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La fuente de los Principios

Mucho se ha escrito acerca de la importancia de los Principios de Economía Política de Carl Menger. Sin embargo, la mayor parte de los estudiosos colocan esta gran obra en un equivocado lugar de la historia del pensamiento económico. Las dos afirmaciones más repetidas consisten en que el fundador de la Escuela Austriaca de Economía provocó una verdadera revolución y que sus orígenes remotos habría que buscarlos en el mundo anglosajón. Sin embargo, es difícil determinar cuál de estos dos asertos encaja peor con la realidad histórica.

El coste entendido como coste de oportunidad, la relación entre precios y costes, la determinación del precio de los factores de producción, el subjetivismo, la definición de bienes económicos y la relación entre la unidades incrementales y la ley que explica el valor son algunas de las aportaciones originales que Menger habría hecho a la ciencia económica. Pero lo cierto es que no fue así. La adecuada definición del coste económico y su relación con los precios fueron desarrolladas varias décadas antes por Hermann, Ray, Roscher y Schultz. Hermann, por ejemplo, llegó a afirmar que “de la demanda y de lo que los demandantes están dispuestos a ofrecer por un bien vemos que cantidad de bienes están dispuestos a renunciar a cambio del deseado y esto determina cual puede ser el nivel superior del coste de la producción menos remunerada”. Tampoco el subjetivismo fue una aportación original de Menger. Autores como Hufeland lo desarrollaron y lo aplican a la economía desde comienzos del siglo XIX. Hildebrand hizo lo propio con la idea de marginalidad y, todos los autores citados, casi sin excepción, explicaron de manera previa y muy similar a Menger las características que tiene un bien económico.

No cabe duda de que Menger tomó prestada la mayoría de los conceptos que le caracterizan según la visión actual de la historia de las doctrinas económicas e incluso según los economistas y pensadores contemporáneos de la Escuela Austríaca. Su obra, sin embargo, no supuso una revolución radical como suele pensarse sino un paso más en una tradición en la que Menger se había empapado durante años. Sus aportaciones más importantes a esta línea de pensamiento son su inconfundible individualismo metodológico, por un lado, y por el otro su tratamiento de la interacción de los mercados analizando más de un precio simultáneamente en una estructura de producción intertemporal ligada a la clasificación vertical de órdenes de producción. A estas dos contribuciones habría quizá que añadir la integración de la idea subjetiva de tiempo y la de incertidumbre en el cuerpo teórico de la economía. Sin embargo, el subjetivismo económico era algo totalmente arraigado y desarrollado cuando Menger escribe sus Principios. La verdadera revolución de la época, como ha explicado Streissler, llegó de la mano de Schmoller.

Pero, ¿quiénes eran estos autores que precedieron a Menger en muchas de sus supuestas aportaciones? Actualmente se les conoce como a los miembros de la Gebrauchtwertschule. Y lo curioso es que Menger reconoce una y otra vez su enorme deuda con todos ellos. En el comienzo de los Principios, dedicados por cierto a Roscher, declara que “la reforma aquí intentada de los principios supremos de nuestra ciencia se fundamenta en un trabajo previo, llevado a cabo casi sin excepción gracias a la laboriosidad de investigadores alemanes.” Así pues está claro que los autores de esta escuela alemana son el precedente más directo de la Escuela Austriaca de Economía.

Si esto es así, ¿cómo es posible que Mises situara los orígenes de la Escuela en el mundo anglosajón? Este es uno de los errores más misterios e intrigantes que surgen de los escritos de Mises y de Schumpeter. Los cierto es que tanto uno como otro sabían (a través de Menger, Böhm-Bawerk y Wieser) de la importancia decisiva de la Gebrauchtwertschule en los Principios de Economía Política pero ambos decidieron ocultarla e incluso negarla. Sin embargo Mises ignoró a los autores alemanes y puso a los Smith y compañía en el lugar de predecesores de Menger. Y no cabe siquiera especular que Mises pensara que a su vez, esta escuela alemana estuvo influida de tal forma por la escuela escocesa que se pueda decir que la anglosajona es el origen de la austríaca y que no merecía la pena mencionar a los alemanes. De hecho, si por algo se caracterizaron estos autores alemanes fue por su fiero rechazo a la teoría anglosajona del valor y de ahí su nombre de Escuela del Valor de Uso. Por su parte Schumpeter llegó a afirmar que este grupo de autores alemanes no tienen otro valor que el de haber repetido lo que decía Adam Smith. De nuevo, nada más alejado de la realidad. Por poner un ejemplo, Oberndorfer concluyó una de las más demoledoras críticas a la teoría del valor en La Riqueza de las Naciones con estas palabras: “Y puesto que en sí mismo el trabajo no tiene valor, tampoco puede tener en sí mismo precio y, por lo tanto, tampoco puede ser medida de precios.”

Al otro lado de la interpretación histórica se sitúan los propios autores alemanes que recibieron la obra de Menger como un gran paso delante de su trabajo. Wilhem Roscher, el miembro más destacado de la Gebrauchtwertschule cuando se publican los Principios de Economía Política, considera a Menger como el gran continuador de la escuela alemana del valor de uso. Refiriéndose a “aquellos economistas que continúan en el camino de Hermann”, Roscher destaca al “austríaco C. Menger y su análisis conceptual altamente abstracto, siempre original y a menudo bastante fructífero, fundamentado habitualmente en un conocimiento exhaustivo de la historia del pensamiento”. Como ejemplo demostrativo de estas cualidades Roscher señala que Menger “examina primero la formación de los precios en el caso de un intercambio aislado, luego en el caso del intercambio monopolístico y tan sólo finalmente en el caso de la influencia de la competencia por ambos lados”.

No cabe duda de que los autores de la Gebrauchtwertschule, una escuela de pensamiento económico unida a través de su crítica a la concepción smithiana del valor, fueron la fuente inmediata de donde bebió Carl Menger para sus Principios. Donde sí surgen infinidad de interrogantes es en el motivo por el que Mises y Schumpeter decidieron desviar la atención sobre este hecho y trataron de colocar a la Escuela Austriaca en un lugar que no le corresponde.

Policías a las órdenes de los titiriteros

La operación se ha realizado "contra páginas de Internet que se estaban dedicando al intercambio ilegal de archivos P2P". Eso es mentira, aunque a algunos les escandalice leer que nuestra policía miente. Los ficheros no son "P2P"; "P2P" es el modo en que se realiza dicho intercambio y, claro, el intercambio P2P se realiza mediante programas como eMule o Azureus, no por medio de páginas web, de modo que escribir correctamente la frase habría arruinado sus intentos de insinuar que las detenciones están justificadas. Además, mientras no entre en vigor la nueva Ley de Propiedad Intelectual, aprobada con el voto a favor del PP, el intercambio de música, películas o series televisivas sin que haya lucro de por medio es completamente legal. Sólo el intercambio de videojuegos o aplicaciones informáticas –para las que existe el derecho a la copia de seguridad, pero no a la copia privada– está prohibido actualmente en España.

La nota de prensa sigue regocijándose en el dinero que ganaban estas páginas web por medio de la publicidad. Llegan a decir que tenían 900.000 euros anuales de beneficios, para afirmar más tarde que ese dinero eran sólo los ingresos; otra mentira, pues como sabemos, los negocios, sean del tipo que sean, suelen conllevar gastos. Y si de algo entendemos en Libertad Digital es del elevado precio que tiene mantener servidores como para soportar "615 millones de visitas anuales". No obstante, uno se pregunta si es delito ganar dinero por medio de una actividad legal. Al fin y al cabo, ni siquiera Teddy Bautista se avergüenza de dirigir una entidad recaudadora.

Pero si el intercambio no es ilegal ni esas páginas se dedicaban a realizar esos intercambios que tanto molestan a los titiriteros patrios, ¿qué hacían esas páginas? Ofrecer enlaces que permitían a los usuarios encontrar esas descargas. Pero en el artículo 17 de la LSSI –una ley que sí está vigente– leemos que "los prestadores de servicios de la sociedad de la información que faciliten enlaces a otros contenidos o incluyan en los suyos directorios o instrumentos de búsqueda de contenidos no serán responsables por la información a la que dirijan a los destinatarios de sus servicios". Es decir, que la ley indica claramente que lo que hacían esas personas, aún suponiendo que el intercambio de ficheros protegidos por derechos de autor estuviera prohibido, era perfectamente legal. Si no lo fuera, Google, Yahoo, MSN y compañía tendrían que cerrar. Incluso Quaero, si es que lo llegan a inaugurar alguna vez.

Más pronto o más tarde, esas quince personas serán puestas en libertad sin cargos. Todo lo más, se les acusará de haber violado la LSSI por estar ganando dinero por medio de la web sin declararlo a Hacienda ni poner los datos a los que obliga esa ley en la página. Pero entonces no emitirán nota de prensa alguna y los periódicos no nos enteraremos. El efecto que buscaban, asustar a los propietarios de otras páginas similares, ya se ha conseguido. Han detenido incluso a responsables de las empresas que ofrecían servicios de alojamiento a estas páginas, para asegurarse de que no vuelvan a hacerlo, pese a ser legal. En definitiva, la Policía se ha prestado a actuar como departamento de marketing de los titiriteros, empleando la fuerza y la capacidad legal de coacción para favorecer unos intereses privados, al margen de lo que dice la ley. Casi se parece a la definición de mafia.

Excusas para censurar

Los efectos de este tipo de legislación mercantil son tremendamente nocivos, tanto para el bienestar de la sociedad cuanto para su libertad.

La semana pasada el grupo de comunicación Vocento presentó una demanda contra la COPE y Federico Jiménez Losantos por un "acto de denigración de la competencia", ya que el presentador de ‘La Mañana’ pidió a los suscriptores de ABC que se dieran de baja.

Parece ser que Vocento no confía en la fidelidad de sus lectores y teme que escuchen a Jiménez Losantos. Ante la falta de calidad y de convicción, el silencio es su mejor arma; hay que impedir que otros pongan el dedo en la llaga. Las razones del comunicador tulorense las combaten con el poder coactivo que les proporciona el Estado; incapaces de convencer, prefieren censurar. Pero con esta demanda Vocento no sólo demuestra un escaso afecto a la libertad de expresión –algo que debería hacer reflexionar a sus suscriptores liberales–, también a la idea misma de competencia.

Antes de que el paradigma neoclásico corrompiera la mentalidad de los economistas universitarios, la competencia era entendida como un proceso de rivalidad entre las distintas empresas. Las compañías debían servir indeclinablemente al consumidor; su juicio y su opinión eran soberanos.

Había que ofrecer en todo momento los mejores productos para lograr el favor de los clientes. Para ello era necesario tanto proclamar las virtudes propias como destapar los defectos ajenos. El mercado era una garantía continua de que aquellas empresas que estuvieran engañando a los consumidores serían señaladas por las demás.

La vigilancia no era tanto un proceso fiscalizador y coactivo que sometiera las empresas a una inspección del Estado como un flujo informativo, procedente de las distintas compañías, a partir del cual cada consumidor formaba su opinión y elegía en consecuencia.

La mentira, de este modo, no puede un objeto de sanción. Primero, porque si tan evidente resulta que una empresa miente acerca de otra, ésta no tendrá ningún problema para desmontar las mentiras ante sus clientes, ganando así una dosis adicional de credibilidad frente a la competencia. Segundo, porque nadie dispone de un monopolio natural de la verdad, sino que ésta se alcanza a través de la discusión y el contraste de ideas y opiniones.

Las sociedades libres deben respetar la capacidad de elección de los individuos, no sólo en la adquisición de bienes y servicios, también en la formación de opiniones sobre la realidad circundante. El Estado no puede establecer cuál es la verdad por decreto ley, pues ello impide tanto que la verdad aflore a través de la discusión cuanto que los consumidores se formen libremente una opinión.

De ahí que el proceso competitivo y de rivalidad que hemos expuesto cobre especial relevancia en el caso de los medios de comunicación. Los medios deben poder exponer sus ideas y persuadir a la audiencia de que son correctas; la audiencia debe poder escuchar aquellos medios por los que sienta afinidad y, al mismo tiempo, no relacionarse con aquellos medios que les decepcionen o repelan.

Para ello, otra de las funciones cardinales de los medios de comunicación privados consiste en poder informar a sus oyentes de que la competencia está mintiendo, o manipulando, o que, simplemente, ha adoptado ideas erróneas.

Los consumidores no disponen de una información perfecta, tampoco para saber ipso facto que un determinado grupo de comunicación ha pervertido sus ideales. Esta es una información que las empresas de la competencia tienen derecho a destacar, repetir y publicitar al mismo nivel que cualquier otra información, para que, en su caso, los consumidores dejen de acudir al medio que ha dejado de servirles.

De hecho, el paradigma comunicativo de los totalitarismos consiste eliminar cualquier información distinta a la proporcionada por el Estado y obligar a que los individuos interioricen dicha información. Las personas no son libres para evitar que la información estatal entre en sus vidas; no consumen aquello que quieren, sino lo que el Estado quiere que quieran.

Los diversos medios de comunicación se contrabalancean entre sí ante el veredicto rector del consumidor. Al fin y al cabo, las democracias modernas y su tan cacareada separación de poderes (sus pesos y contrapesos) no son más que una mala copia de unas empresas que se vigilan constantemente entre sí para proteger y satisfacer al consumidor.

La demanda de Vocento constituye un auténtico ataque a la competencia y a la capacidad de elección de los individuos: trata de impedir que una parte relevante de la información llegue a sus oídos, no quiere que sean libres para juzgar y decidir, prefiere imponerles su decisión particular. El ataque se disfraza de protección, y la censura de libertad de expresión.

Y es que en el fondo la demanda es contradictoria en sus propios términos. Una de las más claras intenciones de Vocento es denigrar la imagen de la COPE por medio de llevarla a los tribunales, esto es, practicar una "denigración de la competencia" a través de los medios coactivos que le proporciona el Estado. ¿Deberá Vocento presentar una demanda contra sí mismo por practicar las tropelías que imputa a otros?

Sinceramente, no aconsejo tamaña esquizofrenia. La mejor decisión sería la de retirar la demanda y adoptar una posición liberal en contra de la legislación "en defensa de la competencia". Espero que, si Vocento no cambia, los lectores y suscriptores liberales de ABC sí lo hagan.

El erial amazónico

El informe, publicado en la revista Nature, culpa –como no podía ser de otra manera– a la voracidad y el egoísmo humanos, esta vez encarnados en ganaderos y agricultores de soja que deforestan zonas protegidas saltándose a la torera la legislación medioambiental para conseguir jugosos beneficios y favorecer la construcción de carreteras hasta el corazón de la región. Todo un camino que convertirá la selva en un erial.

Se nos bombardea constantemente con este tipo de predicciones catastrofistas. En febrero fueron Groenlandia y la Antártida las que se derretían; en 2100, 50 años después de la desaparición de la Amazonía. Los estudios de la Universidad de Arizona y del Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Boulder publicados en Sciencie aseguraban que en el siglo XXII la Tierra podría ser lo suficientemente cálida para la descongelación general de la placa de hielo de Groenlandia y el colapso parcial de la capa de hielo de la Antártida. Dichos estudios, una comparación de modelos climáticos, uno de hace 129.000 años y otro del próximo siglo, no dejaban nada a la imaginación, salvo, suponemos, el software utilizado.

Este bombardeo continuo no es gratuito; forma parte de un proceso sistemático que ayuda a la supervivencia del lobby ecologista: si el medio ambiente se conservara cada vez mejor, si la degradación se redujera, si la humanidad prosperara, no tendría razón de ser, estaría firmando su propia defunción. Necesita la radicalización del movimiento, el alarmismo, la mentira o la media verdad para seguir vivo, independientemente de cómo evolucionen los ratios que maneja. Apóstatas como Bjorn Lomborg no son bienvenidos, pues desmontan el belén que han creado a lo largo de muchas décadas. En su libro El ecologista escéptico analiza con una visión más racionalista los mismo datos que en teoría manejan las organizaciones ambientalistas, y llega a conclusiones bastante optimistas.

La concepción ecologista del Amazonas es ante todo un mito; es una excusa, una leyenda, Eldorado verde que comprende y "conoce" todo el mundo, el hijo débil y desvalido que tenemos que cuidar y acunar, protegiéndole del mundo exterior. El Amazonas está lleno de mentiras, casi tantas como especies. Quizá la más repetida sea su definición como "pulmón de la Tierra". Es falso que sea el mayor productor mundial de O2.

Deberíamos recordar de nuestra etapa en el bachillerato que todo ser vivo superior respira tomando oxígeno y soltando anhídrido carbónico, el famoso y mal visto CO2. La selva amazónica es un ecosistema donde apenas hay árboles que no hayan llegado a un estado adulto, de forma que el oxígeno que producen al realizar la fotosíntesis es gastado en el proceso de respiración y el balance es prácticamente nulo.

Luiz Inácio LULA da Silva.El principal productor de oxígeno es el fitoplacton marino, especialmente el de la zonas polares y el de las aguas costeras. De hecho, la ciencia no deja de darnos sustos, y una investigación reciente asegura que las masas boscosas son importantes productoras de gas metano, otro de los peligrosos gases del efecto invernadero.

Esto, desde luego, no es óbice para que, desde el Estado, políticos populistas y populares pretendan tomar medidas para proteger tan rica tierra. El Gobierno brasileño, con su presidente Luiz Inácio Lula da Silva a la cabeza, ha aprobado una ley que pretende gestionar su protección con el aplauso de Greenpeace y el rechazo de otros ecologistas. El resultado es tres tipos de terrenos: los protegidos directamente, los destinados al uso comunitario por indígenas y pobladores tradicionales y, por último, los que se concede en forma de parcelas para la explotación forestal limitada a empresas privadas.

Este sistema es una simple concesión estatal, tan susceptible de corrupción como cualquier concesión estatal. Sólo debemos recordar los múltiples casos de corrupción en torno al urbanismo en España, de los que el caso de Marbella es la punta de un iceberg muy arraigado en nuestras tierras. Los precedentes en el Gobierno brasileño tampoco son halagüeños. El mismo Da Silva se ha visto manchado por importantes escándalos en su partido, el PT y su Gobierno. Las clases gobernantes brasileñas no se caracterizan precisamente por su labor impoluta de administración. ¿Semejante precedente invita al optimismo?

La protección del medio ambiente se deriva siempre a lo público y se deja de lado lo privado. La actividad empresarial es la que crea la riqueza, y es la riqueza lo que en último término protege el medio ambiente. Es la propiedad privada lo que favorece la creación de la riqueza. Si una maderera arrasa una porción de selva es porque no es suya, porque sabe que en un tiempo deberá salir de ahí y dedicarse a talar otra concesión. La corrupción, la falta de medios de la Administración, o ambas cosas a la vez, favorecen tal situación. Si ese trozo de selva estuviera en su propiedad, ya se encargaría de no destrozar la fuente de su riqueza. Además, no todos los árboles son susceptibles de explotación, de forma que no todo el bosque desaparecerá. La explotación agrícola y ganadera presentaría más problemas, pero sería el propio mercado el que marcaría las pautas.

Los terrenos convenientemente fertilizados podrían servir para varias cosechas, con lo que nos alejaríamos de la tradicional agricultura amazónica de talar, quemar, cultivar y trasladarse, el siguiente año, a otra finca. En este sentido, la labor de los ecologistas contrarios al uso de fertilizantes no naturales es un factor negativo. Los precios determinarían si la explotación agrícola de las fincas sería rentable o no, y si debería buscarse otro uso que generase la riqueza que se necesita. Las subvenciones a la agricultura funcionaría en este caso como otro factor negativo.

Existen muchas maneras de gestionar la Amazonía, pero la protección y las ayudas financieras sin más no son, desde luego, la solución perfecta, ni siquiera una solución. Como siempre, no es una cuestión de reparto de dinero, es una cuestión de creación de riqueza, y la corrupción de los gobiernos y la visión cerrada de los ecologistas no son ninguna ayuda.

Pobreza Cero

El propósito de dicho concierto era "presionar a los líderes políticos para que cumplieran sus promesas de erradicar la pobreza en el mundo". Para el cantante del grupo La Unión, Rafa Sánchez, se trataba de pedir a los líderes mundiales que "trabajen para que no reine la injusticia ni el dinero por el dinero".

Entre las medidas de este proyecto contra la pobreza mundial se encuentran el incremento de los fondos de desarrollo hasta el archiconocido 0,7% del PIB, un impuesto a las transacciones financieras internacionales (Tasa Tobin), la condonación de la deuda del Tercer Mundo y el cese de las peticiones de reformas estructurales "que impiden a los países pobres ejercer el derecho a decidir sobre sus prioridades y políticas de desarrollo".

Al parecer, estas propuestas buscan avanzar en el plan liderado por Naciones Unidas de reducir la pobreza mundial "por debajo del 15% para el 2015". Sin embargo, de acuerdo con Johan Norberg, esta meta ya se ha alcanzado, incluso superado. Según el autor de En defensa del capitalismo global, "la pobreza absoluta ha caído de un nivel del 44 por ciento en 1980 a un 13 por ciento en el 2000", y "800 millones de personas han salido de la miseria absoluta en 20 años".

Entonces, si el programa ha sido alcanzado, ¿por qué resulta necesario presionar a los políticos y arrancarles medidas urgentes? Probablemente los datos reales no merezcan ser tenidos en cuenta porque la arrogancia eleva al progre sobre el mundo. Es tal su compromiso "social" (sic) que repudia la realidad en su totalidad. Nada está bien, luego todo tiene que cambiar hasta que lo existente sea una réplica exacta del ideal que adoran. Semejante prepotencia sólo puede conducir al más estrepitoso de los fracasos.

Uno de los casos más conocidos es el del comercio internacional. Según la izquierda, la globalización es injusta porque no se rige por "unas reglas justas que [garanticen] un reparto justo y equitativo de sus beneficios". Evidentemente, lo único que consiguen al frenar el avance del libre mercado es empobrecer aún más a los más necesitados.

Bajo un humanitarismo intachable y unas propuestas solidarias late la vieja doctrina marxista de la explotación: los ricos son ricos porque los pobres son pobres. Esta teoría permite explicar todo cuanto sucede en el mundo y, por supuesto, darles el poder en cuanto lo reclaman. Desde las guerras hasta las catástrofes naturales, cualquier hecho tiene una causa que, en último término, se llama capitalismo, carente de todo recurso para defenderse.

De ahí que toda reducción del intervencionismo resulte, a su juicio, errónea, dado que relacionan incremento de pobreza con reducción del proteccionismo.

Analizando este documento de la Alianza Española Contra la Pobreza podemos encontrar esta tesis cuando exigen "el fin inmediato de cualquier presión a los países empobrecidos dirigida a reducir sus aranceles de importación y de la desprotección de sus servicios frente a la inversión extranjera". En ambos casos consideran que la liberalización es causante de "un crecimiento notable de la pobreza". Sin embargo, a nadie se le escapa que, cuando se rompen las cadenas que atan a los seres humanos y se les deja libres, la creatividad se incrementa exponencialmente.

Al mismo tiempo, como ha advertido Cristina Losada, los antiglobalización sostienen otra de las falacias más letales para el desarrollo, a saber, que "la pobreza se combate con ayudas a los gobiernos". Eso sí, son incapaces de apreciar que "la corrupción de los gobiernos africanos les cuesta a sus países la mitad del monto de su deuda externa". ¿Por qué se desenfocan las causas de la pobreza y se ignoran las vías para erradicarla?

En este sentido, no se ha apreciado autocrítica por parte de los colectivos de ONG, quizás porque tienen que lanzar mensajes apocalípticos para seguir recabando fondos.

Una periodista keniata coincidía con dicha opinión al afirmar: "Estas organizaciones nunca mostrarán a la gente que está trabajando duramente en África, esto no son buenas noticias. Sólo interesan las imágenes angustiosas para conseguir que se done dinero. Al mismo tiempo que exponen una imagen de sufrimiento, te dirán: ‘Por dos dólares al día puedes salvar a esta persona durante este período de tiempo’".

Probablemente esto explique su silencio ante las escandalosas sumas que atesoran en paraísos fiscales, entre otros, Sadam Hussein o Fidel Castro.

En un interesante documental se han tomado la molestia de averiguar lo que piden los pobres, y han llegado a la conclusión de que los africanos sólo reclaman más libertad empresarial y menos trabas para trabajar o abrir sus propios negocios. ¿Será acaso porque no creen en que la demagogia les dé de comer?

En lugar de la condonación de la deuda, lo que continentes como África precisan es que no se les dé más ayuda al desarrollo. No sólo es inmoral, ya que los estados gastan de forma irresponsable el dinero de los ciudadanos, además crea dependencia: el país receptor de fondos decide no cambiar las cosas para que todo siga igual y el dinero siga entrando.

Atendamos a la keniata June Arunga: "La ayuda que ha recibido África durante demasiado tiempo representa más del 50% de su PIB. No ha habido una correlación positiva entre la ayuda externa y el desarrollo. La mayoría de los países que han recibido esta ayuda no han experimentado ningún tipo de crecimiento o incluso han padecido una reducción de su PIB".

A pesar del falaz tercermundismo, los anticapitalistas de Pobreza Cero han recibido el apoyo de los intelectuales de salón. Luis García Montero ha pedido públicamente el apoyo para este proyecto, "porque es el único camino para que la humanidad apruebe sus asignaturas más importantes". Por su parte, Javier Marías ha comentado que es un "trabajo de locos" pero imprescindible. "Si nadie lo hace, el mundo será aún más loco".

Dando cuenta de lo reseñado, la terca obstinación de la izquierda es tal que jamás reconocerá algo tan simple como que la defensa de la propiedad privada y de un orden legal que garantice la seguridad jurídica son los medios más eficaces para luchar contra la pobreza. En el fondo, cualquier país puede imitar a Taiwán o a Singapur y dejar la miseria a un lado.

Lo único que se precisa es que los bienhechores voluntarios dejen de organizar conciertos y pedir más dinero para los tiranos e incompetentes gobernantes del Tercer Mundo. Máxime cuando, como dijo P. J. O’Rourke, "dar dinero y poder a un Gobierno es como dar las llaves del coche y una botella de whisky a unos adolescentes". Si semejante idea jamás se nos pasaría por la cabeza, ¿por qué seguir concediendo cheques en blanco a los estados del Tercer Mundo?

El Medicamentazo

Otro buen ejemplo es la “Ley del Medicamento” promovida por el gobierno socialista, aprobada el pasado jueves en el Congreso y pendiente de ser tramitada en el Senado. Esta ley amenaza con estrangular buena parte de la inversión en I+D del sector más intensivo en este campo y que es responsable de cerca del 20% del total de la investigación realizada por la industria española.

El gobierno dice ser consciente del problema de nuestra baja inversión en investigación y desarrollo, situada en torno al 1% del PIB, y afirma tener un plan para elevar esa cifra hasta el 2% en el que se sitúa la media comunitaria. Sin embargo, la ley recoge, confirma y refuerza la alta traición de los parlamentarios europeos contra los ciudadanos aboliendo el derecho de información y publicidad al paciente por parte de las empresas que crean o comercializan las medicinas. Esta medida contraria a toda carta de derechos en occidente y a cualquier principio ético no sólo tiene importantes consecuencias perversas sobre la salud pública sino que además daña la inversión en Investigación y Desarrollo al alargar artificialmente los plazos de recuperación de la inversión y ralentizar la llegada de nuevos fármacos al mercado.

La rebaja forzosa de precios en el marco del sistema de control de precios impuesto unido al nuevo descuento automático cuando los fármacos cumplan 10 años desde su incorporación al sistema público de salud, son una vuelta de tuerca más en el intento de compensar el desastre financiero de la seguridad social con el estrujamiento de los márgenes de beneficios de este innovador sector. Por si todo esto no fuera suficiente para espantar a todo inversor en innovación, la nueva ley fija un nuevo impuesto (“aportación” según la eufemística intervencionista) sobre el volumen total de las ventas realizadas a través de receta oficial del Sistema Nacional de Salud. Una nueva ocurrencia que anima sobremanera a deslocalizar la investigación y llevarla a países donde esta actividad es más querida y respetada.

Todas estas tropelías se ponen en marcha a sabiendas de sus efectos perniciosos sobre la investigación, la salud pública y la cartera del ciudadano. ¿Aparecerá en el Senado algún político que denuncie tanta hipocresía? Por la salud de nuestra sociedad, confiemos en que así sea.

La corrupción es la norma

Los escándalos de corrupción, que a menudo salpican las primeras páginas de los periódicos, tienen la virtud de hacer cada vez más difícil a los políticos y a sus medios de comunicación afines sostener la ficción de que se trata de asuntos excepcionales dentro de unas coordenadas de comportamiento generalmente correctas. Sin embargo, cuando el sistema se sostiene en cimientos ya podridos, lo raro no es que alguien maneje sus engranajes en beneficio propio, sino que haya alguien con capacidad decisoria que no lo haga.

El sistema de pensiones de la seguridad social es un fraude por sí mismo, más allá de que la implicación de alguna representante del petardeo televisivo en un caso puntual le otorgue a éste una relevancia especial. El método de reparto en el que se basa el procedimiento de asignación de pensiones, como es bien sabido, no difiere gran cosa de la conocida estafa piramidal, en virtud de la cual muchos pagan a unos pocos con la esperanza de llegar un día a la cúspide de la figura y empezar a recibir ingresos, aunque lo más normal es que a mitad del proceso todo el montaje se vaya abajo y la mayoría no se convierta nunca en perceptora neta. De hecho, la seguridad social pública ya hubiera implosionado en los estados del bienestar si no fuera por las ingentes inyecciones económicas de los distintos gobiernos.

El penúltimo escándalo, al que nos referíamos, tiene que ver con la supuesta concesión de pensiones de invalidez fraudulentas, algo que sólo puede ocurrir bajo el actual método de reparto, pues si se implantara el sistema de capitalización, de forma que cada individuo se hiciera responsable a través de depósitos mensuales de su pensión futura, nadie podría “robar” a otro su capital mediante partes de baja ficticios como ocurre actualmente.

La prohibición de construir viviendas u otros edificios sin la oportuna licencia expedida por el órgano político correspondiente, es también otro ejemplo de corrupción sí mismo. La maldad intrínseca de este sistema consiste en que no existe seguridad jurídica sobre qué o qué no se puede hacer en un determinado terreno hasta que un político municipal da su visto bueno. Los que piensan de buena fe que es la mejor manera de garantizar un crecimiento urbanístico adecuado, no deben luego escandalizarse de que ocurran escándalos como el de Marbella, pues todo el hormigón construido ha contado con todos los premisos urbanísticos, tanto municipales como de la Junta de Andalucía.

La mejor forma de luchar contra la corrupción no es crear “observatorios” ni fiscalías ad hoc, sino quitar a los políticos la capacidad decisoria sobre asuntos en los que se generan ingentes cantidades de dinero que pertenecen a todos los que pagamos impuestos.

¡Hipócritas!

¿Recuerda cuando salió elegido Zapatero? Dijo que quería "un gobierno que no intervenga en la economía". Desde entonces España ha sido uno de los países más intervencionistas de la Unión Europea. ¿Y cuando acusaban al PP (que menudo otro también) del excesivo control y amiguismo que ejercía sobre las grandes empresas? Llegaron los socialistas y lo primero que intentaron fue destituir al presidente del BBVA, Francisco González. Hacen una reforma del IRPF, según ellos para aliviar al sufrido y maltratado pagador de impuestos, y luego resulta que en conjunto salimos perdiendo. Cuánta razón tenía el escritor y periodista H. L. Mencken hace ya setenta años: todo hombre decente debe avergonzarse del gobierno bajo el que vive.

Apreciados políticos de todos los partidos, menos palabras contradictorias, menos humor sarcástico y más hechos. Déjense de tanto hablar, de tanta maniobra política, amiguismos y pragmatismo "social". España y Europa, ante la imparable globalización, necesitan de medidas radicales y valientes. Ahora competimos con niños que están creciendo (India y China principalmente), y miren los problemas que dan; pero en unos años estos niños van a volverse gigantes que nos van a poder despedazar con una sola mano. ¿Esto es lo que significa la "Europa social"? Y mientras otros países avanzan hacia el libre mercado y poco a poco van despojándose del socialismo, ustedes toman el camino contrario. Están pensando en crear campeones nacionales y europeos, hacen ridículas bajadas de impuestos que no nos van a servir de nada, crean artimañas para satisfacer a los amigos que les han facilitado el poder, piensan en cómo privatizar tal o cual sector pero manteniendo el poder estatal sobre él, conservan una economía gobernada por la burocracia y el dirigismo. Efectivamente, como han dejado intuir en la reunión del Ecofin, el problema son ustedes, no la globalización.

Devuelvan a la gente y al mercado su libertad. La libertad de escoger en una economía no intervenida, libertad para que cada individuo se pueda volver un empresario sin dejar la salud y su dinero, desregulen el mercado laboral para crear la libertad de cambiar y encontrar trabajo cuando a cada uno le plazca, libertad para invertir en cualquier parte y mercado sin que el inversor se sienta apuñalado por Hacienda al retirar su dinero, dejen crecer el ahorro que es el principal factor para la innovación y progreso, den libertad a la entrada de capital extranjero derogando leyes y barreras… En definitiva, dejen de defendernos porque nos están matando. Con libertad, nosotros nos protegeremos mucho mejor de lo que ustedes hayan hecho nunca.

El borrelillo que se muerde la cola

Es la construcción del "nuevo hombre socialista" que se intentó el pasado siglo, llevándose de por medio, nada, a decenas de millones de seres humanos. Los socialistas de todo pelaje guardan todavía esta ensoñación totalitaria, que en España ha tomado la forma de una nueva Ley de Educación: la LOE. El texto habla literalmente de "construcción de ciudadanos", siempre desde los valores de la izquierda.

Siguen la estela del gran teórico de la pedagogía progresista, John Dewey, para quien "la gente debería ser considerada por sus asociaciones, no por sus logros personales". No, nada de logros personales, responsabilidad personal, esfuerzo, superación, auto exigencia. La LOE dice que "la responsabilidad del éxito escolar de todo el alumnado no sólo recae sobre los alumnos y las alumnas individualmente considerados, sino también sobre sus familias, el profesorado, los centros docentes, las Administraciones educativas y, en última instancia, sobre la sociedad en su conjunto".

De nuevo John Dewey: "Cualquiera que haya comenzado a pensar, pone una parte del mundo en peligro". Es más, "la gente independiente y que actúa por sí misma eran un anacronismo para la sociedad colectivista del futuro". Para evitarlo, para "construir ciudadanos" progresistas, la nueva ley prevé una "Educación para la ciudadanía" desde la misma infancia hasta el bachillerato. Por un lado se expulsa en lo posible todo lo que pueda suponer la transmisión de nuestra civilización, con la Religión como primera candidata. Se empequeñece la geografía como se quieren empequeñecer el alma y la perspectiva vital. Y se sustituye por un programa de adoctrinamiento, "Educación para la ciudadanía", al margen y con desprecio de los valores de los padres.

Todo ello es más fácil si la elección de centro está severamente condicionada por el lugar en que vives, y si limitas el número de colegios privados concertados, que se acercarían más a lo que desean los padres. Así se les resta la capacidad de elección. Atados al colegio más cercano, les resulta más difícil escapar a una educación que no es la que quieren.

El problema viene de haber cedido al Estado la gestión de un derecho que pertenece en exclusiva a los ciudadanos. Son ellos quienes tienen el derecho a elegir. Y pueden hacerlo basándose en el "derecho a ignorar el Estado", del que habla Herbert Spencer, y en la "desobediencia civil" de Henry David Thoureau. El derecho es nuestro, y el deber de ejercerlo, también.

Formación del Espíritu Progresista

¿Recuerda cuando salió elegido Zapatero? Dijo que quería "un gobierno que no intervenga en la economía". Desde entonces España ha sido uno de los países más intervencionistas de la Unión Europea. ¿Y cuando acusaban al PP (que menudo otro también) del excesivo control y amiguismo que ejercía sobre las grandes empresas? Llegaron los socialistas y lo primero que intentaron fue destituir al presidente del BBVA, Francisco González. Hacen una reforma del IRPF, según ellos para aliviar al sufrido y maltratado pagador de impuestos, y luego resulta que en conjunto salimos perdiendo. Cuánta razón tenía el escritor y periodista H. L. Mencken hace ya setenta años: todo hombre decente debe avergonzarse del gobierno bajo el que vive.

Apreciados políticos de todos los partidos, menos palabras contradictorias, menos humor sarcástico y más hechos. Déjense de tanto hablar, de tanta maniobra política, amiguismos y pragmatismo "social". España y Europa, ante la imparable globalización, necesitan de medidas radicales y valientes. Ahora competimos con niños que están creciendo (India y China principalmente), y miren los problemas que dan; pero en unos años estos niños van a volverse gigantes que nos van a poder despedazar con una sola mano. ¿Esto es lo que significa la "Europa social"? Y mientras otros países avanzan hacia el libre mercado y poco a poco van despojándose del socialismo, ustedes toman el camino contrario. Están pensando en crear campeones nacionales y europeos, hacen ridículas bajadas de impuestos que no nos van a servir de nada, crean artimañas para satisfacer a los amigos que les han facilitado el poder, piensan en cómo privatizar tal o cual sector pero manteniendo el poder estatal sobre él, conservan una economía gobernada por la burocracia y el dirigismo. Efectivamente, como han dejado intuir en la reunión del Ecofin, el problema son ustedes, no la globalización.

Devuelvan a la gente y al mercado su libertad. La libertad de escoger en una economía no intervenida, libertad para que cada individuo se pueda volver un empresario sin dejar la salud y su dinero, desregulen el mercado laboral para crear la libertad de cambiar y encontrar trabajo cuando a cada uno le plazca, libertad para invertir en cualquier parte y mercado sin que el inversor se sienta apuñalado por Hacienda al retirar su dinero, dejen crecer el ahorro que es el principal factor para la innovación y progreso, den libertad a la entrada de capital extranjero derogando leyes y barreras… En definitiva, dejen de defendernos porque nos están matando. Con libertad, nosotros nos protegeremos mucho mejor de lo que ustedes hayan hecho nunca.