Análisis diario
Desigualdad salarial entre mujeres y hombres, ¿inmoralidad o libre elección?
La diferencia salarial no es debido a la discriminación tanto como a una diferencia en la toma de elecciones vitales antes, durante y después de entrar en el mercado laboral.
Una noticia recurrente en los medios es la brecha salarial entre hombres y mujeres. El pasado octubre conocimos datos de la Unión Europea que mostraban que el salario medio de los hombres españoles es un 19,3% superior al de las mujeres, mientras que a nivel europeo esa diferencia se sitúa en el 16,3%. Según algunos sectores de la sociedad esto es debido a la discriminación sexista: las mujeres cobran menos por ser mujeres aunque hagan el mismo trabajo.
Este argumento es terriblemente simplista y engañoso (e incluso demagógico). Las razones son varias. Primeramente, este dato es el resultado de hacer la media de todos los sueldos femeninos y de todos los sueldos masculinos. Y es cierto que existe una diferencia del 19%. Sin embargo el principal problema de esta estadística es no tiene en cuenta que existen diferencias entre las elecciones vitales entre hombres y mujeres, y tampoco el hecho de que las mujeres y hombres no forman un conjunto homogéneo.
El salario es un resultado del valor y productividad que el trabajador aporta al mercado, y depende de sus conocimientos, experiencia, capacidad, actitud y educación (capital humano). Pues bien, este factor varía al considerar al conjunto de hombres y mujeres. Por ejemplo, se da que los hombres son mayoritarios en los estudios de telecomunicaciones, informática e ingeniería, mientras que las mujeres lo son en psicología, enfermería, educación y otras ciencias sociales. Como los sueldos de los sectores técnicos son mayores que los de las áreas sociales, los hombres de media tienden a tener sueldos más elevados. Pueden tener los mismos años de estudio y trabajar las mismas horas, pero la elección profesional hace que su salario vaya a ser diferente.
Si vamos a los datos del INE sobre ocupación por situación profesional y sexo, vemos que la ocupación femenina es mayor que la masculina en algunas profesiones y menor en otras. Por ejemplo, es mayor en Técnicos y profesionales científicos e intelectuales (+22%); Empleados contables, administrativos y otros empleados de oficina (+94); Trabajadores de los servicios de restauración, personales, protección y vendedores (+41%); y Ocupaciones elementales (+64%). En cambio la ocupación masculina es mayor en: Directores y gerentes (+55%); Técnicos y profesionales de apoyo (+38%); Trabajadores cualificados en el sector agrícola, ganadero, forestal y pesquero (+77%); Artesanos y trabajadores cualificados de las industrias manufactureras y la construcción (+91%); Operadores de instalaciones y maquinaria, y montadores (+86%); y Ocupaciones militares (+84%).
Está también la elección vital de la maternidad, que es clave para entender la diferencia salarial. La mujer tendrá una interrupción en su vida laboral fruto de dar a luz, y esto tiene consecuencias a nivel salarial. Primero, el parto hará que su trayectoria laboral sufra un parón por elegir criar a sus hijos, y esta interrupción en donde estará fuera del mercado laboral (total o parcialmente) tendrá una consecuencia en su salario futuro ya que no podrá adquirir la experiencia necesaria para tener sueldos superiores en el futuro.
Asimismo, si deciden incorporarse inmediatamente al mercado laboral muchas mujeres escogerán tener trabajar a tiempo parcial para atender a sus responsabilidades familiares, lo que resulta en un menor salario presente y futuro. Incluso se dan los casos en los que la mujer deja de trabajar. En estos casos el salario futuro será claramente inferior al que podía haber obtenido de mantenerse en el mercado laboral.
Otro factor aunque cada vez menos importante en sociedades desarrolladas, es que las mujeres siguen ocupándose en mayor medida que los hombres de las labores domésticas y los niños. Estas diferentes prioridades también explica que los hombres trabajen de media más horas.
Si eliminamos el factor de la maternidad, esto es, caso de mujeres que eligen no casarse y no tener hijos, las diferencias salariales son muchísimo menores (4%). Incluso es curioso el artículo de Time que explica que en 147 de las 150 mayores ciudades de Estados Unidos, los ingresos salariales medios de las mujeres de menos de 30 años solteras son un 8% superiores que los de los hombres en su misma situación.
Si analizamos los factores expuestos, llegaremos a la conclusión de que la diferencia salarial no es tanto debido a la discriminación sino a una diferencia en la toma de elecciones vitales antes, durante y después de entrar en el mercado laboral. Y eso no es malo por sí mismo.
De hecho, los estudios confirman que si tomamos un hombre y una mujer con la misma formación y experiencia que tienen el mismo puesto de trabajo y trabajan las mismas horas, su sueldo será prácticamente el mismo (variación del 2%). Y esto es lógico, porque los empresarios escogerán al mejor candidato para el puesto, ya sea hombre o mujer. Pensar que un empresario va a elegir a un peor candidato (con productividad más baja) simplemente porque sea hombre dista mucho de la realidad y denota un profundo desconocimiento del mundo empresarial.
De hecho, si los empresarios pudieran pagar menos a una mujer que tuviera la misma productividad que un hombre, no existiría desempleo femenino, ya que los empresarios solamente contratarían mujeres al aportar éstas la misma productividad a un coste laboral menor. Pero eso no ocurre: los empresarios siempre buscan al mejor candidato.
Por todo ello, deberíamos hablar de diferencias más que de discriminación. Diferencias que provienen de diferentes elecciones y proyectos vitales que tanto hombres y mujeres son libres de escoger. Por este motivo, la diferencia salarial media entre hombres y mujeres no es ni buena ni mala, simplemente es. Lo inmoral no es la diferencia salarial media, sino intentar obviar por motivos ideológicos que proviene de las libres elecciones de los individuos.