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Cinco etapas en la historia de la Escuela Austríaca

La Escuela Austriaca de Economía parece estar ganando espacio en la opinión pública. Esta nota ofrece un repaso histórico para conocer sus etapas, identificar a los personajes más importantes de su historia, y conocer algunas de sus contribuciones al pensamiento económico. Cierre con una reflexión sobre el presente de esta tradición.

Primera etapa: La fundación (1871-1911)

La Escuela Austriaca se funda en 1871 con los Principios de Economía de Carl Menger, quien tuvo un importante debate con los historicistas alemanes pidiendo abandonar la búsqueda de regularidades y más bien buscando desarrollar leyes económicas de aplicación universal. También Menger fue crítico de la teoría del valor trabajo en la que se fundaba el pensamiento clásico, siendo parte de la revolución marginal.

Eugen Böhm Bawerk, por su parte, fue un estudioso de los aportes de Menger, pero llevó sus investigaciones más lejos, las que se pueden ver en su libro en tres tomos Capital e interés. Böhm Bawerk comprendió rápidamente que estas ideas podían utilizarse para mostrar las contradicciones del marxismo.

Segunda etapa: La consolidación (1912-1945)

En 1912 la Escuela Austriaca ingresa en su segunda etapa, la de consolidación. Allí aparecen los aportes de Ludwig von Mises, primero con su Teoría del dinero y del crédito, y luego con la conformación de un seminario privado donde forma importantes alumnos. En 1922 Mises publica Socialismo, un libro que anticipa el fracaso de este sistema alternativo.

Su más brillante discípulo, Friedrich Hayek es quien extiende las investigaciones de Mises. Sobre el socialismo, Hayek desarrolla su teoría del conocimiento; en la macroeconomía, agrega a la teoría austriaca del ciclo económico, una mayor profundización de la teoría del capital. Estas ideas resultan centrales en el debate de aquellos años sobre el cálculo económico frente a socialistas como Taylor y Lange, mientras que en el área macro, Hayek viaja a Londres para debatir con John Maynard Keynes y la Escuela de Cambridge.

Tercera etapa: El aislamiento (1945-1973)

Una sucesión de hechos rompe con el predominio de la Escuela Austriaca. 1. Los nazis atacan Viena y los miembros de la Escuela Austriaca deben dispersarse. Mises se establece aislado en Ginebra, mientras que Hayek lo hace en Londres. Poco tiempo después Mises tiene que abandonar Europa y toma un barco a Nueva York. Hayek poco tiempo después se establece en la Escuela de Chicago. 2. La economía se vuelve anglo-parlante en un momento en que todas las publicaciones austriacas estaban escritas en alemán. Mises y Hayek recién entonces empiezan a publicar sus contribuciones en inglés. 3. La economía también abandona la lógica verbal para fundarse en modelos matemáticos y de equilibrio que estaban muy lejos de la metodología austriaca. Destacados economistas mencionan lo difícil que era modelizar las ideas austriacas. 4. La revolución keynesiana genera un cambio ideológico que choca con ciertas ideas liberales austriacas.

En esta etapa de aislamiento, sin embargo, la Escuela Austriaca logra reconstruirse, de nuevo, sobre la base de los esfuerzos de Mises y Hayek. Mises publica en 1949 La Acción Humana, su Tratado de Economía, además de formar un nuevo seminario privado en la Universidad de Nueva York donde forma nuevos alumnos.

Cuarta etapa: El resurgimiento (1974-2000)

Con la estanflación de los años 1970, y siendo evidente el desenlace de la revolución keynesiana, la Escuela Austriaca logra su resurgimiento en paralelo con la contrarrevolución monetarista. La Academia Sueca advierte que Hayek había anticipado en los años 1930 los problemas de las políticas keynesianas y le otorga el Premio Nobel en 1974 por sus aportes a la teoría del capital y los ciclos económicos, y también por ofrecer un estudio multidisciplinar que enriquece los estudios económicos.

Un año antes, en 1973, el Institute for Human Studies organiza un seminario con la presencia de tres destacados autores austriacos: 1. Israel Kirzner, quien se doctoró bajo la tutela de Mises en Nueva York y desarrolló contribuciones a la empresarialidad; 2. Murray Rothbard, quien desarrolló un nuevo tratado de economía, una moderna explicación de lo ocurrido en la crisis del treinta y sus contribuciones a la ética de la libertad; 3. Ludwig Lachmann, quien amplió el estudio macro de Hayek conectando la teoría del capital con las expectativas subjetivas y nuevos aportes a los ciclos económicos.

Quinta etapa: Las oportunidades de la especialización (2000-hoy)

En el año 2000 la Escuela Austriaca entra en su quinta etapa, con oportunidades para la especialización. Fritz Machlup, o en Argentina Gabriel Zanotti ofrecen contribuciones con una nueva metodología para la economía política; Peter Klein y Nicolai Foss ofrecen aportes a la microeconomía que extienden los aportes de Kirzner sobre el proceso de mercado y desarrollan una nueva teoría austriaca de la empresa. Juan Sebastián Landoni es en Argentina el especialista en la materia; Peter Lewin amplía los aportes de Hayek sobre la teoría austriaca del capital, ofreciendo sus aportes a una teoría del capital en desequilibrio. El economista argentino Nicolás Cachanosky ha escrito trabajos en coautoría con Lewin en esta materia. Steven Horwitz ofrece contribuciones a los microfundamentos de la macroeconomía. Roger Garrison desarrolló aportes a la macroeconomía basada en el capital, la que se enfrenta a los modelos keynesianos, monetaristas e incluso a la nueva macroeconomía clásica. Aun en el área de pobreza y desigualdad, pueden verse los trabajos de William Easterly, consistentes con la línea austriaca, colocando a Hayek como un experto. Lo cierto es que cualquiera sea el área en la que los austriacos se introducen sus aportes parecen ser novedosos y reciben espacio en las revistas especializadas.

La Escuela Austriaca, sus compañeros de camino, y el ‘mainline economics’

La Escuela Austriaca, sin embargo, parece haber muerto, al menos en la forma en que existía décadas atrás. Ya no existe como un movimiento independiente en el que han contribuido Mises y Hayek y se enfrenta al resto de la profesión. Más bien, a partir del aporte de Peter Boettke, profesor en la George Mason University, los austriacos modernos comprendieron que pueden dialogar con otros teóricos de la economía y presentar un todo coherente para enfrentar a la economía neoclásica y sus modelos de estáticos de equilibrio.

¿Quiénes serían entonces estos compañeros de camino? Varios premios Nobel que por sus aportes multidisciplinares consistentes con la línea Hayek han ampliado los conocimientos de la nueva economía. Nos referimos a James M. Buchanan y la Escuela de la Elección Pública, quien junto a Gorgon Tullock y Jeffrey Brennan, entre otros, estudian la conexión entre la economía y la política; Ronald Coase y el análisis económico del derecho; Douglass North y la Nueva Economía Institucional; Elinor Ostrom y la Escuela de Bloomington; Vernon Smith y la economía experimental, que integra la economía con la psicología.

El ‘mainline economics’ es entonces la nueva economía de la que participa la Escuela Austriaca y que se propone hoy como un nuevo paradigma para dar respuestas a los problemas de siempre.

Es en este marco que la Argentina parece estar siguiendo un patrón a nivel mundial en defensa de la propiedad privada, la libertad individual, la economía de libre mercado y el gobierno limitado. Esta nueva manera de ver la economía enfrentará en lo que viene a las distintas formas de la economía dirigida, tanto socialista como intervencionista y populista.

Cómo nos manipulan los verificadores malditos y neutrales

Uno de los métodos que emplean las agencias de verificación de noticias para funcionar como agentes de la izquierda es la selección de aquello que consideran digno de evaluar como cierto, falso o engañoso. Incluso un mero retraso a la hora de abordar un tema ya permite que una mentira dé la vuelta al mundo mientras la verdad aún no ha tenido tiempo de ponerse las botas. Esta indolencia contrasta en muchas ocasiones con la velocidad con la que se ponen en marcha cuando un político de derechas dice algo falso o que, sin serlo, se puede calificar de engañoso con cierta imaginación.

Esto no sólo sucede en España, claro. Fue en Estados Unidos donde surgió esta moda ante el bulo de que Donald Trump había ganado las elecciones gracias a las fake news. Mientras, los periodistas ganaban premios Pulitzer por propagar la mentira de que había ganado gracias a la colaboración con el régimen ruso de Putin, sin que los verificadores profesionales, untados con dinero de los gigantes de internet, les pusieran ni un pero. La verificación de noticias fue una tabla a la que la credibilidad de la prensa hubiera podido agarrarse, pero desde el minuto uno de partido pudimos ver lo contrario.

Por ejemplo, este lunes, con la concesión del Premio Nobel de Economía diversos popes de la izquierda, desde el todólogo Euprepio Padula hasta la ministra de Trabajo Yolanda Díaz, pasando por el subvencionado Rubén Sánchez y el periolisto Javier Ruiz y medios como el panfleto de Escolarel de Maraña o Zoom News, hicieron circular que uno de los galardonados, David Card, había demostrado que el salario mínimo no provoca paro. Así, empleaban al economista como reivindicación de la reciente subida del SMI en nuestro país, a los que Echenique por ejemplo aprovechó para insultar, que el Banco de España determinó que destruyó hasta 170.000 empleos utilizando la misma metodología por cuya invención David Card ha recibido el Nobel.

Y es que el premio se ha otorgado a los tres economistas por sus técnicas para analizar de forma empírica los resultados de diferentes políticas, estudiando cada caso por separado. Card, en concreto, inventó el método de la diferencia en diferencias, que es uno de los dos empleados por el Banco de España en su estudio. Y lo aplicó al caso concretísimo de cómo afectó una subida del salario mínimo en 1992 al sector de la comida rápida en Nueva Jersey mediante la comparación con la vecina Pensilvania, que no lo aumentó. Su método, que es por lo que ha recibido el premio, puede aplicarse a otros casos. Sus resultados, en cambio, no. De hecho, generalizar de un suceso tan concreto va en contra del espíritu de la concesión del Nobel, que se ha otorgado a quienes han avanzado en el estudio empírico de casos específicos.

¿Y qué han dicho de este mar de falsedades nuestros fact-checkers patrios? A estas horas, absolutamente nada. Maldita lleva en portada un reportaje en el que acusa al Zendal de no haber alcanzado su máxima ocupación posible mientras que Newtral tiene un largo listado de mentiras de políticos de derecha salpimentado aquí y allá con alguna de un político de izquierdas, tan escasas que parecen hechas para disimular. Quizá les entre la vergüenza torera y saquen algo a lo largo de la semana, cuando la mentira de la izquierda haya sido publicada y proclamada a los cuatro vientos y aceptada como real por ese público al que se supone que los verificadores están dedicados a proteger. Porque, al final, las agencias de verificación se han transformado en una herramienta más de descrédito de unos medios enfocados esencialmente a sostener el discurso hegemónico. Algo que, como demuestra el caso de Estados Unidos donde nacieron, fue siempre la intención.

En defensa del Estado. Reflexiones heterodoxas

Vivimos en tiempos extraños, líquidos para decirla al estilo Bauman, en los que los alegatos a favor del realismo son denostados de izquierda a derecha del espectro ideológico. Para muchos, el título que vengo a proponer les va a provocar urticaria. Como el marxista, el libertario tiene que tener su chivo expiatorio, y este no es otro que: el estado. Si el marxista peca de extremismo ideológico para con la burguesía, lo mismo pasa con sus homólogos libertarios respecto al estado. Cuando uno ha transitado de un posicionamiento ideológico a otro (como es mi caso), se da cuenta de la vehemencia con la que es atacado el Leviatán de turno. 

Para un amplio sector de la izquierda, la demonización del empresario es el pal de paller en el cual desarrollan parte de su crítica al capitalismo. Por otro lado, para el libertario la culpa de todos los males proviene del estado. Si unos idealizan apriorísticamente a la clase obrera, otro tanto sucede con la figura del empresario (y del mercado). Como si ambos factores de producción no se necesitaran el uno al otro. Aún así, es importante mencionar que en el modelo de demanda previo a los años 80s, el factor trabajo era doblemente útil para producir y necesario para consumir (de ahí el objetivo del pleno empleo), sin embargo, con el paradigma de oferta, el trabajo “se fue convirtiendo paulatinamente en un elemento hasta cierto punto perturbador, del que no se podía prescindir pero que causaba un gran número de problemas. Entre ellos, y principalmente, inflación” (Niño-Becerra, 2020, pág. 86). Con esta perspectiva, el factor trabajo está condenado a la pauperización y al desempleo.

Muchos postulan que, en esta interacción entre los factores de producción es el empresario el que pone el capital, ergo es el que arriesga, puesto que es el que emprende. Como siempre, animo al que sostenga esa premisa que simplemente vaya a mirar los datos del Ministerio de Trabajo. En 2020 el total de accidentes laborales fue de 446.195, de los cuales, 3.643 fueron considerados graves, y en el cómputo global el total de víctimas mortales en accidentes de trabajo ascendió a las 634. Des del 2006 (año en elcual se computaron 947 muertos), hasta el 2020 las cifras han oscilado entre 900 a 450 fallecidos anuales. Me pregunto entonces quién arriesga qué.

Sea como fuere, mi planteamiento es simple: para mí, el enemigo no es el estado, ni tampoco los impuestos per se. Como postuló Friedman en los años 60s, “the existence of a free market does not of course eliminate the need for government. On the contrary, government is essential for both as a forum for determining the rules of the game and as an umpire to interpret and enforce the rules decided on (Friedman, 1962, pág. 15). Así pues, mi percepción iría en consonancia con la del economista neoyorquino. Lo que me resulta más llamativo es la obsesión de los libertarios: los impuestos. Sin percatarse, aplican una especie de subjetividad selectiva en la cual, resulta que todos los gastos del estado que consideran superfluos los han pagado ellos. Estoy seguro que con alguna partida estatal estarán de acuerdo, ya sea en materia militar, seguridad o sanitaria, sin embargo, subjetivamente no piensan que con sus impuestos hayan pagado un gasto que sí les favorece (si lo pensaran no tendría sentido que se quejaran). Imaginemos a un libertario yendo al médico público, recibiendo un trato excelente y finalmente, le llegaran a curar. Acto seguido, al salir de la clínica prorrumpiera: ¡esto es acosta del robo perpetrado por el estado hacia mi persona! Este sesgo cognitivo de observación selectiva es terreno abonado para los departamentos de psicología. 

Los corifeos del libertarianismo han conseguido que calara hondo en el imaginario colectivo la idea falaz de que el estado te quita la mitad de lo que ganas. Es interesante mencionar que los que estamos en los primeros quintiles de los tramos del IRPF, de alguna forma ya somos liberales puesto que el tipo marginal aplicado es del 19%. Sin embargo, el libertario tiene razón, el estado te quita un 47% de lo que ganas, siempre y cuando sea a partir de 300.000€ anuales para arriba. Puedo afirmar que no conozco a nadie de mi entorno que cobre ni siquiera una tercera parte de lo que aquí se está postulando. Sólo alguien de alta alcurnia podría decir semejante dislate. Ciertamente, hay que añadirle a todo lo anterior los impuestos indirectos como el IVA. 

Lo que más me llama la atención de esta especie de pulsión libertaria son las fuentes directas de las cuales provienen. Prima facie podría pensarse que el discurso libertario va en consonancia con los emprendedores, empero, hay un selecto grupo de intelectuales que son profesores titulares (mediante oposición) o que ostentan cátedras en universidades públicas y se dedican a pontificar las bondades del libertarianismo y los peligros del estado (podrían reducir el erario público bajándose el sueldo, por ejemplo), me pregunto ¿cuánto estarían dispuestos a pagarles a ellos los entes privados para ejercer de profesores?, teniendo en cuenta el pésimo interés que se tiene por la educación y la cultura en general en este país. De igual manera, incluso hay algún máster que predica a ciertos autores libertarios en una universidad pública. Ver para creer. 

Alguien podría objetarme que mi postura no es liberal, de hecho, por defender unos mínimos y reconocerle al César lo que es del César, me han tildado de socialista. El gran análisis económico es el siguiente: estado e intervención = socialismo. Puesto que el debate muchas veces se desplaza hacia ese infantilismo económico, mi idea es clara: dada mi formación, si no es el estado quien me proporciona un trabajo difícilmente va a ser el mercado. Los historiadores, y en especial, los económicos, no somos un gremio al cual le lluevan las ofertas laborales (bueno, sí, en cadenas de comida rápida, en tiendas de ropa, o en la hostelería). Por ende, no me escondo. Para investigar en nuestro país la precariedad es altísima e incluso con fondos estatales sigue siendo paupérrima. Como dijo Ortega: yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella no me salvo yo (Gasset, 1914, pág. 18).

Entonces, la pregunta es clara: ¿soy liberal? (esto mismo se preguntó Keynes hace justo casi 100 años). Si por liberalismo entendemos libertad de pensamiento, asociación, reunión, expresión, división de poderes, descentralización, etc. Entonces sí. Es importante mencionar que no soy favorable a los controles de precios, ni a los salarios mínimos (aunque ciertamente depende del contexto), ni a la regulación de alquileres, defiendo que por donde pasa el comercio no pasan los tanques (aunque suene idealista), la legalización de las drogas (para comercializarlas y cobrar el IVA – ¿eso te hace liberal? -), entre otras cuestiones. Si por liberalismo se entiende la reducción del estado a su mínima expresión (o desaparición), la eliminación de buena parte de los impuestos (o su totalidad), la privatización absoluta de la sanidad, educación y servicios sociales, entonces no, no soy liberal. 

Lo que acabo de decir no es excluyente de la imperiosa necesidad de la introducción de medidas que puedan favorecer la res publica, lo que Sustein y Thaler han llamado nudges. Una de las cosas que más me gusta de sus postulados es el término libertarian paternalism y choice architect el cual, debe influenciar en el comportamiento de los individuos con el fin de hacer que vivan más sanos, mejor y acaben tomando decisiones óptimas (Thaler & Sustein, 2021, pág. 6).  Así pues, respecto a la sanidad se muestran escépticos no solo de la privatización sino incluso del simple hecho de hacer pagar a los pacientes una cantidad mínima por acudir a los profesionales del sector. Especialmente, hacen referencia al llamado “copago” y es que, se ha demostrado que la gente tiende a no acudir al médico si tiene que pagar, incluso por muy ínfima que sea la cantidad (Thaler & Sustein, 2021, pág. 297).

Para concluir, mi idea es que difícilmente se puede disociar el augmento del bienestar general sin tener en cuenta el rol jugado por el Estado, por mucho que Huerta diga que es a pesar de este. También el hecho del fetiche que tiene el libertario respecto a la Edad Media. Si tus premisas para con el bienestar general se inspiran en esta, algo macabro está sucediendo en tu imaginario: esperanza de vida de 30 años, un salario medio que podía adquirir una escasísima cantidad de bienes, pobreza pavorosa de los agricultores habiendo hasta tres grados de la misma: menos pobres, pobres y poverissimi (Cipolla, 2002, pág. 22). Lo que le gusta al libertario (supuestamente) es la caridad privada, la cual existía (tengan in mente la esperanza de vida con dicha caridad), especialmente de la Iglesia. Otro dato de este período es que el 2% de las familias ostentaba el 45% de los recursos, mientras que el 60% de la población no tenía absolutamente nada. Lo que arguye el libertario es que la justicia era privada (se le olvida decir que estaba en manos de las clases más pudientes, especialmente del señor feudal) y que el rey sólo cobraba un 10% de los tributos. Pueden quedarse con sus entelequias y sus sociedades estamentales, otros defenderemos que ser liberal implica mucho más que la reducción de tarifas, impuestos y la eliminación del estado. Como reza la frase latina: pedes in terra, ad sidera visus.

Bibliografía

Cipolla, C. M. (2002). Storia economica dell’Europa pre-industriale. Bologna : Il Mulino.

Friedman, M. (1962). Capitalism and Freedom. Chicago: The University of Chicago Press.

Gasset, J. O. (1914). Meditaciones del Quijote. Madrid: Revista de Occidente.

Niño-Becerra, S. (2020). Capitalismo 1679-2065. Barcelona: Ariel.

Thaler, R., & Sustein, C. (2021). Nudge. United Kingdom: Penguin books.

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalisto (LXII): La anarquía urbanística

Cuando un visitante llega a la ciudad en la que resido y trabajo, Santiago de Compostela, una de las cosas que les llama la atención es el contraste entre la ciudad vieja, que concentra casi todos los visitantes, y la nueva de factura más moderna, casi toda ella edificada desde la mitad del siglo XX hasta la actualidad. Supongo que este fenómeno es perceptible en muchas otras ciudades del mundo.

Casi todos consideran más hermosa e interesante a la ciudad vieja, realizada sin una planificación urbanística digna de tal nombre frente a la nueva que ya disfrutó de las “ventajas de la regulación”. Sin embargo, como ocurre también en muchas partes del mundo, se ha decidido congelar la parte histórica y hacerla disfrutar también de las grandes ventajas de la regulación de tal forma que según informa la prensa local no deja de padecer una pérdida continua de habitantes. Se considera que es poco adecuada a la vida moderna, y que cualquier actuación sobre la vivienda es muy difícil y costosa, dado su grado de protección. De hecho se ha convertido en una suerte de parque temático congelado en el tiempo para goce y disfrute de turistas y visitantes, pero desprovista de población nativa que le dé aspecto de ciudad habitada. 

El problema que se plantea en el ámbito del urbanismo es que la estética ha pasado a formar parte con todos los honores de las justificaciones normativas de la existencia e intervención del estado en la vida social y es fuente de cada vez más demandas de intervención. No sólo eso, ha sustituido a muchas justificaciones tradiciones del estilo de los bienes públicos en el argumentario de los defensores de la imposibilidad de una sociedad de libre mercado. Los defensores de este tipo de intervención se han convertido, además, en los más fieros defensores de la planificación; mucho más que cualquier comisario del gosplan sovietico en los tiempos de gloria del comunismo. Y a diferencia de estos últimos, no son nada receptivos a los argumentos sobre el cálculo eonómico o la coordinación de actividades empresariales en sus modelos. 

La estética o el gusto han sido siempre materia en la que los gustos de los individuos se consideraban soberanos, y ello imponía un límite a la intervención de los gobiernos. Pero es paradójico que con argumentos de tan poca base lógica se haya montado lo que Manuel Ayllón ha denominado, en un libro así titulado, La dictadura de los urbanistas. (como curiosidad y apartándome del tema fue en este libro donde ví escrita por primera vez la afirmación de que los carlistas habían sido los verdaderos liberales hispanos).

No sólo eso, los urbanistas han conseguido un grado de concienciación y movilización de gran parte de la población tal, que ya le gustaría a los promotores de otras políticas públicas mejor fundadas teóricamente. En efecto, ni los grandes teóricos clásicos del Estado ni los minarquistas ni los socialdemócratas intervencionista s han desarrollado nunca una justificación teórica basada en la estética. Pero aún así, no sólo funciona sino que se ha convertido en una de las políticas más potencialmente agresivas contra el derecho de propiedad que se conocen en la actualidad.

Sus argumentos acostumbran a ser muy emotivos, y por tanto muy poderosos. En ausencia de planificación y ordenación, se nos dice, los liberales seríais capaces de derribar la catedral de Burgos o la de Santiago para instaurar franquicias de moda o de comida rápida en su lugar. O destruiriamos hermosas ciudades medievales mezclándolas con edificios de hormigón, acero y cristal. También por supuesto talaríamos bosques y urbanizariamos espacios protegidos de la naturaleza. Además se insiste en que los ricos, usando de su poder económico, podrían hacerse con todos estos bienes y expropiar su uso a la inmensa mayoría de la ciudadanía que, impotente, asistiría a la degradación de su espacio. En este artículo queremos par tanto señalar cómo podrían establecerse mecanismos de conservación del patrimonio urbano y natural en ausencia de un ente regulador de corte estatal.

En primer lugar, habría que apuntar un hecho: la mayoría de los bienes y paisajes que se han conservado en condiciones que los hacen merecedores de conservación lo son porque han llevado a cargo a lo largo del tiempo buenas prácticas en ese sentido. Es más, éstas han sido practicadas en ausencia de sistemas de planificación formal, lo que prueba es que puede perfectamente conservarse un patrimonio en ausencia de regulación.

De hecho, la regulación urbanística o paisajística castiga a quien han llevado a cabo esas prácticas, privando de derechos de construcción o de explotación de cultivos o forestal a quien se ha caracterizado por respetar su medio. Hay un caso reciente en Galicia en el que se declara espacio protegido un bosque atlántico, cuidado secularmente por sus vecinos, y que ha resultado en que estos ahora no pueden explotarlo ni hacer uso de sus parcelas, como premio por hacerlo tan bien. En cambio aquellos otros que destruyeron bosques y paisajes se ven premiados, de tal forma que pueden obrar o cultivar como lo deseen.

Lo mismo acontece con los paisajes urbanos. Aquellos que se han esforzado en mimarlos y conservarlos pierden derechos, mientras que quienes lo han destruido los conservan. ¿No sería mejor, en cualquier caso, tratar de imitar y conservar las buenas prácticas que intentar regular lo que ya funciona bien? La planificación urbanística presupone que nuestros contemporáneos son más negligentes estéticamente que nuestros antepasados. Parece como si los antiguos supiesen como hacer las cosas y nosotros no. Los antiguos usaban los materiales que tenían a su disposición, y si tuviesen o hormigón o acero es muy probable que los hubiesen usado sin dudar.

De hecho, las regulaciones prohíben materiales y formas sólo de nuestra época, sin considerar que en los espacios conservados ya existen materiales y formas de distintas épocas. Catedrales y plazas de las grandes ciudades históricas combinan estilos arquitectónicos de diferentes siglos, probablemente tan discordantes en su tiempo como los nuestros a respecto del pasado.

Hoy ya no es posible en muchos sitios enriquecer una ciudad con nuevas formas de construir, y edificaciones como la Torre Eiffel (que también fue polémica en su momento) sería radicalmente prohibidas. Porque detrás de estas prohibiciones lo que está latente es un profundo deprecio cultural por nuestra propia época y nuestra civilización, que al ser supuestamente tan capitalista se entiende que no pueden apartar nada que pueda ser hermoso a la humanidad. De la misma forma que la Edad Media es vilipendiada por los ilustrados y sus seguidores por ser una era cristiana, la edad moderna es análogamente atacada por sus valores estéticos, comerciales y egoístas y por tanto desprovisto de cualquier sentido de la belleza. Parece como si el realismo socialista ofreciese soluciones más dignas de conservar.

Otra derivada de la regulación urbanística es la idea de que en una sociedad de mercado la gente no tuviese ningún criterio estético y le gustase aposta vivir en condiciones de deterioro estético. La cultura comercial no excluye para nada la conservación del patrimonio ni el buen gusto. Al contrario, precisamente porque es comercial permite primero que existan fondos para restaurar edificios y obras de arte, lo que en muchas ocasiones es más caro que edificar de nuevo y de ahí que viejos edificios brillen ahora con el fasto de otros tiempos y sean al tiempo capaces de adecuarse a las necesidades tecnológicas de sus moradores.

Pero además, dado que muchas personas aprecian el pasado es comercialmente rentable mantener en buen estado nuestro pasado y exista interés por parte de numerosos empresarios por aprovechar esta demanda potencial. Si tirásemos una catedral para hacer un parking, la ciudad vería mermado sustancialmente su turismo y los empresarios que de él viven no lo tolerarían, y serían los primeros en oponerse. Muy probablemente lo adquirirían y mantendrían tal cual. Sus propietarios actuales tampoco tendrían interés en que pierdan su valor, y lo conservarían, realizando las operaciones de mantenimiento adecuadas. Muchos edificios religiosos han sido conservados precisamente porque son propiedad de instituciones como la Iglesia Católica que han resistido presiones de venta y los han protegidos. Sólo hay que comparar, en nuestro país, lo que le ocurrió a los bienes culturales desamortizados por el estado en el siglo XIX, muchos de ellos en ruinas, o cual fue el destino de muchas de las centenarias murallas que antes defendían las ciudades, casi todas ellas destruidas por sus propietarios estatales en aras del progreso y la  modernidad urbanística. 

No sólo los propietarios conservarán sus bienes, sino que intentarán adaptarlos de manera empresarial a los posibles gustos del futuro. Esto es, no los congelarán en el tiempo, sino que irán realizando poco a poco innovaciones como han hecho nuestros antepasados. Estos no se centraron en una época y la conservaron (de ser así todas las viviendas serían de tipo romano, por ejemplo) sino que usaron los nuevos materiales de los que iban disponiendo y aprovecharon las innovaciones en arquitectura y estética propias de su tiempo. Sólo nosotros, por un extraño odio a nosotros mismos, consideramos poco estéticas nuestras artes, técnicas y gustos, cuando probablemente no dejen nada que desear a las antiguas.

Por último, existen técnicas de planificación privada que podrían perfectamente adecuarse a la protección del entorno urbanístico si así se desease. Simplemente en una comunidad de derecho privado podrían perfectamente ponerse cautelas a las construcción, estableciendo que puede o no hacerse. Existirían comunidades conservadoras que querrían conservar un estilo propio y otras más modernas que permitirían innovaciones de todo tipo. De hecho fue la propia “presión” social la que más contribuyó a esta preservación, de forma análoga a la planificación privada..

De la misma forma que adecuamos nuestra vestimenta a los gustos y modas de la época en que nos tocó vivir en el caso del urbanismo y de los paisajes opera un fenómeno parecido. De la misma forma en que no vemos a nuestros convecinos con toga, peplo o cota de malla a pesar de ser perfectamente libres de hacerlo si así lo decidiesen es muy presumible que no se llevasen a cabo anacronismos o aberraciones estéticas en el ámbito que estamos abordando.  

La anarquía decía Pierre Proudhon es la madre del orden. En el urbanismo lo demuestran ciudades prácticamente  anarcocapitalistas como Gurgaon en la India que demuestran que se puede disfrutar de unos estándares de urbanismo muy elevados en ausencia de regulación. Algún día volveremos a este tema para comparar ámbitos urbanos con y sin regulación.

La apoteosis de la cofradía de pícaros

Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, a 21 de septiembre del año en curso, España contaba con un censo electoral de 34.866.511 españoles residentes. A ellos deben añadirse los computados como residentes en el extranjero, que ascienden a 2.225.743. En total, pues, en esa fecha 37.092.254 españoles tenían el derecho de sufragio activo. 

Apenas hace unos días el PSOE, un partido, conviene recordarlo, que ha dominado la política española desde el año 1978, celebró su cuadragésimo congreso. Sin embargo, su portal en internet todavía publica que contaba con 187.815 militantes y afiliados en mayo de 2017, momento de los preparativos de su cónclave partidario anterior. Suponiendo que esas cifras fueran actuales, ello equivaldría a decir que el 0´50 por ciento de los electores españoles pertenece a este partido político, cuyo renovado secretario general preside el gobierno de España. 

¿Acaso son los militantes socialistas españoles el trasunto de la “minoría intransigente” que impone sus caprichos a la mayoría, tal como apunta Nassim Taleb para cualquier sociedad? ¿Es posible que el uso insolente y constante de la marca PSOE, lemas de libros de autoayuda, el materialismo dialéctico macarrónico, el sentimentalismo y el narcisismo tribal más elementales, así como de las invocaciones a la bondad y el mesianismo de todos los miembros de la secta a lo largo de 142 años, sin matices, pese a los crímenes cometidos a su abrigo, reporten tantos réditos a sus tenedores ? ¿Han logrado abducir incluso a sus adversarios, al modo del peronismo en Argentina ? 

Lo pongo en duda, teniendo en cuenta que 120 diputados en el Congreso de los Diputados es uno de los peores resultados electorales cosechados por el PSOE en la historia de la democracia instaurada en 1977. Sin embargo, tras observar la liturgia desplegada el pasado fin de semana en su congreso de la Feria de Valencia, está claro que los interesados pretenden presentarse como los continuadores de una centenaria religión laica, en la que los creyentes deben mantener una férrea disciplina y fe inquebrantable en el caudillo del momento para no caer en el desamparo y el desarraigo.

En este sentido, los defensores de la libertad no deberíamos tomar a broma (o descontar por manidas) las manifestaciones que hicieron los propios protagonistas. Por el contrario, conviene analizar lo que presentaron en público y, sobre todo, lo que ocultaron. Así, como se encargaron de propagar a los cuatro vientos los medios de comunicación adictos, resultó particularmente llamativo el cierre de filas (o de círculo, en terminología más cursi) escenificado por los tres anteriores secretarios generales del partido vivos Felipe González Márquez, Joaquín Almunia Haddad, José Luís Rodríguez Zapatero. Cuales predicadores que dejan paso al nuevo chamán, destacaron, especialmente, el primero y el tercero. Socialdemocracia se convirtió en la palabra del momento, aunque cada uno apelara de distinta manera a los delegados socialistas, sentados en sillas desplegadas sobre una nave sobria. 

La insistencia del ya viejo caudillo de los ochenta en qué no molestaría a su sucesor en “el proyecto”, rivalizó con el discurso bipolar de José Luís Rodríguez Zapatero definiendo a los socialistas como esos seres que “tienen, normalmente, muy poco y están dispuestos a dar mucho” (¡!) Aunque con antecedentes en Felipe González Márquez, el auténtico artífice de la estrategia posmoderna que continúa el actual presidente del gobierno fue, sin duda, Rodríguez Zapatero. A él y sus acólitos se deben los señuelos para captar a grupos de presión existentes o que empezaron a construirse entonces y la urdimbre de alianzas políticas con la extrema izquierda, incluida la terrorista, o los partidos secesionistas, para asegurarse el gobierno central.

Sin que se haya notado el cuidado, ha desaparecido de la historiografía partidaria el motivo por el que pareció que se produjo un cisma en octubre de 2016. Ni una mención al intento de pucherazo en el comité federal para forzar un congreso extraordinario auspiciado por los partidarios de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Sí, en cambio, a su dimisión y al periplo emprendido por éste hasta que finalmente fue reelegido en unas primarias en mayo de 2017. El tono épico empleado por algunos periodistas guarda reminiscencias con la Hégira de Mahoma, por cierto. 

Igualmente revelador fue el intento de canonizar en un ritual sincrético a Alfredo Pérez Rubalcaba, con la presencia de un busto esculpido en memoria de quien fuera incluso secretario general del PSOE y candidato a la presidencia del gobierno en las elecciones generales de 2011. Es evidente que el PSOE quiere sustituir a la Iglesia Católica en la imaginación de los españoles, para lo cual precisa de crear un variado santoral propio.

Por lo demás, el Congreso se dirigió a encumbrar la figura y la conveniencia del secretario general y  actual presidente del gobierno, quién aspira a consolidar una suerte de régimen tiránico, hecho a su imagen y la del partido al que se afilió en su juventud en el año 1993. A falta de la publicación detallada de las resoluciones aprobadas, apenas si trascendieron consignas, debates sobre el género fluido, promesas de abolir la prostitución, derogar la reforma laboral y la Ley de protección de la seguridad ciudadana, sin mayor precisión.

 Y, por último, llama la atención la ausencia de políticos extranjeros de partidos llamados socialistas, a excepción de Anne Hidalgo, la alcaldesa de París con aspiraciones presidenciales en Francia. ¡Qué lejos quedaron los valedores que Felipe González Márquez encontró en Europa (Willy Brandt, Olof Palme o Bruno Kreisky)  e Hispanoamérica¡ En la actualidad los dirigentes del PSOE parecen más concentrados en disimular, cuando no obstaculizar, las investigaciones judiciales sobre las comisiones que habría recibido de PDVSA el antiguo embajador político Raúl Morodo Leoncio y las subvenciones a la línea aérea Plus Ultra. Y, sobre todo, impedir que se aclare el papel que desempeña José Luís Rodríguez Zapatero en Venezuela.

¿Hay un aumento del autoritarismo en España?

La ex ministra de Exteriores, Arantxa González Laya, está siendo investigada por la entrada, presuntamente ilegal, del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en España para, supuestamente, ser sometido a un tratamiento por una enfermedad que padece. Esta entrada fue detectada por Marruecos y degeneró en un conflicto internacional y un proceso judicial que ha terminado con la imputación de ella. A las preguntas del magistrado Rafael Lasala y en calidad de investigada, ambos tuvieron el siguiente diálogo:

R.L.: “¿Se lo dijo usted a alguien o se tramitó directamente a través del Ministerio de Exteriores?”.

A. G. L. “Esto sigue los cauces propios en nuestro país de una decisión que es, recordemos, política; una decisión de ejercicio de soberanía de nuestro país. Es una decisión política, que pertenece al ámbito político y, como tal, sigue el cauce que se sigue en las cuestiones políticas”.

Sin ánimo, por mi parte, de entrar en el asunto judicial, ya que no tengo suficientes conocimientos para para dar una opinión significativa, me llama mucho la atención la forma de defenderse de la exministra, al invocar que la decisión tomada es una “decisión política” que, nada más y nada menos, forma parte del ejercicio de la soberanía de nuestro país. Las decisiones políticas deberían estar dentro del marco de la Ley, como las de cualquier otro ciudadano. Es decir que, independientemente de quién haya tomado esta decisión -González Laya o los que estén por encima de ella- debe ser conforme a derecho. La entrada de Ghali en España podría hacerse, siempre y cuando cumpliera con la legislación.

Uno de los pilares del sistema democrático occidental es el pomposamente llamado Imperio de la Ley, que viene a decir que todos los ciudadanos están obligados a cumplirla, independientemente del cargo que ostenten o su papel dentro de la sociedad. Es más, hay otra máxima por ahí que dice que su desconocimiento no exime de su cumplimiento. Tampoco quiero entrar, aunque sí mencionar, en que este principio creo que tiene un límite, que es el que marca ciertos derechos básicos que se consideran inalienables (1).

Lo cierto es que hay una tendencia de acción política de hacer y tomar decisiones cercanas a esas zonas difusas, algunas veces muy amplias, que distinguen lo legal de lo ilegal y que tanto juego dan en los medios de comunicación y tanto tiempo quitan a los ueces, que podrían estar más centrados en casos importantes para la ciudadanía.

La razón política es esgrimida con mucha frecuencia para justificar una acción sospechosa de ser ilegal, una especie de comodín que da invulnerabilidad. Al final, no deja de ser sino una versión de la ley del más fuerte, solo que esta vez el más fuerte es el que tiene votos, propios o en coalición, que lo “legitiman” para saltarse la Ley. En aquellas ideologías que huyen de los valores liberales que pretenden impregnar los sistemas políticos occidentales, es parte de su estrategia política habitual.

Así, una fuerza comunista como Unidas Podemos usa muchas veces como fuente de legitimidad la condición de cargo electo para dar validez a normas que se saltan la legalidad. Los ataques a decisiones judiciales que han condenado a varios de sus líderes (Pablo Echenique, Isabel Serra o Alberto Rodríguez) estarían en esta línea, pero van más allá cuando legitiman opiniones frente a las de otros que no han sido sometidos a cargos electos, como empresarios o ciudadanos poco relevantes a los que desprecian. Sus ataques a la Monarquía también van por estos derroteros, aunque esta institución sea tan constitucional y legal como lo son los congresistas. No son los únicos y el “usted no sabe con quién está hablando” es más habitual de lo deseable en personas que se sienten investidas con poder (real o ficticio) y se comportan de manera despótica. 

Desgraciadamente, hay mucha gente (no sólo los seguidores acérrimos de comunistas, socialistas, nacionalistas y otros “istas” totalitarios), para la que un cargo electo tiene un poder superior sobre el resto de la ciudadanía. Se le suele otorgar a los que son de su cuerda ideológica y se les niega o limita a los que no lo son o se consideran enemigos. Es como si, de alguna manera, la visión autoritaria del poder estuviera emergiendo en el contexto actual, a costa de cargarse lentamente ciertos principios básicos que han estado en las democracias occidentales casi desde el principio.

No es la primera vez que pasa esto, ya que, en el periodo de entreguerras, el fascismo, el nazismo y el comunismo, entre otros movimientos ideológicos, triunfaron entre la ciudadanía de los países que luego los sufrieron, con apoyo mayoritario.

Esta visión política del que ejerce el poder caminando hacia la tiranía aparece en tres ocasiones. La primera es cuando unas circunstancias externas obligan al régimen a ejercer medidas que limitan los derechos de sus ciudadanos. Las grandes catástrofes, las pandemias o las guerras nos limitan de forma circunstancial, pero también preocupante. Tal situación no implica que el político pueda hacer lo que le venga en gana, más bien que el ciudadano se vea obligado a limitar el ejercicio de su libertad. La segunda ocasión es cuando el régimen se convierte en una tiranía por la acción represora del que se impone. Los dictadores pueden llegar al poder de muchas maneras, algunas veces de manera democrática, otras por la fuerza de las armas y, las menos, por vacíos de poder que se generan, aunque también suelen ser acompañados de actos violentos.

La tercera es la más preocupante: cuando los ciudadanos así lo quieren, es decir, cuando una mayoría o una minoría significativa e influyente apoya este tipo de medidas contrarias a las ideas de la libertad. En España, no solo son los partidos más extremistas los que empiezan a actuar de esta manera, sino también los que se supone que están en posiciones más moderadas.

Tengo la sensación de que nos estamos abandonando a esta peligrosa deriva, no sólo en España, sino también en el ámbito más internacional. El próximo artículo lo dedicaré a la Unión Europea y su preocupante deriva autoritaria.

1 Principios básicos que, de nuevo, varían. Desde un punto de vista liberal, el derecho a la propiedad privada es indiscutible, pero numerosas leyes o constituciones le ponen límites, ya sea en forma de impuestos o de expropiaciones. En países occidentales, existe la pena de muerte como medida punitiva extrema y el derecho a la vida es también otro que se considera básico. Por rizar el rizo, hay una fuerte polémica en si un feto es una persona o no y, por tanto, si el aborto es un crimen o un derecho que puede ejercer la mujer.

Nobel de Economía 2021: Una perspectiva austriaca sobre los experimentos naturales

El pasado 11 de octubre se dieron a conocer los galardonados con el Premio Nobel de Economía 2021. En este caso, fueron tres los economistas reconocidos con este título. Sobre uno de ellos, David Card, se ha generado bastante debate por su trabajo sobre los efectos del salario mínimo en Nueva Jersey y Pensilvania. Esta excesiva atención ha hecho que los otros dos ganadores del Nobel, Joshua Angrist y Guido Imbens, y sus contribuciones, hayan pasado casi desapercibidos; al menos, para el público no tan académico. Sin embargo, todos los galardonados, los tres, han sido premiados por demostrar que los experimentos naturales pueden ser empleados en economía y ciencias sociales para responder problemas centrales para la sociedad; cuestiones como el salario mínimo, la inmigración o la educación. Es decir, el premio Nobel de Economía en el año 2021 ha sido otorgado por las contribuciones a la metodología de la economía. Como bien han indicado desde la Real Academia de Ciencias de Suecia, los trabajos de Card, Angrist e Imbens permiten extraer conclusiones sobre las causas y efectos de los fenómenos económicos, acercando la economía al plano más empírico, revolucionando también otras disciplinas. 

Dado que el Nobel se ha otorgado por cuestiones metodológicas, y conociendo mi interés por la metodología de la economía, no podía dejar pasar la oportunidad de hacer unos comentarios breves sobre la idea de los experimentos naturales en economía. Concretamente, me gustaría revisar la idoneidad de los experimentos naturales para descubrir la causa y efecto de los fenómenos económicos desde la perspectiva metodológica de la Escuela Austriaca, que suele caracterizarse como más alejada del empirismo y los experimentos. 

Experimentos naturales 

Tradicionalmente, se ha entendido que una de las cosas que diferenciaba a las ciencias naturales de la economía es que, mientras en la primera se podían verificar leyes universales mediante experimentos de laboratorio, en la última esto no era posible, pues falla un presupuesto fundamental: la constancia de las variables. Es decir, en la economía puede haber muchas variables influyendo un fenómeno, a la vez que cambian constantemente, lo que hace que estas no puedan controlarse por el investigador. Así lo afirmaban, por ejemplo, Samuelson y Nordhaus en la duodécima edición de Economía: 

El mundo económico es extremadamente complicado. Hay millones de personas y empresas, miles de precios e industrias. Una forma de construir leyes económicas en este entorno es mediante experimentos controlados. Un experimento controlado tiene lugar cuando todo lo que se investiga se mantiene constante excepto una variable (…).

Los economistas no pueden permitirse ese lujo cuando testean leyes económicas. No pueden desarrollar los mismos experimentos controlados que hacen químicos o biólogos porque no pueden controlar fácilmente otros factores importantes. Como los astrónomos o los meteorólogos, los economistas deben contentarse por lo general con observar (Samuelson and Nordhaus 1985). 

No obstante, en los últimos años, los métodos experimentales han cobrado fuerza en economía. Desde el premio Nobel otorgado en 2002 a Vernon Smith por establecer los experimentos de laboratorio como una herramienta para el análisis económico, especialmente en el estudio de mecanismos alternativos de mercado, los experimentos son cada vez más comunes entre investigadores económicos. Esto plantea nuevos interrogantes para la ciencia económica, como por ejemplo, si los resultados obtenidos en un experimento pueden generalizarse a entornos fuera de laboratorio, o la utilidad de distintos tipos de experimentos en función del entorno o el grado de consciencia de los agentes que participan en el experimento. Por tanto, permítanme hacer una clasificación de tipos de experimentos (List 2011): 

  • Experimentos de laboratorio: son experimentos que se realizan en pequeños entornos controlados, cuyos participantes suelen ser estudiantes que conocen la naturaleza del experimento. 
  • Experimentos artefactuales: experimentos que replican a los de laboratorio pero con sujetos no estándar, es decir, no son estudiantes que conocen el experimento.
  • Experimentos de campo: son experimentos que se realizan con sujetos seleccionados para tal pero en su entorno natural, para evitar que el ambiente del laboratorio los condicione. 
  • Experimentos naturales: se realizan con sujetos realizando tareas habituales en su entorno natural, y no son conscientes de que son participantes de un experimento ni tampoco pueden controlar el evento o situación. 

De entre los cuatro tipos, los experimentos naturales son los que destacan ahora en economía, puesto que combinan lo mejor de los métodos experimentales: aleatoriedad y realismo, lo que permite al investigador evitar muchos sesgos muy comunes en otros métodos experimentales, como puede ser el de selección. 

De la mano de los experimentos naturales en economía, se han hecho también famosos en la disciplina métodos como los RCT (randomized controlled trials), que son pruebas controladas que permiten distinguir el impacto de determinados inputs o fenómenos sobre una población que ha sido dividida de forma aleatoria en grupos de tratamiento, a los que se aplica el input, y de control, a los que no. De esta manera, se puede estudiar el impacto de una variable sobre un mismo grupo de población, de forma clara, en el mismo espacio temporal y las mismas condiciones. Esto permite identificar mucho mejor la causa y efecto de los fenómenos económicos. Los ganadores del Nobel en Economía en 2019, Banerjee, Duflo y Kremer, destacaron por haber realizado una aplicación de los RCT a experimentos relacionados con la pobreza y el desarrollo económico. Entonces, ahora, cabe preguntarnos: ¿por qué se supone que estos métodos experimentales son mejores que los métodos formales tradicionales que se han usado en economía? Para responder a esa pregunta, me gustaría rescatar algunas ideas de Dani Rodrik, que menciona en su libro Economic Rules (hice una revisión del libro aquí). 

Según Rodrik (2015), la economía política tradicional, así como la ciencia económica más moderna, se ha obsesionado siempre con descubrir leyes universales que apliquen a cualquiera de los múltiples casos que se puedan dar en la realidad. Empero, esto no es posible en economía, puesto que la realidad es tan compleja y cambiante que solo pueden desarrollarse teorías aplicadas y concretas a determinados contextos, o lo que comúnmente llamamos modelos. Este razonamiento explica por qué las teorías universales tradicionales han fallado en pronosticar y comprender realidades económicas recientes como la Gran Recesión. En consecuencia, la ciencia económica actual pretende un cambio de paradigma hacia una ciencia más humilde y realista, alejada de leyes universales y concentrada en circunstancias concretas. En ese objetivo, métodos experimentales como los experimentos naturales o los RCT son de gran utilidad. 

Una perspectiva austriaca

Desde la metodología austriaca pueden decirse muchas cosas sobre los experimentos naturales y técnicas como los RCT. En primer lugar, y en línea con lo que comenté en mi revisión sobre el libro de Rodrik, es un error negar la existencia de leyes universales en economía o procurar tomarlas como inútiles. Como ya afirmamos, las leyes universales existen y son necesarias, aunque no suficientes. Su negación implica su confirmación y, además, son las que presentan los fundamentos básicos que debe respetar todo modelo o teoría contingente. Si este nuevo paradigma en economía basado en unos métodos más aplicados y experimentales implica el rechazo de las leyes universales (que no digo que así sea, solo planteo la posibilidad), podrá presentar severos problemas de fundamentación. 

Por otro lado, se puede reconocer la existencia de leyes universales y, al mismo tiempo, creer que estos experimentos naturales controlados servirán mejor para verificar teorías universales. Aunque esto no es muy común, como Rodrik indica, también puede ocurrir. En este caso, estaríamos tratando directamente con la aplicación de un método inductivo para la economía. Este método no es válido para las ciencias humanas al asumir una distribución de probabilidad conocida o conocible, objetiva, que garantiza que las proposiciones a las que llega el método inductivo son ciertas en determinado grado de probabilidad. No obstante, sabemos que en el mundo de la acción humana, la probabilidad objetiva no tiene cabida y la subjetiva solo puede estimarse a posteriori, por lo que, a priori, lo único que encontramos es incertidumbre, es decir, desconocimiento sobre lo que ocurrirá en un futuro (Hoppe 2007). Entonces, si no conocemos la probabilidad con la que puede ocurrir un fenómeno particular, no podemos transformarlo o usarlo para producir una proposición general. Por ello, el método de la economía es deductivo. 

Un austriaco puede reconocer la utilidad de los métodos experimentales naturales, puesto que se basan en la observación del ambiente real y de personas de carne y hueso, algo que va en línea con el realismo que defiende la Escuela Austriaca y que, sin duda, es preferible a modelos universales simplificados de agentes representativos o condiciones ideales de mercado. Por ello, podrían ser de utilidad para construir teorías contingentes. Aun así, puede haber algunos problemas, como por ejemplo, la aplicación de conceptos como probabilidad objetiva a la economía o el espejismo de que algunos fenómenos micro son simples o están bajo control, cuando puede suceder que hasta la más mínima interacción esté motivada o causada por fenómenos complejos. Por ello, sería importante determinar hasta qué punto o a partir de donde se asume el fenómeno de constancia y control en la economía. ¿En los fenómenos micro sí existe constancia pero los macro son complejos? ¿dónde se encuentra la línea que diferencia un fenómeno micro de uno macro? 

En último lugar, cabe mencionar las consecuencias que esta economía experimental tiene para la política pública. Como resultado del acercamiento al contexto, entorno y sujetos a estudiar, el diseño de políticas públicas también ha adoptado un enfoque más micro, aplicado, experimental y centrado en la evaluación de impacto. Desde un punto de vista austriaco o libertario, esta nueva forma de plantear políticas públicas es más deseable que aquellas previas que tenían un carácter más centralizador. El enfoque más experimental implica un impulso por la toma de decisiones descentralizada, nutriéndose de información que tiene un carácter disperso. De hecho, esto puede ser compatible con el enfoque policéntrico de gobernanza que propone Ostrom (2010). No obstante, el hecho de que estos métodos no sean exactos y no garanticen conocimiento certero sobre los fenómenos económicos hace que la posible intervención pública, por muy pequeña y descentralizada que sea, no alcance un resultado superior en optimalidad o incluso justicia que la propia autoorganización social. En realidad, este es uno de los puntos de Ostrom (2015): la gestión de los recursos comunales, de forma privada y descentralizada. Y, en efecto, Ostrom también empleó un enfoque experimental para demostrarlo (Janssen 2012).

En conclusión, podemos decir que los nuevos métodos experimentales, como los experimentos naturales, aportan una visión más realista del mundo que los modelos tradicionales. Sin embargo, hay que tener en cuenta sus posibles limitaciones (espejismo de control, simplificación de fenómenos complejos), así como advertir de que este enfoque más experimental no puede reemplazar a las leyes universales ni tampoco servir para un método inductivo. Todo esto, por supuesto, también ha de considerarse a la hora de plantear políticas públicas. Ostrom ya nos demostró con estudios de caso que la autoorganización puede resultar más eficiente que la planificación política.

Referencias

Hoppe, Hans-Hermann. 2007. “The Limits of Numerical Probability: Frank H. Knight and Ludwig von Mises and The Frequency Interpretation.” The Quarterly Journal of Austrian Economics 10 (1): 1–20. https://doi.org/10.1007/s12113-007-9005-3.

Janssen, Marco A. 2012. “Elinor Ostrom (1933–2012).” Nature 487 (July). https://doi.org/10.1038/487172a.

List, John A. 2011. “Why Economists Should Conduct Field Experiments and 14 Tips for Pulling One Off.” Journal of Economic Perspectives 25 (3): 3–16. https://doi.org/10.1257/JEP.25.3.3.

Ostrom, Elinor. 2010. “Beyond Markets and States: Polycentric Governance of Complex Economic Systems.” American Economic Review 100 (3): 641–72. https://doi.org/10.1257/aer.100.3.641.

———. 2015. Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. https://doi.org/10.1017/CBO9781316423936.

Rodrik, Dani. 2015. Economics Rules: The Rights and Wrongs of The Dismal Science. New York: W.W. Norton.

Samuelson, Paul A., and William D. Nordhaus. 1985. Economics. 12th ed. New York: McGraw-Hill.

Las cinco grandes aberraciones de PSOE y Podemos en los Presupuestos para 2022

Suben impuestos a las empresas para pagar subsidios electoralistas y subidas salariales para los funcionarios. Las pensiones, contra las cuerdas.

Nada más conocerse el Proyecto de Presupuestos Generales del Estado que ha presentado el gobierno para 2022, Libre Mercado alertó de los numerosos peligros que esconden los planes del Ejecutivo para la economía española. Se trata, sin duda, de unas cuentas caras y fantasiosas, repletas de castigos al sector productivo y dádivas electoralistas.

Ya hemos hablado de cómo la propuesta de Sánchez incluye un descarado maltrato a Madrid, que recibe la mitad de la inversión que Cataluña. Pero hay muchas más sombras en los PGE 2022, que repasamos a continuación.

1. Más gasto que en plena pandemia

El Presupuesto consolidad de gasto sigue creciendo y, pese a haber crecido con fuerza en 2020 y 2021, se incrementa otro 0,6% en 2022. De modo que el Ejecutivo de Pedro Sánchez considera necesario seguir aumentando el gasto a pesar de que la pandemia ha remitido y la mayoría de las restricciones económicas se han levantado.

2. El agujero de las pensiones ya alcanza los 43.000 millones

El gobierno se ha comprometido a revalorizar las pensiones con la inflación media. El problema es que la caja de la Seguridad Social no se alimenta del IPC, sino de las cotizaciones sociales. Por tanto, lo único que está haciendo el Ejecutivo es ensanchar el agujero del sistema de pensiones. Solo en 2022, la subida será del gasto será del 4,8%. No sorprende, pues, que el agujero del sistema siga sin cerrarse y ya ascienda a 43.000 millones de euros.

3. Fondos europeos con políticas anti-europeas

El Ejecutivo plantea un nivel nunca antes visto de inversión pública, hasta llegar a la cifra de 40.000 millones, incluyendo 28.000 millones que se financiarían a través del fondo activado por los socios europeos para el “rescate” de la economía tras la pandemia. Pero dicho programa está vinculado a ciertas condiciones, entre las cuales está la reforma del sistema de pensiones o la reforma del mercado laboral. Y, en ambos casos, los planes del gobierno son diametralmente opuestos a las recomendaciones de Bruselas, hasta el punto de que estamos hablando de auténticas contrarreformas. Por tanto, no está tan claro que la Unión Europea vaya a desembolsar estas ayudas y permitir que, al mismo tiempo, el gobierno se salga con la suya en cuestión de pensiones y trabajo.

4. Ingresos tributarios inflados

El crecimiento económico que plantea el gobierno en los Presupuestos Generales del Estado es claramente superior a las estimaciones que barajan la mayoría de los organismos públicos y privados. Esto también significa que los cálculos referidos a la mejora de los ingresos están “inflados”, puesto que el aumento de la producción al que está ligada tal subida recaudatoria va a ser mucho más tímida de lo que plantea el gabinete de coalición entre PSOE y Podemos. Si a esto le sumamos el hecho de que, lejos de hacer una estimación conservadora, el gobierno planteaba una subida de los ingresos tributarios del 10,8%, parece evidente que las cuentas están alejadas de la realidad, con el agravante de que los gastos sí se realizan, de modo que el agujero resultante es la deuda de mañana. Para ilustrar la dudosa fiabilidad de las estimaciones del gobierno, es importante recalcar que la recaudación planteada, de 233.352 millones, supera holgadamente los ingresos de 2019, antes de la pandemia, cuando los recursos tributarios ascendían a 212.808 millones.

5. Más impuestos para subsidios y sueldos públicos

La deducción que se aplicaban las empresas dedicadas al alquiler de vivienda en el Impuesto de Sociedades bajará del 80% al 45%, una reducción de casi un 50%. En dicho gravamen, se planteará igualmente un “suelo” del 15% que afectará a las empresas que facturen más de 400 millones de euros. También sube el Impuesto de Matriculación, con un repunte del 20% que encarecerá en 1.000 euros la compra de un automóvil promedio. Además, suben las cotizaciones que abonan las empresas (un 1,7% extra en los salarios más altos), empeora el tratamiento de los autónomos y se reduce más aún la deducción del IRPF por aportaciones a planes de pensiones. Y, no lo olvidemos, se anuncia un “catastrazo” que elevará los ingresos obtenidos en tributos de todo tipo: Sucesiones, Donaciones, Patrimonio, Transmisiones Patrimoniales, Plusvalía Municipal… En cambio, los gastos de personal aumentan un 3,4% e incluyen una subida salarial del 2% para los empleados públicos. No solo eso, sino que se anuncian subsidios de corte electoralista para los jóvenes, incluyendo el “bono de alquiler” o el “bono cultural”.

¿Son los impuestos un robo?

“Los impuestos son un robo” es un lema liberal muy radical y de uso frecuente. Se trata de un eslogan breve, provocativo, llamativo, simplista, extremo y sin matices. Hay alternativas más razonables:

-Los impuestos se parecen [bastante, mucho] al robo.

-Algunos [muchos] impuestos se parecen al robo.

-Los impuestos y el robo no son tan diferentes y tienen mucho en común.

-Los impuestos tienen algo/mucho de robo.

-Los impuestos suelen ser ilegítimos.

-Los impuestos son en su gran mayoría injustos por violar la libertad y la propiedad y no tener adecuada justificación contractual o consentimiento efectivo.

-Los impuestos suelen ser injustos por su tipología (qué gravan), por su cantidad (cuánto gravan), por su distribución (progresividad fiscal) y por su uso (gasto presupuestario a grupos de interés).

Robo vs. impuestos:

En el robo un ladrón (individuo o grupo) quita sus bienes a una o varias víctimas sin su libre consentimiento y sin dar nada a cambio, frecuentemente por la fuerza o con amenaza de violencia, o mediante invasión o aprovechamiento de descuidos (hurto). Hay un clara separación y asimetría entre el agresor, parásito o depredador que se beneficia de su acción contra los perjudicados por su delito.

En los impuestos hay, o se supone que hay, una asociación o comunidad con unos representantes o líderes políticos que presuntamente actúan bajo mandato del pueblo (al menos en democracia) con el monopolio de la violencia legítima y por el bien común: los miembros de la comunidad se obligarían de forma indirecta a sí mismos mediante un contrato social a pagar impuestos por presuntos bienes públicos o razones de justicia social (igualdad, ayuda a los desfavorecidos).

-Si en el robo hay uno y otro, en los impuestos habría un nosotros.

-Si en el robo hay un beneficiado y un perjudicado, en los impuestos todo sería por el bienestar general, el bien común, o el bien mayor de los más vulnerables.

-Si en el robo la víctima no recibe nada a cambio, los impuestos servirían para financiar bienes y servicios para los contribuyentes.

-Si en el robo no hay consentimiento por la víctima, en los impuestos el ciudadano consentiría al aceptar el contrato social.

-Si en el robo la violencia es ilegítima, en los impuestos esta estaría justificada por los procedimientos democráticos.

Pero:

-Los límites de la comunidad, quiénes son ciudadanos y quiénes no, son problemáticos: algunos incluidos pueden preferir quedar fuera, y algunos excluidos pueden querer participar. La pertenencia a la comunidad no es realmente libre ni contractual.

-El Estado como sistema institucional para la gestión de lo común históricamente suele tener su origen en el saqueo, la guerra y la opresión de unos sobre otros, y frecuentemente degenera en herramienta de unos para vivir a costa de otros.

-Se supone que el Estado somos todos, pero hay poderes particulares y grupos de interés con mucha capacidad de control que lo utilizan en su propio beneficio.

-La decisión de qué bienes o servicios son auténticamente públicos (no excluibles, no rivales) y necesarios para la convivencia común es problemática y tiende a abusarse de ella. Se confunde bien público con bien proporcionado por el Estado. Los auténticos bienes públicos (defensa, orden público) suelen recibir poca importancia o ignorarse.

-El presunto consentimiento que justificaría los impuestos es falaz o problemático. Las constituciones no son contratos auténticos. Información importante sobre las preferencias individuales no se manifiesta o se pierde en las decisiones agregadas. Se asume que la democracia lo legitima o justifica todo, se impone la tiranía de las mayorías y se ignora la libertad individual. Aquellos que dan su consentimiento a los impuestos lo hacen en su propio nombre, no en el de los demás: que uno acepte los impuestos legitima que se los cobren a él, no a los demás. Que una mayoría acepte los impuestos no legitima que se los imponga a la minoría.

-Hay una tendencia a la colectivización. Se permite la voz y el voto, pero no se permite o se dificulta la salida efectiva de la comunidad y sus servicios, la participación o no por separado en cada programa estatal. No se permite al individuo no participar en proyectos que no tienen naturaleza de bienes públicos (pensiones, sanidad, educación). Dificultar o impedir la salida de una asociación sirve para tener atrapados a quienes son parasitados por los demás.

-El pago de impuestos no está relacionado con el valor de los servicios recibidos. Algunos contribuyentes pagan impuestos aunque no reciban o usen ciertos bienes o servicios públicos.

-Los impuestos tienden a gastarse mediante los presupuestos públicos de forma ineficaz, ineficiente o corrupta.

El robo viola la libertad y la propiedad privada, pero la pertenencia a una comunidad suele implicar contribuciones para su mantenimiento (en dinero o en especie). Los impuestos se presentan o justifican presuntamente como una necesidad colectiva por el bien común, como el precio de la civilización y la convivencia, pero en realidad se parecen mucho al robo. Los impuestos podrían ser contribuciones necesarias para financiar bienes y servicios públicos esenciales, como cuotas de una comunidad de propietarios con estatutos establecidos contractualmente. Ciertos impuestos podrían servir para evitar o minimizar externalidades negativas como la contaminación. En realidad gran parte de los impuestos son confiscaciones sistemáticas de dinero para su redistribución o transferencia de individuos desorganizados a grupos organizados (teoría de la elección pública), quitando a unos para dar a otros. Los impuestos tienden a ser defendidos por ideologías colectivistas liberticidas y por los receptores del dinero o los servicios asociados a los mismos: gobernantes, burócratas, funcionarios, grupos subvencionados, ideólogos estatistas.

Los impuestos son más un robo cuanto más altos sean, más injustificados, y peor se gasten. Los impuestos no son estrictamente un robo, pero en su aplicación práctica lo parecen mucho.

(Posición contraria extrema de derecho positivo colectivista que niega el derecho natural y la ética de la libertad: en los impuestos no hay nada de robo porque todo es de todos, es el Estado el que establece las reglas y decide qué es la propiedad y qué se puede y debe dar y quitar a cada uno. No hay derechos previos al Estado.

Algunos denuncian que otros son insolidarios o incívicos y no pagan suficientes impuestos, los que les tocan, los que les corresponden, los que deberían pagar según su renta o su riqueza. El robo sería el no pagar más impuestos, porque presuntamente se estarían beneficiando a costa de otros, o porque la justicia presuntamente exigiría quitarles a ellos para darles a otros con menos renta o riqueza.)

Sobre el Índice de Libertad Económica

El su ya conocido Índice de Libertad Económica, el Heritage Foundation analiza la situación económica de 184 economías del mundo considerando los diferentes niveles en los que se encuentran, entre otros, los siguientes factores: efectividad del sistema judicial, libertad para emprender y hacer negocios, libertad monetaria y de comercio, respeto a la propiedad privada, integridad de gobierno o libertad financiera y salud fiscal.

Pero ¿qué es la ‘libertad económica’? La libertad económica es el derecho fundamental de todo ser humano a controlar su propio trabajo y su propiedad. En una sociedad económicamente libre, los individuos son libres de trabajar, producir, consumir e invertir como les plazca. En sociedades económicamente libres, los gobiernos permiten que la mano de obra, el capital y los bienes se muevan libremente y se abstienen de la coerción o restricción de la libertad más allá de lo necesario para proteger y mantener la libertad misma.

Está demostrado que las economías libres y de mercado son las únicas capaces de sacar a la gente de los niveles de pobreza a los que los empujan gobiernos populistas o proteccionistas, sobre todo, en la región de latinoamericana. La economía libre es sinónimo de prosperidad, crecimiento y desarrollo, pero no solo en términos económicos. Economías de este tipo promueven instituciones fuertes y una sociedad que tiende al respeto a las reglas de juego establecidas, y fomentan buenas costumbres como el ahorro, el trabajo y el emprendimiento. La economía y el comercio son dos conceptos que civilizan la sociedad, la hacen prospera, pacifica la sociedad en su conjunto y crecen las oportunidades de los ciudadanos en aquellos países que implementan este tipo de políticas. 

Con respecto a su último Índice, correspondiente al 2021, en cuanto a la región latinoamericana, rápidamente se exponen dos conclusiones importantes. En primer lugar, los gobiernos más autoritarios de la región son los que peor están ubicados no solo respecto al entorno, también se encuentran en las últimas posiciones de los resultados globales. Países como Cuba, Venezuela o Bolivia se ubican solo por encima de países como Corea del Norte o Sudán y en la posición más baja en relación a la región. 

En cambio, Chile se posiciona en una ubicación favorable, siendo el único país ‘mayoritariamente libre’ de la región. A nivel global se ubica en la posición 19, superando a países como Estados Unidos, España o Alemania.

Aunque las comparaciones sean odiosas, es necesario analizar la realidad económica y política de forma independiente de cada país, en base a las medidas que uno y otro hayan podido aplicar para luchar contra la pobreza, fortalecer su sistema institucional o mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. En ese sentido, Chile se ha convertido en el parangón más importante acerca de los beneficios que producen una economía libre y un sistema económico de mercado, donde el aparato estatal es solo un apéndice que, aunque forma parte, no determina la condición ni la conducta de los actores y factores que interactúan de forma natural en el mercado.

Por supuesto que Chile aún no ha superado del todo sus índices de desigualdad y el desempleo ha crecido los últimos años, aunque las tasas siguen siendo bajas y aceptables, lo que no tiene comparación alguna con los sistemas políticos y económicos impulsados por los regímenes autoritarios de la izquierda latinoamericana vinculados al Socialismo del Siglo XXI, por ejemplo, de Cuba, Venezuela o Bolivia. Los datos hablan por sí solos. El resultado, cayendo en un simplismo que resulta, no obstante, ilustrativo, diríamos: menos intervención del Estado en la política económica, mayor crecimiento y desarrollo del país; menos control del Estado sobre las instituciones públicas, mayores garantías para los ciudadanos y mayor blindaje de sus derechos y libertades.

Sin duda, países como Chile han superado esa barrera anquilosada de los viejos paradigmas proteccionistas y socialistas que han impregnado a la región y ha demostrado que las políticas de la libertad funcionan notablemente. Sin embargo, se ciernen sobre aquel país la sombra de un movimiento vinculado al populismo trasnochado, conocido en otros países del entorno, que bajo un discurso radical ha desprestigiado todos los avances obtenidos y desconocido los resultados que se demuestran con cifras y datos contrastables, pero objetivos. 

La nueva Constitución, cuyos trabajos ya han empezado, será una prueba de la resistencia de una sociedad madura que no pude caer en los encantos de la demagogia y las fútiles promesas de los nefastos populismos, que campean a lo largo y ancho del continente.