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Un vacío legal en la banca de coeficiente de caja del 100%, letras reales y criptomonedas

‘The dead horses of economic theory have a habit of suddenly springing back to life again, which is why it is necessary to beat them even when they appear lifeless’’ George Selgin sobre la doctrina de las letras reales

Los argumentos que presentan los teóricos críticos con la banca de reserva fraccionaria contra esta son varios. Uno de los más prominentes es el del que crea dinero de la nada, lo cual por un lado es ilegítimo al ser títulos de propiedad que generan una doble disponibilidad sobre los mismos bienes y robarle a los usuarios de ese dinero parte de su poder adquisitivo, y pernicioso para la economía al causar inflación (Hoppe 1994; Hoppe, Hülsmann, and Block 1998; Huerta de Soto 1998; Hülsmann 2000; Bagus and Howden 2010).

En primer lugar, no hay ninguna doble disponibilidad. Cuando un oferente de liquidez le presta dinero al banco, este dinero se vuelve el activo del acreedor, el cliente, frente el pasivo del banco—el activo financiero en forma de, por ejemplo, cuenta corriente—. El banco, mientras es deudor, por un lado, presta ese dinero de nuevo ejerciendo su función de intermediario financiero a un demandante de liquidez. El demandante de liquidez adquiere un pasivo frente al banco, el banco un activo frente a este y un pasivo frente al acreedor original.

En segundo lugar, tampoco hay ningún robo del valor. No se da ninguna agresión. Ningún individuo traspasa la propiedad privada de otro como Rothbard (1982) indica que es necesario para que se de una agresión. Los individuos, tienen derecho a la integridad física de su propiedad, pero no al valor de esta como bien indican Hoppe y Block (2002):

‘‘Los autores sostienen que lo que puede ser legítimamente poseído en una sociedad libre son solo los derechos sobre la propiedad física, no sobre valor de esta. Por lo tanto, eres libre de socavar el valor de nuestra propiedad vendiéndonos a precio inferior, inventando un nuevo sustituto para nuestra propiedad, etc. Pero no puedes legítimamente agredir físicamente nuestra propiedad, incluso si su valor permanece constante a pesar de sus esfuerzos’’. [Traducción propia]

En tercer lugar, si el desequilibrio monetario les resultase una preocupación real, menos aún podrían defender la banca con coeficiente del 100%. Este sistema causaría deflaciones mucho más profundas que cualquier posible inflación que se viese bajo una banca con reserva fraccionaria porque en caso de progreso económico, poniéndonos en el mejor de los casos, el precio del dinero caería al mismo ritmo que aumentase la demanda de dinero—fenómeno que se da en las economías en crecimiento—(Selgin 2011). Esto se debe a la imposibilidad de crear, en principio, sustitutos financieros para aliviar esto. En un sistema de reserva fraccionaria este desequilibrio se podría evitar emitiendo activos financieros.

Hay una razón por la que he dicho en principio en el anterior párrafo y es que, según los mismos argumentos de los ciemporcientistas, hay un activo financiero que sí que pueden, e incluso deben, aceptar: las letras de cambio bajo una doctrina de letras reales (DLR). Esta doctrina establece que la emisión de bancos de activos financieros, letras de cambio o bills of exchange en inglés, respaldados por bienes reales, cercanos al fin de su producción, es segura, prudente y deseable. La DLR encuentra en Adam Smith su primer gran exponente, quien en su obra La Riqueza de las Naciones (1976) estimaba que las letras reales eran buenos activos financieros para que los bancos los compraran y atesoraran.

Las letras de cambio son instrumentos de pago de deuda. Estas las elabora el librador, que le da la orden al librado, si la acepta, de pagar al tomador. El tomador, el que posee la letra de cambio, puede ser el vendedor de bienes del librador, pero este último puede encontrarse demandando la liquidez necesaria para terminar de producir los bienes que está fabricando y ponerlos a la venta para pagar a este vendedor. Por lo que el librador compone una letra de cambio para que el librado, el banco, por ejemplo, pague al tomador. Como es una letra real—respaldada por un bien semiproducido—esta circulará como sustituto monetario, pero con descuento. El descuento viene determinado por el periodo restante hasta la venta de los bienes: cuanto menos tiempo requieran los productos para poder ponerse a la venta, menor será el descuento con el que circulará la letra.

Adam Smith y Antal Fekete (2005) estiman que las letras de mayor calidad vencerían a los noventa y un días y Fullarton (1845, 209) lo data en no más de sesenta días. Este periodo viene determinado por la duración de cada estación, porque se pensaba—quizás acertadamente, quizás no—que los patrones de consumo cambiaban con las estaciones y si algo no se podía vender por entonces, tardaría un año en poder volverse a vender. Sea como fuere, esta necesidad de establecer números arbitrarios nos queda corta: es la paloma mensajera dentro de un mundo de smartphones. Existe tecnología blockchain como el Ethereum que permite usar mecanismos de rastreo para seguir el proceso productivo (Westerkamp, Victor, and Küpper 2020); lo cual se puede acoplar para conocer también el porcentaje del bien producido hasta la fecha y el tiempo restante. Lo que propongo para mejorar la circulación de las letras reales es que operen como tokens de, por ejemplo, pagos off-chain de Bitcoin. Es decir, que circulen como tokens de Bitcoin los cuales pueden ser redimidos en su fecha de vencimiento. Este proceso trae consigo muchas ventajas como la reducción de error empresarial en la forma de aplicar descuentos incorrectos según el porcentaje del bien producido.

Lo que esto supone es que se irían creando sustitutos monetarios, pero siempre en proporción con la nueva oferta según esta misma se fuese produciendo: la materialización de la ley de Say. Por tanto, la emisión de este nuevo dinero no ha ‘‘robado dinero a nadie’’. En cualquier momento que la letra se gire, el dinero al que el tomador tiene derecho es igual al del porcentaje de bien producido. Un ejemplo ilustrativo sería el siguiente: hay cinco manzanas y cinco satoshis en una economía. Yo voy a producir e introducir en el mercado tres manzanas más, por lo que emito una letra por valor de tres satoshis que vencerá en treinta días. Si el descuento va ligado a la producción gracias a criptomonedas como Ethereum, si giras la letra por un satoshi, es porque solo el equivalente a una manzana se ha producido (o una tercera parte de tres). Siguen pudiendo darse desequilibrios, como que llueva demasiado y mis manzanas nunca se puedan introducir en el mercado. Pero esto es un problema real, no monetario.

La DLR no causa inflación porque iguala la demanda monetaria con los nuevos bienes que se vayan introduciendo en el mercado, por lo que el nuevo dinero no estará respaldado por ‘‘la nada’’, aumentando la oferta monetaria a la par y por la misma cantidad que el precio. Esto ayudará a los ciemporcientistas a solventar uno de los grandes problemas de su sistema: el posible desajuste que se daría si la demanda monetaria aumentase entre el tipo de interés real y el de mercado.

Referencias

Bagus, Philipp, and David Howden. 2010. “Fractional Reserve Banking: Some Quibbles.” Quarterly Journal of Austrian Economics 13 (4): 29–55.

Fekete, Antal E. 2005. “The Principle of Liquidity.” 24hGold, 2005.

Fullarton, John. 1845. On the Regulation of Currencies: Being an Examination of the Principles, on Which It Is Proposed to Restrict, Within Certain Fixed Limits, the Future Issues on Credit of the Bank of England, and of the Other Banking Establishments Throughout the Country. 2nd ed. Londres, Reino Unido: John Murray.

Hoppe, Hans-Hermann. 1994. “How Is Fiat Money Possible? Or, The Devolution of Money and Credit.” The Review of Austrian Economics 7 (2): 49–74.

Hoppe, Hans-Hermann, and Walter E. Block. 2002. “On Property and Exploitation.” International Journal of Value-Based Management 15 (3): 225–36. https://doi.org/10.1023/A:1020142013216.

Hoppe, Hans-Hermann, Jörg Guido Hülsmann, and Walter E. Block. 1998. “Against Fiduciary Media.” Quarterly Journal of Austrian Economics 1 (1): 19–50.

Huerta de Soto, Jesús. 1998. “A Critical Note on Fractional Reserve Banking.” The Quarterly Journal of Austrian Economics 1 (4): 25–49.

Hülsmann, Jörg Guido. 2000. “Banks Cannot Create Money.” The Independent Review 5 (1): 101–10.

Rothbard, Murray N. 1982. “Law, Property Rights and Air Pollution.” Cato Journal 2 (1): 55–99.

Selgin, George. 2011. “Is Fractional-Reserve Banking Inflationary?” Alt-M, September 2, 2011.

Smith, Adam. 1976. An Inquiry Into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Indianapolis, United States: Liberty Fund.

Westerkamp, Martin, Friedhelm Victor, and Axel Küpper. 2020. “Tracing Manufacturing Processes Using Blockchain-Based Token Compositions.” Digital Communications and Networks 6 (2): 167–76. https://doi.org/https://doi.org/10.1016/j.dcan.2019.01.007.

Greenpeace tiene razón

El último numerito de Greenpeace ha sido pisotear a la Cibeles para reclamar más metros cuadrados verdes en nuestras ciudades. Bueno, en realidad parece que solo los pide en Madrid y mientras gobierne la derecha, pero como quiero darles la razón por una vez, vamos a hacernos los despistados.

Nuestras ciudades tienen bastantes espacios verdes. Muchas veces están mal planificados, otras mal gestionados, pero desde luego se les da bastante importancia. Es lógico, ya que la mayor parte de los ciudadanos preferimos pasar nuestros ratos de ocio al aire libre en ambientes naturales, que nos libren un rato del asfalto y el cemento de las ciudades.

¿Y, entonces, por qué tienen razón? La mayor parte de la población reside en ciudades. Eso quiere decir que los votantes que permiten sostener las actuales regulaciones en medio ambiente son responsabilidad principalmente de los núcleos urbanos. Y estas regulaciones llevan décadas machacando a los propietarios de parcelas rústicas sin ningún reparo, usando como principal excusa la actividad económica que se realiza en ellas.

En todos los negocios el ciudadano particular o pequeña empresa se las tiene que ver con el Estado para poder ganarse la vida. Pero es el campo donde esto llega a su máxima expresión al convertir a los señores grises del BOE directamente en administradores del territorio y todo lo que en él habita.

Es así como el Estado pasa a ser la Administración. Ente al que siempre hay que pedir permiso para todo, cumplir a pie de la letra sus normas y esperar a cambio un poco de tranquilidad y, con suerte, algunas migajas en forma de subvención.

Evidentemente esto no es culpa sólo de la gente de la ciudad. Las particularidades de la actividad primaria y las burocracias que provoca tienen bastante más responsabilidad. 

Pero al igual que muchos problemas sociales se intentan solucionar cargando al sistema educativo con nuevas asignaturas, charlas y cursillos que no sirven más que para aburrir a los alumnos, los problemas medio ambientales terminan cayendo en las gentes del campo.

¿Falta de biodiversidad? Regulación a los cultivos, ganadería y prohibición de la caza. ¿Cambio climático? Regulación de los cultivos, ganadería y prohibición de la caza. ¿Desertización? Ya saben cómo va.

No son temas sencillos. Lo blanco y lo negro no es posible cuando se habla de asuntos donde influyen tal cantidad de elementos. Los ecosistemas, como la economía humana, no se puede manipular por un puñado de hombres desde las alturas y esperar que todo vaya como un reloj. Y eso vale para los ecologistas que piensan que con unos miles de páginas más de regulación todo irá bien, como los que no ecologistas que creen que el ser humano puede hacer y deshacer como si no existieran las externalidades negativas irreversibles que nos endeudarían a todos por mucho tiempo.

Lo que sí está claro es que las políticas medioambientales, si existen, deben recaer sobre todos. El skin in the game de Taleb debe aplicarse a toda la población, empezando por los sitios donde reside la mayoría.

Y los espacios verdes urbanos son un comienzo. ¿Te gusta la biodiversidad? Empieza por poner docenas de parques del tamaño de El Retiro en tu ciudad. ¿Eso es caro? Pues sí, pero al agricultor también le cuesta mucho cumplir con las limitaciones de cultivo leñoso en las ZEPAS y lo hace.

Un IBI que parta del coste de mantener los servicios urbanos actuales y lo multiplique por dos para mantener zonas verdes, bosques urbanos y demás cosas modernas y ecológicas nos acercaría a todos un poco a lo que de verdad conlleva el compromiso real que el planeta nos reclama TM. Si los agricultores pueden mantener estepas cerealistas que albergan a miles de aves mientras ganan dinero y nos proporcionan comida, si los ganaderos pueden conservar durante siglos bosques como las dehesas y producir manjares como el jamón ibérico, creo que ciudades de cientos de miles de habitantes, ya no digamos la de millones, pueden albergar y estar rodeados de miles de hectáreas con gran calidad medioambiental sin mucho problema.

Bueno, en realidad sí habría un problema. Que se haría a costa del nivel adquisitivo de miles de ciudadanos que no se pueden permitir este tipo de gastos. Las ciudades se convertirían en sitios aún más caros donde desarrollar la vida y a mucha gente le iría peor a costa de que unos cuantos afortunados puedan disfrutar de un medio ambiente local muy mejorado.

¿Les suena de algo la historia? Si vive en una ciudad puede que no, pero desde el mundo rural es algo que se ve a diario. De ahí nace el creciente enfrentamiento entre el campo y la ciudad, y que va a tener consecuencias políticas a medio plazo que pocos se están atreviendo a ver.

Por desgracia las sociedades no avanzan solo por medio de ideas y el razonamiento. Es la confrontación entre los intereses de distintos grupos sociales entre sí, y con la realidad en sí misma, la que le permite ir haciendo eses hacia el progreso. Y eso si tenemos suerte.

Ahora nos toca poner la lavadora por la noche porque al parecer unas docenas de centrales nucleares eran un precio medioambiental demasiado elevado hace veinte años. Quizá si a los cosmopolitas, y a quien convive con ellos, les toca pagar desde el principio parte de la factura, nos ahorraremos en el futuro la mucho más cara que traerán sus ocurrencias.

Champions vs. Superliga: Un análisis económico

La economía debate -entre muchos temas- bajo qué Instituciones, normas o reglas queremos organizar la sociedad. Desde luego, siguiendo a Friedrich Hayek, la buena economía desborda la disciplina, y necesita integrarse con el derecho, las ciencias políticas y la historia, entre otras ciencias sociales, para poder aportar algo a esta pregunta.

Aplicado al deporte, o en concreto al fútbol, la economía puede decir algunas cosas. En definitiva, la discusión abarca cantidades de micro-discusiones, pero una de ellas, quizás la central es bajo qué reglas se desarrollará el fútbol mundial, o en este caso concreto, el fútbol europeo.La noticia que recorrió el mundo es que algunos grandes equipos se propusieron separar de la UEFA y crear así una Superliga. El fundamento inicial me parece que está en la coyuntura. En 2020/21 y en directa relación con la pandemia, estos grandes equipos no pudieron mantener los ingresos de años previos. Menos entradas, menos camisetas, menos derechos televisivos en la etapa en que se interrumpió el fútbol generó pérdidas millonarias en los grandes clubes.

El Presidente del Real Madrid señaló que la Superliga es la salvación, pues pondría frente a frente a los equipos más fuertes de cada liga, y con ello, la atracción sería mayor, generando más televidentes, más derechos televisivos, más ingresos. El planteo es discutible desde lo futbolístico. Si hoy queremos ver a los equipos grandes de cada Liga compitiendo entre sí, lo es porque año a año lo demuestran conquistando sus ligas, liderando los grupos y llegando a los cuartos de final de la Champions. Pero qué ocurriría si tales equipos llegaran a este torneo sin esos logros, y más bien por privilegios de fundadores de la Suerliga. Quizás el atractivo sería menor, y quizás la lógica de mayores ingresos no se cumpla.

Pero quiero abrirme de esta discusión. Quiero más bien discutir si esta propuesta de Superliga debe o no hacerse. Algunos ven a la UEFA como un monopolio, y en tal caso, sí, una contrapropuesta, una segunda UEFA abriría la competencia. Bienvenida la competencia entonces. Pero el punto es que la UEFA responde a la FIFA, y la FIFA hoy gobierna y administra el fútbol mundial. Bajo su órbita están las ligas nacionales, las copas continentales, el mundial de clubes, y también el Mundial o las copas continentales con selecciones nacionales. Crear una FIFA 2, o una UEFA 2, y una Superliga 2 es posible, aunque requiere un poder económico que desborda hoy incluso a los gigantes de Europa.

¿Se puede hacer? Potencialmente sí. En economía sabemos que cuando hay incentivos, los recursos aparecen.

¿Se debería hacer? Quizás sí, porque la FIFA está desbordada de escándalos de corrupción, lobby, privilegios, como también lo están todos los gobiernos, e incluso el Vaticano.

¿Se hará? Es difícil definirlo. Para tener una UEFA 2, me arece que se requiere una FIFA 2, y para ello más que 12 grandes clubes se requiere acuerdos globales que exceden a este puñado de gigantes de Europa.

Por otro lado, no veo en la FIFA un monopolio, y si lo es, no es otra cosa que un monopolio de mercado. Sí, hoy tiene enorme poder y administra el fútbol global. Pero también es cierto que no existen barraras de entrada o impedimentos para que otras federaciones se funden, e intentan administrar nuevas ligas y competiciones.Por lo pronto, me animo a concluir que este proyecto de Superliga ha lanzado una piedra y las consecuencias apenas están emergiendo. Primeros Ministros, estrellas del fútbol global, líderes de empresas globales ya se han pronunciado. Pero la discusión continúa. No se está discutiendo sólo si la Superliga es más atractiva que la Champions. Se está iniciando un debate acerca de cómo organizar el fútbol global. Y en esto la apuesta puede salir mal a los creadores de la Superliga, pues hay otros deportes que con otras reglas, han sabido reducir la competencia de dinero, y bajar el debate a una competencia en el campo. Estudien por ejemplo la organización del Fútbol americano donde el último de la tabla es el primero en poder elegir las incorporaciones del año siguiente para emparejar la competencia. No digo que sean reglas superadoras, pero sin duda son alternativas que también se van a barajar, colocando topes en los ingresos, y quizás reduciendo el poder económico que hoy tienen los gigantes de Europa.

La FIFA no lo hace bien, pero puede ser peor. Me recuerda a Hayek cuando analizaba el Patrón Oro. No era un sistema perfecto, por supuesto, pero el nacionalismo monetario es una alternativa lamentablemente peor y hoy lo estamos sufriendo.

De la apología de la natalidad y la libertad a las guerras culturales y la política pop

Posiblemente llegue la última al debate que se generó recientemente por el discurso que la escritora Ana Iris Simón pronunció sobre el reto demográfico en la presentación de la cosa esa para el 2050 del dúo de trileros monclovita. Ya se sabe que cuando les atrapa el miedo, corren a encender fuego con madera mojada. Sánchez es lo peor que le ha pasado a España en mucho tiempo, conviene decirlo siempre que se tenga oportunidad, y la disertación de Ana Iris iba contra su propaganda, entre otras denuncias, gesto que lógicamente le fue aplaudido.

He de decir que no comparto ni una sola de las palabras que dijo la escritora, reconocidamente antiliberales pero también todas emitidas con la honrosa finalidad de señalar las carencias de este Gobierno de plástico. Por ello, tiene mi máxima admiración, porque hacerlo ahí, en la cara de cemento de Sánchez y frente a toda su cohorte, es de tener unos bemoles que denotan su pasta y de llevar mucho tiempo conteniendo una frustración, la de muchos jóvenes, la mía propia, que nos une en las mismas desdichas. Por eso, con ella, a pesar de tener ideas dispares, me sentaría las veces que hiciera falta a discutir, a transar, a negociar, a renunciar y a acordar, desde el pragmatismo, propuestas buenas para mejorar nuestro país y regenerar nuestra democracia, porque su valentía revela que ama España tanto como la amamos muchos, que no es poco en los tiempos que corren, convicción ésta primordial que necesitamos para salvarla.

Decía Gabriela Bustelo(1) el otro día en uno de sus artículos que “tras el 4-M la tribu madrileña, que venía obedeciendo desde marzo de 2020 las órdenes del bigobierno, ha superado sus últimos remilgos y se proclama ahora liberal de toda la vida, sin saber muy bien qué demonios quiere decir eso”.

Lo curioso del suceso de estos días es que muchos de los que abrazaron la libertad a la ayusiana el 4-M, aplaudieron de manera fervorosa el discurso de Simón, y esto, a mi juicio, engloba grandes injerencias que certifica lo dicho por Bustelo. Algunos asistimos maravillados a la convivencia sin sonrojo de estos alegatos dentro del marco liberal. Por un lado, libertad; por otro, el incentivo a la natalidad es la solución para la lucha contra la despoblación.

Es todo un poco pop, política pop, la versión evolucionada del populismo. Hay una izquierda reaccionaria que se toca en su extremo con una derecha neofalangista de la misma naturaleza y hay otros que se suman a la corriente por la embriaguez que les produce la papilla pop antes mencionada, vamos, el pop de toda la vida llevado a la política, es decir, un producto orientado al mayor beneficio, que suma simplemente aquello que ha resultado exitoso en otros momentos o contextos, fuertemente populista y diseñado para atraer a todos. De esto es experto Redondo. Ahora también el equipo de Ayuso que ha sabido encontrar la tecla con gran éxito y manera espectacular.

Pero no nos confundamos, el importador fue Zapatero, que inauguró la batalla cultural introduciéndola desde los EEUU, y abriendo y avivando todas las guerras identitarias posibles (la Guerra Civil y la memoria histórica, la sexualidad, el feminismo, el nacionalismo y todo el resto de colectivismos) intentado generar una moral única verdadera, buscada de manera premeditada como una herramienta política para polarizar a la sociedad y obtener ganancias en masa. La fuente de votos del obrero, que dejó la revolución porque la vida burguesa del estado del bienestar le proporcionaba más incentivos, se agotó; por tanto, había que buscar nuevos caladeros de votantes, y lejos de afrontar la nueva etapa desde el consenso social mayoritario y el fortalecimiento de las democracias liberales, las batallas culturales movilizaron los enfrentamientos que a día de hoy nos mantienen polarizados, agotando el pluralismo y condenando a aquellos que no participan de su moralidad, extrayéndola del ámbito de lo privado, de donde, a mi parecer, nunca debió salir, lo que supone un enorme peligro. Y esto nos ha llevado desde hace tiempo a que reaccionarios conservadores, también de izquierdas, que se ven representados por el discurso de Simón, no han querido seguir ignorando este escenario en el que entienden que se expulsa su estilo de vida fuera del Estado, de la educación, del arte, de la prensa y quieren ver ahora sus principios representados en el espacio público reafirmando tener unas concepciones hercúleas sobre cómo vivir u organizar la sociedad, dícese, la familia, la moral, la religión, la sexualidad. Provocando un acción-reacción a la usurpación de dicho espacio que, como digo, comenzó Zapatero.

Escribía Rafa Latorre (2) en uno de sus excepcionales artículos que “Ana Iris Simón escribió un libro muy apreciable, Feria. El problema llegó cuando quiso explicarlo, es decir, cuando dejó de hablar de su vida para hablar de la tuya”. Y continuaba: “El contraste brutal entre la calidad de su libro y lo precario de su discurso político se explica fácil. La nostalgia es muy literaria. Una mentira seductora”.

Y es que de manera desorientada, se ha venido diciendo estos días que había liberales oponiéndose a los vínculos familiares y a tener hijos. Esta es la falacia, ¿qué liberal se va a oponer a que el Estado salvaguarde el poder formar una familia, o tener hijos, u optar a un trabajo o vivienda digna, o tener las relaciones que uno desee? De dotar de esa opción, nace la libertad; y de su consecución, la justicia. Ahora bien, no hablamos de vidas deseables, hablamos de lucha contra la despoblación y es ahí donde el argumento es tramposo.

Ana Iris habla de un idílico mundo rural conservadoramente scrutoniano, y apela a que se potencien las políticas públicas, en detrimento de cualquiera otra -no lo digo yo, es que esto es el coste de oportunidad- y así, convertirlo en una arcadia próspera para los jóvenes, sin entender que para que los ruralitas podamos quedarnos en nuestros pueblos, no será por la vía del incentivo a la natalidad, sino generando nuevos modelos productivos para estas zonas, industrializándolas. Y para ello, deben desaparecer tal cual las entendemos nostálgicamente hoy. El futuro pasa por cambiar, ergo por destruir, lo actual hacia algo sustentable por sí mismo (pienso en ejemplos como Las Vegas de comienzos del s. XX o el Singapur de los años 60), no con la insufla del erario público. Sustentable y sostenible, porque ahí donde hay despoblación, hay una oportunidad de explotación de recursos de manera sostenible, no es necesario desindustrializar para volver a industrializar de manera “verde” ni realizar ninguna transición, pues nada o poco hay, está todo por hacer. El mismo término lo dice: “despoblado”, baja densidad demográfica, por tanto,  excedente de suelo. Ni podemos llegar a imaginar cuántas regiones y países, por decir uno: Holanda, darían lo indecente por tener excedente de suelo. Es un recurso muy valioso, entre otros, tremendamente desaprovechado en nuestro país.

Y ahora bien, para provocar esa mutación de los modelos, basta con apelar al mayor motor de evolución en la Historia de la humanidad: empresarios motivados. Justo lo contrario que encontramos en las zonas rurales, donde la función empresarial está desmoralizada por la rigidez de la economía, las excesivas regulaciones, los altos impuestos y la nula contención del gasto público. El paro juvenil en estas zonas supera el 40% pero se da la paradoja de que los empresarios no encuentran personas qué contratar. El joven medio o bien se marcha en cuanto puede o prepara oposiciones aspirando ser funcionario o vive de subsidios, en definitiva, quedarse pasa por vivir del Estado. La atrocidad llega el día que compruebas que los gobernantes no van a cambiar nada, porque en esta sociedad partitocrática, al poder no le interesa transformar esto, los jóvenes apesebrados viven de ellos, sin embargo, los libres harían decaer su privilegiado sistema sobredimensionado.

Las políticas para incentivar la formación de una familia debieran ser un sólo apoyo, un aderezo más, el problema no es la baja natalidad, es la falta de oportunidad. Sin industrialización sólo queda la despoblación. Y a partir de ahí podrán contarnos misa pero sólo con desarrollo, creación de riqueza y oportunidades, la familia y los niños vendrán, según la elección de cada cual y el proyecto vital que desee un individuo desarrollar. Y hasta aquí el análisis estratégico sobre el reto demográfico.

Pero ahondando algo en el plano moral que fue lo que desató el debate más airado la semana pasada, podemos introducir con lo que comentó Quintana Paz (3) en Twitter: “Frente al viejo eje izquierda-derecha, cada vez está más claro otro nuevo, que une a gente opuesta en el viejo: a un lado, los partidarios de vínculos (familiares, nacionales…); a otro, los partidarios de desvincular y meros principios abstractos (Libertad, Igualdad, Constitución…)”.

En el flanco opuesto, el humorista Nieto (4) le replicó: “La sociedad abierta exige principios abstractos, sin negar necesariamente los vínculos. Si ponemos delante los vínculos volveremos a la sociedad cerrada”. Ineludiblemente me identifico con Nieto. En algún otro lugar están los partidarios de que seas partidario de lo que te dé la gana y, así tus principios, defendiendo la no coacción a los demás, te dejen vivir en paz sin menoscabar tu elección.

Decía Ana Iris que tenía envidia de la vida que tuvieron sus padres a su edad, paradójico, a mis padres le pasa lo contrario, siempre les ha dado envidia la vida que llevamos nosotros. También se ha podido escuchar que tenemos una crisis de los valores de Occidente, y que la baja natalidad es consecuencia de que las prioridades de la gente han virado hacia el deseo de querer acumular experiencias y bienes materiales. Según esto, el individualismo liberal sería una especie de disgregador de los vínculos humanos y asociativos que dan sentido a la vida humana, y nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que vivimos en la época de mayor empatía, donde el cuidado y la creación de legislación al servicio de mayores, de vulnerables, de personas con capacidades especiales, de niños, de enfermos de ER, de animales, se ha realizado como en ninguna otra época. La nostalgia de que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor es atrayente, pero la realidad es que el capitalismo no es el causante del problema que nos ocupa, más bien al contrario, es la solución; y el mundo, también España, es hoy un lugar mejor que cuando nuestros padres tenían nuestra edad gracias al desarrollo capitalista. Ahora bien, lo que sí tenemos es poco adiestramiento a la tragedia, no es falta de valores, es escasa capacidad de sobreponernos a la frustración y al fracaso, o baja tolerancia al vértigo o al miedo a la hora de asumir responsabilidades que nuestros padres y abuelos.

La única manera de defender el valor institucional de la democracia es mediante el principio fundamental de que la libertad tiene una dimensión individual, la autonomía personal, y que no se puede perseguir a nadie por sus ideas, y estas ideas no deben afectar a ninguno otro. Por tanto, dentro del marco de derechos y libertades que han de ofrecer las instituciones liberales, no ha lugar a explicarlas apelando a un arquetipo de vida particular.

Referencias:

Gobierno de España, Presidencia del Gobierno (2021). España 2050. Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo. Madrid.

Gobierno de España, Presidencia del Gobierno (2021). Fondos europeos para la recuperación: NextGenerationEU. Plan de Recuperación para Europa de la Comisión Europea. Mecanismo de Recuperación y Resiliencia de la Comisión Europea. Reglamento del Parlamento y del Consejo por el que se establece el mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Madrid.

Gobierno de España, Ministerio de Hacienda (2021). Fondos Comunitarios: Periodo 2021-2027. Madrid.

Federación Española de Municipios y provincias (2017). La despoblación, en la agenda europea. REVISTADE LA FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE MUNICIPIOS Y PROVINCIAS. Carta Local nº 307, noviembre 2017.

Mill, J. S. (1859). Sobre la libertad. Título original: On liberty. Londres: John W. Parker and son, West Strand.

Barnes, J. (2007). El reparto de competencias en materia de urbanismo. El vicio de incompetencia. Madrid: Fundación Democracia y Gobierno Local.

DIRECTIVA 2003/4/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 28 de enero de 2003 relativa al acceso del público a la información medioambiental y por la que se deroga la Directiva 90/313/CEE del Consejo. Publicado en DOUEL núm. 41 el 14 de Febrero de 2003. (2003).

Ley 11/2018, de 21 de diciembre, de ordenación territorial y urbanística sostenible de Extremadura.

Bustelo, G. (2021). El lobo conservador disfrazado de cordero liberal. El Español, 24/05/2021.

https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20210524/lobo-conservador-disfrazado-cordero-liberal/583561640_12.html

Latorre, R. (2021). Un salto al vacío. Opinión: Corre la milla. El Mundo, 25/05/2021.

https://www.elmundo.es/opinion/columnistas/2021/05/25/60abbd5e21efa0b3158b4635.html

Toscano, M. (2021). Vidas valiosas. Notas sobre el liberalismo y la vida buena. Letras Libres, 24/05/2021.

Repensar la desigualdad

Nos gobierna una “new age” [EB1] que, de repente, solo piensa en la desigualdad. En 20 años nuestros males han pasado de ser la pobreza y el hambre a ser la desigualdad. De repente lo que nos preocupa no es la pobreza, lo que nos preocupa es que Jeff Bezos y Amancio Ortega tienen demasiado comparado con el que no tiene. Tienen demasiado y no se lo podemos quitar, por cierto, ésa realmente es la gran preocupación y el éxito de unos derechos de propiedad definidos.

Así que decimos que tenemos que “repensar el capitalismo”, jamás oí a nadie hablar de “repensar el socialismo” pero, eso sí, los grandes gurús de la quiebra de las economías, con gran valentía, piden repensar el capitalismo. Dos cosas al respecto, el capitalismo se repiensa solo desde el mismo momento que cualquier persona del mundo sale a la calle a comerciar, es el ingenio el que repiensa el libre comercio, las miles de cabezas deseando que el futuro, que su futuro, sea mejor que el presente, que su presente. La segunda cuestión a comentar es que “repensar el capitalismo” no puede consistir en inventarse una manera de expoliar al rico merecido; como máximo y no en todos los casos, podremos expoliar al rico sin merecerlo a través de mecanismos legales pero, como digo, no en todos los casos se puede conseguir porque el mercado, el legal y el ilegal, van siempre por delante de las leyes, las legales y las ilegales.

Releo con atención estos días a Milanovic y su curva del elefante, matizada y criticada por él mismo en el propio libro. Interesante, sin duda. No podría estar más de acuerdo acerca de llamar a la curva de Kuznets: “el ciclo de Kuznets”, realmente la curva impacta en un periodo de tiempo pero, de acuerdo con Milanovic, si tenemos grandes avances no podemos descartar que haya, como ha ocurrido desde los 80 en varios de los países más ricos, un repunte de la desigualdad. [EB3] «La desigualdad es muchas veces síntoma del éxito de la economía de un país» Angus Deaton, Premio Nobel de Economía. Sospecho que habrá miles de repuntes porque cada día irán mejor las cosas para la mayoría de los países; si miramos estadísticas como el crecimiento del PIB a nivel mundial (gráfico adjunto) y los avances que están por llegar en diferentes tecnologías.

Ahora bien, si cuando un gobierno dice que crea empleo, el partido opositor responde que no es empleo de calidad, si cuando alguien dice que las personas más ricas son estadísticamente más felices el otro le dice que debemos ver cómo se mide la felicidad.

¿Por qué nunca REPENSAMOS LA DESIGUALDAD?

Aquí va mi propuesta, aunque quiero comenzar diciendo que el índice GINI baja cada año y seguirá bajando salvo en momentos donde tengamos grandes avances, por ejemplo, tecnológicos en la humanidad, es decir, buenas noticias para todos[EB5]  (adjunto gráfico).

  1. La desigualdad debería tomar en consideración que, por ejemplo, hace 50 años había productos que eran de lujo y ahora son lo que cualquiera llamaría “básico”. De hecho, el gobierno de España lo llama “privación material severa” (https://www.mscbs.gob.es/ssi/familiasInfancia/inclusionSocial/inclusionSocialEspana/Evolucion_indica_pobreza_09_18.pdf) incluyendo la comida, la lavadora o la calefacción. Cada día tenemos más calefacción, más agua, más comida, etc., todo esto debemos tomarlo en consideración.
  1. El índice debería incluir la diferencia entre un bien complementario y uno sustitutivo porque no es lo mismo ser desigual pero que ambos tengan televisión, teléfono móvil y una casa, a desigual pero que uno pase hambre y otro cene bocadillos de caviar. No me imagino a Elon Musk viendo 5 televisiones a la vez en su casa y solo el infame Maradona alardeaba de llevar 2 Rolex a la vez para no equivocarse de mano al mirar la hora. Generalmente la gente tiene una televisión en el salón, una nevera, un reloj en la muñeca, un ordenador y un teléfono móvil. Dirigiendo MICROWD, que trabaja con 7.000 clientas pobres en latinoamérica, puedo confirmar que el 90% de nuestras clientas, en 5 países diferentes, tienen smartphone.
  1. La desigualdad es difícilmente comprensible sin poder compararla con un nivel de libertad aceptable. Si no tomamos en cuenta una serie de variables fundamentales antes de valorar moralmente la desigualdad caeremos en la falacia de pensar que Corea del Norte es más igualitaria que Corea del Sur[EB6] [LMP7] .

Como indica Milanovic, debemos hacer un análisis más profundo y no elegir la desigualdad como “trending topic” porque si no terminamos admirando los periodos de posguerra o lo que viene detrás de una pandemia. Son periodos de un sufrimiento desmedido y, sin embargo, igualitarios al máximo.

  1. Y, por último, no dejemos que lo peor de nosotros mismos aflore y, como dice mi amigo Ignacio, no confundamo[EB8] s desigualdad con injusticia.

 [EB1]Sugerencia: Existe un pensamiento dominante

 [EB2]Quiebre es solo efecto de romperse algo

 [EB3]Sin algo más de contexto, no se entiende muy bien y/o no guarda un hilo con lo anterior y lo que le sigue.

 [EB4]No queda muy claro a quién hace referencia este pronombre

 [EB5]El gráfico me mola, aunque creo tendrías que explicarlo bien porque no es muy intuitivo. Esto de que salvo en momentos donde tengamos grandes avances, no se entiende, o puede que no esté muy de acuerdo, precisamente el PPP ha crecido mundialmente gracias a los avances.

‘Govcoins’: hacia una nacionalización total del dinero

A lo largo de la historia, el dinero utilizado por los seres humanos ha vivido un continuo proceso de cambio: desde el uso de conchas, ganado, grano o sal, pasando por metales preciosos como el oro o la plata, y llegando al papel moneda inconvertible de los actuales bancos centrales.

Sin embargo, es probable que pronto nuestros actuales billetes y monedas también sean cosa del pasado. Los principales bancos centrales llevan varios años trabajando en el desarrollo de una nueva forma de dinero: se trata de las denominadas monedas digitales de los bancos centrales (CBDC, por sus siglas en inglés), también conocidas como ‘govcoins’.

China es quien ha tomado la delantera: está en pleno proyecto piloto, en el que medio millón de ciudadanos han probado a utilizar yuanes digitales, directamente emitidos por el banco central a sus teléfonos móviles, para realizar intercambios permitidos por el Gobierno.

El gigante asiático tiene decidido implementar el e-yuan de manera generalizada antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, en febrero de 2022.

Por su lado, los bancos centrales de Estados Unidos, la Eurozona, Japón, Reino Unido, Canadá, Suiza y Suecia, en conjunto con el Banco de Pagos Internacionales, publicaron hace unos meses un documento enunciando los principios fundacionales sobre los que cada uno debía desarrollar sus monedas digitales. La Reserva Federal de EEUU y el Banco de Inglaterra ya han confirmado que tienen equipos trabajando en ello.

El Banco Central Europeo, por su parte, ha anunciado que tiene como objetivo tener su euro digital en pleno funcionamiento para 2025.

Pero, ¿qué son exactamente estas ‘govcoins’? En realidad, la idea es muy sencilla: se trata de hacer que todos los ciudadanos tengan sus depósitos en el banco central y realicen sus pagos transfiriéndose esos pasivos estatales mediante una aplicación del teléfono móvil. En un principio se irían introduciendo poco a poco, de forma que las divisas digitales convivan con el actual dinero físico y con el sistema de pagos bancario. Pero a la larga la idea es terminar reemplazándolos.

La evolución que ha ido experimentando la institución del dinero a lo largo de la historia no siempre ha sido a mejor. Durante el último siglo se ha tendido hacia un sistema monetario de cada vez menor soberanía del individuo en favor de un mayor poder para el Estado.

El reemplazo del sistema de pagos actual por un sistema de moneda digital estatal sería un paso de gigante en esa misma dirección equivocada: constituiría una enorme amenaza para la prosperidad y la libertad de los individuos. Y esto es así por tres grandes motivos.

En primer lugar, pasar a un sistema de monedas digitales de bancos centrales supondría en la práctica la nacionalización del sistema bancario. En la actualidad, la inmensa mayoría de los pagos no se realizan con monedas y billetes, sino mediante el sistema de pagos y cobros que proporcionan los bancos comerciales. Al prestar este servicio, los bancos adquieren la capacidad de canalizar los depósitos de este sistema de pagos para proporcionar financiación a familias y empresas, compitiendo entre ellos en seleccionar los mejores proyectos posibles para generar beneficios y evitar tener pérdidas.

Si el sistema de pagos actual lo reemplazara un monopolio del banco central, no solo se estaría traspasando al Estado dicho sistema de pagos y cobros, sino que también pasaría a centralizar la función de financiación de la economía productiva.

Como en cualquier sistema de planificación central, el Estado no podría realizar esta función de manera correcta porque no tendría los incentivos económicos adecuados ni la información necesaria que solo emerge en un sistema privado descentralizado y en competencia. El Estado decidiría quién obtiene crédito y quién no en base a criterios puramente políticos.

En segundo lugar, supondría la caída del último obstáculo que impide al banco central imponer tipos negativos altos para elevar la inflación. En la actualidad, si se intentan trasladar tipos negativos a las cuentas corrientes de los ciudadanos, estos tenderán a protegerse cambiando a un banco que no se los traslade, o sacando su dinero para guardarlo bajo el colchón.

Sin embargo, en un mundo en el que el propio dinero son los depósitos en el banco central y ha desaparecido el dinero físico, las autoridades monetarias podrían imponer que los depósitos pierdan valor de forma progresiva y no habría forma de escapar del sistema. Los ciudadanos se habrían convertido en rehenes de los banqueros centrales.

Y en tercer lugar, el Estado pasaría a tener un control absoluto sobre las cuentas corrientes de los ciudadanos. Tendría todo su registro de pagos y cobros, y tendría la capacidad de autorizar qué pagos se pueden realizar y cuáles no.

En China ya se ha probado a cobrar multas instantáneas sobre los saldos de tesorería digitales cuando el Estado considera que el individuo lo merece. También se ha probado a inyectar dinero que solo se puede utilizar para compras aprobadas por el gobierno o que desaparece si no se gasta en un tiempo determinado.

Los ahorros de los ciudadanos pasarían a estar directamente en los bolsillos del Estado, y las libertades quedarían supeditadas, aún más, a los caprichos del político de turno.

A menudo se nos venden las monedas digitales de los bancos centrales como una especie de Bitcoin emitida por el Estado. Sin embargo, las características de las govcoins son justo las opuestas a las de criptomonedas como Bitcoin: en lugar de ser una moneda de cantidad limitada, descentralizada, anónima e independiente de los antojos de los bancos centrales, sería una moneda de cantidad ilimitada y absolutamente centralizada, vigilada y controlada por las autoridades políticas. Podría decirse que las ‘govcoins’ son la antítesis de la soberanía individual que representa el Bitcoin.

Las monedas digitales de los bancos centrales representarían la culminación del proceso de nacionalización total del dinero. Los políticos pasarían a ser los custodios de los ahorros monetarios de los ciudadanos, y estos quedarían totalmente a merced de los caprichos de los políticos.

Quedarían eliminadas todas las barreras para que el Estado utilizara los saldos de tesorería de los ciudadanos en su beneficio financiero particular y como herramienta de generación de obediencia.

En definitiva, las ‘govcoins’ serían las cadenas definitivas que terminarían de atar a los ciudadanos a la servidumbre del Estado: generarían todos los incentivos perversos para acabar de arrastrarnos a una era con menor libertad y mayor pobreza individual, a mayor gloria de un Estado omnipotente. En nuestra mano está tratar de poner freno a esta distopía monetaria cuando aún estamos a tiempo.

El lenguaje económico (IV): La física

La influencia de la física en el lenguaje económico forma parte de un fenómeno universal, a saber, el ascendiente de la racionalidad científico-tecnológica en todos los ámbitos del saber. Este hecho «tiene sus raíces en el pensamiento de Descartes y de Bacon, así como en el éxito espectacular de la física newtoniana, y se desarrolló a través de la mentalidad ilustrada y positivista» (Marcos, 2010: 67). El enorme prestigio de la física creció en los siglos XIX y XX, siendo considerada la ciencia por excelencia debido a su elevada capacidad predictiva. Thomas Khun (2006: 314) advirtió: «La potencia de una ciencia parece aumentar con el número de generalizaciones simbólicas que quienes las practican tienen a su disposición». Los científicos sociales, encandilados por la física, emularon su método sin percatarse que resultaba inadmisible reclamar algo que estaba fuera de su alcance: la predicción cuantitativa. Dicho en román paladino: «No se puede pedir peras al olmo». Los más conspicuos científicos sociales fueron abducidos por el positivismo: en el derecho, Kelsen; en la psicología, Skinner; y en la sociología, Durkheim (2001: 77):

“[La ciencia] Estudia el calor al través de las variaciones de volumen que producen en los cuerpos los cambios de temperatura, la electricidad a través de sus fenómenos físico-químicos, la fuerza a través del movimiento. ¿Por qué ha de ser una excepción la solidaridad social?”.

Los economistas tampoco escaparon a este influjo y pronto comenzaron a utilizar los términos de la física y la mecánica: aceleración, centro de gravedad, ciclo, densidad, equilibrio, fuerza, inercia, masa, velocidad, etc. Todos ellos fueron empleados para acuñar fenómenos sociales. Eminentes economistas definen al mercado como un «mecanismo» a través del cual compradores y vendedores interactúan o que «los precios son la rueda que equilibra el mecanismo del mercado» (Samuelson y Nordhaus, 2006: 26). Algunos de estos deslizamientos lingüísticos resultan inocuos, pero otros son confusos, falaces y funestos.

1. Capacidad de carga

Los medios de transporte —camión, barco, avión, ascensor, etc.— tienen limitaciones técnicas que son especificadas por los fabricantes. A su vez, los gobiernos fijan límites máximos —peso, viajeros— para cada categoría de vehículos. Un territorio, sin embargo, no tienen límites en cuanto al número de residentes que pueda albergar. Por ejemplo, la isla canaria de La Palma (708 km2) y Singapur (721 km2) tienen una superficie parecida, pero la segunda (censo: 5,7 millones) está 68 veces más poblada que la primera (censo: 84.000). Es un error deslizar el concepto y el término «capacidad de carga» desde el ámbito industrial al social. Se habla incorrectamente de la «capacidad de carga» de un destino turístico y del «exceso» de turistas, hoteles o vehículos que debe soportar. Fijar topes al crecimiento o al consumo es un acto arbitrario, basado en prejuicios, avalado por informes espurios y cuyo nefasto resultado es el intervencionismo económico, urbanístico y medioambiental. En última instancia, retrasa el progreso y reduce la calidad de vida de los habitantes. Por ejemplo, se imponen moratorias turísticas que impiden la construcción de nuevos hoteles e incluso los espacios naturales y los senderos de montaña son objeto de esta absurda idea de «capacidad de carga».

2. Elasticidad

En física, elasticidad es la propiedad de un cuerpo sólido para recuperar su forma cuando cesa la fuerza que la altera. En economía, a medida que sube el precio de un bien los consumidores reducen su cantidad demandada, y viceversa. El concepto de elasticidad está referido a esta respuesta, que es diferente para cada bien y para cada individuo en función de su escala de valores. También en el ámbito fiscal se habla de «elasticidad de la base imponible», según Rallo (2018): «Suele ubicarse en torno a 0,4: es decir, un incremento del 1% en el tipo impositivo conduce a una reducción del 0,4% en la base imponible». Como ya hemos expuesto en artículos anteriores, la respuesta de los individuos ante los cambios en los precios no puede medirse acudiendo a curvas u otros expedientes matemáticos.

3. Equilibrio

En física, se dice que un cuerpo o un sistema está en equilibrio cuando sobre él actúan diversas fuerzas que se anulan mutuamente. Equilibrio es sinónimo de reposo, estabilidad y ausencia de cambio. En la economía nada permanece en equilibrio y éste tan sólo es un escenario imaginario que sirve al razonamiento económico. En efecto, «a quienes actúan nada les interesa el equilibrio ni los precios de equilibrio, conceptos estos totalmente ajenos a la acción y a la vida real» (Mises, 2011: 837).  No obstante, en el libre mercado, la competencia entre empresarios (ávidos de obtener ganancias) tiene un efecto equilibrador de los precios.

4. Fuerza

Las fuerzas físicas —gravitacional, electromagnética y nuclear— y las fuerzas económicas no tienen relación alguna. Según Mises (2011: 405): «Nada hay de automático ni mecánico en el funcionamiento del mercado». En economía, la palabra «fuerza» es metafórica. Para Marx y Engels (2013) las «fuerzas productivas» eran los diversos medios de producción: trabajo, máquinas, herramientas, materias primas, etc. Se dice que el mercado se rige por las fuerzas de la oferta y la demanda. Para Mises (2011: 502), tan reacio al empleo de tropos, la «fuerza» impulsora del dinero expresaba su capacidad de generar cambios. Otras veces, el significado de fuerza tiene connotaciones misteriosas: por ejemplo, la mítica fuerza que origina el «subconsumo» o que «induce a un exceso de frugalidad» (Keynes, 1943: 326). Por último, algunas organizaciones —políticas, sindicales, empresariales— también se autodenominan «fuerzas».

5. Liquidez

Es la «facilidad con que es posible convertir un activo en el medio de cambio de la economía» (Mankiw, 2007: 444). El dinero en efectivo y los depósitos a la vista son los activos más líquidos, le siguen los sustitutos monetarios —cheques al portador,

cheques de viaje, pagarés—, acciones, participaciones en fondos de inversión, bonos, letras del tesoro, etc. El dinero-mercancía —oro y plata— tiene una liquidez intermedia y, por último, los bienes inmuebles o las obras de arte son activos poco líquidos por su menor facilidad de venta. Un sinónimo (no metafórico) de liquidez sería «mercabilidad» (Mises, 2011: 482) 

6. Velocidad

En física, la velocidad a la que un cuerpo se desplaza es la cantidad de unidades de espacio que recorre en una unidad de tiempo (v= e/t). En economía, por velocidad del dinero se entiende la «tasa a la que el dinero cambia de manos» (Mankiw, 2007: 462). Sin embargo, el dinero no se desplaza, tan solo cambia de dueño en cada transacción. Ni el dinero ni el resto de bienes intercambiados circulan a «velocidad» alguna; de nuevo, estamos ante otra metáfora. Para definir el número de veces que una moneda es intercambiada en un año, los economistas podrían haber elegido otros términos más adecuados, por ejemplo: frecuencia de intercambio o rotación del dinero. Según Mises (2011: 484), el dinero nunca está en circulación porque «no hay momento alguno durante el cual el dinero no sea de nadie, de ninguna persona o entidad». Existe la creencia popular —por otro lado, infundada— de que es bueno para la economía que el dinero esté en movimiento. Sin embargo, como afirma Shostak (2018):

Son las acciones con propósito individual las que determinan los precios de los bienes y no una velocidad mítica. El hecho de que la llamada velocidad sea 3 o cualquier otro número no tiene nada que ver con los precios promedio y el poder adquisitivo promedio del dinero como tal.

Si aumentar el número de intercambios, per se, fuera algo positivo, deberíamos gastar con frenesí hasta el último céntimo de nuestro saldo en efectivo. No olvidemos que el dinero solo es un medio de intercambio, por tanto, no se es más rico imprimiendo más dinero ni gastándolo desaforadamente. Dinero «ocioso» es otra mala metáfora porque el dinero atesorado (saldo en efectivo) cumple una función vital: proporciona seguridad económica frente a la incertidumbre. Según Mises (2011: 484): «Lo que suele denominarse atesoramiento no es más que un saldo de metálico supe­rior —según la opinión de quien enjuicia— al considerado normal y conveniente». En definitiva, la creación de riqueza nada tiene que ver con la velocidad de circulación del dinero, sino con las mejoras en la cantidad y calidad de la producción de bienes.

7. Miscelánea

Otras metáforas físicas resultan inocuas: A) «Masa» monetaria es la cantidad agregada de dinero que hay en una economía. Hay distintas masas monetarias —M0, M1, M2, M3, M4— en función de su «liquidez». B) «Apalancamiento» es sinónimo de endeudamiento. C) «Nivel» de precios es otro desliz lingüístico copiado del comportamiento de los fluidos. Una metáfora más apropiada sería «convulsión de precios» (Mises, 2011: 496). D) «Vehículo» de inversión. E) «Aceleradora» de empresas. F) «Densidad» de población. G) «Ciclo» de vida del producto, «ciclo» económico. H) En econometría, «inercia» es la medida de la dispersión de los datos respecto a un punto llamado «centro de gravedad». Para terminar, les dejo un ejemplo de cómo el lenguaje físico y el matemático pueden ser combinados de forma ininteligible en algo que metafóricamente podríamos llamar «diarrea» mental:[1]

Si tenemos un conjunto de n individuos sobre los que se han medido k variables podemos representar a dichos individuos como un conjunto de n puntos en el espacio vectorial Rk. Dado un punto p del espacio Rk y una base ortonormal de dicho espacio, la inercia total de los individuos respecto al punto p es igual a la suma de las inercias de los individuos respecto al punto p a lo largo de cada uno de los vectores de la base ortonormal.

Bibliografía:

Durkheim (2001) [1893]: La división del trabajo social. Madrid: Akal.

Keynes, J. (1943): Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. Méjico: FCE.

Kuhn, T. (2006): La estructura de la revoluciones científicas. Méjico: FCE.

Mankiw, N. (2007): Economía. Madrid: Thomson.

Marcos, A. (2010): Ciencia y Acción. Méjico: FCE.

Marx, K. y Engels, F. (2013) [1848]: El manifiesto Comunista. Madrid: Fundación de

Investigaciones Marxistas.

Mises, L. (2011): La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Rallo, J. (2018): ‘Destope’ de cotizaciones sociales: demagogo, injusto e ineficaz. Recuperado de: https://blogs.elconfidencial.com/economia/laissez-faire/2018-01-22/destope-de-cotizaciones-sociales-demagogo-injusto-e-ineficaz_1509173/?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=news_ec&utm_content=textlink&utm_term=opinion

Samuelson, P. y Nordhaus, W. (2006): Economía. Méjico: McGraw-Hill

(18ª edición).

Shostak, F. (2018): «El problema con la “velocidad del dinero”».


[1] https://jjgibaja.wordpress.com/2008/02/14/descomponiendo-la-inercia/

Serie El lenguaje económico

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

El liberalismo clásico, la crueldad y la injusticia de la ganadería industrial

Muchas personas tienen la idea equivocada de que a los liberales clásicos no les preocupa la terrible situación de los animales no humanos. Defiendo aquí que, bien al contrario, los liberales clásicos están comprometidos con usar al estado para proteger a los animales en granjas industriales de la crueldad. En primer lugar, mostraré cómo los liberales clásicos del pasado han estado comprometidos contra la crueldad. Luego explicaré en qué consiste ese compromiso y por qué es importante. Finalmente, argumentaré que el compromiso contra la crueldad requiere de la abolición de la ganadería industrial. Los liberales clásicos no solo pueden institucionalizar su amor por los animales, sino que deberían institucionalizar su amor por los animales mediante protecciones jurídicas. 

Los liberales clásicos siempre se han opuesto a la crueldad. En Some Thoughts Concerning Education, John Locke rogaba a los padres que enseñasen a sus hijos a ser amables con los animales para que estos no se convirtieran en adultos crueles con los seres humanos. John Stuart Mill, en Principles of Political Economy, argumentaba que privar a un niño de educación es cruel. Todo esto es para decir que los liberales clásicos están, y han estado, comprometidos con la expulsión de la crueldad de la sociedad. 

Llegados aquí, uno podría preguntarse qué es la crueldad. Esta es la concepción de crueldad que me convence: X es cruel con Y cuando X somete a Y, por acción u omisión, a un dolor o privación no deseado, evitable, no trivial y gratuito. Si Paula desmembra dolorosamente a su antiguo jefe en venganza por despedirla, consideraríamos que su conducta es cruel. ¿Por qué? El antiguo jefe de Paula no desea el daño al que está siendo sometido. Paula podría haber evitado desmembrar a su antiguo jefe. El daño al que está siendo sometido el antiguo jefe de Paula no es trivial. Y el antiguo jefe de Paula está siendo sometido a un daño que es desproporcionado en comparación con lo que motivó la conducta de Paula. Tomando el caso de Paula como un ejemplo paradigmático de crueldad, sugiero que la concepción de crueldad que sostengo acomoda las características importantes de lo que hace que la crueldad sea cruel. 

Decir que los liberales clásicos están comprometidos contra la crueldad equivale a afirmar que quieren evitar que los individuos sean intencionalmente sometidos a dolores o privaciones no deseados, evitables, no triviales y gratuitos. Alguien podría señalar que los liberales clásicos no necesitan estar comprometidos contra la crueldad en particular, porque ya están comprometidos con la salvaguarda de los derechos o con la prevención del daño. No obstante, el compromiso contra la crueldad es importante para el liberalismo clásico, ya que hace referencia a un subconjunto específico de daños que merecen nuestra atención y nos proporciona  recursos para pensar en los límites justificables del castigo estatal. Sin un compromiso contra la crueldad, el liberalismo clásico carece de mucho de lo que lo hace atractivo. 

Sostengo que si estamos comprometidos contra la crueldad, deberíamos estar comprometidos con la abolición de las granjas industriales. La ganadería industrial es un conjunto de prácticas ganaderas horribles que incluyen, entre otras, cortar los picos de los pollos, confinar vacas por centenares y electrocutarlas con picanas eléctricas, quitar dolorosamente los cuernos de los carneros, arrancar los genitales de los lechones y perforar el morro de terneras recién nacidas con anillos de púas para evitar que beban la leche materna. Estas prácticas se realizan normalmente sin anestesiar a los animales. A partir de esta descripción, queda claro, espero, que la ganadería industrial es cruel. 

Algunos liberales clásicos insistirán en que se puede justificar cierta crueldad contra los animales si los beneficios para los seres humanos son lo suficientemente grandes. Dirán que, dado que la carne es un gran beneficio para los seres humanos, la ganadería industrial podría estar justificada. Sin embargo, hay varios problemas con este tipo de argumento. En primer lugar, la cantidad de placer que los humanos obtienen al probar carne no puede usarse de manera plausible para justificar la inmensa e inimaginable cantidad de dolor que experimentan los animales cuando son torturados en granjas industriales. En segundo lugar, traemos a los animales de granjas industriales al mundo y, en virtud de esta acción, estamos obligados a cuidarlos de determinadas formas. Si alguien me empuja a una piscina y empiezo a ahogarme, debe saltar y rescatarme. De manera similar, si alguien trae un animal necesitado al mundo y el animal depende de él para satisfacer sus necesidades, la persona debe satisfacer esas necesidades. Incluso si los animales en granjas industriales se traen al mundo específicamente para ser comidos, todavía tienen intereses que deben ser respetados. Por lo menos, no deben ser tratados de forma cruel. 

Algunos liberales clásicos argumentarán que la abolición de la ganadería industrial viola los derechos de propiedad de los ganaderos. Si los animales son de su propiedad, los ganaderos industriales deberían poder hacer con su propiedad lo que quisieran, incluso si eso significa tratarlos con crueldad. Sin embargo, recordemos que prohibimos a los dueños de mascotas que traten a sus animales con crueldad. Que hagamos esto no viola los derechos de propiedad de los dueños de las mascotas. Si alguien quiere argumentar que prohibir que las personas traten cruelmente a los animales en granjas industriales y a las mascotas viola sus derechos de propiedad, entonces tiene que mostrar qué es lo que hace a los humanos tan diferentes de los animales que hace que los animales no puedan ser nunca protegidos por el Estado. Esto es más difícil de lo que uno podría pensar. No todos los humanos son capaces de ser racionales, por lo que no podemos usar la racionalidad para distinguir a los humanos de los no humanos. Nos preocupamos por algunos animales más de lo que nos preocupamos por algunos humanos, por lo que no podemos usar el valor sentimental para distinguir a los humanos de los no humanos. Y no podemos usar la humanidad por sí sola para distinguir a los humanos de los no humanos, porque esto es tan arbitrario como decir que el sexo, la raza o la orientación sexual deben usarse para determinar si los individuos deben ser protegidos por el estado. Tengo tanta capacidad para elegir mi raza como la especie a la que pertenezco. 

En este breve espacio espero haber demostrado que los principios que motivan al liberalismo clásico deberían motivar a los liberales clásicos a buscar justicia para los animales en la ganadería industrial. Los animales en las granjas industriales dependen de los ganaderos industriales de manera importante, y les debemos vidas libres de crueldad en virtud de esta dependencia. Del mismo modo que  impedir que el dueño de un gato caliente a un gato en el microondas no es una violación de los derechos de propiedad del dueño de la mascota, tampoco es una violación de los derechos de propiedad de los ganaderos industriales impedir que corten dolorosamente los picos de los pollos o castrar a los lechones. Tengo la esperanza de que más liberales clásicos acaben reconociendo esta verdad.

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalismo (LVII): Anarcocapitalismo y nacionalismo

Hubo un tiempo en que la nación gozaba de buena prensa en medios liberales y libertarios. Se la veía como una fuerza de progreso que servía para crear sentimientos y valores comunes entre las personas superando las viejas distinciones de status o de sangre. John Stuart Mill, por ejemplo, las veía como un requisito indispensable para la construcción de una sociedad liberal. Todos los ciudadanos serían iguales y estarían regidos por las mismas leyes y constituciones. En medios libertarios autores como Rothbard, en su celebre ensayo sobre naciones por consenso, realza el papel que puede jugar la nación en la construcción de una sociedad sin estado. El ser humano no es un átomo que opere un una suerte de vacío social, sino que opera incrustado en alguna sociedad particular. Incluso los famosos cosmopolitas, que siempre nos son puestos como modelo de lo que debería ser una sociedad auténticamente liberal, están también incrustados en su propia sociedad internacional, que raras veces abandonan, por cierto, para mezclarse con el común de los mortales que viven en una nación más “normal”.

Una persona, aún en una sociedad sin estado, tendrá rasgos nacionales y muy probablemente se identifique, aún de forma tácita con alguna de ellas. Hablará algún idioma, tendrá alguna religión o si carece de ella lo hará de alguna forma particular (el ateísmo no se entiende de la misma forma en distintas culturas). Tendrá determinadas costumbres culinarias o gastronómicas y seguramente está imbricado en alguna historia nacional a través de la memoria de sus antepasados (que por fuerza debieron formar parte de alguna). Esto es aún careciendo de una forma de dominación política es muy probable que nuestro futuro ancap siga identificado con alguna comunidad de corte nacional.

Sin embargo desde el estallido de las dos grandes guerras mundiales el nacionalismo ha perdido buena parte de su halo modernizador, sobre todo en ambientes liberales. Popper (que ni si quera era un liberal sino un socialdemócrata) por ejemplo, ha sido uno de los principales debeladores de los mitos nacionalistas en medios liberales,  seguido de una pléyade de autores que buscar eliminar toda suerte de lealtad nacional. El nacionalismo sería una suerte de vuelta  al tribu y a valores más propios de la caverna que de sociedades civilizadas. Despertaría las mas bajas e innobles pasiones humanas y los practicantes de tal fé perderian en el proceso todo lo que les quedase de seres racionales.

Puede que ilustren una potencial patología social, pero no nos dan una alternativa a nuestra necesidad de autoidentificación. Su propuesta suele ser un vago individualismo en el que una suerte de seres humanos atomizados, sin familias, naciones o religiones fuertes buscarán su mejor interés de forma “racional”. Esto desde luego parece más una receta para garantizar el dominio de los estados sobre seres humanos desprovistos de lazos de cohesión que una propuesta para un orden social libre. Robert Nisbet en un clásico absoluto del liberalismo conservador, Community and Power, insiste mucho en este aspecto al explicar como la comunidad, entendida de forma amplia, puede sustituir muchas de las funciones que presta el estado, pero siendo necesario para ello la existencia de un mínimo de cohesión y confianza social. La comunidad nacional puede entonces constituirse en una suerte de cemento social que contribuya a reducir costes de información y permita la sustitución de funciones ahora prestadas por el estado por entidades de sociedad civil que no tengan necesariamente que usar mecanismos coactivos para su provisión.

En los últimos años hemos asistido a la aparición de numerosos estudios que refuerzan el papel de la nación como potencial generadora de resistencia frente a la actuación de los estados. Yoram Hazony, por ejemplo, en su libro, escritos desde postulados conservadores, sobre las virtudes del nacionalismo recuerda que este es uno de los principales frenos a la idea del gobierno mundial, que da aplicarse podría llegar a ser uno de los principales enemigos de muchas de las libertades de las que hoy disfrutamos y supondría el fin de la fértil anarquía interestatal a la que, con sus peros tanta libertad debemos. Es este un libro que ha desatado gran polémica en medios liberales pero que nos abre fértiles terreno de debate sobre la cuestión nacional, hasta hoy dominada por perspectivas críticas y cosmopolitas.

Otros autores como Bernard Yack o Yael Tamir también han hecho interesantes aportaciones al debate sobre el nacionalismo intentando conciliarlo con el liberalismo. Lo primero que manifiestan es que el nacionalismo, cualquier otra idea, no tiene porque responder del uso que de ella hacen los que dicen actuar en su nombre.  Es cierto que en nombre de la nación se han cometido crímenes y se han justificado todo tipo de aberraciones y limitaciones a la libertad, pero por desgracia eso es algo muy común en muchas ideologías o religiones.

En nombre del cristianismo, el liberalismo (que se lo digan a los carlistas) o el socialismo se han cometido también todo tipo de abusos y a mi entender eso no tiene porque descalificar a la ideas en sí, que deberían ser discutidas como ideas, sino a los que pretenden hablar en nombre de ellas o construir una nueva sociedad bajo sus principios. En ese aspecto el nacionalismo no es más letal o nocivo que cualquiera de ellas. Es cierto que se han combatido grandes guerras en su nombre o se han realizado limpiezas étnicas, pero parece como si esa fuese la única forma en que puede ser entendido, y se olvidan otras expresiones del mismo. Si hacemos caso a Michael Billig, en su Nacionalismo banal, el nacionalismo se expresa mucho más frecuentemente en forma de competiciones deportivas (mundiales de fútbol, olimpiadas) o competiciones musicales del tipo de Eurovisión que en forma de cruentas guerras y matanzas. Este puede ser incluso jocoso y desmitificador y puede ser visto incluso como un elemento que conduce a una sana emulación. El nacionalismo violento no dejaría de ser una patología de la idea no la propia idea, pero por desgracia en el lenguaje común en nuestros ambientes parece ser esta la tónica habitual.

También en el ámbito económico cuando uno se refiere al llamado nacionalismo económico parece ser este el lenguaje habitual. Es cierto que el nacionalismo o la defensa de un supuesto interés nacional ha sido usado para justificar la implementación de medidas económicas proteccionistas del estilo de aranceles o cuotas de importación. También ha sido usado para proteger o subvencionar a determinadas empresas o sectores considerados “estratégicos” para la nación o para promover “campeones nacionales” en tales sectores. Pero la nación o el nacionalismo no son más que una justificación de tales medidas,  que bien podrían haberse llevado a cabo en nombre de la clase obrera, el progreso, el bien del reino o la salvación de las almas. La nación o el nacionalismo operan en este entorno como una excusa para justificar el uso de la coerción estatal en la defensa de unos intereses determinados. Con la misma lógica y con  mucha  mayor razón podríamos defender políticas de librecambio o desregulatorias o incluso la abolición del propio estado por el bien de la nación, pues esta en efecto se beneficiaría de tales medidas. El error procede de la identificación entre estado y nación ( diferencia que reconozco a veces no es fácil de establecer dada la confusión de ambos conceptos.) de tal forma que los intereses de uno y otra se confunden.

Esta identificación ha sido desde siempre muy buscada por los detentadores del poder estatal de tal forma que los intereses de esta clase dominantes sean asumidos como propios por parte de los nacionales. Así cuando se subvenciona a una empresa amiga o se pone un arancel que protege a alguien próximo al poder pueda ser vendido que tal medida responde al interés nacional, cuando en realidad perjudica a la mayoría y sólo beneficia a unos cuantos. Pero el sentimiento nacional nada tiene que ver con estas triquiñuelas, más bien es víctima de la confusión resultante y de un uso espurio del mismo.

Pero pocos han defendido el nacionalismo como fuerza impulsora de la modernidad y del capitalismo como la profesora Liah Greenfeld. Esta en sus libros, Nacionalismo: cinco vias a la modernidad  o su The spirit of capitalism: Nationalism and economic growth defiende el papel que este ha jugado históricamente no sólo a la hora de hacer esfuerzos para construir el nuevo sistema económico sino también para conformar los diferentes estilos que este ha adoptado según las diferentes culturas. La nación crea el capitalismo y este con el desarrollo de infraestructuras y el desarrollo de relaciones comerciales ayuda a cohesionar la nación.

Recordemos que el capitalismo deriva en muy buena parte de valores culturales previos, que se hallaban más  en algunas naciones concretas, como Inglaterra o Flandes, y que si no hubiese sido por su conservación como un rasgo cultural o nacional propio muy probablemente nunca se hubiese desarrollado el sistema capitalista en la forma en que lo ha hecho. Pero también el capitalismo ha contribuido a generar una conciencia nacional. El desarrollo de la prensa de masas, la creación primero del ferrocarril y luego de puertos y carreteras (cuidado, muchas veces creadas por los propios capitalistas sin participación del estado) contribuyen a mantener y enriquecer la conciencia nacional. Las nuevas tecnologías de la información, el abaratamiento de las técnicas de grabación de imágenes y sonidos  o la capacidad tecnológica de fabricar y conservar instrumentos musicales o todo tipo de utensilios del pasado han permitido conservar la memoria de las naciones incluso en aquellas que carecen de estado.

Especial mención merecen estas últimas. Los procesos de homogeneización de los estados modernos han encontrado resistencia en realidades nacionales distintas a la de la nación hegemónica en el estado. Estas realidades frenan la expansión estatal pues permiten escapar parcialmente a los mecanismos de “lectura” (usando el concepto acuñado por James Scott) que los estados tienen sobre sus poblaciones. Si estas no comparten el idioma, tienen formas distintas de agruamiento o cuentan incluso con pesos o medidas distintos, los estados verán dificultada su labor, y de ahí que busquen por todos los medios eliminar esas diferencias. Pero al tiempo esas diferencias nacionales  restan capacidad al estado e impiden que este despliegue toda su capacidad. En cualquier caso distraen sus energías y limitan su poder . Algo que cualquiera contrario a la extensión del poder estatal debería celebrar, sea anarquista, minarquista o liberal.

Sobre indultos fraudulentos (II)

Hace algo más de un año, en el momento que se sentían los primeros efectos de la declaración del estado de alarma y la excepcionalidad que el gobierno comenzaba a implantar en decretos leyes simultáneos, so capa de la existencia de la pandemia del coronavirus, me hacía eco de las taimadas maniobras para tramitar unos expedientes de petición de indulto de doce dirigentes de la intentona separatista de 2017, urdida desde el mismo gobierno autónomo de Cataluña. A pesar de que decayó la acusación por el delito de rebelión, conviene recordar que fueron condenados por los delitos de sedición, desobediencia a las órdenes de ejecución del Tribunal Constitucional y malversación de fondos públicos por Sentencia firme del Tribunal Supremo de 14 de octubre de 2019.

En el escaso intervalo de 3 días el ejecutivo de Pedro Sánchez Pérez-Castejón había pasado de suspender de forma generalizada (disposición adicional tercera del decreto de declaración del estado de alarma) los términos y la interrupción de los plazos en los procedimientos administrativos a aprobar otro que, no solo levantaba la suspensión respecto a aquellos relativos a la Seguridad Social y las liquidaciones tributarias, sino que deslegalizaba las normas necesarias para acordar la continuación de procedimientos administrativos vinculados a los hechos justificativos del estado de alarma, o que fueran “indispensables para la protección del interés general o para el funcionamiento básico de los servicios”. Una degradación normativa, contraria al artículo 11 de la Ley Orgánica 4/1981, reguladora de los estados de alarma, que se completaría con una resolución, firmada por un subsecretario del Ministerio de Justicia, por la que se reanudaban “por razones de interés general” todos los procedimientos de indulto. La supuesta motivación que acompañaba la decisión indicaba que el interés general afectado consistía “en la consecución de la justicia material”.

Semejante añagaza despejaba la tramitación en el Ministerio de Justicia de unos expedientes que ni siquiera habían instado los propios interesados. Los mismos que, por otro lado, se regodeaban de un tratamiento penitenciario privilegiado, concedido por sus subordinados políticos en el gobierno de la Generalitat catalana, y que no han dejado de ufanarse por los actos que justificaron sus condenas, cuando no han reiterado que volverán a intentarlos.

En esas estábamos cuando comenzó a airearse que el tribunal sentenciador estaba a punto de emitir su preceptivo informe sobre la concesión de los indultos. Anticipándose a su ulterior publicación, el presidente del gobierno aprovechó un viaje a Bruselas para participar en el Consejo Europeo del pasado martes para la lanzar el mensaje siguiente: “Tengo muy claro que la decisión que tome va a tener muy presente valores constitucionales como la concordia, el diálogo, el entendimiento, el reencuentro…”. Nótese las ínfulas que se concede el personaje, cual detestable tirano que se coloca por encima de toda ley o Derecho conocidos. Es él quién tomará la decisión invocando e interpretando lo que se le ocurra en cada momento. No el consejo de ministros que establece la Ley para el ejercicio de la gracia del indulto.

Si es cierto que el gobierno de coalición tiene decidida ya la concesión del indulto a todos o algunos de los doce condenados, se enfrenta, a mi juicio, a gravísimas consecuencias. En primer lugar, incluso si solo se redujeran parcialmente las penas, la ilegal decisión de convertir los expedientes de indulto en los únicos procedimientos administrativos – junto a los de recaudación de impuestos y cotizaciones sociales – salvados de la suspensión de su tramitación durante la vigencia del estado de alarma, podría considerarse fácilmente como un acto preparativo para la comisión de un delito de prevaricación por parte de los miembros del gobierno. En segundo lugar, conocido ayer el preceptivo dictamen emitido por el tribunal sentenciador – nada menos que el Tribunal Supremo- se estrecha el margen de arbitrariedad que le resta al gobierno para que no se considere una clamorosa prevaricación una decisión a favor de las medidas de gracia.

Aparte de que su carácter negativo impide al gobierno otorgar indultos totales a cada uno de los penados, según el artículo 11de la Ley estableciendo reglas para el ejercicio de la gracia de indulto  – algo que podría ser intrascendente para el propósito declarado de sacarlos de la cárcel, dado “que han cumplido” una parte de sus penas – los jueces formulan unas interesantes consideraciones sobre los casos estudiados. De este modo, no dejan escapar la oportunidad de apreciar que se están planteando con un carácter colectivo, lo cual pone sobre la pista de la prohibición expresa de “los indultos generales” en el artículo 62.i) de la Constitución. Asimismo, aluden a un hecho notorio, cual es que un gobierno llamado a otorgar el indulto depende para su estabilidad de algunos de los líderes políticos para los que unos terceros solicitan la gracia. En la medida que la finalidad del art. 102 de la Constitución, que prohíbe la aplicación del ejercicio de la prerrogativa real de gracia en los casos de responsabilidad criminal del presidente y los demás miembros del gobierno, radica en impedir medidas de autoindulto, la resolución del expediente plantea un conflicto de intereses tan claro, que no queda otra alternativa al gobierno que inhibirse para no incurrir en una manifiesta ilegalidad.

Aun sin agotar todos sus arguementos, me parece trascendental la constatación de la Sala de que los condenados para los que se pide el indulto han manifestado no solo la ausencia del más mínimo arrepentimiento, sino también su propósito de volver a cometer los mismos delitos.

En conclusión, la concesión del indulto por parte de este gobierno a los doce condenados por la Sentencia de la intentona separatista vulneraría tantos preceptos procesales y sustantivos, que se abrirían la impugnación por vía contencioso administrativa ante otra sala del Tribunal Supremo, así como el ejercicio de acciones penales por prevaricación contra aquellos miembros del consejo de ministros que votaran a favor.

Sobre indultos fraudulentos (I)