Análisis diario
El fin de la era industrial
Las necesidades en el ámbito de la seguridad evolucionan a medida que cambian las relaciones sociales, los dominios en los que se desenvuelven esas relaciones, las innovaciones en los medios de producción, la propiedad y en las técnicas y tecnologías de ataque y defensa. Un cambio en alguna de estas obliga a reevaluar las necesidades de seguridad, son cambios en la lógica de la violencia.
Paleolítico y neolítico
Así, en el paleolítico, donde apenas teníamos bienes materiales, no era necesaria una organización demasiado elaborada ni tenía sentido especializarse en el empleo de la violencia frente a terceros, pues los bienes que había se deterioraban fácilmente y era más sencillo obtenerlos totalmente nuevos de la naturaleza cuando se necesitasen. Sería suficiente una organización nómada pequeña y evitar rivalizar con otras tribus en el mismo territorio para maximizar la seguridad.
Con el neolítico cambia por completo la lógica de la violencia, porque las personas empiezan a encontrar valor en el hecho de poseer. El desarrollo de la agricultura cambia los incentivos para poseer el territorio, para apropiarse de los frutos del trabajo y a tener utensilios para trabajarla. Esto genera riqueza, pero la hace inmóvil. Por ello, empieza a ser rentable especializarse en la violencia para apropiarse de la riqueza de terceros, y también asociarse para defender la riqueza de los ataques de terceros.
Así es como aparecen las primeras comunidades políticas, donde aquel que es capaz de organizar la defensa y/o el ataque se convierte en el líder, en la Potestad, el poder socialmente reconocido. Y con él aparece la división del trabajo en la violencia frente a otras comunidades políticas: la clase guerrera. También la construcción de murallas para disuadir y defenderse mejor.
Imprenta, pólvora y América
En el momento en el que la imprenta y la pólvora irrumpieron en la Europa del siglo XVI, recién descubierta América, y con Lutero fragmentando la Autoridad de la Iglesia, se hizo necesaria una evolución en las formas de proveer seguridad: el Estado. Al introducir Lutero la crisis de la Autoridad común en la Cristiandad, Europa se cubrió de las guerras de religión, provocando un estado de guerra civil permanente entre católicos y protestantes. La introducción del uso armamentístico de la pólvora mediante arcabuces y mosquetes primero, y con cañones después, alteró la forma tradicional de proveer seguridad mediante fortalezas, castillos y caballería. Y los cientos de miles de grabados críticos de los Lucas Cranach difundiendo las tesis luteranas gracias a la imprenta fueron un ataque más efectivo contra la Iglesia que el de cualquier rey anterior intentando asaltar Roma.
Con el descubrimiento de América la totalidad del globo quedaba asignada a algún poder político. Así las cosas, un monopolio de la violencia, un ejército profesional y homogéneo, junto a una Autoridad vinculada a unos límites territoriales concretos resolvía el problema de proveer seguridad en ese contexto. Esta fórmula exitosa fue el Estado, que era una mejor manera de proveer seguridad en ese contexto de guerra civil europea mediante la idea de soberanía política moderna.
Estado-nación
El Estado es así la forma moderna de organizar el poder político para proveer seguridad. Para ello, necesitan homogeneizar la población a gran escala para facilitar la cooperación y comunicación. Homogeneizan leyes, idiomas, educación, ejércitos, servicios públicos y se empieza la producción en masa para abastecerlos, dando paso a la Era Industrial, donde priman las economías de escala. Homogeneización, producción a escala y eficacia sobre eficiencia eran las leyes por las que se reproducía esta forma política.
Con la Revolución Industrial llegaron las fábricas, que requerían una gran inversión en capital fijo, estaban muy vinculadas a las materias primas de un territorio y eso las hacía muy débiles frente a la extorsión. Los trabajadores vieron muy incrementado su poder de negociación, pues podían paralizar el proceso de producción ocasionando enormes costes. El marxismo fue el relato legitimador de ese cambio de poder de negociación, impulsando el movimiento obrero y mejorando sustancialmente las condiciones de vida de los trabajadores industriales.
Megápolis
El Estado también consiguió un enorme poder de negociación, traducido en impuestos sobre la producción, al ser el encargado de proveer una seguridad eficaz para disfrutar de los beneficios de la producción a escala. También había que proteger las rutas de mercancías, y para ello tenían que ser absolutos en su territorio –soberanos–, debían tener toda la riqueza generada subordinada a su interés.
La necesidad de mano de obra para las fábricas también dio paso al éxodo rural a las grandes ciudades, megápolis, donde la vida tradicional se desvanecía para poner su foco en la producción. El hombre tradicional dejaba paso al hombre masa, al proletario cuyo salario le llegaba justo para mantener a su prole. El proceso ha sido tan profundo que no se quedó ahí, también se ha quedado sin prole, siendo ya un mero individuo tímido e industrioso que mira con temor a lo único que queda frente a él: el Estado.
Internet; bitcoin
Al igual que en ese paso de la Edad Media a la Modernidad, en nuestro tiempo nos encontramos con nuevos dominios, el ciberespacio y el espacio exterior. Las mercancías ya no solo viajan por tierra, mar y aire, ahora lo hacen también por el ciberespacio, y el Estado ya no tiene soberanía allí ni está especializado en proveer seguridad en ese ámbito. Además, la guerra en el ciberespacio es la guerra más asimétrica que hay, un solo ciberdelincuente puede vencer a toda una división de ciberfuncionarios, y el Estado que no tiene capacidad en el espacio exterior dependerá de terceros.
Además, nos encontramos con un cambio en la distribución de la información y del conocimiento que deja a la imprenta como un artilugio de coleccionista: Internet, que provoca una crisis de Autoridad en las instituciones modernas del conocimiento y la información: Universidades, medios de comunicación (televisión, radio y prensa) y el propio Estado. Bitcoin cambia más la lógica de la violencia de lo que lo hicieron las armas de pólvora, al poner un límite patrimonial a la capacidad de expropiación del Estado y permitir hacer un patrimonio portátil, secreto, inconfiscable y transmisible sin censura, supone un salto cuántico en la defensa y el ataque.
Micrópolis
También nos muestra cómo el código de programación es una nueva forma de ordenación superior a la ley estatal. Ahora el Estado ya no es ni eficaz ni eficiente en proveer seguridad, y cada vez su extorsión es más puesta en duda. La producción ya no es a escala, homogénea ni vinculada a un territorio concreto, sino que gracias a internet permite ajustar mucho la oferta a la demanda, haciéndola personalizada y con cada vez más productos y servicios digitales. Esto hace decaer el peso del sector industrial en las economías, y con ello el poder de negociación de los trabajadores.
Todos estos cambios hacen que la forma de organización política y social de la Edad Moderna, el Estado con sus megápolis, sea cada vez más disfuncional para más capas sociales, para los cuales su capacidad de producción de seguridad, es decir, su Potestad, y su Autoridad están más que cuestionadas. Si en la Era Industrial las leyes que la regían eran la producción a escala, la vinculación a materias primas en un territorio y la homogeneización; en la Era de la Información son la aportación de valor en el margen, la facilidad para conectar oferta muy específica agregando la demanda gracias a Internet y la personalización. Parece razonable aplicar estas leyes también al territorio político, pues hacer jurisdicciones personalizadas, Micrópolis, permitiría dirigir una transición de una era a otra realineando los incentivos y evitando la ruptura social.
—¿No es usted algo pesimista? —preguntó con exquisito cuidado la señorita Prim mientras miraba disimuladamente el reloj.
La anciana la contempló en silencio.
— ¿Pesimista? En absoluto, querida mía. ¿Pero qué ha de hacer un centinela, sino dar aviso de lo que observa? No hay centinelas pesimistas u optimistas, Prudencia. Hay centinelas despiertos y centinelas dormidos.
El despertar de la señorita Prim, Natalia Sanmartín