Parece obvio, pues, que la riqueza actualmente disponible en el mundo es exageradamente exigua aun cuando la redistribuyamos a partes del todo iguales: tan exigua que la inmensa mayoría de españoles la exceden aun solo siendo propietarios de una vivienda minúscula en algún rincón de España (y recordemos que alrededor del 50% de las familias españolas tiene sus viviendas totalmente pagadas). No por casualidad, el 75% de todos los españoles se ubica en los dos deciles más altos de la distribución mundial de la riqueza: esto es, tres cuartas partes de la población española están entre el 20% más rico de la población mundial (y el 43% de los españoles, entre el 10% más rico de la población mundial).
La razón, de nuevo, no es que el 75% de la población española sea extremadamente rica, sino que la mayoría de la población mundial es muy pobre. Así, por ejemplo, el 10% de la población mundial adulta (unos 500 millones de personas) cuenta con una riqueza per cápita inferior a 90 dólares; el segundo decil no llega a los 466 dólares. Incluso la riqueza per cápita hasta el séptimo decil (del 70% de la población mundial) no alcanza ni los 10.000 dólares. Dicho de otro modo, el 70% de la población mundial disfruta de un patrimonio inferior a 8.500 euros: normal que el otro 30%, a poco rico que sea, concentre un alto porcentaje de toda la riqueza mundial.
Pero ¿cómo es posible que tanta gente tenga tan poco? Las causas son variadas, pero se pueden resumir en tres: persistencia de la pobreza patrimonial, edad y activos no computados.
Primero, el mundo sigue siendo un lugar con mucha pobreza: en 2013, 770 millones de personas seguían subsistiendo con menos de 1,9 dólares internacionales diarios; 2.000 millones, con menos de 3,2 dólares, y 3.500 millones, con menos de 5,5 dólares. Es verdad que durante las últimas décadas hemos visto la mayor reducción de la pobreza de ingresos en la historia de la humanidad, pero, con tales niveles de ingresos, ahorrar y amasar un patrimonio sigue siendo muy complicado. Por ejemplo, la riqueza media por adulto en India es de 3.835 dólares; en África, de 4.261 dólares; incluso en China apenas asciende a 22.864 dólares. Por el contrario, en Europa suma 125.460 dólares y en América del Norte, 337.078. Por consiguiente, la clave no es empobrecer a los europeos o a los norteamericanos, sino enriquecer a los africanos, a los indios o a los chinos.
Segundo, entre los 5.000 millones de personas que engrosan la población adulta mundial, cerca de 1.000 millones tienen entre 20 y 29 años (y, para más inri, la mayor parte de ellos son jóvenes de países pobres): es decir, no se trata de adultos que han estado trabajado —y ahorrando— durante toda su vida, sino de jóvenes que apenas han empezado su andadura en el mercado laboral y que, en consecuencia, no han tenido capacidad de ahorrar y de amasar patrimonio alguno (cuando no tienen riqueza negativa, pues sus deudas superan sus activos). El propio informe de Credit Suisse ilustra cómo la riqueza —lógico y natural— tiende a aumentar con la edad. No es que los ricos siempre sean ricos y los pobres siempre sean pobres: es que la inmensa mayoría de personas empezamos pobres y nos vamos enriqueciendo (con sus altibajos) conforme envejecemos:
Y, por último, el informe de Credit Suisse no mide todas las formas de riqueza que existen, sino únicamente la riqueza inmobiliaria y la riqueza financiera. O dicho de otra forma, excluye dos formas de riqueza que tienden, precisamente, a empobrecer estadísticamente a los dos grupos anteriores que ya de por sí son mucho más pobres en términos relativos: los ciudadanos de los países en vías de desarrollo y los jóvenes. ¿Cuál es el principal activo de los residentes en países en vías de desarrollo? Junto a su vivienda (si es que el Estado les reconoce tal derecho de propiedad), sus bienes muebles (herramientas y animales): pues bien, los bienes muebles no son contabilizamos por Credit Suisse. ¿Cuál es el principal activo de las personas jóvenes? Su formación: pues bien, Credit Suisse excluye el capital humano de su informe. Con ello, pues, solo tiende a sesgar todavía más a la baja una riqueza que ya de por sí sería escasa.
En definitiva, el problema de la riqueza en el mundo no es su mala distribución, sino que sigue habiendo todavía mucha gente muy pobre. Si de verdad nos creyéramos la patraña de que el problema no es la falta de riqueza sino su mala distribución, entonces deberíamos considerar prioritario empobrecer a cerca del 75% de las familias españolas por ser demasiado ricas (deberíamos empobrecer no solo a los españoles superricos, que también, sino incluso a las familias en clases medias-bajas). El problema, pues, no es la desigualdad, sino la pobreza: y la mejor manera de reducir la pobreza… es el capitalismo liberal.