Ir al contenido principal

Bienestar Sustentable: capacidades y libertades

Jhoner Perdomo 1*, Mauricio Phélan C 1 and Sary Levy-Carciente 1,2

1Universidad Central de Venezuela. Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales.

2Academia Nacional de Ciencias Económicas. Venezuela.

*Correspondencia: jhonerperdomo@gmail.com.

Nota: El artículo recoge información contenida en Bienestar Sustentable. Una forma de hacer vida, una forma de hacer política (Ed. Universo de Letras, Madrid).

Los modelos de desarrollo y bienestar actualmente están evolucionando hacia perspectivas multidimensionales, destacando elementos éticos que respeten valores y principios consustanciales a la condición humana -desarrollo en libertad- y de sostenibilidad, tanto ambiental como temporal, fomentando una consciencia sobre la responsabilidad de las generaciones presentes.

El desarrollo en libertad nos invita a incorporar el valor que tienen las capacidades de las personas para forjar su propio desarrollo. Esa capacidad que tienen los propios individuos se potencia con otras capacidades, oportunidades sociales y libertades para lograr el florecimiento humano y el bienestar de las personas, basado en lo que el individuo valora en ser y hacer. En ese sentido, en la medida que el individuo logre más capacidades, podrá ir ampliando sus libertades y a su vez generando mayor bienestar.

Uno de los principales desafíos para el desarrollo en libertad es incorporar las condiciones futuras del bienestar manteniendo las libertades presentes y futuras. Lograr resultados positivos, considerando el costo que ello puede tener para las futuras generaciones e inclusive la suya en un momento futuro. Ello es: una persona puede estar disfrutando de cierto nivel de bienestar hoy, sin percatarse de estar reduciendo o suprimiendo sus libertades y capacidades de su propio bienestar en el futuro. En muchos casos, incluso, sin poder tomar decisiones como agente de su propio bienestar. Asimismo, sus decisiones presentes tendrán impacto en las capacidades y libertades de las siguientes generaciones.

Un modelo de desarrollo puede ser considerado como generador de bienestar si el mismo es sustentable en el tiempo. Precisamente la cuestión no es qué modelo genera más bienestar, sino cuál genera más bienestar de forma sustentable en el tiempo, ¿cuál otorga las mejores garantías para que ese bienestar que ostentan los países llamados desarrollados, o quiénes quieran alcanzarlo, perdure? Así, es evidente la necesidad de cambiar la perspectiva de lo que es un bienestar presente aceptable.

En ese sentido, el bienestar debe ser más que una forma de vida del presente y plantear una alternativa basada en el Bienestar Sustentable, que permita crear más condiciones para la sustentabilidad y mayor responsabilidad. En este orden de ideas, las personas tomarán decisiones para su bienestar actual, considerando el riesgo y los costos que eso implica para su propio bienestar futuro y el de otros. El bienestar actual condicionado por el futuro favorece la creación de consciencia y el fortalecimiento de una ciudadanía libre y responsable. Ello a su vez induce a considerar las múltiples aristas del desarrollo concibiéndose bajo un enfoque multidimensional y de capacidades que habilitan y potencian al individuo en sociedad.

Para poder afirmar que algo es sustentable, es necesario incorporar todas las dimensiones asociadas al bienestar: debe ser sustentable económicamente, porque de lo contrario generaría una deuda social inaceptable; debe ser sustentable políticamente, porque de lo contrario limitaría la gobernabilidad; debe ser sustentable culturalmente, porque de lo contrario generaría tensiones que atentaría con la paz; debe ser sustentable ambientalmente, porque de lo contrario se alterarían las posibilidades ecológicas; y naturalmente, debe ser sustentable éticamente, porque estos fundamentos no son negociables. Las dimensiones deben estar equiparadas a fin de garantizar la armonía entre ellas, con la finalidad de integrar una visión temporal de la sustentabilidad entre presente y futuro.

Es también importante reemplazar la visión de medición de resultados – más asociadas al ahora y a los enfoques actuales de desarrollo – incorporando la de capacidades que permite obtener las condiciones asociadas para la sustentabilidad del bienestar. Amartya Sen plantea que la sustentabilidad es el impulso de las capacidades del presente, sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras; ya que desconocemos en el presente lo que ellos valorarán en ser y hacer, y suponerlo es una supresión de sus libertades. Entonces ¿Qué condiciones generan capacidades? Y la respuesta es que éstas son múltiples y diversas: desde la institucionalidad, la democracia, la educación, la familia, el derecho de propiedad, o en general el estado de derecho, las libertades, entre otras. Son condiciones que en sí mismas generan capacidades y sustentabilidad.

Lo anterior sienta las bases de una concepción más amplia de bienestar. Al incorporar sus condiciones futuras, se abre un camino para alcanzar la sustentabilidad. Es decir, un Bienestar Sustentable. Al integrar el enfoque de capacidades y el enfoque multidimensional del bienestar nos lleva a considerar las capacidades centrales propuestas por Martha Nussbaum. Las 12 dimensiones del Bienestar Sustentable serían entonces: Vida; Salud Física; Integridad Física; Sentidos, Imaginación y Pensamientos; Emociones; Razón Práctica; Afiliación: Amistas, Afiliación: Respeto; Relaciones con otras especies, Control sobre el Juego y la distracción, Control sobre el entorno Político; y Control sobre el entorno Material. Agregándolas en cuatro grandes macro-capacidades, tendríamos: (1) Cuerpo: como elemento que nos conecta físicamente con el mundo, el cual, se debe mantener con salud e integridad hasta su muerte natural de ser posible; (2) Mente: para ser capaces de pensar, sentir las emociones y concretar el razonamiento de la buena vida y las virtudes en la que debemos ser y hacer; (3) Relaciones: y (4) Manejo del Entorno que permite contactarnos con la sociedad y con la naturaleza, para poner en práctica las virtudes y nuestras libertades. Véase la Figura 1.

Plantear el Bienestar Sustentable desde el enfoque de capacidades, tiene como hipótesis que en la medida que existen mayores capacidades, oportunidades y libertades, habrá mayores posibilidades de que dichas condiciones generen sustentabilidad. Así, en el tiempo, las personas tendrán garantías para poder ser y hacer lo que valoran, incrementando sus libertades y su bienestar. Entonces para un Bienestar Sustentable se debe considerar los riesgos hacia el futuro por medio de las condiciones existentes para que el bienestar sea sustentable en el tiempo, y esas condiciones estén basadas en las capacidades del presente.

Partiendo de estos elementos teóricos, se realizó una prueba estadística con los países de Latinoamérica. Para ello, se consultaron diversas bases de datos: Latinobarómetro, LAPOP, Foro Económico Mundial, Banco Mundial, diversas instancias de las Naciones Unidas, CATO, HERITAGE y FRASER, así como empresas internacionales como GALLUP y Google, entre otras. Se seleccionaron un total de 116 indicadores distribuidos entre las 12 dimensiones y se aplicó un análisis de correspondencias múltiples (ACM).

Los países de la región con los mejores resultados y por lo tanto con condiciones del Bienestar Sustentable son Uruguay, Chile y Costa Rica (ver Fig. 2). Son países donde las personas tienen las mejores garantías para que en el futuro puedan tener mayores oportunidades para ser y hacer lo que valoren. En el caso de Uruguay se puede notar la armonía favorable en las diversas dimensiones, lo que representa un modelo a estudiar y posiblemente a replicar.

En conclusión: el modelo de Bienestar Sustentable ofrece un enfoque de desarrollo integral, que rescata tanto valores éticos como de sustentabilidad (temporal y ambiental) favoreciendo así la concientización de una ciudadanía libre y responsable. Este trabajo permite mostrar que no solo son fundamentales los valores en su concepción y dimensionamiento, sino que es factible su medición para guiar la toma de decisiones tanto públicas como privadas.

Referencia

Perdomo, Jhoner; Phélan, Mauricio and Levy-Carciente, Sary (2021). El Bienestar Sustentable. Una forma de hacer vida, una forma de hacer política. ISBN: 9788418570636. 344pp. Madrid: Editorial Universo de Letras. Disponible en: https://n9.cl/jhoner

Mises no comprendió a Menger III

El objetivo de mi comentario en el instituto Juan de Mariana es hablar de Bitcoin desde la perspectiva de lo que puede aportar para nuestra libertad. En ocasiones anteriores he tratado cuestiones sobre teoría monetaria y sobre teoría del intercambio porque considero que son cruciales para poder entender Bitcoin.  

Más concretamente analicé el encaje de Bitcoin con la teoría monetaria dominante en la tradición austriaca, que es la teoría de Ludwig von Mises, y que la verdad, tiene un encaje bastante malo. La teoría de Mises no explica bien Bitcoin; Bitcoin es real, y una teoría que no explica bien la realidad no es una buena teoría.

Uno de los problemas de la teoría de Mises es que, como ya he comentado en ocasiones anteriores, no presta demasiada atención a la teoría de las mercancías. Es decir, a los bienes que utilizamos como medios de intercambio pero que no son dinero. Mercancía es todo lo que cada uno de nosotros producimos o adquirimos que no es para nuestro autoconsumo sino para obtener algo a cambio, que en una economía altamente especializada tiende a ser prácticamente la totalidad de nuestra producción.

Por ejemplo, un abogado puede que alguna vez se preste servicios a sí mismo, pero la mayoría de sus servicios los realiza para obtener algo a cambio. Es decir, sus servicios prestados a terceros son para él un medio de intercambio, una mercancía. 

No voy a negar que el significado popular de mercancía no cuadra demasiado con lo que digo en el párrafo anterior, pues por mercancía solemos entender un bien tangible que además puede consumirse. Y de hecho este significado es el que utiliza Mises en su teoría.

Sin embargo, Carl Menger utiliza un significado radicalmente opuesto a la acepción popular, y tiene muy buenas razones para hacerlo. Para Menger un bien es una mercancía en tanto en cuanto sólo tiene valor de cambio para su propietario. Es decir, el propietario no tiene ninguna intención de consumir el bien sino de volverlo a vender. Y en el momento que este propietario o el siguiente consumiera el bien, entonces dejaría de ser una mercancía.

Por tanto, según esta definición utilizada por Menger es fácil concluir que el dinero es siempre una mercancía, pues los propietarios no lo poseen con intención de consumirlo sino con intención de intercambiarlo más tarde o más temprano. Y los bienes que no se pueden consumir, como la moneda fiat o Bitcoin, son mercancías en estado puro. Una mercancía es además dinero cuando su vendibilidad es muy alta, cuando es generalmente aceptada para los intercambios.

Como Bitcoin es una mercancía o medio de cambio pero no es generalmente aceptado, necesitamos una buena teoría de las mercancías para poder explicarlo. Y la más rigurosa y acertada en mi opinión es la teoría de Menger que le dedicó el capítulo VII entero en sus Principios de Economía política. Cabe destacar el siguiente comentario de Menger en este mismo capítulo:

“Como en otras cuestiones, también en este punto mantiene Schmalz una teoría muy peculiar. Confunde en su obra (Staatsw. in Briefen, 1818, I, pág. 63), a consecuencia de su errónea concepción de la relación entre el dinero y las mercancías, la idea de mercancía con la de bienes de uso en el estricto sentido de la palabra y llega, por tanto, a una definición científica de las mercancías radicalmente opuesta a la que hemos ofrecido más arriba.”

Este comentario es directamente aplicable a Mises, que por mercancía entiende bien de uso o consumo, justo lo contrario que Menger. En la teoría de Mises no cabe la posibilidad de que un bien tenga valor solo por ser única y exclusivamente un medio de cambio. Para Mises, el bien tiene que ser de consumo, o al menos tiene que tener una relación de convertibilidad histórica anterior, directa o indirecta, con un bien de consumo. Por tanto la teoría de Mises no puede explicar Bitcoin, pues Bitcoin es un medio de cambio “puro” desde que se inventó.

Satoshi Nakamoto intercambió su esfuerzo y su electricidad a cambio de unidades de Bitcoin, y basta observar como bautizó a su criatura, leer su whitepaper o sus comentarios en diversos foros para llegar a la conclusión más que razonable de que él valoraba más esas unidades de Bitcoin que su esfuerzo y su electricidad porque consideraba que Bitcoin podría llegar a ser demandada como medio de cambio en el futuro, y no por ninguna otra razón. 

Se podría decir que ese “podría llegar a ser” es un futurible, una utilidad especulativa y por tanto no es una utilidad real.  Creo que esto es irrelevante, pues eso pasa con cualquier otro invento nuevo, no es especial de los bienes que solo sirven como medio de cambio.  Cuando alguien inventa algo nuevo siempre lo hace de manera especulativa, no tiene la certeza de que los demás lo vayan a demandar. Y además esto pasa también con bienes que no son nuevos.  ¿Cuántas veces un comerciante se tiene que “comer” su mercancía (ropa, alimentos, etc) porque no consigue venderla?

Toda acción humana mira siempre hacia el futuro, especula con el futuro y conlleva más o menos incertidumbre. Bitcoin, por supuesto, no estuvo exenta de esa incertidumbre en su concepción, ni tampoco lo está ahora por mucho que ya se esté utilizando como medio de intercambio. 

En conclusión, observar el carácter de mercancía de Bitcoin, siempre según Menger, nos permite entenderla y explicarla mejor.  No tiene demasiado sentido pretender encajarlo en la teoría del dinero cuando todavía no lo es, y además podría no llegar a serlo nunca.  Esto no quiere decir que no pueda ser útil como mercancía, pues podría cumplir funciones complementarias a las del dinero como por ejemplo intermediar intercambios a más largo plazo, de forma análoga a como el oro las cumple actualmente a pesar de no ser dinero. 

No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”

F.A. Hayek, 1984

Mises no comprendió a Menger I

Mises no comprendió a Menger II

La concepción del Estado y la democracia en la teoría marxista

Hace escasamente un mes se originó en Twitter, a raíz de unas declaraciones de la Ministra de Trabajo sobre comunismo y democracia, un interesante debate acerca de la concepción del Estado y la democracia liberal en la teoría marxista. Leyendo a ciertos marxólogos como Callinicos (2011), se me ocurrió profundizar en el asunto y tratar de expandir mi argumento sobre por qué el marxismo clásico y la democracia liberal son antagónicos y se repelen entre sí por sus propias bases teóricas. No es poca la influencia de las ideas marxistas en el campo de la teoría democrática, siendo más relevante incluso la fuente de la que emana dicha teoría en la escuela marxista: la concepción del Estado por parte del filósofo prusiano.

La concepción de Estado y democracia en la teoría marxista van inextricablemente unidos al funcionamiento del sistema capitalista y las teorías de Marx en torno a este. La idea principal de Marx en este sentido es que la existencia de un gobierno democrático es imposible en una sociedad capitalista. Según Marx, la concepción liberal del Estado (Locke, Mill…) es una mera ilusión, debido a que la libertad formal y la igualdad ante la Ley y en materia de derechos individuales se verían afectados por efectos parciales de las medidas de ese mismo Estado, que nunca serían neutrales, debido a la imposibilidad de la “neutralidad estatal”, tan perseguida en ocasiones por muchos liberales. Acorde a la teoría marxista, el Estado defendería los intereses de la clase capitalista, ya que esta sería a su vez la base material de la propia estructura estatal.

Es por ello por lo que Marx ve las capacidades transformadoras de movimientos como el del sufragio universal como extremadamente constreñidas por la desigualdad existente entre las diferentes clases sociales y las consecuencias propias de dicha estructura de clases en lo referente al acceso al poder político y socioeconómico, encontrándose íntegramente ligados, según Marx. Marx, por tanto, se opone frontalmente a la democracia representativa y pone constantemente en tela de juicio su funcionamiento y estructuras. Para Marx, las elecciones y el voto son un medio incapaz de controlar los poderes del Estado o variar mínimamente su funcionamiento. Marx ve al Estado meramente como un ente coordinador de una sociedad de clases en pro de la clase dirigente, siendo esta la poseedora del poder económico.

Una de las obras de las que creo que más se puede extraer acerca de la concepción marxista del Estado es El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852). Dicha obra analiza la llegada y asentamiento en el poder de Luis Bonaparte entre 1848 y 1852, describiendo los medios a través de los cuales el mandatario francés logró acumular poder y centralizarlo en el ejecutivo, erosionando la capacidad de influencia de la sociedad civil sin poder económico sobre el destino de la nación y el funcionamiento del Estado. En este libro, Marx elimina cualquier halo de bondad o benevolencia de la figura del Estado y lo representa como un agente político que ejerce coerción sobre la sociedad civil de manera constante y cuyas acciones no dependen de los designios ni deseos de esta. Para Marx no es la sociedad civil la que modela al Estado, sino que son el Estado y sus múltiples instituciones asociadas las que constriñen los poderes de la sociedad civil (tanto en el plano económico como político) y la modelan al antojo de los planes de este gran ente, situándolo como uno de los principales agentes de la superestructura.

Marx ve al Estado como una fuerza coercitiva y coaccionadora de la sociedad civil por la influencia que sobre él ejerce la clase económicamente dominante. El Estado previene cualquier movimiento social contrario a los poderes establecidos, reprimiendo cualquier fuerza que trate de alterar el orden políticamente predominante, como sería el caso de la revolución proletaria. El Estado, por lo tanto, funcionaría como un mecanismo de defensa y protección de los poderes fácticos y no un mecanismo de coordinación de los intereses y designios de la sociedad. La tesis principal de Marx en lo que respecta su concepción del Estado se basa en que, en un orden económico de carácter capitalista, el Estado jamás podrá llegar a ser independiente de la clase económicamente dominante, es decir, de aquella que controla los medios y procesos de producción, ya que el poder y continuidad del Estado dependerían en gran parte de las bases materiales de la sociedad, como ocurrió en el caso de Luis Bonaparte y su protección de los intereses económicos y el poder material de la clase capitalista durante la Segunda República en Francia.

Para Marx la distribución del poder económico va estrechamente ligada a la distribución del poder político (un asunto que recientemente ha tratado Thomas Piketty desde una renovada perspectiva). Tal y como Marx pone de relieve en el Manifiesto Comunista (1848), el Estado ejercería de mero comité coordinador de los intereses de la burguesía, sirviendo para resolver conflictos de interés entre distintas facciones del poder económico y coordinar las diferentes fuerzas que conforman a este. El limite de acción del Estado, de acuerdo con la teoría marxista, sería aquel en el cual la actuación del ente estatal tuviera efectos perniciosos para la acumulación de capital en la economía, ya que estaría erosionando las bases materiales del propio Estado, siendo las relaciones de producción la principal brújula de la acción estatal. Por ello, Marx cree que los mecanismos constitucionales de control y limitación del poder del Estado, propios de las democracias liberales, no son más que un sistema de legitimación y defensa de los intereses de la clase capitalista. Por lo tanto, el marxismo clásico argumenta que la libertad propia de las democracias de corte liberal no es más que un elemento puramente formal, ya que la igualdad material sería un eje fundamental para la verdadera construcción de la libertad de la sociedad civil y, hasta que dicha libertad real no sea alcanzada, no se podría construir una verdadera democracia. Siguiendo esta línea argumental, las tesis marxistas defienden la necesidad del derrocamiento del sistema capitalista y sus estructuras previamente a la instauración de la democracia real, únicamente realizable en el sistema comunista.

Llegados a este punto debemos tratar de entender cual es el concepto de democracia en el marxismo y que implicaciones políticas tiene. La realización de la democracia, en la teoría marxista va inextricablemente ligada a la llegada al estadio del comunismo, basando la idea de libertad en una planificación económica centralizada, la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción y su colectivización, y la obligación de trabajar, llegando así a una igualdad material relativa (“De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades”), que llevaría a la realización plena de la libertad. Es decir, frente a la democracia liberal y representativa, Marx propone un modelo de democracia obrera y participativa (entendido esto último como algo muy cercano a ciertos modelos de democracia directa). Un caso en el que dicho modelo fue aplicado prácticamente en su plenitud fue la Comuna de París, en la que todos los políticos y funcionarios públicos permanecían en un estatus de permanente revocabilidad. Marx reniega completamente del modelo de democracia representativa y teoriza un modelo en el que la participación de la ciudadanía en la política no es únicamente un derecho, sino una condición sine qua non para el correcto funcionamiento de la democracia participativa.

Finalmente, a lo largo de los últimos 170 años, no todos los marxistas permanecieron en estas posiciones, y muchos teóricos de la segunda y tercera Internacional, como es el caso de Eduard Bernstein, teorizaron un revisionismo marxista que aceptaba las instituciones y funcionamiento propios de la democracia representativa, defendiendo la idea de que dichos elementos podrían proveer de poder de emancipación a la clase obrera a través de la representación política y la canalización de los intereses del proletariado mediante los partidos. Pero ese, es tema para otro artículo.

Referencias:

Callinicos, A. (2011). The revolutionary ideas of Karl Marx. Haymarket Books

Engels, F., & Marx, K. (1848). Manifiesto comunista. Alianza Editorial.

Marx, K. (1852). El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Alianza Editorial.

Billetes de banco, certificado de depósito y décimos de Manolita

Se mantiene vivo un debate dentro de la Escuela Austríaca sobre si la banca con reserva fraccionaria—sistema mediante el cual la banca puede emitir activos financieros mediante préstamos a la vista—puede y debería existir. Parte del debate entre aquellos que defienden que por mandato los bancos deben mantener un coeficiente de caja del 100% y los que creen que deben ser los bancos quienes a través de la libre competencia regulen sus activos, e el origen de los bancos como almacenes de depósitos y la posible corrupción de estos a entidades que además comerciaban con el dinero depositado.

Según Rothbard (1991), Hoppe (1994), Huerta (1998) y otros autores, los bancos nacieron como almacenes de depósito y los billetes de banco, antes de ser pagarés a la vista del portador, eran certificados de depósito. Los bancos, su teoría afirma, nacieron como almacenes con dos motivos principales: la guarda y custodia del oro y la emisión de certificados de depósito para reducir costes de transacción. El contrato mediante el que se comerciaba con los bancos era únicamente el deposito. Por la naturaleza de los contratos de deposito, el depositario no podía disponer de los bienes depositados, es decir, los banqueros no podían hacer uso del dinero como deseasen.

No obstante, con el tiempo, los banqueros se dieron cuenta de que no todos los depositantes requerían de su dinero a la vez y que gran parte del oro almacenado permanecía sin uso. Por tanto, empezaron a emitir más certificados de deposito que oro tenían en sus cajas fuertes para aumentar sus beneficios a costa de violar el contrato de deposito. El Estado les permitió llevar a cabo esta actividad fraudulenta y además les concedió privilegios como la institucionalización de un prestamista de última instancia para cubrirles en caso de pánico bancario. O eso cuenta la historia que los ciemporcientistas suelen citar.

Una objeción clara a esta teoría y que he visto pocas veces planteada (a George Selgin en su debate con Robert Murphy y a Capella (2009)), es que los certificados de depósito difícilmente podrían funcionar como billetes porque alguien debería estar pagando por el ejercicio de depósito. El contrato de deposito es un contrato de prestar un servicio, el de almacenar y proteger un bien. Este servicio se tendría que pagar con cierta regularidad, digamos mensualmente. Si los certificados de deposito circulasen como dinero, el banco-almacén no sabría a quién cobrarle por este servicio ya que este certificado podría cambiar de manos varias veces por día.

El banco-almacén tampoco podría cobrárselo del deposito, iría en contra del derecho, y de poder, cada nuevo poseedor de un certificado se vería obligado a visitar el almacén para asegurarse que el dinero sobre el que le han dado propiedad está ahí y no ha sido utilizado para cobrarse por el servicio. Los depósitos deberían ser pagados por el depositante original por un cierto periodo de tiempo, digamos tres meses. Si yo pago adelantadamente tres meses de deposito, en esos tres meses no voy a querer circular el certificado porque entonces estaré pagando un servicio para que lo llegue a disfrutar otra persona. Si me espero a que pasen los tres meses para intentar vender mi billete por otro bien, quizá me encuentre en la situación que la otra parte no lo quiera aceptar porque sabe o barrunta que el servicio de guardia y custodia no está pagado y que puede llegar al almacén y no encontrarse nada en caso de querer convertirlo en oro.

Es, por tanto, difícil de aceptar que en algún momento los billetes de banco fueran certificados de deposito. Si vemos imágenes de certificados de deposito, nos entran aún más dudas. En este certificado observamos que el servicio de deposito dura veinte años salvo que se renueve o retire todo, que ha sido pagado para cinco años y que a partir del quinto año el coste será de un 1% del valor del dinero depositado. Es difícil de creer que un título a un bien hasta veinte años salvo que se renueve—acto el cual deberá hacer el depositante original—que hasta dentro de cinco años tiene incentivo para no mover el billete y con un coste del 1% anual—otra de las ventajas de los préstamos a la vista frente a los depósitos a la vista: te generan un interés—.

Este modelo de certificado presenta una nota al final donde indica que ‘‘la facturación no se podrá realizar a terceros sin vínculo contractual con ALSUR […]’’, es decir, una vez pasa de manos, el depositante original continuará siendo el encargado de pagar por el deposito, que podrá hacerlo y asegurarle a quien lo tenga que aceptar que lo hará y esperar a que este confíe en él y además espere que terceros confíen en la palabra del depositante original, o no hacerlo y tener que retirar su dinero de ahí o defraudar a alguien dispuesto a aceptarlo.

Entonces, ¿qué son los billetes de banco si no son ni han sido certificados de deposito? Como bien define Capella (2009), ‘‘ son ‘‘pagarés, pasivos bancarios, documentos que representan deuda y que certifican derechos de cobro’’. Los billetes siempre han funcionado como tal. La reserva fraccionaria, más concretamente el contrato de préstamo a la vista, ha estado aceptado tanto por el derecho Romano como el derecho anglosajón. El derecho Romano permitía estos contratos mediante las figuras del  mutuum, el mutuum con stipulatio, el stipulatio o el depositum irregulare (Collins and Walsh 2014). El derecho anglosajón, por otro lado, contaba con lo que Selgin llama “the bagging rule” (2017; Fox 2015), se entendía que salvo que el dinero se depositase en una bolsa cerrada u otro objeto que indicase que no se podía acceder a él, el banquero podía disponer de ese dinero libremente para realizar préstamos a terceros con el requisito de que tuviese la cantidad demandada por el depositante a la vista.

Dejando de lado el revisionismo histórico e independientemente de si los bancos funcionaron únicamente como almacenes de dinero o no así o no, los mismos argumentos se pueden esgrimir contra aquellos que sí que quieren implantar este sistema. Difícilmente podrían los certificados de deposito circular como billetes bancarios sin un gran descuento. Un sistema donde solo el coeficiente de caja del 100% estuviese permitido tendría que lidiar con este problema e incluso ponerse de acuerdo entre todos y cada uno de los agentes de esa economía para solo intercambiar los billetes mensualmente, con el pago de cada nueva factura del almacén, pero eso les requeriría funcionar a crédito hasta que se liquidasen los pagos, lo que dudo que aceptasen.

Lo que definitivamente no son los billetes de banco es décimos de lotería como algunos (Block 1988, 30–31; Hoppe 1994, 71; Huerta de Soto 1998, 554) apuntan. Aún si se sufriese un pánico bancario y todos los clientes buscasen recuperar su dinero, los bancos aún tendrían otras maneras de pagar sus deudas: liquidando otros activos, incluso su patrimonio neto o negociando una novación.

Referencias

Block, Walter E. 1988. “Fractional-Reserve Banking: An Interdisciplinary Perspective.” In Man, Economy, and Liberty: Essays in Honor of Murray N. Rothbard, edited by Walter E. Block and Llewellyn H. Jr. Rockwell, 24–31. Auburn, United States: Ludwig von Mises Institute.

Capella, Francisco. 2009. “La Banca Con Eeserva Fraccionaria.” Liberalismo.Org, 2009.

Collins, Andrew, and John Walsh. 2014. “Fractional Reserve Banking in the Roman Republic and Empire.” Ancient Society 44: 179–212.

Fox, David. 2015. “Banks v Whetson (1596).” In Landmark Cases in Property Law, edited by Simon Douglas, Robin Hickey, and Emma Waring. London, United Kingdom: Hart Publishing.

Hoppe, Hans-Hermann. 1994. “How Is Fiat Money Possible? Or, The Devolution of Money and Credit.” The Review of Austrian Economics 7 (2): 49–74.

Huerta de Soto, Jesús. 1998. Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos. Madrid, Spain: Unión Editorial.

Rothbard, Murray N. 1991. What Has Government Done to Our Money? Auburn, United States: Richardson & Snyderises Institute.

Selgin, George. 2017. “The ‘Bagging Rule’ – Or Why We Shouldn’t Arrest (All) the Bankers.” Alt-M, September 6, 2017.

El centrismo moderado y la libertad

Uno de los numerosos memes que han inspirado el tema de las acciones de GameStop es un gráfico de Nolan donde los cuatro cuadrantes ideológicos aparecen felices mientras el centro llora desconsolado. Es muy divertido, pero bastante injusto con el centro político.

¿Por qué? Pues porque algo que alegra a todos los extremos del cuadrante, por definición, no puede molestar a la mayoría de las personas que se sitúan en el centro. Cuando no entiendes qué está pasando, pero todo el mundo es feliz ¿para qué preocuparte?

Con la polémica sobre los youtubers que van a fijar su residencia en Andorra la cosa cambia. Aquí hay tres cuadrantes a los que no le hace gracia el asunto, y otro que está feliz de que por fin el tema de los impuestos vuelva a primera fila del debate político. 

El centrista moderado random está confuso: los impuestos son buenos; pagan la sanidad y la educación. Pero emigrar de tu país nunca ha sido moralmente reprochable. Además, parece razonable pedir que los servicios que se reciben del Estado sean mejores que lo que son. Aunque chavales que ya son ricos podrían mostrar más solidaridad con sus conciudadanos. ¡Es todo muy confuso!

Cuando tu brújula moral no apunta a ninguna parte todo es fácil si no te tienes que mover. El problema empieza cuando el agua empieza a cubrir tus rodillas y tienes que decidir a dónde ir.

Una parte de esa agua es el teletrabajo. Algo que empieza a permitir a mucha gente deslocalizar sus servicios de allí donde residen. O dicho en cristiano: puedes trabajar para cualquiera sin importar las fronteras.

El éxito del teletrabajo es algo que ha surgido de la tecnología. Poder realizar un trabajo para otra persona que está a miles de kilómetros de ti (sin tener que transportar mercancía alguna) no ha sido fruto de un plan quinquenal o de una campaña de activismo. Simplemente podemos hacerlo con la tecnología actual, y esa misma tecnología lo irá haciendo cada vez más simple.

Lo que sí va a ser fruto de miles de mentes brillantes al servicio del mal es la reformulación del término frontera. 

Una frontera es el confín de un Estado. Todos entendemos que se refiere a su territorio físico. Hemos asumido que estas líneas en los mapas son importantes. Los que tenemos la suerte de vivir en occidente podemos cruzarlas, pero siempre consultando antes las leyes peculiares que los distintos burócratas han escrito sobre ellas. ¿Puedo cruzar con mi mascota? ¿Cuánto dinero en efectivo puedo llevar? ¿Qué tipo de comida?¿Cuánto tiempo puedo permanecer al otro lado?

Un incordio, sin duda, pero al menos todo se circunscribe a idea muy sencilla: estás bajo la jurisdicción de un Estado o de otro según el territorio que pises.

El mundo virtual complica mucho las cosas. Un ciudadano español trabajando para una empresa de Texas desde Segovia plantea algunos interrogantes. ¿Dónde cotiza? Porque nos han dicho que la seguridad social la paga el empleador, no el empleado. ¿Tendría derecho a una pensión en Estados Unidos? ¿Y qué pasaría con el ya quebrado sistema de pensiones español? ¿Y el IRPF dónde se pagaría? Nos han dicho que los impuestos son para pagar la sanidad y la educación, así que lo lógico sería que se pagaran en el país donde está la sanidad y educación del trabajador. ¿Eso le parecerá bien al Estado que mantiene la empresa en su territorio? ¿Y si ese Estado tiene a personas desempleadas?

Dos Estados grandes pueden llegar a acuerdos. Yo me quedo con esto y tú con lo otro y todos contentos. Pero hay terceros países que pueden ir por su cuenta. Y lo que es más interesante, hay territorios dentro de los Estados actuales que pueden echar cuentas y pensar que les interesa ir por su cuenta.

Los impuestos, como su nombre indica, dependen de la imposición que un determinado Estado puede realizar. Cualquier límite a esa capacidad va a ir seguido de un monumental esfuerzo intelectual para justificar la ampliación del poder estatal para superar ese límite. El objetivo claro va a ser la libertad individual y la capacidad de pequeños territorios para mantener su autonomía fiscal.

La duda va a ser qué postura va a mantener el centro moderado ante esto. ¿Lo moderado va a ser criticar la emigración? ¿Los temas internos de países pequeños van a ser manejados por los grandes con el visto bueno de lo más ilustrado de nuestra sociedad? ¿Hasta qué punto se podría llegar sin poner el riesgo la moderación? ¿Se podría incomunicar a un país si no cumple con los moderados dictámenes de la mayoría? ¿O sería más moderado invadirlo militarmente?

Lo que hemos visto en 2020 deja bastante claro que el optimismo no está justificado. 

La dolarización como herramienta de cambio: Lecciones del milagro ecuatoriano

La dolarización de la economía argentina podría darle inmediatos resultados a nuestro país:

1. Resolveríamos el problema de la inflación alcanzando rápidamente la estabilidad monetaria (algo similar a la hiperinflación de 1989-91 resuelta por la Ley de convertibilidad);

2. Al mismo tiempo las tasas de interés nominales bajarían a un dígito;

3. Al eliminar el riesgo de devaluación, las tasas de interés reales también bajarían (vean el caso de El Salvador);

4. Como consecuencia, sobrevendrían mayores inversiones, generadoras de empleo que a su turno nos permitirán recuperar la economía y emprender un proceso de crecimiento real.

Se dirá que la dolarización es condición necesaria, pero no suficiente para alcanzar el crecimiento real. Se dirá también que miremos el caso de Ecuador para comprender este punto, pues han dolarizado hace 20 años, y no han mostrado ningún milagro económico. Mi respuesta es que quizás el milagro está, pero no lo han podido ver.

El milagro ecuatoriano 

Ecuador tuvo en estos 20 años gobiernos populistas que podrían haber convertido al país en otra Venezuela. Eso no ocurrió. Correa primero, y sus delfines después, chocaron con la imposibilidad de imprimir dinero para expandir el tamaño del estado, imponiendo procesos hiperinflacionarios sobre el Ecuador. Correa atacó la dolarización en diversas ocasiones como aquel sistema que contenía sus intenciones, y eso debe ser visto como el primer milagro económico del Ecuador.

La dolarización resistió a los populismos, y hoy el pueblo acaba de elegir Presidente al único postulante que prometió mantener el esquema. No sólo eso. El nuevo Presidente, el banquero Guillermo Lasso, prometió una modernización financiera para acompañar a la dolarización, además de la liberalización de los mercados y bajas impositivas para atraer capital privado internacional.

La dolarización implica importar una institución monetaria que el propio país no pudo darse a lo largo de su historia. Con ello vienen otros desafíos, pues debe haber equilibrio fiscal, apertura económica y condiciones favorables a la inversión que requieren de múltiples reformas de mercado. 

Numerosos estudios de ciencias políticas muestran que cuando un país es gobernado por un populismo extremo como el que tuvieron Venezuela y Ecuador, la economía entra en un círculo vicioso de pobreza, indigencia, inflación que se profundiza en cada elección por la dependencia de gran parte del pueblo en las cajas de comida que los propios gobiernos reparten. Ecuador hoy logró romper este círculo. La dolarización fue esencial en este cambio que Ecuador está iniciando. 

Está claro que por ahora sólo son expectativas. Hay incontables casos de fracasos en la historia latinoamericana. Pero soy optimista, y el mercado -hasta ahora- también ha mostrado optimismo. 

La dolarización es subestimada en Argentina. Hoy no puedo dejar de pensar qué hubiera pasado si Carlos Menem en su segundo gobierno, o Mauricio Macri, hubieran optado por la dolarización. La historia pudo ser otra.

El visionario Milton Friedman y la economía de China

En octubre de 1976 se anunció que el Premio Nobel de Economía de ese año sería otorgado al economista estadounidense Milton Friedman. Casi exactamente un mes antes de aquel anuncio, Mao Zedong había fallecido. Apenas cuatro años después de su muerte, Friedman visitó China por primera vez. A su regreso, afirmó que China tenía el potencial de replicar el rápido crecimiento económico observado después de la Segunda Guerra Mundial en países como Japón o Alemania. Por aquel entonces, Friedman era quizá el único que veía factible una evolución tan positiva del futuro económico de China.

Es importante recordar que, en 1980, el 88% de la población china todavía vivía en una situación de pobreza extrema. Apenas cuatro décadas después, esa misma tasa ha caído a menos del 1%. Nunca antes en la historia se produjo una reducción tan intensa de la pobreza en un periodo temporal tan corto. Entender cómo fue posible semejante progreso es uno de los grandes retos de nuestro tiempo y nuestra respuesta a esta trascendente pregunta depende, en gran medida, del papel del mercado y el estado en la economía china. 

En 1980, el próspero futuro que acabó exhibiendo China distaba mucho de ser evidente. Friedman se sorprendió porque, durante su visita, comprobó que las obras de Friedrich Hayek no solo habían sido traducidas al chino, sino que eran bastante populares. Por ejemplo, había muchos artículos sobre Hayek en las principales revistas de economía chinas. De igual modo, Friedman se complació al descubrir que algunos economistas chinos ya poseían copias de la edición japonesa de su libro Libertad de elegir, que había sido publicado en el país nipón unos pocos años antes. De hecho, fue conocedor de que ya se estaba preparando una traducción al chino de dicha obra. Según explica en sus memorias, es evidente que Friedman se debatía entre la gran esperanza que albergaba y el lógico escepticismo que le hacía dudar sobre la capacidad de adaptación del régimen comunista. En un informe de 1980 escribió que las reformas económicas de China avanzaban en la dirección correcta, pero añadió que “solo el tiempo nos dirá si se llevan a cabo finalmente y cuáles serán sus efectos”. En aquel momento, estaba convencido de que China experimentaría cierto progreso a corto plazo, aunque mantenía sus dudas sobre las perspectivas de la aplicación de reformas de calado en el más largo plazo.

Friedman visitó China por segunda vez en 1988, de la mano del Instituto Cato estadounidense, un centro de pensamiento de referencia en el mundo libertario que  organizó una conferencia en Shanghái. Aquel era un evento extraordinario en sí mismo. Friedman pronunció un discurso durante el encuentro y no ocultó el hecho de que la transición de la economía planificada al sistema de mercado traería muchos beneficios, pero también implicaría costos considerables. Friedman comentó que, en su opinión, los líderes chinos estaban “seriamente comprometidos con el esfuerzo de transición” y recalcó que “el pueblo chino será el principal beneficiario de su eventual éxito, aunque no el único, porque si este empeño funciona bien, todas las personas del mundo se beneficiarán”. Aquellas palabras fueron casi proféticas. Después de todo, de no ser por el rápido crecimiento de la economía china, la economía mundial no hubiera experimentado un crecimiento tan positivo en las últimas tres décadas. China es ahora el motor de crecimiento que añade más velocidad al ritmo de expansión la economía mundial, pero Friedman identificó el potencial del país asiático ya en 1988.

La postura optimista de Friedman se vio alentada por una conversación que tuvo con el entonces secretario general del Partido Comunista, Zhao Ziyang, a quien describió como un político con una “comprensión realista de lo que significa liberalizar el mercado”. En su autobiografía, Friedman escribe que su conversación de dos horas con Zhao Ziyang le causó una impresión muy positiva: “mostró una comprensión sofisticada de la situación económica y de cómo funciona el mercado. E, igualmente importante, reconoció que se necesitaban cambios importantes – y demostró estar abierto a ellos”.

Cuando visitó Shenzhen, Friedman quedó impresionado por el hecho de que esta pequeña ciudad portuaria que apenas tenía 6.000 habitantes en 1982 se convirtió en una ciudad vibrante, con 500.000 habitantes, en apenas ocho años. Shenzhen fue la primera zona económica especial de China y aplicó los principios de la economía de mercado de forma mucho más fiel que algunos países de Europa o incluso algunas normas vigentes en Estados Unidos. Cuando visité Shenzhen en 2018 y 2019, para dar una conferencia en su universidad, me impresionó enormemente ver que ya se ha convertido en una metrópoli global, con 12,5 millones de habitantes y un increíble espíritu emprendedor.

En 1993, Friedman visitó China por tercera vez. Las impresiones de Friedman fueron más escépticas en esta ocasión que en 1988. Aunque pudo volver a reunirse con el secretario general del Partido Comunista, Jiang Zemin, el intercambio de puntos de vista fue más unilateral. Friedman solo pudo hablar durante diez minutos, mientras que Jiang Zemin monopolizó la conversación y habló durante un total de 45 minutos. Friedman manifestó entonces sus dudas sobre la capacidad de China para seguir recorriendo el camino que emprendió al reconocer el derecho a la propiedad privada e introducir los principios del libre mercado.

Actualmente, en Occidente existe un evidente malentendido a la hora de evaluar qué factores han contribuido en mayor medida al enorme éxito económico cosechado por China. Mucha gente cree que China ha descubierto una ”tercera vía”, un camino entre el socialismo y el capitalismo. Algunos incluso creen que el increíble éxito chino solo ha sido posible porque el estado ha conservado una influencia fuerte sobre la economía. 

En 2018, viajé a Beijing y conocí a Zhang Weiying, un economista chino que se reconoce seguidor de Hayek y Friedman. Weiying se mostró totalmente en desacuerdo con la interpretación predominante en Occidente y enfatizó repetidamente que la única razón por la que el estado sigue desempeñando un papel tan importante en la China moderna es la historia reciente del país, puesto que bajo gobierno de Mao el control de lo público abarcaba casi el 100% de la economía. Weiying me señaló, no obstante, que el éxito económico de China durante las últimas cuatro décadas se basa enteramente en el hecho de que ese enorme peso del estado se ha reducido gradual y progresivamente.

Durante nuestra conversación, Zhang Weiying enfatizó repetidamente que “el ascenso económico de China no se debe al estado, sino que se produce pesar del estado”. Sin duda, Milton Friedman se habría mostrado de acuerdo. Podemos decir que el brillante economista fue uno de los primeros en predecir con precisión el futuro de China. Hoy, como lo confirma un documento de trabajo del Foro Económico Mundial, el sector privado ya es la fuerza impulsora de la producción económica en China: “la combinación 60/70/80/90 se utiliza con frecuencia para describir la contribución del sector privado a la economía china. Ya aporta el 60% del PIB de China, genera el 70% de la innovación, sostiene el 80% del empleo urbano y crea el 90% de los nuevos puestos de trabajo. El sector privado también es responsable del 70% de la inversión y del 90% de las exportaciones”.Friedman, por supuesto, fue crítico con el hecho de que China no introdujese libertades políticas y civiles a la altura de las nuevas libertades económicas. En Chile, vio de primera mano cómo las reformas de libre mercado ayudaron a poner fin a la dictadura militar del país. Sin duda, esperaba que la mayor libertad económica también condujera a una mayor libertad política en China. Sin embargo, a pesar de sus esperanzas, se mantuvo escéptico, y con razón, como sabemos hoy. En cualquier caso, de acuerdo con las enseñanzas de Friedman, el milagro de la economía china confirma que lograr una mayor prosperidad para la gente solo es posible expandiendo los derechos de propiedad privada y promoviendo el libre mercado.

Libre Mercado a ultranza en Liechtenstein

Carlos Angulo Parra y Miguel A. Cervantes G

El mantra de la izquierda es que el capitalismo a ultranza es causa de pobreza, desigualdad, exclusión y explotación de los trabajadores. Sin embargo, no se detienen a analizar a países que practican el libre mercado a ultranza, como es el caso del principado de Liechtenstein. La izquierda radical ha tratado de hacer creer que el éxito de Liechtenstein procede del sector bancario, para minimizar sus grandes logros, pero éstos radican en su sofisticación de libre mercado, que lo aplica a ultranza.

Este pequeño principado, que en 2019 cumplió 300 años de existencia, se encuentra en un sándwich entre Austria y Suiza. El territorio de Liechtenstein cubre un área 160 km2. Está gobernado por el Príncipe Hans Adam II, un monarca comprometido con el libre mercado. Liechtenstein es una de las democracias más avanzadas y directas, con un alto nivel de transparencia y gobierno abierto. Es una monarquía constitucional: el príncipe posee el poder ejecutivo y los ciudadanos el poder legislativo.  

El catolicismo es la religión oficial y tiene la protección del Estado. De hecho es un país fuertemente católico, con grandes tradiciones, y al mismo tiempo un gran respeto a otras religiones. Los católicos son el 79,9% de la población, los evangélicos un 8,5% y los musulmanes un 5,4%.  

El PIB per cápita es de los más altos del mundo el equivalente a $191,790 dólares, por lo que supera a Suiza o Luxemburgo. Están censadas 4.567 empresas, y el 90 por ciento son de menos de 250 empleados, lo que nos indica que Liechtenstein es donde el empresariado está democratizado. Ello equivale a una empresa por cada 8 habitante. Cerca del 38 por ciento de la mano de obra trabaja en la manufactura de alta calidad, y el 60,9 por ciento en el sector de servicios. A ello se añade un 16 por ciento, que trabaja en el sistema bancario. El resto lo hace en servicios de consultoría, auditorias, aseguradoras, consultores corporativos, administradoras de activos y servicios legales. En el último censo, la población de Liechtenstein era de 38.749 habitantes. El porcentaje de extranjeros es del 34,2%. La población de extranjeros residentes en Liechtenstein por nacionalidad es la siguiente: Suiza 3.732, Austria 2.297, Alemania 1.694, Italia 1.183, y otras nacionalidades 4.356 habitantes.

Las características de libre mercado de Liechtenstein las dividimos por 5 componentes: tamaño del gobierno, sistema legal, moneda sana, libre comercio y su sistema regulatorio

  1. Tamaño del gobierno

En cuestión de impuestos, de acuerdo con el bufete Price Waterhouse Coopers, el ISR personal (impuesto sobre la renta) puede llegar hasta 22,4 por ciento entre el tramo federal y el de la comuna. El principado cobra el 8 por ciento y las comunas el resto. Aunque el ISR es bajo, no es el mas bajo a nivel mundial. Hay jurisdicciones que tienen impuestos más bajos como Hong Kong, Georgia y los países del Consejo de Cooperación del Golfo. El impuesto máximo corporativo es del 12.5 por ciento. El impuesto al valor añadido (IVA) es de 7.7 por ciento.

El gasto público como porcentaje del PIB es de 20 por ciento. Es de los más bajos del mundo, de modo que el gasto de gobierno no desplaza al sector privado.

  1. Sistema Legal

En Liechtenstein las personas están protegidas por el Estado de Derecho. El sistema legal de Liechtenstein es de los mejores del mundo por varios indicadores como el de Estado de Derecho del índice de gobernanza del banco mundial.

El registro de bienes raíces no es costoso y es bastante efectivo, tiene alta calidad en la administración catastral. Hacer valer los contratos es menos costoso que el promedio de los países de la OCDE. El sistema legal busca mantener la competencia y evitar prácticas monopólicas nocivas. No existen crímenes contra las empresas, y existe gran estabilidad política. Las reglas del juego no cambian y son previsibles.

  1. Moneda Sana

El principado tiene una unión monetaria con Suiza, y ha mantenido baja inflación, y gran estabilidad monetaria. El IPC en el 2019 fue del 0.4 por ciento, y el IPC promedio de los últimos 10 años ha sido de 0.6 por ciento. Los ciudadanos de Liechtenstein pueden tener cuentas en divisas extranjeras.

  1. Libre Comercio

Liechtenstein tiene gran compromiso con el libre comercio. Para el principado el comercio internacional es el motor de su economía. Desde hace siglos ha mantenido un gran compromiso con el libre comercio, primero con una Unión Aduanera con el imperio Austrohúngaro. Después de 1923, Liechtenstein tiene una Unión Aduanera con Suiza, y el arancel externo de esta unión aduanera es relativamente bajo.  Liechtenstein pertenece a la Asociación Europea de Libre Comercio que Incluye a Suiza, Islandia y Noruega. Por esta asociación, Liechtenstein está integrada al mercado europeo.

Liechtenstein tiene gran diversificación de socios comerciales. Por esta razón el porcentaje del comercio como porcentaje del PIB es uno de los mas altos superando a Suiza, Austria, y Alemania. Algunas de sus empresas exportadoras son: Hilti, (maquinaria para construcción) Vivadent (equipo dental). Liechtenstein tiene procedimientos aduanales agiles y transparentes que facilitan el comercio internacional Tiene una gran globalización financiera de acuerdo con el índice de globalización KOF Liechtenstein está abierto a la inversión extranjera, pero también las empresas de Liechtenstein invierten en el extranjero.

  1. Regulaciones

Tiene una gran competencia en el ámbito bancario, y por ello no existen desbalances macroeconómicos y evita que el gobierno absorba el crédito disponible. Liechtenstein tiene una política fiscal sólida; no tiene deuda, por lo cual tiene el mejor rating de las agencias clasificadoras.

Por lo que se refiere a la regulación laboral, Liechtenstein tiene una de las mejores. Los contratos temporales se pueden renovar hasta estar satisfecho con el trabajador para ofrecer un contrato permanente. No es costoso el despido justificado. No existen restricciones en el trabajo en días festivos, fines de semana, trabajo nocturno, u horas extras. Por haber regulaciones más flexibles existe bajo desempleo, y las personas que son despedidas inmediatamente encuentran otro trabajo. En Liechtenstein los trabajadores ganan $3,400 dólares al mes, como mínimo, pero el salario promedio es de $6,615 dólares al mes. Por la calidad de regulación laboral, Liechtenstein tiene una tasa de desempleo de menos del 1.5, que es la tasa más baja de la Unión Europea y más baja que Suiza.

En calidad regulatoria, y efectividad de gobierno, Liechtenstein tiene la puntuación más alta de acuerdo con el índice de gobernanza del Banco Mundial. Por ejemplo, no tienen corrupción en trámites. El tiempo para obtener los permisos de operación de empresas es menor que el promedio de los países de la OECD.

El hecho que los impuestos sean bajos y transparentes hace que sean predecibles, por lo cual se necesitan pocas horas para para hacer el pago de impuestos, y eso hace que Liechtenstein esté mejor clasificado en el número de horas para pagar impuestos que la OCDE. Cuando los impuestos son bajos, se reduce la incitación a buscar esquemas financieros para evadirlos.

Por esa gran calidad regulatoria, Liechtenstein se ha convertido en un centro de innovación. Por esta razón, el principado es el número 1 en patentes per cápita a nivel mundial, por encima de Suiza, Alemania o Luxemburgo, por ejemplo.

Si bien se puede escuchar el argumento de que muchas de las ventajas Liechtenstein es por ser un micro Estado, eso no se puede darse por sentado. Su éxito se da por lo práctico y sencillo de su sistema de libre mercado y baja intervención del Estado en la economía. Existen pequeños países como Barbados y St. Lucia, que no tienen la sofisticación de libre mercado de Liechtenstein y distan mucho de las características de calidad de vida para sus habitantes como las existentes en Liechtenstein

El lenguaje económico (III): la retórica bélica

1. El lenguaje bélico

Toda la literatura económica está contaminada por el lenguaje bélico, y digo «contaminada» porque el uso de tropos[1] lleva frecuentemente al error. Periodistas y políticos, en particular, son muy dados a las metáforas bélicas: se refieren a las «campañas» que van a realizar, las «batallas» que deben ganar o los «enemigos» que deben combatir. El Manifiesto del Partido Comunista, en 1848, proclamaba la «creación de ejércitos industriales» (Marx y Engels, 2013: 76).

Algunos economistas, por su parte, también quedan fascinados con la jerga castrense y afirman que las empresas tienen «poder» de mercado. Sin embargo, al contrario que los estados y mafias, las mercantiles no «conquistan», «dominan» o se «aniquilan» entre sí. En ausencia de privilegios gubernamentales —origen exclusivo del monopolio— una empresa sólo obtiene mayor cuota de mercado si es capaz de satisfacer, mejor que otras, las necesidades y deseos de los consumidores. Desafortunada es la expresión category killer[2] para referirse a los grandes distribuidores especializados como Ikea, Leroy Merlin, Decathlon, Toys “R” Us, MediaMarkt, etc.; ninguno de estos gigantes «asesina» a un pequeño comercio de su ramo. Son exclusivamente los consumidores, buscando su propio interés, quienes asignan las respectivas cuotas de mercado a cada empresa. La gran distribución obtiene, entre otras ventajas, economías de escala y puede ofrecer precios más bajos. En el libre mercado, las empresas que más crecen —Mercadona, Inditex, Amazon, Google— son aquellas que mejor sirven a los consumidores; como afirma Bastos (2005: 30): «El monopolio es decidido por el consumidor porque claramente le beneficia».

2. La guerra comercial

El comercio es una actividad pacífica. «La economía de mercado presupone la cooperación pacífica» (Mises, 2011: 969). Por tanto, «guerra de precios» es una mala metáfora. Las empresas (como los deportistas) no guerrean o luchan a muerte entre sí, tan solo compiten, entre otras formas, ofreciendo precios bajos a los consumidores. La mal llamada «guerra comercial» no es un fenómeno mercantil, sino político. Los comerciantes no sienten la necesidad de invadir, conquistar y robar pues obtienen lo que desean mediante el pacífico intercambio. La doctrina alemana del «espacio vital» —Lebensraum— y la japonesa «Esfera de coprosperidad de la Gran Asia Oriental» eran espurias, innecesarias y solo sirvieron para justificar la invasión militar de las naciones vecinas.

En tiempo de paz, las autoridades sólo pueden interferir el comercio dentro de su ámbito jurisdiccional: prohibiendo o restringiendo en sus fronteras la entrada y/o salida de bienes. Por ejemplo, en 2014, tras la anexión ilegal de Crimea y Sebastopol por parte de Rusia, numerosas personas y empresas fueron sancionadas por los gobiernos de EEUU, Canadá y la Unión Europea[3] por «acciones contra la integridad territorial de Ucrania». La respuesta del Kremlin fue bloquear la importación de alimentos perecederos[4] procedentes de esos países.[5] A resultas de esta «guerra comercial», el presidente Rajoy, en un derroche de cinismo, declaró que el veto ruso sería «un estímulo y un acicate» para los productores españoles; mutatis mutandis, los contribuyentes deberíamos aplaudir las subidas de impuestos porque cada nuevo rejonazo fiscal supone un «estímulo» para administrarnos mejor.

Las mutuas sanciones económicas —prohibiciones, cuotas, embargos, aranceles— entre gobiernos solo perjudica especia específicamente a exportadores, importadores, inversores y, en general, a los consumidores que se ven privados de ciertos productos o que deben adquirirlos en otros mercados en condiciones menos favorables. Toda guerra arancelaria interfiere la división del trabajo, reduce el número de intercambios y merma la calidad de vida de los consumidores. Habitualmente, los causantes de la intervención comercial no sufren personalmente los perjuicios ocasionados a la población, tal y como sucedía en la extinta URSS, donde las élites gubernamentales disfrutaban de las raspredelitel o «tiendas especiales restringidas».

Otras veces se dice que los productos foráneos «invaden» o «aniquilan» el comercio nacional. Lo justo es reconocer que determinados empresarios (i.e. chinos) se expanden porque son más competitivos: ofrecen precios bajos, horarios más amplios, trabajan todos los días del año, etc. Los mal llamados productos «invasores» son una bendición porque elevan el nivel de vida de los consumidores.

También es falaz afirmar que tal empresa «domina» un sector económico o que fulano es el «rey» de la informática. El «imperio» informático de Bill Gates no se parece en nada al Imperio de Napoleón: el primero se construyó mejorando la vida de millones de consumidores mientras que el segundo, manu militari, causó seis millones de muertos en Europa.[6]

3. Economía de guerra

Si «la guerra es la salud del Estado» (Bourne, 2013) no es de extrañar que las autoridades pretendan equiparar cualquier crisis a un conflicto bélico. Así aparecen las (pseudo) guerras contra la pobreza, las drogas, el cambio climático y más recientemente contra el coronavirus. Nunca esas «guerras» se han ganado o perdido. «Sirve entonces como cobertura y justificación de las violaciones de las mismas libertades civiles y económicas que se supone que el Estado debe proteger» (Hülsmann, 2020). Sin ir más lejos, en la pandemia por Covid-19 los políticos han cometido las violaciones propias de una guerra: confinamiento indiscriminado de la población, toque de queda, controles policiales, cierres perimetrales, monopolización de servicios (vacunación), requisa de productos (mascarillas, geles), restricción de la movilidad, cierre forzoso negocios, controles de precios, prohibición de las posiciones cortas en bolsa,[7] etc. «Economía de guerra» es un oxímoron pues la intervención política del mercado, a resultas de un conflicto bélico u otra clase de emergencia, produce inevitablemente resultados antieconómicos para el conjunto de la población. La fatal arrogancia ­—como decía Hayek— de los políticos sólo consigue entorpecer y ralentizar la movilidad de los factores de producción para adaptarse a los cambios en la demanda. El intervencionismo gubernamental en tiempo de guerra o crisis, con frecuencia, desemboca en un auténtico «socialismo de guerra» (Mises, 2011: 974).

4. El caso de Michael Porter

El paradigma de lenguaje bélico lo observamos en el libro Estrategia Competitiva,[8] de Michael E. Porter, profesor en la Escuela de Negocios de Harvard y director del Instituto para la Estrategia y la Competitividad. Este autor se refiere a la actividad empresarial de forma falaz: las empresas «atacan», «provocan», «defienden», «represalian», «contratacan», etc. La retórica bélica de Porter (2009) es tan fecunda que citarla en toda su extensión haría este texto demasiado voluminoso. Solo citaremos los ejemplos más significativos: «¿Por qué deberíamos entablar una lucha en la industria y con qué secuencia de tácticas?» (p. 91); «¿Qué capacidad tiene el competidor de sostener una guerra larga?» (p. 111); «la estrategia consistirá en escoger el campo de batalla más propicio[9] para luchar con ellos (competidores)» (p. 114); «se trata de evitar que el ajuste desencadene una descarga de represalias y de guerras indeseables» (p. 121); «algunas empresas consideran las tácticas competitivas exclusivamente como un juego de fuerza bruta: acumulan recursos sin procesar y con ellos atacan al contrincante» (p. 137). El modelo de análisis de la competencia de Porter parece extraído de un manual de inteligencia militar: «Necesidad de un sistema de inteligencia de la competencia» (p. 116). Toda esta retórica es perniciosa. Las estrategias militar y empresarial son distintas. En la primera, los contendientes buscan la destrucción, neutralización o rendición del enemigo. En la segunda, los planes se refieren a la producción, expansión, alianzas, precios, marketing, costes, orgánica, cultura corporativa, etc. La estrategia empresarial no busca cómo destruir a los competidores, sino cómo satisfacer mejor las necesidades y deseos de los consumidores. Es un desatino que la literatura empresarial haya importado las enseñanzas de generales y estrategas como Sun Tzú, Julio César o Napoleón.

5. Lenguaje castrense

Otra forma que adquiere la retórica bélico-económica es el uso de terminología militar en el ámbito empresarial. Comenzaremos con la expresión Task Force, que literalmente significa «fuerza de tareas», pero una mejor traducción sería «fuerza operativa».[10] Se trata de una agrupación temporal de unidades militares —maniobra, apoyos de fuego, ingenieros, transmisiones, logística— que se constituye ad hoc para el cumplimiento de una misión específica limitada en el tiempo. Metafóricamente, una Task Force es un puzle de unidades bajo un mando. Algunas empresas se refieren a su equipo comercial como «fuerza de ventas». En otros casos, se externaliza la función comercial contratando una Sales Force. Los gobiernos tampoco se libran de esta moda: el presidente Trump y la gobernadora de Puerto Rico, Wanda Vázquez[11] constituyeron en 2020 sendos Coronavirus Task Force: comités científicos para actuar frente a la pandemia de COVID-19.

En el ámbito organizacional, tenemos un buen ejemplo: el «Ejército de Salvación», movimiento evangélico mundial cuya misión es la expansión del cristianismo a través de las obras de caridad. Esta organización religiosa, desde 1878, ha incorporado no solo una terminología castrense, sino la estructura, empleos, valores y simbología (uniforme, bandera e himno) típicos de una organización militar.[12] Su jefe, llamado «general», es asistido por un «jefe de estado mayor» que dirige el «Cuartel General Internacional» ubicado en Londres. Sus religiosos son «oficiales», sus voluntarios «soldados» y la parroquia se llama «cuerpo». Debemos señalar que, de todas las categorías analizadas de lenguaje bélico, esta última es la que menos confusión produce, pues se trata de una inocua trasposición de la terminología militar al ámbito organizacional.

Bibliografía

Bastos, M. (2005). «¿Puede la intervención estatal ser justificada cien
tíficamente? Una crítica». Procesos de Mercado, vol. II, n.o 1, pp. 11 a 51. 


Bourne, R. (2013) [1918]: War is the Health of the State. Recuperado de: <http:// www.Boune%201918%20Wa%20is%20the%20Health%20of%20the%20State%20A4.pdf?>

Hülsmann, J. (2020). «Una protesta desde Francia». Auburn: Mises Institute. www. mises.org. Mises wire 04/30/2020.

Marx, K. y Engels, F. (2013) [1848]. Manifiesto del partido comunista. Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Porter, M. (2009). Estrategia competitiva. Madrid: Pirámide.

Salvation Army International (The). www.salvationarmy.org


[1] Según la RAE: Empleo de una palabra en sentido distinto del que propiamente le corresponde, pero que tiene con este alguna conexión, correspondencia o semejanza.

[2] «Asesino de la categoría».

[3] El 20 de junio de 2019, el Consejo Europeo prorrogó, hasta el 23 de junio de 2020, las medidas restrictivas en respuesta a la anexión ilegal de Crimea y Sebastopol por parte de Rusia.

[4] Frutas, verduras, carnes, pescados y productos lácteos.

[5] EE.UU., Canadá, Unión Europea, Australia, Noruega, Ucrania, Albania, Montenegro, Islandia y Liechtenstein.

[6] Existen diversas fuentes sobre los muertos y heridos causados por las Guerras Napoleónicas, entre 1797 y 1815. Los muertos en combate se sitúan entre 2,5 y 3,5 millones, y los civiles entre 700.000 y 3 millones. En España, según el coronel José Pardo de Santayana, experto en La Guerra de la Independencia española, si se compara la población que había antes de la guerra (11 millones) con la que quedó después, la reducción se aproxima al millón de habitantes. Cerca de 2 millones de franceses murieron por causa directa de la guerra.

[7] En marzo de 2020, Bélgica, España, Francia e Italia adoptaron esta medida.

[8] 2009. Madrid: Ed. Pirámide.

[9] Al menos, Porter emplea la cursiva en su analogía.

[10] En el Ejército de Tierra español se emplea el término «Grupo Táctico», si la unidad seminal es un Batallón o Grupo, y «Agrupación Táctica» para unidades de mayor tamaño (Regimiento).

[11]https://www.elnuevodia.com/noticias/locales/nota/lagobernadoraanuncianuevotaskforcemedicoparaatenderelcoronavirusenpuertorico-2554073/

[12] El Ejército de Salvación trabaja en 131 países. Fuente: www.salvationarmy.org (23/03/2020)

Algunas claves para entender la política española actual

Entrevista a Agustí Bosch, licenciado en Economía y profesor de Ciencia Política en la Universitat Autònoma de Barcelona, para conocer en mayor detalle algunas de las claves que nos permiten entender algunos de los aspectos más interesantes de la política española.

Hay una larga literatura que trata de las variables individuales y contextuales que afectan al hecho de ir a votar o no. El peso de cada una de estas variables ha ido cambiando con el tiempo, y en la actualidad parece que las variables contextuales permiten explicar mejor que las individuales algunas dinámicas de participación política y, sobre todo y más concretamente, electoral. ¿Es esto así? ¿Qué nos dice la evidencia más reciente?

Efectivamente, la literatura académica ha visto incrementar los análisis de la influencia de las variables contextuales sobre la participación electoral. Este tipo de variables estaban infraestudiadas en la tradición de estudios de encuesta y, por un mero efecto péndulo, es lógico que empiecen a ocupar la notoriedad que les corresponde. Pero yo no creo que esta “moda” sea debida a que las variables contextuales permitan explicar la participación electoral mejor que las individuales. Creo que es más bien debido a que son variables más maleables. Con esto último quiero decir que puede resultar difícil que se alteren las condiciones personales que pueden estimular la participación de un elector y que se ven reflejadas en esas variables individuales. Por ejemplo, el nivel de estudios de un adulto difícilmente cambiará entre elecciones, su clase social solo lo hará a muy largo plazo, y su género se mantendrá inalterado en la casi totalidad de electores. En cambio, sí que es realista que el contexto en que se libran las campañas electorales sea alterado, cambiante o manipulado. Por ejemplo, la coyuntura económica en que se encuentra el país es distinto en cada convocatoria electoral, el nivel de crispación mediática se puede modular, por no hablar de la gravedad de la pandemia u otras circunstancias que se ven reflejadas por las variables contextuales. La alteración de esas variables permite, a su vez, alterar el nivel de participación electoral y eso es muy relevante para una gran cantidad de personas e instituciones. En definitiva, creo que el estudio de la influencia de las variables contextuales sobre la participación electoral está de moda debido a su mayor relevancia política, no debido a su mayor capacidad explicativa.

Otra vez, pongamos un ejemplo. Las personas con discapacidad visual (variable individual) votan menos que la media. Esta es una regularidad triste pero –ya que la mayor parte de personas con discapacidad visual seguirán siéndolo en las próximas elecciones–  también es una regularidad bastante inmutable. Pero lo que sí muta es el repertorio de facilidades que las instituciones ponen a disposición de las personas con discapacidad visual para que puedan votar con cierta comodidad (variable contextual). Que existan papeletas braile, que los colegios electorales sean accesibles, etc., son contextos que pueden suponer un gran incremento en la participación electoral de este colectivo. Y por tanto, son asuntos muy relevantes para ser analizados científicamente. No obstante, su impacto sobre la participación electoral de este colectivo siempre será menor que el impacto que genera su condición de personas con discapacidad visual. La variable individual explica mejor el fenómeno que analizamos como académicos (la participación electoral), pero la variable contextual es más relevante para nosotros como civilización que persigue la integración de las personas con discapacidad visual.

En un artículo académico publicado recientemente en la European Political Science Review, comenta cómo se han intercalado etapas de “izquierdización” y “derechización” del electorado español desde el gobierno de Felipe González. ¿Quiere esto decir que el electorado español está poco ideologizado y tiene poca fidelidad de partido? ¿Cree que la polarización ideológica y la polarización afectiva pueden tener algo que ver en esta fluctuación?

Esta fluctuación no es propia de países poco ideologizados o con escasa fidelidad, sino que se da de manera bastante generalizada en todo el mundo. Tampoco es especialmente propia de etapas muy polarizadas. Por el contrario, esta fluctuación se explica a través de lo que llamamos un mecanismo termostático: cuando un gobierno de izquierdas aumenta continuamente el gasto público implementando políticas de mayor intervención estatal, entonces cada vez más ciudadanos se vuelven partidarios de una disminución del gasto público y el electorado se desplaza hacia derecha. La opinión pública actúa como un termostato político que intenta parar el gasto público cuando este ha aumentado y, contrariamente, intenta generar mayor intervención estatal cuando este ha disminuido. Es decir, las políticas de izquierdas hacen que los españoles se vuelvan de derechas y las políticas de derechas hacen que los españoles se vuelvan de izquierdas.

Este “policy mood” también tiene una clara relación con los resultados electorales. Todos los vaivenes electorales estudiados (menos el del 1982) provienen de largos periodos de desplazamiento continuado del estado de ánimo político. Aznar reemplaza a Felipe González en las elecciones de 1996 después de un larguísimo desplazamiento de las preferencias políticas. Igualmente, Zapatero reemplaza Aznar en las elecciones de 2004 después de una clara izquierdización del electorado español, especialmente durante la última legislatura. Y Rajoy sustituye Zapatero en las elecciones de 2011 después del cambio más repentino en las preferencias de los españoles. En solo siete años, el desplazamiento hacia la derecha del electorado español tiene una magnitud casi comparable en toda la época González. Ciertamente, todos estos vaivenes fueron influidos por factores coyunturales, pero en todos ellos también había un efecto ideológico de fondo a largo plazo.

También es importante destacar que los sucesivos gobiernos españoles han reaccionado ante el estado de la opinión pública de manera muy diferente a como lo han hecho, por ejemplo, los gobiernos de los EE. UU. Allí, los gobiernos responden a los cambios en las preferencias políticas de los ciudadanos acomodando sus políticas a la nueva realidad de la opinión pública. En cambio, en España, los gobiernos han sido incapaces de amoldarse. O quizás no han querido hacerlo por obstinación ideológica. Esto implica que, durante largas etapas del periodo estudiado, España ha sufrido gobiernos no representativos. Y la única manera que han tenido los españoles para forzar la recuperación de la representatividad de sus gobiernos es a través de un mecanismo fuerza más traumático: forzar el reemplazo de los gobernantes en un vaivén electoral.

Centrándonos en la cuestión de las elecciones, me gustaría hacerle una pregunta más general y otra más específica y dirigida a analizar los posibles resultados del próximo 4 de mayo. En primer lugar y analizando no solo las encuestas de estas próximas elecciones sino también lo que ha sucedido en los últimos años, ¿existe un hueco para un partido de centro, o son sus votantes más proclives a quedarse en casa (son más proclives al voto dual o al abstencionismo diferencial) que el resto?

El sistema español de partidos es bastante impermeable a los partidos verdaderamente centristas. Eso pasa porque la gran mayoría de circunscripciones españolas escogen muy pocos diputados al Congreso. Si dejamos de lado las provincias de Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Sevilla, las demás escogen tan pocos diputados que solo llegan a obtener representación dos o tres partidos. Los partidos centristas, generalmente pequeños en toda Europa, tienen muy difícil acceder a la representación parlamentaria en circunscripciones tan pequeñas como estas. Y eso deja muy poco espacio para consolidar un partido centrista en las Cortes Generales. Las opciones de disponer de un partido centrista podrían ser mayores en las elecciones autonómicas, municipales y europeas (con circunscripciones mucho más “permisivas”) pero es muy difícil que un partido sobreviva a largo plazo en esas elecciones sin una representación sólida en el Congreso de los Diputados y sin una presencia ostensible en el conjunto de la política española.

Ciertamente, España ha conocido coyunturas excepcionales en las que algunos partidos centristas han obtenido buenos resultados, pero un partido se consolida a largo plazo, no en momentos irrepetibles. Y ante la perspectiva habitual de no disfrutar de una oferta centrista de garantías, los votantes centristas han optado a menudo por quedarse en casa u optar por el mal menor.

Por otro lado, la Comunidad de Madrid tiene una ley electoral propia que establece una barrera legal del 5% para obtener representación. ¿Cómo afecta ésta en la composición de la asamblea? ¿Hace que el parlamento autonómico sea más proporcional que en otros sitios, o menos?

La ley electoral de la Comunidad de Madrid tiene dos elementos que actúan en sentido contrapuesto: la magnitud de la circunscripción y la barrera legal. La magnitud de la circunscripción es enorme (la mayor en cualquier elección que se haga en España) lo cual implica que deja entrar a muchos más partidos que los dos que aspiran a obtener la presidencia de la Comunidad. Y esa gran permisividad de la circunscripción madrileña conlleva que la proporcionalidad pueda llegar a ser máxima. Proporcionalidad máxima significa que los partidos pueden llegar a obtener un porcentaje de escaños casi idéntico a su porcentaje de votos. Curiosamente, eso no pasa nunca en el Congreso de los Diputados donde los dos partidos grandes siempre han obtenido un porcentaje de escaños mucho mayor que de votos y los partidos medianos siempre han obtenido un porcentaje de escaños mucho menor que de votos.

La barrera legal del 5% actúa como contrapeso y rectificación a esa permisividad. La lógica del 5% es que asignar un porcentaje de escaños casi idéntico a su porcentaje de votos está bien para casi todos los partidos… excepto para los muy pequeños, que fragmentan innecesariamente el sistema de partidos. Razón por la cual son excluidos del reparto.

Por tanto, respondiendo a la pregunta, el Parlamento autonómico es muy proporcional, excepto para los partidos muy pequeños. La berrera legal ciertamente restringe la proporcionalidad, pero lo hace partiendo de un nivel extremadamente alto, por lo que el resultado final no es tan perverso como en el Congreso de los Diputados.

Por último, también sobre las elecciones del próximo 4 de mayo. ¿Cree que en la Comunidad de Madrid se produce (o se puede producir) un voto dual, como el que en tiempos se daba en Catalunya o el País Vasco?

Es cierto que se puede estar produciendo un voto dual, ero más bien entre partidos algo marginales. Por ejemplo, parece evidente que los votantes de Más Madrid en las autonómicas y municipales votan a otros partidos en las elecciones generales. También puede estarse produciendo un fenómeno parecido (llamado abstención diferencial), que es lo que sucedía realmente en la Cataluña de los años ochenta y noventa según diversas investigaciones. Entonces, los votantes de CiU llegaban mucho más animados a las elecciones autonómicas (con su candidato preferido, con claras expectativas de victoria, etc) que no a las elecciones generales. Y por eso su nivel de participación electoral era máximo. Contrariamente, los votantes del PSOE llegaban con los ánimos contrarios y votaban mucho más en las generales. La abstención de unos en las autonómicas y la abstención de otros en las generales generaba una apariencia de voto dual en los resultados agregados. Pero los electores no alternaban el voto a unos y otros, simplemente se turnaban en la abstención.

Actualmente Madrid puede ser una nueva Cataluña en varios sentidos. El único que nos ocupa aquí es que los simpatizantes del PSOE han llegado tradicionalmente a las autonómicas madrileñas mucho más deprimidos de lo que llegan a las generales y, por tanto, su probabilidad de abstenerse ha sido mucho mayor. El peor resultado del PSOE en las elecciones autonómicas se explicaría porque sus simpatizantes se quedan en casa, no porque se pasen al enemigo.