Ir al contenido principal

La crítica de Lucas contra los modelos de Lucas

En 1976 Robert Lucas publica Econometric Policy Evaluation: A Critique, su artículo más importante y famoso y uno de los más influentes del último siglo. En este, elabora una crítica a los modelos econométricos, que posteriormente se conocería como la crítica de Lucas. Según Lucas, dado que la estructura de un modelo econométrico consiste en reglas de decisión óptimas de los agentes económicos y que las reglas de decisión óptimas varían sistemáticamente con los cambios en la estructura de las series relevantes para los tomadores de decisiones, cualquier cambio en la política alterará sistemáticamente la estructura de los modelos macroeconómicos.

Los agentes económicos somos seres reflexivos, es decir, aprendemos nueva información y cambiamos nuestra forma de actuar según los cambios sobre nuestras preferencias motivados por la nueva información. Por lo que, con nueva información, cambiamos nuestra forma de actuar y, con ello, hacemos que cualquier modelo que pretenda predecir nuestra forma de actuar se vuelva obsoleto. Por lo tanto, los políticos no pueden depender de que una relación entre dos variables económicas persista según los cálculos econométricos previos, pues al adoptar la política, la gente cambiará su forma de actuar.

Cambios que alteran los presupuestos del modelo

La inspiración directa de la crítica de Lucas fue la crítica de Milton Friedman y Edmund Phelps a la curva de Phillips. Friedman y Phelps aceptaban la validez de este modelo al corto plazo, pero no al largo, pues los trabajadores ajustarían sus expectativas de inflación a la política escogida, eliminando así cualquier posible efecto estimulador. Robert Lucas transformó este argumento en un principio general que sentó las bases de una gran e importante rama de la macroeconomía actual.

Digo que el artículo donde Robert Lucas presenta la crítica es el más famoso por ser su artículo más citado, y que es el más importante porque supuso un duro golpe para los modelos macroeconómicos del momento. Estos modelos, como describía la crítica, se volvían inútiles cuando la gente cambiaba su forma de actuar. Y esos cambios eran inducidos por la misma política que estos modelos buscaban analizar.

Estos modelos podrían ser útiles prediciendo el curso futuro de ciertas variables económicas si el contexto político, económico y cultural se mantenía constante durante el periodo que comprendía la estimación. Es decir, si no se introdujese ninguna nueva regulación que cambiase cómo actúa la gente, si no hubiese cambios en el mercado, o si no se alterasen las preferencias de las personas. Por tanto, cualquier previsión que se realizase con ese modelo tendría que estar equivocada, pues, cuando se adoptase la política pertinente, los agentes en el modelo cambiarían su forma de actuar para ajustar sus expectativas al nuevo contexto.

La construcción de los modelos de Lucas

Esta crítica es acertada y demuestra los problemas de cualquier intento de predicción con el uso de modelos econométricos. No obstante, la conclusión de Lucas no fue la de relegar el uso de la econometría al estudio del pasado, donde las variables ya no pueden cambiar por el mero análisis sobre ellas. O para intentar falsar teorías, viendo dónde no coinciden con la realidad y ayudarnos a encontrar fallos en su deducción y mejorarla. Las conclusiones del resto del mainstream tampoco fueron estas. Tampoco que los económetras deberían ser más precavidos a la hora de utilizar sus modelos para asesorar a los políticos y los políticos más escépticos a la hora de oír las recomendaciones de los expertos económicos.

La conclusión de Lucas, por otro lado, sí que fue que los modelos tenían que basarse en unos parámetros dados de preferencias, tecnología y limitaciones de recursos (los llamados parámetros profundos) y exigir que todas las afirmaciones originasen de los principios de la teoría neoclásica. Ello simplifica significativamente los modelos para poder utilizarlos con el objetivo de predecir. Se desarrollan, así, lo que llamaremos modelos de Lucas, pero más bien deben ser entendidos como modelos de la nueva economía clásica. Robert Lucas requería que cualquier modelo macroeconómico asumiera explícitamente la racionalidad de cada individuo, y que todas las decisiones tomadas por los agentes en dicho modelo fueran individualmente racionales.

La crítica de Lucas al modelo de Lucas

La dificultad de elaborar un modelo de equilibrio macroeconómico que tomase en cuenta las decisiones óptimas simultáneas de todos los agentes racionales involucrados llevó a Lucas y al resto de la escuela a elaborar modelos con un agente representativo. Sus elecciones óptimas representarían las decisiones de consumo y producción de todos los agentes en el modelo. El modelo de Lucas, por tanto, debe hallar una asignación intertemporal óptima de los recursos dados los parámetros profundos.

No obstante, el modelo de Lucas no se libra de los problemas planteados por la crítica de Lucas. El enfoque de Robert Lucas de asumir equilibrio y optimización a través de expectativas racionales limita seriamente la capacidad de los modelos para explicar la realidad económica, pues ignora la importancia y dificultad de la coordinación entre las optimizaciones individuales. Esta dificultad es lo que diferencia la optimización del agente representativo según unos parámetros con la que se daría en la realidad, que, además, en caso de no poder coordinar las optimizaciones individuales—que sería el supuesto de esperar—no habría equilibrio. Esto se vería agravado cuando introdujésemos cualquier cambio de la política, dificultando todavía más la coordinación de los planes entre los agentes, haciendo a este modelo también víctima de la crítica de Lucas.

Incoherencia o irrealidad

El modelo de Lucas podría teóricamente superar la crítica de Lucas, pero solo con los supuestos irreales mencionados. En la vida real, las suposiciones que requiere el modelo de Lucas no se dan. Toda la economía no es un mero agente representativo que tiene que optimizar para llegar al equilibrio. Somos muchos agentes con preferencias distintas y dinámicas—por lo que pueden cambiar rápidamente, con información acertada, errada o desconocida para nosotros, que buscamos generar nueva información para nosotros que termina difundiéndose a los demás, haciéndoles cambiar sus decisiones de consumo y de producción.

El modelo de Lucas, por tanto, al enfocarse en agentes representativos y equilibrios generalizados, puede pasar por alto la complejidad y la dinámica fluida de la economía real, cayendo en la trampa de la crítica de Lucas al no considerar plenamente cómo las adaptaciones de los agentes a las políticas nuevas alteran fundamentalmente el sistema que intenta modelar.

Ver también

Por qué los ‘superricos’ huyen de Noruega a un ritmo histórico. (John Miltimore).

Lo que pasan por alto las teorías del crecimiento. (Raquél Merino Jara).

Cuando el Estado bloquea la innovación. (Ignacio Moncada).

Nayib Bukele o la Desesperación por la Seguridad

En junio de 2019, se convertía en presidente de El Salvador, Nayib Bukele, alcalde de San Salvador, capital de la nación centroamericana con tan sólo 38 años. Bukele ganaba dichas elecciones con la promesa de acabar con la inseguridad y la corrupción, ambos fenómenos rampantes en el país. Logró ganar imponiéndose a los partidos tradicionales Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), quienes habían gobernado el país desde el final de una sangrienta guerra civil bajo el marco de la Guerra Fría.

El joven político llegaba prometiendo lo que resultaba ya un fenómeno cacofónico para el pueblo salvadoreño: acabar con su problema medular, el de la seguridad. Y es que, como es ampliamente conocido, El Salvador ha sido uno de los principales exponentes de una nación tomada totalmente por estructuras criminales dedicadas al tráfico de drogas, extorsión, prostitución y lo que sea menester para amedrentar a una población con amplios niveles de pobreza y desigualdad. Las comúnmente conocidas maras, habían llegado a penetrar todas las estructuras de poder y a convertirse en un estado paralelo donde la seguridad de los ciudadanos estaba a merced de caciques pandilleros y no de un cuerpo de seguridad tradicional.

Los orígenes de la violencia

Este problema tiene sus orígenes en los años 90, con una emigración masiva de jóvenes salvadoreños radicados en Estados Unidos, especialmente en la ciudad de Los Ángeles. Una mezcla de falta de recursos y una agresiva política por parte de la administración Clinton para deportar a estos jóvenes, concluyó con la vuelta de miles de salvadoreños a su país de origen. No sin antes haber pasado por las aulas callejeras de la delincuencia angelina. De vuelta en casa y bajo las narices de distintos gobiernos de turno, los pandilleros se fueron fortaleciendo, dando sentido de pertenencia y dinero a miles de hombres y mujeres que no sentían que su país, devastado por la guerra, fuera un lugar donde poder prosperar.

Delincuencia y crimen organizado se convirtieron en el pan de cada día de los salvadoreños, y ninguna promesa de mano dura o lucha contra la delincuencia parecía funcionar.  Esto hacía que muchos llamasen a El Salvador, como también al resto del triángulo norte centroamericano, un “estado fallido”. Definición acertada si se toma en cuenta que la fundación de los estados modernos, remontada por lo menos al Pacto de Westfalia, toma como piedra angular el hecho de que un estado provea seguridad física y jurídica a sus ciudadanos a cambio de una renuncia de libertades totales por parte de los mismos. Claramente, en El Salvador, los ciudadanos sacrificaban libertad, pero no recibían seguridad, y sólo replicando un contrato nada tácito con sus amos de la calle, podían vivir con un poco menos de temor, aunque nada cómodos.

La impronta de la presidencia de Nayib Bukele

Este escenario ha sido cambiado radicalmente por el presidente Bukele por medio de agresivas políticas de arresto a pandilleros evitando largos procesos judiciales, la construcción de mega cárceles capaces de albergar a miles de privados de libertad y una constante purga en distintos mandos de los cuerpos de seguridad (policía y ejército) para evitar el sempiterno fenómeno de la compra de agentes por parte del crimen organizado. Los resultados son favorables: en 2023, el número de homicidios se redujo en un 68.8%, obteniendo una tasa de homicidios de 2.4 por cada 100 000 habitantes, la menor del continente americano, exceptuando Canadá.

Paralelamente al combate de la delincuencia, Bukele ha emprendido una campaña contra distintas instituciones del Estado, destituyendo a la Corte Suprema de Justicia, rodeando al Congreso con policías armados y obteniendo cada vez más poder bajo el mando presidencial. Esta realidad junto con la disminución en las garantías del proceso judicial para las personas encauzadas por el crimen de “pandillero”, han hecho que el presidente salvadoreño se haya convertido en el blanco constante de críticas que lo acusan de ser “autoritario”, “dictador” y “violador de derechos humanos”. Esto, sin embargo, pareciera distar mucho de la opinión del pueblo salvadoreño, que en este año le brindó el 85% de su apoyo al actual presidente.

Críticas al presidente

Las críticas, sin embargo, no están exentas de razón. Para lograr los cambios drásticos en la seguridad del país, Bukele ha recurrido a medidas que nadie había utilizado antes, como es el uso permanente de un estado de excepción. Así, el presidente logró frenar una nueva ola de violencia desatada al inicio de su gestión. Esta medida implica la suspensión de garantías civiles, detenciones administrativas extendidas y una fuerte vigilancia sobre el contenido que los ciudadanos puedan compartir por redes sociales y hasta decir en la calle. Es decir, se logra mejorar la seguridad, pero se coartan todas las libertades a los que un ciudadano de una democracia liberal puede estar acostumbrado, como son dar una opinión personal o caminar libremente por la calle. Tampoco queda nadie exento de la posibilidad de arrestos arbitrarios o asesinatos sin explicación aparente.

¿Son los salvadoreños gente rara que ama el autoritarismo? No. A pesar de que han vivido gran parte de su historia bajo esa realidad; lo que ocurre, es que cuando un gobierno logra devolver el derecho más básico a sus ciudadanos (i.e., seguridad física), la gente lo agradece. Pero esta realidad debe servir también como advertencia a aquellos países que disfrutan de mayor seguridad y estabilidad institucional.

Riesgo para la libertad

Dicen que la libertad siempre está a una generación de perderse, y el caso de El Salvador es un buen ejemplo sobre el precio que a veces hay que pagar para recuperar unos mínimos para la convivencia en sociedad. Situaciones como la arremetida del crimen organizado en países como Bélgica o Francia o el asesinato de dos guardias civiles en España a manos del narcotráfico deben servir como recordatorios de que el fino equilibrio entre libertad y seguridad puede verse alterado fácilmente, si se baja la guardia y abre paso a la impunidad en cualquier nivel.

Por ahora, la nación centroamericana respira más tranquila, pues es menos probable que el hijo de una familia de ese país acabe preso por el poder de las maras, pero no por ello debe olvidarse lo que están sacrificando, y lo que podrían tener que sacrificar otros si se hace la vista gorda frente a las principales obligaciones de un estado y una sociedad libre.

Fuentes

El Salvador cierra 2023 como el año más seguro de su historia moderna (2024). El Economista.

Exigen derogación del régimen de excepción en El Salvador por miles de denuncias y muertes (2024). ABC.

Ver también

El anhelo de un Bukele en Colombia. (Santiago Dussan).

El satoshi como medio de (micro) pago comúnmente aceptado

Durante generaciones los niños nos hemos introducido al mundo del dinero gracias a las monedas. Esos objetos de metal que se podían atesorar en nuestras huchas o escondites, y con los que aprendes una función social básica: el intercambio con desconocidos.

Las monedas son fáciles de entender para un niño. Son objetos sólidos que se presuponen valiosos (¿por qué iba a darnos a cambio cosas como las golosinas si no lo fueran?). Además, todas las historias que uno lee de pequeño siempre van acompañadas de tesoros donde siempre había monedas doradas o plateadas. Nadie enterraba cofres de billetes, pagarés o tarjetas de crédito en islas lejanas.

Solo por este valor educativo, el dinero en efectivo en forma de moneda debería existir por siempre. Su pérdida sería muy dañina para la compresión del dinero de las nuevas generaciones. Daño que ya llevamos sufriendo décadas por culpa del dinero fíat.

Porque el dinero es sencillo cuando eres niño, pero deja de serlo según creces. Descubres que las monedas actuales son de metales no preciosos, y por lo tanto su valor es facial. Los billetes son similares, pero en formato papel. Y la inmensa mayoría de nuestro dinero ni siquiera tiene forma física. Son apuntes contables. Pasivos de los bancos. Deuda.

La mayoría de la gente termina por ser pragmática y aceptar que toda esta magia es fruto del poder del Estado. Ente capaz de hacer que toda la sociedad acepte una moneda por su propio poder. Fin de la historia. Sigamos con nuestra vida.

Entrevista de Juan Ramón Rallo a Luis Ángel Rojo

Por suerte se puede escapar de este marco mental. En mi caso, puedo fijar la fecha exacta de cuándo me caí del guindo: el 12 de agosto de 2004. Hace casi veinte años. Ese día un joven Juan Ramón Rallo publicó una entrada en su blog de liberalismo.org donde trascribe una pregunta que le hizo al ex gobernador del Banco de España Luis Ángel Rojo:

Juan RamónRallo: Si, gracias… a mí me interesaría bastante conocer su opinión sobre unas declaraciones de Alan Greespan en las que, requerido por Ron Paul, aseguró que seguía sosteniendo su postura relativa al patrón oro como garante de la estabilidad de precios y de la paz internacional expuesta en el libro Capitalism the Unkown ideal, de Ayn Rand. Y también me gustaría que se pronunciara acerca de la propuesta austriaca de privatizar el dinero y cerrar los Bancos Centrales.

Luis Ángel Rojo: Como bien sabrás, Ayn Rand es una persona muy importante en la vida de Greenspan, en su formación como liberal y también en su vida sentimental. En fin, aquellos años son unos años de liberalismo extremo, y el patrón oro se consideraba por muchos economistas como una referencia para volver a una fase de estabilidad en el orden mundial. Yo creo que eso en aquellos años fue un error, pero bueno, ¿se puede y se debe volver al patrón oro? Yo no le veo ventajas francamente, pero en fin, se puede defender.

La segunda pregunta es… ¿qué opino yo de la vuelta al dinero privado? Pues es posible que con la evolución del dinero se llegue a esa situación, pero yo por ahora no lo veo y tampoco veo sus ventajas. (…) Ahora, quizás cuando el dinero electrónico sea absolutamente generalizado, pues bueno llegaremos a una creación de dinero privado, aunque no queramos.

e-Gold

La idea de que no solo se podría volver a un dinero privado, sino que la generalización del dinero electrónico lo facilitaría me emocionó bastante. A eso se sumó que en los comentarios a la entrada se nos introdujo el proyecto e-gold. Lo hizo Marzo, que fue un referente en la blogosfera liberal de esa época y siempre estaba al día de lo importante. Todo un mundo de posibilidades se abría ese día. Muchas acabarían en decepción poco después, para finalmente ser eclipsadas con el nacimiento y éxito de Bitcoin.

Ya casi nadie niega que la moneda digital ha alcanzado su madurez como depósito de riqueza. Todavía está lejos de ser un medio de pago comúnmente aceptado y son pocas las personas que lo usan como unidad de cuenta. Pero las cosas pueden cambiar más rápido de lo que pensamos.

2004 / 2024

En 2024 todos los ojos están puestos en la inteligencia artificial. Es la nueva tecnología que amenaza con cambiar el mundo. Seguramente sea así, pero sería bueno prestar atención a una revolución anterior que precisamente por haberse generalizado totalmente puede tener efectos radicales a más corto plazo: internet.

El internet de 2024 no es el internet de 2014, no ya digamos en el de 2004. Una antena de 200 euros te da acceso de banda ancha en cualquier lugar. Llevamos ordenadores potentes en el bolsillo permanente online que nos permiten pagar con tarjetas tokenizadas y mostrar o consumir todo tipo de información. La mensajería y llamadas se realizan por software que encripta la comunicación de extremo a extremo. Cada vez más personas trabajan en remoto, abren cuentas bancarias sin pisar una oficina y están conectadas personal o profesionalmente con otras personas que viven a cientos o miles de kilómetros.

Internet es ya ese ciberespacio del que se pedía su independencia hace casi treinta años. Y para ello solo necesita una cosa: su propio dinero.

Es muy fácil intercambiar información y servicios por internet. Es mucho más difícil intercambiar esa información o servicios por dinero. El dinero físico no se puede enviar por internet. El dinero fiduciario sí, pero al ser deuda, dependen de una red que vaya compensando ese pasivo entre todos los actores que intervienen en la operación (con los correspondientes cambios de divisa). Es el problema que resuelve Bitcoin desde hace años, pero es difícil que sea generalmente adoptado por su volatilidad.

A los pagos grandes desde los micropagos

Aunque hay varios factores que pueden ayudar a su adopción en una variedad de pagos, los micro, y que eso sirva como trampolín para el resto de los pagos:

  • Los gobiernos occidentales ya están reaccionando a la libre circulación de información con represión financiera. Las redes sociales desmonetizan contenidos según directrices cada vez más absurdas por miedo a ser sancionados. Los bancos y sus pasarelas de pago van en la misma dirección por consejo de departamentos de compliance orwellianos.
  • Según crece la importancia de personajes públicos cuya actividad profesional está enfocada al 100% en internet, la centralización de la publicación e ingresos en redes sociales se convierte en un riesgo enorme para ellos.
  • La publicidad como medio de financiación de internet está llevando a la recopilación de datos personales de los usuarios a niveles preocupantes.
  • Los muros de pago (paywall) que muchos medios están intentando implementar no son un modelo de negocio sostenible. Las personas difícilmente pueden mantener docenas de suscripciones mensuales.
  • El internet de todo gratis no es compatible con tipos de interés altos. Más cuando parece que todo va a girar a sistemas de IA intensivos en energía.
  • Los bots cada vez son un problema más serio en internet. Diferenciar cuando hay un humano detrás de una interacción va a ser cada vez más difícil.

El satoshi

Bitcoin puede ser útil para suplir estos problemas por medio de su moneda, y más concretamente de su subunidad: el satoshi (sat):

  • Los satoshi se pueden intercambiar entre usuarios por un QR usando la red Bitcoin, o por una dirección similar a la del email usando Lightning Network (LN). Mientras que no esté prohibido la tenencia de BTC en auto custodia es imposible impedir este tipo de pagos. Y aunque pasara a ser ilegal se podría recurrir a exchanges descentralizados.
  • Utilizar tu propia infraestructura de hosting te independiza de las redes sociales, pero no de terceras empresas y servicios de pago. Por eso es posible empezar a ver a creadores de contenidos importantes moverse a redes descentralizadas como Nost que utilizan el satoshi como moneda para intercambio entre sus usuarios.
  • La publicidad en internet se basa en que por cada click o visualización de un anuncio el anunciante paga unos pocos céntimos al sitio web o red social. Una parte muy pequeña de ese pago termina en el creador de contenido que ha atraído al usuario al anuncio. Implementar un pago igual de pequeño del usuario final a cambio de no ver publicidad sería una alternativa perfectamente válida, pero se necesita una red de pagos que permita mover unidades tan pequeñas como céntimos, o incluso menores. Un satoshi equivale a fecha de hoy $0.0007. Y gracias a la red LN puede transmitirse de forma económicamente viable.

Los nuevos super bots

  • Agrupar creadores de contenido en paquetes y poner un paywall para acceder a ellos es ineficiente y poco atractivo. Implementar micro pagos por contenido específico es mucho mejor opción. Y como hemos visto en el punto 3, utilizar satoshi permite implementarlos.
  • Cada vez va a ser más difícil acceder a servicios gratuitos de calidad en internet, pero al igual que nadie espera que le regalen cosas por la calle, tampoco queremos que todas las tiendas nos obliguen a aceptar suscripciones mensuales a sus productos. Preferimos pagarles de nuestro monedero aquello que queremos en ese momento. Los micro pagos son la única forma de pasar de un internet gratis a uno de pago de forma natural.
  • Cuando el avance de la IA haga imposible diferenciar si estamos ante un humano o un bot queda una bala en la recámara para afrontar el problema. El mismo método que usa Bitcoin para impedir el fraude en la elaboración de bloques: prueba de trabajo o proof of work, pero en vez de con el gasto de energía, con gasto de satoshi. Obligar a hacer micro pagos a los bots no los va a parar, pero los va a limitar bastante. La utilidad del bot es que puede realizar miles de operaciones para conseguir micro beneficios o micro daños que agregados son importantes. Al poner un micro peaje a cada operación, dejan de ser económicamente viables.

Crear un sistema de micropagos eficiente

Las ventajas que listo en estos seis puntos no se ven gravemente afectadas por la volatilidad de Bitcoin. Firmar un contrato de trabajo o alquiler de un año en bitcoins es problemático, pagar 150 sats por leer un artículo o ver un vídeo no. La creación de contenido tampoco es especialmente intensiva en capital, así que la hace una actividad propia para el cobro en una moneda con algo de volatilidad. Y el conocimiento de la tecnología en el sector hace a sus integrantes especialmente receptivos a atesorar en satoshi en vez de convertir estos inmediatamente en fíat. Sobre todo, si los pueden intercambiar directamente entre ellos para pagar colaboraciones, ediciones de vídeo o uso de herramientas.

El principal obstáculo para que los sats se convirtieran en el principal medio de micro cambio en internet sería que se implementara un sistema de micro pagos igual de eficiente en moneda fíat. Visa y MasterCard tienen la capacidad suficiente para hacerlo con la única limitación de los céntimos de dólar y las mordidas que quieran las diferentes redes de bancos locales. Elon Musk está preparando los pagos directos a los usuarios en X, y otras redes sociales harán lo propio. Pero nada de eso soluciona el problema número uno que he listado: el Estado.

Incluso si las ansias de control de la información hicieran aflojar la actitud censora de estos años (escenario nada probable), la concentración de creadores de contenido en jurisdicciones bajas en impuestos sería otro motivo de fricción con un sistema de micro pagos directos a creadores. Esa fricción se traduciría en barreras de salida de dinero fíat, y dejaría el camino libre a los sats.

Monedas digitales estables

Otra alternativa más seria son las monedas estables digitales (stablecoins). La regulación europea ya las ata bastante en corto, así que están afectadas por el mismo problema que la moneda fíat. Aunque acepto que puede ser una tecnología que puede dar sorpresas.

El ciberespacio tendrá su dinero en los próximos años. El tiempo dirá si el fíat amplía su imperio, el satoshi entra en nuestras vidas o una (o decenas de) stablecoin se alzan como ganadoras. ¿De qué va a depender? Como nos explicó Carl Menger en El origen del dinero, de lo que hagan los negociadores más efectivos del ciberespacio, los mercaderes de su principal mercancía: la información. Y de ahí se extenderá al resto de la población:

Las personas que desean adquirir [los metales preciosos] son, a causa de las peculiares necesidades que su posesión satisface, aquellos miembros de la comunidad que pueden realizar el trueque con mayor eficacia y, por lo tanto, su deseo por los metales preciosos es generalmente más efectivo. Sin embargo, los límites del deseo efectivo por estos bienes también se extienden a aquellos estratos de población cuyas posibilidades de trueque son menores, a causa de la gran divisibilidad de los metales preciosos y del placer que se alcanza usándolos, aunque sea en muy pequeñas cantidades, en la economía individual.

Ver también

Pagar con Bitcoin, en efectivo o con tarjeta. (Eduardo Blasco).

Bitcoin como medio de pago. (Manuel Polavieja).

Una guía del liberal clásico para la construcción de la civilización

Por Samuel Gregg. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

La palabra “civilización” está pasada de moda en nuestros tiempos. Implica un contraste, y ese contraste es incómodo. Si algunas sociedades han alcanzado un nivel cultural que merece esta designación, puede deducirse que otras sociedades son menos civilizadas o, peor aún, incluso bárbaras. Para muchas personas hoy en día, hacer un juicio de valor de este tipo es sencillamente inaceptable.

Quienes sostienen que tales distinciones pueden y deben hacerse suelen ser tachados de conservadores, incluso de tradicionalistas. Sin embargo, los principales pensadores liberales clásicos y sus antepasados filosóficos se han tomado muy en serio algunas ideas específicas sobre la naturaleza de la civilización. Para ellos, ciertas teorías sobre el desarrollo de la sociedad ayudaban a explicar cómo surgieron y encajaron determinadas concepciones de los derechos e instituciones políticas, económicas y jurídicas. En la actualidad, sugeriría, estos conceptos de civilización tienen el potencial de dotar al liberalismo clásico contemporáneo de la perspectiva normativa y los fundamentos que necesita en un momento en que las ideas liberales clásicas están siendo atacadas por competidores de todo el espectro político.

La civilización de Hayek

Una curiosidad de La Constitución de la Libertad de F. A. Hayek(1960) es su dedicatoria, “A la civilización desconocida que está creciendo en América“. Gracias a Hayek: A Life, 1899-1950 (2022), de Bruce Caldwell y Hansjoerg Klausinger, sabemos que Hayek, como muchos liberales clásicos europeos de su generación, tenía opiniones encontradas sobre Estados Unidos. Lo que Hayek no dudaba, sin embargo, era de la necesidad del liberalismo clásico de envolverse en una agenda civilizatoria.

A lo largo de sus escritos, Hayek hace referencia a que el liberalismo clásico encuentra su validación en las nociones de progreso. Pero para Hayek, el liberalismo propiamente dicho tenía una dimensión civilizatoria. En parte, lo relacionaba con los avances hacia una mayor libertad política, civil y económica que caracterizaron a la Europa del siglo XIX. Al igual que su adversario intelectual, John Maynard Keynes, gran parte del pensamiento de Hayek estaba orientado a proteger los valores que ambos asociaban con la Europa liberal de preguerra. Y, en el caso de Hayek, con los de la Gran Bretaña liberal del siglo XIX, que había desaparecido mucho antes de que Hayek se trasladara a Londres en 1931.

¿Cuáles eran entonces los valores fundamentales de la civilización liberal para Hayek? Algunos de ellos están esbozados en su Constitución de la Libertad. Ciertamente, valora bienes estrechamente relacionados con la libertad, como el margen que una sociedad libre ofrece a la creatividad y la tolerancia. Sin embargo, se hace tanto hincapié en el constitucionalismo y el Estado de Derecho como bienes en sí mismos, e incluso se entiende que la libertad es inseparable de la responsabilidad personal.

Acumulación de usos y conocimientos que no son fruto del diseño

Algo de esto se refleja en varios compromisos a los que se hace referencia en la Declaración de Objetivos aprobada en la primera reunión de la Sociedad Mont Pelerin, un grupo de pensadores liberales clásicos convocado por Hayek en 1947. La Declaración comienza afirmando sin ambigüedades que “los valores centrales de la civilización están en peligro”. Algunos de esos valores civilizacionales incluyen “la dignidad humana y la libertad” y “el estado de derecho”. Describe específicamente la “libertad de pensamiento y expresión” como una “preciada posesión del hombre occidental”, vinculando así esta libertad a una trayectoria histórica y cultural precisa. La declaración también hace referencia a la amenaza civilizacional que supone “una visión de la historia que niega toda norma moral absoluta”, señalando así la oposición liberal clásica al relativismo moral.

Sin embargo, Hayek utiliza el concepto de civilización en otro sentido. En Los Fundamentos de la Libertad, designa la civilización como una acumulación de conocimientos y experiencias a lo largo del tiempo que nunca podría diseñarse por una sola mente humana, pero que permite a las personas perseguir sus objetivos individuales. El alcance de las posibilidades abiertas a las personas en un momento dado es lo que Hayek denomina “estado de civilización”. Algunas civilizaciones contienen más posibilidades que otras; por eso Hayek habla de “civilización superior”.

Una visión conservadora, pero liberal

Así pues, la civilización en el sentido de Hayek encarna la sabiduría transmitida desde el pasado, a menudo en forma de convenciones y tradiciones. Aunque ninguna persona puede comprender plenamente todos estos conocimientos, permiten a las personas perseguir “sus fines individuales con mucho más éxito de lo que podrían hacerlo por sí solas”. Este rasgo “conservador” de la civilización, sin embargo, va acompañado de un reconocimiento “liberal” de que a medida que las personas persiguen libremente los objetivos que han elegido (especialmente el fin del conocimiento impulsado por el deseo innato de los seres humanos de conocer la verdad) pueden cometer errores, pero también es probable que descubran nueva información. Esto puede constituir la base de críticas a las ideas, instituciones y convenciones existentes que, a su vez, sugieran revisiones de lo que ya sabemos.

Por consiguiente, la civilización liberal de Hayek se caracteriza por ciertos compromisos inmutables junto con la apertura al cambio, la voluntad de cuestionar y, sobre todo, la complejidad. Para Hayek, el conocimiento pleno de los distintos elementos que componen una civilización superior está más allá de cualquier mente humana. De hecho, es la civilización la que nos permite superar “nuestra ignorancia de las circunstancias de las que dependen los resultados de nuestra acción”. Por la misma razón, Hayek consideraba importante que los gobiernos no se entrometieran indebidamente en los logros de la civilización liberal. Tales acciones, creía, podrían socavar varios transmisores de conocimiento, cuyo valor total podría no sernos evidente hasta que se perdiera.

La civilización escocesa

Si esto suena bastante burkeano, es porque lo es. Hayek afirmó la valoración que Lord Acton hizo de Burke como uno de “los tres mayores liberales” y como parte de una tradición liberal que difería notablemente de lo que Hayek etiquetó como “liberalismo racionalista continental” y “el liberalismo inglés de los utilitaristas”. No fue por razones ociosas que más tarde en la vida Hayek se describió a sí mismo en una entrevista como “un whig burkeano”.

Al utilizar esta expresión, Hayek tenía en mente la tradición libertaria británica del siglo XVIII, dentro de la cual situaba a Burke junto a importantes pensadores escoceses de la Ilustración. Esto es importante, sobre todo porque estos escoceses -que siguen siendo un punto de referencia para muchos liberales clásicos- presentaban algunos de sus argumentos en términos explícitamente civilizatorios.

Una expresión de ello fue la teoría del desarrollo social en cuatro etapas articulada por el filósofo y juez Henry Home, Lord Kames, en sus Historical Law-Tracts (1758) y sus Sketches of the History of Man (1774). Comenzando con una etapa de cazadores-recolectores antes de pasar a una sociedad de pastores y luego a acuerdos agrícolas en toda regla, Kames postuló una cuarta etapa que denominó “sociedad comercial”.

Complejidad

Como sugiere la frase, se trataba de un orden social y económico en el que los intercambios de mercado en constante expansión, la urbanización y la industria ocupaban un lugar central. También se caracterizaba por complicadas redes de relaciones entrecruzadas, leyes y obligaciones libremente asumidas que giraban cada vez más en torno a las transacciones de mercado y la búsqueda estudiada del interés propio. Esta complejidad, sin embargo, no sólo aportó prosperidad material; Kames también creía que produjo una expansión acelerada del conocimiento, un aumento de las oportunidades sociales y culturales y, en última instancia, una mayor libertad y una administración más coherente de la justicia.

Relatos similares sobre el desarrollo de la civilización impregnaron el pensamiento de otras figuras escocesas de la Ilustración, desde Francis Hutcheson y Adam Smith hasta David Hume y Adam Ferguson. En su ensayo de 1752 “Del refinamiento en las artes“, Hume sostenía que “la mente adquiere nuevo vigor [y] amplía sus poderes y facultades” en las sociedades comerciales. Esta energía se extiende a las esferas cultural, política y jurídica. “El espíritu de la época”, escribió Hume, “afecta a todas las artes; y las mentes de los hombres, una vez despertadas de su letargo y puestas en fermentación, se vuelven hacia todos lados y llevan mejoras a todas las artes y ciencias”.

Lord Kames

Teniendo en cuenta la magnitud de los logros culturales de la Escocia de finales del siglo XVIII, cuyas universidades se convirtieron en la envidia de Europa a medida que se transformaba de un país pobre y semifeudal en una sociedad dominada por el comercio, Hume tenía razón. Al mismo tiempo, la satisfacción de estos pensadores por la aparición de la civilización comercial no significaba que la consideraran un ejercicio sin costes.

Como hombres empapados de historia clásica y medieval, los escoceses reconocían que las sociedades de esas épocas tenían sus propias virtudes. Les preocupaba que la sociedad comercial pudiera obviar estos hábitos morales junto a los vicios de los órdenes sociales premodernos. En sus Sketches, Kames expresaba su preocupación por que la obsesión del consumo por el consumo debilitara a los individuos y a la sociedad en general.

Adam Ferguson

De todos los escoceses, Adam Ferguson fue el que más habló de estos riesgos. En su Ensayo sobre la historia de la sociedad civil (1767), Ferguson describió “los admirados establecimientos y ventajas de un pueblo civilizado y floreciente” como surgidos de multitudes de individuos que perseguían objetivos particulares, más que “la ejecución de cualquier designio humano” (una frase que Hayek cita a menudo). Tales logros debían mucho, afirmaba Ferguson, a “los efectos de la virtud”. Con esto, Ferguson se refería a hábitos como el trabajo duro, la iniciativa, la asunción de riesgos y la creatividad que la gente debe adoptar si busca el progreso comercial.

No obstante, Ferguson también pensaba que los propios éxitos de la civilización comercial, especialmente su capacidad para generar riqueza y lujo, podían debilitar esos mismos hábitos y devaluar la importancia de otros. “Los refinamientos jactanciosos”, insistía Ferguson, “de la edad pulida, no están desprovistos de peligro. Abren la puerta, tal vez, al desastre, tan ancha y accesible como cualquiera de las que han cerrado. Si construyen muros y murallas, enervan las mentes de aquellos colocados para defenderlos.”

La virtud como libertad civilizada

No es difícil encontrar en nuestra época temores sobre el potencial de la civilización comercial y sus comodidades para socavar las virtudes vinculadas al mundo premoderno. No faltan pensadores de izquierdas y de derechas que consideran que el orden de mercado promovido por las ideas liberales clásicas corrompe sociedades enteras al marginar la preocupación por la virtud, haciendo así a la gente débil, ineficaz o incluso indiferente cuando se ve tentada por las promesas de demagogos nacionales o amenazada por adversarios extranjeros.

Sin embargo, la mayoría de estas críticas pasan por alto un aspecto importante: Muchos de los escoceses que estaban a favor de la sociedad comercial insistían igualmente en que la libertad civilizada de la que hablaban requería una base firme en virtudes que iban más allá de las asociadas con el comercio.

Francis Hutcheson se esforzó por demostrar que la búsqueda del interés económico subyacía a menudo en motivaciones benévolas y que las decisiones que impulsaban los intercambios comerciales eran a menudo menos egoístas de lo que muchos suponen. En su conferencia inaugural en la Universidad de Glasgow, Hutcheson señaló que “cuando se dice que los hombres buscan el beneficio, o su propia ventaja, seguramente están muy a menudo al servicio de su descendencia y su familia”.

Teoría de los sentimientos morales

Los pensadores escoceses de la Ilustración también pensaban que toda la panoplia de virtudes puede y debe enseñarse en las órdenes comerciales. Hutcheson y su alumno Adam Smith creían firmemente en el poder de la educación para inculcar conocimientos morales y refinamiento entre las élites y la población en general en las condiciones cada vez más comerciales de su época. Para Smith, esto era importante porque creía que las virtudes que se manifestaban notablemente en las actividades del mercado eran insuficientes para que las sociedades comerciales fueran civilizadas.

En la Parte VI de su Teoría de los sentimientos morales, titulada “Sobre el carácter de la virtud” y añadida al libro al final de su vida, Smith explica que las virtudes comerciales requieren ser complementadas por virtudes clásicas como la magnanimidad y la justicia, así como por hábitos desinteresados de benevolencia como la caridad, la generosidad y la amistad. Todas estas virtudes, creía Smith, nos animan a mirar más allá de los límites de la autopreferencia.

Tales virtudes no se entendían simplemente como grasa extra para suavizar las ruedas del comercio. La virtud, decía Smith, es nada menos que “la excelencia, algo extraordinariamente grande y bello”. Civilizaría el uso de nuestra libertad en la sociedad comercial al tiempo que garantizaría que nuestros horizontes no se limitasen a los triunfos técnicos y materiales del mercado, por formidables que éstos sean.

Humildad y civilización

Especialmente significativa en este sentido es la virtud de la humildad. Porque si Hayek tenía razón al sostener que el crecimiento de la civilización se debe en gran medida, como observó Ferguson, a que “las naciones [tropiezan] con las instituciones”, debemos resistirnos a la arrogancia de imaginar que de algún modo podemos fabricar ex nihilo una sociedad mejor y una cultura superior de arriba abajo.

Si los liberales clásicos del siglo XXI quieren evitar que les caricaturicen como tecnócratas estrechos de miras o materialistas sofistas, podrían hacer algo peor que seguir a sus antepasados intelectuales. Podrían reformular el liberalismo clásico como una empresa verdaderamente civilizacional que persigue la excelencia que Smith tiene en mente. En la medida en que el liberalismo clásico pueda demostrar hoy que el amor por lo verdadero, lo bueno y lo bello puede ir de la mano de la riqueza, las libertades y las complejidades asociadas a los mercados, el poder y el atractivo de sus ideas crecerán sin duda.

Ver también

Una teoría sobre las ruinas de las grandes civilizaciones. (Fernando Herrera).

Una nueva cabeza de playa para la civilización occidental. (Joseph Loconte).

Por qué Julian Assange debe quedar libre

Por John Miltimore. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

John Joseph Mearsheimer resumió recientemente en una sola frase por qué Julian Assange debería salir en libertad. “Los periodistas no van a la cárcel por publicar información clasificada en Estados Unidos”, dijo Mearsheimer, politólogo de la Universidad de Chicago, en un vídeo reciente.

Se ha derramado tinta sin fin sobre el Sr. Assange, cuyos abogados el 20 de febrero hicieron un intento de última hora para matar un esfuerzo para extraditar al periodista australiano a los Estados Unidos. Desde 2019, el fundador de WikiLeaks está recluido en la prisión británica de Belmarsh y se enfrenta a 17 cargos de espionaje y un único cargo de uso indebido de ordenadores.

Las revelaciones de WikiLeaks

Uno de los elementos que WikiLeaks publicó titulado “Asesinato colateral” fueron imágenes de vídeo de un ataque aéreo del ejército estadounidense en Bagdad del 12 de julio de 2007. Las imágenes clasificadas muestran a un helicóptero Apache disparando un cañón de 30 mm contra un grupo de personas, entre las que se encontraban dos periodistas de Reuters. Alrededor de una docena de personas murieron y dos niños resultaron heridos.

La decisión de Julian Assange de publicar las imágenes, que recibió del analista de inteligencia estadounidense Bradley Manning (ahora Chelsea Manning), es la razón por la que hoy se encuentra en prisión. Según la acusación del gobierno contra Assange, el fundador de WikiLeaks no tenía autorización de seguridad, por lo que “conspiró” con Manning para obtener las imágenes y otros documentos, incluidos cables del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Manning fue condenado por 20 cargos en 2013, con una pena de a 35 años entre rejas en Fort Leavenworth (Kansas). En enero de 2017, Barack Obama le conmutó la pena. Julian Assange, cuya vista ante el Tribunal Supremo británico en Londres concluyó el 21 de febrero, probablemente sabrá este mes si será extraditado a Estados Unidos.

Secretos de Estado y los Papeles del Pentágono

La publicación de secretos de Estado no es un asunto menor, pero como señala el Sr. Mearsheimer, también es un viejo juego con una rica historia legal. En 1971, el New York Times publicó un alijo de documentos clasificados que se conocieron como los Papeles del Pentágono. Los Papeles, que demostraban que el gobierno de EE.UU. estaba mintiendo sobre la guerra de Vietnam, dieron lugar al histórico caso legal New York Times Co. contra Estados Unidos.

El caso es bien conocido, la mayoría de los estudiantes universitarios lo aprenden en las clases de introducción a los medios de comunicación y el gobierno. Y al igual que el caso Assange, implica a una persona con información privilegiada que entrega secretos de Estado a un periodista.

Daniel Ellsberg (1931-2023) era un analista militar estadounidense que, a principios de la década de 1970, mientras trabajaba para la Corporación RAND, tuvo acceso a un estudio interno del gobierno que mostraba que la posición del gobierno de Estados Unidos en Vietnam era mucho menos segura de lo que la administración Johnson había hecho creer al público cuando comenzó a intensificar la guerra allí.

Daniel Ellsberg

Ellsberg filtró el estudio al New York Times y a otros medios de comunicación en 1971, lo que causó una gran vergüenza a la administración Nixon, que respondió presentando una serie de cargos contra Ellsberg que conllevaban una pena máxima de más de cien años entre rejas. Los cargos contra Ellsberg finalmente se retiraron. Pero lo que es importante entender es que el New York Times no fue la parte acusada. Ellsberg lo fue. Como explica Mearsheimer, Assange no es el equivalente de Daniel Ellsberg, que infringió la ley al compartir secretos de Estado. Él es el equivalente del New York Times, que los publicó.

“Manning fue capturada y castigada porque era empleada del Gobierno, e infringió la ley al filtrar material clasificado a Assange”, explica el Sr. Mearsheimer. “Pero Assange es un periodista, y no infringió la ley, ya que es habitual que los periodistas publiquen información clasificada que les transmiten personas con información privilegiada del Gobierno”.

‘El principio número uno de la burocracia’

Los paralelismos entre los Papeles del Pentágono y WikiLeaks son asombrosos, y el Sr. Mearsheimer no es la única persona que los ve. Ellsberg, que murió el año pasado, discutió las similitudes entre los casos durante un discurso en la Facultad de Derecho de Harvard en 2011. El gobierno declaró que tanto las acciones de Ellsberg como las de Julian Assange eran ilegales porque ponían en peligro la seguridad nacional. Pero Ellsberg argumentó que los procesamientos se derivaban del hecho de que en ambos casos los secretos compartidos eran profundamente embarazosos para el gobierno de Estados Unidos.

“Nada es más secreto que las pruebas que más tarde, retrospectivamente, conducirían a la rendición de cuentas, lo que llevaría a la vergüenza, que sería una base para la culpa, posiblemente para la culpabilidad [o] el enjuiciamiento penal”, dijo Ellsberg. “Evitar la culpa es algo así como el principio número uno de una burocracia o un político”.

Para cualquiera que dude de Ellsberg, existen grabaciones del Despacho Oval de una discusión entre el Presidente Richard Nixon y el ayudante H.R. Haldeman que sugieren que las acciones del gobierno relacionadas con los Papeles del Pentágono no estaban motivadas por la seguridad nacional, sino por la preocupación por la reputación del gobierno.

No se puede confiar en el gobierno

“Para la gente común, todo esto es un montón de jerigonza”, dijo Halderman al presidente Nixon. “Pero del galimatías surge algo muy claro. No se puede confiar en el gobierno; no se puede creer lo que dicen….” El vídeo Asesinato Colateral es aún más problemático para el gobierno que los Papeles del Pentágono. El vídeo no sólo confirmaba que funcionarios del gobierno habían mentido a Reuters sobre lo ocurrido en Bagdad el 12 de julio de 2007. Mostraba un posible crimen de guerra, que muchos creían que el gobierno había encubierto.

Dean Yates, ex periodista de Reuters que era su jefe de la oficina de Bagdad en el momento de los asesinatos, dijo que la persecución del gobierno contra el Sr. Assange era una represalia por exponer la verdad. “Lo que [Assange] hizo fue 100% un acto de decir la verdad, exponiendo al mundo cómo es la guerra en Irak y cómo mintió el ejército estadounidense”, dijo el Sr. Yates a The Guardian en 2020. “Estados Unidos sabe lo vergonzoso que es Collateral Murder, lo vergonzoso que es para los militares: saben que hay crímenes de guerra potenciales en esa cinta”.

Lo que el Sr. Yates está describiendo es una acción y encubrimiento que podría llevar al mismo tipo de culpabilidad criminal que Ellsberg describió.

Un ‘pilar de un gobierno libre’

Los espectadores pueden ver el vídeo Collateral Murder y decidir por sí mismos si están viendo un crimen de guerra o unas reglas de enfrentamiento cuestionables que provocaron la muerte de muchas personas inocentes y desarmadas.

Lo que es innegable es que Julian Assange era un periodista que compartía secretos que le había filtrado un empleado del gobierno.

Por esa razón, el Sr. Assange merece las protecciones constitucionales de la Primera Enmienda, que establece explícitamente que “el Congreso no hará ninguna ley … que coarte la libertad de expresión o de prensa”.

En su sabiduría, los Padres Fundadores de Estados Unidos esculpieron estas protecciones porque consideraban que la libertad de expresión y la libertad de prensa eran fundamentales para un pueblo libre, y un control esencial del poder gubernamental. “La libertad de expresión es un pilar fundamental de un gobierno libre”, observó en una ocasión Benjamin Franklin. “Cuando se le quita este apoyo, la constitución de una sociedad libre se disuelve, y la tiranía se erige sobre sus ruinas”. Por eso, como dice el Sr. Mearsheimer, los periodistas no van a la cárcel en Estados Unidos por publicar secretos de Estado. Esperemos que siga teniendo razón.

¿Fueron Francia e Inglaterra modelos liberales?

Sentadas en la segunda mitad del siglo XVII en sus principales líneas las bases teóricas del liberalismo por autores como el holandés Baruch Spinoza (1632-1677) y el británico John Locke (1632-1704), la teoría liberal se completó en los siglos siguientes, como respuesta política al absolutismo monárquico. El naciente liberalismo sostenía, y todavía sostiene, que toda aristocracia, posición dominante o monopolio, así como en general todas las concentraciones de poder, tienden a convertirse siempre en fuentes de privilegio y opresión, que impiden, limitan o falsean la libertad.

Un siglo después, a finales del siglo XVIII, el liberalismo se había difundido por Europa y América. Y se pudo presentar ante el mundo como la teoría política propia del estado de desarrollo de la civilización en el Siglo de las Luces. El viejo sueño europeo, forjado desde los albores de la Edad Media, de recuperar el ideal político de la antigüedad greco-latina, parecía estar por fin al alcance de la mano: después de tantos siglos, la democracia creada en la Grecia clásica y la mítica libertad de la vieja República Romana, con su idealizado modelo ciudadano, parecían ser al fin alcanzables para los hombres del siglo XVIII.  

Inglaterra y Francia, dos tradiciones

Como señaló el Profesor Luis Díez del Corral (1911-1998), en el siglo XIX los liberales europeos consideraron como modelos liberales típicos dos tradiciones políticas diferentes y poco o nada liberales. Y así, casi todos los liberales europeos fijaron su atención en lo que les parecieron las tradiciones políticas más próximas y más genuinamente europeas. Una, la británica, empírica y carente de sistema, y otra especulativa y racionalista; la francesa. Desconfiando de la especulación abstracta, la británica se fundamentó en una interpretación abierta de la tradición y de las instituciones inglesas, que no eran fáciles de comprender ni trasladar a otros países. La segunda, la francesa, recogió los ensueños naturalistas y colectivistas de los philosophes ilustrados y se orientó a la construcción de propuestas utópicas que, pese a ser ensayadas de múltiples modos en numerosas ocasiones en los siglos XIX y XX, siempre culminaron en fracasos.

Francia e Inglaterra

A diferencia de Inglaterra, en Francia, bajo inspiración de la idea ilustrada de “emancipación”, se fraguó durante el siglo XVIII lo que después se ha llamado “política utópica” o incluso “futurista”. Una política que aspira a construir la “sociedad perfecta”, sea eso lo que sea. Esta mentalidad, sólo aparentemente “emancipadora”, sería después adoptada por el socialismo. La visión de Karl Marx (1818-1883) acogía la idea rousseauniana de modelar un hombre perfecto, el “hombre nuevo”, cuyas bondades impedirían cualquier mal social. El despotismo ilustrado de los philosophes, como Voltaire (1694-1778), combatía la tiranía y el despotismo monárquicos, pero con métodos tiránicos y despóticos. Su propuesta de gobierno “racional”, pero absoluto, no impugnaba el absolutismo, sino que lo reforzaba. 

Frente a la siempre compleja y ambigua situación del liberalismo francés, muy influenciado por el autoritarismo de los philosophes, herencia del Despotismo Ilustrado, el liberalismo inglés se configuró a través de una serie continuada y coherente de pensadores, como se aprecia en sus principales autores, Locke (1632-1704), David Hume (1711-1776) o Adam Smith (1723-1790), entre otros. La coherencia del pensamiento político británico se fundamentó en el consenso continuado sobre las instituciones legadas a Inglaterra por las revoluciones del siglo XVII. Las dos revoluciones inglesas, especialmente la segunda, denominada Gloriosa Revolución (1688), que fue seguramente la más conservadora de todas las revoluciones modernas y, también, la más liberal habida en Europa entre los siglos XVII y XX.

Jeremy Bentham y John Stuart Mill

El pensamiento y mentalidad de los philosophes, encontraron pronto un homólogo británico en Jeremy Bentham (1748-1832,) y su utilitarismo, que resultó ser tan parejamente autoritario y tan esquemático, al final, como el de los philosophes franceses, pese a los esfuerzos de John Stuart Mill (1803-1873). Éste, intentó armonizar el utilitarismo con los planteamientos liberales de defensa de la libertad. Pero en su obra, Stuart Mill también preludió las primeras formulaciones socialistas en Inglaterra. En ambos casos, el de los philosophes franceses y el de los utilitaristas ingleses, latía la misma pulsión de arrasar el pasado y partir de cero. Ambos proponían destruir el derecho y todas las instituciones sociales tradicionales, para construir unas nuevas sobre principios que se presentaban como “más racionales”, sin que la libertad importase mucho.

Inglaterra necesitó casi dos siglos para transformar su régimen parlamentario, inicialmente muy poco liberal, en un régimen moderadamente liberal. Tras las guerras de la Revolución Francesa (1792-1815), Inglaterra experimentaría un resurgimiento de las ideas liberales que impulsó las reformas políticas que conducirían a los británicos a instaurar un parlamentarismo liberal durante el siglo XIX. La paz de 1815 trajo consigo avances en la libertad y cambios sociales que, paulatinamente, eliminaron los restos de la antigua servidumbre, dentro de un régimen social fuertemente clasista y elitista, como señaló Herbert Spencer (1820-1903). Y Francia necesitó décadas para asimilar la realidad de las nuevas sociedades industriales, algo que sólo empezaría a producirse después de que apareciese, en 1803, el tratado de economía política de Say (1767-1832), gran sistematizador de la teoría económica clásica.

Las colonias británicas

A diferencia de Francia e Inglaterra, en las Colonias Británicas de Norteamérica el marco de la sociedad comercial e industrial y su desarrollo eran la misma vida cotidiana. Un marco general muy adaptado al enunciado como teoría por A. Smith, en 1776, en el que el Progreso se entendía como el resultado de la libre evolución de factores impersonales existentes en la sociedad. La revolución, para los norteamericanos, fue el modo al que se vieron abocados para eliminar las restricciones que dificultaban el desarrollo de su propia dinámica social.

Y el azar histórico determinó que no fuese en Europa donde el liberalismo político encontrase por vez primera una plasmación institucional completa. Los rebeldes de las Colonias Británicas de Norteamérica lo consagraron en el sistema político-institucional que crearon a partir de 1776, en los nacientes Estados Unidos de América. Frente a las cábalas intelectuales sobre contratos políticos o sociales originarios, tan propias de los philosophes, y frente al elitismo clasista del parlamentarismo británico, los norteamericanos elaboraron en 1787 una Constitución consensuada por los representantes de todos sus territorios.

La Revolución Americana en Francia

Los revolucionarios franceses, por el contrario, no se plantearon lograr la libertad, sino definir y crear un nuevo marco de restricciones a la libertad, pero más “racional” y “beneficioso” para el pueblo, que el del Antiguo Régimen. Ni los jacobinos ni Bonaparte se plantearon jamás liberar a los ciudadanos, sino disciplinar al pueblo con instrumentos propios del seminario o la cárcel, con base en el voluntarismo pretendidamente “benefactor” recibido del Despotismo Ilustrado. Hay incluso quienes dudan de que la trayectoria de Francia en los siglos XIX y primera mitad del XX pueda ser considerada siquiera liberal. El liberalismo francés siempre se desarrolló entre esas pulsiones estatistas autoritarias y el doctrinarismo. La idea de “revolución” siempre ha despertado en Francia un fervor casi religioso.

El sistema democrático americano no fue fácil de comprender ni de difundir entre los europeos. Nunca estuvo bien visto en Inglaterra, por razones obvias. Y en Francia, pese a que inspiró la Gran Revolución de 1789, careció de reconocimiento general hasta la aparición de la obra de Toqueville (1805-1859) La Democracia en América (1835). Respecto a los regímenes políticos de Inglaterra y Francia, surgidos en los siglos XVII y XVIII y afirmados en el siglo XIX, se han planteado siempre algunos interrogantes: ¿fueron realmente modélicos?, más aún, ¿fueron realmente liberales?, y ¿podían trasladarse a los demás países de Europa y de América?

Los Estados Unidos

Sobre la base de la igualdad jurídica de los ciudadanos y mediante el principio del sufragio universal, los revolucionarios americanos plasmaron en un sistema político viable las conquistas liberales. Diferencia notable con Francia e Inglaterra pues, a diferencia de lo sucedido en USA, tanto franceses como ingleses se mantuvieron siempre lejos de considerar siquiera la posibilidad de establecer el sufragio universal, que sólo llegaría mucho después, en el último cuarto del siglo XIX. Ambos, franceses y británicos, confiaron siempre más en fórmulas de sufragio limitado, el sufragio censitario, que excluía del voto a amplios sectores de la sociedad, los de menos rentas.

Por el contrario, en los nacientes Estados Unidos, una vez emancipados sus ciudadanos del absolutismo, el orden y una justicia independiente siguieron determinando los avances del progreso. Todo esto se incorporaba a una esfera civil autónoma, que superaba los debates sobre formas místicas y prosaicas de comunidad política, mediante la creación de un sistema completo de libertades. El sistema evolucionaría pronto hacia la democracia, casi tal y como la conocemos hoy en día. Quizá se pueda datar en los dos mandatos presidenciales de Thomas Jefferson (1743-1826), entre 1801 y 1809, el momento inicial de la transformación del orden revolucionario de 1776 en democracia, y encontraría su momento definitivo en la presidencia de Andrew Jackson (1767-1845), en sus dos mandatos, entre 1829 y 1837.

Cambios pacíficos, cambios violentos

Sobre esas bases, la democracia llegó a Norteamérica sin guerras ni conflictos civiles por ella. También en Inglaterra acabó instaurándose el sufragio universal -mucho después de USA- de modo pacífico. Por contra, en Francia y en el resto de Europa y América, los cambios vinieron acompañados de graves violencias y abundantes derramamientos de sangre, generados en enconados conflictos civiles. El propio desarrollo de las cosas demostró que, cuanto más regía un poderoso absolutismo centralista, más radical fue luego la opinión pública, como se aprecia al comparar la Ilustración norteamericana con la francesa, o al comparar sus respectivas revoluciones.

Para los norteamericanos de la época revolucionaria, la nueva política liberal inaugurada en 1776 se diferenciaba radicalmente de los modos entonces usuales de entenderla y hacerla. La política liberal no se planteaba en términos esencialmente coactivos, sino equilibradores de los cambios que produce el desarrollo y expansión de la libertad. La finalidad de la política liberal inaugurada por la Revolución Americana (1776-1783) consistía en mantener y favorecer desarrollo del orden espontáneo de la sociedad civil, regulada por su propio Derecho, que se confía al juez en cada caso concreto.

No trataba de hacer “hombres nuevos”, ni “mundos nuevos” más “racionales”, para imponerlos coactivamente desde un poder absoluto pretendidamente “benefactor”. Tampoco buscaba asegurar el predominio de determinadas castas o élites, como en Inglaterra. Se trataba de que la sociedad, organizada en cuerpo político, se desarrollase por sí misma, sin más coacciones políticas que las esenciales para mantener el orden general y la paz civil.

Imitación en España

En general, las doctrinas autoritarias de los philosophes franceses, basadas en el despotismo ilustrado de todo para el pueblo, pero sin el pueblo, siempre produjeron rechazo y alarma a los norteamericanos. Unas doctrinas que anticipaban las técnicas de condicionamiento conductual y de ingeniería social de los despóticos y omnipotentes estados totalitarios que conoció el mundo en el siglo XX y sigue presente en el siglo XXI. El despotismo “racional” de los philosophes se justificaba en las “buenas intenciones” que les inspiraban. La justicia social, la igualdad real, etc., fueron el ropaje que permitió a estas doctrinas presentarse atractivas. Y el parlamentarismo británico fue el despotismo contra el que se alzaron los colonos británicos de Norteamérica en su revolución.

El modelo liberal inglés y el modelo francés, no resultaron ser tan modélicos finalmente. Tampoco fueron muy liberales, especialmente el francés. Y hasta es posible que no se debieran haber considerado nunca siquiera modelos. La Historia da muchas vueltas, por eso es tan entretenida. El liberalismo político se abrió paso en Inglaterra y en Francia de un modo aparentemente muy diferenciado, pero no tan disímil en el fondo y con dificultades parecidas. Y, quienes los consideraron “modelos”, nunca fueron capaces de plasmarlos en sus países.

Sucedió en España con la Restauración canovista (1876-1923), que intentaba emular el sistema parlamentario británico, o con la IIª República Española (1931), que pretendió importar a nuestro país el sistema de la IIIª República francesa. Y, como es bien conocido, ambos intentos carecieron de perdurabilidad y fracasaron al final.

Ver también

El gran error de la revolución francesa. (Fernando Herrera).

Robinocracia. (José Carlos Rodríguez).

Respuesta a Juan Ramón Rallo

Juan Ramón Rallo ha producido un vídeo en respuesta a una breve nota de Jesús Huerta de Soto, respondiendo a su vez otro video de Rallo donde critica el coeficiente de caja 100%. Huerta de Soto ha declarado que el debate está zanjado y no va a seguir respondiendo. Sobre todo, porque todos sus argumentos se tratan con detalle en su conocido libro Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos, que va por su octava edición.

No obstante, me gustaría comentar brevemente el vídeo de Rallo.

Ausencia de la teoría del ciclo

Rallo, siguiendo su teoría feketiana de la liquidez, argumenta, por ejemplo, que la expansión crediticia impulsada por los bancos con reserva fraccionaria, cuando no existe un banco central que pueda rescatarlos, es limitada, porque los bancos tienen cuidado de no dejar que su liquidez se deteriore demasiado. Esto muestra, una vez más, cómo el enfoque de la liquidez oscurece la visión de lo que es más importante, a saber, los efectos que tiene la expansión del crédito generada por el sistema de banca con reserva fraccionaria sobre la estructura de bienes de capital. De hecho, la teoría austriaca del capital brilla por su ausencia en el vídeo, y en toda la teoría de Rallo. Y, sin embargo, es crucial.

Así, en primer lugar, el video no tiene en cuenta para nada la teoría austriaca del capital y de los ciclos de Hayek y Mises. Pasa por alto que toda creación de medios fiduciarios a través de la expansión crediticia de la banca con reserva fraccionaria disminuye artificialmente los tipos de interés. Esta inyección de medios fiduciarios por la banca con reserva fraccionaria siempre distorsiona la estructura productiva, porque la disminución relativa del tipo de interés hace que parezcan rentables proyectos de inversión que no lo serían con tipos más altos. Se emprenden proyectos más ambiciosos que son insostenibles con los escasos ahorros de la sociedad.

Auge y recesión

Después del auge artificial impulsado por la expansión crediticia se genera una recesión. Y en la recesión las inversiones y activos de los bancos sufren grandes pérdidas. Suben los préstamos morosos. En este momento, los clientes pierden la confianza en los bancos y van de manera masiva a retirar sus depósitos. Es entonces cuando surgen las “corridas” bancarias en ausencia de un banco central que les pueda rescatar.

Ignorar la teoría de capital y que toda expansión crediticia causa ciclos económicos es el mismo error que comete George Selgin, y que desmonta con detalle el profesor Huerta de Soto en el capítulo 8 de su libro. Por eso, que hasta ahora hayan sobrevivido los sistemas bancarios de países dolarizados como Panamá y Ecuador, no significa que sobrevivan indefinidamente. Pues están sometidos al riesgo crónico de que sus bancos inicien una expansión crediticia (al unísono o no).

Al mismo riesgo crónico se encuentra sometida la empresa Tether que menciona Rallo que no es sino un shadow bank que opera con un 10 por ciento de coeficiente de caja y que aunque hasta ahora ha podido sobrevivir a sus corridas dado lo liquido de los activos en los que invierte no hay ninguna garantía de que no se esfume en el futuro, pues su modelo de negocio se encuentra siempre en el filo de la navaja.

El fantasma de la deflación

En segundo lugar, igual que en un video anterior de Rallo, se quiere asustar a los argentinos con el riesgo de deflación y crónica recesión que supuestamente generaría el 100 por cien de reservas y se utiliza precisamente este miedo a la deflación para justificar una oferta monetaria “flexible”, es decir un sistema bancario con reserva fraccionaria, que genera grandes cantidades de dinero (en forma de medios fiduciarios) en beneficio propio sin conocimiento ni control de nadie (aprovechándose de un señoreaje idéntico al del falsificador de moneda).

En mi libro Defendiendo la deflación me he dedicado a desmontar todos los argumentos en contra de la deflación en un mercado libre, y que se utilizan para justificar la inflación. Por un lado, la deflación de precios como resultado de un aumento de la productividad es algo maravilloso. Es parecido a un dividendo por crecimiento que se otorga a toda población. Por otro lado, la deflación de precios como resultado de un aumento de la demanda del dinero es la solución al deseo de aumentar los saldos reales de tesorería de los agentes económicos. Y como las compras y ventas marginales que los individuos efectúan para conseguir este objetivo varían, también los precios relativos varían, como consecuencia natural de sus valoraciones subjetivas.

Por último, después de una expansión crediticia y un auge artificial, y si no existe un banco central que reinfle la masa monetaria, suele haber una contracción crediticia que genera una fuerte deflación de precios. Esta contracción crediticia es una reacción del mercado a la previa agresión monetaria de la banca con reserva fraccionaria y acelera la recuperación al purgar las malas inversiones más rápidamente.

Coeficiente del 100 por ciento y aumento de precios

Pero, es más, en el sistema de dolarización en Argentina con coeficiente de caja 100% propuesto por Milei, ni siquiera los precios caerían. Aumentaría la oferta monetaria con la entrada de dólares que inundarían Argentina cuando aumente su demanda monetaria. No habría necesidad de efectuar reajustes artificiales y significativos de los precios a la baja, porque a la mínima vendrían los dólares de fuera. Rallo resalta este supuesto riesgo deflacionario para justificar neutralizarlo con la emisión de medios fiduciarios, ocultando que su introducción como prestamos artificialmente disminuye el tipo de interés y genera malas inversiones.

Además, solamente el coeficiente de caja de 100% inmuniza al sistema de las contracciones súbitas de la oferta monetaria que cíclicamente genera la reserva fraccionaria forzando deflaciones y recesiones mucho más agudas y dolorosas (aunque estas contracciones crediticias aceleren la recuperación al liquidar las malas inversiones más rápidamente).

En tercer lugar, la interpretación de Rallo sobre la creación de los bancos centrales es errónea. Oculta el bien documentado y paradigmático caso de la creación de la Reserva Federal en los EE.UU. que surge a instancias de los propios banqueros privados (J.P. Morgan y Rockefeller) para lograr un prestamista de última instancia.

La barrera entre depósito y un préstamo

En cuarto lugar, Rallo extiende indebidamente a los fondos del mercado monetario la exigencia del 100 por cien cuando estos no plantean ningún problema desde el punto de vista de los defensores de un sistema bancario con reservas 100 por cien. Pues los fondos del mercado monetario sólo garantizan la devolución de lo invertido a su precio de mercado, no a su valor nominal. Por tanto, no se pueden igualar los fondos monetarios con las operaciones que, en fraude de ley, ocultan un depósito a la vista con devolución en cualquier momento de su nominal (con pacto de recompra, etc.).

En quinto lugar, hay que comentar la recomendación del profesor Huerta de Soto de considerar como depósitos los préstamos de plazo inferior a 30 días. Un “préstamo” con plazo de un segundo que se autorrenueva es equivalente a un depósito a la vista y por eso se le exige también un coeficiente de caja de 100%. Lo mismo ocurre con un préstamo auto renovable de una hora, de dos horas o de un día.

Ahora, la pregunta es ¿dónde está el límite temporal en el cual el instrumento financiero que replica el depósito a la vista se convierte en un préstamo genuino? Y la solución práctica y conservadora aplicable a los bancos privados que propone el profesor Huerta de Soto son los plazos inferiores a 30 días, donde por costumbre empieza la demanda de los créditos comerciales a los bancos.

Por otra parte, los particulares ya están sometidos a las penas del código penal por apropiación indebida de depósitos y equivalentes a expensas de la interpretación por los tribunales de las circunstancias particulares de cada caso. Y en un sistema anarcocapitalista puro, la práctica y la costumbre establecerían la frontera temporal entre depósitos y préstamos.

De la reserva fraccionaria al banco central

La conclusión paradójica es que la reserva fraccionaria induce la creación de prestamistas de última instancia (bancos centrales) que a su vez la hacen mucho más dañina. Los defensores de la reserva fraccionaria creen, ingenuamente, que eliminando los bancos centrales, la reserva fraccionaria y la expansión crediticia se convierten en algo positivo. Pero, aunque la eliminación de los bancos centrales mejora las cosas para la reserva fraccionaria, ni aun así se eliminaría su pecado original: la creación de medios fiduciarios siempre genera ciclos desestabilizadores como demuestra la teoría de la Escuela Austriaca (Hayek y Mises) que Rallo pasa por alto.

A la menor crisis que tarde o temprano siempre llega por la mala inversión que induce la creación de medios fiduciarios, surge de nuevo el clamor popular por crear el banco central para salvar a los banqueros y depositantes afectados, y así, sucesivamente, vuelta a empezar. La reserva fraccionaria crea una situación inestable y paradójica que solo se soluciona definitivamente y del todo con el coeficiente del 100 por cien y la eliminación de los bancos centrales. Por último, quiero destacar que cualquier interesado en el debate, antes de tomar posición, debe leer “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” que está en su octava edición y mi libro Anti-Rallo

Ver también
Debate sobre reserva fraccionaria y liberalismo

Respuesta de Jesús Huerta de Soto a Juan Ramón Rallo sobre la banca Simons. (Jesús Huerta de Soto).

Lo que Kahneman nos enseñó

Daniel Kahneman, psicólogo y padre de la economía conductual, falleció el pasado 27 de marzo a los 90 años. Junto con su compañero Amos Tversky, fue pionero en analizar la ciencia económica desde el prisma de la psicología moderna, mostrándonos cómo los seres humanos tomamos decisiones y actuamos en entornos de incertidumbre. En 2002, su inmensa obra le convirtió en el primer no economista en obtener el Premio Nobel de Economía, merecido reconocimiento a lo mucho que Kahneman nos enseñó sobre nosotros mismos.

La economía convencional venía asumiendo que los seres humanos somos como Mr. Spock de Star Trek: seres ultrarracionales, máquinas de tomar decisiones que reunimos y procesamos toda la información disponible y generamos decisiones óptimas tras procesarla de manera fría y sistemática.

Pero Kahneman nos enseñó que no somos realmente como Mr. Spock, sino que a menudo nos comportamos más bien como Homer Simpson: somos perezosos, impulsivos y falibles; recopilamos información limitada, la procesamos mediante atajos mentales y caemos en sesgos sistemáticos al tomar decisiones, condicionados por nuestras propias limitaciones cognitivas o al dejarnos llevar por nuestras emociones.

Pensar rápido, pensar despacio

Kahneman nos enseñó que el funcionamiento de nuestra mente se puede entender como el de dos sistemas: uno que piensa rápido y otro que piensa despacio. El sistema 1 es rápido, intuitivo, funciona de manera automática, inconsciente y sin aparente esfuerzo, y es especialmente eficiente generando respuestas inmediatas ante problemas simples. Por ejemplo, cuando nos preguntan cuánto es 2 x 2, o buscamos reconocer un rostro conocido, el sistema 1 nos da la respuesta de forma automática.

Pero cuando el problema no es simple, el sistema 1 pide ayuda al sistema 2. El sistema 2, sin embargo, funciona de manera lenta, consciente, deliberativa, razona por pasos y consume mucho esfuerzo y memoria. Es un sistema más apto para resolver problemas más complejos, como cuando nos preguntan cuánto es 637 x 918.

El problema es que el sistema 2 es un sistema perezoso y, al mínimo descuido, permite que el sistema 1 le cuele respuestas intuitivas, pero erróneas. Kahneman y Tversky descubrieron que estos errores de razonamiento a menudo no son aleatorios, sino que tienden a equivocarse en una dirección predecible. Al iluminar estos errores sistemáticos que cometemos al razonar, estos sesgos cognitivos, Kahneman nos ayudó a entender mejor la naturaleza humana.

Autoconfianza y autoconvencimiento

Kahneman nos enseñó que funcionamos con exceso de confianza. Casi todos pensamos que conducimos mejor que la media. Creemos que nuestras habilidades, capacidades y conocimientos son superiores que las de los demás, que tenemos más probabilidades de tener éxito en nuestros proyectos y que nuestras predicciones son mucho más precisas de lo que realmente son. Esto hace que asumamos riesgos excesivos y de manera inconsciente, en ocasiones con graves consecuencias para nosotros mismos.

Kahneman nos enseñó que tenemos una arrolladora tendencia a confirmar nuestras ideas preconcebidas. Inventamos historias que nos dejen en paz con nosotros mismos, elaboradas a partir de datos sueltos que confirmen nuestra tesis, la interpretamos como nos conviene y desestimamos e ignoramos todo aquello que nos lleve la contraria. Tendemos a generar nuestra propia cámara de resonancia evitando exponernos a ideas ajenas, a críticas contrarias que pongan en riesgo el relato interno que nos hemos construido. Por ello, transitamos esta vida con unas gafas que solo nos muestran una parte, y a menudo distorsionada, de la realidad.

Números y probabilidades

Kahneman nos enseñó que nos manejamos mal con las probabilidades. En su lugar, asumimos que aquello que recordamos con más facilidad es más probable o frecuente: tendemos a sobreestimar la probabilidad de ocurrencia de aquellos eventos que estén más disponibles en nuestra memoria, de aquellos de los que tengamos recuerdos más recientes, emocionales o intensos. Así, ignoramos las probabilidades reales de ocurrencia, o las malinterpretamos siguiendo nuestras erróneas intuiciones. En un mundo en el que tienen mucho premio acertar nuestras predicciones sobre el futuro, actuamos con una brújula averiada.

Kahneman nos enseñó que también nos manejamos mal con los números. Ante un problema numérico, a menudo nos dejamos influir de manera exagerada por cifras arbitrarias: tomamos inconscientemente un valor que nos sirva de ancla, a menudo el primero que tengamos a mano aunque no tenga relación ninguna con el problema a resolver, y usándolo como referencia ajustamos de manera casi siempre insuficiente. Este pernicioso efecto anclaje suele estar presente siempre que razonamos sobre números, y no suele faltar cuando pensamos sobre precios, costes o valoraciones, ni cuando estamos negociando. Puede costarnos mucho dinero a lo largo de nuestras vidas si lo ignoramos, pero quienes saben explotar el efecto anclaje de los demás también pueden sacarle un buen provecho.

Pérdidas y ganancias

Kahneman nos enseñó que tampoco se nos da bien pensar sobre pérdidas y ganancias. A menudo no tomamos decisiones económicas buscando el mayor beneficio esperado, como dictaban los modelos económicos, sino que tratamos de minimizar nuestro sufrimiento psicológico. Tenemos tal aversión a las pérdidas que renunciamos a obtener altas ganancias esperadas con tal de aferrarnos a lo seguro, aunque en promedio nos deje en peor situación. De hecho, cuando no se trata de perseguir beneficios sino de recuperar pérdidas, abandonamos nuestra aversión al riesgo y nos volvemos propensos al mismo: en un último intento por recuperar pérdidas, somos capaces de aumentar nuestras probabilidades de incrementarlas.

Su legado

El legado que nos deja Kahneman no se limita a estas enseñanzas sobre la naturaleza humana, ni a tantas otras que fue demostrando y explicando a lo largo de su fructífera carrera. También nos lega un campo fértil sobre el que otros investigadores han seguido y seguirán trabajando, ampliando los horizontes del conocimiento humano. Así, las semillas plantadas por Kahneman y Tversky han ido germinando en diversos campos: desde la economía teórica, los mercados financieros, las políticas públicas o su aplicación sobre las pequeñas cosas de nuestras vidas. Y, por supuesto, no puede faltar su rentable aplicación al ámbito de las inversiones, donde conocernos a nosotros mismos y entender nuestros errores puede convertirnos en mucho mejor inversores.

En una ocasión preguntaron a Kahneman si, después de toda una vida dedicada al estudio de los sesgos humanos, obteniendo incluso un premio Nobel por ello, había logrado evitarlos. Su respuesta fue un rotundo no. Kahneman también nos enseñó que nuestros sesgos cognitivos, aunque podamos conocerlos, minimizarlos y mitigar sus peores consecuencias, son inherentes a la naturaleza humana. Hay que conocerlos, también, para aprender a convivir con ellos.

Y es que los seres humanos siempre vamos a seguir siendo eso: «humanos».

Ver también

La acción humana y la psicología frente al socialismo. (Santiago Calvo).

El efecto endowment explicado por la economía austríaca. (Fernando Herrera).

Conciliando la teoría de las perspectivas de Kahneman con la economía austríaca. (Fernando Herrera).

El Nobel Kahneman, Warren Buffett y los mercados eficientes. (Pablo Martínez Bernal).

Impuestómetro 2024

El trabajador español medio paga 3.860 euros de IRPF al año – y cerca de 15.500 euros al sumar el efecto de IRPF, cotizaciones e IVA.

El IJM publica el Impuestómetro, un estudio que mide la incidencia de la tributación sobre la renta de los contribuyentes españoles.

  • El peso de los impuestos sobre el PIB ha subido del 32 al 38 por ciento desde 1995. De dicho aumento de seis puntos porcentuales, el 60 por ciento ha tenido lugar bajo gobierno de Pedro Sánchez.
  • Si se pretende “armonizar” la fiscalidad española con la europea, la subida de impuestos resultante será de 39.000 millones de euros, cifra equivalente a 2.082 euros por hogar.
  • En promedio, los socios de la UE apenas han aumentado los impuestos de 2019 a 2022. En cambio, España ha sido el país de la Unión Europea con mayor incremento de la presión fiscal durante este periodo, lo que solamente ha contribuido a empeorar nuestro desempeño antes, durante y después de la pandemia, hasta el punto de que ocupamos el último puesto del Indicador de Gestión Económica.
  • Dos de cada tres euros de aumento de la recaudación tributaria bajo mandato de Pedro Sánchez han recaído sobre las familias. En total, el líder socialista ha elevado los ingresos tributarios por un monto equivalente a 3.890 euros por hogar. Casi la mitad de la subida se debió a la decisión de no indexar los impuestos a la inflación y, por tanto, no descontar el efecto en el sistema tributario de la mayor subida de precios en cuarenta años.
  • En promedio, Sánchez crea o sube un impuesto cada mes. De 2018 a 2024 ha aplicado no menos de 69 aumentos tributarios. Además, durante el ejercicio 2025 pretende elevar la recaudación en otros 7.000 millones, cifra equivalente a 371 euros por hogar.
  • La presión fiscal en Alemania es un 10 por ciento mayor que en España, pero la renta de los teutones es un 45 por ciento más alta. Esto nos recuerda que es preciso relacionar la presión fiscal con los niveles de renta de cada país. De hecho, si se equilibrase el peso de los impuestos sobre el PIB con los niveles de renta observados en España, la fiscalidad se reduciría en 15.000 millones y las familias pagarían 815 euros menos cada año.
  • Una renta media en España percibe un salario total real de 34.989 euros, pero a esta cifra hay que descontarle 8.157 euros de cotizaciones a cargo de la empresa y 1.731 euros de contribuciones a nombre del trabajador, así como un IRPF de 3.860 euros y un gasto acumulado por IVA de 1.450 euros. En total, el 43,44 por ciento del salario completo termina en las arcas de Hacienda debido a estas tres figuras fiscales. Si a las cotizaciones sociales, el IRPF y el IVA le sumamos el IBI, un trabajador medio paga 15.480 euros cada año en impuestos, lo que supone el 44,24 por ciento de su salario completo.
  • A estas cifras hay que añadirle el impacto de las rentas del ahorro (a lo largo del tiempo, unos 20.000 euros por familia), los impuestos sobre las herencias y el patrimonio (en vías de “armonización” por parte del gobierno de Pedro Sánchez), la tributación de las primas de seguro (unos 110 euros por hogar), la imposición aplicada a la compra de vivienda (en torno al 26 por ciento del precio final, lo que serían 50.000 euros en una adquisición de 200.000 euros), los gravámenes que afectan a la compra y uso del automóvil (desde el IVA a los tributos de matriculación y circulación, pasando asimismo por las multas recaudatorias, la normativa WLTP y los impuestos aplicados al combustible) y las exacciones sobre el consumo de alcohol (40 por ciento del precio final) o tabaco (80 por ciento del precio final). Al considerar todas estas figuras tributarias, el contribuyente medio paga más del 50 por ciento de lo que gana a Hacienda.

Descargar el informe.

Respuesta de Jesús Huerta de Soto a Juan Ramón Rallo sobre la banca Simons

Respuesta de Jesús Huerta de Soto a Juan Ramón Rallo con motivo de un vídeo del profesor Rallo en su canal, titulado La banca Simons es antiliberal.

Juan Ramón, tengo dos observaciones sobre tu último vídeo:

Uno: la dolarización con una banca con coeficiente del 100 por cien (mal llamada “Simons”, debería de llamarse “Mises” o “Rothbard” pues Simons pretendía mantener el Banco Central, cuando Milei, siguiendo a Mises y Rothbard – y a mí- pretende abolirlo) no mantendrá congelada la oferta monetaria en dólares en Argentina: la M en dólares crecería (y mucho) como viene decidiendo hacer crónicamente la Reserva Federal y el incremento de dólares llegaría a Argentina como llega al resto de países, vía déficits comerciales crónicos de EE.UU. en su intercambio comercial con Argentina y el resto del mundo.

Y dos: Panamá y Ecuador mantienen una dolarización con reserva fraccionaria porque cuentan con el apoyo implícito de la Reserva Federal como prestamista de última instancia y que se ha hecho realidad en diversas ocasiones en el pasado, sin mayores dificultades dado el escaso tamaño de sus economías.

El recuerdo del corralito

En el caso de Argentina, sobre todo por el gran tamaño de su economía, y las malas experiencias del pasado, la Reserva Federal ha explicitado que no actuará como prestamista de última instancia en ningún caso, por lo que es ineludible establecer el 100 por cien para evitar corralitos de tan mal recuerdo en Argentina. (Recuerda la primera ley de la teoría bancaria: un sistema bancario con reserva fraccionaria no puede evitar las “corridas” sin prestamista de última instancia -de hecho la “estabilidad” del sistema se logra a base de “corridas” en contra de los bancos menos prudentes).

Por tanto, Milei tiene muy claro que dolarizar exige un coeficiente del 100 por cien. Ponte en el lugar de los argentinos cuya conciencia colectiva aborrece del recuerdo del corralito. Y que a la menor quiebra de confianza por cualquier motivo exterior o interior -por ejemplo, que volviera un futuro gobierno manirroto- daría al traste con todo el sistema ¡por segunda vez!, con un coste social y reputacional demoledor.

Sólo un second best

Por otro lado, que el 100 por cien se compute con depósitos de la banca argentina en dólares en otros bancos extranjeros es factible si estos son “too big to fail” y gozan del respaldo irrevocable de sus respectivos bancos centrales. Precisamente por ello, dolarizar con 100 por cien es solo un second best, pues no inmunizaría a Argentina de los ciclos de expansión crediticia que orquesta regularmente la Reserva Federal y el ideal solo se conseguiría con un patrón oro clásico y reserva del 100 por cien (que no es totalmente rígido, pues el stock de oro viene creciendo al 2 por ciento al año).

En todo caso, Milei lo ha estudiado muy bien y lo tiene muy claro. Sólo queda el fleco de determinar el plazo por debajo del cual se considerarán como depósitos a la vista los préstamos de pequeña duración. Yo le he aconsejado el plazo de hasta 30 días, pues solo existe demanda de préstamos en Argentina a partir de 30-60 y 90 días, precisamente para descontar papel comercial. Obviamente, cualquier depósito a más de 30 días donde el banco garantice al cliente (aunque solo sea “soto voce“) su devolución inmediata en cualquier momento sería un depósito a la vista. O, dicho de otra manera, la reforma ha de prohibir la devolución anticipada de cualquier depósito a plazo, salvo que el banco demuestre que otro cliente se ha subrogado en el lugar del que retira anticipadamente.

La banca con reserva fraccionaria es antiliberal

Lo que es profundamente antiliberal es la banca con reserva fraccionaria que sistemáticamente viola el derecho de propiedad. Genera inestabilidad financiera continua. Y es la responsable de la creación de los bancos centrales; no puede sobrevivir sin ellos, salvo a base de “corridas bancarias”, y con un perjuicio inmenso a los afectados.

Y viola el derecho de propiedad que exige el capitalismo para funcionar, no importa cuál sea la forma en la que se manifieste el ejercicio de la banca con reserva fraccionaria. Ya sea como delito de estafa y falsificación en documento público, en el caso de la emisión de billetes sin respaldo (afortunadamente prohibida por la Ley de Peel en 1844). O ya sea como delito de apropiación indebida, en el caso de la apropiación de los depósitos de los clientes (o de la emisión de nuevos depósitos, que a fin de cuentas y a nivel agregado es la misma cosa).

El riesgo asociado a la reserva fraccionaria

Defender la banca con reserva fraccionaria a estas alturas no solo es científicamente erróneo, sino, además, frívolo y dañino en relación con un país que como Argentina ya ha experimentado un dolorosísimo “corralito” y actualmente se debate por acabar con la inflación, dolarizar y eliminar el banco central. Por otro lado, no hay duda alguna de que en un sistema anarcocapitalista todos los bancos tenderían a operar con un 100 de reservas. Pues hoy en día, con la banca electrónica y los medios tecnológicos que existen, a la más mínima duda un banco se vacía de depósitos literalmente “a la velocidad de la luz”. ¡Debate zanjado!

Esto es todo. Creo, (si quieres, sin necesidad de renunciar a tu marco teórico que, como sabes, no comparto) que deberías ser más flexible y reconsiderar tu posición sobre este tema. Y reconocer que, al menos para la tesitura actual de Argentina, la dolarización con el 100 por cien es la solución más factible y menos arriesgada, teniendo en cuenta el contexto y los antecedentes.

Un abrazo, Jesús Huerta de Soto

Ver también

La banca Simons y la estabilidad monetaria y económica. (César Táboas).

La banca central y el mito de la eliminación del riesgo. (Fernando Herrera).

Banca Simons (etiqueta).