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Burocracia

La deuda pública crece, sin freno, en los países occidentales. No es casual que, con ella, lo haga también la burocracia, en una dinámica perversa en la que supuestas necesidades hacen que se cree el órgano, y, una vez creado, este se encarga de mantener/multiplicar las necesidades que justifiquen su existencia. Resulta llamativo que en los países en los que los bienes de producción eran de titularidad estatal, y la economía, por tanto, se dirigía a través de la planificación centralizada, sus líderes (Lenin, Trotsky o Stalin, por ejemplo) fuesen más críticos con esa burocracia de lo que lo somos ahora. En el artículo de hoy vamos a ver algunos de sus planteamientos, por si nos sirviesen para ser conscientes del monstruo que estamos creando.

Es interesante, en primer lugar, ver qué entendían los propios bolcheviques, siguiendo a Marx, por burocracia, para quien esta era el “Estado en cuanto a formalismo”, pero con unos intereses propios y distintos de los “generales” que el Estado debería representar. La burocracia se constituía, así, como una “corporación” completa (Marx, Crítica de la filosofía del Estado de Hegel, 1844) que, tras la revolución francesa,  se convirtió en el instrumento de la clase dominante, es decir, de la burguesía (Marx, 18 de Brumario de Luis Bonaparte, 1852). Así, a partir de la definición de Marx, recogida por los autores bolcheviques que luego veremos, el burócrata sería el funcionario del Estado que goza de ciertos privilegios que lo colocan por encima del resto de ciudadanos.

Vladimir Lenin

Pero claro, el socialismo lo cambiaba todo, y, como recuerda Lenin, en El Estado y la Revolución:

Bajo el socialismo los funcionarios[i] dejan de ser “burócratas”, dejan de ser “funcionarios”, dejan de serlo a medida que se implanta, además de la elegibilidad, la amovilidad en todo momento, y, además de esto, los sueldos equiparados al salario medio de un obrero, y, además de esto, la sustitución de las instituciones parlamentarias por “instituciones del trabajo”, es decir, que dictan leyes y las ejecutan (Lenin, 2006).

Vladimir Lenin. El Estado y la revolución.

Y es que, como decía Marx, y cita Lenin en la misma obra, “Ni en el partido ni en los sindicatos podemos prescindir de los funcionarios”.

Recoger los frutos de la burguesía

Cierto es que desde los primeros años de la Revolución Bolchevique, Lenin reconoció que el modelo que habían impuesto sufría cierta deformación burocrática, pero la justificaba por el atraso histórico del país -con problemas culturales que dificultaban la formación rápida de funcionarios eficaces y leales-,  por la falta de modernización económica de Rusia, y, en definitiva, que el país todavía no estuviese del todo preparado para el cambio hacia el socialismo, con una clara ausencia de cuadros comunistas especializados y bien formados, lo que obligó a los bolcheviques a servirse de las estructuras y funcionarios zaristas. En este sentido, el propio Lenin, en su “Informe sobre el Programa del Partido”, de 1919, señalaba que:

La burguesía reclutaba elementos de la clase precedente; y nuestra tarea actual es la misma; saber tomar, someter, aprovechar los conocimientos, la preparación de la clase que nos precedió y utilizarlos para el triunfo de nuestra clase (…) Hoy, en un Estado organizado a imagen y semejanza de la clase dominante, es preciso proceder como procedieron todos los Estados. Si no queremos colocarnos en las posiciones del utopismo puro y de la fraseología huera, debemos decir que hay que tener en cuenta la experiencia de los años anteriores, que tenemos que asegurar la Ley Fundamental conquistada por la revolución, pero que para las tareas administrativas, para el aparato del Estado, debemos tener hombres que posean la técnica de la administración, que tengan experiencia de la administración estatal y económica, y estos hombres no podemos sacarlos más que del seno de la clase que nos ha precedido.

Vladimir Lenin. Informe sobre el programa del partido.

Una burocratización necesaria

Aun así, la burocratización se superaría a medida que se afianzase el modelo socialista y fuese permeando su ideario en la población y en los funcionarios, erradicando, de raíz, un espíritu capitalista que no hacía sino corromper, como vuelve a reconocer el El Estado y la Revolución.

No podemos prescindir de funcionarios bajo el capitalismo, bajo la dominación de la burguesía. El proletariado está oprimido, las masas trabajadores están esclavizadas por el capitalismo. Bajo el capitalismo, la democracia se ve coartada, cohibida, truncada, mutilada por todo el ambiente de la esclavitud asalariada, por la penuria y la miseria de las masas. Por esto, y solamente por esto, los funcionarios de nuestras organizaciones políticas y sindicales se corrompen (o, por decirlo más exactamente, tienden a corromperse) bajo el ambiente del capitalismo y muestran la tendencia a convertirse en burócratas, es decir, en personas privilegiadas, divorciadas de las masas, situadas por encima de las masas. En esto reside la esencia del burocratismo, y mientras los capitalistas no sean expropiados, mientras no se derribe la burguesía, será inevitable una cierta “burocratización” incluso de los funcionarios proletarios.

Vladimir Lenin. El Estado y la revolución.

Pero Stalin, en la línea de Lenin, tenía, esperanzado, la solución: “intensificar la lucha de clases” para depurar en toda regla al Partido y al Estado.

Trotsky

Trotsky, sin embargo, no era tan optimista:

La burocracia soviética se ha elevado por encima de una clase que apenas salía de la miseria y de las tinieblas, y que no tenía tradiciones demando y de dominio. Mientras que los fascistas, una vez llegados al poder, se alían con la burguesía por los intereses comunes, la amistad, los matrimonios, etc., etc., la burocracia de la URSS asimila las costumbres burguesas sin tener a su lado una burguesía nacional. En este sentido, no se puede negar que es algo más que una simple burocracia. Es la única capa social privilegiada y dominante, en el sentido pleno de estas palabras, en la sociedad soviética.

Trotsky L. La Revolución Traicionada, 1936.

La revolución permanente

Y aunque buscaba su razón en supuestas “contradicciones”, entiendo que “dialécticas”, era mucho más crítico y así, en su La Revolución Permanente señalaba:

El burocratismo soviético (sería más exacto decir antisoviético) es el producto de contradicciones sociales: entre la ciudad y el campo; entre el proletariado y el campesinado (estos dos géneros de contradicciones no coinciden); entre las repúblicas nacionales y sus subdivisiones; entre los diversos grupos del campesinado; entre las diversas capas del proletariado; entre los diversos grupos de consumidores; en fin, entre el estado soviético en su conjunto y su cerco capitalista. Actualmente, por la traducción de todas las relaciones al lenguaje del sistema monetario, las contradicciones económicas van a aparecer a los ojos de todos de una manera especialmente viva.

Trotsky L. La Revolución Permanente.

La burocracia resuelve estas contradicciones elevándose por encima de las masas trabajadoras. Utiliza su función para afirmar su dominación. A través de una dirección incontrolada, arbitraria y sin remedio, acumula nuevas contradicciones. Al explotarlas, crea un régimen de absolutismo burocrático (Trotsky, 1929).

Un aparato burocrático cuya violencia era también criticada por Bujarin, como cita Cohen, en su “Bukharin and de Bolshevik Revolution. A Political Biography, 1888-1938”.

Ello no obstante, ninguno de los dirigentes a los que nos hemos referido supo ver que el propio sistema, además de ese imponente aparato planificación y control, creaba las dinámicas necesarias para que dicho aparato funcionarial se convirtiese, inevitablemente, en la “clase” privilegiada colocada por encima del común de los ciudadanos que denunciaba Trotsky.

La función del Partido

Y ello, como apunta Kornai (“The Socialist System. The Political Economy of Communism”), por las siguientes razones:

A) El Partido, vanguardia del proletariado, es en los países denominados “comunistas” la principal institución en la estructura de poder y no se admiten -salvo excepciones más formales que reales, como la de China o Polonia- otros partidos que le hagan la competencia (es lo que se denomina sistema de partido único); y la jurisdicción de éste cubre, en la práctica tanto i) los nombramientos, como las promociones o los despidos del personal relevante del aparato estatal; ii) las decisiones en la mayor parte de los asuntos del Estado,  alcanzándose dichas decisiones en el seno de los órganos del Partido antes de adoptarse por el órgano estatal correspondiente y iii) supervisión completa de la actuación del aparato del Estado.

En todo caso, el aparato del partido está en permanente contacto con el aparato del Estado y aunque el partido desarrolla las funciones políticas y el Estado las administrativas, dado que miembros del partido ostentan cargos estatales y a la inversa, el Partido en particular y, por extensión, la nomenclatura (entendida como el grupo dirigente) es una organización endogámica y fuertemente controlada por los que ya detentan el poder.

Sin control ni equilibrio

B) Hay, en los modelos comunistas, una carencia de sistemas de equilibrio y control que eviten la adquisición, por parte de la clase dirigente, del monopolio del poder con carácter permanente. En efecto, como destaca Kornai -siguiendo el modelo de análisis de Niskalen, exponente de la Escuela de la Elección Pública-, en los sistemas con parlamentarismo democrático, el legislador, con el ojo puesto en las siguientes elecciones, tiene, al menos supuestamente, el interés y la necesidad de ganarse la confianza de sus votantes.

Atendiendo a esa necesidad, da instrucciones al aparato funcionarial y controla el funcionamiento de esa burocracia, por iguales razones. Vemos, por tanto, que en las democracias la burocracia está supuestamente subordinada al legislativo. En el caso del modelo socialista, sin embargo, las premisas del modelo señalado no se dan: por un lado, el legislativo no depende del votante, sino que sus miembros son nombrados por la propia burocracia, de forma que acaba formando parte de la misma. Pero, por otra parte, y por la misma razón, el legislativo, que no es independiente de la burocracia, ni la regula ni la controla.

Intereses contrapuestos

C) Los intereses de la burocracia son distintos que los de los ciudadanos normales. Como también destaca el modelo de Kornai, existen una serie de elementos que mantienen unidos a los burócratas socialistas como grupo y frente al resto de los ciudadanos: i) la ideología (compartir una serie de ideas, valores, objetivos comunes), sobre todo en las primeras fases, recién alcanzado el poder; ii) el ansia de controlar y retener el poder, iii) prestigio y privilegios de los dirigentes (con ventajas materiales que acompañan al rango que ostentan) y iv) la coerción, ya que todo miembro del Partido tiene obligación de aplicar las resoluciones y las instrucciones de éste, estableciéndose un sistema de disciplina que va desde la censura hasta la expulsión del partido y, en casos todavía más “graves” la persecución gubernamental e incluso la reclusión en un campo de trabajo o la ejecución.

Como consecuencia de las fuerzas inherentes al sistema que acabamos de describir, el aparato burocrático, en la Unión Soviética estalinista, llegó a representar casi un 20 % de la masa laboral, y se constituyó, como no podía ser de otro modo, como una clase social colocada por encima de la generalidad de los ciudadanos, haciendo mayores las desigualdades que, en cualquier sociedad “burguesa”, se dan entre los gobernantes y los gobernados; justo aquello que, teóricamente, el socialismo pretendía erradicar.

Burocracia y casta política

Pero ello, como decimos, no fue consecuencia de una tergiversación del ideario socialista, como pretendía Trotsky, sino la consecuencia lógica y previsible del propio modelo. La pretensión de que, con la instauración de dicho modelo, aparecería el hombre nuevo no es sino una utopía sin apoyo real alguno y que olvida cuál es la naturaleza del ser humano y las propias fuerzas de intereses e incentivos que rodean al individuo y le hacen elegir.

Y eso sin entrar a discutir cómo, además de lo anterior, las motivaciones e incentivos de esa clase dirigente socialista –no sometida a ningún freno ni control- añaden mayores ineficiencias al sistema económico, empobreciendo más a todo el país.

Llámenme loco, pero nuestro modelo, con una “casta” política endogámica y cuyo poder trata de controlarlo todo, incluida la Justicia; un votante que se alimenta generalmente a través de los mismos medios de comunicación financiados a través de la subvención pública y una estructura burocrática con intereses cada vez más alejados de los ciudadanos -véase Bruselas-, nuestro sistema no es tan diferente; al menos en lo relativo a las fuerzas que crean esas estructuras burocráticas opresoras. A lo mejor deberíamos planteárnoslo.

Bibliografía

Aguilera de Prat, C. R. (2005). La teoría bolchevique del Estado socialista. Madrid: Tecnos.

Cohen, S. F. (1980). Bukharin and de Bolshevik Revolution. A Political Biography, 1888-1938. Oxford University Press.

Friedrich, Carl J. y Brzezinski, Zbigniew K. (1965). Totalitarian Dictatorship and Autocracy. Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press.

Kornai, J. (2007). The Socialist System. The Political Economy of Communism. Oxford: Oxford University Press.

Lenin. (19 de Marzo de 1919). Informe sobre el Programa del Partido. Obtenido de https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe3/lenin-obras-3-3.pdf

Lenin. (1975). ¿Qué hacer? Madrid: Akal.

Lenin. (1975). Un paso adelante, dos pasos atrás. Madrid: Akal.

Lenin. (2006). El Estado y la Revolución. Madrid: Alianza Editorial.

Marx, K. (1844). Crítica de la filosofía del Estado de Hegel. Obtenido de http://creandopueblo.files.wordpress.com/2013/10/marx-crc3adtica-de-la-filosofc3ada-del-estado-de-hegel.pdf

Marx, K. (1852). 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Obtenido de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm

Marx, K. (1973). La Guerra civil en Francia. Editorial de Ciencias Sociales.

Mises, L. (1944). Bureaucracy. New Haven: Yale University Press.

Mises, L. v. (1996). Socialism. An Economical an Sociological Analysis. Auburn, Alabama: Mises Institute.

Trotsky. (1929). La Revolución Permanente. Obtenido de http://www.marxists.org/espanol/trotsky/revperm/

Trotsky, L. (1936). La Revolución Traicionada. Obtenido de http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/rt/

Trotsky, L. (1972). La Revolución Permanente. París: Ruedo Ibérico.

Trotsky, L. (1977). La Revolución traicionada. Qué es y adónde va la Unión Soviética. Barcelona: Fontamara.

Trotsky, L. (s.f.). La Revolución Traicionada. Obtenido de http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1936/rt/


Ver también

SpaceX contra la burocracia americana. (Fernando Parrilla).

Contra la racionalización de las administraciones públicas. (Miguel Anxo Bastos).

Historia de Aragón (IX): La Real Audiencia y el Justicia de Aragón

Continuando con las instituciones de Aragón, abordaremos la Real Audiencia y el Justicia de Aragón. Comenzando con la primera, la Real Audiencia, era un órgano supremo universal de justicia en nombre del rey. La presidencia política la tenía el monarca y sucesivamente su hijo y el virrey, se va a servir de cuatro consejeros letrados para legislar tanto los asuntos criminales como civiles. En 1528 se acordó que los letrados debían de ser aragoneses, mayores de treinta años y con seis años de ejercicio en el territorio aragonés. Este mismo año, Carlos V convierte la institución en un órgano colegiado al disponer que el vicecanciller no pueda dictar sentencia sin el Consejo, formado por cuatro consejeros nombrados por el rey.

Sistemas de justicia en competencia

En 1565 se erigió una sala de lo criminal con cinco consejeros, presidida por el más antiguo. Las resoluciones eran por mayoría de votos y el voto del relator era decisivo, en sentencias de pena de muerte o mutilación se podía apelar a la sala de lo civil. La financiación de la Real Audiencia era a través de las generalidades (impuestos). Pudo haberse iniciado bajo el reinado de Pedro IV (1319-1387). Esto supuso una clara competencia con el Justicia de Aragón, institución independiente de la monarquía y que hasta el momento era la única de impartir justicia. Por lo tanto, nos encontramos con varios sistemas de justicia en competencia, y ya en el siglo XV, se incorporará la Inquisición.

La institución se transformará con los Decretos de Nueva Planta. En 1707 se adecuará a las chancillerías castellanas de Valladolid y Granada. En 1711 se dicta un decreto en que la Real Audiencia la presida el capital general. Hay una sala de lo criminal que la configuran cinco alcaldes del crimen, y una sala de lo civil configurada por cuatro oidores. En la sala de lo criminal se aplican las leyes de castilla, y en la de lo civil se aplican normas municipales aragonesas, en la abolición de los fueros se respetó el derecho civil aragonés. Ya en el siglo XIX estas audiencias se sustituirán por las audiencias territoriales.

El Justicia de Aragón

Pasemos ahora a la segunda de las instituciones. El Justicia de Aragón proviene de un juez de corte del siglo XIII encargado de las cargas solicitadas por el Rey. Más adelante, en 1266, pasará a ser el juez de primera instancia de todos los habitantes de Aragón; un juez superior a los locales, de apelación. En 1348, y a raíz del Privilegio General, la institución del justiciazgo verá su actuación regulada. Fue la institución más representativa y característica del reino de Aragón. Representaba las libertades en la primacía de la ley y que obligaba al monarca como cualquier de sus vasallos. Será el guardián permanente de los fueros, defensor del reino frente al comportamiento del monarca. Los aragoneses podrían recurrir al Justicia contra el rey, sus ministros, y cualquier vecino, exigiendo una sentencia justa y acorde a los fueros, usos y costumbres.

En 1467, la institución del justiciazgo será controlada por los judicantes. El Justicia era un caballero, culto y formado habitualmente, aunque evidentemente esta tarea no la podía llevar a cabo una sola persona, por lo que los lugartenientes serían los que de verdad tomaran las decisiones dentro de la corte. Los lugartenientes varían entre dos y cinco, y a partir de 1528 se exigirán cinco. Se elegían mediante la fabeación entre una lista de 16 miembros. Estos letrados eran juristas en derecho civil y eclesiástico. El cargo de Justicia fue vitalicio hasta 1592.

Decretos de Nueva Planta

Las funciones de este tribunal eran varias: se juraban ante él las costumbres y fueros del Reino de Aragón, también era juez de contrafuero, un juez de agravios, y protector de los derechos individuales a través de la firma de derecho y por medio del derecho de manifestación. Mediante el derecho de manifestación, el Justicia protegía a las personas y vigilaba esos procesos para que se juzgara dentro de la ley aragonesa. Es para delitos más graves que suponen la cárcel, el Justicia los acogía en las cárceles de los manifestados y los protegía para que no hubiese percances.

A lo largo del S. XVI, la lucha por mantener el derecho a la manifestación de los aragoneses fue constante. Los reyes y las autoridades inquisitoriales se negaban a cumplir este derecho que tenían los aragoneses. Tras los acontecimientos de 1591 que llevaron a la muerte del Justicia Juan de Lanuza, el cargo de Justicia dejó de ser vitalicio. Desde este momento, la inquisición va a estar bajo el control de la monarquía. La figura del Justicia de Aragón permaneció, como la Real Audiencia, hasta los Decretos de Nueva Planta de 1707.

Serie ‘Historia de Aragón’

Sin libertad de expresión, Gran Bretaña está abocada a las malas ideas

Por Charles White Thomson. El artículo Sin libertad de expresión, Gran Bretaña está abocada a las malas ideas fue publicado originalmente en CapX.

Gran Bretaña tiene un problema de honestidad nacional. A nuestro alrededor existe una hostilidad al pensamiento desafiante, que fomenta una rígida conformidad rígida y la titulitis. Este entorno restrictivo nos obliga a tener una doble personalidad, con una visión privada auténtica y una pública muy moderada.

Quienes ocupan altos cargos en la empresa y fuera de ella están constantemente sorteando campos de minas que podrían costarles su carrera o, peor aún, hacer que la «cancelen». Esto ahoga el liderazgo y la creatividad genuinos. Sin libertad de expresión, nunca resolveremos los problemas de fondo a los que se enfrenta el Reino Unido.

A menudo se tacha la libertad de expresión de «guerra cultural», poco relevante para la vida cotidiana. Sin embargo, como sostuve en la conferencia anual Ayn Rand del Instituto Adam Smith, es crucial para el avance del discurso intelectual, pues es un motor clave del progreso económico y filosófico.

Cuando se expulsa a los académicos de las universidades y los estudiantes tienen demasiado miedo de hablar, nos perdemos innovaciones cruciales. Si no me creen, hojeen algunos libros de historia. Debido al monopolio de la Iglesia Católica sobre el discurso intelectual, tardamos años en aceptar la afirmación de Copérnico de que la Tierra gira alrededor del Sol.

Aunque nace de un deseo bienintencionado de evitar la ofensa, la cultura de la cancelación no nos protege, de hecho. Al contrario, fomenta las medias verdades, las distorsiones y las explicaciones reductoras de los acontecimientos. Esto tiene efectos en el mundo real, lo que conduce a unas políticas ostensiblemente bondadosas pero fatalmente equivocadas.

Cuestión de vida o muerte

A pesar del imperativo de promover un debate sincero, estamos derivando reflexivamente hacia una mayor censura. La suspensión por parte del Gobierno de la Ley de Educación Superior (Libertad de Expresión) de 2023 es el último ejemplo de esta preocupante tendencia. A través de la inacción y la complacencia, estamos aumentando el clima de miedo en las universidades.

Ayn Rand, que vivió en la Rusia soviética, comprendió perfectamente el valor de la libertad de expresión y la calificó de «cuestión de vida o muerte». Rand animó a las sociedades a no «renunciar a la libertad de prensa, de periódicos, libros, revistas, televisión, radio, cine y cualquier otra forma de presentar ideas». Rand creía que «mientras eso sea libre, es posible un giro intelectual pacífico».

Ahora bien, Rand no creía que el discurso fuera libre en consecuencia: las declaraciones controvertidas merecen ser examinadas. Sin embargo, se resistió con valentía a los intentos de censura gubernamental, apoyando un entorno intelectual darwiniano en el que prosperan las mejores ideas y perecen las más débiles. Resulta preocupante que, cuando la censura suprime las formas moderadas de disidencia, las alternativas extremistas acaban prosperando.

Para promover la honestidad, también tenemos que tomarnos en serio la diversificación de nuestras instituciones, y me refiero a la diversidad en el sentido genuino de la palabra.

Uniformidad y conformismo

Después de dejar el ejército, no tenía trabajo ni título, pero conseguí un puesto de principiante en Barings Securities y acabé siendo Consejero Delegado de Saxo UK. Me temo que el camino que yo tomé sería mucho más difícil hoy en día. Debido a los requisitos de las titulaciones universitarias del Russell Group y a la naturaleza de los procesos de selección, corremos el riesgo de seleccionar a personas con antecedentes y experiencias muy similares. Esto no quiere decir que todos los que se han esforzado por entrar en los programas para titulados no lo merezcan. Pero esto fomenta el conformismo, que conduce al pensamiento de grupo y a todos los problemas que conlleva.

Nuestro país se hunde en un declive controlado, justificado por una retórica superficial. Para reinyectar la honestidad en la vida nacional, necesitamos recurrir al talento de toda la sociedad británica.

Nuestra calidad de vida y nuestro lugar en el mundo no están garantizados. Como bien saben quienes han leído «Atlas Shrugged», un país puede desmoronarse más rápido de lo que nadie espera. Si queremos arreglar Gran Bretaña, tenemos que empezar por ser honestos sobre los retos a los que se enfrenta.

Ver también

La libertad de expresión no debe tener límites. (Jaime Juárez).

Censura estatal y de mercado. (Pablo Castells).

Información, libertad y responsabilidad. (José Carlos Rodríguez).

¿Debe el Gobierno restringir las expresiones «nocivas» en Internet?

Por Rachel Chiu. El artículo ¿Debe el Gobierno restringir las expresiones «nocivas» en Internet? fue publicado originalmente en FEE.

La Primera Enmienda prohíbe al gobierno federal suprimir la expresión, incluida la que considere «perjudicial». Pero los legisladores siguen intentando regular el discurso en línea.

Durante el verano, el Senado aprobó la Ley de Seguridad Infantil en Internet (Kids Online Safety Act, KOSA), un proyecto de ley para proteger a los niños de los efectos adversos de las redes sociales, supuestamente. El líder de la mayoría del Senado, Chuck Schumer, adoptó medidas de procedimiento para poner fin al debate y someter rápidamente el proyecto a votación. Según Schumer, la situación era urgente. En su intervención, se centró en las historias de niños víctimas de acoso y conductas depredadoras en las redes sociales. Para abordar estos problemas de seguridad, la legislación propuesta responsabilizaría a las plataformas en línea, obligándolas a tomar medidas «razonables» para prevenir y mitigar los daños.

Ahora depende de la Cámara de Representantes que el proyecto de ley llegue a la Presidencia. Tras los temores iniciales de censura, la Comisión de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes aprobó el proyecto de ley en septiembre, allanando el camino para su votación final. KOSA pone de relieve una tensión permanente entre la libertad de expresión y los esfuerzos actuales por hacer «más seguras» las redes sociales. En sus persistentes intentos de remediar el daño social, el gobierno reduce lo que está permitido decir en línea y asume un papel contra el que la Primera Enmienda protege específicamente.

No nos proteja de las palabras, Gobierno Federal

En esencia, la Primera Enmienda está diseñada para proteger la libertad de expresión de la intromisión del gobierno. El Congreso no es responsable de determinar qué discurso es permisible o a qué información tiene derecho a acceder el público. Los tribunales han sostenido durante mucho tiempo que toda expresión está protegida, a menos que entre dentro de ciertas categorías. Las prohibiciones contra la expresión perjudicial -cuando el término «perjudicial» lo determinan exclusivamente los legisladores- no son coherentes con la Primera Enmienda.

Pero proyectos como el KOSA añaden nuevos niveles de complejidad. En primer lugar, el gobierno no se limita a castigar a los oponentes ideológicos o a quienes tienen puntos de vista desfavorables, lo que violaría claramente la Primera Enmienda. Cuando se ve bajo su mejor luz, KOSA trata de proteger a los niños y su salud. Nueva York tenía justificaciones similares de salud pública y seguridad para su controvertida Ley de incitación al odio, que fue bloqueada por un tribunal de distrito y está pendiente de apelación. Según este argumento, que se cita a menudo para racionalizar las limitaciones a la libertad de expresión, los peligros para la sociedad son tan grandes que el gobierno debe tomar medidas para proteger de daños a los grupos vulnerables. Sin embargo, los tribunales han dictaminado, en general, que ésta no es justificación suficiente para limitar la libertad de expresión protegida.

Las razones del juez Easterbrook

En American Booksellers Association contra Hudnut (1986), el juez Frank Easterbrook evaluó la constitucionalidad de una prohibición de la pornografía promulgada por la ciudad de Indianápolis. La ciudad razonó que la pornografía tiene un impacto perjudicial en la sociedad porque influye en las actitudes y conduce a la discriminación y la violencia contra las mujeres. Como escribió el juez Easterbrook en su ya célebre opinión, el mero hecho de que el discurso tenga un papel en el condicionamiento social o contribuya vagamente al daño social no da al gobierno licencia para controlarlo. Ese contenido sigue estando protegido, por dañino o insidioso que sea, y cualquier respuesta en sentido contrario permitiría al gobierno convertirse en el «gran censor y director de qué pensamientos son buenos para nosotros.»

Además del argumento de la protección de la infancia, una segunda capa de complejidad es que KOSA permite la censura por una vía indirecta. El gobierno consigue lo que le prohíbe la Primera Enmienda por medio de exigir a las plataformas en línea que vigilen una amplia gama de daños, o se arriesgarán a afrontar consecuencias legales. Este es un rasgo común de los recientes proyectos de ley sobre redes sociales, que atribuyen la responsabilidad a las plataformas.

Plataformas terapeutas

En la práctica, el resultado es inevitablemente menos libertad de expresión. Según la ley KOSA, la plataforma tiene el «deber de diligencia» de mitigar la ansiedad, la depresión, los trastornos alimentarios y los comportamientos adictivos de los jóvenes. Aunque esta disposición se centra en el diseño y el funcionamiento de la entidad cubierta, implica necesariamente la expresión, ya que las plataformas de medios sociales se construyen en torno a las publicaciones generadas por los usuarios, desde la curación de contenidos hasta las notificaciones.

Dado que las plataformas son responsables por no cumplir con el «deber de diligencia», este requisito está destinado a barrer millones de mensajes que son expresión protegida, incluso el contenido ordinario que puede desencadenar el daño enumerado. Aunque la plataforma sería técnicamente la entidad que aplicaría estas políticas, el gobierno estaría impulsando la eliminación de contenidos.

En última instancia, la fijación en el daño hace poco para justificar las limitaciones a la libertad de expresión. La legislación que reduce la expresión legal para promover un bien social más amplio sigue siendo un vehículo para que el gobierno se convierta, como escribió el juez Easterbrook, en «grandes censores».

Ver también

La batalla por Telegram y X es importante. (Fernando Parrilla).

Cómo podría el Tribunal Supremo de los EE.UU. acabar con internet. (Elijah Gullett).

Aghion y Tirole contra la innovación en Europa

No es un secreto que los economistas neoclásicos, el mainstream en la actualidad, no tienen una teoría para el emprendimiento, ni por ende son capaces de explicar fenómenos económicos como la inversión o la innovación. Los modelos que manejan son estáticos, y en ellos no tienen cabida ni el tiempo ni la incertidumbre.

Ellos dirán que claro que sí lo tienen, pero no es cierto: para modelar el tiempo lo que hacen es incorporar estados estáticos en distintos momentos temporales, como si la economía avanzara de un estado de equilibrio a otro. Y para modelar la incertidumbre, incluyen probabilidades estadísticas de que ocurran los sucesos, lo que implica que conocen la probabilidad de que ocurra algo. Esto poco o nada tiene que ver con la incertidumbre que confrontamos los individuos en nuestro día a día, que se puede describir mejor como desconocimiento radical, en que ni siquiera podemos anticipar la naturaleza de lo que nos va a ocurrir, y las probabilidades son lo de menos.

El caso es que meter tiempo e incertidumbre en sus modelos matemáticos es imposible y por ello prefieren olvidar estos factores. La consecuencia inmediata es que les resultan completamente extraños fenómenos propios de una visión dinámica de la competencia, como los tres que dije arriba: inversión, emprendimiento e innovación.

¿Puede Europa crear una economía de innovación?

Ello no les impide hacer propuestas sobre innovación para Europa. Y ahí tenemos ni más ni menos que a Jean Tirole, premio Nobel de Economía, y al señor Philippe Aghion, creador de la famosa curva con su nombre, firmando conjuntamente un artículo con el provocador título “¿Puede Europa crear una economía de innovación?”. En España, el artículo lo publicó Expansión el pasado 9 de octubre, pero supongo que su alcance va mucho más allá al ser traducción de una pieza aparecida en Project Syndicate[1].

No creo que existan economistas más puramente matemáticos que los dos firmantes. Quien se atreva, que eche un vistazo a algunos de sus artículos, en que algunas de las fórmulas matemáticas usadas ocupan media página. Y ya que se pone, que mire a ver si encuentra algo del emprendimiento o la innovación entre tanta variable y parámetro. Con estos mimbres, es difícil ser optimista al respecto de sus propuestas.

Y la lectura del citado artículo no hace más que confirmar lo que era de temer. Amparándose en que, según ellos, parte de la razón de que en EE.UU. se innove más que aquí lo constituyen unas instituciones públicas, las Agencias de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA), proponen algo similar para la Unión Europea: gastar un montón de dinero público en investigación básica, pero dejar las decisiones técnicas y la gestión de los proyectos en manos de científicos prominentes.

Aducen ejemplos empíricos sobre el éxito estadounidense de las ARPA, recogidos mucho me temo de la mitología que patrocina la neocomunista Mazzucato. Ninguno de los ejemplos (Internet, GPS, y las vacunas contra el COVID) resiste un cierto análisis histórico y económico, y no es el momento ahora de entretenerme desmontándolos, que para eso ya hay mejores tratados[2].

Innovación desde el Estado: conocimiento e incentivos

Con independencia de que algún proyecto lanzado con dinero público haya podido realmente generar beneficios para la sociedad (esto es, mayores ingresos de lo que ha costado), tenemos el análisis teórico para demostrar que la propuesta de Tirole y Aghion es un tremendo error que solo obedece a la carencia de fundamentos teóricos para explicar el fenómeno que tratan de promover. Veamos por qué.

Los emprendedores, si quieren llevar a cabo su idea, necesitan recursos de todo tipo. Un aumento del gasto público implica que tendrán que competir más duramente con el Estado para hacerse con ellos, lo que hará más difícil su obtención. Como es obvio, ello obstaculizará las innovaciones que los emprendedores traten de llevar a cabo. Solo por esto, ya es claro el grave error de la propuesta de Tirole y Aghion.

Además, ¿cómo podríamos saber si ese gasto público dedicado a la innovación tiene éxito o no? Los emprendedores lo descubren a sus costas, pues el éxito se mide con las pérdidas o beneficios que obtengan. Es la única forma objetiva de saber si la innovación realizada es útil para la sociedad. Sin embargo, el Estado no se rige por criterio tan mundano, por lo que ese gasto público adicional, que pagamos entre todos, nunca sabremos si nos ha supuesto beneficios o no.

Así visto, con el gasto público en innovación ocurre precisamente lo contrario que cuando la lleva a cabo un emprendedor. El emprendedor aporta sus propios fondos: si acierta con su idea, él gana mucho y todos ganamos poco, pero si fracasa, solo pierde él. En cambio, cuando lo hace el Estado, si acierta, ganamos todos, pero si fracasa, perdemos todos; con el agravante de que nunca sabemos si ganamos o perdemos. Además, el decisor, al contrario que el emprendedor, no se juega nada, le da igual ganar o perder, pues en ningún caso va a alterarse significativamente su patrimonio.

Burocracia para la innovación

Por último, tenemos lo de encomendar la gestión de estos proyectos de investigación a científicos prominentes. Una vez más, se revela la ignorancia sobre emprendimiento de los proponentes. ¿Por qué asumen que un científico está bien posicionado para anticipar lo que necesita la sociedad? Un buen científico introducirá rigor en los proyectos de investigación y no se dejará llevar por criterios políticos. Pero esto no es lo que se necesita para innovar. La innovación solo la pueden llevar a cabo personas que están alerta a las necesidades de sus congéneres, y rara vez es esto en lo que destacan los científicos, a quienes tendemos a imaginar más bien encerrados en sus laboratorios y aislados de la sociedad a la que sirven.

Pero es que encima uno puede sospechar que el gasto público europeo en innovación se dirigiría seguramente a científicos ideologizados, no por ello menos rigurosos, con programas dirigidos a las prioridades dictadas por los políticos europeos, como medio ambiente, seguridad o lo que llaman “resilience”, sin preocuparse demasiado por lo que realmente demandan los ciudadanos europeos para satisfacer sus necesidades.

Es evidente que el desconocimiento teórico de Aghion y Tirole sobre el fenómeno que promueven no va a impedir que su propuesta tenga una gran acogida en unos políticos que solo buscan disculpas para seguir gastando dinero. En cambio, los problemas de Europa y la innovación no harían más que recrudecerse si se aceptara tal recomendación. Eso sí, todo ocurriría con más rigor científico.

Notas

[1] Ver https://www.project-syndicate.org/commentary/europe-falling-behind-us-innovation-technology-what-to-do-about-it-by-philippe-aghion-et-al-2024-10

[2] Matt Ridley con “How Innovation Works” viene a la mente.

Ver también

Romper la regla de oro destruye todo

Imaginemos, por un momento, un mundo ideal. Un mundo donde ltodos los ciudadanos se han convencido de guiarse por tres principios: Nadie mata a nadie, nadie roba a nadie y nadie engaña a nadie. Mientras los individuos respeten estos tres principios, pueden hacer lo que les venga en gana. La consecuencia de un mundo así es que no se necesita una autoridad sobre los individuos pues nadie comete delito alguno, nadie incurre en fraudes, no hay delitos qué perseguir pues todos son bien portados.

A Juan se le ocurre poner un negocio de automóviles, no está prohibido. Podrá contratar a los trabajadores necesarios, comprar materia prima, producir y vender en donde crea que le pagan el mejor precio. Así empieza a hacer fortuna y no tiene límites. Al rato se le ocurre hacer una empresa constructora de grandes edificios o de aviones, etc. Y todo está bien: sus trabajadores se contratan porque les gusta participar en esa labor. Se ponen de acuerdo individualmente con el patrón sobre sueldos y prestaciones y al que no le guste, nadie le puede obligar a trabajar para ese patrón. El dueño no le puede poner una pistola en la cabeza para que haga labores que no desea. El obrero puede pedir un salario alto por día trabajado, el patrón valora y quizás le de lo que pide o quizás no; no están obligados a contratar en desacuerdo.

Simplemente el obrero puede negarse y buscar otro patrón o dedicarse a otra actividad que crea le será más benéfica. Quizás se decida a convertirse en un comerciante, quizás se decida a emprender un negocio, es libre de hacer lo que le convenga. Por el lado del patrón, buscará  trabajadores que esten dispuestos a laborar en su empresa. Pero todo es voluntario, nadie puede forzar a nadie.

Un mundo de empresarios

Ninguna empresa tiene garantizado el éxito; hay algunas que mueren antes de cumplir un año. Algo le habrá fallado al empresario: no supo detectar los gustos, necesidades o caprichos de la gente; quizás no supo formar un buen equipo de trabajadores, no les supo comunicar de la importancia de la empresa. Puede ser que no supo manejar los precios adecuados, o no cuidó la calidad del producto. En fin, hay muchas variables que inciden en la suerte de una empresa. Pero haya sido como haya sido, la sociedad obtuvo beneficios, quizás pequeños, por la decisión de ese empresario. En otras palabras, sea cual sea la decisión del empresario, nunca perjudica a la sociedad.

Claro, si fue un empresario exitoso la sociedad se beneficia porque se invierten, ningún patrón se las puede comer; tampoco las usará para tener una alberca llena de manedas de oro y nadar como lo hacía el Rico Mac Pato en las caricaturas de Walt Disney.

En este mundo ideal, donde todos respetan sagradamente los tres principios mencionados, en realidad es un mundo de empresarios. Es porque todos son vendedores y compradores: unos venden automóviles, otros venden naranjas, otros atención médica, educación, diversión, o mano de obra. Todos venden, todos compran, todos negocian el mejor precio. Es un mundo de comerciantes.

El dinero

En cuanto al dinero, usan oro para comerciar. Es porque este metal tiene buenas características: es divisible, maleable, no se hecha a perder, se puede transportar, todos le tienen confianza pues saben que es bien recibido donde sea. Como el oro es un metal que casi no crece (3% anual) todos saben que atesorarlo no lleva a pérdida de valor. Es decir, no pierde poder adquisitivo.

A pesar de las virtudes del oro, resulta algo complicado andar cargando cinco kilos en el bolsillo. Los pueblos se ponen de acuerdo en dejar el oro en las bodegas y a cambio producir billetes respetando una regla estricta: Solo se puede producir un peso argentino si en la bodega queda guardado un gramo de oro. Solo se imprimirá un peso argentino si está respaldado por un gramo de oro en bodega, y así, en todos los países se adopta la misma regla. Un dólar es un gramo de oro, un quetzal es un gramo de oro, etc.

Toda la economía sigue funcionando perfectamente, con la ventaja de poder fraccionar los billetes sin ningún límite. Digamos, en lugar de que un gramo de oro se imprima un quetzal, ahora se puede producir mil billetes de un miliquetzal. O bien, un gramo de oro puede originar un millón micro quetzales y así. Nótese que no se está inflando a las economías de cada país pues todo billete está respaldado por el metal áureo. La regla resulta perfecta.

El crédito

En nuestro mundo ideal, donde hay una cmpleta libertad para los individuos mientras no violen los tres principios fundamentales, los sistemas de crédito y financiamiento surgen de manera natural, porque no violan los tres principios.

Dentro de un país, algunos individuos se dedican al negocio de guardar dinero pagando una tasa de interés pasiva y prestarle a quien lo necesite a cambio del pago de una tasa de interés activa. Es un negocio que obtiene sus ganancias por la diferencia entre la tasa activa y la tasa pasiva. Los ahorradores están contento pues al depositar su dinero ganan, en lugar de guardarlo en el colchon de casa. Ese dinero estará disponible para los que lo necesiten pero deben pagar una tasa de interés para que ganen los dueños del dinero y la banca. La Banca es una gran institución que ayuda a los emprendedores, comerciantes, profesionistas y a la gente que tiene alguna necesidad o quiere comprar un automóvil o una casa a crédito.  Hasta aquí no detectamos ningún problema en esta economía mundial y local.

Empréstitos internacionales

Puede ocurrir que un empresario, digamos de España, quiera ampliar su negocio, comprar máquinas, terrenos etc, pero ningún banco nacional se dispone a otorgarle crédito. Entonces acude a un banco extranjero que, por suerte, está dispuesto a prestarle. El empresario español, responde con sus activos y usa bien el préstamo para su negocio. Paga el principal y los intereses y no hay problema alguno. La nación del banco que prestó no sufre pues si su banquero se dispuso a prestarle al español es porque los ciudadanos de aquella nación no demandaban crédito o porque el banquero sintió que ganaba más con el empresario español. De cualquier manera ambas partes se benefician. Ahora el banquero foráneo tiene más recursos para sus ciudadanos y el Español generará más bienes o servicios para los nacionales. Todos ganan.

En realidad, el empresario español no necesitaba necesariamente acudir por un préstamo al exterior, bastaba que anunciara su disposición de pagar una mayor tasa de interés y, seguramente, convergerían otros españoles con ganas de aprovechar la oportunidad.

Alguien rompe la regla

Seguimos en un modelo de mundo ideal donde la oferta y demanda funcionan perfectamente. ¿Cuantos bancos debe haber? Nadie lo sabe, porque eso depende de la oferta y demanda. Si es un pueblo con poca energía para proiducir y prosperar, quizás haya un solo banco o ninguno. Pero si el espítitu de emprender es alto, todos quieren créditos para abrir o ampliar sus negocios y ello empuja para que surjan más bancos. Pero nadie lo puede determinar porque eso solo se resuelve en la dinámica del mercado.

Admitamos ahora que alguien, digamos un banquero, quiere aprovecharse de la situación de alta demanda y corre a prender la maquinita que imprime billetes. Lo tendrá que hacer en la noche, para que nadie se de cuenta. Así que consigue bastante papel y tinta y pone a trabajar a la imprenta a su máxima capacidad. Por la mañana, llega en una camioneta con múchos dólares para no negarle créditos a nadie. Es más baja la tasa de interés que los otros bancos aplican y así concentra la demanda de crédito. Es más, anuncia créditos bajos para comprar casas, autos, vacaciones o lo que se le ocurra a la gente. ¿Cuál es el efecto de este proceder?

Auge y depresión

La noticia llega a otros países y los empresarios se aprestan para aprovechar la oportunidad de la baja tasa de interés. Nótese que en este mundo ideal no hemos admitido la figura de Gobierno. Pasa el tiempo y se llega la fecha de pago, hay que regresar el dinero prestado. Y resulta que los empresarios no pueden pagar su crédito. Los que compraron casa con el crédito barato concedido no pueden pagar las mensualidades, el agricultor que adquirió un buen tractor tampoco puede pagar. Es que con tanto dinero vertido a la economía, la gente se volvió loca comprando.

Ante tanta demanda, los precios fueron empujados al alza, pero los sueldos perdieron poder adquisitivo, los ahorros, hechos con tanto sacrificio, se pulverizaron. El banquero malo se empieza a quedar con propiedades, fábricas y negocios. Un gran negocio pues solo bastó imprimir billetes y prestar a tasas bajas. Los banqueros perdieron clientes y mejor cerraron sus bancos, arrojando a los empleados al ejército de desocupados. De hecho, ese mal banquero podía haberse quedado con toneladas de oro con el simple mecanismo de producir sin límites. En pocas palabras, la destrucción del orden económico generó gran desorden por vía del señoreaje, es decir, de la impresión de dinero sin respaldo.

Esta política de señoreaje fue ampliamente aplicada por el Füher Adolfo Hitler, y él brincaba de gusto pensando que así inventaba una mejor economía que la capitalista, ni Dios podía hacer esos milagros económicos: trabajo para todos, escuelas para todos, salud para todos, creación de un gran ejército para conquistar y apoderarse de grandes territorios junto a las riquezas naturales (petróleo, oro, azufre, etc).

También soñaba con destruir a Alemania mediante una gran invasión de libras esterlinas fabricadas en las imprentas del Tercer Reich.

Gobiernos que piden dólares prestados

El mundo ideal se está destruyendo desde el momento en que metimos a un bandido que furtivamente se atreve a falsificar dolares, perdón, dinero sin respaldo de oro. Ahora introducimos un agente que no corresponde al Mundo Ideal, en efecto, ahora surge la idea de tener un gobierno que vigile y castigue a los bandidos. La gente acepta, no del todo convencida. Por supuesto, ese gobierno está formado por hombres que comen, visten y tienen necesidades. Convencidos o no, se establece una tasa impositiva.

Ese gobierno se da cuenta que es bastante cómodo vivir de impuestos y rápidamente se ofrece para dar otros servicios a la sociedad, y por supuesto, subir los impuestos. Calles, puentes, acueductos, etc., ahora los provee el gobierno. Nadie se atreve a criticar pues todos reciben los beneficios. Ahora el tamaño del gobierno es grande y sin limites para seguir creciendo. Y como ya no les alcanza los impuestos, se sienten con el derecho de pedir prestado a otro país. En efecto, acuden con el tío Sam para pedir un a cifra inconfesable de dólares.

Los préstamos del Tío Sam

El tió Sam se pone muy amable y se dispone a prestar, digamos $10.000.000.000,00 o más. Despues de todo, el Tio Sam solo tiene que desvelarse unos días para imprimer toneladas de dólares. Con su noble actitud de amigo, le otorga una tasa de interés baja, o mejor aún, le aplica tasa cero. Ahora la bodega del país deudor está llena de dólares. Pero en Argentina (digamos) no circulan los dólares. Pero sigue la regla de Breton Wood (1944) “Puedes imprimir pesos argentinos si te respada el oro o las divisas en bodega.” Asi que se pone a trabajar a todo vapor la maquinita que imprime pesos argentinos. El gobierno argentino se desvela pensando en qué hará con tanto dinero.

Por otro lado, la gente del gobierno argentino ve que la bodega está repleta de dólares y empieza a soñar con nuevos proyectos financiados con divisas: Comprar aviones, locomotoras, cañones, etc., hasta que quedan vacias las bodegas del gobierno. Pero ha pasado el tiempo y llega la hora de pagar al Tio Sam. Pero no hay dinero ni para el pago de intereses. Así que se refinancía la deuda pidiendo más dolares para pagar los intereses. Y así, la deuda crece y crece sin límites. O bien, el tío Sam acepta que Argentina pague con ganado. Miles de vacas se van al norte.

Gracias a la actividad delictiva de imprimir billetes sin respaldo, se dejó a un país en ruinas y sin capacidad de levantarse. El país que tiene la maquinita se hace de una fortuna inmensa sin haber arriesgado absolutamente nada, pues solo le puso tinta al papel. 

Conclusiones

  • La única manera en que el mundo tenga un desarrollo sano es cuando se apega a la regla de oro: todo billete debe estar respaldado por oro.
  • Si sabes que un país rompe la regla del patrón oro, nunca le pidas prestado, ni le vendas productos porque te va a destruir tu economía.
  • Si en tu país tienes un gobierno, bueno o malo, debe estar muy limitado, debe estar estrictamente prohibido pedir prestado a otros países y tampoco a sus propios ciudadanos.
  • Todo gobierno debe vivir estrictamente con lo que recibe de impuestos. (Cero déficit). Y lo puede hacer si se limita a las funciones fundamentales: cuidar la paz de los ciudadanos, que nadie asesine, nadie robe y nadie cometa fraudes. Ni siquiera le dejes la obra pública porque es mejor mediante organizaciones privadas temporales que no vivan de impuestos.
  • Si un gobierno se limita a las funciones fundamentales, los impuestos serán pequeños y los deben pagar los individuos, no las empresas.
  • Solo los agentes privados deben tener el derecho de contratar deuda nacional o foránea, pues solo éstos perciben las oportunidades correctas, asumen el riesgo y responden por las consecuencias; a diferencia de los gobiernos que son temporales,  aplican descuido en el manejo de recursos que no les pertenecen y al final, nadie sabe donde se esconden.

¿Es viable la Jornada Laboral de 4 días?

Desde hace algunos meses la propuesta de incorporar una jornada de 4 días, una vez más verticalmente y a golpe de decreto, va cogiendo fuerza. No ya sólo como una jugosa promesa electoral, sino como una realidad que puede llegar a materializarse en los próximos meses en la llamada Ley de la Conciliación.

Para sorpresa de muchos, un PP que atraviesa una grave crisis de identidad se ha sumado al carro de esta ley, si bien con ciertos matices. Mientras que desde el gobierno se propone que la jornada completa pase de las 40 a las 37,5 horas semanales, los populares aducen que lo coherente sería conservar el cómputo actual, pero distribuido en cuatro días. Es decir, que si bien el trabajador promedio pasaría a trabajar de lunes a jueves, su jornada ascendería de las 8 a las 9 o 10 horas.

Los puntos más cruciales de esta Ley de Conciliación propuesta por el PP implica, viva la redundancia, establecer la conciliación como una prioridad. Busca conseguirla a través de la financiación pública de escuelas infantiles. En cuanto a que la creación de políticas que mejoren la conciliación de la vida laboral y la vida familiar, puede resultar en una antecámara que preceda a la discusión de la jornada laboral de 4 días.

“Diálogo social”

Pese a todo, una vez más nos encontramos con que el estado aparece como una suerte de sujetavelas en las negociaciones entre los llamados agentes sociales, es decir, entre la patronal y los sindicatos. Realmente es algo así como un verdugo implacable. Su decisión final deberá ser acatada sin demora. En ese sentido, los llamados agentes sociales no han tardado en pronunciarse. La CEOE se mantiene firme en su rechazo a la propuesta actual del gobierno de reducir la jornada completa a las 37,5 horas para 2025. Ello, pese a que no ha dejado de participar en las mesas de diálogo social junto al Ministerio de Trabajo y los sindicatos.

Desde el propio Ministerio no han perdido el tiempo a la hora de señalar que ante todo se busca proteger a las pymes, que al final suponen el 90% del tejido empresarial en España, ya sea con bonificaciones, formaciones especializadas e incluso el ambicioso plan ‘Pyme 375’, que recompensa la contratación indefinida de mujeres, jóvenes y mayores de 52 años.

Pese a todas estas medidas, la economía española es eminentemente de servicios. Si bien se habla de flexibilidad laboral, el primer efecto de tal medida sería el contrario, que es hacer el mercado laboral español incluso más rígido. Si a eso le sumas el envejecimiento de la población trabajadora, todo se agrava. No hay que olvidar que la legislación laboral vigente ya permite que las empresas y trabajadores pacten jornadas compactadas de cuatro días, llegando incluso a reducciones de la jornada a 32 horas semanales sin recorte de sueldo. Imponer esta medida obviando los procesos de negociación colectiva ya vigente sería un resorte más en la ya compleja maquinaria de la legislación laboral española.

La productividad

Resulta especialmente relevante señalar que con los actuales 5 días a la semana de trabajo la productividad española está por los suelos. La fundación BBVA señala que en los últimos 25 años las empresas son un 7% menos productivas. Esto está debido en gran parte a que el envejecimiento de la población trabajadora ha obstruido su innovación orgánica. La legislación española durante la crisis de 2008 permitió que fuera más barato despedir al trabajador joven e innovador. Desde la U.E. ya han advertido que la falta de productividad es un mal endémico de este país, pues una empresa no productiva difícilmente será competitiva. Una empresa no competitiva no atrae inversión extranjera. Y sin una inversión significativa no se pueden crear empleos de calidad.

Por muchas bonificaciones y formaciones que se faciliten, una pyme que de por sí tiene que enfrentar la mayor carga fiscal y laboral de Europa, difícilmente será competitiva. Más, si por añadidura reduce el tiempo que sus trabajadores dedican a la misma. Además, el desempleo en España actualmente es del 11,5%, por lo que quizás habría que encontrar la forma de emplear a todo el mundo antes de que los que están trabajando le dediquen menos horas. Una economía crece cuándo es libre, hay seguridad jurídica y la administración no crece demasiado; no cuando se sobrelegisla. Y no es una teoría. Sólo hay que ver a los países más ricos y contemplar cómo han llegado hasta ahí.

Adiós, adiós, Pyme

Aún así, poco se puede hacer si semejante medida llega impuesta desde el ejecutivo. Las grandes empresas y la administración pública podrán sobrevivir, si bien por motivos muy diferentes. Pero, como ya hemos visto, la mayoría de empresas españolas son pymes con pocos empleados. En última instancia, esto provocaría el éxodo de todos estos trabajadores a alguna de estas dos entidades capaces de aguantar el embiste. En el caso de los empleados de la administración pública, culminará en un mayor gasto público, mayores impuestos y una mayor inflación.

A la implementación de todas estas medidas, el PP lo llama batalla cultural. Por mucho que cuándo se legisla de forma populista e ignorando la lógica del mercado, solo se empeora la condición de los trabajadores y de unos salarios que llevan estancados desde 2008. No porque el empleador le extraiga al trabajador su riqueza en contra de su voluntad, sino por qué las empresas no son ni más productivas, ni más competitivas. Todo lo que vaya en contra de la producción va inherentemente en contra de la subida del salario. De forma paralela, la inflación y la carga fiscal no dejan de subir. En el proceso, van devorando el poder adquisitivo de los trabajadores.

Primera falacia

No deja de ser curioso que todas estas propuestas de ley se amparan en que trabajar muchas horas afecta a la vida, a la conciliación y en última instancia también a la salud mental. Y establecen como objetivo proteger al trabajador de una suerte de patología laboral normalizada, eso sí, obviando cómo otros factores económicos que devoran el poder adquisitivo y que tienen su origen en las acciones políticas que afectan al ciudadano promedio. Dicho de otra forma: es peor no tener empleo o no poder llenar el depósito de tu coche que no tener libres los viernes.

Pese a todo este desfile de datos y consecuencias, no hay que olvidar que una medida así se sostiene en dos falacias.

La primera, endémica en la mayoría de los convenios colectivos españoles, es que seguimos atrapados en la falacia del valor marxista. Es la idea de que el valor total de un producto o servicio viene determinado por el número de horas invertidos en el mismo; no por el valor del producto o servicio en sí. Cabe tener en cuenta que no todos los puestos de trabajo son iguales. No puede regularse de forma unánime sin perjudicar a todos los trabajadores. En el sector de servicios es muy común que la presencia constante del trabajador en su puesto sea inherente a la calidad del mismo. En otros lo importante no son las horas dedicadas, sino el servicio en sí.

Segunda falacia

En línea con esta segunda afirmación, la segunda falacia consiste en que el poder político ya no solo tiene la capacidad de cambiar el mercado laboral a su antojo, sino que siente que tiene el deber moral de hacerlo. Como ya he señalado, en España existen unos medios de negociación que poco a poco están cayendo en desuso en pos de la legislación a golpe de decreto. Unas leyes que ignoran la complejidad inherente a cada sector por una mera falta de información. Intentan, a falta de un mejor término, de ponerle puertas al campo.

Al final del día hay unos trabajos más flexibles que otros. Toca alejarse de la perspectiva maniquea de que lo opuesto al marxismo es necesariamente mejor o cierto. Quizás lo importante sea crear un entorno de seguridad jurídica en que los llamados agentes sociales y los agentes que componen el mercado, con un mayor conocimiento de sus sectores, capacidades y necesidades, puedan negociar sus propias condiciones.

¿Trabajadores indefensos?

En España llevamos tantos años con los salarios en caída libre y el desempleo por las nubes que nos cuesta imaginarnos algo parecido a la competencia activando los resortes del mercado. Pero si las cosas fueran bien, aquella empresa lo suficientemente productiva podría atraer a la mejor mano de obra con una jugosa jornada de cuatro días; es decir, estaría siendo competitiva. Y con su eficiencia empujaría a las demás a replantear sus jornadas laborales.

Por lo contrario, desde el estado se nos ofrece el ya viejo relato de que el empresario es una criatura ontológicamente malvada y avariciosa. E ignorando los precedentes históricos de la obtención de derechos laborales, se nos insta a creer que si el gobierno no intercede directamente, los trabajadores jamás verán mejoradas sus condiciones.

La jornada de cuatro días es algo posible, deseable incluso. Pero no vendrá de la acción directa de burócratas y políticos que pueden permitirse ignorar los mercados, sino de la colusión de una seguridad jurídica que incite a la negociación colectiva con una pujante prosperidad económica.

Ver también

¿Jornada laboral de 34 horas? (Juan Ramón Rallo).

Horarios de trabajo por decreto. (Antonio Nogueira).

Empleo para todos. (Carlos Rodríguez Braun).

Sheinbaum, terrorista

Gracias a una indiscreción del presidente colombiano Gustavo Petro, durante su visita a Ciudad de México hace unos días, los mexicanos nos fuimos enterando de que Claudia Sheinbaum, la nueva presidenta de México, había sido integrante del grupo terrorista colombiano M-19, al igual que Gustavo Petro. Ufano, Petro señaló en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) entonces ante medios colombianos que lo entrevistaban: “ahora el M19 ha dado dos presidentes en América Latina”. Y abundó: varios de los integrantes del grupo se resguardaron en México, donde recibieron ayuda de algunos nacionales, “entre esos, Claudia”.

El llamado Movimiento 19 de Abril (M-19), fue un grupo guerrillero que se formó en 1970. Buscaba imponer en Colombia sus ideas por la vía armada, pero que se diferenció de otras guerrillas de la época en varios aspectos: no era un grupo marxista, sino de izquierda nacionalista, y fue básicamente un grupo de guerrilla urbana, que apoyaba su ideología en tres conceptos clave: nacionalismo, socialismo democrático y justicia social.

Durante sus inicios, el grupo se caracterizó por el robo, el secuestro y el asesinato. Daba entrenamiento militar a sus miembros, dedicados básicamente a las actividades armadas, el secuestro de políticos, periodistas, diplomáticos y empresarios, y al reparto de propaganda en las ciudades y universidades. Gustavo Petro se afilió a el eme en 1978. Los años 80s fueron los de mayor actividad delictiva del M19 con ataques armados, atentados y más asesinatos.

Primeros actos terroristas del M-19

En 1980 precisamente, realizaron una de sus primeras operaciones y de las más llamativas: el asalto a la Embajada de República Dominicana en Bogotá, el 27 de febrero de 1980, para exigir la liberación de 315 de sus militantes, presos en las cárceles colombianas y el pago de un rescate por $ 5 millones de dólares. En la Embajada secuestraron a 15 personas, durante casi dos meses: hasta que el 25 de abril de ese año, cuando secuestradores y secuestrados volaron rumbo a Cuba. Allí liberaron a los rehenes, y los guerrilleros permanecieron refugiados, disfrutando de los $ 3 millones de dólares que obtuvieron de rescate.

Pero su hecho más notorio fue la toma del Palacio de Justicia en Bogotá, el 6 de noviembre de 1985, en donde retuvo a 350 rehenes, operación que se saldó finalmente con más de 100 muertos y desaparecidos, entre ellos 11 magistrados de la Corte Suprema, y la quema de 6000 expedientes judiciales, durante el intento de rescate por parte de las Fuerzas Armadas colombianas. Según algunas fuentes, el M19 realizó la operación con la financiación del Cartel de Medellín, de Pablo Escobar (quien supuestamente pagó al grupo $ 2 millones de dólares), para eliminar documentos incriminatorios y detener la aprobación del tratado de extradición de narcotraficantes a los EE.UU. Ese tratado se estaba discutiendo en la Corte Suprema de Justicia

“Colaboradora y militante del M19 en México”

En 1990, el gobierno colombiano y el M19 firmaron un acuerdo de paz, el primero entre un Estado y una guerrilla en América Latina. Los 10 puntos del acuerdo consideraron, entre otras cosas, su desmovilización, la renuncia a las armas y su incorporación a la vida política del país bajo el nombre Alianza Democrática M-19 (AD M19), que participó exitosamente en las elecciones para la llamada Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Gustavo Petro fue uno de sus cofundadores. Y resultó elegido miembro de Cámara de Representantes en 1991. Hoy el eme está oficialmente desaparecido.

Para las fechas de su actividad guerrillera, Claudia Sheinbaum recién terminaba su licenciatura en Física en la UNAM, tras una etapa de activista estudiantil (1986-1990) en el llamado Consejo Estudiantil Universitario. Era un movimiento político instrumentalizado para apoyar la candidatura presidencial del candidato de izquierda Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Y estudiaba la maestría en ingeniería energética en la propia UNAM. Época precisamente que coincide con lo señalado por Petro: “en su juventud primera”, Sheinbaum “fue colaboradora y militante del M19 en México”, país que dio cobijo a muchos guerrilleros perseguidos.

Hasta aquí lo conocido y solo Petro y Sheinbaum saben con precisión en qué se involucraron. Extrañamente, ningún periodista mexicano ha cuestionado a la nueva presidenta mexicana por este incidente, en sus conocidas conferencias matutinas de prensa, pero los mexicanos ya sabemos que lo que le preguntan está acordado previamente y “sembrado” entre dichos periodistas, cómodos para el gobierno. 

Sheinbaum no lo ha desmentido

Aunque la declaración de Petro fue desmentida por un ex mando del M19, nos habla de un pasado y una tradición común que comparten ambos mandatarios. Y nos permite atisbar que, al parecer, Claudia Sheinbaum en ningún momento sintió repulsión por apoyar a ladrones, asesinos y secuestradores, al grado de que hoy no ha desmentido, siquiera por una pretendida exactitud histórica, a su homólogo colombiano.

¿Cuál es ese pasado y tradición comunes ente Petro y Sheinbaum? Para decirlo llanamente: el del perfecto idiota latinoamericano, retratado por Carlos Alberto Montaner, Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo. El de los políticos demagogos que abrevan de las ideas nacionalistas, populistas y violentas que dieron sustancia a Fidel Castro, Hugo Chávez y a otros políticos populistas y autoritarios, que han arrastrado al subcontinente hacia el fracaso y la polarización insalvable, por sus ideas en la revolución, la lucha armada, el estatismo y el espejismo de la “justicia social”. Y que han infantilizado a sus sociedades hasta hacerlas incapaces de corregir y aprender de sus errores.

Esto nos habla de lo equivocados que están sus voceros y normalizadores, que hoy le dicen a los mexicanos: “tranquilos, ella se va a moderar respecto a López Obrador: es científica y mujer, denle el beneficio de la duda”. A una semana de haber tomado el poder, Claudia Sheinbaum es solo la copia de López Obrador con voz y ropajes femeninos, pero sin ninguna diferencia realmente sustancial. Y es que después de conocer este episodio de hace 30 años, es muy difícil suponer que tendrá una mentalidad abierta, dialogante, respetuosa del Estado de derecho y la democracia. Todos sabemos que es imposible enseñar nuevos trucos a un perro viejo o bien que “gallina que come huevo, aunque le quemen el pico”.

Continuismo en el gobierno mexicano

Los populistas y autoritarios no cambian ni con la edad ni con los cargos: siguen siendo los intransigentes y violentos de siempre, caracterizados por el dogmatismo ideológico, la ceguera política y la vieja retórica. Son incapaces de comprender que la verdadera oportunidad de progreso para nuestros países no está en sus equivocados delirios juveniles, sino en la alianza de dos libertades, la política y la económica, procesadas con democracia, mercado y Estado de derecho.

Así que los mexicanos hacemos mal, esperando una corrección de lo mal hecho por el gobierno anterior. Veremos con Sheinbaum, por el contrario, su profundización; su misma desmesura y payasadas. Su delirio mesiánico y anacronismo. Y su alianza con el crimen organizado, así como la misma estrategia totalitaria y de indecencia amoral. 

Origen por desgracia es siempre destino entre populistas y totalitarios, para profunda desgracia de sus pueblos, como nos enseñan hoy Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum.

Ver también

Por qué México va por el camino de servidumbre. (Sergio Martínez).

¿Volveremos a la época del dinero barato?

Uno de los asuntos más debatidos en el plano de la política macroeconómica de un tiempo a esta parte es la senda que están siguiendo los principales bancos centrales del mundo hacia una normalización de la política monetaria, también entendida como una relajación de la misma. Tanto la Fed como el BCE ha comenzado a reducir los tipos de interés tras la crisis inflacionaria vivida tras la pandemia de Covid-19 y el primer año de la invasión rusa en Ucrania. Todo ello ha causado que los principales analistas de política monetaria comiencen a estimar hasta cuándo y hasta qué punto se prolongarán estas bajadas de tipos y sus consecuentes efectos sobre las principales tendencias macroeconómicas a escala global.

Sin embargo, tan solo en un par de análisis he podido apreciar un interés verdadero en cómo se comportarán los tipos de interés reales, tanto en un futuro próximo como en un medio-largo plazo. Resulta clave entender esto para poder analizar una cuestión que se antoja compleja: ¿Han terminado de subir los tipos de interés reales después de rozar mínimos durante la crisis del Covid? ¿Cómo reaccionarán los activos financieros a estos vaivenes en los tipos de interés? ¿Están yendo demasiado rápido los bancos centrales en la supuesta normalización de la política monetaria?

Tipos en mínimos

Siéndoles muy sincero, es prácticamente imposible saber cuál será la senda de los tipos reales en los próximos años e incluso meses. Desde 2008-2012 (dependiendo de si hablamos de EE.UU. o Eurozona) los tipos reales no hicieron más que caer en picado hasta la erupción de la crisis inflacionaria post-Covid. Ello no permite tener una visibilidad clara de lo que pueda ocurrir en un entorno macro relativamente (y esto es muy relativo) normalizado. Para que se hagan una idea de la dimensión que estamos comentando, solo en EE.UU. entre finales del año 2008 y diciembre de 2021 los tipos reales descendieron más de 5 puntos porcentuales, mientras que en la Eurozona lo hicieron en torno a 4 puntos. En ambos casos se alcanzaron mínimos históricos.

La explicación de este fenómeno no se halla solo en la acción de los bancos centrales, sino en dos tendencias macroeconómicas mucho mayores que han tenido varias ramificaciones de efectos posteriores sobre el entorno monetario: el impacto de la globalización sobre el nivel de precios de los bienes de consumo en la segunda década del siglo XXI y el exceso de ahorro generado por la economía de China en este mismo periodo temporal, que llegó a ser de un 25% en 2015 (hoy en día es aún mayor, rozando el 27%).

Los tipos han subido, y pueden seguir haciéndolo

Viendo estas tendencias se podría pensar que, en la actualidad, con los niveles de inflación vividos y que, en parte, aún estamos viviendo, junto con una reversión parcial de la tendencia globalizadora, los tipos de interés reales habrían vuelto a niveles similares a los anteriores a la crisis financiera. A pesar de ello, los tipos de interés reales no han regresado a niveles similares a los pre-2008/2012. Por poner un ejemplo, hoy en EE.UU. se encontrarían en un 1,5%, mientras previamente a 2008 rozaban el 4,5-5% (dependiendo de que estimación usemos).

Sin embargo, esto no quiere decir que los tipos de interés reales no puedan seguir su senda alcista. En primer lugar, tanto los países de la Eurozona como EE.UU. se encuentran en una posición fiscal muy comprometida, con niveles de déficit y deuda muy elevados y con pocas perspectivas de consolidación fiscal en un futuro cercano (sobre todo en el caso de EE.UU. y determinados países del sur de Europa, entre ellos España). Además, la demanda de capital para grandes inversiones es cada vez mayor en ambos gigantes, a causa principalmente de la transición energética, que supone un enorme desembolso en nuevas infraestructuras, renovación de las actuales e investigación y desarrollo tecnológico. Todo ello generará presión sobre el capital disponible y probablemente potencie una tendencia alcista de los tipos reales.

Envejecimiento, ahorro y fiscalidad

Por otro lado, encontramos una de las principales tendencias que afectan a Occidente: el envejecimiento de la sociedad y la escasez de natalidad. Es decir, la inversión de la pirámide demográfica. Una población envejecida y con menor proporción en edad de trabajar generará una disminución del ahorro y un (aún mayor) incremento en la presión fiscal debido a las crecientes necesidades de financiación de los sistemas asistenciales y de pensiones, junto con un notable crecimiento del gasto en defensa que viene fraguándose durante los últimos dos años en casi todo Occidente. Por otro lado, una población envejecida tiende a generar menor demanda por bienes de consumo, lo que podría en parte contribuir a una reducción del apetito inversor en determinados sectores.

Además, no es completamente descartable un regreso a altas tasas de inflación a causa de los elevados niveles de déficit y deuda pública en los países occidentales. Si este fuera el caso, la respuesta lógica sería un incremento de los tipos de interés nominales por parte de los bancos centrales para mantener ancladas las expectativas de inflación, lo cual afectaría de manera directa a los tipos reales.

Este es solo un ejemplo de múltiples causas que podrían empujar los tipos de interés reales en cualquiera de las dos direcciones. Aunque el mercado opina que el crecimiento se estabilizará en EE.UU. a lo largo de los próximos meses y que los tipos reales podrían entonces verse relajados, existen multitud de causas que podrían empujarlos al alza, como se ha destacado en este artículo. ¿Volveremos a la época del dinero barato? Sinceramente, no lo creo.

Ver también

Inflación, crisis bancaria… ¿Qué pasará con los tipos de interés? (Álvaro Martín).

¿Deben subir los tipos de interés? (Juan José Mora Villalón).

Jaime Balmes: política para después de la revolución

Pocos autores como Jaime Balmes (1810-1848) podrían reivindicar tan cabalmente aquello de líbreme Dios de mis amigos, que de mis enemigos ya me guardo yo. El pensamiento político de Balmes, de extrema originalidad en su formulación, quedó sepultado por descalificaciones que lo han querido adscribir a una tendencia política concreta. La operación de convertir a Balmes en el gran autor del tradicionalismo fue un fiasco, pese a ser la que ha perdurado. Eso ha facilitado sumir su obra en el olvido, al fabricarle una imagen que no permite reconocerlo al leer sus textos.

Balmes y la reacción tradicionalista

La tergiversación apareció en la Historia de los Heterodoxos Españoles (1880) del joven Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912), admirador de Balmes, al que situó entre los pensadores más destacados de la reacción tradicionalista española. Luego variaría sus juicios y opiniones sobre éste y otros autores. En 1910, con motivo de la reedición de El Protestantismo comparado, con el Catolicismo en sus relaciones con la Civilización Europea, de Balmes, Menéndez Pelayo rectificó su calificación de “restaurador de la tradición” y destacó la modernidad del pensamiento balmesiano, así como su afinidad con las ideas de libertad y tolerancia, lejos del tradicionalismo al que inicialmente lo había adscrito.

Sin embargo, esa primera “calificación” perduró y, tras Menéndez Pelayo, tan poco estimado y tan vituperado como seguido, lo catalogaron de neo-escolástico y tradicionalista, muchos de los que se han referido a Balmes. Caracterización en la que coincidieron con el joven Menéndez Pelayo pensadores dispares que opinaron así por su falta de conocimiento de la obra balmesiana, sin duda. Unos calificativos que han sido aceptados habitualmente, pese a su escasa o nula realidad, por personajes tan dispares como Unamuno (1864-1936) y Ortega y Gasset (1883-1955), o Artola (1923-2020) y Tuñón de Lara (1915-1997), entre otros muchos de los más variados y hasta contrarios posicionamientos.

La originalidad de Balmes

Quienes sí han estudiado la obra de Balmes, han expresado opiniones muy diferentes. José Luis Abellán en su Historia del Pensamiento Español (1987), pese a encuadrarlo como “pre-neo-tomista” (¡!), destacó la singularidad de la obra balmesiana. Incluso, constató la separación de Balmes de la neoescolástica, como también que su temprana muerte, le impidió elaborar un sistema filosófico, del que había dejado puestos los cimientos. Balmes fue también un gran matemático (su primera cátedra fue de cálculo y matemáticas), y conocía bien los principales problemas científicos de su época.

Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, destacó la originalidad del pensamiento de Balmes: inspirado por su formación escolástica, sí, pero también por el pensamiento de la Escuela Escocesa del Sentido Común, en particular de Thomas Reid (1710-1796). Desde esos presupuestos, Balmes logró elaborar una crítica de la filosofía dominante a comienzos del siglo XIX, como el empirismo, el criticismo kantiano y el idealismo de Hegel, para su refutación. Balmes integró las viejas y las nuevas ideas en un empeño filosófico que se vio frustrado por su temprana muerte.  

La obra política de Balmes

En la obra de Balmes, especialmente en la de temática política, hay una continuidad argumental, sin saltos ni cambios. Y hay una acusada orientación hacia el pragmatismo del hombre de principios que, sin renunciar a sus convicciones, se plantea la necesidad de aceptar la realidad de las cosas para poder incidir en ellas. Como afirmó en su obra Pío IX, en relación con las cada vez más intensas tendencias hacia la libertad política en las sociedades europeas y americanas de la primera mitad del siglo XIX: “no se trata de saber si hay en esto un bien o un mal, sino de saber lo que hay”.

La política de Balmes tiene dos dimensiones, una teórica y otra práctica. No fue solo un teórico especulativo, fue también un activo ciudadano que participó con la palabra, el consejo y hasta con intervenciones directas en la política de su época, con gran influencia en la opinión pública. Su más importante proyecto político fue el intento de casar a la Reina Isabel II con el Conde de Montemolín, el heredero carlista. Balmes fue entonces (1846) portavoz de un grupo que, aun viniendo de campos opuestos, buscaba la fusión de derechos al Trono para fundar una legalidad que hiciese imposible reanudar la guerra civil. La iniciativa no prosperó, pero nadie dudó de la limpieza de sus intenciones, ni de la habilidad con que la condujo, pese a su fracaso final.

El protestantismo comparado con el catolicismo

En lo teórico, Balmes dejó tres textos políticos principales, que son sus Consideraciones Políticas sobre la situación de España y sus Observaciones sociales, políticas y económicas sobre los bienes del clero, ambas de 1841, y su última obra, Pío IX, escrita en 1848, pero inconclusa por el fallecimiento ese mismo año del autor. Además, dejó también una ingente obra de periodismo político en los medios de prensa de la época, especialmente los que él dirigió (La Sociedad, El Pensamiento de la Nación, La Civilización, o El Conciliador).

Su pensamiento político está, además, en otras dos obras: El Protestantismo comparado con el Catolicismo en sus relaciones con la civilización europea (1841), antes citada, y su Vindicación Personal (1846). De excepcional importancia es la primera, quizá su obra más importante y la que más ha perdurado. Fue la respuesta de Balmes a una obra de mucho éxito en su tiempo, la Historia General de la Civilización en Europa (1828) de Guizot (1787-1874), obra centrada en destacar el papel innovador del protestantismo en Europa, frente al papel retardatario del catolicismo. Fue Guizot un seco y honrado “hugonote” (protestante) francés, varias veces ministro y primer ministro con Luis Felipe de Orleans (1830-1848), e historiador de las instituciones francesas y de Francia.

Una nueva política tras la Revolución

En la política, como en todo, el análisis frío y desapasionado de los hechos se impone en la obra balmesiana como un prius, anterior a la defensa de principios o a la contraposición de ideales. Maestro del análisis objetivo, su prioridad era tener la idea más completa y cabal posible de la realidad, antes que cualquier otra cosa. Sus planteamientos políticos concretos se resumen en su propuesta de hermanar razón y justicia con la convivencia en paz.

Balmes constató que la sociedad tradicional, anterior a la época de las revoluciones, había perecido. Inútiles serían, pues, los esfuerzos para resucitarla. El absolutismo monárquico que caracterizó las formas políticas de esa sociedad tradicional, había quedado sin base y fundamento. Como dijo en su Pío IX, la alianza del Trono y el Altar había sido necesaria para el Trono, pero no resultó nada buena para el Altar, que tampoco la necesitaba. El absolutismo carecía de porvenir, pues respondía a la realidad de sociedades ya inexistentes. La época de Balmes, llena de luchas revolucionarias en Europa y América, hacía perceptible que el futuro pertenecía a las incipientes democracias: el carlismo no era una opción política.

Balmes sobre los Estados Unidos

La cuestión, para Balmes, estaba en comprender el proceso de reorganización de las sociedades europeas de entonces, a las que la revolución había desestructurado. De las naciones europeas de la época, sólo Inglaterra poseía tradición de gobierno liberal por su dilatada trayectoria parlamentaria, lo que la convertía casi en un modelo para Balmes. Pero sólo casi. Porque en América, USA ofrecía, a su juicio, el ejemplo de cómo un sistema de gobierno representativo, defensor de la libertad y la democracia, podía ser un sistema de orden, progreso y respeto a los valores del humanismo cristiano, más y mejor que el absolutismo. El catolicismo, en el ambiente de libertad norteamericano, había encontrado vías para su asentamiento y difusión en los siglos XIX y XX, cuando ha llegado a ser la minoría religiosa más importante, con un 26% del total de la población (datos de 2015).

Desestructuración que también afectó a la sociedad española, donde la experiencia de un constitucionalismo ordenado estaba demasiado inédita. En tiempos de Balmes, España ya había tenido cuatro Constituciones -la de 1812, la de 1834, la de 1837 y la de 1844-, todas ellas con periodos de vigencia demasiado breves, como para que las virtudes del régimen liberal, particularmente su flexibilidad, le permitieran alcanzar la estabilidad necesaria para adentrarse en el progreso social y económico. Sobre todo, tras los espasmos revolucionarios que acompañaron a la Primera Guerra Carlista, entre 1833 y 1840.

Los fines de la política

Para Balmes la política posee fines en sí misma, pero es más un medio para alcanzar otros fines superiores, como la paz, en sintonía con los ideales de su humanismo cristiano. Por eso Balmes orientó la acción política en la sociedad, en orden a la consecución de esos fines. La paz, civil y social, es uno de los principales objetivos de la gran política. Balmes consideró que, ambas, sólo serían posibles dentro de un régimen político flexible a los cambios, a la vez que armonizador de los intereses particulares, que deben subordinarse al interés general.

Armonía y paz que poseen perfiles religiosos, sí, pero formuladas desde presupuestos civiles. La armonía balmesiana reenvía a las nociones de concordia entre los ciudadanos, de acuerdo y conformidad de gobernados y gobernantes, de solidaridad social y de fraternidad cívica. Fue la idea de concordia la que inspiró su acción política más célebre, la reintegración de la unidad dinástica con el fin de impedir el retorno de la guerra civil. El lema con el que abordó ese y otros empeños políticos concretos, “acción, unión y Gobierno verdaderamente nacional, a votar y a perdonar; no queda otra salvación para España”, lo acredita sobradamente.

Balmes no fue un teórico liberal, ni lo pretendió. No lo fue en sus bases y presupuestos iniciales, de inspiración católica tradicional. Pero su radical objetividad, al reconocer la caída definitiva de los sistemas anteriores a la revolución, su consideración de la tolerancia como valor político primordial -“no es tolerante quien no tolera la intolerancia”- y su defensa de la libertad de prensa, le aproximaron, con el tiempo, a los planteamientos liberales. Su temprana muerte deja abiertas en esta materia muchos más interrogantes que en otros aspectos de su pensamiento.

Balmes y Donoso Cortés

Balmes y Donoso coincidieron una vez en sus vidas, con motivo del proyecto de casar a la Reina Isabel II con el pretendiente carlista, el conde de Montemolín, en 1846. Ambos fueron los responsables de llevarlo adelante. Balmes libró el debate en la prensa y ante la opinión pública, mientras Donoso Cortés se mantuvo en un plano más discreto. Pero siempre mantuvieron puntos de vista muy dispares.

Como se dijo, Menéndez Pelayo reconoció en 1910 lo erróneo de su primer juicio sobre Balmes. Y fijó también una primera comparación de Balmes con Donoso Cortés al indicar que

Balmes parece un pobre escritor comparado con el regio estilo de Donoso, pero ha envejecido mucho menos que él, aun en la parte política. Sus obras enseñan y persuaden, las de Donoso re­crean y a veces deslumbran, (…), pero a él se debieron principalmente los rumbos peligrosos que siguió el tradicionalismo español durante mucho tiempo.

Marcelino Menéndez Pelayo.

Frente al poderío literario de Donoso para condenarlo, Balmes inició el estudio del liberalismo desde bases cristianas. Menéndez Pelayo, que pensó en su juventud que Balmes y Donoso representaban un mismo conservadurismo, terminó por apreciar su radical disparidad: ambos se movieron en una misma línea, pero en direcciones contrarias. Donoso Cortés se desplazó, desde el liberalismo exaltado, al conservadurismo más acendrado, y Balmes recorrió el camino inverso, desde la tradición católica, hacia posiciones liberales. En sus últimas obras, el Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo y el Socialismo de Donoso y el Pío IX de Balmes, se aprecian las diferencias que los separaron, e incluso el punto de llegada de cada uno. 

Un final adelantado

Balmes, en su Pío IX, elogió las reformas liberalizadoras Pío IX al inicio de su pontificado: la amnistía general, la libertad de prensa y la convocatoria de elecciones en los Estados Pontificios. Declaraba así su adhesión al pontífice y a las ideas apuntadas desde sus primeras obras políticas, reafirmando su pensamiento:

Conceder a la época lo justo y conveniente, negándole lo injusto y dañoso; mejorar la condición de los pueblos sin precipitarlos en la anarquía; y prevenir la revolución por medio de la reforma.

Para definir a continuación el proyecto político en el que finalmente había llegado a creer:

Cimentar un orden político y administrativo que se sostenga por sí propio, (…), y un espíritu público que nos prepare para atravesar sin trastorno las profundas vicisitudes que ha de sufrir Europa.

Un temprano final Balmes, con apenas 38 años, llegaba al final de su trayectoria intelectual y también al final de su vida. Siempre se manifestó respetuoso con el régimen político constitucional, así como con los principios en los que éste se fundamentaba. Con ello culminó en lo teórico, en concepto de auténtico pionero, un largo proceso de reflexión desde el catolicismo, para la plena aceptación de las realidades políticas posteriores a la época de las revoluciones de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Sólo era un pionero y su aceptación era personal pero teóricamente bien fundada y él fue el primero en hacerla. Su camino sería luego seguido por muchos y, finalmente, por casi todos.

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