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Los invernaderos de El Ejido

Hayek, con la brillantez que le caracteriza, explica claramente cómo los resultados del proceso histórico son impredecibles para los individuos, y que, en consecuencia, es imposible atribuir los resultados observables a la razón. Se han de explicar, por el contrario, mediante procesos espontáneos en que confluyen las voluntades de muchos individuos. Lo contrario, esto es tratar de explicar un resultado histórico, exclusivamente en base a la razón, es lo que él llama "fatal arrogancia", que da título al tratado en que estos puntos se explican.

Cuando uno se asoma a las planicies de El Ejido, Almería, lo que ve es el plástico blanco de sus invernaderos. Sus productos son de fama mundial y el caso de desarrollo económico es también paradigmático. Viendo estos invernaderos uno puede caer en la fatal arrogancia de Hayek y asumir que era lógico y previsible que esto ocurriera, habida cuenta de las condiciones climatológicas del área.

Pero abandonemos las reflexiones individuales y asomémonos a la historia. Esta nos la contó Lola Gómez, de CLISOL, en una de las visitas guiadas a los invernaderos que esta empresa organiza, y que aprovecho para recomendar a todo el que visite el área, esté o no interesado en la agricultura (www.clisol.com).

La historia comienza con el viento y las viñas: el viento de El Ejido que malograba muchas veces el trabajo de los agricultores de la zona, y los viñedos, cuyo producto dejó de ser demandado en el momento en que empieza la historia. Estos últimos se cultivaban en El Ejido mediante una estructura elevada de postes.

A algún emprendedor de la zona se le ocurrió utilizar estos postes, ya abandonados, para instalar unos plásticos que protegieran su nuevo cultivo del viento. Su sorpresa debió de ser mayúscula cuando pudo comprobar que, gracias al calor acumulado por su precaria edificación, el ciclo de crecimiento de las hortalizas se aceleraba, dando lugar a un mayor número de cosechas al año.

Como se observa, el uso de invernaderos en El Ejido no obedeció originalmente a su función actual, sino a algo tan simple como la disposición de activos sin uso y al viento.

Los beneficios, casuales, obtenidos por el emprendedor inicial, llamaron la atención de sus vecinos, y poco a poco todas las tierras de El Ejido se fueron cubriendo de plásticos, llevándonos al paisaje actual.

En este ámbito tan competitivo, es lógico que se siga generando mucho conocimiento empresarial. Los vecinos y competidores luchan constantemente por perfeccionar sus técnicas y mejorar sus productos, y pueden proclamar con orgullo (¿o envidia?) que no reciben ningún tipo de ayuda pública.

El Ejido es pionera en muchas de las técnicas agrícolas innovadoras, según parece al menos a un completo desconocedor del tema, como un servidor. Por ejemplo, no utilizan pesticidas, si no métodos biológicos para aplacar las plagas: esto es, poner otros bichos en los invernaderos que se coman a los bichos malos.

Pero lo más curioso es que están dejando de usar la tierra. Sí, parece que el agricultor moderno ya no planta en los tradicionales surcos. Ahora lo hacen en pequeños cubos de material neutro (lana de roca, le llaman) cuando no directamente en agua. Y son complejos ordenadores los que distribuyen a las plantas los adecuados nutrientes en los momentos oportunos. Todo ello se experimenta y explota, en su caso, en El Ejido, siempre buscando el mayor rendimiento para la escasa superficie de que disponen.

El lector atento se preguntará porque sigue siendo escasa la superficie, si ya no plantan en tierra. De hecho, el visitante del área podrá constatar invernaderos en los sitios más insospechados, con pendientes de imposible explotación. La cuestión es: ¿por qué no hay emprendedores que implanten estas técnicas en otras áreas más extensas, como las que proporcionan las Castillas?

No puede ser por la tierra, en El Ejido no se usa. ¿Será por el calor? Aunque no lo parezca, El Ejido no es especialmente cálido, si lo he de comparar con otras zonas de España. ¿Tal vez la abundancia de agua? Bueno, Almería es reconocida como una de las áreas más secas de España, y de hecho los emprendedores agrícolas dedican grandes esfuerzos a ahorrar en el líquido elemento, con datos de evolución en el consumo de agua espectaculares.

Desvelemos la razón: el viento. Efectivamente, el benéfico viento de El Ejido permite refrescar de forma natural el gran calor acumulado en los invernaderos, que podría llevar a la muerte a las plantas. De hecho, una parte importante de la labor del agricultor consiste en el juego de apertura y cierre de las ventanas de los invernaderos, en respuesta a las condiciones atmosféricas. Una vez más, se va sustituyendo el esfuerzo manual por el control computerizado.

El viento que impedía el cultivo hace unos años, es el factor diferencial por el que El Ejido mantiene su ventaja competitiva. El viento, que hizo necesaria la protección de la que surgieron los invernaderos, es el que en la actualidad hace viable la gran producción de El Ejido. Esta deliciosa paradoja, impredecible para la razón, hubiera deleitado a Hayek casi tanto como los pepinos con miel que nos ofrecieron al final de la visita.

Profesores, más preocupados por su sueldo que por la enseñanza

Una de las grandes falacias que usan los lobbies para mantener sus privilegios es apelar al miedo y al “bien común”. Nadie dice: “si eliminan mi puesto de trabajo, la empresa irá mejor”, o “si privatizamos el sector donde trabajo, éste será más competitivo, económico y ofrecerá más opciones al consumidor y ciudadano”. Claro, algo así iría contra el propio “privilegiado”. Los lobbies mantienen sus privilegios con un estado de amenaza constante. Le dicen al Gobierno: “si me elimináis mi estatus, haré manifestaciones y diré lo malo que eres en la tele”. Dicen a la gente: “si permitís que el Gobierno toque mis privilegios, os quedaréis sin servicio”, o “éste degenerará”.

Esto es lo que ha ocurrido este martes en Madrid con la manifestacióndelosprofesores. Este tipo de amenazas están tan trilladas ya que difícilmente se las cree alguien ya. Seamos serios, ¿es que puede ir peor la educación en España? Los profesores hacen el horario que les da la gana y no se adaptan para nada a las necesidades de los padres. Sus enseñanzas se basan en los libros que el Estado considera “aptos”, adoctrinando a los niños, adolescentes y jóvenes en el pensamiento único. Los colegios y universidades públicos son fábricas con el único propósito de crear borregos. Votantes en masa.

Recientemente un padre me dijo que la maestra de su hijo había dicho a la clase que los reyes magos no existen, que son los padres. Toda la clase lloró y la profesora se justificó afirmando que ya tenían edad para saber esas cosas. ¡No tanta si todos lloraron! Y es que, ¿es función de un profesor decir esas cosas? Se ve que en la escuela pública, sí.

En realidad, todo lo que dicen los “profesores públicos” es falso. Viendo los estragos que causan en las mentes de los pequeños y los resultados que está dando la enseñanza de cualquier ciclo en este país (hasta Grecia está por delante nuestro en el Informe PISA), solo podemos concluir que la educación pública ha de ser abolida de forma urgente. Las principales razones:

  1. La educación pública solo crea una casta de privilegiados, los profesores, que siempre lucharán primero por sus intereses corporativistas (sus privilegios) que por los valores ligados a su trabajo al no depender del favor de los padres. No es el ciudadano quien ha de elegir, ni el Estado, sino la unidad familiar, tenga la forma que tenga ésta.
     
  2. La educación es soberanía individual, de los padres, no del Gobierno ni ningún profesor. Un mecánico nos ha de arreglar el coche, pero no tiene derecho a manipularlo como le venga en gana en pos de “una sociedad mejor, más justa, más igualitaria…”. Un profesor es un técnico y ha de estar a las órdenes de los padres y tutores. Punto.
     
  3. La educación pública es un monopolio que no deja avanzar la diversidad. Solo hay las materias que el Estado dicta. Abolir la educación pública no solo significa que se privatice el sector, sino apartar al Gobierno del todo y para siempre de la enseñanza. Ésta la eligen los padres, no burócratas.
     
  4. La educación pública nace del latrocinio y del crimen. Desde que nacemos hasta que morimos estamos pagando la educación de otra persona sin ni siquiera conocerla. Es la máxima irresponsabilidad de esta sociedad. Cada persona ha de pagar por aquellos servicios que consume. De no ser así, la complacencia, dejadez y empeoramiento de la enseñanza irá en crecimiento. España lo ha visto muy bien.
     
  5. La enseñanza no puede estar a merced de los políticos. Cada vez que cambia el Gobierno, nos encontramos con un modelo educativo diferente basado en los valores del Estado que ningunea a los padres. El Estado no crea buenos ciudadanos, el ciudadano crea buenos ciudadanos.
     
  6. La enseñanza puede ser un sector lucrativo que cree puestos de trabajo y riqueza. Todo lo que regula el Estado queda inerme y devastado. Las escuelas no son un negocio debido al efecto expulsión (crowding out). No puede haber competencia, ni diversidad de precios. En un sistema donde el Estado domina la producción en monopolio, toda alternativa siempre será carísima.
     
  7. La educación pública no es gratis. Es cara e ineficiente. Si la enseñanza fuese “gratis” significaría que los recursos son ilimitados y los profesores no tendrían que cobrar por ello, o que, al no valorarla nadie, se “regalaría”. No es así, todos los padres quieren una buena educación para sus hijos. Buena educación que el Estado, hasta ahora, no ha podido dar.
     
  8. La educación obligatoria no garantiza un futuro mejor. En este país tenemos educación obligatoria hasta los 16 años y una de las tasas más altas de desempleo juvenil del mundo. Sí, más que en Palestina, Marruecos, Egipto o Túnez. El “pleno empleo” lo da el nivel de desempeño, capacidad de autoformación y ambición, no pasarse media vida estudiando tonterías desvinculadas del mundo real que nunca usaremos.
     
  9. La educación pública no ha hecho que los pobres dejen de serlo por sus profesores. Quien no quiere estudiar no lo va a hacer aunque lo metan siete horas en un aula. Una escuela no es un correccional. La sociedad ha de crear incentivos para que los jóvenes vean útil estudiar. Otro gran fracaso del Estado al tomar esta responsabilidad bajo su mandato. ¿Para qué estudiar si luego pasamos de curso, no encontraremos trabajo o podemos vivir de ayudas?
     
  10. En estas épocas de crisis, Cáritas ha dado de comer a más de un millón de personas. La iniciativa y empuje privado es millones de veces más fuerte que las burdas promesas y leyes del Estado. Si apartamos para siempre a los políticos de la enseñanza, cientos y miles de organizaciones, mecenas y empresas que promocionen el talento pagarán los estudios de niños, adolescentes y jóvenes.
     
  11. Los profesores no son un fin, sino una herramienta. El actual sistema estatal de educación protege al lobby de los maestros para recaudar votos. Los niños y padres son instrumentos que sufren cada día los desvaríos de este colectivo. El profesor es un técnico. Trabaja por un sueldo, como todos hacemos; y ha de depender de los padres, de sus clientes. Si depende del Estado, la sociedad está desamparada.

La educación pública es muy conveniente para los funcionarios que la ejercen, los profesores con amplios privilegios sociales y dinerarios; pero nada tiene que ver con el bienestar y nivel de excelencia que buscan los padres. Sospeche del “profesor público”, no quiere ningún bien para su hijo ni para usted, solo pretende vivir de usted disfrazando sus privilegios de “bien común”.

Cada ’empleo verde’ que crea Obama cuesta $5 millones

El presidente de EEUU, Barack Obama, se he empeñado en seguir el ejemplo despilfarrador de España en materia de energía renovable. Como buen keynesiano, ha acabado destinando miles de millones de dólares a impulsar la producción de electricidad a través de fuentes limpias, sin atender en absoluto a los nefastos resultados cosechados en este campo por el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. Los resultados de este tipo de políticas comienzan ahora a ser visibles para los norteamericanos.

Fue allá por 2009 cuando la Universidad Rey Juan Carlos, en colaboración con el Instituto Juan de Mariana, lanzó el Estudio de los Efectos del Apoyo Público a las Energías Renovables sobre el Empleo, con una enorme repercusión mediática a nivel internacional, sobre todo en EEUU. Y es que, por entonces, Obama anunció su intención de imitar el nefasto modelo energético español con la excusa de que ayudaría a generar cientos de miles de puestos de trabajo.

Las conclusiones del informe, sin embargo, eran -y siguen siendo- demoledoras: cada empleo verde creado en España ha necesitado subvenciones por valor de 571.138 euros desde el año 2000; entre 2000 y 2008, el Gobierno español inyectó un total de 28.671 millones de euros –descontada la inflación- en subsidios públicos al fomento de energías renovables, un dinero sufragado íntegramente por el bolsillo del contribuyente, bien mediante subidas en el precio de la luz bien mediante aumento de impuestos; este despilfarro provocó la destrucción neta de 113.000 puestos de trabajo, es decir, 2,2 trabajos destruidos por cada empleo verde generado vía subvención; la acaparación de estos recursos por parte del Estado impidió que la economía privada pudiera emplearlos en la generación de puestos de trabajo productivos.

El estudio causó una enorme polémica en Washington, hasta el punto de que Obama se vio obligado a dar marcha atrás en sus pretensiones iniciales gracias a la presión de los republicanos y algunos influyentes medios de comunicación. Aun así, el presidente consiguió poner en marcha determinadas medidas para fomentar las renovables en EEUU. Uno de estos programas consistió en la concesión de créditos blandos -a fondo perdido- para financiar proyectos eólicos, solares, etc. El importe total de este plan asciende a 38.600 millones de dólares, y su objetivo es crear 65.000 puestos de trabajo en el sector. Una vez ejecutada casi la mitad de esta partida, el resultado es el siguiente: la concesión de 17.200 millones de dólares tan sólo ha logrado generar 3.545 empleos nuevos y permanentes.

Hagan las cuentas: cada empleo verde generado por Obama ha costado a los contribuyentes de su país una media de 4,85 millones de dólares. Todo un éxito. Ahora extiendan esta medida al nuevo Plan E anunciado por Washington, dotado con casi 450.000 millones de dólares, y comprenderán por qué la otrora fructífera economía estadounidense carecerá de futuro mientras permanezca bajo el yugo socialista del Zapatero hawaiano.

La crisis de deuda en la eurozona

La moneda de curso legal que denominamos Euro es el principal mecanismo con el que se articula un ambicioso proyecto de integración económica y monetaria de los 17 países que forman parte de la eurozona dentro de la Unión Europea.

Sin embargo, una unión monetaria sólo es económicamente factible en el caso de que los países miembros de la misma constituyan un área económica homogénea. Por ello, desde su inicio en el año 1999, lejos de darse una situación idílica, se ha puesto de manifiesto la existencia de dos grupos de países claramente diferenciados.

Un primer grupo de países del norte y centro de Europa, liderados por Alemania, que impulsan su crecimiento económico vía exportaciones y que se ven favorecidos por un tipo de interés bajo por parte del Banco Central Europeo (BCE). Y un segundo grupo de países periféricos europeos que han estado basando su crecimiento en el consumo interno y la inversión  exterior y que hubiesen requerido un tipo de interés mucho más alto por parte del BCE para evitar la inflación y el sobrecalentamiento de sus economías.

Podemos afirmar con claridad que la responsabilidad directa de la crisis financiera es de los políticos que han presionado irresponsablemente y de las autoridades del BCE que se dejaron influir para sostener una política monetaria expansiva, especialmente aplicada desde el año 2001, con tipos de interés bajos y situados por debajo del débil incremento anual del Producto Interior Bruto (PIB) en Europa.

Es decir, el BCE ha venido estableciendo un tipo de interés real, incluso negativo, muy por debajo de la generación de bienes y servicios de los países europeos periféricos, lo que significa que el BCE ha estado inflando "artificialmente" la masa monetaria en la eurozona por encima de la capacidad de la misma para crear riqueza.

Colapso de la zona Euro

Si se observa la evolución del crecimiento del PIB de la eurozona, empleando como fuente los datos del propio BCE, se puede trazar un gráfico que pone de manifiesto una línea de tendencia descendente hacia el estancamiento o, incluso, hacia el decrecimiento económico en la eurozona:

Intervencionismo monetario

Por un lado, como se observa en el gráfico, se ha producido una peligrosa desaceleración del crecimiento económico que debería corregirse con reformas estructurales que doten de competitividad a los países europeos frente a los países competidores internacionales. Pero, sin embargo, algunos Gobiernos han eludido las reformas porque la existencia del crédito ilimitado del BCE facilita no encarar la adopción de medidas impopulares.

Por otro lado, la falsa sensación de "riqueza" que ha fomentado el BCE ha supuesto que los gobiernos y, también, las empresas y familias aplicasen políticas de gasto más allá de sus ingresos ordinarios.

Significativamente, la política monetaria expansiva del BCE ha permitido el sostenimiento de un tamaño de Estado excesivamente grande y ha pospuesto la obligada adaptación de la sociedad de bienestar, que ha funcionado durante varias décadas en Europa, pero que ahora debe transitar desde un modelo público de prestación de servicios sociales (pensiones, sanidad, desempleo…), hacia un modelo privado o mixto (público-privado) para lograr su viabilidad a medio y largo plazo.

El BCE ha permitido que la eurozona viviese por encima de sus posibilidades, porque no implementó una política monetaria restrictiva que obligase a los gobiernos (y a otros agentes económicos) a aprobar presupuestos equilibrados y afrontar con seriedad las reformas que precisaba Europa para competir internacionalmente con las economías emergentes.

Por tanto, podemos afirmar que el intervencionismo monetario del BCE ha sido la causa principal tanto de los problemas de competitividad como de la crisis de endeudamiento que puede llevar a la ruptura de la eurozona.

Las consecuencias no queridas del dinero barato se han significado en una pérdida de  competitividad de países como España y en un excesivo apalancamiento financiero, tanto público como privado y, principalmente, de los países europeos con peores factores competitivos (flexibilidad laboral, facilidad empresarial, I+D+i…) respecto de países europeos netamente exportadores como Alemania y de áreas económicas más pujantes. 

Posibles soluciones a la crisis de deuda

La crisis de la eurozona podría ser resuelta con quitas sobre la deuda soberana que permitan afrontar los pagos y con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para negociar préstamos, acompañados de políticas de austeridad presupuestaria, privatizaciones e impuestos que garanticen el pago de los mismos.

Sin embargo, los intervencionistas que han generado la crisis de deuda no aprenden de sus errores pasados y quieren imponer nuevamente soluciones que suponen una huída hacia delante que posterga (y empeora) la salida de la crisis económica y financiera.

Pretenden engordar la bola de nieve del endeudamiento con más política monetaria expansiva, mediante la emisión de eurobonos por una Agencia Europea de Deuda y con el reforzamiento del fondo de rescate soberano para recapitalizar países (Grecia) y entidades financieras (BNP, Credit Agricole, Société Générale…) que están en quiebra técnica.

Los planteamientos keynesianos no son, en modo alguno, ni altruistas ni solidarios, si tenemos en cuenta que el mismo BCE es uno de los principales acreedores de Grecia con 50.000 millones de euros al igual que los principales bancos de Alemania y Francia.

En todo caso, los mercados ya están descontando que la eurozona no está funcionando porque tiene un endeudamiento insostenible con respecto a las previsiones de crecimiento del PIB.

De hecho, los inversores abandonan los mercados de capitales europeos y están invirtiendo sus ahorros en las bolsas y los mercados de deuda de EE.UU. y de Asia, dado que tienen presente el elevado riesgo de suspensión de pagos de Grecia, porque no está logrando cumplir sus compromisos de ajuste presupuestario y, con muy alta probabilidad, quebrará en los próximos meses, dado que ni siquiera tiene liquidez para pagar las nóminas de los funcionarios o las pensiones del próximo mes de octubre.

Veremos salir a Grecia de la eurozona y, tal y como señalan expertos reconocidos, sería recomendable entregar Grecia al FMI y negociar su salida para evitar que el incendio se extienda y ardan más países en el infierno del endeudamiento. 

Cambio de modelo económico en la eurozona

Incluso en el supuesto de que el rescate financiero de Grecia fuese bien desarrollado, la situación de la eurozona es crítica y, si no se actúa con rapidez, podría producirse un efecto dominó y la quiebra de otros países endeudados lo que provocaría el colapso del Euro como moneda fiduciaria, ante la inacción de Gobiernos irresponsables y una mayoría de ciudadanos que desean seguir viviendo por encima de sus posibilidades.

Los siguientes países en la lista son Italia y España y, posiblemente, Francia por la elevada exposición de sus bancos con hasta 600.000 millones de euros de deuda soberana de Grecia, Italia y España y con deudas de las entidades financieras francesas por hasta 4,7 billones de euros lo que representa un 250% del PIB de Francia.

Con los anteriores datos en la mano, los Gobiernos de la eurozona deberían adoptar un cambio de modelo económico basado en la austeridad presupuestaria, en la desregulación de mercados y en la competencia empresarial, comenzando con una reducción adicional del gasto público que tranquilizase a los inversores y siguiendo con reformas estructurales que mejoren la competitividad.

En caso contrario, con o sin eurobonos, se incrementará el riesgo de una intervención de sus economías por el FMI, lo que paradójicamente exigirá la aplicación de medidas aún más severas que aquellas que hubiesen sido incapaces de llevar a efecto los Gobiernos.

Las irresponsabilidades en política monetaria se pagan en el largo plazo y, como siempre, las clases medias y emprendedoras serán los chivos expiatorios que padezcan las facturas intervencionistas de los políticos y autoridades monetarias de la eurozona. En los próximos meses, comprobaremos si el paraguas de los Eurobonos es capaz (o no) de soportar el peso del endeudamiento y evitar el colapso de la eurozona.

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Predicción económica: Empresario versus Científico económico

Conviene hacer una distinción entre la predicción que realiza el empresario y la que realiza el científico económico.

La predicción científica (cuantitativa) no es posible en el campo de la ciencia económica. La predicción en economía es de naturaleza distinta que la de las ciencias naturales. En Economía sólo es posible realizar predicciones cualitativas. Nunca las predicciones serán de carácter cuantitativo, es decir, predicciones concretas sobre hechos futuros.

Sin embargo, el empresario (y el ser humano en general) necesita trazar sus diferentes planes de acción continuamente. Necesita, por tanto, predecir la evolución de los acontecimientos. Para ello, además del conocimiento praxeológico, necesita la comprensión timológica. La compresión timológica es aquel conocimiento experimental sobre los fines y el contenido de los juicios de valor que han determinado y motivado las acciones y respuestas de los individuos en el pasado. Este análisis, por ejemplo, es primordial para el estudio de la historia. Nos informa de las valoraciones y preferencias que han provocado que un individuo (o grupo) actúe de una determinada manera para alcanzar ciertos fines. Esta compresión permite al historiador introducirse en el interior del individuo como método de conocimiento de sus valoraciones concretas. Esto es impredecible mediante la Praxeología y las demás ciencias. Además de por el historiador, el método timológico de comprensión (Verstehen) debe ser utilizado por el empresario, ya que como dijo brillantemente Mises: el empresario es aquél que mira al futuro con ojos de historiador.

Pese a que todo ser humano siempre se enfrenta a una incertidumbre inerradicable, el empresario puede realizar unas predicciones "más acertadas" que el científico económico. El conocimiento relevante para ejercer la función empresarial es de tipo práctico, no científico (según la distinción de Oakeshott). Es todo aquél que el actor va adquiriendo a través de la práctica, es decir, de la propia acción humana ejercida en sus correspondientes contextos. Se trata, como dice Hayek, del conocimiento relevante en torno a todo tipo de circunstancias particulares en cuanto a sus coordenadas subjetivas en el tiempo y en el espacio. En suma, estamos hablando de un conocimiento sobre valoraciones humanas concretas, es decir, tanto de los fines que pretende el actor, como de su conocimiento en torno a los fines que él cree que pretenden o persiguen otros actores. El empresario conoce las circunstancias concretas de la situación en la que se encuentra. Posee una mejor comprensión timológica debida a su experiencia, y por eso puede tener más éxito en las predicciones concretas que el científico económico.

Si defienden la privacidad que empiecen por el secreto bancario

Recientemente el responsable de una agencia pública de protección de datos alemana pidió a Facebook que retirara un sistema de reconocimiento facial. El sistema facilita el etiquetado de personas que realizan los usuarios de la famosa red social para organizar y compartir sus fotografías. La supuesta amenaza a la privacidad consiste en que ese sistema permitiría a la compañía poseer información que podría ser utilizada para identificar a las personas en contra de su voluntad.

Hasta aquí, el típico caso en el que el Estado actúa como un padre sobreprotector que no permite a sus hijos dar información voluntariamente a una empresa, eso sí, por su propio bien. Aunque hay un pequeño detalle que no encaja con esta visión: el Estado no es nuestro padre ni un familiar, ni siquiera un amigo; el Estado es un organismo formado por personas cuya financiación depende de la riqueza que puede arrebatar a los individuos y organizaciones que la producen.

Algo que demuestra con su comportamiento: el mismo Estado que vela porque Facebook o Google no tengan demasiada información de nosotros obliga a bancos y empresas a violar la confidencialidad con sus clientes informando a Hacienda de sus transacciones e ingresos.

Es curioso leer en blogs y foros tecnológicos cómo los gurús dedican páginas y páginas a protestar por cómo Google maneja miles de datos sobre nosotros mientras que no se inmutan ante la infinidad de datos sobre nuestro capital que maneja el Estado. Aunque lo más divertido es ver cómo se indignan ante la idea de que la empresa del famoso buscador use esos datos en su propio beneficio. Y es que Google recopila la información para poder elaborar perfiles de consumo que aumenten la efectividad de su servicio de publicidad y para facilitar y potenciar el uso de sus servicios, aumentando la demanda de los mismos y por tanto los ingresos publicitarios.

Lo que no entienden estos gurús es que el Estado hace exactamente lo mismo. En realidad, a un político no le interesa saber cuánto gana una determinada persona por curiosidad o malicia. Le interesa porque dependiendo de sus ingresos el Estado le podrá quitar más o menos dinero. Y de ese dinero depende la supervivencia del organismo estatal y todas las personas que dependen del mismo.

La principal diferencia entre Google o Facebook y el Estado es que los primeros no te obligan a usar sus servicios. Si alguien considera que la información que se debe compartir con dichas empresas no le compensa, simplemente tiene que rechazar los términos del acuerdo de servicio y solucionaría su problema. En cambio, los ciudadanos no pueden evitar la vulneración de su privacidad por parte del Estado rechazando sus servicios. Da igual que consideren que la sanidad o educación pública no compensan el hecho de estar vigilados constantemente por unos funcionarios que van a vampirizar cualquier ganancia que podamos conseguir. El Estado no admite un "no acepto" por respuesta.

Ante esta reflexión se suele contraargumentar por dos vías: el Estado necesita acceder a esa información para que cada ciudadano pague la parte de su riqueza que le corresponde, ya que si no tuviera acceso nada impediría que los contribuyentes escondieran parte de sus ganancias para pagar menos impuestos. Además, añaden, no todas las ganancias tienen un origen legal, por lo que el Estado necesita contrastarlas para verificar que nadie se enriquezca saltándose la ley.

La respuesta a las objeciones es simple: el cobro de impuestos no puede prevalecer sobre el derecho a la privacidad y la presunción de inocencia debería obligar al Estado a tener el consentimiento de un juez a la hora de investigar las finanzas de alguien. Punto.

Es tan evidente que debería ser así que si sustituimos la caja fuerte de un banco por la de nuestra casa, y la entrega de la nómina vía ingreso bancario por la entrega de un sobre, a nadie se le ocurriría decir que es necesario que la policía tenga libre acceso a nuestras viviendas para verificar la cantidad de dinero que guardamos en ellas y que un funcionario debe presenciar cada intercambio de dinero que se produzca para garantizar que todo queda anotado y cada parte paga sus impuestos o que no se realiza ningún intercambio ilegal.

Por lo tanto, tiene que haber un obstáculo muy grande a la compresión para que tanta gente no sólo no exija un derecho tan básico, sino que incluso considere imprescindible que el secreto bancario sea vulnerado y los Estados tengan acceso libre a esta información. Incluso a los pocos países que se mantienen firmes en la defensa de este derecho se les tilda de paraísos fiscales y son amenazados constantemente con represalias si no dan su brazo a torcer (especialmente durante las crisis financieras donde los capitales buscan refugio ante la voracidad recaudadora de los gobiernos).

Y es que sin la vulneración del secreto bancario los impuestos sobre las rentas/ganancias están condenados a fracasar. Y esos impuestos son la piedra angular de la redistribución de la riqueza, fin último del socialismo. Es por ello por lo que la privacidad se sacrifica allí donde más se puede recaudar: las cuentas corrientes en las que el común de los mortales concentra su vida financiera y, por tanto, donde el Estado puede recaudar con mayor facilidad, y se defiende allí donde no supone una amenaza con el fin de situar el foco en otro sitio mientras nos mete la mano en el bolsillo.

Ciclos, también en política

El capitalismo de Estado en el que vivimos alimenta la crisis con la expansión crediticia y todo tipo de intervenciones que distorsionan la información que recibimos, facilitando que se tomen malas decisiones y se lleven a cabo desastrosas inversiones. Las consecuencias las sufrimos todos cuando se pinchan las burbujas y los hechos tozudos terminan por amargar las ideas felices de los burócratas que se depuran en forma de destrucción de empleo y desinversión en sectores o empresas que en un mercado libre jamás habrían existido.

Son las malas decisiones políticas las que agravan las crisis y dificultan la recuperación. El problema es que no existen buenas decisiones políticas, todas se toman de espaldas al mercado sin tener en cuenta las necesidades particulares que cada uno conoce mejor que nadie. Toda política pública necesita un presupuesto y que haya dinero en la caja para poder hacerla realidad. En los momentos históricos en los que la sociedad crea riqueza los políticos pujan por el voto con promesas inasumibles para la contabilidad pública sin que los contribuyentes se preocupen demasiado por su dinero ya que parece que al ser público no es de nadie y cualquier compromiso político, por descabellado que sea, puede llegar a cumplirse confundiendo los deseos con la realidad. La irresponsabilidad no es solo de los políticos sino compartida con los votantes que se dejan embaucar.

No obstante, la propia naturaleza del Estado que busca perpetuarse y la voluntad de sus gentes de vivir sin penurias coinciden actuando como contrapeso y escapatoria de la trampa democrática. El propio Leviatán es capaz de desprenderse de su estructura más superflua para proteger los monopolios esenciales con el fin de conservar el poder (el de la violencia, el legal y de la moneda) mientras que el votante se aferra a los políticos más realistas para llevar a cabo las políticas que el sistema necesita para mantenerse. Los ciclos se imponen así en la política superando la dialéctica que los marxistas aplican a todas las materias, incluido el cambio social. No hay superación de la tesis y su antítesis por una síntesis superior, sino una tensión en equilibrio entre opuestos a menos que se vuelen los pilares sobre los que se asientan. Mientras tanto, pendulamos entre momentos políticos en los que la expansión crediticia permitirá que aliviemos nuestras conciencias ayudando al prójimo con los ahorros de un tercero hasta que esa situación se torne inviable y volvamos a replegarnos sobre proyectos asumibles por las necesidad del mercado. Así, hasta que la riqueza generada permita de nuevo que los caprichos de nuestra opulencia nos lleven a la quiebra otra vez.

En los momentos de lucidez de los votantes y de necesidad del Estado de autolimitarse para asegurar su supervivencia, es cuando deberíamos aprovechar para ingeniar controles y garantías que limiten la futura y previsible irresponsabilidad en la que volveremos a caer. Por desgracia, la visión ilimitada y sentimental de la política terminará por sortear y superar todos los controles y volveremos a tropezar con la misma piedra.

La imprevisbilidad de la acción humana nos lleva a la incapacidad de descartar otros escenarios. No sería la primera vez que ante la cercanía de un barranco una colectividad decide acelerar el paso en lugar de corregir la marcha. No hay soluciones ideales pero siempre estamos a tiempo de empeorar.

El discurso del odio

En el año 1942 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos falló contra un ciudadano por una querella que tenía con un policía del Estado de New Hampshire. Le dijo que era un “maldito chantajista” y un “fascista”. La Corte entendió que las palabras de este hombre, testigo de Jeová, no estaban protegidas por la Primera Enmienda, la que reconoce el derecho a la libre expresión. La razón es que había elegido unas palabras “cuyo mero sonido inflingen daño” y que “no son parte esencial de la exposición de las ideas”.

En 2011 la misma Corte Suprema estudió el caso de la Iglesia Baptista de Westboro, que se había congregado a cierta distancia de donde tenía lugar el funeral por Matthew Snyder, un marine que resultó muerto en acto de servicio en Irak, por corear mensajes ofensivos. Los miembros de tal congregación religiosa reflejaron su convicción de que Dios odia a los Estados Unidos, entre otros motivos, por permitir la homosexualidad; especialmente por tolerarla en el Ejército. Entre sus mensajes estaban “Dios odia los Estados Unidos. Gracias a Dios por el 11 de septiembre”, “Dios te odia” o “Irás al infierno”, en referencia al soldado Snyder. Terminaron media hora antes de que empezase el funeral. El propio Snyder, que había sido informado de las intenciones de la Iglesia Baptista de Westboro (lleva haciendo estas concentraciones desde hace décadas), les llevó ante los tribunales. Alegaba la angustia que le producía la idea de que se manifestasen, y no la podía separar de la idea de su propia muerte. En este caso, la Corte Suprema siguió un curso distinto. En su decisión, dijo: “El discurso es poderoso. Puede mover a la gente a la acción, puede provocar lágrimas de gozo y de pesar, y también (como es el caso), puede infligir gran dolor. Sobre los hechos que se nos presentan, no podemos reaccionar ante tal dolor condenando a quien habla. Como nación hemos elegido un curso distinto: proteger incluso el discurso hiriente sobre cuestiones públicas para asegurarnos de que no reprimimos el debate público. Esta opción requiere que libremos a Westboro de responsabilidad por manifestarse en este caso”.

Entre estas dos decisiones hay una lucha histórica dentro de la Corte Suprema respecto del “hate speech”, el discurso del odio, y su inclusión o no como parte del derecho penal. En su última decisión, Snyder vs Phelps, el Tribunal Supremo seguía la tendencia de las últimas décadas de interpretar de un modo más estricto la Primera Enmienda y proteger la libertad de expresión. Pero en todo el mundo resuena la expresión discurso del odio y en muchos países está penado utilizar expresiones que puedan causar daño a los demás por su pertenencia a un grupo (como el Ejército de los Estados Unidos, en este caso). Es habitual el caso del antisemitismo, el racismo o la condena moral de la homosexualidad. El gobierno español, al que le quedan muy pocos días de legislatura, pretendía implantar una legislación muy estricta en ese sentido que, de haberse aprobado, habría acabado virtualmente con la libertad de expresión en cualquier sentido.

Viene todo ello al caso de la condena de John Galliano, que tendrá que pagar 6.000 euros por decir que amaba a Hitler y proferir insultos vejatorios contra los judíos. Galliano se dejó llevar por el esnobismo, pues meterse con los judíos es una enfermedad moral extendida, con los humores exaltados por el alcohol. La prensa recoge la noticia con evidente decepción. “Simbólica” condena de “sólo 6.000 euros” por lo que Galliano “se libra de la cárcel”. ¿Debe penarse el discurso del odio?

Es a mi entender muy claro que no podemos criminalizar un discurso, por más cargado de odio que esté. En primer lugar porque no hay ni puede haber una prueba de que quien sostenga ese discurso esté movido por el odio. En segundo lugar porque aunque así fuera, un mal sentimiento no debe ser objeto de condena. Si la razón es otra, el daño que inflige, el terreno es muy resbaladizo. Porque cualquier persona puede sentirse herida por cualquier manifestación de los demás. Nadie puede negar tu dolor por cualquier manifestación de la cultura o del discurso. Y erigir ese dolor en razón para la censura permitiría a cualquiera oponer sus sentimientos frente a cualquier expresión. Como, de nuevo, nada puede demostrar la sinceridad de tus sentimientos, nadie puede tampoco demostrar que no sean ciertos. Si se reconoce a los sentimientos como argumento para la censura, se acabó para siempre la libertad de expresión.

Se dice que el discurso del odio sólo afecta a cierto tipo de personas. De hecho es como está reconocido en las legislaciones del mundo que recogen esta figura. Pero entonces cabe preguntarse cuál es el motivo por el que determinadas razas o la pertenencia a una denominación religiosa o una condición sexual otorga a ciertas personas el privilegio de poder censurar las expresiones de los demás, mientras que al resto del común no se le reconoce ese valor añadido de su conciencia o de su dignidad.

El discurso es un elemento moral. Y su condena debe ser también moral. Las sociedades libres pueden protegerse eficazmente frente a los discursos que resulten ofensivos. John Galliano fue despedido por su empresa y le costará encontrar un empleo del prestigio y los emolumentos que tenía cuando diseñaba modelos para la casa Christian Dior.

Quienes defienden la inclusión en el Código Penal del discurso del odio no tienen amor, precisamente, por vivir en una sociedad libre.

La izquierda siempre encuentra culpables para tapar sus errores

España, durante estos 8 años de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, poco se parece a la que heredó de José María Aznar. Durante este periodo desde las instancias gubernamentales se ha impulsado el enfrentamiento, la crispación y se han repartido credenciales de demócratas y de tirano. Pese a todo ello, lo único que realmente queda del zapaterismo es el paro.

Si por algo se ha caracterizado este gobierno socialista es por encontrar siempre a alguien a quien culpar de sus errores. Con respecto al paro ha seguido este modus operandi: los mercados internacionales (?) o, dicho con vocablos más mundanos, "el egoísmo y la avaricia de unos pocos". Nos hallamos, en consecuencia, ante un mensaje que hunde sus raíces en la lucha de clase, en un izquierdismo rancio, más propio de los siglos XIX o XX que del siglo XXI.

Asimismo, y en relación con la idea anterior, el zapaterismo fue incapaz de modernizar al PSOE de un modo similar a lo que hizo Blair con el New Labour o Schroeder con la socialdemocracia alemana. Especialmente, el político británico fue capaz de asumir como propio buena parte del credo económico de los conservadores así como determinados conceptos de raigambre tory, como la importancia de la seguridad o de la responsabilidad individual.

Rodríguez Zapatero obró de otro modo diametralmente distinto y ahora estamos recogiendo los resultados. Renegó del entramado de relaciones internacionales generado por Aznar, especialmente con Estados Unidos, logrando por ello la aclamación del izquierdismo más radical, aquél que boicotea actos universitarios donde toman parte políticos que no son de "su cuerda" o niega la libertad religiosa a los cristianos.

Rodríguez Zapatero cuestionó que España sea una nación y en su táctica de todos contra el PP, formó alianzas tan contra natura como la establecida en Cataluña con eco-neo-comunistas y nacionalistas-separatistas radicales. ¿No decía el marxismo que si había una doctrina antagónica al socialismo ésta era el nacionalismo? Los resultados del llamado gobierno "Tripartito" se vieron el pasado 28 de noviembre. Su apuesta por políticas identitarias y alejadas de las preocupaciones de la ciudadanía catalana provocaron el distanciamiento de ésta con respecto a su casta política.

El gobierno de Zapatero se apropió para sí de un vocablo tan fundamental como es "paz"… pero lo definió e interpretó a su manera, esto es, incorrectamente. En efecto, durante su primera legislatura insistió en que "buscaba la paz en Euskadi". Haciendo tal afirmación, un ciudadano que viviera en Melbourne podría pensar que en el País Vasco había una guerra. Nada más lejos de la realidad: en dicha comunidad autónoma existía (y existe, aunque travestido de partido político) un bando que amedrenta, extorsiona y amenaza en nombre de un nacionalismo étnico a todo aquél que no piensa como él. En la búsqueda de esa "paz", tan etérea como abstracta, Zapatero humilló a las víctimas del terrorismo y logró con su discurso pausadamente incendiario que en muchas partes de España las víctimas fueran convertidas en victimarios.

El listado no acaba aquí pero aun con todo ello, Zapatero y su equipo son gente con suerte. Cuando parecía que ya no disponían de más culpables a los que acusar de desestabilizar su macroproyecto político, su coro de danzas ha aparecido en escena de una forma peculiar: condescendencia hacia el gobierno y varapalos a dirigentes europeos como Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy a los que acusan de ser el verdadero poder ejecutivo en España. Y para definir la situación, han acuñado un nuevo concepto: "pérdida de soberanía económica", que no es más una forma lírica con la que encubrir la ausencia de autocrítica. Así de simple.

El laberinto económico

La politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neuman definió la "espiral del silencio" como el fenómeno por el cual el individuo se abstiene de decir su opinión cuando es contraria a la opinión pública más fuerte (no necesariamente en términos numéricos) y no duda en expresarla cuando coincide con ella. La raíz de este fenómeno está en el hecho de que el ser humano tiene miedo orgánico a estar solo. Al decir orgánico me refiero a que se localiza en una zona concreta del cerebro.

De esta forma, la opinión pública aparece como un elemento que confiere cohesión a la sociedad.

En nuestro siglo son los medios de comunicación los principales agentes creadores de opinión. Y los políticos lo saben. Los de una cuerda y los de otra. De ahí la indisoluble unión de la política y la prensa, para lo bueno y para lo malo… La importancia de la opinión pública en la sociedad explica que los portavoces y ministros en ruedas de prensa mientan como bellacos, maquillen los datos, resalten determinados datos y omitan otros. La idea de la inventora del término "espiral del silencio" es que si se consigue que la opinión pública exprese optimismo respecto a, pongamos, la posible recesión económica en España, es más probable que salgamos bien parados. Como si se invocaran espíritus benévolos o, por el contrario, espíritus cenizos y el mero hecho de nombrar un desenlace bueno o malo se creara un ambiente más propicio para su cumplimiento.

La opinión pública ha condenado banqueros privados y salvado a banqueros centrales, ha condenado a los especuladores y salvado a los derrochadores, condenado a los mercados y salvado a quienes nos han endeudado. Y el lenguaje con el que se han lanzado los mensajes es totalmente manipulador. Los especuladores nos hacen daño, los mercados no se fían de nosotros, hemos logrado colocar nuestra deuda (como quien logra meter canastas en baloncesto). De esta forma, rueda de prensa tras rueda de prensa, el mensaje machacón del gobierno nos ha negado la crisis, nos ha asegurado que nos seguimos recuperando, y según las últimas declaraciones de Elena Salgado, vicepresidenta del Gobierno y Ministro de Economía, "sin ninguna duda, Europa no va a caer en ninguna recesión".

Lo malo es que día tras día desde hace ya bastantes meses, los datos nos golpean primero en una mejilla y después en la otra. La prima de riesgo bate récords, el paro aumenta, la Bolsa se derrumba y nuestros gobernantes solamente reconocen que la situación es "delicada". No se crea tejido empresarial, se destruye. La sombra de la recesión planea por encima de Europa, pero nuestros gobernantes insisten machaconamente que la recuperación marcha. Y ya no se sabe si es por disonancia cognitiva o porque de verdad creen que si se repiten muchas veces las cosas terminan por suceder.

Uno de los problemas añadidos es que se trata de economía, tema en el que siempre te puede salir un técnico pidiendo rigor mientras él emplea los datos maquillados del gobierno para decir que no estamos en recesión… técnicamente. Cada vez que sale un dato del Instituto Nacional de Estadística hay un puñado de economistas que salen con los matices, las correcciones, la estacionalidad… de manera que da la impresión de que hay cifras que respaldan todas las opiniones. En esas circunstancias ¿cuál es la opinión pública más fuerte?

Los ciudadanos se encuentran atrapados entre quienes protestan por las medidas de austeridad y quienes las defienden, viciados por un salpicón de subvenciones y un estado sobreprotector. Lo fácil es culpar a los ricos, al mercado y a los extranjeros, en este caso, alemanes. Y me extraña que nadie haya culpado a los judíos, debe ser la primera vez en la historia.

Pero el que la opinión pública más fuerte sea esa, no quiere decir que sea más cierta, ni que la mayoría lo piense de verdad. Aquellos que se huelen la tostada se callan para no ser aislados o tachados de insolidarios. Se quedan encerrados en el laberinto de las declaraciones, los datos y las conveniencias y no son capaces de decir nada, ni de reclamar sensatez, ni firmeza, ni nada. Solamente callan… y pagan.