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Rajoy o la persistencia del burócrata

De “todo el poder para los Soviets” que clamaba Lenin hace un siglo hemos pasado al más prosaico “todo el poder para los burócratas” de nuestros rajoyanos días. Hace tres años, cuando el barbas y la metro y medio se presentaban en los mítines, hablaban de regeneración y de devolver a España a la primera división. Decían de bajar los impuestos, quitar trabas a los empresarios, liberar a la justicia del yugo al que los políticos la tienen sometida y promover las reformas necesarias e inaplazables que nuestro país necesita para salir del marasmo actual. Hubo quienes lo creyeron, votaron en consecuencia y gracias ello Rajoy tiene más poder en sus manitas de opositor que cualquier otro gobernante desde que Felipe González perdiese la mayoría absoluta allá por los años ochenta. El estado de excitación del votante pepero era digno de encomio. Como habían idolatrado a Aznar –sin que éste mereciese ni de lejos tan súbito ascenso a los altares– pensaban que el rajoyato iba a ser una segunda edición corregida y aumentada de aquellos años de vino y rosas, de recaudaciones históricas y despilfarro en los que todo trinque fue posible.

Al final la regeneración se ha quedado en un centón de leyes redactadas al milímetro por el equipo soráyico habitual. Leyes cuyo único objetivo era blindar el desastre y, especialmente, a los causantes del desastre. Para muestra dos botones que el Gobierno acaba de coserse en la guerrera del despropósito. Primero vino el ya famoso impuesto de salida o “exit tax”, una aberración fiscal parida en las zahúrdas del draculín de Hacienda. Con ese impuesto en la mano va a ser materialmente imposible montar pequeñas empresas tecnológicas en España… bueno, tecnológicas y de cualquier otra cosa. El invento es de una maldad casi absoluta, implica que alguien que posee un porcentaje de una empresa recién fundada pero que tiene gran potencial de crecimiento deba pagar por adelantado ese potencial sin siquiera haberlo ganado. Es lo más parecido a liquidar a la gallina de los huevos de oro años antes de que haya puesto su primer huevo

Algo como el impuesto de salida solo cabe en la mente enferma de un legislador compulsivo cruzado con un salteador de caminos. Puedo llegar a entender que los burócratas quieran apropiarse por las bravas de lo que los demás producen, pero no que estos mismo burócratas impidan la producción misma. ¿Pero saben lo peor de todo? Nadie ha dicho ni mu de este disparate a excepción de los liberales, esos aguafiestas a los que el Gobierno mira de reojo y trata de mantener calladitos a cualquier coste. Con esa ley debidamente amejorada Podemos y sus socios harán virguerías, y si no al tiempo.

La otra idea que ha salido del recalentado caletre sorayino es la del canon AEDE, gracias al cual los españoles seremos los primeros en privarnos de un servicio tan útil como Google News. La historia pertenece más al género de la picaresca que al de la política. Los dueños de los periódicos de papel pensaron que el mejor modo de aliviar las fatigas de sus ruinosas cuentas de resultados era propinar un zapatillazo a Google. Acudieron a Moncloa con sus cuitas y allí, a metro y medio del suelo, les dieron la solución. Google aflojaría la mosca sí o sí. Una ley obraría el milagro. A cambio de ellos, de los periódicos, se esperaba cierto sentido de Estado, es decir, que no se metiesen con el jefe y, mucho menos, con la jefa en estos meses tan movidos que se avecinan. Sobre el papel funcionaba la idea. Google, esa perversa multinacional que tiene el “monopolio” de las búsquedas en Internet, pagaría sin rechistar. La realidad ha sido muy otra. Los chicos de Mountain View no saben quien es Soraya ni quieren saberlo, por no saber no saben ni donde está Valladolid ni qué diablos es un abogado del Estado. Más allá de la finca de estos señoritos de oposición y tente tieso el mundo funciona de otra manera. Pero ellos no lo saben. Su mundo es el de alargar la mano a fin de mes y esperar a que les pongan dinero encima, dinero arrebatado a la fuerza de otros que sí saben como funciona el mundo, mayormente porque tienen que enfrentarse a él cada mañana. Eso Rajoy y sus rajoyes no lo entienden, no lo entenderán jamás.

Institucionalismo. Ciudadanos frente a las ideologías o religiones de lo político.

A lo largo del siglo XX y, también, a comienzos del siglo XXI, se ha podido comprobar cómo las utopías ignoran la importancia fundamental de las instituciones (morales, jurídicas y políticas) que son responsables de la acción humana en libertad y, por tanto, influyen de un modo determinante sobre los millones de interacciones y intercambios que se producen en el orden del mercado, espontáneo y abierto.

Las utopías conducen hacia la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo o en el intervencionismo, porque coaccionan la libertad de interactuar de los seres humanos en el orden de mercado y desvían el poder y el dinero hacia las oligarquías "extractivas" y "destructivas" que secuestran el orden político en favor de sus redes clientelares. 

1. Instituciones morales, jurídicas y políticas determinantes del orden de mercado

El orden de mercado emerge siempre con mayor intensidad allí donde existe mayor libertad de acción humana por medio de los derechos de propiedad y los acuerdos y contratos libremente consentidos. Éstas instituciones impulsan el ejercicio de la acción humana que, en el ámbito económico, es equivalente al ejercicio de la función empresarial con procesos permanentes de innovación y coordinación que generan (y, a su vez, son generados por) la eficiencia dinámica en Economía.

Sin embargo, el orden de mercado no se puede ejercer en el vacío institucional, dado que la acción de los seres humanos se ejerce buscando la eficiencia dinámica pero, siempre, se quiera o no, con la influencia de las ideas y de las relaciones humanas que se establecen en el seno de otros órdenes en los ámbitos religioso, moral, jurídico y político que son espontáneos pero, frecuentemente, menos abiertos que el orden económico o de mercado.

Es decir, el orden de mercado sólo puede impulsarse en un territorio cuando existen instituciones que conforman un marco institucional que proporciona la triple seguridad vital (exterior, interior y jurídica) a las personas que habitan un territorio y, por tanto, a las interacciones e intercambios que tienen lugar entre los seres humanos. El orden político o del «ejercicio del poder» sobre un territorio existe siempre y es eminentemente oligárquico, condicionando notablemente el ejercicio de la acción humana y, por tanto, de la función empresarial que caracteriza el orden de mercado.

La ley de hierro de la oligarquía es universal de forma que aplica siempre sobre cualquier época y lugar, por lo que históricamente puede observarse cómo el orden político es ejercido sobre un territorio con instituciones políticas más cerradas o más abiertas a la sociedad civil en función del arraigo entre las élites de la población de las instituciones morales y jurídicas que distinguen el marco institucional de cada país, de modo que podemos encontrarnos:

a) Proceso de Evolución Institucional. Cuando las instituciones políticas son liberadas y/o gestionadas por líderes "inclusivos" de todos los ciudadanos y "integradores" de todas las regiones, se produce un proceso de evolución institucional hacia una sociedad civilizada, abierta y libre. En estos casos, el orden de mercado actúa con niveles máximos de libertad. 

b) Proceso de Involución Institucional. Cuando las instituciones políticas quedan secuestradas por oligarquías "extractivas" de los recursos y "destructivas" del propio orden político en sus intentos por maximizar el dinero y el poder "guiando" un territorio, se produce un proceso de involución institucional hacia una sociedad tribal o colectivista, cerrada, coactiva y violenta. En estos casos, disminuye la libertad de las personas que interactúan en el orden de mercado, debido a la intervención política.

En los procesos de involución institucional, los ciudadanos quedan atrapados en lo que hemos denominado una jaula de hierro de la oligarquía, construida entorno al aumento constante del tamaño del Estado y la invasión por la política de todos los ámbitos de decisión del individuo. Se multiplican los casos de corrupción y, sistemáticamente, el orden de mercado es regulado e intervenido en favor de las redes clientelares de la casta política, actuando el aparato estatal en beneficio de las oligarquías que controlan las instituciones.

Como consecuencia de ello, liberarse de la jaula de hierro de la oligarquía es una cuestión clave para que los ciudadanos puedan actuar con libertad en el orden de mercado y mejoren su riqueza pero, más allá de los principios del crecimiento económico, para que los ciudadanos puedan vivir en una sociedad civilizada, abierta y libre.

2. Institucionalismo

Al igual que ocurrió en la Gran Depresión del 1929, debido a la profundidad de la crisis económica y financiera de la Gran Recesión del 2007, estamos en un momento pre-revolucionario donde se está produciendo un cambio "estético" en la percepción por los ciudadanos del orden político porque se está desvelando la naturaleza luciferina y la podredumbre moral de la casta política en el perverso juego con el que construyen sobre la población la mencionada jaula de hierro de la oligarquía. En su base, se trata de una crisis moral, jurídica y política que tiene repercusiones económicas y financieras y que permite observar los efectos perversos del socialismo o, de su versión posmoderna, el intervencionismo.

Por ello, quizás ha llegado pues el momento de superar las ideologías o religiones de la política que, desde la revolución francesa de 1789, sirven como dogma a las oligarquías, guían hacia el cientifismo constructivista, incrementan el tamaño del Estado y, sistemáticamente, intervienen sobre la libertad en la acción humana y, por tanto, conducen hacia la imposibilidad de cálculo económico a medio y largo plazo, buscando utopías alejadas de la realidad.

En el contexto del actual deterioro institucional, es especialmente importante promover el institucionalismo en el sentido de superar las ideologías que sirven a los intereses de los políticos "intervencionistas de todos los partidos" y fijarse en las instituciones (Why Nations Fail) para que los ciudadanos identifiquen y elijan democráticamente aquellos líderes que actúan con honestidad, honradez y decencia para conseguir, paso a paso, escalonadamente, la regeneración moral, jurídica, política y, por ende, económica de un país.

El institucionalismo se centra en el análisis económico del derecho, la elección pública, la acción humana y la función empresarial en el seno de un marco institucional para dotar a un país de instituciones democráticas sólidas y fuertes.

Entendiendo por instituciones democráticas sólidas y fuertes aquellas que dotan un Estado de Derecho, digno de tal nombre, en donde, entre otras instituciones jurídicas, existen el cumplimiento de la ley [1], la separación de poderes [2], la independencia judicial [3], la tutela judicial efectiva [4], las garantías procesales [5], el referéndum obligatorio [6] en las decisiones trascendentales para el futuro de un país, la elección libre y directa de representantes [7]… porque son instituciones fundamentales que permiten que los ciudadanos deshagan la jaula de hierro de la oligarquía mediante la limitación, la persecución y las sentencias ejemplarizantes sobre los delitos de las oligarquías "extractivas" y "destructivas".

Éstas instituciones democráticas sólidas y fuertes se basan en instituciones o valores morales, fijos e inmutables como, entre otros, el derecho a la vida, la libertad, la propiedad y la igualdad de trato ante la ley, que no pueden ser relativizados y coaccionados por los intervencionistas de todos los partidos: los tradicionales del "consenso social-demócrata" o los nuevos de la demagogia totalitaria (comunista, fascista, nacional-socialista, nacional-separatista…).

3. Evolución de las instituciones

El institucionalismo se basa en la teoría de la evolución institucional de los países que explica cómo los ciudadanos de bien deben aprender a identificar y elegir para los cargos públicos a los líderes inclusivos e integradores que se caracterizan por actuar con valores morales como la honradez, la honestidad y la decencia y por impulsar un proceso de triple regeneración institucional (o proceso «3R»):

1) Recuperación de los valores o, si se prefiere, de las instituciones morales entre una mayoría de ciudadanos de bien que constituyen la base del crecimiento económico pero que, también, son la base del arraigo de una sociedad civilizada, abierta y libre.

2) Regeneración de la democracia o, si se prefiere, de las instituciones jurídicas que permiten que arraigue un Estado de Derecho, digno de tal nombre, que garantiza la triple seguridad (exterior, interior y jurídica) y permite que los ciudadanos con valores elijan en elecciones democráticas, libres y directas, a los lídereslíderes "inclusivos" de todos los ciudadanos e "integradores" de todas las regiones para:

a) Reformar el marco jurídico para luchar contra la corrupción de la casta política.

b) Profundizar en la democracia para poner límites a las oligarquías: organización territorial racional, separación de Poderes, Independencia Judicial, Elecciones por circunscripciones uninominales…

c) Maximizar la libertad en el país para que arraiguen los principios del crecimiento económico: protección de los derechos de propiedad y de la función empresarial, unicidad de mercado, desregulación de mercados intervenidos…

3) Reducción del tamaño del Estadoo, si se prefiere, reducción de las instituciones políticas para que arraiguen los principios de una sociedad civilizada, abierta y libre (vida, familia, libertad…) y, consecuentemente, también los principios del crecimiento económico (propiedad, unicidad de mercado, desregulación de mercados intervenidos, función empresarial…). Sin este último proceso, los políticos involucionan el marco institucional, coaccionando los derechos y las libertades individuales de los ciudadanos. 

El institucionalismo debe ser entendido como un concepto "desideologizado" que no distingue entre posiciones de derechas o de izquierdas, pero que sí diferencia claramente entre las oligarquías "extractivas" y "destructivas" y los líderes "inclusivos" e "integradores" que se distinguen por promover el arraigo de un marco institucional que sea "inclusivo" de todos los ciudadanos e "integrador" de todas las regiones, que es lo que caracteriza el orden extenso, complejo y abierto de colaboración humana que denominamos sociedad civilizada.

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En defensa de Marc Márquez

El piloto de MotoGP Marc Márquez anuncia que se marchará a Andorra para escapar de las garras de Montoro y el clamor ciudadano contra su decisión se vuelve casi unánime: se critica a Márquez por falta de patriotismo, por evadir impuestos, por insolidario o por codicioso. Incluso desde el PSOE se ha pedido a los ciudadanos que boicoteen a aquellas empresas que patrocinan al apestado Márquez. Pero, más allá de la mera constatación de lo sucedido, resulta pertinente plantearse por qué se ha desatado semejante ola de indignación popular y si ésta posee alguna justificación racional o, en cambio, carece totalmente de base. 

¿Por qué la gente se indigna?

Una posible fuente de indignación popular podría venir de considerar que Márquez está evitando pagar por aquellos servicios estatales que consume o ha consumido: las carreteras que usa, la seguridad ciudadana de que disfruta, la educación pública en la que pudo haber estudiado, etc. Si éste fuera el verdadero motivo de las críticas, hasta cierto punto resultarían razonables: la justicia requiere de reciprocidad y si Márquez hace uso de servicios del Estado, es lógico que pague por ellos.

Mas el motivo principal de la indignación no parece ser ése: se estima que Márquez pagará en Andorra 30.000 euros de impuestos anuales. A buen seguro, Márquez no se habría marchado de España en caso de haber pagado aquí 50.000 o 60.000 euros anuales: cantidad más que suficiente para sufragar la totalidad de los servicios estatales que pueda consumir (y parte, también, de los que consuman otros). Y, a buen seguro, los mismos que se indignan hoy con su exilio fiscal se habrían indignado de haber negociado con Montoro una rebaja de su factura tributaria hasta semejantes niveles.

Mi hipótesis es que el enfado ciudadano tiene otras dos causas: la primera es suponer que Marc Márquez no se merece su riqueza, de modo que el piloto de MotoGP tiene la obligación de redistribuirla hacia el resto de ciudadanos; la segunda causa es suponer que Marc Márquez sólo puede ser un buen ciudadano si paga impuestos. En ambos casos, pues, Márquez se escaquea de cumplir sus deberes naturales o civiles para con el resto de personas.

¿Merece Márquez su riqueza?

Uno de los razonamientos más conocidos del filósofo estadounidense Robert Nozick es su defensa del derecho de propiedad del jugador de la NBA Wilt Chamberlain: según Nozick, si millones de personas le pagaban voluntariamente a Chamberlain una pequeña suma de dinero partido tras partido y, merced a ello, éste se volvía multimillonario, ¿cómo considerar que su propiedad, justamente adquirida, no era legítima? El argumento es plenamente aplicable a Marc Márquez. Sin embargo, se suele disputar desde dos posiciones: la primera es que Chamberlain o Márquez no merecen los talentos naturales que les convierten en buenos deportistas y por tanto tampoco merecen el dinero que han ganado haciendo uso de tales talentos; la segunda es que Chamberlain o Márquez sólo han podido enriquecerse por ejercer su profesión dentro de una sociedad opulenta, de manera que parte de su riqueza ha sido, en realidad, generada por esa sociedad y debe regresar a ella. Los dos argumentos son, sin embargo, defectuosos.

En cuanto al primer argumento: que algo no sea justo no equivale a que sea injusto. Es verdad que ni Márquez ni nadie nos merecemos nuestras “habilidades naturales” pero ello tampoco significa que otros las merezcan y que, por tanto, puedan lucrarse con ellas: a la postre, Márquez no obtuvo sus talentos naturales arrebatándoselos a nadie ni causando daño a terceros, por tanto tampoco pueden reputarse como radicalmente injustos. Es más, el razonamiento de “como Márquez no merece sus talentos naturales, la riqueza que ha generado haciendo uso de tales talentos tampoco es merecida” esconde otra importante falacia: nadie dice que Márquez merezca la riqueza por sus talentos, sino que la merece por cómo ha usado esos talentos. Si Márquez, con las mismas habilidades innatas, se hubiese quedado de brazos cruzados en casa, no poseería riqueza alguna: por usar acertadamente sus talentos en satisfacer las necesidades ajenas sí la merece en tanto en cuanto las otras personas han querido entregarle voluntariamente parte de sus propiedades.

En cuanto al segundo argumento: es verdad que fuera de la sociedad Marc Márquez no habría obtenido sus niveles de riqueza actuales, pero eso no significa que existan obligaciones pendientes de saldar entre Márquez y la sociedad. Al cabo, Márquez es rico no porque la sociedad le haya entregado su riqueza a cambio de nada, sino porque se la ha entregado a cambio de unos servicios que el propio Márquez le ha proporcionado a una parte de esa sociedad (espectáculo, divertimento, emoción, etc.). Entre Márquez y la sociedad no hay deudas pendientes de pago: el intercambio ha sido recíproco y mutuamente beneficioso, de modo que ni Márquez le debe nada a la sociedad ni la sociedad le debe nada a Márquez. Es verdad que Márquez se “aprovecha” de una infraestructura y de un acervo social (lenguaje compartido, sentimiento nacional compartido, cultura aficionada a los deportes, uso generalizado del televisor, etc.) que le han supuesto externalidades positivas hacia su persona: pero sucede no sólo que cualquier otro individuo podría haber usado ese mismo acervo social para generar riqueza (está ahí disponible para todos) sino que el propio Márquez ha contribuido a conformar y enriquecer ese acervo social. Por ejemplo, si dentro de diez años surge un nuevo piloto de MotoGP que también se convierte en millonario gracias a la afición que sigue habiendo en España (y en el mundo hacia el motociclismo), en parte podríamos decir que ese piloto se “aprovecha” del acervo social que contribuyó a forjar Márquez. ¿Tendría ese piloto alguna deuda con Márquez? No, porque a su vez Márquez se aprovechó de ese acervo social. En suma, el pago de Márquez por usar ese acervo social es su ulterior contribución a engrosarlo: toma del acervo para luego reponer con creces lo que ha tomado previamente.

¿Debería Márquez pagar impuestos para ser un buen ciudadano?

Ya hemos visto que Márquez no tiene deuda alguna con la sociedad que se derive de haber violentado dos rasgos esenciales de la justicia como son el mérito y la reciprocidad: Márquez merece su fortuna precisamente por las relaciones recíprocamente beneficiosas que ha entablado con el resto de la sociedad. Aun así, bien podría reprochársele a Márquez no ser un buen ciudadano: aunque Márquez no tenga la obligación de reparar ningún mal (porque no ha causado ninguno), sí podría esperarse de él que promoviera el bien y que, en ese sentido, pague impuestos en España a pesar de que no tenga ninguna obligación de hacerlo.

Aceptando a efectos dialécticos la hipótesis de fondo —a saber, que el buen ciudadano se caracteriza por promover el bien común como algo distinto a su bien personal—, lo que desde luego no puede aceptarse es que la única forma de ser un buen ciudadano sea pagándole impuestos al Estado. Dejando de lado que incluso podría argumentarse que pagar dócilmente impuestos sea una forma de engordar a una ilegítima maquinaria de dominación social como es el Estado, lo cierto es que una persona puede promover el bien común de formas muy diferentes a pagando impuestos: el Estado no tiene, ni debería tener, el monopolio del ejercicio del bien común. Existen muchas otras formas de ser buen ciudadano distintas a ingresar una suma de dinero en una cuenta corriente del Estado: las más obvias son las donaciones privadas o las labores de voluntariado; pero existen otras que no por menos obvias son menos relevantes en el caso de un deportista como Márquez: por ejemplo, tratar de ser un ejemplo moral, en lo personal y en lo profesional, para los demás y especialmente para los menores de edad; esforzarse por ser cada día un mejor deportista no por el dinero que pueda obtenerse con esa mejora marginal, sino para ofrecer un mayor espectáculo a millones de personas; o intentar promover internacionalmente un buen nombre y una buena imagen de tu país.

Las formas de lograr que una sociedad sea una mejor sociedad —una sociedad donde sea más apetecible vivir para el conjunto de las personas— son muy variadas y desde luego ni se limitan ni consisten preferentemente en pagarle impuestos a Montoro. ¿Intenta ser Marc Márquez un buen ciudadano, esto es, promover una sociedad mejor más allá de su interés personal estrictamente entendido? Sí: Márquez es embajador de la Fundación Laureus dirigida a promover el deporte como herramienta de desarrollo social; colabora con la Fundación Repsol y la Fundación Isidre Esteve a la hora de fomentar el deporte entre personas con lesiones medulares; ha apadrinado la campaña Que no falte de nada orientada a repartir 20.000 juguetes en hospitales y centros de atención al menor; ha contribuido a divulgar el buen nombre de España y de Cataluña por todos los lugares del planeta; y, sobre todo, se ha convertido en un ejemplo para millares de adolescentes, muchos de los cuales han descubierto su pasión por el motociclismo y han reorientado su vida hacia esa dirección.

¿Que podría hacer más? Sin duda. Todos podemos hacer más: de hecho, aunque Márquez pagara en impuestos el 60% de su renta… todavía podría hacer y pagar más. Pero que potencialmente pueda hacer más no convierte a Marc Márquez en un mal ciudadano habida cuenta de que ya está haciendo mucho en beneficio de la sociedad. Es más, haré dos comentarios adicionales: primero, las contribuciones sociales que realiza ahora mismo Márquez son infinitamente más valiosas que los millones de euros que podría haberle entregado al Fisco español; segundo, el hecho de que Márquez se marche de España deberíamos tomárnoslo no como una ofensa sino como una alerta de cómo el Estado, y su muy onerosa fiscalidad, está destruyendo la economía y ahuyentando el talentode nuestro país: del mismo modo que aplaudimos a Google News por marcharse de España ante el intolerable canon impuesto por el Gobierno, deberíamos celebrar el canario en la mina que suponen personas como Márquez.

Conclusión

En suma, Márquez ni tiene obligación de pagar impuestos en España ni su estatus de buen ciudadano se ve alterado por el hecho de que decida no pagarlos. Entonces, ¿a qué se debe tamaña inquina contra el piloto de MotoGP? La inquina de los políticos es comprensible: se les escapa una presa a la que parasitar. La inquina del resto de ciudadanos es menos comprensible salvo en una sociedad que haya interiorizado el derecho a rapiñar las propiedades y las libertades ajenas a través de los procedimientos reglados por el Estado. Lejos de agradecerle a Márquez su obra en aras del bien común, berreamos indignados por no poderle quitar aquello que jamás nos perteneció y que no tenemos ningún derecho (ni legal, ni ético, ni moral) a que nos pertenezca.

El caso de Marc Márquez debería servirnos a todos para reflexionar no sólo sobre cómo las sociedades se empobrecen y pierden sus libertades, sino también sobre cómo se pervierten y corrompen moralmente. 

El uso de las matemáticas en la ciencia económica

Los economistas austriacos han sido muy recelosos del uso del lenguaje matemático en la ciencia económica, dada la influencia de Menger, que no utilizó matemáticas en su análisis marginal, y sobre todo, de Mises, quien rechaza firmemente su utilización. Y es que ya desde sus orígenes, el fundador de la Escuela Austriaca, Carl Menger, se cuidó de señalar que la ventaja del lenguaje verbal es que puede recoger la esencia (das Wesen) de los fenómenos económicos, cosa que no permite efectuar el lenguaje matemático. En efecto, en una carta de 1884 que escribió a Walras, Menger se preguntaba: "¿Cómo se podrá alcanzar el conocimiento de la esencia, por ejemplo, del valor, de la renta de la tierra, del beneficio empresarial, de la división del trabajo, del bimetalismo, etc., mediante métodos matemáticos?"

Las dificultades que presenta el uso del análisis matemático en la ciencia económica son varios. Para los economistas austriacos, las matemáticas sólo pueden utilizarse en los modelos neoclásicos de equilibrio sumándose a ello los modelos de competencia perfecta e imperfecta. Y es que el formalismo matemático es especialmente adecuado para recoger los estados de equilibrio que estudian los economistas neoclásicos, pero no permite incorporar la realidad subjetiva del tiempo ni mucho menos la creatividad empresarial, que son características esenciales del discurso analítico de los austriacos (Huerta de Soto). Así, por ejemplo, el propio Pareto se pone en evidencia y delata este grave inconveniente del formalismo matemático cuando reconoce que todo su enfoque se efectúa de espaldas al verdadero protagonista del proceso social (el ser humano) y que, a efectos de su análisis de economía matemática, "el individuo puede desaparecer, siempre y cuando nos deje una fotografía de sus gustos". Hans Meyer resume las insuficiencias del formalismo matemático: "In essence there is an immanent, more or less disguised, fiction at the heart of mathematical equilibrium theories: that is, they bind together in simultaneous equations, non-simultaneous magnitudes operative in genetic-causal sequence as if these existed together at the same time. A state of affairs is synchronized in the ‘static’ approach, whereas in reality we are dealing with a process. But one simply cannot consider a generative process ‘statically’ as a state of rest, without eliminating precisely that which makes it what it is."

Para los economistas austriacos el uso del formalismo matemático consiste en un lenguaje simbólico que se ha venido construyendo a instancias de las exigencias del mundo de las ciencias naturales, de la ingeniería y de la lógica, en todos los cuales el tiempo subjetivo y la creatividad empresarial brillan por su ausencia, por lo que tiende a ignorar las características más esenciales de la naturaleza del ser humano, que es el protagonista de los procesos sociales que los economistas deberían estudiar. En palabras de Mises: "La matemática descripción de diversos estados de equilibrio constituye simple juego; o que interesa es el examen y la comprensión del proceso de mercado […] en lo referente a la economía matemática, la cosa es distinta. Las ecuaciones y fórmulas que ésta maneja limítanse a describir estados de equilibrio e inacción. Mientras no abandonan el terreno matemático, dichos investigadores nada pueden decirnos acerca de la génesis de tales situaciones y de cómo las mismas pueden evolucionar y dar lugar a distintos planteamientos. Por lo que atañe a la economía matemática, el reclamar una teoría dinámica está, pues, plenamente justificado. La economía matemática, sin embargo, carece de medios para satisfacer tal exigencia. Los problemas que el análisis del proceso de mercado suscita, es decir, os únicos problemas económicos que de verdad importan, resultan imposibles de abordar por medios matemáticos. La introducción de parámetros temporales en las correspondientes ecuaciones de nada sirve. Ni siquiera se rozan con ellos las deficiencias fundamentales del método matemático. El proclamar que todo cambio requiere siempre cierto lapso de tiempo y que la mutación implica secuencia temporal no es más que otro modo de decir que, donde hay rigidez e inmutabilidad absoluta, el factor tiempo desaparece. El defecto principal de la economía matemática no estriba en ignorar la sucesión temporal, sino en que vuelve la espalda al funcionamiento del proceso de mercado." Así mismo, el uso de las matemáticas está íntimamente relacionado y lleva a la utilización del método hipotético-deductivo, es decir, una metodología empírica fuertemente rechazada por Mises.

Finalmente, como señala Zanotti, "sería imposible matematizar la utilidad marginal tal cual la escuela austríaca la concibe, donde los fines prioritarios serían establecidos en una escala valorativa expresada en números ordinales y no en cardinales, lo cual no permite sumar ni restar las unidades marginales. En la medida en que la marginalidad así concebida sea una premisa general del análisis económico austríaco, el uso de las matemáticas presentará dificultades en cuanto a su posibilidad de aplicación".

Uber beneficia a todos

Competencia deslealintrusismo o legalidad son excusas que utilizan políticos y empresarios para defender los intereses de algunos en detrimento del resto. Cuando un determinado sector ve amenazado su modelo de negocio suele reclamar la protección del Estado para tratar de garantizar su posición de primacía mediante la aprobación de trabas, barreras o prohibiciones a la competencia. El taxi es tan solo un ejemplo más. Su actividad está estrictamente regulada mediante un sistema de licencias y tarifas administrativas ideado para restringir la oferta de forma artificial con el único fin de elevar los precios. No por casualidad el número de licencias de taxi lleva décadas estancado: en Madrid han pasado de 15.500 en 1994 a 15.700 en 2012, mientras que en el conjunto de España permanecen en el entorno de las 70.000. El objetivo de esta parálisis no es otro que el de encarecer las licencias -en algunas ciudades el precio supera ampliamente los 100.000 euros- e incrementar el uso lucrativo de las mismas a costa del consumidor y otros potenciales taxistas.

Sin embargo, este sistema ha quedado completamente obsoleto tras la llegada al mercado de aplicaciones que ponen en contacto directo a conductor y usuario a través del móvil. Plataformas como Blablacar, Cabify o Uber están revolucionando el sector del transporte privado y, por mucho que pataleen los taxistas, han venido para quedarse. Esta particular guerra la tienen perdida de antemano, como la perdieron en su día las todopoderosos discográficas tras el nacimiento de Napster y las posteriores redes P2P, los grandes medios impresos frente al periodismo digital y tantas otras compañías o negocios que han sido superados por sus rivales a lo largo de la historia a base de satisfacer mejor las necesidades del cliente.

Y la cuestión aquí es que, se mire por donde se mire, el servicio que ofrece Uber supera en mucho al del taxi por numerosas razones: precio -cuesta casi la mitad-, comodidad -vía móvil- y prestaciones -pago automático con tarjeta, conocimiento de ruta y tarifa por anticipado e incentivos para ofrecer un servicio de calidad-. Además, sus ventajas son extendibles, igualmente, a los conductores, ya que trabajan para sí mismos, gozando de una gran flexibilidad, sin necesidad de pagar una licencia desorbitada y con costes muy reducidos, lo cual se traduce en un salario mucho más alto y una mayor satisfacción laboral. Un conductor de Uber en Madrid puede ganar, actualmente, una media de 3.000 euros al mes trabajando unas 10 horas al día, en la capital de Colombia multiplican por cuatro el sueldo de un taxista, mientras que en ciudades como Nueva York o San Francisco las ganancias suelen alcanzar los 6.000 y 4.600 euros al mes, respectivamente.

El éxito que están cosechando este tipo de aplicaciones colaborativas, y no sólo en el sector de transporte, es, simplemente, arrollador. En concreto, Uber opera ya en 50 países y más de 250 ciudades, y en el último año ha multiplicado por seis su actividad, empleando a decenas de miles de conductores y atendiendo a millones de pasajeros alrededor del globo. La rapidez y rotundidad con la que ha conquistado el mercado es la mayor prueba de que Uber beneficia a todos, consumidores y conductores, salvo, eso sí, a los propietarios de las licencias de taxi, que, como es lógico, ahora ven peligrar su inversión y su particular modelo de negocio. Prohibir o dificultar este servicio para mantener intacto el tradicional blindaje del taxi resultaría tan absurdo como, en su día, tratar de impedir los CD para salvaguardar la industria del cassette, los mp3 para proteger los CD, el ordenador personal para mantener viva la antigua máquina de escribir y así sucesivamente… No tiene sentido y, además, resultaría muy perjudicial, salvo para unos pocos. Las sociedades que avanzan son aquellas que aceptan, impulsan y promueven los cambios para mejorar, no las que se quedan enquistadas en modelos obsoletos para mantener a toda costa el statu quo.

En el fondo, la polémica en torno a Uber y los taxis no es más que un nuevo capítulo de los sofismas económicos que tan magistralmente describió Frédéric Bastiat en la primera mitad del siglo XIX. Recuerden su "Petición de los fabricantes de velas", donde la industria solicitaba al Gobierno francés la adopción urgente de medidas proteccionistas para combatir a un poderoso competidor:

Sufrimos la intolerable competencia de un rival extranjero colocado, por lo que parece, en unas condiciones tan superiores a las nuestras en la producción de la luz que inunda nuestro mercado nacional a un precio fabulosamente reducido; porque, inmediatamente después de que él sale, nuestras ventas cesan, todos los consumidores se vuelven a él y una rama de la industria francesa, cuyas ramificaciones son innumerables, es colocada de golpe en el estancamiento más completo. Este rival, que no es otro que el Sol, nos hace una guerra tan encarnizada que sospechamos que nos ha sido suscitado por la pérfida Albión (…)

Demandamos que tengan el agrado de hacer una ley que ordene el cierre de todas las ventanas, tragaluces, pantallas, contraventanas, postigos, cortinas, cuarterones, claraboyas, persianas, en una palabra, de todas las aberturas, huecos, hendiduras y fisuras por las que la luz del Sol tiene la costumbre de penetrar en las casas, en perjuicio de las bellas industrias con las que nos jactamos de haber dotado al país, pues sería ingratitud abandonarnos hoy en una lucha así de desigual.

No puedo respirar

Eric Garner era un negro de cuarenta y tantos años, bastante alto, con algo de sobrepeso y que para sacarse algo de dinero se dedicaba a vender illegal cigarrites; o lo que es lo mismo: vendía tabaco sin cumplir con la normativa que el Estado impone a esta mercancía.

Ya le habían detenido bastantes veces por ello, y al parecer por delitos igual de graves, tal como conducir sin carnet o estar en posesión de marihuana.

Hace unos meses este señor fue sorprendido de nuevo por la policía vendiendo tabaco en frente de una tienda en Nueva York. No tengo claro si la policía le intentó detener por ello o fue a raíz de la discusión que se entabló entre ellos por este motivo. El hecho es cuando le intentan esposar Eric se resiste y uno de los policías le intenta reducir utilizando una llave de judo, que seguramente unida a su sobrepeso y el asma que padecía le terminó produciendo la muerte.

Hace unos días un Gran Jurado decidió que el caso no merecía ir a juicio y, por tanto, que el policía no había cometido ningún delito al realizar la detección de vendedor de tabaco.

Hasta aquí lo hechos tal como los he podido recoger de los diferentes medios que han tratado la noticia, casi todos ellos de la forma más superficial y amarillista posible. Por suerte a las noticias les acompaña un vídeo donde cada uno puede sacar sus propias conclusiones sobre la actuación de la policía.

Por lo que he podido ver en las redes sociales, y dadas las numerosas manifestaciones que se han producido en Estado Unidos, la opinión general es que el policía se extralimitó y tenía que haber respondido ante un tribunal de la decisión de reducir a este señor del modo en que lo hizo. De hecho el lema de las manifestaciones hacen referencia a las últimas palabras que el vendedor de cigarrillos pronunció antes de morir: "I can’t breathe".

A mí también me parece que utilizar la técnica del estrangulamiento en un caso como este, donde el detenido estaba empleando una resistencia más bien simbólica, es totalmente desproporcionado y que obedece más al impulso del policía de utilizar una técnica contundente, al ver que la persona le supera en tamaño por bastante, que a que sintiera en algún momento que su seguridad, o la de sus compañeros, estaba en peligro.

En lo que no estoy de acuerdo es responsabilizar únicamente al policía de todo este embrollo. El policía detiene a este señor porque una ley impedía vender tabaco tal como lo estaba haciendo. Una vez que pones a una persona en la ilegalidad por algo tan absurdo como vender una mercancía, no puedes responsabilizar simplemente al que realiza la detención si algo va mal.

A Enric Garner nadie le tendría que haber detenido ese día, ni le tendrían que haber detenido en otras muchas ocasiones (provocándole la animadversión que se ve claramente en el vídeo contra los agentes). Este señor no era un delincuente, ni tendría que haber tenido ningún problema con la policía si no fuera porque la sociedad le puso fuera de la legalidad con leyes absurdas, que no quiso, o no estuvo en disposición de cumplir.

Fruto de la esquizofrenia de la sociedad se creó un hashtag en Twitter (#crimingwhilewhite) donde personas blancas reconocían haber cometido delitos similares sin que la policía los detuviera. Al parecer esto demuestra que el problema en Estado Unidos es el racismo de la policía, y no que se considere delito algo que claramente no lo debería ser, ya que es confesado en público por sus autores sin que ocurra nada.

Pues aunque aceptáramos que la policía aplica las leyes a rajatabla en el caso de los negros, mientras no lo hace en el caso de los blancos, no haríamos más que reconocer que al permitir al gobierno que establezca prohibiciones sobre comportamientos que no perjudican a nadie (delitos sin víctima), lo que estamos haciendo es proporcionar un arma muy poderosa a quienes ostentan el poder para discriminar a una parte de la sociedad sobre otra.

Por supuesto nada de esto es debatido en ninguna parte y todo volverá a quedar en un asunto racial. Se seguirá legislando con nuevas leyes antitabaco, y sobre otras drogas, para que ciertas elites puedean dormir mejor pensando que todos vamos a respirar aire cada vez más limpio y vamos a ser más sanos, aunque sea a costa de que más personas tengan que ser reducidas a la fuerza y dejen de respirar.

Cuestiones para economistas austriacos

¿Acción humana es sinónimo de acción intencional? ¿Crees que acción debe significar acción intencional? ¿El ser humano sólo actúa intencionalmente? ¿No tiene reacciones o hábitos no intencionales, sin propósito deliberado, sin planificación? ¿Cómo de importante es la acción intencional en comparación con la no intencional? Si la acción intencional tiene resultados accidentales no previstos o no deseados, ¿cómo de importantes son estos en comparación con los objetivos previstos conseguidos?

¿Crees que lo no intencional es aleatorio? ¿La conducta no intencional no implica algún tipo de procesamiento de información y toma de decisiones? ¿No consume recursos escasos que podrían ser asignados a otras acciones? ¿No tiene costes y riesgos? ¿No tiene consecuencias o resultados en el mundo real? ¿No será que no estudias la acción no intencional porque no sabes cómo hacerlo o porque por algún motivo la desprecias? ¿Estudias la acción intencional como único modelo de la acción humana porque la comprendes fácilmente, igual que quien busca las llaves donde hay luz en lugar de hacerlo donde se han perdido? ¿Es fácil distinguir y clasificar una acción concreta como intencional o no intencional?

¿Sólo actúa el ser humano? ¿Crees que llamando conducta o comportamiento a lo que hacen los animales estás haciendo una distinción relevante? ¿Son sinónimos acción, conducta, comportamiento? ¿Sólo el ser humano actúa intencionalmente? ¿Ningún animal tiene conducta intencional? ¿Los animales no eligen? ¿Cuánto sabes, por estudio o por observación personal, de la conducta animal? ¿Por qué limitar el análisis económico al ser humano y a las acciones intencionales, con propósitos y planes? ¿No hay economía de los seres vivos no humanos? ¿Los organismos no actúan, y sus acciones no tienen consecuencias, costes y riesgos?

¿Todo lo que sabes sobre las preferencias es que son subjetivas? ¿Quizás también que son relativas y dinámicas? ¿Por qué existen las preferencias o valoraciones, de dónde vienen, por qué son las que son y no otras? ¿Son arbitrarias o aleatorias? ¿Son todas igualmente dependientes del sujeto y cambiantes? ¿Lo único interesante para el economista es saber que las preferencias se utilizan para elegir qué hacer? ¿No hay acciones que no sólo se basan en preferencias sino que tienen como objetivo construir o modificar preferencias? ¿La psicología y la economía son ciencias mutuamente excluyentes?

¿Crees que la naturaleza humana queda descrita de forma correcta y completa con la idea de acción intencional? ¿No hay otros rasgos importantes característicos de los seres humanos que los diferencian de otras entidades?

¿Es la intencionalidad una especie de misterio sobrenatural inexplicable? ¿Viola la intencionalidad las leyes de la física porque el futuro causa el presente? ¿Es posible explicar la intencionalidad mediante conceptos de física, biología, cibernética, cognición, psicología y evolución? ¿Son compatibles la intencionalidad y el determinismo? ¿Qué es y cómo funciona el libre albedrío? ¿Sabes qué es y qué implican el determinismo y el indeterminismo? ¿No te interesa investigar y conocer cómo funciona la máquina que realiza las tareas de pensamiento, valoración, elección, planificación, toma de decisiones? ¿Por qué, al hablar de ciencias naturales, algunos pensadores parecen referirse exclusivamente a la física y tal vez a otras ciencias de la naturaleza inerte? ¿No saben que existe la biología?

¿Te gustan las teorías o esquemas de pensamiento en las cuales puedes tener certezas absolutas, o al menos una gran sensación de seguridad? ¿Te incomodan los matices, las dudas, los problemas, los límites de la teoría, la posibilidad de equivocarte? ¿Prefieres decir cosas verdaderas aunque sean muy genéricas y poco concretas y aplicables? ¿Crees que sólo pensando, sin observar ni manipular el mundo, puedes conocer mucho acerca de la realidad? ¿Cuánto? ¿Eres consciente de que quizás en tu teoría praxeológica faltan las nociones de intensidad y relevancia? ¿Qué pasa si lo que dices es verdadero pero impreciso? ¿Y si se trata de verdades irrelevantes?

¿Crees que los seres humanos comprenden cómo actúan los seres humanos porque son seres humanos? ¿Entonces las partículas fundamentales entienden a otras partículas fundamentales porque son partículas fundamentales?

¿Es posible e interesante estudiar científicamente los errores y limitaciones de la acción y la toma de decisiones?

¿Puedes proporcionar alguna cita, referencia o pensador donde se afirme que la intencionalidad o la teleología no existen o no son aplicables a nada? ¿Te conformas con asumir como axioma que existe la acción intencional y te sientes orgulloso de poder demostrarlo lógicamente recurriendo a contradicciones performativas? ¿Intentas interpretar cualquier acción como intencional y si no encaja simplemente la ignoras?

¿Los hechos de las ciencias sociales son exclusivamente lo que la gente cree o piensa? ¿Las ciencias sociales sólo tratan con el interior de la mente humana y no con hechos externos objetivos?

¿Tu rechazo de las matemáticas en la economía tiene algo que ver con que seas de letras y no sepas matemáticas y te sientas incómodo con los números, las fórmulas y las estadísticas? ¿O es un mantra que repites como señal de identificación y pertenencia a un grupo? ¿Conoces los modelos matemáticos que criticas?

¿Tus ideas sobre economía pueden estar distorsionadas por tu ideología política o moral?

¿Cómo sabes que en el ámbito de la acción humana no hay constancias? ¿Es algo a priori o ex ante? ¿Es una afirmación apodíctica o hipotética? ¿Lo has observado o tal vez medido de algún modo? ¿Cómo de importantes, intensos o rápidos son los cambios? ¿Y si las desviaciones de la constancia son tan pequeñas que pueden despreciarse, al menos en una primera aproximación? ¿Estás seguro de que los eventos históricos son esencialmente irrepetibles, de modo que todos sus detalles son relevantes y la historia no puede utilizarse para apoyar o refutar ninguna teoría económica?

¿El conocimiento científico en economía no sirve para predecir nada en absoluto con ningún nivel de precisión y seguridad? ¿Y si los individuos son impredecibles individualmente pero predecibles estadísticamente? ¿Es lo mismo afirmar la no existencia de regularidades que reconocer que puede ser muy difícil conocer esas regularidades? ¿Hay constancias en otras ciencias humanas como la medicina? Si ciertas industrias, como la del seguro, utilizan de forma fiable estadísticas sobre cosas que a la gente le pasan, ¿no será posible emplear también datos estadísticos sobre lo que la gente hace? Cuanto más conozcamos de un individuo y sus circunstancias, ¿no podremos predecir y controlar mejor su conducta?

¿Sólo los individuos escogen y actúan? ¿Qué es un individuo? ¿Dónde y cuándo empieza y acaba un individuo? ¿La noción de individualidad quiere decir indivisibilidad? ¿El ser humano es indivisible? ¿El cerebro, como órgano director de la acción y encargado del procesamiento de la información y de la toma de decisiones, no tiene partes? ¿Y si el cerebro es en realidad un colectivo complejo, una sociedad de agentes que cooperan y compiten de forma parcialmente coordinada? Si una sociedad de agentes como el cerebro humano puede considerarse como un individuo con propósitos, planes, intereses, pensamientos, creencias, preferencias, ¿qué características pueden o deben tener otros colectivos para considerarse como unidades de acción, es decir agentes?

¿Sólo hay procesos de coordinación en las sociedades y mercados humanos? ¿No en los colectivos animales? Si es posible explicar fenómenos de la sociedad humana y el mercado a partir de acciones individuales, ¿no será también posible explicar al individuo a partir de sus constituyentes, su organización interna y sus interacciones con el entorno?

¿Son todos los seres humanos creativos, innovadores, empresariales? ¿Cómo es de importante la innovación en comparación con la copia, la imitación y la repetición? ¿Es el emprendedor un héroe, un personaje épico?

El espacio de posibilidades de la cultura es gigantesco, pero ¿son todas las diferencias entre ideas igualmente relevantes?

¿Crees que las palabras tienen significados claros, precisos, objetivos, y que reflejan esencias conceptuales inmutables? ¿Entiendes el lenguaje, su evolución y sus limitaciones?

¿Mencionas a menudo la evolución y la complejidad pero en realidad no sabes muy bien en qué consisten?

¿Sabes diferenciar una necesidad de una posibilidad? ¿Te conformas con decir que las cosas son seguras, imposibles o posibles, o intentas estimar probabilidades?

¿La lógica es solamente deducir teoremas a partir de axiomas o tiene también que vez con la consistencia, la coherencia, la no contradicción?

¿Sólo defiendes tus ideas e intentas confirmarlas o las criticas y atacas para comprobar su solidez y consistencia?

¿Estas preguntas te incomodan? ¿Te refuerzan en tus creencias y prejuicios? ¿O tal vez te incitan a salir de tu zona de confort, cuestionarlo todo, corregir errores y aprender algo nuevo?

La nueva libertad económica de Xi

Hablar de la nueva China es hablar de Xi Jinping. Mientras Occidente sigue de cerca los pasos del gigante amarillo, sus avances económicos, la evolución de sus datos no sin cierto temor, y su sorprendente modernización, el presidente de China se reúne con la cúpula del Politburó, el Comité Central del Partido Comunista chino. Qué enorme contraste. La modernización económica de un lado y la institución política más rancia de otro. ¿Y para qué? Para hablar de futuro y de libertad. Abróchense los cinturones.

La paz del Pacífico

En la última reunión de la alianza de cooperación económica de Asia-Pacífico (APEC) ya se habló de libre comercio y de reforzar tratados, uniones, intercambios. Hay que recordar que Estados Unidos es, desde el año 2005, el principal impulsor del TPP (Trans Pacific Partnership), una alianza de países muy relevantes de la orilla del Pacífico, y que excluye notablemente a China, mientras que incluye a Australia, Brunei Darussalam, Canada, Chile, Japón, Malasia, Méjico, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y Estados Unidos, por supuesto. Mientras tanto, China apoya un tratado comercial Asia-Pacífico más omnicomprensivo, el Free Trade Area of the Asia Pacific (FTAAP), en el que China, obviamente, tendría un papel muy relevante y Rusia también.

Los intentos no siempre velados de Estados Unidos de seguir ostentando el papel de “pacificador del Pacífico” que se ganó a pulso tras los dos conflictos armados mundiales del siglo pasado chocan en esta suerte de “guerra de titanes” con la emergencia del liderazgo chino, acelerado e impulsado en parte por la crisis del 2007 y las recesiones nacionales posteriores a la misma, aún en vía de ser superadas.

Para países como Méjico, Chile o el mismo Estados Unidos, con Europa de capa caída, digan lo que digan nuestros líderes locales en plena campaña electoral, el libre comercio en la zona del pacífico supone una manera de aliviar la tendencia negativa de los mercados, y dar salida a su potencial. De esta manera, se podría compensar la incertidumbre que aún invade el panorama en el Viejo Continente.

Pero ¿cuál es el caballo ganador? ¿Es mejor una alianza con China o sin China pero con Japón? Como siempre, el foco principal apunta a la protagonista de todas las batallas económicos: la confianza.

La libertad “con características chinas”

Igual que se preguntaba el grupo estadounidense Supertramp en su álbum de 1975, Crisis, what crisis? Me pregunto de qué libertad habla Xi Jinping ante la cúpula del único partido político admitido en China, el comunista, con el historial de atentados a la libertad individual, social, económica, política, civil y de todos los tipos imaginables con que cuenta.

No hay que olvidar que para las autoridades chinas los derechos humanos y la libertad están por debajo de los “Cuatro Puntos Cardinales” que incluyen el camino socialista, la dictadura democrática del pueblo (¿suena a PODEMOS?), el liderazgo del Partido Comunista de China, y el pensamiento de Mao y el marxismo-leninismo. Y todo lo que respete esos principios es libremente admitido. ¡Menuda libertad!

Así que cuando leo las declaraciones de Xi Jinping ante la cúpula de su partido hablar de reforzar el libre comercio, de impulsar el liderazgo de China en la economía mundial y de la necesidad de tener más presencia internacional “para inyectar más elementos chinos en las normas internacionales” se me hiela la sangre. Las políticas intervencionistas japonesas son juegos de niños comparado con lo que Xi puede hacer, tanto para abrir como para cerrar la economía china. Y esa es la diferencia: la arbitrariedad.

La interdependencia con China

Mientras que en Chile, México, Estados Unidos o Japón, podemos esperar que un mal presidente arruine la economía, todos asumimos que hay unos frenos, funcionen estos mejor o peor, a la locura política. Por el contrario, China vive en un sistema político en el que la arbitrariedad es la norma, es decir, la regla es que se pueden cambiar las reglas lo radicalmente que se quiera en mitad del juego. Y no pasa nada.

El dilema es ¿qué es mejor para el equilibrio político-económico mundial? ¿Los tratados internacionales pueden servir como freno al todopoderoso Partido Comunista Chino? ¿O, por el contrario, estos tratados suponen un peligro para los países occidentales porque implica hacer depender sus economías de un socio no muy fiable?

Porque, más allá del beneficio económico inmediato, por más que la libertad económica china sea un remedio a la estrechez presente, hay que tener presente el famoso dicho “quien con niños se acuesta, mojado se levanta”.

Desigualdad lacerante

Oxfam es un buen ejemplo de pensamiento único, porque combina un análisis superficial con una fuerte carga moralizante. Véase este párrafo de un reciente informe:

La fortuna de las 85 personas más ricas del mundo es equivalente a la de la mitad más pobre del planeta. La brecha entre ricos y pobres se ha disparado estos últimos años. Es una amenaza para reducir la pobreza pero también para construir sociedades más cohesionadas, democráticas y justas. Es hora de cambiar unas reglas del juego que ahora están diseñadas a favor de unos pocos. Es hora de que hablemos de desigualdad.

La principal deficiencia analítica es la sugerencia de que desigualdad y pobreza están relacionadas. No se trata sólo de que hay personas muy ricas sino que su riqueza es comparada con la de quienes no son acaudalados, como si ambos fenómenos estuviesen relacionados, cuando no tienen por qué guardar entre sí vinculación alguna, salvo que se demuestre realmente lo que este párrafo sugiere, es decir: que los ricos son tan ricos porque los pobres son tantos y tan pobres.

Dirá usted: qué disparate de planteamiento. Pero es lo que dice Oxfam para cualquiera que lea: se trata de una "brecha", que "amenaza" la reducción de la pobreza, y nada menos que la democracia y la justicia. Se trata de unas “reglas” pensadas para “unos pocos”. Nada de esto se sostiene, pero se repite sin cesar, igual que sin cesar las jeremiadas contra la desigualdad excluyen la enorme desigualdad que en el último siglo se ha abierto entre la riqueza del Estado y la de sus súbditos. 

No abundaré hoy en el informe de Oxfam, ya criticado por Juan Ramón Rallo en Voz Pópuli (puede verse también su análisis sobre el informe de Cáritas en Libertad Digital). Pero me interesa subrayar una de las fuerzas más importantes del pensamiento único: su impacto en el periodismo. La combinación de análisis insuficiente y ostentación moralizante puede tener efectos devastadores si los periodistas que lo recogen carecen de espíritu crítico y, como suele suceder con Oxfam, están dispuestos a aceptar como verdad revelada todas sus argumentaciones.

El modo en el que El Periódico se hizo eco de dicho informe es ilustrativo de esa actitud acrítica y ditirámbica. Con una llamada en portada que denuncia "España, fábrica de desigualdad", que ya nos invita a pensar en una siniestra conspiración de algunos que se dedican realmente a fabricar esa cosa tan mala, Agustí Sala llena dos páginas del diario con gran entusiasmo y ni un solo matiz ni cuestionamiento. Los ricos, así, no sólo tienen riqueza sino que la acaparan. El lector sólo puede concluir que es imprescindible una intervención pública mayor para redistribuir y luchar contra la desigualdad. Y todo para bien, sólo para bien en todos los sentidos:

El informe destaca que la desigualdad no es un mal necesario para el progreso, como se sostiene desde algunos ámbitos, sino una traba.

Ni un matiz sobre la lógica aparentemente impecable que fuerza la conclusión de que es imprescindible subir los impuestos. No puede haber objeción alguna, y menos cuando dicha conclusión viene avalada por el peso de la moral. Después de todo, queda claro, como señala un recuadro, que los datos de Oxfam no sólo son indiscutiblemente ciertos sino además "lacerantes".

Podemos: amor y odio hacia la deuda

Deuda es igual a crédito. Son dos caras de la misma moneda. Quien proporciona financiación otorga crédito y quien la recibe asume una deuda. Acaso la diferencia entre ambas es que crédito suena bien y deuda, en cambio, suena bastante mal: pero son el lado activo y pasivo de una misma y exacta operación.

Conviene aclarar este abecé financiero antes de reflexionar brevemente sobre la complicada relación que guarda el documento económico de Podemos con la deuda y el crédito. No en vano, desde muy diversos ámbitos de este país –no sólo desde Podemos– se ha considerado el "exceso de deuda" y "la carestía de crédito" como las dos grandes lacras de nuestra economía, cuando una es antagónica de la otra: si hay exceso de deuda, entonces no hay carestía de crédito (podrá haberla de nuevo crédito, pero no de crédito histórico), y si hay carestía de crédito, entonces no puede haber exceso de deuda. Sucede que, con Podemos, la esquizofrenia entre el reproche contra el sobreendeudamiento y el éxtasis del libre acceso al crédito ha llegado a su máxima expresión hasta la fecha.

De entrada, Podemos deplora que la deuda pública haya aumentado en más de 600.000 millones desde el año 2007 y lamenta, al mismo tiempo, que el crédito privado (la deuda privada) se haya reducido en ese mismo período en más de 170.000 millones (página 25): es decir, Podemos considera negativo tanto el apalancamiento (público) como el desapalancamiento (privado). Por supuesto, uno podría atribuirles cierta preferencia por la financiación al sector privado por encima de la concedida al sector público, pero más adelante nos encontramos en ese mismo documento con que no es posible "salir de la situación actual en la que se encuentra la economía española sin reducir la deuda [privada]" (página 26): es decir, por un lado se reprocha que la deuda privada se haya reducido en 170.000 millones y, por otro, que la deuda privada sea demasiado alta y no se esté reduciendo. De hecho, por si quedaran dudas, el documento económico remarca que nuestras dificultades proceden del exceso (que no del defecto) de crédito/deuda: "El problema de la deuda pública y privada es el más importante que tiene la economía española, tanto por su propia magnitud como por sus efectos sobre el comportamiento de las familias, las empresas, los bancos y el sector público" (página 56).

Tan grave les parece el problema del endeudamiento que hablan abiertamente de la posibilidad de plantear una quita que minore la deuda privada: "Reestructuración o quita de la deuda familiar en condiciones que proporcionen la mayor estabilidad posible al sistema y restituya el daño recibido por las familias en años anteriores" (página 47). Razonen conmigo: uno de los síntomas de la desastrosa evolución de la economía española durante los últimos siete años es que la deuda privada se ha reducido en 170.000 millones de euros en lugar de haber seguido aumentando, pero nuestro mayor problema actual es el sobreendeudamiento privado, el cual deberá ser solventado con una quita que reduzca ampliamente la deuda privada.

Mas lo relevante de las propuestas de Podemos no es sólo qué hacer para paliar la actual situación de sobreendeudamiento (o infraendeudamiento, según se mire), sino qué hacer para evitar su repetición. En este sentido, Podemos tiene muy claro que una de las causas de la crisis es la sobreexpansión del crédito privado: "La gran expansión de la economía española anterior a la crisis fue el resultado de un gigantesco endeudamiento, del desarrollo extraordinario del negocio bancario que consiste en generar deuda" (página 28); y en esa misma página nos informan de que la causa profunda de ese sobreendeudamiento cabe buscarla en que el tratamiento fiscal al crédito "hacía que a las empresas y familias les resultase más barato endeudarse que autofinanciarse". Es decir, el excesivo crédito vino de los tipos de interés demasiado bajos. ¿Solución propuesta por Podemos? Conseguir que el crédito se vuelva todavía más accesible y más barato de lo que lo es en la actualidad: Podemos quiere "consagrar" en la Constitución el derecho al crédito "y a la financiación a la economía como un servicio público esencial, obligando a que su disposición necesariamente responda al interés general" (página 42); es decir, quiere evitar que el excesivo poder de la banca en la provisión del crédito condene a que "las empresas productivas y los consumidores tengan que soportar en España costes asociados al crédito mayores que en otros lugares de Europa" (página 41).

En suma: el documento económico de Podemos es un batiburrillo ideológico por lo que se refiere al crédito. Por un lado, diagnostican –con razón– que el germen de nuestros problemas actuales cabe localizarlo en la oferta excesiva de crédito artificialmente abaratado; por otro, deploran que actualmente el sector privado haya pasado a reducir su endeudamiento y reclaman consagrar un derecho constitucional al crédito barato. Dado que los economistas de Podemos se niegan a reconocer que nuestro problema actual es causado por un modelo productivo desestructurado y no por la falta de consumo, sólo saben huir hacia adelante: reclamar mucho más gasto financiado, claro está, con más deuda. El mismo modelo burbujístico de siempre, pero apadrinado explícitamente ahora por la extrema izquierda.