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Las dos teorías sobre los mecanismos para obtener beneficios de Marx y sus consecuencias (I)

Este es el primer artículo de una tríada de textos en los que se analizarán las contradicciones existentes en el El Capital de Marx sobre la ganancia y sus consecuencias. El primer artículo trata la teoría principal de Marx, en el que explica que la ganancia es el fruto de la explotación de los trabajadores. Dado que en esta primera teoría Marx se tuvo que alejar de las condiciones reales socioeconómicas, más adelante escribe su segunda teoría de la ganancia, ya más ligada a la realidad. En el segundo artículo llevaré a cabo un análisis de esta segunda teoría de Marx y cómo esta contradice a la anterior. El tercer artículo de la tríada va a examinar la naturaleza de las dos teorías a la hora de la aplicación en el ámbito político y sus consecuencias en la sociedad, política y economía. En ese artículo se verá como las dos teorías de Marx presentan como consecuencia alternativas políticas no solo diferentes, sino que incluso opuestas.

  1. La teoría principal: La propuesta irreal en condiciones irreales

Böhm-Bawerk hace más de un siglo ya demostró que la teoría de Marx está alejada de la realidad. Gracias a su trabajo se sabe que la teoría de explotación y ganancia de Marx es falsa y, por ende, su libro más importante, El Capital, está lleno de graves contradicciones. De hecho, el mismo Marx era consciente de la contradicción más grave que más adelante recibió el nombre de problema de transformación. Muchos teóricos marxistas han intentado solventar el problema de transformación, pero sin ningún especial éxito. Otros pensadores marxistas evitan directamente las teorías de Marx que tratan en concreto la explotación y ganancia. Sin embargo, a pesar de esto, continúan trabajando con la noción de explotación y siguen manteniendo el odio de Marx hacia el capitalismo y la estructura social que crea.

En El Capital Marx desarrolla su teoría de ganancia.1 El primer libro publicado en 1867 tiene como fin explicar, desde un punto de vista científico, el mecanismo de explotación presente en el capitalismo, el cual ya había sido anunciado en el Manifiesto Comunista en 1848. Para Marx era fundamental demostrar científicamente la existencia de un mecanismo de explotación en el sistema capitalista, pues este hecho proporcionaba la base teórica para sus aspiraciones políticas y su profecía respecto al socialismo.2

La teoría de Marx dice que hay una explotación invisible en el proceso de producción capitalista, y que la ganancia es fruto de esta explotación invisible. La ganancia es la plusvalía que nace en el proceso de trabajo. La plusvalía es el fruto del trabajo del trabajador, que es adquirida por el capitalista sin compensación al trabajador. Esto es posible porque, según Marx, la fuerza de trabajo es una mercancía peculiar. El valor de uso del trabajo es que produce más valor que su valor de cambio durante el proceso de producción capitalista.3 El valor de cambio del trabajo es la suma necesaria para asegurarse la sobrevivencia del trabajador.4 El valor del uso de trabajo es que el trabajador trabaja más horas que el valor del cambio de su esfuerzo, y este trabajo extra produce la plusvalía, es decir, los frutos del trabajo sin compensación del trabajador son la ganancia de la capitalista.5

Según Marx, sólo el trabajo tiene esta mágica propiedad: su valor de uso es más grande que su valor de cambio. Todos los demás factores de producción no añaden más valor al nuevo producto, solo transmiten sus valores de cambio.6

Para Marx el valor de uso sólo significa que hay demanda por el producto. Por ejemplo, para Marx en el caso de la producción de botines, la única fuente de ganancia, que añade plusvalor es la plusvalía del trabajo de los trabajadores haciendo botines. La idea del botín o diseño especial del botín no añade más valor o valor nuevo al producto.7 En el análisis de Marx, las máquinas también solamente transmiten el mismo valor que costaba construirlas o comprarlas, lo que es el valor de cambio de una maquina.8 Finalmente, entonces, el capitalista no hace nada. El capitalista es solo un saco de dinero,9 que invierte el capital y después del proceso de producción se queda las ganancias, y no añade ningún valor al producto; llega a hacer una broma sobre cómo mientras el capitalista presume de su labor e importancia en el proceso de producción, la dirección de la empresa encoge sus hombros irónicamente.10

Pero, ¡ojo! pues la teoría de Marx se desarrolla en una realidad creada por él mismo, la cual no tiene en cuenta ciertos factores de la estructura económica que no le convenían. De esta forma escribe una realidad contradictoria a la vida real.

¿Cómo puede ser que las ideas innovadoras no añadan ningún valor a los productos y no sean fuente de ganancia? Siguiendo la lógica de la teoría de Marx las grandes ganancias de Apple y el colapso de sus competidores, como Blackberry y Nokia, quienes dominaban el mercado de los móviles antes de la aparición del Iphone, no fueron consecuencia de las ideas innovadoras de Apple que revolucionaban el concepto del teléfono. Del mismo modo, los grandes innovadores como Henry Ford, Thomas Alva Edison, o Steve Jobs no añadieron ningún valor adicional y, por tanto, no son fuentes de ganancia. Según la teoría del Marx, estos grandes innovadores serían solo sacos de dinero que no han contribuido al tremendo éxito de sus compañías, y sus riquezas son solo consecuencia del fruto del trabajo de los trabajadores trabajando en las cadenas de montaje.

Continuando con este razonamiento, ¿cómo se puede afirmar que las maquinas no añaden más valor del que cuesta comprarlas o producirlas? Según la teoría de Marx, todos los pescadores del mundo están locos por usar redes en vez de intentar pescar los peces con sus manos, al igual que los molineros que usan molinos en lugar de moler el trigo con dos piedras. ¿Cómo que no vale de nada inventar y emplear máquinas más eficientes porque afirmando que no añaden ningún valor adicional y que no pueden ser fuentes ganancia? Según el sentido común y la experiencia humana es una tontería y una idea falsa.

Por otra parte, la teoría sobre la ganancia de Marx fue creada en un ámbito teórico que se alejaba completamente de la realidad socioeconómica. Marx asume que todo lo que es producido es vendido, y siempre por su valor, al precio previsto y calculado, como si se tratase de una economía circular sin competencia en donde nada cambia y todo avanza según los planes previstos sin ningún problema. Así, al capitalista no tiene que preocuparle en qué invertir su dinero, ni cómo debe reaccionar su negocio ante los cambios que se producen en el mercado.11 Marx también admite que su análisis sobre la plusvalía no cuenta con la posibilidad de intensificar de producción.12

Marx crea este mundo irreal y contrario al sentido común para así poder demostrar que la única fuente de ganancia es la cantidad de trabajo de los trabajadores. Pero sabía que su teoría contradice la realidad pues por alguna razón, los capitalistas seguían invirtiendo dinero en la construcción de fábricas y máquinas a pesar de la gran revelación marxista.

Según la teoría de Marx, invertir en máquinas deteriora la rentabilidad del capital invertido, porque la ganancia sólo está relacionada con el capital usado para pagar los salarios de los trabajadores. Pero Marx sabía que su teoría no funciona en la realidad. En su libro habla de una fábrica textil que emplea muchas máquinas y poca fuerza humana. Luego, escribe sobre una panadería en la que se usan pocas máquinas, pero mucha fuerza de trabajo. Según su propia teoría el panadero debería tener muchos más beneficios que el dueño de la fábrica textil, pero, tal y como escribe el propio Marx, en la vida real esto no sería verdad.13

Aquí se halla el arte del engaño de Marx. Él mismo señala de El Capital I, que su teoría de ganancia no encaja en la realidad y la ganancia de los capitalistas no está relacionada con el capital variante, que es el capital invertido en emplear trabajadores y tratar el capital invertido en máquinas como si fuese inexistente.14 Marx prometió proporcionar una solución a esta contradicción en el tercer libro de El Capital y que se publicaría pronto en la página 259. El engaño es que, en realidad, Marx ya escrito los manuscritos de la tercera libro de El Capital entre 1863 y 1865, dos años antes de publicar El Capital I y era consciente de que no podía dar una solución. Por eso evitó publicar los manuscritos de este libro en vida y los encerró en el cajón de su mesa de trabajo. Su compañero de vida, Engels, después publicar el tercer libro, se vio obligado a admitir que la teoría de ganancia de Marx era apta en los tiempos históricos pre-capitalistas, en Mesopotamia, pero no era valida en el capitalismo.15 ¡Qué paradoja! La teoría que fue creada para quitarle el velo al capitalismo industrial resultó no ser apta para explicar el capitalismo industrial. Los dos grandes fundadores del socialismo moderno olvidaron decir a sus seguidores que la teoría por la que lucharon y luchan, no es más que una manipulación política camuflada como ciencia.

En el siguiente artículo se analizará cómo Marx hizo en El Capital I un compromiso parcial con la realidad para poder dar un toque de validez y credibilidad a su análisis.

1 Vease: Karl Marx: El Capital. Libro Primero. Madrid: Siglo XXI, 2010.

2 Marx como profeta, vease Schumpeter, Joseph Alois (1943): Capitalismo, socialismo, y democracia, Página Indómita: Barcelona. 2015.

3 “Una mercancia cuyo valor de uso poseyera la peculiar propiedad de ser fuente de valor, cuyo consumo efectivo mismo, pues, fuera objetivación de trabajo, y por tanto creación de valor” (pag. 203)

4 “El valor de los medios de subsistencia físicamente indispensables” (pag. 210).

5 “El proceso de consumo de la fuerza de trabajo es al mismo tiempo el proceso de producción de la mercancía y del plusvalor” (pag. 213). “El plusvalor surge únicamente en virtud de un excedente cuanatativo de trabajo, en virtud de haberse prolongado la duración del mismo proceso laboral” (pag. 239).

6 “El obrero incorpora al objeto de trabajo un nuevo valor mediante la adición de una cantidad determinada de trabajo, sin que interesen aquí el contenido concreto, el objetivo y la naturaleza técnica de su trabajo. Por otra parte, los valores de los medios de producción consumidos los reencontramos como partes constitutivas del valor del producto; por ejemplo, los valores del algodón y el huso en el valor del hilado. El valor del medio de producción, pues, se conserva por su transferencia al producto” (pag. 241).

7 “El poseedor de mercancías puede crear valores por medio de su trabajo, pero no valores que se autovaloricen. Puede aumentar el valor de una mercancía al agregar al valor existente nuevo valor por medio de un trabajo nuevo, por ejemplo haciendo botines con el cuero. El mismo material tiene ahora más valor, porque contiene una cantidad mayor de trabajo. El botín, pues, tiene más valor que el cuero, pero el valor del cuero se ha mantenido igual que antes. No se ha valorizado, durante la fabricación de los botines no se ha anexado un plusvalor.” (pag. 201)

8 “Es cierto que, como hemos visto, todo medio de trabajo o instrumento de producción verdadero ingresa siempre totalmente en el proceso de trabajo y sólo de un modo parcial, proporcionalmente a su desgaste diario me dio, en el proceso de valorización.” (pag 471)

9 El traducción Español usa una palabra más neutral: poseedor de dinero (pag. 203). Vease para Moneybags pag. 177 en Karl Marx: Capital I. in.: Marx Engels Collected Works. Vol. 35. Electric Book: Lawrence & Wishart. 2010.

10 „Nuestro amigo, pese a su altanero espíritu de capitalista, adopta súbitamente la actitud modesta de su propio obrero. ¿Acaso no ha trabajado él mismo?, ¿no ha efectuado el trabajo de vigilar, de dirigir al hilandero? ¿Este trabajo suyo no forma valor? Su propio overlooker [capataz] y su manager [gerente] se encogen de hombros.” (pag. 234).

11 Schumpeter, Joseph Alois (1943): Capitalismo, socialismo, y democracia, Página Indómita: Barcelona. 2015.

12 „Al analizar el plusvalor absoluto tomábamos en consideración, primordialmente, la magnitud del trabajo en cuanto a su extensión, mientras que el grado de su intensidad estaba presupuesto como dado.” (Pag. 498).

13 „Esta ley contradice abiertamente toda la experiencia fundada en las apariencias. Todo el mundo sabe que el dueño de una hilandería de algodón que, si nos atenemos a los porcentajes del capital total empleado, utiliza proporcionalmente mucho capital constante y poco capital variable, no por ello obtiene una ganancia o plusvalor menor que un panadero, quien comparativamente pone en movi- miento mucho capital variable y poco capital constante.” (pag. 372).

14 „También es indiferente el valor de dicha materia. Debe existir en una masa suficiente como para poder absorber la cantidad de trabajo que habrá de gastarse en el proceso de producción. Una vez dada esa masa, por más que su valor aumente o dismi- nuya o aquélla carezca de todo valor, como en el caso de la tierra y el mar, esas circunstancias no habrán de afectar el proceso de creación y variación del valor.”(pag. 259).

15 Engels, F. (1895). Supplement to Capital Volume Three. Law of Value and Rate of Profit. In Die Neue Zeit. 1895-9.Bd. 1. No.1. edition: Marx and Engels Collected Works. Vol. 37. (Vol. 37, pp. 873–900).

El lenguaje económico (XII): Riqueza y pobreza

Sobre la riqueza y la pobreza se ha escrito mucho, casi siempre de forma errada según el dogma de Montaigne: “El beneficio de unos es perjuicio de otros”. El corolario de este error económico es la maniquea distinción entre países ricos y pobres o entre hombres ricos y pobres, donde los primeros son culpables de la lamentable situación de los segundos. Este mito se adorna de una variada retórica que vamos a analizar.

Riqueza y pobreza no son estados permanentes

Habitualmente se dice que alguien «es» rico o pobre como si tal condición fuera inherente a la persona. Tal vez, esto fuera cierto en una sociedad estamental o de castas donde la movilidad social apenas existe. Hoy en día, sería más apropiado decir que alguien «está» rico o pobre pues la sociedad capitalista no garantiza las respectivas posiciones patrimoniales de los individuos. Tampoco es cierto que «el rico es cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre». El rico puede convertirse en pobre y viceversa, todo depende del acierto o desacierto en la conducta económica. Abundan casos de ricos que consumen su capital con la misma rapidez con que lo reciben —herederos, agraciados en el juego— o lo generan: artistas, deportistas, etc. En definitiva, como dice Kirzner (1995: 104): «El beneficio es un fenómeno esencialmente dinámico».

¿Se hereda la pobreza?

En el Antiguo Régimen la riqueza (o pobreza) se heredaba, dicho metafóricamente, junto con el estamento social de pertenencia. La Revolución industrial y la aparición de la burguesía dio paso a una incipiente movilidad social y la pobreza dejó de ser el destino inexorable de las masas. La llegada del capitalismo ensanchó y profundizó la movilidad social. Haber nacido pobre dejó de ser una excusa para morir pobre. Por ello, resulta anacrónico oír que la pobreza se hereda. La pobreza no es genética: de padres pobres nacen hijos «provisionalmente» pobres. La riqueza tampoco se hereda en sentido económico. Un afortunado descendiente no hereda las cualidades que hicieron ricos a sus antepasados, lo que hereda es una específica cantidad de capital —dinero, bienes, propiedades— que lo convierte «provisionalmente» en alguien rico; pero el capital no se mantiene de forma automática, sino que «es necesariamente fruto de una acción deliberada» (Mises, 2011a: 614). El rico heredero, si quiere conservar su fortuna, está obligado a actuar de forma económica.

Igualdad de oportunidades entre ricos y pobres

Estamos ante una imposibilidad teórica y práctica cuya búsqueda provoca toda clase de interferencias gubernamentales en el libre mercado. No hay ni puede haber dos personas con las mismas oportunidades y la principal razón es la diversidad natural: genética (sexo, fenotipo, inteligencia), cultural, geográfica, social, familiar, psicológica, etc. Los individuos tienen diferentes capacidades —vigor intelectual, fuerza de voluntad, capacidad de trabajo— que no pueden igualarse mediante la coacción política. Sólo el fruto —la propiedad— puede ser confiscado y repartido cual botín. Además, las capacidades y circunstancias que hacen a unos ricos y a otros pobres son cambiantes durante la vida. Tampoco es posible «crear» oportunidades (tal y como dice un eslogan publicitario) porque éstas son preexistentes y depende de la creatividad humana el detectarlas y aprovecharlas (Huerta de Soto, 2010).

La riqueza no «merecida»

Otras veces se realizan arbitrarios juicios de valor sobre el merecimiento de la riqueza. Por ejemplo, nadie condena al que se hace rico, «sin esfuerzo», con un premio en la lotería; pero muchos se escandalizan de quien se hace rico, honradamente, con su trabajo. Se tacha de inmorales o injustos los pingües salarios que perciben determinados famosos. Las iras recaen con especial virulencia sobre presentadores y tertulianos de programas del corazón, deportistas de élite —futbolistas, pilotos— o youtubers millonarios; entre otros. Es frecuente comparar sus ingresos con los de otros profesionales —médicos, bomberos, maestros— que supuestamente son más «útiles» a la sociedad.

El elenco de lamentos y agravios comparativos que tildan de «excesiva» la ganancia de los famosos puede deberse a la envidia, pero sobre todo a la incapacidad para entender cómo se retribuye el trabajo. «La democracia capitalista del mercado no premia a las gentes en razón a sus ‘verdaderos’ méritos, virtudes personales o excelsitud moral» (Mises, 2011b). Es el consumidor, en última instancia, el que asigna los ingresos de cada individuo; por ejemplo, las audiencias —TV, radio, cine, Internet— fijan indirectamente los cachés; por este motivo, ciertos «famosos» se enriquecen más que otros profesionales. ¿Es esto justo? Si la justicia es «dar a cada uno lo suyo» (Ulpiano), por supuesto que sí. Por ejemplo, la riqueza de J. K. Rowling (creadora de Harry Potter) es la justa retribución al talento creativo de sus novelas que deleitan a millones de lectores. En resumen, el ingreso monetario no depende de nuestras filias, fobias o de una particular concepción del mérito, sino de la productividad del trabajo; es decir, de la personal contribución a la satisfacción de las necesidades y deseos de los consumidores.

Pobreza energética

Otra moda consiste en poner adjetivos para crear subcategorías de pobreza. Pobre energético es quien no puede pagar la factura de la luz o comprar gas butano o el que destina a tal efecto una «excesiva» proporción de sus ingresos. Mutatis mutandi podríamos crear otras subcategorías de pobreza; por ejemplo, pobreza «tabáquica»: no tener dinero para comprar tabaco; pobreza «inmobiliaria»: no tener dinero para comprar o alquilar una vivienda; pobreza «telemática»: no tener dinero para pagar Internet. Los apóstoles de la pobreza energética intentan medirla «científicamente» con ratios que combinan temperaturas, rentas domésticas, precios de la energía, etc. ¿Qué hay detrás de esta impostura? La captura de rentas a expensas del contribuyente: a) Primero se crea un problema y luego se destinan fondos públicos para hacer informes, cursos, conferencias, programas, etc. La O.N.U., la U.E. y los gobiernos elaboran estrategias, crean departamentos, agencias y chiringuitos. b) Se otorgan subsidios directos a los «consumidores vulnerables» y dinero público para mejorar la eficiencia energética de sus viviendas.

Serie ‘El lenguaje económico’

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2010). Socialismo, cálculo económico y función empresarial. Madrid: Unión Editorial.

Kirzner, I. (1995). Creatividad, capitalismo y justicia distributiva. Madrid: Unión Editorial.

Mises, L. (2011a). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Mises, L. (2011b). La Mentalidad Anticapitalista. Madrid: Unión Editorial.

Montaigne, M. (1580). Ensayos. Edición digital basada en la de Paris, Casa Editorial Garnier Hermanos, [s.a.]. http://www.cervantesvirtual.com

Intelectuales y Estado, un perfecto match

La cuestión de los intelectuales y su relación con el Estado es un tema tratado desde la Grecia clásica y siempre expone los mismos problemas: ¿cuál es su naturaleza?, ¿tienen algún deber moral de participar en la vida pública? O la cuestión de si los intelectuales deberían formar parte del Estado. 

Muchas respuestas se han dado a estas cuestiones. En la República Platón abogaba por un gobierno de “sabios”, también durante la Edad Media la clase intelectual clerical se alió con en el Estado y su entramado institucional. Gramsci fue uno de los que trabajó más arduamente en establecer y dirigir la relación entre intelectuales y Estado, y con ayuda de sus escritos y como consecuencia de ello, las ideas comunistas arrasaron en occidente, alcanzando una clara hegemonía cultural en la intelectualidad de la época.

¿Pero qué dicen las voces críticas? Murray N. Rothbard es una de ellas, y se posiciona en una visión escéptica en cuanto a ambos entes y su vínculo entre ellos. En las siguientes líneas veremos cuáles son los argumentos que utiliza el economista americano y cuáles son las respuestas a todas estas cuestiones. 

Si un ladrón viniese a robarte arma en mano, lo más lógico sería que tratases de zafarte de él y si se diese el caso, combatirlo. Pero, ¿qué pasa si otros compañeros ladrones llegan y entre zarandeos comienzan a explicarte que en realidad te está robando por tu bien, y que tu deber moral es darle todo lo que tienes en los bolsillos? Pues si extrapolamos como es debido esta situación, nos encontramos con un Estado que expolia sistemáticamente a sus súbditos mediante el uso de la violencia y se sirve de sus “compañeros ladrones”, la casta intelectual, para legitimar y asegurar su intromisión o permanencia en el poder. 

Aquí es donde cabe preguntarnos, por qué existe tal relación entre casta intelectual y Estado. Pero sobre todo, de qué manera se perpetra dicha coalición criminal. La clave reside en un equilibrio, en una balanza exacta de poder e intereses. 

A principios del siglo XX, el gran torero Rafael el Gallo andaba en una de esas fiestas de Madrid donde se invitaba a la gente más selecta del país. Alguien con mucho humor tuvo la genial idea de presentarle a José Ortega y Gasset. El torero con modestia, decidió preguntar a qué se dedicaba ese tal Ortega, ahí fue cuando le dijeron que era un prestigioso filósofo. El torero respondió: “¿Filo qué, ezo qué e?”, algún amable acompañante tuvo la galantería de explicarle lo que significaba dicho palabro y ahí es cuando el matador pronunció la famosa frase “Hay gente pa’ to”. Más allá de la anécdota que quedará para los anales de la historia, con esto pretendo relativizar el aporte real de nuestros intelectuales a la sociedad, o como dice Rothbard ”el valor de mercado de lo que él aporta al proceso productivo es muy reducido”. 

Si nos situamos en un mercado más o menos libre donde la gente se ve retribuida según las preferencias de los agentes y lo que satisfacen a las necesidades de las demás personas, ¿vosotros creéis que Ortega y Gasset satisfizo en gran medida a Rafael el Gallo? Yo creo que no.

El mercado siempre tendrá graves problemas en crear y mantener una demanda de bienes intelectuales, sobre todo si hablamos del tipo de bienes intelectuales que suelen producir esta casta intelectual, que no suele ir más allá de piezas y sonetos para adular al gobernante de turno, y/o cábalas súper-ultra-metafísicas de difícil comprensión. Solo pues, el Estado mediante sus intervenciones arbitrarias en el mercado, consigue retribuir a dichos intelectuales con los frutos del expolio a los ciudadanos bajo el paraguas del interés común.

Este “fallo de mercado” que algunos lo llamarían, crea un gran pozo de frustraciones y ambiciones fracasadas. El intelectual que se pasa encerrado 8 horas al día entre metáforas y silogismos ve con rabia y envidia a ese camarero que con un simple bachiller consigue ganar probablemente el doble que él con sus artículos publicados en la revista universitaria de turno. La élite intelectual termina por despreciar a sus congéneres y se aleja de lo mundano, mientras flota en una ilusión de trascendencia y vive de los impuestos recolectados por papá Estado.

En conclusión, el intelectual se supeditará a las garras del estado por dos razones: el hambre voraz de poder, nutrido por su soberbia intelectual y aún peor si cabe, la necesidad de retribución de una actividad que, en manos de un mercado implacable, en pocas ocasiones le daría para llenarse el estómago.

Una coalición no se mantiene durante más de 2000 años si las dos partes no se ven beneficiadas. Esto quiere decir que el Estado, al igual que los intelectuales necesita de dicha alianza para su subsistencia. El Estado utiliza cantidades ingentes de fondos y energía en establecer un doble rasero para con la población, en legitimar su actividad criminal. Lo podemos ver cuando, por actividades que el aparato estatal, realiza de manera común como el asesinato o el hurto, todos y cada uno de nosotros pasaríamos una temporada bien larga entre rejas. Es el poder de la legitimación.

El Estado necesita crear una aureola de legitimidad que le permita realizar sus execrables actividades sin que sus súbditos se revuelen. Aquí es donde entran en juego nuestros amigos los intelectuales, estos mismos nutren el discurso legitimador a través de técnicas y contenido que adulen al emperador y sobre todo que calmen a las masas. Sin embargo, me gustaría recalcar que no estamos frente a una batalla entre intelectuales de izquierdas contra intelectuales de derechas, ni mucho menos, aquí se trata de cómplices del estado versus escépticos del estado. Solo te invito a esperar unos años a que giren las tornas políticas y verás de qué color se teñirá la Gala de los Goya.

La discriminación negativa y positiva existen, y no hay más que escuchar sandeces como las de que “la cuota de personas racializadas en Vikings deja mucho que desear” o que el súper villano de la última temporada de La Casa de Papel sea un militar, racista y homófobo. Esto solo es una pequeña demostración de que el Estado se sirve de la casta intelectual no solo para legitimar su existencia como ente opresor, sino para además, adoctrinar en la ideología que más le convenga para mantenerse en el poder. Aún me lloran los oídos escuchando a Leticia Dolera diciendo que la financiación pública de sus películas se devuelve con relato cultural. 

Sin embargo y por fortuna, no siempre es así, existen por todas partes gente pensante que alza la voz libre de sobornos y banderas. Gente que piensa a contracorriente y da la batalla por sus ideas propias. Los liberales no debemos dudar en participar en el mercado de las ideas, por muy intervenido que esté, y luchar hasta por la última parcela de libertad que nos quede por conquistar. De lo contrario nos convertiremos en tácitos y serviles mamporreros del Estado.

El comisariado

Cuando vemos la oscarizada La vida de los otros (2006), nos suele llamar la atención cómo una sociedad entró en el más absoluto pánico. Un pánico irracional hacia sus vecinos. No consistía en el miedo hacia la dictadura comunista de la República Democrática Alemana, sino hacia los propios amigos o parientes. De hecho, tras la caída del Muro de Berlín en 1989 se supo que la Stasi llegó a contar con una cuarta parte de la población del país como confidente.

Una de las características fundamentales de las sociedades no democráticas, aquellas que anulan totalmente la libertad del individuo, es inocular en su población un miedo permanente. Con el fin de atomizar a los individuos, es decir, de convertirlos en entes sin capacidad de raciocinio independientes (en el mal sentido) de los demás, los regímenes dictatoriales deben dividir a la población. Ya sea entre capitalistas y proletarios, arios y judíos, o cualquier otro tipo de división que nos imaginemos, los regímenes antidemocráticos deben vivir en una división permanente de sus sociedades.

Para ello, el papel de los medios de comunicación es vital. Estos regímenes necesitan la colaboración, o directamente la intervención, de los medios. El discurso oficial debe prevalecer en cualquier aspecto del debate público. De hecho, todas las personas consideradas indeseables por el régimen deben, en primer lugar, convertirse en mal vistas por la opinión pública en general. La manipulación de estadísticas, las cuales pueden demostrar cualquier cosa que se proponga el que las formula, ha de llegar a extremos inimaginables.

El fin de este hecho es buscar la división entre la sociedad. Toda trifulca entre individuos, toda división que hagan entre ellos, es un contencioso que se ahorran los gobernantes. El triunfo máximo de este sistema consiste en que los individuos se conviertan en agentes estatales a título gratuito, como en la película. De esa forma, el Estado conseguirá enfrentar a sus individuos entre sí, ignorando por completo a los que hayan promulgado las normas que los dividen. Cuando estas normas no consigan los resultados esperados, el haber marcado de forma independiente a ciertos sectores de la sociedad hará mucho más fácil añadir ulteriores dosis de intervención como pretexto al mal comportamiento de algunos, exactamente como explicó Hayek hace tres cuartos de siglo.

Los agentes estatales no llegan, ni de cerca, al 1% de la población. No es viable para una administración establecer una política que vigile a la totalidad de los individuos. Necesita del concurso, gratuito, de gente motivada que crea que está luchando por un bien superior, algo que le han enseñado que es la bondad y la normativa que va a llevar a la sociedad a un estado de perfección. Tienen que vivir en el convencimiento absoluto de que están realizando un bien impagable para la sociedad. Da igual que sean vecinos, amigos o inclusive parientes. Se trata de hacer el vacío, dejar de lado a todas las personas que no vayan comulgando con la narrativa oficial. Ya no serán personas con las que hayan convivido en paz, puede que hasta con favores personales o cordialidad a lo largo de toda una vida. Ahora serán personas que, por algún motivo, ya no son dignas de confianza o que pongan en peligro su seguridad, inclusive con su simple presencia.

Sin embargo, este proceso no es abrupto ni instantáneo. Se trata de ir laminando poco a poco la moral de los habitantes. Las normativas absurdas y discriminadoras deben ser promulgadas poco a poco. No se le puede decir a la población, de golpe y porrazo, que tienen que dejar a sus amistades. Se les tiene que ir arrinconando poco a poco. Primero, no se les permitirá la entrada en ciertos establecimientos. Gracias a un bombardeo constante desde los medios de comunicación, esta discriminación estará más que justificada. Ningún argumento racional o lógico sacará a la mayoría de la población de sus fobias. La propia sociedad los irá dejando de lado. De esta forma, ellos mismo se irán asociando o juntando entre ellos, siendo más fácil dirigir las críticas. Así, nuevas dosis de intervención estarían justificadas ante la opinión pública. Antes que asumir el fracaso de la intervención y asumir que ha sido utilizada con motivos espurios, la sociedad preferirá mayores dosis de intervención con las que cargar sobre sus hombres antes que asumir sus errores.

¿Les suena?

¡No hay pan para tanto título!

Estos últimos meses no hemos parado de leer en los medios cosas como: “no hay suficientes camareros en Mallorca” o “la falta de transportistas va a provocar una crisis de suministros”. Noticias bastante sorprendentes teniendo en cuenta el elevadísimo nivel de desempleo que sufrimos. Muchos achacan estos fenómenos a la baja cualificación o a los bajos salarios, ¿pero realmente es así?

Respecto al primer punto, sería precisamente, al contrario, la excesiva cualificación. Y es que durante muchísimos años (y muchas veces aún hoy), en España todo lo que no fuese ir a la universidad era visto como un fracaso, lo que ha provocado unas tasas de estudiantes universitarios enormes y totalmente alejadas de la realidad del mercado laboral, creando verdaderas burbujas. Para que se hagan una idea, hace unos años, en España, se graduaban en derecho las mismas personas que en Francia e Italia juntas, un sinsentido a todas luces. Este hecho impulsado por la “titulitis” existente, nos ha dejado un panorama desolador, jóvenes con varias carreras y másteres en el paro o en el Burger King, mientras que trabajos esenciales se quedan sin cubrir por falta de personal.

Hace unos pocos años, un ministro de educación ya alertó sobre esta situación y llamó a reducir la tasa de universitarios en favor de otras opciones como la FP, pero fue tachado de querer acabar con la universidad y con la educación en general, (el populismo de siempre) por buena parte del lobby mediático y la idea fue abandonada. La realidad es que, ante el protagonismo de la universidad, el resto de opciones como la FP, han quedado siempre en un segundo plano, a diferencia de Alemania por ejemplo. Esto afecta notablemente no solo a su prestigio, sino seguramente también al nivel de estas.

En cuanto al segundo punto, los salarios, poco hay que decir, es simplemente la ley de la oferta y la demanda. Si en algunos sectores se empiezan a demandar trabajadores, por encima de la cantidad de estos, que ofrecen dichos demandados servicios, los salarios tenderán a subir hasta que la oferta toque con la demanda. El ejemplo que todos recordamos es el del boom de la construcción, cuando la demanda de peones, albañiles… superó con creces la cantidad de trabajadores que ofrecían esos servicios, y el sueldo de estos se disparó, hasta cifras impensables tiempo atrás.

Con todo esto y sin que el modelo educativo haya cambiado en absoluto, parece que en los próximos años no vamos sino a seguir observando este tipo de fenómenos, donde veamos a trabajadores sobre cualificados, en una cantidad totalmente inasumible por el mercado de trabajo y por tanto, o bien en paro, o bien con sueldos miserables. Mientras, los trabajos que antaño se veían como menos prominentes, véase fontaneros, electricistas… tendrán trabajo casi asegurado, con una remuneración muy alta, ante la gran demanda de ellos (cada vez somos menos “manitas”) y la poca oferta existente, haciendo incluso que muchas veces exista escasez de este tipo de trabajadores. 

En resumen, por si algún padre o madre nos está leyendo. El mundo laboral se ha dado la vuelta. Que su hijo le diga que no quiere ir a la universidad y que quiere estudiar una FP o algo del estilo, para trabajar en lo que los británicos denominan trabajadores “blue collar”, no debe de ser un drama, sino todo lo contrario. Ya que es muy probable que se enfrente a una vida laboral, hoy por hoy, bastante más esperanzadora que si le dijese que quiere ser abogado, periodista o economista.

¿Es posible el ciber-comunismo?

De manera directa, me atrevo a afirmar que estamos ante una nueva ronda en el histórico debate del cálculo económico socialista. El clásico enfrentamiento que tuvo lugar en el siglo XX entre Mises, Hayek y Robbins, por un lado, y Lange, Taylor, Dickinson o Lerner, por otro, fue interpretado por el consenso científico en economía como una victoria para los socialistas neoclásicos (Bergson 1948; Schumpeter 2006; Samuelson 1948). Los socialistas demostraron que la planificación central era posible mediante un modelo competitivo de prueba y error, que emulara de alguna forma el funcionamiento del mercado. Sin embargo, los que estamos familiarizados con los trabajos del profesor Huerta de Soto (2010), sabemos que existió un nuevo análisis del debate por parte de economistas austriacos varios años después. Esta interpretación alternativa fue liderada por Don Lavoie (1985), quien planteó la idea de que el problema principal de la planificación central no es tanto la recopilación de la información sino su creación. Es decir, en tanto que la planificación central elimina la institución de la propiedad privada sobre los medios de producción, no se puede crear la información, en forma de precios, necesaria para poder asignar el capital en las líneas de producción que más lo demandan. De esta manera, Lavoie planteó que el debate no fue ganado por los socialistas sino por los austriacos. Posteriormente, el propio Huerta de Soto acuñó este argumento dinámico sobre la creación de conocimiento y la interpretación alternativa del debate.

Ni diez años después del trabajo de Lavoie, una nueva generación de socialistas quiso retomar el debate del cálculo económico y responder a los austriacos. Hablamos de Allin Cottrell y Paul Cockshott. Estos autores, en su famoso artículo Calculation, Complexity, and Planning: The Socialist Calculation Debate Once Again (1993), afirmaron que, desde Lavoie, nunca hubo una respuesta contundente a la nueva interpretación austriaca y que, por tanto, su principal cometido era intentar proveer esa respuesta. Para ello, plantearon el argumento socialista de forma distinta a cómo lo hicieron los anteriores socialistas neoclásicos. En este caso, Cottrell y Cockshott se basaron en la teoría del valor trabajo, rechazando la teoría subjetiva del valor que sí apoyaban los anteriores socialistas, y concluyeron que esta posibilita la planificación central, de la mano de los avances en la capacidad computacional de los ordenadores modernos. Es decir, que si sustituimos los precios de mercado por mediciones en horas de trabajo y nos ayudamos de computadoras, la planificación central es posible. Por tanto, dado que la planificación sería ahora cibernética, el sistema propuesto ha sido llamado ciber-comunismo.

En un reciente working paper (Moreno-Casas, Espinosa, and Wang 2022), Victor Espinosa, William H. Wang y el autor de esta pieza de opinión, analizamos la posibilidad del ciber-comunismo, tal y como ha sido planteado por Cottrell y Cockshott y, también, algunos de sus seguidores como Nieto y Mateo (2020). Lo hacemos desde la teoría de complejidad, aplicada a la economía en sus versiones dinámica y computacional (Rosser Jr. 2009).

En primer lugar, dejamos claro que la propuesta de Cottrell y Cockshott puede enmarcarse en la complejidad computacional, puesto que los autores se basan en conceptos como la tesis Church-Turing, la teoría de la información de Shannon (1948) o la teoría de la información algorítmica de Chaitin (1987), que constituyen las bases del enfoque computacional de la complejidad a la economía (Rosser Jr. 2009). En efecto, los ciber-comunistas sostienen que en su sistema socialista la planificación central es computable, por su grado de complejidad. Esto parece chocar, en principio, con algunas ideas que son ampliamente reconocidas tanto en la versión dinámica como la computacional aplicadas a la economía. Por un lado, la visión dinámica parte de la base de que no puede haber un explotador global de todas las oportunidades en un sistema complejo, que no se pueden alcanzar óptimos globales y, por tanto, la economía se encuentra siempre movida por dinámicas fuera de equilibrio (Arthur, Durlauf, and Lane 1997). Por otro lado, la visión computacional entiende directamente que el problema del cálculo económico es NP-complejo y los precios de equilibrio no son computables (Markose 2005; van den Hauwe 2011). ¿Cómo es entonces posible que Cottrell y Cockshott se posicionen en favor de la planificación central de la economía desde un enfoque de complejidad computacional?

La respuesta a la anterior pregunta la encontramos en dos partes. Primero, es lógico que Cottrell y Cockshott no compartan las características de un sistema complejo que proporciona la complejidad dinámica, puesto que ellos sostienen un enfoque computacional, que en muchas ocasiones rechaza la visión dinámica y el concepto de emergencia por ser demasiado general y poco preciso (Rosser Jr. 2009). Después, ellos mismos reconocen el problema de la computabilidad de los precios en el equilibrio Walrasiano (Cottrell and Cockshott 2007), en línea con los autores de la complejidad computacional, pero entonces demuestran que, si asumimos la medición en tiempo de trabajo, sí podríamos computar un plan central. De hecho, ponen el ejemplo del sistema nervioso de una mariposa para demostrar que un sistema de control puede computar un sistema de manera completa sin ni siquiera necesidad de recurrir a aritmética (Cottrell and Cockshott 1993). Aquí, el problema del planteamiento de Cottrell y Cockshott es que olvidan la cuestión central de la autorreferencia.

La autorreferencia se relaciona con un fenómeno por el que un elemento se refiere de manera directa a sí mismo, lo que puede conducir a paradojas. Koppl y Rosser Jr. (2002) estudian el fenómeno de la autorreferencia en economía en varios niveles. Uno de ellos es el juego Holmes-Moriarty planteado por Oskar Morgenstern, en el que la hipótesis de racionalidad perfecta lleva al juego a una paradoja “yo pienso que el otro jugador piensa que yo pienso…”. En paralelo a este razonamiento, en otro de los niveles, Koppl y Rosser Jr. concluyen que, en tanto que los planificadores tienen el mismo nivel de racionalidad y computación que los agentes en una economía, el control y la predicción es imposible puesto que conduce a paradojas derivadas de autorreferencias (“yo pienso que el otro agente piensa que yo pienso…”). Además, siguiendo la tesis de Wolpert (2001), esta paradoja no podría resolverse ni siquiera asumiendo que el problema (planificación central) es computable, incluso con la existencia de un hipercomputador, puesto que ningún computador dentro del mundo es capaz de predecir siempre de forma correcta lo que ocurrirá en el mundo antes de tiempo. Sería necesario estar fuera del sistema, como un observador con mayor grado de complejidad que el sistema observado, para poder anticipar y controlar su comportamiento.

El problema de Cottrell y Cockshott es que cuando hablan de la mariposa o su sistema de control, parecen asumir que este se encuentra fuera del sistema nervioso, como una entidad de complejidad superior que pudiera controlar y computar el sistema nervioso de la mariposa. La realidad es que no es así, y al encontrarse dentro del propio sistema, no podrá predecir ni explicar completamente su comportamiento (Hayek 1952). Aplicado a la planificación central, podemos decir que un gobierno no puede conocer ni predecir completamente la evolución de una economía que contiene el plan central dentro de ella misma (Rosser Jr. 2012). Como sugería el profesor Rallo en un comentario a nuestro working paper: “justamente un sistema ha de poder falsarse a sí mismo (¿cómo sé que estoy equivocado si he de decir yo si estoy o no equivocado?) y para eso hacen falta fuentes de falsación externas al plan [central]”.

Además de lo anterior, cabe cuestionar dos asunciones fundamentales que hacen Cottrell y Cockshott, a saber: (1) que una economía puede funcionar de acuerdo a la teoría del valor trabajo, y (2) que el bureau planificador cuenta con información sobre los coeficientes técnicos de producción o puede hacerse con la información relevante necesaria para elaborar el plan de producción. Estas dos suposiciones no las vamos a desarrollar en este artículo por motivos de extensión, pero recalcamos que también son criticadas en nuestro trabajo. Por ello, animamos a cualquier lector que se dirija a nuestro working paper, citado abajo, en caso de que quiera profundizar más en la crítica.

En conclusión, podemos decir que el ciber-comunismo diseñado por Cottrell y Cockshott no es posible, debido, entre otros motivos, al problema fundamental de la autorreferencia que hemos discutido en este artículo. También hay otros problemas, como las suposiciones acerca de la teoría del valor trabajo y la información, o también, si es posible la agregación de preferencias individuales en una preferencia social. Como nueva ronda en el debate del cálculo económico, el ciber-comunismo merece toda la atención posible por parte de los economistas, concretamente, de los economistas austriacos. Esto quiere decir que serán necesarios trabajos posteriores, cuantos más mejor, que puedan analizar la propuesta ciber-comunista desde distintos puntos de vista.

Referencias

Arthur, W. Brian, Steven N Durlauf, and David A Lane. 1997. “Introduction.” In The Economy as an Evolving Complex System II, edited by W. Brian Arthur, Steven N Durlauf, and David A Lane, 1–14. Reading: Addison-Wesley.

Bergson, Abram. 1948. “Socialist Economics.” In A Survery of Contemporary Economics, edited by Howard S. Ellis, Vol. 1, 412–48. Homewood, Ill: Richard D. Irwin.

Chaitin, Gregory J. 1987. Algorithmic Information Theory. Cambridge, UK and New York: Cambridge University Press.

Cottrell, Allin, and Paul Cockshott. 1993. “Calculation, Complexity and Planning: The Socialist Calculation Debate Once Again.” Review of Political Economy 5 (1): 73–112. https://doi.org/10.1080/09538259300000005.

———. 2007. “Against Hayek.” MPRA Paper No. 6062.

Hauwe, Ludwig M.P. van den. 2011. “Hayek, Gödel, and the Case for Methodological Dualism.” Journal of Economic Methodology 18 (4): 387–407. https://doi.org/10.1080/1350178X.2011.628045.

Hayek, Friedrich August. 1952. The Sensory Order: An Inquiry into the Foundations of Theoretical Psychology. Chicago: The University of Chicago Press.

Huerta de Soto, Jesús. 2010. Socialism, Economic Calculation and Entrepreneurship. Cheltenham: Edward Elgar Publishing.

Koppl, Roger, and J. Barkley Rosser Jr. 2002. “All That I Have to Say Has Already Crossed Your Mind.” Metroeconomica 53 (4): 339–60. https://doi.org/10.1111/1467-999X.00147.

Lavoie, Don. 1985. Rivarly and Central Planning: The Socialist Calculation Debate Reconsidered. Cambridge: Cambridge University Press.

Markose, Sheri M. 2005. “Computability and Evolutionary Complexity: Markets as Complex Adaptive Systems (CAS)*.” The Economic Journal 115 (504): F159–92. https://doi.org/10.1111/J.1468-0297.2005.01000.X.

Moreno-Casas, Vicente, Victor I. Espinosa, and William H. Wang. 2022. “The Political Economy of Complexity: The Case of Cyber-Communism.” https://papers.ssrn.com/abstract=4012265.

Nieto, Maxi, and Juan Pablo Mateo. 2020. “Dynamic Efficiency in a Planned Economy: Innovation and Entrepreneurship without Markets.” Science and Society 84 (1): 42–66. https://doi.org/10.1521/SISO.2020.84.1.42.

Rosser Jr., J. Barkley. 2009. “Computational and Dynamic Complexity in Economics.” In Handbook of Research on Complexity, edited by J. Barkley Rosser Jr., 22–35. Cheltenham: Edward Elgar.

———. 2012. “Emergence and Complexity in Austrian Economics.” Journal of Economic Behavior and Organization 81 (1): 122–28. https://doi.org/10.1016/j.jebo.2011.09.001.

Samuelson, Paul A. 1948. Economics. 1st ed. New York: McGraw-Hill.

Schumpeter, Joseph A. 2006. History of Economic Analysis. New York: Routledge.

Shannon, C. E. 1948. “A Mathematical Theory of Communication.” Bell System Technical Journal 27 (3): 379–423. https://doi.org/10.1002/J.1538-7305.1948.TB01338.X.

Wolpert, David H. 2001. “Computational Capabilities of Physical Systems.” Physical Review E 65 (016128): 1–27. https://doi.org/10.1103/PHYSREVE.65.016128.

¿Está en crisis nuestra democracia?

En fechas donde hacemos memoria de nuestra Constitución siempre reflexiono sobre este marco y sobre ello escribo. En noviembre de 2017 escribí esto que comparto. Nuestra misión, al menos la mía y seguro la de mucha gente sensata, no es sólo acatar la democracia, es apreciarla, cuidarla y mejorarla. Yo he votado la Constitución del 78 con 18 años. La valoro; es inmensa, generosa, firme y, claro, mejorable. No puedo calificar de dudosa nuestra democracia. Algunos sí lo hacen.

Tampoco puedo identificar a la democracia con nuestros gobernantes. ¡No!, es tan mía y suya, que lee esto, como de los que gobiernan, legislan o enjuician, es del sector público y del privado. Es el soporte para la confianza mutua. Es el campo de encuentro cívico, es lo que nos hemos dado como marco, el marco de la Ley de leyes. Necesito y necesitamos este campo, para pisar suelo firme, para poder tener cierto grado de seguridad jurídica para apoyar y defender la Libertad. Y esto lo necesita tanto yo, como usted, nosotros, vosotros y ellos, todos y cada uno. Es un principio básico, la igualdad de todos bajo la ley para la defensa de la Libertad, es un sostén fundamental. La Justicia cuida de la Libertad como la Economía cuida de la Política. Lo sabemos, sin ingenuidad, pero no por definición, sino por su praxis y, bueno, las praxis siempre están condicionada o depende de quienes la practican. 

¿Democracia dudosa? ¡No, en absoluto! mejorable sí, pero indiscutible para marcar las rayas del ‘fuera de juego’ al que incumple la ley, sea quien sea, gobernante o no. Las rayas bien definidas por la Constitución Española y el Estatut de Catalunya se han traspasado nítidamente. Lo sabe Europa y el mundo, aunque sutilmente lo oculte el independentismo bajo la falsa apariencia pacífica.

Aquel Govern, 72 o 70 diputados no avalan la legitimidad de las leyes de transitoriedad, “las de desconexión“, ni la DUI. La verdad de una injusticia la han envuelto y tapado, violenta y sutilmente, en una mentira; “con 72 diputados decidieron unilateralmente era suficiente”, no 90. Para seguidamente pretender legitimarlo en el Parlament el 6 y 7 de septiembre y con un muy discutible e irreputado referendum ilegal el 1-O, con signos de pucherazo y múltiples irregularidades, los porcentajes de votos a favor, en contra, en blanco y nulos o defectuosos sumaban más del 100%.

Así, con todo, el Govern y los 72 o los 70 pretendieron dar “carta de ciudadanía” a la imposición independentista. Pretendieron darle halo democrático a un totalitarismo. Esto que han hecho los independentistas es una gran mentira, una tremenda impostura totalitaria. Nada legal, nada democrática y nada que ver con la Libertad. Así, el art. 155 de la Constitución de España, no aplicado hasta aquella fecha, se ha mostrado como una gran herramienta, una obra maestra, es el artículo garante de la restauración de la seguridad jurídica para todos y cada uno, lo alaban los agentes económicos y lo avala la distensión de las variables económicas, micro y macro, ¡hasta Freixenet y toda las gentes de San Sadurní y tantos más!, artículo garante del orden legítimo, garante ante los reales abusos de “responsables”  de administraciones públicas, ante los “rebeldes”, sediciosos, malversadores y mentirosos. Artículo el 155 del que se vale el estado social democrático de derecho para restaurar las heridas y encauzar los caminos para la concordia rota.

Pero mirando la historia democrática, sí es verdad que efectivamente, a la luz del hoy convulso, demasiadas concesiones se les ha otorgado en negociaciones a los “nacionalistas” en nuestra democracia. Pero las diacronías en los juicios suelen ser difícilmente objetivas. Las democracias están llenas de vitalidad, estamos vivos, llenos de gente que en su acción humana deciden, eligen, renuncian y acuerdan sujetos a las restricciones exógensa y endógenas que operen, agentes que también aciertan y se equivocan. Esa es su esencia. Los apoyos para gobernar son los que son y están las personas que están, en cada momento.

Efectivamente, la historia y la realidad futura es siempre consecuencia de las decisiones, elecciones, renuncias y acuerdos previos y presentes, pero del futuro, más allá de una legislatura, poco se suele vislumbrar, de eso poco o nada se trata, es sólo perspectiva del gran estadista, de la alta política y del discernimiento ‘profético’. Ello sí creo ha faltado, en mayor o menor grado, en las sucesivas legislaturas. ¿Aprenderemos con todo esto? Yo sí quiero aprenderlo y no olvidarlo, pero a la luz de los acontecimientos vistos en el convulso transcurrir político durante todo este periodo y ya en 2022, con el papel ejercen los reales apoyos que sostienen el gobierno del PSOE y de Podemos, poco aprendizaje y mucho olvido ha habido y, sin duda, el exceso de intervencionismo público regulador y la sobredimensión del Estado ha generado la falta de confianza mutua, la merma de la actividad económica y una patente pérdida de libertad al resentirse la confianza.

Los secretos que nos convengan

En un país cuyas administraciones públicas han hecho históricamente alarde de opacidad en la toma de sus decisiones, lo que crea un caldo de cultivo muy propicio para la corrupción institucional, la aprobación de la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno concitó algunas esperanzas de que el control externo de la actividad política y administrativa por parte de una amplia base de legitimados ( Art. 12 )1 arrojaría rayos de transparencia sobre prácticas que no soportan un examen legal de ser conocidas. Como colofón de esa innovación institucional el nivel ético y la rendición de cuentas de políticos y empleados públicos alcanzarían escalas desconocidas hasta el momento y, en definitiva, se harían más factibles los desiderata enunciados en el artículo 103 de la Constitución2.

Más curiosa fue la exultación mostrada por el gobierno del Partido Popular, presidido por Mariano Rajoy Brey, que promovió esa legislación. No en balde aquel año había arreciado el escándalo por la financiación ilegal del partido. Las declaraciones de su principal dirigente cuando fue interrogado sobre el famoso intercambio de mensajes con Luis Bárcenas Gutiérrez, tesorero y contable durante 20 años, en el sentido de que los sms solo ratificaban que el Estado de derecho no se sometía a chantaje marcaron un hito en la bellaquería de los políticos españoles, solo muy recientemente superado por el actual inquilino de la Moncloa.

La coincidencia con la tramitación parlamentaria del proyecto de ley de transparencia resultaba un trasunto de la estrategia exhibida por bravos luchadores contra la corrupción anteriores, como Felipe González Márquez, consistente en negarla si afectaba a su banda, en primer lugar, y luego anunciar grandes reformas legislativas para que las conductas corruptas no quedaran impunes.

La aparición de internet años después de la aprobación de la Constitución de 1978 multiplicaría de forma insospechada la capacidad de almacenamiento, publicación y acceso a la archivos públicos, pero la verdad es que ya el artículo 105 b)3 remitía a un desarrollo legislativo que se había demorado más de 35 años. Además, el portal de transparencia del gobierno tardaría un año en ponerse en marcha por las dificultades comprensibles de semejante despliegue de información y archivos potencialmente volcables en la red.

Pues bien, transcurridos más de ocho años desde la promulgación de todas las previsiones legales en materia de transparencia, el balance no resulta demasiado halagüeño. La creación de unidades administrativas específicas para encargarse del cumplimiento de las previsiones de la Ley en cada una de las administraciones públicas parece algo loable, pero la incrustación de un nuevo órgano administrativo mixto, el Consejo de la transparencia, puede prolongar sine die los procedimientos de reclamación de información a las mismas. Si bien puede requerir al gobierno la publicación de informaciones y datos sobre su actividad, a instancia de quiénes no lo hayan obtenido directamente, el incumplimiento por parte de la administración requerida deriva en un punto muerto que demora aún más la intervención de los tribunales contencioso administrativos. En última instancia, ni siquiera tiene consecuencias sancionatorias para los gobernantes o empleados públicos que infrinjan la obligación de dar cuenta sobre informaciones accesibles para los ciudadanos.

Es más. Si ya la ley establece una discrecionalidad excesiva para limitar el acceso a la información por suponer un perjuicio para una larga lista de intereses (Art 14) en la práctica el gobierno de Pedro Sánchez Pérez-Castejón ha esgrimido pretextos tramposos y leguleyos para desatender los requerimientos de ese llamado Consejo de la Transparencia. Como muestra dos ejemplos:

  1. El gobierno ha eludido las peticiones de información sobre el compulsivo uso y coste del avión Falcon, que tiene asignado para uso oficial el jefe del gabinete y sobre el que pesan justificadas sospechas de uso indebido. Sorprende que esta información no llegue por vía parlamentaria a cualquier diputado o senador, pero parece una burla que el gobierno esgrima que se trata de una materia clasificada, invocando para negarse a informar la Ley de Secretos Oficiales de 1968.
  2. Más recientemente, invocando otra vez su supuesto carácter “clasificado”, obstaculiza el conocimiento de sendos informes administrativos, emitidos por la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) y la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) para avalar la subvención de 53 millones de euros – canalizados a través de un préstamo participativo de 34 millones y un préstamo ordinario de 19 millones – a la compañía aérea hispano venezolana Plus Ultra, dentro del fondo de 10.000 millones de euros “de apoyo a la solvencia de empresas estratégicas”, gestionado por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), dependiente del Ministerio de Hacienda. El propio Consejo de Ministros ratificó esa subvención mediante acuerdo de 9 de marzo de 2021.

Como denunció en su día el eurodiputado Luís Garicano Gabilondo para que la comisaria europea de la competencia investigara esa subvención, se incumplieron descaradamente las condiciones establecidas, tanto por el propio gobierno en el Real Decreto-ley 25/2020, de 3 de julio, de medidas urgentes para apoyar la reactivación económica y el empleo, como la Comisión europea

Una vez que este asunto ha llegado a un Juzgado de instrucción penal, que investiga la comisión por parte de los gestores de la S.E.P.I de los presuntos delitos de prevaricación en concurso ideal con otro de malversación de caudales públicos en la concesión de esas subvenciones, resulta obvio el interés del gobierno por impedir el análisis de esos informes por parte de cualquier ciudadano.

En definitiva, casos muy significativos que han llegado al Consejo de la Transparencia, muestran hasta qué punto la proliferación de organismos que supuestamente sirven para controlar o fiscalizar al gobierno y a la administración, solapados sobre otros ya existentes, pueden difuminar o incluso entorpecer la exigencia de responsabilidades políticas, administrativas o penales de los gobernantes y gestores públicos.

1Todas las personas tienen derecho a acceder a la información pública, en los términos previstos en el artículo 105.b) de la Constitución Española, desarrollados por esta Ley.

Asimismo, y en el ámbito de sus respectivas competencias, será de aplicación la correspondiente normativa autonómica.

2 1. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho.

2. Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la ley.

3. La ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones

3 La ley regulará:

b) El acceso de los ciudadanos a los archivos y registros administrativos, salvo en lo que afecte a la seguridad y defensa del Estado, la averiguación de los delitos y la intimidad de las personas.

Chile, el país en que está todo en cuestión

Doblaron las campanas en América Latina al saberse las noticias que llegaban desde Chile. Un hálito de desaliento para unos o la efervescencia triunfalista para otros se configura en un país marcado por una polarización que se ha constituido en determinante para los chilenos a la hora de plantear su voto: ¿por cuál de los extremos, finalmente, me inclino?

Pero hay ciertas cuestiones que no podemos dejar de lado en el análisis de un país de referencia para los demócratas del continente. Desde el denominado ‘estallido social’ de 2019 que dio pie a las convulsiones sociales que se prolongaron durante menses, Chile se enfrenta a su propio destino: es el país donde todo está en cuestión.

Todo empezó con las falsas premisas de que el sistema chileno no funcionaba, que las élites no habían hecho su trabajo y que era uno de los países más desiguales del continente. Pero después de que el transporte público incrementase su precio, la mecha se había encendido y todos aquellos argumentarios extraviados parecían calar con sutileza entre un grupo de ciudadanos insatisfechos.

Entonces, como si de un remilgo obsoleto se tratase, empezaron a brotar las arengas empecinadas demandando una nueva Constitución. La historia se repite, las comparaciones son odiosas y nadie aprende en cabeza ajena. La realidad es que la Constitución de 1980 tiene más de cincuenta reformas. En el año 2005 el presidente socialista, Ricardo Lagos, tras la aprobación por el Congreso chileno de una serie de reformas constitucionales propuestas por él mismo, manifestó: 

“Hoy, el nuevo texto constitucional se pone a la altura del espíritu democrático de todos los chilenos (…) hoy Chile se une tras este texto constitucional”. Entonces, el falaz argumento de que la Constitución del ochenta es la ‘constitución de la dictadura’ o la ‘carta del dictador’, sencillamente, no se sostiene.

En contrapartida, Chile con su actual Constitución es una democracia sólida y la tercera mejor de América Latina donde sus ciudadanos gozan de garantías y libertades plenas. Es el país con las instituciones públicas más respetadas de la región, con los índices más bajos de corrupción y uno de los países que más ha reducido sus índices de pobreza y desigualdad en el continente.

Vargas Llosa había anticipado, a propósito de las elecciones en Chile la situación de la región latinoamericana bajo la siguiente idea: “en estos días podremos estar perdiendo América Latina”. Podemos atender a ese alegato siempre y cuando sepamos con qué envoltura se disfraza el discurso ‘progresista’ amamantado por los mejores intérpretes caribeños y transnacionales: feminismo, igualitarismo, intervencionismo, estatismo y plurinacionalidad. 

Al final del día, para las alegorías iniciales y los discursos radicales resulta que los problemas de Chile no son la economía, el fortalecimiento institucional y democrático, los niveles de desempleo o el desarrollo humano, sino, los mismos que se abordan con ímpetu e ingenuidad rastrera en la España de Pablo Iglesias y Podemos o en la Argentina peronista de Alberto Fernández, entre otros miembros que se jactan de los vicios del perverso modelo político cubano.

Boric será presidente de Chile, ha ganado las elecciones con una interesante diferencia de algo más de diez puntos frente a Kast. Será presidente de aquel país un político que nunca en su vida trabajó ni ha digerido los sinsabores de la clase trabajadora, oprimida o excluida, a la que dice defender. Empezó estudiando Derecho, carrera que nunca pudo concluir y se perfila como primer mandatario de uno de los países con mejores índices de competitividad y educación de América Latina, hasta ahora. 

Las élites chilenas no se han aclarado y no reflexionaron acerca de su capacidad para maniobrar la movilización social que se venía gestando desde tiempo atrás porque se confiaron en una planteamiento erróneo y reiterativo: mientras la economía vaya bien, lo demás vendrá por añadidura…Y todo bajo la estela de un centrismo inocuo, cuando la izquierda nórdica que añoran sus adeptos en América Latina, sencillamente, no existe.

Y sí, la política juega un papel determinante en un ambiente de discursos enfrentados, tanto como la economía y la cohesión social. Algo de lo que han sido incapaces los presidentes, políticos y alfiles del sistema que preceden a este momento histórico.  

Las nuevas generaciones de chilenos que han crecido en ese estado de bienestar que les ha proporcionado su país no han conocido la decadencia, el sufrimiento de la migración, las colas del hambre o las cartillas de racionamiento. Han votado a un presidente que defiende un modelo probadamente fracasado en el mundo y, más aún, en una región que se empecina en repetir sus mismos errores una vez tras otra. Chile, entonces, se suma a la lista del progresismo utópico que nada tiene que ver con mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Se viene el Chile de la involución.

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo LXV: Sobre la defensa del Estado (II)

Continuando el comentario anterior, habría que señalar que el señor Audet acierta cuando apunta la obsesión de muchos liberales y libertarios por los impuestos, afirmación que entiendo bastante correcta. Audet explica la fiscalidad española y apunta que no es tan alta para mucha gente, al menos en lo que se refiere al impuesto sobre la renta que cifra sino recuerdo mal en un 19% . Pasa un poco por encima del IVA que es el 21% en la mayoría de los bienes que adquirimos y se olvida de los impuestos al trabajo enmarcado en las cotizaciones a la seguridad social. Tampoco hace mención a los  de impuestos especiales a determinados consumos como el agua, el combustible o la electricidad tan de moda en estos momentos. Los impuestos  de sucesiones ,los impuestos de plusvalías o los de transmisiones patrimoniales o los impuestos al ahorro y la inversión entre otros muchos tampoco los ha tratado. Si lo hiciera la media del 40 o 50% de tributos pagados por la ciudadanía sería bastante correcta. Recuerde que sólo los impuestos al trabajo son algo así como un tercio del salario de un trabajador y que el porcentaje del 40% de impuestos se refiere a la media de la población, incluyendo aquellos que no trabajan. El trabajador común paga bastante más de ese 40% de sus ingresos. No niego que a cambio recibe una gran variedad de prestaciones y servicios suministradas estatalmente, pero el porcentaje de lo que se paga es cuando menos muy elevado.

Sin embargo es cierto que para muchos liberales su principal preocupación es reducir ese porcentaje para hacer más llevadera la vida del sufrido contribuyente. Parece como si por reducir este porcentaje se alcanzase una mayor libertad, cuando el debate no debe ir por ahí. Los viejos libertarios solían usar la metáfora del amo bondadoso que mejora la vida de su esclavo incrementando su estipendio y dejándole cierta libertad de gasto. El esclavo sin duda estará mejor, dirían estos teóricos, pero no se altera con esto la naturaleza de su relación. El amo cunado quisiese podría volver a la situación anterior o incluso endurecerla si así le placiese. La cuestión es, por tanto, de principio y consisten en cuestionarse la razón por la cual una persona o grupo de personas, sean bien o mal intencionadas, pueden determinar cual es la parte de mi renta de la que puedo disponer, pudiendo cambiarla prácticamente a voluntad. De ser cierto el principio esto implica que yo no sería propietario del fruto de mi trabajo o del valor monetario de mis intercambios, sino que lo serían esas personas. Es más ni siquiera se concede la capacidad  de opinar al respecto  o sobre el fin último de esos recursos que me pudieran ser extraídos. Ni la cantidad ni el destino pueden ser discutidos, con independencia de las necesidades que pueda tener o mis valores últimos, pudiendo mis impuestos ser usados en fines totalmente contrarios a mis ideas o principios.

Obviamente esto no quiere decir que una bajada de impuestos no sea deseable, ni que esta no pueda producir efectos beneficiosos para la prosperidad de un país. Muchas de las propuestas liberales de política pública  son de hecho  respaldadas por los ancap, pero la cuestión es sobre los principios sobre los que se asientan los tributos, no cual debe ser el monto o la forma de los mismos.

Otro tema de mucho interés es el que se refiere a que en ausencia de estado determinados temas de investigación no serían lo suficientemente atendidos o las personas que se dedicasen a ellos no estarían lo suficientemente bien remunerados y tendrían que abandonarse su estudio. Es una variante del viejo argumento de los bienes públicos, que en ausencia de un gobierno que los suministre no serían suministrados en una cantidad adecuada. Pero la respuesta a este argumento debería ser la misma, y es primero que quien o que determina cual es la cantidad y calidad del bien público a ser ofrecido y segundo de si lo prestado es un bien o pudiese ser un mal. También es relevante saber si la acción privada puede o no suministrar ese bien. Vayamos entonces por partes.

El argumento que usa el profesor Audet es que sin la coacción estatal no estaríamos dispuestos a financiar determinadas investigaciones que ahora se realizan en las universidades públicas, algo que habría que matizar. Actualmente tampoco se financian todas las investigaciones que pudieran ser de interés. Los gobernantes a través de sus ministerios o consejerías deciden que temas son prioritarios en cada momento y los financian de acuerdo con los criterios que entiendan pertinentes y en la cantidad que estimen oportuna. Esto es existen muchos temas de investigación y con ellos los investigadores potencialmente interesados que se ven excluidos. La determinación de los temas y la cuantía con la que son financiados depende en última instancia de decisiones políticas, supongo que bienintencionadas aunque pudiera darse el caso de que respondan a presiones de grupos de interés o a la oportunidad política del momento. En cualquier caso la determinación de la cantidad, la calidad o el tema de investigación no responde a algo objetivo sino a la fuerza relativa que tenga el ministro  o consejero a la hora de elaborar los presupuestos y después de las preferencias en materias de investigación  de estos o sus equipos, que muchas veces “barren para casa” y privilegian sus propias áreas de interés. Pero en cualquier caso lo que de ahí resulta tiene más que ver con la política que con las necesidades de investigación que pudiese demandar una determinada sociedad. Tampoco se puede determinar de forma objetiva cuales son estas, pues cada persona manifestará preferencia por una u otra área de conocimiento. Unos querrán primar la investigación biosanitaria, otros la física de partículas y otros la biología molecular, y siendo todas importantes al final se hace necesario algún tipo de reparto que caso con total seguridad no contentará del todo a los investigadores. Sin contar con el hecho de que siempre se dan imprevistos como pandemias o volcanes que obligan a reforzar los fondos destinados a estas áreas (para que, pro desgracia, den frutos cunado ya no se necesiten). En el caso de las ciencias sociales el problema es aún más grave, al existir muchas áreas de conocimientos divididas cada una de ellas en muchas escuelas. Esto es no sólo hay que escoger entre las distintas ramas de la economía, la política, la sociología o la historia sino entre escuelas. Por ejemplo podemos optar por dar fondos a la tan de moda economía experimental y no tantos a estudios austríacos (que necesitan menos medios materiales). Pero el político está ahí haciendo una elección consciente entre escuelas, sin poder explicitar de forma objetiva por que lo hace. No es posible por tanto determinar si se está gastando mucho o poco en “ciencia”  o “investigación” pues lo que realmente existen son ciencias  o investigaciones concretas en áreas concretas. Como cualquier otro bien público no podemos saber si la cantidad que se oferta es o no la correcta, y por tanto tampoco podemos conocer la proporción correcta que dedicar dentro de ellas a investigación práctica o aplicada. Es una vez más el viejo teorema de la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, sólo que esta vez dedicada a la investigación científica.

La segunda cuestión es si lo que se investiga es primero algo que conviene estudiar y segundo si responde a algo que es valorado por las personas que conforman la sociedad. El profesor Roger Shattuk escribió hace algunos años un interesante libro, Conocimiento prohibido, en el que expone la no conveniencia de estudiarlo todo. Tras exponer varios de los mitos culturales (Pandora, Árbol del bien y el mal…) que intentan limitar nuestra curiosidad afirma que algunas cuetiones no sólo no merecen ser estudiadas sino que puede ser contraproducente hacerlo por las posibles consecuencias que podría tener sobre la estabilidad social. Cita entre ellas el estudio del átomo, determinadas investigaciones sobre genética (creación de quimeras, eugenesia racial…) o, incluiría yo ,determinadas estadísticas.  Tampoco todas los doctrinas sociales o económicas tienen las mismas consecuencias para el bienestar de la ciudadanía.  Esto es cabría discutir si investigarlo todo es pertinente y, de no ser así, si sería conveniente destinar recursos públicos a tal fin. El problema es determinar cuales son los conocimientos que pueden producir esos efectos y esto no es algo fácil, pues todos podríamos proclamar la utilidad social de nuestras investigaciones y denigrar las de los demás. No hay criterios objetivos para poder hacerlo ni a día de hoy se dan las condiciones como para poder hacerlo. Por tanto si podemos predicar que una investigación determinada no va a resultar en mejoras en la vida de las personas, con que criterio puede reclamarse financiación pública sobre ellas? . En segundo lugar aún pudiendo determinar que una investigación no es dañina cabe discutir si tiene o no el valor suficiente como para destinar recursos públicos a ellas. A primeros de año la prensa suele informarnos jocosamente de premios concedidos a investigaciones supuestamente absurdas para ilustrarnos del despilfarro de dinero en que se convierte en muchas ocasiones la ciencia oficial. Quizás no sean estas las peores. Investigaciones “serias” pueden ser potencialmente mucho más perniciosas que aquellas, que por lo menos no dejan de ser inocuas, bien por el tema que tocan bien por las consecuencias que potencialmente pueda tener.

En tercer lugar habría que discutir si esas investigaciones podrían ser financiadas de otra forma que la de recurrir a impuestos. El señor Audet presume que dejados al libre mercado muchas personas no estarían dispuestas a pagar los salarios de profesores e investigadores. Puede ser. Pero yo creo que dejados al mercado se darían dos posibles fenómenos, el primero el de que no cobrasen todos los investigadores y profesores salarios similares sino que estos viniesen determinados por las preferencias de los pagadores. Muy probablemente en las áreas de conocimiento más demandadas se incrementasen los salarios, lo que haría más atractiva la especialización, mientras en otras se reduciría el salario y el número de especialistas como como consecuencia. El segundo es que algunas áreas y especializaciones podrían desaparecer del mapa o verse sustancialmente reducidas. Pero no podemos a priori saber cuales van a ser, pues dependerá mucho de la capacidad  “empresarial” de sus cultivadores el hacerlas o no atractivas. También al igual que cualquier otro mercado dependerá de los cambios en los gustos y preferencias de los consumidores, o de las propias circunstancias del ambiente. Hace poco tiempo vulcanólogos o virólogos no llamaban especialmente la atención entre las disciplinas más atractivas. Ahora esto ha cambiado.

Es fácil observar  que en todo el mundo existe un gran número de universidades privadas y que ofertan una cantidad enorme y muy dispar de conocimientos. También se puede percibir que gracias   a internet el conocimiento es escalable, esto es no es necesario pagar una fuerte suma para tener acceso a clases de muchas materias, pero la suma de estas pequenas tasas multiplicadas por un numero sustancial de alumnos puede financiar al profesor. Incluso podría recurrir a la publicidad. Lo único que hay que hacer es ofertar algo atractivo. No veo, por tanto,  la imposibilidad de poder financiar una carrera de investigador sin tener que recurrir necesariamente a la intervención estatal.

En el siguiente artículo se discutirá sobre si los ancap tenemos o no los pies en la tierra.