Análisis diario
Ley en Cataluña
El problema no es que los españoles quieran irse: el problema es que quieren echarnos a los demás.
Hace un par de meses, en una cena con unos cuantos amigos liberales, que en su mayoría no eran españoles, alguien me preguntó qué esperaba yo que ocurriera con el proceso separatista en Cataluña: mi respuesta fue que esperaba que se cumpliera la Ley.
Por las carcajadas de los presentes, sólo hay dos opciones: o mi respuesta tuvo mucha gracia, cosa que no se deduce ni de la frase ni de las circunstancias en que se dijo, o todos me tomaron por el más tonto de la mesa. Alguno me llegó a decir que, si ése era el nivel del debate, él directamente era marxista… Bueno, intentaré explicarlo por escrito, a ver si descarto la segunda opción.
Como liberal, tengo que creer necesariamente que todos somos iguales ante la Ley: es lo que nos protege de los poderosos, grupo en el que hay que incluir, por supuesto, a los políticos. Y la Ley no se cumple hoy en Cataluña: en realidad, no se cumple hace ya demasiado tiempo. Baste mencionar, simplemente, la persecución del español en esa región de España.
No por casualidad menciono el tema del idioma: todos esos amigos con los que compartía mesa y mantel, tenían algo en común que los unía mucho más que sus ideas liberales, puesto que allí había gente con tendencias hacia el liberalismo clásico, liberales más cercanos a Ayn Rand, libertarios firmemente partidarios de Murray Rothbard e incluso un amigo liberal muy defensor de la Escuela de Chicago… Pero todos ellos hablaban español.
Bueno, pues deben saber que el español está perseguido en Cataluña: no es que no se defienda la lengua que todos usábamos en aquella mesa, no. Es que directamente se pretende acabar con su presencia institucional, su enseñanza oficial y su función primordial como elemento integrador de la sociedad, que, a diferencia de otras lenguas, no se limita en este caso a unos pocos millones de personas, sino a un porcentaje bastante notable de la población mundial.
Desconozco cuántas horas de español se establecen como oficiales en los colegios de Cataluña actualmente: me da igual que sean 2, 3 o 5 horas a la semana. Cualquier cifra es ridícula. Lo que sí sé es que las personas que se han enfrentado al poder político por ese motivo, o por querer rotular su comercio en español, sólo han podido recurrir a la Ley, con la esperanza de que la Justicia fuera verdaderamente ciega y les diera la razón.
Me dirán que también son leyes aquéllas que amparan esos desmanes. Sin duda. Pero esas leyes sólo reflejan, como escribió en su día Arcadi Espada, la decadencia de Cataluña: merece la pena releer hoy su libro, publicado en 2006, para entender lo absurdo de todas esas leyes que garantizan incluso el derecho a gozar del paisaje…
No me gusta el Estado: mucho menos si es grande, ineficiente y arbitrario, como el español. A mí también me gustaría que los mastodónticos Estados-nación fueran sustituidos por una serie de ciudades-Estado, donde sus ciudadanos tuvieran más libertades y pudieran votar con los pies en caso de que no se cumplieran sus expectativas. Pero no creo que la independencia de Cataluña vaya en esa dirección.
Yo diría que va justo en la dirección opuesta: más gobierno, más regulación, menos libertad. En definitiva, más Estado: quizás pequeño al principio, pero crecerá (Baleares, Comunidad Valenciana). Y entonces será un Estado-nación en toda regla, con idioma propio (propio del territorio, da igual lo que hablen sus habitantes) y moneda autóctona (yo les propongo un nombre fácil, la pela).
Sinceramente, creo que la independencia de Cataluña es inevitable: lo es desde que los políticos de la Transición dejaron la educación en manos de los que querían ser independientes, Pujol y compañía. Era cuestión de tiempo: será esta generación o la siguiente, pero será. Pero es que, además, no veo ningún problema en que se activen los mecanismos legales, si los hay, para que una parte de los españoles se independice.
El problema no es que esos españoles quieran irse: el problema es que quieren echarnos a los demás. Ya dijo Maragall que habría que buscar un nombre para la selección del resto del país puesto que no se podía concebir un partido España contra Cataluña… Eso es justamente a lo que me refería con mi respuesta: que no me hagan creer que se ha cumplido la Ley en Cataluña, por favor.