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Historia de Aragón (VII): Ramiro II el Monje y el nacimiento de la Corona de Aragón

Como vimos en el artículo anterior, Alfonso I fue un rey con una mentalidad mesiánica. Continuó con sus batallas, asediando Bayona y Fraga. En una de esas contiendas acabaría herido y terminaría falleciendo en Poleñino en 1134. La muerte del rey Alfonso trae consigo un problema sucesorio. El rey había fallecido sin descendencia. El único candidato a portar la corona era su hermano Ramiro, pero al haber sido ordenado sacerdote no podía heredar el trono. 

En el asedio de Bayona en 1131, Alfonso I redactaría uno de los testamentos más asombrosos de toda la Edad Media. Ya que no podía legar el reino a su hermano Ramiro, Alfonso dejó sus reinos a las tres órdenes militares más relevantes del momento, el Santo Sepulcro, los Hospitalarios y los Templarios. Estas órdenes tenían muchos territorios en oriente, pero en occidente no había ocurrido algo parecido. El testamento era tan disparatado y ridículo que los nobles de Aragón decidieron tomar las riendas de la situación, nombrando a su hermano Ramiro rey. Ramiro tenía 47 años, había vivido siempre en monasterios y no tenía motivación ni capacidad para gobernar el reino.

A finales de 1134, Alfonso VII de León acudió a Zaragoza, era hijo del primer matrimonio de Urraca, por tanto, hijastro de Alfonso I. Alfonso VII, como tantos otros reyes de Castilla, tenía muchos intereses en incorporar Aragón a su reino. Vino con varios nobles, entre ellos Ramón Berenguer IV, de su presencia quedan muchas reminiscencias en Zaragoza, como el escudo del león. La muerte de Alfonso I supuso la pérdida del reino de Pamplona, que se independiza con García Ramírez.

La estirpe de Ramiro II

La misión principal de cualquier monarca es tener descendencia para trasmitir el reino. Ramiro II buscó una esposa. Debía de ser viuda y noble. Una de las candidatas fue Inés de Poitou, viuda del conde Thouars. Inés era hija de Guillermo IX de Aquitania, que había luchado junto con Alfonso I en la batalla de Cutanda. Del matrimonio entre Inés y Ramiro II nacerá en 1136 Petronila. Un año después de su nacimiento se le preparó la boda con Ramón Berenguer IV. Esta unión matrimonial se convertiría en el acta fundacional de la Corona de Aragón, ya que al Reino de Aragón se le uniría el Condado de Barcelona.

La Corona de Aragón era un conjunto de entidades políticas, ya fueran reinos, condados, marquesados… Ramiro II era el titular de estos estados, pero cada territorio mantenía su independencia institucional. Con la unión de Petronila y Ramón se crea una nueva casa, la casa de Aragón, por lo que el patrimonio de la casa pasará a ser indivisible, debido a la institución pirenaica del matrimonio en casa.

De esta unión dinástica nacerán dos reyes no demasiado relevantes. Por un lado, Alfonso II; y por otro, Pedro II, que morirá en la batalla de Muret en 1213. A éste le sucederá Jaime I, que conquistará Valencia y Mallorca. Su reinado lo estudiaremos más en profundidad en el próximo artículo.

Serie ‘Historia de Aragón’

De nuevo, Mises no comprendió a Menger (II): tampoco Hayek

Continuando con el artículo anterior de esta serie, en primer lugar quisiera recordar la importancia política y social de este análisis. Tener una buena teoría del valor que explique los precios es crucial para minimizar las injerencias políticas que dificulten la cooperación social. Una teoría que sea difícil de demostrar o que no explique bien la realidad no será lo suficientemente contundente y dejará vía libre a que otras teorías se utilicen para justificar intervenciones dañinas y así puedan imponerse legislativamente.  

En este sentido, la teoría del valor defendida por los autores austriacos más modernos como Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek o Murray Rothbard, tiene muy serios problemas al sostener tajantemente que la naturaleza del valor es ordinal. Pues en la “batalla” científica creo que este enfoque es atarse las manos a la espalda y ponerse grilletes en los pies al oscurecer innecesariamente la teoría afirmando que es imposible medir el valor. Y además no explica bien la realidad al negar, por ejemplo, que podamos hacer operaciones aritméticas relativas al valor. 

Afortunadamente no todos los autores austriacos tenían una visión ordinal del valor. Es el caso clarísimo de Eugene von Böhm-Bawerk a quien Mises le reprocha defender que el valor es cardinal y medible. Y aunque en este reproche Mises no incluye expresamente a Menger, también apunta a los “fundadores de la teoría subjetiva del valor”. Y por esta razón me he tomado la libertad de volver a utilizar el provocador título de “Mises no comprendió a Menger”. 

La crítica de Mises a Böhm-Bawerk

A continuación citamos la crítica que realiza Mises a los pioneros de la teoría del valor subjetivo y más específicamente a Eugene von Böhm-Bawerk:

No es raro que aquellos auténticos pioneros que no dudaron en abrir nuevos caminos para ellos mismos y para sus seguidores, rechazando decididamente anticuadas tradiciones y modos de pensar, retrocedieran ante las implicaciones de la rígida aplicación de sus propios principios. Cuando esto ocurre, los que vienen después tienen que emprender la labor de poner las cosas en su punto. Tal es el caso que nos ocupa.

Sobre el tema de la medida del valor, así como sobre otros varios estrechamente relacionados con él, los fundadores de la teoría subjetiva del valor se abstuvieron de desarrollar coherentemente sus propias doctrinas. Esto es especialmente aplicable a Bóhm-Bawerk. Por lo menos es particularmente sorprendente en él, ya que sus argumentos, de los que vamos a ocuparnos, pertenecen a un sistema que tiene todos los elementos de otra solución del problema, en mi opinión, más acertada, con tal de que su autor hubiera sacado de él las últimas consecuencias. (Mises, 1997)

Teoría del valor de Böhm-Bawerk

Uno de los objetivos de mi crítica a Mises y sus seguidores en esta serie, es dejar claro que las ideas de Mises no son necesariamente las de sus predecesores. Percibo muy a menudo que dentro de la escuela austriaca se tiende a asumir que Mises no contradice a sus antecesores, sino que los desarrolla siguiendo su misma línea sin contradicción alguna. Y no, esto no es así.

Y dice muy bien Mises que los que vienen después tienen que emprender la labor de poner las cosas en su punto. Si Mises cree que sus maestros estaban equivocados, la honestidad intelectual le debe llevar a cuestionarlos y ofrecer otra solución alternativa. Impecable actitud por su parte. Ahora bien, siguiendo ese razonamiento es labor de los que vienen detrás de Mises cuestionarlo a él también, ya sea para retomar el camino señalado por los pioneros anteriores a Mises, o para proponer otras alternativas distintas.

Como el cardinalismo de Böhm-Bawerk ya lo expone Mises claramente, aunque sea para criticarlo, no me voy a detener ahí. Böhm-Bawerk era sin ninguna duda cardinalista, así que en esta entrega vamos a centrarnos en demostrar que también Menger utilizó un enfoque indudablemente cardinalista en su obra principal Principios de Economía Política. Otros autores como Carlos Bondone, Ivan Moscati o anteriormente J. H. McCulloch ya señalaron la cardinalidad de Menger.

J. H. McCulloch sobre Menger

Dice McCulloch:

Un pasaje muy citado en Menger a menudo se utiliza como evidencia de que él era ordinalista, pero su significado es claramente cardinalista si lo leemos en contexto. Solo los economistas de la escuela austríaca posterior, como Mises, Bilimovic y Rothbard, pueden ser considerados como defensores firmes de una posición ordinal. (Traducción libre. McCulloch, 1977)

(Traducción libre. McCulloch, 1977)

Comencemos precisamente con ese tan citado pasaje de Menger, al que el mismísimo Hayek hace referencia en la introducción a Principios de Economía Política como prueba de que Menger era ordinalista:

No es necesario insistir en que las anteriores cifras no persiguen la finalidad de expresar numéricamente la magnitud absoluta, sino sólo la relativa de las correspondientes satisfacciones de necesidades. Si, por ejemplo, designamos con las cifras 40 y 20, respectivamente, la significación de la satisfacción de dos necesidades diferentes, con ello queremos decir simplemente que la primera tiene para el sujeto económico de referencia, doble significación que la segunda.

(Énfasis nuestro, Menger 2012)

Friedrich A. Hayek

Y esta es la interpretación de Hayek de este pasaje:

Aunque algunas veces habla de que el valor es mensurable, de sus explicaciones sedesprende claramente que lo único que pretende decir es que el valor de una mercancía cualquiera puede expresarse poniendo en su lugar otra mercancía del mismo valor. A propósito de las cifras que utiliza para mostrarnos la escala de utilidad, dice expresamente que no sirven para marcar la significación absoluta, sino sólo la relativa de las necesidades (Capítulo V – 3). Los ejemplos que pone permiten ver, ya desde el primer momento, que no está pensando en números cardinales, sino en ordinales (Capítulo III – 2) (Menger 2012)

Friedrich A. Hayek. Introducción a Principios de Economía de Carl Menger.

En primer lugar, no tiene ningún sentido afirmar que Menger no mide porque sólo pretende expresar el valor de una mercancía en términos de otra, cuando medir consiste precisamente en eso: en expresar la magnitud de una cosa en términos de otra. Y en segundo lugar, que una magnitud no sea absoluta no implica que no sea cardinal. Cuando Menger se refiere a las cifras 40 y 20 no se refiere a su orden relativo, es decir, que 40 es ordinalmente más importante que 20. Lo que dice, ¡literalmente!, es que 40 es el doble que 20. Es una relación proporcional y cardinal de magnitud, no de orden.  Lo que aquí trata de aclarar Menger es que la cifra 40 en sí misma no mide nada, que su propósito es únicamente representativo para poder compararla aritméticamente con otra cifra.

Vacas y caballos

Por si el lector pensara que se trata de un lapsus o una mera informalidad aislada a la hora de expresarse por parte de Menger, el anterior no es el único pasaje donde Menger utiliza la aritmética cardinal. En el ejemplo de las vacas y los caballos también dice lo siguiente:

Para mayor claridad, daremos una expresión numérica a la anterior relación. Podremos entonces expresar la significación escalonada de la satisfacción de las necesidades antes mencionadas mediante una serie de cifras, que van descendiendo en proporción aritmética, por ejemplo, según la serie: 50, 40, 30, 20, 10, 0

[..]

En efecto, para A un caballo sigue teniendo menor valor que la posesión de una nueva vaca (10 el caballo, 30 la vaca), mientras que para B la situación es la opuesta: una vaca valdría 10, un caballo 30 (es decir, tres veces más).

(Énfasis nuestro. Menger, 2012)

Aritmética cardinal

Como muy bien reitera Mises, en lo ordinal no cabe la aritmética cardinal. No tiene sentido hablar ni de proporción aritmética, ni del triple, ni de sumar ni de multiplicar (la aritmética ordinal también existe, pero no tiene nada que ver con la cardinal). Y vemos cómo Menger si que trabaja claramente con aritmética cardinal, véase también este otro pasaje donde Menger suma los incrementos de valor que obtienen las partes al intercambiar:

Llamemos A y B a las personas de referencia y designemos por 10a la cantidad del primer bien de que dispone A y 10b a la cantidad del segundo bien, de que dispone B. Llamemos W al valor que la cantidad 1a tiene para A. El valor que tendría 1b para A, caso de que pudiera disponer de él, equivaldría a W + x; llamaremos w al valor que 1b tiene para B y designaremos por w + y al valor que tendría 1a para B. Se ve entonces claro que mediante el traspaso de 1a de la disposición de A a la de B, y a inversa, de 1b de la disposición de B a la de A, éste ganaría el valor x, en tanto que B ganaría el valor y.

(Énfasis nuestro. Menger, 2012)

Quisiera resaltar que en absoluto cabe interpretar que cuando Menger habla de valorar un bien en términos de otro bien, es decir, que un caballo vale 3 vacas, esté hablando de precios. De ninguna manera. Cuando los granjeros valoran el triple el caballo que la vaca (o viceversa), no proceden a intercambiar tres a uno, sino uno a uno. El precio al que intercambian es un caballo por una vaca, que surge de las valoraciones totalmente distintas de tres a uno. No corresponde concluir que por el simple hecho de valorar un bien en términos de otro bien, sea alguno de los bienes dinero o no, estemos hablando de precios y no de valor.

No hay magnitudes absolutas 

Que las magnitudes de valor a las que se refiere Menger en el primer pasaje que hemos citado sean relativas y no absolutas no es nada distinto, por cierto, a lo que sucede en las ciencias naturales. Si por ejemplo la primera unidad de medida que se le ocurre utilizar al ser humano para medir distancias es un codo o un pie, ¿cuál es la magnitud absoluta de un pie? Ninguna. Podríamos cuantificar el pie en pulgadas, si, pero no salimos del problema ¿cuál es la magnitud absoluta de una pulgada? De nuevo, ninguna. 

Es muy cierto que en economía no existen las magnitudes absolutas de valor, pero es que tampoco existen las magnitudes absolutas en las ciencias naturales. Todo acto de medición es relativo por definición. La medición es una relación entre dos magnitudes: La magnitud a medir y la unidad de medida, y esta última puede ser cualquiera que consideremos conveniente. Cuestión diferente es la constancia de la unidad de medida, que si bien es indudablemente muy conveniente, no es un requisito necesario para poder medir.  El problema de la inconstancia de la unidad de medida lo abordaremos detalladamente en la siguiente entrega.

Una ilustración cardinal

Menger quiere aclarar que eligió, y vuelvo a citar literalmente: “por ejemplo, según la serie: 50, 40, 30, 20, 10, 0 ”, como podía haber elegido 0, 2, 4, 6, 8 y 10.  Advierte que no pretende afirmar que existan esas cifras en las mentes de los granjeros que intercambian vacas y caballos, de la misma forma que no existe ningún número absoluto en nuestra mente que represente la magnitud absoluta de un metro, lo que manejamos en nuestras mentes son vacas, caballos o metros. Menger solo pretende ilustrar proporciones cardinales relativas. Un caballo puede valer el doble que una vaca igual que una persona puede tener una altura del doble de un metro. Ni en el caso de la altura ni en el caso del valor manejamos magnitudes absolutas, la medida es siempre relativa de una cosa respecto a otra.

Esto lo aclara perfectamente Menger en otro pasaje donde nos explica que la medida del valor, y de cualquier otra magnitud, no es algo que pertenezca a la esencia de la cosa que queremos medir. La medida es un acto humano externo a las cosas, no está en las cosas. De la misma forma que un campo de fútbol no contiene metros ni yardas, el caballo tampoco contiene una utilidad de 2 vacas, sino que nosotros estimamos que en un momento concreto tiene para nosotros un valor relativo del doble con respecto a una vaca. Que lo expresemos a meros efectos ilustrativos como 2 a 1, 40 a 20, o 100 a 50 es, eso, una manera de ilustrar esta relación cardinal.

Determinación cuantitativa

Dice así el pasaje:

Knies reconoce —al igual que muchos de sus predecesores–  que el valor es el grado de utilidad de un bien para alcanzar los fines humanos. No puedo aceptar esta opinión tal como se la plantea, porque aunque es cierto que el valor es una magnitud que puede medirse, la medida no pertenece a su esencia, como tampoco forma parte de la esencia del tiempo o del espacio la circunstancia de que se les pueda medir

(Énfasis nuestro. Menger, 2012)

Y en el siguiente pasaje Menger nos explica que la medida de la significación de la satisfacción de nuestras necesidades es la importancia de dicha significación, y que dicha importancia se determina ¡cuantitativamente!  ¿Se puede ser más cardinal que esto?

En principio, y de forma directa, la satisfacción de nuestras necesidades sólo tiene para nosotros una significación que, en cada caso concreto, encuentra su medida en la importancia que para nuestra vida o nuestro bienestar tiene la correspondiente necesidad satisfecha. En un momento posterior trasladamos esta importancia —dentro de su determinación cuantitativa— a aquellos bienes concretos de los que sabemos que dependemos inmediatamente para la satisfacción de las necesidades de referencia, es decir, a los económicos del primer orden, a tenor de los principios expuestos en la sección anterior.

(Énfasis nuestro. Menger, 2012)

Lo cardinal incluye lo ordinal

Con respecto a todo lo anterior es importante tener en cuenta que lo cardinal incluye, lógicamente, a lo ordinal. Es decir, los números cardinales son un conjunto ordenado. Es evidente que de una valoración cardinal de distintos bienes podemos deducir  automáticamente un orden. De más importante a menos importante, y esto es lo que hace Menger en su famosa tabla. Pero de ahí no procede concluir que su exposición es estrictamente ordinal. Más bien todo lo contrario: La exposición es ordinal ¡porque es cardinal!  

Nótese además, que la implicación cardinal -> ordinal es de una sola dirección. Todo lo cardinal es ordinal por definición, pero no necesariamente al revés. En el turno de la cola de la pescadería no hay relación cardinal entre los ordinales “1º” y “2º”, solo hay orden. No cabe medir la diferencia de ninguna magnitud entre estos ordinales. Ni siquiera la diferencia de tiempo de llegada de los clientes, o la distancia física entre ellos, o que la intensidad de la prisa del segundo sea superior al del primero. Esta diferencias son nociones totalmente ajenas al concepto ordinal del turno. Al pescadero le dan exactamente igual esas diferencias, simplemente atenderá antes al primero que al segundo, nada más. En lo ordinal no hay magnitud ni intensidad, y si no hay magnitud no puede haber diferencia entre las magnitudes.

Magnitud intensiva

De hecho cabe decir que incluso Mises, que aboga radicalmente por el valor ordinal, reconoce claramente que el valor sí es una magnitud. Una magnitud intensiva no cuantitativa, pero magnitud al fin y al cabo. Cuando Mises dice magnitud intensiva se refiere a que dicha magnitud es una cualidad de la cosa, no una cantidad. Pero admite sin ningún problema que puedan existir diferencias de intensidad entre las valoraciones, y que son esas diferencias las que determinan su clasificación ordinal.

Lo que Mises niega es que dicha diferencia de intensidad pueda medirse y que por tanto sólo puede manifestarse al exterior de manera ordinal (prefiero el bien A al bien B). Por tanto, incluso Mises admite cierta cardinalidad “inmedible”, cardinalidad que simplemente no existe en el caso del primer y segundo turno de la cola de la pescadería, donde de ninguna manera cabe hablar de magnitud o intensidad, ni cardinal, ni medible, ni inmedible, ni cuantitativa, ni intensiva.

Dicho en otras palabras, para Mises es totalmente válido afirmar que un bien se valora muchísimo más que otro, aunque no pueda determinarse la diferencia. Que por ejemplo la diferencia de valoración entre el oro y la plata es menor que la diferencia de valoración entre el oro y el plomo. El plomo sería “mucho más Segundo” con respecto al oro que la plata, y estas diferencias de valor son relevantes e influyen a la hora de determinar los precios.

No hay magnitud ordinal

Pero insisto en que en lo estrictamente ordinal no cabe hablar de magnitud o intensidad alguna. No importa que quien te precede en el turno de la pescadería llegue un minuto o una hora antes que tú, o que tenga una prisa más intensa que la tuya. Tu segunda posición en la cola no guarda proporción o relación con ninguna magnitud ni intensidad, una vez eres segundo, eres segundo y ya está. Sin embargo, Mises sí contempla magnitudes de distinta intensidad, por tanto fracasa en su defensa de una estricta ordinalidad del valor y es incoherente al negar tajantemente la cardinalidad, porque en el marco de lo ordinal es totalmente improcedente hablar de magnitudes. Insisto de nuevo:  No existen las “magnitudes ordinales”, ni intensivas ni cuantitativas. 

Quisiera destacar que en la segunda edición de Principios de Economía Política que Menger estuvo revisando cuidadosamente durante décadas, los anteriores pasajes que hemos citado quedan inalterados. Es decir, después de presenciar aún en vida el debate entre Bohm-Bawerk y Cuhel, no modificó ni puntualizó ninguno de todas estos pasajes claramente cardinalistas. Incluso incorpora una nueva nota para aclarar el doble significado que en casi todos los idiomas atribuimos a la palabra valor. Utilizamos este término indistintamente tanto para referirnos al valor (subjetivo) como para referirnos al precio de un bien. Esta nota, es, en mi opinión un clarísimo apoyo a la postura de Bohm-Bawerk en el debate con Franz Cuhel sobre la medición cardinal del valor de un bien en términos de otros bienes.

Teoría del valor: comparación con otros bienes

Dicha nota dice así:

No podríamos entendernos con otros tratando cuestiones económicas si no pudiéramos distinguir la importancia a la que llamamos valor según su extensión y especificar su medida de una manera comprensible para los demás. Un medio inmediato (un tipo de medida) para medir el valor presupone un alto grado de abstracción, aunque el valor sea un fenómeno muy familiar; dado su carácter subjetivo, esta medida no sería absoluta y válida para todas las manifestaciones del valor y, por lo tanto, no serviría al propósito práctico que hemos definido.

Es natural, por lo tanto, que los seres humanos hayan intentado hacer comprender a los demás la significación de la importancia que ciertos bienes tienen para ellos, no a través de unidades de medida, sino mediante el valor que otros bienes tienen para ellos. Por lo tanto, en lugar de describir a una tercera persona la magnitud de la importancia que un bien tiene para nosotros, preferimos indicar otros bienes que ellos conocen y cuyo valor es igual, para nosotros, al de los bienes mencionados. De esta manera, los demás pueden entender la magnitud de la importancia que tiene para nosotros el bien del cual se quiere establecer el valor. Decimos así que un bien determinado vale para nosotros tanto como diez fanegas de trigo o treinta táleros.

(Traducción libre. Menger, 2013)

Unos bienes comparados con otros

Menger nos explica que cuando nos referimos al valor subjetivo, no al precio, lo hacemos también en términos de otros bienes. Esta cuestión la analizaremos con detalle en la siguiente entrega. Pero es importante darse cuenta que cuando pensamos que un bien vale para nosotros treinta táleros (“vale” en un sentido de valor subjetivo) no se trataría de un precio porque a igualdad de valor no hay ganancia en el intercambio. No tiene sentido económico intercambiar y por tanto nunca se llegaría a dar ese precio. En todo caso, si yo soy el dueño de ese bien, el precio resultante que podría resultar de esa valoración sería 31 táleros o más, pero nunca 30.

Hemos demostrado que la teoría del valor de Menger es cardinalista, y que para Menger el valor es medible. Así lo expone a lo largo de su obra, y además así lo afirma explícitamente. En la siguiente entrega abordaremos el problema de la inconstancia de la unidad de medida y trataremos de demostrar que el enfoque cardinalista explica mejor la realidad y que en lugar de arrinconar la magnitud del valor como algo oscuro e incognoscible, nos aporta luz a la hora de explicar la causalidad de los precios desde un punto de vista totalmente subjetivista y siguiendo fielmente el camino iniciado por Carl Menger.

Con este enfoque podremos superar el modelo dominante de oferta y demanda basado en costes para explicar los precios y abrimos además la posibilidad de corroborar matemáticamente la teoría del valor subjetivo, corroboración que en mi opinión lleva a cabo con gran éxito Carlos Bondone en su trabajo Teoría Económica Subjetiva Solidaria.

Bibliografía
Ver también

El lenguaje económico (II): las matemáticas. (José Hernández Cabrera).

Ordinalidad, cardinalidad, e intensidad de las preferencias. (Fernando Herrera).

Serie De nuevo, Mises no comprendió a Menger

(I) Ordinal vs. cardinal

Serie Mises no comprendió a Menger

IIIIII, IV

Cómo la reacción frente a la inmigración debilita la democracia

Por Garett Jones. El artículo Cómo el retroceso de la inmigración debilita la democracia fue publicado originalmente en CapX.

En Europa, hemos visto el patrón una y otra vez desde 2015:

  • La inmigración masiva poco cualificada provoca una reacción violenta.
  • El contragolpe fortalece a los partidos nacionalistas, que entonces consiguen el 10, 20, 30 por ciento de los escaños en la legislatura
  • Los partidos políticos normales crean un cordón sanitario, una especie de promesa de no hacer negocios con los malos
  • Finalmente, la política nacional se convierte en un enorme caos, más volátil, más díscola, más contenciosa que antes.
  • Durante casi una década hemos visto versiones de esto en Bélgica, Francia, Alemania, Suecia y los Países Bajos. Todo el proceso se inicia con el primer paso -las oleadas de inmigración masiva poco cualificada- y el proceso suele desembocar en el último paso: una versión peor de la política nacional.

Se ha vertido mucha tinta culpando a los malos, los nuevos partidos nacionalistas, por su papel en el empeoramiento de la política europea. Y no cabe duda de que entre ellos hay más de la cuota habitual de malos actores con malos motivos, incluso para los estándares de la política electoral. Pero mientras Europa siga siendo democrática, permitiendo elecciones libres y que personas de todos los puntos de vista se presenten a las elecciones, estos partidos nacionalistas van a presentarse y van a ganar escaños.

Contra el cordón sanitario

En lugar de sumarme a las quejas sobre los partidos nacionalistas -una tarea digna de otro momento-, quiero explicar por qué el cordón sanitario es malo. Y no lo hago para animar a los partidos normales a empezar a cerrar acuerdos con la extrema derecha. En lugar de eso, voy a argumentar que el cordón sanitario es tan malo, tan destructivo para la buena gobernanza democrática, que los países europeos deberían recortar masivamente su nivel de inmigración poco cualificada. Los países europeos deberían dejar de alimentar el motor del declive democrático. Eso no será divertido, no te hará amigos en las altas esferas y será más difícil tener Ubers baratos y comidas de Deliveroo.

Pero a largo plazo, y puede que incluso a corto plazo, mejorará tu democracia. La razón es sencilla: las democracias funcionan por mayoría, y es más difícil llegar a un acuerdo del 50% cuando ya has decidido que no puedes tratar con el 25% de tu parlamento.

La política es el arte del compromiso. E incluso en una democracia sana estamos acostumbrados a ver lo difícil que es llegar a un acuerdo suficiente sobre los detalles de la legislación para conseguir algo significativo. Pero si has decidido que el 25% de los legisladores están fuera de lugar, eso significa que necesitas un acuerdo de dos tercios entre los legisladores restantes para conseguir una mayoría que te permita aprobar algo.

Los costes de negociación

Piensa en el esfuerzo que supone conseguir que el 67% de los legisladores se pongan de acuerdo en algo: es incluso más de lo que se necesita para acabar con un obstruccionismo en el Senado de EE.UU., ¡sólo necesitan el 60%! Los países que se adhieren a un cordón sanitario están aceptando los elevados costes de las negociaciones políticas, las mayores fricciones políticas y el patrón de fracasos repetidos de la gobernanza de coalición que conlleva.

Mis difuntos colegas de la Universidad George Mason, Gordon Tullock y el Premio Nobel James Buchanan, subrayaron que cuando se pasa de la regla de la mayoría a este tipo de regla de la supermayoría, aumentan los costes de negociación para llegar a un acuerdo. Y, en la práctica, eso significa que muchos buenos acuerdos no se llevarán a cabo, de modo que la lata se queda en el camino y reina el statu quo. Arreglar las carreteras, reformar el ejército, decidir la edad de jubilación nacional… todo se vuelve más difícil cuando tienes que alcanzar el 51% utilizando sólo el 70% u 80% de la legislatura.

El caso del Reino Unido

Por ahora, el Reino Unido puede parecer inmune a estos problemas, con los laboristas disfrutando de una enorme mayoría parlamentaria y un sistema de mayoría relativa que dificulta la obtención de escaños a los partidos marginales. Pero hay que tener en cuenta cuánto capital político se ha invertido en la gestión de la reacción contra la inmigración, incluso antes del reciente estallido de disturbios de extrema derecha. Reform UK ya se ha superado y no es probable que desaparezca. Algunos conservadores están discutiendo abiertamente si necesitan formar una coalición con Reform para recuperarse electoralmente, mientras que otros quieren mantener un cordón sanitario a toda costa. Y Reforma, o sus sucesores, supondrán un reto aún mayor si los partidarios de la reforma electoral ganan terreno.

Sí, las democracias tienen muchas formas de debilitarse, y los elevados costes de un cordón sanitario son sólo una más. Pero es una que aparecerá en docenas, quizá cientos de pequeñas formas. Es como la obesidad: sabes que es mala, pero nunca puedes estar seguro de que un resultado negativo concreto -un derrame cerebral, un ataque al corazón- sólo haya ocurrido porque el tipo era obeso mórbido. Literalmente, le podría haber pasado a cualquiera.

El factor de la inmigración poco cualificada

Así que no esperen que diga que esta o aquella mala ley, esta o aquella reforma eternamente retrasada, se debieron a la reacción política contra la inmigración poco cualificada. Esto no funciona así. En lugar de eso, hay que mirar el panorama general, comprobar qué países están cayendo en un patrón inusual de esclerosis política y volatilidad política. Sospecho que un buen estadístico puede encontrar pruebas de lo que digo, pero tú también puedes verlo, si simplemente miras a tu alrededor.

La reacción política ante la inmigración poco cualificada empeora la democracia, pero es posible acabar con esa reacción. Si los partidos normales toman la dura decisión de recortar mucho la inmigración poco cualificada -quizá cambiando mucho hacia un programa que favorezca mucho la inmigración altamente cualificada- dejarán de alimentar el motor del declive. Y para terminar con un tópico que tiene muchas posibilidades de ser cierto, acabar con la reacción violenta de la inmigración dará a Europa más posibilidades de construir un futuro más armonioso y próspero.

Ver también

Los males de la empresa pública: cómo el metro de Nueva York se convirtió en una pesadilla

Por Gregory Bresiger. El artículo Los males de la empresa pública: cómo el metro de Nueva York se convirtió en una pesadilla se publicó originalmente en el IEA.

La historia importa en el debate sobre la empresa pública, especialmente en el ruinoso metro de Nueva York. Y es que el sistema de metro a lo largo de generaciones es sobre todo una historia de fracasos. El sistema de metro de la Gran Manzana es un ejemplo de los males de la empresa estatal. De hecho, el metro ha sido malo durante tanto tiempo que pocos saben que hubo un tiempo en que el metro era “una maravilla de la ingeniería”. Era un sistema en el que la empresa privada prestaba un servicio excelente, ganaba dinero y mejoraba la vida de los neoyorquinos.

Así era hace un siglo, cuando los neoyorquinos estaban orgullosos de sus metros y los accionistas estaban encantados de poseer acciones de los metros, así como de los ferrocarriles privados. Hoy todo el mundo está de acuerdo en que tanto el metro como los ferrocarriles de pasajeros son un desastre. Pero no hay acuerdo sobre cómo arreglarlos. No se discute que la agencia estatal que gestiona el metro ha despilfarrado miles de millones. La mala gestión del gobierno a lo largo de generaciones, y diferentes gobiernos de ambos partidos ha perjudicado a todos. Ha hecho que viajar en metro sea una experiencia terrible y peligrosa. Pero el problema es antiguo y se ha enconado durante generaciones.

De la “maravilla” de gestión privada a la “crisis” de la gestión pública

“No hay duda de que nuestros metros están en crisis después de décadas de falta de inversión e inacción”, escribió el contralor de la ciudad de Nueva York, Scott Stinger, en un informe de 2017, uno en el que advirtió que los pasajeros están frustrados.

“La Autoridad de Transporte Metropolitano (MTA)”, escribió el contralor del estado de Nueva York, Thomas DiNapoli, en un informe reciente, “se enfrenta a su mayor desafío en décadas”. Los usuarios, advertía, “están abandonando el sistema por otras alternativas de transporte”. Los informes estatales, incluido el de DiNapoli “Perspectivas financieras de la Autoridad de Transporte Metropolitano (MTA)”, constataron que los metros y ferrocarriles de Nueva York gestionados por el Estado, incluidos el Ferrocarril de Long Island y Metro North, también tienen un “servicio en deterioro”. Eso es algo que los viajeros veteranos saben desde hace décadas.

Sin embargo, el mayor problema del metro es otro que nunca se menciona en ningún informe gubernamental. Es el analfabetismo histórico. También es la falta de contabilización de décadas de mala gestión municipal/estatal. Es la esencia de toda “empresa” gubernamental; una contradicción en los términos. Es la ignorancia de cómo el sistema de metro pasó de ser una maravilla de la ingeniería gestionada de forma limitada por el sector privado a una pesadilla controlada por fuerzas políticas. Los males fueron el resultado de décadas de regulación gubernamental destructiva de las empresas privadas de gestión y, más tarde, de la explotación directa por el gobierno.

El mito del fracaso del sector privado

El mito del fracaso del sector privado es propugnado hoy por muchas élites políticas y mediáticas de Nueva York y de todo el país. Se trata de dirigentes que apoyan diversos planes empresariales gubernamentales. Curiosamente, algunas de estas élites incluso afirman ser amigas de las fuerzas del mercado. ¿Por qué su defensa de las burocracias gubernamentales sin esperanza? Insisten, a pesar de los repetidos fracasos gubernamentales a lo largo de generaciones, en que sólo el sector público puede hacer ciertas cosas, como gestionar las empresas de transporte de las grandes ciudades.

Uno de los argumentos contra la privatización que esgrimen hoy los dirigentes neoyorquinos es que gestionar los trenes es algo que “sólo puede hacer el gobierno”. Su segundo argumento contra las empresas privadas de transporte es económico. Suelen esgrimirlo incluso los supuestos amigos del libre mercado: Las líneas privadas no pueden obtener beneficios. Me lo han dicho incluso representantes del Manhattan Institute, considerado defensor del laissez-faire. Insisten en que la privatización del metro no es una opción. (Esto me recuerda la queja del economista austriaco Ludwig von Mises: “Incluso muchos de los críticos del socialismo suenan como socialistas”).

“El metro no da dinero”

“El metro no da dinero”, me dijo hace años Nicole Gelinas, miembro del Manhattan Institute. Pero la historia no apoya precisamente a Gelinas. De hecho, las líneas privadas de metro ganaron dinero en sus primeros años. Las líneas privadas también perdieron dinero más tarde. Su historia es similar a la de los ferrocarriles privados de pasajeros. En su día fueron rentables, pero más tarde se vieron abocadas a la quiebra por el exceso de regulación desde los años treinta hasta los sesenta. Curiosamente, fue la misma historia que la de los ferrocarriles privados de mercancías. Sin embargo, después de que muchas se vieran en números rojos en la década de 1970, las líneas privadas de mercancías resurgieron en la década de 1980 tras la desregulación.

Aunque el metro de Nueva York nunca fue de propiedad privada, las empresas privadas de transporte operaron en los primeros treinta y seis años del metro en virtud de un contrato de franquicia con la ciudad. La mejor de las empresas privadas de transporte, la Interborough Rapid Transit Company (IRT), generó grandes beneficios durante los primeros veinte años del sistema. Desde sus comienzos en 1904 hasta la década de 1920, la IRT estuvo en números negros.

Por ejemplo, en el informe anual de la IRT de 1917, la empresa de transportes declaró unos ingresos netos de 23,2 millones de dólares. Esto suponía un aumento de 1,5 millones de dólares respecto al año anterior. La IRT también era una buena inversión. Pagó unos 7 millones de dólares en dividendos, según el informe financiero anual del 30 de junio de 1917.

Pingües beneficios

Incluso en la década de 1920, cuando los controles de precios y el aumento de los costes como resultado de la inflación de la Primera Guerra Mundial empezaban a reducir y finalmente destruir los beneficios, cuando los operadores privados demandaron sin éxito subir las tarifas, el metro seguía ganando dinero. Sin embargo, los responsables del IRT advirtieron que, sin la posibilidad de subir los precios, acabarían ocurriendo cosas malas, y así fue.

La sentencia del Tribunal Supremo de EE.UU. de 1929 Gilchrist vs. IRT afirmaba que la tarifa de cinco céntimos no podía subirse a siete céntimos. En la misma, los documentos judiciales documentaron algo que la empresa gubernamental nunca haría: el IRT seguía ganando dinero. “Para el año fiscal en curso, que terminó el 30 de junio de 1928, las cifras de los seis primeros meses están disponibles, y muestran un superávit neto que asciende a 3.687.000 dólares, que supera el superávit de los seis meses correspondientes del año fiscal anterior en 1.609.000 dólares”, según los documentos judiciales.

¿Alguien se imagina que un metro o un ferrocarril público generen pingües beneficios? Lo dudo. Aun así, Gelinas, de derechas, y otros de izquierdas, siguen abogando por más “inversiones” públicas (llámenlo por lo que es: más gasto y más deuda) mediante impuestos aún más altos a usuarios y conductores, así como más subvenciones públicas. Esto incluye emisiones de bonos, algo que ha contado con apoyo bipartidista.

Un artículo rechazado por las élites mediáticas de las empresas estatales

En este último caso se encontraban tres emisiones de bonos de tránsito de la Segunda Avenida a lo largo de medio siglo. Se suponía que cada una de ellas garantizaría un nuevo metro de la Segunda Avenida que cubriría Manhattan. La historia de esta línea plagada de problemas es una costosa broma gastada a los contribuyentes neoyorquinos. El metro de la Segunda Avenida que funciona ahora es un cascarón del proyecto original prometido en la década de 1940: tres paradas de las 18 previstas.

La MTA, junto con otras agencias gubernamentales que gestionan trenes, autobuses y otros medios de transporte, debería pasar a la historia. Pero esto sólo puede ocurrir cuando se comprende que los constantes fracasos del metro o de Amtrak no son sólo titulares de hoy. Los responsables de Amtrak prometieron grandes beneficios cuando se hicieron cargo en los años setenta. Los defensores del metro prometieron en los años 40 que al menos alcanzaría el punto de equilibrio, promesas incumplidas hace tiempo. Es un patrón histórico que se repetirá mientras los distintos niveles de gobierno controlen directa o indirectamente las empresas de transporte. El sistema también sobrevivirá mientras la mayoría de la gente no sepa nada de la desastrosa historia de las empresas estatales (No te preocupes. Este artículo y otros similares han sido rechazados en casi todas partes por las élites mediáticas de las empresas estatales).

La era dorada… y privada

Varios niveles de gobierno están haciendo lo que han hecho muchas veces desde que el gobierno se hizo cargo formalmente de los metros en la década de 1940. Proporcionarán miles de millones más en dinero de los impuestos para la ya sobreapalancada MTA. Esta última es una agencia estatal defectuosa. Tiene su sede en la parte más cara de la ciudad, en el centro de Manhattan.

Los defensores del actual sistema estatal suelen decir que el sector privado fracasó en el metro de Nueva York. Y es cierto que hacia el final de la era de la gestión privada del metro, estas empresas perdían dinero y el servicio disminuía. Por tanto, dicen los partidarios de la empresa pública, ésta no debería intervenir en el sistema.

Sin embargo, incluso la mayoría de los historiadores del metro -que casi todos defienden que el metro debe seguir bajo control público- coinciden en que en los primeros años del metro las empresas de gestión privada tuvieron un gran éxito; que fue una época dorada para el metro.

Esta última fue aproximadamente los primeros 20 años del sistema, desde 1904 hasta aproximadamente mediados de la década de 1920, cuando los sistemas de gestión privada del metro fueron esenciales. De hecho, admiten que la construcción de estas líneas habría sido imposible sin financiación privada porque la ciudad estaba alcanzando sus límites de endeudamiento. Pero la excelencia del sistema de construcción privada fue algo más que financiera. El metro original, al igual que el primer sistema de Pennsylvania Railroad o New York Central, era extraordinario.

La historia del Metro de Nueva York

Los primeros metros comenzaban en el Bajo Manhattan y recorrían varios kilómetros hacia el norte. Muchos han escrito que se consideraban “una maravilla de la ingeniería”. De hecho, los neoyorquinos habían estado “una vez enormemente orgullosos” de sus metros, escribió Robert Caro en su biografía del megaconstructor Robert Moses, Power Broker. Los primeros metros también dieron dinero. Hasta que los controles de precios los destruyeron. Los primeros metros también hicieron la ciudad más habitable. Todo ello se detalla en el libro Tunneling to the Future: The Story of the Great Subway Expansion That Saved New York, de Peter Derrick, que trabajó como consultor de la MTA.

Escribió que los primeros metros, los gestionados por empresas privadas, permitían a la gente desplazarse desde los barrios marginales cercanos a sus lugares de trabajo en el bajo Manhattan a barrios más sanos en el norte o en otros distritos como el Bronx, Brooklyn o Queens. A la mayoría de los neoyorquinos les encantaba el metro, escribió Caro sobre los días de gloria antes de que el metro empezara a caer bajo el control del gobierno en las décadas de 1950 y 1960. Pero antes de eso, el éxito del sistema no sólo ayudó a desarrollar la economía de la ciudad; un sistema de metro bien gestionado ayudó a despejar los barrios marginales.

Mientras sufrimos cada vez más políticas socialistas en la nación y en Nueva York, tenemos cada vez más retrasos en el metro, al mismo tiempo que Amtrak se hunde en el abismo del transporte. Depende de nosotros -los pasajeros, los ciudadanos sobrecargados de impuestos y los que creen en la propiedad privada- aprender la sencilla lección de la historia de las empresas gubernamentales de transporte en Nueva York y en el resto de la nación.

No hay beneficios, ni los habrá

No hay beneficios y nunca los habrá hasta que el gobierno salga del negocio del transporte. Samuel Gompers, un líder obrero conservador del siglo pasado, dijo que el mayor crimen que los capitalistas podían cometer contra los trabajadores era “no ganar dinero”. Esta acusación de no obtener beneficios podría hacerse contra generaciones de dirigentes neoyorquinos que lucharon por un control cada vez mayor del metro, pero sin que nadie les pidiera cuentas de por qué el tren E llega tarde, por qué la delincuencia está fuera de control bajo tierra y por qué los contribuyentes desembolsan cada vez más. Hoy el sistema estatal es un desastre. Incluso sus partidarios coinciden en que es un lastre para la economía.

Stringer, antiguo interventor municipal muy crítico con el metro, pero desde luego no partidario de ninguna privatización, afirmó en su informe que el mal servicio de metro perjudica a la economía de la zona. Según él, las pérdidas oscilan “entre 170 y 389 millones de dólares” al año. No hay esperanza de cambiar eso hasta que se invierta la revolución de 1940 y la empresa pública, sea cual sea la forma que adopte, sea vista como lo que es y siempre ha sido: Un atroz y costoso fracaso.

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La gran relevancia de la India para el futuro de la economía global

Uno de los temas más comentados en los círculos económicos antes del verano -y tras la prolongada ralentización de la economía china- ha sido el papel que desarrollará en la economía global la India durante las próximas décadas. El debate se debe principalmente a sus elevadas tasas de crecimiento y a su tamaño. Muchos análisis sobre la India ponen el horizonte en el año 2050 en el cual, estiman, se podrán ver mucho más claros los efectos de las dinámicas económicas actuales tanto de la India y China como de Occidente.

Estos análisis, como puede ser por ejemplo el del National Council of Applied Economic Research (NCAER), estiman que, aunque no es probable que la India sea una superpotencia en términos de PIB per cápita en 2050, simplemente a causa del tamaño del país sí lo será en términos absolutos. Puede plantar cara en muchos aspectos a gigantes como China o EE.UU. Por lo tanto, es de crucial importancia analizar no solo cómo van a llegar ahí, sino en qué condiciones y cuáles serán las implicaciones de ello para la economía global.

En términos poblacionales, el análisis más sólido es el efectuado por Naciones Unidas. Estima que, para el año 2050, la India pasará a tener una población de 1.670 millones de personas, frente a los 1.320 millones de China o los 380 millones de EE.UU. La de este último país será menos de un 25% de la población india. Simplemente observando este dato seremos capaces de percibir como, por capacidad poblacional, la India será cada vez más capaz de influir en materia sociopolítica a escala global. Ello, unido a su fuerte crecimiento económico, presenta multitud de aristas para la economía y la política globales.

Población y crecimiento

Por poner algunos números sobre la mesa, si la India creciera a una tasa media del 5% anual hasta 2050 (siendo esta tasa menor a la media estimada para este país de 1990 a 2030, del 6,3%) y EE.UU. creciera a su media anual estimada del 2,3% hasta 2050, en términos absolutos la economía india igualaría a la norteamericana al llegar la década de los 50 del presente siglo; al menos en términos de paridad de poder adquisitivo (PPP).

Sin embargo, esto no significa que la India fuese más fuerte económicamente, ya que EE.UU. seguiría teniendo una muchísimo mayor productividad o mayor potencial tecnológico, por nombrar algunos factores. Además, nada parece indicar que el músculo manufacturero indio vaya a mejorar, ya que ha comenzado incluso a reducir su peso sobre PIB antes siquiera de llegar a un peso de las manufacturas sobre PIB similar al de China (lo que muestra un claro infradesarrollo de la industria india respecto a sus comparables futuros).

Independientemente de todo ello, a raíz de su tamaño geográfico y peso poblacional, por poco que crezca, durante las próximas décadas es más que evidente que la India pasará a ser lo que hoy consideramos una superpotencia, afectando de manera decisiva a la economía global con sus decisiones y movimientos en materia política y económica.

Desafíos

Sin embargo, durante los próximos años, la India se encontrará también muchos desafíos que pueden prevenir en parte que este escenario cristalice y que podría perjudicar no solo a la India, sino a la economía mundial. Un ejemplo de ello son las deficientes estimaciones de crecimiento futuro realizadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y publicadas en su World Economic Outlook en el mes de abril del presente año, en el cual se plasmaba que la desaceleración económica global se podría ver incluso empeorada por el incremento de medidas proteccionistas y aislacionistas que serían aplicadas en EE.UU. ante la cada vez más inminente victoria de Donald Trump.

Por otro lado, el FMI incluye en sus estimaciones de ralentización del crecimiento el efecto del cambio climático, el cual a futuro suprimiría una parcela cada vez mayor del incremento del PIB. A todo ello habría que sumar la posibilidad de una continuación e incluso intensificación de la presente Guerra Fría entre las potencias occidentales-atlantistas y el lado sinoruso, ya que esto incrementaría la inestabilidad comercial, bloqueando gran parte de las cadenas de valor internacionales, y supondría grandes trabas al crecimiento.

El papel del comercio exterior

Además, si los indios desean poder plantarles cara a los estadounidenses -aún en términos absolutos- en 2050, esto significa que su economía deberá crecer al año el doble que la media global, como mínimo. La segunda derivada de todo esto es que las exportaciones también lo deberán hacer a un ritmo que sea el doble que el incremento del PIB global si no se quiere reducir el peso del comercio internacional en la economía india.

A este respecto, muchas estimaciones situación el peso potencial del comercio exterior sobre la economía de la India entre el 15 y el 45% del PIB indio, lo que significa que aún tienen mucho camino que recorrer. Por poner un ejemplo, en términos globales, si calculamos el valor total de las exportaciones indias sobre el valor total de las exportaciones a nivel mundial de todos los países, veremos que representa tanto solo un 2,2% de la tarta, mientras en el caso de China alcanza el 17,6%, señalando que la India, con su estructura económica actual y futuro aún tiene mucho potencial de desarrollo en materia de comercio exterior.

Desde la política

Sin embargo, si la política económica del gobierno de la India lo facilita, el país no debería tener muchas dificultades para crecer en el mercado exterior debido a múltiples ventajas. En primer lugar, la India mantiene -dentro de unos márgenes- buenas relaciones comerciales y políticas tanto con China como con Occidente, algo que sitúa al país en una posición estratégica y muy favorable a la hora de negociar acuerdos comerciales.

De hecho, si, como decimos, en un futuro la India adquiere tamaño económico suficiente podría incluso servir de país bisagra en negociaciones para acuerdos comerciales multilaterales, lo que incrementaría su relevancia dentro de organizaciones supranacionales como el FMI o la Organización Mundial del Comercio (OMC). Por lo tanto, el primer interesado en explotar su comercio internacional es la propia India.

Todo ello dependerá del devenir político de la India y de las decisiones que tome su gobierno. Desde un punto de vista económico, el país debe centrarse en mantener la estabilidad, garantizar la seguridad jurídica, aplicar políticas de atracción de inversión interna o externa, mejorar el sistema educativo (con foco en el universitario), invertir en infraestructuras críticas para la industria o fortalecer su independencia energética, entre muchas otras cuestiones.

Ver también

La destrucción de la economía alemana. (Álvaro Martín).

Cambio de tercio en la economía europea. (Álvaro Martín).

Sagasta, el liberalismo de la restauración

Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903) fue Primer Ministro nada menos que en siete ocasiones, aunque muchas veces sólo se le recuerda por el desastre de 1898, cuando España perdió Cuba, Guam y Filipinas. Hombre polifacético, Sagasta fue Ingeniero de Caminos, periodista, orador, estadista, masón, miembro de varias órdenes… Y también fue ministro de todo, excepto de Hacienda, a pesar de que era hombre de números, ingeniero brillante y compañero de aula de José Echegaray, el gran matemático y primer Premio Nobel de Literatura de España, tan pronto como en 1904 (los Premios Nobel se crearon en 1901).

Su padre, Clemente Mateo-Sagasta, era un vascongado liberal que se había trasladado a la localidad riojana de Torrecilla de Cameros, en 1824, tras la caída del Gobierno Constitucional, en 1823. No fue voluntariamente, pues le desterraron de Vizcaya, de donde procedía, por ser partidario de la Constitución de Cádiz. Su hijo Práxedes nació el 21 de julio de 1825. Poco sabemos de sus primeros años, pero su padre participó como voluntario de la tropa liberal reunida en Torrecilla, en inteligencia con Espartero, para recuperar Logroño, pues en los primeros compases de la contienda, en septiembre de 1833, había quedado en manos carlistas.

Más de dos mil quinientos discursos

De Sagasta dijo Azorín que nunca leyó o escribió un libro, una exageración del noventayochista alicantino. Sagasta lector lo fue y mucho. Y aunque nunca escribió un libro, fue desde 1856 y durante muchos años uno de los más destacados columnistas del diario La Iberia, que llegó dirigir entre 1863 y 1866. También fue toda su vida un devorador de letra impresa con fecha de caducidad, la prensa. Podrá decirse que Sagasta no escribió mucho, pero lo que es seguro que puede decirse es que nunca paró de hablar en su vida pública: sólo en las Cortes, pronunció 2.542 discursos, de ellos, 1695 en el Congreso, del que también fue presidente, y 847 en el Senado. Ningún gobernante constitucional del siglo XIX habló tanto.

Lástima que no escribiese ningún libro, porque no ha habido, ni seguramente habrá, ningún político español que haya conocido tantos secretos de Estado, algunos no desvelados al día de hoy -como el asesinato de Prim-, ni que haya tenido una trayectoria como la suya: diputado en Cortes en 34 legislaturas, presidente del Congreso y siete veces Primer Ministro con dos dinastías, las de Saboya y Borbón, y con una República, amén de dos regencias.

El rapto

Romántico como su siglo, Sagasta se enamoró solo una vez y fue un amor muy apasionado. Consta que, siendo ya Ingeniero de Caminos, cuando trabajaba en la Delegación de Obras Públicas de Zamora, raptó a una recién casada al salir de la iglesia, donde el padre, coronel retirado, la había matrimoniado con un capitán. La dama de Sagasta, Dª Angelita Vidal, tenía entonces unos 20 años. Y ambos vivieron en virtuoso pecado hasta que murió el marido de ella, en enero de 1885, 35 años después del rapto. Y entonces pudieron por fin contraer matrimonio, en febrero de 1885. Sesenta años tenía el novio y cincuentaisiete la novia. Tarde, pero ¡triunfó el amor! A la ceremonia también asistieron los hijos, ya mayores, de la pareja.

También amó dos ciudades, Logroño y Madrid. En la capital de España estudió, vivió y se consagró y, en Madrid, dejó el Centro Riojano, fundado en 1901 y del que fue Primer Presidente de Honor. También en Logroño dejó rastros indelebles, como el monumental Puente de Hierro sobre el Ebro para el ferrocarril, y una larga saga de políticos riojanos, los “sagastinos”, que rigieron el Ayuntamiento de la ciudad y la Diputación Provincial durante el último cuarto del siglo XIX y los primeros treinta años del siglo XX.

Muchos de los sagastinos pasaron también a Madrid. Fue el caso de Tirso Rodrigáñez Sagasta, Miguel de Villanueva, o los Amós Salvador, padre e hijo. Todos ellos fueron Ministros de España en alguna ocasión y también intervinieron en la vida madrileña. Amós Salvador (padre) fue Vicepresidente 1º del Ateneo de Madrid, en varias ocasiones, y Tirso Rodrigáñez fue el Segundo Presidente del Centro Riojano de Madrid.

O’Donnell

Uno de los gestos más recordado de Sagasta tuvo lugar al inicio de su carrera política, en 1856, en los enfrentamientos del final del Bienio Progresista (1854-1856), entre el liberalismo radical -la Milicia Nacional-, y el liberalismo moderado, representado por las tropas de O’Donnell. Don Práxedes, tras haberse batido en las calles al frente de los milicianos nacionales, volvió a las Cortes, a su escaño de diputado por Zamora, para una última resistencia. Y quiso el destino que, estando en el uso de la palabra, cayera a su lado un cascote de las bombas que O’Donnell lanzaba contra la Carrera de San Jerónimo. Sagasta, con calma y serenidad, cogió un pedazo de la metralla aún caliente y dijo a la presidencia: “Pido que conste en acta”. Y constó, claro. Estos rasgos de majeza ayudan a labrar famas muy perdurables.

Con la Revolución de 1868 Sagasta llegó a ministro. Formó parte del Gobierno Revolucionario de Prim de ese año, como Ministro de Gobernación. Y no hay dudas. Fue ése el primer Gobierno de España del que hay una fotografía, y ahí, en la foto, está Sagasta. No fue fácil para él sortear las alternativas revolucionarias del Sexenio.

Tras la Revolución de 1868, que destronó a Isabel II, otros se mantuvieron en la línea miliciana y conspiratoria tradicional del progresismo de cuartelazos. Pero Sagasta atravesó los primeros momentos de la Gloriosa Revolución con Prim, para volver al gobierno, pero con Amadeo de Saboya. Antes había impuesto el silencio sobre el asesinato de Prim, su jefe. Quizá porque Sagasta sabía demasiado o, quizás, porque previó que María de las Mercedes de Orleans, hija de uno de los organizadores del asesinato de Prim, Montpensier, podría llegar a ser reina de España, como efectivamente sucedió.

Amadeo de Saboya

Cuando organizó las primeras elecciones del reinado de Amadeo de Saboya, a requerimientos del monarca sobre la limpieza en el escrutinio electoral, Sagasta le dijo al Rey: Serán todo lo limpias que en España puedan ser. Como todos saben, los seis gobiernos de Amadeo de Saboya, en los dos años de su reinado, no lograron asentar la nueva monarquía, ni acallar las armas, y la crisis política y social fue en aumento entre 1871 y 1872. Ante ese panorama, el cada vez más agobiado Amadeo I, presentó finalmente su renuncia a la Corona española, el 11 de febrero de 1873.

Por un curioso azar de la política, tanto Cánovas como Sagasta quedaron fuera de las Cortes republicanas en 1873. Dos años después, en 1875, y gracias al concurso de Sagasta -aunque poco se insiste en ello-, Cánovas pudo construir el edificio de la Restauración, hecho de alternancia partidista, liberalismo compartido y limitada afición a la democracia. Menos sincero que Cánovas, Sagasta resultaba mucho más llevadero en el trato personal. Se cuenta la anécdota de que, al morir asesinado Cánovas, en 1897, al final de los funerales, Sagasta dijo a los personajes principales que allí se congregaron: Ahora que ha muerto el gran hombre, ya podemos tutearnos.

Gobierno en la I República

Entre esos vaivenes políticos, también presidió el último gobierno de la efímera I República española, en 1874. La República de 1874 fue una iniciativa del general Serrano para establecer la República sobre bases más cabales que el federalismo cantonal. Un intento poco estudiado y probablemente una de las más interesantes experiencias políticas de España en el siglo XIX, que sería malogrado por el retraso de las operaciones militares, que impidió la victoria final sobre los carlistas en el mismo año de 1874. Pero el frío otoño de 1874, que obligó a suspender las operaciones militares a finales de octubre, facilitó que prosperase la conspiración del general Martínez Campos para hacer Rey a Alfonso XII. El Pronunciamiento de Martínez Campos, el 29 de diciembre de 1874, se dio contra un gobierno presidido por Sagasta.

Sagasta dejó entonces de ser un liberal-progresista extremado, comandante de la Milicia Nacional y anticlerical que había sido, y pasó a ser un hombre de gran formalidad, gran componedor y astuto maniobrero, cuyo lema fue: “No hay orden sin libertad ni libertad sin orden”. Su enrevesada y a veces contradictoria trayectoria ideológica es fiel reflejo de la seguida por casi toda la izquierda liberal española en la segunda mitad del XIX. Sagasta no cambió más de lo que lo hizo su base social y tal vez por eso la representó tan cabalmente durante tantos años. Pero es que sus bases sociales cambiaron realmente mucho en el último tercio del siglo XIX. No fue fácil su pase desde la izquierda liberal, hasta la jefatura indiscutible del Partido Progresista, tras rebautizarlo como fusionista, en 1876. Fue el líder de los posibilistas, lejos de exaltados y republicanos.

Ley del Sufragio Universal Masculino

No tuvo el verbo de Castelar, ni la clarividencia de Cánovas, pero supo convertirse en el Viejo Pastor para el desorientado progresismo en 1875. Además, en lo personal, fue hombre de honradez intachable, de afabilísimo trato y con una valentía que lo hizo muy popular. Los azares del destino se conjugaron casi siempre a su favor y, ya que los molinos del destino muelen extraordinariamente fino, no cabe duda de que la fortuna estuvo de su parte en muchas de las crisis trascendentales. El veterano líder aprovechó las posibilidades de la Restauración, para hacer leyes renovadoras. Sagasta creó la Abogacía del Estado y logró la aprobación de la Ley del Sufragio Universal Masculino, del Código Civil, de la Ley de Asociaciones, de la Ley de Régimen Local, del Matrimonio Civil, la Ley de Prensa y otras de gran calado.

Pero, como al principio se apuntó, casi lo que más se ha discutido sobre Sagasta han sido las circunstancias y su comportamiento al frente del Gobierno, cuando España entró en la Guerra contra los Estados Unidos, en 1898, con el resultado conocido por todos y lamentado por muchos. Su sexta llegada al Gobierno, en 1897, fue por expresa petición personal de la Regente María Cristina, con la que Sagasta tenía magnifica relación. La causa de esa petición de la Regente era tan lógica como sombría: tras el asesinato de Cánovas por el anarquista Angiolillo, que pretendía vengar los fusilamientos de Montjuich (1896-97), denunciados en la prensa europea como un renacer de la Inquisición, la reina creía que sólo un liderazgo fuerte, como el de Sagasta, podría superar la difícil situación de España.

La pérdida de Cuba

Sagasta nunca rechazó el poder, pero entonces, además, se sintió en la obligación de ocuparlo. Entre sus más jóvenes ministros estuvo Antonio Maura que, años antes, había preparado un audaz e inteligente plan de autonomía para las colonias. Sagasta quiso aplicarlo, lo que decidió a los Estados Unidos, y a los rebeldes cubanos, a desatar su ofensiva final en 1898: si triunfaba la autonomía, perderían la guerra. Así lo pensaron norteamericanos y cubanos. Y que USA empujó a una España, militarmente inferior, a una guerra suicida, como la del 98, nadie puede tampoco dudarlo. La explosión del Maine -como dice Carlos Alberto Montaner en su novela Trama– fue una excusa proporcionada por los cubanos a los norteamericanos para declarar la guerra. Aunque sin esa excusa, hubieran encontrado otra.

Es falso que los altos mandos militares y civiles españoles no supieran que, en 1898, Estados Unidos tenía mucha más fuerza, en recursos, población, barcos y cercanía a Cuba. Pero es cierto que lo ignoraron. Nadie plantó cara a la demagogia política y periodística, que caricaturizó hasta la náusea el conflicto y no permitió la entrega o la venta de Cuba, que fue el ultimátum de Estados Unidos. Antes que vender o regalar, se optó por hacer una guerra para perderla. En esos momentos desplegó sus altas dotes, las que le habían dado la fama de “político de las horas difíciles”. Sagasta no se sintió feliz del encargo recibido para pilotar aquella crisis. Durante las discusiones en las Cortes, tras el desastre, los partidos echaron sobre Sagasta el fardo de la derrota, cuando casi todos habían propiciado la guerra y muy pocos se opusieron a ella.

Panteón de Hombres Ilustres

No murió en la Presidencia del Gobierno por un mes. El último gobierno de Sagasta cayó el 6 de diciembre de 1902. El falleció el 5 de enero de 1903. Sus restos reposan en el Panteón de Hombres Ilustres de Atocha, en Madrid. Acompañado de liberales de la primera época, como Mendizábal, Olózaga, Calatrava, Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa y Argüelles, junto con otros liberales de la siguiente generación del XIX, como Ríos Rosas. Y con ellos yacen también para siempre los restos de los últimos liberales de ese siglo, como su gran adversario, Cánovas, así como Eduardo Dato y Canalejas, los tres asesinados. Un conjunto de sepulcros de gran belleza y simbolismo, que vale la pena visitar.

Españoles eminentes

Emilio Castelar y Ripoll: el tribuno de la democracia

Juan Álvarez y Méndez (Mendizábal).

Liberalismo y romanticismo: Donoso Cortés.

José Larraz y el concepto de Escuela de Salamanca.

Nodos domésticos: tecnología anti frágil para nuestra libertad

El mes pasado una empresa poco conocida fuera del sector de la informática alcanzó su pico de popularidad. CrowdStrike liberó una nueva versión de su software para Windows con un error que provocaba un bucle infinito en el reinicio del sistema operativo. Cientos de miles de servidores y estaciones de trabajo de multitud de empresas dejaron de estar operativas en cuestión de horas. Curiosamente, los ordenadores particulares no se vieron apenas afectados al no hacer uso del software de CrowdStrike, ya que se trata de una herramienta de ciberseguridad orientada a empresas.

Las empresas asumen un mayor rol

Más allá del aprendizaje que las compañías van a hacer de este suceso, la lección que todos podemos extraer de lo ocurrido es que los procesos desasistidos excesivamente centralizados nos vuelven frágiles. Y esa fragilidad puede llevar a accidentes graves o a que otros agentes saquen provecho de nosotros.

Pertenezco a una generación que en su infancia tuvo la suerte de poseer los primeros ordenadores personales. Eran máquinas aisladas que obligaban a ser responsable de cada uno de los elementos que se ejecutaban en ellas. Era muy común que cualquier error te supusiera horas de investigación para ser resuelto.

Aunque muchos recordamos aquellos tiempos con mucho cariño, la universalización de los ordenadores y, sobre todo, de los smartphones y tablets cambiaron radicalmente la forma de utilizar los sistemas operativos. Hoy en día con extraer el dispositivo de la caja e indicar nuestra cuenta de usuario no se precisa de más configuración.

… y el Estado las utiliza como guiñoles

Esto no debería ser un problema en un mundo ideal. Cualquier persona es libre de acordar con una empresa delegar la gestión de determinados servicios para no tener que dedicar su tiempo a entender cómo funcionan y dónde acaban sus datos. El problema es que hace mucho tiempo que los Estados occidentales aprendieron que las empresas privadas eran la mejor vía para limitar los derechos individuales. Así que delegar nuestros dispositivos, que es donde volcamos gran parte de nuestra vida, nos hace muy vulnerables.

La Unión Europea está comenzando una batería de medidas que hacen urgente tomar conciencia de esta realidad. Las CBDCs, las amenazas de sanción a la plataforma X por no plegarse a la censura y propuestas como Chat Control no dejan lugar a dudas. A los burócratas europeos no les gusta la descentralización que ha supuesto internet en la generación y consumo de información. Y todo apunta a que han decidido mirar a China para buscar formas de volver a un statu quo más cómodo.

Elon Musk nos ha conseguido algo de tiempo gracias a su heroica compra de Twitter, pero no sabemos cuánto va a durar. Su apoyo a Trump es un arma de doble filo, y aunque en noviembre volviéramos a tener al republicano en la Casa Blanca, eso no garantiza que la Unión Europea no desate totalmente las hostilidades contra su plataforma X.

Cypherpunks

Por suerte tenemos de nuestro lado más herramientas, como explicó muy bien el profesor Bastos. Los cypherpunks allanaron el camino para que nuestras comunicaciones por internet puedan seguir siendo confidenciales. Pero para poder mantener este logro vamos a tener que eliminar a las empresas de la ecuación.

Para que dos dispositivos puedan comunicarse entre sí por internet se necesita que ambos estén encendidos y conectados a la red al mismo tiempo (comunicación síncrona), o que un servidor haga de intermediario (comunicación asíncrona). Aunque cada vez es más común que nuestros dispositivos estén siempre encendidos, hemos heredado la necesidad de disponer de servidores centralizados que hagan de intermediarios en nuestra comunicación. Nos facilita las cosas. Las vuelve cómodas.

Pero hay una solución que puede ser casi igual de sencilla, y que elimina a las empresas de la ecuación: tener tu propio servidor en casa. Disponer de un ordenador constantemente encendido y conectado a internet que sirva de servidor central para todos los dispositivos que quieras conectar a él, y sea tu pasarela para comunicarte con el mundo.

Nodos domésticos

A los bitcoiners les sonará bastante natural. Para participar en la red de Bitcoin (BTC) es muy recomendable tener tu propio nodo. Un nodo no es otra cosa que un servidor de BTC ejecutándose las 24 horas del día para tener siempre actualizada la cadena de bloques. El objetivo es que cualquier operación que hagas en la red pueda ser canalizada a través de él, sin que ningún tercero pueda monitorizar tu actividad.

Es la red de cientos de miles de nodos de BTC la que está doblegando a políticos y Estados. No hay razón para que no se pueda replicar lo mismo para establecer un sistema de comunicaciones libre de la interferencia estatal.

La tecnología ya existe, solo hay que aprender a utilizarla. Los mini PC, ordenadores con un procesador cuyo consumo es igual al de una pequeña bombilla led, se pueden combinar con Tor, protocolos como Nostr y aplicaciones como SimpleX. Ello nos permitiría tener comunicaciones privadas y contenido en texto, audio o vídeo incensurable.

No va a ser un camino de rosas, pero es prometedor. Normalmente, oponerse a un Estado censor conlleva unas herramientas y destrezas mucho más difíciles de adquirir. Aquí estamos hablando de un hardware de poco más de cien euros y pasar una docena de horas viendo tutoriales. Y una vez configurado, es el servidor (del tamaño de una caja de puros) el que va a trabajar 24 horas al día para garantizar tu libertad de expresión y la confidencialidad de tus comunicaciones. Y gracias a empresas como Umbrel o Start9 cada vez será más sencillo.

Vamos a una época donde el conocimiento y las herramientas van a marcar unas diferencias enormes en la vida de las personas. Tener educación financiera, poseer BTC y tener tu propio nodo pueden ser lo que dé libertad a un individuo en las próximas décadas. Las tres cosas están al alcance de cualquiera con una conexión a internet. Vale la pena ir familiarizándose con las tres. Es posible que en unos años no sea tan fácil acceder a este tipo de información.

Ver también

Privacidad y fungibilidad en bitcoin. (Manuel Polavieja).

Nuevos ataques contra la libertad y la privacidad. (Manuel Polavieja).

Cómo contribuyó la regulación al fiasco de CrowdStrike

Por Peter Jacobsen. El artículo Cómo contribuyó la normativa al fiasco de CrowdStrike fue publicado originalmente por FEE.

El 19 de julio, algo peculiar golpeó a trabajadores y consumidores de todo el mundo. Un apagón informático mundial paralizó repentinamente muchas industrias. Los empleados de aeropuertos, instituciones financieras y otras empresas se presentaron a trabajar sólo para descubrir que no tenían acceso a los sistemas de la empresa. Las consecuencias del apagón fueron enormes. Los expertos calculan que los costes directos para las empresas ascendieron a 5.000 millones de dólares.

La empresa responsable, CrowdStrike, también se vio gravemente afectada. Los accionistas perdieron unos 25.000 millones de dólares de valor, y algunos han demandado a la empresa. El apagón ha generado expectativas y peticiones de una normativa más estricta en el sector.

Pero, ¿cómo es posible que la metedura de pata de una empresa haya provocado un apagón tan masivo? Resulta que la supuesta solución de la “regulación” puede haber sido una de las principales culpables.

Cumplimiento normativo

CrowdStrike, irónicamente, es una empresa de ciberseguridad. En teoría, protegen las redes empresariales y proporcionan “seguridad en la nube” para sistemas de computación en la nube en línea.

La seguridad en la nube, en sí misma, es probablemente un servicio que las empresas demandarían en el mercado, pero el beneficio de una mayor seguridad no es la única razón por la que las empresas acuden a CrowdStrike. En su propio sitio web, la empresa presume de una de sus características más importantes: el cumplimiento normativo.

Como señala el sitio web, muchos países cuentan con una amplia normativa para las empresas que almacenan datos de consumidores. En la UE, por ejemplo, existe el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). El GDPR “impone medidas estrictas de seguridad de los datos” y se extiende a las empresas de fuera de la UE porque

se aplica a cualquier organización que procese o almacene datos personales sobre residentes del EEE, independientemente de la ubicación de la organización. Las sanciones por incumplimiento son significativas, con multas de hasta 20 millones de euros o el 4% de la facturación global anual, la cantidad que sea mayor.

El impacto de la regulación

Este tipo de normativa también existe en Estados Unidos. Connor Harris, miembro adjunto del Manhattan Institute, detalla ampliamente el impacto de la normativa en la interrupción de CrowdStrike. Destaca que la Orden Ejecutiva 14028 obliga a las agencias federales a utilizar el tipo de software que ofrece CrowdStrike. Pero eso no es todo. Como observa Harris:

Existen cuestiones normativas similares en muchas industrias privadas: por ejemplo, el Centro Federal de Examen de Instituciones Financieras, una agencia federal de Estados Unidos que regula los bancos, tiene una Herramienta de Evaluación de Ciberseguridad que detalla las expectativas de ciberseguridad, incluidas varias disposiciones que requieren una supervisión similar a EDR. Aunque el cumplimiento de la Herramienta de Evaluación de la Ciberseguridad es nominalmente voluntario, los auditores federales exigen cada vez más su cumplimiento.

Las normas antimonopolio también pueden estar influyendo en esta debacle. Craig Hale, redactor de Techradar, ha señalado que un portavoz de Microsoft ha argumentado que una decisión de 2009 de la Comisión Europea podría tener parte de culpa. En 2009, Microsoft intentó limitar hasta qué punto los sistemas de seguridad de terceros podían realizar determinadas funciones.

En aquel momento, muchos reguladores argumentaron que la limitación del acceso de Windows a terceras empresas era contraria a la competencia. La presión resultante hizo que Microsoft cediera, a pesar de que estas limitaciones habrían evitado un apagón de este tipo.

Captura normativa

Pero la perspicacia de Connor Harris no se queda ahí. Harris señala que los reguladores pueden tener preferencia por los líderes del sector en materia de ciberseguridad en lugar de por empresas nuevas y advenedizas. En sus palabras, “incluso las organizaciones dispuestas a crear plataformas de ciberseguridad a medida pueden encontrarse con que los auditores no cooperan: el camino de menor resistencia es utilizar lo que esperan ver”.

Harris se basa en una idea formulada por el ingeniero de software Mark Atwood en Twitter, quien sostiene que puede tratarse de un caso de captura reglamentaria.

https://x.com/_Mark_Atwood/status/1814390900510077018

Pero, ¿qué es la captura reglamentaria? La teoría de la captura normativa ha tenido muchos colaboradores, pero muchos citan al Premio Nobel de Economía George Stigler como principal exponente de la idea.

La mayoría de las normativas requieren una cierta pericia técnica para su elaboración. Los políticos y los burócratas aún más técnicos se ven obligados a recurrir a expertos externos para redactar normativas relacionadas con campos complejos.

El problema es que los principales expertos en un campo suelen ser miembros del propio campo. Así que si, por ejemplo, el Congreso quisiera redactar una ley de ciberseguridad, es posible que tuviera que apoyarse en las relaciones con personas de empresas establecidas como CrowdStrike.

Cuando se recurre a expertos que tienen relaciones con empresas para que ayuden a redactar normativas, es posible que lo hagan de forma favorable a los que están dentro de la industria y no a los de fuera. Así, la regulación es “capturada” por los sujetos de la regulación.

El dominio de CrowdStrike

No podemos decir con certeza que esta interrupción en particular sea el resultado de una captura intencionada de la regulación por parte de CrowdStrike, pero parece claro que el dominio de CrowdStrike es, al menos en parte, el resultado del entorno normativo y, como la mayoría de las grandes empresas tecnológicas, no temen gastar dinero en grupos de presión.

En cualquier caso, sin una normativa engorrosa, es poco probable que la ciberseguridad adoptara una forma tan centralizada. A pesar de ello, como suele ocurrir, los problemas causados por la regulación suelen dar lugar a más peticiones de regulación. Como señaló el economista Ludwig von Mises

La opinión popular atribuye todos estos males al sistema capitalista. Como remedio a los efectos indeseables del intervencionismo, piden aún más intervencionismo. Culpan al capitalismo de los efectos de las acciones de los gobiernos que siguen una política anticapitalista.

Así que, a pesar de la llamada reflexiva a la regulación que se produce después de cualquier catástrofe, quizá la mejor manera de evitar problemas como éste sería argumentar que, en términos de regulación, menos es más.

Ver también

Nodos domésticos: Tecnología anti frágil para nuestra libertad. (Fernando Parrilla).

El lenguaje económico (XLII): contraeconomía

En 1974, en Los Ángeles (EE.UU.), el libertario Samuel Edward Konkin III, presenta su Manifiesto Neolibertario. El agorismo[1] es una filosofía política que aboga por la creación de una sociedad basada en el libre intercambio y la no agresión, siendo la contraeconomía su herramienta o plan de acción. Según Huerta de Soto (2011): «Estamos ante el primer texto de la historia que describe toda una serie de tácticas, estrategias y fases para llevar a cabo una práctica activista anarcocapitalista». «Contraeconomía», sin embargo, es un término que resulta confuso por su ambivalencia; es decir, sus resultados son económicos para quien la practica, pero contraconómicos para el Estado.

Planes de acción: ideología vs filosofía

La filosofía deviene en ideología cuando las ideas incorporan deliberados planes de acción en el ámbito social. Según Sánchez (1977: 120):

«La ideología es: a) un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad que: b) responden a intereses, aspiraciones o ideales de una clase social en un contexto social dado y que: c) guían y justifican un comportamiento práctico de los hombres acorde con esos intereses, aspiraciones e ideales»

Las actividades ideológicas pueden ser pacíficas o violentas, según sean los medios empleados para la consecución de sus fines. Por ejemplo, las ideas de la Revolución francesa fueron acompañadas de una violencia inusitada: solo durante los meses del «Terror» unas 40.000 personas fueron asesinadas por ser (supuestamente) antirrevolucionarias; lo cual solo fue un pequeño anticipo de los 6 millones de muertos que ocasionarían las guerras napoleónicas en toda Europa. El siglo XX fue incluso peor: las ideologías colectivistas y estatistas —marxismo, comunismo, nacional-socialismo, fascismo, maoísmo—, de la mano ejecutora de los Estados, causaron unos 200 millones de muertos en todo el mundo.

La filosofía de la libertad

A excepción de la «contraeconomía», la defensa de la libertad y la propiedad no ha incorporado planes de acción, quedando restringida a acciones aisladas de individuos y a la actividad de intelectuales y círculos académicos: fundaciones, institutos, think tanks, etc. Esta ausencia de planes tiene su lógica: acorde con la máxima «vive y deja vivir», los libertarios no aspiran a ejercer poder, robar la propiedad privada u ordenar la conducta ajena. Frente al crimen organizado que perpetra el Estado, los individuos secularmente se han defendido de forma particular e intuitiva. Determinados preceptos religiosos, en cambio, fomentan conductas colectivas en defensa de la libertad; por ejemplo, los Testigos de Jehová y los judíos ortodoxos se oponen tenazmente al alistamiento militar. Los colectivistas, en cambio, son gregarios y se asocian frecuentemente para alcanzar sus fines.

El colectivismo, per se, no es bueno ni malo, todo depende si es o no violento. Por ejemplo, las comunidades monásticas o los grupos amish son colectivismos pacíficos y, por tanto, constituyen asociaciones legítimas. Por desgracia, lo que más abunda son las ideologías agresivas: comunismo, socialismo, igualitarismo, intervencionismo, estatismo, sindicalismo, feminismo, ecologismo, etc. Todas ellas apelan a la violencia del Estado para alcanzar sus fines, vía legislación.

Medidas contraeconómicas

Las más importantes y frecuentes pretenden eliminar o reducir el robo fiscal, ya sea de forma legal (elusión) o ilegal (evasión). Formas legales, por ejemplo, son el trueque, el exilio fiscal de deportistas a Mónaco, de jugadores profesionales de póker a Malta o de youtubers a Andorra. Formas ilegales, por ejemplo, es cobrar facturas «sin IVA», no declarar ciertos ingresos o realizar cualquier actividad económica informal (mercado negro). De alguna manera, todos somos naturalmente «contraeconomistas» en el sentido que siempre intentamos pagar menos impuestos, solo que actuando de forma particular, intuitiva y ocasional. Konkin III, como revolucionario, propone a los individuos tomar conciencia y actuar de forma concertada.

Si como decía Frank Chodorov (2002: vii): «Un gobierno es tan fuerte como lo son sus ingresos», combatir su poder requiere privarlo de recursos económicos. Esta estrategia, en el ámbito militar, se denomina «interdicción»:[2] impedir o interferir la llegada de recursos bélicos del enemigo al campo de batalla. La contraeconomía, análogamente, es la «interdicción económica del Estado», utilizando medios pacíficos.

Un agorista tampoco compra deuda pública por considerarla inmoral, es decir, no desea beneficiarse del robo futuro que implicará su redención. Muy probablemente, el uso de criptomonedas sea la medida contraeconómica de mayor calado y potencial. El dinero cripto es pseudónimo y, aunque el fisco lograra identificar al propietario, en última instancia, es inconfiscable y las cuentas inembargables. Su creciente popularidad es, sin duda, una seria amenaza para las haciendas gubernamentales.

Ámbitos no económicos

Para que el agorismo sea un movimiento efectivo es preciso un cambio en las ideas de un número creciente de personas. El Estado ya no es visto como un ente benefactor, sino un impostor o un «rey desnudo». Desenmascarar al Estado no es tarea fácil, dado su enorme poder propagandístico. La contraeconomía, por tanto, debe hacerse extensiva a otros ámbitos no económicos —político, jurídico, social, cultural, deportivo— rechazando cualquier tipo de prestación personal forzosa y/o colaboración con las autoridades y funcionarios.

El agorista se opone a la conscripción militar, pero también a otras formas menores de servidumbre, como la realización forzosa de servicios electorales (mesas), judiciales (miembro del jurado), demoscópicos (realización forzosa de encuestas del I.N.E.) o incluso deportivos (participación forzosa en selecciones nacionales). Por último, tenemos la abstención en actividades voluntarias que legitiman al Estado (elecciones democráticas), le nutren de fondos (compra de loterías y apuestas) o le dan voz (sintonización de canales de comunicación públicos o afines al gobierno).

Bibliografía

Chodorov, F. (2002). “The income tax: root of all evil”. Ludwig von Mises Institute.

Konkin, S. (1980). Manifiesto neolibertario. Innesfree.

Sánchez, A. (1977). «Filosofía e ideología». Recuperado de: www.revistas.una.ac.cr. Pag. 117 a 124.


[1] Del griego, ágora: mercado.

[2] Del latín, interdicere: prohibir o privar de algo.

Serie ‘El lenguaje económico’

Más allá de la líder María Corina Machado

El alcance del impacto histórico de un individuo adquiere mayores dimensiones en el transcurso de una terrible conmoción política o inmediatamente después de ella, cuando las estructuras se desmoronan

Ian Kershaw, Personalidad y Poder, Editorial Critica 2022

El excelente, valiente y original liderazgo de María Corina Machado (MCM), la indiscutible líder opositora venezolana, ha roto todos los esquemas de los últimos 25 años en la vida política venezolana. MCM no sólo ha marcado unas pautas inéditas, sino que está sirviendo como el ejemplo de un liderazgo, no sólo de alcance regional sino global en el accionar político-ideológico, contra regímenes de tendencia autoritarias y totalitarias como el que actualmente impera en Venezuela.

Las coyunturas y la personalidad política de los lideres

Las condiciones objetivas en cuanto a lo que se refiere a factores socioeconómicos y políticos han sido un factor indispensable sobre los cuales ha calado el surgimiento y caída de muchos de los grandes liderazgos políticos a lo largo de la historia contemporánea de la humanidad. Respecto a este tema valdría la pena mencionar al historiador británico Ian Kershaw, el cual expone en su obra Personalidad y Poder, Editorial Critica 2022, interesantes criterios de análisis, respecto al ascenso, caída y alcance de importantes liderazgos políticos europeos del siglo XX.

Los ejemplos mencionados por Ian Kershaw respecto a cómo las coyunturas políticas determinan el ascenso y caída de grandes líderes, van más allá de sus personalidades políticas.  Planteándolos a través, de las siguientes interrogantes ¿Son los líderes producto de circunstancias históricas conflictivas? Muchos de ellos según el mencionado autor, si lo han sido. Cita como ejemplo el caso del paladín de la revolución rusa entre otros líderes europeos del siglo XX. Pues de no ser por la Primera Guerra Mundial, Lenin no habría hecho la revolución, ni Mussolini habría instaurado una dictadura fascista, y Hitler seguramente ni siquiera habría logrado tener un empleo digno, al igual que Stalin.

Franco habría continuado con su carrera militar de no ser por el descalabro de España del 36. Al igual que De Gaulle: de no haber se producido la invasión a Francia en 1940 no hubiese emergido como el gran líder francés durante la Segunda Guerra Mundial. Y, en el caso de Winston Churchill, no hubiese llegado a primer ministro de no ser porque el Reino Unido requería con premura un líder para la guerra.

La impronta del líder

No, obstante a esto, la personalidad de los líderes independientemente de su tendencia ideológica, ha desempeñado un papel determinante en sus ascensos dentro de sus referidas sociedades y coyunturas históricas, pues sus:  planteamientos, carisma personal, y conexión con las grandes masas, han sido los principales factores que les permitió a estos, lograr el apoyo popular que los catapultó como conductores, sea para bien o para mal de sus respectivos países.

Es interesante destacar la categorización que Ian Kershaw hace de esos liderazgos políticos en cuanto a su alcance geográfico y legado histórico, los cuales los divide en tres grupos.  En el primero, el citado autor hace reseña de los grandes dictadores que operaron a gran escala y obtuvieron un impacto global en Europa: Lenin, Stalin, Hitler y Mussolini.

En segundo lugar, Kershaw menciona a los que dejaron una huella solo a nivel nacional como fue el caso de Franco y Tito. Y finalmente, hace referencia a los líderes europeos, principalmente democráticos del siglo XX como: Churchill, De Gaulle, Adenauer, Thatcher, Kohl y Gorbachov los cuales no sólo impactaron en sus ámbitos nacionales, sino globalmente en mayor o menor grado en cuanto a su obra y legado se refiere. Cabe destacar que el caso de Gorbachov fue especial, pues el mismo emergió como un líder sin igual en la historia contemporánea, irrumpiendo del seno del más obsceno totalitarismo, como lo fue el de la Unión Soviética, y el cual terminó de desmontar con su política del glasnost y la perestroika.

María Corina Machado, líder

El liderazgo de (MCM) denotado no sólo por su valentía, sagacidad y persistencia personal, sino porque el mismo ha tenido explicita e implícitamente un fundamento ideológico, ético y moral, sustentado en los principios más elementales del pensamiento económico y político del liberalismo como corriente ideológica. Algo que no sólo ha marcado un punto de ruptura con el actual régimen venezolano, de los últimos 25 años caracterizado por sus políticas socialista y estatistas.

Los más relevante y heroico de todo este liderazgo audaz, es que se da en el marco de un entorno jurídico-institucional totalmente adverso y violento a cualquier disidencia política. Donde la líder ha presentado una propuesta político-económica diametralmente opuesta a la existente en Venezuela. Logrando que el grueso de los bastiones tradicionalmente chavistas entendiese la inviabilidad y falsedad ideológica del modelo estatista socialistoide que vendió el régimen como el mar de la felicidad. Todo esto ha terminado marcando un hito político sin precedentes y de difícil materialización.  

Paradójicamente este ha sido el momento histórico donde se ha producido la conjunción perfecta, que a toda luz parecía imposible, para que una Venezuela, destruida material y moralmente, renazca bajo un liderazgo conducido por una mujer sin igual en la historia venezolana. Convirtiéndose así en un referente de alcance mundial aún más heroico que el caso argentino, dada las dificultades y la naturaleza de régimen venezolano en el poder, que son más desafiantes, que las enfrentadas por el Presidente Milei en Argentina.

Chávez como líder y el legado global de su régimen

El mismo patrón descrito arriba, y ejemplificado por el mencionado historiador inglés, cuando hace referencia a los dictadores europeos del siglo XX, lo podemos encontrar en el ascenso de Chávez como líder de un movimiento político-militar, de corte totalitario e izquierdista. El cual surgió en un entorno histórico de desgaste y desencanto por parte de las de las instituciones democráticas que imperaron en Venezuela entre el año 1958 a 1999. Sin pretender a entrar en una evaluación más detallada, de la multiplicidad de factores que incidieron en esa decadencia, solo lo destacaremos como la coyuntura política-social en la cual Chávez surgió como líder político y sobre la cual aró su ascenso al poder.  

Es relevante destacar que al igual que algunos de los dictadores europeos arriba distinguidos y salvaguardando la diferencia de las coyunturas históricas y políticas que conllevaron a sus ascensos y caídas. La dictadura chavista y su régimen terminaron generando unos efectos negativos en mayor o menor medida a escala global, que han ido desde las migraciones forzadas por razones políticas y económicas de la población venezolana, pasando por la destrucción de la economía de Venezuela, hasta la penalización de los principales dirigentes políticos y militares del actual régimen, los cuales enfrentan diversos cargos criminales no sólo en los EEUU, sino ante la Corte Penal Internacional.  Conformándose, así como un mal referente de alcance global.

Lo que se juega el orden internacional liberal

El actual escenario internacional difiere mucho de lo que fue la Guerra Fría, y el orden internacional liberal que lidero el mundo libre en aquel entonces. Con el ascenso de nuevos y viejos actores con diferentes matices políticos, económicos y pretensiones geopolíticas. Sumado esto a las debilidades y falencias internas que se han presentado en el seno de las sociedades mismas que en otrora sirvieron de base fundamental para el citado orden, se han venido socavando las bases ideológicas y económicas de este orden.

 Este escenario internacional ha servido de aliciente para la permanencia en el poder de regímenes como el venezolano. Pues las reacciones hasta ahora mostrada por los principales ejes del poder en los Estados Unidos y Europa y sus más cercanos aliados, no parecen estar acordes con la magnitud de la amenaza que representaría la consolidación de un fraude electoral como el que actualmente se tratar de instaurar en Venezuela. Si es cierto que un grupo significativo de gobiernos latinoamericanos han presentado un importante apoyo a la causa libertadora en Venezuela, ninguno de los mismo tiene, ni el potencial, económico, ni diplomático, ni mucho menos militar para revertir la difícil situación venezolana.

Otro elemento por destacar es el de los incumplimientos del régimen venezolano de varios de los acuerdos internacionales, que han sido refrendados para establecer un marco de soluciones diplomáticas, y democráticas a la crisis venezolana. Saliendo el mismo, hasta ahora airoso con la ayuda de sus aliados internacionales, y de su férreo control interno de todas las instituciones en Venezuela.

Las secuelas de estas fallas y omisiones van más allá del alcance geográfico venezolano. Ya lo hemos mencionado antes. La trascendencia de la crisis venezolana es global.

Conclusiones

Todo este escenario de efectos negativos de alcance mundial con diferentes matices e incidencias, ha representado un foco de inestabilidad política y conflictividad diplomática principalmente a nivel del continente americano. De no haber una respuesta más contundente por parte de actores fundamentales, como lo son los  EEUU y la Unión Europea a la solución de la crisis venezolana, respecto  el reconocimiento del triunfo del candidato opositor Edmundo González Urrutia y de  la dirigente opositora MCM, el conjunto de naciones latinoamericanas y los Estados Unidos, principalmente y sus respectivas sociedades,  seguirán sufriendo los efectos negativos de todas las malas indecencias globales que han emanado del régimen venezolano en los últimos 25 años.

Por ende, lo que está en juego no solo es el reconocimiento del triunfo opositor. Un triunfo que se ha demostrado fehacientemente por las fuerzas opositoras en las elecciones del pasado 28 de julio. Está en juego la estabilidad misma del Orden Internacional Liberal (OIL). Más cuando el sistema en cuestión ha sido un aliado abiertamente declarado del conjunto de países que hoy en día vienen desafiando la supervivencia misma del mundo libre, con sus pretensiones geopolítica y geoeconómicas.

Elecciones presidenciales en Venezuela. ¿Qué se puede esperar? (Miguél Solís).

Héroes de la libertad en Venezuela. (Antonio José Chinchetru).