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Laura Pollán, víctima del comunismo castrista

El fallecimiento de la valerosa dama de blanco Laura Pollán ha llenado de tristeza a todos los cubanos que luchan por la libertad y a quienes nos sentimos próximos a ellos. Bajo su amable sonrisa y la dulzura de su trato, tenía una gran fortaleza que hizo de ella una de las líderes de las valientes damas de blanco que se convirtieron en un símbolo vivo de la resistencia al totalitarismo de los hermanos Castro. Con el encarcelamiento de 75 opositores y periodistas independientes en 2003, la tiranía comunista no logró silenciar esas voces que clamaban por liberar a los cubanos. Tan sólo consiguió cambiar las caras de la oposición.

Los militantes políticos de la disidencia, los activistas de derechos humanos y los periodistas independientes encarcelados en aquella ocasión fueron sustituidos por un grupo que la dictadura no podía imaginar y que se convirtió en uno de sus mayores quebraderos de cabeza: las Damas de Blanco. Durante los más de siete largos años que aquellos opositores pasaron en prisión, sus mujeres, madres, hermanas e hijas se convirtieron en una presencia visible con sus valientes marchas por las calles cubanas para reclamar la libertad de sus familiares injustamente presos.

La dictadura se encontró con algo que no podía imaginar que existiera: sociedad civil en Cuba. Las Damas de Blanco son, en efecto, sociedad civil en estado puro. Son un grupo de ciudadanas unidas de forma voluntaria con un objetivo común, que en este caso es el más noble que puede existir: la libertad. Y lo que consiguieron tiene un mérito difícil de medir. Sus marchas con gladiolos en la mano lograron concienciar a gran parte de la opinión pública mundial sobre el horror de la tiranía castrista. Y lo hicieron a pesar de los insultos y agresiones que sufrían procedentes de los agentes del régimen comunista. Tal fue el pulso que echaron a los hermanos Castro que su constante actuación fue una de las claves que explican la excarcelación de los miembros del Grupo de los 75.

Entre aquellos liberados tras más de siete años y medio en prisión, está el marido de Laura Pollán, Héctor Maseda. Sin embargo, la alegría duró poco. La portavoz de las Damas de Blanco falleció este fin de semana, víctima de graves problemas de salud. En sentido estricto, no fue asesinada por el castrismo, pero sí es una víctima de este régimen comunista.

Durante su largo periodo como cara visible de las Damas de Blanco, sufría numerosos cortes en el agua corriente de su casa. Esto último es algo común para muchos cubanos, pero en su caso le ocurría incluso cuando sus vecinas sí disponían del líquido elemento accesible en sus grifos. Esto tiene, no puede ser de otra manera, un efecto negativo en la salud de cada persona. Súmese el daño que supone para cualquier ser humano la tortura permanente del encarcelamiento injusto, en unas prisiones con unas condiciones infrahumanas, de un ser querido.

Su salud no pudo dejar de resentirse. La neumonía se juntó con el dengue y una diabetes que supusieron una mezcla mortal. Para hacer frente a todos estos problemas de salud tan sólo contó con la sanidad pública cubana. Aunque en este caso no se hiciera como con otros disidentes y se pusiera todo el empeño por salvarla, el sistema sanitario cubano es lo contrario de lo que cuenta la propaganda. Para quien no es un alto dirigente, los recursos son muy limitados y las condiciones son pésimas. Cualquier problema de salud que puede ser tratado con facilidad en otros lugares, en Cuba se agrava hasta puntos difíciles de imaginar.

La dictadura es incapaz, y tal vez no esté interesada, de dar el tratamiento médico adecuado a los cubanos. Ha destruido su propio sistema sanitario. Por tanto, muchos de los cubanos que fallecen tras ser atendidos en los hospitales de su país son víctimas del comunismo castrista. Entre ellos está Laura Pollán, la valiente Dama de Blanco.

¿Cómo poner en apuros a dos flamantes Premios Nobel en Economía?

Hace un par de semanas concedieron el Premio del Banco Central de Suecia en memoria de Alfred Nobel (lo que viene a llamarse Premio Nobel en Economía) a Chris Sims y Thomas Sargent, por sus contribuciones a la macroeconomía en la línea de los modelos de expectativas racionales de la Nueva Macroeconomía Clásica. En Libre Mercado escribí un artículo haciendo un breve, y por supuesto incompleto, perfil de los premiados y de algunas de sus ideas. Los interesados en saber más sobre ellos pueden acceder a los enlaces del artículo.

En primer lugar quisiera matizar el titular del artículo, "Los nuevos Nobel de Economía, grandes críticos de Obama y el keynesianismo". El titular se justifica por las críticas de hace un año que Sargent (desconozco si Sims también las criticó) vertió sobre los planes de estímulo fiscal de Obama, y porque el programa de investigación de ambos asestó un nuevo golpe -después del monetarismo- al programa Keynesiano.

Aunque, como dice Tyler Cowen, los premiados puedan considerarse en general dentro del campo de economistas pro-mercado, son economistas académicos que poco se mojan en general y meten en política: "es un error ver su trabajo desde el prisma de la política". No obstante, el premio sí puede considerarse sin miedo como "No-Keynesiano".

Tras el galardón a Sims y Sargent, éstos dieron la conferencia de prensa pertinente, donde los periodistas preguntan a los premiados sobre las cuestiones de más actualidad e interés público. Al ser economistas especializados en macro, las preguntas, al menos las primeras, no sorprendieron demasiado. Se presupone que deben de tener un conocimiento e ideas interesantes sobre el estado actual de la economía norteamericana.

La primera vez que vi el vídeo no di más importancia a las "respuestas" de los flamantes Nobel a la pregunta sobre su opinión respecto a las políticas del gobierno y banco central para aliviar la crisis. Pero Peter Schiff pone algunos puntos sobre las íes en este vídeo.

En la entrevista telefónica que le hicieron tras anunciar el galardón, Sims afirmó que su trabajo tenía implicaciones para encontrar una salida a la situación actual, aunque dijo que la respuesta a estas cuestiones está lejos de ser sencilla.

A la pregunta de la prensa respecto a las medidas tomadas hasta el momento, Sims respondió que precisamente su programa de investigación (por el que han recibido el Nobel) consiste en analizar sesudamente gran cantidad de datos, por lo que el periodista no podía esperar de ellos que respondieran así, a "bote pronto". Vamos, que evadió la pregunta sin mucho disimulo. Sargent no fue mucho mejor cuando dijo que "tenía poco que añadir a lo dicho por Sims" y luego con toque humorístico dijo: "pensaba que iban a preguntar sobre Europa".

Schiff es muy crítico con la reacción ante la pregunta: "¿cómo que a bote pronto? ¿Es que no han pensado y se han matado la cabeza en estos años de crisis sobre esta pregunta tan básica y clave? ¿Es que, pudiendo hacerlo, no se han parado a analizar los datos, teniendo en cuenta que ahí podría estar, según su enfoque, la respuesta a los problemas actuales?".

En realidad no creo que, como parece sugerir Schiff, no hayan pensado en la que ha caído y está cayendo y en las propuestas para salir de aquí. Las críticas de Sargent a los estímulos de Obama a las que me refería, por ejemplo, sugieren que sí han pensado sobre ello, y que, al menos Sargent, tiene una opinión al respecto. Quizás simplemente no quisieron responder a la pregunta por no comprometerse y evitar polémicas.

Una reflexión última. Una cosa es ser humilde y modesto siguiendo la advertencia de Hayek sobre el premio Nobel –cuando dijo que "El Premio Nobel confiere sobre un solo individuo una autoridad que en economía ningún hombre debería poseer"-, pero otra muy distinta es no tener casi nada que decir sobre asuntos de gran relevancia práctica para tu propio país y que no están demasiado lejos de tu especialidad -comprendería perfectamente que un microeconomista no quisiera responder a cuestiones de macro, aunque pienso que encerrarte en tu campo de especialización es limitarse-.

Cantones, fueros y ciudades-estado

El modelo cantonal suizo es todo un ejemplo de descentralización política y fiscal, al igual que los históricos fueros españoles o las más recientes ciudades-estado. Estas tres formas de organización territorial tienen un punto en común: la fragmentación del monopolio gubernamental en pequeñas unidades muy próximas y cercanas a sus residentes y, por tanto, bajo la atenta mirada del contribuyente.

Y es que el poder real del Estado no radica tanto en el monopolio del uso de la fuerza sino, más bien, en su capacidad para acaparar, sin competencia alguna, los recursos tributarios de una determinada población delimitada territorialmente. En este sentido, la fiscalidad viene a ser la sangre del organismo estatal. Sin recursos económicos, ya sea de forma indirecta (impuestos) o directa (posesión de los medios de producción y de sus habitantes), su capacidad para ejercer el uso de la fuerza se debilita.

En este sentido, al igual que para combatir la corrupción suele aducirse desde el liberalismo la necesidad de limitar a la mínima expresión los ámbitos de actividad en los que es precisa la intervención gubernamental, a nivel territorial podría argumentarse, igualmente, la posibilidad de reducir a pequeños núcleos geográficos la actuación fiscal del estado. En este sentido, el federalismo e, incluso, el municipalismo -al estilo de los cantones suizos- darían como resultado un sistema político-estatal mucho más favorable a la libertad individual que el gran poder centralizado propio del tradicional estado-nación. Como dato curioso, cabe señalar, por ejemplo, que Suiza carece de primer ministro o jefe del Estado. Su Gobierno adopta la forma de un órgano colegiado, formado por siete ministerios con idéntico poder (un ministro, un voto), pero la mayor parte de las competencias (fiscales inclusive) son desempeñadas por cada cantón.

Asimismo, dentro del modelo foral es la provincia y no el Gobierno regional el principal ostentador del poder fiscal. Así, en el País Vasco, por ejemplo, las diputaciones son las encargadas de recaudar los principales tributos. Algo similar acontece con las ciudades-estado, configuradas a modo de provincias o municipios con potestad impositiva plena. Es evidente que España precisa reformar de forma profunda su actual modelo territorial. Unos abogan por regresar el modelo centrípeto, otros defienden el actual sistema autonómico y algunos reivindican la necesidad del federalismo e incluso la secesión. Curiosamente, éstos últimos, que tan legitimados se sienten para declarar de forma unilateral la independencia de pueblos enteros y la anexión de territorios ajenos, rechazan de plano la secesión dentro de las fronteras que reclaman para sí, lo cual evidencia su ansia totalitaria.

Pero, curiosamente, dentro de todo este debate político se ha olvidado por completo la posibilidad de avanzar hacia un municipalismo o provincialismo real, en el que cada ente goce de potestad plena para recaudar impuestos al estilo cantonés, de modo que sean éstos quien en última instancia financien al estado para el desempeño de una funciones mínimas, y no al revés, tal y como acontece ahora.

Inmoral rendición del Estado ante la coacción de los terroristas

Hoy, lunes 17 de octubre de 2011, se escenificará en San Sebastián una inmoral conferencia internacional, auspiciada por el socialismo y aplaudida por el nacionalismo, que pretende que un Estado democrático y multipartidista se rinda y negocie en igualdad de condiciones con los terroristas de ETA que han asesinado hasta la fecha a 858 personas, quemado negocios, extorsionado a empresarios, coaccionado municipios, perseguido a familias no-nacionalistas y han logrado que cerca de 300.000 ciudadanos hayan huido en diáspora hacia otras regiones de España en donde su derechos fuesen garantizados por las instituciones.

A aquellos que duden de la inmoralidad de los terroristas y de sus cómplices internacionales, les invito a que visiten In Memoriam para que no olviden nunca lo inolvidable, que existen víctimas que merecen memoria, dignidad y justicia.

Lo que podremos constatar con el intento de maquillaje político de los actos terroristas es que los políticos intervencionistas han olvidado el significado real del concepto de Ley, ya que su relativismo y su carencia de valores morales les impide concebir que existen límites que no se pueden rebasar en una democracia, algo que:

…tiene mucho que ver, pues, con el declive del derecho privado (en el que Hayek, al estilo anglosajón, incluye el derecho penal) y con el auge del derecho público, en el continente sobre todo…porque la ley se entiende como instrumento del poder y no como su límite.

La profesora Paloma de la Nuez, en su excelente libro La Política de la Libertad (Unión Editorial, 2010: páginas 244 y 245), comenta lo anterior a propósito del pensamiento político de Friedrich A. Hayek respecto de la decadencia del Estado de Derecho.

De hecho, un Estado de Derecho, digno de tal nombre, existe sólo cuando las instituciones respetan y protegen los derechos a la vida, a la propiedad, a la libertad y a la igualdad ante la ley de los ciudadanos, dado que son instituciones morales inmanentes e inseparables de la naturaleza del hombre libre. Los derechos individuales son responsables de la LIBERTAD, escrita con mayúsculas y, por tanto, son más importantes que la propia democracia.

De las premisas anteriores se deduce que el triunfo del Estado de Derecho en España incluye un respeto irrenunciable por los derechos individuales de las víctimas del terrorismo con los que no puede jugar ningún Gobierno ni ningún Parlamento. Lo anterior significa que es imprescindible una disolución incondicional y absoluta del grupo terrorista ETA y una solicitud expresa de perdón a las víctimas de su barbarie, como pasos previos para poder recibir, años después, cierta clemencia en donde un Ministerio de Justicia debiera siempre preguntar por el consentimiento previo de las víctimas que fueron objeto de la barbarie criminal.

Una sociedad civilizada se caracteriza, esencialmente, por el respeto de las instituciones y de la mayoría de la población hacia los derechos individuales y por la lucha contra la violencia con una aplicación estricta del Código Penal para castigar a los delincuentes y, entre ellos, especialmente a los asesinos.

Por dichos motivos, es una auténtica irresponsabilidad permitir que los terroristas, sin haber abandonado definitivamente las armas, sin renunciar a la violencia y sin interiorizar las reglas del juego democrático, puedan participar en elecciones democráticas, acceder a los datos fiscales de los contribuyentes españoles, gobernar ayuntamientos y diputaciones, obtener escaños en un Parlamento, recibir fondos públicos y seguir buscando su utopía, haciendo uso de las propias instituciones democráticas para seguir coaccionando a los ciudadanos de bien.

Sin embargo, sería un error político aún mayor, imperdonable por la inmensa mayoría de los españoles de bien, que se negociase y se diese interlocución oficial a la banda terrorista ETA junto con concesiones mayores en materia penitenciaria porque, al día siguiente, estarían solicitando reclamaciones en materia política al recibir del Estado réditos al uso de la violencia. Significaría no comprender la naturaleza psicopática e inmoral con la que actúan los terroristas y daría nuevos bríos al uso del terror contra los ciudadanos para conseguir utopías nacionalistas, comunistas, islamistas o de cualquier otro tipo de colectivismo.

Es una esperanza que, tal y como reflejaba ayer la encuesta de NC Report para el diario La Razón, un 81,6% de los españoles exigen la derrota de ETA y que se produzca un final digno, lo que sólo se producirá si se respetan las leyes y los terroristas no obtienen contrapartidas políticas como consecuencia del cese de su violencia.

Cuando se observan el terrorismo y los comportamientos inmorales de muchos políticos, conviene recordar el libro Camino de Servidumbre del genial Hayek y su célebre dedicatoria a los socialistas de todos los partidos, porque nos recuerda la importancia de luchar y no rendirse frente a las amenazas totalitarias, actuar con contundencia desde las instituciones democráticas y no hacer concesiones que hagan triunfar la violencia.

Sin embargo, como ejemplo de moral y apego a los derechos de las personas, los millones de ciudadanos que distinguimos entre el mal y el bien, respaldamos la labor de las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo (1, 2) y apoyamos sus movilizaciones, mostrando nuestro más sincero agradecimiento a las personas que contribuyen a mantener viva la llama de la LIBERTAD entre todos los españoles: Memoria, Dignidad y Justicia.

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Adiós al adiós al petróleo

La idea de que nos quedaremos sin recursos es muy vieja, pero ha tenido momentos de auténtico esplendor. Tuvo mucho predicamento en los años 70 y ha vuelto con fuerza en los últimos años. Períodos ambos marcados por la crisis económica y la inflación, que lleva a los precios de los recursos a niveles muy altos. La escuela técnica, o ingenieril, o más bien estática de los recursos ve la subida de precios como un indicador de que hay una escasez creciente, que se ve como resultado ineluctable entre un numerador fijo, la cantidad de los recursos, y un denominador creciente, la población más la demanda añadida por la mayor prosperidad. Estas ideas han sido desmentidas muchas veces. No sólo por las ideas, sino principalmente por la historia.

Pero el veredicto de la historia, aunque debemos tenerlo en cuenta para hacer un juicio sobre la adecuación de nuestras propias ideas (y de las ajenas, claro está), no puede servirnos como ilustración de una ley inmutable, porque siempre se podrá decir desde la visión estática de los recursos que esta ocasión sí es la buena. Por eso es necesario recordar las ideas que demuestran que esa visión de los recursos es errónea. Y por eso es oportuna la publicación del libro The Quest, “La Búsqueda”, que ha escrito uno de los principales expertos en la materia, Daniel Yergin.

Yergin, en un profuso repaso por la situación de la energía y del petróleo en el mundo, echa abajo una vez más la idea del pico del petróleo. La idea de que hemos alcanzado un máximo en la producción del petróleo al que no volveremos jamás y que, en consecuencia, nos enfrentamos a un futuro con menos petróleo. Yo mismo he hecho varias críticas a esa idea. Una de ellas es la vuelta al argumento de que la historia no presupone la evolución futura: el que estemos en un tramo descendiente no prueba por sí solo que pueda haber más tramos ascendentes en el futuro. Otra es que se pueden extraer cantidades decrecientes de petróleo y aun así obtener más y mejores servicios del petróleo que produzcamos por la mejora de los rendimientos. Otros varios procesos que pueden ponerse en marcha: La caída en el consumo, el estímulo a los nuevos descubrimientos o la sustitución de ese recurso por otro.

La prueba de que el hecho de que un pico pasado no presupone que no vaya a haber cumbres más altas en el futuro es que picos del petróleo ha habido ya varios. Yergin hace referencia al de 2005, que luego debió retrasarse hasta dos años después. Como la curva de la producción se resiste a mirar hacia abajo, luego se ha fijado en 2011. Ya se habla de que llegará antes de 2020. Yergin apunta que se extrae petróleo por la tecnología tradicional de un 35 a un 40 por ciento del total. El número de nuevos pozos ha caído, pero la mayoría de la nueva producción, apunta Yergin, no proviene de éstos, sino de la mejor explotación de los ya existentes. Se calcula que en el mundo se ha extraído desde el Siglo XIX un billón de barriles y que hay todavía al menos cinco billones de los cuales 1,4 billones son, con los métodos actuales, técnica y económicamente explotables.

Esta cuestión es muy importante por un motivo muy claro. Los profetas del peak oil siempre hablan de un futuro de escasez más o menos inmediato; desde luego en un plazo que comprende la vida de la gran mayoría de nosotros. Eso es importante porque de otro modo no tendrían la opción de asustarnos, que es el objetivo político más allá del análisis que hagan de la situación.

Pero si tenemos, con lo que sabemos hoy y con las tecnologías de hoy, un 40 por ciento más de petróleo accesible del que ya hemos consumido desde mediados del siglo antepasado, y podríamos ampliar la cantidad de petróleo explotable si mejoramos la tecnología, está claro que tenemos aún muchas décadas por delante de consumo de petróleo, incluso aunque lo devoremos a ritmos crecientes. Ese espacio de tiempo es esencial; mucho más importante de lo que puede parecer. Porque nos da un amplio margen a que se produzcan cambios muy importantes en la producción y el consumo de la energía. No queremos petróleo. Ni siquiera queremos gasolina. Lo que queremos es que un coche nos desplace de un lado a otro. Y si eso se puede hacer con cantidades más pequeñas de los derivados del petróleo, o incluso sin ellos porque hemos logrado la combinación perfecta entre la energía nuclear y el coche eléctrico, todo eso que hemos ganado. Y con ello volvemos a ampliar el margen antes de que se agote el petróleo.

Por eso lo esencial no es detener el sistema capitalista, sino por el contrario permitir su libre juego. Porque así los precios recogerán la situación de la escasez relativa, la transmitirán al conjunto de la economía y esto nos permitirá adaptar nuestro comportamiento, mientras los empresarios ponen en marcha todos esos procesos que nos alejan del frío futuro sin petróleo que todavía predicen algunos.

Praxeología e Historia: diferencias

Las ciencias de la acción humana se dividen en dos ramas principales: la Praxeología y la Historia[1]. A esta distinción podemos denominarla dualismo metodológico de segundo orden. La diferencia básicamente está en que utilizan dos procedimientos metodológicos diferentes: la Historia sigue el método timológico de "comprensión" (Verstehen) mientras que la Praxeología sigue el método praxeológico de la "concepción" (Begreifen). Mientras que la comprensión timológica es a posteriori, la Praxeología es a priori. ("Timología" se deriva del griego thymos, que Homero y otros autores usaron para referirse al centro de las emociones y a la capacidad mental del ser vivo, que hace posible el pensamiento, la voluntad y el sentimiento).

Praxeología

La Praxeología estudia la acción humana en general, desde el punto de vista de sus implicaciones formales. La captación interna, a modo de introspección, de nuestro actuar, nos brinda la categoría a priori de lo que es la acción humana, como intento deliberado de pasar de una situación menos satisfactoria a otra que lo es más[2].

Interesa destacar que su método es el de la "concepción" o pensamiento conceptual y deductivo. Se refiere "a cuanto es obligado en toda acción humana. Implica invariablemente manejar categorías y conceptos universales".

Historia

La historia consiste en la recolección y sistematización de todos los datos de experiencia de la acción humana. Estudia las acciones humanas específicas en el tiempo y lugar. Trata el contenido concreto de las acciones de los hombres en el pasado. Carece, por tanto, de leyes. Examina las empresas humanas en toda su multiplicidad y variedad,

… and all individual actions with all their accidental, special, and particular implications. It scrutinizes the ideas guiding acting men and the outcome of the actions performed.[3]

Comprende cada uno de los aspectos de la acción humana. Así, no sólo hay una historia general, sino también existe historia sobre campos humanos más concretos. Podemos concebir una historia política, una historia militar, una historia de las ideas y la filosofía, una historia de las actividades económicas, de la tecnología, de la literatura, del arte, de la ciencia, de la religión, de la moral y de las costumbres y de cualesquiera otros aspectos de la vida humana. También la etnología, la sociología y la antropología en la medida en que no forma parte de la biología, son ciencias históricas; así como la psicología, en la medida en que no sea epistemología o filosofía. Igualmente, la lingüística, en tanto y en cuanto no sea lógica o fisiología de la palabra, forma parte de la historia[4].

El objeto de la historia es el análisis de los múltiples acontecimientos referentes a la acción humana. Para ello, el historiador necesita interpretar los sucesos utilizando varios instrumentos. El primero son las disciplinas no-históricas apriorísticas, es decir, la Praxeología, la lógica y las matemáticas, que nos proporciona las herramientas lógico-deductivas. En segundo lugar, la comprensión, que permite abordar las notas individuales que cada evento histórico presenta[5].

Existe gente que afirma que la historia debería ser wertfrei (ausente de juicios valorativos), y que el historiador debería aproximarse a los hechos históricos sin valorar ni prejuzgar. Pero, como hemos dicho, el historiador interpreta los hechos y "jamás aborda las fuentes históricas sin suposiciones previas".

La compresión timológica que utiliza el historiador es aquel conocimiento experimental sobre los fines y el contenido de los juicios de valor que han determinado y motivado las acciones y respuestas de los individuos en el pasado. Este análisis es primordial para el estudio de la historia. Nos informa de las valoraciones y preferencias que han provocado que un individuo (o grupo) actúe de una determinada manera para alcanzar ciertos fines. Esta compresión permite al historiador introducirse en el interior del individuo como método de conocimiento de sus valoraciones concretas. Esto es impredecible mediante la Praxeología y las demás ciencias.

The scope of understanding is the mental grasp of phenomena which cannot be totally elucidated by logic, mathematics, praxeology, and the natural sciences to the extent that they cannot be cleared up by all these sciences. It must never contradict the teachings of these other branches of knowledge.[6]

La Praxeología no tiene una relación especial con la timología, ya que es wertfrei (no le conciernen los objetivos últimos que la acción pueda perseguir). Estudia la teoría de la lógica de la acción en sí misma. No investiga los acontecimientos que producen una decisión específica, es decir, los motivos por los cuales una persona actúa. Al respecto, Mises señaló:

Its subject is not the content of these acts of choosing but what results from them: action. It does not care about what a man chooses but about the fact that he chooses and acts in compliance with a choice made. (…) The subject matter of praxeology and of that part of it which is so far the best developed—economics—is action as such and not the motives that impel a man to aim at definite ends.[7]



[1] Mises, L., Human Action: A Treatise on Economics, Foundation for Economic Education, Irvington-on-Hudson, New York, 1996, pp. 30.

[2] Íbidem, pp. 13.

[3] Íbidem, pp. 30.

[4] Íbidem, pp. 30-31.

[5] Íbidem, pp. 49.

[6] Íbidem, pp. 50.

[7] Mises, L., Theory and History, Yale University Press, New Haven, Conn., 1957, pp. 271-272.

Irresponsabilidad ciudadana

La justicia islandesa está juzgando a su ex primer ministro, Geir H. Haarde, acusado de gestionar con "negligencia grave" la crisis económica que en 2008 llevó a la quiebra el sistema financiero de Islandia. Mientras tanto, los políticos europeos intentan evitar el colapso del hermano pobre griego cuando en España nos encontramos envueltos en un proceso electoral en el que muchos vuelcan sus esperanzas para que un nuevo gobierno les saque de la crisis.

Para que una sociedad sea justa debe cumplirse la máxima dictada por el Barón de Montesquieu según la cual "la ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie". No obstante, cabe preguntarse si esos tipos delictivos ya son imputables, como por ejemplo la falsificación de las cuentas griegas por parte de sus gobiernos para engañar a la Unión Europea y así poder entrar en el euro. Si esto es así, las leyes en estos asuntos no tendrían que reformarse pues la Justicia ya puede actuar en caso de robos, prevaricaciones o falsificación de documentos públicos. Lo que muchos de los nuevos arquitectos sociales indignados exigen es una cosa bien diferente: un juicio político.

Los políticos llevados por su sectarismo ideológico pueden equivocarse y perjudicar a sus propios ciudadanos. Encerrados en su propio esquema político, algunas medidas que tomaran, o dejaran de tomar, podrían ser consideradas como "negligencia grave" en procesos judiciales contra su gestión. Seguir esta senda podría despeñarnos por un precipicio en el que, por poner un ejemplo, los políticos que aplicasen medidas socialistas, en cuanto a errorintelectual, podrían terminar entre rejas.

Este razonamiento conlleva además una derivada, los políticos están legitimados democráticamente por los ciudadanos y, por tanto, sus decisiones son el fruto maduro de la voluntad popular expresada en las urnas. Conducir a un abismo a toda una comunidad política podría ser el resultado de una mala decisión de un pueblo soberano en un momento de su historia. No se pretende juzgar la gestión concreta pues al fin y al cabo el político prometió lo imposible pero fuimos nosotros quienes irresponsablemente lo elegimos ¿Por qué tendría que pagar el representante de la voluntad general por un suicidio colectivo? El hombre que aparecía como todo un hombre de Estado en nuestra papeleta al depositarla en la urna pasaría a convertirse en nuestro chivo expiatorio eludiendo la responsabilidad última; nosotros le elegimos porque nos regaló los oídos con lo que nosotros queríamos escuchar.

No hay que buscar por tanto una cabeza de turco para salvar la trampa democrática sin atajar el problema de fondo. Cuantos menos sean los ámbitos en los que los burócratas tengan competencias, menores serán las probabilidades que tendrán de equivocarse al planificar nuestras vidas. La verdadera irresponsabilidad, el delito impune, es el de mantener un sistema apuntalado en la irresponsabilidad de todos, no sólo de los políticos.

Lo realista es apostar por la libertad

El pasado sábado Alberto Recarte publicó su quinta entrega de lo que se ha llamado “Informe Recarte 3”. En ella, el presidente de Libertad Digital detalla su propuesta de reforma fiscal para cumplir con el objetivo de déficit con el que el actual gobierno se ha comprometido en los próximos años.

De forma resumida se basa, por una parte, en recortar gastos suprimiendo duplicidades en las administraciones públicas, reformando éstas para que su funcionamiento sea más eficiente y, por otra, en subir los impuestos indirectos (aunque también menciona una subida del IRPF para las rentas “más altas”) mientras se baja el impuesto de sociedades y se traslada parte del coste de la seguridad social, que hoy en día se financia por medio de cuotas que abonan las empresas en nombre de sus empleados, al IVA.

Por lo que entiendo de estas medidas, asume que el gasto no se va a poder reducir lo suficiente como para cumplir el déficit, por lo que apuesta por subir ciertos impuestos, sobre todo especiales, para cubrir el exceso de gasto, mientras reestructura IVA, IRPF y sociedades para que las empresas soporten menos impuestos, que serán trasladados al consumo y a penalizar aún más a los trabajadores altamente cualificados. Además, al estar los sueldos blindados por los convenios colectivos, opta por la bajada igualitaria de salarios por medio de reducciones de las cuotas de la SS, que obviamente tendrán que ser compensadas con la correspondiente subida de IVA al no proponer el cambio del sistema de reparto (esquema ponzi) a un sistema de capitalización. Con ello se supone que las empresas españolas ganarían cierta competitividad sin que los sindicatos puedan hacer nada.

Por lo que se ve es un plan de rescate en toda regla para mantener a flote el sistema actual a expensas de una clase media que va a soportar la mayor parte de la subida de impuestos recibiendo a cambio unos servicios que cada vez serán peores.

Como es evidente no estoy de acuerdo con ningún punto de los que se compone este plan. No hay ninguna razón para que los gastos no puedan ser recortados hasta cumplir el déficit, y mucho más allá, sin tener que subir impuestos. Y, como ya expuse, trasladar las cuotas de la SS a los impuestos indirectos es sólo una forma de engañar a los asalariados que no resuelve el problema de fondo: el sistema de reparto es una estafa.

Ante este rechazo, ciertas personas, mayormente conservadores pero también algunos liberales, me acusan de soñador o radical. Me recuerdan que vivimos en un país socialista y, por tanto, unas reformas en profundidad son imposibles; “mejor esto que nada” afirman, vaticinando que podemos terminar como Grecia si no llegamos a un acuerdo de mínimos que salve al Estado de la quiebra.

Mi respuesta es la que titula este comentario; no porque suene bien o me quiera agarrar a mis principios sino porque es la verdad. Un socialista tiene que renunciar a buena parte de su ideología cuando llega al poder, no porque quiera llegar a un consenso de mínimos con los que no compartimos sus ideas, sino porque sabe que las suyas nos llevarían a todos a la ruina, incluido a ellos mismos, en unos pocos años. Ellos tienen que ser realistas, nosotros lo somos de partida. Y por eso mismo no tenemos que renunciar a la realidad para amoldarnos a una visión socialista que lo enfanga todo, que nos lleva a la ruina pero con el agravante de ser ésta escogida por nosotros mismos. Un castigo por no ser lo suficientemente valientes como para escoger nuestro destino sin importar lo que pensará cierta parte de la población, más o menos numerosa, que hace tiempo que dejó de interesarse en cómo poder salir adelante por ellos mismos para centrarse en cómo vivir a costa de los demás.

¿Utópico? No, lo utópico es pensar que se puede renunciar a nuestras ideas, la única arma que tenemos, y que no nos van a apuñalar con las suyas en cuanto las circunstancias sean más propicias. No, así no funcionan las cosas. La única forma de avanzar en nuestra libertad es defender siempre y en cualquier circunstancia nuestras ideas. ¿Que no son mayoritarias? ¡Qué más da!, ya se encargará algún político de consensuarlas con el resto de las ideas imperantes en ese momento. Y cuando ese consenso vuelva a fallar, ahí estaremos nosotros para recordar que no hemos pedido ningún consenso sino más libertad. Pero si al realizar propuestas partimos de un sometimiento al socialismo que anula casi por completo cualquier avance de la libertad, entonces y sólo entonces podemos dar por seguro que la realidad se impondrá y nosotros seremos desechados con el resto de malas ideas que nos han llevado al desastre.

El liberalismo se convierte en neoliberalismo y no queda nadie para defender la libertad. Y entonces es cuando entendemos, demasiado tarde ya, que lo realista habría sido apostar por ella.

Ed Miliband sigue anclado en su discurso

Salvo por las palabras de su líder contra "los irresponsables depredadores", el resto del evento y la propia alocución de Ed Miliband no tuvieron mayor trascendencia. Reiterativo en sus palabras, insistió en el aumento de la regulación como fórmula para la recuperación económica. Apenas si hubo referencia a la realidad política internacional y a escenarios muy concretos, como Siria y Libia. Consecuentemente, no debe extrañarnos que las mayores ovaciones las recibiera cuando arremetió contra la coalición de gobierno entre tories y liberales-demócratas.

Un año después de haber ganado a su hermano de forma apretada, se presentaba ante los suyos. Tenía ante sí una tarea complicada ya que su victoria en las primarias no implicó consenso, sino más bien que, a partir de ese momento, su política podría estar influida por los sindicatos, cuyo voto fue decisivo para catapultarlo a la cúspide del Laborismo. En este sentido, han sido "las Unions" quienes más han alabado su figura, señalando que se había comportado como un "político veterano, con coraje, convicción y honestidad".

Sin embargo, aunque ha tratado de "ser el mismo", de ahí su afirmación "yo no soy Tony Blair ni tampoco Gordon Brown", lo cierto es que sus ideas y argumentos recuerdan más a los años setenta del Labour Party que a la renovación iniciada tras la derrota de 1992 frente a John Major. Asimismo, en ese deseo de buscar una personalidad propia ha caído en la ambigüedad, de tal modo que, cuando se le preguntó si su partido había virado a la izquierda, lo negó y afirmó que seguirían siendo una formación "pro-empresarios" (pro-business) pero también "pro-productores" (pro-producers) sin aclarar las diferencias y la línea de separación entre ambos conceptos.

En Liverpool, Ed Miliband ha seguido por los mismos derroteros de los 12 meses anteriores. Búsqueda del titular fácil pero de escaso contenido. Su estrategia parece consistir en apelar al lenguaje de izquierda, más bien radical, como arma para combatir la crisis económica en cuyo análisis de sus causas entonó un "a mi que me registren que no he sido". Para ello, criticó la forma en que el propio laborismo había gestionado la economía del país en los años previos, ofreciendo una explicación genérica: "el Labour Party perdió la confianza de la economía, bajo mi liderazgo, recuperaremos esa confianza".

Se trata de un modus operandi que ya vimos con el tema de los estudiantes y que más tarde se repitió con motivo de los disturbios de Londres del pasado agosto. Entonces, mientras David Cameron optó por un discurso bien argumentado y que enlazaba con los cimientos tradicionales de la filosofía del partido (especialmente por la apelación al binomio responsabilidad-libertad), Miliband prefirió rescatar aquella parte de la filosofía de su partido, justo la que Blair enterró, en función de la cual el hombre siempre es bueno y es la sociedad, o el contexto social en que le toca vivir, el que le hace malo. Una forma como otra cualquiera de ofrecer excusas para eludir la responsabilidad y la obligación personal.

Como vemos, Ed Miliband se decanta, como estrategia para retornar al número 10 de Downing Street, por practicar un discurso antagónico al del gobierno. Con ello, los únicos réditos que quizás pueda obtener sean procedentes de votantes liberal-demócratas descontentos, pero ¿alcanzarán para volver a ser el partido natural del gobierno, como en aquellos maravillosos años de la Tercera Vía? Creemos que no. Por ello, decir "no me gustaría ser responsable de hacer promesas que no puedo cumplir. Ese es el trabajo de Nick Clegg" es un brindis al sol que no aporta idea política alguna.

Sin ir más lejos, en la etapa final de su mandato, Gordon Brown hizo algo parecido y no le sirvió, como tampoco le valió en 1983 a Michael Foot frente a Margaret Thatcher. El electorado británico prefiere la alternancia de caras (partidos) a la de credos y cuando estos últimos hunden sus bases en los fundamentos más arraigados de la izquierda demagógica y radical, los rechaza sin contemplaciones.

La mala educación

Este principio de curso en la Comunidad de Madrid está siendo especialmente revuelto. La consejera de Economía pide el esfuerzo a los profesores de que trabajen dos horas más a la semana. Pero eso implica muchas cosas, los profesores se rebelan, los sindicatos, como no era para menos, sacan el cuchillo de sacar tajadas, los días de huelga aumentan, y esto parece que no se soluciona.

Los profesores de la pública se quejan de las subvenciones y regalitos que la Comunidad de Madrid ofrece a los colegios de enseñanza concertada, y de las ayudas encubiertas o no a los colegios privados.

Mientras que los sindicatos y profesores dicen que son tres mil los interinos que van a desaparecer, la administración habla de mil. Mientras los profesores explican la importancia de las tutorías, las autoridades autonómicas siguen diciendo que no es así. Unos acusan a los otros de mentir, de no pensar en los niños. Y el espectáculo, visto desde fuera, es penoso.

El resultado es que no se sabe cómo van a recuperar las clases los niños, quienes, además de ser víctimas del sistema, de ser utilizados por unos y por otros, están siendo involucrados por los profesores y padres, quienes les hacen participar y les visten con las famosas camisetas verdes, vendidas por IU.

Una oye en un taxi un debate entre profesores en la Ser y no sabe qué pensar: una profesora quita importancia a la debacle que va a ser tratar de dar todo el temario de este año y argumenta que eso no es nada en comparación con lo que se roba a los niños: talleres de tecnología con 30 alumnos, los profesores de la concertada con ordenadores gratis… En fin, un conjunto de reclamaciones que casi dan ganas de hacerle la ola, invadida por un ataque de compasión, hasta que recuerdo que aquí lo que importa son los niños y su educación. Esas reclamaciones no son la raíz del problema y esos bienintencionados profesores, pero también la Consejería de Educación y la Comunidad de Madrid, están cogiendo el rábano por las hojas.

Y el problema no es si hay una clase de tutorías o dos, sino que este sistema está podrido, es nocivo y hay que cambiarlo de arriba a abajo, o de abajo a arriba. Los diferentes planes educativos de todos los partidos, por más que estén preñados de buenas intenciones, no han servido para nada bueno. La educación politizada no es buena, y usarla para comprar votos es de lo más indigno que se puede hacer, porque se usa como piolet la formación y el futuro de los niños de hoy, solamente para trepar o conservar tu sitio en la poltrona.

La educación no debería ser un tema de debate político, sino que se debería afrontar honestamente, pensando cómo mejorar los alarmantes resultados de nuestros estudiantes. No solamente se trata del fracaso escolar, es un problema sistémico que abarca la educación desde los 4 a los 23 años. Toda la cadena está emponzoñada.

Y ahora viene la pregunta del millón, ¿cómo se sanea el sistema educativo? En primer lugar, no puede ser que un colegio forme en todas las disciplinas de siempre (matemáticas, lengua, ciencias naturales y sociales) y que además se atribuya (o le asignen) la educación sexual, vial, en multiculturalidad… Hay que equilibrar los objetivos con los recursos de que se disponen, y si fueran ilimitados y tuviéramos un presupuesto infinito y días de 48 horas, pues nada, pero es que no hay para todo, y el colegio, el instituto y la universidad tienen unos fines que no se están cumpliendo.

Nadie le quiere poner el cascabel al gato pero yo creo que nada como la pluralidad institucional, la libertad educativa para permitir que afloren resultados en un sistema estrangulado como el nuestro. Está claro que el volumen de gasto no implica mejores resultados, estamos ante una crisis más profunda: de actitudes, de valores. La libertad educativa permitiría que hubiera homeschoolers, que se crearan centros de estudios imaginativos que enseñen a responsabilizarse cada cual de su éxito, y dejar la palabrería y la política de lado.

La competitividad de las generaciones venideras depende de ello.