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Wendell Holmes Jr. estaba equivocado, Thoreau siempre tuvo razón

En la fachada del edificio del IRS (Internal Revenue Service, la agencia tributaria estadounidense) puede leerse bajo relieve, inmortalizada, la famosa frase de Oliver Wendell Holmes Jr. «los impuestos son el precio que pagamos por vivir en civilización». Así suele traducirse, aunque, la frase en inglés realmente no dice la palabra precio, sino: «Taxes are what we pay for a civilized society».

Sin embargo, esto no solo no es cierto, sino que es una vil artimaña. Y a razón de los lamentables y tristes eventos que han acaecido recientemente, ello ha quedado en cabal evidencia. Solo alguien que, o tiene un interés particular por formar parte del estado, o quien repite sin saber por haber sido adoctrinado (desde las escuelas públicas y a veces privadas también) puede seguir pronunciando esa frase tan dañina.

Pronunciar expresiones como esas, en el caso de los primeros, resulta lógico porque el estado no es más que un conjunto de personas con cierto grado de permanencia temporal que busca maximizar su beneficio particular. El estado desde luego no existe como se quiere que lo concibamos. No tiene existencia ontológica. Tampoco es una entidad abstracta con interés propio. Ni mucho menos brega por el bien o interés común, dado que esto último tampoco existe.

Impuestos y Estado

Más allá de Weber y otras conocidas definiciones, mi definición es que el estado es una simple, pero enraizada creencia y resulta necesario «desenquistarla» para que la civilización humana pueda despegar y aprovechar su máximo potencial creativo. Es la creencia de delegación en una entidad sobrehumana o cuasi divina. La natural tendencia de seres humanos, en fase inmadura o irresponsable, que desean aliviar la carga de sus hombros en este ente que no son ellos, pero que al mismo tiempo «somos todos». Es realmente contradictorio. Por esta razón, para este tipo de gente la única solución posible es dar mayor poder al estado. 

Lo único cierto es que el mundo está constituido por iguales seres humanos. Personas de carne y hueso con los mismos misterios, angustias, y preguntas existenciales como denominador común. Sin embargo, como bien lo sintetiza Thoreau en su Desobediencia Civil, el estado es como un «fusil de madera», que su mera, pero inútil tenencia alivia la angustia de muchos y tranquiliza a otros.

La verdad es que el estado “no tiene ni la vitalidad ni la fuerza de un solo hombre, ya que un solo hombre puede plegarlo a su voluntad” (Thoreau, 1849).

Cuando por diversas razones como ser: alcanzar determinado nivel de bienestar material, paz espiritual, o riqueza intelectual, la gente comienza a hacerse preguntas y a percatarse de lo estéril que es el estado. Allí comienzan a temblar los cimientos de una creencia que puede desmoronarse. Es entonces cuando quienes forman parte de él y ven peligrar su estilo y forma de vida, (mantener el statu quo), recurren al manual de procedimientos y emergencias y por ello se desatan determinadas acciones.

En general pueden ser o, estrategias de polarización o amenazas que buscan la unión cuando se trata del entorno mundial. En cualquier caso, resultan efectivas dependiendo del contexto y situación de partida. La polarización resulta más sencilla de ver: izquierda-derecha, ricos-pobres, empresarios-trabajadores, hombres-mujeres, etc. Pero hay otro mecanismo, no necesariamente excluyente, que toma relevancia en un contexto donde una élite pretende allanar el camino a un orden mundial hipercentralizado. La justificación estatal (como si de una religión se tratase) buscará acción coordinada y centralizada frente a un enemigo común.

Hace 20 años fue la amenaza de armas químicas que nunca se encontraron, grandes guerras, etc. Sucede que, con las tecnologías actuales, se hace más difícil este tipo de artimañas que involucran grandes objetos o ejércitos enemigos. Por eso, más reciente, la supuesta y orquestada pandemia del Coronavirus. Ello hace, a todas luces, que el enemigo debe ser necesariamente invisible. Ahora, sin lugar a dudas, la estrella elegida es el cambio climático. Sin ser broma, como el delirio y ansias de poder es cada vez mayor, en esta línea, lo próximo debería ser una inminente invasión extraterrestre.

Sin entrar en detalle de cómo es que se orquesta cada cuestión, no cabe dudas que la propaganda y los medios de comunicación son parte esencial del problema. Herramienta de los gobiernos para repetir mensajes sin sentido como “el cambio climático mata”. De ahí también la desesperación de los políticos por controlar las redes sociales porque son un “peligro y atentan contra la democracia”. Pero, ¿peligro para quién? Para ellos. Es gracias a las redes sociales y a la Libertad de expresión que la sociedad civil pudo y puede organizarse eficiente y espontáneamente frente a catástrofes.

Lo cierto es que detrás de toda la parafernalia existe, por un lado, la coacción para extraer recursos de los ciudadanos, sean o no feligreses del estado. Y, por otro lado, el permanente bombardeo de imágenes y relatos de un mundo caótico sin la existencia de un estado que pueda resolver aquellos problemas, que en primera instancia el estado mismo genera.

En la antigüedad, los jefes y caciques de las tribus junto a los brujos o sacerdotes (hoy serían los científicos o comités de expertos), eran los transmisores de la palabra del «Dios», quienes podían interpretar las manifestaciones de la naturaleza al lego y así explicar fenómenos e impartir justicia. Explicaciones que hoy nos parecerían ridículas, pero que los mantenían en el poder. En pleno Siglo XXI, los políticos reemplazan a Dios por el estado. El cuento es el mismo, la entidad salvadora es otra. Para nuestros descendientes, dentro de 1000 años las justificaciones actuales del estado les sonarán igual de absurdas que a nosotros creer en el Dios trueno.

El problema es que al final de la vida de cada ser humano, con igual misterio y dudas existenciales, quienes habremos pasado por el mundo terrenal siendo expoliados somos los pagadores de impuestos netos. (aquí cabe aclarar que ningún funcionario es pagador de impuestos, da igual si es del poder ejecutivo, legislativo o judicial). 

En definitiva, quienes pagan impuestos son los perdedores. Esto no debe sorprendernos, y aunque no muchos lo saben, el derecho tributario deriva del derecho de guerra. Somos los que hemos perdido o estamos perdiendo, los expoliados con este sistema de violencia estatal. Donde un grupo goza vidas de lujo y otro grupo constituye la neoesclavitud. Al final del juego, la única realidad es que unos vivieron a expensas del tiempo y de la energía de otros.

No siempre el robo fue tan magnánimo y sistemático; hubo otra época

Hace aproximadamente dos siglos, la brutal realidad tributaria actual era inconcebible.

Poco después de que Andrew Oliver fuera nombrado distribuidor de sellos -recaudador de impuestos- para Massachusetts en 1765, una turba enojada que esperaba forzar su renuncia colgó su efigie de la rama de un olmo en Boston. Al mismo tiempo, la figura de un diablo con una bota que colgaba de la otra rama representaba a Lord Bute, el influyente consejero del rey que abogaba por imponer impuestos a las colonias. Multitudes en otras colonias trataron de intimidar a los agentes fiscales colgando sus efigies de árboles similares de la “Libertad”, y pasaron a utilizar alquitrán y plumas a los agentes que no renunciaban…

(tomado del Museo Nacional de Historia Estadounidense – Smithsonian – Washington DC).

La gente de bien se manifestaba de manera activa en contra de que le quiten lo que naturalmente les era propio. Y no existía el impuesto a la renta.  Ahora, los impuestos se han normalizado de tal manera que nos parece absolutamente natural que se pague la ridícula suma 25% (por lo bajo, en circunstancias llega al 48% y más). Pero se paga con un absurdo convencimiento y con la cabeza baja.

La verdadera naturaleza del estado

Para finalizar, el verdadero deber del estado (verdadero en el sentido que es congruente con la naturaleza de su existencia) es insuflar de miedo a la sociedad. Ya decía Henry Miller en 1946,

La falsa idea de que el Estado existe para protegernos se ha desintegrado mil veces. Sin embargo, mientras el hombre carezca de seguridad y confianza en sí mismo, el Estado prosperará. Él puede existir gracias al miedo y a la incertidumbre de cada uno de sus miembros.

Cuando la realidad a todas luces es que el estado no puede vivir sin su huésped.

Hay otros que dirán que el estado existe para redistribuir la riqueza porque el mundo es desigual y, por lo tanto, injusto. Otro disparate más. Un absurdo. Para ser justos con el señor Holmes Wendell Jr. de quien solo me limito a decir que su citada frase es errónea, traigo su opinión respecto de este asunto:

No tengo ningún respeto por la pasión de la igualdad, que me parece más que idealizar la envidia

Dado que una pregunta mal planteada o que nada importa, nunca resuelve el problema. Cabe decir que gracias a Dios existe la desigualdad. Pero a los efectos del problema, la desigualdad es totalmente irrelevante. El problema a resolver es la pobreza. Y la pregunta es ¿cómo generar riqueza? la respuesta siempre es: con más Libertad.

Hasta tanto la sociedad no entienda esto último, seguiremos con los problemas actuales (guerras, hambre, pobreza, inflación, catástrofes y una lista interminable) y no podremos dar el siguiente salto como civilización. Cuando logremos superar ese primer obstáculo -el de ver la realidad, abrir los ojos- recién ahí podremos volcar la infinita capacidad creativa del ser humano para imaginar las formas que hoy resultan inconcebibles. Pero, si ante cada inconveniente la respuesta es más estado, más impuestos, estamos perdidos.

En algún momento, la existencia del estado será tan solo una diminuta mancha en la inmensa historia de la civilización humana.

Sólo el libre mercado puede hacer que la pobreza sea historia

Por Melissa Hussain. El artículo Sólo el libre mercado puede hacer que la pobreza sea historia fue publicado originalmente en CapX.

Soy el orgulloso fundador de Anti-Poverty Conservatives, una nueva organización dedicada a reafirmar la arraigada compasión que se encuentra en el corazón de los valores conservadores. Los miembros del Partido Conservador han respondido con entusiasmo, acogiendo a menudo nuestros esfuerzos como un ejemplo de «conservadurismo compasivo». Sin embargo, la etiqueta de «conservador compasivo» implica una distinción preocupante: que la compasión no es inherente a todos los conservadores. Se trata de un concepto erróneo que debemos erradicar.

El conservadurismo, tal y como lo concibieron sus antepasados intelectuales como Edmund Burke, Michael Oakeshott y, más recientemente, Roger Scruton y Russell Kirk, siempre ha contenido en su interior las semillas de la compasión, el deber y la responsabilidad hacia los menos afortunados. Scruton sostenía que la creencia primordial del conservadurismo es conservar lo que es bueno, y ¿cómo puede ser buena una sociedad si desatiende a sus miembros más débiles? Kirk, cuya profunda comprensión de la tradición y el orden moral informa gran parte del pensamiento conservador moderno, creía igualmente que la sociedad debe ser ordenada y justa, reconociendo que la dignidad de cada individuo es primordial. No se trata de una rama del conservadurismo, sino de su núcleo.

Mercados libres y prosperidad para todos: la tradición conservadora

Para algunos, el término «conservador contra la pobreza» puede parecer paradójico. Al fin y al cabo, a menudo se culpa al libre mercado de impulsar la desigualdad y dejar atrás a algunos miembros de la sociedad. Sin embargo, este argumento se basa en un profundo malentendido tanto de los principios del libre mercado como de la filosofía conservadora. Es precisamente a través del libre mercado, junto con una gobernanza pragmática y unas instituciones sólidas, como podemos crear una sociedad en la que todos tengan la oportunidad de prosperar.

Desde los tiempos de Margaret Thatcher, el Partido Conservador ha promovido políticas económicas que -cuando se aplican correctamente- potencian a las personas, las sacan de la pobreza y amplían las oportunidades. La creencia de Thatcher en el «capitalismo popular» no estaba impulsada por un frío utilitarismo, sino por la convicción moral de que facultar a las personas para poseer viviendas, crear empresas y participar en la economía como agentes libres beneficiaría a muchos, no sólo a unos pocos. Entendía que los mercados libres, debidamente regulados, generan riqueza que beneficia a todos, creando la base impositiva que financia los servicios públicos y las redes de seguridad social.

Compasión conservadora en acción

George Osborne, durante su etapa como Canciller, introdujo políticas como el aumento de la asignación personal del impuesto sobre la renta. Al elevar el umbral a partir del cual las personas empiezan a pagar impuestos, Osborne se aseguró de que los trabajadores con rentas más bajas conservaran una mayor parte de sus ingresos. Esta reforma no era un mero ajuste fiscal; era una expresión de la compasión conservadora en acción, diseñada para recompensar el trabajo, reducir la dependencia y empoderar a los individuos, dándoles un mayor control sobre su destino financiero. Esta política benefició a millones de trabajadores, sacando a muchos del impuesto sobre la renta y demostrando que el libre mercado y las reformas fiscales pueden aliviar la pobreza y fomentar la confianza en uno mismo.

Es fácil para los críticos afirmar que la izquierda tiene la razón moral en materia de pobreza porque defiende la intervención del Estado. Lo que los conservadores han entendido desde hace mucho tiempo -y lo que los Conservadores contra la Pobreza tratan de reafirmar- es que el gran gobierno y los amplios programas de bienestar a menudo hacen más mal que bien. Pueden crear una cultura de dependencia, minar la iniciativa individual y atrapar a la gente en ciclos de pobreza. La izquierda mide con demasiada frecuencia el éxito por la cantidad de dinero gastado, mientras que los conservadores se fijan en los resultados: mejoras reales en la vida de las personas, sustentadas en la libertad y la responsabilidad personales.

Una historia de la compasión conservadora

La tradición del Partido Conservador ofrece algunos de los mejores ejemplos de cómo el libre mercado y un enfoque compasivo de la gobernanza pueden ir de la mano en la lucha contra la pobreza. Disraeli, con su idea del conservadurismo de «una nación», reconoció los peligros de una sociedad dividida y comprendió que la estabilidad y el crecimiento económicos debían beneficiar a todos los sectores de la sociedad. Sus reformas fueron más allá de la prosperidad económica y abarcaron el bienestar social, la vivienda y la educación.

Winston Churchill, durante su mandato como Ministro de Trabajo, introdujo medidas para mejorar las condiciones de trabajo, limitar el desempleo y sentar las bases de un Estado del bienestar que apoyara -no reprimiera- la empresa individual. En una ocasión afirmó: «El vicio inherente al capitalismo es el reparto desigual de las bendiciones; la virtud inherente al socialismo es el reparto igualitario de las miserias». El ingenio de Churchill encierra una profunda verdad conservadora: los mercados crean prosperidad, pero es una sociedad moral la que garantiza que la prosperidad se comparta ampliamente.

La situación de un hombre es el preceptor de su deber

Más recientemente, el Gobierno de David Cameron adoptó el espíritu de la «Gran Sociedad», cuyo objetivo era capacitar a las comunidades para que tomaran el control de los servicios locales, un modelo de descentralización que defendía la sociedad civil frente al Estado burocrático. Al redistribuir el poder a las comunidades locales, los conservadores de Cameron aprovecharon el papel vital de la familia, los barrios y las organizaciones benéficas en la mitigación de la pobreza, poniendo de relieve una vez más que las fuerzas del mercado y la compasión cívica no son fuerzas mutuamente excluyentes, sino complementarias para el bien.

Conservadores contra la Pobreza no pretende crear un grupo disidente de conservadores bienintencionados. Por el contrario, pretendemos recordar a nuestros conciudadanos y a los responsables políticos que el conservadurismo siempre ha contenido las herramientas para construir una sociedad más equitativa. El pragmatismo, la responsabilidad fiscal y el patriotismo no son antitéticos a la hora de abordar la pobreza, sino que son esenciales.

Una sociedad sana debe equilibrar el libre mercado con la responsabilidad social, y este equilibrio está en el corazón del conservadurismo. Como tan sabiamente observó Burke, «la situación de un hombre es el preceptor de su deber». Es nuestro deber -nuestro deber conservador- tender la mano a los necesitados, no mediante posturas ideológicas, sino mediante políticas prácticas y eficaces arraigadas en nuestra tradición.

Los conservadores no son indiferentes a los pobres; buscamos crear las condiciones en las que todos los individuos puedan prosperar. En última instancia, es el camino conservador -basado en la sabiduría de nuestros antepasados, el poder de los mercados y un profundo sentido del deber- el que ofrece la mejor esperanza para una sociedad próspera y justa.

Ver también

¿Qué fue antes, la desigualdad o la pobreza? (María García Carrión).

Riqueza y pobreza. (José Hernández Cabrera).

La pobreza. (José Carlos Rodríguez).

Pobreza y moral. (José Carlos Rodríguez).

Círculos viciosos de la pobreza. (José Carlos Rodríguez).

Riqueza y pobreza en una lección. (José Carlos Rodríguez).

¿Qué pasaría si los EE.UU. eliminan el Departamento de Educación?

Por Kerry McDonald. El artículo ¿Qué pasaría si los EE.UU. eliminan el Departamento de Educación? fue publicado originalmente en FEE.

Tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de la semana pasada, los eternos llamamientos para acabar con el Departamento de Educación de Estados Unidos se hicieron más fuertes. Con los republicanos haciéndose con el control del Senado estadounidense, y posiblemente manteniendo también el control de la Cámara de Representantes, la perspectiva de eliminar el departamento se hizo más plausible.

Pero no contenga la respiración.

Cuando Trump ganó la presidencia en 2016, los republicanos también controlaban ambas cámaras del Congreso y el Departamento de Educación permaneció sólidamente intacto, a pesar de las propuestas legislativas para abolirlo.

Eso no quiere decir que los legisladores no deban intentarlo. No hay un papel constitucional para el gobierno federal en la educación, y todas las políticas relacionadas con la educación deben hacerse a nivel estatal y local. Si los votantes de Massachusetts (entre los que me incluyo) quieren eliminar los exámenes estandarizados de alto nivel en las escuelas públicas, deberíamos poder hacerlo sin que Washington DC diga ni pío. Del mismo modo, si los ciudadanos de Oklahoma apoyan el estudio de la Biblia en las escuelas públicas, deberían ser capaces de negociar esa política entre ellos, sin que el gobierno federal intervenga.

Más descentralizado es mejor

Un sistema educativo descentralizado es mucho más capaz de reflejar y responder a las diversas necesidades y preferencias de una sociedad pluralista que uno controlado desde arriba.

Aunque improbable, el cierre del Departamento de Educación no sería el fin del mundo. Abolir el departamento puede sonar extremo, pero es importante recordar que el Departamento de Educación federal es una instalación relativamente nueva, creada como cargo a nivel de gabinete por el Presidente Jimmy Carter en 1979 y que abrió sus puertas un año después. Antes de eso, existía una Oficina Federal de Educación desde 1867 que era relativamente pequeña e intrascendente. La educación era gestionada en gran medida por los estados y los distritos escolares locales, como debía ser.

Casi tan pronto como se creó el departamento hubo llamamientos para eliminarlo. En 1980, Ronald Reagan hizo campaña con esta idea; pero cuando ganó la presidencia, fue incapaz de cumplir su promesa y, de hecho, pidió al Congreso que aumentara el presupuesto del departamento. Aun así, sólo alrededor del 11% del casi billón de dólares que los contribuyentes estadounidenses gastan hoy cada año en educación pública procede del Gobierno federal, aunque ese porcentaje ha aumentado en los últimos años.

Trump como peligro y la descentralización como solución

Trump ha pedido cambios de gran alcance en la educación estadounidense. Desde la promoción de la oración en la escuela hasta la promulgación de la educación patriótica obligatoria. Cualquiera que esté preocupado por cómo la administración Trump podría afectar a la política educativa debería apoyar incondicionalmente la eliminación del Departamento de Educación de Estados Unidos.

Del mismo modo, cualquier persona preocupada por las políticas educativas que la administración Biden promocionó, desde el alivio de la deuda universitaria hasta el DEI, también debería apoyar la eliminación de este departamento. Un papel federal débil en la política educativa no es sólo lo que previeron los redactores de la Constitución; es también lo que garantizará que cada estado y distrito escolar pueda promulgar las políticas que sus ciudadanos desean, sin que los burócratas de Washington DC se interpongan en el camino.

Ver también

Cambios en el Departamento de Educación en los Estados Unidos. (Fernando González San Francisco).

Make America free again. (Adolfo Lozano).

Policías en los colegios públicos de los Estados Unidos. (Fernando González San Francisco).

La economía a través del tiempo (XXI): Adam Smith, Grecia y la economía de la guerra

La importancia de Grecia para el pensamiento económico se vuelve a hacer evidente en Adam Smith. El escocés invoca de nuevo, igual que los autores ya mencionados, los antiguos modelos en su obra magna La riqueza de las naciones. En el caso que se analiza en este texto, el autor escocés utiliza a los griegos para estudiar los cambios económicos del ejército, es decir, las diferencias existentes entre los Estados modernos y las comunidades antiguas a la hora de proveer defensa. Smith, en general, considera que la civilización profesionaliza al militar, pudiendo tener estas afirmaciones varias consecuencias, algunas no necesariamente acertadas.

En el Libro V, Smith (1805) comienza a elaborar su análisis explicativo sobre las razones que diferencian el ejército moderno al antiguo en términos económicos:

El número de los que pueden ir a la guerra con respecto al de las demás gentes del pueblo es necesariamente mucho menor en el estado civilizado y culto de una sociedad, que en el inculto y grosero. Como en una Sociedad civilizada los soldados se mantienen enteramente por el trabajo de los que no lo son, es necesario que el número de los primeros no exceda de lo que pueden los segundos cómodamente mantener, después de sustentar conforme al estado de cada uno tanto a sí mismos como a los oficiales públicos del Gobierno civil y político, a quienes están igualmente obligados a sostener (pp. 8-9).

Economía y Ejército en Grecia

Así, como parece lógico, el sector privado debe de generar suficiente como para su propia supervivencia, la del resto de funcionarios del Estado y, para que haya un ejército; debe de sobrar el suficiente monto como para mantenerlo. En cambio, según el pensador, en Grecia la cuestión era diferente:

En los distritos agrarios de la Antigua Grecia, se consideraban soldados, y aún solían, según se dice, salir a la campaña hasta una cuarta o una quinta parte de todo el cuerpo del pueblo. Pero, entre las Naciones civilizadas de Europa, está computado, generalmente, el número de soldados que cada una puede emplear sin arruinar el país que les mantiene, en una centésima parte de todos sus habitantes (p. 9).

En ese sentido, lo que Smith quiere decir es que, de forma irremediable, la civilización, la riqueza y el desarrollo social y económico conducen a liberar a la población de preocupaciones relacionadas con la defensa, la guerra y el ejército. Antes, según sostiene, la responsabilidad defensiva recaía sobre toda la sociedad. Pero los Estados modernos ayudaron a eliminar tal situación:

En todas las repúblicas de la Antigua Grecia era una parte necesaria de la educación impuesta por el Estado a todo ciudadano libre, el aprender ejercicios militares. En toda ciudad había un campo público en que, bajo la inspección de un magistrado civil, se enseñaba a la juventud por varios maestros sus diferentes ejercicios. (…) Y en este establecimiento público consistía todo el gasto que una República griega hacía para preparar a sus ciudadanos para la guerra (pp. 9-10).

El adanismo de Adán

Sin embargo, estas afirmaciones, que relacionan a Grecia con estado primitivo (“inculto y grosero”, les llega incluso a denominar a aquellas comunidades) que obliga por las circunstancias de la producción y de las necesidades económicas a involucrar activamente al pueblo en la guerra, pueden contrastarse hoy con el desarrollo de los Estados modernos, los cuales, en numerosas ocasiones, han creado servicios militares obligatorios para todos los ciudadanos. En España, la mili era obligatoria hasta bien entrada la democracia. En Suiza, lo sigue siendo. Y en dictaduras comunistas, como Corea del Norte, lo mismo.

Por tanto, el análisis de Smith sobre la diferencia entre la profesionalización del ejército dependiendo del grado de avance económico y civilizatorio cae en cierto adanismo, y el tiempo, sobre todo el siglo XX, ha ido invalidándolo. Más bien pareciera que existen dos vertientes en la defensa de los Estados: uno que es, efectivamente, una profesionalización a través del avance tecnológico y la especialización. Otro, que contradice a Smith, que es el relato nacional bajo el que se construyen los Estados modernos, un relato que involucra directamente a todo ciudadano en la protección y defensa de la comunidad política.

Bibliografía

Smith, A. (1805) Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (Vol. 4). Valladolid: en la Oficina de la viuda e hijos de Santander.

Serie La economía a través del tiempo

Populismo fiscal

Cómo la política impositiva del gobierno de Pedro Sánchez divide y empobrece a la sociedad española

El nuevo informe del Instituto Juan de Mariana evalúa la deriva de la política fiscal del gobierno de Pedro Sánchez. Los principales mensajes del estudio son los siguientes:

  • Desde que Pedro Sánchez llegó al gobierno, en España se han aprobado 81 subidas de impuestos y cotizaciones. Además, no se han ajustado los impuestos para tener en cuenta el aumento de la inflación, que acumula una escalada cercana al 19 por ciento bajo mandato del dirigente socialista.
  • Pese a esta tendencia, el PSOE ha propuesta hasta 46 nuevas medidas recaudatorias en 2025, la mayoría de ellas volcadas en elevar más aún la presión fiscal soportada por empresas y familias. Sin embargo, la precaria aritmética parlamentaria sobre la que se sustenta el gobierno hace difícil aventurar cuáles de estas medidas terminarán entrando en vigor.
  • De momento, bajo gobierno de Pedro Sánchez, entre 2019 y 2023, se han adoptado subidas de impuestos por valor de 9.625 millones, así como incrementos de las cotizaciones valorados en 26.115 millones. A estas cifras hay que sumarle el incremento recaudatorio vía inflación, que ha supuesto una subida encubierta de la tributación por valor de 27.100 millones.
  • Aunque el gobierno haya aprobado algunas modificaciones a la baja de determinados impuestos, en la mayoría de los casos se ha tratado simplemente de bonificaciones puntuales, como vimos con el IVA o el Impuesto de Hidrocarburos a raíz de la crisis inflacionaria. En términos netos, por cada 1 euro dedicado a medidas de alivio fiscal se han adoptado 3,4 euros de incremento recaudatorio, lo que arroja un saldo muy negativo para los contribuyentes.
  • Los casi 42.000 millones de impacto acumulado de las subidas de impuestos y cotizaciones de 2019-2023 equivalen a unos 2.200 euros por hogar. En 2019 se adoptaron 11 medidas recaudatorias, seguidas de 12 en 2020, 20 en 2021, 10 en 2022 y 17 en 2023. Durante el presente ejercicio 2024 se han cuantificado 11 modificaciones al alza de impuestos y cotizaciones.
  • España es el tercer país de la Unión Europea que más ha elevado su presión fiscal desde Pedro Sánchez llegó al poder, en 2018, hasta el pasado año 2023. El incremento ha sido de 2,9 puntos del PIB, en marcado contraste con la reducción del 0,8 por ciento apreciada en la UE-27.
  • El gobierno ha pretendido justificar sus continuas subidas de impuestos apuntando que Bruselas habría recomendado a España una “convergencia” de sus niveles de recaudación con los registros observados en el resto de la UE. En realidad, la pretendida “armonización fiscal” figuraba ya en el programa lectoral del PSOE en las elecciones generales de 2019, de modo que no es ninguna imposición de la Comisión Europea. De hecho, entre los distintos niveles de presión fiscal de los países miembros de la UE se observan diferencias de más de 25 puntos del PIB. Lo que sí exige Bruselas es una política efectiva de control del déficit y la deuda, dos flancos en los que el gobierno de Sánchez ha fracasado de forma sistemática, al mantener unos números rojos que rebasan holgadamente los objetivos de estabilidad presupuestaria – y todo a pesar del fortísimo aumento de impuestos y cotizaciones bajo mandato de Sánchez.
  • Es un bulo dar a entender que “los ricos” apenas pagan impuestos en España. Aunque el presidente del gobierno y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, han pretendido cultivar este discurso, lo cierto es que sus aseveraciones carecen de todo rigor. Así, aunque apenas hay un 5,2 por ciento de contribuyentes con rentas de más de 60.000 euros, esos 1,2 millones de declarantes aportan el 41,7 por ciento de la recaudación por IRPF. En total, son más de 45.000 millones de euros, que se traducen en una aportación media de casi 38.000 euros per cápita en el IRPF. En cambio, el 56,1 por ciento de menos renta (12,9 millones de contribuyentes que declaran menos de 21.000 euros) aportan solamente el 8 por ciento del total, a razón de un pago anual promedio de 670 euros de IRPF. Por otro lado, España supera el promedio europeo en la fiscalidad del capital y de la riqueza, siendo de hecho el único país de la UE que sigue aplicando el viejo Impuesto sobre el Patrimonio. En términos netos, al cruzar la recaudación con los ingresos vía ayudas y transferencias sociales, el gasto público en España se sostiene sobre los pagos fiscales que realiza el quintil de ciudadanos con mayor renta (es decir, el 20 por ciento que más gana).
  • No es cierto que los ricos españoles sean cada vez más ricos, puesto que el peso del 1 por ciento de mayores ingresos sobre la renta nacional bruta ha bajado un 26 por ciento de 2009 a 2022. En cambio, el conjunto de los españoles sí son cada vez menos ricos en comparación con Europa, puesto que la brecha de renta que nos separa del promedio europeo ha crecido en más de 4 puntos bajo gobierno de Sánchez. Por lo tanto, los ricos no son cada vez más ricos, pero los españoles sí son cada vez más pobres en comparación con Europa.
  • No es cierto que las rebajas fiscales que Madrid aplica a las rentas altas sean un “regalo fiscal” a los ricos. De hecho, aún teniendo impuestos más bajos, Madrid es la región que obtiene un mayor porcentaje de lo recaudado por IRPF del 1 y del 10 por ciento de contribuyentes con mayor renta. Para ser precisos, estos dos segmentos aportan el 21,78 y el 53,75 por ciento de lo que Madrid obtiene vía IRPF.
  • Además, Madrid es la comunidad de régimen común con mayor eficacia redistributiva del IRPF. Esto significa que el impacto del Impuesto sobre la Renta sobre las diferencias de ingresos resulta ser mayor con gravámenes más bajos.
  • El PSOE se ha propuesto sacar adelante 46 enmiendas parlamentarias de corte recaudatorio para seguir subiendo los ingresos en 2025. El objetivo de dichas modificaciones es elevar los ingresos públicos en unos 8.000 millones. Los socialistas solamente apenas han puesto encima de la mesa dos medidas de alivio fiscal que apenas tendrían un impacto del 0,6 por ciento sobre la recaudación. En cambio, abundan las subidas de impuestos, algunas de las cuales tendrían un efecto muy destructivo. Es el caso del posible apuntalamiento definitivo del impuesto sobre la banca, cuya aplicación en 2023 y 2024 vino acompañada de una caída de 40.000 millones de euros en la financiación concedida por el sector financiero a empresas y familias. Otra de las medidas propuestas consiste en subir la fiscalidad del diésel, de manera que 14,9 millones de personas pagarán una media de 7,5 euros más cada vez que llenen el depósito de su coche.
  • La frágil alianza entre los socialistas y los distintos socios parlamentarios del gobierno añade una capa adicional de inseguridad jurídica e incertidumbre a las perspectivas de política fiscal de cara a 2025. PSOE y Sumar, por ejemplo, negocian el fin de la exención al Impuesto sobre Primas de Seguros que acotaba su cobro para dejar fuera los de salud. Este gravamen, que ya subió del 6 al 8 por ciento bajo gobierno de Sánchez, pasaría ahora a gravar a 12,4 millones de españoles que cuentan con seguros de salud privados. Asimismo, Sumar ha llevado al Congreso un impuesto de hasta el 34 por ciento para determinadas herencias, así como un incremento del IVA de los pisos turísticos. El vapeo también se vería afectado, quedando gravado a la par con el tabaco tradicional.

Leer el informe completo.

El tropiezo del dictador

Hace unas semanas fue noticia en todo el mundo la XVI Cumbre de los BRICS (acrónimo en referencia a las iniciales de Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), celebrada en la ciudad rusa de Kazán. El ruido incómodo que se produjo a propósito del acto se debió a una razón más pueril que anecdótica, la marginación del dictador Nicolás Maduro.

El tirano, pensándose fuerte a lado de aquellos a quienes puede considerar sus compañeros de viaje, aterrizó en la exótica ciudad rusa con una comitiva completa a su servicio para asegurarse un sitio privilegiado en el evento de países ‘no alineados’: tres aviones de la aerolínea estatal Conviasa –esposa incluida– a su disposición. El objetivo de semejante despliegue era su blanqueamiento en un contexto en el que su denostada imagen internacional busca sobrevivir tras el fraude electoral perpetrado por su gobierno en julio pasado.  

Como antesala orquestada para abonar el terreno días antes de su desembarco, había aterrizado en la misma ciudad Delcy Rodríguez, vicepresidenta de gobierno y una de las operarias más sanguinarias del régimen con la misión de convencer a los miembros de la organización de que Nicolás Maduro es un socio confiable, que la economía venezolana muestra signos de estabilidad y crecimiento, que lo que había ocurrido en julio tras las elecciones era cosa del pasado y que la persecución política registrada a día de hoy como consecuencia de aquel acontecimiento es solo una represalia menor que no amerita mayor discusión.

La estrategia del dictador

Para el dictador bolivariano formar parte de la alianza suponía una vía posible para sortear las sanciones internacionales, suscribir acuerdos de financiamiento que pudieran paliar el colapso económico de su país y emanciparse del lastre que arrastra tras su desvergonzado fraude y las consecuencias políticas suscitadas a propósito de ello: el mantra de las sanciones irá in crescendo sobrevolando su cabeza, padecerá las presiones regionales porque la migración no cejará, y su economía penderá de los hilos que se tejen en los sitios que él defenestra –el precio del petróleo lo marca el mercado imperialista–. Atrás quedaron los días de gloria del comandante.  

Maduro se había propuesto ingresar por la puerta grande y terminó sucumbiendo en una orfandad desangelada en su viaje de regreso a Caracas. Sin duda, se trata de un golpe duro para el dictador, que consideraba que podía salirse una vez más con la suya en un contexto, más bien, amigable donde la resonancia alrededor de la retórica putinesca cobra especial importancia y es el centro de atención.  

La alianza de los BRICS se concibió en sus inicios (2006) con la idea de que sus miembros fomenten entre sí acuerdos económicos y de comercio internacional. Se haría bajo el paraguas de una estrategia geopolítica: ejercer de contrapeso frente a un Occidente extenuante representado por el G7, y ser la fuente de referencia de lo que se ha definido como el ‘Sur Global’ para aquellos países que estiman que la actual arquitectura institucional multilateral no les toma en consideración.

No todos anti occidentales

El tufo autocrático se percibió en los pasillos de la Cumbre orquestada por el Kremlin. Pero sería un error pensar que esta organización se creó con el fin último de representar el anhelo anti-occidental de algunos. De Rusia, China e Irán cabe predicar antagonismo a Occidente. En cambio, para otros, como India como potencia al frente del bloque dialogante, se resiste cualquier encajonamiento ‘conmigo o contra mí’. El país del abrazador Narendra Modi es ‘no-occidental’, no ‘anti-occidental’.

La autoconfianza puede ser peligrosa cuando no se evalúa posibles daños colaterales, pues quizás lo más duro de canalizar en el fuero interno del dictador caribeño fue el veto tajante y explícito de Brasil a la propuesta de su gobierno para su adhesión a los BRICS. Es probable que, de no haber resultado esta adhesión por otras razones, se hubiese contado el resultado como una anécdota más del caudillo a quien los pájaros hablan. Pero el hecho de que fuese el país ‘amigo’ aquel que suplantó sus pretensiones eleva el coste político de sus consecuencias y ratifica el hecho de que el gobierno de Maduro carece de legitimidad, incluso entre quienes un día asumieron su defensa.

El aislamiento

El aislamiento no es un problema para los dictadores cuando se produce. Puede operarse a través de sanciones internacionales impuestas para frenar su comercio e intercambio, o por medio de su marginación de los grandes eventos de la política internacional y su influencia en ellos. El motivo es que Maduro emana hostilidad allí donde va. No puede considerarse un referente ideológico (nunca lo fue) ni práctico de una izquierda latinoamericana que busca a ciegas un soporte donde reclinar la cabeza, y que la repulsa que genera es solo una parte sustancial de lo que en fondo representa: uno de los autoritarismos más rancios del continente.

Su soledad se extenderá a lo largo del tiempo de forma indefinida. Maduro fue derrotado en las urnas y, a pesar no existe certeza alguna de lo que pueda ocurrir el 10 de enero, si insiste en asumir una presidencia ilegítima agudizará su persecución, lidiará con una crisis económica afligida por el intervencionismo, aceptando un destino labrado por él mismo y el séquito del hampa latinoamericano: Caracas se parecerá cada vez más a La Habana, a costa de la vida y la supervivencia de los venezolanos.

Ver también

Crisis en Venezuela. (Miguel Anxo Bastos).

No, Maduro no se hizo capitalista cuando convirtió en dictador. (Marcos Falcone).

Nicolás Maduro suma al menos 726 muertos en su balance como dictador. (Antonio José Chinchetru).

La representación política del bloque libertario

Los liberales tienden a ser extremadamente prácticos. Aunque la teoría liberal es amplia, sigue siendo menos compleja que la teoría en otras doctrinas como podrían ser el comunismo y, en consecuencia, el intervencionismo en casi todas sus formas. En parte, por las contradicciones en las que estas dos últimas incurren, lo que les hace ampliar el horizonte de actuación y, por tanto, de variables a estudiar. La doctrina liberal simplifica gran parte de su contenido, y permite que la espontaneidad forme parte de la ecuación para estudiar pruebas empíricas y corregir la propia teoría.

La economía, pese a no ser una ciencia pura, se comporta como tal cuando tiene que encerrar definiciones basándose en tendencias y comportamientos. En este punto, también me atrevo a decir que los liberales suelen ser sinceros sobre el funcionamiento de los mecanismos políticos y económicos que nos gobiernan, y suelen aportar una visión objetiva y libre de sentimentalismos en temas de cierta controversia.

Discrepancias en la influencia política

Sin embargo, existen grandes discrepancias sobre cuál es el mejor camino para influir en la opinión pública y en el funcionamiento del país. Esto lleva a pensar a muchos que la divulgación es la única opción viable, e incluso honorable, para librar la batalla cultural. En otras palabras, no todos están convencidos de que la política sea el medio adecuado para transformar la política misma y, en consecuencia, la vida de las personas. Los liberales más respetados sostienen que, en un mundo ideal, no debería existir un partido político liberal. Las políticas que defienden deberían formar parte del propio mecanismo de gestión del país, sin necesidad de un partido específico para representarlas.

El punto principal es que, hoy en día, existen ideologías completamente opuestas al liberalismo que están integradas en las instituciones, lo que dificulta que medidas libertarias puedan tener cabida en ciertas formas de gobierno. Concretamente, las políticas de corte libertario resultan difícilmente compatibles con la ideología de extrema izquierda que actualmente forma parte del Gobierno en España.

El Espacio del liberalismo: entre el centro y la derecha

Por tanto, podría decirse que el espacio del liberalismo se sitúa entre el centro y la derecha. Aunque el libertarismo absoluto no sea una realidad factible, algunas medidas, como la limitación del gasto público en aras del crecimiento económico, pueden encontrar espacio en distintos tipos de gobiernos, salvo en el mencionado anteriormente. Sin embargo, al proponer políticas más radicalmente liberales, como la privatización de servicios públicos, el margen de acción libertario se reduce considerablemente en el contexto de la política actual.

Bajo este resumen tan simplificado podemos medir el nivel de influencia que podrían tener unas ideas libertarias en un gobierno, aumentando en el centro derecha y viéndose mermado en ideas extremas, tanto del lado socialista como del lado derechista.

Dicho esto, si nos centramos en el escenario con mayor capacidad de atraer a la ciudadanía, es decir, el centro-derecha conservador (aunque algunas figuras visibles provengan del progresismo), cabe preguntarse: ¿cuánto de socialdemócrata y cuánto de liberal existe realmente en este perfil? O, planteado de otra manera, si hubiera dos partidos con la misma probabilidad de gobernar, ¿hacia dónde se inclinaría la balanza?

La Falta de representación del bloque liberal: la necesidad de diversidad

España está llena de liberales que ni siquiera son conscientes de que lo son. No tienen una verdadera alternativa política. Son personas profundamente convencidas de la necesidad de reducir el gasto público, adelgazar la administración, frenar el derroche de recursos, fomentar el ahorro y priorizar el crecimiento económico. Además, sienten un profundo hartazgo hacia la política; en el mejor de los casos, votan al Partido Popular o a Ciudadanos, y en el peor, que es el más común, ni siquiera ejercen el voto. Esto deja al bloque liberal sin representación efectiva y sumido en un constante enfrentamiento interno, con escaso impacto en la política, tanto nacional como municipal.

¿Por qué no permitir, por una vez, que sean los liberales quienes abracen una mayor diversidad de ideas y caigan en sus propias contradicciones? ¿Por qué no son ellos quienes incluyan a votantes conservadores preocupados porque el partido no amplíe su intervención en asuntos de Estado, en lugar de ser siempre los libertarios los que alerten sobre el poder excesivo del mismo? En otras palabras, ¿por qué no es el liberal el que cede terreno, a modo e inversión, para atraer a más gente?

Desde mi punto de vista, la solución pasa por reconocer de manera genuina que la coalición es necesaria. Las ideas liberales absolutas no son realistas en el contexto actual, y sería necesario construir un bloque liberal que participe en el debate público bajo las mismas reglas con las que juegan el resto de los partidos.

El papel secundario del Partido Libertario

En el caso del Partido Libertario, si desea crecer de forma exponencial en lugar de proporcional, debe abrir sus puertas a votantes conservadores, tanto del Partido Popular como de Vox. Es bien sabido que en sus filas no se permite desviaciones en esta dirección, heredado (o comandado) por Juan Pina, y no hay espacio para el debate en cuestiones que preocupan a la derecha convencional, como la inmigración o el tema de Cataluña en el pasado reciente. Esta situación deja a los votantes conservadores ansiosos por cambiar su voto, pero sin encontrar un acceso abierto en este partido.

Salvando las distancias culturales y situacionales entre Argentina y España, un semejante de Javier Milei probablemente conseguiría representación en el escenario político español. Sin embargo, el Partido Libertario y ciertas asociaciones liberales han optado por mantener una postura cautelosa hacia Milei, quien ni siquiera es recibido oficialmente por ellos; esa distinción recae en Vox, un partido que, aunque poco tiene de libertario, ha sabido aprovechar la notoriedad internacional de Milei para atraer votantes en España. En lugar de colaborar, han señalado las contradicciones que surgen al intentar implementar ideas libertarias en un país de 46 millones de habitantes y sumido en la desesperación. Esta situación ha acentuado la división entre los pocos libertarios que aún consideran la política como un medio viable para llevar sus ideas al gobierno.

Un círculo vicioso: esperando un cambio

En resumen, con el Partido Libertario en contra de subirse a la ola de Milei, y muchos de los libertarios más influyentes promoviendo la idea de no votar, lo único que nos queda es esperar a que Iván Espinosa de los Monteros forme su propio grupo político con tintes libertarios, solo por un momento ilusionante hasta que la primera medida intervencionista sea tomada como una traición hacia el movimiento libertario, y volvamos a empezar en este círculo vicioso, tan alejado de esa practicidad de la que tanto se presume, y que lo único que ha conseguido es alejar al posible votante de un interés por la política y por cambiar el escenario nacional desde una perspectiva objetiva y realista.

Ver también

David Boaz (1953-2024). (Diogo Costa).

Apología libertaria del voto. (Adolfo Lozano).

¿Es Rand Paul realmente libertario? (Adolfo Lozano).

‘Todo depende de los incentivos’

Dice Naomi Klein, en su libro La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, que el modelo de libre mercado propuesto por Milton Friedman y sus seguidores se consiguió establecer en muchos países no porque fuese un planteamiento que contase con el apoyo popular, sino gracias a impactos sociales ocasionados por grandes desastres que conmocionaron a la gente y que permitieron instaurar unas medidas que eran, precisamente, impopulares. Cualquiera diría que lo que Klein afirma que realizaron los friedmanitas y demás seguidores de la Escuela de Chicago es lo que han intentado algunos de nuestros políticos. Sobre todo a la vista de ciertas fotografías, retiradas después, pero que aparecieron en las redes sociales, y que permiten advertir, con claridad, las estrategias “agendistas” de ministras como la de Igualdad.

En contra de lo que pueda parecer, se me hace muy difícil, cuando la gente está, todavía, buscando a sus seres queridos y quitando escombros de las calles, utilizar lo ocurrido en Valencia para tratar de analizar qué cosas podrían cambiarse para evitar que sucesos como el ocurrido vuelvan a tener lugar, ya sea allí, o en cualquier otro sitio. Pero también creo que es una obligación moral, para aquellos que no podemos estar allí quitando barro, analizar la situación y, modestamente, tratar de influir, en la medida de nuestras posibilidades, para que la gente vea la necesidad de adoptar soluciones que en conciencia consideramos las más correcta: por el bien de los demás, y de nosotros mismos. Y para ello lo primero que tenemos que hacer es darnos cuenta de algunas falacias que damos por ciertas, más desde una suerte de fe, que desde la razón. 

Información e incentivos

Tanto el mercado privado como las estructuras políticas se enfrentan a dos grandes problemas, el de la información y los incentivos, que con detalle ha estudiado la Teoría de la elección pública, de Buchanan, entre otros. Quienes han sido seleccionados como representantes y directores de las políticas públicas deben poder conocer las necesidades y las preferencias de las personas a quienes sirven. Los políticos están a nuestro servicio, o, al menos, deberían estarlo, que no se nos olvide. Y deben proporcionar los bienes y los servicios que se deben proveer, según la organización política del país, por el Estado. Pero, además, y casi más importante, deben tener los incentivos correctos que guíen sus acciones en el sentido adecuado.

Y es que, en contra de lo que parece creer la gente, la democracia no garantiza que se vayan a obtener los resultados queridos por los ciudadanos, como por desgracia estamos viendo. Cierto es que tampoco el libre mercado es infalible y puede garantizar nada. La cuestión es determinar cuál de los dos modelos, el estatal o el privado, está mejor enfocado, en principio, para tener un mejor desempeño. Y la Teoría de la elección pública explica, creo que sin lugar a dudas, que quien mejor lo hace es el sector privado, precisamente porque en él la búsqueda de información información y los incentivos hacen que se alineen mejor los intereses de los distintos grupos sociales.

Políticos y burócratas tienen intereses propios

Pero el modelo que tenemos ahora mismo es el que es, y flaco favor nos haría, en el corto y medio plazo, preocuparnos exclusivamente de cambiar el modelo, ya que eso requiere tiempo y mucho esfuerzo. Por eso, sin perjuicio de tener en mente el objetivo a largo plazo, que instituciones como el Juan de Mariana hacen que no se olvide, conviene analizar también lo que tenemos, para tratar de mejorar, en la medida de nuestras posibilidades y hasta que no se cambie el modelo.

Autores como James Buchanan, Anthony Downs o Gordon Tullok, en su análisis económico de la política, parten de un principio claro, y que, creo, es el más realista: en la política sucede lo mismo que en el mercado, los individuos persiguen su propio interés, no el de otros. Tendemos a creer que los políticos, por el hecho de estar en el poder, dejan de ser hombres, y se convierten en una simbiosis perfecta de ángel y robot que les lleva a ser capaces de buscar, con el mayor rigor, el bien común. Y eso no es así: el político persigue, como lo hacemos los demás, su interés personal, tanto en su ámbito privado como en el público; y confiar en lo contrario es, me temo, una ingenuidad y un riesgo terrible.

Y sus intereses no son los nuestros

En efecto, tanto los políticos, como los funcionarios, persiguen sus intereses personales dentro de un marco normativo e institucional que guiará sus esfuerzos en una determinada dirección; el problema es que esta dirección no tiene por qué coincidir con el interés de los votantes. Así, el objetivo de los políticos tiende a ser siempre la reelección, y el de los funcionarios, maximizar el presupuesto sobre el que deciden y minimizar el esfuerzo que deban que realizar. Evidentemente puede haber otras motivaciones, pero la tendencia fundamental, la fuerza que tiende a galvanizarlo todo, es la que es, y no por una maldad o egoísmo especial, sino como consecuencia de la propia naturaleza humana. 

Pero es que, además, hay una preferencia natural, en el político y en cualquiera, a procurar los beneficios a corto plazo, postergando los costes al futuro. Y, encima, todos determinamos nuestros objetivos a través del tamiz de ciertas teorías (intereses, ideologías…) que llevan a que algunas de las decisiones que tomamos se adopten incluso asumiendo que los resultados van a ser negativos -en algunos aspectos- para nosotros y para los que nos rodean. Y los políticos no son diferentes.

Inundaciones en Valencia

Creo que a ninguno se le escapa, a poco que haya estado pendiente de las noticias, que los tres problemas que hemos planteado -podríamos haber hablado de otros, pero alargarían el artículo más de lo conveniente- han estado presentes en Valencia: preferencia natural a buscar resultados en el corto plazo postergando los costes al futuro (que ha llevado a utilizar los recursos, escasos por naturaleza, para obtener réditos que se manifestaban en el corto plazo, y no en un futuro lejano y que a lo mejor no llegaba: ¿para qué acometer obras costosas cuyos beneficios no va a disfrutar la gente mientras gobierna el político bajo cuya dirección se ejecutan?).

También ha estado presente que la actuación no ha estado motivada actuar no para alcanzar un mayor bienestar de la gente, sino por ideología (que ha llevado a devolver los lechos, de los ríos y los barrancos, a situación primitivas, anteriores a las acciones del hombre dirigidas a atemperar, precisamente, los rigores extremos de la naturaleza: demoliendo presas que podrían haber ayudado en Valencia, o que pueden ayudar en un futuro en otros lugares); preocuparse más por dominar el “relato” que por solucionar los problemas reales, a fin de no perder votos, suceda lo que suceda en la realidad diaria de los votantes. 

Pero los ciudadanos podemos hacer mucho. No ya solo, como está ocurriendo con las decenas de miles de voluntarios -valencianos y de otros lugares-, para paliar las consecuencias de las malas decisiones de nuestros políticos, sino también para obligarles a que alineen más sus decisiones con nuestros intereses. Y es que las acciones de los políticos, aun a pesar de los incentivos señalados, pueden cambiar.

La apatía

En efecto, dado que el objetivo de los políticos es la reelección, dependerá de la actitud de los votantes cómo intenten los políticos alcanzar su fin. Si los votantes son racionalmente apáticos, están desinformados, o se han adherido a teorías erróneas, el incentivo del político no será sacarlos de su error. Querrán ofrecerles lo que buscan. Sus esfuerzos no se destinarán a satisfacer sus necesidades, ya que ello implica grandes esfuerzos, riesgos, y que las consecuencias de sus actos se materialicen principalmente en el largo plazo. Les será más sencillo esforzarse por conocer bien las creencias de sus votantes y utilizar la retórica adecuada a fin de obtener su voto.

Es lo que haríamos la mayoría, si estuviésemos en su lugar. De ahí el interés que todos los políticos manifiestan, sean de un color u otro, por controlar la educación y los medios de comunicación, cercenando, si es necesario, la libertad de prensa.

Por el contrario, si los ciudadanos saliesen de su apatía, se obligasen a analizar las cosas en profundidad, valorasen las decisiones que se toman con objetivos a largo plazo, etc… si se hiciese todo eso, los políticos, precisamente para obtener la reelección, tendrían que cambiar su forma de actuar y los criterios que guían sus decisiones.

Información e incentivos: los votantes

Evidentemente, los mismos problemas de información e incentivos que planteamos respecto de los políticos, existen respecto de los votantes. ¿Nos compensa a cada uno de nosotros dedicarle tiempo y esfuerzo a analizar con detalle lo que hacen nuestros políticos y funcionarios, máxime cuando nuestra capacidad de influencia -un solo voto- es muy escasa? ¿No estamos también nosotros influidos por la preferencia por el corto plazo y por disfrutar lo antes posible de los beneficios de las cosas que nos afectan postergando los costes al futuro? ¿Acaso nuestro enfoque no está condicionado también por nuestras ideologías? ¿No nos preocupamos fundamentalmente de nuestro bienestar particular, importándonos poco el bien común? Es evidente que sí, pero también es evidente que si nosotros no hacemos el esfuerzo por cambiar, difícilmente lo harán quienes nos gobiernan; además de que careceremos de la autoridad moral para exigírselo. 

La sociedad civil está demostrando, en Valencia, que es capaz de olvidarse de los propios intereses y centrarse en solucionar también los problemas ajenos. Sólo por eso merece la pena tener esperanza y, gracias a esa esperanza, tiene más sentido hacer el esfuerzo. Sus esfuerzos no se destinarán a satisfacer sus necesidades, ya que ello implica grandes esfuerzos, riesgos, y que las consecuencias de sus actos se materialicen principalmente en el largo plazo. Les será más sencillo esforzarse por conocer bien las creencias de sus votantes y utilizar la retórica adecuada a fin de obtener su voto. Es lo que haríamos la mayoría, si estuviésemos en su lugar. De ahí el interés que todos los políticos manifiestan, sean de un color u otro, por controlar la educación y los medios de comunicación, cercenando, si es necesario, la libertad de prensa.

En el ámbito privado hay esperanza

Por el contrario, si los ciudadanos saliesen de su apatía, se obligasen a analizar las cosas en profundidad, valorasen las decisiones que se toman con objetivos a largo plazo, etc… si se hiciese todo eso, los políticos, precisamente para seguir siendo reelegidos, tendrían que cambiar su forma de actuar y los criterios que guían sus decisiones.

Evidentemente, los mismos problemas de información e incentivos que planteamos respecto de los políticos existen respecto de los votantes: ¿nos compensa a cada uno de nosotros dedicarle tiempo y esfuerzo a analizar con detalle lo que hacen nuestros políticos y funcionarios, máxime cuando nuestra capacidad de influencia -un solo voto- es muy reducida? ¿No estamos también nosotros influidos por la preferencia por el corto plazo y por disfrutar lo antes posible de los beneficios de las cosas que nos afectan postergando los costes al futuro? ¿Acaso nuestro enfoque no está condicionado también por nuestras ideologías? ¿No nos preocupamos fundamentalmente de nuestro bienestar particular, importándonos poco el bien común? Es evidente que sí, pero también es evidente que si nosotros no hacemos el esfuerzo por cambiar, difícilmente lo harán quienes nos gobiernan; además de que careceremos de la autoridad moral para exigírselo. 

La sociedad civil está demostrando, en Valencia, que es capaz de olvidarse de los propios intereses y centrarse en solucionar también los problemas ajenos. Sólo por eso merece la pena tener esperanza y, gracias a esa esperanza, tiene más sentido hacer el esfuerzo. 

Ver tanbién

Son los incentivos, estúpido. (Ignasi Boltó).

La política sin romance de Buchanan. (María Blanco).

Contra los planes de todos los gobiernos. (Jaime Juárez).

Historia de Aragón (X): El pactismo y los fueros de Aragón

El pactismo fue un régimen político que se desarrolló dentro de una sociedad dividida entre estamentos privilegiados y no privilegiados. Como la propia palabra indica, el elemento que define el pactismo es el pacto, que llenaba la vida política y estaba presente en todos los actos de la comunidad. Este pacto no siempre poseía la misma fuerza, dependiendo de las circunstancias políticas se manifestaría de una forma u otra.

Existen dos visiones diferentes del pactismo, una visión filosófica y una visión historicista:

  • El pactismo filosófico es una construcción mental, una formulación de una doctrina política. Hace referencia a la teoría política, con independencia de que se ponga en práctica.
  • El pactismo historicista es aquel perteneciente al mundo de la realidad. Es decir, como se desarrolló esta doctrina política. A su vez, dentro de este pactismo historicista hay dos subdivisiones:
  • Pactismo político: Está ligado al Reino de Aragón. El pactismo político aragonés está basado en una relación entre una colectividad, el reino, y una persona singular, el rey. Entre reino y rey existía un acuerdo para limitar la actuación política. Este pactismo surgía de un equilibrio de fuerzas de poder entre el monarca y el reino que desembocaba en la necesidad de negociar y pactar.
  • Pactismo jurídico: Era el existente en Cataluña y Valencia. El pactismo en el espacio catalán y valenciano estaba sustentado por un contrato monetario entre el rey y el reino. Pero no había ese equilibrio de fuerzas que existía en el caso aragonés.

Pactos y fueros

No debemos confundir la idea de pacto con leyes. El pacto es el acuerdo para limitar la actuación política que surge del equilibrio de fuerzas entre el rey y el reino. Las leyes, en este caso los fueros, son normas previas que van a guiar el desarrollo político y social. A estas normas se va a incorporar la idea del pacto. Es un sistema político que tiene que aceptar, respetar y mantener los antiguos fueros a la vez que va a permitir la participación del reino en la elaboración de las nuevas leyes.

Los fueros en Aragón son unas leyes de naturaleza práctica que van a surgir de la colaboración y la participación del reino en su redacción a través del pacto realizado con el monarca. Este equilibrio de fuerzas surge en el siglo XIII. Dentro de estas fuerzas el Justicia va a ser la fuerza moderadora. A la vez que se crea esta fuerza moderadora, la posibilidad del rey para acceder a este sistema va a venir ligada a la firma del privilegio general de 1283.

El rey se compromete con el reino a observar y confirmar los fueros, usos, costumbres y privilegios del reino de Aragón. Los fueros eran un conjunto de leyes foral enriquecido a lo largo de los siglos, que englobaba toda la legislación civil, penal y procesal del reino. Es un cuerpo legislativo ingente, muy amplio, pues recoge todas las tradiciones y libertades aragonesas. Tiene influencias del derecho romano, eclesiástico, germano e islámico.

El papel del Justicia de Aragón

Para legitimar el pactismo se va a buscar un origen mítico del pacto, para unir el pactismo filosófico con el pactismo real. El origen estará en 300 caballeros que se refugiaron en los Pirineos tras la invasión musulmana. Allí surgen lo que conocemos como los Fueros de Sobrarbe, un pacto primitivo entre los caballeros para acordar la creación de un poder entre caballeros y rey, donde de alguna manera el rey fuera un primus inter pares. Esta va a ser la base ideológica que los aragoneses van a utilizar para justificar el pactismo.

En este mito fundacional nos vamos a encontrar dos ideas fundamentales: la limitación del poder real y la búsqueda de la defensa de los intereses del reino. Este mito va a girar en torno a la elección del primer rey que va a estar sometido a las leyes. De aquí la idea de leyes antes que reyes. Y el juez que va a intermediar entre rey y reino será el Justicia de Aragón. El rey tenía que jurar defender los reinos ante el Justicia, mencionando estas palabras: Nos, que somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos, os hacemos rey de Aragón, si juráis los fueros y si no, no.

Compilaciones

Al llegar al siglo XIII empezó a haber una serie de normas de uso común que empezaron a denominarse fuero de Aragón. Por el mandato de Jaime I, el obispo Canellas creó una compilación de los fueros de Aragón. Esta tenía dos colecciones, una primera reducida y una segunda que se llamó Compilación Mayor. En su versión romance es conocida como El Vidal Mayor. Este va a ser un código de leyes aragonesas que va a adquirir la calidad de fuero pactado. Son un instrumento vivo, se van ampliando y modificando por esa acción conjunta del rey y el reino dentro de las Cortes.

Esta unificación jurídica del reino está sustancialmente conseguida en 1247 con el Vidal Mayor. Estas leyes van a tardar en imponerse en algunas zonas que habían obtenido fueros de frontera, como el fuero de Teruel, que solo a finales del siglo XVI va a pasar a formar parte de los fueros generales de Aragón. Se van a ir unificando los fueros del reino, pero se mantienen en algunas zonas fueros particulares.

A lo largo de los siglos XVI y XVII los fueros de Aragón van a ir completándose y alterándose, existiendo distintas compilaciones de derecho aragonés. Estas van a mantener su vigencia hasta su derogación por los Decretos de Nueva Planta en 1707.

Serie ‘Historia de Aragón’

¿Tiene sentido Liberland?

Liberland es ya una realidad desde que Vít Jedlička, actual presidente de Liberland y activista político asociado al partido libertario Svobodní en República Checa, lo estableció el 13 de abril de 2015. Situado en el río Danubio en la frontera entre Croacia y Serbia, es la nación más libre del mundo, y está basada en un sistema de gobierno bajo Blockchain y en unos principios libertarios que buscan maximizar la libertad, bajo el rule of law, la autonomía sobre el propio cuerpo, la libertad de asociación, el libre comercio o la libertad de movimiento. La propuesta es crear el gobierno más libre posible siguiendo ejemplos como Liechtenstein o Singapur.

La primera pregunta que uno puede hacerse es por qué están creando un Estado. Lo primero de todo es que es complejo decir que estén creando un Estado tal y como lo conocemos, ya que los impuestos serán voluntarios, pero sí se está estableciendo un gobierno encargado principalmente de cierta administración y de las relaciones internacionales. Porque, siguiendo la Convención de Montevideo de 1933, para ser reconocido internacionalmente se necesita tener un territorio definido, una población permanente, un gobierno operativo y capacidad para las relaciones diplomáticas.

Es el mundo en el que vivimos, en el que, si una nación no es reconocida, los Estados impiden ir allí a sus ciudadanos y toda empresa que se establezca será apartada del mercado internacional. Como mencioné en un artículo sobre el Coto Mixto, la secesión (en este caso la ocupación de un territorio no reclamado) solo es posible si las relaciones con los vecinos y las élites burocráticas son buenas.

Sistema de gobierno de Liberland

De momento, el gobierno de Liberland es provisional, hasta que se pueda escribir una Constitución de mínimos, establecer relaciones internacionales y poder realizar elecciones generales. La Constitución reconocerá la soberanía individual de cada persona sobre su cuerpo y mente, y sobre los recursos escasos de los que cada uno se apropie, permitiéndose su libre uso, venta o destrucción. El Principio de No Agresión será fundamental, y ningún gobierno podrá violarlo. Por tanto, el robo está y seguirá prohibido en Liberland, por lo que también los impuestos. El gobierno no puede ni podrá exigir impuestos a sus residentes o ciudadanos digitales. Su única forma de financiación serán contribuciones voluntarias para servicios o proyectos específicos.

La idea del Congreso se basa en elecciones directas al estilo de democracia suizo, pero no bajo la idea errónea de “un hombre, un voto”. La idea que lo subyace es la meritocracia, y las elecciones dependen de la delegación voluntaria de poder político a los candidatos mediante la Blockchain a través de los méritos (LLM), que dependen de las contribuciones a Liberland, y son usados para votar a candidatos, retirar el voto o votar en referéndums.

Por tanto, Liberland no es una democracia por sufragio universal, sino una democracia orgánica en función de los méritos. Esta idea recuerda a las repúblicas mercantiles, que mencionan Lord William Rees-Mogg y James Dale Davidson en The Sovereign Individual, como Venecia, y que estaban controladas por sus clientes, los comerciantes mayoristas (p. 201). Como dato, sus primeras elecciones han sido el 6 de octubre de 2024 y han salido elegidos, por ejemplo, Justin Sun, el fundador de TRON, como primer ministro, o el expolítico croata Ivan Pernar.

Nacionalidad

Como he dicho antes, la soberanía en Liberland depende de los méritos, y se vota a través de un sistema de Blockchain. De ahí también se saca la nacionalidad, que actualmente se encuentra en los 5000 méritos o 10000 dólares americanos, aunque se puede pedir la residencia electrónica por 150 dólares. La residencia electrónica permite registrar empresas en la Blockchain, y la nacionalidad participar en los procesos políticos. Si bien existe una criptomoneda gubernamental, el dólar de Liberland (LLD), la idea es y será permitir la libertad monetaria, y una de las criptomonedas más usadas es Bitcoin. Esto también lo mencionaban Rees-Mogg y Davidson como un ejemplo de la soberanía comercializada en la era de la información, con un gobierno empresarial que permita un alcance práctico mayor para la toma de decisiones y permita la autodeterminación (p. 495).

Ideas por desarrollar

El proceso de colonización es complejo, pero ya hay fronteras definidas de facto con Croacia (con Serbia es el Danubio) en las que los croatas han puesto policía permanente. La idea fundamental se basa en la apropiación originaria de Locke, por lo que no está permitido de momento comprar terrenos de tierra por Internet. Es una restricción lógica, ya que podría llegar un gran fondo u otro Estado y comprar todo el terreno de Liberland.

Aun así, todavía no está públicamente definido cómo serán las vías públicas, o si habrá, y qué normas habrá en ellas. La policía será un servicio de seguridad a pedido a través de la aplicación de Liberland, en la que ya se contratan trabajos a través de la Blockchain. El sistema de justicia será privado mediante arbitraje como funcionaba el derecho mercantil, en el que las sentencias privadas se respetaban, según Bruce L. Benson en The Enterprise of Law: Justice Without the State, porque,

Las decisiones de los tribunales mercantiles estaban respaldadas por la amenaza del ostracismo, una sanción de boicot muy eficaz. Si un tribunal mercantil dictaminaba que un comerciante londinense había incumplido un contrato con un comerciante de Colonia en una feria de Milán, por ejemplo, el comerciante londinense tenía fuertes incentivos para pagar la indemnización que el tribunal juzgaba adecuada. Si no lo hacía, otros comerciantes dejarían de comerciar con él (pp. 35-36).

Bruce Benson. The Enterprise of Law: Justice Without the State.

Relaciones internacionales

Finalmente, las relaciones internacionales de Liberland están mejor que nunca. El excongresista americano Ron Paul apoyó abiertamente a Liberland y el presidente argentino Javier Milei también. Grandes empresarios como Vitalik Buterin, el cofundador de Ethereum, se interesaron por el proyecto. Los gobiernos más favorables respecto al proyecto son el argentino, el dominicano y se espera que con Donald Trump el americano, ya que diversos congresistas y senadores republicanos apoyan la idea, todo ello conseguido a través de su ministro de exteriores, Thomas D. Walls. También tienen relaciones con el Vaticano, por lo que se espera la construcción de una parroquia católica en un futuro próximo. En España, un embajador es Pol Victoria, autor de El Manifiesto Austrolibertario, que organizó el 7 de noviembre de 2024 el primer evento oficial de Liberland en España.

Liberland es uno de esos proyectos fundamentales para entrar correctamente en el Tercer Milenio, demostrando que la secesión y descentralización no son malas. Solo hace falta ver que la descentralización en la Edad Media europea fue junto al cristianismo lo que creó la próspera civilización Occidental, esa misma civilización que se encuentra en decadencia desde la caída del Imperio Austrohúngaro. Por tanto, espero que Liberland sea el primero de muchos proyectos para volver a nuestras raíces y para realizar el sueño del que habló Hans-Hermann Hoppe:

Mi sueño es el sueño de una Europa que consista en 1,000 Liechtensteins.

Ver también

New Hampshire, paraíso libertario. (Félix Moreno).