hubieran ignorado a Satoshi?  Pues posiblemente pasado un tiempo Satoshi habría desistido y desechado sus unidades de Bitcoin y el proyecto al completo. Bitcoin habría dejado de tener valor de cambio y por tanto habría dejado de ser un bien económico.

Ya hemos demostrado que una mercancía “pura” puede serlo únicamente por virtud de la expectativa de un solo sujeto. Pero si el lector pensara que esto es irrelevante económicamente porque solo afecta a un individuo, y es necesaria la demanda de un tercero para que la expectativa de valor de cambio se materialice en un precio, veámoslo a la inversa: ¿La condición de que un tercero tenga que valorar un bien es exclusiva de las mercancías puras? Pues tampoco. Por ejemplo, todo el excedente de arroz que un productor no puede autoconsumir estaría en la misma situación. Que el excedente de arroz sea objetivamente nutritivo no le confiere valor, basta que no pueda venderse por la razón que sea para que su valor sea cero (que esté en una mala ubicación, que su calidad sea relativamente inferior al arroz de la competencia, etc.). Es decir, igual que con los primeros Bitcoin que atesoró Satoshi, también es imprescindible un tercero para que el valor del excedente de arroz se acabe materializando en un precio. 

Cualquier bien cuyo productor no pueda autoconsumir tiene valor de cambio y solo valor de cambio. Esto no es ni raro ni excepcional, es de hecho lo habitual en una economía especializada donde la posibilidad de consumir lo que nosotros mismos producimos tiende a ser nula. En el concepto de mercancía, es decir, todo bien cuyo propietario planea vender y no consumir, ya está implícito que como mínimo tendrá que haber otra persona más que valore sus cualidades. Si esa persona adicional la valora únicamente como mercancía fácilmente intercambiable, ya tenemos dos sujetos que pueden intercambiarla como mercancía indefinidamente.

Como para cualquier bien, para formarse una expectativa de su precio unitario hay que valorar la evolución futura de la oferta y de la demanda. Esta valoración es muy difícil, y esta dificultad no es nada especial de las mercancías puras o de la moneda. La necesidad de intercambiar en el espacio o en el tiempo es una necesidad como cualquier otra, quizá de las más importantes en una economía con altísima división del trabajo, y predecir la intensidad agregada de cualquier necesidad es siempre una labor muy compleja, no importa de qué tipo de bien estemos hablando. La enorme importancia de la necesidad de intercambiar es la que explica no solo el valor de los medios de intercambio, también el valor de los servicios de un experto en macroeconomía, de un banquero, de un buen vendedor o intermediario, los estudios de mercado, el marketing y otros servicios similares sean valiosos. 

En conclusión, no es necesario ningún razonamiento ad hoc sobre la confianza aplicada a las mercancías puras en general ni tampoco a la moneda en particular. En el caso de Bitcoin, su valoración como la de cualquier otro bien no depende de la “confianza de aceptación” sino de la valoración por parte del mercado de la aptitud de sus cualidades concretas, en competencia con sus alternativas, para satisfacer la necesidad de intercambiar en el espacio o en el tiempo.

El dinero como tecnología y el Bitcoin como mejora (I)

El dinero es una tecnología que sirve para transportar valor a lo largo del tiempo y del espacio sin riesgo de contraparte. Si tras un ejercicio de alteración de factores de producción el individuo A genera un valor igual a X y en t1 este solo quiere consumir un valor igual a Y (siendo Y<X), A intercambiará el valor restante, X-Y, por bienes y servicios que me le ayudarán a satisfacer sus necesidades. Para ello, la mejor opción de A es intercambiar el valor de lo que ha producido por dinero, para así poder transportar el valor de X-Y a lo largo del tiempo. Por otro lado, si A produce y quiere intercambiar los frutos de su producción por bienes y servicios, para acceder a la mayor cantidad de bienes es vender el valor de su producción por dinero. Es decir, el dinero vuelve a ser la mejor opción para intercambiar valor, esta vez a través del espacio.

Cuando un bien puede transportar valor a lo largo del tiempo, decimos que este funciona como depósito de valor. Cuando un bien sirve para transportar valor a lo largo del espacio, se le describe como medio de intercambio generalmente aceptado. Estas dos facultades, junto con la de unidad de cuenta son las tres funciones que típicamente se emplean para describir el dinero. No obstante, yo defiendo que la característica esencial y lo que determina si algo es dinero o no es si es el medio de intercambio generalmente aceptado (Salerno 1994, 75)

Todo dinero, como describo en el primer párrafo, funciona como una tecnología para transportar el valor a lo largo del tiempo. Pero esta característica, a pesar de ser necesaria, no es suficiente. Existen bienes que funcionan como depósitos de valor, pero no como medios de intercambio. Esto se debe a que las características que hacen que un bien sea una buena tecnología para transportar valor a lo largo del tiempo no son las mismas que lo convierten en una buena tecnología para hacerlo a lo largo del espacio. Carl Menger en On The Origins of Money (2009, 30–32) enumera estas características dividiéndolas entre los condicionantes para los límites espaciales de la vendibilidad—es decir, cuan buen medio de intercambio es o su liquidez intratemporal—y los límites temporales de la vendibilidad de un bien—es decir, cuan buen depósito de valor es o su liquidez intertemporal—. 

Para Menger un bien será un buen medio de intercambio, es decir, podrá transportar el valor a través del espacio perdiendo poco o nada de este según cinco características. Las características que marcan los límites de la vendibildiad espacial—liquidez intratemporal—son cinco. Primero, el grado de la necesidad del bien pueda estar perturbado en el tiempo. Segundo, cuan fácilmente se pueden transportar los bienes y el coste de este transporte. Tercero, cuan desarrollados están los medios de transporte y comercios de este bien con respecto al resto. Cuarto, por la extensión local de mercados organizados y su conectividad mediante arbitraje del bien en un mercado al otro. Y quinto, por las diferencias en las restricciones impuestas al comercio con respecto a diferentes bienes.

Las características que marcan los límites de la vendibildiad temporal—liquidez intertemporal—son siete. Primero, si existe si la necesidad de estos se mantendrá en el futuro, es decir, si seguirán siendo bienes económicos: un bien cuyas cantidades son inferiores a las demandas de los individuos para satisfacer sus necesidades de este. Segundo, por su durabilidad, es decir, si la integridad del bien se mantendrá a lo largo del tiempo. Tercero, el coste de preservar y almacenar el bien. Cuarto, el tipo de interés. Quinto, la existencia de un mercado de este, es decir, no que empiece a ser superabundante (condición 1), sino que siga habiendo demanda de este—que los individuos sigan creyendo que este bien es útil para satisfacer alguna de sus necesidades. Sexto, que se desarrolle la especulación sobre el mismo, para poder coordinar los precios de este con su posible escasez. Y séptimo, las posibles restricciones a este bien que se imponen a través de medios políticos.

Como vemos, un bien podría cumplir una parte de las características y no otra. Todo bien, para llegar a ser el medio de intercambio generalmente aceptado, primero tiene que ser un buen depósito de valor. Todo bien, para poder transportar valor a lo largo del espacio primero tiene que hacerlo a lo largo del tiempo, porque entre cualquier intercambio siempre va a haber un periodo de tiempo que vaya a pasar entre t1 y t2. Todo bien podrá ser depósito de valor indefinidamente al menos para el depositante original del valor porque para él, al ser el valor subjetivo, este siempre puede mantenerlo. Pero por la misma naturaleza subjetiva del valor, nada garantiza a un individuo que este vaya a ser aceptado—otra manera de entender la liquidez intratemporal es la “aceptabilidad”, cuan generalmente aceptado por otros individuos es que ese bien tiene valor—por lo que un bien siempre puede ser depósito de valor para al menos una persona, pero, al requerir de la aceptación de otros para que algo sea un medio de intercambio, este no tiene por qué llegar a o continuar siéndolo.

Un ejemplo son los diamantes, que son un buen depósito de valor, pero un mal medio de intercambio. Una característica del buen dinero es que sea divisible. Diremos que un bien es perfectamente divisible cuando este no pierda porcentaje de valor equitativo al porcentaje de división de la unidad que sufre. Dos medias onzas de oro valen lo mismo que una onza, pero dos medias piezas de un diamante valen menos que una pieza entera. El oro, por esta y otras características fue un buen dinero: fácilmente maleable, divisible, muy durable, con un alto valor unitario—es decir, una unidad de onza de oro poseemucho valor, por lo que con poco movimiento transfieres mucho valor—, fácil atesorabilidad—se requiere poca seguridad y espacio para mantenerlo—, fraccionable y fácil de desatesorar—con alta demanda—.

Por tanto, defiendo la postura que la auténtica característica del dinero es que sea el medio de intercambio generalmente aceptable. Que sea un buen depósito de valor aumentará la liquidez del bien. Esto será una causa de que un bien llegue a ser dinero. El bien que emerge como dinero es aquel bien que sufra un menor decrecimiento en su utilidad marginal. La ley de utilidad marginal nos dice que un individuo valora con menor intensidad cada unidad adicional de un bien que ya posee (Huerta de Soto 1992, 50; Menger 2007, 125). El activo real—bien que no es el pasivo de otro agente—de cuya utilidad marginal mengue con menor intensidad, es decir, el que ostente una mayor liquidez intra e intertemporal, será el que mejor mantenga su valor y el que el mercado utilice como dinero (Menger 2009; Fekete 2017, 28). Por tanto, podemos definir dinero como ‘‘todo activo real que, debido a su superior estabilidad de valor, los agentes económicos emplean para intermediar entre el momento de venta y el momento de compra o entre el momento de compra y el momento de venta’’ (Rallo 2019, 108).

Que el bien con mayor liquidez opere como unidad de cuenta es la consecuencia de que este sea dinero: los individuos fijan los precios en ese bien porque quieren que se les pague en este, ya que es el bien que estiman les proporcionará mayor liquidez para transportar el valor. Esto hará que los agentes lleven su contabilidad en esta unidad. Pero esta “función” no es más que un indicador de qué es aceptado como medio de intercambio en una economía.

Volviendo al oro, este bien fue el dinero de la mayoría de las economías durante cerca de un siglo (1821-1914). Esto fue gracias a sus características entre ellas, además de las anteriormente mencionadas, su escasez natural. No obstante, el oro dejó de ser dinero, hasta nuestros días en los que nos encontramos huérfanos de un buen dinero mediante el que poder transportar valor entre nosotros y para nuestro futuro. Esto se debió principalmente a la intervención estatal. Los países que formaban parte del patrón oro clásico lo abandonaron principalmente para deshacerse la restricción que este ofrecía ante su capacidad de endeudarse y afrontar los coses de la Primera Guerra Mundial. Los estados eliminaron la convertibilidad de su moneda en oro, requisaron el oro en manos privadas y, aunque a veces intentaron volver, siempre fue con restricciones sobre las reglas clásicas. Esto, sumado a la capacidad de confiscación del oro y otras cualidades que hacen que lo alejan de lo que podríamos entender como un dinero perfecto, hacen que otros bienes, en este caso intangibles, como el Bitcoin, empiecen a ser mejores alternativas para el próximo buen dinero. 

En la segunda parte explicaré por qué el Bitcoin podría llegar a ser un bien que ostentase unas características que lo volviesen un bien más dinerable que el oro, tanto por el lado de la liquidez intratemporal, como intertemporal. Expondré cómo creo que esto podría ser posible, enumerando así algunas flaquezas que podría tener el Bitcoin que creo que están superadas y otras que creo que o se están superando o que lo harán.

Referencias

Fekete, Antal E. 2017. Critique of Austrian Economics in the Spirit of Carl Menger. Aarschot, Bélgica: Pintax cvba.

Huerta de Soto, Jesús. 1992. Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial. 5th ed. Madrid, Spain: Unión Editorial.

Menger, Carl. 2007. Principles of Economics. Auburn, United States: Ludwig von Mises Institute.

———. 2009. On The Origins of Money. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Rallo, Juan Ramón. 2019. Una Crítica a La Teoría Monetaria de Mises. Madrid, España: Unión Editorial.

Salerno, Joseph T. 1994. “Ludwig von Mises’s Monetary Theory in Light of Modern Monetary Thought.” The Review of Austrian Economics 8 (1): 71–115.

Teoría cuantitativa del dinero

En este articulo expondré las bases de la visión monetarista centrándome en los siguientes cuatro puntos:

• Los agregados monetarios: Qué miden y cuál es el mejor para medir la cantidad de dinero

• La falacia del multiplicador monetario• Circulación industrial y financiera

• El efecto real del balance1. Los agregados monetarios

Los bancos centrales clasifican y agrupan los diferentes activos financieros líquidos que puedan considerarse que cumplen una función monetaria. En la Eurozona podemos agruparlos de cuatro maneras diferentes:

– BM: Base monetaria, activos o pasivos del banco central formados por billetes y monedas en circulación mas las reservas que los bancos comerciales tienen depositados en dicho banco central. Estas reservas pueden ser obligatorias, dictadas respectivamente por el coeficiente de reserva; o excedentarias, reservas extra que el banco comercial decide depositar en el banco central por encima de las requeridas legalmente.

– M1: Monedas y billetes en circulación más los depósitos a la vista en los bancos comerciales.

M2: M1 más depósitos a plazo hasta dos años y depósitos rescatables con preaviso de hasta tres meses.

– M3: M2 más repos (repurchase agreement), participaciones en fondos del mercado monetario y títulos de deuda con vencimiento de hasta dos años.

Sabiendo ya que diferentes agregados monetarios existen surge la pregunta: ¿Cuál de estas tres cantidades es más apropiada para utilizar como referencia de la cantidad de dinero que circula en la economía?

La base monetaria no es una buena referencia de la cantidad de dinero porque sólo tiene en cuenta el dinero creado por el banco central mientras que la mayor parte de todo el dinero es creado por los bancos comerciales al momento de conceder nuevos préstamos como ya expliqué en un artículo anterior

Para el caso de M1, como M2 también incluye los componentes del agregado monetario M1 y, además, M2 añade componentes a plazo mientras que los componentes de M1 son componentes a la vista, los cambios en M1 puede no representar los cambios en la cantidad de dinero,sino que su cambio puede deberse al movimiento entre los diferentes componentes. Lo mismo ocurre con M2, como los componentes del agregado monetario M2 también están incluidos en M3 y, además, M3 añade otros componentes diferentes, las variaciones de M2 tampoco representan las variaciones de la cantidad de dinero, sino que su cambio puede deberse al movimiento entre los diferentes componentes que lo componen. Así, M3 al ser el agregado monetario más amplio del cual el banco central recoge estadísticas, es el mas representativo y cercano a la realidad en la estimación de la cantidad de dinero total que circula en la economía.

2. La falacia del multiplicador monetario

El concepto de multiplicador monetario asume que la ratio entre el dinero en sentido amplio, M3, y la cantidad de reservas que los bancos comerciales depositan en el banco central es constante. Es decir, el banco central es capaz de controlar la cantidad de dinero que crean los bancos comerciales simplemente ajustando el coeficiente de reserva legal. Sin embargo, esto no es cierto. Como he comentado antes, la mayor parte del dinero es creado por los bancos comerciales, no por el banco central, y son estos bancos comerciales los que en ultima instancia deciden en que cantidad se quieren endeudar y crear dinero. Actualmente los bancos comerciales tienen enormes excesos de reservas depositados en el BCE produciendo un descenso nunca visto en el multiplicador monetario.

3. Circulación industrial y circulación financiera

Existen dos circuitos diferentes por los que el dinero puede circular: el industrial y el financiero. El circuito industrial corresponde al modelo habitual del flujo circular de la renta que se manifiesta en la conocida expresión keynesiana PIB=C+I+G+X-M y se centra exclusivamente en la producción y la renta derivada de esta. Sin embargo, este modelo keynesiano no tiene en cuenta en absoluto el sistema bancario y financiero del cual forma parte todos los intercambios de activos reales y financieros. Además, en una economía moderna, el valor de todas las transacciones (de activos reales y financieros) puede superar en varias decenas el valor del PIB. Estos dos circuitos no están aislados el uno del otro, por ello, una pequeña fluctuación del flujo financiero hacia el flujo industrial puede producir un impacto mas que proporcional en la circulación industrial con los efectos que eso pudiese tener en la renta familiar.

Un simple ejemplo: Un inversor quiere vender una acción que posee. Alguien le compra dicha acción. El inversor, en vez de decidir invertir en otro activo diferente, decide irse de vacaciones y gastarse ese dinero que ha conseguido. Este es un ejemplo sencillo de cómo una cantidad de dinero que al principio estaba fluyendo en el circuito financiero se ha filtrado a la circulación industrial. Por ello, las variaciones de dinero pueden distorsionar los precios primero de los activos reales y financieros y posteriormente, en consecuencia, filtrarse a los precios de los productos, servicios y salarios generando inflación.

4. El efecto real del balance

Supongamos que inyectamos una cantidad extra de dinero en una economía y que en el transcurso de este experimento mental no se produce un aumento de la producción real. El agente que reciba el nuevo dinero verá que tiene más dinero en proporción a su renta y riqueza. Por ello, tenderá a gastar ese exceso de dinero en bienes y servicios. El nuevo receptor de ese dinero le ocurrirá lo mismo por lo que hará exactamente lo mismo que el primero. Así, poco a poco el nuevo dinero en circulación producirá un paulatino aumento de los precios hasta que el aumento del dinero real sea anulado por la subida del precio de los productos y servicios. Lo que este experimento mental ejemplifica es que cada individuo mantiene en equilibrio la proporción entre la cantidad de dinero real del que dispone y de la renta y riqueza real. Esta idea se puede extender junto a los conceptos anteriores de circulación industrial y financiera para seguir el rastro de cómo un aumento en la cantidad de dinero acaba produciendo un aumento de los precios de los activos reales y financieros en un lapso de entre 6 y 9 meses después de la expansión monetaria y posteriormente acaba ocasionando un aumento de los precios de los productos y servicios (inflación) en un lapso de entre 12 y 18 meses. 

A pesar de que he sido más extenso de lo que me había imaginado en un principio (pero demasiado breve como para explicarlo en profundidad), creo que estos cuatro puntos que acabo de exponer son un buen reflejo de la visión monetarista actual que se defiende desde, por ejemplo, el Institute of International Monetary Research de la Universidad de Buckingham. Quiero agradecer al profesor Juan Castañeda por los conocimientos sobre monetarismo que he aprendido que aunque no los comparta en su totalidad, me parecen interesantes.

Scrip: Una alternativa privada a la moneda estatal

El scrip es un tipo de pagaré de misión privada comúnmente emitidos por empresas o particulares. El scrip suele tener una aceptación más delimitada y suele poder canjearse por especie de lo que el emisor produce. Los casos más frecuentes de uso de scrip son dentro de empresas o en comunidades con problemas de acceso a la moneda que funcionaba con dinero o bien por estar limitada o bien por encontrarse esta comunidad aislada. Ejemplos de empresas usando scrip con sus clientes lo vemos en parques de atracciones que emplean tokens, monedas propias que ellos se comprometen a aceptar. Un ejemplo de una forma de pago en scrip a los empleados sería a través de puntos canjeables por productos de la empresa. 

Por otro lado, vemos que la producción de scrip fue común durante varias de las crisis estadounidenses de finales del siglo XIX y principios del XX (Shafer and Sheehan 2013), en momentos donde la emisión de billetes estaba limitada. Durante la crisis del 1893, del 1907 y de 1914, los comerciantes con mejor reputación y que ofrecían servicios más utilizados creaban su propio scrip para la compra de sus mercancías. Estos pagarés sustituían a los billetes de bancos comerciales, escasos en la época—no por problema de la banca, sino por escasez artificial impuesta por regulaciones—. Los comerciantes se encargaron de facilitar los intercambios con sus monedas, trabajo que hubiesen realizado los bancos de no haber sido por la regulación que limitaba la emisión de billetes. Roberds (1990, 27) afirma que ‘‘la emisión de scrip durante las crisis representa fundamentalmente intentos de crear formas de dinero privado cuya aceptabilidad igualase la del efectivo, al menos  en la comunidad donde se emitiesen’’. Como sucede con la doctrina de las letras reales, si un comerciante emitía scrip por encima del valor de los bienes que lo respaldaban—aquellos que se podían canjear por este—el scrip circulará con un gran descuento o simplemente no será aceptado como medio de intercambio. 

Y vemos scrip empleado en comunidades aisladas(Timberlake 1987), donde este no surgía únicamente por la imposibilidad de obtención de nueva moneda, como era el caso del uso de este durante los largos viajes en barco o en ciertas comunidades mineras donde la compañía lo controlaba todo porque no había ningún asentamiento cerca, también podía emerger para facilitar el intercambio allá donde, aun entrando nueva moneda, lo hiciese con mayor lentitud de la demanda lo requiriese. Un ejemplo es el de los pueblos mineros de Virginia Occidental, en el cual las empresas mineras adelantaban parte del salario de los mineros en scrip de la compañía, que era bien aceptado en otras tiendas independientes de la compañía, para poder hacer frente a los pagos y a las necesidades de los trabajadores antes de vender el producto (Fishback 1986).

Uno de los ejemplos más curiosos de scrip es el de las monedas emitidas para uso dentro de las colonias de leprosos. Estas eran comunidades donde se enviaba a los leprosos a vivir juntos. Esta práctica se remonta a la Edad Media, donde órdenes monásticas se encargaban de cuidar de ellos, comúnmente en zonas remotas. Empezando a finales del siglo XIX hasta mediados del XX, se tiene registro de varios países asiáticos y suramericanos, como las Filipinas (Lannon 2017) o Colombia (Rodríguez Salazar and Arévalo Hernández 2017), donde las oficinas estatales de salud emitieron una moneda propia, un scrip, para esas zonas. Esta practica se originó por miedo a que las monedas pudieran transmitir la enfermedad, creencia que se comprobó errada posteriormente.

En uno de mis últimos artículos, propongo el uso de cripomonedas para mejorar las letras reales y que exista una coordinación a tiempo real entre el descuento de estas y el porcentaje o tiempo restante de producción del bien en su última fase antes de ponerse a la venta. Una implantación similar podría ser utilizada para cierto scrip, especialmente para un tipo que no he explicado anteriormente: el llamado stamp scrip. La forma original de este instrumento era el de un papel con cajas que de no ser selladas mensualmente con al menos el 1% del valor del billete, este perdería valor. Un ejemplo son los certificados de prosperidad que emitió el gobierno de Alberta en los años 30. El objetivo del stamp scrip es el de aumentar la velocidad del dinero e incentivar el consumo—o desincentivar el atesoramiento—. Este instrumento también fue empleado durante los años 30 en Alemania y Austria después del colapso de sus monedas (Monbiot 2015).

Las empresas podrían incentivar el consumo de sus productos mediante la creación de stamp scrip sujeto a un contrato inteligente que resultase beneficioso a los clientes comprar siempre y cuando lo utilizaran con cierta asiduidad o este iría caducando. Por ejemplo, El Corte Inglés podría ofrecer una promoción que por cada 100 sathosis tienes el equivalente a 120 sathosis en su moneda propia y por cada semana que no gastases dos, perderías uno. Los cálculos los podría llevar a cabo cada empresa y los clientes decidirían si aceptar el intercambio o no dependiendo del riesgo y su voluntad de atesorar. Este sistema también podría servir para pagar salarios, como propone Hoffman (2019), solo que perfeccionado mediante el uso de contratos inteligentes.

Referencias

Fishback, Price V. 1986. “Did Coal Miners ‘Owe Their Souls to the Company Store’? Theory and Evidence from the Early 1900s.” Journal of Economic History 46 (4): 1011–29.

Hoffman, Michael. 2019. Monetary Kaleidics. Independent.

Lannon, Donald. 2017. “Disinfect Before Handling: The Story of Culion Leper Colony and Its Coinage.” The California Numismatist 14 (2): 28–40.

Monbiot, George. 2015. “A Maverick Currency Scheme from the 1930s Could Save the Greek Economy.” The Guardian, February 17, 2015.

Roberds, William. 1990. “Lenders of the Next-to-Last Resort: Scrip Issue in Georgia during the Great Depression.” Economic Review.

Rodríguez Salazar, Oscar, and Décsi Arévalo Hernández. 2017. “Currency and Social Segregation, the Case of the Leper Colonies in Colombia.” Économie et Institutions 26.

Shafer, Neil, and Tom Sheehan. 2013. Panic Scrip of 1893, 1907 and 1914: An Illustrated Catalog of Emergency Monetary Issues. Jefferson, Estados Unidos: McFarland & Company, Inc., Publishers.

Timberlake, Richard H. 1987. “Private Production of Scrip-Money in the Isolated Community.” Journal of Money, Credit and Banking 19 (4): 437–47.

¿Tipos de interés presos, efectivo sentenciado, confianza ciega de los particulares?

Apuntan desde las autodenominadas nuevas fuerzas del cambio a la desaparición gradual del efectivo en manos del público[1].

Entre los determinantes de la Oferta Monetaria, el dinero fiduciario que circula, con la reserva fraccionaria[2], la fracción de efectivo sobre depósitos, e = (Efectivo en manos del, público (EMP) / Depósitos bancarios (D) ), es un factor  en mano de los particulares que les da cierto protagonismo en la graduación de la intensidad del multiplicador monetario. Otros instrumentos o factores son los Coeficientes obligatorios de caja en manos del Banco Central Europeo (BCE), los coeficientes voluntarios en manos de las entidades financieras (bancos y cajas) y los cambios de la Base Monetaria (BM), mediante la creación de monedas y billetes o mediante operaciones de compraventa de mercado abierto. Los coeficientes conforman la fracción de los Activos de Caja (AC) sobre los Depósitos, (AC/D), existentes como eventual “salvaguarda’ de suficiencia de tesorería, dinero en las cajas bancarias, para que no cunda el pánico ante demandas de retirada de dinero por cualquiera de los motivos: transaccional, especulativo o precaucional por parte de los depositantes. Particulares, bancos y BCE, por tanto, tenemos protagonismo en la Oferta Monetaria.

No son sólo el BCE y los bancos los protagonistas en la Oferta Monetaria. Pues la Oferta Monetaria, el dinero que circula, resulta, en contextos donde opera la reserva fraccionaria, del producto entre el multiplicador monetario y el dinero legal (Base Monetaria) creado por el BCE.  Conformando su pasivo, la Base Monetaria, la suma del Efectivo en manos del público y los Activos de Caja, BM = EMP + AC. Una expresión simple del multiplicador monetario es: (e + 1) / (e + Coeficiente Caja). Si los particulares, decidiéramos subir (e),  crecería  la tenencia de efectivo y mermaría el peso de los depósitos debilitando ello el proceso dinámico de expansión múltiple de depósitos y de créditos[3] y, por tanto, circularía menos dinero, menor Oferta Monetaria. Igualmente, si el BCE o los bancos decidieran aumentar los coeficientes de caja mermaría la Oferta Monetaria. Si las decisiones fueran al contrario la oferta monetaria crecería.

La definición del dinero, como ” medio de pago generalmente aceptado’, como ‘depósito de valor’ y como ‘unidad de cuenta’ , en un sistema crediticio ampliado con Autoridad Monetaria (BCE), Bancos y ‘Cajas’ ya no es solo ‘el dinero legal’ creado por el BCE como Base monetaria; dinero es todo el Efectivo y los Depósitos generados por los procesos de expansión múltiple solo sustentados desde la confianza que exista en el dinero fiat (fiduciario, pues no hay aval real al pasivo del BCE, la Base Monetaria. El valor real efectivo del activo no avala ni sustenta al pasivo). ¡La confianza! ¡qué cosa tan buena y tan frágil! En casos de desconfianza total bien 1) porque los particulares no opten por depósitos en los bancos sino por efectivo en ‘casa’, o bien 2) porque los coeficientes de caja se eleven a tope, al 100%, en tales casos de total desconfianza por parte de la gente o bien por parte de la propia Autoridad Monetaria, el multiplicador monetario sería 1 y entonces Base Monetaria y Oferta Monetaria coincidirían y la reserva fraccionaria no tendría efecto. Los particulares pueden manifestar su desconfianza en el sistema crediticio ampliado con un cierto grado de libertad modificando e = EMP/D y la Autoridad Monetaria y los bancos también podrían reservarse la posibilidad de manifestar su nivel de desconfianza modificando motu proprio los respectivos coeficientes de caja. 

Las consignas políticas apuntadas por el PSOE y Podemos a los parlamentos sugiriendo intervenciones financieras pretendiendo forzar la desaparición del efectivo en manos del público (particulares) quita protagonismo a los particulares en la Oferta Monetaria y esta pretensión sería, creo, todo un atrevimiento que podría ser muy peligroso al cancelarse por esta vía la eventual reacción de los particulares ante situaciones de desconfianza e incertidumbre en el sistema financiero[4]. Esto es una pretensión peligrosa con eventuales efectos negativos sobre las defensas requeridas para el sostenimiento del mismo sistema financiero. Puede ser una tentación de dominancia en el control por la Autoridad Monetaria y los bancos sobre la oferta Monetaria para sujetar la inflación con ortodoxia monetaria o también puede ser una histórica tentación de control fiscal de la totalidad de las operaciones financieras. Efectivamente ello tiene su recorrido.

Pero el verdadero peligro donde quiero centrarme reside en que haya connivencia entre gobiernos intervencionistas que expanden los gastos y déficits públicos recurriendo a endeudamientos financiados por la compra del BCE de activos financieros y deudas soberanas a tipos de interés bajísimos por “trampa de liquidez”. Situación patológica, estudiada por el análisis económico, convertida en crónica y hasta deseada por los Estados mientras no se atisbe inflación en el horizonte. Estos bajos tipos de interés disuaden el ahorro, de ahí su peligro. La cuestión es[5]: ¿hay trampa de la liquidez porque los tipos de interés son bajos y la preferencia por la liquidez[6]opera? o, en cambio ¿los tipos de interés son artificialmente bajos propiciados por tal connivencia entre la Autoridad Monetaria, BCE, responsable de las políticas monetarias expandiendo Base Monetaria comprando deudas soberanas, y los Estados irresponsables en sus políticas crónicas, fiscales y presupuestaria, con recurrente vicio adictivo al endeudamiento?[7]

José Manuel González Pérez, ULL.

Referencias bibliográficas:

https://elpais.com/economia/2020-06-12/el-psoe-pide-en-el-congreso-eliminar-el-dinero-en-efectivo-de-forma-gradual.html.

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10158565558461926&id=63830851925
https://www.facebook.com/JuanRamonRallo/videos/404703997493613/ Sobre la condonación de deuda pública.

Herce José Antonio (2021), “De Tasa y tipos”. Véase blog ¡Viva la libertad y el desestanco!  https://www.jaherce.com/ 

Véase José Antonio Herce (2020) https://twitter.com/_herce/status/1271795716596301824 tweet 13.6

Herce José Antonio (2021) Tweet 6.7.

Rallo Juan Manuel (2020) “¿Por qué quieren eliminar el efectivo?” en YouTube, junio
https://youtu.be/QkTaLIqPA1o

https://www.elconfidencial.com/mercados/2021-07-10/el-bce-acapara-un-30-de-la-deuda-espanola-mientras-el-inversor-internacional-se-repliega_3175084/

https://www.expansion.com/economia/2020/02/16/5e4910b1468aebae218b45d1.html Sobre endeudamiento privado.

https://economipedia.com/definiciones/trampa-de-liquidez.html Sobre trampa de la liquidez.

González Pérez José Manuel (2005). Economía política, participación e interdependencia. Ed. GEU, Granada.

González Pérez José Manuel (2021), ¿Endeudarse cuánto? El dilema en la visión macroeconómica.  ¿Padecemos o provocamos la trampa de la liquidez? Artículo aceptado en las XIII Jornadas de Docencia en Economía (JDE). Alicante. Septiembre.

Eva Ugarte, Josefina León y Gilberto Parra (2017) LA TRAMPA DE LIQUIDEZ, HISTORIA Y TENDENCIAS DE INVESTIGACIÓN: UN ANÁLISIS BIBLIOMÉTRICO.   

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301703617300329 donde presentan el siguiente anexo: 

Los 12 artículos más citados sobre la trampa de liquidez

Autor(es)TítuloAñoCitas
Krugman, P.R.It’s baaack: Japan’s Slump and The Return of the Liquidity Trap.1998354
Christiano, L., Eichenbaum, M. & Rebelo, S.When is The Government spending Multiplier Large?2011208
Gertler, M. & Karadi, P.A Model of Unconventional Monetary Policy.2011205
Benhabib, J., Schmitt-Grohé, S. & Uribe, M.The Perils of Taylor Rules.2001168
Eggertsson, G.B. & Krugman, P.Debt, deleveraging, and The Liquidity Trap: A Fisher-Minsky-Koo Approach.2012138
Woodford, M.Simple Analytics of The Government Expenditure Multiplier.2011134
Svensson, L.E.O.Escaping from A Liquidity Trap and Deflation: The Foolproof Way and Others.2003109
Benhabib J., Schmitt-Grohé S. & Uribe M.Avoiding Liquidity Traps.200294
Hamilton, J.D. & Wu, J.C.The Effectiveness of Alternative Monetary Policy Tools in a Zero Lower Bound Environment.201274
Adam, K. & Billi, R.M.Optimal Monetary Policy under Commitment with A Zero Bound on Nominal Interest Rates.200668
Orphanides, A. & Wieland, V.Efficient Monetary Policy Design near Price Stability.200065
Cúrdia, V. & Woodford, M.The Central-bank Balance Sheet As An Instrument of Monetary Policy.201157

[1] Véase: https://elpais.com/economia/2020-06-12/el-psoe-pide-en-el-congreso-eliminar-el-dinero-en-efectivo-de-forma-gradual.html.

Véase:https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10158565558461926&id=63830851925

Véase JM Rallo (2020): “¿Por qué quieren eliminar el efectivo?” en YouTube. Junio

[2] Véase Antonio España (2011)  Monetae Mutatione; https://blogs.elconfidencial.com/economia/monetae-mutatione/2011-10-04/acabemos-con-la-reserva-fraccionaria_437706/

[3] Véase González Pérez J.M. (2005) págs. 155-168. Consecuencias del sistema crediticio ampliado. Los procesos de expansión múltiple de créditos y depósitos se demuestran mediante la suma de los términos de una progresión geométrica.

[4] Hay también opiniones al margen del psoe y de podemos que apuntan a atenuar la verosimilitud de peligro por pérdida de libertad apelando a la rectitud.

Véase José Antonio Herce (2020)

https://twitter.com/_herce/status/1271795716596301824 tweet 13.6: “El verdadero último reducto de la libertad individual no es el dinero en efectivo. Es algo mucho más valioso e intangible: la rectitud. El dinero en efectivo solo es un medio de cambio y, como bien sabes, se usa para cambios degradantes, justamente aprovechando que no deja traza”. También véase José Antonio Herce (2021), “De Tasa y tipos”. Véase blog ¡Viva la libertad y el desestanco!  https://www.jaherce.com/ .

¡La Rectitud! y ¡La Confianza! Sin duda, ¡qué cosas más deseadas junto con La Libertad! La rectitud, la confianza y la libertad no creo se deban presuponer. Más bien son atributos que cuesta mucho alcanzar y, en cambio, con cuánta facilidad se pierden. La rectitud de las conductas son siempre un aspecto de calado en el fortalecimiento de la confianza mutua entre agentes económicos y de apelarse a ella como valor no conviene ser asimétrico en las exigencias entre las conductas del sector privado y las del sector público. La falta de rectitud suele ser descontada en la toma de decisiones y acuerdos en intercambios voluntarios de los mercados reales y financieros. “Cambios degradantes” públicos generadores de despilfarro con cargo a endeudamiento continuo y creciente financiándose los hay con evidencia. En este artículo me he alejado de estas disquisiciones de interés y he intentado ceñirme a la formalización simple del protagonismo de los particulares como determinante de la oferta monetaria mediante sus decisiones de mantener efectivo sobre depósitos. Esta opción que permite apreciar el eventual grado de confianza depositada en el sistema crediticio ampliado (BCE, Bancos y Cajas) es crucial cuidarla por el bien del propio sistema crediticio y de los agentes económicos.

[5] Cuestiones que también se plantean en González Pérez J.M. (2021) en la JDE, Alicante, septiembre de 2021.

[6] Hipersensibilidad de los demandantes de dinero a los tipos de interés, la demanda de dinero se ajusta con inmediatez a la oferta monetaria.

[7] Véase Daniel Rodríguez Asensio (2021) “Los dos errores del golpe de timón del Banco Central Europeo”. Libre Mercado. “Era cuestión de tiempo que el Banco Central Europeo moviera ficha. Lo hizo la Reserva Federal hace unas semanas y Europa no se podía quedar atrás. Porque para quienes viven del intervencionismo monetario sólo habrá una solución para los problemas sea cual sea su naturaleza: intervenir. El movimiento del BCE es claro. Ha hecho el primer cambio en la estrategia de política monetaria desde 2003 para no tener que recurrir a algo impopular y que cada vez se hace más peligroso: retirar los estímulos. Concretamente, ha cambiado su objetivo fundamental (mantener la inflación en niveles cercanos, aunque por debajo¸ del 2%), y ha establecido el objetivo del 2%, permitiendo fluctuaciones al alza o a la baja transitorias. O, dicho de otra manera, ante el más que previsible repunte en la inflación durante este año (el consenso de analistas ya está en el 3% y subiendo), el BCE se asegura la capacidad de seguir manteniendo los programas de compra de activos y la capacidad de no tener que subir los tipos de interés”.

https://www.libremercado.com/2021-07-11/daniel-rodriguez-asensio-errores-banco-central-europeo-inflacion–6799510/

La función de unidad de cuenta del dinero

Cualquiera que se haya interesado por los aspectos económicos del dinero habrá leído en los libros de economía las tres funciones o características del dinero, a saber, medio de intercambio, reserva de valor y unidad de cuenta. Muchos autores, tanto seguidores de la Escuela Austríaca de Economía como de otras escuelas económicas, han dado extensas explicaciones sobre la adopción de estas características en un bien que se va monetizando, es decir, que se va convirtiendo en dinero. Sin embargo, desde mi punto de vista, la función de unidad de cuenta no suele ser analizada con la profundidad que lo son las otras dos. Se pasa a menudo de puntillas sobre esta como si fuese una característica trivial una vez un bien ya posee las otras dos. Mi intención con este artículo es plasmar por escrito una posible explicación de esta función principal del dinero.

Mi propuesta es: un bien adquiere la propiedad de unidad de cuenta cuando el precio de dicho bien consigo mismo es uno o lo más próximo a uno posible. ¿Cómo podría ser de otra forma? Déjenme explicarme. Tal y como Carl Menger explica en su genial libro “El Dinero”, los bienes no tienen un único precio si no dos, el precio de compra y el precio de venta, el bid y el ask. Además, también explica que la liquidez de un bien es tanto mayor cuanta menor diferencia haya entre estos dos precios. Cuando esta diferencia se hace mínima, un bien adquiere liquidez máxima. Así, cuando dicho bien tiene una amplia oferta y demanda, estos dos precios convergen y puede considerarse que este bien se está o se ha monetizado.

Los manuales clásicos de economía tratan los precios como una relación relativa entre los precios únicos de cada uno de los bienes sin profundizar en el hecho de que cada bien tiene dos precios en vez de uno. Por tanto, según la visión mainstream no tendría sentido comparar el precio de un bien consigo mismo ya que siempre será la unidad.

Resumiendo, un bien adquiere la función de unidad de cuenta cuando su precio de compra y su precio de venta son prácticamente el mismo. Esta función surge según este bien va adquiriendo liquidez en términos mengerianos. ¿Por qué esto es importante? Bien, en el caso de que vayamos a un mercado, si el vendedor de un puesto tuviese a la venta un producto con un precio de X unidades monetarias, si el precio de compra y de venta de las unidades monetarias no fuesen muy próximas, esa cifra “X” no nos serviría para hacer una conversión momentánea entre el precio de los bienes que demandamos y el precio de los bienes que nosotros ofrecemos. El precio sería diferente según la posición en la que nos encontramos, ya sea vendedor o comprador. La característica de unidad de cuenta, entendiendo la palabra “unidad” tanto como medio como valor unitario facilita enormemente el cálculo mental de la conversión de precios entre múltiples productos.

Es decir, la función de unidad de cuenta del dinero se produce por la convergencia entre el bid y el ask, o lo que es lo mismo, por tener un spread mínimo haciendo que, en los intercambios, nos sea irrelevante en qué posición del intercambio nos encontremos ya sea tanto comprador como vendedor.

Billetes de banco, certificado de depósito y décimos de Manolita

Se mantiene vivo un debate dentro de la Escuela Austríaca sobre si la banca con reserva fraccionaria—sistema mediante el cual la banca puede emitir activos financieros mediante préstamos a la vista—puede y debería existir. Parte del debate entre aquellos que defienden que por mandato los bancos deben mantener un coeficiente de caja del 100% y los que creen que deben ser los bancos quienes a través de la libre competencia regulen sus activos, e el origen de los bancos como almacenes de depósitos y la posible corrupción de estos a entidades que además comerciaban con el dinero depositado.

Según Rothbard (1991), Hoppe (1994), Huerta (1998) y otros autores, los bancos nacieron como almacenes de depósito y los billetes de banco, antes de ser pagarés a la vista del portador, eran certificados de depósito. Los bancos, su teoría afirma, nacieron como almacenes con dos motivos principales: la guarda y custodia del oro y la emisión de certificados de depósito para reducir costes de transacción. El contrato mediante el que se comerciaba con los bancos era únicamente el deposito. Por la naturaleza de los contratos de deposito, el depositario no podía disponer de los bienes depositados, es decir, los banqueros no podían hacer uso del dinero como deseasen.

No obstante, con el tiempo, los banqueros se dieron cuenta de que no todos los depositantes requerían de su dinero a la vez y que gran parte del oro almacenado permanecía sin uso. Por tanto, empezaron a emitir más certificados de deposito que oro tenían en sus cajas fuertes para aumentar sus beneficios a costa de violar el contrato de deposito. El Estado les permitió llevar a cabo esta actividad fraudulenta y además les concedió privilegios como la institucionalización de un prestamista de última instancia para cubrirles en caso de pánico bancario. O eso cuenta la historia que los ciemporcientistas suelen citar.

Una objeción clara a esta teoría y que he visto pocas veces planteada (a George Selgin en su debate con Robert Murphy y a Capella (2009)), es que los certificados de depósito difícilmente podrían funcionar como billetes porque alguien debería estar pagando por el ejercicio de depósito. El contrato de deposito es un contrato de prestar un servicio, el de almacenar y proteger un bien. Este servicio se tendría que pagar con cierta regularidad, digamos mensualmente. Si los certificados de deposito circulasen como dinero, el banco-almacén no sabría a quién cobrarle por este servicio ya que este certificado podría cambiar de manos varias veces por día.

El banco-almacén tampoco podría cobrárselo del deposito, iría en contra del derecho, y de poder, cada nuevo poseedor de un certificado se vería obligado a visitar el almacén para asegurarse que el dinero sobre el que le han dado propiedad está ahí y no ha sido utilizado para cobrarse por el servicio. Los depósitos deberían ser pagados por el depositante original por un cierto periodo de tiempo, digamos tres meses. Si yo pago adelantadamente tres meses de deposito, en esos tres meses no voy a querer circular el certificado porque entonces estaré pagando un servicio para que lo llegue a disfrutar otra persona. Si me espero a que pasen los tres meses para intentar vender mi billete por otro bien, quizá me encuentre en la situación que la otra parte no lo quiera aceptar porque sabe o barrunta que el servicio de guardia y custodia no está pagado y que puede llegar al almacén y no encontrarse nada en caso de querer convertirlo en oro.

Es, por tanto, difícil de aceptar que en algún momento los billetes de banco fueran certificados de deposito. Si vemos imágenes de certificados de deposito, nos entran aún más dudas. En este certificado observamos que el servicio de deposito dura veinte años salvo que se renueve o retire todo, que ha sido pagado para cinco años y que a partir del quinto año el coste será de un 1% del valor del dinero depositado. Es difícil de creer que un título a un bien hasta veinte años salvo que se renueve—acto el cual deberá hacer el depositante original—que hasta dentro de cinco años tiene incentivo para no mover el billete y con un coste del 1% anual—otra de las ventajas de los préstamos a la vista frente a los depósitos a la vista: te generan un interés—.

Este modelo de certificado presenta una nota al final donde indica que ‘‘la facturación no se podrá realizar a terceros sin vínculo contractual con ALSUR […]’’, es decir, una vez pasa de manos, el depositante original continuará siendo el encargado de pagar por el deposito, que podrá hacerlo y asegurarle a quien lo tenga que aceptar que lo hará y esperar a que este confíe en él y además espere que terceros confíen en la palabra del depositante original, o no hacerlo y tener que retirar su dinero de ahí o defraudar a alguien dispuesto a aceptarlo.

Entonces, ¿qué son los billetes de banco si no son ni han sido certificados de deposito? Como bien define Capella (2009), ‘‘ son ‘‘pagarés, pasivos bancarios, documentos que representan deuda y que certifican derechos de cobro’’. Los billetes siempre han funcionado como tal. La reserva fraccionaria, más concretamente el contrato de préstamo a la vista, ha estado aceptado tanto por el derecho Romano como el derecho anglosajón. El derecho Romano permitía estos contratos mediante las figuras del  mutuum, el mutuum con stipulatio, el stipulatio o el depositum irregulare (Collins and Walsh 2014). El derecho anglosajón, por otro lado, contaba con lo que Selgin llama “the bagging rule” (2017; Fox 2015), se entendía que salvo que el dinero se depositase en una bolsa cerrada u otro objeto que indicase que no se podía acceder a él, el banquero podía disponer de ese dinero libremente para realizar préstamos a terceros con el requisito de que tuviese la cantidad demandada por el depositante a la vista.

Dejando de lado el revisionismo histórico e independientemente de si los bancos funcionaron únicamente como almacenes de dinero o no así o no, los mismos argumentos se pueden esgrimir contra aquellos que sí que quieren implantar este sistema. Difícilmente podrían los certificados de deposito circular como billetes bancarios sin un gran descuento. Un sistema donde solo el coeficiente de caja del 100% estuviese permitido tendría que lidiar con este problema e incluso ponerse de acuerdo entre todos y cada uno de los agentes de esa economía para solo intercambiar los billetes mensualmente, con el pago de cada nueva factura del almacén, pero eso les requeriría funcionar a crédito hasta que se liquidasen los pagos, lo que dudo que aceptasen.

Lo que definitivamente no son los billetes de banco es décimos de lotería como algunos (Block 1988, 30–31; Hoppe 1994, 71; Huerta de Soto 1998, 554) apuntan. Aún si se sufriese un pánico bancario y todos los clientes buscasen recuperar su dinero, los bancos aún tendrían otras maneras de pagar sus deudas: liquidando otros activos, incluso su patrimonio neto o negociando una novación.

Referencias

Block, Walter E. 1988. “Fractional-Reserve Banking: An Interdisciplinary Perspective.” In Man, Economy, and Liberty: Essays in Honor of Murray N. Rothbard, edited by Walter E. Block and Llewellyn H. Jr. Rockwell, 24–31. Auburn, United States: Ludwig von Mises Institute.

Capella, Francisco. 2009. “La Banca Con Eeserva Fraccionaria.” Liberalismo.Org, 2009.

Collins, Andrew, and John Walsh. 2014. “Fractional Reserve Banking in the Roman Republic and Empire.” Ancient Society 44: 179–212.

Fox, David. 2015. “Banks v Whetson (1596).” In Landmark Cases in Property Law, edited by Simon Douglas, Robin Hickey, and Emma Waring. London, United Kingdom: Hart Publishing.

Hoppe, Hans-Hermann. 1994. “How Is Fiat Money Possible? Or, The Devolution of Money and Credit.” The Review of Austrian Economics 7 (2): 49–74.

Huerta de Soto, Jesús. 1998. Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Madrid, Spain: Unión Editorial.

Rothbard, Murray N. 1991. What Has Government Done to Our Money? Auburn, United States: Richardson & Snyderises Institute.

Selgin, George. 2017. “The ‘Bagging Rule’ – Or Why We Shouldn’t Arrest (All) the Bankers.” Alt-M, September 6, 2017.

¿Es Bitcoin el MySpace de las criptomonedas?

MySpace fue una red social creada por Microsoft en 2003 y que fue eclipsada por Facebook, que se lanzó un año después. Algunos críticos de Bitcoin como Peter Schiff argumentan que es muy posible que Bitcoin sea el MySpace de las criptomonedas. Afirman que es muy probable que Bitcoin sea superado por otro competidor con tecnología superior.

Según estos críticos, Bitcoin es una tecnología mejorable principalmente por las siguientes razones: Procesa muy pocas transacciones por segundo, consume mucha energía, y no tiene ningún respaldo ni uso no monetario.  

Sobre el volumen de transacciones por segundo depende desde qué perspectiva se quiera mirar. Bitcoin es muy eficiente a la hora de verificar transacciones, pues su objetivo prioritario es la seguridad. Y esta seguridad se consigue facilitando todo lo posible que cualquiera pueda verificar todas las transacciones pasadas, presentes y futuras. Esto es a lo que se suelen referir en el argot de la industria cuando hablan de descentralización.  Yo prefiero hablar de seguridad porque es más concreto. Seguridad ante inflación, impago, robo o confiscación.

Para que cualquiera pueda verificarlo todo, el protocolo de Bitcoin limita el número de transacciones que se pueden incluir en cada bloque, unas 2000 aproximadamente, y mantiene el tiempo entre bloque y bloque en una media de 10 minutos.  Esta limitación es lo que hace que el envío sea caro cuando la demanda por enviar transacciones supera esta capacidad limitada.  El coste es consecuencia de la demanda, ya que la capacidad se subasta procesando las transacciones de los usuarios que están dispuestos a pagar más.  

Por tanto, el coste de enviar transacciones nunca se va a solucionar con otros sistemas como Proof of Stake.  La única forma de hacerlo sin comprometer la seguridad es conseguir que todos podamos verificar el mayor número de transacciones posibles sin incrementar el coste de verificación.  Y en eso, Proof of Stake no aporta nada.

Otra cuestión es que ese coste implique a su vez un coste energético (Proof of Work o prueba de trabajo).  Aquí entramos en el debate sobre el consumo de electricidad.  En su momento escribí este artículo del que ahora me arrepiento. Me he dado cuenta de que es un tema que no merece ni un segundo de discusión.  ¿Los usuarios de Bitcoin pagan religiosamente por la electricidad que consumen?: Si. Pues asunto zanjado. ¿O es que ahora resulta que hay que someter a algún tribunal en qué cosas se puede consumir electricidad y cuanta?.  

En cuanto a la falta de respaldo de Bitcoin, es otra característica buscada totalmente a propósito para maximizar su seguridad.  Que su emisión y gestión no dependa de confiar en ningún tercero es precisamente para que no tenga riesgo de inflación o impago. Y en este sentido, sustituir la prueba de trabajo por la puesta en garantía de un activo (Proof of Stake), es un peligroso retroceso al juego de los riesgos financieros, comprometiendo la seguridad. 

En cuanto a la inexistencia de un uso no monetario, es una crítica que parte de la muy equivocada idea de que una herramienta que facilite el intercambio no es útil, tal y como explico con más detalle aquí

En general, la mayoría de estas críticas pierden de vista la seguridad.  La esencia de Bitcoin es ser un conjunto fijo de unidades que se pueden poseer y transmitir de forma segura. Si lo que el mercado demanda es seguridad, la tecnología estará al servicio de esa demanda, no al revés.  Si lo que el mercado demanda es velocidad, para eso ya existía Paypal.  ¿Demandará el mercado algo intermedio? Es posible, pero si ese es el caso, parece cada vez más claro que, independientemente de la criptomoneda, una solución intermedia pasaría por desarrollarse en capas superiores. Y si la solución es en una capa superior, no veo qué razón habría para no colocarla sobre la moneda más segura de todas.

Si a pesar de lo dicho al lector le sigue preocupando la tecnología, es preciso tener en cuenta que el software para gestionar una moneda alternativa segura ha de ser necesariamente de código abierto. Nadie se fiaría de una “caja negra” administrada por un tercero en el que hay que confiar, pues para eso ya tenemos las monedas tradicionales.   

Por tanto, si se inventara una tecnología que sea significativamente superior, nada impide que Bitcoin la incorpore. No habría ningún impedimento material, aunque sí podría haber impedimentos legales por la vía de las patentes aun tratándose de código abierto. Y hay que reconocer que sería muy dudoso que un software patentado fuera incorporado con éxito a Bitcoin, pues podría traer problemas muy poco deseables. Ya ha pasado con el algoritmo Schnorr, que en ningún momento siquiera se ha planteado incorporarlo hasta que expirara su patente.

Pero el problema de limitar el uso y desarrollo del software mediante patentes, es que cuando la seguridad es una cuestión absolutamente crítica, cuando hace falta que el sistema sea antifrágil, es necesario exponerlo totalmente al exterior para que sea escrutado y atacado hasta la saciedad por el mayor número de programadores y hackers posible.  Solo así se puede tener una mínima certidumbre sobre su seguridad. Frente al software limitado y restringido, el software totalmente libre y abierto ha demostrado en las últimas décadas ser la mejor estrategia para alcanzar este nivel de seguridad, tal y como explico aquí con más detalle.  Bitcoin ya utiliza esa estrategia totalmente abierta, un competidor que protegiera su software con patentes se estaría atando una soga al cuello y ni siquiera sería una protección definitiva ya que ninguna patente dura más allá de 20 años, que en este contexto no es mucho tiempo, pues Bitcoin ha cumplido ya 12 años y aún no ha alcanzado su madurez.

Quisiera hacer una breve reflexión sobre la frase “una tecnología que sea significativamente superior”. Cada transacción de Bitcoin ya es muy pequeña, y aun así si quieres verificarlas todas necesitas tener una conexión a Internet decente y también un disco duro razonablemente rápido y con buena capacidad. El cuello de botella no es el protocolo de Bitcoin, al contrario, Bitcoin se autolimita para adaptarse a la infraestructura tecnológica ya disponible para cualquier ciudadano medio. Y esto no es una cuestión de querer ser “democrático” aunque de paso se consiga.  Es una cuestión, insisto, de seguridad: No tener que depender de terceros para verificar nada.

MySpace era una aplicación concreta sobre un protocolo de comunicaciones de propósito general (Internet), Bitcoin es un protocolo de propósito general para el intercambio económico.  Creo que la analogía es poco acertada. En todo caso, y tomando las precauciones necesarias que hay que tomar con toda analogía, y si sustituimos seguridad por interconectividad, la situación podría parecerse más a las llamadas protocol wars, cuando decenas de protocolos de comunicación se postulaban como candidatos a ser el sistema neurálgico de las comunicaciones a nivel global, muy parecido a la multitud de criptomonedas existentes en la actualidad.  El protocolo tcp-ip (Internet) dejó atrás a todos los demás por ser el más interconectable, que era lo que demandaba el mercado.  Si al final lo que el mercado demanda para una criptomoneda es seguridad por encima de cualquier otra característica, entonces la que consiga ser más segura quizá sea la análoga al protocolo tcp-ip

“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”      F.A. Hayek, 1984

Bitcoin como medio de pago

En el análisis de hoy me gustaría centrarme en la función de Bitcoin como medio de pago y hasta qué punto esta función confiere valor a un activo.  Una crítica habitual hacia Bitcoin es que, después de más de diez años de existencia, no parece que se esté utilizando como medio de pago habitual online y menos aún en los supermercados o restaurantes.  Es más, alrededor del año 2015 varias empresas importantes como Dell, Microsoft o Expedia anunciaron que admitían Bitcoin como medio de pago online pero, con el paso de los años, algunas de estas empresas fueron eliminando esa posibilidad por falta de uso.

Hoy en día atesorar tu patrimonio en un activo que se negocie en un mercado financiero es algo relativamente fácil y accesible gracias a la tecnología.  Adquirir bonos, fondos de inversión, acciones, oro o Bitcoin desde tu móvil es un proceso cada vez más sencillo y barato.  Y podría ser más sencillo y barato aún si no fuera porque las regulaciones y la falta de competencia introducen multitud de trámites y costes burocráticos y fiscales que no son verdaderamente necesarios ni son parte de la naturaleza de la operación.  Por tanto, tener tu patrimonio atesorado, por ejemplo, en un fondo de inversión más o menos conservador y pasar al medio de pago habitual de tu país es una operación barata, sencilla y rápida.

Demandar un activo, sea dinero o no, consiste en mantener un saldo de ese activo durante un tiempo, es decir, atesorarlo.  Demandar algo para deshacerte de él inmediatamente no confiere valor al activo en cuestión.

Las monedas como el dólar o el euro no mantienen su valor por el hecho de ser medios de pago, sino porque sus emisores actúan con la suficiente diligencia para mantener su valor razonablemente estable y que por tanto sea racional mantener saldos de tesorería en esas monedas, por lo menos a corto plazo.   

La demostración clara de que ser medio de pago aporta bien poco, es que otros medios de pago que son moneda de curso legal o forzoso, como el Bolívar venezolano o el Peso argentino, no mantienen su poder adquisitivo incluso a pesar de que sus Estados fuerzan aún más si cabe su función de medio de pago mediante intervenciones agresivas como el control de capitales o incluso el control de precios.  De poco les sirve.  Más contundente aún es el hecho incontrovertible de que la práctica totalidad de las monedas que mueren por hiperinflación, lo hacen siendo medio de pago oficial.

Porque utilizar algo como medio de pago no es otra cosa que vender ese algo.  Y cuando tu vendes algo es porque tiene menos valor para tí que lo que estás comprando. Por tanto, si el que recibe un medio de pago lo hace por una mera obligación legal pero no quiere atesorarlo, intentará deshacerse de él inmediatamente. 

Carl Menger definió el dinero como aquel bien que todos queremos tener porque nos permite intercambiarlo por lo que necesitamos con la menor pérdida económica posible durante todo el proceso del intercambio, y esto incluye el tiempo de atesoramiento del medio de intercambio desde que lo adquieres hasta que lo transmites. 

En una situación normal de una economía moderna, todos “hacemos cola” para obtener dinero a cambio de nuestras mercancías o servicios, los clientes son auténticos tesoros y muchas empresas se gastan verdaderas fortunas en marketing para conseguirlos, para conseguir su dinero. Cuando sucede al revés, cuando los clientes hacen cola con medios de pago en su bolsillo para comprar pan o una nevera, entonces es que ese medio de pago ha dejado de ser dinero. Ya no es el bien más demandado o más líquido.  En este caso hasta la nevera es más demandada que el medio de pago en cuestión.

Bitcoin está en un proceso aún muy incierto.  Aunque con el paso de los años va demostrando que sus cualidades no son solo teóricas sino una realidad: Duradero, sin riesgo de crédito, sin riesgo de inflación, barato de almacenar y asegurar, difícil de confiscar, etc.

Su demanda aún está muy lejos de estabilizarse pues aun mucha gente desconoce las cualidades de Bitcoin, y otros muchos dudan que estas cualidades se vayan a mantener. Pero estas personas van cambiando de opinión. Quizá haya personas que nunca cambien de parecer y ese sería el techo de la demanda de Bitcoin, pero hasta llegar a ese punto los que se van incorporando y los que ya se incorporaron pueden ir demandando más cantidad de Bitcoin, aunque también vendiendolos asustados cuando corrige de precio.

Pero si en estos ciclos los incrementos de demanda fueran mayores que los retrocesos, a la larga la demanda seguiría su escalada al alza hasta encontrar un punto de equilibrio. Si llegáramos a ese punto, los últimos en incorporarse posiblemente no llegarán a realizar reflexiones demasiado profundas, simplemente observarán que tiende a conservar bien su poder adquisitivo, y listo.

En definitiva, lo relevante es si Bitcoin es un buen medio de atesoramiento.  Lo que los economistas suelen describir como “buen depósito de valor”. Ser medio de pago, o no, es muy poco relevante y menos aún en esta fase de descubrimiento. Primero tendrá que demostrar que sus cimientos son sólidos y solo entonces tendrá sentido plantearse construir las paredes y el tejado. 

“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”

F.A. Hayek, 1984