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¿Es compatible ser liberal y conservador?

La respuesta rápida es no. Sin embargo, hay multitud de comentarios sobre esta pregunta que merecen ser analizados. El conservadurismo es una doctrina filosófica preocupada por preservar el orden civilizatorio a través de un orden institucional moral que se materializa en un conjunto de costumbres, tradiciones y estructuras sociales y jurídicas que han sido heredadas

Esta filosofía política se caracteriza entonces por su mirada nostálgica hacia las tradiciones y prácticas del pasado, considerándolas como un reflejo esencial en la configuración del presente. Esta visión concibe la tradición como un punto de partida para la construcción de una sociedad mejor. Dentro de esta corriente de pensamiento, se sostiene la idea de que el gobierno desempeña un rol legítimo y crucial en el fomento y la promoción de los valores sociales y morales en la sociedad.

Sin embargo, ser conservador no tiene por qué oponerse frontalmente hacia una filosofía económica liberal libertaria, al menos no en muchos de sus enunciados. Se puede estar a favor de cierta libertad individual, al mismo tiempo que se es reacio a liberar por completo el comercio y dejar que sea el mercado el que se ocupe de estabilizarse en materia económica. Esto, asumiendo que el conservadurismo es, como se suele pensar, un sistema que favorece el intervencionismo del Estado:

Un apego no intelectualista a las tradiciones

Si bien el liberalismo se centra en materia económica y en explicar su filosofía política, no ocurre lo mismo con el conservadurismo y su aplicación a todos los ámbitos de la sociedad. Del mismo modo que otros sistemas invierten todos los recursos en la construcción de una filosofía sociopolítica robusta y buscan la construcción de unos cimientos sólidos, los conservadores suelen establecer cierto romanticismo y sentimentalismo en los temas que tratan de forma que se dificulta su análisis exhaustivo para su posterior aplicación.

Un ejemplo de esto se podría ver en antiguas tradiciones o comportamientos que hoy en día dificultarían lo que habría sido el progresismo objetivo hacia una libertad más desarrollada, como podría ser el fin de la esclavitud. ¿Qué tradiciones sí que podrían considerarse válidas? ¿Quién se encargaría, y con qué autoridad, de determinar las tradiciones que sí son correctas o las que no? ¿Qué límite temporal consideramos como algo antiguo o algo nuevo?

Otro tema interesante por estudiar sería el de plantearse si una sociedad en el que reine la filosofía política libertaria mantendría en el tiempo las tradiciones heredadas del pasado, ya que no hay una negativa contundente ante esta afirmación.

O liberal clásico, o conservador

Por otro lado, cabría pensar que muchos de los que se consideran liberal-conservadores son en realidad una fase intermedia, de forma que todavía no están desarrollados o que, aun estando desarrollados, consideran ambas corrientes válidas sólo en algunos enunciados. Sólo estarían de acuerdo en algunas afirmaciones y, por tanto, serían ambas cosas al mismo tiempo. De esta forma, y a nivel superficial, el conservadurismo no tiene por qué ser incompatible con el liberalismo. Aun así, es vital reconocer que, aunque el liberalismo y el conservadurismo son corrientes de pensamiento con ciertos puntos compatibles, realmente representan dos filosofías distintas que a menudo entran en conflicto debido a diferencias fundamentales e insuperables.

A la pregunta de si existen liberales – conservadores, me gustaría que, conforme a lo escrito, quedara claro que un liberal clásico es no conservador por definición, y viceversa. Sin embargo, el debate público se focaliza, algunas veces, en los pensamientos de la mayoría, y he aquí un error que se puede cometer. Que muchas personas proyecten afinidad con ideas de las dos corrientes, no significa que la totalidad de las corrientes sean compatibles entre sí. Uno puede estar a favor de la libertad individual desde un punto de vista de igualdad ante la ley, pero considerar necesaria la intervención Estatal para solucionar un problema concreto. Lo vemos con el siguiente ejemplo.

Comercio internacional

Un liberal apoyaría la idea de fomentar el libre comercio entre países. Este enfoque podría llevar a una reducción en los precios de ciertos productos, resultado de las diferencias en las regulaciones estatales entre ambos. Por ejemplo, debido a las normativas menos estrictas y a la mano de obra más económica de un lugar respecto a otro, los productos podrían ofrecerse a precios más bajos.

Por otro lado, un conservador favorecería la imposición de aranceles a estos productos importados para proteger a los productores nacionales. Desde esta perspectiva, se considera que la competencia de productos más baratos es desleal. El objetivo de estos aranceles sería igualar los costes de producción entre los productos nacionales y los importados, o incluso eliminar del mercado los productos extranjeros.

Tanto liberales como conservadores coincidirían en que una solución al desafío del comercio internacional podría ser la reducción de impuestos o regulaciones en el propio país, en este caso España. Sin embargo, un conservador añadiría que la intervención en el ámbito internacional también es una respuesta viable al problema descrito. Es fina la línea que separa el resultado de uno u otro enfoque; sin embargo, la manera de solucionarlo presenta una diferencia mucho más marcada. Lo importante a destacar es que, muchas veces, el ciudadano no logra ver más allá de un par de derivadas de su problema actual.

Esto implica que una persona con ideales conservadores podría encontrar más acertada una solución de corte liberal, y viceversa. Lo que determina su inclinación hacia una solución u otra suele estar influido por su situación personal.

Carlos Blanco

El químico y filósofo Carlos Blanco afirma que la inteligencia se mide como la capacidad de abstraerse de los problemas para realizar un análisis puro y objetivo sobre un determinado tema. Aunque no coincido completamente con este argumento, ya que sería complicado explicar cómo hay personas con una notable capacidad de anticiparse a ciertos movimientos (por ejemplo, en el deporte) pero que muestran limitaciones en el diálogo, reconozco el valor de su énfasis en la importancia de la abstracción para el análisis de cualquier cuestión debatible.

Es importante ahondar en las similitudes y diferencias entre una doctrina y otra. En algunos casos, ciertos enunciados podrían resultar compatibles, aunque definitivamente no todos. ¿Se considera, pues, compatible? ¿Cómo llamamos a algo que coincide solo en cierto porcentaje? Incompatible no parece ser la palabra correcta, aunque tampoco lo contrario.

En cualquier caso, pareciera que lo importante realmente es analizar cada problema sin sesgos propios o prejuicios de concepto, de forma que, al margen de una etiqueta u otra, se resuelva de la forma más justa posible.

La obra maestra inacabada de Schumpeter

Por Samuel Gregg. El artículo La obra maestra inacabada de Schumpeter fue publicado originalmente en Lay & Liberty.

Si ha habido alguna vez un economista que merezca el manido calificativo de «brillante», ése es Joseph A. Schumpeter (1883-1950). Autor de clásicos como La teoría del desarrollo económico (1911) y Capitalismo, socialismo y democracia (1942) y popularizador de la expresión «destrucción creativa», Schumpeter ocupa un lugar asegurado entre los grandes de la economía. Pero incluso más allá de estos logros considerables, los escritos de Schumpeter también contienen mensajes importantes que informan y desafían simultáneamente a los economistas y estudiantes de economía política de nuestro tiempo.

Este legado debe mucho al hecho de que los intereses intelectuales de Schumpeter siempre se extendieron más allá de la economía. Educado en el Theresianum, una de las escuelas más prestigiosas de la Austria imperial, y luego en la Universidad de Viena, donde se doctoró en Derecho con especialización en Economía, Schumpeter era tan versado en temas como las lenguas clásicas, la literatura francesa y el derecho canónico como en teoría evolutiva, matemáticas, sociología y filosofía de la ciencia.

Más que un economista

Esta amplitud de conocimientos ayuda a explicar por qué Schumpeter se resiste a ser clasificado fácilmente como economista. Aunque había estudiado con Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser, Schumpeter rechazó la etiqueta de «economista austriaco». De hecho, algunas de sus ideas estaban influidas por la gran rival de la escuela austriaca, la Escuela Histórica de Economía. Más adelante, Schumpeter se interesó por las ideas corporativistas y criticó la influencia del utilitarismo en la economía británica. Como profesor de Harvard en la década de 1930, Schumpeter instó a sus alumnos a leer los libros de John Maynard Keynes, a pesar de sus profundas reservas sobre los compromisos ideológicos y los fundamentos teóricos de Keynes.

Tanto la complejidad como la erudición de Schumpeter están a flor de piel en su magistral libro de 1954 Historia del análisis económico (HEA). Publicado hace setenta años, cuatro después de la muerte de Schumpeter en 1950, y editado por su esposa, la economista Elizabeth Boody Schumpeter (que murió un año antes de su publicación), HEA fue el fruto de una década de trabajo sostenido por parte de Schumpeter. En la actualidad, sigue teniendo un gran peso en el estudio de la historia de las ideas económicas.

Una empresa ambiciosa

La primera parte de HEA, que consta de cinco partes y 31 capítulos que suman más de 1.200 páginas, analiza la naturaleza del análisis económico y su relación con la estadística, la historia, la sociología, la lógica, la psicología y la filosofía. En las partes siguientes, Schumpeter explica y critica el desarrollo del análisis económico. Empezando por Platón, Aristóteles y los juristas romanos, el libro concluye con una evaluación del impacto de la teoría keynesiana.

Entre Platón y Keynes, el barrido histórico de Schumpeter abarca una galaxia de personajes. Desde panfletistas económicos del siglo XVI hasta mercantilistas, fisiócratas, marxistas y marshallianos. La atención que Schumpeter presta a los individuos va acompañada de una detallada cobertura y crítica del tratamiento teórico de temas como el dinero, el crédito, la utilidad, el equilibrio, el capital y el beneficio a lo largo de más de dos milenios. Todo ello acompañado de una cuidadosa atención a la forma en que los acontecimientos políticos y económicos, como la aparición de la «civilización burguesa», y los cambios en campos como la filosofía y la física han configurado el análisis económico a lo largo de los siglos.

La crítica de Jacob Viner

Se mire por donde se mire, la HEA fue una empresa ingente. El economista de Chicago Jacob Viner acertó al describir el texto en una influyente reseña como un «libro demasiado ambicioso». Esto suele ser habitual en cualquier intento de abarcar toda la historia de un tema. Viner llegó a afirmar, de forma menos plausible, que HEA reflejaba «una vena de pretenciosidad y de arrogancia intelectual hacia el común de los economistas».

Digo «menos verosímil» porque todavía no he encontrado en HEA una afirmación que delate un auténtico engreimiento. Schumpeter era sin duda un hombre orgulloso. Sin embargo, incluso cuando discute las ideas de personas con las que está fundamentalmente en desacuerdo, Schumpeter nunca se muestra despectivo. Sin embargo, es fácil confundir las demostraciones públicas de amplitud y profundidad de conocimientos en múltiples campos con mero egoísmo.

En cierto sentido, Viner admite la distinción porque, en la siguiente frase de su reseña, reconoce que «Schumpeter poseía conocimientos y habilidades que superaban manifiestamente en alcance a los de cualquier otro economista de su época o de la nuestra». Y añade: «En este libro aplicó estas dotes a la ilustración de sus lectores con una brillantez y un virtuosismo que entusiasman y deslumbran incluso cuando no logran persuadir del todo». Sospecho que la mayoría de los economistas estarían de acuerdo en que su profesión siempre necesita más pensadores de este calibre.

Recuperaciones y polémicas

Al principio de HEA, Schumpeter afirma que una de las razones para escribir su enorme tomo fue identificar dónde experimentó crecimiento el análisis económico, pero también dónde se «perdieron en el camino o quedaron en suspenso durante siglos auténticos avances». Una de sus proposiciones centrales es que ha habido muchas ocasiones en las que esto ocurrió en el desarrollo de la economía, incluyendo «casos que son poco menos que espantosos».

Un ejemplo de tal olvido, argumenta Schumpeter, son los conocimientos económicos realizados por los que él llama «Doctores Escolásticos y los Filósofos del Derecho Natural». Las contribuciones de pensadores como Tomás de Aquino, Luis de Molina y Hugo Grocio, sostiene, han sido minimizadas por demasiados analistas del pensamiento económico, aduciendo que su «aceptación de la autoridad eclesiástica» inhibía indebidamente su exploración de temas con importantes dimensiones económicas, como la usura. Pero, según Schumpeter, esto ignora la insistencia de estos eruditos en que había límites a las pretensiones de tal autoridad sobre sus investigaciones. Aquí señala la afirmación de Aquino de que en la esfera de lo que llamaríamos «economía», los argumentos que se basaban en gran medida en la autoridad eran «extremadamente débiles».

Los escolásticos

Schumpeter procede a examinar los textos escolásticos desde el siglo IX hasta principios del siglo XVIII. Al estudiar cuestiones normativas y jurídicas en torno a temas como el interés, la propiedad y el dinero, los escritores escolásticos descubrieron importantes verdades económicas sobre temas como la utilidad, el capital, el interés y el valor. Schumpeter no presenta anacrónicamente a estos pensadores como protoeconomistas o liberales de mercado. Sin embargo, sostiene que produjeron «formulaciones más correctas de los fundamentos» (por ejemplo, la teoría subjetiva del valor) para un análisis económico sólido que tuvo que ser redescubierto siglos más tarde por otro economista austriaco, Carl Menger, después de haber sido eclipsado por las teorías laborales del valor.

Las posiciones de Schumpeter sobre éste y otros temas fueron rebatidas por eminentes economistas como Viner, George Stigler y Lionel Robbins. Viner afirmó la tesis de Schumpeter sobre los logros escolásticos en «doctrinas monetarias y del valor». Pero, contraatacó, Schumpeter subestimó los efectos embrutecedores de la deferencia de los escolásticos hacia la autoridad eclesiástica en sus escritos sobre temas como el interés. No fue por razones triviales, señala Viner, por lo que las leyes de usura se mantuvieron vigentes durante tanto tiempo en toda Europa. Viner llega incluso a especular que las afirmaciones de Schumpeter deben algo al hecho de que la propia «teoría del interés de Schumpeter tiene cierta afinidad con la de los escolásticos».

La pobreza de ‘La riqueza de las naciones’

El comentario de Schumpeter sobre el pensamiento económico escolástico encontró validación en trabajos anteriores realizados por uno de sus alumnos en Harvard, el economista jesuita Bernard W. Dempsey, y en investigaciones posteriores llevadas a cabo por estudiosos como Jesús Huerta de Soto. Sin embargo, la crítica de Viner al tratamiento que Schumpeter da a Adam Smith tiene más fuerza.

Aunque Schumpeter no lo dice explícitamente, uno de los objetivos de HEA era obligar a lo que él consideraba una profesión económica angloamericana altamente autorreferencial a reconocer que muchos desarrollos cruciales del pensamiento económico no se originaron en Gran Bretaña o Norteamérica. La riqueza de las naciones (RN) de Smith, sostenía Schumpeter, «no contiene ni una sola idea analítica, principio o método que fuera totalmente nuevo en 1776». De hecho, HEA deja a los lectores con la impresión de que Smith era esencialmente un maestro sintetizador de ideas ya existentes.

Ciertamente, Schumpeter contextualiza a Smith y RN en el flujo más amplio de ideas de los siglos XVII y XVIII. También destaca lagunas en la cobertura de RN que no deberían estar ahí: sobre todo la «función distintiva de los empresarios». Sin embargo, HEA no presta suficiente atención a cómo RN fundamentó el análisis económico en una teoría más amplia de la sociedad comercial, la complejidad, el cambio civilizatorio y el fenómeno de las consecuencias imprevistas que se desarrolló durante la Ilustración escocesa. Esta perspectiva impregna a RN e inyecta al libro un filo analítico particular que no tiene parangón, me atrevería a sugerir, con nada en la literatura económica precedente.

Economía e Historia

Sólo podemos especular sobre la forma en que Schumpeter habría revisado su manuscrito inacabado y en qué se habría diferenciado de las ediciones de su esposa. Sabemos, sin embargo, que HEA pretendía ser un texto de referencia exhaustivo más que un libro para leer de principio a fin. HEA sigue cumpliendo ese propósito y, en ese sentido, ha superado la prueba del tiempo.

Sin embargo, hay algo más por lo que HEA debería ser recordada. Se trata del modo en que Schumpeter enmarca la relación entre el análisis económico y el estudio histórico de las ideas económicas.

Al principio de HEA, Schumpeter subraya que considera el análisis económico como una técnica. Es lo que él denomina «conocimiento instrumental»: un conjunto de conceptos y técnicas que nos permiten comprender y, potencialmente, dar forma a la realidad económica.

No hay ciencia sin historia

La capacidad del análisis económico para realizar esta tarea en el presente, sostiene Schumpeter, se ve reforzada por el conocimiento de los «problemas y métodos anteriores a los que son una respuesta provisional». Por ejemplo, si queremos comprender plenamente el carácter y las limitaciones de la macroeconomía contemporánea, ayuda entender 1) los retos específicos que la Teoría General de Keynes trató de abordar y 2) cómo éstos configuraron la concepción de Keynes del gasto total en la economía y sus efectos sobre el empleo, la inflación y la producción económica.

No se trata de una aprobación encubierta del historicismo por parte de Schumpeter. Tampoco se trata de afirmar que el desarrollo de un análisis económico sólido esté subordinado al estudio de la historia, o que de algún modo pueda ser sustituido por ella, por no hablar de la interminable complicación de los datos. Para Schumpeter, sólo la teoría puede proporcionar la estructura lógica necesaria para organizar y comprender esa información. Más bien se trata de decir que, en palabras de Schumpeter, «el estado de cualquier ciencia en un momento dado implica su historia pasada y no puede transmitirse satisfactoriamente sin hacer explícita esta historia implícita.»

Schumpeter contra Samuelson

Por eso el libro de Schumpeter puede leerse como una crítica implícita de la inmensamente influyente Foundations of Economic Analysis (1947), escrita por otro de los estudiantes de doctorado de Schumpeter, Paul A. Samuelson. Publicado siete años antes de la aparición de HEA, las palabras «Las matemáticas son un lenguaje» sirven de frontispicio al texto. El libro de Samuelson desempeñó un papel fundamental en la transformación de posguerra de gran parte de la economía, especialmente la keynesiana, en construcciones matemáticas.

En efecto, las matemáticas son un lenguaje en la medida en que emplean símbolos para comunicar y explicar conceptos a los que se puede dar una forma cuantificable. Sin embargo, ningún modo de comunicación y comprensión puede explicarlo o encapsularlo todo. Además, la dependencia excesiva de un único modo de investigación puede limitar el alcance del análisis desplegado por cualquier ciencia natural o social, incluida la economía, y a menudo hace que pasen desapercibidos puntos de referencia y datos importantes. Pocos entendieron esto tan bien como Schumpeter, descrito por Viner como «quizá el último de los grandes polímatas», que poseía una comprensión sin parangón de la historia de las ideas, como reconocen incluso las reseñas muy críticas de HEA.

Esa arrogancia

Ahí radica la importancia perdurable del texto nunca terminado de Schumpeter. Recuerda a los economistas de hoy que el crecimiento del poder explicativo del análisis económico puede producirse a veces a través de una apreciación más profunda del pasado. Las preocupaciones y tendencias intelectuales del presente no siempre son una guía fiable para una investigación fructífera de los fenómenos económicos.

La modelización económica y la econometría de la posguerra han contribuido significativamente al desarrollo del análisis económico, pero no hacen inevitablemente superfluos los logros de pensadores económicos fallecidos hace mucho tiempo. Como escribió Schumpeter, el progreso del pensamiento no es necesariamente una línea recta entre nociones primitivas del pasado hacia un futuro cada vez más ilustrado. La verdadera arrogancia reside en imaginar que no tenemos nada que aprender de las grandes mentes que nos han precedido. Ese es el mensaje de Schumpeter para nosotros hoy.

Ver también

Cinco etapas en la historia de la escuela austríaca. (Adrián Ravier).

El legado y la vigencia de Adam Smith a los 300 años de su muerte. (George Youkhadar).

La historia se mueve a ritmo de swing. (Raquél Merino).

Cómo ‘Camino de servidumbre’ se hizo de nuevo relevante

Por Kristian Niemietz. El artículo Cómo ‘Camino de servidumbre’ se hizo de nuevo relevante fue publicado originalmente en FEE.

Voy a hablar de cómo Camino de servidumbre de Hayek ha vuelto a ser -lamentablemente- mucho más relevante en los últimos diez años aproximadamente. Digo «lamentablemente» porque preferiría vivir en un mundo en el que Camino de servidumbre ya no fuera relevante. Donde pudiéramos tratarlo como un libro del siglo XX sobre un conflicto ideológico del siglo XX, quizá interesante históricamente, pero sin implicaciones obvias para la actualidad.

Ni siquiera tendría que ser un mundo en el que los liberales clásicos hubieran ganado la discusión. El propósito de Camino de servidumbre no era defender el mejor tipo de sociedad posible. Era simplemente argumentar en contra del tipo de sociedad más infernal. Ganar en ese frente no significaría que el trabajo de los liberales clásicos esté hecho; sólo significaría que estamos fuera de peligro.

Y hubo un tiempo en que eso parecía. Durante aproximadamente un cuarto de siglo, tras el final de la Guerra Fría, parecía que había un amplio consenso, en la mayor parte del espectro político dominante, de que una economía moderna exitosa tenía que ser, en su mayor parte, una economía de mercado.

El socialismo millenial

Nunca hubo una «hegemonía neoliberal»; eso siempre fue un mito. Pero hubo un tiempo en que las personas que rechazaban de plano el capitalismo, y que defendían abiertamente una alternativa no mercantil, estaban en la cuerda floja. Sin embargo, durante la segunda mitad de la década pasada asistimos a un renacimiento del socialismo. The Economist, New Statesman y otras publicaciones hablan del «auge del socialismo milenario». Este fenómeno destruyó por completo la ilusión de que «ahora todos somos capitalistas». Un aluvión de encuestas demostró que millones de personas no lo son en absoluto.

En la década de 2010, el socialismo millennial se vio envuelto en proyectos electorales, a saber, el corbynismo en el Reino Unido y la candidatura de Bernie Sanders en Estados Unidos. Estos proyectos finalmente no fructificaron. Pero los movimientos socialistas más amplios que habían surgido a su alrededor no desaparecieron después. Simplemente se dispersaron y tomaron el relevo de otros movimientos. Por ejemplo, Black Lives Matter, Extinction Rebellion, Just Stop Oil, etc. pueden describirse justificadamente como movimientos socialistas. No tienen por qué serlo. No hay nada intrínsecamente socialista en las causas que defienden. Pero en la práctica, simplemente lo son.

Aprecio por el socialismo

¿Hasta qué punto están extendidas las opiniones socialistas hoy en día? El año pasado, la AIE publicó conjuntamente con el Instituto Fraser una encuesta que mostraba que más de la mitad de los Millennials y de los Zoomers (adultos) en Gran Bretaña creen que el socialismo es «el sistema económico ideal». ¿Y qué?, se podría pensar. Probablemente estas personas estén confundidas sobre lo que significa «socialismo». Creen que significa gastar más dinero en el NHS, y ser amables. No están hablando de marxismo-leninismo.

Ahí es donde el estudio de Fraser es interesante, porque también intentan desentrañar qué quiere decir la gente cuando utiliza esa palabra. Lo hacen de dos maneras. En primer lugar, simplemente repiten la misma pregunta, pero sustituyen la palabra «comunismo», que suena más radical, por la palabra «socialismo», más ambigua, para comprobar si el apoyo disminuye cuando se hace eso. Y así es, pero uno de cada cuatro «zoomers» y uno de cada tres «millennials» siguen diciendo que el comunismo es «el sistema económico ideal». No es una mayoría, pero son millones de personas. Es una opinión mayoritaria.

En segundo lugar, preguntan directamente a la gente. Presentan tres posibles descripciones del socialismo y preguntan a los encuestados si describen con precisión el socialismo. Una de ellas es una descripción simplificada de una economía dirigida por el Estado, en la que el Estado es propietario de los medios de producción: la definición clásica de socialismo.

Éxito capitalista de la literatura anticapitalista

Entre el conjunto de la población, los resultados no son claros. Cuatro de cada diez personas están de acuerdo en que, sí, ésta es una descripción exacta de lo que significa el socialismo, pero tres de cada diez no están de acuerdo. Pero si nos fijamos específicamente en los autodenominados partidarios del socialismo, obtenemos una imagen muy diferente. Más de la mitad de ellos están de acuerdo con la definición clásica de socialismo, y sólo uno de cada cinco está en desacuerdo.

En resumen: ¿todos los que se declaran partidarios del «socialismo» quieren una economía totalmente dirigida y planificada por el Estado? No. Pero un número suficiente de ellos sí.

Ninguno de los resultados de la encuesta es sorprendente si has estado recientemente en una librería. Se habrá dado cuenta de que la sección de «Política» está llena de libros prosocialistas: Cómo el comunismo del decrecimiento puede salvar la Tierra, Hacia la idea del comunismo del decrecimiento, El ecosocialismo de Karl Marx, El capitalismo buitre, Está bien estar enfadado con el capitalismo, Comprender el socialismo, La hora del socialismo, etcétera, etcétera. Parece haber una demanda infinita. Ninguno de esos libros va a convertirse en el próximo Código Da Vinci, pero lo están haciendo mucho, mucho mejor que cualquier libro pro-capitalista. Estamos perdiendo la batalla de las ideas.

¿Por qué sucedió esto? ¿Qué ha cambiado?

Yo diría que, hasta mediados de la década pasada, la idea socialista seguía algo empañada por su asociación con el socialismo realmente existente. La idea de que los sistemas del antiguo bloque del Este no eran socialismo «propiamente dicho» no es nueva. Eso es lo que me enseñaron en la escuela, en la década de 1990. Marx tenía todas esas ideas maravillosas sobre una sociedad igualitaria y democrática, y luego llegaron personas malas como Lenin, Stalin y, más tarde, Walter Ulbricht y Erich Honecker, y lo pervirtieron todo. Esa idea siempre estuvo ahí. No es nada nuevo.

Pero la cosa es: suena un poco hueca cuando el fracaso del Socialismo Realmente Existente sigue estando tan presente. Y así fue en los años 90 y 2000. Pero durante la última década, se ha desvanecido de la memoria popular. Se ha convertido en historia. Con este telón de fondo, la afirmación de que los regímenes socialistas anteriores simplemente no hicieron el socialismo «correctamente», y que deberíamos intentarlo de nuevo, suena más plausible para mucha gente.

Y es esta afirmación la que está realmente en el corazón del renacimiento del socialismo.

Apoyo el socialismo, y cuando fracasa digo que no es socialismo

Por ejemplo, en su libro Why You Should Be A Socialist, Nathan Robinson, editor fundador de la revista socialista Current Affairs, dice:

[L]os regímenes «socialistas» autoritarios del siglo XX no merecían llamarse socialistas en absoluto. […] El socialismo no significa control por parte del gobierno, significa control por parte del pueblo».

Así que ahí lo tienen. Nunca ha habido regímenes socialistas, sólo regímenes que fraudulentamente se llamaban a sí mismos socialistas. Y cualquiera puede llamarse a sí mismo cualquier cosa, ¿verdad? Hablar es barato. Del mismo modo, en su libro El Manifiesto Socialista, Bhaskar Sunkara, uno de los fundadores de la revista socialista Jacobin, también dice:

[E]l socialismo en el siglo XX […] fue una salida en falso.

que, supongo, es una forma de decirlo. Y en otra parte:

[E]l socialismo significaba esencialmente democracia radical. […] No era […] una dictadura autoritaria; Marx describió una democracia igualitaria y participativa.

Se pueden encontrar fácilmente cientos de citas de este tipo, pero no voy a aburrirles. La cuestión es que los Socialistas Milenarios ven la naturaleza totalitaria, verticalista, de ordeno y mando del Socialismo Realmente Existente como una perversión de la idea socialista original. No hay ninguna razón en particular por la que el socialismo siempre haya resultado así, aparte de que la gente al mando quería que fuera así. Fue simplemente una elección.

La intención (no) es lo que cuenta

Esto es, por supuesto, lo contrario del argumento de Hayek en Camino de servidumbre, que era que los aspectos totalitarios, verticalistas y de mando y control del socialismo realmente existente eran una característica, no un error. Los sistemas socialistas siempre acaban así, aunque no sea lo que quieren sus defensores. Las intenciones de sus defensores son completamente irrelevantes. Podrían ser las personas más adorables del mundo, pero el sistema que quieren seguirá produciendo resultados terribles.

Esta es la parte que los Socialistas Milenarios todavía no entienden. Creen que todo es cuestión de intenciones. Piensan que «su» versión del socialismo no podría producir malos resultados, porque no tienen malas intenciones. Consideran que una crítica al socialismo es una crítica a sus intenciones.

Pero no es así. Hayek dijo en Camino de servidumbre:

Para alcanzar sus fines, los planificadores deben crear un poder -un poder sobre los hombres ejercido por otros hombres- de una magnitud nunca antes conocida.

Y también dijo sobre la URSS:

No hay otro gobierno en el mundo en cuyas manos se concentre hasta tal punto el destino de todo el país. […] [E]l gobierno soviético ocupa en relación con todo el sistema económico la posición que ocupa un capitalista en relación con una sola empresa».

O en realidad – no lo hizo. Esta última cita es de La revolución traicionada (1936) de Trotsky. Pero es correcta, y podría haber sido fácilmente de Camino de servidumbre.

Socialismo democrático

Sobre la posibilidad del socialismo democrático, Hayek dijo:

Elaborar un plan económico de esta manera es aún menos posible que, por ejemplo, planificar con éxito una campaña militar por el procedimiento democrático. [Sería inevitable delegar la tarea en los expertos. Sin embargo, la diferencia es que, mientras que al general que se pone al mando de una campaña se le asigna un único fin […], al planificador económico no se le puede asignar ese único fin.

En otras palabras, incluso en el sistema actual, no tenemos una democracia «pura», en la que todo lo deciden los representantes elegidos democráticamente. Incluso en el sistema actual, delegamos tareas altamente especializadas en lo que ahora llamaríamos Quangos y tecnócratas. En algunos ámbitos, eso no es un problema. En el caso de una campaña militar, casi todos estamos de acuerdo en el resultado que queremos ver, y no nos preocupa tanto cómo se consigue exactamente ese resultado. Así que podemos dejar los detalles a los tecnócratas. Sigue siendo democrático de una manera indirecta, porque los tecnócratas siguen siendo responsables en última instancia ante los políticos elegidos democráticamente.

Sin embargo, la planificación económica no es así en absoluto. No estamos de acuerdo en los resultados. Y no podemos separar la visión de conjunto de los detalles. Sólo las personas que dominan los detalles técnicos pueden tomar decisiones significativas sobre el panorama general.

Hemos visto mucho socialismo

Hayek también dijo sobre el sistema de gobierno británico:

[L]a actual maquinaria parlamentaria es bastante inadecuada para aprobar rápidamente un gran cuerpo de legislación complicada. El Gobierno nacional […] lo ha […] admitido al aplicar sus medidas económicas […] no mediante un debate detallado en la Cámara de los Comunes, sino mediante un sistema general de legislación delegada.

O en realidad, de nuevo, no lo hizo. Fue el socialista Harold Laski en 1932. Pero es correcto, y por eso Hayek lo cita con aprobación en Camino de servidumbre. Incluso los más socialistas estaban de acuerdo con partes importantes del análisis de Hayek. Simplemente no supieron unir los puntos y sacar las conclusiones correctas.

Cuando Hayek escribió Camino de servidumbre, no había muchos ejemplos de economías socialistas. Habría muchos más, en años posteriores: Albania, Vietnam del Norte, Bulgaria, Polonia, Rumanía, Corea del Norte, Hungría, Checoslovaquia, Alemania del Este, China, Cuba, Yemen del Sur, Somalia, Camboya, Mozambique, Angola…

Todos acabaron como Hayek dijo que acabarían. Como lo hará la próxima. Y el siguiente.

No recuerdo cuándo leí por primera vez Camino de servidumbre. Recuerdo vagamente que no me gustó mucho al principio: no es una lectura divertida. Pero es una buena inversión. Como todavía no se han aprendido las lecciones, el libro no va a perder su relevancia a corto plazo.

Ver también

Camino de servidumbre. (José Carlos Rodríguez).

Venezuela: camino de servidumbre. (Venezolano anónimo).

‘Road to freedom’ Stiglitz contra Hayek y Friedman. (Celto Veljanovski).

Stiglitz, un Nobel polemista. (Samuel Gregg).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (XCIV): lecturas para el verano de 2024

Como todos los años en verano me atrevo a sugerir algunas lecturas, tengan que ver o no estrictamente con el anarcocapitalismo. Creo que pueden reforzar sus argumentos en uno o varios puntos. No son libros necesariamente fáciles de leer, e incluso algunos son difíciles de encontrar. Es necesario recurrir a bibliotecas físicas, al no estar digitalizados. Pero el que lea esto supongo que compartirá con el autor de estas líneas el placer de encontrar algún libro desconocido que pueda mejorar su comprensión del mundo o le ofrezca algún tipo de placer intelectual.

Libro del año: El precio del tiempo

No me gusta demasiado comentar novedades, pues creo que el paso del tiempo acaba colocando a cada uno en su sitio. Pero creo que este año voy a destacar dos. La primera, que es a mi entender el libro del año, es El precio del tiempo de Edward Chancellor publicado en 2024 en la editorial Deusto. Raros son los libros sobre el papel del tiempo en la economía y la sociedad, quitando a los autores austríacos que lo consideran uno de los principios generales de la acción humana. El autor es consciente de ello y hace un uso efectivo y respetuoso de la teoría austríaca de la preferencia temporal como determinante última de la tasa de interés.

Tras una erudita historia de las diversas visiones del interés en la historia del pensamiento económico, el autor se decanta por las que ponen al tiempo como factor principal y resalta los peligros de olvidarlo. El libro a veces asusta, como cuando relata cómo la manipulación artificial de las tasas de interés por los bancos centrales, instituciones tan políticas como la policía o el tribunal constitucional, condujeron hasta hace poco tiempo a algo aparentemente imposible, como son tipos negativos. Las consecuencias no son tan alegres como puede parecer. Derivaron en la quiebra de aseguradoras y fondos de pensiones, con consecuencias que pudieron ser dramáticas para millones de pensionistas. Muchos de ellos pudieron quedar sin poder hacer uso de los ahorros de toda una vida.

La derrota de Occidente

El segundo libro es también pesimista, La derrota de Occidente, de Emmanuel Todd. En él se describe el lento declive, demográfico, político y cultural, de las principales sociedades de lo que antes se llamaba Occidente. Sociedades que antes lideraban el mundo económico y cultural y eran modelo de referencia en lo político, viven ahora estancadas y envejecidas. No son ya un modelo en nada para el resto del mundo.

Todd no se caracteriza por ser especialmente religioso. Pero afirma, casi reviviendo las viejas tesis weberianas del origen religioso del capitalismo, que buena parte del estancamiento se debe a la pérdida de valores religiosos. El libro, sin defenderlo explícitamente, reconoce que para que una sociedad capitalista se mantenga vigorosa es necesario que cuente con algún valor extraeconómico, en este caso religioso, que la refuerce y en última instancia proteja los valores que la hicieron triunfar.

El burgués

Quisiera también recomendar un par de libros sobre el origen del capitalismo. Creo que el capitalismo es un concepto que aún hoy no se comprende bien y que es necesario clarificar, y sobre todo explicar su origen. Por eso recomiendo El burgués, de Werner Sombart, Alianza, Madrid, 1972. Sombart fue el verdadero popularizador del concepto de capitalismo. De hecho casi todos sus libros incorporan el concepto en su título (El burgués fue traducido al inglés como la Quintaesencia del capitalismo).

Pero no es un autor muy popular entre los liberales, en especial entre los austríacos. Fue el discípulo predilecto de Schmoller, gran enemigo de la escuela. Tampoco las acusaciones que recibió de ser próximo al nazismo ayudan. Y aunque hay discusiones sobre su implicación real, dichas acusaciones no son falsas del todo. Además, muy poco de su obra haya sido traducido al inglés. Y la popularidad o no de un autor desgraciadamente depende de la popularidad en los ámbitos académicos anglosajones.

Esto hace que no sea un autor muy conocido entre nosotros, a pesar de que sí cuenta con numerosas traducciones al castellano, como la que aquí reseñamos. En ella se identifica, correctamente a mi entender, como una tecnología apta para tratar racionalmente los fenómenos económicos. El capitalismo es contabilidad de doble columna nos viene a decir Sombart. Y esta una idea que rara vez es recordada en el análisis de sistemas económicos.

Los orígenes del capitalismo

En la misma línea quisiera resaltar un pequeño libro, Los orígenes del capitalismo, del sociólogo histórico francés Jean Baechler, (editado en Península, Barcelona, 1976). Por desgracia, Baechler ha sido muy poco traducido al castellano. En él se narra cómo la fragmentación política europea contribuyó al desarrollo, del capitalismo, algo que un gran estado como el chino no pudo conseguir. La razón es que el capitalismo nació en pequeños territorios inmunes a poderes externos que podrían haberlo ahogado fácilmente en sus inicios. Una vez adoptado, y dado el desarrollo conseguido a los demás estados no les quedó más remedio que imitarlo, bajo la amenaza de quedarse atrasados y fuera de la competición política en el muy competitivo espacio europeo.

En esta línea, cabe destacar otro poco conocidp libro, La fuente impura, del viejo tory John Laugland, (editado en Andrés Bello, Chile, 2001). Hace referencias a la visión monetaria de la escuela austríaca- El autor lleva a cabo, desde una perspectiva británica a pesar de que el autor es profesor en una universidad francesa, una crítica muy profunda a la deriva centralista de la Unión Europea.

Resultó premonitorio con el tiempo, pues fue escrito bastante tiempo antes del Brexit. Su conclusión es clara, el verdadero europeísmo debería ser contrario a la UE, dado que Europa nunca en su histroia estuvo unida- Tal unidad va contra su propia esencia cultural. No conozco libro mejor al respecto, pero por desgracia sus ideas no han sido desarrolladas todo lo debido. Lo polémico de su autor, sobre todo en cuestión de relaciones internacionales, tampoco parece haber ayudado mucho a la difusión de este gran libro.

La tragedia de la drogadicción

Cambiando de tema, me gustaría recomendar un libro del economista argentino Alberto Benegas Lynch. Especialmente porque parece ser un tema que el presidente Milei ha prefiro no abordar en su programa de gobierno. Me refiero a su libro La tragedia de la drogadicción (ediciones Lumiere, Buenos Aires, 2006). En él se abordan desde el punto de vista económico y social las consecuencias de la interdicción de algún producto o sustancia. La prohibición de las drogas, como las cualquier otro producto, tiene una serie de consecuencias no previstas sobre los mercados (subida de precios, bajada de calidad, imposibilidad de reclamar en caso de incumplimiento etc). Pero también sobre la sociedad, que se ve alterada por la aparición de grupos organizados para la venta de la sustancia, con sus secuelas de corrupción y violencia. Esta última deriva de la imposibilidad de acceso a la justicia ordinaria.

También afecta a la política y a la salud pública, al ser el producto consumido sin ningún tipo de referencia científica con respecto a las dosis. Y muchas veces se corta con todo tipo de sustancias nocivas. Ya se vió claro lo que aconteció con la ley seca, y parece que se está repitiendo el mismo esquema. No es el profesor Benegas un hippie revolucionario, sino un profesor católico y conservador que simplemente advierte, desde la teoría económica austríaca, de las consecuencias de la prohibición. Merece ser leido y cuando menos discutido, aunque sea un tema muy agradable de tocar.

Cambio social e historia

Otro libro que me gustaría recomendar es uno al que tengo especial aprecio, el otro viejo libro el de Robert Nisbet, Cambio social e historia (Editorial Hispano-Americana, Barcelona, 1976). Nisbet es problamente el conservador que más que se aproxima a las tesis libertarias en sus escritos y este libro es buena prueba de ello. En el se analiza la idea de progreso y cómo esta no deja de ser una de las ideas de la Ilustración tendentes a demostrar que el mundo actual es mejor que el antiguo. No dudo que así lo sea en aspectos como los relativos al nivel de vida o al desarrollo económico, pero no necesariamente en otros aspectos, especialmente en  los morales.

Nuestra época privilegia sobre todo la economía, pero olvida que el desarrollo económico se sustenta en valores y principios hoy olvidados. Su pérdida bien pudiera llevar a que tal desarrollo termine por acabarse. El libro desmitifica la idea de progreso y creo que es un buen recordatorio de cómo los evidentes avances conseguidos no han caido del cielo. Es bueno recordar en estos tiempos en que se han olvidado los principios que nos han hecho prósperos que el abandono de estos pueden hacernos volver a lo que había antes. Una excelente lectura, se esté o no de acuerdo con lo que dice, y al tiempo es una muy buena introducción a la obra de este autor, creo que injustamente olvidada.

En camino

A mi me gustan mucho los relatos sobre la cultura académica y la vida social  en los tiempos del comunismo soviético, por eso quiero recomendar un muy interesante, y también poco conocido libro, sobre los esfuerzos de los matemáticos y planificadores soviéticos para resolver el problema del cálculo. En un ensayonovelado Sufford nos desvela de forma muy amena los problemas que estos confrontaban y como al final, viendo que era imposible resolver las ecuaciones dinámicas  a pesar de contar con matemáticos de primera línea como Kantorovich, tenían que salir a media mañana a preguntarle a las vendedoras del mercado negro los precios de los bienes para aplicarlos a la elaboración del plan quinquenal. Un libro excelente que ilustra en la práctica muchos de los problemas teorizados por los austríacos.

Para finalizar una novela que no tiene que ver con la temática de esta página, En camino, de Joris-Karl Huysman (Homo Legens, Madrid, 2006), autor al que quizás alguno de ustedes conozca como uno de los grandes profetas del decadentismo de fines del XIX. En este libro un  Huysman ya convertido al catolicismo hace uso de sus temas habituales y con la brillantez de siempre para formular una suerte de decadentismo desde el punto de la Iglesia. Es tan bueno , o mejor incluso, que cualquiera de sus otros libros, pero quizás por su religiosidad menos conocido y difundido. Una joya de lectura para quien le gusten estos temas, que intuyo serán pocos.

Feliz Verano

Serie lecturas veraniegas con el profesor Bastos

Conde-Pumpido o la apoteosis del Derecho alternativo (I)

Desde hace un mes, el portal del Tribunal Constitucional español[1] se ha visto salpicado por una cascada de sentencias resolviendo 12 recursos de amparo interpuestos por dos ex presidentes, exconsejeros y altos cargos de la Junta de Andalucía contra la Sentencia del Tribunal Supremo[2] que confirmó parcialmente las condenas que les impusiera la Audiencia Provincial de Sevilla[3] en la causa principal de los EREs, en la que se les juzgó por su participación en la ideación, gestión, concesión y pago de determinadas ayudas sociolaborales durante el largo periodo comprendido entre los años 2001 y 2010.

Con carácter general, el Pleno del Tribunal Constitucional aprovecha los recursos de amparo interpuestos, para dictar sentencias que respaldan 7 de los 10 magistrados que conforman la Sala[4] y rechazan otros cuatro, quiénes suscriben unos votos particulares discrepantes. Lo inusual es que los argumentos de los discrepantes servirían para fundamentar una querella por prevaricación dolosa o imprudente contra sus compañeros.

La estimación parcial de los amparos otorgados no comporta una absolución automática, sino la anulación de los pronunciamientos de la sentencia que afectan a cada uno de los recurrentes, con retroacción de las actuaciones al momento anterior a dictarla, a fin de que la Audiencia de Sevilla tenga en cuenta los efectos de las declaraciones de vulneración de los derechos a la legalidad penal o la presunción de inocencia, según los casos.

Cómo robar 680 millones de euros

Según los hechos probados de las sentencias anuladas parcialmente, los condenados urdieron un complejo sistema de concesión de subvenciones para evitar todo control administrativo, disponiendo del dinero público de forma discrecional y al margen de toda legalidad. No obstante, el error procesal cometido por el instructor al omitir la asociación ilícita (Art. 515.1 CP) en la relación de cargos fijados en el auto de transformación de las diligencias previas en procedimiento abreviado, exoneró a los condenados de afrontar una pena por este delito, ya en la primera sentencia del tribunal de instancia.

Siguiendo el criterio del tribunal sevillano, el Supremo mantuvo la condena por delito continuado de prevaricación administrativa a quienes concedieron las ayudas y a las distintas autoridades que intervinieron de forma determinante en los procesos de aprobación de las partidas presupuestarias que permitieron su concesión y pago, a sabiendas de que las aprobaban a través de un instrumento jurídico ilegal (transferencias de financiación) y con la finalidad de eludir el control previo de la Intervención de la Junta de Andalucía y la restante normativa de subvenciones aprobada por el Parlamento de Andalucía.

Distinguiendo su situación de los anteriores, la sentencia del TS también confirmó la condena por delito continuado de malversación de caudales públicos a quienes concedieron y pagaron las ayudas y a quienes permitieron que se pagaran conociendo que en la gestión concreta de las mismas se estaban produciendo gravísimas ilegalidades, en este caso con la adición del delito continuado de prevaricación en relación de concurso medial con el anterior.

Magdalena Álvarez

Quienes conocieron y sufrieron la corrupción asfixiante impuesta por la casta regional del PSOE tenían motivos para mostrar cierto alivio. Hasta las elecciones autonómicas de diciembre de 2018, este partido había mantenido un dominio político avasallador en Andalucía. Por si fuera poco, esta cuasi hegemonía en la región le había permitido apuntalar su poder en el resto de España, gracias a la numerosa representación de diputados y senadores que se eligen en las provincias andaluzas. Manuel Chaves González y Jose Antonio Griñán Martínez llegaron a ser, siguiendo la estela de dirigentes socialistas andaluces como Felipe González Márquez y Alfonso Guerra González, presidentes del Partido.

La exconsejera de Hacienda de la Junta condenada a posteriori en el mismo juicio, Magdalena Álvarez Arza, pasó sin solución de continuidad de la Junta andaluza de Manuel Chaves al primer gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero y, en los estertores de éste, fue agraciada con la prebenda de la vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones,[5] dentro del cupo de cargos de la Unión Europea que los estados miembros reparten entre sus mandarines. Precisamente de ese puesto dorado se vió obligada a dimitir de forma destemplada en junio de 2014, cuando se conoció su condición de imputada en la causa de los EREs.

Pues bien, una vez confirmadas las condenas a todos estos prebostes – en los casos de Manuel Chaves González  y Magdalena Álvarez Arza, extraordinariamente benignas por su absolución del delito continuado de malversación de caudales públicos – pudo comprobarse que los miembros del estamento político más rancio se pusieron en marcha para solicitar el indulto de Jose Antonio Griñán Martínez, exconsejero de Hacienda entre 2004 y 2009 y luego presidente de la Junta, a quién se había impuesto una pena de 6 años de privación de libertad una estancia en prisión, siquiera breve.

Cándido Conde-Pumpido

Ya en aquél momento cabía esperar maniobras orquestales en la oscuridad para desmontar la labor jurisdiccional de descubrir y condenar la trama de corrupción política más gigantesca y sofisticada conocida en España hasta ese momento. Un magistrado del Tribunal Constitucional, Cándido Conde Pumpido Tourón[6], nombrado a propuesta del Senado en marzo de 2017, gracias a los buenos oficios del PSOE, estaba llamado a ser el factótum de la operación.

Curiosamente, se abstuvo en el año 2014 de intervenir en la instrucción de la causa de los EREs cuando ostentaba la condición de magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. En un escrito dirigido a la Secretaría de la Sala, adujo que, como Fiscal General del Estado firmó un decreto para atribuir a la Fiscalía contra la corrupción y la criminalidad organizada la competencia para ejercer las funciones del Fiscal en las Diligencias Previas del caso( causa 13ª del art. 219 LOPJ ).

Recordemos que en diciembre de ese mismo año 2022, el gobierno daba un golpe de mano en el Tribunal Constitucional. En su propósito de asaltar instituciones y derrumbar los contrapoderes y controles constitucionales, el órgano llamado a velar por la constitucionalidad de las leyes u otorgar el amparo cuando se vulneran derechos fundamentales por actos de los poderes públicos, incluido el judicial (Art. 161 CE) se alzaba como una pieza fundamental para guardar las apariencias.

Políticos con carrera en el ámbito jurídico

En aquellas fechas, después de acusar a la mayoría de magistrados de aquel momento de cometer un golpe de estado (¡!) colaba una terna de nombramientos bajo su obediencia más estricta: María Luisa Segoviano Astaburuaga (“consensuada” entre los propuestos por el CGPJ el 27 de diciembre de 2022) el ex ministro de Justicia Juan Carlos Campo Moreno y la ex directora general de Asuntos Constitucionales y Coordinación Jurídica del Ministerio de la Presidencia, Laura Díez Bueso (designados por el gobierno [Art. 159.1 CE] ) también en diciembre de 2022[7].

Apenas un año después de ese asalto, el Tribunal Constitucional emitía una “nota informativa” insólita que aseguraba que las informaciones publicadas en algunos medios de comunicación acerca de la inmediata resolución y estimación de los recursos de amparo presentados contra las sentencias condenatorias dictadas en la pieza principal de la causa judicial de los ‘ERES’ de Andalucía no se correspondía con la realidad.

 Confirmando lo que decía desmentir, nueve meses más tarde, el 19 de junio pasado[8], resolvió el recurso de la simpar Magdalena Álvarez Arza, ex consejera de Economía y Hacienda, condenada por un delito continuado de prevaricación administrativa. De paso, activó la espoleta para dinamitar la sentencia del Tribunal Supremo de septiembre de 2022, con el peregrino argumento de que vulneró su derecho a la legalidad penal, consagrado en el art. 25 CE, por la interpretación “imprevisible” del precepto contenido en el artículo 404 del Código Penal. La Audiencia de Sevilla, sólo podrá tener en cuenta las modificaciones presupuestarias aprobadas por el Consejo de Gobierno en 2001 y 2002, antes de la inclusión en la Ley de presupuestos regional del programa 31L y una modificación de 2004 que no fue destinada a las ayudas sociolaborales.

¡Qué gran IDEA!

A continuación se conoció la sentencia que otorgaba el amparo a Miguel Ángel Serrano Aguilar, exdirector general de IDEA, la agencia que firmaba los convenios para conceder las subvenciones. En este caso, el TC considera vulnerado su derecho fundamental a la legalidad penal y, además, el derecho a la presunción de inocencia. Sin embargo, a diferencia del caso de la exministra, queda exculpado por completo por el polémico caso. Y, como colofón final, las Sentencias de Jose Antonio Griñán Martínez y Manuel Chaves González que les otorga amparo parcial, con las consecuencias derivadas de anular los pronunciamientos que les afectan y retrotracción de las actuaciones al momento anterior a dictar sentencia.

Los únicos desfavorecidos en esta operación han sido los exconsejeros de Empleo José Antonio Viera Chacón y el exdirector de Trabajo de Juan Márquez Contreras[9], ambos condenados por un delito de prevaricación continuado en concurso medial con un delito de malversación, cuyos recursos de amparo fueron desestimados por unanimidad. En el primer caso, el TC alega falta de desarrollo en el recurso interpuesto y en el segundo asume que “la sentencia de instancia expone, analiza y valora de una forma razonada medios de prueba cuyo resultado permite inferir” que Márquez Contreras “mantuvo un sistema de concesión de ayudas con un conocimiento preciso de que una parte de las mismas se daban en ausencia de todo interés público, realizando él mismo actos de disposición directa de los que se podía predicar el mismo defecto”.

La banda de Conde-Pumpido

El escándalo no ha hecho nada más que empezar. Desprecio absoluto por parte de los magistrados Cándido Conde-Pumpido Tourón, Inmaculada Montalbán Huertas, María Luisa Balaguer Callejón, María Luisa Segoviano Astaburuaga, Juan Carlos Campo Moreno y Laura Díez Bueso de las normas que obligan a abstenerse del enjuiciamiento del caso por una larga lista de causas [Art. 83 LOTC y 219 LOPJ].

Actuación injustificada contra sus propios actos en el procedimiento penal por parte del Fiscal. Amnistía encubierta de los condenados. Invasión del Tribunal Constitucional, con una doctrina ad hoc para los recurrentes sobre el alcance del derecho a la legalidad penal y la presunción de inocencia, en las competencias del Tribunal Supremo, como máximo intérprete de la Ley penal. Creación de una “doctrina de la impunidad de los actos políticos” cuando son parcialmente refrendados por una Cámara legislativa. Incomprensión del ordenamiento jurídico como un todo en el cual la Ley de presupuestos de un Parlamento autonómico no puede prevalecer, sin más, sobre la aplicación de la Constitución y el resto de las Leyes.

Todas estas cuestiones se convertirán en objeto de debate. Los dirigentes de Vox han anunciado la presentación de la correspondiente querella criminal por prevaricación contra aquellos magistrados del Tribunal Constitucional que votaron a favor de las Sentencias, por la chocantes argumentaciones ofrecidas para otorgar amparo a los recurrentes y porque algunos no se abstuvieron de participar en la resolución de los recursos de amparo, pese a los evidentes indicios de contaminación en su juicio. Actuación que podrían secundar otras personas o grupos.

De manera que este análisis continuará…

Notas

[1] Por cierto, ayer, 24 de julio de 2024, dicho portal permaneció inaccesible.

[2] STS 749 de 13 de septiembre de 2022. Identificación del Centro de documentación judicial: 28079120012022100737

[3] Sentencia 490 de la sección 1ª de la Audiencia Provincial de Sevilla de 19 de noviembre de 2019, dictada en el Rollo 1965/17. Identificación del Centro de documentación judicial: 41091370012019100159.

[4] Con ponencias de su vicepresidenta Inmaculada Montalbán Huertas Está pendiente de nombramiento la vacante dejada por Alfredo Montoya Melgar, quien en julio de 2022, presentó su renuncia por motivos de salud, a propuesta del Senado.

[5] Es muy llamativo el paralelismo con la actual presidenta del Banco público europeo, Nadia Calviño Santamaría, ministra de Economía del gobierno español hasta diciembre de 2023.

[6] Fundador de la asociación Jueces para la democracia. Ponente del auto del Tribunal Supremo de 14 de noviembre de 1996, dictado en el caso del secuestro de Segundo Marey, que exculpó sin juicio, por estrecho margen de magistrados y con argumentos peregrinos, al ex presidente del gobierno y secretario general del PSOE, Felipe González Márquez. Fiscal General del Estado, a propuesta del gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, que destacó por su adhesión a los planes políticos de quién le nombró.

[7] El abuso de derecho y la arbitrariedad exhibidos por un gobierno capaz de cooptar entre sus miembros a magistrados del Tribunal Constitucional quedaba patente. Como indiqué en su momento, la independencia o la imparcialidad de estos “juristas” desafia todas las reglas de experiencia conocidas sobre la necesaria neutralidad exigida en la Constitución para esos cargos.

Más allá de los innumerables casos en los que están obligados a abstenerse por haber sido miembros de un gobierno que es y será parte interesada en la mayoría de los procesos constitucionales que examine el Tribunal, el simple nombramiento revistió vehementes indicios de ilegalidad que llegan, incluso, a la relevancia penal: prevaricación. En el caso de los EREs, Juan Carlos Campo Moreno es parte interesada, pues fue un alto cargo político al servicio del gobierno andaluz de Manuel Chaves González.

[8] STC 93/2024, de 19 de junio. Ponente: Inmaculada Montalbán Huertas

[9] Quién sucedió al célebre Francisco Guerrero, cuya madre presumía de que su hijo tenía dinero “pa asar una vaca”.

Contra el ‘sumacerismo’

Desde el comienzo del estudio de la economía como ciencia —e incluso antes— ha habido ciertas voces que han atribuido la riqueza de unos pocos afortunados a la miseria y a la privación material del grueso de la población. Es posible que antes de la revolución industrial esto fuera así, pues la productividad era extremadamente baja y el excedente de lo que se producía cabía en muy pocas manos. Por lo que las posibilidades de ahorro y acumulación de capital de los más humildes eran tendentes a cero.

Como todos ya sabemos, si algo hizo la revolución industrial fue aumentar de forma exponencial la productividad. Las economías de escala permitían abaratar costes de producción y hacer que bienes que antes estaban reservados a unos pocos privilegiados, estuviesen al alcance del grueso de la población. Este proceso, que comenzó a mediados del siglo XVIII, podría afirmarse que llegó a su cúspide en el siglo XX, cuando Ford consiguió mecanizar el proceso de ensamblado de vehículos, ubicándolos al alcance del ciudadano promedio americano.

Sí, desde luego que este avance propiciado por el aumento exacerbado de la productividad tuvo un efecto muy positivo en la sociedad americana. Pero desde luego el mayor beneficiado fue la propia corporación de Ford, que engrosó sus resultados de una forma mucho más meteórica que aquellos productores de coches cuyo público objetivo eran los estratos de la sociedad más adinerados.

Riqueza y progreso

¿A dónde quiero llegar con esto? Pues bien, si efectivamente la economía fuese un juego de suma cero, los empresarios y las clases más adineradas, perderían riqueza a medida que el resto de las clases sociales fuesen ganando poder adquisitivo. Pero esta aseveración solo tiene fundamento en un mundo en el que existen élites extractivas que solo se limitan a disfrutar de la producción, frente a una casta trabajadora que se dedica a producir para la élite. Tal como podría suceder en el Feudalismo o en la Grecia Clásica.

Al pasar de un sistema de castas a un sistema de clases donde individuos libres intercambian derechos de propiedad a través del mercado, el que le vaya bien económicamente a los consumidores, desembocará ineludiblemente en que les vaya bien a los productores.

Por tanto, en el momento en que haya prosperidad en los países menos desarrollados, habrá un incremento sustancial en las clases medias de esas regiones, que harán uso de su poder adquisitivo para comprar más productos y servicios. Y este aumento del consumo tendrá como consecuencia el aumento de los márgenes empresariales y de la riqueza de los empresarios. A su vez, este aumento de los resultados empresariales empujará los salarios al alza —lo que hará que los trabajadores tengan más renta disponible con la que puedan adquirir bienes y servicios que hagan crecer la economía mediante un ciclo ad infinitum—. De esta manera, los empresarios son, en última instancia, los mayores beneficiados de la extinción de la pobreza.

Por tanto, no hay que preocuparse de cómo se reparte el pastel que la economía mundial es, sino que hay que esforzarse por hacer más grande dicho pastel a través del incremento de la productividad global.

La trampa de la trampa de la pobreza

El principal problema que aleja a los países más pobres del desarrollo es lo que en economía del desarrollo se ha denominado «el círculo vicioso o la trampa de la pobreza». En resumidas cuentas este concepto viene a decir que los países pobres no pueden aumentar su productividad porque (a) carecen de la infraestructura básica necesaria para que aumente su productividad marginal —como carreteras, sistema eléctrico o puertos funcionales—; (b) los ingresos de las familias son tan escasos que les resulta imposible cubrir sus necesidades más básicas, por lo que no pueden obtener el ahorro necesario para que se dé la acumulación de capital requerida en los procesos de industrialización; y (c) se carece de mano de obra cualificada que requieren los puestos de trabajo especializados de la industria.

En muchas ocasiones se ha planteado que la única manera para conseguir que los países salgan de este círculo vicioso de la pobreza reside en las ayudas monetarias internacionales. Es decir, que Estados ricos e instituciones supranacionales rieguen de dinero público a estos países. Y aunque este recurso puede ser una condición potenciadora o incluso necesaria para el desarrollo de las economías, desde luego que no es una condición suficiente. Porque, si así fuera, hubieran bastado los miles de millones de divisas que se han entregado a coste cero a África para acabar con su pobreza y, como todos sabemos, África sigue siendo mayoritariamente pobre.

Por qué fracasan los países

De nada sirve regar con dinero a países pobres, si ese dinero va a parar a dictadorzuelos corruptos y tiránicos que se dedican a vivir como maharajás, mientras que su población se hunde en la miseria. Es decir, que la precondición básica para el desarrollo económico y civilizatorio radica en que existan un conjunto de instituciones que salvaguarden la propiedad privada y el derecho de los ciudadanos a desarrollar el libre ejercicio de la función empresarial. A esto se referían Acemoglu y Robinson cuando hablaban de la distinción entre las instituciones inclusivas y extractivas en Por qué fracasan los países.

Una de las mayores limitaciones que tiene la ayuda internacional desinteresada es, precisamente, ese último adjetivo. Los países emisores de dinero público no tienen incentivos claros y directos de que mejore la situación de los países pobres, por lo que no se preocupan en exceso cuando estas ayudas no surten el efecto deseado.

Por el contrario, los mecanismos que bajo mi criterio mejor consiguen alinear incentivos son aquellos en los que la relación es de win-win, es decir, que el éxito de un participante garantiza el éxito del segundo y viceversa. Por tanto, la inversión extranjera en países en desarrollo y subdesarrollados es la manera más eficaz de industrializar y desarrollar a las regiones más pobres del globo.

Riqueza: suma positiva

Esto es así debido a que las empresas provenientes de países ricos obtienen un beneficio económico a través de la deslocalización por la reducción de costes —sobre todo fiscales y de capital humano—; a cambio de insertar en esas regiones una base de capital físico e infraestructuras, mano de obra cualificada, saber hacer, y condiciones salariales más competitivas que las de los negocios locales. Pero, como se ha mencionado antes, para que estas empresas vean deseable instalarse en estos países debe existir unas instituciones que garanticen la defensa de la propiedad privada mediante mecanismos institucionales como la seguridad jurídica.

Para concluir este artículo simplemente quiero recalcar que las empresas privadas son las principales interesadas en que deje de existir la pobreza. Pero esta permanecerá anquilosada de forma inexorable en el planeta, mientras que existan élites extractivas que no estén dispuestas a que los principios del capitalismo de libre mercado imperen en su territorio.

La economía no es un juego de suma cero, al menos, en el capitalismo.

Ver también

No es un juego de suma cero. (Juan Ramón Rallo).

La riqueza. (José Carlos Rodríguez).

La acumulación capitalista. (Santos Mercado).

La incómoda coexistencia de las restricciones presupuestarias duras y blandas en el capitalismo

La idea de una dicotomía entre las restricciones presupuestarias blandas (RPB) y las restricciones presupuestarias duras (RPD) RPB en socialismo y las RPD en capitalismo fue una de las principales aportaciones teóricas del economista Janos Kornai. Su objetivo con esta dicotomía era comprender la diferencia entre socialismo y capitalismo (Kornai 2014a).

RPB y RPD fue construido como parte de una cadena de mecanismos causales que condicionan la acción microeconómica en el socialismo y en el capitalismo. La propiedad estatal, la economía planificada, y la coordinación burocrática del sistema socialista generan las RPB para las empresas estatales en el marco de una economía cerrada (Kornai 2014a). Las RPB, a su vez, generan una economía de escasez crónica sin innovación debido a que las empresas estatales pueden funcionar confortablemente sin tener en cuenta los deseos de los consumidores. Por otra parte, la escasez crónica, también presente en el mercado laboral, genera una demanda constante de empleados, lo que garantiza la seguridad del empleo a los trabajadores.

Restricciones presupuestarias duras

En contraposición, los derechos de propiedad privada y la competición generan las RPD para las empresas privadas en el capitalismo. A su vez, las RPD fomentan la innovación empresarial, y una abundancia de bienes y servicios, debido a que las empresas tratan de satisfacer los deseos de los consumidores. Por otra parte, las RPD también generan la destrucción creativa, lo que produce un cierto nivel de desempleo e inseguridad junto con el fenómeno del desajuste de poder entre los patrones y trabajadores (Kornai, 2000).

Janos Kornai trató el capitalismo y el socialismo como modelos integrados. Cada uno tiene sus propias ventajas o desventajas, o propiedades beneficiosas o perjudiciales (Kornai, 2019).  Aunque, en nivel analítico, el análisis de sus cadenas causales internas y sus consecuencias son objeto de investigación imparcial, Kornai dejó claro que el socialismo no cumplió las expectativas de sus defensores. La razón es la incapacidad del socialismo para producir bienes deseados por los ciudadanos e introducir innovaciones, a excepción de aquellos productos en los que el planificador central respalda la innovación y la producción.

En una entrevista, también hizo hincapié en que la escasez produce una sensación de miseria entre la población (Kornai, 2007). Esta miseria era tan evidente, que, en la penúltima página de la Gran Transformación, Polanyi afirmó que los mercados son instituciones fundamentales para garantizar la libertad humana, tras tener en cuenta las realidades de la Unión Soviética estalinista (Tóth 2023). Por esta razón, Kornai lamentó que los pensadores socialistas ignoraron por completo las virtudes altamente evidentes del capitalismo (Kornai 2014b, p.3).

Restricciones presupuestarias blandas

Una de las principales preocupaciones de Janos Kornai pasó a ser la presencia de las RPB en el sistema capitalista tras el colapso del socialismo. Kornai argumentó que las economías capitalistas modernas están afectadas por el síndrome de restricciones presupuestarias blandas (SRPB). El SRPB genera un entorno en el que los agentes microeconómicos tienen la expectativa de ser rescatados y, en consecuencia, persiguen una expansión irresponsable. El SRPB fomenta el gasto desenfrenado y las inversiones irresponsables y reduce la sensibilidad de los costes. Y el SRPB es un fenómeno más amplio que las RPB de las empresas estatales en el socialismo porque afecta a una gran variedad de organizaciones.

El ámbito de posibles rescatadores también es más amplio que en un Estado, e incluye a los bancos, los organismos internacionales, entre otros. El rescate también es más amplio que el mero suministro de un salvavidas financiero. La amplia variedad de medidas puede incluir la condonación total o parcial de la deuda, modificaciones en la legislación fiscal con el fin de aliviar la carga impositiva, reprogramación de la deuda, exención total o parcial de impuestos, concesión de préstamos, o cambios en la fijación de precios para beneficio de las empresas con dificultades.

Existen varios motivos por parte del rescatador para decidir un rescate: argumentos morales, evitar tensiones sociales, conseguir clientelismo o incrementar el prestigio. La SRPB también establece una desigual relación de poder y genera subordinación a los poderosos. Kornai concluyó que SRPB es un síndrome, una enfermedad inherente y genéticamente codificada del capitalismo y, lo cual no puede ser curado. En el capitalismo existen grados de restricciones presupuestarias blandas y duros, y hay sectores amplios e influyentes que están muy expuestos a las RPD, mientras que, en otras, especialmente en los sectores gestionados por el Estado, existen las RPB.

Un programa de investigación

Kornai sostuvo que el efecto perjudicial del SRPB sobre la eficiencia debe ser la principal razón para prestar atención a la reducción del impacto de este síndrome. Kornai opinaba que la política del gobierno central es el factor clave en la creación del SRPB. El gobierno central ocupa posiciones esenciales en la economía. Posee el poder regulador y está presente en segmentos clave de la economía, donde el síndrome de RPB tiene un marcado efecto. Janos Kornai advirtió que los efectos perjudiciales de los rescates frecuentes sólo aparecen después de un largo retraso. Mientras, los efectos del rescate se presentan inmediatamente. Debido a esto, la mayoría de los rescates son políticamente populares. SRPB es un riesgo moral, que podría ser explotado fácilmente por políticos populistas. Kornai argumentó que el SPRB es uno de los puntos más importantes del programa de futuras investigaciones. (Kornai 2014a).

Bibliografía

Kornai, J. (2000) ‘What the Change of the System from Socialism to Capitalism Does and Does Not Mean.’, Journal of Economic Perspectives, 14(1), pp. 24–72.

Kornai, J. (2007) ‘Friderikusz most: interjú Kornai János közgazdász professzorral’.

Kornai, J. (2014a) ‘The soft budget constraint’, Acta Oeconomica, 64(Supplement-1), pp. 25–79.

Kornai, J. (2014b) Dynamism, rivalry, and the surplus economy: two essays on the nature of capitalism. Oxford: Oxford University Press.

Tóth, A. (2023) ‘La gran contradicción en La gran transformación de Karl Polanyi’, Procesos de Mercado, 20(2), pp. 127–164.

Ver también

Descentralización y libertad (II). (Santiago Calvo).

Obituario del prominente economista Janos Kornai. (Andras Toth).

Privatización silenciosa. (Miguél Solís).

Premio Juan de Mariana 2025

Finalizados los fastos por motivo de la visita del presidente Milei para recoger el Premio Juan de Mariana 2024, la barra libre sirvió como punto de partida para debatir el premio del año siguiente. Entre los candidatos, no podemos descartar a personas que han hecho hincar la rodilla a la Hacienda pública española. Por ejemplo, Xabi Alonso ha conseguido derrotar en tres ocasiones a Hacienda por tres delitos fiscales. La razón era, como hacen muchos futbolistas, cantantes o actores, la cesión de sus derechos de imagen a una sociedad radicada en el extranjero, obviamente con el fin de tributar menos. No se trata de facturar los servicios del futbolista o artista, ya que eso es más complicado tributarlo fuera. Sin embargo, los derechos de imagen son ya otra cosa.

Otro buen candidato, siguiendo con el madridismo, sería Raúl González, actual entrenador del Real Madrid Castilla (equipo filial). Derrotó a Hacienda por dos ejercicios consecutivos. En este caso, los años en litigio eran 2009 y 2010. Entonces, el futbolista se fue al Schalke 04 alemán a jugar las dos últimas temporadas de su carrera. El primer año fue descartado porque Hacienda, que apenas tiene funcionarios ni presupuesto, no inició a tiempo las diligencias oportunas. En cuanto al segundo, la razón es muy parecida a la posterior victoria de Xabi Alonso.

Iniesta y Pedrosa

Para que no nos acuse de parciales, en la terna podríamos incluir a Andrés Iniesta, el jugador que nos dio la gloria con su gol en la prórroga frente a Países Bajos en la final de la Copa del Mundo de 2010. En este caso, Iniesta derrotó a Hacienda por dos delitos fiscales relativos a los ejercicios de 2014 y 2015. De nuevo, los derechos de imagen y el pago a su agente (Hacienda no lo consideraba un gasto deducible) le valieron un pleito del que salió victorioso.

En el mundo del motor, otro buen candidato podría ser Dani Pedrosa. En este caso, el piloto catalán hace tiempo que se exilió fiscalmente en Andorra, como muchos youtubers. Aquí el tomate está en que Pedrosa. Al ganar los juicios a Hacienda, ha conseguido que la Agencia Tributaria le tenga que indemnizar con 2,5 millones de euros por los adelantos que tuvo que hacer en su día. Al llevar la razón, ahora Hacienda le tiene que devolver con intereses de demora. Por cierto, esos intereses de demora tributan como rendimientos del capital mobiliario, aunque esta situación está recurrida en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Azagra-Buffet

Pero nada comparado con lo que se va conociendo respecto a David Sánchez Pérez-Castejón. Es hermano del presidente del gobierno, y trabajador estrella de la Diputación de Badajoz, que no pisó ni para preguntar por dónde se salía. Para empezar, se trata de todo un nómada fiscal, con domicilio en Portugal o Tailandia. Por cierto, en Portugal fijó su residencia fiscal en una casa en absoluto estado de ruina. Sin embargo, eso no fue óbice para llevar a cabo una gestión patrimonial digna de Warren Buffet. Con unos sueldos totales de 260.000 euros de la Diputación de Badajoz desde 2017, consiguió aumentar su patrimonio 1,6 millones de euros.

Para ello, no dudó en invertir en fondos de inversión, acciones o criptomonedas. Vamos, el anticristo capitalista. Vamos a tener que convencerlo para que imparta algunos cursos sobre finanzas personales en el IJM porque un talento así no puede desaprovecharse. Bueno, esto lo dejamos un poco pausado, ya que la UCO investiga si la Diputación de Badajoz destruyó pruebas (léase correos electrónicos) previamente al registro ordenado por la juez de que instruye la causa.

En definitiva, vemos que la carrera para conseguir el premio al liberal más destacado del año resulta apasionante. Tenemos hasta febrero para que los candidatos sigan acumulando puntos. Suerte a todos.

Ver también

Hacienda son ellos. (José Antonio Baonza Díaz).

¿Por qué Hacienda trató a ‘El Rubius’ como si fuera un delincuente? (Domingo Soriano).

Doctores tiene Hacienda. (Carlos Rodríguez Braun).

Inspectores de Hacienda, esos héroes. (Fernando Parrilla).

Violencia política: bajando la temperatura

Por John G. Grove. El artículo Violencia política: bajando la temperatura fue publicado originalmente por Law & Liberty.

La escena fue impactante, sin duda. Pero, por desgracia, no fue sorprendente.

De hecho, uno podría ser perdonado por preguntarse por qué no han volado más balas en los mítines políticos. No hay que buscar mucho en las redes sociales para encontrar a gente que saliva ante la perspectiva de una política de enemistad y sangre. Y no se trata de simples chiflados ocasionales a los que nadie escucha, sino a menudo de personas con decenas o cientos de miles de seguidores y a veces con mucho dinero detrás.

La enemistad sólo se disimula ligeramente entre las clases más «respetables», que siguen presentando la política en términos existenciales, dejando simplemente el «destruir a nuestros enemigos» como una implicación tácita. Esta es una de las razones por las que el atentado contra Donald Trump es tan inquietante. A la conmoción inherente a un intento de asesinato se añade el hecho de que parece una extensión natural del tipo de política que vemos a nuestro alrededor todo el tiempo. Para confirmarlo, basta con echar un vistazo a las numerosas y desquiciadas reacciones en línea al tiroteo.

Aparte del creciente número de extremistas ávidos de escalada, el nombre del juego parece ser ahora la moderación, al menos durante unos días. Los políticos publican comunicados de prensa sobre cómo debemos buscar la «unidad» y «bajar la temperatura» de la política.

No es un fenómeno superficial

Pero, como observó Peggy Noonan en el Wall Street Journal, todo parece ¡tan pro forma! Puede que haya ruedas de prensa conjuntas, una foto en la escalinata del Capitolio o un breve periodo de respiro de los discursos «fascistas». Pero, ¿tendremos algo que vaya más allá de lo superficial? Para analizar la metáfora, no existe un termostato de pared que simplemente «baje la temperatura». Los llamamientos a la distensión son positivos, pero casi todos se centran en lo epifenoménico: el problema no es la retórica en sí. El problema es de dónde viene la retórica. Esa retórica no es más que parte de un sistema de complejas estructuras de incentivos que envenenan sistemáticamente el discurso, las ideas y la acción políticos.

Una característica de la enfermedad actual de la mente pública es que parece estar impulsada específicamente por nuestra vida política, no por las condiciones sociales subyacentes. La sociedad estadounidense no es una sociedad que, sobre el papel, debería estar hirviendo de odio. La tensión en la vida pública no está impulsada por una subclase reprimida que gime contra la opresión. No existe una gran enemistad religiosa sectaria. A nivel personal y local, las relaciones raciales nunca han sido mejores.

Violencia animada por la narrativa política

La religión, la clase, la raza y muchos otros elementos, por supuesto, ocupan un lugar destacado en la cacofonía que es el debate público, pero sólo después de haber sido encajados en una narrativa política nacional más amplia. A la mayoría de los estadounidenses, incluso a los agitadores partidistas extremos, sinceramente parece importarles cada vez menos si alguien es blanco o negro, cristiano activo o ateo, de la élite de la Costa Este o granjero del Medio Oeste, tanto como qué tipo de estadounidense eres, como dice el meme de Internet. Les importa la «comunidad» política de la que formas parte y qué marcadores de identidad adoptas.

La política vitriólica que practicamos no se alimenta de las tensiones sociales ya existentes. Crea estas identidades y «comunidades», la mayoría de las cuales no se cohesionarían por sí solas. En lugar de gestionar y mitigar las tensiones que surgen de forma natural en cualquier sociedad, nuestro proceso político genera activamente otras nuevas y apela a lo peor de la naturaleza humana para reforzarlas. Si se quiere hacer un esfuerzo serio para que este momento sea un punto de inflexión -para domar la política existencial, «por todos los medios necesarios»- se necesitaría algo más que comunicados de prensa o llamamientos a una unidad fabricada. Requeriría una reflexión seria sobre nuestras prácticas políticas y sobre cómo podrían cambiar.

Puede que sea imposible decir de antemano qué implicaría ese tipo de reflexión. Pero tendría que ir más allá de «dar un paso atrás» o de otros tópicos y, en su lugar, considerar algunas cualidades profundamente arraigadas de nuestra vida pública que incentivan el vitriolo.

Ver la política en términos existenciales

Tendría que considerar por qué tanta gente parece haberse entregado por completo a la política. ¿Por qué tantos encuentran en ella una realización casi espiritual, de tal modo que sólo pueden verla en términos verdaderamente existenciales? Este tipo de persona es constitutivamente incapaz de «bajar la temperatura».

Eso puede llevar a considerar la decadencia y cooptación de tantas otras fuentes de comunidad y autoridad al margen de la lucha por el poder político nacional. Hoy en día, la política nacional intenta arrastrarlo todo a su vórtice. Los campus universitarios son plataformas de protestas violentas. La política de baños y las colecciones de las bibliotecas de las escuelas primarias son objeto de debate nacional. Las iglesias se identifican a menudo tanto por sus etiquetas políticas como por las religiosas. La vida empresarial y económica está impregnada de símbolos y posturas políticas; se han incendiado comunidades locales para hacer valer un argumento político nacional.

Incluso el individuo se entiende cada vez más en términos de marcadores de «identidad» que se han forjado en el fuego del debate partidista. Dada esta realidad, ¿es tan sorprendente que la gente empiece a sentir que todo lo que ama está en juego en los conflictos políticos nacionales?

El poder

Luego está la desconfianza en las instituciones. Los estadounidenses no confían en su Constitución, sus leyes y sus instituciones políticas, ni para desempeñar la función específica que tradicionalmente cumplen, ni para formar y contener adecuadamente a los individuos que operan en ellas. Y no se puede entender la desconfianza en nuestras instituciones políticas sin darse cuenta de que es bien merecida: Los poderes del Congreso, los tribunales y, más obviamente, la presidencia y su gigantesca administración ejecutiva han sido rutinariamente mal utilizados para recompensar a los amigos y castigar a los enemigos, traicionando su propósito central y erosionando cualquier límite. No es de extrañar que tanta gente deposite esperanzas irracionales en partidos, movimientos y personas de cualquier marca ideológica que prometan purificar las cosas desde la base.

Esto, a su vez, nos remite a la increíble cantidad de poder concentrado en manos de nuestro gobierno nacional, que inevitablemente se aglutina en el poder ejecutivo. Poca gente pestañea cuando alguien se refiere al trabajo del presidente como «dirigir el país» (una frase que han utilizado nuestros dos últimos presidentes). Un hombre, con un simple movimiento de bolígrafo, puede lanzar bombas sobre cualquier parte del mundo; cancelar deuda privada; decidir no aplicar las leyes que los representantes del pueblo han instituido; sobornar a las instituciones de la sociedad civil para que ajusten sus políticas a un modelo ideológico; desatar enjambres de agentes de las masivas agencias federales de aplicación de la ley o reguladoras para acosar a cualquier hombre, mujer, niño, empresa u organización del país.

Ese tipo de poder está en juego cada cuatro años; puede oscilar drásticamente de una dirección a otra en una fresca mañana de enero, a través de un proceso en el que el ciudadano medio sólo tiene una participación simbólica. En estas circunstancias, un simple llamamiento a la «unidad» cae en saco roto, ya que es fácilmente absorbido por el ciclo del miedo y el resentimiento: ¿Unidad bajo qué condiciones? ¿Unidad bajo los auspicios de quién?

Reducir la violencia exige algo más que retórica

Los conspiranoicos paranoicos se equivocan al sugerir que todos los aspectos de la vida están siendo controlados y dominados por tal o cual grupo nefasto. Pero el poder en juego y la mentalidad correspondiente de los funcionarios públicos dan a estos avivadores de la discordia más que suficiente molienda para su molino. No vivimos en una distopía reprimida. Conservamos muchas libertades tan valiosas que se dan por sentadas. Y nuestra Constitución y nuestras tradiciones nos proporcionan recursos extraordinarios para revitalizar una forma saludable de vida civil.

Sin embargo, cada vez más parece que nos encontramos en medio de un giro cada vez más amplio puesto en marcha específicamente por nuestra forma de práctica política. Para bajar la «temperatura», haría falta algo más que retórica. Haría falta una forma diferente de pensar y de relacionarse con los ciudadanos, una forma en la que la gente no sienta que todos los aspectos de su vida, incluso su propia identidad personal, están en juego cada cuatro años en una batalla en la que el ganador se lo lleva todo. Requeriría una ciudadanía abierta -quizá por cansancio- a la moderación. Y se necesitaría un estadista sabio y con visión de futuro que no parece estar a la vista.

Todo eso podría significar que es imposible. Pero si realmente queremos una cultura cívica más sana, será necesario un cambio que vaya más allá de las palabras.

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Javier Milei lucha contra el peor impuesto de todos: la inflación

Por Marcos Falcone. El artículo Javier Milei lucha contra el peor impuesto de todos: la inflación fue publicado originalmente en FEE.

Cuando Javier Milei subió al poder en diciembre del año pasado, Argentina sufría una tasa de inflación anual superior al 211%. Estaba sólo por detrás de Venezuela y Líbano. Con una subida constante desde hacía más de dos décadas, la combinación de unos presupuestos perpetuamente desequilibrados y la desconfianza de los inversores hacían casi inevitable la creación de dinero (y, por tanto, la inflación).

En ese contexto, la primera promesa de Javier Milei en su discurso de investidura fue evitar la hiperinflación. Para ello, su máxima prioridad era equilibrar el presupuesto para dejar de monetizar el déficit. Y, efectivamente, al cabo de sólo un mes, el Gobierno anunció en enero que Argentina lograba su primer superávit financiero en 16 años. En los meses sucesivos, el presupuesto se ha mantenido equilibrado.

La rapidez de las medidas parece estar produciendo efectos rápidos. De hecho, la inflación se ha desplomado del 25% intermensual en diciembre al 4% previsto para julio. Esto ocurre en un contexto de reajuste de precios. Hay bajadas de precios como el alquiler (después de que el gobierno derogara las leyes de control de alquileres) y subidas de los precios de la energía y el transporte (ya que el gobierno está recortando las subvenciones). Incluso el FMI ha admitido que la inflación está bajando más rápido de lo previsto. De hecho, la inflación está bajando tan rápido que los bancos han empezado a ofrecer hipotecas por primera vez en siete años. Esto indica que el mercado espera que la inflación siga bajando.

Inflación y alcoholismo

Milei dijo a los argentinos que el proceso de derrotar a la inflación dolería, y así ha sido. El lado negativo del plan económico del Gobierno es que el país ha entrado en una recesión que probablemente durará al menos hasta finales de año. En medio de algunos despidos, la producción industrial del país está disminuyendo. Los recortes del gasto que permitieron al país equilibrar el presupuesto se han traducido en menos ingresos para las provincias y grupos específicos, como los jubilados.

En cierto modo, parece que Argentina está siguiendo la parte final de la trayectoria de las economías inflacionistas descritas por Milton Friedman en los años setenta:

La inflación es muy parecida al consumo de alcohol. Cuando te vas de juerga, los efectos buenos vienen primero, los malos llegan a la mañana siguiente, cuando tienes resaca. Lo mismo ocurre con la inflación. Cuando un país empieza una borrachera inflacionista parece que a todo el mundo le va bien. La demanda de productos aumenta, la producción y el empleo aumentan.

Pero cuando la gente se da cuenta de lo que está pasando, cuando los precios empiezan a subir, llega la resaca. En el proceso de curarse del alcoholismo la situación se invierte: los efectos malos vienen primero y los buenos después. Con la inflación ocurre exactamente lo mismo. Si ralentizas el ritmo de crecimiento de la cantidad de dinero, el efecto inicial es ralentizar el ritmo de crecimiento de la economía, lo que conduce al desempleo. Sólo cuando el efecto de sus medidas se haga sentir en la economía, los precios empezarán a desacelerarse, la inflación disminuirá y la producción crecerá de forma sana y no inflacionista.

Milton Friedman. Inflation: Is it an incurable desease?

Depresión y popularidad

Para muchos, pues, los dolorosos efectos de esta estrategia para acabar con la inflación no son ninguna sorpresa. Pero, ¿es sostenible el proceso? Algunos dudan de que el presupuesto pueda mantenerse equilibrado a medida que se extiendan los efectos negativos de los recortes del gasto y que el gobierno empiece a enfrentarse a una mayor presión pública para gastar más. A otros les preocupa que la moneda del país se esté apreciando demasiado, lo que podría perjudicar a muchas industrias. Hasta ahora, la popularidad de Milei no ha disminuido ni siquiera con la recesión.

Entonces, ¿es esto? ¿Qué ha pasado con la dolarización? La actual estrategia para frenar la inflación parece ir en detrimento de esta promesa electoral de Milei. Aunque algunos miembros de la administración Milei, incluido el propio Ministro de Economía, señalan ocasionalmente que la dolarización sigue siendo el objetivo final. Otros, como el Jefe de Gabinete, dicen que no. El propio presidente parece dudar de la dolarización y ahora habla de «competencia de divisas» como objetivo final. Partidarios de la dolarización como Emilio Ocampo argumentan que la eliminación del peso podría evitar las consecuencias negativas de domar la inflación por medios recesivos.

En cualquier caso, la lucha contra la inflación en Argentina no ha terminado. Reconocido como el peor impuesto por el propio Milei por tratarse de ingresos públicos «ocultos» y por afectar más a la clase baja, parece decidido a frenarlo. De momento, va ganando. Pero nadie quiere cantar victoria demasiado pronto.

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