Ir al contenido principal

Mar, May 08

‘Skin in the game’: la importancia de jugarse el pellejo

No expongas a los demás a costes a menos que tú también estés expuesto a los mismos.

De acuerdo con la mitología griega, Anteo era un temible gigante hijo de Poseidón, dios del mar, y de Gea, la Madre Tierra. Anteo prometió a Poseidón construir un templo en su honor con cráneos humanos, y para obtenerlos desafiaba a un combate a muerte a cualquiera que pasara por sus dominios. Siempre lograba asesinar a sus adversarios, por lo que se ganó la fama de ser invencible. Sin embargo, en una ocasión se enfrentó con el semidios Hércules, que iba camino del Jardín de las Hespérides. Hércules se percató de que la fuerza de Anteo provenía del contacto con la Tierra, su madre. Lo levantó de forma que el gigante no pudiera tocar el suelo, con lo que perdió así toda su fuerza, y en el aire lo estranguló.

El último libro de Nassim Nicholas Taleb, titulado Skin in the Game, arranca con esta metáfora. De acuerdo con el autor, la historia de Anteo ilustra la importancia de permanecer con los pies en la tierra: “No podemos separar nada de su contacto con la tierra. Y el contacto con el mundo real se hace mediante skin in the game: teniendo exposición al mundo real y pagando un precio por sus consecuencias, sean buenas o malas”.

Taleb desarrolla en su libro esta idea central de manera similar a como lo hacía en sus obras anteriores: de manera poco estructurada, acumulando ejemplos y metáforas, aforismos y frases tajantes, y algún que otro exabrupto y generalización gratuita. Sin embargo, en el desarrollo del libro va presentando ideas muy interesantes en torno a la importancia de tener skin in the game (asumir riesgo, tener exposición real, jugarse el pellejo); ideas que el lector haría bien en incorporar a su acervo de modelos mentales para comprender mejor el mundo y tomar mejores decisiones.

Aunque no lo presenta así, el argumento de Taleb sobre por qué es crucial tener skin in the game podría dividirse en tres capas, cada una de las cuales es más profunda, menos obvia y más relevante, que las anteriores.

La primera de las capas, para Taleb la más superficial, es la cuestión de los incentivos: cuando alguien toma decisiones y no está expuesto a los resultados de dichas decisiones, no tendrá incentivos a tomar la decisión correcta. Insiste el autor en que esta idea no sólo se limita a que quien tome decisiones disfrute de los beneficios de que dicha decisión sea exitosa, sino especialmente en que si sale mal también sufra las consecuencias negativas. Dicho de otro modo, debe existir simetría en la toma de riesgos: quien decide debe estar igualmente expuesto a los beneficios como a los costes de su decisión.

Nassim Taleb pone como ejemplo de lo que no se debería permitir lo que denomina la operación Bob Rubin (‘Bob Rubin trade’). Robert Rubin fue un antiguo Secretario del Tesoro de EEUU que durante la década anterior a la crisis del 2008 ganó más de 120 millones de dólares como alto directivo de Citigroup por los cuantiosos beneficios cosechados por el banco. Sin embargo, cuando llegó la crisis y quedó de manifiesto que el banco, que había asumido enormes riesgos, era insolvente, fue rescatado con cargo al contribuyente. Robert Rubin, en buena parte responsable de la situación, alegó que ésta había sido imposible de prever, y por supuesto no tuvo que devolver el dinero. Como dice Taleb: “Si sale cara, ganas; si sale cruz, apelas al cisne negro”.

Aunque el problema de incentivos debidos a la falta de exposición real puede producirse por ineficiencias en el sector privado (el clásico problema principal-agente), donde su efecto es más importante y las consecuencias más devastadoras es cuando se produce la intervención del Estado. Lamenta Taleb que “son los Gobiernos, no los mercados, los que hicieron posible esta situación mediante los mecanismos de rescate. Y no son sólo los rescates: la intervención del Gobierno en general tiende a eliminar el skin in the game”. Al fin y al cabo, los políticos y burócratas representan los ejemplos más claros de personas dedicadas a tomar decisiones que tienen enormes consecuencias para otras personas mientras no sufren los costes de sus errores.

La segunda capa del problema que señala Taleb, más profunda que el problema de los incentivos, es el problema de la información y el conocimiento. A las personas que no están expuestas a las consecuencias de sus actos les falta un imprescindible mecanismo de feedback, y en consecuencia tienden a ver la realidad como les gustaría en lugar de como es: suelen defender ideas equivocadas o directamente absurdas, e incluso se las terminan creyendo. En aquellos ámbitos en los que es habitual que quien defiende ideas absurdas no sufra los costes, como la política, la economía o la filosofía, las teorías erróneas están mucho más extendidas y sobreviven durante más tiempo que en otros ámbitos como la construcción de puentes o la fabricación de automóviles, en los que los errores salen caros. Concluye Taleb que “el propio mecanismo de transferencia de riesgos impide el aprendizaje”.

La tercera capa del argumento de Taleb, la más profunda de todas, trata sobre el papel crucial que el skin in the game desempeña en la propia supervivencia y evolución de cualquier sistema complejo. El paso del tiempo es el test último de la robustez de un sistema: “Las cosas que sobreviven nos indican que tienen cierta robustez, siempre y cuando estén expuestas a sufrir daños”. Sin embargo, señala el autor, los sistemas desprovistos de exposición al mundo real, tenderán a hacerse cada vez más frágiles hasta su inevitable colapso, muchas veces causando un gran daño colateral.

Taleb va un paso más allá y afirma que, si algún significado correcto tiene el término “racionalidad”, ése es el comportamiento que se demuestra exitoso sometido a este mecanismo de evolución y supervivencia: “La única definición de racionalidad que he encontrado práctica, empírica y matemáticamente rigurosa es la siguiente: lo que es racional es lo que permite la supervivencia. Cualquier cosa que dificulta la supervivencia a nivel individual, colectivo, tribal y general es, para mí, irracional”. 

Nassim Taleb extrae a partir de este concepto, incluso, conclusiones éticas. Es de sobra conocida la denominada regla de oro: trata a los demás como querrías que te trataran a ti. Sin embargo, el autor considera que la versión más robusta, la que verdaderamente debería ser una norma de conducta universal, es la denominada regla de plata (o regla de oro negativa): no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. ¿Por qué es superior? En palabras de Taleb: “Porque te dice que te ocupes de tus propios asuntos y no decidas lo que es “bueno” para los demás. Identificamos con mucha más claridad lo que es malo que lo que es bueno”. Pero sobre todo porque es la forma de evitar que las personas impongan sobre los demás los previsibles daños derivados de decisiones en las que quien decide no se está jugando el pellejo.

Taleb resume esta reflexión de manera tajante: no expongas a los demás a costes a menos que tú también estés, directa o indirectamente, expuesto a los mismos.

ignacio_moncada@hotmail.com

Autor de la investigación

Documento de la investigación

‘Skin in the game’: la importancia de jugarse el pellejo

Más trabajos de investigación