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Celebremos San Valentín… o no

Si no ha pasado nada raro, este artículo habrá sido publicado el 14 de febrero, fecha que tiene algunas anécdotas dignas de mención. Financiado por el ejército de los Estados Unidos y desarrollado por el equipo de los ingenieros de la Universidad de Pensilvania, John Presper Eckert y John William Mauchly, ocupando una superficie total de 167 m2 y con 27 toneladas de peso, es presentado en 1946 el ENIAC (Electronic Numerical Integrator And Computer), la primera computadora electrónica digital de propósito general, capaz de resolver 5.000 sumas o 300 multiplicaciones en un segundo. Eran los albores de la informática, que durante unas cuantas décadas estaría más ligada a los intereses del Estado estadounidense que a las necesidades de sus ciudadanos.

En 1879, Chile ocupa militarmente la localidad de Antofagasta, que era la salida al mar de Bolivia, iniciándose la Guerra del Pacífico, también conocida como la Guerra del Salitre, entre Chile y una alianza entre Bolivia y Perú. Como otros tantos conflictos bélicos, tiene entre sus orígenes algún asunto relacionado con impuestos, alteración de tratados, una difusa línea fronteriza e intereses económicos ligados, en este caso, al negocio del salitre. Bolivia había aplicado un impuesto a la chilena Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, violando el tratado de límites de 1874, que impedía la aplicación de tasas a las empresas chilenas. El pleito llevó al presidente boliviano a rescindir la licencia de la compañía y a embargar sus bienes, que puso a remate el día 14 de febrero, día en que los chilenos iniciaron las maniobras militares, lo que llevó a Perú a la guerra, en virtud del acuerdo que tenía con Bolivia. Cuando se puso final al conflicto, en 1884, Bolivia había perdido su salida natural al mar, con las implicaciones que, en esa época, tenía la pérdida de un puerto desde el punto de vista del comercio.

En 1929, en Chicago, se produjo la Matanza de San Valentín. A las 10.30 de la mañana, en un garaje del 2122 de la calle North Clark, cuatro hombres armados con la popular metralleta Thompson, la del tambor redondo (de tiro un tanto impreciso y bastante pesada, todo hay que decirlo), dos de ellos vestidos de policías, acribillaban a tiros a siete hombres, cinco de los cuales eran miembros de la banda de George “Bugs” Moran y los otros dos, colaboradores habituales. Detrás del séptuple asesinato, cuya responsabilidad nunca se ha conocido, parecía estar el líder de la banda rival, Al Capone, que luchaba con Moran por el control de la delincuencia organizada de la ciudad. De fondo, la Ley Seca (Ley Volstead), que se había implantado en 1920, que duraría hasta 1933 y que había dado el marco perfecto para que se corrompiera más el sistema, para que las mafias desarrollaran prácticas delincuenciales que usarían después de 1933 para otras prohibiciones estatales, para que hubiera una importante rebaja en la cantidad y la calidad del alcohol vendido, llegando a matar o provocar daños a muchos de sus consumidores, además de encarecerse a niveles nunca antes vistos. La Prohibición tuvo su base moral en movimientos sociales, como el Movimiento por la Templanza, que intentaban, en este caso, arrancar a las personas de la perdición y el pecado, ligados al consumo excesivo de bebidas alcohólicas. Este hecho muestra dos cosas que no han sido bien comprendidas por algunas personas.

La primera es que las prohibiciones estatales sobre servicios y productos demandados, además de generar un mercado negro, crean serios problemas sociales ligados a la represión y al incremento de la violencia y la delincuencia, favoreciendo el crecimiento y la sofisticación de organizaciones mafiosas, además de reducir la calidad de los productos y servicios (obviamente, al estar fuera de la Ley, no hay regulación estatal y la interna, de haberla, es coyuntural e incierta), además de encarecerlos. Los daños provocados por la Ley Seca aún se sufren en el mundo, pues estas mafias evolucionaron y se adaptaron con sus mejorados sistemas. Hoy por hoy, controlan los estupefacientes prohibidos, controlan la prostitución no voluntaria y el tráfico de personas o de armas entre la multitud de conflictos que existen. La segunda es que un mafioso no es un empresario. Es un sujeto que usa la violencia para conseguir sus objetivos y que se mueve al margen de la Ley. No lucha por legalizar lo que le da sus ingresos, sino que trata con el sistema para que este no le perjudique y, si es posible, sí lo haga a su competencia. Es un sistema que aspira al monopolio violento y que, en algún caso, tolera el oligopolio, que siempre es inestable. Tiende a eludir la moral más básica (buscando su beneficio a toda costa), lo que provoca que su propia vida esté en peligro en todo momento, así que no le duelen prendas en usar la fuerza para conseguir sus fines. Un mafioso y un pirata se parecen mucho en sus formas y objetivos; ninguno de ellos es un modelo de conducta y ambos se aprovechan de los modelos estatales que limitan la oferta. Tampoco se puede decir que sean consecuencia del sistema del Estado, pues ellos mismos pueden favorecer este tipo de legalidad tan provechosa, sino más bien son consustanciales al sistema. Son como los empresarios que surgen en torno al Estado de bienestar.

Hasta aquí, algunas de las efemérides de este día tan señalado en el calendario, no por los ordenadores, ni por las guerras, ni por la violencia mafiosa, sino porque muchas parejas del mundo se dan un homenaje romántico y salen a cenar, se regalan detalles o lo celebran de una manera, digamos, más íntima. Quedándonos en la parte comercial, San Valentín es una de las fiestas que molesta a progres y no tan progres, pues consideran que es una celebración totalmente comercial y que favorece el consumismo, del que dicen que es un vicio capitalista, neoliberal y no sé qué cosas más, todas muy feas. Tienen razón, es consumista en el sentido de que la gente hace un gasto y se da un homenaje. ¿Es innecesario? Sí, seguramente en las mentes de los críticos lo es, como contratar Netflix o tener un móvil multimedia de ultimísima generación y muy caro. Quizá ellos, los críticos, no vean innecesario el regalarse por los cumpleaños, pero visto con austeros ojos, lo es. Lo mismo que celebrar las bodas de oro, regalar por Reyes o en Navidad (aunque en este caso, también hay críticos que sólo celebrarían la parte religiosa de la fiesta y se ahorrarían las otras, muy en la línea de los grupos que querían acabar con el uso del alcohol en los años diez del siglo pasado). ¿Es hortera San Valentín? Posiblemente, a mí me lo parece y mucho. ¿Se deben prohibir las cosas horteras? Pues no. Eso de hortera es muy subjetivo. Si fuera así, entraríamos en el negocio de la alta costura y la moda y no dejaríamos títere con cabeza. Hay gente a la que le molesta especialmente Halloween, porque choca frontalmente con el Día de Todos los Santos, que es una cosa más tradicional y, sobre todo, cristiana, mientras lo otro es muy pagano y extranjero.

El progresismo y el conservadurismo están llenos de normas, pero sobre todo, de prejuicios y de visiones muy negativas sobre lo que no son sus modelos morales, éticos y de relaciones sociales. El progresismo, que es más proactivo (siento el uso de la palabra), suele ser más dado a maniobrar para acabar con las normas, tradiciones y prejuicios que no tolera. La ingeniería social ha desarrollado sistemas que atentan directamente, sin ambages, contra los derechos más fundamentales, la vida y la propiedad de los reprimidos. El conservadurismo es más reactivo y suele moverse cuando le pica, lo que no implica que tenga en sus manos grandes herramientas de destrucción que puede usar. Las iglesias cristianas tienen una gran tradición cargándose formas de vida ajenas a su modelo (sí, he puesto iglesias, no Iglesia, porque la católica puede llevar más tiempo, pero las cristianas no católicas han sido tan brutas o más que la primera), así como el islam, que sigue mostrándose especialmente brutal a la hora de reprimir comportamientos indeseables en muchas partes donde tiene poder o influencia.

Volviendo a San Valentín, no creo que sea una fiesta más consumista que un cumpleaños o un viaje vacacional. Quizá el problema radique en que lo hace mucha gente al mismo tiempo y quién lo promueve. El consumismo no es una cosa capitalista y liberal, pese a que muchos lo piensen; el ahorro sí que lo es, y el control sobre lo que se gasta, consume o invierte, pero nunca gastarse el sueldo en cosas de uso inmediato y placer efímero. Eso me resulta mucho más progresista que liberal o conservador. Sin embargo, lo importante es que consumir en San Valentín es libre y voluntario (sí, ya sé, alguno piensa que no, que si no lo hace, su pareja le canta las cuarenta y le deja sin postre durante varios meses, pero ese es otro tema). El problema es que a progresistas y conservadores les gusta o intentan imponer sus sistemas de vida. Hoy prohíben la carne, ayer, la grasa y el azúcar y, un día de estos, prohibirán celebrar los días que consideren comerciales. Así que, querido lector, siéntase libre de salir por San Valentín, incluso derrochando, y aténgase a las consecuencias, sean las que sean, pues eso también es muy liberal: asumir las consecuencias de los actos propios.

La corrupción de la ciencia: el caso ‘Dopesick’

Dopesick ha sido uno de los éxitos televisivos de fin de 2021. Empecé a ver esta serie con una vaga idea sobre su contenido, que presumía, correctamente, relacionado con el consumo de opiáceos en los EEUU: un fenómeno que parece haber tomado una dimensión epidémica.

La historia que nos cuenta Dopesick me parecía increíble por caricaturesca. Tenemos a todos los personajes del folletín: el malvado empresario que no repara en nada para incrementar sus beneficios, la burocracia estatal más o menos cómplice, un creciente número de personajes marginales afectados que a nadie preocupan, y, por supuesto, dos o tres funcionarios heroicos luchando con todas sus fuerzas pero con escasos medios, contra la pérfida empresa.

De hecho, asumía que era una especie de docudrama narrando la gestación de la “epidemia” del opiáceo, con personajes figurados. Hacia el tercer capítulo, Internet me sacó de dudas. De docudrama, nada: los hechos que se nos cuentan son reales, posiblemente sacados de los testimonios de algunos de los involucrados. Vamos, que Purdue Pharma existe, como también existe su medicamento estrella Oxycontin, y como supongo que son reales los casos de afectados que selecciona la serie y seguramente lo serán las estadísticas de víctimas.

Una vez constatada la realidad de los hechos y los devastadores efectos que la comercialización del fármaco ha tenido en los Estados Unidos, la cuestión para mí pasa a ser otra: ¿se pueden prevenir estas situaciones en un mercado libre? ¿O realmente es necesaria una agencia centralizada que condicione y llegue a impedir la venta de medicamentos, como es la FDA en los EEUU?

La propia serie nos aporta una respuesta a esta última pregunta al contarnos los intentos de Purdue Pharma por entrar con el fármaco en Alemania, algo que la homóloga teutona de la FDA impidió. Así pues, la respuesta podría ser que una FDA que funcione sin corrupción, o sea una FDA ideal, sí sería una buena forma de prevenir este tipo de daños causados por la avaricia de un empresario.

Sin embargo, aun siendo el tema apasionante, y seguramente más digno de análisis que el que me propongo tratar, no es de esto de lo que quiero hablar. En su lugar, me enfocaré más en el papel que la “ciencia” y los científicos parecen haber jugado en el desastre1.

El aspecto fundamental para que se permita la comercialización masiva de Oxycontin es su riesgo de generar adicción. Las dudas expresadas por muchos de los personajes son lógicas, habida cuenta de su derivación del opio, una sustancia tremendamente adictiva, adicción que además es física, de ahí que sea mucho más complicado desengancharse de este tipo de drogas que lo es de otras como la cocaína.

La cuestión de si Oxycontin tiene un alto riesgo de adicción es algo que se puede estudiar científicamente, y cabría esperar la existencia de numerosas investigaciones al respecto, con anterioridad a su lanzamiento. Así es: en la formación de los vendedores, en la documentación presentada a la FDA para su aprobación, en los folletos que acompañan al fármaco, se da un número, menos de un 1 por ciento de adicciones, procedente de una publicación científica. Ese tanto por ciento se extiende como la pólvora, llegando a la mismísima universidad. Se enseña a los futuros médicos americanos que Oxycontin tiene menos de un 1 por ciento de riesgo de causar adicción cuando es usado debidamente, y numerosos investigadores citan en sus artículos la referencia seminal.

Es un uno por ciento incuestionable. Sin embargo, dos de los héroes antes aludidos, que no científicos sino ayudantes de fiscal, bucearán por las publicaciones hasta encontrar dicho artículo. ¿Qué encuentran (y ojo que viene spoiler)? Una carta de unas 5-10 líneas en que un director de un hospital concreto, en respuesta a otro artículo de la misma revista, proporciona un dato basándose en la experiencia de pacientes tratados internados en dicho hospital. Ese dato es el conocido “menor del uno por ciento”. El propio autor de la carta, que no artículo de investigación, se quedará anonadado al constatar el éxito que ha tenido su publicación, a la que ni él mismo considera remotamente científica.

Pero, claro, esa carta en una revista académica, contenía un dato que era muy interesante para el negocio de Purdue Pharma. Así pues, había puesto cantidades ingentes de recursos para expandir el alcance de la misma, y se había abierto hueco entre otras investigaciones similares, aunque de resultados contrarios, que carecían de recursos análogos para su difusión. Y es que la verdad no se difunde por sí misma, necesita recursos para propagarse, aunque ciertamente menos recursos que las mentiras, lo que es su única ventaja.

Las verdades y mentiras científicas no dejan de ser memes que se difunden entre nuestros cerebros, y cuya difusión tiene un coste. No podemos retener ni reproducir todos los memes con que nos tropezamos en nuestro día a día, y solo un porcentaje muy exiguo de ellos consigue sobrevivir. Evidentemente, en la medida en que se dediquen más recursos a la propagación de un meme, más probabilidades tendrá de sobrevivir y reproducirse. Y eso es lo que hacía Purdue Pharma con los memes cuya existencia les convenía. No es éste el único ejemplo que nos muestra la serie, aunque sí el de más devastadoras consecuencias.

En otro momento de la comercialización (y tendréis que disculparme si yerro en la explicación médica de lo que cuento), ocurre que pacientes y médicos se quejan de dolor al tratar de retirar el tratamiento. Eso puede dar al traste con los planes de Purdue, ya que en el fondo no es más que un indicio claro de la adicción que genera.

Afortunadamente para los intereses de Purdue, encuentran a un “científico” que postula que dichos efectos son una modalidad de “breakthrough pain” (padecido por enfermos de cáncer) y que la solución es incrementar la dosis y prolongar el tratamiento. Incluso a los legos en medicina nos parece una solución extraña. En todo caso, lo que dice el científico ad-hoc le viene de maravilla a Purdue. Y aunque pudiera haber otros mil científicos diciendo que eso es una burrada, los recursos de la farmacéutica se dedicarán al promocionar el meme científico que les interesa a ellos, acallando completamente cualquier voz discordante.

Podemos dar hasta el beneficio de la duda al científico convencido de su descubrimiento. El problema es que nunca sabremos si fue una conveniente convicción para forrarse cobrando de Purdue Pharma durante una temporada. Y tampoco me cabe duda de que no haberlo dicho uno convencido, hubieran encontrado a otro menos convencido pero más acomodaticio. O sea, que es muy difícil evitar que este problema se suscite.

Expuesto el problema, lo suyo sería proponer soluciones. Pero me temo, ay, que no las tengo. Para mí es tan desolador como para cualquiera que una comunidad científica tan activa y bien dotada como parece ser la farmacéutica, fuera incapaz de eliminar la validez de la aseveración científica de Purdue Pharma sobre el riesgo de adicción del OxyContin (ese 1%) mucho antes de que se desencadenara la catástrofe.

Nadie fue capaz de contrastar el dato, que se adentró sin obstáculos por todos los ámbitos académicos en que tal exigencia hubiera sido esperable. ¿Quién tenía que contrastarlo si no? ¿Los usuarios? ¿Los doctores en su práctica, tienen ellos que contrastar las bases científicas de todas las medicinas que prescriben?¿Las tiendas de medicamentos? ¿Era quizá la FDA?

En esencia, la pregunta está ahí: ¿de qué forma un mercado libre hubiera prevenido la ocurrencia de Oxycontin? O planteado de una forma más realista: ¿cuáles son los mecanismos del mercado libre para atenuar las consecuencias de tal suceso, aceptando que es imposible prever su ocurrencia?

1 Mi análisis se limita a los hechos que recoge la serie y cómo están allí contados. No he realizado ninguna investigación adicional.

Bitcoin, dinero y mercancías

En el artículo de hoy voy a tomar como punto de partida el debate ¿Puede el Bitcoin llegar a ser dinero? que mantuvieron Eduardo Blasco y Paco Capella en esta casa. Yo estoy en el bando de Paco pues creo muy improbable que Bitcoin llegue a ser dinero debido a su volatilidad. Además creo que esta volatilidad es inherente debido a su estricta inelasticidad, tal y como está explicado aquí y que no podría ser corregida con sustitutos monetarios por la razón que explica Paco, y es que daría lugar a una pirámide invertida donde el valor de su base es cada vez menor en términos relativos con respecto al resto de la pirámide, volviendola insostenible a medio plazo. 

Y digo que tomo el debate como punto de partida porque lo considero poco productivo por ya superado y creo que desde un punto de vista de teoría del intercambio sería más esclarecedor centrar el debate alrededor del carácter de mercancía de Bitcoin, y no en su posibilidad de ser dinero. La narrativa del “oro digital”, en el sentido del uso actual del oro que claramente no es dinero generalmente aceptado, ha estado presente desde el comienzo de Bitcoin aunque inicialmente tuviera menor peso que la narrativa de dinero. 

La narrativa de oro digital fue cobrando mayor relevancia según transcurrieron los años, enfrentándose a la narrativa del uso como dinero hasta que en 2017 llegó el cisma insalvable entre estas dos narrativas (Bitcoin vs. Bitcoin Cash) y se sometió al juicio del mercado. Los defensores de Bitcoin proponían que si en un futuro se utilizase Bitcoin como dinero, esto debería hacerse en capas superiores, tal y como anticipó Hal Finney aunque él no pudiera predecir en aquel momento un sistema como Lightning Network.  Los defensores de Bitcoin Cash proponían que debería ser en la capa básica aumentando el tamaño de bloque. 

Pues bien, a día de hoy Bitcoin Cash a pesar de tener bloques más grandes procesa menos de una cuarta parte de transacciones de las que procesa Bitcoin. ¡Y eso sin contar las transacciones en Lighting Network de Bitcoin!. Y teniendo en cuenta que Bitcoin es un activo de bajísima velocidad, que Bitcoin Cash tenga una velocidad aún menor es un fracaso sin paliativos. Como detalle adicional, si Bitcoin Cash tuviera adopción como dinero, es decir que muchísimas personas se hubieran lanzado a demandar un saldo de tesorería, eso debería haber sostenido su valor, y sin embargo el valor de mercado de Bitcoin Cash no llega ni al 1% del valor de Bitcoin. 

Además, Bitcoin Cash no soluciona el problema de la volatilidad. Tanto los proponentes de Bitcoin Cash, como aún muchos defensores de Bitcoin como el propio Eduardo Blasco (y en cierta medida yo mismo hasta hace no demasiado tiempo), creen que la adopción resultará en una volatilidad que podría ser inferior al oro o a las actuales monedas fiat. Esto está relacionado con un comentario en el turno de preguntas sobre la “confianza transversal”, que en mi opinión es un concepto profundamente equivocado que ya refutó Menger como explico aquí. El dinero no es dinero porque se llegue a algún consenso para aceptarlo y entonces adquiere las cualidades necesarias para ser dinero (invariante de valor, etc). Es totalmente al revés, se llega a utilizar generalizadamente porque el mercado descubre que tiene buenas cualidades para serlo.

La inelasticidad de Bitcoin, y más concretamente su oferta determinista, impide que sea estable. Da exactamente lo mismo que Satoshi hubiera decidido una emisión permanente del 2%, pues al ser información cierta se descontaría en el precio actual y estaríamos en las mismas. Satoshi ya reconoció expresamente que en ese sentido Bitcoin estaba desconectado de la realidad, pues no sabía como implementar de ninguna forma que el sistema obtuviera la información sobre las variaciones de la demanda, y que por eso se decantó por una oferta fija. Yo creo que hizo bien Satoshi porque era la opción más simple, y cualquier otra habría introducido más complicaciones para no solucionar nada.

Menciona Paco Capella a JP Koning. Un economista especializado en teoría monetaria muy interesante al que sigo en twitter y en su blog, y con quien he tenido la oportunidad de intercambiar opiniones. Creo que el enfoque de Koning es innecesariamente dicotómico en dos sentidos. En un primer sentido, no veo que haga falta un armagedón económico para que Bitcoin sea útil como activo de confianza minimizada (trust minimized). El coste de la confianza ni es cero ahora ni sería infinito en un armagedón, es un gradiente. Y en un segundo sentido, como Bitcoin no es dinero para Koning ni cree que pueda serlo por su volatilidad, ni tampoco tiene valor de uso, entonces considera que solo puede ser un activo especulativo o un juego tipo lotería o concurso de belleza keynesiano. Koning no entiende o no contempla la teoría de la mercancía de Menger donde el instrumento en cuestión pueda ser una mercancía, pero no la más líquida.

Quisiera además insistir en que la idea de mercancía surge para satisfacer la necesidad de intercambiar y se caracteriza por tener valor de cambio. No hay intercambio sin mercancías ni mercancías sin intercambio. Que el concepto de mercancía se descubriera históricamente sobre el soporte del valor de uso no cambia que lo esencial de la mercancía sea su valor de cambio, y por tanto el valor de uso sea accesorio o circunstancial. El valor de uso no es condición necesaria ni mucho menos suficiente para que una mercancía sea una mercancía.  

Por tanto, Bitcoin es una mercancía que además es un activo real. No es ningún activo financiero. Los activos financieros tienen algún riesgo de contrapartida al estar su existencia y valor necesariamente vinculada al comportamiento de una entidad, persona o grupo de personas muy concreto, y este no es el caso de Bitcoin. 


Por otro lado, la oferta determinista de Bitcoin supone una desventaja enorme para que pueda ser dinero, pero podría ser una ventaja para ser una mercancía de confianza mínima. Quiero enfatizar “podría”, en condicional, porque no tengo ni idea de si el mercado a la larga va a valorar esta oferta determinista. En el caso de que  esto fuera así, Bitcoin podría actuar como punto focal, que es un concepto distinto al de efecto red y al de first mover. Esto implicaría que cualquier oferta adicional sería rechazada a la larga, venga esa oferta adicional desde dentro de Bitcoin como propuesta de modificación de su emisión, o desde fuera en forma de otros activos reales digitales al portador. Carácter “real” que por cierto casi ninguna del resto de criptomonedas tiene, y que, sorprendentemente, y salvo contadísimas excepciones prácticamente ninguna pretende tener si nos ceñimos a los hechos. 

Para ir concluyendo voy a analizar algunas cuestiones concretas que se comentaron en el debate:

“Bitcoin es un activo de confianza cero”. No creo que ningún proponente serio de Bitcoin sostenga tal cosa. En todo caso se puede decir que es un activo de confianza minimizada.  

“Bitcoin no escala”. Es cierto para la capa básica, pero no tanto para capas superiores. Independientemente de que igual no es necesario que escale demasiado, sí que puede escalar en capas superiores manteniendo razonablemente esa confianza mínima con protocolos tipo Lightning Network (LN). Para recuperar tu saldo de un canal LN no necesitas que participe el otro usuario. Otra cuestión es venderle algo y que no te pague. Pero eso no es un riesgo del instrumento en sí sino de los intercambios en general, que puede pasar exactamente igual en la capa básica de Bitcoin o al hacer un pago al contado con cash o con oro. 

“Bitcoin no es inconfiscable”. En esto sí estoy de acuerdo. Se podría decir que es difícil de confiscar debido a que, entre otras cosas, funciona al margen de los contratos y las leyes tradicionales, que actualmente controla el Estado. Las reglas de Bitcoin no se fundamentan en el uso de la fuerza, son más bien como las reglas que sirven para identificar el oro puro o sumar dos más dos, es extremadamente difícil que alguien las pueda manipular en su favor por muy poderoso que sea. 

Sobre la lentitud de Bitcoin, es importante tener en cuenta que el propósito fundamental de la cadena de bloques es enviar una señal honesta de tiempo y no tanto transmitir un flujo de transacciones. Por eso Satoshi utilizó el término Timechain, nunca habló de Blockchain. Mientras alguien no invente algo mejor, los bloques han de ser necesariamente pequeños para que la señal costosa y supuestamente honesta de la prueba de trabajo sea realmente una señal. Esto es así porque los bloques grandes limitarían el alcance de la señal a sólo personas que tengan equipos y ancho de banda muy costosos. Y si tú no puedes verificar la señal por ti mismo, ya tendrías que confiar en terceros que la verifiquen por tí. Y si tienes que confiar en terceros, pues para ese viaje no hacía falta tanta alforja.

Proof of Stake no solventa el problema, pues al tratarse de una garantía financiera no se trata de un coste inherentemente irrecuperable. El validador podría cubrir su posición con instrumentos derivados de manera que hacer trampas o molestar no tenga un coste para él. Además, los validadores que ya vendieron sus monedas pueden intentar un ataque del 51% arrancando una nueva cadena desde la fecha en que eran propietarios y por tanto el intento no puede tener ningún coste para ellos. Sería un ataque rechazable porque una nueva cadena muy retroactiva sería percibida como grotesca, pero dado el nulo coste del ataque podría perturbar mucho, y durante mucho tiempo, el funcionamiento normal de la red. Que Ethereum esté retrasando durante años y años su transición al Proof of Stake no es casualidad.

Por último, creo que tiene razón Paco al decir que algunos “hodlers” se comportan como una secta y además su discurso de no vender nunca es algo incoherente con su perspectiva de hiperbitcoinización. Ahora bien, se puede ser hodler con la simple perspectiva de que Bitcoin sea una mercancía valiosa, no necesariamente la más líquida. Creo que los hodlers fanáticos de la hiperbitcoinización no se dan cuenta que el hecho de que una mercancía sea dinero o no, no es necesario para que valga más. El oro no se desplomó, ni mucho menos, cuando dejó de ser dinero. 

¿Llega tarde la Fed?

El pasado 30 de enero, el presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, declaraba que quizá fuese un buen momento para retirar la pablara “transitoria” de la descripción de la inflación actual y tratar, por lo tanto, de dar una explicación más acertada de la situación. Hasta ahora, la supuesta transitoriedad de la inflación había sido el principal argumento esgrimido por la Fed a la hora de defender la continuación de su hoja de ruta de política monetaria expansiva y la persistencia de la misma en un momento de notable recuperación económica y elevada inflación, especialmente en el caso de EEUU.

A lo largo de la Historia hemos podido observar cómo la pérdida de control sobre la inflación por parte de los bancos centrales (no es el caso de momento) produce daños tanto políticos como económicos, ya que una vez se desanclan las expectativas de inflación y se entra en una espiral de salarios-precios, la dureza de la política monetaria contractiva necesaria para devolver las tasas de inflación a cifras cercanas al objetivo suele generar una recesión, con el consecuente coste político de la misma. No son pocos los economistas que consideran que hoy en día la Fed está actuando tarde y que esto podría derivar en una pérdida de control sobre las expectativas de inflación que llevasen al desanclaje de las mismas.

Por otro lado, muchos otros economistas (como es el caso de Krugman frente a Larry Summers) consideran que la inflación en EEUU aún se puede considerar transitoria y que, por lo tanto, no hay motivos suficientes para reclamar un viraje de rumbo radical de la política monetaria, sobre todo en un momento en el cual podría truncar la recuperación económica -según Krugman-. El hecho de que la inflación sea o no transitoria no depende exclusivamente de la evolución de los precios en determinados mercados o del agregado de estos, sino de las políticas que se estén desarrollando y planeando aplicar en un futuro cercano, considerando el efecto que estas podrían tener sobre la evolución del nivel de precios, junto a shocks que puedan surgir por el lado de la oferta.

Uno de los riesgos que personalmente observo es que, hoy en día, y en el entorno de política monetaria actual, cualquier shock adicional que afectase a los precios encontraría un mecanismo de transmisión rapidísimo, al no estar activado en este momento ningún cortafuegos frente a la inflación. En el caso de EEUU, además, con la situación presente de su mercado laboral, sería más fácil que nunca que un shock de oferta negativo adicional redundara en un desanclaje de las expectativas de inflación y activara la espiral de salarios-precios anteriormente mencionada.

Una situación como la descrita no sería de extrañar, sobre todo en un momento en el que los niveles de consumo real en EEUU han vuelto a la tendencia pre-pandémica, según datos del Institute for International Finance (2022), debido principalmente a los programas de estimulo fiscal masivos llevados a cabo por el Gobierno. Además, la inversión, tanto corporativa como residencial se halla en niveles muy altos, sosteniendo una tendencia de crecimiento fuerte y constante, lo que hace que la recuperación del gigante norteamericano sea sin duda la más fuerte de entre los países desarrollados.

Tal y como he comentado anteriormente, la situación de tensión del mercado laboral norteamericano es también uno de los principales factores a estudiar a la hora de extraer cualquier conclusión acerca del futuro cercano de la inflación. Variables como la tasa de actividad, la tasa de empleo o el número de desempleados por puesto de trabajo disponible están registrando las mejores cifras desde hace muchos años, superando la media desde el año 2001. De hecho, la propia Fed es consciente de ello, ya que reconoció hace relativamente poco que se estaba cumpliendo con el objetivo de maximización del empleo, dando lugar ahora a centrarse más en la tarea de estabilización de la inflación.

Al inicio del presente artículo comentaba que uno de los principales temores de los bancos centrales en todo mundo y especialmente en EEUU es que un rápido incremento de la tasa de inflación cause un desanclaje de las expectativas de los agentes económicos y de lugar a una espiral salarios-precios. Pues bien, a este respecto podemos observar que el incremento en ingresos nominales en EEUU para los trabajadores sitúa la compensación total a los mismos en niveles previos al año 2020, aunque si bien es cierto, en términos reales dichas ganancias se situaban en diciembre de 2021 más de un 3,5% por debajo de los niveles previos a 2020.

El factor que está causando que un incremento tan elevado de los salarios no esté generando suficientes ganancias en términos reales para los trabajadores no es nada más que la inflación. Esta llegó a alcanzar el 7% anual en EEUU, siendo la cifra más alta en más de 40 años, con la inflación subyacente alcanzando cifras nada despreciables como es el 5,5%. Además, si analizamos por componentes, tal y como muestran los datos del Institute for International Finance, la inflación supera el 2% en más del 70% de los productos de la cesta del índice.

En este sentido, es posible que a lo largo de los próximos meses veamos una ralentización del crecimiento de la inflación de ciertos bienes, debido a incrementos de oferta en determinadas industrias que ayuden a resolver la tensión actual en muchas cadenas de valor. Aún así, con los presentes niveles de inflación y siendo esta una tendencia cada más generalizada y extendida a casi todos los sectores de la economía, podría no ser suficiente para que la inflación volviera a sus niveles de objetivo medio.

Aunque la Fed ya haya anunciado una finalización escalonada de su programa extraordinario de compra masiva de deuda a causa de la pandemia, aún mantienen activos otros programas de compra de activos y los tipos al 0,25%. En otros países se puede argumentar que las causas de la inflación actual son puramente de oferta, pero este no es el caso de EEUU donde los niveles de consumo se hallan en máximos desde 2019. Por ello, la Fed debe recalibrar su política monetaria y situar el control de la inflación como su principal prioridad durante los próximos meses.

No cabe duda de que la senda marcada por la Fed para los próximos meses es definitivamente contractiva en lo referente a la política monetaria, pero cabe preguntarnos si está llegando a tiempo o si, en cambio, esto ya no hará nada por controlar las expectativas de inflación, teniendo que promover una política monetaria mucho más contractiva para mantenerlas bajo control. Si la situación fuera esta última, el crecimiento económico del gigante norteamericano se podría ver seriamente dañado, con los consecuentes efectos sobre el mercado laboral.

De momento, se esperan varias subidas de tipos a lo largo del presente año y el siguiente. La media de los analistas espera que los tipos terminen entre el 0,6% y el 0,9% este año, para elevarse hasta entre el 1,4% y 1,9% en 2023, lo cual seguiría manteniendo los tipos de interés reales en terreno negativo.

Por lo tanto, debemos plantearnos si la política monetaria que se diseñó para los primeros meses de irrupción del Covid es la misma que necesitamos ahora. Seguramente no. Si deseamos mantener el crecimiento económico en el tiempo a la par que mantenemos la inflación bajo control, la Fed debe plantear una sensata ruta de estabilización de la inflación.

El convoy de la libertad

“Si asustas a la gente lo suficiente, te demandarán que elimines las libertades. Éste es el camino a las tiranías” -Elon Musk

Las revoluciones y los cambios sociales se revelan muchas veces de modos imprevistos. El convoy de la libertad en Canadá no sólo ha hecho historia en el país americano por reunir más de 50.000 camiones a lo largo de más de 70 kilómetros, por ser aclamados y dados de comer por miles en su viaje a Ottawa, recibidos incluso por fuegos artificiales o acogidos por docenas de Iglesias y logrado bloquear la frontera con EEUU. Ha hecho historia en gran parte por ser una movilización de gente trabajadora, humilde, pero con arrojo y decisión que han dado de nuevo una lección a todos los que defienden sus filosofías de libertad de modo freudianamente ajeno por desgracia a la realidad en los últimos tiempos.

Un convoy del pueblo contra las élites dirigentes. Contra el relato oficial que, especialmente progresistas como el primer ministro Trudeau, machacan como verdad indiscutible. No en vano la prensa canadiense progresista ha intentado desacreditar a estos camioneros como fascistas. Ya puedes ser el trabajador más de clase obrera posible, si desafías los postulados de la élite progresista eres un fascista. Elon Musk, en apoyo a estos camioneros, lo expresó de modo semejante: ‘Todos los que no me agradan son Hitler’.

Un convoy de realidad frente al metaverso paralelo que han decidido propagar los grandes medios de comunicación y en el que no existen movilizaciones, rebeliones ni aun rechazo social al estado sempiterno de excepcionalidad desde 2020. Una censura que sin duda pasará a los anales del “periodismo”.

Canadá es claramente un ejemplo de lo intrusivas y extenuantes que han llegado a ser estas normativas supuestamente de excepcionalidad (supuestamente porque van peligrosamente camino muchas de ser norma). Quebec por ejemplo sufre desde el pasado diciembre un toque de queda desde las 10 de la noche. Ontario reimpuso cierres masivos y en casi todo el país es difícil poder incluso comer o beber en interiores.

Medidas con un más que dudoso balance beneficio-perjuicio aun sólo teniendo en cuenta que simplemente entre agosto y diciembre de 2020 las restricciones y el inevitable retraso en la atención médica causaron más de 4000 muertos directos en el país según un análisis del Colegio de Médicos de Canadá. Por ejemplo, según dicho análisis (ver gráfico inferior) una intervención de cadera tuvo durante los confinamientos canadienses un tiempo de espera adicional de más de 100 días. En muchos casos un retraso de semanas en una intervención es la diferencia entre la vida y la muerte.

Y es que un tema recurrente puesto crudamente de manifiesto durante este tiempo son las consecuencias no deseadas de una medida incluso con intenciones favorables, un asunto central de las enseñanzas del mejor economista francés del XIX, el liberal Frederic Bastiat.

Julie Ponesse era profesora de Ética de la Universidad Huron College de Ontario durante 20 años, se le prohibió dar clase e incluso acceder al campus por decidir no recibir una vacuna covid. Actualmente ocupa una posición en The Democracy Fund, una organización por los derechos civiles en Canadá como asesor de ética en pandemias. En su alocución a los presentes en Ottawa habló sobre la coacción, las amenazas y la división social que las autoridades de medio mundo han hecho parte inherente a sus políticas ‘de salud’: “Han despojado a los médicos de sus licencias, a la policía de sus placas y a los maestros de sus clases.

Nos han llamado marginados, sin educación, analfabetos científicos y moralmente repudiables. Han dicho que no hay que tener empatía hacia nosotros, que no merecemos atención médica, no merecemos una voz en la sociedad, ni siquiera merecemos un lugar en nuestra democracia.

Habéis sembrado las semillas de la desconfianza y avivado las llamas del odio”

  • Las cierres de escuelas

En la competición por la peor posible decisión de los burócratas, los cierres de escuelas ocupan un vergonzoso lugar. Un análisis del Britain’s Institute for Fiscal Studies concluyó que el cierre de escuelas en 2020 supuso un impacto de 50.000 euros de media en pérdida de ingresos en el futuro laboral de esos niños. En 2020 ya se observaron claramente no sólo las consecuencias psicológicas sino la merma en las capacidades intelectuales. Precisamente en Canadá hubo una correlación entre mayores restricciones y confinamientos y mayor maltrato a bebés. Entre las muchas falsas ideas con las que se ha infligido tantos perjuicios a los niños está la de que eran “super contagiadores”. Es terrible que desde 2020 había evidencias de que los niños no eran contagiadores eficientes.

En cualquiera de los casos, es moralmente demoledora la postura que se ha tomado hacia los niños, incluso en el caso de que fueran altamente contagiadores (es no obstante recurrente la evidencia de que no lo son: 1, 2, 3, 4) En vez de protegerlos, se les ha hecho sufrir nefastas y algunas irreversibles consecuencias para protegernos antes los adultos. ¿Qué clase de sociedad es ésta?

Los niños, con unas tasas de enfermedad covid grave más que ínfimas (deberían sobrar las referencias, pero volveré en otra ocasión sobre esto), han aumentado trágicamente su mortalidad sin ir más lejos por causas como el suicidio, en todos los países analizados, por culpa de los gobiernos y sus restricciones masivas. En 2021, el British Medical Journal publicó un claro editorial titulado “Cerrar las escuelas no se basa en la evidencia y perjudica a los niños”

Por su recientísima actualidad y relevancia, y a propósito de las restricciones en general, merece citarse un estudio de la John Hopkins University de 62 páginas sobre los confinamientos (la restricción “estrella”) titulado “Una revisión de la literatura y meta-análisis sobre los efectos de los confinamientos sobre la mortalidad covid”. El ABC se hizo eco del mismo y su conclusión se resumiría en la frase “los confinamientos han tenido entre muy pequeño o ningún efecto [favorable] sobre la salud pública”. Ahora sólo cabe sacar el interminable listado de daños sociales, económicos y sobre la salud que han tenido y tienen los confinamientos para hacer el balance.

Si bien merecen otros artículos (aunque bien podrían ocupar enciclopedias de datos), las evidencias sobre la futilidad de casi todas (¿o todas?, habrá que verlo) las restricciones y mandatos cobran actualidad este mes cuando en países nórdicos como Dinamarca (uno de otros ejemplos) dejan atrás dichas restricciones. Desde el 12 de noviembre y hasta comienzo de febrero se reimpuso el pasaporte covid para casi toda actividad de ocio y hostelería en el país escandinavo. A juzgar por los datos de contagios, nadie sabría decir para qué ha servido.

Sunetra Guptra, epidemióloga de Oxford, publicaba estos días en The Telegraph acerca de la pérdida de tiempo y dinero de los tests masivos. Otra por cierto de las vacas sagradas de las restricciones por nuestro bien. Y no sólo eso, sobre sus efectos no deseados. Guptra estima que al menos un tercio de las PCR positivas son en personas sin capacidad efectiva para contagiar. Según sus análisis, aislar o confinar a todos los positivos no contribuye apenas a frenar la propagación, magnifica el problema y tiene importantes costes sociales y económicos. Para la epidemióloga, especialmente en los últimos meses cuando es ineludiblemente un virus endémico, seguir con los test masivos es ahondar en el problema y la miseria.

Dicen que nunca es tarde para aprender, despertar y corregir si uno estaba equivocado. Cuanto más tiempo pasa es más abrumadoramente palpable cuán desastrosa ha sido y aún es la respuesta de los gobiernos y autoridades públicas. En lugar de atajar un problema no sólo éste se ha sobredimensionado sino que con ello cual bomba atómica el decisor público ha asolado en muchos otros sentidos la salud y vida de los ciudadanos.

Ya sabíamos de la ineficiencia del sector público y las decisiones centralizadas. Y cuanto más complejo es el problema, más debemos escapar de éstas. Lejos de reconocer sus errores, las autoridades públicas han desarrollado una huida hacia delante de negacionismo con la anuencia de unos medios de comunicación incapaces de establecer un debate abierto.

Confinamientos, tests masivos, cierres generalizados de economías, fronteras, evitación del prójimo, máscaras universales, tratamientos novedosos con administración global… ha sido mucha la artillería de medidas. ¿Han conseguido sus objetivos sin discusión? ¿Han tenido costes, y en tal caso cuáles? ¿Se ha transmitido a la población una información equilibrada? Es un debate tan extenso como se nos hacen todos estos largos meses previos. Para poder abordarlo habrá que tener en cuenta la sabiduría del psiquiatra estadounidense Robert Spitzer cuando afirmó que “las verdades de hoy son las mentiras del mañana”.

GoFundMe, ayudas al desarrollo y lo que sí (y lo que no) arregla Bitcoin.

El pasado 29 de enero se inició en Canadá el Freedom Convoy, una protesta que a 7 de febrero sigue activa oponiéndose a los controles de vacunación para los camioneros que volviesen a Canadá por tierra o serán obligados a permanecer dos semanas en cuarentena. Estos camioneros estaban recaudando fondos a través de GoFundMe—plataforma para demandar y ofrecer subvención para proyectos—para financiarse hasta que la plataforma retiró su campaña de micromecenazgo alegando que violan sus términos y condiciones al promover abusos y violencia al haber relacionado el movimiento con ciertos episodios de violencia en la zona. (Curioso cuando GoFundMe financió sin problemas a los grupos de antifa durante las protestas del año pasado.) Esto fue una vez la campaña había recaudado más de diez millones de dólares como apoyo a la causa. GoFundMe llegó a repartir un millón de los diez y devolvió los otros nueve a los usuarios. No sin antes crear cierta polémica. Originalmente, GoFundMe pedía que cada usuario reclamase su dinero de vuelta o este sería redirigido a otras campañas según estimase oportuno la empresa.

Como respuesta, aquellos interesados en donar a la causa han encontrado otras maneras de financiar a los camioneros mediante otras plataformas de micromecenazgo por un lado y Bitcoin por otro. Para apoyar la causa con Bitcoin, los organizadores del Freedom Convoy han creado una página de donaciones, la cual acepta donaciones on-chain de Bitcoin y mediante la Lightning Network. Todo el Bitcoin donado se mantendrá en la cartera que necesitará varias firmas para poder usar los fondos recaudados. De esta manera, la wallet elimina el punto único de fallo de plataformas centralizadas como GoFundMe. La configuración de la wallet también asegura que el grupo debe coordinar cómo se utiliza el dinero, ya que ninguna persona tiene la capacidad de transferir Bitcoin. Ahora, por ejemplo, los camioneros están debatiendo cual es la mejor manera para distribuir los fondos entre ellos. Tal como están las cosas ahora, parece que el énfasis principal estará en utilizar Bitcoin para ayudar a los camioneros a comprar combustible y alimentos mientras enfrentan el amargo invierno canadiense en su búsqueda por poner fin a las restricciones. Por ahora llevan más de 11 bitcoins recaudados.

Este episodio y la utilización de cláusulas contractuales demasiado ambiguas de GoFundMe demuestran como los mecanismos tradicionales de pago quedan obsoletos, pueden caer ante la censura y presiones políticas. Bitcoin es un sistema monetario inclusivo, libre de censura y seguro. Bitcoin está demostrando que es una tecnología disruptiva que ya está aquí para quedarse. Esta manera de efectuar pagos descentralizados puede aplicarse a otros campos. Por ejemplo, al enviar dinero al desarrollo, ahora los países podrán obviar los muchos intermediarios antes de que el dinero llegue a los interesados y así no financiar a políticos corruptos.

En los últimos 50 años, los gobiernos occidentales han donado más de 4.600.000.000.000 dólares a países en vías de desarrollo, 60% del cual provenía de gobiernos. A parte de todas las críticas que se le pueda hacer a las ayudas al desarrollo, las cuales yo comparto en su mayoría, si suponemos que hay buenas intenciones detrás de estas y no que los criminales de aquí ayuden repartiendo parte del botín con los criminales de allá a cambio de algo, los defensores de la ayuda al desarrollo deberían promover el uso de Bitcoin para causas humanitarias. Estudios muestran que entre 2013 y 2015 solo se pudo verificar que llegó correctamente un 7% de las ayudas que se enviaron desde Estados Unidos a Ghana. Con Bitcoin se puede terminar con estas redes centralizadas que se requieren para el traspaso de fiat y enviar el dinero directamente a la población objetiva. Seguramente, los mafiosos de aquí no lo hagan y busquen alguna excusa para seguir con el método clásico. Al fin y al cabo, los beneficiados son sus contrapartes y compañeros de crimen. Pero ahora tendrán que esforzarse más en dar explicaciones de por qué no utilizan medios más seguros y sin tantos puntos de fallo. Por tanto, podemos decir que Bitcoin arregla la censura política sobre medios de pago centralizados y la corrupción de las ayudas al desarrollo.

Lo que no arregla Bitcoin es la ideología de la gente. Podemos esperar que con un buen dinero la preferencia temporal de las personas decaerá, ahorrarán y planearán más hacia el futuro. Pero eso no quita que siga habiendo gente con gustos políticos y a favor de ciertas campañas y en contra de otras, por lo que seguiremos viendo, tal vez, empresas como GoFundMe que no quieran financiar ciertas campañas por su tinte ideológico. No obstante, estas tendrán más competencia que la actual porque la opción descentralizada estará ahí, cada vez con una mejor infraestructura. Por tanto, GoFundMe u otras empresas de micromecenazgo no se podrán permitir ser tan ambiguos con sus condiciones de uso o eliminar campañas activas de manera indiscriminada. Sus posibles futuros clientes necesitarán, al menos, contar con cierta certeza a la hora de operar. Además, GoFundMe necesitará buena reputación ya que esto será el distintivo con otras plataformas menos conocidas pero descentralizadas.

A la vez, resulta llamativa la noticia de que KPMG Canadá ha añadido Bitcoin a su tesorería corporativa, siendo la primera inversión de este tipo para la compañía. Bitcoin, cada vez más, parece imparable.

La derecha Santander y los conservadores sin mácula

La semana pasada se aprobó una nueva reforma laboral. Tranquilos, vamos a dejar a un lado la polémica sobre la votación, y la decisión de dos personas de ejercer de lo que en teoría son: diputados. En vez de eso vamos a centrarnos en algo menos llamativo, por reiterativo, pero que no por ello deja de ser importante: la venta de un partido político a una multinacional.

Y sí, todos los partidos, como conglomerados de poder que son, están influidos por las multinacionales. Pero, que yo sepa, es toda una novedad ver a uno que hace exactamente lo que le dictan sin el más mínimo disimulo. De hecho, si no fuera porque el rojo lleva asociado años al PSOE, Ciudadanos ya se habría visto obligado a abandonar el naranja (de la malvada competencia holandesa al Santander).

Para centrar el tiro, vamos a poner negro sobre blanco lo evidente. A nivel nacional, para ser alguien en política tienes que salir en los medios de comunicación. Especialmente en la televisión. Esto se puede conseguir de dos formas: o siendo amigo de los dueños de estos medios, o que tu popularización sea conveniente para dañar a sus enemigos.

Podemos y Vox llegaron a la televisión por lo segundo, y Ciudadanos por lo primero. Pero hay una diferencia cuantitativa, y, sobre todo, cualitativa, entre tener intereses comunes con los grandes directivos, y estar directamente a sus órdenes. Y la diferencia es tan grande que llama la atención que casi nadie esté alarmado por la falta de disimulo con la que se está actuando.

Esto se debe a varios factores, pero el principal es que la derecha clásica no tiene capacidad de atacar a ninguna gran empresa del país. De hecho, cada vez que Vox se atreve a hacerlo hay una especie de silencio incómodo en buena parte de sus apoyos mediáticos menos radicales. Es más, ni siquiera es fácil que empresarios menos importantes, y descaradamente sectarios, como el difunto Polanco, o Roures sean señalados por la derecha más allá de algún comunicador echado p’alante. Las causas son muchas, y casi todas están muy arraigadas en lo que ha sido la cultura en la que se desarrollan nuestras diferentes sensibilidades.

Así que es curioso que haya un sector dentro del conservadurismo, encabezado por lo que yo denomino conservadurismo sin mácula, que se está emperrando en culpar al liberalismo de esta incapacidad de la derecha de señalar a estas empresas.

No es mi intención negar el sesgo liberal de ver la paja en el ojo del Estado, y no la viga en el sector privado, pero utilizar este sesgo para responsabilizarnos de la colonización de la derecha política y mediática por parte de una tropa de burócratas amorales aspirantes a heredar gobiernos de izquierdas es ir un poco lejos.

Sobre todo, si se hace en nombre del conservadurismo. Puedo entender que gente muy joven, u otros menos jóvenes pero que ha pasado algunos años en partidos como UPyD o Ciudadanos, sienta cierta aversión al centro y se acerque a postulados conservadores como manera de coger aire fresco. Pero eso no significa que el conservadurismo se acabe de inventar ahora, y sea inocente de la deriva que ha seguido la derecha en España.

Conservadores en consejos de administración de grandes empresas ha habido durante las décadas de democracia que ha disfrutado España. Yo he conocido a alguno, y desde luego ni eran liberales ni centristas. También conservadores se han sentado en el Congreso de los Diputados durante todos estos años. Mucho antes de que Vox consiguiera representación. ¿Esta gente, sus ideas, no han sido responsables de nada?

Está muy bien intentar reducir todo a lo más simple. Es una táctica como otra cualquiera de convencer a la gente. Pero lo que te vale para convencer, no te va a valer para resolver problemas reales.

El liberalismo no es responsable de la derecha Santander, como no es responsable del dominio cultural de la izquierda. No existe nada parecido a la pinza izquierda/liberalismo, que mantiene maniatado al pobre conservadurismo.

Hay muchas cosas del liberalismo que nunca les van a gustar a los conservadores, y viceversa. Es lo normal, y se debería aceptar con naturalidad, en vez de generar teorías absurdas. Que no solo no aportan nada, sino que sustituyen al debate honesto entre dos corrientes morales del que siempre se ha podido aprender mucho. Empezando por tener claro que aquí nadie está libre de pecado.

Bitcoin y la crisis de Autoridad del Estado (I): Introducción

Si por algo está teniendo tanto éxito La filosofía de Bitcoin es porque creo haber dado con la tecla de analizar Bitcoin como algo de dimensión muy superior a la de ser meramente un activo económico, al margen de consideraciones sobre su naturaleza económica.

Bitcoin, efectivamente, es un activo económico con unas características muy peculiares e interesantes para analizar bajo la lupa de los investigadores en esta materia, pero a mi juicio su importancia es muy superior en el ámbito político, jurídico y social. Al final, la economía no es un área cerrada, sino que siempre está atravesada por la política.

Bitcoin es una evolución superior en el ámbito de las transacciones económicas, lo cual no equivale de forma idéntica a decir que es un buen medio generalmente aceptado de pago, ni mucho menos. La mejor manera de entenderlo a mi modo de ver es comprender que es el primer activo escaso digital no dependiente de terceros.

Si atendemos a formas de intercambios económicos históricos vemos que las relaciones económicas mediadas por metales eran distintas a los intercambios monetarios. Los intercambios metálicos debían ser validados entre particulares, que debían comprobar la pureza y calidad de éstos; con el salto a la moneda se pasa a delegar esta validación en el poder político, pasando de ser una relación entre particulares a una relación mediada por el gobernante de turno. Y desde entonces no ha habido gran innovación en el ámbito monetario.

Friedrich A. Hayek adelantó muy bien en La desnacionalización del dinero que esto no se debía nada más que a una creencia ampliamente establecida de que debía ser el poder político el que llevase a cabo esta tarea, y se encargó de abrir la imaginación monetaria por la vía teórica para devolver a esa creencia su carácter de mera idea histórica, y por histórica transitoria, no necesaria.

Bitcoin, al no depender de terceros, permite precisamente superar eso y abrir un nuevo espacio no sólo económico, también político.

Por la parte del Estado, conviene incidir en los amplios estudios históricos y teóricos de Dalmacio Negro, que sigue a Carl Schmitt, en lo referente a la peculiar naturaleza del Estado. El Estado no es sinónimo de cualquier forma política. No toda organización política es un Estado. Gran parte de los teóricos liberales y las corrientes surgidas del mismo caen precisamente en el error de equiparar el Estado con el Gobierno o con cualquier otra forma política. Llevamos las gafas del estatismo para ver a la Grecia clásica y vemos “ciudades-estado”, cuando las polis son simplemente una forma política. Lo mismo sucede al mirar Roma o a la Monarquía hispánica. Vemos el pasado, el presente y el futuro con el virus del Estado.

El Estado surge en la segunda mitad del siglo XVI, a raíz de la idea de soberanía que fusiona las ideas clásicas de Potestad (poder socialmente reconocido), que históricamente recaía en la monarquía, y Autoridad (saber socialmente reconocido), que lo detentaba la Iglesia y sus juristas. De las guerras de religión aparecen las monarquías absolutas, un fenómeno moderno, y de su proceder bajo el principio de la soberanía crearían el Leviatán, que se independizaría de ellas. Con la Revolución francesa el usufructo de la soberanía pasó de los monarcas absolutos a la Nación, ahora política, y en los últimos coleteos de este tiempo histórico es donde creo que nos encontramos. Tanto la Potestad como la Autoridad del Estado-Nación están entrando en crisis.

No sólo Bitcoin incide en esta crisis, pero sin Bitcoin no imagino una transición a otras formas políticas, y Bitcoin le arrebata al Leviatán de forma radical el báculo de la Autoridad.

Ahora nos encontramos en una situación en la que la Autoridad del Estado tiene 5 fracturas principales:

1/ La seguridad patrimonial. El Estado ha dejado de ser el garante de la seguridad patrimonial en varios ámbitos, ya no garantiza la propiedad, su uso y disfrute a capas muy amplias de la Sociedad, y nada hace pensar que vaya a corregir su rumbo. En el sector inmobiliario se protege más al okupa que al propietario. En el resto de sectores se centra más en el control y el expolio fiscal que en su crecimiento y prosperidad. Esta forma de proceder está desplazando la percepción de seguridad del Estado a otros ámbitos, por ejemplo, los maximalistas depositan su percepción de seguridad patrimonial en Bitcoin, de ahí que tenga ciertos elementos religiosos al absorber parte del aura del Estado. Recordemos que las religiones duran más que los imperios.

2/ Su papel como administrador de justicia y legislador. El Estado monopoliza en gran medida los sistemas de aplicación de justicia, sin embargo, en el Ciberespacio no tiene soberanía, lo que limita tanto su capacidad de hacer justicia como el respeto a su legislación. Bitcoin bien custodiado es inconfiscable, y por ello no se puede hacer justicia en el sentido clásico del término de lo que se mantenga en este activo. Pensemos en aquellas situaciones en las que una de las partes se ha apropiado indebidamente de unos bienes y los liquida para pasarlo a Bitcoin, ¿qué hace un juez ante esta situación si no puede embargarlos? Si alguien tiene su patrimonio en Bitcoin, ¿cómo le obliga un juez a cumplir con una obligación de dar si éste se niega? Es más, si no depende de terceros, te permite mantener la privacidad, es inconfiscable y sus transacciones incensurables, ¿pueden hacer algo los Estados contra Bitcoin? ¿Sirve de algo que lo “prohíban”?

3/ Por si todo esto fuera poco, también produce un cambio en las relaciones de poder. Bitcoin te permite secesionarte patrimonialmente a nivel individual, colectivo y político. Se puede pasar el patrimonio a Bitcoin sin KYC —el Estado no tiene manera de enterarse de esto si el procedimiento se realiza adecuadamente— ello significa que se puede mantener un patrimonio al margen de las garras del Estado, y de cualquiera. Pero esto no es sólo a nivel individual, también se puede hacer a nivel colectivo para forzar al poder político a negociar, pensemos por ejemplo en una ciudadanía que mantiene gran parte de su patrimonio en Bitcoin sin KYC. Pero no sólo se da entre individuos y colectivos respecto del Estado, también entre Estados y el orden internacional, como demuestra El Salvador frente al FMI. Bitcoin permite hacer un opt-out a todos los niveles. Esto supone una pérdida de credibilidad, de autoridad, inmensa. El todopoderoso Estado —o las organizaciones interestatales que han creado— ya no tiene poder para expoliar a sus ciudadanos si éstos se quieren proteger, pero todavía más, puede ser presionado por esos ciudadanos si se organizan para presionar a los gobernantes al excluir sus patrimonios del expolio fiscal. Los Estados más débiles ya no se tienen que plegar ante chantajes de los más poderosos para conseguir financiación. Al producir ese cambio en las relaciones de poder tiene un efecto igualador que hace perder la autoridad al Estado —y sus organismos— de ser superior, porque hasta una persona corriente puede escapar de sus garras.

Menciono de forma frecuente la idea inspirada por @mu_muloko de que en periodos largos de tiempo no hacemos por norma general aquello que consideramos bueno, sino aquello que estamos incentivados a hacer. Bitcoin cambia los incentivos, por lo que también transformará nuestro comportamiento y con ello nuestras relaciones sociales y políticas.

Las otras dos fracturas las analizaré en el próximo artículo junto a las implicaciones políticas que podrían aparecer.

Sobre la ausencia del tratamiento de los derechos de propiedad en la literatura económica

Harold Demsetz escribió un artículo (disponible aquí en español) que hoy posiblemente constituye un clásico de la literatura en el que inicia el desarrollo de lo que puede ser llamado una “teoría de los derechos de propiedad”. Sostiene allí que los economistas estudian el “intercambio”, pero no siempre son conscientes que al intercambiar productos, lo que en realidad hacen, es intercambiar “paquetes” de derechos de propiedad.

Lo cierto es que para la mayoría de los economistas los derechos de propiedad son sólo un dato, algo que se asume, sin atender a que ciertos planteos debieran ser requisito para poder responder después a otras preguntas fundamentales del análisis económico.

Propiedad privada

Una primera consideración que hace el autor es plantear que en una economía autística de un sujeto aislado, como puede ser el caso de Robinson Crusoe en la isla, los derechos de propiedad carecen de interés.

Los derechos de propiedad son un instrumento de la sociedad, y como tal, requiere un consentimiento de los pares sobre el uso de los bienes que poseemos. De alguna manera, los derechos de propiedad permiten que las personas tengan expectativas acerca de las relaciones con otros. Dicho de otro modo, los derechos de propiedad especifican de qué modo las personas pueden beneficiarse o perjudicarse con la interacción.

Demsetz lo ejemplifica comparando dos casos: una persona puede perjudicar a su competidor si ofrece un mejor producto o servicio, pero no puede perjudicarlo golpéandolo o tirándole un tiro.

La externalidad es así un concepto ambiguo que han creado los economistas para justificar la intervención del Estado. Claramente hay muchas acciones que las personas toman que afectan (positiva o negativamente) a otras personas, pero no todas son generadoras de conflictos. De ahí la crítica de Ronald Coase a Arthur Pigou —todavía replicada en muchos manuales tradicionales de economía— por señalar que las externalidades negativas siempre requieren de la aplicación de un impuesto para reducir sus efectos.

De hecho, Ronald Coase explica que en el mundo real la mayor parte de las externalidades que producen ciertas acciones, son internalizadas por el mismo mercado, cuando las partes llegan a un acuerdo voluntario. La propiedad privada promueve entonces incentivos para internalizar las externalidades. La ausencia de propiedad privada es en muchos casos la responsable de la existencia de conflictos.

La pregunta que sigue es sobre el origen de los derechos de propiedad como institución social y tomar el caso de los aborígenes en el problema de propiedad privada de la tierra nos puede ayudar a encontrar algunas respuestas. La información de la que disponemos es incompleta, pero se ha dicho que la caza y el comercio de pieles ha sido motivo de extensos conflictos. Dicho en pocas palabras, la ausencia de derechos de propiedad implica incentivos para la caza desmedida de animales, lo que redunda en que nadie se preocupe en invertir para desarrollar o mantener el stock. La caza exitosa de unos es un costo externo que se les impone a los cazadores siguientes, pues se reduce la cantidad de animales que éstos pueden cazar.

Al principio la caza tenía como objeto prioritario el alimento, mientras unas pocas pieles eran suficientes en cualquier familia. El costo externo de la caza de unos era bajo para otros.

Pero todo cambió con el surgimiento del comercio de pieles, lo que ocasionó dos consecuencias importantes: 1) el aumento acelerado de su valor; 2) el aumento de la caza de animales. Ambos aspectos redundaron en un incremento en el costo externo que unos cazadores ejercían sobre otros, lo que motivó un cambio en el sistema de derechos de propiedad. Apareció entonces la distribución de tierras y comenzaron a delimitarse los terrenos. En algunos lugares los derechos de propiedad fueron altamente desarrollados, al punto de asegurar la trasmisión por herencia.

La conclusión a la que llega Demsetz es que los derechos de propiedad se desarrollan cuando se hace económico, para quienes se ven afectados por externalidades, internalizar los costos y los beneficios.

El autor también trabaja sobre las formas de propiedad, distinguiendo la propiedad comunal, la propiedad privada y la propiedad estatal.

Entiende por propiedad comunal el derecho que puede ser ejercido por todos, como fue al principio del ejemplo anterior, el derecho a la caza o el aprovechamiento de la tierra, así como es hoy el caminar por una vereda. Ni el estado, ni ningún individuo puede impedir que otro ejercite su derecho de propiedad comunal.

En el caso de la propiedad privada, la comunidad reconoce el derecho del propietario a excluir a otros del ejercicio de tales derechos.

En la propiedad estatal, el Estado puede excluir a cualquiera del ejercicio del derecho, pero el autor no profundiza.

En el comparativo entre propiedad privada y propiedad comunal —que históricamente inicia al menos en la Antigua Grecia—, el ejemplo estudiado sintetiza que si alguien maximiza el valor de su derecho comunal, tenderá a cazar en exceso o trabajar de más la tierra porque comparte sus costos con otros. El stock de animales, así como la riqueza del suelo, disminuirá con rapidez. Bajo propiedad comunal el costo de transacción de alcanzar acuerdos es muy alto, pues se requiere unanimidad.

Bajo propiedad privada, los costos de transacción para alcanzar un acuerdo se reducen notablemente, la internalización de costos externos se incrementa y surgen incentivos para invertir en el desarrollo y crecimiento del stock de animales y del cuidado de la tierra.

Rusia-Ucrania: Realpolitik y libertad real

Cuando un liberal se encuentra en la tesitura de posicionarse al respecto de un conflicto internacional en el que el uso de la fuerza se empieza a percibir en el imaginario colectivo como la única salida viable del mismo, es incuestionable que el ‘no’ rotundo a la guerra debiera de convertirse en su santo y seña en la gran mayoría de ocasiones. Sin embargo, siendo esto irrefutable, lo que no está tan claro- pese a la obcecación de una OTAN encabezada por la Angloesfera- es que la actual crisis entre Rusia y Ucrania esté condenada a solucionarse por cauces militares. En este sentido, las constantes amenazas en forma de sanciones económicas por parte de Occidente no solo harían levantarse de su tumba a Bastiat- “si las mercancías no pueden cruzar las fronteras, lo harán los soldados”- sino que están, de manera absolutamente contraproducente, empujando a Putin a seguir apretando la tuerca ucraniana.

Es por ello por lo que desde el liberalismo se debería recordar a nuestros gobernantes, tantas veces autoconvencidos de estar en posesión de una habilidad cuasi divina para solucionar todo tipo de problemas, desde las pensiones a la pobreza energética, que la geopolítica no debe estar sujeta a nociones ideológicas preconcebidas- según las cuáles Rusia no tendría otra opción que ceder ante la presión de las sanciones. En definitiva, cuanto antes nos demos cuenta de que lo menos pernicioso para la libertad individual- si es que acaso Occidente la sigue queriendo salvaguardar- es desarrollar en el campo de las relaciones internacionales lo que Bismarck calificaría como Realpolitik (política realista), menos probable será que seamos testigos de más enfrentamientos armados entre rusos y ucranianos. A fin de cuentas, la Rusia de Putin nunca será la democracia liberal que la UE pretende que sea y Ucrania no entrará en la OTAN mientras la cuenca del Donets siga en guerra. Taparse los ojos y no reconocer esta incontestable realidad exclusivamente responde al utópico objetivo de nuestros gobernantes de autoproclamarse los adalides de la democracia liberal mientras la libertad real se tambalea.

En esta línea están actuando tanto los EEUU como el Reino Unido, que lejos de aminorar la espiral de tensión han echado más leña al fuego al autorizar- en el caso de los EEUU- y pedir- en el caso del Reino Unido- a los trabajadores no esenciales de sus respectivas embajadas en Kiev que abandonen Ucrania. Puesto que la situación real del conflicto- como veremos en el siguiente párrafo- no hace pensar que una invasión rusa sea irremediable, lo único que puede conseguir semejante alarmismo es incentivar una invasión rusa, que siempre podrá resguardarse bajo el paraguas de que la vía diplomática había fracasado. En cuanto a las ya mencionadas sanciones económicas de las que Occidente pretende volver a echar mano para disuadir a Rusia, no sólo son, como ya expuse en su día, tanto moralmente condenables desde un punto de vista liberal como ineficaces y contraproducentes en la gran mayoría de las ocasiones, sino que, en este caso en particular, pueden arrinconar a Putin hasta el punto en el que se vea obligado a intervenir en Ucrania con tal de no dar la impresión a su población de que capitula ante Occidente.

Llegados a este punto me parece importante recalcar que lavar la imagen de Rusia no es en absoluto el objetivo de este artículo, que sólo pretende promover en Occidente una Realpolitik en las relaciones internacionales que tenga como objetivo coartar las menos libertades individuales posibles. La única realidad respecto al conflicto ruso-ucraniano es que Rusia es la primera interesada en evitar un conflicto bélico con la OTAN y en no formalizar la anexión del Donbás. A fin de cuentas, Moscú necesita inestabilidad dentro de Ucrania para poner freno a su posible entrada en la OTAN y el mismo Peskov, portavoz del Kremlin, ha criticado recientemente la iniciativa del Partido Comunista Ruso de reconocer la independencia de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk.

En consecuencia, es sumamente importante que desde Occidente no se prosiga con una política del ‘borde del abismo’ (lo que en inglés se conoce como brinkmanship) que lo único que está consiguiendo es llevar a Rusia en volandas hacia el conflicto militar. Reconocer que la Rusia de Putin nunca será la democracia liberal que la UE pretende que sea y que Ucrania no va a entrar en la OTAN son pasos necesarios para calmar el ambiente bélico que estamos presenciando y proteger a un pueblo ucraniano que vería peligrar su libertad individual más fundamental en el improbable caso de que estalle una nueva guerra en Ucrania. La libertad real (la posible, no la utópica) debe estar por encima de las medallitas que se quieran colgar desde la Angloesfera los burócratas empecinados en extender nuestras democracias liberales por el mundo- si es que acaso eso es lo que pretenden.