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Un necesario nuevo marco de política económica

De unos años a esta parte venimos viviendo una serie de cambios políticos, sociológicos y geoeconómicos de gran calado. Desde la pandemia, estos han conducido a una serie de importantes transformaciones que han acelerado a su vez determinadas tendencias económicas y revertido otras por completo. Como, por ejemplo, la tendencia a la baja de los tipos de interés previa a la invasión de Ucrania.

En el plano geopolítico -con las implicaciones económicas que ello conlleva-, podemos afirmar que nos hemos instalado en una especie de Segunda Guerra Fría que confronta a las democracias liberales frente al bloque liderado por China y Rusia (que incluiría a países como Irán, Venezuela y Corea del Norte). Este segundo bloque no solo es que trate de romper el orden liberal internacional en el plano político, sino asimismo las estructuras institucionales de la economía de mercado a escala global.

Reducir el riesgo geopolítico

Frente un escenario de elevada inestabilidad que, entre otras cosas incluye: el estancamiento y prolongación de la guerra en Ucrania, elevada inestabilidad en Oriente Medio, confrontación de Rusia con las democracias liberales, graves tensiones entre China y Taiwán, etc., muchas potencias están diseñando un nuevo marco de política económica para enfrentar dicho escenario.

Para ello, EE.UU., la UE y el G7 principalmente están optando por implementar medidas de reducción de exposición al riesgo geopolítico y de reindustrialización nacional (impulsada en su mayor parte por ayudas públicas). Mientras, invierten masivamente en sistemas de seguridad y defensa a nivel nacional. Todo ello -a excepción de la reindustrialización- supone un ligero cambio de rumbo con respecto a los planes de recuperación económica diseñados a escala supranacional tras la pandemia (por ejemplo, Next Generation EU y Repower EU), ya que estos estaban centrados principalmente en la transición energética, la digitalización y el reshoring.

Además, conviene recordar que la mayoría de ellos se financiaban a través de planes de emisión de deuda conjunta de los estados miembros. Una diferencia relevante es el foco que se ha puesto desde la invasión de Ucrania en garantizar el suministro de materias primas y una mayor visión defensiva de la alianza atlántica, con la consiguiente adhesión de Suecia y Finlandia a la OTAN.

Mayor gasto en Defensa

En este nuevo marco de política económica, el destino del gasto público ha variado sensiblemente, con un incremento notable del gasto en defensa. Por ejemplo, en Europa durante el año 2023, dicho gastó aumentó un 16% en términos interanuales, alcanzando el nivel más alto desde el año 1990 (SIPRI, 2024), con Ucrania lógicamente representando la mayor proporción sobre PIB, de un 37%/PIB.

Además, si analizamos dicha tendencia a nivel global, la suma de inversión en defensa alcanzó los 2,3 billones de euros, siendo este el mayor registro desde 1992, y representando un 2,3% del PIB global (mayor que el objetivo mínimo nacional de la OTAN). Para más inri, alcanzar esta cifra a escala mundial supuso en 2023 el mayor crecimiento del gasto en defensa de los últimos 15 años, con un 6,8% interanual, impulsado sobre todo por EE.UU. y el gigante asiático, que suman el 53% del gasto total en defensa a nivel mundial.

Por otro lado, conviene remarcar que, aunque el proteccionismo no haya abandonado en absoluto la política económica americana con Biden, esta idea sí podría recobrar más protagonismo a nivel discursivo ante una reelección de Trump a la Casa Blanca. Por ello, no son pocas las voces dentro de la UE que piden reforzar el proyecto europeo en el plano económico para adaptarse a este nuevo orden geoeconómico, por ejemplo, a través de una ampliación del mercado único o el diseño de una unión fiscal comunitaria. A través de ello se buscaría, principalmente, una mayor integración europea para competir en los mercados globales y un reforzamiento de los proyectos paneuropeos en el plano económico, permitiendo reforzar la productividad y competitividad de los mercados europeos.

Envejecimiento

Todos los cambios descritos, tal y como cabe esperar, tendrán efectos e implicaciones directas sobre la política fiscal y monetaria. Para el caso de los EE.UU., en un contexto de elevados niveles de deuda pública, el gobierno se verá obligado a buscar nuevas vías de financiación para el nuevo marco de política fiscal. Además, esto puede presentarse más complicado en algunos países como Italia o España, con elevadísimos niveles de deuda, pero no tan elevada capacidad de financiación como los norteamericanos.

Todo ello se verá además acrecentado por la tendencia de envejecimiento poblacional vivida en la actualidad en Occidente y que persistirá durante las próximas décadas, incrementando exponencialmente el gasto asistencial y en pensiones. Dichas dinámicas probablemente requerirán un rediseño del Estado del Bienestar que hasta el momento la mayoría de los países han tratado de evitar.

En el plano de la política monetaria, muchos bancos centrales deberán recalibrar su marco de política implementado a lo largo de los últimos años, probablemente teniendo que mantener los tipos de interés en niveles elevados durante varios años. A nivel financiero, esto podría suponer un grave problema para España por su irresponsabilidad fiscal durante las últimas décadas, ya que elevaría el coste de la deuda y el pago anual de intereses de esta.

Todo ello lleva a la necesidad de asumir que es necesario un plan de estabilización fiscal y monetaria a medio plazo, a la par que una expansión de los mercados en Occidente y una facilitación del comercio entre socios geopolíticos, devolviendo así un poco de necesaria estabilidad a la región.

Ver también

La innegable dominancia atlántica (demos gracias). (Álvaro Martín).

Expansionismo: China en el nuevo orden geopolítico. (Mateo Rosales).

Liberalismo y romanticismo: Donoso Cortés

Pocos personajes hay tan representativos del romanticismo político del siglo XIX como Juan Donoso Cortés (1809-1853), Marqués de Valdegamas. Más arrebatado que simplemente apasionado –el extremeño extremado, le denominaron-, siempre estuvo en primera línea del combate intelectual en defensa de lo que pensó en cada época de su vida y, eso sí, armado siempre de la más contundente elocuencia. Un hombre de su tiempo, el tiempo convulso de la Europa de las revoluciones del siglo XIX, pero también un pensador de proyección universal y duradera, a pesar del sombrío silencio que se cierne en la España actual sobre su obra y su figura.

Juan Donoso Cortés

Estudió en Cáceres, Salamanca y Sevilla, y terminó la licenciatura de Derecho, tras lo que se trasladó a Madrid, donde pronto alcanzó notoriedad en los medios liberales, por su abierta defensa del liberalismo y de la Ilustración. Para entonces, había trabado amistad con destacados liberales, como Quintana (1772-1857). Tomo parte en las conspiraciones liberales de 1833-1834. Y fue miembro de la sociedad secreta “La Isabelina” en la que tomó contacto con Romero Alpuente (1762-1835), con Flórez Estrada (1766-1853) y con el célebre conspirador Aviraneta (1792-1872). Integrado en la función pública desde 1832, obtuvo en 1836 un nombramiento en la Secretaría del Primer Ministro, Mendizábal (1790-1853). Fue Donoso Cortés quien supervisó los Decretos de la Desamortización General de 1836.

Después, se alineó con el moderantismo y llegó a ser consejero de la Reina Madre, Mª Cristina, en 1840. En 1842 se alejó de los moderados acentuando su conservadurismo y participó en la redacción de la Constitución de 1845. Su evolución prosiguió y, en 1848, se pasó al tradicionalismo católico, en el que permaneció hasta su muerte. En su trayectoria recorrió, pues, todos los sectores políticos, desde la izquierda liberal a la derecha integrista, aunque nunca se integró en el carlismo. Murió en 1853, el mismo año que Mendizábal. Fue también uno de los refundadores del Ateneo de Madrid, en 1835, que llegó a presidir en 1848. En sus últimos años se ocupó como embajador, consejero de Isabel II y del Papa Pío IX, y mantuvo amplias relaciones con numerosas personalidades europeas del momento.

En el siglo de las revoluciones

El pensamiento de Donoso de Cortés experimentó esos cambios que, por bruscos que parezcan, sintonizan con la evolución general de una de las grandes corrientes ilustradas. Y aunque en su caso fuera trascendental el conocimiento de la obra de Joseph de Maistre (1753-1821), la línea que siguió no difiere de la adoptada por gran parte de lo que, hasta 1848, fue el liberalismo moderado o conservador. Para entender esto se han de revisar las sucesivas mareas de las revoluciones liberales, iniciadas en 1776, en los Estados Unidos, como fruto maduro de la Ilustración. Mas la revolución tuvo una traslación compleja y difícil a la Europa Continental.

Las ideas de “nación”, de “espíritu del pueblo”, de “pueblo”, etc., se configuraron en el siglo XVIII como conceptos revolucionarios. Y el alemán Herder (1744-1803) las sublimó, al considerar que la actividad del espíritu no era nunca una manifestación de la individualidad personal, sino que estaba ligada a formas de expresión colectiva, supraindividuales. Se refería Herder al lenguaje, al folclore, al derecho, etc. Un planteamiento quizá fecundo en lo puramente teórico, al ligar la historia de las colectividades a las formas de su organización y expresión políticas. Pero debe recordarse que la idea de “espíritu del pueblo” se encuentra formulada por primera vez en El Espíritu de las Leyes, de Montesquieu (1689-1755); que la palabra “pueblo”, como concepto político, se escribió en el Preámbulo de la Constitución Norteamericana de 1787; y que la palabra “nación” apareció escrita en la Constitución Española de 1812.

Edmund Burke

Sin teorizaciones como la de Herder y la filosofía alemana, el británico Edmund Burke (1729-1797) y la práctica política de la Norteamérica posrevolucionaria, se habían orientado también en esa dirección. La revolución no podía ser una situación permanente de duración indefinida, y había que ordenar el mundo postrevolucionario. Por eso, a las exigencias abstractas de los revolucionarios franceses, opusieron la tesis de que el despliegue de la libertad era el resultado de la revitalización y desarrollo de las instituciones tradicionales garantistas, como el common law, o como los Parlamentos y cámaras representativas. Con eso se establecía, en lo teórico, una continuidad entre la revolución y la tradición, muy adecuada a la realidad del mundo anglosajón.

Pero estas ideas no fueron fáciles de trasladar a la Europa continental. En Francia, Alemania, Rusia, Austria o Italia, la tradición se identificaba con el absolutismo y no interesaban mucho las viejas instituciones representativas y garantistas medievales, que languidecían o desaparecieron desde el siglo XVI, ante el auge de las Monarquías Absolutas.

Un hito de la oleada revolucionaria de 1848, fue la aparición del llamado socialismo científico, con la publicación del Manifiesto Comunista de Marx (1818-1873). En él, fundado en la idea de Rousseau (1712-1778) de “voluntad general”, se establecía la necesidad de la Dictadura del Proletariado como culminación y expresión más acabada de esa voluntad general. Después, muchos de los que desde 1848 se llamaron “nacional-liberales” o “nacionales”, se hicieron también socialistas, o socialistas-nacionales, en el paso lógico de un movimiento revolucionario que promovía, tanto la redención nacional, como la redención social, con el objetivo general de establecer el “Reino de la Justicia” en este mundo.

Crítica de Donoso Cortés al liberalismo

Donoso Cortés alcanzó fama mundial en los años postreros de su vida con dos célebres discursos, titulados Sobre la Dictadura y Sobre Europa, ambos de 1849, y con un ensayo, Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo y el Socialismo (1850). Los tres fueron traducidos a varios idiomas y recibió por ellos felicitaciones desde Viena, París, Roma, etc. En su Discurso sobre la Dictadura afirmo:

Digo, señores, que la dictadura en ciertas circunstancias, en circunstancias dadas, en circunstancias como las presentes, es un gobierno legítimo. Es un gobierno bueno, es un gobierno provechoso, como cualquier otro gobierno. Es un gobierno racional, que puede defenderse en la teoría, como puede defenderse en la práctica… (…). La dictadura pudiera decirse, si el respeto lo consintiera, que es otro hecho en el orden divino. Tan es así, que Dios se reserva el derecho de transgredir sus propias leyes, y esto prueba cuán grande es el delirio de un partido que cree poder gobernar con menos medios que Dios, quitándose así el propio medio, algunas veces necesario, de la dictadura.

Juan Donoso Cortés. Sobre la dictadura

O dictadura del sable o dictadura del puñal

El texto, en sí mismo una teoría del sistema gobierno, ha de ser contextualizado de modo adecuado. Porque la experiencia de gobierno en España, desde 1808, habitualmente se desenvolvió en situaciones de excepción; es decir, de dictadura. Primero por la excepcionalidad derivada de la guerra externa (1808-1814), luego por el retorno del absolutismo (1814-1820), después en el modo incierto y bastante caótico del Trienio Liberal (1820-1823), de nuevo dictatorial en la Década Ominosa (1823-1833), y nuevamente de excepción desde 1833, por razón de la guerra carlista.

El texto de Donoso precisa que el dilema no se plantea entre la libertad y la dictadura, pues en tal caso, dice, él optaría por la primera. El dilema se plantea entre la “Dictadura del Gobierno” y la “Dictadura de la Insurrección”, entre la “Dictadura del sable” y la “Dictadura del puñal”. Matiz importante que permite apreciar el origen liberal de su pensamiento, aunque en proceso de profunda transformación.

Un Discurso en el que Donoso prefiguró la teoría del “Cirujano de Hierro” que popularizaría a finales del siglo XIX Joaquín Costa (1846-1911), y que algunos usaron como referencia doctrinal para justificar las dictaduras de Primo de Rivera (1870-1930) y de Franco (1892-1975), ambas en el siglo XX. La tesis que proponía Donoso Cortés consideraba imposible evitar la confrontación, la pugna frontal y extrema entre la revolución y la reacción, decantándose por el triunfo de esta última. Más tarde, en su Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo, y el Socialismo, ahondaría y precisaría su pensamiento político.

Salvación ante la revolución

Con esas tres obras Donoso Cortés ganó fama en toda Europa, al convertirse en referente del retorno a la tradición como única posibilidad de salvación de la sociedad, frente a las sucesivas oleadas revolucionarias. Opuesto a las ideologías autoritarias de los nacientes nacionalismos y socialismos, que prometían -y prometen- el paraíso en la tierra, el conservadurismo tradicionalista de Donoso Cortés posee la ventaja de que, al menos, no prometía instaurar el “Reino de Dios en la tierra”. Pues, como dice el evangelio, ese reino no es de este mundo. En el Ensayo sobre el Catolicismo, el Liberalismo y el Socialismo, su obra principal, elaboró la teoría política básica de la reacción postrevolucionaria. Una obra que ha terminado por convertirse en uno de los textos de filosofía política más notables del pensamiento político integrista surgido tras el triunfo de las revoluciones liberales.

Al comienzo de su Ensayo, expresó Donoso Cortés su propósito de oponerse al socialismo. Sin embargo, lejos de constituir su obra una refutación del socialismo, es casi más una confirmación de las razones del mismo, aunque en modo negativo. Sus objeciones al socialismo se limitan a impugnar las bases en las que se fundamentaría esa sociedad idílica prometida por el socialismo contra Dios, a la que Donoso opondrá la sociedad encarnada en la tradición católica. Su crítica al socialismo no se formula, pues, tanto desde una defensa de la sociedad liberal, en la que tampoco creyó al final de su vida, sino desde la objeción general al planteamiento de que se pueda llegar a establecer el bien absoluto sobre la tierra por decreto. Pero en el desarrollo de su obra se aprecia cómo el enemigo, para Donoso Cortés, no era tanto el socialismo, como el liberalismo.

Liberalismo impotente

Para él, el liberalismo se caracteriza por su impotencia: impotente para el bien, porque aborrece las afirmaciones dogmáticas, e igualmente incapaz para la maldad, pues le causa horror toda negación absoluta. El liberalismo y el parlamentarismo, dice Donoso Cortés, producen en todas partes los mismos efectos negativos: ese sistema ha venido al mundo para castigo del mundo (…). Por eso, Donoso planteará una disyuntiva excluyente: o hay quien dé al traste con ese sistema, o ese sistema dará al traste con la nación española, como con toda la Europa. Para Donoso, el liberalismo era como un puerto peligroso e inseguro. La sociedad no puede detenerse en él: debe seguir su rumbo hacia el puerto seguro y definitivo del catolicismo o, en otro caso, se estrellará indefectiblemente, naufragando en las escolleras del socialismo.

Pero el liberal no es un conservador, pese a defender la propiedad privada y el orden social, porque también defiende la libertad individual. Y ahí estuvo una de las bases de la animadversión de Donoso hacia el liberalismo, el miedo a la libertad. Una aversión que se acentuó al comprobar que, para el pensamiento liberal, no hay motivo de desconcierto ante preguntas que no tienen fácil respuesta. El estudio y el aplazamiento de la decisión, hasta tener un conocimiento más profundo de la realidad de las cosas, está inscrito en la propia idea de sociedad libre y comercial de la que nació el liberalismo, que desprecia a quienes parecen tener respuestas definitivas para todo, sin disponer de mucha información. Lo que Donoso descalifica como “relativismo liberal” no es tal: es un fruto de la prudencia, no una debilidad.

O Cristo o Barrabás

Para el Marqués de Valdegamas, en la lucha a muerte entre el Bien y el Mal, representados respectivamente por el catolicismo y el socialismo, el liberalismo no tiene sitio. El liberalismo, para Donoso, sólo puede dominar en los momentos de debilidad en que la sociedad desfallece. El predominio liberal alcanzado en Europa y América, a mediados del siglo XIX, sería para él un tiempo que identificó con el momento transitorio y fugitivo en que el mundo no sabía si irse con Barrabás o con Cristo, dudando entre una afirmación dogmática y una negación suprema. La sociedad entonces, dice Donoso, se dejó gobernar de buen grado por una doctrina, la liberal, que nunca dice afirmo ni niego, y que a todo dice “distingo”.

No concedió la posibilidad de que puedieran existir vías intermedias entre revolución y reacción: se ha de tomar partido entre una y otra, inexorablemente, por lo que el parlamentarismo liberal no tiene espacio. Un planteamiento éste que parece hoy maximalista en exceso, pero que había llegado a ser común en el debate teórico europeo, tras más de cincuenta años de convulsiones revolucionarias. Planteamiento presente en otros autores políticos de la época, tanto españoles como extranjeros. Marx en el Manifiesto Comunista (1848), utilizó ese mismo lenguaje apocalíptico, al igual que lo hizo Pi y Margall (1824-1901) en su obra La Reacción y la Revolución (1855). No se trata, pues, tanto de que Donoso hiciese un análisis maximalista o extremado, sino de que planteamientos y ánimos estaban muy exaltados en aquella época.

Carl Schmitt

El Ensayo fue pronto traducido a otros idiomas. Y los elogiosos comentarios que recibió en Francia y en Roma, y luego en toda Europa y en América, proyectaron su pensamiento político internacionalmente. Le reportaron fama y prestigio, que se amortiguó a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Pero el estallido de la Revolución Bolchevique (1917), le puso de nuevo de actualidad. Y es que, Donoso Cortés había predicho que el socialismo podría surgir y establecerse Rusia con formas totalitarias, por lo que el triunfo de Lenin, en 1917, hizo que muchos volviesen a revisar la obra del Marqués de Valdegamas.

Uno de los muchos que volvieron al estudio de la obra de Donoso Cortés, tras la Revolución Rusa, fue el alemán Carl Schmitt (1888-1985), teórico de orientación autoritaria y antiliberal. Schmitt fue el creador del llamado decisionismo político (y jurídico). El decisionismo sostiene que el Estado es la fuente absoluta y única de toda decisión legal y moral en la vida política. La teoría decisionista de Schmitt es una doctrina puramente negativa, fundada en la impugnación de todos y cada uno de los valores políticos del liberalismo parlamentario. Schmitt, como tantos otros, fue miembro del partido nazi algún tiempo, aunque no tanto como Heidegger.

“Dictadura Constitucional”

Carl Schmitt creó el concepto de “Dictadura Constitucional”, tan de actualidad hoy, para designar la situación excepcional que podía derivar de lo enunciado en el artículo 48 de la Constitución de Weimar, de “suspender en todo o en parte los derechos fundamentales” cuando estuvieran en peligro valores superiores. Situación de excepción que facultaba al Canciller para establecer legalmente su dictadura, pero derivada del propio ejercicio de los poderes constitucionales, si estos decidían la eliminación provisional de las libertades públicas y del control del Gobierno por el Parlamento y los tribunales. La toma del poder por Hitler en 1933, al amparo de ese precepto de la Constitución Alemana, demostró lo atinado que había estado Carl Schmitt al enunciar ese concepto de dictadura constitucional.

La idea de Schmitt era “superar” la degradación producida en el Estado por el liberalismo. Una tarea ésta para la que, como él mismo reconoció, había encontrado en la cosmovisión de Donoso Cortés, los fundamentos teóricos para la defensa de la dictadura, del antiparlamentarismo y, en general, para elaborar su teoría del poder y del estado. Schmitt es hoy en día una referencia en el estudio del derecho político y de la teoría constitucional. Y, el decisionismo, dejando aparte su raíz autoritaria, es estudiado actualmente como “sistema alternativo” al planteamiento liberal. Además, y no tan paradójicamente como a muchos les pudiera parecer a primera vista, Schmitt despierta actualmente un inusitado interés entre los autores de la denominada “nueva izquierda” de hoy día.

Escuela española del Derecho político

También ejerció Donoso Cortés un influjo muy notable en la denominada por el Profesor Jerónimo Molina, entre otros, a Escuela española del Derecho político (1935-1969). Una influencia muy especial en cuanto al realismo y “prudentismo” tradicionales del pensamiento político hispano más conservador, que alcanzó a autores de la categoría de Francisco Javier Conde (1908-1975), Jesús Fueyo (1922-1993) o Gonzalo Fernández de la Mora (1924-2002). Mención especial merece éste último, del que se cumple este año el centenario de su nacimiento y que, aunque rechazase el tradicionalismo radical de Donoso Cortés, también recibió su influencia. La obra teórica de Gonzalo Fernández de la Mora, con su política del logos o su desmitificación de la política, y por su visión instrumental del Estado y su doctrina constitucional, posee una trascendencia que le ha permitido mantenerse en el debate teórico, pese al silencio del que se ha rodeado su figura desde hace años.

No más dies irae

Frente al maximalismo de Donoso Cortés, quizás el supremo interés, no ya del liberalismo, sino de toda la sociedad, está en que nunca se lleguen a producir los días de las negaciones radicales o de las afirmaciones absolutas. Es decir, en que nunca más llegue el Dies Irae de un Robespierre, de un Lenin o un Hitler; que el mundo no vuelva a ver el día del exterminio de los judíos, o de los de frailes y monjas.

Porque si llegasen esos días, todos quedarían obligados a tener que optar entre lo malo y lo peor, entre la reacción y la revolución. Y para que nunca llegue ese dies irae, habrá que seguir pacientemente distinguiendo y diferenciando las ideas mediante el debate, y habrá que seguir manteniendo el escepticismo socrático, esa doctrina filosófica que aconseja examinar detenidamente las cosas antes de aceptarlas o rechazarlas y, desde luego, antes de creer a quienes se presentan dispuestos a salvar a la humanidad, al mundo o al planeta.

Ver también

Lo que los libertarios podemos aprender del carlismo. (Daniel Morena Vitón).

La teoría austríaca del monopolio y el Estado. (Miguel Anxo Bastos).

“Argentina puede ser la nueva Meca de Occidente”. Discurso de Javier Milei en el Instituto Milken

Buenos días a todos. Quiero comenzar por agradecer al Milken Institute, a todos los involucrados en la organización de este evento y personalmente a Michael Milken por hacer este encuentro posible (celebrado en Argentina). El Instituto Milken ha sido, durante décadas, una de las pocas organizaciones de inserción internacional que se ha mantenido incólume defendiendo los verdaderos principios del capitalismo y las ideas de la libertad, algo lamentablemente escaso en el mundo de hoy.

Hace algunos meses me paré frente al mundo en el Foro Económico de Davos, y les transmití una profunda preocupación por el camino que Occidente ha tomado en los últimos años. Lo que dije en aquella presentación, que aparentemente fue muy comentada, es que Occidente está en peligro. Está en peligro porque sus líderes hace tiempo se alejaron de las ideas de la libertad, ideas que hicieron de Occidente la hazaña civilizatoria más importante de la historia humana. Y en vez de defender las ideas que generaron la prosperidad de la que todos aquí gozan, escuchan cantos de sirena que conducen inexorablemente al socialismo y en consecuencia a la pobreza. Les dije que lo sé a ciencia cierta, porque vengo de la Argentina, donde todo esto, tristemente, ya ocurrió a lo largo de los últimos cien años.

Profetas de un futuro apocalíptico que ya llegó

En algún sentido, los argentinos somos profetas de un futuro apocalíptico que ya hemos vivido. Todas estas discusiones de hoy, basadas en supuestos deseos bienpensantes de querer ayudar al prójimo, basadas en una idea errónea acerca de la naturaleza y la función del estado, sostenidas por teorías económicas que han sido largamente refutadas por los datos y la empiria, nosotros los argentinos las vivimos hace cien años y lamentablemente fueron escuchadas. El resultado ya todos lo conocen. De tener el PBI per cápita más alto del mundo, a tener un país donde el 60% de la población es pobre.

Si bien la Argentina debe ser tal vez el caso más paradigmático en la historia del mundo occidental del fracaso de las ideas colectivistas, no es la excepción sino la regla. Siempre que se ha intentado, el socialismo ha sido un fracaso en lo económico, un fracaso en lo social, un fracaso en lo cultural y además, como es una filosofía que va en contra de la naturaleza humana, no han tenido otro mecanismo para implementarlo que asesinando a 150 millones de seres humanos.

La superioridad del capitalismo

Pero hoy no vengo aquí, a la Meca del Capitalismo, a hacer una crítica del socialismo, sino que vengo a hacer una defensa del capitalismo frente a ustedes, que son los verdaderos héroes de la historia del progreso de Occidente. Si bien hoy está sujeto a una crítica corriente, defender el modelo de la libertad realmente no es difícil, porque la relación directa entre la aplicación del capitalismo de libre mercado y la explosión de prosperidad que la humanidad ha vivido en los últimos 250 años es fácil de demostrar.

Si uno mira un gráfico de la evolución del crecimiento económico a lo largo de la historia de la humanidad, uno estaría viendo un gráfico con la forma de un palo de hockey: una función que se mantuvo constante durante el 90% del tiempo y se dispara exponencialmente a partir del siglo 19. O sea que desde el año 0 hasta el año 1800 aproximadamente, el PBI per cápita del mundo prácticamente se mantuvo constante, pero a partir del siglo XIX, y a raíz de la Revolución Industrial, el PBI per cápita no solo aumentó sino que lo hizo de forma exponencial, multiplicándose por 15 y generando una explosión de riqueza que sacó de la pobreza al 90% de la población del mundo, llegando al punto de que para el año 2020 solo el 5% de la población global vivía en la pobreza extrema.

Sólo 250 años de capitalismo

Lejos de ser la causa de nuestros problemas, el capitalismo de libre empresa como sistema económico es la mejor herramienta que, como especie, hemos conocido para terminar con el hambre, la pobreza y la indigencia a lo largo y a lo ancho del planeta. Pero si bien el éxito del capitalismo es fácil de demostrar, lo que no es tan accesible para muchos es el contrafáctico, es decir, cuánto mejor estaríamos si el mundo hubiera adoptado masivamente el capitalismo desde el principio. Para tener una idea de lo que hubiera sido el mundo con el capitalismo desde el principio, vamos a hacer un pequeño juego mental.

Si uno mira la evolución de la economía global en los últimos 250 años, el PBI per cápita del mundo se multiplicó por 15. Es decir, el mundo que conocemos hoy, lo que llamamos progreso, es producto de haber adoptado el capitalismo de libre mercado en el último 5% de la historia de la humanidad.

Si uno proyecta ese mismo crecimiento exponencial hacia atrás, uno encuentra que si el mundo hubiera adoptado el capitalismo de libre mercado desde el principio, el PBI per cápita del mundo hoy sería 300 veces mayor de lo que es ahora, lo que significa que el PBI per cápita del mundo hoy estaría en 1.500.000 dólares. O sea que si el mundo hubiera adoptado el capitalismo de libre mercado desde el principio, hoy no habría un solo ser humano que viviera con menos de 30.000 dólares al año.

La Argentina y la inferioridad del colectivismo

Como dije antes, tal vez el mejor ejemplo sea el ejemplo argentino. Nuestra historia entera es un testimonio de lo que puede ocurrir cuando se abandona el modelo de la libertad y se lo reemplaza por experimentos colectivistas. Cuando la Argentina sancionó y comenzó a aplicar su primera Constitución liberal, allá por el año 1860, tardamos solo 35 años en convertirnos en una potencia mundial. Pasamos de ser un país de bárbaros, a ser el primero de la historia humana en erradicar el analfabetismo, con un producto bruto interno total superior a la suma de Brasil, México, Paraguay y Perú juntos.

Teníamos más tendidos de vías de tren que la suma de todos los países de Latinoamérica. Éramos comparados con Alemania, con Estados Unidos, y con Inglaterra. Y gente de todos los confines del mundo se escapaba de naciones que hoy envidiamos, y cruzaban el océano para buscar una oportunidad en nuestras tierras. Un capataz podía aspirar a que su hijo fuera productor. Un obrero a que su hijo fuera constructor. Un trabajador analfabeto a que su hijo tuviera estudios y pudiera tener un trabajo calificado. Se trató de una explosión de actividad comercial, productiva, de formación humana, demográfica y cultural con escaso parangón en la historia humana.

Pero en el pico de este proceso, bajo la premisa bienpensante de querer distribuir entre todos la riqueza producida, la dirigencia argentina comenzó a aplicar la mal llamada doctrina de la “justicia social”, que concibe que el Estado tiene que hacerse cargo de las infinitas necesidades de la gente. Una teoría que se pelea con la realidad porque, nos guste o no, las demandas son infinitas pero los recursos siempre son finitos.

Gasto, impuestos, deuda, inflación

Producto de esta forma de entender la relación entre Estado y economía, se aumentó el gasto público de manera brutal. Para financiar esa expansión del gasto primero asfixiaron a los argentinos con impuestos. Cuando estos no alcanzaron, empezaron a quemar el stock de reservas acumuladas en nuestros años dorados. Cuando esto no alcanzó empezaron a tomar deuda. Y cuando ya nadie nos quería prestar porque nos habíamos convertido en el mayor defraudador serial de la historia, comenzaron a imprimir dinero de manera ilimitada.

Para que tengan dimensión de qué estamos hablando, desde el año 1949 la base monetaria en Estados Unidos se multiplicó 16 veces, mientras que en Argentina se multiplicó la astronómica cifra de 25 mil trillones de veces. No, no está mal el dato. Sí, es un número real, no lo estoy inventando. Lo repito: la base monetaria se expandió 25 mil trillones de veces.

Un siglo de fracaso económico y social

Ese es el nivel de descalabro que pueden producir los políticos si se les permite desviarse de los principios básicos de la economía de mercado. Y este ciclo no lo vimos una vez sino una decena de veces. Se rompieron una y otra vez todas las reglas básicas de la economía, para sostener el afán de los políticos de gastar lo que no tenemos. Y como resultado natural de estas medidas, vimos cómo nuestros ciudadanos comenzaron a empobrecerse sistemáticamente, hasta caer al puesto número 140 del mundo en el ranking de PBI per cápita, habiendo llegado a multiplicar por 10 la pobreza tan solo en los últimos 50 años.

Por 100 años repetimos este patrón tóxico, amontonando experimento colectivistas sobre experimento colectivista. Y llegamos el año pasado a uno de los pisos más profundos de este ciclo, cuando asumimos el gobierno y encontramos una situación tan crítica que, de continuar todo como estaba, la economía se encaminaba a una hiperinflación del 15.000% por año.

O sea que como economista y como argentino, conozco en carne propia cómo jugar con fuego, puede extraviar a un país de las vías del progreso y robarle 100 años de historia. Por eso, hace algunos meses en Davos, me pregunté ¿cómo puede ser que desde la academia, los organismos internacionales, la política y la teoría económica, se demonice un sistema económico que ha sacado de la pobreza más extrema al 90% de la población mundial? ¿Por qué Occidente quiere renunciar por su propia cuenta a los principios y creencias que lo hizo llegar adonde llegó? ¿Y por qué insiste con experimentos para los cuales hay ejemplos históricos de su fracaso, como es el caso de la Argentina?

El empresario como benefactor social

Claro que cuando hablamos de Davos no hablamos de cualquier foro. Se trata quizás de la institución global que ha tenido mayor influencia en orientar la dirección política y económica, tanto de naciones como corporaciones, sociedades y organizaciones no gubernamentales a lo largo de los últimos 40 años. Pero ocurre que quienes lideran Occidente se han olvidado de una verdad elemental, y es responsabilidad moral de quienes aún la recordamos, defenderla y declamarla: y esa verdad ineludible es que la libertad económica en búsqueda del interés individual produce beneficios colectivos; y que, por lo tanto, el empresario que arriesga capital en pos de una ganancia es un benefactor social.

Porque en un sistema que garantiza las instituciones clásicas del liberalismo – la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social – la única forma de ser exitoso es sirviendo al prójimo con bienes o servicios de mejor calidad o mejor precio.

Marcos teóricos equivocados y sus consecuencias

Sin embargo, quienes conducen las principales naciones y organizaciones de Occidente no dan suficiente crédito a esta idea, y miran la economía desde un marco teórico que cree que el mercado es imperfecto, que produce “fallos” y que requiere de la intervención estatal para perfeccionarlo. El problema de esta concepción, es que justifica intervenciones que traen más problemas que beneficios, y atentan contra el crecimiento económico. Porque no solo no resuelven el problema que pretendían resolver, sino que obstruyen lo que Hayek llamaba el “proceso de descubrimiento”.

El mercado, presuponiendo la libre competencia y un sistema de precios libres con señales claras, constituye un mecanismo de extracción y transmisión de información en el que, a mayor libertad, mejor funcionamiento.

O sea que el mercado libre es un proceso de descubrimiento en el cual el capitalista encuentra sobre la marcha el rumbo correcto, en la búsqueda constante por ofrecer bienes y servicios de mejor calidad o mejor precio.

Quienes bregan por el intervencionismo no solo impiden el funcionamiento virtuoso del mercado sino que encima se felicitan a sí mismos e intercambian medallas de responsabilidad social en pomposas ceremonias; mientras que terminan promoviendo una agenda de valores que le abre la puerta poco a poco al socialismo y la miseria.

La subversión de los pilares occidentales

Esta forma de entender los mercados es también la que está detrás de un fenómeno que ya ha trascendido la moda, y se ha vuelto un mandato en la cultura occidental, que me quiero tomar un momento para comentar. Hablo de una cultura autorepresiva y autoflagelante que se ha difundido en el mundo corporativo, en el mundo periodístico, en el mundo de la educación y en el mundo del entretenimiento.

Una cultura donde producto de distintos tipos de coacción, todas directa o indirectamente promovidas por el estado, se persigue al privado para que se someta a mandamientos de supuesta moral, en cuestiones como el género, la cuestión racial o la cuestión ambiental, que muchas veces terminan atentando directamente contra la libertad y la capacidad de las empresas para generar riqueza.

Se trata de conceptos que llevan al absurdo de castigar el mérito para premiar la diversidad, de regular la libre circulación de ideas para evitar ofender a algunas pocas almas sensibles, de demonizar el optimismo tecnológico por miedo al cambio climático. Son ideas y conceptos que castigan la ambición y premian la mediocridad. Que castigan el riesgo y premian el conservadurismo.

Ese panfleto detestable

En definitiva, son ideas que promueven pasiones tristes y bregan para que seamos versiones cada vez más pequeñas de nosotros mismos. Cuando son precisamente la innovación, la ambición, incluso la codicia en la acción humana, las que impulsaron el desarrollo de nuestra especie. O sea: como civilización, habiendo visto de qué somos capaces, estamos eligiendo desconfiar de nuestra propia capacidad, negar nuestra propia virtud, nuestra propia identidad y cometer lo que es, a todas luces, un suicidio colectivo.

Hoy, ya demasiado tarde en algunos lugares, vemos con horror los frutos que empiezan a dar estas ideas. Por ejemplo esta semana aquí mismo, en Estados Unidos, con las decenas de miles de jóvenes a lo largo y a lo ancho de los campus universitarios, reivindicando el terrorismo islámico y promoviendo el antisemitismo. O sea, literalmente, la futura élite de Occidente enemistada con su propia cultura.

Marx decía, en ese panfleto detestable que escribió con Engels, que el capitalismo llevaba en sí el germen de su propia destrucción. Esperemos que, como con el resto de las cosas que escribió, haya estado equivocado.

La verdadera responsabilidad social: la excelencia humana

Ahora, no se equivoquen. Yo sí creo que el sector privado tiene un mandato de responsabilidad social muy claro. Pero no tiene que ver con hacerse el moralista o el culposo. La verdadera responsabilidad social del empresario es un efecto natural del funcionamiento libre de su propia actividad económica: el mandato de producir bienes y servicios de mejor calidad o mejor precio.

Ese mandato redundará en la generación de mercados más competitivos, con sociedades mejor satisfechas y, en última instancia, no solo satisface demandas sino también ensancha los horizontes de lo que el hombre quiere y puede hacer, a través de la innovación tecnológica.

O sea que ese mandato redundará al final del día, en una tendencia a la excelencia humana y al enaltecimiento de nuestra especie. No es un mandato de moralina superficial que se cumple regulando el libre mercado. Es un mandato de gloria que se cumple desatándolo. Por el contrario, cuando el afán de algunos por regular obtura la pulsión humana de crear, y la ata de manos, estamos ante un problema.

Porque construir un futuro prometedor para la especie es imposible si hay ideas buenas que, no importa lo buenas que sean, son consideradas demasiado heréticas para ser exploradas. Porque construir un futuro prometedor para la especie es imposible si sacrificamos el mérito, la competencia y los resultados, en el altar de la diversidad. Dado que fueron precisamente la libre circulación de ideas, y un sistema de incentivos que promueve el esfuerzo y el mérito, los pilares sobre los que se construyó Occidente.

Cruzar las fronteras del quehacer humano

Entonces quiero hoy reivindicar las grandes ambiciones de nuestra especie y nuestra civilización. Desde que existen los mercados libres hemos cruzado frontera tras frontera. Hemos sacado al mundo entero de la pobreza en 250 años. Hemos puesto hombres en la luna y ahora miramos a Marte. Y lo hemos hecho gracias a la ambición, la creatividad y el optimismo de hombres como ustedes, que se asociaron entre sí en pos de la búsqueda de la propia felicidad.

No tenemos que perder la fe en esa ambición primal que los humanos tenemos como guía. Somos una especie de exploradores, de creadores, de inventores. No de burócratas. Y es el empresario-aventurero, no el burócrata de escritorio, la clase de hombre que encarna en el presente esta cualidad atemporal del espíritu humano.

Por eso, no quiero dejar de celebrar el esfuerzo de mi amigo Elon Musk por pisar Marte. Porque entendemos que la exploración espacial está a la altura de nuestro destino como especie exploradora, demasiado grande para estar confinados a este planeta.

Tenemos la obligación moral de proteger los pilares que hicieron posible todo este edificio de ambiciones, logros y sueños. Esos pilares sobre los que está edificada la historia del progreso humano son la defensa de la vida, de la libertad y de la propiedad. Si los olvidamos, o los damos por sentados, corremos el riesgo de perderlo todo.

El giro argentino al liberalismo

Miro a la Argentina, con todos los cambios que estamos emprendiendo, y veo que estamos a contramano del mundo. Porque mientras en el resto del mundo las ideas de la libertad están bajo asedio, en la Argentina se erige una fe renovada en ellas. Mientras Occidente gira hacia el control y hacia la imposición, la Argentina gira hacia la confianza en sus ciudadanos en el ejercicio de su libertad. Mientras Occidente gira hacia el déficit, la burocracia y el Estado entrometedor, Argentina gira hacia la austeridad, hacia el ahorro y retira al Estado de la actividad económica.

En fin, mientras Occidente gira hacia el chamanismo económico, y hacia formatos insostenibles de heterodoxia que ponen en peligro el futuro de todos, la Argentina vuelve al sendero de la razón. Y lo hace con amplio apoyo en todos los estratos de la sociedad. Porque después de décadas de recesión en Argentina, el consenso pro-capitalista es transversal a la sociedad.

Un duro y rápido ajuste del Estado

Por eso estamos pudiendo hacer el ajuste del Estado más rápido y más grande de la historia de la humanidad, sin perder un solo apoyo en el camino. Esto es porque la sociedad entendió que vale la pena hacer el esfuerzo que requiere dar un cambio de rumbo. El modelo del “Estado grande” es una cárcel, y la sociedad argentina lo entendió.

Por eso apoya la ley que estamos impulsando en el Congreso, que es el proyecto de reforma del Estado, tributaria, fiscal y regulatoria más importante de los últimos 150 años. ¿Cómo puede ser que la fuerza política en mayor minoría parlamentaria de la historia democrática, en un contexto de penuria económica total, pueda impulsar la reforma más ambiciosa de la que se tenga memoria y lo haga con apoyo popular? Porque la sociedad argentina exige un cambio de rumbo profundo y urgente para volver a abrazar las ideas de la libertad.

Cuando tomamos el timón del Estado y de la economía argentina en diciembre, anunciamos desde el primer día que con nosotros se acababa el déficit y, en consecuencia, se acababa la emisión monetaria y la inflación.

Estamos cumpliendo

El establishment no nos quiso dar crédito y se dijeron muchas cosas. Se dijo que hacer un ajuste de más de un punto del PBI era imposible. Se dijo que tener déficit cero en el primer año era imposible. Por último, se dijo que una política de tasas bajas no serviría para reducir la inflación. Pero hemos desafiado estos pronósticos y estamos cumpliendo nuestros objetivos.

En tan solo 5 meses logramos el primer trimestre con superávit fiscal y financiero en el sector público nacional luego de 20 años, habiendo heredado de la administración anterior un déficit consolidado de más de 15 puntos del producto entre déficit del tesoro y déficit del Banco Central; lo cual es, sin exagerar, una hazaña de proporciones históricas a nivel mundial. Bajamos drásticamente el gasto público reduciendo en un 76% las transferencias discrecionales a los estados provinciales, ajustando en un 87% la obra pública, eliminando el 50% de los cargos políticos, cerrando organismos innecesarios y eliminando la pauta publicitaria.

Frenamos en seco el financiamiento del tesoro con emisión monetaria; y producto del ancla fiscal y monetaria, la inflación empezó a bajar y sigue bajando semana a semana desde hace 4 meses. En simultáneo, llevamos adelante una política de baja sistemática de tasas sin que el tipo de cambio ni la inflación se disparen, lo cual todo el establishment juraba era imposible.

El poder y el periodismo, en contra

Y todo esto lo hemos hecho con toda la política, la mayoría del periodismo y una buena parte del poder económico prebendario en contra, y sin los recursos jurídicos que le solicitamos al Congreso y con los que todos los presidentes de los últimos años han contado. Lo cual es esperable en parte, porque por cada partida presupuestaria que recortamos hay un privilegio o negocio que le estamos quitando a algún político o a algún amigo. Pero así, aún ante semejante adversidad, estamos cumpliendo y los resultados acompañan.

Todavía queda mucho trabajo por delante, pero tenemos un rumbo en el cual la mayoría de los argentinos confía, y un plan para lograrlo. Tenemos por norte achicar al Estado para agrandar a la sociedad, tendiendo a un gasto público consolidado del 25% del PBI. 10 puntos menos que el de los Estados Unidos y la mitad del de Francia, para tener punto de comparación.

Reducir los impuestos tras reducir la inflación, que es un impuesto

Tenemos por norte devolverle a los argentinos cada peso que ahorremos, primero eliminando la inflación y luego, el día de mañana, reduciendo los impuestos. Y tenemos por norte desarmar la maraña de regulaciones en la que se ha convertido la Argentina, para liberar la actividad económica y desatar su fuerza productiva. Por eso hemos sancionado una orden ejecutiva adonde derogamos más de 350 leyes. Por eso estamos impulsando una ley que contiene reformas en el plano fiscal, laboral, previsional y tributario, incluyendo un régimen de promoción de crédito para grandes inversiones.

En total, entre ambos instrumentos habremos introducido cerca de 700 reformas estructurales en los primeros cinco meses de gobierno. Un programa de reformas 7 veces más grande que la reforma del Estado impulsada por el presidente Carlos Menem a principios de los 90, el último gran proyecto liberal que tuvo la Argentina.

En otras palabras, estamos haciendo realidad el programa reformista más ambicioso de los últimos 150 años. Porque la única manera de sacar al 60% de los argentinos de la pobreza es con crecimiento económico y solo hay crecimiento económico con libertad. No hay otra manera.

Nuestra visión

Para nosotros la única tarea del Estado es proteger la vida, la libertad y la propiedad de los argentinos, para que cada uno pueda ser arquitecto de su propio destino. Esta es nuestra visión. Es una visión parecida a la que sostuvieron todos los países prósperos de Occidente en los momentos grandes de su historia.

La tarea del Estado no es poner plata inventada en el bolsillo de la gente, sino asegurar las condiciones macroeconómicas y jurídicas para que el sector privado pueda desarrollarse por su cuenta. Un Estado que vela por la vida, la libertad y la propiedad de los individuos; y un sector privado pujante que arriesga, apuesta por el país y genera riqueza. Nosotros establecemos las bases. El sector privado se encarga del resto.

Por eso, a esta presentación de quiénes somos y qué queremos para nuestro país que les he traído hoy, le quiero agregar una invitación. Tanto a todos ustedes como también a sus pares del mundo y de la Argentina.

Después de décadas de estancamiento, la Argentina tiene todo dado para emprender un proceso de convergencia económica que nos coloque a la par de las grandes potencias del mundo. La convergencia económica se da cuando los países que tienen menores ingresos per cápita crecen más rápido que los más desarrollados hasta el momento en que logran alcanzarlos. ¿Por qué? Porque somos desde hace décadas una olla a presión, hirviendo con la tapa cerrada. Lo único que hay que hacer es destaparla y reanudar lo que Hayek llamaba la tarea del mercado como proceso de descubrimiento.

El mercado como proceso de descubrimiento

Para nosotros, reanudar ese proceso de descubrimiento va a generar un salto de crecimiento brutal, porque las posibilidades de crecimiento tienden a ser mayores cuanto más extensas sean las capacidades subutilizadas de un país. Desde este punto de vista, si en un país la utilización efectiva de sus recursos fue impedida durante décadas, y de un día para el otro se normaliza, lo lógico es esperar tasas de crecimiento enormes, proporcionales a todo lo que hay por explotar. Por eso la baja capitalización de la economía fruto de 20 años de un populismo empecinado en destruir el capital, va a generar oportunidades de inversión enormes para aquellos que apuesten por el país.

Por lo tanto, Argentina no solo podría mostrar altas tasas de crecimiento como consecuencia de las oportunidades por descubrir dado su bajo nivel de desarrollo, sino que además, ante la brutal destrucción de capital ocurrida en el pasado, ello daría un enorme retorno con solo poner en marcha las ideas y proyectos ya descubiertos pero entorpecidos por capas de regulaciones innecesarias. Así, mediante la recomposición del ahorro fiscal, una drástica reducción de la carga tributaria, y afianzando el respeto por los derechos de propiedad, haremos que alcanzar el desarrollo deje de ser un sueño, para volverse una realidad.

La Argentina, nueva Meca de Occidente

Hoy está acá para decirles que Argentina está preparada para ese enorme desafío. Estoy convencido, sin la más mínima duda, que Argentina tiene todas las condiciones para ser la nueva Meca de Occidente. Es un país seguro, alejado de cualquier frontera conflictiva, en un mundo que cada día se aleja más de la paz. Es un país abierto a entablar relaciones comerciales con todo el mundo, que es además la mayor garantía posible para perpetuar la colaboración y alejarse de la guerra.

Tenemos ventajas comparativas en donde elijamos mirar. Tenemos la tierra más fértil del mundo, fuimos revolucionarios en siembra directa, y con uno de los sectores agroindustriales más desarrollados del mundo. Y tenemos una cordillera rica en litio, plata, oro y cobre. Minerales que la economía global necesita y que por negligencia, falta de inversión, y falta de ambición, nos hemos resistido a explotar.

Tenemos un mar abundante en recursos ictícolas. Tenemos una conexión directa con la próxima frontera humana, que es la Antártida. Y tenemos una concentración de diversidad geográfica y ecológica de la cual solo 2 o 3 países del mundo podemos hacer alarde; con montaña, con desierto, con glaciar, con bosque, con selva, con playa, con altiplano, con lagos, esteros, estepas y vastas llanuras que se pierden en el horizonte.

Y tenemos también la ventaja comparativa más importante de todas: capital humano de primera categoría. Recursos formados en universidades locales que son líderes de la región. El país con más premios Nobel de Latinoamérica, y al mismo tiempo, el país con más unicornios per cápita de la región. Y, esto no es menor, ya que se trata de ciudadanos entrenados al calor de una vida entera de volatilidad económica.

Giro tras un siglo y medio

¿Cómo va a haber otro pueblo mejor preparado que el argentino, si al argentino nunca le quedó más alternativa que vivir escapándole al asedio del Estado para poder vivir en paz? Y hoy, por primera vez en 150 años, y a contramano de un mundo cada vez menos libre, la Argentina se convierte día a día en un país más libre. Por primera vez en 150 años estamos generando las condiciones para convertir todos los dones que Dios nos dio, en una promesa de prosperidad. La tarea del capitalista es descubrir. La tarea de la humanidad misma es descubrir.

Y son las naciones como la nuestra que nacen de ese espíritu de descubrimiento las que mejor lo encarnan. No es casualidad que las economías más dinámicas de Occidente en los últimos 100 años hayan sido las americanas, con los Estados Unidos a la cabeza. No es casualidad que el foro de los burócratas se realice en Europa y el foro de los descubridores se realice aquí en América. Tenemos espíritus distintos.

La Argentina hoy sigue siendo un país, una nación, un pueblo, ávido por descubrir y ser descubierto, como lo fuimos a fines del siglo XIX. Y estamos listos, ya comenzamos la carrera para emprender un salto cuántico en materia de producción y desarrollo. La ventana de oportunidad para esta nueva fiebre del oro no será eterna. Es hoy. Es ahora.

Empresarios: el progreso humano encarnado

Por eso les digo también a los empresarios argentinos: no se duerman en sus laureles, porque encontrarán que hay actores de afuera con más capital y mayor capacidad de asumir riesgo, dispuestos a hacer las inversiones que el país necesita. En esta nota, quiero finalizar invitando a todos los aquí presentes, que son los héroes de la historia del progreso de la humanidad, a que si creen como yo, en la superioridad del capitalismo de libre empresa; que si creen como yo, que Occidente se encamina a un lento pero seguro retroceso; que si creen como yo, que el mérito, la ambición, la libertad, la innovación y el optimismo son valores esenciales de la especie humana que deben ser premiados; quiero invitarlos a que apuesten por Argentina.

Ayúdenme, ustedes, que son el progreso humano encarnado, a hacer de la Argentina la nueva Roma del siglo XXI. A hacer de la Argentina una tierra de oportunidades para todos aquellos que estén dispuestos a habitar nuestro suelo. Son ustedes lo que pueden demostrarle a los burócratas del mundo que están destruyendo Occidente, que las ideas de la libertad son la única forma de alcanzar la prosperidad. Apuesten por Argentina y escribamos juntos un nuevo capítulo en la historia del progreso de Occidente.

¡Viva la libertad, carajo! Muchas gracias.

Que Dios bendiga a los argentinos. Y que las fuerzas del cielo nos acompañen”.

Discursos de Javier Milei

Diez políticas de Estado

El fracaso del modelo neoclásico

Davos: «Occidente está en peligro»

Primer discurso del presidente Javier Milei: «Hoy comienza una nueva era en Argentina»

Adiós a los bancos

Uno de los mayores peligros al que nos vamos a enfrentar en occidente en los próximos años es la implantación del dinero digital de banco central, las ya famosas CBDC. En España estábamos avisados desde hace un lustro gracias a la labor de divulgación de un ex gobernador del Banco de España: Miguel Ángel Fernández Ordoñez, conocido coloquialmente como MAFO.

En 2019 pudimos asistir a su conferencia en el instituto donde defendía el nuevo sistema. Meses más tarde publicó un libro, cuyo título he cogido prestado para este artículo, donde se extiende más en su tesis. Esta viene a ser sencilla: sustituir las cuentas corrientes en los bancos privados por cuentas en el banco central cuyo saldo sean tokens (moneda digital) emitida por este ente. Con este pequeño cambio se pondría fin a la era de los bancos privados, tal como los conocemos. Serían sustituidos por entidades de crédito y gestores de pagos, que tendrían que integrarse con el emisor único del dinero digital.

¿Prescindir de los bancos?

La música suena bien en una sociedad donde hay cierto consenso sobre los bancos privados actuales:

  • Se acepta su existencia como un mal necesario.
  • Nadie se fía de ellos.
  • Casi nadie entiende qué función hacen.

Con todo esto, suena lógico prescindir de estas instituciones y aprovechar los avances en la tecnología para que el banco central se haga cargo de nuestros saldos de tesorería.

La realidad es muy diferente. Pero el problema es que después de décadas de banca central y dinero fíat, la desconexión de la población con la función financiera de la banca es tan grande que es imposible de subsanar con meras explicaciones teóricas. Hace falta práctica. ¿Practicar con qué? Pues con una de las características principales de los activos: la liquidez.

Liquidez

Como explica José Ignacio del Castillo en esta charla, en la que es la mejor explicación sobre el tema que conozco, cuando estamos en posesión de dinero, simplemente disponemos del bien más líquido en la economía. Podemos disfrutar de ese estado atesorándolo, o podemos intercambiarlo por otros bienes menos líquidos, ya sean activos reales o financieros.

Los bancos han sido siempre los mejores intermediarios entre el dinero de las personas y sus activos financieros. Pero en su declive han surgido nuevos actores, que, al no estar bajo un banco central y las regulaciones bancarias, pueden ser mejores agentes para familiarizar a los ciudadanos con los diferentes grados de liquidez de sus activos. Vamos a ver unos ejemplos.

Letras del Tesoro

Hace un año hubo bastante revuelo en España con la gran demanda de letras del Tesoro entre los inversores minoristas. Con la inflación disparada y unos depósitos bancarios que no tenían remuneración, era lógico que muchas personas se vieran atraídas a invertir en este instrumento.

Hubo algunas voces críticas que afirmaron que las colas frente a las distintas delegaciones del Banco de España eran fruto de la incultura financiera de la sociedad española. En cierto modo es así, pero hay varias matizaciones que hacer:

  • Mostraron mucha menos incultura aquellos que adquirieron letras que la gran mayoría que siguió anclada a unos depósitos que no daban remuneración.
  • Comprar una letra del Tesoro sin intermediarios supone un aprendizaje muy valioso que no da la banca. Tienes que presentar una solicitud para participar en la subasta, recibes el rendimiento en forma de descuento (de letra). Ya no eres propietario del dinero, pero sí de una letra que da derecho a recibirlo en unos meses. Pero si lo necesitas antes puedes acudir al mercado secundario para venderla (con descuento).

Por ello acudir a las letras del Tesoro te familiariza con conceptos que son importantes. Tu dinero ya no está en una cuenta, está invertido en algo a corto plazo, por el que has hecho un descuento acorde a ese tiempo. Y si quieres hacer uso de ese activo antes de finalizar el plazo, debes intercambiarlo en el mercado secundario por un bien de más liquidez (dinero) aceptando el correspondiente descuento.

Fondos monetarios

Como hemos visto antes, una forma inteligente de mantener una gran liquidez es invirtiendo en deuda a corto plazo de agentes solventes. Los fondos monetarios son los intermediarios perfectos para este fin. Tienes todas las ventajas de la deuda a corto plazo, pero sin los inconvenientes de la falta de liquidez, ya que permiten a sus partícipes reembolsar participaciones del fondo en un plazo muy corto.

Mejoran a la banca en varios aspectos:

  • Al estar invertidos al 100% en deuda a corto plazo, su rendimiento es fiel al del mercado.
  • La remuneración es diaria, no existen penalizaciones por reembolsar antes de un plazo fijo.
  • Son solventes sin necesidad de fondo de garantía o banco central. La propia naturaleza de sus activos les proporciona la confianza del público.

Cualquiera que mantenga su liquidez en estos fondos aprende que es posible que tu dinero se preste a corto plazo sin renunciar por ello a disponer de él si lo necesitas. Leyendo los informes semestrales puedes saber a ciencia cierta a qué agentes y a qué plazo se está prestando, asentando la confianza sin necesidad de la costosa supervisión bancaria.

Brokers y gestoras de fondos de inversión

Si no nos importa renunciar a liquidez, podemos aspirar a tener activos cuyos rendimientos sean más suculentos, aunque tarden más en llegar. Para ello existen entidades que nos permiten ser partícipes de fondos de inversión en sus distintas variedades, o comprar acciones de las empresas cotizadas de nuestra elección.

Aquí estaremos intercambiando nuestro dinero por activos cuyos rendimientos futuros no están fijados por nadie, pero que se intentan estimar diariamente en su cotización. O como explica José Ignacio, estaremos adoptando el rol de la lechera en su famoso cuento. Y en ese proceso, que por desgracia aún asusta a demasiada gente en nuestro país, podemos aprender todo lo que hay que saber sobre los activos financieros y su liquidez.

Plataformas de financiación colectiva (crowdfunding)

Hasta ahora habíamos visto dónde acudir para gestionar nuestros activos, pero a la hora de pedir prestado parece que los bancos siguen siendo la única opción disponible. Pero lo cierto es que cada vez hay más alternativas. Una de ellas son los crowdfunding, que permiten financiar proyectos empresariales o inmobiliarios.

Incluso se está haciendo popular el factoring, que no deja de ser un descuento de letras de cambio modernizado. Algo que siempre ha estado vinculado a los bancos, ahora se puede realizar a través de estas plataformas.

Los dos actores implicados (prestamistas y prestatarios) adquieren la experiencia de valorar y ser valorados por agentes ajenos a la banca, apoyándose en la tecnología y gestores especializados.

Monedas estables (stablecoins), tarjetas regalo y Bitcoin

Una vez abordado la gestión de activos y el crédito, queda pendiente la otra gran pata de los bancos: la gestión de pagos. Los particulares sólo pueden realizar pagos de dos formas: o con dinero en efectivo (dinero físico de banco central) o con pasivos bancarios. No podemos pagar con participaciones de un fondo monetario, ni con acciones de empresas, ni con letras del tesoro. Así que parece que para los pagos sí vamos a depender de los bancos. Pero hay nuevas alternativas que podrían cambiar algo las cosas.

Las stablecoins son empresas que funcionan como un fondo monetario, pero en vez de tener partícipes, emiten tokens a los que mantienen en paridad con el dólar gracias a que invierten el dinero por el que los venden en deuda solvente a corto plazo. Estos tokens permiten a su portador hacer intercambios por otros activos (reales o financieros), por lo que funcionan como medio de pago.

Su combinación con las tarjetas regalo de los grandes retailers los hacen muy potentes. Estas tarjetas, que en principio se dirigían a regalar un saldo en un establecimiento o servicio, pueden operar como medio de pago en sí mismas. No dejan de ser tokens al portador emitidos por entidades de confianza y tienen valor facial en moneda local. Su único problema es que solo dan acceso a los productos del emisor de la tarjeta, pero gracias a las stablecoins o a Bitcoin, se pueden intercambiar estas tarjetas por este nuevo dinero y viceversa. Proporcionando un sistema de pagos virtual ajeno a la banca.

Un papel reducido

Y el propio Bitcoin puede operar, como vimos, como una forma de micropago de servicios online, sin necesidad de intermediarios. Lo que suma a su rol tradicional de activo real que permite atesorar valor a largo plazo de forma anónima y al portador.

Tesorería, gestión de activos financieros, crédito y pasarela de pago. No podemos decirles adiós a los bancos, pero son entidades con menos importancia en nuestra vida de la que nos cuentan. O al menos deberían serlo. Aunque la excesiva bancarización de España es un problema, es posible que los neobancos puedan ser un paso intermedio entre la banca tradicional y los nuevos servicios que acercan la cultura financiera a nuestras vidas. Se está avanzando mucho en este aspecto, y el actual ciclo económico puede ser un acelerador.

Pero lo importante es que no es necesario las CBDC para que digamos adiós a los bancos. De hecho, no debería ser necesario decirle adiós a ningún banco si estos volvieran a ser agentes que respetaran la liquidez. Bueno, no exactamente, en ese caso sí habría que decirle adiós a un banco: al banco central.

Ver también

‘Govcoins’: hacia una nacionalización total del dinero. (Ignacio Moncada).

Pagar con Bitcoin, en efectivo o con tarjeta. (Eduardo Blasco).

Cómo la inflación conduce al decaimiento moral

Por Jon Miltimore. El artículo Cómo la inflación conduce al decaimiento moral fue publicado originalmente en FEE.

En todo el mundo, la gente se debate bajo el espectro de la inflación. En Venezuela, la tasa de inflación es del 360%, mientras que en Argentina, es del 160%. Y en Turquía, la inflación ronda el 50 por ciento, un 10 por ciento más que en su vecino Irán.

En Europa, la inflación del euro se ha enfriado por fin hasta cerca del 3 por ciento, frente al más del 10 por ciento de hace un año. Canadá y Estados Unidos han seguido una pauta similar. Incluso si Europa y los países norteamericanos pueden seguir frenando la inflación – y eso es un gran “si” – las consecuencias de las políticas inflacionistas de los gobiernos ya se han hecho realidad. El valor de los ingresos y los ahorros de los ciudadanos se ha visto gravemente erosionado (y probablemente de forma permanente).

La depreciación de los ingresos reales perjudica seriamente a los consumidores y a las familias, sobre todo a las más pobres, que gastan un mayor porcentaje de sus ingresos en alimentos y vivienda, productos básicos que tienden a verse desproporcionadamente afectados por la inflación. “Los hogares con menores ingresos experimentaron una inflación superior a la media debido a su mayor gasto proporcional en alimentos y vivienda, categorías cuyos precios subían más rápidamente en aquel momento (especialmente durante 2020, con el inicio de la pandemia)”, concluía a principios de este año un estudio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York.

Aunque los efectos perniciosos de la inflación se han detallado exhaustivamente en los últimos años, hay un efecto de la inflación que ha recibido poca atención: su impacto en la moralidad.

Durante todas las grandes inflaciones

La idea de que la inflación pueda afectar a la moralidad puede sonar extraña a algunos lectores; a mí, desde luego, me lo pareció cuando escuché la hipótesis por primera vez. Sin embargo, uno de los escritores económicos más famosos de la historia vio una clara relación entre la política inflacionista y la corrupción (tanto pública como privada). “Durante toda gran inflación se produce un sorprendente declive de la moralidad pública y privada”, observó en una ocasión Henry Hazlitt, autor de La economía en una lección.

Una de las autoridades que cita Hazlitt es el historiador Andrew Dickson White (1832-1932), autor de Fiat Money Inflation in France. White, abolicionista y licenciado por la Universidad de Yale que cofundó la Universidad de Cornell semanas después de concluir la Guerra de Secesión, tenía un profundo interés por la política monetaria y la historia de Francia.

Durante sus viajes por Europa, que se remontaban a antes de la Guerra Civil estadounidense, recopiló un impresionante conjunto de fuentes primarias de la Francia revolucionaria – “periódicos, informes, discursos, panfletos, material ilustrativo de todo tipo y, especialmente, ejemplares de casi todas las emisiones revolucionarias de papel moneda”- que utilizó para publicar su libro en 1912.

Decadencia moral

En su obra, White analiza cómo la impresión de dinero en Francia condujo no sólo a la decadencia monetaria, sino también a la moral, y explica cómo sucedió:

De la inflación de los precios surgió una clase especuladora; y, ante la total incertidumbre sobre el futuro, todos los negocios se convirtieron en un juego de azar, y todos los hombres de negocios, en jugadores. En los centros de las ciudades crecieron rápidamente los corredores de bolsa y los especuladores, y éstos establecieron una moda degradante en los negocios que se extendió a las partes más remotas del país (…).

En esta manía de ceder al disfrute presente en lugar de prever la comodidad futura estaban las semillas de nuevos brotes de miseria: se estableció el lujo, insensato y extravagante. También éste se extendió como una moda. Para alimentarla, surgió la estafa en la nación en general y la corrupción entre los funcionarios y las personas que tenían fideicomisos. Mientras que los hombres impusieron esas modas en los negocios privados y oficiales, las mujeres impusieron modas de extravagancia en el vestir y el modo de vida que se sumaron a los incentivos para la corrupción…

Andrew Dickson White. Fiat Money Inflation in France.

Investigadores de Harvard: ‘Una relación positiva entre corrupción e inflación’

El libro de White, disponible gratuitamente en Internet por cortesía del Proyecto Gutenberg, merece la pena que lo lea cualquier persona interesada en la historia o la política monetaria. Aunque su tesis me parece persuasiva – White ofrece abundantes ejemplos que demuestran que el dinero suelto genera un comportamiento suelto – muchos lectores argumentarán que hay un problema obvio: no se puede falsar. En cierto sentido, tienen razón.

Aunque no faltan académicos que sostienen que la moralidad puede medirse -véase la Teoría de los Fundamentos Morales de Jonathan Haidt y la Encuesta de Valores de Schwartz-, soy escéptico respecto a que los seres humanos puedan acordar un código moral universal, por no hablar de cuantificar con precisión la moralidad en las poblaciones humanas.

Sin embargo, como casi todo, la moral puede estudiarse y se pueden reunir pruebas empíricas. Y hay pruebas convincentes que apoyan la idea de que la inflación corrompe. Por ejemplo, un destacado estudio realizado en 2004 por los investigadores de Harvard Miguel Braun y Rafael Di Tella descubrió que los niveles más altos de variabilidad de la inflación tienden a provocar más corrupción gubernamental (y menos inversión de capital). “Documentamos una relación positiva entre la corrupción y la variabilidad de la inflación en una muestra de 75 países”, escribieron los autores.

Un vivero de tiranía, corrupción y engaño

La corrupción es sólo una forma de medir la moralidad pública, por supuesto. Los niveles de delincuencia son otra. La hiperinflación que sufrió la Alemania de Weimar (1918-33) a principios de la década de 1920 es bien conocida. Menos conocido es el aumento de la delincuencia durante el periodo inflacionista, aunque es algo que Hazlitt discutió. “No es casualidad que la delincuencia aumentara bruscamente durante la inflación alemana”, escribió. “Sobre la base de 1882=100, la tasa de criminalidad, que se situó en un número índice de 117 en 1913, subió a 136 en 1921 y a 170 en 1923. Volvió a descender en 1925, cuando terminó la inflación, a 122”.

El aumento de la delincuencia, sin embargo, fue sólo un ejemplo de un colapso mucho más amplio de la virtud y la estabilidad durante el periodo de Weimar. El historiador Richard Evans abordó este tema en su libro de 2005 La llegada del tercer reich:

El dinero, los ingresos, la solidaridad financiera, la regularidad, el orden económico y la previsibilidad habían estado en el centro de los valores burgueses y de la existencia burguesa antes de la guerra. Un cinismo generalizado empezó a hacerse patente en la cultura de Weimar… No fue en último término como consecuencia de la inflación que la cultura de Weimar desarrolló su fascinación por los criminales, los malversadores, los jugadores, los manipuladores, los ladrones y los sinvergüenzas de todo tipo. La vida parecía un juego de azar, la supervivencia una cuestión del impacto arbitrario de fuerzas económicas incomprensibles.

Richard Evans. La llegada del tercer reich.

“Un vivero de tiranía, corrupción y engaño”

La descripción de Evans de las consecuencias de la política inflacionista no es sino una versión más larga y artera de la ofrecida por el estimado estadista francés Honoré Gabriel Riqueti, conde de Mirabeau, quien en los albores de la Revolución Francesa advirtió, en una carta privada, que la política inflacionista era “un vivero de tiranía, corrupción y engaño”.

Mirabeau tenía razón, pero eso no le impidió impulsar los billetes de papel para financiar las obras públicas mientras era miembro de la Asamblea Constituyente, una política que sin duda contribuyó a la caída de Francia en la tiranía.

Mirabeau murió de pericarditis a principios de 1791, con sólo 42 años, poco después de ceder a las presiones para que se aprobara un proyecto de papel moneda. Nunca fue testigo de la tiranía que predijo (y que su propia política contribuyó a provocar): el Reinado del Terror.

Desarrollado en obediencia a las leyes naturales

El punto de White es que la tiranía en Francia no se produjo accidentalmente. Surgió directamente de su política monetaria. Las cifras de la Revolución Francesa son difíciles de conseguir (especialmente si no se lee francés), pero un nuevo artículo publicado en European Economic Review describe la política monetaria de Francia como “una explosión de papel moneda llamado assignat“, que dio lugar a una hiperinflación que Europa no volvería a experimentar hasta el siglo XX.

White llega a sugerir que los horrores de la Revolución Francesa fueron una consecuencia inevitable de las políticas inflacionistas de Francia. “Así se desarrolló lógicamente la historia de Francia, obedeciendo a leyes naturales”, escribe.

Esto es similar a la tesis de Hazlitt de que el dinero malo inevitablemente dará lugar a un mal comportamiento. Puede que sea una tesis difícil de tragar -sobre todo para quienes viven en la era del dinero fiduciario-, pero es fácil encontrar otros ejemplos históricos. El fastuoso estilo de vida de Enrique VIII y sus numerosas guerras fueron posibles gracias a una política monetaria expansiva, lo que los historiadores denominan “el gran envilecimiento“.

“Os lo dije”

Incluso la Biblia insinúa un vínculo entre la inflación y la decadencia moral. “Vuestra plata se ha convertido en escoria, vuestro mejor vino en agua”, reprendió el profeta Isaías (1:22). Isaías predicaba en una época en la que el pueblo de Israel, y en particular sus dirigentes, eran moralmente miserables, o al menos eso nos han hecho creer.

Dejaré abierta la cuestión para que los lectores decidan si la propia expansión de la oferta monetaria en Estados Unidos ha provocado un colapso de la moralidad privada y pública. Aunque señalaré que Hazlitt, escribiendo durante la administración Carter, argumentó que el aumento de la inmoralidad pública ya estaba en marcha, y que se derivaba directamente de su moneda libertina.

También sospecho que White, si el gran erudito viviera hoy, miraría a la sociedad estadounidense -sus guerras interminables, su corrupción pública y sus cuestionables iniciativas financiadas por los contribuyentes- y simplemente diría: “Os lo dije”.

Ver también

Oferta monetaria, inflación y señoreaje. (Jon Aldekoa).

Los desiguales efectos de la inflación. (Álvaro Martín).

¿Es tan mala la inflación? (Juan José Mora Villalón).

Sin anclaje en El Salvador

Por G. Patrick Lynch. El artículo Sin anclaje en El Salvador fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Un diagnóstico de cáncer pone patas arriba tu mundo y tu vida. Distorsiona la forma de ver la realidad y comprime el tiempo. Te obliga a sopesar alternativas y a tomar decisiones que la gente normal no tiene que tomar y que las circunstancias convencionales no dictan. La decisión de tratarlo, y en concreto de cómo tratarlo, implica no sólo lo que está disponible, sino lo que el paciente puede tolerar. Los pacientes de cáncer suelen estar débiles y heridos, y las herramientas de que disponen los médicos, a pesar de los notables avances recientes, son peligrosas y pueden ser letales.

La mayoría de las alternativas, como la radioterapia y la quimioterapia, no son un picnic. El principio general que subyace a ambos enfoques es que matar el cáncer significa matar muchas otras células y tejidos buenos por el camino. A menos que cualquiera de los dos tratamientos sea aplicado con mucho cuidado por profesionales bien formados que sepan lo que están haciendo, tengan compasión y comprendan los límites y niveles de tolerancia de sus pacientes, la medicina puede, posiblemente, ser tan mala como la enfermedad.

La violencia en El Salvador

El Salvador padece desde hace tiempo un cáncer social muy grave: un problema crónico de violencia y delincuencia. Clasificado durante mucho tiempo como el país más peligroso del hemisferio occidental, la vida cotidiana en El Salvador estaba dominada por las bandas criminales. Ahora la tendencia reflexiva en América Latina, no sin razón, es suponer que esto tiene que ver con las drogas. Y sin duda, en El Salvador hay narcotráfico.

Pero los delincuentes también se especializan, como los médicos, y el gobierno y la sociedad civil salvadoreños no habían sabido hacer frente a una marea creciente de bandas criminales que perseguían sus beneficios y su poder a la antigua usanza, mediante la extorsión, el secuestro, el robo y la violencia. Esto hacía muy difícil vivir en El Salvador, sobre todo para los trabajadores, la llamada “clase trabajadora”. Pagar al matón de la esquina para ir a trabajar sin que te peguen o te maten desgasta a la gente como el cáncer. Les obliga a aceptar una medicina dura que normalmente no considerarían. Pero esos tratamientos a veces pueden ser tan malos como la enfermedad.

Malentendiendo a Bukele

Nayib Bukele fue elegido presidente de El Salvador y comenzó a ejercer el cargo en 2019. Sus antecedentes son interesantes. Su familia estaba en la industria de la publicidad, y produjeron anuncios electorales para la coalición dominante del partido de izquierda. Antes de ganar la presidencia, fue elegido alcalde de la capital del país, San Salvador. Como alcalde, puso en marcha una serie de políticas para tratar de mitigar la delincuencia, que era con diferencia el tema más destacado para los votantes. Algunos de sus oponentes y ciertos miembros del Departamento de Estado estadounidense le acusaron de negociar con las bandas para reducir los niveles de violencia y mantener la paz. Cierto o no, siguió con su política de colocar cámaras de seguridad y luces por toda la capital. Pero ninguno de estos avances hizo mucha mella en la situación de la delincuencia.

Bukele era un alcalde popular e identificado como una estrella política nacional en ascenso, para disgusto de los miembros gobernantes de la coalición de izquierdas a la que pertenecía. Cuando expresó cierta ambición por la presidencia, su partido respondió atacándole y pasando de él para el cargo nacional. Finalmente fue expulsado de la coalición tras un conflicto bastante público y abierto con algunos de sus compañeros de partido.

Nuevas (viejas) ideas

Bukele es un oportunista y, viendo una oportunidad, creó un nuevo grupo político: Nuevas Ideas. La plataforma del partido se centraba en disminuir la influencia de las bandas, pero la mayoría de las propuestas eran relativamente mansas y convencionales. Proponía proyectos de obras públicas para jóvenes con el fin de reducir la participación en las bandas, aumentar el gasto público en educación y realizar esfuerzos redistributivos para reducir la desigualdad. Son el tipo de recetas normales que te darían los expertos de las agencias internacionales de desarrollo.

Su experiencia en relaciones públicas y sus habilidades políticas brillaron en la campaña presidencial de 2019. Utilizó eficazmente su expulsión del partido para distanciarse de él y de los otros partidos dominantes y dirigir una campaña de outsider que apuntaba al statu quo corrupto. Cuando obtuvo la mayoría de los votos, se convirtió en el primer “outsider” que ganaba el cargo desde mediados de la década de 1980.

Pero como presidente, dio un giro y empezó a atacar más agresivamente a las bandas. Sorprendentemente, las bandas de El Salvador tienen sus raíces en Estados Unidos. Los inmigrantes salvadoreños se involucraron en actividades ilegales en Estados Unidos y empezaron a establecer empresas criminales en su país. Mientras que Estados Unidos cuenta con un sistema jurídico y un mecanismo de aplicación de la ley bastante sólidos, El Salvador y la mayor parte de Centroamérica no. La vigilancia policial es deficiente, la sociedad civil es débil y el Estado de derecho es prácticamente inexistente. Las bandas prosperan, como una especie invasora.

Prisiones: cogestión de criminales y policías

Bukele comenzó su mandato intentando desbaratar las finanzas de las bandas y vigilando zonas bien conocidas donde éstas extorsionaban a los lugareños de todo el país. También retomó muchas de las propuestas de obras públicas que intentó como alcalde. Nada de eso resolvió el problema, así que Bukele decidió cambiar a una forma mucho más radical y agresiva.

Empezó a aumentar el armamento de la policía y el ejército y a cerrar las cárceles del país. Las prisiones son muy diferentes en América Latina que en el mundo occidental, como ha explicado muy elegantemente el economista de la Universidad de Brown David Skarbek en su libro The Puzzle of Prison Order (El rompecabezas del orden en las prisiones), en el que compara la forma en que se administran las distintas prisiones en el mundo.

Históricamente, en los países que carecían de la capacidad y los recursos estatales para tener prisiones “profesionales”, el encarcelamiento era una especie de coproducción bien dirigida por los guardias, pero también por los propios presos. Los presos no quieren vivir en el caos, así que tienen un incentivo para ayudar a organizar las instituciones. Sin embargo, esa autonomía tiene consecuencias naturales: los presos obtienen mucho más espacio para seguir realizando actividades delictivas dentro y fuera de sus celdas. En las prisiones surgen mercados y se crean fuentes de ingresos.

Cerrar las prisiones

Las cárceles de El Salvador no eran diferentes, así que Bukele decidió atacar el cáncer de las bandas “cerrando” las prisiones y limitando las visitas y los contactos con el exterior para cortar las fuentes de ingresos. Para ello se emplearon más funcionarios y tropas, y siguió desviando recursos a las fuerzas armadas y la policía para aumentar su capacidad y prepararse para algo más audaz en caso necesario.

También empezó a utilizar selectivamente las declaraciones de emergencia. Suspendió normas y protecciones constitucionales como tratamiento para esta enfermedad de las bandas. Se estaba gestando un conflicto, pero el escaso respeto por las reglas, las normas y los derechos civiles se estaba reduciendo.

Con el tiempo, las bandas estallaron en violencia y Bukele aprovechó la oportunidad para detener a decenas de miles de presuntos miembros de bandas en una redada nacional dirigida por sus militares y policías. Los metió en una prisión de nueva construcción que no se parecía a ninguna otra de la región. Apilados unos encima de otros y privados de la mayoría de sus libertades civiles, los presos han permanecido encerrados durante varios años.

Bukeke, un hombre popular

Sin embargo, como era de esperar, los índices de violencia y delincuencia en el país se han desplomado. El Salvador es ahora uno de los países más seguros del hemisferio y Bukele es una estrella de rock en su país. ¿Hasta qué punto es popular?

La Constitución salvadoreña prohíbe a los presidentes ejercer mandatos consecutivos. Pero el país se había acostumbrado a la idea de que Bukele estaba por encima de la Constitución, que, según la opinión general, había fracasado a la hora de gobernar eficazmente el país. El año pasado, un grupo de jueces del país dictaminó que podía presentarse de nuevo a las elecciones presidenciales, y obtuvo una victoria aplastante, incluso en medio de las turbulencias políticas habituales para los políticos en activo en Latinoamérica. Las acusaciones de corrupción, las denuncias de negociaciones con las bandas, la pandemia de Covid e incluso la adopción del Bitcoin como moneda nacional no lograron disuadir a los votantes de reelegirle con una victoria aplastante.

Historia de un hombre fuerte

Esta misma semana, su partido, que obtuvo una mayoría absoluta en la asamblea legislativa salvadoreña. Ha votado a favor de permitir cambios más rápidos en la Constitución. Esto, en la práctica, dará a Bukele más autonomía y poder para dar forma a las normas vigentes del sistema político del país. No se excluye la posibilidad de que modifique la constitución para presentarse de nuevo a las elecciones presidenciales y permanecer indefinidamente en el poder.

El gran filósofo estadounidense Alfred E Neuman era famoso por su expresión que se resumía en la frase “What, me worry?”. Apareció en la portada de Mad Magazine posando en diversas situaciones de crisis. Muchos salvadoreños, y aquellos de la derecha estadounidense que actualmente son “fanboys” de Bukele, sin duda están pensando lo mismo ahora. Enfrentado a un Estado fallido y a una crisis social, parece haber surgido un líder político heroico para salvar a su nación a pesar de las críticas de las organizaciones internacionales y de los grupos de defensa de los derechos humanos, los mismos grupos que la derecha estadounidense y muchos latinoamericanos ridiculizan. Bukele parece la solución perfecta a un grave desafío al que se enfrenta la región.

Los peligros de la quimioterapia

Pero aquí es importante recordar los peligros de los tratamientos de quimioterapia no supervisados. América Latina tiene una larga historia de oncólogos políticos que creían que, libres de las limitaciones de las constituciones y las convenciones sociales, podían llevar a sus naciones a diversos extremos de felicidad y éxito. En muchos sentidos, todo empezó con el padre fundador más famoso de América Latina, Simón Bolívar, a quien le importaban poco las instituciones y la ley y más la fama y el éxito militar. Durante mucho tiempo se ha valorado más al gran hombre que al Estado de derecho.

Entre los seguidores más recientes de Bolívar se encuentran personas como Juan Perón y más tarde los Kirchner en Argentina, que han destruido la economía y el sistema político de esa nación. En Venezuela, Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro prometieron un renacimiento mágico una vez que se deshicieran de las normas y restricciones políticas de la nación. Y ahora el país sufre índices de pobreza más elevados, una población carcelaria abultada y una inflación galopante. En Centroamérica, Daniel Ortega ha estado en el poder en Nicaragua durante décadas de forma intermitente, con escaso respeto por las normas y las instituciones.

Algunos en la derecha podrían señalar a Augusto Pinochet como contraejemplo. Pero Pinochet fue un individuo horrible que cometió altos crímenes junto con violencia política y asesinatos. Puede que haya contribuido a fomentar una conversión hacia la economía de mercado, pero sólo a un precio muy alto. ¿Merece la pena ese precio, incluso si se compara con un Estado dirigido por bandas sin una policía eficaz ni orden social?

No es la solución a nada

Es fácil entender por qué tanta gente de derechas se ha enamorado de Bukele. Ellos también carecen del respeto básico por las normas y las instituciones. Al igual que él, carecen en gran medida de un conjunto coherente de ideas o filosofía. El poder bruto y la fe en los “grandes individuos” parecen ser sus únicos puntos de vista coherentes. El aumento del desprecio por las élites y los expertos políticos tras la crisis financiera y los cierres de Covid ha encajado con el miedo a la inmigración, la delincuencia y el desorden. Bukele parece un prototipo para ellos, y están desmayados.

Pero los que estamos en el centro razonable deberíamos desconfiar mucho de alternativas como Bukele. En conversaciones privadas con personas que tienen conexiones con la comunidad empresarial salvadoreña, he oído muchas historias de Bukele haciendo favoritismos y persiguiendo a sus enemigos cuando se trata de la economía salvadoreña. No es un fanático del libre mercado. Y sin duda cree que una economía gestionada (una gestionada por él, al menos) es preferible a una en la que existan mercados y un crecimiento descontrolado. Y parece estar más que contento de aplicar a la vida social y económica el mismo enfoque que aplica a la aplicación de la ley: la mano dura.

Temor por el futuro

Nada de lo que digo aquí pretende defender el statu quo anterior en El Salvador. Las personas con las que me he puesto en contacto para hablar de la situación son enfáticas sobre lo mucho que han mejorado las cosas. Pero los riesgos a largo plazo de esta nueva medicina son dolorosamente claros a través de una lectura incluso superficial de la historia humana. El Salvador se estaba muriendo de un cáncer social, y su nuevo plan de tratamiento parece haber puesto la enfermedad en remisión. Pero esa cárcel moderna a reventar no desaparecerá por arte de magia. A la nueva clase dirigente de El Salvador parece gustarle el poder y disfrutar ejerciéndolo. Parece más que probable que, en lugar de quimioterapia, al pueblo salvadoreño le vendiera aceite de serpiente un vendedor cada vez más ávido de poder.

Ver también

Nayib Bukele, o la desesperación por la seguridad. (Mateo Rosales).

El anhelo de un Bukele en Colombia. (Santiago Dussan).

El negocio del Software Libre (IX): Cómo aplicar las enseñanzas de Huerta de Soto a los servidores de git

Antes de hablar de la facturación de GitHub y GitLab, debemos tener claro qué son estas dos plataformas pero, sobre todo, qué es git, el origen de ambas.

Qué es git

Git es un sistema de control de versiones distribuido, muy utilizado en el desarrollo de software para llevar registro de los cambios en los archivos y coordinar el trabajo que varias personas realizan sobre archivos compartidos. Aunque es muy utilizado por desarrolladores, puede ser utilizado por cualquier persona que trabaje con ficheros informáticos ya que ayuda no sólo en las versiones de código, sino para cualquier otro propósito. Yo mismo, para escribir este artículo, estoy usando git.

Un sistema de control de versiones es una herramienta que ayuda a los equipos de desarrollo a gestionar los cambios en el código fuente a lo largo del tiempo. Mantiene un registro de cada modificación realizada en los archivos de un proyecto y permite volver a cualquier versión anterior si es necesario.

Algunas de sus características son:

  • Cada cambio en el repositorio se registra con un mensaje de confirmación, que incluye una descripción y un identificador único. En todo momento podemos ir a una versión anterior y recuperar algo que hemos borrado o modificado. Esto evita tener que hacer múltiples ficheros como “trabajo_fin_de_curso_1.md”, “trabajo_fin_de_curso_2.md”, “trabajo_fin_de_curso_final.md”, “trabajo_fin_de_curso_final_mejorado.md”…
  • Varias personas pueden trabajar en el mismo proyecto simultáneamente sin interferir con el trabajo de los demás. Y también podemos seguir el historial de cada cambio realizado por cada usuario. De nuevo, nos evitamos esos ficheros como “trabajo_fin_de_curso_1_paco.md”, “trabajo_fin_de_curso_1_pepe.md”.
  • Los participantes del proyecto pueden crear ramas para trabajar en nuevas características o correcciones sin afectar la línea principal de desarrollo, y luego fusionar esos cambios cuando estén listos.
  • Cuando dos o más participantes de un proyecto cambian la misma parte de un fichero, el sistema de control de versiones puede ayudar a resolver esos conflictos.

Linus Torvalds

El sistema de control de versiones git fue diseñado por Linus Torvalds, el padre del kernel Linux e inspirador de la “Ley de Linus”, descrita por Eric S. Raymond:

Dado un número suficientemente elevado de ojos, todos los errores se vuelven evidentes.

Eric S. Raymond

El hecho de que el padre de git sea Linus Torvalds nos puede dar una idea de dos características de este software: es de una calidad extraordinaria y, además, es Software Libre.

Git permite que cada copia de trabajo del código de un desarrollador sea también un repositorio que puede contener el historial completo de todos los cambios, por lo que no depende de un servidor central y permite un trabajo autónomo y descentralizado.

Con todo esto, git ha desbancado a todos los anteriores sistemas de versiones anteriores siendo actualmente, con mucha diferencia, el sistema más usado en el mercado.

Gracias a ser Software Libre, no sólo cualquier usuario o cualquier grupo de usuarios, como una empresa, puede crear su servidor propio donde compartir los proyectos entre los usuarios, sino que cuenta con varias plataformas que ofrecen este servicio. Las dos principales son GitHub y GitLab.

GitHub

La historia de GitHub comienza en 2008, cuando fue fundada por Chris Wanstrath, PJ Hyett, Tom Preston-Werner y Scott Chacon en San Francisco, EE. UU. El mismo año del lanzamiento del otro gran software descentralizado, la red Bitcoin.

Desde sus inicios, GitHub se destacó como una plataforma de alojamiento de código fuente que facilitaba la colaboración entre desarrolladores. Su crecimiento fue notable desde el principio; en febrero de 2009, apenas un año después de su creación, GitHub ya contaba con más de 46,000 repositorios públicos.

El crecimiento de GitHub continuó de manera exponencial. Para julio de 2010, la plataforma ya albergaba más de 1 millón de repositorios, y para abril de 2011, esa cifra se había duplicado a más de 2 millones. Este rápido aumento en la cantidad de repositorios reflejaba la creciente popularidad de GitHub entre los desarrolladores de todo el mundo.

Uno de los factores clave detrás del éxito de GitHub fue su papel en la promoción del software de código abierto. La plataforma no solo proporcionaba un sistema de control de versiones eficiente y fácil de usar basado en Git, sino que también fomentaba una comunidad activa de colaboración. Las características como las solicitudes de extracción (pull requests) y la capacidad de “forkear” proyectos permitieron a los desarrolladores contribuir fácilmente a proyectos de otros usuarios, lo que impulsó aún más la adopción de GitHub.

Microsoft

En 2012, GitHub ya era rentable, con ingresos que crecían un 300% anualmente desde su fundación. Para enero de 2013, la plataforma superó los 3 millones de usuarios registrados y alojaba más de 5 millones de repositorios. La interfaz intuitiva de GitHub y su comunidad activa de desarrolladores contribuyeron significativamente a la popularización de tanto de git, el sistema de control de versiones creado por Linus Torvalds como de la plataforma GitHub.

El modelo de negocio de GitHub también jugó un papel importante en su crecimiento. Aunque ofrecía repositorios gratuitos para proyectos de código abierto, también proporcionaba planes de pago con características adicionales para usuarios individuales y empresas. Esto permitió a GitHub monetizar su servicio manteniendo la filosofía del código abierto.

La adquisición de GitHub por Microsoft en 2018 marcó un nuevo capítulo en la historia de la plataforma. A pesar de algunas preocupaciones iniciales de la comunidad, Microsoft ha mantenido el compromiso de GitHub con el Software Libre y ha continuado desarrollando la plataforma, añadiendo nuevas características y mejorando la experiencia del usuario.

Si bien esto no hace que se pueda considerar a Microsoft como una empresa de Software Libre, sí que es una muestra de que, para sobrevivir, ha tenido que adaptarse a las demandas del mercado. Han pasado de afirmaciones de Steve Balmer, ex CEO de Microsoft, que decía que el Software Libre no crea empleo o que es un cáncer, a gastarse 7.500 millones de dólares para comprar GitHub o liberar otro software, como Visual Studio Code o TypeScript.

GitLab

GitLab es una plataforma de gestión de ciclo de vida DevOps integrada y de código abierto. La crearon en 2011 los programadores ucranianos Dmitriy Zaporozhets y Valery Sizov. Lanzaron su primera versión en 2012.

A lo largo de su vida, ha ido mejorando muchos aspectos tanto a nivel técnico, ya han ido reescribiendo partes de su código en Go, sustituyendo las originales, escritas en Ruby, como a nivel de modelo de negocio, ya que en julio de 2013, el proyecto se dividió en dos versiones: GitLab CE (Community Edition) y GitLab EE (Enterprise Edition). En febrero de 2014, GitLab EE comenzó a desarrollarse bajo una licencia privativa. También ha ido evolucionando en cuanto a diversificación y adquisición de nuevas herramientas, como cuando en marzo de 2017, GitLab anunció la compra del servicio de mensajería instantánea Gitter.

Es una empresa participada por Google y utilizado por organizaciones de renombre como la NASA, el CERN, IBM y Sony, por lo que, aunque no sea tan famosa como GitHub, nos da una idea de su calidad.

GitLab ha recibido varias rondas de financiación a lo largo de los años. En una ronda de financiación en 2016, recibió una ronda de 25 millones de dólares y en 2018, GitLab levantó 100 millones de dólares, lo que ayudó a la empresa a alcanzar una valoración de 1.000 millones de dólares, convirtiendo a GitLab en un “unicornio”, término utilizado en el ámbito de las startups para describir a las empresas privadas valoradas en más de mil millones de dólares.

Principales diferencias entre GitHub y GitLab

Aunque GitHub y GitLab son dos plataformas que están orientadas hacia públicos similares y muy populares para la gestión de repositorios Git. Tienen algunas diferencias clave:

GitLab ofrece una plataforma más integrada para el ciclo de vida completo del desarrollo de software, incluyendo herramientas de CI/CD (integración continua y entrega continua) y gestión de proyectos.

GitLab se conoce por su versión Community Edition, que es de código abierto y se puede instalar en un servidor propio de forma gratuita. GitHub también tiene proyectos de código abierto, pero para instalar GitHub en un servidor propio se requiere la versión Enterprise.

GitHub es anterior, es más famosa y tiene una comunidad de usuarios más grande.

Ambas plataformas ofrecen versiones gratuitas y de pago (Enterprise). Sin embargo, la instalación en un servidor propio con la versión gratuita es exclusiva de GitLab.

GitLab permite una mayor personalización y tiene un enfoque más fuerte en la seguridad y la privacidad.

Ingresos de las plataformas de git

GitLab ha experimentado un crecimiento significativo en sus ingresos durante los últimos años. Veamos una comparación del crecimiento anual:

2022: Los ingresos alcanzaron los 253 millones de dólares, lo que supuso un aumento del 66.03% en comparación con 2021. Año 2023: Los ingresos fueron de 424.3 millones de dólares, marcando un incremento del 67.95% respecto al año 2022. Y año 2024: GitLab reportó ingresos de 579.9 millones de dólares, lo que representa un aumento del 36.66% en comparación con el año anterior.

GitHub ha reportado un ingreso anual recurrente de mil millones de dólares. Este dato refleja el éxito y la expansión de la plataforma, que se utiliza por una gran comunidad de desarrolladores en todo el mundo. Como vemos, se puede generar un muy buen negocio ayudando a los demás, ofreciendo soporte para el desarrollo de proyectos colaborativos y la posibilidad de compartir dichos proyectos pero, viendo la financiación y los ingresos de uno y otro proyecto, vemos que, una vez más, en esta comparativa, se cumplen las palabras de Jesús Huerta de Soto: “lo mejor moralmente, es lo más rentable”. O, adaptado al Software Libre, “cuanto mayor es la libertad, mayor es la rentabilidad”.

Serie ‘El negocio del software libre’

El lenguaje económico (XXXIX): ¿Tiene Canarias un límite?

El pasado 20 de abril, bajo el lema «Canarias tiene un límite», una masa heterogénea de manifestantes protestaba por diversos motivos. Los ecologistas se oponían a un «excesivo» crecimiento turístico y pedían al gobierno que lo paralizara con una moratoria (prohibir la construcción de nuevos hoteles) y lo gravara con nuevas tasas (pernoctaciones, visitas a sitios de interés).

Los anticapitalistas e igualitaristas —defensores de la «clase trabajadora»— afirmaban que el turismo solo beneficiaba a unos pocos y que era preciso mejorar el «reparto de la tarta». Los neomaltusianos declaraban que la actual «saturación poblacional» era incompatible con los recursos disponibles (agua potable, carreteras, hospitales, alimentos, etc.).

Algunos residentes se quejaban del elevado precio del alquiler o que los extranjeros (con mayor capacidad adquisitiva) se hicieran con las pocas viviendas disponibles. Unos y otros formulaban sus respectivas emergencias: ambiental, económica, habitacional, demográfica, etc. y pedían al gobierno la creación de un «nuevo modelo» turístico. Analicemos estos eslóganes entrecomillados.

Canarias tiene un límite

Una de las falacias informales es el empleo de términos equívocos o imprecisos (Vega, 2007: 196). Los promotores de la manifestación deberían clarificar los (supuestos) límites —residentes, turistas, hoteles, vehículos— del territorio, especificando las cantidades para cada uno de ellos y, sobre todo: ¿cómo han llegado a tales conclusiones? Un error frecuente en las ciencias sociales es analizar los fenómenos en clave física o mecánica; por ejemplo, quienes se oponen al crecimiento poblacional o al desarrollo turístico emplean la metáfora «capacidad de carga» del territorio; como si este tuviera un «aforo» determinado o soportara una específica «carga útil».

En cuestiones sociales no existen óptimos cuantitativos (habitantes, turistas, vehículos, hoteles) y cualquier cifra apuntada por los «expertos» es necesariamente arbitraria. El único óptimo social —de haberlo— sería aquél generado de forma espontánea y descentralizada en el seno del libre mercado, donde los consumidores determinan (indirectamente) la cantidad y calidad de todo lo que se produce.

El reparto de la tarta

También se acusa injustamente al turismo de generar externalidades negativas o perjuicios para la población local. Los turistas son vistos como gorrones o free riders porque no pagan (supuestamente) todos los servicios públicos que consumen. Los igualitaristas, por su parte, afirman que los beneficios del turismo no llegan a la población y que es preciso «repartir mejor la tarta».

Todo lo anterior es falso. Primero, los turistas pagan absolutamente todo aquello que consumen: pagan la compra de bienes privados a sus proveedores —transporte, alojamiento, alimentación, restauración, alquiler de vehículos, ocio, etc.— y pagan (indirectamente) los servicios públicos con los impuestos: ¿de dónde sale el dinero con que los hoteles pagan IBI, tasas (basura, vado), impuesto de sociedades e incluso las cotizaciones e IRPF de sus empleados? Añadir una tasa turística, subir el IVA o incrementar coactivamente el salario de los empleados turísticos —como proponen algunos— es un robo inadmisible. Segundo, el turismo enriquece a la población local, siempre y cuando las inversiones aumenten en mayor proporción que aquella; en tal caso, crece la tasa de capitalización y los salarios en términos reales.

Por último, la economía no es una metafórica «tarta» que haya que repartir, sino que cada cual ingresa lo que produce. «Redistribuir» la riqueza es un eufemismo porque implica robar la propiedad a sus legítimos dueños para luego repartir el botín. «Repartir la tarta» no solo es inmoral, sino que generaliza la pobreza: «Todos los planes para redistribuir o igualar rentas o riqueza deben socavar o destruir incentivos en ambos extremos de la escala económica» (Hazlitt, 2018). En otras palabras, el igualitarismo incentiva la pereza y el parasitismo, y desincentiva el esfuerzo productivo. 

La saturación poblacional

La «saturación» demográfica es otra mala metáfora procedente de la química. El territorio no es ninguna «solución», ni los habitantes el «soluto», ni sobra población en forma de «precipitado». Afirmar que un territorio está infrapoblado, correctamente poblado o superpoblado es un juicio de valor. Por ejemplo, la isla canaria de La Palma (708 km2) y Singapur (734 km2) tienen superficies parecidas, pero densidades de población muy dispares: 118 habitantes/km2 y 7.720 habitantes/km2, respectivamente. No sería exagerado afirmar que la primera está «desierta» en comparación con la segunda. En la última década, la población canaria ha crecido a un ritmo de 0,39 % anual.[1]

Otro error frecuente es tratar los problemas de forma holística porque los territorios presentan específicas problemáticas; por ejemplo, entre 2013 y 2023, la isla de Tenerife creció el doble (0,79 % anual) que la media de la región, mientras que La Palma decreció el 0,15% anual. Estas cifras no son precisamente «alarmantes» y no justifican, por sí mismas, las alarmas maltusianas. La llegada de inmigrantes procedentes de Hispanoamérica —Venezuela, Cuba, Bolivia, Colombia, etc.— es una bendición para Canarias, pues compensa nuestra baja tasa de natalidad. Los inmigrantes ilegales (africanos), por su parte, suponen un problema transitorio porque su intención no es permanecer en Canarias, sino dar el salto al continente europeo.

La escasez de vivienda

Si la saturación poblacional es un mito, la subida del precio del alquiler debe tener otras causas. El mes pasado (zonas tensionadas) apuntamos que la inseguridad jurídica que sufren los propietarios, unida a la mayor rentabilidad del alquiler vacacional, reducía la oferta de vivienda residencial. Imponer una moratoria turística, como proponen algunos, sería «pegarse un tiro en el pie» porque una mayor afluencia de turismo agravaría la situación. No debemos olvidar que la inflación también afecta al precio de los alquileres. Entre 2021 y 2024, el IPC en Canarias subió un 16,6% (5,5% anual).[2] Resulta extraño que nadie repare en este impuesto oculto, ni pida la abolición del Banco Central Europeo y de la banca con reserva fraccionaria, únicos causantes de la inflación.

Por último, está la cuestión de los extranjeros que compran viviendas en Canarias. Una mayor demanda, ceteris paribus, incrementa el precio de la vivienda, beneficiando a vendedores y perjudicando a compradores. En cualquier caso, los controles de precios u otra interferencia gubernamental en el mercado inmobiliario no aumentará la oferta de vivienda, única solución genuina ante su escasez.

El cambio de modelo

La variedad de lamentos expuestos se resume en otra quimera: el cambio de «modelo» económico y turístico. La sociedad es un orden muy complejo y no puede modelarse como si de un prototipo se tratara. El diseño social coactivo se denomina «constructivismo». Según Mises (2011: 234): «Existen dos diferentes formas de cooperación social: la cooperación en virtud de contrato y la coordinación voluntaria, y la cooperación en virtud de mando y subordinación, es decir, hegemónica». En la primera, cada persona es libre de elegir su propio modelo de vida y en la segunda, el tirano —autócrata o demócrata— impone a todos un único modelo.

Bibliografía

Hazlitt, H. (2018). «¿Puede el Estado reducir la pobreza?». Mises Institute.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Vega, L. (2007). Si de argumentar se trata. España: Montesinos.


[1] Fuente: Instituto Canario de Estadística (ISTAC).

[2] Fuente: Instituto Canario de Estadística (ISTAC).

Serie ‘El lenguaje económico’

Al Sr. Martín Caparrós, de un argentino a otro

He estado leyendo en estos últimos meses la cantidad de notas que ha estado escribiendo en el diario El País, acerca de nuestro presidente Javier Milei. Tenemos la coincidencia de vivir ambos en España, pero por motivos muy diferentes: en mi caso he huido de la inseguridad que han generado 20 años de Kirchnerismo, fruto de políticas ¨Inclusivas¨ que excluían a nuestro pueblo del acceso a la educación de calidad, la cultura y las buenas costumbres, fundamentalmente las del trabajo. Esto sumado a las prácticas garantistas que amigos del poder como el Dr. Zaffaroni han enseñado entre los jueces, nos arrojaron a las garras de una inseguridad insostenible. Y, aquí, el motivo por el que me fui. En su caso se trata de algo distinto.

Montoneros

Muchos montoneros salieron huyendo para no ir presos, como tantos otros que han atacado la tranquilidad social, han puesto bombas incluso en los colegios que hoy dicen defender: los públicos. Como aquéllos que han secuestrado y realizado un sinfín de atrocidades. Así, luego de huir a Europa para evadir las penas que le correspondían, comenzaron su historia. Muy diferente a la historia de la mayoría de los 600.000 argentinos que hoy habitan en España, debido a que la fiesta de gastos y el falso estado de bienestar llegaron a su fin e hicieron imposible vivir en nuestro amado país.

Especialmente me resulta muy curiosa la aprensión que demuestra de forma permanente, desde hace décadas, contra la figura del expresidente argentino Carlos Saúl Menem. Gracias a sus indultos a los montoneros se han librado de las penas que debía pagar. Y, además, se han hecho de mucho dinero por las indemnizaciones que Menem ha repartido para pacificar el país a muchos de sus amigos. Claro que de eso no se queja…

Me gustaría decirle que podría estar de acuerdo con la crítica realizada contra algunas manifestaciones del diputado Benegas Lynch, pues se prestan a malas interpretaciones y podría haber expresado mejor lo que pensaba: nadie quiere que los niños trabajen en lugar de educarse, y si eso sucede es un efecto rebote de las malas políticas económicas y la corrupción que Argentina ha  sufrido a diario desde décadas.

Revolución social desde países capitalistas

Y no puedo dejar de recordar e imaginarme a niños como Julio Salazar de 14 años, asesinado en el atentado terrorista del 6 de agosto de 1972. Juan Eduardo Barrios de 3 años, asesinado por terrorismo el 6 de diciembre de 1977. La lista sigue con muchos niños muertos; imagino cómo hubieran sido sus vidas, si hubieran ido al colegio y en qué habrían trabajado si las organizaciones terroristas de las que usted formó parte no los hubieran matado. Por ello concluyo en que quizás el Diputado cometió un error a la hora de expresarse, pero lo de usted y los suyos fue aún mucho peor, pues implicó la muerte de niños inocentes.

Sigo leyendo sus prosas, las que percibo como palabras de un político frustrado, con un dejo de anarquista de izquierda, pero que vive en el primer mundo, (casi en algo más nos parecemos, yo soy anarcocapitalista), y no encuentro enfoque periodístico en sus redacciones, sino un intento desesperado de que los demás piensen como usted. Por cierto, me pareció patético que TVE le invitara como único comentarista de nuestra patria en su programa especial sobre las elecciones presidenciales argentinas, como patético hubiera sido que nuestra TV Pública invitara a un exmiembro de ETA para hablar de unas elecciones generales en España.

Acerca del hambre y su afirmación de que los productores son los responsables de ella, déjeme decirle en defensa de nuestras tierras agrícolas y ganaderas, que cada vez que la política destruyó con su intervencionismo estatal al país y lo llevó a una nueva crisis, los productores trabajando el campo generaron las riquezas de la patria con las que, pese a todo, se salió adelante.

Argentina crece de noche: los políticos duermen

Así se creó el dicho popular que se repetía en el 2001 de que mientras los políticos duermen Argentina crece. Claro, de noche sigue creciendo la siembra que los productores regaron sobre los campos. La pena es que, en tantos años de intervencionismo socialista, restricciones estatales e impuestos forzados por la violencia del estado, no se pudo producir más, ya que el dinero que podía invertirse en mejorar los bienes de capital para hacer más alimentos se los gastaba el socialismo en sostener su orgía de gastos y subvenciones políticas.

En los días que lleva el gobierno de Milei, se está sincerando el costo de la fiesta de las últimas décadas: de un estado inmenso y costoso, de los planes anti-hambre, que trajeron más hambre, abandono social y educativo, de las políticas de precios máximos, que causaron hambre y escasez. Éstas políticas sí generaban que sea más rentable vender alimentos en el exterior que en el interior. De los planes sociales, herramienta de sometimiento del socialismo. Y un sinfín de errores intervencionistas que se intentaron solucionar con más intervencionismo, como si se le echara queroseno al fuego para apagarlo. Y como era de esperarse, el fuego avanzó y el país está en llamas. Ahora: ¿me puede seguir afirmando que un presidente que no lleva aún 5 meses en la Casa Rosada es responsable de semejante destrucción? Espero que sea sincero al menos consigo mismo.

Un Perón maduro

Cuando critica a Milei por levantar la imagen y la esperanza de los argentinos igualando a nuestra patria de antaño a las potencias mundiales de entonces, lo entiendo, ya que la izquierda siempre tiene por meta destruir la historia, la moral social y luchar contra el patriotismo. Es curioso que los dos vivamos en España y parece que a usted nunca le agradecieron los españoles cuando Argentina en 1948 enviaba alimentos para paliar el hambre. Claro que es mejor no hablar de Perón, ya que a su organización el 1 de mayo de 1974 los echó de la Plaza de Mayo y los llamó “estúpidos e infiltrados”. Ese es el peronismo que yo pregono, no el primero que tuvo muchos errores. Me gusta más el del General que regresó maduro de la tierra madre.

Continuando con la grandeza de la patria de la que habla Milei, se trata de la potencialidad argentina ante el mundo, ya que el mundo en ocasiones nos ha observado, incluso con temor, debido a las condiciones que tenemos para ser potencia mundial. La pena es que nuestros políticos, ¨la casta¨, se ha ido robando y mal gastando todo. Acerca del Señor Menem, que indultó a tantos colegas terroristas suyos, lo que hizo fue insertar a Argentina nuevamente en el mundo, con gran similitud a lo que está haciendo actualmente Javier Milei.

Regalos envenenados

He leído que además dice que Milei intenta sacarle al estado cualquier posibilidad de regulación y protección de los más débiles y permitir que los empresarios tengan todo el poder en su relación con los trabajadores. Y dice que el mercado es ¨la ley de la selva¨. Quiero expresarle que la única manera de que los más pobres dejen de ser los más pobres es justamente que el estado deje de querer regular sus vidas. Que la protección que planteó el estado socialista sufrido hasta hoy en Argentina consistió en ponerles plata en el bolsillo con el menor esfuerzo, a costa de otros que se esfuerzan mucho para sobrellevar el día a día con una carga impositiva que no deja de crecer.

El dinero es un regalo envenenado y la “protección” que se le estuvo dando a la gente es un virus que infecta el alma y los lleva a depender de un estado incapaz de sacarlos de la pobreza, al contrario, cada año infecta más pobres y agranda más la brecha social.             

Los trabajadores son un bien de capital humano fundamental para el funcionamiento de las empresas. No hay empresarios inversores sin “empresarios” trabajadores, ya que los segundos aportan al proceso de producción su fuerza laboral para producir las ganancias futuras. Por ello si los empresarios inversores tuvieran la posibilidad de relacionarse libremente con los ¨empresarios¨ trabajadores, sin coacción e imposiciones del gobierno, esa relación sería mucho más justa para ambas partes.

Qué es la economía de mercado

Cuando aparece un gobierno a regular el valor mínimo del salario, en realidad está imponiendo lo máximo que van a cobrar las mayorías. Por el contrario, sin esta imposición el adelanto de las ganancias futuras que proporciona el inversor al empleado, sería mucho más productivo gracias a su capital, sería proporcional a lo que representa su aportación en el proceso de producción de los bienes a vender, significando un importe de salario mucho mayor que cualquier salario mínimo. Verá que en esta relación que planteo ambos son tratados como empresarios, teniendo por ese tratamiento derecho a negociar sus condiciones. Sin embargo, en el proteccionismo que usted plantea, los trabajadores son ninguneados y condenados a ganar el mínimo.   

Le comparto una fabulosa frase sobre la libertad de mercado, que no es ¨la selva¨, sino la verdadera libertad donde cada participante aporta su capital, (intelectual, de fuerza humana, económico, tiempo, etc.) para lograr al fin del proceso de producción, un bien que generará una rentabilidad a dividir proporcionalmente, según el aporte que cada uno haya contribuido a la cadena de valor: “La economía de mercado es un sistema social de división del trabajo basado en la propiedad privada de los medios de producción”. (Ludwig Von Mises, La acción humana,15ª edición Unión Editorial, Madrid 2023).

La casta

Termino mis consideraciones acerca de sus ataques a los pocos meses de gobierno libertario en la Argentina, dándole la razón en algo más: Milei descubrió ya que hay algo muy engorroso llamado “política”, que es lo que moviliza a “la casta”. Y lo está descubriendo a fuerza de decepciones, incluso entre sus libertarios, ya que la política se nutre de intereses. Por ejemplo, los suyos y los de otros periodistas que Milei llama “ensobrados”. Y así mismo hoy recordaba cómo, en el mes de noviembre de 2023, durante el gobierno de izquierda de Fernández, la Embajada Argentina ante España pagó unos 80.000 euros (costo muy llamativo por una simple solicitada), al periódico en el que Usted escribe todas sus notas contra Milei.

Dejo abiertas para los lectores las reflexiones al respecto. Milei está inmolando su vida en la política para intentar revertir décadas de las orgías de gastos, subvenciones, corrupción, emisión monetaria desmedida y estado grande. Tal vez lo logre y yo, voy a darle la posibilidad de demostrarlo.

Abolir el señoreaje

Hoy hablaremos de ese veneno económico que se llama señoreaje y que consiste en poner a funcionar la imprenta que produce billetes sin respaldo. El dinero tuvo una época brillante. Fue cuando los billetes estaban respaldados por oro; se le llamó Patrón Oro. Cualquier banco podía imprimir billetes bajo la regla: un dólar igual a una cantidad de oro. Esta regla monetaria se aplicó en muchos países: Inglaterra, España, EEUU, etc. El comercio fluía perfectamente, pues no importaba el color del billete si cualquiera podía redimir el oro a cambio de los billetes. En realidad, se estaba comerciando con oro, representado en el papel.

Piense, por un momento, que nunca se hubiera abandonado ese sistema monetario. Y que ningún gobierno hubiera intervenido. Los billetes estarían circulando en todo el mundo, las mercancías atravesarían sin problema todas las fronteras. La diversidad de billetes convergerían, de manera natural hacia una sola, digamos dólares o euros o cualquier otro nombre. En todo el globo habría una cantidad más o menos constante de dólares. Esa cantidad de dinero crecería a razón de 3% que es el porcentaje de crecimiento del oro en todo el mundo, porque no se incrementa a capricho.

Ejercicio mental: una cantidad constante de dinero

Más aún pensemos en una cantidad de dinero perfectamente constante, sin variación alguna. La pregunta crucial es ¿sería un obstáculos al desarrollo de los países, la ciencia se estancaría, se provocarían naciones pobres, la miseria se establecería en el mundo entero o en determinados países? Mi respuesta es que nada de esto pasaría mientras se conservarán libres los mercados, sin intervención de los gobiernos. Los precios se moverían por efecto de abundancia o de escasez, por cambios en las modas, por innovaciones tecnológicas que inciden en la productividad.

Podríamos decir que el nivel de precios sería muy estable o mejor aún, habría una constante deflación debido al incremento de productividad y a la libre competencia donde nuevos actores llegaran a ofrecer más y mejores productos. El poder adquisitivo de los trabajadores se incrementaría solo, sin necesidad de luchas sindicales, huelgas o paros. Los empresarios seguirían invirtiendo sus ganancias en nuevos proyectos sabiendo que no hay gobiernos confiscadores o expropiadores.

Pero este mundo que pudo haber sido se desvió con la intromisión de los gobiernos que se creyeron con más sabiduría e inteligencia que los mercados libres. Y nadie les puso obstáculos pues la teoría no estaba suficientemente desarrollada para señalar los errores.

La creación de la Reserva Federal

En 1913 el gobierno norteamericano comete una de las intervenciones más dañinas para la economía norteamericana y para el resto del mundo. Fue el presidente William Howard Taft, un hombre acaudalado y bastante ignorante de las ciencias económicas, quien fue convencido por los progresistas de su tiempo para crear un banco de bancos; es decir, el Fondo de la Reserva (FED).

La primera tarea de este banco fue establecer un solo tipo de billete: el dólar americano. Queda, desde entonces, estrictamente prohibido que un banco privado imprima dólares. Todos los bancos debían entregar el oro de sus bodegas para que la FED les devolviera dólares oficiales. El ciudadano regresaba los billetes locales y se le daban dólares oficiales a cambio. De hecho, el gobierno prohibió que los ciudadanos tuvieran oro en sus hogares. Todo el metal debía pasar a las bóvedas de la FED y, claro, la gente recibía dólares impresos por la FED. Digamos que hasta aquí no había casi nada reprobable, salvo la intromisión autoritaria del gobierno en el sistema monetario.

Sistema de cambio-oro

En realidad, no era necesaria esa intervención para homogeneizar billetes. Tampoco era necesaria la concentración de oro en las bodegas de la FED. Se pudo haber logrado la homogeneización del billete por acuerdos privados de los bancos. También se pudo haber tenido una bóveda única para guardar el oro, aunque tampoco era  necesario. Pero el gobierno convenció a todos que él era el más fiable, el más honrado y con los funcionarios más capacitados que cualquier banquero privado. Y todos sucumbieron.

Los otros países, que también llegaron a tener el patrón oro se fueron convencido para que guardaran en las bodegas de la FED el oro y a cambio recibieran divisas, dólares americanos que era como si tuvieran oro. Así que cambiaron el patrón oro por el patrón dólar (acuerdo de Bretton Wood). El oro que recibiera un banco digamos de Guatemala, se mandaba a USA para recibir dólares por el equivalente. Entonces la regla cambió: ahora se pueden imprimir billetes locales solo si hubiere divisas en la bodega del banco local. Forzadamente los países pensaban que estaba bien, pues los dólares estaban respaldados y el oro seguro en las bodegas del país más rico, poderoso, serio, fiable y honesto. Todo marchaba, digamos que bien.

El gran impago de 1971

Por laboriosidad, agunos países empezaron a acumular dólares. Francia, con Charles de  Gaulle de presidente, se percata que tiene una buena cantidad de dólares y decide pedir a Estados Unidos la cantidad de oro correspondiente. Richard Nixon se da cuenta que se vaciarían sus bóvedas si regresaba el correspondiente metal áureo y decreta que no, no va a devolver ni un gramo de oro, es decir elimina la convertibilidad de manera unilateral. Charles de Gaulle regresa triste, sin nada de oro. Nixon le recomienda que sus dólares los use para comprar lavadoras, radios, refrigeradores y toda mercancía que quiera, pero de oro, nada.

Los demás países de pronto despiertan pero se quedan callados ante el fenomenal poder de los norteamericanos. Perdieron su metal y se quedaron con papel impreso. Desde entonces quedó rota la regla de imprimir billetes propios solo si tenían divisas en bodega. Desde entonces, la regla es: cada gobierno es libre de imprimir sus propios billetes discrecionalmente, sin necesidad de divisas u oro en bodega. Se dio libertad al señoreaje, sin restricción alguna.

Los gobiernos, compuestos normalmente de funcionarios ignorantes de las teorías económicas, pensaron que tenían el instrumento ideal para resolver todos sus problemas: Podían imprimir dinero y dar créditos baratos y abundantes a las empresas. Podían construir universidades y escuelas con profesores pagados con dinero impreso. Podían construir carreteras, puentes, puertos y aeropuertos, con solo echar a andar la imprenta. Parecía magia, pero se llama señoreaje.

Además, ya se sabía que el dictador Adolfo Hitler así había resuelto el problema de desempleo. Todos los jóvenes, las mujeres gozaban de sueldos del gobierno. Las fábricas de armas, uniformes y más estaban en plena actividad usando la magia de la maquinita de imprimir dinero.

Señoreaje en la URSS

En la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, el dictador José Stalin aplicó el señoreaje. Pero la “Ley es la ley” y provocó incremento de los precios, una pieza de pan, digamos que costaba en rublo y al día siguiente dos y luego tres. Para detener ese crecimiento de precios, Stalin ordenó matar al panadero que alterara los precios. Pero ahora crecían más los precios del pan, pues la oferta ya era menor, porque había menos panaderos.

Algunos países abusaron tanto del señoreaje, es decir, de la impresión de dinero, que para comprar un kg de pan los ciudadanos tenían que llevar billetes en carretillas. En fin, un desastre en todas las economías y el culpable estaba en el gobierno con su política de señoreaje.

De hecho, los Estados Unidos de América furtivamente usaron señoreaje imprimiendo dólares que no tenían ningún respaldo en oro. Es porque los países se dieron a la tarea de pedir prestado. Por eso mismo tuvieron que eliminar unilateralmente la convertibilidad, pues se habrían vaciado todas las bodegas que guardaban el metal.

El comercio de papelitos por bienes

¿Por qué no les afectó tanto el furtivo señoreaje que aplicaron los gobiernos norteamericanos? La explicación radica en que los gobiernos fuera de los EEUU pedían dólares para tenerlos en bodega y así darse el derecho de imprimir dinero local. En otras palabras, era dinero que no entraba a la economía norteamericana.

Precisamente el gobierno de los Estados Unidos se da cuenta que tiene una máquina maravillosa, mágica, que le puede producir negocios fabulosos con la simple impresión de dólares. En efecto, los países latinoamericanos y europeos quieren crecer; necesitan infraestructura, maquinaria, escuelas, etc. No tienen recursos, así que acuden a los créditos internacionales, básicamente a los Estados Unidos. Pero, por la regla del patrón oro, la cantidad de dólares es limitada. Si usa esos dólares respaldados, tendría el efecto de un recorte de recursos para su propia economía. Pero, ¡eureka! Recuerda que tiene la imprenta. Basta introducir papel blanco e imprimir dólares, todos los dólares que demandan los países que buscan crédito.

Argentina

Por ejemplo, Argentina piensa en dolarizar su economía, calcula que todo su circulante equivale a 100 mil millones de dólares, mismos que pide a manera de crédito a los EEUU. Al tío Sam no le cuesta nada prender la máquina, meter papel blanco e imprimir esa cantidad, misma que manda en barco a Argentina. Acto seguido, el gobierno de Milei anuncia que tal día los ciudadanos deben acudir a hacer el cambio de moneda. En dos o tres días ya se dolarizó la economía.

Veamos el cuento final: los ciudadanos argentinos ni pierden ni ganan, su poder adquisitivo es el mismo, pueden comprar lo mismo pero ahora pagan con dólares; el gobierno tiene ahora toneladas de pesos argentinos que ya no van a circular, es decir, los billetes se transformaron en basura, los debe mandar al incinerador, sus bodegas se vaciaron de dólares, pero quedó con una deuda de cien mil millones de dólares que devengan una tasa de interés, digamos del 4% al año.

Los Estados Unidos poseen un activo, es decir, un pagaré que le va a cobrar a Argentina, digamos que en un año. Se cumple el plazo y Argentina no tiene para pagar el préstamo, ni siquiera para pagar los intereses. El gobierno norteamericano, en su afán de “ayudar” a Argentina, le dice: “no te preocupes, me puedes pagar con ganado. Mándame cien millones de vaquitas”. El gobierno argentino, buen pagador, manda todas sus cabezas de ganado a los Estados Unidos. Digamos que así saldó su deuda, pero se quedó en la ruina, sin ganado, sin leche, sin piel, y con doble deuda, pues ese ganado lo consiguió con promesas de pago a futuro a los ganaderos argentinos. Una verdadera pesadilla.

Préstamos con señoreaje

Por su lado, el Tío Sam se frota las manos del gran negocio que fue prestar dinero usando el señoreaje. Transformó unas toneladas de  papel periódico en miles de cabezas de ganado. Un negociazo demencial.

La moraleja de este cuento es para decirle a Javier Milei que no pida dólares prestados a los Estados Unidos para hacer la dolarización. Hay otros métodos que no requieren empréstitos internacionales, ni domésticos. En realidad, hoy día se puede dolarizar un país a costo cero.

Con libertad de señoreaje para los gobiernos, ya no necesitan ni oro ni divisas y pueden imprimir a capricho. Resultados: estancamiento, distorsión de precios, pobreza, huida de capitales, etc. La moraleja debió ser “no uses el señoreaje, no imprimas dinero porque los efectos son devastadores”. Pero los gobiernos no se distinguen por ser honestos ni entendidos.

Javier Milei

Aquí resalto la política del liberal libertario Javier Milei que prometió “dinamitar el Banco Central de Argentina” que en realidad quiere decir, no imprimir ni un peso más. Es decir, queda fija e invariable la cantidad de dinero en la economía argentina. Y esta viene siendo la mejor política monetaria que pueda tener un país. No necesita relacionar la cantidad de dinero con la cantidad de oro en bodega. Ni tampoco necesita respaldar con divisas. Su moneda será dura, sana y confiable en tanto no violen la regla de “cero señoreaje”

En realidad, si todos los países establecieran la regla de “cero señoreaje” estarían construyendo un robusto y confiable sistema monetario mundial que tendría el mismo efecto del patrón oro o mejor aún.. Basta garantizar una masa fija y constante. ¿Y cuál es la cantidad de pesos o sucres que deberían tener Argentina o Perú u otro? Esa respuesta ya la dio el economista austriaco Ludwig von Mises: Es la cantidad de dinero que hay hoy mismo.

Ver también

Dolarización venenosa. (Santos Mercado).

Por qué se puede (y debe) dolarizar Argentina en el 2024. (Luis Espinosa Goded).