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Epístola de Pedro Sánchez a sus creyentes

Pedro Sánchez retoma el género epistolar (aquí), pero ya no escribe enamorado a la ciudadanía sino que se dirige en exclusiva a los militantes y creyentes del PSOE, sus queridos compañeros y compañeras progresistas y feministas, que están decepcionados, dolidos, indignados, desconcertados, tristes. Pobres: ellos y ellas son gente buena a quienes les repugna la falta de ejemplaridad y el machismo; son víctimas dolientes en estos difíciles momentos y no son responsables de nada. “Contad conmigo. Yo cuento con vosotros.” Y les cuenta un cuento para que se duerman y sueñen tranquilos y felices.

Asegura que el PSOE es un partido decente, comprometido con el interés general y moralmente superior, porque no están a salvo de la infamia de la corrupción pero reaccionan contundentemente ante ella. O al menos reaccionan cuando la corrupción es pública e innegable, después de haberla negado consistentemente, después de haber puesto la mano en el fuego por los corruptos, después de haber denunciado que eran víctimas de campañas de acoso y linchamiento, después de haber insultado y despreciado a los periodistas que informaron sobre ella, la fábrica de bulos y fango de la fachosfera.

Insiste en que su gobierno es legítimo y critica a la oposición por intentar derribarlo al precio que sea, una derecha malvada que al parecer no tiene proyecto político de país y solo quiere destruir y no construir. Denuncia que se enfrentan a una operación de demolición moral, por procedimientos que conllevan más peligro para la democracia que aquello que pretenden combatir.

No menciona cómo compró votos para gobernar al precio que sea, a cambio de amnistías y pactos con independentistas y herederos de terroristas que antes aseguró que nunca haría. Él no miente, ni falta a su palabra, ni incumple compromisos, solo cambia de opinión.

Tras sus constantes ataques a los jueces y a la prensa tiene la desvergüenza, natural en él, de afirmar que con su gobierno las instituciones funcionan, el poder ejecutivo no interfiere en investigaciones que dependen del poder judicial, y la transparencia ha aumentado.

Alaba a los militantes del PSOE, quienes trabajan y colaboran día tras día para construir un país mejor y un mundo más justo, no como los militantes de otros partidos, que o no trabajan o lo hacen para conseguir un país peor y un mundo más injusto.

Dice que la ciudadanía del país es exigente, pero no les permite manifestar sus exigencias mediante la convocatoria de elecciones, no sea que se equivoquen y voten mal. Apela a la templanza y al debate sereno con quienes quieran sumarse a él para aportar y mejorar. Es tan razonable, tan sensato, tan abierto al diálogo y la reflexión: a todo, menos a permitir que los ciudadanos se expresen mediante el voto, que ahora no toca, las elecciones son cada cuatro años y nunca se adelantan.

Asegura que no hay un sistema podrido cuya reforma haya que abordar políticamente: o no hay podredumbre, o la que hay no es un asunto político aunque implique a ministros, secretarios de organización del PSOE y familiares del presidente del gobierno.

Defiende que la corrupción se combate con mejores medios y las herramientas adecuadas, mientras se niega a dar más medios a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil e insiste en el control político de una fiscalía a la que quiere dar más poder porque… ¿la fiscalía, de quién depende?

Recuerda que la oposición tiene a su disposición una herramienta prevista en nuestro ordenamiento, la moción de censura. Por algún motivo no menciona que él tiene otra, la moción de confianza, quizás adecuada para estos momentos de agitación e incertidumbre.

No deja pasar la ocasión de mencionar a la ultraderecha que presuntamente odia, legitima la violencia y es incompatible con los valores fundamentales de la democracia, el progreso, los derechos y las libertades. No tiene ningún problema con la ultraizquierda en su gobierno, aunque en el pasado asegurara que le quitarían el sueño si gobernaran, porque ellos son todo amor, paz, sabiduría, progreso, derechos y libertades.

Recuerda lo mucho que han conseguido y lo que queda por conseguir con trabajo y políticas públicas justas, modernas y eficaces, de las cuales al parecer solo ellos son capaces. Véase por ejemplo lo que han conseguido con la vivienda, y lo que les queda por conseguir. Tiene claro que merece la pena seguir luchando con la misma ilusión y ganas que el primer día: esta vez no necesita tomarse unos días de reflexión. Él no ha venido a ocupar un sillón, pero lo ocupa y se aferra a él para mejorar la vida de la gente, esa gente cuyo voto actual le conviene no conocer.

No perdamos la perspectiva: no prestemos tanta atención a la corrupción, distraigamos al público con otras cosas. Es momento de coherencia, de claridad y de orgullo. Y de ilusión, de mucha ilusión: del concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. Pedro Sánchez es un maestro de la ilusión.

Pide perdón y no dimite, en contra del Pedro Sánchez de hace años cuando estaba en la oposición, esa persona diferente que aseguraba que en política no se pide perdón sino que se dimite.

León XIV y Rerum novarum: de la revolución industrial a la era digital (II)

En la anterior entrega estuvimos analizando algunas de las cuestiones fundamentales de las que se ocupaba la famosa encíclica del papa León XIII –Rerum Novarum– y ello por cuanto recientemente elegido papa, manifestó que una de las razones por las que eligió el de León, como nombre papal, fue precisamente por la forma en la que la citada encíclica “abordaba la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial, y hoy la Iglesia ofrece a todos el tesoro de su doctrina social en respuesta a otra revolución industrial y a los avances de la inteligencia artificial que plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo”.

Así, en nuestro artículo comentábamos la visión de León XIII sobre cuestiones como el derecho de propiedad, su relación con la justicia y su necesidad social, y las razones por las que en criticaba el socialismo.

En la actual entrega vamos a rematar los comentarios de dicha encíclica hablando de lo que en la misma se expone sobre el Estado y su participación en la vida social para, en un último artículo hacer una referencia a otra de las encíclicas del citado papa, Libertas Praestantissimum, sobre la libertad y el liberalismo y tratar de analizar la aplicación de esos principios a la realidad actual, a fin de tratar de adivinar las líneas fuerza que en el orden político, social y económico, pueda tener el nuevo pontificado; un pontificado que, por la edad del elegido, se presume largo.

1.  El Estado y las autoridades políticas

A.   La necesidad de la autoridad política

A pesar de la crítica que hace el papa en Rerum Novarum al socialismo, y a la que ya nos referimos el mes pasado, en el pensamiento de León XIII está claro que no puede prescindirse del Estado y de las autoridades políticas, tal y como se deduce tanto de Rerum Novarum como de otros de sus escritos.

En efecto, en otra de sus encíclicas, Immortale Dei, de 1885, el papa León recuerda, en su punto 2, que “el hombre está ordenado por la Naturaleza a vivir en comunidad política”, dado que “no puede procurarse en la soledad todo aquello que la necesidad y la utilidad de la vida corporal exigen, como tampoco lo conducente a la perfección de su espíritu. Por esto la providencia de Dios ha dispuesto que el hombre nazca inclinado a la unión y asociación con sus semejantes, tanto doméstica como civil, la cual es la única que puede proporcionarle la perfecta suficiencia de vida”.  Eso sí, también señala que “ninguna sociedad puede conservarse sin un jefe supremo que mueva a todos y cada uno con un mismo impulso eficaz, encaminado al bien común. Por consiguiente, es necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija” y que “surge y deriva de la Naturaleza y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor”, un poder que “debe ser justo, no despótico, sino paterno, porque el poder justísimo que Dios tiene sobre los hombres está unido a su bondad de Padre. Pero, además, el poder ha de ejercitarse en provecho de los ciudadanos, porque la única razón legitimadora del poder es precisamente asegurar el bienestar público”.

B.   La persona es anterior a la comunidad política

Debemos también recordar algunos de los principios que ya apuntábamos en el artículo anterior referido a este tema. Y es que, para analizar ese papel que León XIII reservaba al Estado en la vida social hay que empezar recordando que, en el punto 6 de Rerum Novarum, deja claro que el hombre es anterior a la “república”, y “consiguientemente debió tener por naturaleza, antes de que se constituyera comunidad política alguna, el derecho de velar por su vida y por su cuerpo”, una declaración de principios muy relevante con la que establece una clara escala para valorar y juzgar el papel del individuo frente a la organización política. Así, “el que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada”, como ya indicamos en la entrega anterior, habiendo dado Dios “la tierra en común al género humano no porque quisiera que su posesión fuera indivisible para todos, sino porque no asignó a nadie la parte que habría de poseer, dejando la delimitación de las posesiones privadas a la industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos”. Así, en el punto 8, destaca, como ya indicamos en el artículo anterior, que, analizando la cuestión desde la naturaleza humana, uno se da cuenta de que “en la ley de la misma naturaleza [se encontró] el fundamento de la división de los bienes y consagró, en la práctica de los siglos, la propiedad privada como la más conforme con la naturaleza del hombre y con la pacífica y tranquila convivencia”, de forma que “las leyes civiles, que, cuando son justas, deducen su vigor de esa misma ley natural, confirma y amparan incluso con la fuerza este derecho de que hablamos. Y lo mismo sancionó la autoridad de las leyes divinas, que prohíben gravísimamente hasta el deseo de lo ajeno” al afirmar las Escrituras que “no desearás la mujer de tu prójimo; ni la casa, ni el campo, ni la esclava, ni el buey, ni el asno, ni nada de lo que es suyo”.

C.   La autoridad pública y la familia

Y no es sólo que la autoridad pública deba respetar el derecho de propiedad, sino que tampoco puede penetrar “a su arbitrio hasta la intimidad de los hogares” (punto 10 de Rerum Novarum), siendo la familia o sociedad doméstica, una “verdadera sociedad y más antigua que cualquier otra, la cual es de absoluta necesidad que tenga unos derechos y deberes propios, totalmente independientes de la potestad civil”, de forma que “es necesario que ese derecho de dominio atribuido por la naturaleza a cada persona (…) sea trasferido al hombre en cuanto cabeza de la familia; más aún, ese derecho es tanto más firme cuanto la persona abarca más en la sociedad doméstica” (punto 9).

A la vista de lo anterior, a nadie debe extrañar que, varios puntos más adelante, concretamente en el punto 26 de Rerum Novarum, León XIII advierta que, “no es justo, según hemos dicho, que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el Estado; lo justo es dejar a cada uno la facultad para obrar con libertad hasta donde sea posible, sin daño del bien común y sin injuria para nadie”, razón por la que, en el punto 33 de la misma encíclica, también se señale que la propiedad privada no puede “ser absorbida por la dureza de los tributos e impuestos”, de forma que “el derecho de poseer bienes en privado no ha sido dado por la ley, sino por la naturaleza, y, por tanto, la autoridad pública no puede abolirlo, sino solamente moderar su uso y compaginarlo con el bien común”. Así, “procedería, por consiguiente, de una manera injusta e inhumana si exigiera de los bienes privados más de lo que es justo bajo razón de tributos”.

D.   Posibilidad de reacción frente a la autoridad pública

De hecho, en línea con todo lo anterior, en otra de sus encíclicas, Diuturnum Illud, de 1881, León XIII por un lado señala que “la necesidad obliga a que haya algunos que manden en toda reunión y comunidad de hombres, para que la sociedad, destituida de principio o cabeza rectora, no desparezca y se vea privada de alcanzar el fin para el que nació y fue constituida” (punto 3), para recordar también una causa que tiene el hombre para no obedecer (punto 8), “cuando se le exige algo que repugna al derecho natural o al derecho divino”, ya que si “los gobernantes rebasan el campo de su poder y pervierten la justicia”, no “puede valer su autoridad, porque su autoridad, sin la justicia, es nula”.

En igual sentido, se manifiesta también en el punto 9 de Rerum Novarum al señalar que: “siendo la familia lógica y realmente anterior a la sociedad civil, se sigue que sus derechos y deberes son también anteriores y más naturales. Pues si los ciudadanos, si las familias, hechos partícipes de la convivencia y sociedad humanas, encontraran en los poderes públicos perjuicio en vez de ayuda, un cercenamiento de sus derechos más bien que una tutela de los mismos, la sociedad sería, más que deseable, digna de repulsa”.

2.  Intervención de la autoridad pública en la sociedad; el principio de subsidiariedad

Como se ha dicho más arriba, el papa León XIII, sí le reserva cierto papel en la sociedad a la potestad civil. Concretamente en el punto 10 de su Rerum Novarum establece el principio general de dicha intervención: “Si una familia se encuentra eventualmente en una situación de extrema angustia y carente en absoluto de medios para salir de por sí de tal agobio, es justo que los poderes públicos la socorran con medios extraordinarios, porque cada familia es parte de la sociedad”. De igual forma, “si dentro del hogar se produjera una alteración grave de los derechos mutuos, la potestad civil deberá amparar el derecho de cada uno”, lo cual “no sería apropiarse de los derechos de los ciudadanos, sino protegerlos y afianzarlos con justa y debida tutela”.

Pero eso no significa, como pretenden algunos, tratar de igualar a todos los ciudadanos de una misma comunidad, ya que, como señala en el punto 13 de Rerum Novarum, “debe ser respetada la condición humana, que no se puede igualar en la sociedad civil lo alto con lo bajo. Los socialistas lo pretenden, es verdad, pero todo es vana tentativa contra la naturaleza de las cosas. Y hay por naturaleza entre los hombres muchas y grandes diferencias; no son iguales los talentos de todos, no la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia de estas cosas brota espontáneamente la diferencia de fortuna”.

Es decir, la potestad civil -el Estado- no sólo debe actuar orientado al bien común, sino que sólo debe intervenir en la vida de los particulares o de las familias cuando estos, por la razón que sea, son incapaces de solventar problemas graves de supervivencia o de vulneración de derechos mutuos, que es lo que se conoce como el principio de subsidiariedad, pieza clave en el planteamiento de la Doctrina Social de la Iglesia.

Y es que en la propia Rerum Novarum se establece la posibilidad/necesidad de que los propios individuos establezcan estructuras, a partir de la unión y de la cooperación, para solucionar los problemas de convivencia que puedan surgir entre ellos. Así, en el punto 34 de la citada encíclica, León XIII destaca, en lenguaje decimonónico, que “los mismos patronos y obreros pueden hacer mucho en esta cuestión, esto es, con esas instituciones mediante las cuales atender convenientemente a los necesitados y acercar más una clase a otra”. Así, en virtud de la propensión natural que impele al hombre -a la vista de sus cortas fuerzas humanas- a buscarse el apoyo de los demás, “igual que es llevado a constituir la sociedad civil, busca la formación de otras sociedades entre ciudadanos, pequeñas e imperfectas, es verdad, pero de todos modos, sociales” (punto 35). Sociedades contra las que no podrá actuar el poder político salvo que dichas sociedades vayan contra los fundamentos de dicha sociedad, “por ejemplo, si se pretendiera como finalidad algo que esté en clara oposición con la honradez, con la justicia o abiertamente dañe a la salud pública”.

Es más, en el punto 22 de la encíclica se critica el intento, de los poderes públicos, de suplantar la beneficencia de otras organizaciones, como es la Iglesia, “en cuyo lugar se ha pretendido poner la beneficencia establecida por las leyes civiles. Pero no se encontrarán recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás”.

Aun así, el papa Leon XIII reconoce que pueden existir situaciones en las que los individuos, las familias, o las organizaciones civiles intermedias no lleguen para solucionar los problemas sociales serios apuntados más arriba, recogiendo, en Rerum Novarum, algunos aspectos en los que ese poder civil tiene que estar especialmente vigilante y que en parte derivan de su propia naturaleza y del papel que a la autoridad se le asigna, como “jefe supremo que mueva a todos y cada uno con un mismo impulso eficaz, encaminado al bien común”, como decíamos antes, y que son, entre otros:

  • En primer lugar, los que gobiernan “deben cooperar, primeramente y en términos generales, con toda la fuerza de las leyes e instituciones, esto es, haciendo que de la ordenación y administración misma del Estado brote espontáneamente la prosperidad tanto de la sociedad como de los individuos, ya que este es el cometido de la política y el deber inexcusable de los gobernantes” (punto 23), pero destacando que “lo que más contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias, la observancia de la religión y de la justicia, las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos industriales y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta índole, si quedan, los cuales, cuanto con mayor afán sean impulsados, tanto mejor y más felizmente permitirán vivir a los ciudadanos”.
  • En línea con lo anterior, y con lo que se decía más arriba, considera el papa en su encíclica que uno de los puntos de mayor importancia es la obligación del poder público de “asegurar las posesiones privadas con el imperio y fuerza de las leyes” (punto 28)
  • Debe velar por la situación y bienestar de los más necesitados, pero “en virtud del mejor derecho y sin la más leve sospecha de injerencia, ya que el Estado debe velar por el bien común como propia misión suya” (punto 23). Así, en el punto 27 establece también como obligación del poder político que “los derechos, sean de quien fueren, habrán de respetarse inviolablemente; y para que cada uno disfrute del suyo deberá proveer el poder civil, impidiendo y castigando las injurias. Sólo que en la protección de los derechos individuales se habrá de mirar principalmente por los más débiles y los pobres”, dado que “la gente rica, protegida por sus propios recursos, necesita menos de la tutela pública”.
  • Debe coadyuvar facilitando las estructuras para que “todos los ciudadanos”, sin excepción alguna, contribuyan “a la totalidad del bien común”, eso sí, reconociendo que “no todos, sin embargo, pueden aportar lo mismo ni en igual cantidad” (punto 25).
  • Por otra parte, “interesa a la salud pública cuanto a la privada que las cosas estén en paz y en orden; e igualmente que la totalidad del orden doméstico se rija conforme a los mandatos de Dios y a los preceptos de la naturaleza; que se respete y practique la religión; que florezca la integridad de las costumbres privadas y públicas; que se mantenga inviolada la justicia y que no atente impunemente unos contra otros; que los ciudadanos crezcan robustos y aptos, si fuera preciso, para ayudar y defender a la patria” (punto 26).
  • En el punto 29, también hace referencia a la necesidad de que el poder político se anticipe “con la autoridad de las leyes”, para “impedir que pueda brotar el mal, removiendo a tiempo las causas de donde parezca que habría de surgir el conflicto entre patronos y obreros”.

Este último punto, el de la relación entre patronos y obreros es especialmente importante en la visión del papa León XIII, y de toda la Doctrina Social de la Iglesia, dado la importancia relativa que le da al salario “libremente” acordado entre las partes, y los mecanismos que establece para su corrección cuando con él no se garantizan unos mínimos para el obrero. Ni que decir tiene que es una cuestión de importante debate para los liberales. Por eso la dejamos para la próxima entrega, en la que completaremos lo señalado en Rerum Novarum con la crítica que el papa León hace a la libertad y al liberalismo en su Libertas Praestantissimum, tal y como indicamos al principio.

Serie sobre León XIV y Rerum novarum

El Instituto Juan de Mariana recibe el Premio Libertas 2025 por su defensa de la libertad 

El Instituto Juan de Mariana ha sido galardonado con el Premio Libertas 2025 en la categoría nacional “España”, un reconocimiento otorgado por la asociación Sociedad Civil en el marco de una ceremonia de gala celebrada el pasado 29 de mayo en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. El galardón reconoce la trayectoria del Instituto como uno de los principales foros de pensamiento liberal en el ámbito hispano.

Manuel Llamas, director del Instituto Juan de Mariana, recogió el Premio y afirmó que “es todo un honor recibir este reconocimiento en defensa de las ideas de la libertad, a las que llevamos 20 años dedicados con firmeza”. Durante su intervención, Llamas advirtió sobre los desafíos a los que se enfrenta la libertad en el mundo actual, subrayando que “vivimos un retroceso preocupante de derechos individuales, fruto del auge del populismo, el estatismo y el llamado “wokismo”, que cercenan principios básicos como la libertad económica, la libertad de expresión y la igualdad ante la ley”. En contraste con estas amenazas, el director del Instituto se mostró optimista de cara al futuro, recalcando que “estamos viendo un renacimiento liberal, que se erige como alternativa al paradigma intervencionista y estatalista. El liberalismo vuelve a resonar con fuerza y está ganando la batalla cultural”.

El Premio Libertas, que en esta edición también ha distinguido al Club La Nueva España, al Instituto Bances y Valdés, a la asociación The Legacy y a la Unidad Militar de Emergencias, busca reconocer a personas e instituciones comprometidas con la libertad, el conocimiento y la responsabilidad cívica.

Fundado en 2005, el Instituto Juan de Mariana es una organización independiente dedicada a la investigación, divulgación y defensa de los principios del liberalismo clásico. A lo largo de dos décadas, ha contribuido al debate público mediante publicaciones, conferencias, análisis económicos y una red internacional de colaboradores comprometidos con la libertad individual, la propiedad privada, el libre mercado y el Estado de Derecho.

De nuevo, Mises no comprendió a Menger (VI): el valor de cambio

En el artículo de hoy nos vamos a desviar de la temática central de esta serie que estaba destinada a analizar la cardinalidad de Menger vs. la ordinalidad de Mises, y vamos a hablar del diferente enfoque que realizan Menger y Mises sobre el valor de cambio.

De nuevo, quiero resaltar que para bien o para mal las diferencias son significativas.  Y aunque no lo pareciera en principio, hay que tener presente que siendo la teoría del valor la base de toda teoría económica, cualquier error o imprecisión por pequeña que sea se puede transmitir y magnificar a lo largo de la teoría y acabar teniendo graves repercusiones.

Ambos autores afirman que la distinción entre valor de uso y valor de cambio no es  esencial. Mises llega a afirmar que es una distinción ya innecesaria. Para Menger son dos manifestaciones del mismo fenómeno, pero sí considera pertinente mantener esta distinción para que su teoría pueda explicar mejor la realidad.

Para Menger el valor de cambio existe cuando el sujeto valora un bien para satisfacer una necesidad de manera indirecta. Lo intercambiará por otros bienes hasta llegar por fin al bien que satisfará una necesidad directa. Mientras que el valor de uso existe cuando el sujeto valora un bien para satisfacer una necesidad de manera directa: Para usarlo o consumirlo.

Aquí es importante distinguir entre utilidad y valor de uso porque los bienes que sólo tienen valor de cambio son útiles sin ninguna duda, pues satisfacen la necesidad de intercambiar, pero al tratarse el intercambio de una necesidad indirecta, no estaríamos hablando de valor de uso sino precisamente de valor de cambio. No porque algo sea útil podemos decir automáticamente que tiene valor de uso. De ser así nos cargaríamos la distinción entre valor de uso y valor de cambio, cosa que en ningún momento quiere hacer Menger.  

Este pasaje de Mises del capítulo VII de la Teoría de la Moneda y el Crédito ilustra la diferencia importante entre Mises y Menger (las citas son traducciones de la versión original en alemán, donde utiliza el término “Ware” que es mercancía, y no “artículo” o “bien” como hace la traducción española):

Por lo que se refiere al valor de uso de una mercancía, no importa si esta mercancía tiene también valor de cambio o no, pero para que el dinero tenga valor de uso es esencial que tenga valor de cambio. […] No hay razón para entrar a discutir este punto, especialmente desde que la distinción entre valor de uso y valor de cambio no tiene ya en la teoría del valor la importancia que solía tener.

Esta gran diferencia entre Menger y Mises sobre las mercancías ya la analizamos exhaustivamente en nuestra serie anterior. Aquí lo importante es que Menger zanja muy claramente este asunto sin ningún tipo de balbuceo, pues en su teoría ninguna mercancía tiene valor de uso, y el dinero es una mercancía más. Continuamos con Mises:

Lo que más nos interesa es demostrar que la función de la economía en lo que se refiere al valor del dinero es más importante que la que tiene en el tratamiento del valor de las demás mercancías. Cuando explica el valor de las mercancías, la teoría de la mercancía [WarenKunde] puede y debe limitarse a considerar como dado el valor de uso subjetivo, dejando la investigación de sus orígenes al psicólogo;
[…]
Al revés que las mercancías, el dinero nunca puede usarse a menos que posea un objetivo valor de cambio o poder de compra. El valor subjetivo del dinero depende siempre del valor subjetivo de los otros bienes económicos que pueden obtenerse a cambio de él. 

Mises, por el contrario, juega con la posibilidad del “valor de uso” del dinero para luego descartarlo, pero no parece caer en la cuenta de que, independientemente de que su valor sea de cambio, el dinero es útil y por tanto sí qué puede “usarse” aunque no tenga valor de uso, pues satisface la necesidad de intercambiar, de ahí precisamente el concepto de valor de cambio, porque satisface la necesidad de intercambio.

En el marco teórico de Menger la utilidad de las mercancías es la misma que la del dinero, el intercambio.  Por tanto, su teoría del dinero es una continuación de la teoría de la mercancía, mientras que en Mises habría una especie de bifurcación. 

Precisamente por tratar de manera distinta a Menger los conceptos de mercancía, valor de cambio, valor de uso y utilidad, Mises se mete innecesariamente en un problema circular al establecer que el valor del dinero es su poder adquisitivo, y por ello necesita recurrir a su teorema de regresión para deshacer esa circularidad.

Menger se quejaba amargamente de la manera confusa en que la ciencia económica empleaba los términos “utilidad” y “valor de uso”. No se le hizo mucho caso en su época, ni tampoco se lo hizo Mises ochenta años después cuando escribió La Acción Humana, donde podemos corroborar el distinto empleo que hace Mises de esta misma terminología:

Para la praxeología, el término utilidad equivale a la importancia atribuida a cierta cosa en razón a su supuesta capacidad para suprimir determinada incomodidad humana.

El concepto praxeológico de utilidad (valor de uso subjetivo, según la terminología de los primitivos economistas de la Escuela Austríaca) debe diferenciarse claramente del concepto técnico de utilidad (valor de uso objetivo, como decían los mismos economistas). El valor de uso en sentido objetivo es la relación existente entre una cosa y el efecto que la misma puede producir.

Resulta profundamente contradictorio, por cierto, que en la primera cita que hemos expuesto Mises afirme que es innecesario discutir la distinción entre valor de uso y valor de cambio del dinero —una distinción que, según él, habría quedado superada—, cuando en realidad dicha diferenciación es absolutamente esencial para la formulación misma de su teorema de regresión.  El teorema no sólo presupone esa distinción, sino que carecería por completo de sentido sin ella: no podría articularse ni tendría razón de ser alguna si no se diferenciara entre valor de uso y valor de cambio.

En Menger, el valor del dinero se explica como el de cualquier otro intermediario, y mirando al futuro. Por eso define al dinero como el “intermediario general de los intercambios”. El intercambio en sí mismo aporta valor, pues valoramos más lo que recibimos que lo que entregamos. Por tanto, el valor de un intermediario depende del valor que se estime que aportarán en el futuro los intercambios que el intermediario posibilitará o ayudará a facilitar. Y la capacidad de intermediar intercambios depende, a su vez, de las características intrínsecas de la cosa para facilitarlos, de su intercambiabilidad (divisible, portable, fungible, verificable, difícil de falsificar, etc).

Para Menger el poder adquisitivo es una consecuencia del valor de cambio, no su definición. Mises, por el contrario, explica el valor de cambio como el valor de uso subjetivo de los bienes que se pueden obtener a cambio.  Esto ya es una definición circular en sí misma, porque explica el valor de cambio por su consecuencia, no por su causa. Presupone el valor de cambio en lugar de explicarlo. Y es que el valor de cambio de una mercancía bien puede llegar a estar constituido únicamente por los servicios que dicha mercancía presta como intermediario del intercambio, como él mismo llega a reconocer para el caso del dinero que circula sin tener ya ningún valor de uso. Y son esos servicios los que llevan al mercado a valorar esa mercancía. Y una vez tiene valor por esos servicios o potenciales servicios, llega entonces la consecuencia de su capacidad de ser intercambiada por otros bienes.

Serie De nuevo, Mises no comprendió a Menger

(I) Ordinal vs. cardinal

(II) Tampoco Hayek

(III) Unidad de medida

(IV) La escala de Mohs

(V) La escasez

Serie Mises no comprendió a Menger

IIIIIIIV

La locura de la insostenible balanza fiscal norteamericana

En 2024 EEUU registró un déficit público del 6.4% del PIB, y las estimaciones para los ejercicios venideros de la Administración Trump no bajan del 7% del PIB de media anual. Estos escenarios, además, no contemplan la posibilidad de una nueva recesión a lo largo de los próximos años lo cual, como es de esperar, solo contribuiría a empeorar dichas estimaciones. Sin embargo, e incluso si ninguna nueva recesión se cruza en el camino de EEUU a lo largo de los próximos ejercicios, es difícil pensar como con tales niveles de déficit y una deuda pública que ya supera el 120% del PIB, el gigante norteamericano puede evitar tener algún serio problema presupuestario a lo largo de dicho periodo.

Aunque, si bien es cierto, es muy normal que los gobiernos eviten el impago de deuda a través de impagos parciales por la presión inflacionaria, una recesión severa con dichos niveles de deuda y déficit podrían convertir el impago de deuda pública en un escenario más que posible.

El nuevo One Big Beautiful Bill Act de la Administración de Trump no solo mantiene los recortes de impuestos de su primera legislatura – a la par que amplia muchos de ellos-, sino que además previene la disminución de gasto público relevante, contribuyendo a incrementar el ya mencionado déficit público. Si hay algo que la Administración Trump ha demostrado es que la Curva de Laffer no funciona para ellos, llevando a su política fiscal a ser una auténtica bomba de deuda pública. Muestra de ello es que la Congressional Budget Office (CBO) haya estimado un incremento de la deuda pública de $2.4 trillion a lo largo de los próximos 10 años.

Sin embargo, si hay algo realmente increíble con respecto a todo esto es el poco peso que tiene este tema en el discurso público y, sobre todo, la poca importancia que le dan los ciudadanos norteamericanos a la hora de votar. Desde la Administración Clinton, ningún presidente del gobierno de EEUU ha logrado equilibrar la balanza fiscal, y tanto Republicanos como Demócratas han confiado en la fortaleza de la economía americana y la posición del dólar como divisa de reserva global para disparar por las nubes los niveles de déficit y deuda públicos. Por lo tanto, ante cualquier recesión, la respuesta siempre ha sido una política fiscal contracíclica fuertemente expansiva, que luego nunca ha sido compensada fiscalmente en tiempos de bonanza. En un entorno de tipos cero a nadie le preocupaba el peso de la deuda sobre el PIB.

Si hay algo que ha cambiado desde entonces son los tipos de interés, es decir, el coste de la deuda, siendo los tipos de interés reales del bono a 10 años significativamente mayores a lo que han sido durante los últimos 15 años. La comparación es muy sencilla, ya que entre 2012 y 2021/22 el tipo del bono a 10 años en EEUU rondó cerca del 0%. Hoy, con unos tipos reales mucho más altos y un peso de la deuda de más del 120% del PIB, el coste de cumplir con esa deuda será mucho más doloroso que antes.

Las razones del incremento de los tipos reales -y la posibilidad de que sigan subiendo a futuro- son de sobra conocidas, entre ellas la creciente tensión geopolítica, el incremento del gasto militar a nivel global, una política económica cada vez más populista y la visión de los bancos centrales sobre las dinámicas económicas en el medio plazo. Además, dicho incremento de tipos puede verse exacerbado por la política comercial de Trump, conllevando además una posible pérdida de protagonismo del dólar a nivel mundial (relativa) en favor de China.

Si hay algo que no va a promover un entorno de tipos bajos son las múltiples políticas económicas de Trump (por mucho que a él le gustara poder controlarlos personalmente desde la Fed). La guerra arancelaria, las amenazas de mayores impuestos a la inversión extranjera y la progresiva destrucción del Estado de Derecho americano solo llevarán a una mayor inseguridad económica y unos mayores tipos reales, debido principalmente a una menor entrada de capital extranjero en el país. EEUU depende, por lo tanto, del crecimiento económico.

Mientras este exista podemos confiar en que se mantendrá la independencia de la Fed mientras que, en un escenario de elevada inflación y/o reducido crecimiento económico, podemos estar seguros de que la Administración Trump hará todo lo posible por influir en la política monetaria controlando la Fed por la puerta trasera. La continuidad de estos niveles de déficit y deuda explosivos solo garantizan una amplificación de la próxima crisis económica y un incremento de la tensión sociopolítica en EEUU, si es que cabe.

Ley Antitabaco: paternalismo y discurso ideológico

Hace escasos días el Gobierno volvía a mostrarse implacable en su capacidad de reinvención. Quizá para desviar la atención de sus corruptelas hacia temas más banales, fue el propio Ejecutivo quién decidió de nuevo sacar al cuadrilátero una de sus cruzadas morales particulares: la nueva Ley Antitabaco.

El texto definitivo sobre la ley será presentado en los próximos meses, pero ya conocemos ciertos aspectos de la misma. Por un lado, se introduce la prohibición de fumar en playas, terrazas, campus universitarios y vehículos de trabajo. Y por otro, la ciencia –de nuevo– como aval hipotecario del cajón de sastre en el que cabe todo lo que se quiera regular. La premisa habitual de que todo lo que se hace es por nuestro bien, por supuesto.

Por si esto no fuera suficiente, diversos medios han deslizado que la nueva ley podrá venir acompañada de una reconfiguración al alza de los impuestos al tabaco… no sea que aún quede algún fumador que no haya entendido la indirecta del Ministerio de Sanidad. Mientras tanto, y en relación con esto, ciudades como Milán ya han pisado a fondo en la cuestión liberticida y desde principios de este año, se ha prohibido fumar incluso en la calle.

Al Estado ya no le basta con decirnos cómo vivir, sino que ahora también necesita controlar el cuándo y el dónde… Pero no por autoritarismo, sino por salud. Una vez más, el poder político disfraza su hambre de control y expansión de bondad, y esta vez nos la entrega como salud pública. Con palabras como “bienestar”, “prevención”, o “colectivo”. Y como no podía ser de otra manera, los valedores del bien común y los derechos autoadquiridos aplauden una medida que, de nuevo, nos trata como niños incapaces.

El Estado terapeuta y la domesticación del individuo

Llegados a los niveles actuales de expansión, el Estado no necesita castigar directamente, sino que a través de propaganda y verborrea cientificista consigue una población dócil que avala cualquier medida liberticida si ésta viene envuelta en promesas como el bien común, bienestar social o salud pública.

El psiquiatra Thomas Szasz, explicó en su libro ‘El Estado Terapéutico’ cómo hemos pasado del Estado opresor al Estado terapeuta. Y este es el fundamento principal de este tipo de leyes: el poder ya no encarcela por romper las reglas, sino que ahora nos “previene”, nos “acompaña”, nos “orienta” y nos “corrige” de ser necesario. El paternalismo sirve como correa de transmisión para los delirios estatales, y si la población no obedece, analogía del padre sobreprotector mediante, lo hará a la fuerza.

Ya sea propia o ajena, con la excusa de la salud el Estado decide qué conductas son adecuadas para el ciudadano, el cual debe evitar todo aquello que opere fuera de los márgenes estatales. Los outsiders son ahora aquellos que quieran acompañar la cerveza con un cigarro en la terraza. Los nuevos extremistas son hoy los que pretenden fumarse un cigarro en el polideportivo tras la pachanga de los domingos.

Pero como toda medida liberticida, las contradicciones e incongruencias son infranqueables; ejemplo de ello es la reciente despenalización del consumo de drogas dentro del coche por tratarse de un espacio privado, pero a la par, se pretende castigar a quien tenga la ocurrencia de fumar esperando a su hijo frente al colegio… no vaya ser que ese niño vea algo que no debe.

Narrativas estéticas, ciencia selectiva

La hipocresía estatal no conoce límites. Por un lado, se nos dice que el tabaco es un problema de salud pública, pero por otro, no se prohíbe. El Estado recauda más de 8.500 millones de euros al año gracias a los impuestos derivados de la venta de tabaco. Pero es que además, y haciendo de nuevo gala de su hipocresía, se estima que el gasto sanitario derivado del tabaco oscila en torno a los 30.000 millones de euros anuales. No se entiende entonces por qué algo tan dañino, que consume tantos recursos públicos y que produce tanta preocupación entre los legisladores no se prohíbe directamente, como ya se hace con otro tipo de sustancias. A no ser, claro, que la intención sea otra.

Y ahí está el trasfondo de la cuestión: el discurso antitabaco no responde a un interés sanitario ni económico para el contribuyente. La nueva cruzada moral solamente responde a fines ideológicos, y, tras sus rigurosos estudios de impacto, parece que ya no caben los paquetes de cigarrillos. Una batalla por la estética, impuesta por los nuevos moralistas.

Fumar, al igual que se hace con la carne roja desde sectores ecologistas y feministas, se asocia a la masculinidad tóxica. Recordemos, por ejemplo, cuando hace tres años Sandrine Rousseau, diputada de Les Écologistes en Francia, ponía el asado y la barbacoa en el centro del debate, afirmando que «tenemos que cambiar nuestra mentalidad para que comer una costilla a la brasa deje de ser un símbolo de virilidad». Porque el empresario que se fuma el cigarro en la puerta de su negocio representa el neoliberalismo salvaje. En cambio, quien hace bandera de la autoaceptación y el hedonismo narcotizado, es presentado como un modelo a seguir porque vive desinhibido de las ataduras que esta vida capitalista y heteropatriarcal nos impone.

La libertad como anomalía

El Estado no señala por honestidad intelectual, sino que lo hace por conveniencia narrativa. Y de ello nace el corsé ideológico con el que se sujeta esta patraña. La ciencia nos avala, dice la ministra de Sanidad, Mónica García. Esa misma ciencia que avaló en su momento que un virus que se transmite por el aire subordinase su acción a que la persona estuviera levantada o no para fumar en la terraza del bar. Esa misma ciencia que se preocupa por el impacto sanitario del humo inhalado por los no fumadores, pero no repara en los árboles que provocan alergias a muchos ciudadanos, porque claro, los árboles sí encajan en la estética deseada.

Por último, el panfleto, en tanto que debe ser aceptado, se vende con retórica democrática. Ya no sólo se señala al fumador, sino que, además, y para reforzar su narrativa, se crean premisas incuantificables como los derechos de los no fumadores. Derechos que no se sabe muy bien de qué principio legislativo proceden, pero que terminan por cerrar a la perfección un círculo diseñado para justificar cualquier atropello a la libertad.

Y es a raíz de conceptos abstractos como estos que los Estados inventan derechos inexistentes, pero profundamente legitimadores para la masa social; pues cualquier anónimo con ínfulas de grandeza estará encantado de que el Estado fije por decreto que su libertad está por encima de la del resto.

La lucha contra el tabaco es sólo otro caballo de Troya diseñado para enfrentar y dividir opiniones entre los ciudadanos. Antonio Escohotado decía que «la lucha contra las drogas es la coartada del poder para eternizarse como tutor moral». Y si algo podemos dilucidar de estas grandes palabras de Don Antonio y su obra, es que no hay droga más peligrosa que el poder absoluto.

Fumar no es el problema

La pregunta que debemos hacernos no es si fumar es pernicioso o no para la salud. Lo es. Nadie lo discute. La cuestión es si el Estado tiene legitimidad para decidir por nosotros, por nuestra salud, por cualquier cosa que se le ocurra. Como si fuéramos seres defectuosos que deben ser orientados a la apatía, no sea que hagamos algo fuera del marco establecido y nos hagamos daño. El mundo feliz de Aldous Huxley no se ve tan lejano cuando lo que ayer fueron las drogas, hoy es el tabaco, y mañana lo será la cerveza o el azúcar…

Esto no va de salud, va de obediencia ciega sin réplica, qué es lo que el Estado necesita. Y si se obedece con el tabaco, puede que mañana también se obedezca cuando prohíban opinar. Por eso, esto no se trata de defender el tabaco, se trata de defender nuestra autonomía y asumir por nosotros mismos las consecuencias de nuestra responsabilidad.

El acto de fumar, y como tantas otras cosas del día a día, ha acabado por convertirse en un acto de rebeldía contra la expansión de la tramoya estatal. Lo más importante no es que se siga o no fumando, sino que los que no lo hacen den un paso adelante, porque la que se suprime hoy es la libertad del fumador, pero mañana, podría ser la suya.

América y las diez tribus perdidas de Israel

En una escueta mención en La Sinagoga Vacía (Premio Nacional de Ensayo de 1988), Gabriel Albiac daba cuenta de una insólita teoría sobre el origen de los nativos americanos. La tesis, comúnmente aceptada como historia verdadera en la Europa de los siglos XVI Y XVII, consistía en afirmar la ascendencia judáica de los amerindios, a los que se consideró los descendientes de las Diez Tribus Perdidas de Israel. Los indios habían considerado dioses a los españoles y los españoles, a cambio, asignaron a los indios una genealogía hebraica, en justa reciprocidad.

En tiempos recientes, el mexicano Enrique Krauze ha escrito algunas páginas acerca de esta singular historia, en varias de sus obras. Una historia que permite aproximarse y conocer mejor la mentalidad con que los españoles se acercaron a los amerindios para cristianizarlos e incorporarlos a la civilización, como súbditos de la Corona de España. 

Un enigma milenario

Al morir el Rey Salomón (1030-930 a. C.), su reino se dividió en dos: el Reino de Israel, con capital en Samaria, y el Reino de Judá, con capital en Jerusalén. En el de Israel vivieron las tribus de Rubén, Simeón, Leví, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón y José. En el de Judá lo hicieron las tribus de Judá y Benjamín, y una gens de la tribu de Leví, que quedó en Jerusalén por razón de que los “levitas” eran los responsables de atender el culto y el cuidado del Templo, que quedó en el reino de Judá. Ambos reinos serían finalmente destruidos y sus habitantes deportados.

El reino de Israel, cayó en el año 722 (a. C.), y su población fue llevada a Nínive; el reino de Judá despareció en el año 586 (a. C.), conquistado por el Imperio Babilónico, y su población conducida a Babilonia. Al caer el Imperio Babilónico, en el 539 (a. C.), ante los persas de Ciro el Grande (600-530 a. C.) los judíos de Babilonia, tribus de Judá, Benjamín y parte de los levitas, pudieron retornar a Israel. Pero los judíos deportados a Nínive, cuando ésta fue destruida en el 612 (a. de C.), se esfumaron para siempre dejando en el aire el enigma de su destino final.         

El descubrimiento de América abrió grandes debates en Europa. Los más importantes fueron los relativos a la condición de los habitantes del Nuevo Mundo: si eran humanos y, en caso afirmativo, cuáles eran sus derechos y cuál su condición de súbditos de la Corona. Cuestiones que abrieron el camino al moderno Derecho de Gentes y están en la base de la doctrina de los derechos humanos. Francisco de Vitoria (1483-1546), Bartolomé de las Casas (1474-1566) y Ginés de Sepúlveda (1490-1573), entre otros muchos, protagonizaron el inicio de estos debates. Pero no todo fue teología, derecho y filosofía. También se plantearon problemas antropológicos, lingüísticos, de ciencias naturales, etc.

El origen de los amerindios

El gran problema antropológico fue determinar la procedencia u origen de las poblaciones amerindias. Las informaciones sobre sí mismos de los indígenas no eran muy fiables. Los aborígenes, cuando eran interrogados sobre esas cuestiones, manifestaban ser descendientes del Sol, surgidos de la tierra por generación espontánea u otras explicaciones poco verosímiles. Pero la pregunta acerca de su origen pronto encontraría una primera respuesta.

En la época, los textos bíblicos gozaban de total autoridad, razón por la que los primeros autores buscaron explicaciones en la Sagrada Escritura. Las primeras hipótesis se abrieron rápidamente paso y se difundieron ampliamente. En 1535, se publicó en Sevilla la Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra, Firme del Mar Océano, de Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), Primer Cronista Oficial de Indias, nombrado como tal por Carlos I de España. Oviedo fue el introductor de la tesis extra-americana, para explicar el origen de los pobladores americanos, idea finalmente acertada, aunque su acreditación definitiva requirió siglos de estudio.

La obra de Fernández de Oviedo disparó las hipótesis. Se consideró a los amerindios descendientes de los pobladores de la mítica Atlántida, o de los troyanos huidos de los griegos, o de los cartagineses, que así serían los primeros descubridores de América. Incluso se les hizo descender de los navegantes egipcios, hipótesis apoyada en las construcciones piramidales de mexicas, mayas y olmecas, que recordaban las pirámides de Egipto. Pero la hipótesis que se impuso durante los primeros ciento cincuenta años, tras la conquista, fue la que hacía de los indios americanos los descendientes de las diez tribus perdidas de Israel.

La hipótesis de los dominicos: el Códice Durán

El dominico Bartolomé de las Casas (1484-1566) alcanzó notoriedad por su polémica con Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573), a propósito de la conquista de América. Fue la llamada Controversia de Valladolid (1550-1551), sobre los derechos de los indígenas, en la que se debatieron los títulos de España para la conquista. Un debate algo tardío, pues los dos grandes imperios americanos, el Azteca y el Inca ya habían sido conquistados. También se atribuye a las Casas la autoría de la hipótesis hebraica para explicar el origen de los nativos amerindios.

La fama de las Casas, procede sobre todo de su Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, publicada en 1553 y pieza fundamental de la Leyenda Negra anti-española. Obra llena de exageraciones, cuando no de datos erróneos y falsedades, dedicada al Príncipe Felipe (Felipe II), para el mejor gobierno de las Indias. La mayor parte de los datos de su obra son falsos o muy exagerados. Mas su gran autoridad -“apóstol” de los indios-, facilitó la difusión de la tesis del origen hebraico de los aborígenes, como refuerzo en defensa de los nativos. Aunque hay quien cuestiona que fuese Bartolomé de las Casas el principal inspirador de la hipótesis.

En la Historia de las Indias de Nueva España, o Códice Durán, del también dominico fray Diego Durán (1537-1588), se formuló expresamente esta hipótesis. La historia de Durán abundó en referencias a la Biblia en relación con los pobladores de México. Pero no trató de establecer una relación simbólica, metafórica o alegórica, sino histórica. Durán creyó que los indios de México eran de linaje hebráico. Durán llegó a México de niño en 1542, cuando aún estaban muy recientes las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, en el cerro de Tepeyac, en 1531, hecho que acredita la conversión en masa de los nativos: Hernán Cortés conquistó México, en 1521, y 10 años después, los indios conversos tenían, apariciones de la Virgen.

Dificultades de la hipótesis hebraica

Análogo planteamiento se encuentra en el Origen de los Indios del Nuevo Mundo, obra del también dominico Gregorio García (1575-1627). Impresa por primera vez en 1607, la obra conoció varias ediciones. Aunque su estudio se dedicó a los indios del Perú, mencionó también la cultura mexica y agrupó a todos los pueblos precolombinos en una tesis unificadora. El Libro Tercero de su obra se dedica a probar “cómo los indios proceden de los hebreos de las diez tribus que se perdieron”. García estableció además las posibles rutas de acceso de las tribus perdidas, comparado su viaje a América con Moisés y el éxodo de los judíos de Egipto.

Durán y García no fueron los únicos autores que acudieron al Viejo Testamento para responder al misterio del origen de los indios. Con base en el libro I de los Reyes, alguno identificó a América con Ofir, el lugar bíblico del oro y las piedras preciosas. En 1656, en el Perú, el teólogo y jurista Antonio de León Pinelo (1595-1660), considerado precursor del “indigenismo”, abundó en el concepto al sostener que el Edén bíblico, el Paraíso Terrenal, se localizaba en las selvas peruanas, cuna de Adán y Eva. Surgía así una nueva hipótesis explicativa, pues el origen de la humanidad se situaría de este modo en América, y no en otros continentes, como hasta entonces. Una hipótesis que daría mucho de sí, al llegar los siglos XIX y XX, en el arranque del indigenismo.

Por el contrario, Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), misionero franciscano, en su rigurosa y fundamental obra sobre el México precolombino, Historia General de las cosas de la Nueva España, ni siquiera mencionó la hipótesis del origen hebráico de los indios. Frente a los dominicos, la genealogía histórica franciscana pasó en este punto de la duda a la refutación. En su Historia Eclesiástica Indiana, el franciscano Jerónimo de Mendieta (1525-1604), planteó la refutación de las tesis de los dominicos. Y los continuadores de la obra de Mendieta terminaron por refutarla.

Últimos fulgores y final del ensueño

La hipótesis del origen judío de los indios americanos se fue apagando durante el Barroco y empezó a decaer en el siglo XVIII, con la Ilustración. En su Idea de una historia general de la América Septentrional (1746), Lorenzo Boturini (1702-1755) sostuvo todavía que los indios eran descendientes de Noé, pero eso era muy genérico. Y en su Historia antigua de México (1780), el ilustrado jesuita novohispano Francisco Javier Clavijero (1731-1787), ni siquiera mencionó la hipótesis. Con todo, esta peculiar teoría llegó a plantearse hasta en los siglos XIX y XX, pues los mormones norteamericanos la retomaron, con éxito análogo al de los dominicos españoles.

Hoy, nadie sostiene la teoría del origen israelita de los indios americanos. La hipótesis “hebraica” ya sólo se manifiesta de vez en cuando en internet, con ocasión de la aparición de alguna nueva “pista” o “noticia” sobre el destino final de los judíos de las Diez Tribus Perdidas. Un asunto que, por el momento, parece que tendrá que seguir en el ámbito de lo enigmático del que quizá nunca debió haber salido.

El virus mental contra la energía solar

En un famoso vídeo del canal de YouTube Veritasium, se entrevistaba a varias personas al azar en la vía pública sobre un concepto simple: ¿qué recibe el planeta tierra del Sol? ¿Y qué hace el planeta con aquello que recibe?

El sistema educativo occidental ignora una premisa básica: puedes llevar a un caballo al río, pero no le puedes obligar a beber. Millones de alumnos son expuestos a información que debería ser asimilada fácilmente, pero termina fluyendo río abajo sin que sea absorbida.

Eso explica por qué la mayoría de los entrevistados no supieron contestar correctamente a una pregunta tan fácil. Del sol recibimos energía con baja entropía. ¿Y qué pasa con ella? Simplemente es irradiada al espacio exterior con una entropía mayor.

Recibimos energía y la expulsamos en su misma medida. Gracias a este equilibrio no somos una esfera de hielo o de fuego. Es el ABC de nuestro ecosistema, y cualquier discusión racional sobre las fuentes energéticas que usa el ser humano debería partir de respetar lo esencial.

Por desgracia, lo racional nunca ha sido la base del debate energético. Prueba de ello es el estancamiento del desarrollo de la energía nuclear, que ha durado décadas, y del que va a costar recuperarse.

Precisamente la batalla por volver a utilizar una fuente de energía tan esencial como la nuclear ha tenido efectos secundarios no deseados. Uno de ellos es crear en la derecha una visión de la energía solar que se aleja bastante de la realidad actual.

La energía solar, concretamente la fotovoltaica, tenía muchos problemas hace 20 años. Yo los recuerdo bien porque los listaba diariamente en las mil discusiones que tuve en el internet prehistórico de los blogs. Pero el tiempo ha pasado, la tecnología ha progresado y todas aquellas críticas ya no tienen base real.

Con los años empiezas a catalogar a las personas en dos clases: los que aprenden sobre algo, construyen una opinión y la mantienen toda su vida, y los que son capaces de ir cambiando de opinión según la realidad les demuestra que están equivocados.

Con la energía solar hay que olvidarse de los datos que se escuchaban hace diez años y centrarse en la información actual. El coste por vatio se ha reducido un 90% en ese tiempo. Ya se habla de que puede ser más barato construir la valla de tu casa con paneles solares que con madera. Y se proyecta que este coste baje a apenas 10 centavos de dólar por vatio en 2030, lo que convertiría a los paneles en omnipresentes en nuestras estructuras.

Pero la energía solar sigue teniendo un problema que no se ha superado, y del que se ha estado hablando mucho en España estas semanas. Por mucha producción que aporte a la red, tiene que compartir el mix con suficiente generación convencional que supla sus carencias:

  • Control de voltaje: la generación solar intermitente puede causar fluctuaciones de voltaje, especialmente en redes con alta penetración renovable, debido a cambios rápidos en la producción (ej., nubes).
  • Control de frecuencia: la frecuencia de la red (muy comentada desde el 28 de abril) tiene que ser proporcionada por generación convencional suficiente.
  • Capacidad de blackstart: los sistemas solares no tienen capacidad inherente de blackstart (reiniciar la red tras un apagón total) debido a su dependencia de inversores y la red activa.

Estos problemas son reales, y por lo tanto es de vital importancia mantener a los grandes generadores síncronos en España, independientemente de cuánto crezca la potencia instalada renovable. Las centrales nucleares en activo deberían seguir operando solo por esta razón. Y planear su cierre (ya se por decreto o asfixiando a sus propietarios vía impuestos) solo se puede entender desde la cerrazón ideológica o la corrupción política.

Una vez dicho esto, la tecnología fotovoltaica tiene un aliado muy fuerte que está siguiendo su misma evolución en costes: las baterías de ion-litio. El precio del kWh de esta tecnología ha caído un 90% en 15 años, y se espera que caiga otro 50% de aquí a 2030. La combinación de paneles y baterías baratos abre un universo de posibilidades a corto y medio plazo que no pueden ser obviadas.

La división de Tesla de baterías (Megapack) publicó recientemente un artículo en X donde describe muy bien cómo la energía solar puede enfrentar a sus puntos débiles. No es ciencia ficción, ni un prototipo. Son productos reales, que funcionan en el mundo real. Y que van a ir abriéndose paso más rápido de lo que pensamos.

Los debates sobre tecnologías son siempre polémicos. Hay argumentos a favor y en contra de cualquier cosa. Y se necesitan ciertos conocimientos que no están al alcance de cualquiera. Por eso es mejor atender a lo fundamental. Una fuente de energía tiene que resolver problemas en dos ámbitos: en el de las leyes de la naturaleza, y en las leyes del mercado. Los paneles solares y las baterías hace muchos años que resolvieron el problema de generar electricidad a partir de los fotones que recibimos del sol y mantenerla almacenada para su uso bajo demanda. El problema siempre lo han tenido con las leyes del mercado; una tecnología puede ser muy meritoria, pero puede ser obviada si su alternativa es más económica.

Si eso cambia, y la tendencia clara es que está cambiando ya, su victoria sobre otras fuentes de energía va a ser indiscutible.

¿Eso quiere decir que hay que prescindir de la generación convencional?

Hay un debate casi filosófico sobre si una civilización debe enfocarse en explotar al máximo a su estrella o producir energía creando sus propios reactores nucleares de fusión. Yo me inclino más a lo segundo, pero no vivimos en el año 2250, sino en 2025. Cualquier fuente de energía es bienvenida, y lo sensato es mantenerlas a todas sobre la mesa hasta que la evolución técnica y económica dicte cuál es el camino por seguir.

Pero en el caso particular de España hay un factor que muchos detractores de lo solar no están teniendo en cuenta. Es lógico porque a mí tampoco me gusta mucho pensar en ello: nuestras administraciones públicas no son de fiar.

Los parques fotovoltaicos, e incluso las baterías enormes como las Megapack de Tesla, son relativamente fáciles de montar y, llegado el caso, desplazar a otra ubicación. Las centrales nucleares y las centrales de bombeo (baterías convencionales) no. Es mucho más fácil invertir en el sector solar que en el convencional, porque es más fácil recuperarse de un cambio regulatorio si tu capital inmovilizado en el país es menor.

Eso explica la espectacular proliferación solar en España en estos cinco años pese a que, hace apenas 15 años, el Estado español estafó miles de millones de euros a los inversores internacionales en energías fotovoltaicas, y sigue negándose a devolver el dinero, aunque haya sido condenado en múltiples instancias. Algo así no va a pasar nunca con el sector nuclear, como demuestra que no se haya vuelto a construir una central desde la infausta moratoria nuclear de Felipe González.

A mí me gustan todas las tecnologías que vencen a las leyes del mercado, pero también cuentan, y mucho, las que pueden vencer a las fuerzas del Estado. Una fuente de energía que baja constantemente su coste, que permite la descentralización (islas eléctricas aislada de la red principal), o que se complementa muy bien con el minado de bitcoins, está perfectamente posicionada para ser la fuente energética del futuro. Negarse a verlo porque hace veinte años nos la quisieron colar con calzador es compresible, pero estúpido. Y las ideas estúpidas son virus mentales que hay que vencer a base de mostrar la realidad.

El Madrid Economic Forum congrega a más de 7.000 personas en el mayor evento liberal celebrado en España

El Instituto Juan de Mariana ha participado como entidad colaboradora en la primera edición del Madrid Economic Forum, un encuentro sin precedentes en el panorama de las ideas de la libertad que ha reunido a 7.000 asistentes durante los días 7 y 8 de junio en el Palacio de Vistalegre. Organizado por RACKS Labs y ABAST, este evento ha contado con la intervención de las principales voces del liberalismo hispanoamericano y se ha consolidado como el mayor evento liberal celebrado jamás en España.

La clausura estuvo a cargo del presidente de la República Argentina, Javier Milei, quien regresaba a Madrid tras haber recibido en 2024 el Premio Juan de Mariana. En su esperada intervención, Milei defendió con pasión el camino reformista emprendido por su gobierno, señalando que “el ajuste fiscal más ambicioso de la historia argentina” ha logrado estabilizar la economía, reducir la pobreza y devolver los recursos al sector privado. Frente a las críticas de que las reformas traerían recesión o pérdida de apoyo popular, el presidente argentino destacó que “el ajuste, si lo paga la política, genera crecimiento y respaldo social”.

Milei también subrayó que el éxito de su gobierno se basa en cumplir con las promesas de campaña, como la política de déficit cero, la liberalización económica y una drástica reducción del tamaño del Estado. Afirmó que “las ideas de la libertad funcionan, especialmente para los que menos tienen”, y llamó a los asistentes a dar la batalla política y cultural para “hacer grande a Occidente nuevamente”. 

El foro contó con la participación de numerosas figuras vinculadas al Instituto Juan de Mariana, entre ellas su presidente, Gabriel Calzada, y su director, Manuel Llamas. También intervinieron el economista Juan Ramón Rallo, Premio Juan de Mariana 2025, y el profesor gallego Miguel Anxo Bastos, galardonado en 2023. Otras voces destacadas fueron Daniel Fernández, profesor de la Universidad de las Hespérides y colaborador habitual del IJM, y Daniel Lacalle, economista y referente del pensamiento liberal. Completaron el elenco de ponentes figuras como Esperanza Aguirre, Martín Varsavsky e Iván Espinosa de los Monteros.

El Madrid Economic Forum ha tenido un impacto mediático sin precedentes y confirma la trayectoria de crecimiento del pensamiento liberal en España. La presencia del Instituto Juan de Mariana como entidad colaboradora reafirma su centralidad en el auge de las ideas de la libertad y su papel como referente intelectual del movimiento liberal hispano.

Solucionar problemas al margen del Estado

Por Lika Koveshavidze. El artículo Solucionar problemas al margen del Estado fue publicado originalmente en FEE.

En el Cáucaso Sur, la gente no espera permiso para resolver problemas. Construyen lo que necesitan con lo que tienen, rara vez esperando ayuda de arriba. En Georgia y Armenia, donde la confianza en las instituciones centralizadas sigue siendo baja y la burocracia suele ser una barrera más que una fuente de apoyo, la gente ha desarrollado algo que Occidente está perdiendo silenciosamente: un instinto cultural de autosuficiencia.

Este instinto no es meramente un ideal. Así es como se sobrevive cuando se corta la electricidad, el sistema de salud está desfinanciado o el alcalde local está más interesado en las sesiones de fotos que en los baches. Y en una era en la que Occidente se ahoga en regulaciones, dependencia y planificación de arriba hacia abajo, hay una lección silenciosa que aprender de esta región caótica pero funcional: no se necesita un estado perfecto para prosperar. Se necesita comunidad, creatividad y la libertad de actuar.

Tomemos el sistema educativo de EE. UU., por ejemplo: hinchado de burocracia y exámenes estandarizados, a menudo deja a maestros y estudiantes sin poder. Sin embargo, los programas de aprendizaje de base, las redes de educación en el hogar y las iniciativas financiadas por la comunidad están llenando el vacío donde el sistema falla. No es la perfección, pero es la gente haciendo que funcione.

Resiliencia sobre la Dependencia

Pasee por una aldea georgiana y verá lo que sucede cuando la gente se las arregla por sí misma. Los vecinos se ayudan mutuamente a cosechar uvas para el vino casero (todavía se vende informalmente en todo el país). Mujeres mayores venden hierbas frescas y churchkhela (un dulce tradicional) en las aceras, libres de las cargas de los requisitos de permisos y la supervisión corporativa. Las familias gestionan casas de huéspedes informales en las montañas, comercializándolas a través de grupos de WhatsApp y el boca a boca.

No son solo encantadoras peculiaridades culturales. Son actos de resiliencia económica frente a sistemas formales débiles. En lugares como Tusheti o Samtskhe-Javakheti, la infraestructura básica sigue siendo poco fiable. Por ello, la gente construye sus propios caminos, pone dinero en común para reparaciones comunitarias e incluso organiza esfuerzos de limpieza de nieve cuando el Estado se olvida de ellos.

En Armenia, tras la guerra de Nagorno-Karabaj de 2020, el Estado estaba en gran medida despreparado para proporcionar refugio y apoyo a miles de desplazados. En medio de una lenta respuesta estatal, organizaciones de la sociedad civil, redes eclesiásticas e incluso canales de Telegram intervinieron para organizar alimentos, vivienda y apoyo psicológico. Los voluntarios mapearon apartamentos disponibles, entregaron suministros y coordinaron el transporte. No había una estrategia centralizada, solo acción descentralizada. Y funcionó.

Economías informales, libertad real

Los economistas occidentales a menudo tildan a los mercados informales de pasivos. Pero en el Cáucaso, son tanto un salvavidas como una forma de libertad. Tomemos los mercados “Depo” en Tiflis o el extenso bazar en el distrito de Malatia-Sebastia de Ereván. Allí, los vendedores pagan en efectivo, negocian precios libremente y se adaptan a la demanda con notable rapidez. Una semana venden zapatillas de imitación; la siguiente, jabones artesanales o piezas de automóviles usados. No hay normas rígidas de licencias ni juntas de planificación urbana. Solo el ritmo de la oferta y la demanda.

Durante la COVID-19, cuando los confinamientos y toques de queda cerraron gran parte del sector de las pequeñas empresas en Europa, los trabajadores informales en Georgia se adaptaron rápidamente. Los conductores se convirtieron en servicios de entrega. Los agricultores utilizaron grupos de Facebook para vender productos directamente a los clientes urbanos. Todo un sistema logístico clandestino surgió casi de la noche a la mañana. No porque el gobierno lo coordinara, sino porque la gente no esperó a ser rescatada.

Burocracia en Occidente

En Occidente, a demasiada gente se le ha enseñado que los problemas se resuelven votando más o presionando más fuerte. ¿Necesitas una casa? Exige control de alquileres. ¿No encuentras trabajo? Culpa al capitalismo. Cuando llega una crisis, el primer instinto no es organizarse con los vecinos, es esperar un programa gubernamental.

Pero con demasiada frecuencia, los programas públicos están desalineados con los problemas del mundo real. En Francia, obtener una licencia comercial es un laberinto burocrático. En California, los costes de la vivienda se atribuyen a fallos del mercado, cuando en realidad, son las leyes de zonificación y los procesos de revisión ambiental los que impiden que se construya algo. ¿Quién sobrevive? Los grandes promotores. Todos los demás se quedan fuera. Mientras tanto, el Cáucaso Sur, con su enfoque ad hoc y no regulado, no está paralizado. Se adapta.

El poder del localismo

Uno de los ejemplos más poderosos de resiliencia de abajo hacia arriba proviene del valle de Rioni, en el oeste de Georgia. Cuando el gobierno apoyó un proyecto hidroeléctrico de propiedad extranjera que amenazaba con inundar aldeas y desplazar a familias, los lugareños no esperaron a las ONG de élite ni a los partidos políticos. Acamparon, organizaron manifestaciones, construyeron puestos de información en las carreteras y transmitieron en directo sus protestas. Sin un mando central, crearon uno de los movimientos de resistencia de base más impactantes del país en años y obligaron a detener el proyecto.

Ese es el tipo de poder organizativo descentralizado con el que los activistas occidentales a menudo sueñan pero rara vez construyen. ¿Por qué? Porque en Occidente, el activismo a menudo está profesionalizado, burocratizado y depende de subvenciones. En el Cáucaso, sin embargo, es hazlo tú mismo, impulsado por la necesidad.

No idealices, pero no ignores

Nada de esto es para idealizar la disfunción. La corrupción, el nepotismo y la debilidad del estado de derecho son problemas reales en el Cáucaso Sur. Pero lo que surge en respuesta es algo notable: individuos que no se derrumban cuando los sistemas fallan. Dan un paso al frente. Lo resuelven. Recuerdan que la libertad no es comodidad, sino capacidad.

Occidente, en su búsqueda de la igualdad de resultados, ha creado capas de dependencia que erosionan la agencia individual. Pero la libertad sin responsabilidad es vacía. Y la eficiencia sin libertad es frágil. Lo que el Cáucaso enseña no es cómo perfeccionar la sociedad, sino cómo sobrevivirla y mejorarla, de abajo hacia arriba.