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La cuestión de las matemáticas en economía

Recientemente, varios artículos en esta página web del Instituto Juan de Mariana han tratado la cuestión del uso de las matemáticas en economía. En el primero de ellos, el Dr. José Hernández Cabrera se posiciona en contra de su uso. En el segundo, el Dr. José Manuel González Pérez construye una réplica al artículo del Dr. Hernández Cabrera. En ambos artículos he podido leer argumentos interesantes y profundos sobre esta cuestión metodológica. Sin embargo, me da la impresión de que se trata de un debate clásico sobre el uso de matemáticas en economía. En consecuencia, me gustaría aportar un punto de vista más reciente sobre el asunto.

La discusión sobre el uso de matemáticas en economía entraña argumentos complicados. Desde luego, no es una cuestión sencilla. A mí me gusta empezar a abordar el tema teniendo en cuenta la tesis que plantea Weintraub (2002); a saber, que las revoluciones en la historia de la economía han seguido a las revoluciones en la historia de las matemáticas. ¿Cuáles son las implicaciones de esta idea?

Lo que supone la tesis de Weintraub es que no podemos hablar de matemáticas y economía en general, sino que tenemos que concretar: (1) tipo de matemática y (2) enfoque económico, puesto que tanto las matemáticas como la economía están en continua evolución. Teniendo en cuenta estos dos factores, es más sencillo abordar el clásico debate, todos los argumentos y, también, llegar a una conclusión más satisfactoria. Permítanme ilustrarlo con la siguiente argumentación.

Las criticas habituales de los austriacos hacia el uso de matemáticas en economía son: no existen constantes en el campo de la acción humana (Mises 1998); la representación funcional no permite descubrir la causalidad de los fenómenos económicos (Mayer 1994); al ser una copia de la física mecánica se centra solo en describir estados de equilibrio y no puede explicar los procesos dinámicos de mercado (Mises 1998); asume homogeneidad y continuidad en la acción humana, que precisamente es heterogénea y discontinua (Rothbard 2011); al contrario de lo que muchos sostienen, el lenguaje verbal puede ser igual de preciso que el lenguaje matemático (Rothbard 1976; Menger 2003); y, también, que no añade conocimiento nuevo (Mises 1998), sino que es una mera traducción de lenguaje verbal a matemático que viola el principio científico fundamental de la navaja de Ockham (Rothbard 1956; 1976; 2009). Desde mi punto de vista, la mayoría de argumentos podríamos encontrarlos ya en Carl Menger. Es cierto que hay algunos posteriores como el de la navaja de Ockham de Rothbard que me parecen muy interesantes y refinados. Aun así, vayamos un momento a Menger.

Carl Menger se diferencia de los otros dos marginalistas, Jevons y Walras, por no recurrir al lenguaje matemático, entre otras cosas (Jaffé 1976). Una gran cantidad de autores han estudiado la posición de Menger respecto a las matemáticas (Alter 1986; Barkai 1996; Blanco González 2007; Mensik 2015; Reiss 2000). Todos ellos concluyen que la insistencia de Menger en el descubrimiento de la esencia de los fenómenos económicos y la aspiración de explicarlos en toda su complejidad y realismo es lo que hace que el primer economista austriaco rechace las matemáticas como lenguaje. Aunque hemos de reconocer que Menger también admite que se pueden usar como herramienta subsidiaria o expositiva (Jaffé 1976). No obstante, aun a pesar de la posición de Menger con respecto a las matemáticas, varios de los autores mencionados arriba han afirmado que es posible la matematización de la teoría mengeriana; concretamente, su teoría del valor (Alter 1986) y su orientación exacta (Mensik 2015).

Mensik (2015) argumenta que, dado que la orientación exacta de Menger constituye un sistema cerrado, modular, axiomático y regular, esta llama al tratamiento matemático. Esto mismo plantea Moorhouse (1993) para el caso de Mises, entendiendo también la praxeología como un sistema cerrado, axiomático-deductivo. Por el contrario, la orientación empírico-realista, en tanto que se basa en conceptos que dependen en el entendimiento o el sentido común, que están abiertos a la interpretación humana y, a su vez, aspiran a explicar los fenómenos en toda su complejidad y realismo, se convierte en un sistema abierto imposible de formalizar como un sistema matemático axiomático (Mensik 2015). Esto lleva a Mensik a concluir que los austriacos han intentado conseguir una tarea mucho más complicada que los economistas matemáticos; que no es la teoría de Menger la que se encuentra poco desarrollada, sino que son las matemáticas, como herramienta, las que están insuficientemente desarrolladas como para poder cumplir el grado de explicación y comprensión de los fenómenos económicos al que aspiran los austriacos.

Con el caso de Menger podemos entender el argumento en el que queremos hacer hincapié en este artículo. Como decía antes, en función del enfoque (orientación exacta o empírico-realista) que se adopte, determinadas herramientas matemáticas serán idóneas o no. Por ello, si queremos estudiar fenómenos dinámicos que se encuentran fuera de equilibrio, la matemática algebraica, como bien han apuntado los austriacos, resulta insuficiente. Sin embargo, no solo existe la matemática algebraica, teniendo en cuenta que las matemáticas evolucionan. Como ejemplo relacionado tenemos lo que apunta Alter (1986). Según este autor, la teoría de Menger no podía formalizarse matemáticamente en la época debido a una insuficiencia del lenguaje matemático. Esto no cambiaría hasta cuarenta años antes del artículo de Alter, con el desarrollo de la programación lineal. De esta forma, una evolución en las matemáticas permite la formalización de teoría económica de acuerdo con las aspiraciones de los autores que originalmente formulan una teoría.

Más ejemplos podemos encontrar en Mises (1998), quien reconoce que su construcción imaginaria de la economía de giro uniforme, donde la economía se encuentra en equilibrio, puede ser representada mediante ecuaciones diferenciales y curvas; o en Rothbard (2009), quien emplea lenguaje matemático para explicar la relación entre el Producto Físico Marginal y el Producto Físico Medio, justificando su uso en que  se trata de una cuestión tecnológica, no humana, donde ciertas cantidades son causa de otras cantidades, algo que Rothbard considera susceptible de matematización. ¿Acaso muchos economistas matemáticos como Jevons o Schumpeter (Machlup 1951; Schumpeter 1933) no justificaban el uso de matemáticas en economía porque la entendían como una ciencia que trataba con cantidades (algo tecnológico)? De nuevo, la cuestión depende del enfoque económico y de la herramienta matemática que usemos.

Debe quedar claro que el enfoque austriaco aspira a comprender los fenómenos de forma dinámica, compleja y realista. Por eso rechaza el lenguaje algebraico; porque este no es capaz de alcanzar el grado de comprensión que buscan los austriacos. Sin embargo, teóricos de la complejidad como W. Brian Arthur (2021), que comparten la aspiración de comprender el mundo de forma compleja, han hecho la misma crítica que los austriacos a la matemática algebraica y han propuesto otra herramienta matemática que sí consideran capaz de reflejar la complejidad y el dinamismo de una economía real: los algoritmos.

De esta forma, la evolución de las matemáticas presenta una nueva forma de expresión a la teoría económica. Lo importante ahora es analizar si el lenguaje algorítmico permite formalizar teoría económica de acuerdo con las aspiraciones de los distintos autores. En este caso, de los economistas austriacos. También es importante analizar si esta herramienta permite descubrir nuevo conocimiento o acabar con la posible ambigüedad del lenguaje verbal, dos argumentos que habitualmente suelen presentar economistas matemáticos en favor del lenguaje matemático (Chiang and Wainwright 2005). Esto es algo que queda por estudiar.

En relación con esta última idea, me gustaría evaluar la capacidad de la matemática algebraica para representar sistemas cerrados o axiomáticos como la praxeología o la orientación exacta mengeriana, intentando comprobar si esta descubre conocimiento y reduce la ambigüedad.

A primera vista, diría que el argumento de Rothbard sobre la navaja de Ockham es bastante sólido, al igual que su cita a Karl Menger, donde el matemático enfatiza la igual capacidad de precisión del lenguaje matemático y verbal. Aun así, puedo llegar a entender el razonamiento de la navaja de Ockham de forma inversa, es decir, no desde el punto de vista del emisor de teoría, el que la formula, sino de todos aquellos que reciben la teoría y la interpretan. El principio de la navaja de Ockham en este caso sería, no que el descubridor de teoría (emisor) formulara la teoría para él de la forma más simple, puesto que él ya conoce la interpretación que hay que hacer de su teoría, sino que lo expresase de la forma más simple para todo el mundo científico. En ese sentido, la matemática algebraica permite reducir la ambigüedad y hacer simple la teoría (Debreu 1986), al hacerla entendible para todo el campo científico. De esta manera, si entendemos que la ciencia es un proceso eminentemente social, incluso, un orden espontáneo, cobra especial relevancia la idea de tener un lenguaje eficiente, que reduzca al mínimo posible las ambigüedades, facilite la comunicación y, por tanto, la creación de conocimiento, entendido a nivel social (como un proceso social de aprendizaje). Si adoptamos este punto de vista y asumimos que la matemática algebraica permite alcanzar mayor precisión que el lenguaje verbal para expresar teoría estática, puesto que es el lenguaje común de todos los economistas, el uso de matemáticas estaría justificado y no se violaría el principio de la navaja de Ockham, dado que este lenguaje permitiría expresar teoría económica de la forma más simple y eficiente para todos los economistas, no solo para el descubridor/emisor de la teoría. Si el lenguaje verbal tuviera el mismo nivel de precisión que el matemático y permitiera comunicar teoría económica de manera igualmente eficiente que el lenguaje matemático, entonces la conclusión sería la opuesta.

Referencias

Alter, Max. 1986. “Carl Menger, Mathematics, and the Foundation of Neo-Classical Value Theory.” Quaderni Di Storia Dell’economia Politica 4 (3): 77–87. https://www.jstor.org/stable/43317322?seq=1.

Arthur, W. Brian. 2021. “Economics in Nouns and Verbs,” April. http://arxiv.org/abs/2104.01868.

Barkai, Haim. 1996. “The Methodenstreit and the Emergence of Mathematical Economics.” Eastern Economic Journal 22 (1): 1–19.

Blanco González, María. 2007. “El Rechazo de Carl Menger a La Economía Matemática. Una Aproximación.” Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política 4 (1): 79–106.

Chiang, Alpha C., and Kevin Wainwright. 2005. Fundamental Methods of Mathematical Economics. New York: McGraw-Hill/Irwin.

Debreu, Gerard. 1986. “Theoretic Models: Mathematical Form and Economic Content.” Econometrica 54 (6): 1270. https://doi.org/10.2307/1914299.

Jaffé, William. 1976. “Menger, Jevons and Walras De-Homogenized.” Economic Inquiry 14 (4): 511–24. https://doi.org/10.1111/j.1465-7295.1976.tb00439.x.

Machlup, Fritz. 1951. “Schumpeter’s Economic Methodology.” The Review of Economics and Statistics 33 (2): 151. https://doi.org/10.2307/1925877.

Mayer, Hans. 1994. “The Cognitive Value of Functional Theories of Price: Critical and Positive Investigations Concerning the Price Problem.” In Classics in Austrian Economics: A Sampling in the History of a Tradition, edited by Israel M Kirzner. Vol. 2. London: William Pickering.

Menger, Karl. 2003. “Austrian Marginalism and Mathematical Economics.” In Selecta Mathematica, 531–53. Springer Vienna. https://doi.org/10.1007/978-3-7091-6045-9_46.

Mensik, Josef. 2015. “Mathematics and Economics: The Case of Menger.” Journal of Economic Methodology 22 (4): 479–90. https://doi.org/10.1080/1350178X.2015.1024881.

Mises, Ludwig von. 1998. Human Action: A Treatise on Economics. Auburn: Ludwig von Mises Institute.

Moorhouse, John C. 1993. “A Critical Review of Mises on Mathematical Economics.” History of Economics Review 20 (1): 61–74. https://doi.org/10.1080/10370196.1993.11733133.

Reiss, Julian. 2000. “Mathematics in Economics: Schmoller, Menger and Jevons.” Journal of Economic Studies 27 (4–5): 477–91. https://doi.org/10.1108/01443580010342393.

Rothbard, Murray N. 1956. “Toward a Reconstruction of Utility and Welfare Economics.” In On Freedom and Free Enterprise: Essays in Honor of Ludwig von Mises, 224–62. Princeton: D. Van Nostrand Company.

———. 1976. “Praxeology: The Methodology of Austrian Economics.” In The Foundations of Modern Austrian Economics, edited by Edwin G. Dolan, 19–39. Kansas City: Sheed & Ward.

———. 2009. Man, Economy, and State with Power and Market. Auburn: Ludwig von Mises Institute.

———. 2011. “What Is the Proper Way to Study Man?” In Economic Controversies, 25–28. Auburn: Ludwig von Mises Institute.

Schumpeter, Joseph A. 1933. “The Common Sense of Econometrics.” Econometrica 1 (1): 12. https://doi.org/10.2307/1912225.

Weintraub, E. Roy. 2002. How Economics Became a Mathematical Science. Durham: Duke University Press.

La función de unidad de cuenta del dinero

Cualquiera que se haya interesado por los aspectos económicos del dinero habrá leído en los libros de economía las tres funciones o características del dinero, a saber, medio de intercambio, reserva de valor y unidad de cuenta. Muchos autores, tanto seguidores de la Escuela Austríaca de Economía como de otras escuelas económicas, han dado extensas explicaciones sobre la adopción de estas características en un bien que se va monetizando, es decir, que se va convirtiendo en dinero. Sin embargo, desde mi punto de vista, la función de unidad de cuenta no suele ser analizada con la profundidad que lo son las otras dos. Se pasa a menudo de puntillas sobre esta como si fuese una característica trivial una vez un bien ya posee las otras dos. Mi intención con este artículo es plasmar por escrito una posible explicación de esta función principal del dinero.

Mi propuesta es: un bien adquiere la propiedad de unidad de cuenta cuando el precio de dicho bien consigo mismo es uno o lo más próximo a uno posible. ¿Cómo podría ser de otra forma? Déjenme explicarme. Tal y como Carl Menger explica en su genial libro “El Dinero”, los bienes no tienen un único precio si no dos, el precio de compra y el precio de venta, el bid y el ask. Además, también explica que la liquidez de un bien es tanto mayor cuanta menor diferencia haya entre estos dos precios. Cuando esta diferencia se hace mínima, un bien adquiere liquidez máxima. Así, cuando dicho bien tiene una amplia oferta y demanda, estos dos precios convergen y puede considerarse que este bien se está o se ha monetizado.

Los manuales clásicos de economía tratan los precios como una relación relativa entre los precios únicos de cada uno de los bienes sin profundizar en el hecho de que cada bien tiene dos precios en vez de uno. Por tanto, según la visión mainstream no tendría sentido comparar el precio de un bien consigo mismo ya que siempre será la unidad.

Resumiendo, un bien adquiere la función de unidad de cuenta cuando su precio de compra y su precio de venta son prácticamente el mismo. Esta función surge según este bien va adquiriendo liquidez en términos mengerianos. ¿Por qué esto es importante? Bien, en el caso de que vayamos a un mercado, si el vendedor de un puesto tuviese a la venta un producto con un precio de X unidades monetarias, si el precio de compra y de venta de las unidades monetarias no fuesen muy próximas, esa cifra “X” no nos serviría para hacer una conversión momentánea entre el precio de los bienes que demandamos y el precio de los bienes que nosotros ofrecemos. El precio sería diferente según la posición en la que nos encontramos, ya sea vendedor o comprador. La característica de unidad de cuenta, entendiendo la palabra “unidad” tanto como medio como valor unitario facilita enormemente el cálculo mental de la conversión de precios entre múltiples productos.

Es decir, la función de unidad de cuenta del dinero se produce por la convergencia entre el bid y el ask, o lo que es lo mismo, por tener un spread mínimo haciendo que, en los intercambios, nos sea irrelevante en qué posición del intercambio nos encontremos ya sea tanto comprador como vendedor.

Réplica a El lenguaje económico II: Las matemáticas

El Dr. José Hernández Cabrera ha escrito recientemente un artículo: “El lenguaje económico (II): Las matemáticas”[1] en el que expone con brevedad su óptica sobre posibles razones o sinrazones de la matematización de la economía e intenta justificar que ello ha sido innecesario y que ha sido perjudicial para la ciencia económica. Como ven mi amigo no se corta. Por lo que parece, lecturas e interpretaciones aproximadas hay bastantes. También hay múltiples y variadas en el sentido contrario. Él me conoce y sabe que juntos y por separado hemos estudiado y trabajado el Tratado La Acción Humana de Mises, y en su libertad me ha invitado a hacerle una réplica a su artículo. Mi reflexión más que una réplica contradictoria o de pugna seguirá en la línea de búsqueda conciliatoria. Estoy vivo, muy vivo por ahora, aunque cada vez con menos tiempo restante y advierto que no estoy solo. Estoy con los otros. Sereno, estable, acompañado, bien sea para alcanzar con ellos algún tipo de acuerdos, bien, en cierta tensión, cuando me encuentro en búsqueda de acuerdos mediante negociación o, en mucha tensión, cuando me encuentro ante conflictos. Esto veo que pasa a todas las personas, físicas y jurídicas. Y dada la escasez manifiesta de tiempo en nuestras vidas, no debemos perder tiempo.

La ciencia económica, como ciencia social, como ciencia humana, se ocupa de problemas en contextos de escasez. Esta condición es inexorable. De no existir escasez, serían los bienes libres y no habría planteamiento económico alguno. La cosa es que los agentes económicos libres, cada quien, en su acción (humana) toma decisiones y al decidir elige y renuncia, en ello tienen puesta todos y cada uno su atención considerando sus respectivos y diferentes objetivos.

“La disputa sobre el método”

Sobre la Teoría de la Elección Racional (TER)

José Hernández Cabrera, en su ímpetu, con su estilete habitual y con claridad, intenta argumentar que las matemáticas no son sólo innecesarias sino también perjudiciales para la economía. Al final de su artículo pone un ejemplo ilustrativo, dice, del error de matematizar las ciencias humanas y, en particular la economía. Lo hace utilizando la Teoría de la Elección Racional (TER) expuesta por una catedrática de universidad, la cual sostenía que “para que un agente sea racional debe tener preferencias racionales, a saber, completas y transitivas”. Y seguía José diciendo: “Solo el axioma de transitividad resulta problemático: …. dicho en román paladino: si Juan prefiere un té a un café y un café a un chocolate, entonces prefiere un té a un chocolate. Los economistas matemáticos consideran que un orden de preferencias puede presentarse como una función ordinal de utilidad: U(x) > U(x’) > U(x’’) y que la elección racional coincide con su maximización”. Seguidamente indica, “semejante ‘teoría’ es ajena a la realidad …” y lo expone así: “un consumidor puede preferir un café por la mañana, un té por la tarde y un chocolate por la noche; e incluso alterar ese orden al día siguiente sin dejar por ello de ser racional. …. La TER, por tanto, no se refiere a como elige un ser humano, sino a como lo haría un robot cuyos gustos son inalterables. Efectivamente, la transitividad solo puede darse en un mundo irreal donde los hombres son maquinas o donde el tiempo no existe”.

Me ha sorprendido mucho esta conclusión. Un ‘mundo irreal’ no tiene que traducirse como ‘falso’; se puede tratar de un contexto donde se introduce un cierto grado de abstracción para simplificar un problema complejo. Y, desde luego, el mundo que describe la TER no necesita en absoluto que los “decisores” sean robots, porque los robots nunca deciden, se limitan a cumplir órdenes. Permítaseme extenderme un poco sobre este punto que me parece particularmente importante.

Sobre los robots, las máquinas y el ser humano.

En relación con este punto lo primero que habría que preguntarse es:¿es el hombre realmente libre?, ¿tiene libre albedrío o no es más que una máquina biológica, un robot? Hay ‘cientistas’[2] que tratan de explicar la  libertad humana a partir de una filosofía estrictamente materialista[3], pero, en mi opinión, esto es un auténtico sinsentido.

Si el universo es estrictamente determinista, el hombre es un robot. La idea de que somos capaces de decidir libremente no es más que una ilusión, tal vez una ilusión que “la naturaleza” nos fuerza a aceptar para poder sobrevivir, pero ciertamente una ilusión. Ahora bien, podría ser que el universo no fuese estrictamente determinista, que en la evolución del cosmos existiese un cierto margen de azar[4]. Aún así, seguiríamos siendo robots, pero robots de comportamiento aleatorio. Podría ocurrir que dentro de esa parte del cosmos que son nuestros cerebros existiera una “máquina generadora de azar”. De este modo las decisiones libres se podrían ligar al azar, como hace el filósofo Robert Kane. Sánchez Molinero[5] resume la tesis de Kane con estas palabras: “el cerebro humano no está programado de tal modo que en cada momento tenga que ir en una dirección especifica; en algunas ocasiones los programas cerebrales se quedan sin saber qué hacer y entonces se produce el “salto cuántico”, es decir, interviene el azar”; y esto es lo que nosotros percibimos como decisiones “libres”. Pero, ¿qué clase de libertad sería ésta?, ¿dónde queda relegada la libertad humana?, ¿tiene esto algo que ver con el libre albedrío?

Evidentemente, si negamos el libre albedrío, La TER carece de sentido, aunque no todos los usuarios de la misma sean conscientes de ello. A lo sumo, podríamos interpretarla, en un sentido positivo, como el intento de describir una ilusión –la ilusión que nosotros tenemos de decidir libremente. Si por el contrario lo aceptamos –si reconocemos la existencia de una voluntad, situada más allá de la física, que es causa última de las decisiones libres–, podemos aceptar la teoría en cuestión como un paso adelante en nuestra búsqueda de la verdad. Simplemente tratamos de descubrir cómo deciden los seres humanos. Aunque el comportamiento de un ser libre, a nivel individual, sea (o pueda ser), en muchas ocasiones, absolutamente imprevisible, eso no impide que podamos observar, con mayor o menor fiabilidad, regularidades predecibles en los grupos humanos, pautas estables de comportamiento.

Lo que resulta más problemático es la interpretación de la TER en términos normativos. Desde luego la catedrática que refiere Hernández Cabrera en su artículo no quedó muy bien al afirmar que “para que un agente sea racional debe tener preferencias racionales, a saber, completas y transitivas”, interpretando esta aseveración como una proposición “normativa.” Formalmente ese “debe tener” podría inducirnos a pensar que se trata de una proposición normativa. Pero no lo es, a menos que estemos dispuestos a tragarnos que las preferencias incompletas o intransitivas son algo “malo” o “indeseable” en algún sentido. Yo desde luego no veo nada malo en las preferencias incompletas. En muchas ocasiones renunciamos a comparar alternativas, reservamos nuestro juicio porque no tenemos suficiente información, o por cualquier otra razón. Tenemos preferencias incompletas.

La cuestión del tiempo.

La otra cuestión que Hernández Cabrera plantea como problemática es el tratamiento del tiempo en la TER. Efectivamente, el análisis económico puede plantearse unas veces en sentido estático y otras en sentido dinámico. Son distintas formas de tratar el factor tiempo. Un mismo sujeto puede tener preferencias racionales cambiantes con un orden transitivo y completo en la mañana, en la tarde y en la noche; o bien un orden cambiante de un día para otro. Esto no implica irracionalidad, como reconoce Hernández Cabrera, ni tampoco puede inferirse que trunque el alcance de la TER. La teoría de la utilidad cuenta con instrumentos, matemáticos, por cierto, para tratar estos problemas. Los cuales pueden resultar a veces bastante complejos, pero no imposibles de tratar.

Las sorpresas del tiempo (mañana, tarde y noche…) y de la racionalidad operan por doquier, también dentro de la economía austriaca. Así, cuando la argumentación austriaca habla del ‘conocimiento disperso’ y del ‘tiempo’ requerido en “los procesos sociales dinámicos” me percato de cómo varía el conocimiento a lo largo del tiempo, tanto el conocimiento que cada uno tiene de sí mismo como de los demás. Pero esto no puede llevarnos a afirmar que existe una diferencia “esencial,” infranqueable, entre el conocimiento de un período y el de otro. En este sentido, leo en Zanotti (2008)[6], que las diferencias entre los autores clásicos de las Escuela Austriaca han sido “demasiado enfatizadas, más por problemas terminológicos y de definiciones que por problemas reales. Hablar, por ejemplo, de una diferencia ‘esencial’ entre Mises y Hayek respecto al tema ‘conocimiento’ me parece en ese sentido un imposible epistemológico. Ellos no podrían ponerse de acuerdo ni con ellos mismos, según fuesen los diversos períodos de su pensamiento. Así que, si fuera el caso de buscar diferencias ‘esenciales’, habría que buscarlas entre los Mises 1,2,3,4… y Hayeks 1,2,3,4,… Hasta que la Escuela Austriaca tuviera una implosión en mil escuelas ‘esencialmente’ diferentes perdiendo la noción de programa de investigación, diverso pero identificable en relación a los otros programas de investigación neoclásicos”.

Recapitulando, permítanme, el hombre es ‘racional’, el tiempo opera, las máquinas o robots están predeterminadas, el hombre tiene libre albedrio, la economía tiene su sitio y la matemática también tiene su sitio, como la TER tiene su sitio y su alcance. Y yo me encuentro lejos del determinismo, lejos de la filosofía materialista y convencido de disponer de libre albedrio.

Sobre el uso de las matemáticas en la economía en la disputa del método.

No acabo de ver el calado de la discusión sobre la matemática en la economía. Creo que el debate refleja la pugna entre dos escuelas de pensamiento muy afines en su alcance, aunque también muy obstinadas en sus métodos. Para “desencallar” el debate me permitiré apuntar lo siguiente: cada individuo, cada quien, para su acción, elección o renuncia, define sus objetivos en libertad e intenta lograrlos en relación con los otros. Pero estos procesos suelen tropezar casi siempre con restricciones exógenas y endógenas. Restricciones exógenas como las relacionadas con la escasez de recursos, los precios relativos de bienes, los precios de factores productivos, las rentas, las políticas fiscales, monetarias y cambiarias, así como las políticas sociales, culturales y religiosas desplegadas en el ordenamiento jurídico y en los usos y costumbres de cada momento. Por otro lado, están las restricciones endógenas, integradas o no en los diferentes objetivos a lograr: como las preferencias, la aversión al riesgo, la cultura, etc.

Nada de esto constituye un problema insuperable para el análisis del logro, alcance y sostenibilidad de los acuerdos en una sociedad civilizada. El análisis puede llegar a ser muy complejo. La búsqueda y el logro de los acuerdos en la acción humana entre personas distintas con objetivos distintos y restricciones diversas es un arte que define lo alcanzable y lo inalcanzable a la luz de los datos disponibles. Más aún, los parámetros y las variables pueden ser, y de hecho son, cambiantes. ¿Por qué? ¡Porque estamos vivos! Hay que asumir la complejidad propia de la existencia humana tanto en la esfera económica como en otras esferas. Y también hay que asumir que los seres humanos a menudo somos inconsistentes; y nos equivocamos. Suponer que somos racionales en el sentido que la TER da a esta palabra, o incluso en el sentido más amplio de la “praxeología” de Mises, es ciertamente un supuesto restrictivo. Pero ninguna teoría puede aspirar a ser una representación exacta de la realidad que pretende estudiar. Conocer implica construir “modelos,” nunca representaciones perfectas, del mundo que nos rodea.

¿Hasta qué punto son necesarias las matemáticas para la construcción de los modelos económicos?  La economía clásica, hasta el último tercio del siglo XIX, se construyó en base a razonamientos puramente verbales. El mismo Marshall, relegó toda su argumentación matemática al espacio de las notas a pie de página. Sin embargo, con León Walrras, Wilfredo Pareto, el marginalismo y todo el desarrollo posterior de la escuela neoclásica, la economía se ha ido llenando de matemáticas hasta alcanzar su culmen en la moderna teoría del equilibrio general.

Evidentemente, se puede llegar bastante lejos en economía sin apenas recurrir a las matemáticas, como ya nos mostraron Smith, Ricardo y los grandes economistas de la Escuela Clásica, así como Mises, Hayek y todos los grandes autores de la Escuela Austriaca. Pero a veces el recurso a las matemáticas resulta ineludible. Sobre todo, cuando entramos en el terreno de la economía cuantitativa y nos planteamos la contrastación de hipótesis basadas en modelos abstractos. Entonces nos damos cuenta no sólo de la importancia de la econometría, que es una disciplina esencialmente matemática, sino también del grado de formalización de la teoría en la cual se apoya. A menudo, la formalización matemática nos ayuda a darnos cuenta de matices que el análisis puramente verbal tiende a pasar por alto.

Para ilustrar esto último con un breve ejemplo, tomemos la teoría de la utilidad. Ciertamente, la oferta y la demanda se pueden racionalizar muy fácilmente sin recurrir a funciones de utilidad, lagrangianas y determinantes hessianos. Basta con ir a algún texto elemental de introducción a la economía. Pero el desarrollo de la teoría formal (matemática) de la utilidad nos permite descubrir la interdependencia entre las funciones de demanda de los distintos bienes; y nos lleva a la conclusión práctica de que las funciones de demanda no deben estimarse de manera aislada sino “en bloque” (sistemas de ecuaciones de demanda).  Esta estimación “en bloque” nos permite apreciar hasta qué punto son significativas las interdependencias y qué tan graves pueden ser los errores cometidos cuándo no las tenemos en cuenta. 

No quisiera dejar en el aire la referencia que hice más arriba a la teoría del equilibrio general. Sin matemáticas sería imposible abordar cuestiones tales como la existencia o la estabilidad del equilibrio general competitivo. Ahora bien, ¿hasta qué punto es útil dicha teoría?, ¿en qué quedan los teoremas de eficiencia cuando se reconoce la presencia de “imperfecciones” inevitables –monopolios, regulaciones, etc.– y la inexistencia de reglas generales para la búsqueda de un “segundo óptimo” (second best)? Mucha gente piensa que toda la teoría del equilibrio general es irrelevante desde el punto de vista empírico. Esta área de la economía constituye sin duda el reino de los matemáticos. Pero, para mí, no es la más interesante.

Hay que asumir la complejidad propia de la interdependencia requerida para la existencia de ‘actividad económica’, que nace de que al menos voluntariamente se geste una relación, el intercambio voluntario (interdependencia) entre al menos dos agentes económicos diferentes, ya sean individuos, familias, empresas (sector privado), gobierno (sector público) y los agentes privados y públicos del resto del mundo (sector exterior). De estos intercambios en los mercados de bienes y servicios, en los mercados de factores productivos, en los mercados de activos financieros y de divisas fluye la posibilidad de “procesos sociales dinámicos” con dimensión económica, social y política, expresados en términos austriacos del profesor Huerta de Soto (2011)[7], que converjan a logros por otra parte no alcanzables sin los intercambios voluntarios y también se hace posible que la actividad económica sea susceptible de medición, al menos de medición aproximada. La cataláctica y la praxeología requiere y se apoya en ‘el cálculo económico’, en el ‘cambio directo’ o en el ‘cambio indirecto’. Asimismo, la escuela neoclásica, ‘prima hermana’ de la escuela austriaca en su alcance, aunque díscolas entre ellas, por sus diferencias en método sobre requerimientos formales, matemáticos, concluye similarmente definiendo el logro de ‘los equilibrios parciales’ o ‘el equilibrio general’ mediante los mercados y la determinación de los precios relativos sostenedores espontáneos de los acuerdos logrados.

Creo que los argumentos austriacos de la acción humana combatiendo sin tregua el despilfarro, considerando los intercambios voluntarios, tanto bajo ‘cambio directo como indirecto’, permiten conciliar conclusiones con aproximaciones diferentes, haciéndolas compatible en su dinámica, no sólo en economías de ‘giro uniforme’, sino también ‘en crecimiento’, sin ingenuidades, ni dicotomías, ni pugnas. La negociación y los acuerdos en todos los ámbitos ponen a los individuos, las sociedades, la libertad, la justicia y la política en su sitio y en ello la matemática y la economía aprecio que se apoyan o pueden apoyarse recíprocamente.

Sobre la “tijera” de Marshall y el significado de los modelos, el punto de equilibrio y los precios relativos.

Sobre estas cuestiones haré tres observaciones[8]:

Primera. La tijera de Marshall encierra un modelo muy complejo, a pesar de su aparente simplicidad [9]. Lo que no se puede olvidar nunca es que se trata de un modelo. Y los modelos han de ser juzgados por su capacidad predictiva. ¿Existe algún criterio mejor? Si lo hay, que alguien me lo explique.

Los humanos siempre estamos utilizando modelos. Los necesitamos para entender el mundo que nos rodea y también para actuar. Incluso en las situaciones más simples. Si quiero cruzar una calle y veo que un coche viene hacia mí, calculo rápidamente la probabilidad de que me atropelle y tomo la decisión de cruzar o no cruzar. Normalmente supongo que el conductor de ese coche no es un loco que va a acelerar para atropellarme. Decido cruzar y corro hasta la otra acera. He fabricado un modelo de comportamiento y lo he “verificado” cruzando la calle con éxito.

También la teoría de la acción humana de Mises se puede interpretar como un modelo, construido a través de un ejercicio puramente deductivo, a partir de unos supuestos, los cuales se presentan como verdades a priori; aunque yo no tengo tan claro que lo sean. Por ejemplo, la idea de que toda acción humana busca la felicidad (mejorar en algún sentido). O la idea de que un sujeto plenamente feliz no actúa, no necesita nada y, por consiguiente, no hace nada. Aquí uno puede legítimamente preguntarse: ¿qué es la felicidad?, ¿quién puede definir un concepto tan abstracto con precisión?, ¿acaso la acción humana, del tipo que sea, no puede ser en sí misma una fuente de felicidad? En cualquier caso, yo nunca podría interpretar estas ideas como verdades a priori. Sí puedo aceptarlas como meros supuestos, en el mismo sentido que acepto la noción de equilibrio en la teoría neoclásica.

Segunda. La noción de equilibrio es fundamental para entender lo que significa “la tijera” de Marshall. Aunque el equilibrio es siempre una abstracción, no es observable. Nosotros nos ponemos unos anteojos para ver el mundo (los mercados en este caso), anteojos para vislumbrar el equilibrio. Podríamos desterrar el concepto de equilibrio, pero siempre tendríamos que recurrir a algún modelo para saber cómo funcionan los mercados. Los modelos son las gafas que podemos utilizar para aproximarnos y ‘movernos’ por el mundo.

Ahora bien, como ya he dicho antes, los equilibrios de mercado no son observables. Se trata de abstracciones. Cuando me encuentro con una distribución de precios –digamos, los precios efectivamente pagados por los pisos en una determinada zona– y una cantidad –el número de pisos de calidad más o menos similar vendidos en esa zona–, calculo el precio medio y supongo que ese es el precio de equilibrio en ese momento para esa clase de viviendas. Si repito este cálculo a lo largo de un trimestre, por ejemplo, y veo que el precio (medio) ha bajado y la cantidad ha subido, lo atribuyo a un aumento de la oferta. Y concluyo que nos estamos moviendo a lo largo de una función de demanda decreciente. De modo parecido, cuando observo que el precio y la cantidad se mueven en la misma dirección, lo atribuyo a variaciones en el nivel de la demanda y concluyo que nos estamos moviendo a lo largo de una función de oferta creciente.

Naturalmente, en todo momento puede haber gente que reserve sus decisiones de compra o de venta en espera de tiempos mejores. Las expectativas también influyen en las ofertas y las demandas individuales. Lo mismo que las rentas, los precios de otros bienes, etc. Son las variables que normalmente agrupamos bajo el paraguas del coeteris paribus (lo cual nos remite a la TER). Algún cambio en esas variables podría hacer que las demandas y las ofertas se movieran al mismo tiempo. Nos encontraríamos entonces con un problema de identificación. Para sortearlo tendríamos que indagar qué es lo que hay detrás de la cláusula coeteris paribus y ver qué ha pasado ahí. A menudo, estos problemas de identificación podemos sortearlos con trucos econométricos, que también se apoyan en modelos más o menos discutibles. No podemos desprendernos de los modelos.

La “tijera” de Marshall, si somos capaces de identificar correctamente las funciones, puede servirnos para predecir eventos importantes. Por ejemplo, qué va a ocurrir en el mercado de trabajo menos cualificado cuando se establece un salario mínimo superior al de “equilibrio” –aunque esta referencia no sea más que una abstracción. O qué repercusiones puede tener el control de los alquileres en el mercado de la vivienda. …

Tercera. Hernández Cabrera cita a Zuloaga (2012)[10] tratando la tijera de Alfred Marshall y señala que “el error más grave es filosófico, porque la <<Tijera>> presupone que oferta y demanda son conocidas con anterioridad al intercambio, <<pero las expectativas del comprador y el vendedor se basan en informaciones dispersas, intenciones personales, intimidades ocultas… etc. que resulta imposible representarlas por una expresión matemática y con antelación al hecho real de un acuerdo transaccional>>”. Hernández Cabrera hace una lectura audaz, aunque creo algo atrevida, precipitada. Él infiriendo lo innecesario de la matemática para la economía afirma seguidamente: “El razonamiento correcto es el inverso: solo una vez que se produce el intercambio, fijando precios y cantidad, podemos hacernos una idea sobre la oferta y la demanda”. Es verdad que no se aprecia ex-ante la oferta y la demanda. Lo que sí se aprecia de “la tijera” es el punto de cruce, resultante del acuerdo de intercambio voluntario, precio y cantidad acordada (p, x). Se aprecian los acuerdos alcanzados. Y hasta a veces se refrendan ante notario. Y el mismo Hernández Cabrera indica que ex-post podemos hacernos una idea sobre la oferta y la demanda. Resalto la relevancia de este punto, más que el ex-ante o el ex-post. Advertimos esto porque las personas captamos los precios de los bienes, ciertamente no podemos directamente observar las preferencias o gustos de los demás, pero conocemos y reconocemos los propios gustos, preferencias y objetivos, cada uno de sí mismo. Al captar los precios de los bienes se captan los precios relativos. Los precios relativos observables permiten a cada quién decidir con su información subjetiva las cantidades susceptibles de demanda y de oferta y las cantidades reales del intercambio voluntario que son las de compra-venta dependiendo del precio y el lado corto del mercado. ¡Esto es fantástico! y merece ser lo destacado. Lo importante, lo realmente relevante. Una información, una realidad objetiva, observable, captable, por el conjunto y por cada persona que concurre al mercado ‘toca tangencialmente o mediante solución de esquina’[11] con una información real subjetiva, conocida por cada persona, de manera que cada quién va tomando decisiones sobre cantidades observando los valores del vector de precios relativos. Cada escuela puede, por sus respectivas metodologías, explicar los procesos de ajuste, bien mediante los ‘procesos sociales dinámicos’[12] de la escuela austriaca o bien por los ‘excesos de demanda positivos o negativos’ que explican la convergencia del ‘núcleo de la economía’ y de los precios hacia el vector de precios relativos eficiente propio del ‘equilibrio general competitivo’[13]

La economía puede analizarse y estudiarse con robustez siguiendo ambas escuelas y sus metodologías. Afirmo que la matemática al servicio de la economía me ha ayudado a comprender los conocimientos que he alcanzado y también a atisbar la magnitud de mi ignorancia, sin ser condición necesaria ni suficiente para lograr la entera comprensión de la economía. Las escuelas austriaca y neoclásica con sus sistemas metodológicos abiertos me han ayudado.

Es verdad que no vemos las tijeras de Marshall ni la navaja de Ockham, no vemos las demandas marshalianas, ni hicksianas ni las ofertas ni los costes marginales cuando vivos vamos por la calle. Es verdad que no vemos las preferencias y gustos de las personas. Es verdad que no vemos por las calles las distintas restricciones tecnológicas formales que operan en las empresas. Pero no verlo, no ver funciones de utilidad ordinal, curvas de indiferencias, relaciones marginales de sustitución, restricciones presupuestarias, isocuantas, relaciones técnicas de sustitución, procesos productivos y combinación lineales de los mismos, funciones de beneficios, ingresos y costes,…., reitero, no verlas por las calles no implica que no existan, que no operen, que no ayuden y tampoco que no se necesiten para entender también la toma de decisiones propias de la acción humana mejorando y complementando la construcción lógica teórica.  La abstracción matemática puede ayudar, incluso su razón para aplicarla suele ser, aunque no siempre, simplificar la aproximación al problema complejo objeto de análisis. Nos puede permitir alejarnos para ver el bosque mejor.  Ello puede entrañar la incomodidad del ‘formulismo matemático’ pero no por ello creo cabe considerarla como “innecesaria complicación” que “choca frontalmente con el principio de sencillez o parsimonia atribuido al escolástico Guillermo de Ockham”[14].

Alongarnos a ver. ¿Un atrevimiento o algo necesario?

¿Qué podemos ver en los asuntos económicos y en la necesidad de medición? Casi todo está escrito en los clásicos sin formalización matemática. Tras León Walrras, en cambio, con Alfred Marshall, Wilfredo Pareto, el marginalismo y la escuela neoclásica, con sus intentos de aproximación “al paradigma dominante: el positivismo”[15], la economía así explicada se ha llenado y rellenado de matemática desde la escuela neoclásica hasta la máxima expresión formal con la teoría y teoremas del equilibrio general y el mismo desarrollo de la propia ‘economía matemática’. También la economía puede seguirse muy bien en los textos y artículos de la escuela austriaca con Mises, Hayek, Rothbard, Huerta de Soto, Bastos, Rallo…, sustentada en la argumentación, la cataláctica y la praxeología, que ha seguido en su gran desarrollo la más genuina línea clásica. Aunque no les quepa duda que también calcula y mide, porque el hombre en su acción humana en su toma de decisiones necesita hacerlo y calcula, ¡claro que calcula y mide! ‘El Cálculo Económico’ es criterio permanente para la cataláctica y la praxeología, pues intentar combatir sin tregua el despilfarro buscando caminos de mejora lo requiere cada quien en su acción. Como explicita el axioma central de la praxeología: “Toda acción humana es el intento deliberado de pasar de un estado menos satisfactorio a otro más satisfactorio. Acción humana como libre e intencional con conocimiento disperso” Zanotti (2008)[16]. Ya desde antiguo se dice: ‘siéntate a calcular tus gastos’. Ciertamente Mises (2011)[17] indica que “en la esfera praxeológica, el concepto de medición carece totalmente de sentido”. Esto paradógicamente lo hace, y muy bien, en la tercera parte de su impresionante Tratado, titulada certeramente ‘El Cálculo Económico’, que tiene tres capítulos: “XI La evaluación sin cálculo”, “XII El ámbito del cálculo económico”, y el “XIII el cálculo monetario al servicio de la acción humana”. Al servicio de la acción humana todos los recursos, siempre escasos, deben y pueden utilizarse. En la misma página 271 ante la realidad patente apreciada de que “los precios del mercado son hechos históricos, resultado de una constelación de circunstancias registradas en un cierto momento del irreversible proceso histórico” Mises necesita entrar en la idea (abstracción) de Estabilización. Idea que desarrolla en su punto 5 para la validez de los métodos del ‘cálculo económico’ que ‘solo exige evitar que se produzcan graves y bruscas variaciones en la cantidad de dinero’, ‘un sistema monetario inmune a la interferencia estatal’ impidiendo ‘que el gobernante provoque por sí mismo inflación’ y evitando ‘que introduzca la expansión crediticia de la banca privada’ (la reserva fraccionaria). Todo ello se hace preciso para que no se desarticulen las relaciones monetarias (y su reflejo en los precios visibles, observables) y perturben ‘el cálculo económico’ preciso para decidir y actuar, sin exigir la rigidez en el poder adquisitivo de la unidad monetaria por impensable e irrealizable.

Tras el disfrute de la lectura permanente del tratado de Mises….y de la escucha y participación atenta a debates donde se abordan los diferentes problemas desde la óptica austriaca, en congresos, reuniones, jornadas y encuentros, también me ha surgido interés por escrutar los textos y abordar la sistematización estructural sintética de esta forma de analizar. Escrutando las referencias bibliográficas he visto qué bueno es apoyarse en lo que otros economistas han pensado y escrito antes, así en este punto me gustaría destacar el trabajo de Zanotti, G.J. (2008)[18] apoyándose en lo que han pensado los grandes economistas austriacos y ha realizado una síntesis  en su artículo y conferencia: “Axiomas y  Teoremas en la Escuela Austriaca de Economía”. Al leer el axioma central, los teoremas praxeológicos y los teoremas de la economía aprecio múltiples paralelismos en conceptos, conclusiones o implicaciones de ambas escuelas encauzadas por sus respectivas metodologías. Cito algunas: que la acción es para mejorar y para empeorar mejor es estar quieto, los medios son escasos, toda acción implica acto de valoración, satisfacción de necesidades prioritarias, medios y fines, falibilidad, el acto de valoración es subjetivo, bienes de consumo y bienes de producción, producidos y originarios, los factores de producción, acción humana transeúnte (externalidad), ley de la utilidad marginal, la utilidad marginal decreciente, la productividad marginal, la productividad marginal decreciente, la relación inversa entre la utilidad marginal del factor trabajo con la utilidad marginal del ocio, la acción humana transcurre en el tiempo, la ley de preferencia temporal (consumo presente-consumo futuro), el interés originario, ahorro e inversión y su relación con el ahorro previo, el sujeto actuante como inversor: el aumento del capital disponible (inversión neta), el mantenimiento del capital disponible (la amortización o depreciación) y el consumo del capital, la división del trabajo, las condiciones necesaria para el intercambio, la oferta y la demanda encuentran una valoración común en el precio, el precio implica la síntesis del conocimiento disperso, tendencia directa entre oferta y precio, tendencia inversa entre demanda y precio, el mercado tiende espontáneamente acercar las expectativas de oferta y demanda a través del precio, los precios son condición necesaria para ‘el caculo económico’, el cambio directo o trueque se complica con el aumento del número de agentes demandantes y oferentes, el cambio indirecto (moneda) lo resuelve, el precio del dinero es su poder adquisitivo, el aumento de la oferta de dinero produce tendencia a la baja de su poder adquisitivo, el aumento de la demanda de dinero genera la tendencia contraria,…, los efectos adversos de la intervención pública des-economizarían, descoordinación entre oferta y demanda por controles de precios mínimos o máximos efectivos, la desviación de producción y de comercio hacia zonas de menor productividad por tarifas arancelarias, la no neutralidad del impuesto, la menor capitalización derivada del impuesto directo, el reparto de la carga del impuesto depende de las sensibilidades de los demandantes y oferentes, el cálculo económico es imposible bajo socialismo, tal sistema económico no permite conocer los precios de los factores de producción. En definitiva,alongándome con cierto atrevimiento he visto todo un elenco de implicaciones realmente validas y robustas.

En conclusión

Con todo, ambas escuelas intentan aproximarse de forma diferenciada metodológicamente a los mismos intercambios voluntarios, a lo que ocurre cuando los agentes, las personas en su respectiva acción humana, de forma voluntaria y libre, concurren en los mercados que operan como mecanismos de asignación de bienes, servicios, factores y activos financieros. En esta tarea la matemática, el análisis formalizado es una herramienta, un recurso, susceptible de utilizarse en sus diferentes niveles, en el campo propio de la economía, no con ánimo determinista, de conocimiento exacto, en absoluto, sino como recurso que posibilita la aproximación al conocimiento de la acción humana y social mediante un sistema axiomático-deductivo o mediante modelos, simples o complejos, que intentan captar en sus dinámicas las pautas estables de comportamiento de los diferentes agentes que concurren en los diferentes mercados y su interdependencia.

Hay que asumir la complejidad propia de la interdependencia requerida para la existencia de ‘actividad económica’ que nace de que voluntariamente se geste una relación, el intercambio voluntario. De estos intercambios en los mercados fluye la posibilidad de “procesos sociales dinámicos” con dimensión económica, social y política, que converjan a logros por otra parte no alcanzables sin los intercambios voluntarios. Tales intercambios voluntarios, flujos, hacen posible que la actividad económica sea susceptible de medición, al menos de medición aproximada. Creo que los argumentos propiamente austriacos de la acción humana combatiendo sin tregua el despilfarro, considerando los intercambios voluntarios permiten conciliar conclusiones con aproximaciones diferentes, sin ingenuidades, ni dicotomías, ni pugnas. La negociación y los acuerdos en todos los ámbitos ponen a los individuos, las sociedades, la libertad, la justicia y la política en su sitio y en ello la matemática y la economía aprecio que se apoyan o pueden apoyarse recíprocamente.

Bibliografia:

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Nansen Mccloskey D., Conde A. (1990)): La Retorica en la economía.Alianza. Nansen Mccloskey D. (1985) The Rethoric of Economics, Madison: University of Wisconsin Press.

Rothbard, M. (2011). Economic Controversies. Auburn: Ludwig von Mises Institute.

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Zuloaga, M (2012), “Oferta y demanda: una crítica a la Tijera de Marshall”. Recuperado de:https://mzuluaga.wordpress.com/2012/08/23/tijera/


[1] Hernández Cabrera José (2021), “El lenguaje económico (II): Las matemáticas”. Instituto Juan de Mariana, 5.4.2021

[2] “Los economistas austriacos denominan cientismo a este “intento profundamente acientífico de transferir acríticamente la metodología de las ciencias físicas al estudio de la acción humana”. Por desgracia, la disputa sobre el método en la ciencia económica es el origen de otros tantos desacuerdos en el plano teórico, tal y como apunta Moreno (2021)”. Véase Hernández Cabrera J (2021) citando a Rothbard (20011), pag.3 y a Moreno (2021). Véase en Von Mises L. (2015) en el ESTUDIO PRELIMINAR incorporado por Huerta de Soto J. pág. xlii. La metodología apriorístico-deductiva y la crítica del positivismo cientista.

[3] Sánchez Molinero, J.M. (2015), “Últimas preguntas. Un ensayo sobre los límites de la razón”. NTh nº 21, pag.43 2ª Época. ISTIC. Tenerife.

[4] Véase Sánchez Molinero, J.M. (2015). Ob.cit. Pág.46.

[5] Véase Sánchez Molinero, J.M. (2015). Ob.cit. Págs. 46 y.47.

[6] Véase Zanotti, G.J. (2008) , Axiomas y Teoremas en la Escuela Austriaca de Economía. Conferencia para el II Simposio Internacional. Fundación Hayek.. PDF created, www.pdffactory.com .

[7] Véase en Von Mises L. (2015) concretamente tras el índice general de la obra el ESTUDIO PRELIMINAR incorporado por Huerta de Soto J., al referirse a “la economía como teoría de los procesos sociales dinámicos: crítica del análisis del equilibrio (general y parcial) y de la concepción de la Economía como una mera técnica maximizadora”; págs. xliv-xlvii. Me ha sorprendido leerlo. Veo, leyendo el tratado de V. Mises, efectivamente su gran mérito “de construir toda Ciencia Económica de una manera lógica sin necesidad alguna de utilizar funciones…”. Pero, por otro lado, no alcanzo a vislumbrar, por qué afirma Huerta de Soto J. que en Von Mises hay razón “para negar el sentido que tiene la construcción matemática de una Ciencia Económica basada en el modelo de equilibrio (general o parcial) …”. Véase González Pérez J.M. (2019) como un ejercicio de aproximación ecléctica.

[8] Con la ayuda inestimable de mi profesor y maestro Sánchez Molinero, José Miguel (UVA), tras debatir sobre ello.

[9] Incorporo un comentario a mi réplica de Muñoz Cidad, Cándido (UCM), que fue decano de mi facultad y me animó a emprender la actividad docente: “Las tijeras” son muy útiles para explicar y hacer intuitivas cosas complicadas. El propio Walrras a mí me explica muy bien toda una economía interdependiente (que es una idea que entienden mal los no economistas y el economista medio). Lo que no me parece que interese es la matematización actual más ingenieril que económica (sin base económica) así como todas esas regresiones forzadas, cada vez más complejas desde el punto de vista estadístico-teórico. Y qué pocos temas de interés nuevos han sacado la presunta economía matemática. Muy recomendable el excelente libro de Deirdre Nansen McCloskey: ‘Por qué el liberalismo funciona’. Deusto contra la nueva clerecía progresista. …. Además, hace una excelente crítica a Piketty, …”.

También incorporo un comentario recibido de Barbé Durán Lluís (UAB), mi primer jefe en Bellaterra, resaltando la Matemática y la importancia de la Inferencia Estadística del campo económico-social, así como su acuerdo con Cándido Muñoz Cidad en el interés que presentan los libros —todos— de McCloskey, …Uno de sus primeros libros … La Economía como retòrica, es impagable”.

[10] Zuloaga, M (2012), “Oferta y demanda: una crítica a la Tijera de Marshall”. Recuperado de: https://mzuloaga.wordpress.com/2012/08/23/tijera/

[11] ¿Tangencias entre las Relaciones Marginales de Sustitución (RMgS) dadas las preferencias y las restricciones presupuestarias, definidas por los precios relativos de los bienes y servicios?; ¿tangencias entre las Relaciones Técnicas de Sustitución (RTS) dadas las tecnologías y los precios relativos de los factores requeridos?; ¿tangencias entre RMgS y RTS?; ¿O, soluciones de esquina bajo las condiciones de Kuhn Tucker? ¿Abstracción de alcance interesante?

[12] Véase González Pérez JM (2019), La Igualdad. XII Congreso de Economía Austriaca, 2019. Madrid.

[13] Véase Hildebrand W. y Kirman A.P. (1976, 1982), concretamente creo es suficiente su resumen introductorio págs.9-45.  Introducción al análisis del equilibrio, Antoni Bosch, editor. Traducción y edición 1982.

[14] Véase HCJ (2021), en su punto sobre el lenguaje matemático.

[15] Véase Hernández Cabrera J (2021), en su punto sobre la disputa del método.

[16] Véase Zanotti, G.J. (2008) , Axiomas y Teoremas en la Escuela Austriaca de Economía. Conferencia para el II Simposio Internacional. Fundación Hayek.. PDF created, www.pdffactory.com .

[17] Véase Mises, L. (2015). La Acción Humana. Tratado de Economía. Madrid: Unión Editorial. Undécima edición. Pág. 271, también lo cita HCJ (2021),

[18] Ya citado. He leído con mucha atención los enunciados del axioma central de la praxeología, los enunciados de los 24 teoremas praxeológicos  y los 87 teoremas de la economía ( Primera parte del núcleo central : 1-8 sobre el paso a los precios; 9-19 Sobre ‘Cambio indirecto’ (moneda); 20-23 sobre factores de producción: a) sobre el factor capital (24-34); b) sobre el factor trabajo 35-49; c) sobre factores originarios de producción de naturaleza no humana 50-54;  Segunda parte del núcleo central (intervencionismo): 55 (teorema central); 56-58 sobre precios; 59-64 sobre moneda; 65-69  sobre Mercado de capitales (teoría del ciclo); 70-77 sobre Trabajo y salarios; 78- 81 sobre Recursos naturales; 82-85 sobre medidas  adicionales de restricción de la producción; 86-87 sobre socialismo (cooperación social en ausencia total de mercado)  y creo ver paralelismo de los conceptos y equidistancia cuidada en los métodos.

Cómo la inflación podría terminar descontrolándose

La inflación en EEUU se disparó en abril hasta el 4,2%: máximos desde el año 2008. Y aunque es verdad que semejante estallido se ha debido fundamentalmente al encarecimiento de la energía con respecto a los mínimos del año anterior (solo esta rúbrica ha aumentado un 25,1% en los últimos 12 meses), hay tres razones por las que no deberíamos despachar lo ocurrido como un fenómeno anecdótico e irrelevante.

La primera es que la subida fue mayor de lo que esperaban la mayoría de analistas: si bien el mercado ya anticipaba un alza del 3,6%, finalmente ha sido del 4,2%. Por tanto, la mayoría de agentes económicos habrá tenido que revisar al alza sus expectativas después de esta ‘sorpresa’ hacia arriba. La segunda es que el IPC interanual descontando la energía y los alimentos (la inflación subyacente) se encuentra en el 2,95%, lo que constituye la tasa de variación más elevada no desde 2008, sino desde 1995. Y tercera, aun cuando estemos ante un episodio de inflación transitoria como consecuencia del rebote de la actividad tras la pandemia, tampoco habría que despreciar el riesgo de que este movimiento al alza de los precios se enquiste en la economía a través de dos vías.

Por un lado, elevaciones en los precios pueden alimentar negociaciones al alza de los salarios que, a su vez, alimenten elevaciones empresariales de los precios para mantener los márgenes. La posibilidad de una espiral inflacionista precios-salarios en EEUU es hoy mucho mayor que en cualquier otro momento durante la última década, porque, en 2019, el mercado laboral se hallaba en pleno empleo y, en la medida en que tras la pandemia volvamos a andar hacia esa situación, el poder de negociación de los trabajadores se verá incrementado.

Por otro, las expectativas de inflación podrían llevar a una caída en la demanda de dinero que, a su vez, alimentara todavía más inflación. Recordemos, en este sentido, que la pandemia ha legado unas políticas fiscales y monetarias muy expansivas que se han traducido en un incremento muy sustancial de los pasivos en dólares: tal como recordábamos en un artículo de hace algunas semanas, en que ya alertábamos del incipiente riesgo de inflación, la M2 se ha incrementado en un 25% durante el último año, de modo que, para estabilizar el valor de toda esa moneda, será necesario mantener la demanda de dólares estructuralmente elevada. Sin embargo, si se extiende la expectativa de inflación entre los agentes económicos, podría terminar sucediendo lo opuesto: los tenedores de dinero podrían acabar buscando refugio en otros activos (bienes de consumo, activos financieros de renta variable denominados en dólares o activos en moneda extranjera) para así evadir el (esperado) impuesto inflacionista. Y esa menor demanda de dinero (motivada por la expectativa de mayor inflación) cebaría la propia elevación de los precios a modo de profecía autocumplida.

Existe, además, otro modo en que las expectativas podrían terminar consolidando una inflación elevada: las expectativas sobre cuál vaya a ser la reacción de la Reserva Federal ante la misma. En la actualidad, los inversores en dólares mantienen la confianza en que el banco central seguirá tratando a medio plazo de estabilizar el valor del dólar: es decir, que si la inflación se desvía significativamente de los objetivos de la Fed (promedio del 2% a largo plazo), la política monetaria adoptará un tono contractivo en forma de reducción de la oferta de pasivos de la Fed y de mayores tipos de interés. Se espera, además, que la Reserva Federal actúe de ese modo con independencia de cuáles sean las necesidades financieras del Tesoro: si los tipos de interés se disparan, serán Biden y Yellen quienes tendrán que apretarse el cinturón con políticas de austeridad fiscal. Pero ¿y si no es así? ¿Y si los inversores empiezan a temer que la Reserva Federal no subirá los tipos de interés para no perjudicar al Tesoro aun en el caso de que la inflación se dispare? En tal caso, la creencia generalizada pasaría a ser que hemos pasado a un régimen de dominancia fiscal, en el que el banco central queda, ‘de iure’ o ‘de facto’, subordinado a la política fiscal del Tesoro: de manera que la calidad del dólar como reserva de valor se vería perjudicada y la consecuente caída de su demanda alimentaría la inflación.

En definitiva, todavía es pronto para saber si los nuevos bríos inflacionistas han llegado para quedarse: de momento, estamos sobre todo ante una elevación de precios como reacción a unos mayores costes energéticos pospandemia. No obstante, la economía estadounidense ha sido estimulantemente abonada durante el último año para que esa chispa inflacionista pueda prender en un incendio de mayores dimensiones, sobre todo según cuál sea la reacción de las autoridades apagafuegos.

El drama chileno

El fin de semana pasado los chilenos acudieron a las urnas para elegir a sus 155 representantes para la Convención Constituyente que se encargará de redactar una nueva Constitución. El bloque de izquierda, entre los que se incluyen representantes del centro y la izquierda radical (Apruebo y Apruebo Dignidad) ha obtenido 53 escaños y los llamados ‘independientes’, 48. Los representantes de los pueblos indígenas tienen 25 escaños y el bloque de la derecha tan solo 37. A estos últimos no les alcanza, ni siquiera, para proponer peticiones de veto a las enmiendas. La izquierda radical, contando con los moderados de Apruebo y los independientes, tiene la posibilidad para aprobar la futura Constitución chilena.

El presidente Sebastián Piñera en su comparecencia después de conocer los resultados dijo “no estamos sintonizando adecuadamente con los anhelos de la ciudadanía”. Lo cierto es que los liberales y el centro derecha -no solo en Chile- se niegan a dar la batalla ideológica, y su importancia, parece ser, no está en la agenda, cuando en realidad la batalla ideológica debería ser un eje ineludible para promover un mensaje sobre los buenos resultados obtenidos, en el caso de Chile. Eso es, precisamente, lo que hacen los populistas. Ellos tienen un manejo sólido del lenguaje y cuando las cifras no son halagadoras, se las inventan, pero siempre consideran la comunicación como parte imprescindible de su estrategia y le dan la importancia que se merece al posicionamiento de su narrativa.

Con tan solo el 41 por ciento de participación los asambleístas elegidos crearán una nueva Constitución para los todos los chilenos. Cabe mencionar que la Constitución de 1980 tiene más de cincuenta reformas. En el año 2005 el presidente socialista, Ricardo Lagos, tras la aprobación por el Congreso chileno de una serie de reformas constitucionales propuestas por el entonces presidente, éste manifestó: “Hoy, el nuevo texto constitucional se pone a la altura del espíritu democrático de todos los chilenos; y hoy Chile se une tras este texto constitucional”. Por ello, el falaz argumento de que la Constitución de 1980 es la “constitución de la dictadura”, no se sostiene.

Algunas de las propuestas para la redacción de la nueva Constitución chilena son: un mayor protagonismo del Estado en la política económica (intervencionismo), la idea de la Plurinacionalidad y la posibilidad de modificar el sistema de gobierno a uno ‘semi presidencialista’.

La Convención Constituyente tiene su antecedente en las protestas sociales de 2019 bajo el discurso de la desigualdad, la injusticia y el retraso social creyendo que una nueva Constitución es la solución a todas las deficiencias estructurales y a la crisis social y económica. Sin embargo, es preciso señalar que Chile con su actual Constitución es una de las mejores democracias del mundo y la tercera de América Latina, es el país con las instituciones más sólidas de la región donde sus ciudadanos gozan de libertades plenas, y uno de los países que más ha reducido sus índices de desigualdad económica y social en el continente.

Entonces, ¿por qué surgen las protestas y una propuesta de nueva Constitución?

En definitiva, la política es el instrumento para transmitir emociones y consolidar intereses. Y a pesar de lo que muchos creen, el crecimiento y la prosperidad no se perciben de forma espontánea, se debe comunicar con ánimo de presentar a la ciudadanía de dónde vienen y el porqué de los resultados.

El populismo se sirve de las crisis con el objetivo de obtener réditos del poder y avanzar en sus proyectos totalitarios. Si la crisis real no existe, juega con la retórica y la comunicación con el ánimo de intoxicar el ambiente político y aumentar la polarización y el enfrentamiento.

Ahora Chile se enfrenta a una dura batalla donde, lamentablemente, primarán los intereses demagógicos sobre los resultados prácticos y evidentes de una de las mejores democracias y economías de la región y de un país que ha alcanzado niveles de desarrollo como pocos en América Latina poniendo en marcha una política de libre mercado y abriendo sus fronteras al mundo.

Madrid contra el comunismo

“María, tienes que votar a Ayuso. Todo lo demás es comunismo”. Esta frase me la dijo un miembro del PSOE. Uno de los socialistas de toda la vida que ya ha agotado su inventiva para tratar de defender lo que está haciendo el sanchismo. Me lo dijo en privado y no voy a revelar su nombre, entre otras cosas, porque lo importante no es el mensajero, sino el mensaje. Me explicó que no creía que Edmundo Bal fuera a sacar votos suficientes y “votar a Gabilondo es votar a Pablo Iglesias”. Me lo dijo antes del destape del candidato socialista en el debate de televisión.

La campaña de la izquierda en la Comunidad de Madrid, con la inigualable ayuda del Gobierno de la nación, ha tenido varios componentes, entre los cuales, destaca el miedo. En concreto, miedo a los fachas. Yo no tengo ninguna duda de que, para Ayuso, gobernar con Bal tiene que ser más fácil que gobernar con Monasterio. Pero Vox es uno de los partidos que ha permitido que el PP y Ciudadanos gobiernen en Madrid, ¿por qué habría que temérseles ahora? ¿Qué cosa tan terrible van a hacer?

Así que, como estrategia complementaria, la campaña de la izquierda ha tratado de desmontar todo aquello que hace que los madrileños, voten lo que voten, estén a gusto en la Comunidad de Madrid. Sin estridencias, con fallos en la administración, con errores políticos descontados, pero a gusto. O al menos, más a gusto que en otras comunidades autónomas.

Este sentimiento se ha reforzado durante la gestión de la pandemia, con el resultado de que la actividad económica ha sufrido menos y los ciudadanos, dentro de las restricciones que nos agobian a todos, llevamos una vida más normal. Le pese a quien le pese, la gestión de Ayuso es ejemplo en varios países porque ha logrado un equilibrio complicado entre rigor sanitario y apertura económica.

En consecuencia, el gobierno de la nación decidió abrir el frente de los impuestos, que es una de las banderas de Ayuso, levantada por el Consejero de Hacienda, Javier Fernández-Lasquetty.

A riesgo de poner en evidencia otros regímenes fiscales privilegiados, se señaló a Ayuso y a los madrileños como insolidarios con el resto de las regiones. No importa que sea una de las comunidades que más aporta, no importa que en España exista libertad para que las autonomías gestionen la parte de los impuestos cedida por el Gobierno de la nación como más les convenga. Madrid es egoísta e insolidaria porque lo hace mejor.

En cambio, hay un silencio absoluto hacia el régimen foral de País Vasco y Navarra, cuya excepcionalidad histórica les permite recaudar todos los impuestos y ceder al gobierno la parte correspondiente. Ya lo denunció Luis Garicano el pasado noviembre en el Parlamente Europeo con ninguna repercusión.

El siguiente foco se ha centrado en la gestión sanitaria. Y aquí, han disparado a todo lo que se mueve. Si los hospitales privados han colaborado con los públicos en los primeros momentos, malo. Si algunos hoteles también han servido de desahogo para el cuidado de los pacientes en cuarentena, malo. Si se construye, en tiempo récord, un hospital público, especialmente diseñado para la atención a los afectados por la pandemia, peor.

La crueldad en este tema ha llegado hasta el paroxismo y la delincuencia. Los sanitarios del Hospital Zendal han sufrido el boicot de sus propios compañeros que han atascado inodoros, desenchufado calentadores e incluso, han hecho desaparecer equipos y han saboteado el instrumental necesario para medir las constantes vitales de los pacientes.

Está en manos de la policía. No tengo mucha fe en su resolución. El Ministerio de Sanidad y los representantes de los partidos políticos no dicen nada. Los sindicatos y mareas de sanitarios, que nos afeaban la conducta a quienes les aplaudíamos cada día a las 8 de la tarde, no se han manifestado pidiendo respeto a los trabajadores del Zendal, y sobre todo, a los enfermos atendidos en el Zendal. Si de verdad fueran defensores de la sanidad pública tendrían que haber apoyado esta iniciativa. Pero el odio hacia quienes no son los suyos está por encima de la atención a los enfermos.

El tercer punto afecta al Estado de derecho, que es el único marco en el que puede darse progreso económico. Esta vez, el protagonista es Vox, el partido que le daría o no el gobierno a los populares madrileños, a menos que todo el mundo vote a Ayuso y logre una mayoría absoluta, que sería lo ideal.

Todo empezó cuando Vox decidió convocar un mitin en Vallecas y fueron agredidos, porque al parecer no hay libertad de expresión y de pensamiento en el antiguo barrio de Pablo Iglesias.

A continuación, empezaron a llegar cartas con amenazas: ocho cartas con amenazas de muerte dirigidas a varios representantes políticos, entre ellos, dos candidatos a las elecciones del 4M, dos ministros, un exvicepresidente del Gobierno y la directora general de la Guardia Civil. Desde el primer momento, Pablo Iglesias y la izquierda radical lo han asociado con Vox. Pablo Iglesias protagonizó una desagradable situación con Rocío Monasterio llegando a levantarse y abandonar un debate. Fue bochornoso.

El pasado fin de semana se ha sabido que quienes agredieron a los asistentes al mitin de Vox y a la policía en Vallecas eran trabajadores de seguridad de Podemos. El “cordón sanitario” contra Vox debería aplicarse a los verdaderos violentos.

Pero hay más: se sabía hace tiempo y no se dijo, manteniendo la imagen de Vox como partido camorrista. La connivencia del Ministro del Interior, Grande-Marlaska, cierra el círculo de la ignominia. Y aún no ha dimitido. Estamos ante una grave agresión al Estado de derecho. Iglesias ya ha insinuado que si la derecha pierde en Madrid se va a reproducir el episodio del Capitolio en Madrid. Después de los incidentes de Vallecas no queda claro si, en realidad, está amenazando a los madrileños con desencadenar actos violentos asaltando la democracia española. Este es el candidato comunista que quiere gobernar la Comunidad de Madrid.

En busca de un titular

La descripción periodística objetiva de un hecho es imposible. Incluso cuando quien la realiza cree actuar desinteresada ydesapasionadamente (segunda la segunda acepción que de “objetivo, objetiva” da la RAE), esa descripción nunca es “independiente de la propia manera de pensar o de sentir” (primera acepción de la RAE), y está siempre condicionada, lo queramos o no, por la forma de ser, de pensar, de vivir y de entender el mundo de quien la realiza. Si ni siquiera es del todo objetiva una fotografía, que siempre recoge una muestra, por definición parcial, y dependiente del fotógrafo, de la realidad que pretende captar, qué no ocurrirá cuando para elaborar una crónica el periodista tiene primero que captar todo lo que pueda de esa realidad dinámica y, por definición, inasible en su totalidad (primer filtro), comprenderla y asimilarla a través de los conceptos y forma pensar propios (segundo gran filtro), y transmitirla a través de palabras, polisémicas y nunca biunívocas (tercer gran filtro). Así, cuanto más escueta esla crónica, más se simplifica esa realidad, y más patente quedan los prejuicios de su autor. En el titular de la noticia se llega al extremo.

En los últimos días estamos asistiendo a lo que parece una forma casi unánime de describir lo que está ocurriendo en Israel. Las crónicas -no digamos ya los titulares- de la práctica totalidad de los periódicos de nuestro país tienen el mismo enfoque: todos destacan el poder y la fuerza, aparentemente incontrolados e incontrolables, de Israel, el dolor y la muerte que está ocasionando en los palestinos, la debilidad e indefensión de éstos últimos, las decenas de niños y de mujeres palestinas fallecidas… en definitiva, la injusticia y la inmoralidad de la respuestajudía frente a los ataques.

No deja de llamar la atención esa forma coincidente, uniforme y sencilla de entender y describir unos hechos tremendamente complejos, que hunden sus raíces en circunstancias históricas, religiosas, políticas,ideológicas e incluso económicas profundos y difíciles de entender que deberían dar lugar a una gran diversidad de opiniones que no existen; asombra una crítica tan unánime y radical a la forma de actuar de un país democrático en el que rige el estado de derecho y en el que se respetan los derechos individuales y la libertad religiosa y de culto; un país que creció sobre los despojos del Imperio Otomano -no es el único-, tras una decisión de la ONU y apoyándose, al menos en parte, en los kibutz, el ensayo real más parecido que conozco al Walden Dos de Skinner, que tan caro debería ser para la izquierda; en el que, frente al lanzamiento indiscriminado de cohetes desde Gaza, se responde con intervenciones quirúrgicas que tratan de atacar exclusivamente a la infraestructura terrorista y a sus impulsores, aunque pueda ser más lento, menos efectivo y más arriesgado. Nadie parece necesitar explicar -quizás porque todos consideran igual de “irrelevante”- cuál es el origen del dinero con el que los palestinos han comprado todas esas armas a pesar de la situación en la que se encuentra su población; ni el porqué del ataque palestino; ni la forma en la que los terroristas palestinos esconden su infraestructura tras hospitales, colegios o edificios civiles; ni el uso que otros países hacen de la “reivindicación palestina”, y mucho menos de sus fines; ni la forma en que esa reivindicación ha evolucionado desde 1948, y especialmente desde 1964, y quiénes han sido sus impulsores y sostenedores y por qué…

Tiendo a pensar que hay una razón poderosa que explica esa casi unanimidad al enfocar la cuestión palestina. Pero de las ocho o diez que se me ocurren, ninguna me parece suficiente por sí sola, ni siquiera destacable sin todas las demás; quizás por eso me veoincapaz de resumirlas en un par de páginas, y mucho menos de ponerle título al comentario.Aún así, mis prejuicios me impiden pasar página y me obligan a seguir buscando esa causa principal y con mayúsculas, que condiciona la forma de pensar de tanta gente,a izquierdas y derechas, en idéntica dirección… seguramente para nada. Eso sí, que no me digan que esa unanimidad es prueba de objetividad, ni en este ni en ningún otro asunto: la objetividad es metafísicamente imposible en el ser humano, lo queramos o no.

El ajedrez y la libertad

¿Querría jugar si las reglas del juego permanecieran inmutables, pero la distribución de las recompensas fuera alterada de acuerdo con los principios igualitarios: si los premios, los honores, la fama no fueran dados al ganador, sino al perdedor, si el hecho de ganar se considerara como un síntoma de egoísmo y el ganador fuera castigado por el crimen de poseer una inteligencia superior, y la pena consistiera en la suspensión por un año, para darles una oportunidad a otros? ¿Intentarían, usted y su adversario, jugar no para ganar, sino para perder? ¿Qué le causaría esto a su mente?

Ayn Rand

La serie “Gambito de Dama” ha puesto de moda el ajedrez, algo que celebro. El ajedrez guarda valores que nos acercan a aceptar la realidad tal y como es: altamente compleja y que empezamos a masticar desde los cuatro años, como indica el escritor Arturo Pérez Reverte en un maravilloso artículo. que indico abajo. 

Hace tiempo leí una carta de Ayn Rand a Boris Spasski con la que disfruté de la admiración que le supuso ver dos mentes al límite de su ingenio y disciplina. La rusa explora cómo el ajedrez se parece a la vida. No podría estar más de acuerdo en su apreciación. La escritora ve cómo el mundo es un tablero y las piezas tienen diferentes cualidades. Tienen sus fortalezas y debilidades y para sobrevivir no queda más que, dentro de los límites que nos ponen las leyes de la naturaleza y las leyes del poder, encontrar un hueco y ser felices.

¿Por qué me gustó tanto?

Porque la primera derivada, lo fácil, hubiera sido pensar “algunos nacen reyes y otros peones, pero seamos todos peones”, ¡puño al aire! ¿Qué resultado vemos con esta negación de la realidad? Hambre y guerra, lo llevamos viendo varios miles de años. 

El problema es el de siempre, ya que los peones no podrían ganar en ningún universo conocido a un regimiento de reyes, reinas, torres, alfiles, caballos y, sobre todo, peones. Bien diversificados, preparados para la dureza a la que se enfrentan y dispuestos a comportarse como un equipo. Siendo honesto, al final somos casi todos peones aunque de vez en cuando salga un Einstein, un Freud, un Kant o un Spaski, que son sustancialmente superiores al resto y no encuentro otra opción más que admirarlos. La alternativa a la admiración es la indiferencia, respetable, o la envidia, execrable.

¿Por qué mundo debemos luchar?

Por un mundo que protege al peón indefenso ante la crudeza de las piezas negras, por ejemplo, en caso de que consideremos ser las piezas blancas, que sería la realidad que nos rodea. Hay dos maneras de ayudar a una pieza indefensa en ajedrez: cooperando o compitiendo, casi sinónimos, por cierto. Cooperar sería si nos acercamos a la parte del tablero donde está el peón indefenso para auxiliarlo consiguiendo igualar fuerzas. Competir sería amenazar a las negras en el otro lado del tablero haciendo que el peón, gracias a la innovación y la creatividad de la jugada de las blancas, mejore su maltrecha situación de debilidad.

Por un mundo en el que de una vez aceptamos que ni somos iguales, ni partimos desde el mismo sitio del tablero. ¿Duro? Quizá realista. Y solo aceptando esa dureza podremos asumir que debemos dudar de quien nos ofrece libertades positivas, porque será el lobo de Caperucita. Debemos intentar conquistar, con la cabeza alta, las libertades, seamos quien seamos, nacer peón o nacer torre jamás nos puede quitar las ganas de ser mejores. 

Me retiro con Borges, cuando dice:

Dios mueve al jugador, y éste, a la pieza. 

¿Qué dios detrás de Dios la trampa empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?

No se me ocurre mejor manera de acabar.

El Mar Negro (II): el impacto soviético

Uno de los principales problemas que suelen afectar a los ecosistemas, o al menos uno de los más publicitados, es la proliferación de especies invasoras. Hay que decir que este argumento es un poco tramposo, pues da la sensación de que los sistemas ecológicos son cerrados, aislados de otros, que las especies que los habitan son eternas y únicas y apenas sufren variaciones en su calidad genética, en la cantidad de individuos y especies distintas que los componen, y que las condiciones se mantienen para siempre. Los ecosistemas son sistemas dinámicos que tienen sus propios mecanismos de defensa y adaptación y que cambian con el tiempo, soportando desde luego la invasión de especies, de modo que una multitud de pequeños cambios a lo largo del tiempo termina dando lugar a uno lo suficientemente profundo como para considerar que estamos ante un nuevo ecosistema. Es cierto que, antes del hombre, estas invasiones eran posiblemente más pausadas y el ecosistema tenía más tiempo para adaptarse a los cambios. El ser humano, como especie dentro del ecosistema global que forma la Tierra, ha creado e introducido en ella la tecnología que le permite hacer mucho más rápidos los intercambios de materiales, energía o información, además de cambiar las condiciones del entorno para su comodidad[1] y esto, obviamente, termina impactando sobre los ecosistemas, más acostumbrados a cambios más suaves y prolongados en el tiempo.

En los años 80 apareció en el Mar Negro una nueva especie, la Mnemiopsis leidyi, un cetanóforo (una especie de medusa) proveniente de la costa americana del Atlántico. Esta especie invasora, que también arraigó en toda Europa y en la parte occidental de Asia y que seguramente se introdujo de manera accidental en buques mercantes provenientes de Estados Unidos, se alimenta de zooplancton -en el que se incluyen las larvas de pescado y crustáceos-, así como de otras medusas. Al ser hermafrodita, es capaz de fecundarse a sí mismo, por lo que su proliferación no está condicionada a la aparición de otro espécimen de género contrario. Además, en su nuevo entorno del Mar Negro no tenía ninguna especie que lo depredara, por lo que su población se disparó sin apenas problemas, alimentándose del zooplancton que en unos pocos años empezó a escasear, afectando a las especies que sí dependen de él, entre ellas, algunas de las especies que se pescaban y que fueron escaseando.

Sin embargo, siendo la situación preocupante, hubo un elemento que vino a alterar aún más el estado del Mar Negro durante los años 80: la ineficacia de la agricultura soviética a la hora de satisfacer las necesidades alimentarias de su población. Su agricultura era una parte más de la planificación económica y no estaba sujeta a una investigación de la mejora del rendimiento, al menos no cómo lo estaba en otros países. A ello se unió la megalomanía del régimen que se embarcó en la construcción de infraestructuras sin el debido estudio de su viabilidad, siendo más importante el hecho de mostrar estas inútiles obras de ingeniería como grandes logros de su poder. La economía soviética de los años 80 estaba en crisis, pese a que en Occidente se la tenía como una potencia, no sólo en el aspecto militar, sino también en el económico.

La URSS llevaba muchos años teniendo dificultades para alimentar a su población, pues tenía una agricultura demasiado anticuada comparada con la de su enemigo occidental. Ello le obligó a hacer dos cosas. La primera fue endeudarse, comprando trigo a su gran enemigo americano y a sus aliados. La segunda fue optar por una explotación sin sentido de sus recursos hídricos y el abuso de abonos químicos, con la esperanza de que sus cosechas tuvieran un mayor rendimiento. En el entorno del Mar Negro, las fértiles -hasta hacía relativamente pocas décadas- llanuras cerealistas empezaron a recibir dosis excesivas de abonos de nitrógeno, fósforo y otros productos químicos. Por otra parte, con la intención de aprovechar mejor los recursos hídricos, se realizaron presas a lo largo de los ríos que desembocaban en sus aguas, como la de Stalin en el Dniéper o la de Tsimlyansk en el Don; presas que no tenían en cuenta cosas tan básicas como el proceso de colmatación en el transcurso de los años[2]. Esta necesidad megalómana también afectaba a sus países satélites. El dictador rumano Chauchescu planeó drenar el delta del Danubio, talar la vegetación y poner arrozales. Afortunadamente, semejante salvajada no se llevó a cabo.

En los 80, un exceso de contaminantes empezó a verterse hacia el Mar Negro, el nitrógeno y el fósforo de los abonos ayudaban al fitoplancton a desarrollarse de manera descontrolada, a la vez que la Mnemiopsis leidyi depredaba el zooplancton que se alimentaba de él. Esta dinámica propició la eutrofización del mar, fenómeno que ocurre cuando hay un aporte excesivo de nutrientes que favorece una proliferación excesiva del fitoplancton que, a su vez, termina con el oxígeno libre que hay disuelto en las aguas, del que vive la mayoría de las especies acuáticas, provocando la muerte de estas o su migración a zonas aún adecuadas para su vida.

La contaminación del agua fue la gran aportación del régimen soviético y otros países comunistas al medioambiente del Mar Negro, y no sólo de fósforo o nitrógeno. La agricultura soviética también usaba de manera masiva los pesticidas que, a diferencia de Occidente, no tenían un control para impedir daños colaterales. A eso había que añadir la contaminación radiactiva proveniente del accidente de Chernóbil y otras fuentes, así como los habituales vertidos de aguas fecales o contaminadas por la industria, que tampoco tenían los sistemas de limpieza que se estaban desarrollando con mayor o menor acierto en Occidente. La proliferación de presas también estaba afectando al agua que llegaba al mar, con una fauna piscícola especialmente afectada, sobre todo, la migrante. Un ejemplo de este desgobierno ocurrió en 1983, cuando una presa industrial en la ciudad de Stebniki estalló liberando en el mar 400 toneladas de compuestos potásicos, que contaminaron las aguas durante décadas.

La solución chocó con unas circunstancias difíciles. Los institutos científicos de la URSS ya habían avisado de que se debía hacer algo y su análisis de la situación, pese a haber sido ignorado por el régimen, era certero y proporcionó datos a los investigadores posteriores. La desaparición de la URSS afectó al proceso de investigación que, de la noche a la mañana, se vio sin fondos ni medios. El caos político pareció acrecentar el problema o, al menos, paró el planteamiento de soluciones.

La introducción de un depredador natural para el Mnemiopsis leidyi no era una buena solución, pues no habría dejado de ser otra nueva especie invasora que podría afectar a las existentes, así que el único recurso factible era reducir los vertidos y eso era, literalmente, cambiar la política agrícola de varios regímenes comunistas o en breve excomunistas. En este sentido, puede que la desaparición de la URSS y la democratización de sus países satélites fuera una ayuda inesperada.

En unos años, la presión sobre la ecología del Mar Negro se redujo significativamente con la introducción de sistemas más adecuados en la agricultura, tras la apertura del bloque del Este a Occidente. Por otra parte, una de las cosas que más llamó la atención a los científicos fue la relativa y rápida recuperación de los ecosistemas cuando los vertidos se redujeron. El grado de eutrofización disminuyó y algunas especies empezaron a prosperar de nuevo, aunque otras desaparecieron. En la actualidad, otros peligros amenazan al Mar Negro desde lo que fue la URSS. Los problemas militares y políticos entre la Federación Rusa y Ucrania, por una parte, y Georgia por otra, impiden hacer frente a este y otros muchos asuntos y se está volviendo a viejos escenarios.

Resulta sorprendente ver cómo la izquierda comunista se ha hecho con el monopolio de la lucha por el medio ambiente y cómo es el capitalismo el que, desde el punto de vista popular, agrede al planeta Tierra, al equilibrio ecológico y a la biodiversidad. Un repaso a la historia muestra que los principales desastres naturales a manos del hombre han venido de sistemas políticos de carácter totalitario o autoritario, aunque no únicamente. Sólo hay que ver actualmente cómo afronta la República Popular China la lucha contra la contaminación: de ninguna manera práctica que la rebaje y sí mediante un gran plan de propaganda que endosa a sus enemigos occidentales sus propios desastres.

Al contrario, si de algún lugar surgen las denuncias y las soluciones a estas catástrofes, es de aquellas sociedades donde se es más libre a la hora de criticar o denunciar las agresiones y de buscar las soluciones. El socialismo/comunismo y el ecologismo tienen una coincidencia muy evidente: ambos defienden una solución basada en la regulación, la intervención económica y la ingeniería social. Ambos se complementan muy bien y uno, el ecologismo, le sirve como base moral al otro, el comunismo/socialismo. Desde un punto de vista más político, la excusa del daño medioambiental ha sido usada para instalar políticas mucho más restrictivas, con o sin razones científicas, sobre las actividades humanas. Las instituciones favorables a la intervención y las personas o grupos que las dirigen se han congratulado en encontrar una razón moral que justifique su existencia. El problema en Occidente es que el resto del espectro político ha aprendido esta estrategia de colaboración entre ideologías y, hoy por hoy, conservadores, cristianodemócratas y populistas de diversas familias incluyen en sus programas ciertas políticas que, no hace mucho, sólo se podían leer en los programas de los partidos verdes.

Por último, quiero incidir en la capacidad que tienen los ecosistemas para reparar las heridas que las circunstancias, entre las que se encuentra la acción del hombre, pueden infligir y que está basada en su dinamismo y capacidad de adaptación. No estoy diciendo con esto que se pueda hacer cualquier cosa porque al final se ‘curan’, pero sí observo que en los mensajes mediáticos se ignora esta resiliencia (sí, en este caso está bien usado el término) de los ecosistemas, que se muestran habitualmente como sistemas frágiles que hay que mimar.

En el siguiente artículo analizaré la explotación comercial pesquera y cómo, desde la otra orilla del Mar Negro, la costa turca, se actuó de manera insensata en nombre de la intervención estatal.


[1] Hay que tener en cuenta que, de alguna manera, esta capacidad la tienen todas las especies, siendo más marcada en las especies animales sociales.

[2] No es raro que los regímenes totalitarios cometan este tipo de errores. La presa de las Tres Gargantas en China lo está experimentando en la actualidad o, si nos vamos a casos más antiguos, la de Asuán en Egipto, es otro ejemplo de mal diseño. La sobreexplotación de los acuíferos, que son sobreexplotados sin esperar a que las lluvias los recarguen, terminan provocando la desertificación de la zona, como ocurrió con el Mar de Aral.

El Mar Negro (I): Un acercamiento

La planificación central silenciosa: cuando los objetivos ESG se imponen a través de los bancos centrales


Cualquier persona que comprenda el funcionamiento de la política monetaria y de los bancos centrales en los países occidentales, sabe que la emisión de dinero es una actividad en monopolio legal, que además es llevada a cabo por una entidad política, pretendidamente independiente, movida por criterios políticos más o menos afines al bienestar social.

De que es un monopolio legal no tendrán ninguna duda los numerosos televidentes que disfrutaron con la primera temporada de La Casa de Papel y llegaron a su último episodio, en el que el Profesor explica perfectamente lo que hacen los bancos centrales (en su caso, la Casa de la Moneda) y que no se le deja hacer al común de los mortales. Él lo aplica a la impresión de billetes: sabemos que Casa de la Moneda imprime billetes, una actividad poco sofisticada; pero si usted trata de hacer la misma actividad en casa, será detenido por falsificación, aunque su billete sea exactamente igual que el que haya producido el banco central. Imaginemos cuanto más fácil puede resultar esta “impresión” de dinero en un mundo digital, donde basta apretar al Enter tras la cifra deseada para crear dinero en una cuenta.

En resumen, el dinero se suministra al mercado, en general, mediante un monopolio legal y en planificación central[1]. Las razones por las que esto se hace así son muy diversas y hasta pueden sonar lógicas; no voy a entrar en ellas, pero sí quiero recordar al lector que este sistema tiene poco más de un siglo de historia, y que en el pasado no era así, existiendo, en general, competencia de monedas y emisores, por llamarlos de alguna manera.

Contrariamente a la mayor parte de los bienes, el dinero está presente en todas las actividades económicas y en casi todas las transacciones entre individuos. Por ello, cualquier economista que conozca los efectos negativos de los monopolios legales, debería poder fácilmente extrapolar los riesgos que supone un monopolio legal en la “sangre” del sistema. Por ejemplo, el monopolista podría dar el dinero recién creado en condiciones distintas a según qué empresas, o incluso denegárselo, y de esta forma decidir ganadores y perdedores en la economía.

El problema se agudiza en un entorno de tipos de interés artificialmente bajos (y digo “artificialmente” porque son obra de ese monopolista legal y no reflejan las preferencias de los individuos: ¿cómo va a querer alguien que le quiten dinero por ahorrarlo?), en el que las empresas han tendido a sobre-endeudarse como consecuencia de dichas señales erróneas. Así, se ha generado una enorme dependencia económica de la deuda[2], por lo que diferencias en las condiciones de acceso a la misma suponen la diferencia entre viabilidad y desaparición para muchas empresas.

La solución a esta evidente amenaza ha consistido en dotar a los bancos centrales de una exquisita independencia del poder político, y en definir de forma precisa sus objetivos, tradicionalmente definidos en función de la inflación. Vamos, que han de tratar a todos los bancos por igual con respecto al dinero creado en la búsqueda de ese objetivo de estabilizar los precios, o estabilizar el valor del dinero[3].

Hasta aquí todo fenomenal. Pero ¿qué ocurre si se utiliza el banco central como herramienta para conseguir otros objetivos en el mercado? Acabamos de ver el potencial de los bancos centrales como planificador central: con sus decisiones, pueden elegir ganadores y perdedores, con independencia de las preferencias de los individuos. Si, por ejemplo, el banco central decide que no se han de dar préstamos a las tiendas de mascotas, ¿qué viabilidad tendrán éstas?

Para mi sorpresa, algo parecido, aunque con muchos más grados de sutileza, está ocurriendo. Resulta que el Banco Central Europeo ha decidido la inclusión de riesgos relacionados con el cambio climático en la valoración de los riesgos de los bancos a que supervisa: “Climate-related risks can be captured in risk categories that are already used by financial institutions and reflected in the Basel Framework, for example credit risk, market risk, liquidity risk and operational risk.[4]. Además, ahondando en dicha sorpresa: “it is becoming ever clearer that beyond climate-related risks, biodiversity loss could also be a source of material financial risks.” Como lo leen.

Anécdotas aparte. ¿qué significa todo esto? No siendo experto en regulación bancaria y financiera, quizá me equivoque en mi análisis. Pero al menos quiero dejar claro lo que pienso que significa. Si me equivoco, tanto yo como mi paz mental agradeceremos la enmienda.

Mi lectura es que los activos de los bancos (que son, principalmente, inversiones o préstamos en terceras empresas) se van a calificar no solo en base a los riesgos tradicionales (crédito, mercado, liquidez y operativos), si no también en base a riesgos climáticos. Esto es, según la “neutralidad” que el proyecto empresarial presente respecto al medio ambiente. Así pues, si el proyecto se juzga nocivo para el medio ambiente, su riesgo tenderá a ser mayor, y, en consecuencia, serán peores sus condiciones para acceder al crédito. Los bancos quedarán disciplinados como correa de transmisión, en la medida en que el riesgo global de su cartera les penaliza en su acceso a los recursos del BCE.

En resumen, se permite al BCE (no sé si a otros bancos centrales también) discriminar en el acceso a fondos según la actividad empresarial. Hasta dónde yo sé, esto carece de precedentes. Por el contrario, sienta uno peligroso en cuanto a dirigismo de las economías de la zona Euro.

No voy a discutir la base científica del cambio climático que es en lo que se apoya la clase política para este proyecto de tintes soviéticos. Incluso podemos aceptar que no haya dudas sobre tal fenómeno (cuya evidencia se construye con modelos a 30 años vista, como si alguno de ellos pudiera prever siquiera qué va a pasar la próxima semana). El problema es que esto abre una puerta a este uso torticero del monopolio legal auto-conferido por los Gobiernos. Y no sólo eso, sino que también existe una hoja de ruta clara por la que es fácil adivinar que pueden seguir estos derroteros de planificación central. Esa ruta se llama objetivos ESG[5] (“Environmental, Social and Governance”) y está ya presente en muchos gestores de fondos, empezando por el más voluminoso del mundo, Blackrock.

Así que, si atribuir riesgos climáticos dentro de los bancarios se impone, ¿por qué no poner riesgos relacionados con políticas de género o con cualquier cosa políticamente correcta que se les ocurra a los inconscientes planificadores centrales?

Por supuesto, Blackrock es libre de escoger como invierte el dinero de sus inversores; si el mercado no está intervenido, sus fondos ESG tenderán a dar menos rentabilidad que fondos análogos que solo se guíen por este último criterio, y será la decisión de los partícipes si prefieren más rentabilidad o estar socialmente comprometidos en los términos propuestos por Blackrock. Pero la cosa es muy distinta si el que está imponiendo su preferencia es el monopolista legal en la emisión del dinero, porque entonces nos está comprometiendo a todos con sus criterios, estemos o no de acuerdo con ellos.

Lógicamente, los lectores que crean en la democracia se preguntarán de qué vale votar “Libertad” si al final los organismos independientes nos pueden implantar la planificación central por la puerta de atrás. A ver si encuentran respuesta.


[1] El “en general” es para que no me acusen los lectores de olvidarme de Bitcoin y otras criptomonedas. 

[2] Casualidades del destino, parece que estos días el Bank of America está advirtiendo sobre que “los riesgos de fragilidad en el mercado son los más altos de la historia debido a la alta dependencia de la Fed”. Ver la noticia de El Economista: https://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/11211196/05/21/BofA-alerta-de-que-los-riesgos-de-fragilidad-en-el-mercado-son-los-mas-altos-de-la-historia.html

[3] Si alguien tiene dudas sobre el objetivo principal del BCE solo tiene que mirar el artículo 127.1 del Tratado de la UE.

[4]All the way to zero: guiding banks towards a carbon-neutral Europe”, Keynote speech by Frank Elderson, Frankfurt am Main, 29 April 2021. Disponible en https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2021/html/ecb.sp210429~3f8606edca.en.html

[5] Environmental, Social and Governance