Los dineros de la independencia: la trampa ratonera de Puigdemont
En una sociedad como la nuestra las ideas compiten entre sí por captar la atención y la fidelidad de la sociedad.
En una sociedad como la nuestra las ideas compiten entre sí por captar la atención y la fidelidad de la sociedad.
Los nacionalistas han jugado como si ese conjunto de normas, las del Estado de Derecho, no existiesen.
Estados Unidos tiene muchos ases en la manga: es el principal consumidor y eso da un enorme poder, pero no las tiene todas consigo.
¿Por qué están en mayor riesgo? Porque la definición ya no es personal: “la pobreza es una característica del hogar, no individual”.
Hasta hacerse con el gobierno, ambos medraron en los siempre duros y complejos entramados del poder bajo la hoz y el martillo.
La productividad de los factores sigue siendo nuestra eterna asignatura pendiente.
Los políticos convirtieron a los pensionistas en rehenes del fraudulento y piramidal sistema público de reparto.
No existe mejor manera de asegurar los servicios públicos que una fiscalidad orientada al crecimiento y a aumentar las bases imponibles.
El progresista identifica los problemas sociales con una facilidad y una certeza que, de no ser engañosas, serían envidiables.
Nunca falta el profesor que dictamina que la culpa no es del gasto excesivo sino de los ingresos insuficientes.