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El arte del gobierno económico y el orden mundial

En el arte del gobierno económico, la transición de poder que desde hace más de una década ha estado experimentando el actual sistema internacional, altamente globalizado e interdependiente, se ha diferenciado de otros periodos históricos de la historia universal en ciertos aspectos en lo referente a la dinámica misma de estos procesos y sus medios de lucha. Los antecedentes históricos nos demuestran que cuando un Estado-potencia en ascenso amenaza con desplazar a otro Estado o Estados-potencias dominantes, los miedos, malentendidos, amenazas y frustraciones, hacen que una guerra violenta sea altamente probable, si no inevitable.

Los registros históricos así lo confirman, el surgimiento de una nueva potencia ha llevado constantemente a conflictos librados a balazos, bombas y bayonetas. Hoy en día, las grandes potencias económicas y militares libran sus batallas, no con medios bélicos convencionales, sino con armas como las políticas comerciales, financieras, manufactureras, industriales y de inversión. Para competir por el poder, librando sin un disparo una guerra por la supremacía y delineación de un nuevo orden económico global.

Prohibición de venta de productos tecnológicos

Conocer cómo los Estados-potencias utilizan las armas económicas es esencial para comprender las transiciones de poder en la historia moderna y contemporánea de la humanidad. El registro histórico demuestra que cuando un Estado-potencia dominante está en declive y observa como una amenaza a un competidor en ascenso, buscará cortar el acceso de este último a los campos preponderantes del desarrollo hegemónico en los mercados globales, sean estos: logísticos, tecnológicos, comerciales, de materias primas, que son preponderantes para la supervivencia de su supremacía económica global.   

A título de ejemplo, podemos mencionar ciertos hechos históricos como el bloqueo británico de las rutas marítimas en el comienzo de la Primera Guerra Mundial a Alemania. Otro suceso histórico contemporáneo que sería relevante destacar es la prohibición de los Estados Unidos de las ventas de productos avanzados de tecnologías satelitales a Japón en la década de 1980, y de semiconductores a China en finales de la década de 2010. Igualmente, los EE.UU. adoptaron medidas restrictivas al acceso de tecnologías vitales para el desarrollo de la inteligencia artificial en años recientes, entre otro conjunto de restricciones tomadas contra China.

Siguiendo con este orden de represalias mutuas, los estados en ascenso han adoptado contramedidas para contraatacar y sostener su crecimiento. Alemania hizo su producción industrial más eficiente en el periodo arriba mencionado. Y China inició mejoras en  sus respectivas bases tecnológicas para eludir las restricciones de los Estados Unidos.

El arte del gobierno económico

Para librar estas guerras de manera efectiva, los Estados-potencias necesitan establecer políticas que incentivan a las empresas privadas dentro de su jurisdicción obligándolas a actuar de acuerdo con sus objetivos geopolíticos, y geoeconómicos, lo que Ling S. Chen y Miles M. Evers han llamado el arte de gobernar económico en su trabajo titulado Wars without Gun Smoke: Global Supply Chains, Power Transitions, and Economic Statecraft October 2023 International Security 48(2):164-204.

Ling S. Chen y Miles M. Evers aportan una visión novedosa de los determinantes de las relaciones entre empresa y Estado en un país, y sus implicaciones para el ejercicio del arte del gobierno económico; de lo que han sido las transiciones del poder internacional en la historia moderna. Marco dentro del cual las empresas se conciben como simples instrumentos supeditados a las directrices geopolíticas y geoeconómicas de sus respetivos gobiernos.

En este escenario del arte del gobierno económico, los Estados-potencia utilizan la interdependencia económica para competir sin llegar a un nivel real de enfrentamiento armado. Utilizan sólo mecanismos coercitivos de tipo económico contra sus rivales, a través del incremento de aranceles o las sanciones a las transacciones comerciales, entre otras medidas.

Estímulos fiscales

Siguiendo con este mismo orden de políticas, los poderes en conflicto suelen utilizar los estímulos fiscales para financiar el desarrollo de ciertos sectores que estos consideren vitales para el mantenimiento de su hegemonía global, a través, de la financiación de actividades como la investigación y el desarrollo (I+D) de tecnologías clave, y la promoción de actividades comerciales dentro de su territorio para reducir su dependencia externa según sea el caso, dentro de las complejas cadenas de valor globales.  

No obstante, a lo arriba mencionado por los citados autores y siguiendo sus líneas de análisis, es relevante destacar que la mayor actividad económica dentro del sistema internacional se lleva a cabo por empresas privadas, no por los Estados. Por ende, las empresas suelen toman decisiones relativamente autónomas sobre dónde comerciar, e invertir en respuesta a los incentivos del mercado y las respectivas oportunidades de inversión sujetas a la rentabilidad de las mismas. Muchas de estas empresas son multinacionales o corporaciones que han fomentado densas redes comerciales y financieras entre diferentes países. Esto las ha hecho altamente vulnerables y sensibles a los conflictos geopolíticos y geoeconómicos actuales.

Importancia de las empresas y las corporaciones globales

Es trascendental destacar que las transacciones de los actores privados globales pueden tener externalidades de seguridad que afectan al desempeño de los Estados-potencias emergentes, y principalmente el de los tradicionalmente hegemónicos. Estos tratan de mantener o preservar gran parte de su hegemonía geoeconómica y política a escala global, encontrándose aquí un punto de inflexión y de intereses contrapuestos que van a incidir dentro de lo que se ha denominado el arte del gobierno económico de los actores estatales: en la delineación en términos estructurales de un nuevo orden económico y político global en los próximos años.

Hay una capacidad de los agentes económicos privados en el marco de las sociedades democráticas como la estadounidense, la europea y más socios asiáticos del Orden Liberal Internacional, de influir a través de mecanismos democráticos sobre la elaboración e implementación de las políticas. Esta capacidad podría llegar a tener un efecto amortiguador de un potencial conflicto armado de gran magnitud y consecuencia, entre los Estados Unidos y sus aliados europeos y asiáticos y China principalmente. Todo ello en escenarios altamente sensibles como el del Asia-Pacifico.

En concordancia con lo antes expuesto, valdría la pena destacar que en el marco de la reciente visita del secretario de Estado norteamericano Antony Blinken a China, el mandatario Chino Xi Jinping, sostuvo que los Estados Unidos y China “deben ser socios, no rivales”. Pues a pesar de que China no es un país democrático, su régimen de gobierno no ha escapado de las presiones que sus propias empresas privadas o semiestatales ejercen sobre su respectivo gobierno con el fin de mitigar la guerra de sanciones económicas entre ambas potencias. Ello lo que refuerza la tesis de la relevancia de los actores privados globales en el proceso de transición hacia un nuevo orden económico y político global.

Conclusiones

Sin embargo, pese a todo lo arriba expuesto, es importante mencionar que tanto en el ámbito académico, como diplomático no existe un consenso sobre la validez absoluta de la tesis según la cual la interdependencia comercial amortigüe o inhiba conflictos armados internacionales. Este es un tema que tratamos en un artículo titulado La interdependencia y el libre mercado, ¿amortiguan los conflictos internacionales?, en septiembre 26, 2023, Instituto Juan de Mariana.

No obstante, sería un error subestimar la relevancia e influencia de los agentes económicos privados internacionales en la delineación del nuevo orden económico global emergente. Lo demuestran los autores arriba citados en su respectivo trabajo. Será el tiempo y la compleja dinámica entre estos actores estatales inmersos en este conflicto y sus respectivas corporaciones globales, los que determinaran la importancia de estas, en la transformación y modelación del nuevo orden global emergente en el actual proceso de mutación internacional.

Liberalismo de mercado con características chinas

Por Samuel Gregg. El artículo Liberalismo de mercado con características chinas fue publicado originalmente en Law & Liberty.

No es exagerado decir que Estados Unidos está inmerso en uno de sus debates de política económica más encarnizados desde hace tiempo. Pero la disputa actual entre nacionalistas económicos y librecambistas va más allá de la política nacional. Ya sea a través de artículos de largo aliento o de debates en X (antes Twitter) entre senadores dirigistas y sus detractores del libre mercado, China ocupa un lugar destacado en el tira y afloja.

La muy debatida relación entre comercio y seguridad nacional forma parte de ese debate. Pero también lo hacen las discusiones sobre si los responsables políticos estadounidenses de finales de los noventa confiaron demasiado en los mercados para que China avanzara hacia una mayor libertad política y, más en general, hasta qué punto puede esperarse un cambio político de la expansión de la libertad económica.

En estas disputas falta una apreciación del lugar que ocupaba el liberalismo económico en el pensamiento chino moderno antes de 1978. La atención prestada a este período ilustra las insuficiencias de las afirmaciones que presentan los limitados avances de China hacia los mercados entre 1978 y 2012 como una anomalía.

El nuevo libro de Evan W. Osborne, catedrático de Economía de la Wright State University, trata de corregir esta imagen. Este libro estudia el papel del liberalismo económico en China, especialmente tras el Tratado chino-británico de Bogue de 1843. Dicho tratado concedió el estatus de nación más favorecida a Gran Bretaña y amplió el acceso occidental a los mercados chinos. En Mercados con características chinas: Economic Liberalism in Modern China (también disponible en pdf gratuito), Osborne sostiene que también aceleró la entrada de las ideas liberales de mercado en el pensamiento y la práctica económicos chinos.

Osborne analiza el papel del liberalismo económico en China a lo largo del siglo XIX. Detalla el eclipse de esa influencia en la década de 1920 y muestra cómo las ideas liberales de mercado fueron desterradas del ámbito político entre 1949 y 1978. Concluye trazando la influencia creciente y menguante del liberalismo de mercado en la política económica china desde entonces. Entre otras cosas, el ameno texto de Osborne llena muchas lagunas en la historia del liberalismo económico en China. Para ello recurre a fuentes originales, algunas de las cuales han sido traducidas por el propio Osborne. El resultado final es lo que Osborne llama acertadamente una “historia compleja y volátil” del liberalismo de mercado en China. Una historia que está lejos de haber terminado.

Adam Smith en China

Se ha escrito mucho sobre la influencia del liberalismo político y social en China. Pero Osborne subraya que el impacto del liberalismo económico como conjunto de ideas ha recibido mucha menos cobertura. Los esfuerzos de su libro por corregir esta situación comienzan mucho antes de lo que los historiadores chinos llaman “el siglo de la humillación” o “el siglo de la vergüenza nacional”. Se trata del periodo de cien años comprendido entre 1843, cuando China se convirtió en juguete de las potencias occidentales (lo que incluyó el otorgamiento por parte de China de concesiones territoriales a Estados europeos) y 1945, cuando la China de la posguerra emergió como vencedora sobre Japón y con un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Las ideas que nosotros reconoceríamos como económicamente liberales están dispersas, según Osborne, por toda la erudición china que se remonta a casi tres milenios. Ciertamente, escribe Osborne, “los intelectuales chinos más respetados por las generaciones posteriores escribieron principalmente sobre ética, metafísica e historia”. No obstante, añade, los pensadores chinos “se anticiparon durante siglos a algunos principios económicamente liberales, aunque no los consideraran centrales, o unidos”.

Un ejemplo es el Guanzi, libro que lleva el nombre de un funcionario estatal llamado Guanzhong (c. 720 a.C.-645 a.C.). No es un tratado económico. Pero el Guanzi contiene ideas sobre temas como el papel de los beneficios en la transmisión de información a comerciantes y consumidores. Otro ejemplo son las Actas del Gran Historiador, escritas principalmente por el historiador imperial Sima Qian (c.145 a.C-87 a.C). En él se articula lo que Osborne denomina una visión smithiana del papel del interés propio en la vida económica, y de cómo los mercaderes suelen buscar privilegios de los gobiernos a costa de todos los demás.

A pesar de estos precedentes, Osborne especifica que “no había ninguna doctrina económica liberal, ni de hecho ninguna doctrina económica” en la China anterior a 1843. En el pensamiento chino brillaba por su ausencia la apreciación del papel de la competencia económica como motor del crecimiento. Hubo que esperar al choque del siglo XIX entre China y las potencias occidentales que querían entrar más fácilmente en la economía china. Esto produjo una fascinación por la tecnología occidental (especialmente de naturaleza militar) por parte de los académicos y funcionarios chinos. Con el tiempo, sin embargo, las ideas liberales de mercado atrajeron la atención del mismo público.

Muchos chinos en posiciones de autoridad, como el diplomático Xue Fucheng (1838-94), pero también forasteros como el escritor Cheng Kuan-Ying (1842-c.1922), comprendieron pronto, muestra Osborne, que el comercio dinámico era fundamental para el poder británico. Esto es importante porque el punto de partida de gran parte de la reflexión china sobre estas cuestiones fue lo que había hecho fuertes a las naciones occidentales, no la preocupación por la libertad.

Como en la mayoría de los gobiernos poscoloniales del siglo XX, señala Osborne, muchos funcionarios chinos del siglo XIX veían la ingeniería gubernamental de arriba abajo como el camino hacia la modernización. Otros chinos, sin embargo, llegaron a la conclusión de que el “autofortalecimiento” debía ser un proceso ascendente. Como relata Osborne, creían que “el fin de la supervisión gubernamental del comercio” permitiría que el dinamismo que caracterizaba a las economías occidentales impulsadas por el mercado se extendiera y creciera en China.

Los textos económicos a los que recurrieron estos reformadores chinos encarnaban el predominio en Occidente de lo que Osborne denomina “liberalismo económico ortodoxo británico”. Muchos de estos libros se tradujeron para las instituciones de enseñanza superior chinas en las que aparecieron cursos de economía después de 1867.

Uno de esos traductores (incluido el de La riqueza de las naciones de Adam Smith) fue el militar y escritor Yan Fu (1854-1921). Se empeñó en relacionar el liberalismo económico con conceptos clave del liberalismo político. Osborne afirma que existe cierta controversia sobre si la concepción de ideas de Yan, como los derechos individuales, reflejaban fielmente el pensamiento liberal occidental. También hay dudas sobre la idoneidad de las traducciones de Yan. Lo que no cabe duda es que Yan fue un eficaz evangelizador de las ideas del libre mercado. Muchos pensadores y políticos chinos encontraron persuasivas.

Mercados dinámicos y dirigismo resurgente

Aunque las ideas liberales de mercado circularon por toda la China del siglo XIX, otros factores también contribuyeron a impulsar la liberalización económica. Las potencias europeas, muestra Osborne, establecieron normalmente mercados libres y protocolos legales acordes en todas sus concesiones territoriales. Algunos puertos de tratados europeos se convirtieron, afirma Osborne, en “una aproximación al liberalismo económico puro”. Se corrió la voz de la prosperidad resultante. En consecuencia, muchos chinos se acercaron a las fronteras de las concesiones europeas para beneficiarse de estas circunstancias.

“La historia convencional”, afirma Osborne, considera que las concesiones territoriales occidentales simbolizan el siglo de la humillación. Osborne no niega la gravedad de la pérdida de soberanía de China sobre estos territorios. Pero se basa en varios conjuntos de datos para mostrar cómo la liberalización económica en las concesiones generó una considerable riqueza para millones de chinos en estas zonas que gradualmente se extendió a otras partes de China continental.

La misma prosperidad creó grandes reservas de capital financiero de propiedad china y una mayor movilidad económica. Pero también contribuyó a crear una clase media china culta capaz de asumir muchas responsabilidades que las antiguas élites políticas se mostraron incapaces de asumir tras la destitución de la dinastía Qing en 1912. La nueva élite comercial, muestra Osborne, produjo formas de gobierno ascendentes que proporcionaron “orden burgués en medio del caos político”.

Junto a estos cambios surgió un creciente mercado de ideas. Muchas de ellas fueron importadas a China por chinos y chinas que habían estudiado en universidades estadounidenses y europeas. La agitación subsiguiente reconfiguró múltiples esferas de la vida china, desde el comercio y el derecho hasta la literatura y la medicina.

Sin embargo, algunas de las nuevas ideas no eran favorables a los mercados ni al liberalismo en general. Esto incluía, según Osborne, medidas dirigistas como las políticas de sustitución de importaciones, pero también ideologías etnonacionalistas y socialistas, ambas antagónicas a la sociedad comercial. El primer presidente de la República China, Sun Yat-Sen (1866-1925), no era un anticapitalista de línea dura. Pero, según Osborne, desconfiaba profundamente de las grandes empresas. Y buscaba la intervención del Estado para reducir la desigualdad económica y aumentar la dirección gubernamental de la economía.

A medida que el partido nacionalista de Sun Yat-Sen -el Kuomintang (KMT)- se consolidaba en el poder durante la década de 1920, las ideas y prácticas económicas liberales fueron cayendo en desgracia. Un proceso que se reflejó especialmente en los códigos legales chinos. En estas condiciones, el nacionalismo y las ideas contrarias al mercado se convirtieron en sinónimos. El Partido Comunista Chino (PCC) y el Kuomintang se habían distanciado a mediados de los años veinte. Pero Osborne subraya su hostilidad común al capitalismo de libre mercado. Así pues, la teoría y las políticas económicas liberales sufrieron un eclipse entre 1927 y 1937. Esto se manifestó en la nacionalización de muchas industrias y en la metástasis de la búsqueda generalizada de rentas en toda China. Estos cambios prefiguraron lo que seguiría en la China de posguerra: la experiencia cercana a la muerte del liberalismo económico.

De Mao a Deng

El análisis de Osborne sobre la China maoísta pone de relieve la seriedad con la que el PCCh se tomó las ideas marxistas. No eran una mera fachada ideológica para el régimen. Eso tuvo implicaciones para la política económica del PCCh. Desde 1949 hasta 1962, la nueva República Popular China llevó a cabo el “Gran Salto Adelante”. Esto promovió la industrialización impulsada por el Estado y la colectivización de la agricultura, aunque moldeada por desviaciones maoístas de las ortodoxias económicas marxistas convencionales.

Pero a pesar de esta extinción de los restos de las políticas económicas liberales, la teoría liberal de mercado consiguió mantenerse viva, como escribe Osborne, “en la biblioteca”. En una de las secciones más reveladoras de su libro, Osborne muestra cómo los intelectuales comunistas chinos ansiosos por contribuir a la historiografía marxista de las ideas estudiaron libros como La riqueza de las naciones de Smith, Tratado de economía política de Jean-Baptiste Say, Capital e interés de Eugen von Böhm-Bawerk y, sorprendentemente, Camino de servidumbre de F. A. Hayek. Incluso organizaron traducciones o nuevas traducciones de estos textos, aunque precedidas de advertencias como describir a Hayek como “nada más que un siervo capitalista”. Por lo tanto, aunque el liberalismo económico fue tratado como economía primitiva o inherentemente corrupta, Osborne demuestra que no fue, a diferencia de muchos conjuntos de ideas, “borrado del registro histórico” por el PCCh.

La liberalización gradual de partes de la economía china por parte del PCCh a partir de 1978 se debió en gran medida a la conciencia de destacados dirigentes del partido -sobre todo, Deng Xiaoping- de que la abyecta pobreza de China era la excepción más destacada a la regla de la creciente prosperidad que entonces empezaba a caracterizar al resto de Asia Oriental. En muchos sentidos, subraya Osborne, Deng adoptó políticas liberales de mercado desesperado por la pésima situación de la economía china. Sin embargo, Osborne también destaca las sutiles formas en que los intelectuales del PCCh empezaron a rehabilitar ideas liberales de mercado como la importancia de los incentivos.

Dicho esto, las reformas económicas chinas fueron acompañadas de una convicción muy extendida entre los dirigentes del PCCh de que el liberalismo económico no tenía por qué conducir a la liberalización política. Incluso los cambios más importantes, como la decisión de 1988 de liberalizar algunos precios al consumo, se formularon en términos técnicos. En otras palabras, los mercados se consideraban un conjunto de mecanismos económicos que no implicaban abrazar compromisos filosóficos no marxistas.

De Deng a Xi

Esto es un buen recordatorio, subraya Osborne, de que hubo una considerable oposición interna del PCCh a la liberalización económica que Deng y sus partidarios nunca lograron exorcizar. Ello, a pesar de que el PCCh adoptó el objetivo de “una economía de mercado socialista” en su XIV Congreso del Partido en 1993. Esto hace más comprensibles las crecientes restricciones de la libertad económica que comenzaron a aumentar bajo Xi Jinping tras su llegada al poder en 2012. Muchos altos dirigentes del PCCh temían desde hacía tiempo que la extensión del liberalismo económico pudiera facilitar una liberalización política que acabara con el monopolio de poder del PCCh.

Los esfuerzos del PCCh para impedir tal eventualidad se aceleraron en 2013 con los esfuerzos para purgar las menciones a los “valores universales”, la “libertad de prensa”, la “sociedad civil”, los “derechos civiles”, los “errores pasados del PCCh” y la “independencia del poder judicial” de los “medios de comunicación oficiales chinos y de la conversación en línea.” A esto siguieron cambios en la política económica que iban desde una mayor dirección estatal de importantes sectores económicos hasta la toma por parte del gobierno de participaciones mayoritarias en muchas empresas que cotizan en bolsa.

El objetivo, según Osborne, es “un compromiso utilitario con un liberalismo económico limitado porque permite al pueblo chino vivir una vida materialmente satisfactoria”, acompañado de una tolerancia cero del PCCh hacia “cualquier acontecimiento que amenace su monopolio político”. En este sentido, la propia naturaleza de la gobernanza del PCCh representa un freno duradero a cualquier retorno a la era Deng. Por no hablar de la adopción de un programa de liberalización económica más amplio.

¿Se han acabado las libertades de mercado?

La teoría económica liberal no tiene actualmente en China el papel que desempeñó a finales del siglo XIX. Sin embargo, incluso bajo Xi, comenta Osborne, la actividad económica privada se considera necesaria para “preservar y, cuando sea factible, promover un aumento del nivel general de vida de los chinos”. El resultado es una mezcla incómoda de políticas económicas liberales y antiliberales. Pekín ha acentuado su retórica contra los chinos más ricos. Pero la conclusión de Osborne es la siguiente: “Se ha corrido la voz al sector privado: gana dinero, pero no causes problemas”.

¿Puede durar un híbrido así? La respuesta es: tal vez. Mientras el PCCh conserve su voluntad de poder, los esfuerzos por extender la liberalización económica encontrarán poderosos límites. Los regímenes autoritarios que mantienen un amplio aparato de seguridad interna y no temen apretar el gatillo contra sus propios ciudadanos (como hizo el propio Deng contra los manifestantes de la plaza de Tiananmen en 1989) pueden mantenerse en el poder durante mucho tiempo.

En contra está el hecho de que muchos de los problemas económicos actuales de China se derivan directamente de su reciente giro intervencionista. Tomemos, por ejemplo, las empresas propiedad del Estado chino o en las que el gobierno ha adquirido una participación mayoritaria. Sólo son un ochenta por ciento tan productivas como las empresas chinas de propiedad privada. Según el FMI, ésta es una de las razones por las que la productividad de China ha disminuido. Esto plantea dudas sobre la capacidad del PCCh para cumplir su parte del trato no declarado con la población china. Es decir, el Partido permite que el pueblo experimente los beneficios del crecimiento económico, a cambio de lo cual el pueblo acepta el férreo control del PCCh sobre el poder político.

Ahí puede residir la mayor dificultad a la que se enfrenta el PCCh: cómo equilibrar las presiones generadas por incluso las cantidades limitadas de libertad económica que China necesita para generar un crecimiento suficiente frente a los imperativos antiliberales asociados a la permanencia en el poder. En tales circunstancias, siempre existe la posibilidad de que Pekín cometa graves errores que podrían crear nuevas posibilidades. Para quienes creen en otro imperativo, el de la libertad, éste es un motivo de esperanza.

Ver también

La nueva libertad económica ce Xi (María Blanco).

De la planificación central a la del mercado. (Ángel Martín Oro).

La cobardía cultural cuesta vidas

Por David James. El artículo La cobardía cultural cuesta vidas fue publicado originalmente en CapX.

Para quienes tienen un talante conservador, los interminables conflictos que siguen manteniendo encendidas las guerras culturales suelen ser una lectura deprimente. Apenas pasa una semana sin que la prensa se haga eco de algo preocupante o descabellado (o ambas cosas). El gran despertar, del que algunos afirman que ya ha pasado una década, sigue dominando la opinión pública, ya que desafía las convenciones e instituciones establecidas desde hace tiempo de las formas más fundamentales posibles.

Por supuesto, las guerras culturales son amorfas, y no hay acuerdo sobre su grado de coordinación (o incluso sobre si hay). Para algunos comentaristas, normalmente de derechas, está en juego el futuro de la civilización occidental. Para otros (normalmente de izquierdas) el “wokeismo” es un término alarmista, cuando en realidad los debates en torno al género, la raza y la fe son luchas por la igualdad.

Dicho esto, cuando un cantautor de izquierda liberal como Nick Cave admite que le horroriza la “cultura woke” por su “falta de humildad y la seguridad paternalista y doctrinal de sus afirmaciones”, uno no puede dejar de concluir que la ventana de Overton se ha desplazado de nuevo. Y que la intimidación y el miedo que han impedido que demasiadas personas de un espectro político muy amplio sientan que pueden debatir cuestiones divisivas está disminuyendo. Al menos es un signo de cierto progreso.

Cuchillo

Durante la última semana ha habido más buenas noticias, con varios acontecimientos no relacionados, pero alentadores que muestran que cualquier Fin de Occidente Spengleriano está, al menos por el momento, retrasado. En primer lugar, la Cass Review introdujo una dosis necesaria de objetividad basada en pruebas en los argumentos sobre género, a menudo tóxicos y acientíficos. Después, el Tribunal Supremo dictaminó que la escuela Michaela, y su directora, Katharine Birbalsingh, no eran culpables de discriminar a una alumna musulmana a la que se había impedido observar sus rituales de oración. Por último, hemos asistido a la reaparición en la esfera pública de Sir Salman Rushdie, que acaba de publicar el relato de su intento de asesinato en unas memorias tituladas, sin rodeos, Cuchillo.

Erica Wagner entrevistó recientemente a Rushdie en el Southbank Centre a través de una conexión de vídeo desde su casa de Nueva York (es comprensible que sea reacio a hablar en directo en el escenario). Aunque sólo estuviera virtualmente, fue realmente conmovedor verle allí, menos de dos años después de aquel atentado casi mortal en el norte del estado de Nueva York. Aquel atentado contra su vida, perpetrado por un asesino solitario, duró 27 segundos, “mucho tiempo”, dijo, “cuando la otra persona tiene un cuchillo en la mano”. Pero, aparte de la pérdida de visión de su ojo derecho, “se recuperó”, y sus opiniones sobre la libertad de expresión se vieron reforzadas por sus angustiosas experiencias.

Cancelación

Rushdie es, por supuesto, la primera y más famosa víctima de la tendencia moderna a ser censurado por escribir algo que otros consideran ofensivo. Pero su “cancelación” fue muy real y visceral: la fatwa emitida el Día de San Valentín de 1989 por el ayatolá Jomeni, tuvo implicaciones políticas (y personales) duraderas, que volvieron a atacarle, a arrastrarle a su pasado, cuando se levantó para hablar en la Chautauqua Institution sobre la importancia de mantener a los escritores a salvo de cualquier daño. La ironía también le acecha.

Todos los que recuerden la sentencia de muerte dictada en Teherán recordarán lo oscuro que fue aquel momento. Vimos cómo se quemaban ejemplares de Los versos satánicos en las calles de Inglaterra y, de repente, sentimos una sensación de desarraigo de nuestro país, de aquellos con los que convivíamos. Rushdie confesó que incluso entonces continuaba su irreprimible optimismo: “Sabía”, dijo al público, “que esto no acabaría entonces”.

La cobardía de los escritores

Una de las consecuencias más deprimentes de la fatwa fue la respuesta pusilánime con que la recibieron otros escritores: Roald Dahl, Germaine Greer, John Berger, John Le Carré, entre otros, criticaron públicamente a Rushdie por tener la temeridad de expresarse libremente como escritor. Con razón, el dolor que sintió entonces por sus palabras perdura, porque como dijo Rushdie a Wagner, “las palabras son las vencedoras: sobreviven a los imperios”, y sobreviven a las vidas de sus autores, para bien o para mal.

Si los últimos años de la década de 1980 fueron una época oscura para la libertad de expresión, entonces vivimos, si cabe, en un periodo aún más oscuro de cobardía intelectual, moral y física. Pero la negativa de Rushdie a que le silencien sigue arrojando luz sobre quienes, por alguna forma contorsionada de relativismo, se niegan a apoyarle en público por miedo a ofender.

Sabemos que los enemigos de la libertad de expresión no son sólo los que queman libros, sino también los que se niegan a apoyar a los autores atacados. Le Carré se ha ido, pero en su lugar tenemos no sólo a apologistas modernos de la fatwa en figuras como Bernardine Evaristo, y a instituciones que ella, como Presidenta de la Real Sociedad de Literatura, representa. Se empeñan en permanecer “neutrales”, cuando tal postura es en sí misma un acto partidista, político y de cobardía. Al final de “Cuchillo”, Rushdie cita a John Locke, que escribió: “Siempre he pensado que las acciones de los hombres son los mejores intérpretes de sus pensamientos”. A eso se pueden añadir también las inacciones.

“El mundo ha abandonado la realidad”

Y esa, quizá, sea la diferencia crucial entre los años 80 y ahora: son las instituciones, además de los individuos influyentes, las que muestran una falta similar de fuerza moral. Como era de esperar, Birbalsingh, Cass y Rushdie no han sido recibidos con el alivio universal de quienes se benefician de vivir en un país que permite la libertad de expresión, sino con amenazas de violencia y llamamientos a la censura. Wagner preguntó a Rushdie por qué, para ser tan racionalista, sus libros siguen conteniendo momentos de magia y milagros. “Porque el mundo ha abandonado la realidad. Vivimos en un mundo de surrealismo”, respondió.

Rushdie sobrevivió gracias a la suerte y al milagro de la ciencia, del conocimiento empírico, de la esperanza y del amor. Su presencia sigue recordándonos que necesitamos estas cualidades ahora más que nunca, pero con demasiada frecuencia están en peligro tanto por las fuerzas de la oscuridad que le han seguido desde aquel poco amable día de San Valentín de 1989, como ahora también por aquellos que contemplan actos tan terribles y no dicen nada por si ofenden a quienes prefieren usar cuchillos, no palabras, para censurar y silenciar.

Carta a Pedro Sánchez

Se ha dirigido usted a la ciudadanía mediante una carta bastante inusual. Como ciudadano le contesto con unos comentarios y preguntas, aunque no espero que tome usted un poco de su tiempo para leer estas líneas, y mucho menos contestarlas.

¿La gravedad de los ataques que están recibiendo usted y su esposa podría deberse a la gravedad de sus conductas, como sus constantes mentiras o “cambios de opinión”, sus alianzas con radicales de extrema izquierda, independentistas y herederos de terroristas, su sistemático desprecio y constantes ataques a quienes no sean de izquierda o extrema izquierda, y posibles actos delictivos de corrupción y tráfico de influencias investigados por la justicia?

¿Dirigirse directamente por carta a la ciudadanía a través de redes sociales, sin establecer ningún tipo de diálogo, sin contestar a preguntas o críticas, es más democrático que dialogar en el Parlamento ante los representantes electos de los ciudadanos? ¿No parece más bien una conducta poco institucional, típicamente populista y propia de autócratas y demagogos?

Asegura usted que Manos Limpias es una organización ultraderechista. ¿Eso es algo malo, ilegal, inmoral? ¿No tiene usted múltiples alianzas con grupos ultraizquierdistas? ¿Si su carta es para toda la ciudadanía, los ciudadanos de ultraderecha no son parte de la ciudadanía, o son una parte malvada a extirpar? ¿La derecha es el mal y la izquierda es el bien, y por eso usted es de izquierdas?

¿Por qué no menciona por su nombre a esas “dos cabeceras digitales que han venido publicando sobre este asunto”? ¿Que sean “medios de marcada orientación derechista y ultraderechista” los hace poco fiables, no veraces? ¿Solo podemos confiar en medios de marcada orientación izquierdista y ultraizquierdista?

Afirma usted que “Begoña defenderá su honorabilidad”. ¿Y qué pasaría si no la tuviera o esta no fuera intachable? ¿Es imposible que haya cometido ningún delito? ¿Usted es alguien especialmente honorable, y debemos creerlo y confiar en su palabra? ¿No nos ha mentido o faltado a sus compromisos nunca antes? ¿No tiene usted cierta reputación de mentiroso sin escrúpulos?

Dice que han desmentido las falsedades vertidas y que son “hechos tan escandalosos en apariencia, como inexistentes” y habla de “supuestas informaciones”, “falsedades”, “informaciones espurias”. ¿Si las apariencias engañan, por qué no esperar a que la justicia haga su trabajo y demostrar su inocencia? ¿No acaba de decir usted que confía en la justicia? ¿Los supuestos delitos de tráfico de influencias y de corrupción en los negocios de su mujer, seguro que solo son supuestos? ¿Seguro que son todo calumnias, difamaciones, injurias? ¿Nos lo asegura usted, y eso debería bastar?

Pasa usted en su carta de hablar de dos cabeceras digitales “de marcada orientación derechista y ultraderechista” a mencionar a una “constelación de cabeceras ultraconservadoras” y “una galaxia digital ultraderechista”. ¿Dos elementos son una constelación o una galaxia, o es que hay muchos más medios malvados que tampoco serán identificados? ¿Se trata de la fachosfera de la que usted se ríe y burla? ¿No merecen ser nombrados para que todos sepamos quiénes son?

Menciona usted una presunta estrategia y operación de acoso y derribo que está perpetrándose por la derecha y la ultraderecha, con dos nombres propios como los señores Feijóo y Abascal, “colaboradores necesarios”. Según la RAE perpetrar es “cometer, consumar un delito o culpa grave”. ¿Está usted acusando a Feijóo y Abascal de delincuentes como colaboradores necesarios de la comisión o consumación de un delito?

Critica usted a Feijóo y a Abascal por sobreactuar. ¿Esta carta suya no podría ser también una sobreactuación? ¿Tal vez está usted sobreactuando para hacerse la víctima y presentarse como el heroico salvador del pueblo perseguido por los malvados poderosos de la derecha y la ultraderecha?

Resume usted: “se trata de una operación de acoso y derribo por tierra, mar y aire, para intentar hacerme desfallecer en lo político y en lo personal atacando a mi esposa”. ¿En su “Manual de resistencia” no dejó usted claro que usted sabe cómo resistir y no desfallecer en lo político?

¿Como Begoña Gómez es su esposa, cualquier ataque contra ella debe ser algo personal contra usted, porque ella no puede hacer y no ha hecho nada ilegal, y los denunciantes lo saben, que usted puede leer sus mentes y nos informa de ello?

Después de hacerse la víctima en lo personal afirma usted que en realidad los ataques no son personales contra usted, sino contra lo que usted representa, “una opción política progresista, respaldada elección tras elección por millones de españoles, basada en el avance económico, la justicia social y la regeneración democrática”. ¿Las opciones políticas de la oposición se basan en el retroceso económico, la injusticia social (o la justicia antisocial, a saber), y la degeneración democrática? ¿Usted representa el bien, la verdad, la justicia, y la oposición es el mal, la mentira, la injusticia?

¿Ya que menciona los millones de votos de su opción política progresista, no hubo otra opción política conservadora que obtuvo también millones de votos en las últimas elecciones generales, y más que la suya? ¿Para permanecer en el poder no ha tenido que aliarse con algunas fuerzas políticas independentistas que no son precisamente progresistas sino más bien conservadores nacionalistas catalanes y vascos?

Dice usted que hace años defendieron “la autonomía política de la organización que mejor representa a la España progresista, el Partido Socialista”. ¿Quiénes amenazaban esa autonomía política? ¿Otros socialistas? ¿Oscuros poderes fácticos no identificados?

Menciona usted “el ignominioso grito de ‘que te vote Txapote’.” ¿Por qué sería ignominioso? ¿En la campaña electoral de las recientes elecciones autonómicas en el País Vasco, qué decían algunos socialistas sobre Bildu y su pasado etarra? ¿No acaban ustedes de decir que los votos de Bildu son de los suyos?

Dice usted que “en las elecciones generales del 23 de julio de 2023… el pueblo español votó mayoritariamente por el avance”. ¿Izquierda, ultraizquierda e independentistas son avance, algo bueno, y todos los demás son retroceso, algo malo?

Afirma usted que “La democracia habló, pero la derecha y la ultraderecha, nuevamente, no aceptaron el resultado electoral”. Luego insiste con que “no aceptan el veredicto de las urnas”. ¿La democracia habló tras ser informada en los debates electorales y en múltiples declaraciones de que no se cruzarían ciertas líneas rojas, que no habría alianza con partidos herederos del terrorismo ni con independentistas, y que no habría amnistía, algo que consideraban indeseable e inconstitucional? ¿Qué hizo usted tras las elecciones para mantenerse en el poder?

¿En qué sentido la derecha y la ultraderecha no aceptaron el resultado electoral? ¿Lo impugnaron ante los tribunales? ¿Dieron un golpe de estado? ¿Impidieron de algún modo la formación de su gobierno?

¿Cuando menciona usted que la derecha y la ultraderecha han “traspasado la línea del respeto a la vida familiar de un presidente del Gobierno y el ataque a su vida personal”, recuerda lo que han hecho usted mismo y muchos otros socialistas contra Isabel Díaz Ayuso y su vida personal y familiar? ¿Recuerda cuando amenazaba a Feijóo diciéndole que “hay más cosas de tu mujer”, cómo se reía y cómo aplaudían sus compañeros?

¿No es usted especialista en poner en marcha la máquina del fango sin ningún rubor, algo de lo que acusa a la oposición? ¿Sus acusaciones de corrupción en sede parlamentaria contra la presidenta de la Comunidad de Madrid y su hermano no consistían en “tratar de deshumanizar y deslegitimar al adversario político a través de denuncias tan escandalosas como falsas”?

Menciona usted “nuestro querido país”. ¿Usted lo quiere mucho, y por eso pacta con quienes quieren destruirlo, los indulta e intenta amnistiarlos?

En su peculiar, subjetiva y muy sesgada lectura de la situación aparece “una coalición de intereses derechistas y ultraderechistas que no toleran la realidad de España”. ¿No existe ninguna coalición de intereses izquierdistas y ultraizquierdistas actualmente en el gobierno? ¿Estos son muy tolerantes con todos los españoles?

¿Cuando menciona usted los “palmarios escándalos de corrupción” de derecha y ultraderecha, recuerda usted a Ábalos y Koldo, del PSOE, nombres muy de actualidad por alguna razón?

Asegura usted que derecha y ultraderecha quieren “esconder su total ausencia de proyecto político más allá del insulto y la desinformación”. ¿De verdad que no tienen proyecto político? ¿Sus votantes son tontos que no saben qué votan? ¿La izquierda y la ultraizquierda no insultan ni desinforman, no practican la destrucción personal y política del adversario valiéndose de todos los medios a su alcance?

Según usted la “coalición de intereses derechistas y ultraderechistas … se extiende a lo largo y ancho de las principales democracias occidentales”. ¿Esta conspiración mundial debería dar mucho miedo? ¿No hay ninguna coalición de intereses izquierdistas y ultraizquierdistas que se extiende a lo largo y ancho de las principales democracias occidentales, y quizás también por otros países no occidentales y no ejemplarmente democráticos?

Usted nos garantiza que responderá “siempre desde la razón, la verdad y la educación”: ¿es lo que ha hecho usted siempre hasta ahora, razonar, no mentir y ser exquisitamente educado? Se pregunta usted “legítimamente” (¿podría preguntárselo ilegítimamente?) si merece la pena todo esto. Usted sabrá, aunque parece que de momento no lo sabe.

Asegura que este ataque sin precedentes es grave y burdo. ¿No estará usted exagerando la gravedad del asunto para hacerse mejor la víctima? ¿Podría ser todo esto un órdago para mantenerse en el poder? ¿Una pataleta infantil? ¿Una artimaña? ¿Una llamada a los suyos a manifestar lealtad y cerrar filas en torno al líder supremo?

Tal vez lo grave es lo que ha hecho usted como político y como presidente del gobierno. Algunos rumorean que lo más grave podría estar por darse a conocer a la opinión pública, y que lo que está usted haciendo en realidad con estos extraños días de “reflexión” es ganar tiempo para negociar acuerdos para conseguir inmunidad o impunidad y que ciertas cosas no se sepan. ¿Quiere comentar algo al respecto? ¿Se trataría de bulos sin fundamento? Dice usted que además de político es una persona y que está profundamente enamorado de su esposa. ¿Tal vez quiere presentarse como alguien amable, sensible y vulnerable, en lugar del psicópata, narcisista y maquiavélico que sistemáticamente demuestra ser? ¿Acaso los políticos de la oposición a los que usted ataca en lo personal no son personas ni tienen sentimientos por sus seres queridos?

Continúa repitiendo múltiples veces el mantra de la “derecha y ultraderecha” y su fango y su maldad política. ¿Seguro que escribe usted para toda la ciudadanía, como servidor y representante de todos, o tal vez está intentando activar miedos y odios motivadores entre sus apoyos en la izquierda y la ultraizquierda?

Dice usted que necesita parar y reflexionar si debe continuar al frente del Gobierno o renunciar a este alto honor. Asegura que nunca ha tenido apego al cargo, “a pesar de la caricatura que la derecha y la ultraderecha política y mediática han tratado de hacer” de su persona. ¿Por qué debemos creerlo, cuando toda la evidencia apunta en la dirección contraria? ¿Si tuviera una enorme ansia por el poder, lo reconocería? Dice usted de sí mismo que tiene apego “al deber, al compromiso político y al servicio público. Yo no paso por los cargos, hago valer la legitimidad de esas altas responsabilidades para transformar y hacer avanzar al país que quiero.” Qué buena persona es usted, según nos informa usted mismo acerca de sí mismo. Qué malvados e ignorantes tienen que ser los ciudadanos que no lo aprecian o votan.

Ver también

Por qué Pedro Sánchez hace tantas concesiones a los nacionalistas catalanes. (Antonio José Chinchetru).

Anatomía del sanchismo. (Cristóbal Matarán).

¿Por qué ‘ganó’ tan fácilmente Pedro Sánchez? (José Antonio Baonza Díaz).

Las altas magistraturas pueden delinquir. (José Antonio Baonza Díaz).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (XCI): el misterio del PIB de Rusia en guerra

Se han publicado recientemente datos sobre el crecimiento del PIB ruso que, aparentemente, muestran cierta solidez en su economía. Muestra valores positivos en su producción, algo que ha supuesto una fuente de regocijo para los partidarios de Rusia en esta guerra. Supuestamente, manifestaría una gran solidez de la economía rusa, a pesar de las durísimas sanciones a la que ha estado expuesta en los últimos años. Unas sanciones dirigidas tanto hacia sus empresas como hacia sus líderes políticos. Creo que esta aparente paradoja puede servir perfectamente para ilustrar algunos elementos de la economía de guerra. Esto incluye las sanciones y otras formas de economic statecraft, como de las estadísticas que usan los gobiernos bien sus propias necesidades bien para legitimarse tanto en en interior como en el exterior.

Evitar la inflación

Es justo, en primer lugar, reconocer que la economía rusa no se ha derrumbado como prevían algunos analistas. Es más ni siquiera es probable que lo haga a corto plazo. A ello ha ayudado y mucho, la política económica llevada desde el comienzo de la guerra por su banquera central, Elvira Nabiúllina. Ha conseguido por lo menos evitar la inflación que las economías en guerra suelen padecer como resultado de las expansiones monetarias usadas para financiar los costes bélicos.

Normalmente en estas ocasiones se prefiere la inflación a la imposición directa, pues esta última hace más visible a la población los costes de involucrarse en conflictos y los hace, por consiguiente, mucho más impopulares de lo que ya son, sobre todo a medio plazo. Al principio las contiendas suelen tener cierto apoyo si se ha hecho previamente un uso eficaz de la propaganda. Las subidas fiscales, a diferencia de la inflación, son más difíciles de ocultar, y sobre todo son mucho más difíles de eludir buscando algún chivo expiatorio externo al que culpar de sus males.

La “vinculación” del rublo con el oro

La señora Nabiúllina básicamente llevó a cabo una subida de tipos de interés para controlar la masa monetaria, al tiempo que permitió la flotación libre del rublo. Estas medidas son clásicas y convencionales. Pero llevó a cabo otra medida que, por lo menos, consiguió que los mercados le concediesen un cierto margen de confianza. Declaró la vinculación del rublo al oro. Digo declaración, porque tal vínculo nunca se concretó en nada. Lo único que se llevó a cabo fue una compra sostenida del metal precioso por parte del estado ruso. Pero bastó con esa declaración para dar una imagen de solvencia a la moneda que le permitió capear el temporal al principio de la guerra.

Ojalá lo hubiese hecho así. Una guerra contemporánea financiada en un entorno de patrón oro sería muy difícil de llevar adelante sin tener que incrementar la fiscalidad, o sin tener que desviar recursos esenciales para la producción a la industria de guerra con el consiguiente emperoramiento de las condiciones de vida del pueblo ruso.

Oro y guerra

Lo normal es que una guerra contemporánea se financie con inflación (impuesto encubierto), con bonos de deuda patrióticos o incluso con los recursos saqueados al enemigo. Lo relata Gotz Aly en La utopía nazi: cómo Hitler compró a los alemanes; no subiendo los impuestos de forma directa, pues esto aún haría más impopular la guerra.

Un mecanismo de patrón oro no impide la guerra, como bien nos muestra la historia bélica durante los siglos en los que permaneció vigente un patrón metálico. Pero sí que dificulta mucho su financiación en entorno en los que los gobernantes están sujetos, de forma dirtecta o indirecta a la voluntad popular. Los gobiernos que se meten en guerras saben que si pierden o ésta resulta en un deterioro notable de las condiciones de la población, es muy probable se vean obligados a abandonar el poder, por las buenas o por las malas. Los propios gobernantes rusos saben que su revolución se dio en un entorno de descontento popular en un escenario de guerra, aunque no fuese este el único factor.

Te sanciono y me sanciono

Además Rusia padece sanciones muy severas por parte de la comunidad internacional. Los estudios sobre guerra económica, como el clásico de David Baldwin Economic statecraft, inciden siempre en que las sanciones, si bien debilitan a la economía sancionada, también lo hacen con la sancionadora, como todo buen austríaco sabrá. Si las relaciones comerciales benefician a ambas partes, como se afirman los economistas austríacos, impedirlas por la fuerza ocasionará daño también a otras partes, sin que pueda determinarse a priori cual de las dos partes puede ser más dañada en sus sectores vitales. La guerra económica es por tanto una señal de que una de las partes está dispuesta a sufrir penurias para alcanzar algún fin político en el ámbito de las relaciones interestatales.

Aparte de que, como se sabe, este tipo de instrumentos de presión se burlan fácilmente mediante mecanismos de triangulación. España y otros países europeos siguen adquiriendo petróleo y materias primas rusas; incluso más que antes en algún caso como el español. Sólo que se compran a algún intermediario que previamente adquirió con descuento esos bienes.

A la inversa, las empresas rusas no se encuentran para nada desabastecidas de componentes. Esto inclye a aquellos componentes que son necesarios para la industria de guerra. (El análisis de algunos drones rusos capturados recientemente reveló que la immensa mayoría de sus componentes fueron fabricados en países occidentales). Simplemente, las empresas occidentales venden a algún país aliado de los rusos, normalmente algún páis de la antigua esfera soviética y los rusos se lo compran a este.

Así en la guerra como en la paz

Como se ve se sigue comerciando igualmente, sólo que al usar intermediarios los precios acostumbran a ser más altos para ambas partes. Algunos aprovechan la ocasión y se lucran en el intercambio. Entre ellos, en numerosas ocasiones, se encuentran los más firmes y radicales defensores de las sanciones. Esto es, pueden forzar mecanismos sancionadores para beneficiarse de ellos.

Aún recuerdo cuanto me sorprendió al leer el libro de Edmund Silberner, The problem of war in nineteenth century economic thought, las referencias que se hacían en él a varios economistas liberales que recomendaban mantener los principios de libre cambio incluso con el enemigo en una guerra abierta. Sus razonamientos pueden parecer extraños, pero son lógicos. Tener que comprar más caro en una guerra nos debilita, y en el peor momento. Sin contar que, como acabamos de ver, no suele valer de nada. Además, serviría de elemento pacificador. Revelaría la estupidez de la guerra y que muchos conflictos pueden arreglarse con el comercio libre.

Supongo que algún lector, bien imbuido de los principios de las escuelas de economía nacional o del socialismo bélico, pensará que estas son fantasías utópicas del liberalismo económico. Y bien pueden serlo. Pero lo cierto es que incluso en guerras totales como la primera o la segunda guerra mundiales, existieron siempre mercaderes de la muerte que vendían y se hacían ricos con el enemigo. (Algunos de ellos de familias cercanas al poder). Lo hacían incluso vendiendo el armamento y las municiones con los que mataban a sus compatriotas. Obviamente, se beneficiaban de las interdicciones al comercio, al subir el precio que obtenían de sus bienes. Se ha reeditado hace poco el célebre Los comerciantes de la muerte de Engelbrecht y Hanighen. Y no estaría de más volver a echarle un vistazo.

¿Por qué no cae el PIB?

Pero aún así sigue llamando la atención que el PIB ruso no sólo no se haya derrumbado sino que incluso crezca algo en los años que se lleva de guerra. Pues algo tendría que haberse notado. No sólo por las sanciones, sino porque todo ese gasto improductivo en destrucción aparte de la movilización de centenares de miles de jóvenes en plena edad productiva tendría que tener algún tipo de efecto sobre el discurrir económico.

Yo creo que la clave está en los procedimientos de medición del PIB. Miden la producción bruta de bienes y servicios, pero no tienen para nada en cuenta el uso que se haga de ellos o la satisfacción que obtenga la ciudadanía. La escuela austríaca afirma que el fin de toda producción es la satisfacción de alguna necesidad por parte del ciudadano consumidor. Su carácter subjetivo hace que sea muy difícilmente estimable y mucho menos medible con precisión. Esta una de las razones por las que no acaban de convencerles las estadísticas que elaboran los gobiernos. Aparte, claro está, de que sean una herramienta imprescindible para la intervención estatal en la economía o en la vida social.

Reorganización forzosa de la economía

A efectos de estimación del producto interior bruto es indiferente que la industria rusa cambie por decreto gubernamental de producir pacíficos tractores a producir tanques y helicópteros. Y según como se valores estos últimos por su único comprador, el estado ruso, estadísticamente podría resultar en una ganancia nominal en la producción nacional. Un obús o un misil que destruyan vidas y bienes materiales del enemigo puede ser tan valorado o más a estos efectos como un medicamento o cualquier otro bien que tenga algún beneficio para el bienestar o la felicidad humana.

Y es esto lo que ha acontecido en Rusia y explica este aparente misterio. El gobierno ruso, recuperando las viejas medidas de confiscación de bienes o de reorientación forzosa de la producción usadas por los países combatientes en las guerras mundiales, ha forzado a muchas industrias de capital privado a producir los artefactos e insumos necesarios para sostener una guerra a gran escala. Por ejemplo se ha reducido la fabricación de automóviles de uso particular y se han rediseñado sus fábricas de tal forma que ahora producen tanques. Al igual que muchas factorías químicas ahora producen explosivos.

Contabilidad pública y muerte

No es nada nuevo en la historia. Es más, algunos historiadores relatan que el modelo de control estatal en la industria usado en las grandes guerras fue la inspiración del comunismo de planificación central instaurado en la antigua URSS. Lo que no había en aquellos tiempos eran estadísticas de PIB, al menos como las conocemos hoy. Por lo que lo que sí es nuevo, y es buena prueba del a moral que rige en los estados, es que artefactos dedicados a la muerte y a la destrucción sean valorados de forma positiva por los encargados de contabilizar la producción. O, al menos, al mismo nivel que los que verdaderamente mejoran la vida humana.

Ver también

La economía nacionalsocialista y el supuesto milagro alemán. (Juan Navarrete).

El dictamen de la Comisión de Venecia en sus justos términos

En contra de lo que contaron distintas fuentes en España, el dictamen de la Comisión de Venecia[1] sobre los requisitos del Imperio de la Ley[2] en materia de amnistías, con referencia particular a la “proposición de Ley Orgánica de Amnistía para la normalización institucional, política y social de Cataluña”, aprobado en su sesión plenaria del pasado 15 de marzo[3], no partió en primera instancia de la petición del presidente del Senado español, Pedro Rollán Ojeda. Fue el entonces presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, “Tiny” Kox[4], quien dirigió una primera carta a la Comisión el 3 de diciembre de 2023 para solicitar un “estudio sobre los requisitos del Imperio de la Ley que una Amnistía debería cumplir”.

Oportunidad perdida

Esa genérica petición soslayaba las características del caso concreto[5]. Es más, como se verá, abría el camino a un dictamen Prêt-à-porter con alambicadas invocaciones a las amnistías que sirven a la reconciliación, avalando por sublimación la amnistía auspiciada por el gobierno español actual y sus socios con argumentos preconfigurados para una situación distinta. Acaso avisado de lo que podría fraguarse, diez días más tarde el presidente de la Cámara Alta española requirió también un dictamen urgente sobre la propuesta concreta que se tramitaba en el Congreso de los Diputados de España, acompañada de otras seis cuestiones sobre las que tendría que versar el dictamen de los jurisperitos afincados en Venecia[6].

Aun con todo, a la vista del contenido concreto del dictamen de 18 de marzo, entiendo que el presidente del Senado español perdió una magnífica oportunidad de formular más preguntas, puesto que los jurisperitos se habrían visto abocados a pulir un dictamen que adolece por momentos de la necesaria coherencia y adopta premisas muy discutibles.

La cuestión de la autoamnistía

En efecto, tengamos en cuenta que la Comisión de Venecia parte de la existencia de diversas modalidades de amnistía en 54 de los estados miembros. Estas modalidades se justifican, en general, por razones de reconciliación social y política. El análisis podría haber abordado más objeciones. En lo que se refiere a España, no se atreve a aseverarlo, pero la cuestión está muy clara. La Constitución española, según sostenían ilustres prebostes del PSOE antes de las elecciones de 23 de julio de 2023, no admite la amnistía como medida de gracia, sino tan solo el indulto individualizado.

De este modo, habría resultado clarificador cuestionar abiertamente la validez de una propuesta que articula una autoamnistía[7] para sus impulsores[8]. No por casualidad el texto de la proposición fue negociada por emisarios del PSOE con un prófugo de la Justicia española, a la sazón procesado por los delitos relacionados con la intentona separatista que se quieren amnistiar y líder en la sombra de Juntos por Cataluña.

Finalmente, ambas partes  formalizaron un acuerdo de legislatura[9] en reuniones clandestinas fuera de España, bajo la supervisión de un “mediador internacional”, para intercambiar siete votos para la investidura de Pedro Sánchez Pérez-Castejón por la impunidad e irresponsabilidad civil (contable, por tratarse de delitos cometidos desde las administraciones públicas) por actos ilegales (no solo delitos) cometidos “entre los días 1 de noviembre de 2011 y 13 de noviembre de 2023”, por estar relacionados con la preparación o las consecuencias de las intentonas separatistas del 2014 y 2017, o, simplemente, con el proceso independentista catalán durante ese prolongado periodo (Art. 1.1 de la Proposición de Ley)[10].

Crítica del método adoptado

Ahora bien, la propia Comisión advierte – párrafo 9- que su análisis jurídico se basa en cánones europeos, así como de Derecho comparado de otras regiones del mundo, sobre el Imperio de la Ley. Aduce, asimismo, que no se pronuncia sobre la conveniencia de la amnistía para lograr el objetivo declarado “ya que se trata de decisiones políticas que deben tomar el Gobierno y el Parlamento españoles”. Pero algunos puntos del dictamen recriminan severamente la proposición de ley por el método seguido o por la adaptación a las necesidades de personas concretas.

Principalmente por la elección de una proposición de ley orgánica urgente como forma de la iniciativa legislativa, la cual dispensa de las consultas a instituciones públicas y privadas de rigor en la fase prelegislativa.[11] Asimismo, constatan que la exigua mayoría que respalda la proposición no garantiza el consenso, sino una división y una polarización extrema de la clase política, las instituciones, la judicatura, los sectores académicos y la sociedad española. Hasta tal punto entiende que estos defectos de la amnistía son graves, que recomienda [párrafo 127] y anima a todas las autoridades y partidos políticos españoles a emprender un dialogo sincero con un espíritu de cooperación leal entre las instituciones del Estado, así como la mayoría parlamentaria y la oposición con el fin de conseguir la reconciliación social y política y explorar procedimientos de “justicia restaurativa”.

Justicia restaurativa

No se entiende, empero, a qué mecanismos de “justicia restaurativa” recomendaría recurrir la Comisión de Venecia en este caso ¿Tal vez a que los partidos que sustentan la mayoría parlamentaria actual y promueven esta amnistía indemnicen a los contribuyentes españoles por las responsabilidades civiles (contables) en que incurrieron los organizadores del proceso separatista desde el 1 de noviembre de 2011 que, también, se pretenden condonar (art. 1.1 del texto)?    

Por otro lado, la Comisión indica que se abstiene de opinar sobre la constitucionalidad o la compatibilidad de la proposición de Ley con el Derecho comunitario de la UE. Respecto al primer plano, aunque afirma dejarlo en manos del Parlamento, los jueces, el Tribunal Constitucional y los expertos españoles en la materia, estima que “sería preferible, cuando llegue el momento oportuno (¡!) regular esta materia mediante una reforma constitucional”  [último inciso del párrafo 93].

 En este sentido, los ponentes del dictamen omiten en los antecedentes de hecho que el 23 de marzo de 2021, la Mesa del Congreso de los Diputados, presidida por Meritxel Batet Lamaña, inadmitió una proposición de ley orgánica de Amnistía de los grupos separatistas catalanes, similar a la que se tramita ahora, la cual consideró que se trataba de un “indulto de carácter general” camuflado, y, por lo tanto, contrario al artículo 62 i) de la Constitución española, que precluye los indultos generales. Omisión que les impide examinar la buena o mala fe del gobierno español.

Derecho comunitario

 El segundo viene dado por su adecuación al Derecho comunitario, sobre la cual podría pronunciarse el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. No obstante, la Comisión de Venecia consigna una serie de defectos que previsiblemente convencerían al tribunal comunitario, mediante una cuestión prejudicial o una impugnación directa por parte de la Comisión Europea o un estado de la Unión, por incumplir los fundamentos recogidos en el artículo 2 del Tratado de la UE, esto es, “los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías”.

En definitiva, a pesar de que el dictamen de la Comisión de Venecia defrauda por no agotar numerosas cuestiones que plantea esta amnistía en España y adolece de algunas inconsistencias y recomendaciones pintorescas; en su conjunto, podrá servir de fundamento, junto a otros argumentos más elaborados, para impugnar, si se aprueba la ley, numerosos aspectos ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Notas

[1] O, más propiamente, la Comisión Europea para la Democracia por el Derecho del Consejo de Europa. Según su estatuto revisado, de 27 de febrero de 2002, se trata de un órgano consultivo formado por los 46 países del Consejo de Europa, más otros 15 de otros continentes como EE.UU, Canadá, México, Perú, Marruecos, Argelia, Turquía, Israel, Corea del Sur etc y 4 observadores, así como organizaciones internacionales como la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos y la Oficina por las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

Cada gobierno elige a un miembro y sustitutos, que suelen ser juristas expertos en derecho constitucional, para un mandato de 4 años, prorrogable, que actúan en pequeños grupos como ponentes de los dictámenes y recomendaciones que emite la Comisión, a petición de los distintos gobiernos (Art.2 de su Estatuto) https://www.venice.coe.int/WebForms/documents/?pdf=CDL(2002)027-e

[2]  En mayo de 2022 el anterior gobierno designó como miembro a Rafael Bustos Gisbert, un profesor de derecho constitucional de la Universidad de Salamanca con perfil “de izquierdas” y como sustituto de la Comisión de Venecia a Óscar Sánchez Muñoz, un asesor y cargo público del PSOE. La tercera, Paloma Biglino Campos, fue nombrada por el gobierno de J.L Rodríguez Zapatero como titular en 2011. Y allí sigue como suplente. ¡Catorce años después! https://okdiario.com/espana/sanchez-enchufo-socialista-pro-referendum-consejo-europa-que-evaluara-amnistia-12096971

[3] https://www.coe.int/es/web/portal/-/venice-commission-adopts-opinion-on-the-rule-of-law-requirements-of-amnesties-with-particular-reference-to-the-amnesty-bill-in-spain

[4] Un veterano senador del Partido Socialista holandés, que no revalidó su puesto en las últimas elecciones celebradas en los Países Bajos el 22 de noviembre de 2023. Desde su fundación en 1971, como partido comunista marxista leninista, este grupo ha evolucionado, incluyendo el oportuno cambio de nombre, hacia un populismo de extrema izquierda.

[5] Los mandarines del PSOE son unos maestros en el uso de personajes interpuestos o emisores en las instituciones que  corroen o intentan fagocitar, a cualquier escala. Como muestra, el dictamen consigna como hecho relevante [ párrafo 20 ] que el 21 de junio de 2021, la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa adoptó la Resolución 2381(2021) en la que se instó a las autoridades españolas a reformar sus previsiones legales sobre los delitos de sedición y rebelión; considerar el indulto o excarcelación de los políticos catalanes condenados por su participación en “el referéndum inconstitucional de 2017 y las manifestaciones pacíficas masivas (¡!) y asegurar que las previsiones penales sobre malversación de caudales públicos se aplican de tal manera que la responsabilidad proceda “solamente” cuando se puedan establecer pérdidas contables en el Presupuesto público o en el patrimonio del Estado.

[6] 1) Cuáles son los criterios generales que la Comisión de Venecia considera necesarios para que una amnistía cumpla los cánones del Imperio de la Ley (idéntica a la PACE) 2) Es compatible con el Imperio de la Ley la exención completa de responsabilidad criminal por los actos cometidos para promover o materializar la secesión y la independencia de Cataluña, lo cual afecta a la integridad territorial de España; 3) Es compatible con los criterios de la Comisión de Venecia garantizar una amnistía por delitos de terrorismo, si no ha recaído una sentencia definitiva;

4) Es compatible con el Imperio de la Ley garantizar una amnistía para los delitos de apropiación indebida y corrupción; 5) Las medidas de la Ley de amnistía que condicionan, restringen o, incluso, precluyen la actuación de los jueces penales españoles se ajustan al Imperio de la Ley?; 6)  ¿Pondría en peligro la independencia judicial y la separación de poderes citar a comparecencia a jueces ante comisiones de investigación instadas por el Congreso de los Diputados para que dieran cuenta de actuaciones judiciales emprendidas contra el proceso independentista ?

[7] El dictamen entiende que concurre ésta [ párrafo 74 ] “cuando los autores o las instituciones responsables se  conceden a sí mismas o a sus miembros inmunidad frente al procedimiento penal, a menudo en vísperas de una transición política”

[8] El apartado 25 de los antecedentes de hecho del dictamen menciona incorrectamente que “la proposición de Ley de amnistía forma parte de los acuerdos de coalición firmados por el Presidente del Gobierno con dos partidos catalanes a favor de la independencia después de las elecciones de 23 de julio de 2023”. De forma deplorable, no califica este procedimiento legislativo como un caso probables de autoamnistía. Tal vez porque no se le planteó expresamente…

[9] https://www.abc.es/espana/consulta-documento-completo-acuerdo-psoe-junts-investidura-20231109124823-nt.html

[10]https://www.senado.es/web/actividadparlamentaria/iniciativas/detalleiniciativa/index.html?legis=15&id1=624&id2=000001

[11] Y constituye un clarísimo caso de fraude de ley, desde la perspectiva del Derecho interno español

Las normas privadas para el comercio internacional: una visión desde la Escuela Austriaca

Las normas privadas representan una forma de “autoridad” empresarial en el comercio internacional, por la cual  los actores privados (especialmente comercializadores) persuaden a otros actores empresariales (productores y proveedores) al reconocimiento de dicha “autoridad” y que legitima el desarrollo de un propio conjunto de reglas, estándares o prácticas, así como la operatividad de las mismas.

Bajo este enfoque, la Economía de la Escuela Austriaca puede ofrecer una perspectiva única sobre el comercio internacional y el rol que tienen estas normas en su desarrollo, en la medida que propone alternativas a las medidas clásicas de intervención gubernamentales, que, al no ser el resultado de acuerdos espontáneos, generan distorsiones que disminuyen el bienestar generado por el libre comercio de bienes y servicios a nivel global.

Anarquía en las relaciones internacionales

Desde esta perspectiva, el comercio internacional es visto como una expansión del proceso de intercambio voluntario entre consumidores y productores, basado en la búsqueda de beneficios mutuos y la maximización del valor subjetivo. Bajo este paradigma, las normas privadas pueden llegar a desempeñar un papel fundamental al facilitar y optimizar dicho intercambio. De hecho, actualmente se destaca el creciente en el uso y aplicación de estas normas como forma de gobierno privada en el comercio internacional, particularmente en productos alimenticios, forestales y demás que provienen de biomasa para la generación de combustibles.

Coordinación en un entorno de incertidumbre y con conocimiento disperso

Para el desarrollo de este artículo, se proponen cuatro puntos clave de análisis que pretender ilustrar la importancia de las normas privadas para el comercio internacional, desde las perspectivas teóricas propias de la Escuela Austriaca:

  • Bajo estos preceptos, se enfatiza en la importancia de la coordinación entre los  agentes económicos a través del sistema de libre mercado. En un entorno de comercio internacional, donde múltiples países y culturas interactúan, las normas privadas proporcionan un mecanismo efectivo para coordinar las actividades comerciales y establecer un marco de confianza entre las partes involucradas. Estas normas, al desarrollarse por actores empresariales y basadas en estándares consensuados, permiten minimizar la incertidumbre y los costos de transacción asociados con el comercio internacional.
  • De igual forma, se resalta la importancia del conocimiento disperso y la coordinación empresarial a través del mecanismo de precios. En el ámbito del comercio internacional, las normas privadas funcionan como señales de mercado que transmiten información sobre la calidad, seguridad y demás características de los productos y servicios ofertados en un mercado global. Esto permite a los consumidores y empresas tomar decisiones informadas y eficientes sobre qué productos adquirir o con qué empresas comerciar. Estas normas pueden ser una herramienta adecuada para definir las cualidades deseadas del producto que se lance al mercado internacional, pues hoy en día la demanda por mayor transparencia es cada vez mayor. En este orden de ideas, al proporcionar un marco común de referencia, las normas privadas facilitan la comparación entre productos y la competencia entre proveedores, lo que favorece a una asignación más eficiente de los recursos a nivel internacional y así optimizar sus cadenas globales de suministro.

Competencia y propiedad privada

  • En particular, se resalta el papel crucial de la competencia como un proceso de descubrimiento, innovación y mejora continua. En el ámbito del comercio internacional, las normas privadas fomentan la competencia al establecer diversos estándares de calidad y desempeño que las empresas deben cumplir para acceder a ciertos mercados o segmentos de consumidores. Esta competencia no solo impulsa la innovación y la mejora de los productos, sino que también promueve la eficiencia en la producción y distribución a nivel global. Además, al permitir la entrada de nuevos competidores al mercado internacional, las normas privadas pueden adelantarse a intervenciones gubernamentales no deseables en materia arancelaria que puedan distorsionar el comercio y reducir el bienestar de los consumidores.
  • Por otro lado, se subraya la importancia de la propiedad privada y los derechos de propiedad como fundamentos del orden social y económico. En el contexto del comercio internacional, las normas privadas juegan un papel significativo en la protección de los derechos de propiedad intelectual y la propiedad industrial, garantizando que los empresarios puedan beneficiarse adecuadamente de sus inversiones en investigación, desarrollo e innovación. Al establecer estándares de protección y respeto a la propiedad intelectual, las normas privadas contribuyen a crear un entorno altamente favorable para el desarrollo de la inversión, la innovación y la creación de valor a nivel global.

Conclusión

A manera de conclusión, desde la perspectiva de los elementos teóricos propuestos por la Escuela Austriaca, las normas privadas desempeñan un papel fundamental en el comercio internacional al facilitar la coordinación, transmitir información, fomentar la competencia y proteger los derechos de propiedad. Al permitir que los intercambios se realicen de manera voluntaria y eficiente, estas normas contribuyen a crear un entorno comercial más dinámico y próspero, en línea con sus principios fundamentales.

El día en que faltaban pisos

El pasado 11 de abril, la ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, sanchista de todo sanchismo, pidió a los propietarios de vivienda que pusieran sus pisos en el mercado con el fin de aumentar la oferta y, de esta forma, reducir el precio de los alquileres. El tema de la vivienda es, sin duda, el principal problema de la generación más joven de país, podríamos decir de la gente menor de 35 años que no ha accedido al mercado de vivienda en la misma situación que sus padres, y no digamos ya de sus abuelos.

Promesas del Gobierno (I)

Sin embargo, esto la vivienda ha ido por barrios. Para empezar, en mayo de 2019, con el gobierno en funciones (habíamos tenido elecciones en abril en las que Sánchez ganó, pero sin mayoría suficiente para gobernar, mucho menos en solitario), Sánchez anunció la construcción de 20.000 viviendas para alquiler gestionado por el Estado. Un año después, el ministro con la competencia en vivienda, el de José Luis Ábalos, flamante nuevo fichaje del Grupo Mixto, descubrió que esas viviendas tenían que construirse sobre suelos del Ministerio de Defensa (véase Operación Campamento), algo que Margarita Robles no pensaba ceder.

En marzo de 2021, Ábalos da otro paso prometiendo 100.000 viviendas, sobre todo con cargo a los fondos europeos. Hoy ya vamos descubriendo que los fondos europeos han servido para financiar bebederos para mosquitos y material sanitario a precio de oro a través de intermediarios domiciliados en un trastero que antes ni después volvieron a tener la más mínima actividad mercantil. El pastel, cuando se descubrió, consistió en que el sector privado habría de construir las viviendas, asumiendo todo el gasto burocrático y los riesgos de la inversión, para que luego el Estado se dedicase a jugar a los caseros.

Promesas del Gobierno (II)

Ya en mayo de 2022, Sánchez anuncia 10.000 viviendas en alquiler social. Por supuesto, aquí la política de la dependencia va una nueva vuelta de tuerca. Cuando pedimos salarios altos, empleo estable, tasas de desempleo occidentales, nuestros políticos entienden más dependencia del Estado. Ahora bien, ¿dónde estaba el truco? Estas viviendas son propiedad de la Sareb, el denominado banco malo, aquel invento de Rajoy y de Guindos para quedarse, asumiendo las pérdidas, de las viviendas que los bancos se habían quedado cuando la morosidad se puso por las nubes. Obviamente, estas viviendas están, en su mayor parte, en pueblos y ciudades pequeñas donde el problema de la vivienda es casi inexistente, en comparación con los salarios y el empleo.

Siguiente paso. En julio de 2022, con el gobierno nacional y la Comunidad de Madrid tirándose los trastos a la cabeza por la gestión de la pandemia, Sánchez anuncia desde la tribuna del Congreso 12.000 viviendas para Madrid, concretamente en la denominada Operación Campamento, unos terrenos del Ministerio de Defensa que llevan una espera de dos décadas mientras que la ciudad se ahoga en una oferta estrecha. En plenas negociaciones entre Estado y Comunidad Autónoma, Sánchez, en su afamada lealtad institucional, se descuelga. Por supuesto, no hay ni una sola grúa en la Carretera de Extremadura.

Otro paso más. En abril de 2023, campaña electoral para municipales y autonómicas, Sánchez promete 93.000 viviendas, 50.000 a cargo de la Sareb y el resto a cargo de los PGE. Pero esto no sería nada comparado con la siguiente promesa.

235.000 viviendas, ¿por qué no?

El colofón llega en julio de 2023, en la campaña para las generales, llega el plato fuerte: 235.000 viviendas. Este número, aparentemente arbitrario, esconde algo visible a ojo de buen cubero: es exactamente el número de viviendas que la patronal de los tasadores estima que se necesitan cada año en España.

Vemos en todos los casos que el gobierno hablaba de un problema de oferta: no había viviendas suficientes para la demanda existente, por lo que había que construir. De que esas construcciones fueran llevadas a cabo por el sector privado ni palabra, ya que hay gente que no puede entender que haya gente que haga dinero vendiendo algo que la gente necesite. Mientras tanto, la parte comunista del gobierno ha luchado a capa y espada por la situación opuesta: no se trata de un problema de oferta, sino de especulación, de fondos buitre, de gente que quiere alquilar casas o de empresas de seguridad que se limitan a expandir bulos, con el de la ocupación de viviendas. Todo un problema inventado que se solucionaría con la intervención total del Estado, aún más, sobre el mercado de la vivienda.

Ver también

Cargas procesales de la Ley de Vivienda para liquidar el Derecho. (José Antonio Baonza).

La conspiración contra los jóvenes (II): vivienda. (Juan Morillo).

‘Mercado hasta donde sea posible, Estado hasta donde se pueda reducir’ (II)

Siendo el caso que el mercado es el proceso a través del cual los individuos coordinan sus acciones unos con otros -satisfaciendo sus necesidades a través de la producción encaminada a la satisfacción de las necesidades de los demás, si nos preguntamos hasta dónde es él mismo posible, la respuesta necesariamente será: hasta donde alcance la mirada aguda, que mucho alcanza, de la función empresarial. En mis notas, entonces, el mercado no tiene límite.

Reviviendo a partir de este momento la afirmación de “mercado hasta donde sea posible, estado hasta donde se pueda reducir,” nos resta entonces dedicarnos a reflexionar acerca de la medida justa del estado. Y la pregunta que tenemos que críticamente hacernos es: ¿cuál es ese mínimo del estado que, en cierto afán libertario de reducirlo, se nos presenta como un muro que no podemos atravesar?

‘Mercado hasta donde sea posible, Estado hasta donde se pueda reducir’ (I)

Y, ¿qué pasa, por cierto, si lo atravesamos? Necesariamente, a partir de las conclusiones anteriores, la única forma de saber si aquello que estaba “produciendo” el estado, como bancas en los parques, o jueces en los juzgados, era realmente necesario, sería justamente que, en un libre mercado, se abriera la oportunidad a los empresarios a producirlo. O bien, la función empresarial se encarga de manera más eficiente de producir aquellas bancas o jueces, en mayor o menor medida según lo que le dicte el consumidor; o bien no lo produce, porque no habría hallado ganancia empresarial al haberlo hecho, lo que querría decir que, en últimas, aquello que producía el estado en determinada cantidad y calidad no era necesario. No hay serpientes y monstruos más allá del límite del estado.

Algo de anatomía estatal

El estado es un grupo de personas, cada una de ellas con aliento, caras y ojos. Podemos dar la mano a los individuos que compongan ese grupo. Y se trata de un grupo de personas cuyos ingresos son el resultado de la expropiación de la riqueza que previamente otros individuos han creado a través de su participación en el proceso de mercado. En otras palabras, es la única agencia dentro de la sociedad que, compuesta por la minoría, para poder crear riqueza, debe necesariamente crear pobreza en aquellos que involuntariamente pagan los impuestos.

El estado es el monopolio de la violencia. Por medio de ella, actuando como un grupo criminal de un grado relativamente alto de organización, pretende asegurar que hasta cierto punto no exista competencia en el “negocio” de la expropiación -que él mismo adelanta en un territorio determinado. Así, los principales medios de producción que asigna el estado son a la producción de la seguridad, pues le conviene mucho que sus víctimas, los pagadores netos de impuestos, no sean a su vez víctimas de otras agencias criminales.

Bandoleros

Si así lo fuera, y esto lo saben muy bien los agentes del estado, la fuente de los impuestos desaparecería, puesto que, o bien los individuos que producen la riqueza se retiran a los lugares donde nos los expropien -o los expropien en menor grado; o sencillamente encogen los hombres y dejan de producir.

¡A las cosas! ¡Qué contrato social ni qué ocho cuartos! El estado es el resultado de un proceso evolutivo en el que un grupo de brutos y burdos bandoleros se da cuenta de que hay agencia en sus víctimas y decide que le conviene organizarse en una mafia criminal un tanto más sofisticada para asegurar sus ingresos futuros. Es la única agencia en la sociedad que pretende proteger a los individuos agrediéndolos en sus vida y propiedad. Y así es que merece que lo escribamos con minúscula, apelando al reproche ético que le sigue a todas partes.

De la producción de seguridad a la de buses y trenes

Ha sido solo cuestión de tiempo para que entre los que componen el estado haya cogido vuelo la idea de que, además de seguridad, pueden encargarse de otras cosas. Ya, de entrada, han puesto a rodar el relato de que ellos, y no sus súbditos, conocen cuáles son los medios para producir seguridad; de qué calidad tienen que ser estos medios; en qué momento son necesarios; y hasta de qué color tienen que ser.

Así han concebido que la existencia de la sociedad no se rastrea a los individuos -desafiando cualquier asomo de individualismo metodológico; sino que se trata de algo que existe con independencia y autonomía de los individuos que, además, experimenta necesidades propias. Y, además de que son ellos los únicos capaces de identificar y satisfacer esas necesidades, de la misma manera no encuentran reparo alguno para ejecutar el mismo razonamiento con: la salud; la educación; las pensiones; el trabajo; los parques; el cuidado de las mascotas; la energía eléctrica; el dinero; los edificios donde vive la gente; el medio ambiente; los buses y los trenes; los taxis, etc.

El cálculo económico

A partir de lo que hemos entendido acerca del mercado, podemos decir que el estado mismo no tiene capacidad para conocer cuáles son aquellas necesidades experimentadas, ni cuáles son las cantidades y calidades de los medios de orden superior que, una vez integrados económicamente, resultarían en algo que las satisficiera.

La producción estatal de cualquier cosa niega la propiedad privada sobre factores de producción. El estado no puede calcular económicamente, puesto que, al no existir aquella propiedad sobre factores de producción, no cuenta con el sistema de precios para poder juzgar las necesidades más urgentes y, por ende, no puede asignar eficientemente recursos, lo que a su vez nos lleva necesariamente a concluir, que no puede conocer su justa medida más allá de: ninguna agencia estatal. Vamos más allá: cualquier decisión que tome, de producir no solo seguridad, sino el resto de las cosas que se le vengan a la mente en la mitad de un sueño intranquilo, solo podrá ser un desperdicio de recursos.

La imposibilidad -y la osadía- de justificar la existencia del estado

Llegar a concluir que el estado es económicamente defendible y que por ende se encarga, con su supuesto número necesario de agencias, de lo que el mercado no puede, es solo posible a partir de la negación de un pilar fundamental del libertarismo: el individuo y, por ende, de su propiedad. Más allá de todo, lo que resulta más irritante del intento de un libertario de argumentar acerca de la necesidad de un estado, es que se trata de una empresa fallida. El estado desafía cualquier intento de justificación, porque los presupuestos de toda argumentación lo impiden.

En efecto, cuando presenciamos cómo aquel libertario intenta convencernos de la necesidad de un estado pequeño, lo hacemos en el marco de un intercambio de proposiciones, de una argumentación. Estamos frente a él en un auditorio y estamos dialogando, intercambiando razones. El libertario que nos quiere hacer entender que sin estado la pasaríamos especialmente mal ofrece razones para ello. En esa argumentación, tenemos que reconocer unas condiciones a priori de la argumentación misma.

Así, tenemos que del apriori de la argumentación se deduce que todo aquello que tiene que ser presupuesto en el curso de una argumentación, como su precondición lógica y praxeológica, no puede ser a su vez disputado argumentativamente con respecto a su validez sin llegar a un enredo, a una contradicción interna (performativa). No podemos negar que argumentamos, puesto que, para hacerlo, tendríamos que presentar argumentos para convencer a nuestro interlocutor.

Reconocer el derecho del otro sobre sí mismo

Ahora, el intercambio de proposiciones en el que estamos con el libertario que afirma que el estado mínimo es necesario, no es un ejercicio de meras proposiciones flotantes. La argumentación misma en general, y de nuestro libertario confundido en particular, representa una acción concreta por parte de un individuo. La discusión entre nosotros y el libertario confundido -complaciente con el estado mínimo- implica que tanto él como nosotros reconozcamos la propiedad privada, sobre nuestros cuerpos. Esto incluye la propiedad sobre nuestros cerebros y nuestras cuerdas vocales; y del espacio que ocupamos en el transcurso de la argumentación.

Nadie, especialmente el libertario confundido, puede presentar una proposición esperando que nosotros, como su contra parte, la aceptemos como válida, o la rechacemos y propongamos una diferente, sin presuponer el derecho de propiedad tanto de él, como el de nosotros; de nuestros respectivos cuerpos y espacios ocupados. Pretendiendo validar su proposición ante nosotros, que la escuchamos con paciencia, debió el libertario que simpatiza con el estado haber asumido previamente el control exclusivo tanto de su propio cuerpo, como del de nosotros.

Defender el Estado frente al otro es negarlo

Ante esto imaginemos, entonces, que nuestro amigo libertario suma a la presentación e intercambio de proposiciones al estado, al puñado de individuos al que no tiene reparo de entregarles el monopolio de la fuerza para cobrar impuestos y así poder financiar sus pocas funciones. Tanto unos como el otro nos ofrecen razones por las cuales el estado debe ser; tanto unos como el otro nos dan cuenta de la existencia del estado; tanto los unos como el otro tratan de justificar, con el objetivo de convencernos, de que sin estado no se puede avanzar más. Pues bien, todas y cada una de las razones ofrecidas para justificar al estado, para ser ofrecidas, tienen que partir de la aceptación tácita de aquella premisa que la sola existencia del estado necesariamente niega: la propiedad privada, el pilar fundamental del libertarismo.

Justificar, entonces, al estado es imposible. El estado es injustificable, sin importar las maromas argumentativas que se puedan hacer. Y esto es así, porque para argumentar a favor de su existencia, tenemos que partir del desconocimiento de aquello que hace toda argumentación posible; aquello que es tan, pero tan caro para el libertarismo, la condición de toda argumentación y, por ende, del mercado y la sociedad: la propiedad privada. Sentamos a uno de los individuos que componen el estado y le pedimos que justifique sus acciones dentro de la organización, que nos dé cuenta de ellas, lo cual le queda imposible, porque cualquier argumento que prepare, por complejo y sofisticado que este sea, es solo posible a partir del reconocimiento previo de la condición que el estado necesariamente tiene que desconocer para existir.

Libertarismo de tercera vía

Haciendo lo imposible, y dejando a un lado la contradicción que comete el libertario cuando argumenta a favor del estado, lo curioso de la cuestión es que, al enunciar aquel libertario simpatizante del estado que este no puede reducirse más allá de cierto número de funciones y agencias, no lo está haciendo por primera vez. No solo lo acompañan voces del pasado, sino que tal posición no tiene por qué encontrar la mayor de las resistencias actualmente.

Al momento que comienza a sostener esa posición, comienzan a posarse a su lado, con bastante complacencia, aquellos socialistas de mayor o menor grado que exhortan una supuesta “tercera vía” entre capitalismo de mercado y socialismo de estado. La falta de claridad conceptual, que tiene por efecto una desafortunada confusión, lo lleva a hacer alianzas con enemigos de la libertad; se vuelve, entonces, en sí mismo un enemigo de la libertad -y todo por no estar al tanto de su propia confusión y sin tener voluntad alguna de depurarla y salir así de ella.

Se encuentra, antes de darse cuenta, compartiendo grupos de discusión con otros políticos que, al igual que él, claman por estado y, por ende, por pago de impuestos. La única diferencia entre estos y aquel termina siendo de grado, estando perfectamente de acuerdo en lo esencial. Lo que comienza como una foto que nos da fe de lo que tuvo en algún momento vocación de alianza estratégica entre ciertos libertarios y algunos que claman por algún grado de estado, termina siendo una foto de una versión más de planificación central ¡desde el libertarismo! Vemos, entonces, a los libertarios no ofreciendo resistencia al cobro de impuestos, sino al cobro de tantos impuestos.

Una alianza desafortunada

No habría razón alguna, entonces, para identificar una clara línea entre un partido libertario y partidos más tradicionales. En el caso colombiano, el rasgo de un partido libertario dispuesto a emprender esfuerzos para justificar alguna medida del estado hace que termine teniendo muchísimo más en común con partidos tradicionales que se consideran socialdemócratas. ¡Termina en la foto con partidos miembros de la internacional socialista! La diferencia entre estos y aquel no será más categórica, sino tan solo de grado, convirtiéndose en tan solo dos vulgares caras de la misma hipocresía media-tintera.

Por lo menos a nosotros, esto nos parece una muy desafortunada alianza, que no puede considerarse libertaria en grado alguno; y que, lo que es peor, llevará a la formulación de propuestas que terminan por acrecentar el papel del estado y limiten aún más la libertad -como no puede ser otro el resultado cuando no se parte de la plena claridad de un axioma autoevidente como lo es la propiedad privada.

La buena noticia para aquellos libertarios es que nunca es tarde para volver con calma a la raíz del razonamiento -lo que habla del verdadero sentido de ser radical. Nunca es tarde para volver a ella y comenzar a seguir rigurosamente y sin distracciones la argumentación que se desprende del axioma de la propiedad privada y del principio de no agresión y llevarlo hasta sus últimas conclusiones lógicas.

El Fraude Karl Marx (III): origen del engaño en la teoría de la explotación (I)

El primer artículo de esta serie postulaba que es un error leer a Marx como un científico fracasado, cuya obra está llena de contradicciones y argumentos confusos. Marx, en realidad, era consciente del hecho de que sus ideas claves son erróneas. Escribió El Capital para disimular este hecho. El Capital no es una obra científica. Marx escribió cuidadosa y magistralmente un largo panfleto político para apoyar un sueño utópico milenarista y disimular que era imposible averiguar su teoría de explotación basándose en la lógica científica racional.

En el segundo artículo, postulábamos que la señal del fracaso de Marx como científico racional es que inacabó dos versiones anteriores de El Capital durante un esfuerzo de redacción que duró una década. Los esfuerzos abandonados son señal de que Marx no pudo consolidar su teoría de la explotación, que es el eje de todo su pensamiento económico. Se resistía a terminar y publicar la tercera versión de su casi listo tratado, escrito entre 1864-65. Sólo la irresistible presión de Engels le hizo terminar y publicar el primer libro de El Capital en 1867, basado en el parte de manuscritos escrito anteriormente.

Karl Marx conocía los fallos de su sistema

Pero Marx no terminó ni publicó los libros de segundo y tercero de El Capital. No los publicó, a pesar de que varias veces refirió en El Capital I, que resolvería las contradicciones de su teoría en el tomo 3. No los publico, a pesar de que los manuscritos de estos libros fueron ya casi finalizados en 1864-5 mucho antes de terminar y publicar El Capital I. en 1867. Este hecho es una clara señal de que Marx mintió deliberadamente en el Capital I para no revelar la imposibilidad de su teoría de la explotación, de la que era perfectamente consciente.

En este artículo, empezamos a descubrir cómo Marx construyó el Libro 1 de El Capital para hacer creíble su teoría de la explotación aun sabiendo que su teoría era inaplicable al capitalismo industrial.

Pasos preparativos para consruir una teoría de explotación

Marx comenzó C1 caracterizando al capitalismo como un “enorme cúmulo de mercancías” (C1, 43).

En el segundo paso, adoptó la idea Smith sobre la diferenciación entre valor de uso y valor de cambio. Tras descartar la valoración subjetiva de los valores de uso como base del valor de cambio, recurrió a la teoría del valor-trabajo de Smith y Ricardo para explicar el valor de cambio de las mercancías (C1, 44-45).

En el tercero paso, Marx postuló que cuando dos cantidades de mercancías se intercambian, estos deben tener algo común que tiene el igual valor, que además no está relacionado con sus valores de uso. Después, Marx dedujo que el trabajo humano abstracto e indiferenciado o gasto de trabajo puro y simple es la propiedad común y valor igual de las mercancías (C1, 49-55). Marx asumió que cualquier clase y tipo de actividad laboral concreta podría reducirse a un trabajo simple y homogéneo o trabajo social media: Esta magnitud de trabajo se mide por su duración, por el tiempo de trabajo.

El tiempo de trabajo no es el trabajo actual gastado, sino “tiempo de trabajo socialmente necesario” (C1, 48).El tiempo de trabajo socialmente necesario es el “requerido para producir en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e inten­sidad de trabajo” (C1, 48). Esto significa que, una vez que una nueva invención aumenta la eficiencia de un proceso de trabajo, ese nuevo y más corto tiempo de trabajo es la norma socialmente necesaria. Marx usa el ejemplo del telar de vapor. Una vez introducido, el trabajo socialmente necesario fue reducido a la mitad a fabricar (C1, 48).

Intercambio capitalista y precapitalista

En el siguiente paso, para preparar la transición al capitalismo, introdujo el nacimiento del dinero como consecuencia del desarrollo del comercio, que coincide con que la costumbre fija las magnitudes de valor de las mercancías (C1, 108).   Según su relato, en las últimas décadas del siglo XVII el dinero, el oro, se convirtió en un medio de intercambio de uso general como mercancía general (C1, 112). El precio es la denominación dineraria del trabajo obje­tivado en la mercancía (C1, 124).

Tras esta preparación, en parte teórica y, en parte, histórica, Marx pasó a explicar la diferencia del proceso de intercambio entre el precapitalismo y el capitalismo.

En el intercambio precapitalista, el productor individual vende la mercancía para comprar otra mercancía. Es el ciclo de Mercancía-Dinero-Mercancía (M-D-M). Basándose en la idea de que el intercambio de diferentes valores de uso al mismo tiempo intercambio de valores iguales, no hay ninguna ganancia, aunque ambos tienen mejores suministros para cubrir sus necesidades.

D1-M-D2

El intercambio capitalista comienza con la inversión de dinero para producir una mercancía y, tras venderla, el capitalista se embolsa el precio de venta. Es el ciclo de Dinero1-Mercancía-Dinero2 (D1-M-D2). En el ciclo D1-M-D2, sin embargo, D2 es mayor suma de dinero que D1. Hay un incremento de valor.  D1 plus incremento igual a D2. Marx denominaba plusvalor a este incremento entre M1 y M2. El dinero adelantado (D1) se valora con el plusvalor (C1, 184).

Marx, con una nota a pie de página, implicó que el plusvalor es lo mismo que la ganancia, haciendo una referencia a un texto de Engels, que dice que el incremento es la ganancia (C1, 185). Marx, desde este punto utilizó el plusvalor y la ganancia como términos alternativos para el mismo incremento de valor monetario después del capital invertido y cosechado por el capitalista. El fin subjetivo del capitalista es el movimiento infatigable de la obtención de ganancias repitiendo del ciclo D1-M-D2 (con plusvalor) (C1, 187).

En el siguiente paso, Marx excluye que el plusvalor pueda nacer en el proceso de intercambio, basándose en su suposición anterior de que durante el proceso de intercambio se intercambian valores de cambio equivalentes (C1, 192-3).

La aparición del capitalista y del trabajador

Antes de revelar cómo nace el plusvalor, Marx demostraba que los medios de producción no pueden ser fuentes del plusvalor. Usaba para hacer esta demonstración el ejemplo pseudohistórico del productor individual autosuficiente precapitalista, afín a Robinson Crusoe. Esta vez, el productor individual fabrica un botín para uso propio. El botín tiene más valor que el cuero usado por estar fabricado, pero el valor del cuero no ha cambiado. Por eso, deduce Marx, el cuero utilizado para fabricar el botín transfiere su valor al botín. El cuero, por eso, no puede ser el origen del plusvalor y, por consecuencia, la única fuente de plusvalor es el esfuerzo laboral del productor para fabricar un botín. Por supuesto, como este botín se fabricó para uso personal propio, no hay plusvalor, porque sólo a través del comercio se puede realizar el incremento de valor.  (C1, 201).

El último paso en la cadena de la lógica de Marx es situar la creación de valor por el trabajo en el entorno capitalista. Para ello, necesita dos actores claves. Primero, el embrión-capitalista, que necesita encontrar una mercancía con la característica única que su valor de uso poseyera la peculiar propiedad de ser fuente de valor y, por tanto, crea nuevo valor y puede ser fuente de plusvalor. El segundo es el trabajador libre, el poseedor de la capacidad de trabajo o fuerza de trabajo, la mercancía especifica que es de fuente de creación más valor (C1, 203). El trabajador libre está en necesidad de vender su fuerza de trabajo para un tiempo determinado debido a que ya no tiene propiedad de los medios de producción (C1, 204).

Siguiendo a Smith y Ricardo

Marx ha llegado finalmente a la culminación de su proceso de construcción de su teoría de explotación. Ahora ya es capaz de revelar el secreto de la fuerza de trabajo o capacidad de trabajo y por qué es la única mercancía fuente de incremento de valor. De hecho, hasta ahora, El Capital sigue más o menos las ideas de Smith y Ricardo. Marx pensaba que su mayor contribución es la aplicación de la dualidad de valor de uso y valor de cambio para explicar la doble naturaleza del trabajo (C1, 51). La diferencia entre valor de uso y valor de cambio de fuerza de trabajo es la clave porque es una mercancía única y para también base de su teoría de la explicación.

La fuerza de trabajo es una mercancía única porque su valor de cambio equivale al valor de las mercancías necesarias para mantener y reproducir a los trabajadores y a la familia cuya existencia depende del trabajador (C1, 207-9).

El plusvalor es un trabajo de más

El valor de uso de la fuerza de trabajo consiste en que el trabajador no sólo transfiere su valor de cambio a la nueva mercancía producida, sino que crea un nuevo valor durante el tiempo de trabajo. Marx supone que media jornada de trabajo es el tiempo de trabajo suficiente para adquirir las mercancías necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo (C1, 210). Pero los obreros trabajan otra media jornada más. Durante esta segunda mitad de la jornada de trabajo, el obrero produce el plusvalor, que es la ganancia del capitalista. Este es el valor de uso del empleo de los trabajadores para los capitalistas: ellos se embolsan el plusvalor, mientras que pagan el valor por el trabajo. Aunque el capitalista paga el valor del trabajo, obtiene ganancia.

Basado en su teoría de valor-trabajo, Marx declara que el secreto de la obtención de plusvalor está en el proceso de producción. En la última página del Sección II de EL Capital, Marx promete, que se hará́ luz, finalmente, sobre el misterio que envuelve la producción del plusvalor (C1, 214).

Unidad teorética, Lógica y Realidad

Hasta este punto, y desde el punto de vista de la unidad teórica, la estructura y la argumentación de C1 son impecables. Las condiciones axiomáticas fueron expresadas con claridad. Los pasos de expansión de las consecuencias de los axiomas de partida son claros, lógicos, coherentes y plausibles. 

Sin embargo, hasta este momento, Marx tenía una tarea relativamente fácil. Él, básicamente, hizo lo mismo que Adam Smith y David Ricardo. Aplicó la teoría del valor-trabajo para explicar el valor de cambio de las mercancías en un entorno pre-industrial y precapitalista pseudohistórico, en el domina el patrón tradicional de acción económica. Sus ejemplos prácticos son Robinson Crusoe, los siervos de los terratenientes medievales, los productores autosuficientes precapitalistas y los pequeños productores que producen mercancías para la venta. Analizó cómo el trueque consolidó las relaciones de precios entre los bienes producidos tradicionalmente, relaciones que se convirtieron en habituales.

El silencio de Karl Marx sobre Adam Smith (y sobre sí mismo)

Este entorno permitió a Marx no tener en cuenta el impacto de los desembolsos de capital en los medios de producción y el espíritu empresarial. Lo que fue analizado por Marx hasta ese momento, era una sociedad tradicional preindustrial afín a los entornos precapitalistas simples de Adam Smith. Adam Smith, sin embargo, abandonó la teoría del valor-trabajo en el entorno capitalista y argumentó que el coste de producción, es decir, los desembolsos de capital para la maquinaria y los salarios configuran conjuntamente el valor de los bienes, y no sólo el puro valor del trabajo.

Asimismo, Adam Smith explicó que la ganancia es una fuente legítima de ingresos teniendo en cuenta la necesidad de un inversor emprendedor, que realiza tareas de gestión y asume el riesgo de la inversión. Por supuesto, Marx sabía que Smith había cambiado su paradigma. Marx incluso elogió a Smith por este cambio en su manuscrito 1861-63 (Vol. 30, p. 393) y el también aplicó la teoría del coste de producción en el Tercer tomo de El Capital, escrito entre 1864 Y 1865, pero publicado solo después de su muerte. 

Pero en C1 optó por guardar silencio sobre este cambio de opinión de Smith y el suyo. Marx – a pesar su comprensión de la realidad – quería aplicar la teoría del valor-trabajo puro de Adam Smith porque solo esta teoría de valor apto para demostrar que existe una explotación inherente en el capitalismo industrial. Los problemas de Marx empiezan entonces, al aplicar la teoría de valor-trabajo para explicar el capitalismo industrial.

Bibliografía

Marx, K. and Engels, F. (1861) Economic Manuscripts of 1861-63. MECW vol. 30. 2010th edn. London: Lawrence & Wishart Electric Book (Marx Engels Collected Works).

Marx, K. (1867) El Capital. Tomo I. Libro I. 2009th edn. Madrid: Siglo XXI.

Serie ‘El fraude Karl Marx’

(I) Un revolucionario revestido de científico

(II) El secreto de ‘El Capital’