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La mula es una amenaza para la sociedad

El tráfico en esas redes no ha disminuido, y es que el sistema de esta red permite la conexión a toda una gama de servidores que son los que han recibido, con los brazos abiertos, al más de un millón de usuarios de Razorback y sus 170 millones de ficheros compartidos.

Algunos, de hecho, piensan que con estas llamadas al 092, la industria sólo está facilitando la adopción de mejores tecnologías entre quienes ejercen su legítimo derecho a la copia privada. Legítimo hasta que el Congreso, con la aquiesciencia de los amigos de los titiriteros dentro del PP, diga lo contrario. Las demandas a las redes centralizadas como Napster llevaron a los usuarios a emplear redes con múltiples servidores, como el mismo eDonkey o BitTorrent. Después lograron que los creadores de eDonkey cerraran las puertas, lo que llevó a sus usuarios a emplear el muy superior eMule, que además es software libre. Ahora, con el cierre del principal servidor de la red, es probable que muchos usuarios empiecen a emplear la red Kademlia, un nuevo protocolo de intercambio de ficheros incluido en eMule y que no requiere el uso de servidores.

Por tanto, quizá lo más significativo de la detención del responsable de Razorback y la incautación de sus servidores sea el comunicado de los peliculeros. Además de lo que uno podría esperarse, resulta sorprendente que se indique explícitamente que el detenido no controlaba los ficheros que los usuarios intercambiaban, algo que supongo utilizará su defensa, y que incluían "pornografía infantil, instrucciones para la fabricación de bombas y vídeos de entrenamiento de terroristas". Eso les lleva a concluir que Razorback "no sólo era un enorme índice para los usuarios que intercambian archivos ilegalmente; era una amenaza para la sociedad".

Internet es también, claro, una amenaza para la sociedad. Y es que en la red también se producen intercambios de ese tipo de material, de forma minoritaria, pero se producen, sin que nadie controle ese tráfico de información. Siguiendo la lógica de los peliculeros, habría por tanto que cerrarla, que es lo que sospecho persiguen en el fondo. Pero resulta notable que sean tan conscientes de que sus constantes llamados a proteger los derechos de autor no resultan ya nada eficaces y deban recurrir a estas excusas para que su cuesta abajo en el terreno de las relaciones públicas no aumente de pendiente. Quizá terminen concluyendo que es mejor para ellos emplear las redes P2P en lugar de luchar contra ellas, como ha hecho la industria del porno, que no deja de ser irónico que tengan más respeto por sus clientes que las discográficas.

Polonia traicionada

Suele olvidarse con bastante frecuencia que el desencadenante de la Segunda Guerra Mundial fue Polonia. Al menos de la guerra que conocemos, la que terminó por estallar y cuyas consecuencias aún nos marcan. Si Hitler y Stalin no se hubiesen puesto de acuerdo en agosto del 39 para despedazar y repartirse Polonia, esta guerra nunca hubiese existido, quizá otra, años más tarde, con los mismos o parecidos contendientes, pero no la misma.

La guerra comenzó con el objeto de garantizar la independencia de Polonia, violada por la invasión nazi de septiembre y por la subsiguiente ocupación rusa, que es, aún hoy, completamente ignorada. Debido a la duración de la contienda y a lo compleja que se tornó años después, este particular suele pasar por alto, tanto entre los aficionados, como –y especialmente– entre los profesionales de la Historia.

Partiendo de este hecho, choca que, tras seis años de guerra, los aliados fuesen incapaces de velar por la independencia polaca. La desdichada nación del este pasó del dominio nazi al soviético. De un amo vestido de gris a otro vestido de rojo, ambos igualmente tiránicos. El gobierno polaco en el exilio, que se encontraba en Londres, fue apartado y las fronteras redibujadas al antojo de Moscú. Así, por ejemplo, gran parte de la Polonia de posguerra se asentó sobre lo que habían sido durante siglos regiones alemanas.

¿Porqué se permitió esto?, ¿Ni Roosevelt ni Churchill hicieron nada para impedir que Polonia cayese en manos del comunismo? Roosevelt no sólo no hizo nada, sino que contribuyó poderosamente a que Stalin se hiciese con Polonia y con toda la Europa oriental con excepción de Grecia, que se salvó para la democracia gracias a una guerra civil en la que los británicos participaron activamente. Durante el momento decisivo, el final de la guerra, Churchill predicó en el desierto y sus augurios fueron desoídos a un lado y otro del Atlántico.

La traición se consumó en dos movimientos. El primero con motivo de la invasión americana del continente tras el desembarco de Normandía. Las tropas de Eisenhower avanzaron con lentitud desesperante. Tal morosidad dio ventaja a los agentes soviéticos de la Casa Blanca, que consiguieron que Roosevelt se persuadiera de la “bondad” de Stalin. Alguno de estos submarinos del Kremlin llegó a ser honrado con la Orden de Lenin. Esta inacción permitió al Ejército Rojo avanzar hasta el Elba y llegar a ciudades tan occidentales como Viena. En el momento de la rendición alemana las fichas estaban sobre el tablero, y la cruda realidad era que Stalin disponía de soldados en la mitad de Europa.

El segundo se desarrolló al abrigo de la Conferencia de Yalta, en marzo del 45. Se llegó a un acuerdo sobre Polonia dictado por el ministro Molotov, el mismo del pacto con Hitler. Se celebrarían elecciones sí, pero al modo soviético, lo que significaba entregar el país a Moscú. Roosevelt murió un mes más tarde convencido de que había hecho bien, de que Stalin sería generoso. El clásico tonto útil que tan buenos réditos ha brindado siempre a los comunistas.

El sucesor de Roosevelt, Harry Truman, se percató de la jugada soviética en Postdam, pero ya era tarde, en Varsovia habían comenzado las purgas de los políticos polacos no comunistas. Churchill, por añadidura, se había quedado fuera de juego tras perder las elecciones. La guerra fría empezaba en el mismo lugar donde lo había hecho la mundial: en Polonia. En marzo del 46, en la Universidad de Fulton, el ex premier británico pronunció una celebrada conferencia diciendo: “De Stettin en el Báltico, a Trieste en el Atlántico, un telón de acero ha descendido sobre el continente”.

No era ya una profecía sino una triste realidad. Para entonces Stettin ya no se llamaba así, sino Szczecin, y era parte del imperio soviético. Seis años de guerra para nada.

Más ricos de lo que pensamos

Por ejemplo. Si damos el dato de que el PIB por habitante en Chile se ha doblado en los últimos 12 años en términos reales, podemos hacernos una idea intuitiva de lo que ha pasado en ese tiempo: la renta de los chilenos, medida en dólares, es groso modo del doble. Pero la realidad es mucho más compleja que eso. Porque para acercarnos a la realidad hemos descontado la inflación, el aumento generalizado de los precios. Lo que nos interesa es en realidad qué compran con ese dinero. Pero la inflación solo puede captar, torpemente, el precio de los bienes, no la calidad de los mismos. Cuando los organismos públicos hacen una “cesta de la compra” y crean una categoría para productos informáticos, no distinguen entre un 386 y un Intel de doble núcleo, los dos entran por igual en la misma casilla. En realidad, a medida que pasa el tiempo, la mejora tecnológica nos hace la vida más fácil y cómoda y nos permite hacer más cosas que antes, un progreso que se les escapa necesariamente a los esforzados funcionarios que clasifican los bienes y registran los precios.

No es la única razón por la que los datos macroeconómicos son incapaces de captar en toda su riqueza el progreso económico. Dos economistas, Christian Broda y David Weinstein han hecho un estudio ingenioso, en el que se preguntan precisamente si los datos no estarán dando una impresión errónea de los beneficios de la globalización para los Estados Unidos, su país. Ellos han encontrado que en 1972, los Estados Unidos importaban 7.800 tipos diferentes de bienes, cada uno de ellos importados desde seis países de media. Para 2001 los datos son 16.390 tipos de bienes, más del doble, importados de en torno a doce países de media. Es decir, que la variedad en los bienes que importan, como los que producen, se hace cada vez mayor. En consecuencia los consumidores tienen más opciones entre las que elegir, lo que nos ocurre también a nosotros. Cada año se producen bienes que no tienen precedentes. Nada de ello se recoge en un dato macroeconómico.

La insuficiencia de los datos para abarcar el desarrollo económico tiene todavía otro aspecto, que se ve claramente si observamos a los más pobres del mundo. Hay áreas en las que la renta que generan los pobres apenas ha cambiado en las últimas décadas, lo que sugiere un estancamiento que les deja al margen de la prosperidad generada por la globalización. Pero incluso en estas áreas se está produciendo una mejora en la calidad de vida que el PIB no puede captar. Un artículo de Ronald Bailey refería a un estudio que intentaba captar en lo posible cuál es la convergencia real de pobres y ricos en el mundo. Pero hay otros datos que tienen más que ver con las necesidades básicas, como el consumo de calorías, la esperanza de vida, el analfabetismo o la mortalidad infantil. Todos muestran que, lejos de separarse, ricos y pobres en el mundo convergen en la satisfacción de lo más necesario. En definitiva, no sólo estamos progresando, sino que lo hacemos a un mayor ritmo del que nos pueden decir los datos.

¡Viva el capitalismo!

La lista de espera de quienes no consiguen una de las 350 plazas y aguardan con la esperanza de que alguien cancele su participación se ha vuelto interminable. Parece que cada año hay más defensores del capitalismo dispuestos a festejar los logros de su sistema.

La imagen en todas las botellas de champán de un joven elegante de tez blanca, nariz pronunciada, pelo negro y mirada profunda indicaba que esta edición estaba dedicada al gran economista francés del siglo XIX, Frederic Bastiat. Bastiat supo expresar mejor que nadie la naturaleza contrafactual de la ciencia económica recogida magistralmente en su ensayo "Lo que se ve y lo que no se ve". Los liberales suelen dedicar enormes esfuerzos a demostrar que los aparentes logros del intervencionismo esconden e implican la imposible realización de mayores logros a través de la libertad. Sin embargo, son muy pocos los esfuerzos que dedicamos a explicar los maravillosos logros que cada día se consiguen gracias al sistema capitalista y que la inmensa mayoría de la gente toma por descontados sin preocuparse por entender cuál es el marco institucional que los permite. Para defender el capitalismo en ese plano positivo en vez de hacerlo criticando los sistemas liberticidas alternativos intervino Johan Norberg, el flamante nuevo miembro del CNE. El joven historiador sueco narró con pasión algunos de los maravillosos logros de los seres humanos gracias a su participación en el capitalismo global.

Durante unos minutos Norberg logró que los asistentes vibraran y se quitaran el sombrero ante lo que el sistema económico de la libertad ha permitido y sigue posibilitando día tras día. La simple idea de una cena con más de 300 invitados, banda de swing y elegantes trajes y vestidos es inimaginable sin su existencia. De hecho, sin el capitalismo sería impensable que la inmensa mayoría de los asistentes estuviese con vida. Y es que si la esperanza de vida estaba situada hace dos siglos en 25 años, hoy, gracias al capitalismo, ronda ya los 80 en los países en los que este sistema sobrevive entre ataques socialistas y conservadores. Y qué decir de la calidad de esa vida más larga, de la posibilidad de volar de un extremo al otro del planeta, de la maravilla que representa poder hablar con personas que se encuentran a cientos o miles de kilómetros de distancia, del milagro de poder transmitir y compartir todo tipo de información a través de Internet, de la posibilidad de sustituir un órgano enfermo por uno sano, del continuo descubrimiento de nuevos medicamentos, del disfrute de cada vez más tiempo de ocio, de la creación de máquinas que realizan los trabajos más ingratos para la consecución de los más elevados fines, o de la producción de grandes cantidades de energía artificial que permite al hombre dedicar su escaso tiempo al uso de su inteligencia para combinar la materia y esa energía en más y mejores bienes para la satisfacción de las necesidades más valoradas. Nada de eso sería posible sin el capitalismo y qué menos que dedicar un día a brindar por su larga existencia.

El Capitalist Ball es además una ocasión para olvidarnos de los políticos, del intervencionismo, del socialismo, del conservadurismo, de los derrotistas, de los pesimistas, de los aguafiestas y hasta de los liberales acomplejados. El día del capitalismo es la celebración del invento humano fundamentado en las leyes naturales de cooperación social que reporta frutos de incalculable valor a las sociedades de seres humanos que participan de la globalización de la libertad. Tratemos de convertir cada día del año en el día del capitalismo y mostrar al mundo las maravillas que posibilita el sistema económico y político de hombres libres. Por un mundo libre y próspero, ¡viva el capitalismo!

E.On y la Globalización

En el caso de la OPA Gas Natural-Endesa primero ocurrió con Manuel Pizarro, presidente de Endesa, transformando una operación de mercado en un oscuro complot político de los nacionalistas catalanes. Ahora las cosas han cambiado, E.On quiere "opar" a Endesa y salta Gas Natural –que tomó las declaraciones de Pizarro, y con razón, de partidistas– para reivindicar la españolidad de Gas Natural en contra de E.On que es alemana. ¡Por favor!

Pero eso no es todo, el gobierno que tenemos que a la hora de ser dogmático y corto de miras siempre supera a todos los demás, declaró: "algunos han ido a Alemania sin importarles las consecuencias para España y sólo buscando un mayor interés para el accionista". ¿Y quién es España? ¿Yo? ¿Usted? ¿El Tajo? ¿Los Pirineos?

Una empresa no está formada por accidentes geográficos de un país. Las cosas ya no son como en el jurásico-keynesiano-proteccionista donde un país se podía identificar con una empresa, tipo General Motors y Estados Unidos. Ahora vivimos en una economía más móvil y globalizada donde las empresas tienen que cambiar rápidamente para adaptarse a las necesidades de los clientes y accionistas, incluso luchando contra los dinosaurios del gobierno y sus leyes casi feudales.

Pondré un ejemplo. Hewlett-Packard tiene la sede en Palo Alto, Estados Unidos, y a usted le sonará como una empresa americana, pero la realidad es que Hewlett-Packard tiene más de 140.000 empleados en 178 países siendo la mayor empresa tecnológica en casi todos los continentes, y teniendo sus accionistas, altos directivos y proveedores dispersos por todo el mundo. Hewlett-Packard no sólo paga impuestos en Estados Unidos sino en todos los países donde está. Y lo mejor de todo es que si usted aún considera que Hewlett-Packard es americano, tal vez mañana ya no lo sea porque algún holding de Europa, América o Japón compre un paquete importante y la "desamericanice" más.

En un mundo moderno y globalizado los que mandan de verdad son los accionistas y los consumidores, los gobiernos y políticos sólo son estorbos del pasado. Si E.On quiere "opar" a Endesa a mejor precio que Gas Natural y con dinero en efectivo, no como los intercambios de acciones de la gasista, alabada sea E.On. ¿Y que pasa con los dinosaurios histéricos que "piensan" en España y quieren manipular órganos de "expertos" como la CNE? ¡Tranquilos! Que pase lo que pase España seguirá igual: con su Tajo, sus Pirineos…

El gandulazo

Cuando trabajaba en el campo me llamaba poderosamente la atención el gandul de mi pueblo. Sólo aparecía por los rastrojos los días en que había huelga, encabezando el piquete de semovientes defensores de la clase obrera y el coñac 103, que recorría las fincas amedrentando a los que estábamos en el tajo. El tío era (y es) más flojo que la mierda de pavo, pero esos días se dejaba la piel amenazando a los que íbamos a trabajar a escondidas. Se metía tanto en su papel que había momentos en que lloraba, señores, lloraba seguramente dolido por nuestra insolidaridad. Pasada la huelga se metía un mondadientes "king size" en un espacio interdental cualquiera y volvía a su rutina habitual, calentando las sillas de los bares cercanos a su casa en riguroso orden de proximidad.

El gandul endémico, el vago metafísico y el haragán contumaz, forman un arquetipo antropológico que en la España de ZP está llamado a alcanzar su máximo esplendor. Es lo suyo cuando el país lo dirige un señor que hasta la fecha no ha experimentado la sensación que el diccionario de la Real Academia define con el verbo trabajar. Una prueba cercana la tenemos en Alhama de Murcia. Espoleado por el ejemplo presidencial, el gandulazo oficial responsable de esa demarcación se ha convertido en el principal analista del desarrollo económico de la zona. Su experiencia es un aval incuestionable. Es tanta su aversión hacia el trabajo productivo, que detecta inmediatamente a las empresas portadoras del terrible virus. A estos efectos, es como el chimpancé que avisa al resto del grupo con sus gritos cuando se acerca un depredador. Con él al frente de la manada no hay peligro de que el capitalismo amenace la paz espiritual de los alhameños. Este hombre está llamado a los más altos destinos. No me extrañaría nada que en las próximas elecciones se convirtiera en alcalde por el PSOE.

¡Un hurra por los especuladores!

He de admitir que me produce cierto orgullo tener el mismo nombre que el que llevó el primer especulador del que tenemos noticias escritas. José, el más inteligente de los hijos de Israel, vendido como esclavo por la envidia de sus hermanos a los que luego magnánimamente perdonaría, labró su fortuna en Egipto especulando, interpretando los sueños de vacas gordas y vacas flacas del Faraón. José sugirió acumular trigo en los periodos de abundancia en previsión de las carestías que luego habrían de venir. Fue así como Egipto se libró de la hambruna: comprando barato para acumular en tiempos de abundancia y desacumulando para la venta al consumo en los periodos de altos precios sinónimos de escasez.

Cuatro mil años más tarde, un necio (literalmente: el que ignora lo que debería saber) criminal llamado V.I. Lenin fundaba la Cheka (iniciales del Comisariado extraordinario para la represión de la contrarrevolución, la especulación y el sabotaje). Al poco, cuando la previsible hambruna azotó Rusia, el irresponsable tirano se justificaba así: “En la esfera del avituallamiento (…) es preciso confesar que no hemos sabido repartir igualmente nuestros recursos a pesar de ser superiores al año pasado. No supimos prever los peligros de la crisis que nos esperaba en la primavera y nos dejamos llevar a aumentar la ración a los obreros hambrientos. En esto también, es preciso decirlo, carecíamos de base para nuestros cálculos. En todos los países capitalistas, a pesar de la anarquía y el caos inherentes al capitalismo, la base del plan económico es una experiencia de decenas de años, experiencia que puede servir para todos los países capitalistas, puesto que tienen el mismo régimen económico. Esta comparación puede llevar a una ley verdaderamente científica, a un cierto método, a una cierta regularidad. No teníamos nada semejante para nuestros cálculos y es muy natural que cuando tuvimos la posibilidad de dar un poco más a la población hambrienta, no hayamos sabido guardar la justa medida”. cita del Informe sobre la situación interior y exterior de la URSS presentado al X Congreso del Partido Comunista Ruso en marzo de 1.921 reproducido en Fernando de los Ríos: “Mi viaje a la Rusia Sovietista”, ed. Fundación Pablo Iglesias.

Lenin seguía sin enterarse de que cálculo económico capitalista no tiene nada que ver con la “costumbre”. Se explica sencillamente a través del mecanismo de los precios y la especulación. De este modo las cosechas abundantes hacen caer el precio. El precio reducido permite un aumento en el consumo, pero también atrae a los especuladores que constituyen sus reservas. La demanda de los especuladores no sólo tiene el efecto de constituir reservas para épocas más difíciles. Su demanda sirve de soporte y freno a la caída de precios, evitando con ello la bancarrota y el abandono de muchos productores que de este modo podrán seguir abasteciendo los mercados futuros. Cuando la abundancia se torna escasez y el precio aumenta, reaparecen en el mercado los excedentes retirados que ahora son vendidos a un precio superior. Los mercados se estabilizan. Los precios ya no se disparan ante cualquier eventualidad. Es la fábula de la cigarra y la hormiga que tan nervioso parece poner a más de uno.

Seguro que algunos especuladores se equivocarán comprando caro para luego tener que vender barato, reforzando con ello la inestabilidad. Lo bueno es que el mercado será implacable con ellos castigándolos más que a nadie y en primer lugar. Habrán de soportar en sus carnes y en sus patrimonios la totalidad de la pérdida de su especulación. La especulación es un arte: el arte de la previsión, tal y como nos advierte la propia etimología latina de la palabra. Que la especulación haya sido históricamente denostada (junto a la libertad individual o el espíritu comercial) al mismo tiempo por marxistas, anarco-comunistas nazis, falangistas y fascistas sólo la convierte en una actividad todavía más noble.

No soy tan ingenuo como para ignorar que la especulación en ocasiones puede tener efectos desestabilizadores. Pero ya sea en los casos de mercados de divisas, atesoramiento de moneda o materias primas o burbujas en inmuebles o valores, la especulación descontrolada resulta siempre ser síntoma antes que verdadera causa de las enfermedades del sistema económico. Si hurgamos un poco, detrás siempre encontraremos lo mismo: finanzas públicas deterioradas por gastos públicos y déficit desorbitados, inflación galopante, persecución de la propiedad y de los mecanismos más idóneos para preservar el patrimonio o apalancamiento excesivo a corto plazo para financiar las operaciones.

Enron: el capitalismo funciona

Todo el mundo recuerda, siquiera vagamente, el nombre de Enron. Pasó de ser la primera empresa del mundo del sector de la energía, a desaparecer. ¿Cómo pudo llegar a ocurrir algo así? Por el perverso capitalismo, dijeron muchos. La empresa había estado engañando a los inversores, publicando unos beneficios en unas cuentas que, bien hechas, sólo podrían reflejar pérdidas. Y ello para engañar a más accionistas y empresas financieras y obtener de este modo algo más de aliento financiero con que continuar hasta que los tiempos fueran mejores. El capitalismo, las grandes empresas, está basados ambos en el engaño y la falta de respeto por cualquier norma moral, que se corrompe cuando se pone por delante la poderosa fuerza de la avaricia. El capitalismo es e inhumano, y su moral deleznable.

Siempre se puede responder que los ejemplos de empresas que reflejan fielmente sus cuentas son la práctica totalidad de ellas. Y que episodios como el de Enron son en realidad muy escasos, pese a que los críticos del capitalismo prácticamente no vean más allá de ellos. Pero no hay que limitarse a recordarlo. Hay que decir que Enron es la demostración más clara de que el capitalismo funciona. ¿Por qué? Para empezar porque Enron, la empresa que fue objeto de escándalo por engañar a propios y extraños, a sus clientes, proveedores, inversores y fondos, ha desaparecido. Y no a pesar de sus engaños, sino precisamente a causa de ellos, además de la mala gestión económica.

Pero esto es solo el comienzo, porque hay otra doble prueba de las virtudes del capitalismo en este caso, y es la de Arthur Andersen y la SEC. El fundador de la empresa era un hombre estricto en la aplicación de las normas contables, y su celo y honradez fue signo de distinción de la compañía desde 1913. Una reputación que no murió con su creador, en 1947. Leonard Spaceck, que había comprobado que los altos criterios morales de su antecesor eran el mismo fundamento del éxito comercial y económico de la empresa, mantuvo siempre su ejemplo. Un camino que llevó esta pequeña empresa a ser una de las cinco grandes del mercado de la auditoría.

Desde finales de los 80 algo comenzó a cambiar, porque de cuando en cuando se producían denuncias de mal comportamiento, que en otro tiempo hubieran sido considerados inconcebibles. En cualquier caso no parecían suficientes como para erosionar el prestigio asociado al nombre de la empresa, que al fin y al cabo era el de su intachable fundador. Pero el caso Enron pudo con ella. Enron se había embarcado en un engaño fenomenal, y Arthur Andersen no solo no lo denunció, sino que colaboró eficazmente con el fraude, hasta que se hizo de tales proporciones que ya nadie pudo taparlo. El resultado de la actuación de la empresa fue que, en agosto de 2002, entregó la licencia de actividad. Arthur Andersen faltó a su divisa (“piensa claro, habla claro”) y a las normas morales, que son el entramado invisible, pero imprescindible, de la convivencia pacífica, y por tanto del libre mercado. A causa de ello, desapareció. Ninguna empresa querría acudir de nuevo al sello de Arthur Andersen para demostrar la veracidad de sus cuentas.

Pero he hablado de una “doble prueba”. ¿Cuál es la segunda? La actuación pública en este asunto. El Estado tiene la pretensión de ser necesario para controlar a las empresas para evitar casos como el de Enron. Para ello crea chiringuitos como la US Securities and Exchange Comisión, SEC, del que tenemos un ejemplo español en nuestra CNMV. Si falló Enron, si falló Arthur Andersen, también lo hizo la SEC. Pero mientras que las dos empresas han desaparecido dejando atrás no más que historia, la SEC no solo no ha desaparecido, sino que se alegó que su vergonzoso fracaso en el caso Enron ¡era la demostración de que tenía que ampliar sus poderes! Es la lógica de “la verdad es la mentira” que necesita el Estado para justificarse.

La regulación en la telefonía móvil: las antenas

Resulta difícil concebir un sistema de distribución sin los canales adecuados para conducir aquello que necesite el cliente. Así, todo fluido eléctrico tiene su red, todo gas sus tuberías lo mismo que el agua y todo sistema telefónico convencional sus cables. La telefonía móvil también necesita su sistema y esta labor la hacen las antenas que las operadoras van colocando de forma que den la cobertura adecuada a sus compromisos. Sin embargo, y prácticamente desde que se empezó a colocar esta infraestructura básica, se ha generado un rechazo social basado en pruebas al menos dudosas del efecto que estas instalaciones tienen sobre la salud de los ciudadanos. Estamos ante una aplicación más del manoseado Principio de Precaución, una de las herramientas favoritas de los grupos ambientalistas y de las administraciones públicas.

Dice Bruselas que este principio debe aplicarse cuando sea “urgente intervenir ante un posible peligro para la salud humana, animal o vegetal, o cuando éste se requiere para proteger el medio ambiente en caso de que los datos científicos no permitan una determinación completa del riesgo”. La realidad es que tal como esta formulado, todo queda al arbitrio y la voluntad de la administración de turno y en no pocos casos del lobby que la controla.

El quid de la cuestión radica en que para poder transmitir y recibir, las antenas y los terminales usan una parte del espectro electromagnético y que dicha emisión tiene una determinada potencia basada en la distancia entre el emisor/receptor y la antena. Cuanto más corta sea esta distancia menos potencia se necesita. Estas radiaciones no ionizantes, no muy distintas a las que usamos para ver la televisión u oír la radio, son la razón de tantas disputas. A pesar de que según la normativa europea y española, los límites establecidos están muy lejos de los umbrales de peligrosidad, según algunos estudios y muchas experiencias, son las causantes de no pocos casos de cáncer. En España es conocido el caso del vallisoletano Colegio García Quintana, donde varias leucemias fueron achacadas a la proliferación de antenas en los edificios cercanos. Este caso fue en cierta medida el desencadenante español de este rechazo.

Lo cierto es que hay estudios que apuntan a los dos extremos, si bien lo cierto es que no hay nada demostrado con rotundidad y, dado el corto periodo que llevamos usando la telefonía móvil, todavía no se han hecho estudios suficientemente completos, al menos para los más contrarios a este sistema de comunicación. Por poner dos ejemplos recientes, la British Medical Journal publicaba un estudio en el que desmentía la influencia del uso del teléfono en el cáncer cerebral y el director del Instituto de Biología y Genética Molecular del CSIC, Juan Represa, negó que las antenas de telefonía provoquen cáncer. En el bando contrario, el Colegio de Médicos Austriacos desaconsejó hace poco que los niños usasen el teléfono móvil.

Pero más allá de estas cuestiones que, en todo caso, se deberían resolver entre técnicos, especialistas y afectados, las Administraciones Públicas no han podido dejar de meter sus funcionarios en la polémica. Así, movidos por grupos vecinales o ambientalistas, que tampoco han podido resistir la tentación, han presionado para que las antenas instaladas sean retiradas. Aprovechando el vacío legal que existía, las antenas proliferaron en todas nuestras ciudades y muchas asociaciones de vecinos vieron como sus tejados eran alquilados por las operadoras. Los municipios, alarmados, empezaron a sacar bandos y normativas que convertían en ilegales muchas de esas instalaciones. De la noche a la mañana, las telefónicas veían como una ciudad con cobertura la perdía de improviso. Tal es el caso del municipio madrileño de Torrejón de Ardoz que en pocos meses puede ver reducida su dotación a solamente una antena. Sin embargo, otra Administración, en este caso la central, obliga a las operadoras a tener un nivel de cobertura y a unas inversiones y estas dependen de las antenas instaladas. Tal es la naturaleza de la concesión, porque no podemos dejar de recordar que las telefónicas actúan en virtud de unas licencias administrativas.

Estamos por tanto en una paradoja más de las muchas que se generan cuando la burocracia sustituye a la realidad. El Estado impone unas condiciones que el propio Estado se encarga de entorpecer. Se aplica el principio de precaución que en muchos casos responde a intereses electorales y a los que no escapa ningún partido, sea de derechas o de izquierdas. Las operadoras ven como se pierden millones de euros, las asociaciones de vecinos que habían llegado a algún tipo de acuerdo pierden de golpe sus ingresos y los clientes de telefonía ven como de pronto pierden cobertura y calidad en sus llamadas. La regulación y normalización se vuelve caótica ya que las normativas generales no se cumplen en los municipios. Todo este asunto no tiene visos de solucionarse en tanto las Administraciones Públicas y los partidos que las gobiernan tengan un poder de decisión que sólo debería depender de las partes implicadas, es decir empresas y vecinos. Los demás, sobran.

George Orwell en la empresa familiar

Después del Código del Buen Gobierno, ahora le toca el turno a la empresa familiar. El intervencionismo en los negocios no descansa. El proyecto de Decreto Regulador de la Publicidad de los Protocolos Familiares exigirá la exposición pública en el Registro Mercantil de la información confidencial recogida en el protocolo, documento privado de carácter voluntario. De nuevo, otra amenaza a la libertad empresarial.

Las estadísticas sobre la continuidad de empresas familiares en España suelen ser muy preocupantes y hablan por sí mismas: de cada cien empresas constituidas en la primera generación, sobreviven treinta de ellas en la segunda, y en la tercera generación el número de emprendimientos queda reducido a quince. Para evitar esa difícil situación originada por múltiples causas (desidia, corrupción, conflictos) y asegurar la prosperidad de un tipo de negocios que representan al 80 % del tejido empresarial español, surgió el protocolo familiar, útil instrumento de estabilidad en los negocios familiares durante el paso del tiempo, al igual que otras medidas; por ejemplo, los planes de sucesión que orientan la carrera profesional de los mejores candidatos hacia el futuro liderazgo empresarial familiar.

El protocolo familiar es la carta magna de los derechos y deberes para la supervivencia de la familia empresaria. El protocolo recoge los siguientes aspectos, entre otros: ámbito de aplicación, valores familiares, órganos de gobierno, acceso, permanencia y salida de la empresa, compensación salarial, papel del socio y papel del empleado, venta, transmisión y administración de acciones, reparto de beneficios, ayudas a la familia y revisiones periódicas del protocolo. Se trata, por tanto, de un conjunto de disposiciones que aseguran la conservación de la actividad emprendedora. Hay familias empresarias que prefieren que su protocolo permanezca –tras la colaboración de un experto– estrictamente en la intimidad del negocio, como también las hay que eligen que parte de ese acuerdo sea tenido en cuenta por la fe notarial a través de escritura pública para preservar una mayor seguridad jurídica.

Precisamente esta segunda opción (con escritura pública) recuerda los artificios del Código del Buen Gobierno, cuando el citado proyecto gubernamental formula al principio un falso espejismo de voluntariedad para luego exigir nada menos que la publicidad mercantil de los secretos de cualquier empresa: estrategias, reorganización, valoración de acciones en el momento de herencia o donación así como los pactos acordados sobre condiciones para acudir a posibles laudos arbitrales. La confidencialidad queda al descubierto frente a terceros en aspectos claramente sensibles.

Si el decreto prospera, los protocolos acordados sin notario tampoco escaparán a la vigilancia estatal. No deben obviarse situaciones de riesgo moral o de relación de agencia entre los partícipes de un protocolo, sin cuyo consentimiento dicho documento no podrá seguir adelante y que prefieran por motivos poco claros la publicidad registral que el decreto impone. Habrá familias que envenenarán su futuro por causa de la anunciada obligación.

En definitiva, se ha producido un efecto perverso ante la existencia de un pacto privado inspirado en la libertad y basado en el afán legítimo de perfección de negocios que generan prosperidad para muchos durante mucho tiempo. Lo que empezó siendo pura espontaneidad deviene en el enésimo instrumento de intromisión estatal.

¡Quien lo diría! Winston Smith no es sólo aquel funcionario atribulado y perseguido por su disidencia, que George Orwell noveló en "1984", sino también cualquier experimentado empresario que estará –junto a sus descendientes– en el punto de mira de este Big Brother nacido para la ocasión que cada día acorrala un poco más las decisiones empresariales. El Gran Ojo del Estado someterá a consideración administrativa los acuerdos generacionales para provecho propio y de la competencia."La guerra es la paz, la mentira es la verdad", escribía el gran escritor británico. Con el nuevo ucase aparecerá el newspeak en los protocolos familiares: la intimidad es la delación, la confianza es la ingratitud.