LiberAcción 2014 – Vídeo resumen de la Feria del Libro Liberal
Vídeo resumen de LiberAcción 2014, la feria del libro liberal. Círculo de Bellas Artes, Madrid, 13 de junio de 2014.
Vídeo resumen de LiberAcción 2014, la feria del libro liberal. Círculo de Bellas Artes, Madrid, 13 de junio de 2014.
Los días 11 y 12 de junio de 2014 se celebró el VIII Congreso de Economía Austríaca en el que estudiantes y profesionales expusieron sus últimas aportaciones en el análisis de los asuntos políticos, económicos y sociales con base en los postulados de la Escuela Austríaca o de otras escuelas liberales complementarias.
En anteriores artículos, hemos analizado la ley de hierro de las oligarquías [1], la existencia de oligarquías "extractivas" [2] y "destructivas" [3], junto con una nueva teoría de la evolución institucional [4] que requiere de líderes "inclusivos" [5].
Observamos también la importancia de que se produzcan tres procesos institucionales imprescindibles para el avance y la conquista de una sociedad civilizada o abierta: la recuperación del ethos colectivo [6], la regeneración de la democracia [7] y, especialmente, la reducción del Estado-Administración [8], al haber involucionado hacia un Estado Minotauro [9].
Sin embargo, hoy veremos cómo los ciudadanos no pueden permanecer de brazos cruzados y deben ser proactivos para impulsar los cambios éticos, jurídicos y políticos que permiten evolucionar las instituciones.
1. Instituciones morales frente a la oligarquía
Los ciudadanos deben interiorizar las instituciones morales que son responsables de la sociedad abierta o civilizada como, inter alia, el respeto por los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y la igualdad de trato ante la Ley, o el respeto por la familia, el lenguaje, los contratos, el comercio, la empresa, el dinero, la banca… porque son las instituciones propias de la acción humana ejercida en libertad en el orden espontáneo, extenso, complejo y abierto que constituye el orden de mercado y que, por tanto, deben ejercerse libremente, con nula coacción por parte del orden político u oligárquico.
Se requieren ciudadanos con valores frente a la "nuda vida" de la sociedad oligarquizada entorno a un Estado Minotauro que, hipertrofiado, sirve para la apropiación violenta de los derechos individuales, la exacción de fruto del trabajo de la población y la re-distribución de la riqueza entre las oligarquías "extractivas" y "destructivas" y sus redes clientelares.
Resulta bastante obvio comprobar como las oligarquías prefieren ciudadanos sin valores y sin ideas propias, perdidos en una vida vacía espiritual y cognitivamente y, por tanto, manejables y dependientes de las consignas ideológicas, siguiendo el rumbo que marquen los políticos y los medios de comunicación que les sirven de altavoz.
El proceso de oligarquización de la sociedad se produce cuando la política invade todos los ámbitos y rincones de la vida (nacimiento, familia, educación, sanidad, vivienda, jubilación…) desde la cuna y hasta la tumba, vampirizando los derechos individuales mediante las diversas ideologías cientistas y las pseudo-ideologías que reeditan las fórmulas intervencionistas del pasado y que pueden identificarse siempre por tres instrumentos cientistas:
a) La destrucción de los valores "inclusivos" (fijos e individuales) como la vida, la libertad y las propiedades privadas de los ciudadanos, en favor de los valores "extractivos" (relativos y "sociales") que imponen las políticas de educación en ideología de género, eutanasia, eugenesia, ecologismo…
b) La imposición de la religión secular de culto al Estado como solución milagrosa que proporcionaría el paraíso en la Tierra y, por tanto, las imposturas de la ciencia y la técnica "oficiales" que sirven de soporte a las medidas políticas y jurídicas de intervención sobre los ciudadanos a los que se les considera sujetos de la ingeniería social de la clase dirigente.
c) El crecimiento constante del tamaño del Estado por medio de las soluciones estatistas que, como bálsamo de fierabrás, se aplican a todos los problemas de la sociedad.
El proceso de oligarquización impone diferentes fórmulas de religión secular, que sirven siempre a los intereses de las supuestas élites extractivas y destructivas y requieren ciudadanos-sin-valores para mantenerse en el poder, sujetos pasivos ante las políticas intervencionistas, personas maleables por los medios de comunicación, trabajadores orientados hacia el rendimiento y la productividad máxima pero, sin embargo, privados de derechos individuales y de capacidad de pensar críticamente al objeto de extraer (robar) el fruto de su trabajo, mediante impuestos y endeudamientos siempre crecientes.
El proceso de oligarquización trata de dirigir la sociedad civil como un laboratorio cientista legislando y experimentando las políticas de ingeniería social sobre el resto de la población; que se encuentra inmersa en la "carrera del hámster", dentro de una jaula de hierro estatista donde la vida está estabulada y el raciocinio es mínimo, y en movimiento en una rueda infinita donde el fruto del trabajo es captado por la casta política —impuestos, endeudamiento y dinero fiduciario— a cambio de un mínimo sustento y del subsidio del Estado-Administración.
De un modo más taimado, suave y sibilino, el consenso socialdemócrata es también empleado por las oligarquías "extractivas" y "destructivas" para seguir defendiendo (o accediendo a) los privilegios y los propios intereses bajo excusas como el "interés general" o el "bien común". Se pueden identificar porque se caracterizan por el aumento del intervencionismo, el crecimiento del tamaño del Estado, y el sometimiento de los ciudadanos al totalitarismo democrático en el que los hombres de "nuda vida", despojados de derechos individuales y de criterio propio, son explotados y dominados por el orden político y, sin embargo, creen ser libres, como señalaba Alexis de Tocqueville.
2. Valores morales frente a la religión secular
Sin embargo, merece la pena destacar el libro El Mito del Hombre Nuevo (2009) del catedrático Dalmacio Negro, puesto que explica los "cientismos" creados entorno al mito del hombre "nuevo" que, durante los siglos XIX y XX, han dado lugar a múltiples movimientos y religiones de la política. Finaliza con una gran reflexión sobre el resultado obtenido por los "cientismos":
La Gran Revolución [francesa] confiaba en el hombre moralizado por el poder racional del Estado-Nación (…) Que se sepa, a pesar de los esfuerzos de los siglos XIX y XX por crear el hombre nuevo, en puridad, hasta ahora sólo se conocen —aparte del último hombre de Nietzsche—, el hombre masa de Ortega, el hombre elemental de Gómez Dávila, el hombre sin atributos de Musil, el hombre hueco de Eliot, el hombre sin contenido de Agamben, el hombre animalizado de Skinner, el hombre sin retorno de Sloterdijk, el hombre aborregado u hombre oveja de quienes describen el conformismo de las politizadas sociedades democráticas, o figuras parecidas. Formas de hombre sin otro horizonte que el fracaso de la individualidad personal.
Atrapados en el Estado-Iglesia de la religión secular, viven vagabundos conscientes de la inutilidad de mirar al pasado, al futuro o al más allá, limitándose a beneficiarse del presente que se les da, puesto que no tienen otra posibilidad ni la esperan. Malraux hablaba de «la muerte del hombre» (…) El auge de la religión secular, consecuencia de la divinización del conocimiento, amenaza con dividir la cultura de las sociedades en dos partes incompatibles aunque estén mezcladas: aquella en la que siguen vigentes las pautas que se atienen a la religión tradicional, y la adepta a las de la religión del hombre nuevo.
(Negro, 2011), p. 418.
Como consecuencia de ello, la única esperanza de evitar nuevos experimentos cientistas radica en la férrea oposición de la mayoría de los ciudadanos y, si acaso existen, de los líderes inclusivos, promoviendo la libertad en el orden de mercado hacia una sociedad abierta o civilizada, y oponiéndose con contundencia a los procesos de involución institucional del orden político u oligárquico que "guían" hacia una sociedad cerrada, tribal o colectivista.
Los ciudadanos deben hacer frente a los intelectuales y dirigentes políticos intervencionistas, que viven obsesionados con la búsqueda del "paraíso en la tierra" por medio del "cientismo" o cientifismo constructivista, las utopías y los experimentos de ingeniería social, intentando imponer una nueva moral y"guiando" al resto de la población hacia: las ideologías colectivistas (fascismo, nacional-socialismo, comunismo, socialismo, socialdemocracia…), las bio-ideologías (eugenesia, eutanasia, ecologismo, feminismo del género, humanitarismo, animalismo…), o las pseudo-ideologías (laicismo radical, gnosis, New Age…).
Por ello, la única opción de regenerar la democracia pasa, primero de todo, por una evolución institucional previa de los ciudadanos hacia los patrones de comportamiento, valores o instituciones morales de una sociedad civilizada o abierta frente al relativismo moral, la corrección política, el consenso socialdemócrata y las utopías que intentan imponer las oligarquías extractivas y destructivas para seguir medrando del presupuesto público.
Los ciudadanos que promueven las instituciones morales fijas y absolutas frente a la «nuda vida» (sin derechos ni valores más allá del plano físico), son los únicos que pueden impulsar las reformas escalonadas o hayekianas que necesita la Constitución y las leyes para garantizar los derechos individuales (vida, propiedad y libertad), la separación de poderes, la independencia judicial, el cumplimiento de la Ley o una organización territorial racional en España.
La semana pasada, la ONG proestatal Intermon Oxfam presentó un nuevo informe que dio pábulo a amarillistas titulares de prensa con un mensaje común: "las familias pagan 50 veces más impuestos que las grandes empresas". Ante semejante inequidad fiscal, Oxfam proponía que la carga tributaria recayera de manera mucho más gravosa sobre el entramado empresarial, incrementando notablemente el Impuesto de Sociedades.
Sin embargo, como suele suceder, este tipo de informes contiene diversos errores y, lo que es peor, numerosas medias verdades que conducen a conclusiones engañosas.
Qué dice el informe Oxfam
El informe de Intermon Oxfam es un informe sobre fiscalidad bastante más amplio de lo que trascendió a los medios de comunicación. Nosotros nos vamos a limitar a analizar el mensaje central que copó los titulares de prensa: a saber, que las familias soportan una carga fiscal 50 veces superior a las grandes empresas.
Para llegar a este conclusión, Oxfam toma la recaudación debida fundamentalmente cuatro figuras tributarias: IRPF, IVA, Especiales y Sociedades. Dado que la recaudación conjunta de los tres primeros tributos ascendió en 2011 al 91,5% del total (excluyendo de su cómputo a las cotizaciones sociales) y la de Sociedades al 8,5%, Oxfam concluye que las familias abonan 10 veces más impuestos que las empresas; como, a su vez, este gravamen societario sobre las grandes empresas sólo aporta un 2% del total de recaudación (casi el 25% de la recaudación total por Sociedades), Oxfam concluye que las familias pagan unas 50 veces más impuestos que las grandes compañías (en concreto, 46 veces).
Los problemas de los datos de Oxfam
De entrada, las cifras que presenta Oxfam yerran por cuanto equiparan indebidamente la recaudación conjunta de IRPF, IVA y Especiales con los impuestos abonados por las familias (o incluso, llega a decir Oxfam, por la "clase media asalariada") y el Impuesto de Sociedades con los impuestos abonados por las empresas.
Esta equiparación es insostenible por varios motivos. Primero, las empresas también pagan impuestos especiales: por ejemplo, el impuesto sobre hidrocarburos. Segundo, es verdad que el obligado tributario del IVA no son las empresas, sino los consumidores, pero las rentas que se gastan en consumo (y que pagan IVA) no proceden sólo de los salarios, sino también del reparto de beneficios empresariales (parte de las rentas del capital, como son los dividendos o los intereses). Tercero, el informe Oxfam no tiene en cuenta la influencia de la traslación fiscal: es decir, el obligado tributario no coincide necesariamente con quien soporta la carga tributaria.
Por ejemplo, un incremento del IVA no tiene por qué pagarlo efectivamente el consumidor cuando el empresario no puede trasladar ese incremento de la fiscalidad indirecta a subidas de precios (cuando la demanda de un producto es muy elástica, no es posible incrementar los precios sin perder sobreproporcionalmente la cantidad de bienes vendidos). Si el IVA sube del 18% al 21%, pero el precio de un producto no varía (o se incrementa menos que la subida del IVA), esa mayor fiscalidad indirecta se come los márgenes empresariales y, en tal caso, su naturaleza es asimilable a la que se le atribuye al Impuesto de Sociedades (y digo que "se le atribuye" porque, precisamente por la traslación fiscal, el Impuesto de Sociedades lo pueden terminar pagando consumidores o trabajadores con mayores precios de venta o menores salarios).
Por consiguiente, las cifras que ofrece Oxfam son erróneas: ni toda la recaudación por IVA y Especiales procede de las rentas del trabajo ni la recaudación por figura tributaria coincide con las cargas fiscales de los distintos obligados tributarios.
España, ¿excepcional en el contexto internacional?
Dejando de lado los problemas anteriores y asumiendo que la tributación sobre los beneficios empresariales es, como dice Oxfam, una buena medición de los impuestos que abonan las empresas españolas, ¿es la situación fiscal de nuestras compañías excepcional en el contexto internacional? ¿Acaso nuestras empresas pagan menos impuestos que, por ejemplo, las sitas en Estados tan socialdemócratas e intervencionistas como Suecia, Dinamarca o Francia?
Siguiendo a Eurostat, en el año 2011, la recaudación derivada de las rentas empresariales en España equivalió al 1,9% del PIB y, por tanto, representó el 5,9% de la recaudación total (incluyendo aquí las cotizaciones sociales como recaudación tributaria). Asimismo, en 2012 (tras los rejonazos de Montoro), la recaudación aumentó hasta el 2,2% del PIB y proporcionó el 6,7% de los ingresos totales.
¿Qué sucedió en Suecia, Finlandia, Dinamarca, Francia, Alemania o Islandia? En Suecia, la recaudación sobre beneficios empresariales ascendió en 2012 al 2,71% hasta representar el 6,3% de la recaudación total; en Finlandia, sumó el 2,19% del PIB y supuso el 4,95% de la recaudación total; en Dinamarca, en 2011, ascendió al 2,8% del PIB y copó el 5,8% de los ingresos totales; en Francia, proporcionó el 2,1% del PIB y el 5,2% del total de recaudación; en Alemania equivalió al 2,6% del PIB y al 6,6% de la recaudación total; en Holanda fue del 2,2% del PIB y del 5,8% de la recaudación total; y en la tan renombrada Islandia, proporcionó el 1,9% del PIB y 5,3% de la recaudación total.
Fuente: Eurostat
En general, en la Unión Europea la media de recaudación por fiscalidad sobre las empresas fue del 2,6% del PIB, lo que aportó el 6,6% de la recaudación total. Vemos, por consiguiente, que el sablazo tributario sobre las empresas se situó en España, en el año 2012, en la media europea cuando la medimos como porcentaje de la recaudación total (6,7% de la recaudación total frente al 6,6%); en cambio, se situó ligeramente por debajo (el 2,2% del PIB frente al 2,6%) si lo medimos como porcentaje del PIB. Pero que este último porcentaje esté por debajo de la media europea se debe a que la presión fiscal española también se encuentra por debajo de la media europea: es decir, para acercarnos a Europa es verdad que debería aumentar la recaudación en Sociedades… pero también en todos los otros tributos.
Por consiguiente, la recaudación por beneficios empresariales de España no es excepcional en el contexto internacional, sino la norma. De hecho, aún cuando incrementáramos la recaudación por Sociedades a los niveles de Dinamarca (el 2,8% del PIB), apenas recaudaríamos 6.000-7.000 millones de euros más que ahora: una cifra harto insuficiente para cubrir los 70.000 millones de deficit público. Habría estado bien colocar los datos de Oxfam dentro de este contexto para leerlo completamente.
Y si queremos recaudar más, bajemos impuestos
La última de las mentiras de Oxfam es relacionar la baja recaudación por Sociedades con la baja tributación sobre las empresas. La ONG proestatal defiende que debemos aumentar el Impuesto de Sociedades para recaudar más. Aunque no sea un gran defensor de la curva de Laffer, lo cierto es que, en materia de Sociedades, convertirse en un refugio contra el expolio fiscal internacional puede salir muy rentable. En Irlanda, la recaudación por Sociedades equivale al 2,4% del PIB (frente al 2,2% español) y proporciona el 8,3% de la recaudación total (frente al 6,6% español). ¿Esa mayor recaudación se debe a que el impuesto de Sociedades en Irlanda es mayor al español? No: en Irlanda, el tipo del impuesto de Sociedades es el 12,5% frente al 25-30% en el caso de España (y no, no se crean ese mito de que el tipo efectivo de España es el 3,5%). Por tanto, del hecho de que quisiéramos recaudar más de las empresas no se sigue que debamos aumentar los impuestos sobre las empresas.
En suma, Oxfam escoge y distorsiona los datos para justificar un incremento del tamaño del Estado a costa del sector privado, esto es, un incremento de la rapiña tributaria a costa de la sociedad.
Seguramente conocen ustedes la famosa escena del tren de la película de 1940 Los hermanos Marx en el Oeste y la frase que gritaba Groucho Marx, que se ha convertido en uno de los iconos del cine: “¡Es la guerra! ¡Más madera!”. Aunque en realidad la frase exacta es “¡Traed madera!” y en la versión original no se pronuncia el equivalente en inglés, la secuencia podría ser una alegoría de lo que debió ser la reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) el pasado jueves 5 de junio, cuando se acordó la conocida batería de medidas expansivas. Decisiones de política monetaria orientadas, todas ellas, a reactivar el crédito no hipotecario a familias y empresas.
Entre todos los análisis que se han podido leer de las medidas anunciadas por Mario Draghi, les recomiendo aquellos que se separan de la corriente mayoritaria del pensamiento económico, la que aún cree en los unicornios y que ha saludado con alegría al citado paquete de medidas al grito unánime de “¡por fin, ya era hora!“. Por ejemplo, y en orden cronológico, me refiero a las aportaciones de McCoy ("Draghi se ha tirado a una piscina sin agua", 5/6/2014), Juan Manuel López-Zafra ("Y Draghi cogió su fusil", 6/6/2014) y Daniel Lacalle ("El plan Draghi no arregla Europa", 7/6/2014), por citar tres publicadas en El Confidencial. Los tres señalan el error en el diagnóstico del BCE y la ineficacia de los estímulos monetarios, visión que comparte quien escribe estas líneas.
Pero para más inri, en el siempre interesante blog español de economía y finanzas Gurusblog, han hecho los números descubriendo que, en el fondo, las medidas del BCE no supondrán nueva liquidez. Por un lado, la rebaja en los tipos de interés del 0,25% al 0,15% tendrá probablemente el mismo efecto que cuando Draghi los redujo del 0,5% al 0,25% el otoño pasado, o sea, casi nulo. Y, por otro lado, el TLTRO tiene aspecto de no ser más que una extensión del LTRO actual, ya que los importes y fechas de ambos instrumentos parecen estar sospechosamente casados entre sí, si se tienen en cuenta los fondos que previsiblemente liberará la penalización del -0,10% de la facilidad de depósito. Les recomiendo la lectura del post original para conocer los detalles.
Habrá que estar pendientes de la evolución del balance del BCE en las próximas semanas para comprobar si esto se confirma. Si así fuera, habría que quitarse el sombrero ante la capacidad de Supermario para engatusar a Gobiernos, analistas y mercados y su maestría en el arte de amagar sin dar el tiro. Desde luego, preferible a imprimir dinero indiscriminadamente es amagar con hacerlo, pues siempre será menor la distorsión introducida en el proceso de mercado. No obstante, no hay que dejar de criticarlo en tanto en cuanto alienta, siquiera psicológicamente, la actual burbuja en los activos financieros y, sobre todo, desmotiva cualquier plan de ajuste de gasto político por parte de los Gobiernos. Planes tan necesarios como ausentes.
En cualquier caso, cabe cuestionarse el interés en que se incremente el volumen de préstamos, especialmente a las empresas en general y a las pymes en particular. El crédito puede ser solución temporal a una crisis de liquidez como la que sufrieron la mayoría de las empresas españolas en los inicios de la crisis, cuando los bancos les cancelaban de la noche a la mañana las líneas de crédito que mantenían, aun siendo compañías sólidas. Pero lo que no resuelve el crédito en ningún caso, sino que más bien agrava, son los problemas de solvencia. Las malas inversiones del pasado hay que liquidarlas cuanto antes y no quemar más capital, tan valioso para la recuperación.
Fíjense en lo inconsistente del discurso mainstream. Por un lado, se habla de que la crisis fue consecuencia de un exceso de endeudamiento en el pasado, permitido, dicen, por la ausencia de regulación. Y, por eso, tintadictos y apoplitorismófobos tanto del bando keynesiano como friedmanita reclaman a los bancos centrales que creen inflación para aliviar el peso de la colosal deuda acumulada. Pero, por otro lado, nos venden que se necesita más crédito para que las familias puedan incrementar su consumo y las empresas volver a invertir. ¿En qué quedamos? ¿Sobra endeudamiento o falta crédito? Es como si un acreedor suyo les anunciara que no les iba a devolver su dinero y, a la vez, le reclamara más crédito y más barato. De locos.

En estos momentos, el volumen de préstamos concedidos a hogares y empresas, es decir, sin contar el sector público, supone aproximadamente un 130% del producto interior bruto (PIB), según datos del Banco de España, equivalente al existente en 2006 en pleno festival crediticio –llegaría a alcanzar casi el 180% a finales de 2008– y muy superior al 90% en los inicios de la burbuja. Quiere decir esto que el sano proceso de desapalancamiento que estamos llevando a cabo con enorme esfuerzo las familias y las empresas no se ha completado aún, pese a ir en la buena dirección. Y también quiere decir esto que las medidas orientadas a reactivar el crédito no lograrán, de tener éxito, sino interrumpir dicho proceso de desendeudamiento y cortocircuitar la recuperación.
¿Implica esto que el crédito es perjudicial? No necesariamente. El crédito que tiene origen en el ahorro y no en la impresora de los bancos centrales es necesario que sea canalizado por el sistema financiero hacia aquellas empresas solventes, con planes de negocio sólidos y bien gestionadas, para que puedan financiar su crecimiento y acometer los proyectos que les permitirán proveer los productos y servicios que serán demandados en el futuro. Sin ese crédito, aun sabiendo que pueden producirse errores y fracasar algunos proyectos, no podremos producir el día de mañana los bienes necesarios para mantener y mejorar el nivel de vida de la sociedad en general.
La cuestión es que el ahorro, cuando no está canibalizado por el atosigamiento fiscal o por el efecto del crowding out, es decir, desviado hacia el gasto político, se está empleando en buena medida en hacer frente a los compromisos adquiridos en los días de vino y rosas. Lo cierto es que, de algún modo, las rentas no consumidas no se están empleando en financiar el crecimiento, sino en pagar los platos rotos del pasado. Tarea que, no por menos atractiva deja de ser necesaria para, precisamente, recuperar la solvencia y retomar la senda de la inversión. Dicho de otro modo, forma parte del proceso de sana recuperación, aunque aún nos cueste un tiempo ver el fruto.

El problema es cuando el crédito genuino, originado en el ahorro de familias y empresas, se amalgama con crédito creado artificialmente de la nada. Como explica la teoría del ciclo económico desarrollada por Mises y Hayek y perfeccionada por sus discípulos, la expansión artificial del crédito induce a errores generalizados en la toma de decisiones, errores que, a la postre, tarde o temprano son descubiertos por los agentes económicos y desencadenan la fase depresiva del ciclo. Pues bien, el mayor error que podemos cometer hoy y que puede ser inducido por una reactivación forzada del crédito es creernos que el proceso de ajuste ya ha concluido e iniciar un falso crecimiento.
Sería, como en la película de los hermanos Marx con la que arrancaba el artículo, utilizar la madera de los vagones para hacer andar el tren. ¿Creen que debemos cometer ese terrible error?
La ciudad puede mostrar abundantes ejemplos de incivismo: basura en el suelo (colillas de cigarrillos, restos de chicles, envases, latas, papeles); cacas de perro; contaminación por escapes de vehículos mal mantenidos; ruidos y malos olores; pintadas en las paredes (simples firmas garabateadas o grafiti presuntamente artístico); mobiliario público roto o cubierto de papeles o pegatinas con anuncios de particulares; pancartas con reivindicaciones políticas o sindicales; carteles de publicidad de comercios en soportes portátiles que invaden la vía pública; vendedores callejeros o tiendas físicas que bloquean el paso con sus mercancías en la acera; vehículos aparcados de forma irregular; conducción temeraria o poco fluida; botellón; prostitución en calles y parques; mendigos en la acera o en los semáforos; calles cortadas por alguna protesta o manifestación ilegal; fachadas de edificios en mal estado de conservación o con elementos antiestéticos (aparatos de aire acondicionado o antenas parabólicas) o cierres ilegales. En zonas más apartadas es posible encontrar chabolas o vertidos de basura o escombros junto a los caminos.
Un entorno agradable es muy relevante para el bienestar de las personas: los lugares más atractivos para la vida, el trabajo o el turismo lo son, entre otras cosas, en la medida en que no tienen estos problemas. Un ambiente degradado es desmoralizador, puede reflejar una cultura de poco respeto por la legalidad y además es un problema difícil de resolver: es común imitar conductas ajenas, de modo que lo que está sucio o mal cuidado puede ensuciarse o deteriorarse más.
Estas agresiones contra los espacios comunes muestran una falta de respeto de algunas personas por los demás: minoritarios o no, son individuos mal educados, pícaros, tramposos o vándalos. También muestran la incompetencia o negligencia de los poderes públicos (políticos, burócratas, legisladores, inspectores, policías, jueces, servicios de limpieza) que toleran, no vigilan y castigan adecuadamente o no remedian estas actividades nocivas.
Son fenómenos que no se dan por igual en todos los ámbitos: son raros en zonas de control privado (centros comerciales, parques de atracciones, urbanizaciones), y algunos países o culturas son más civilizados que otros. El estado de los espacios públicos puede servir como indicativo del desarrollo moral y económico de una sociedad: las más prósperas y avanzadas los respetan; las más pobres y retrasadas abusan de ellos.
Algunas personas pueden pretender que los espacios públicos no requieren regulación ni vigilancia especial y que cada persona puede hacer lo que quiera en ellos (siempre que no mate, robe o agreda a otros): que no son de nadie, o que su propiedad pública es ilegítima, y por lo tanto cualquiera puede apropiarse de ellos y usarlos como desee; o que como son de todos, entonces son míos y hago en ellos como me place. Sin embargo la propiedad común no siempre es ilegítima y obviamente no es equivalente a los bienes sin propietario; y la propiedad de varios es de cada uno de los dueños, pero no sólo de cada uno de ellos de forma exclusiva.
Otra posible pretensión es que los espacios públicos no deben existir y que todo debe privatizarse a título individual. El liberal puede legítimamente proponer o exigir que muchos bienes y servicios estatales se privaticen: sanidad, pensiones, educación, televisiones, empresas y entes estatales. Son sectores ineficientes (cuando no corrompidos), poco productivos y competitivos, con problemas de incentivos y de información, faltos de empresarialidad y capturados por diversos grupos de interés organizados (como los funcionarios y otros empleados públicos). Su impacto presupuestario y los daños económicos y sociales que causan son grandes.
Pero privatizarlo todo a escala individual tal vez sea absurdo: el mantenimiento de ciertos espacios comunes puede tener sentido siempre que consigan articularse normas cívicas y mecanismos para su cumplimiento. Estas normas regulan la financiación de la producción y mantenimiento en buen estado de estos espacios, si es posible en función del aprovechamiento por cada individuo (impuestos, tasas, peajes, precios de acceso), y sirven para evitar su deterioro o degradación y los abusos o molestias.
Privatizar absolutamente todo es problemático. Es posible definir la libertad como el respeto al derecho de propiedad privada, el cumplimiento del principio de no agresión (no invasión, daño o robo de lo ajeno), y la posibilidad legal de realizar pactos contractuales voluntarios exigibles por la fuerza. Pero la propiedad no siempre es individual: algunos espacios físicos, como calles, caminos, carreteras, plazas y parques, se poseen y gestionan de forma común por algún grupo privado o por alguna unidad de convivencia colectiva (pueblo, barrio, ciudad, provincia, región, país).
Son bienes que o son difícilmente separables en unidades discretas, o tienen límites extensos que hacen muy difícil el control de acceso y la exclusión, o se colonizan y usan por un grupo de forma conjunta, o simplemente las personas desean compartirlos o gestionarlos como un colectivo. A menudo son espacios comunes, zonas de tránsito y convivencia que requieren una normativa adecuada que permita su uso y disfrute con el máximo aprovechamiento y la mínima conflictividad posible: se trata de normas mínimas de urbanidad, de elemental buena educación para respetar al prójimo, evitar molestias y mantener y no deteriorar el entorno común.
Toda la convivencia en sociedad se basa en normas: el derecho de propiedad es una norma peculiar que indica que el dueño decide las reglas dentro de su propiedad; pero cuando la propiedad es de varios el establecimiento de las normas no es tan sencillo; mucho menos cuando la propiedad es de todos. En los espacios privados los propietarios pueden decidir las normas de conducta e informar a sus potenciales invitados, visitantes o clientes: no es necesario alcanzar acuerdos entre agentes en posiciones iguales o simétricas; los dueños mandan, y los demás o aceptan sus reglas o no son admitidos; cualquier conducta e interacción es posible siempre que sea voluntaria y se eviten los daños a terceros. En los espacios públicos los propietarios son todos o casi todos (salvo extranjeros): como en toda propiedad colectiva, la gran cantidad y diversidad de individuos con derechos de decisión puede originar múltiples conflictos al intentar regular su uso.
Los espacios privados pueden cerrarse o aislarse para evitar daños al exterior; los espacios públicos son por su propia naturaleza abiertos y de interacción constante, de modo que las acciones de unos afectan fácilmente a otros. En los espacios privados el acceso y los usos, quiénes tienen permiso y qué pueden hacer, están restringidos por la voluntad del propietario: tal vez sean pocas o muchas personas autorizadas, y pocas o muchas las conductas permitidas o prohibidas. En los espacios públicos el acceso y la movilidad son libres para todos, pero su uso debe estar estrictamente limitado. Como lugares de tránsito y convivencia los principios que deben regularlos son la funcionalidad (que cumplan con su cometido, que la circulación de personas y vehículos sea fluida) y el respeto al otro (que se pueda vivir en ellos con otros y no contra otros).
Los problemas de los espacios públicos pueden resultar difíciles de resolver por varias razones: su delimitación y diseño suele realizarse por planificación urbanística centralizada que rara vez produce resultados óptimos sino más bien escasez o excesos; los actos de incivismo no son crímenes o delitos graves (como asesinatos, daños físicos, violaciones, secuestros, robos) con víctimas afectadas muy concretas que se benefician directamente de su resolución; suelen ser externalidades negativas difusas, de costes relativamente bajos para cada individuo pero acumulativos y que afectan a mucha gente cuya coordinación es compleja; puede ser costoso descubrir y castigar a los responsables; y los poderes públicos suelen ser incompetentes o negligentes y es difícil para los ciudadanos exigir rendición de cuentas y sustituirlos por otros mejores.
Posibles soluciones son: limitar la extensión de los espacios públicos y exigir respeto de los que tienen sentido; separación de poderes públicos por zonas y funcionalidades (como tráfico, limpieza, mobiliario urbano), con elección directa de los responsables por los ciudadanos; una mínima buena educación para la ciudadanía basada en principios básicos de decencia y cortesía (no hacer daño, no molestar, no traspasar costes a otros) en lugar del adoctrinamiento colectivista e igualitarista y la moralina de baja calidad de la solidaridad estatal coactiva; participación altruista en campañas de limpieza y vigilancia (complementando la escasa capacidad de los vigilantes públicos); incentivar denuncias ciudadanas adecuadamente probadas (testimonios múltiples, imágenes grabadas) y castigos disuasorios para los culpables; represalias ciudadanas (avergonzar públicamente a los incívicos en medios de comunicación, saturar los teléfonos de quienes se anuncian de forma irregular); supervisión y denuncia de los vigilantes incompetentes (policías, inspectores) que no cumplen con su deber.
Es el nombre de la nueva y demagógica campaña de Oxfam Intermón para alertar, oh, sorpresa, de que el sistema tributario español no va dirigido hacia los que más ganan, sino hacia los que no pueden eludir el pago de impuestos.
Bueno, ellos no lo dicen así. Pero saltándose el rollo populista y el montón de verdades a medias y cosas sacadas de contexto, es lo que se desprende de su mensaje.
Después, demostrando de nuevo la incapacidad del ser humano de sumar 2 + 2 cuando hay ideología e intereses de por medio, proponen gravar con más impuestos a quienes sí pueden eludir el pago. ¿Imposible? Claro, pero mientras tanto seguimos distrayendo al personal sobre la causa de sus calamidades sacudiendo al espantajo de turno.
Pero la campaña sí tiene fines útiles; por ejemplo, yo le veo dos muy obvios: dejar claro que la propuesta de políticas populistas del tercer mundo no es de un tío con coleta, sino que la mayoría de organizaciones existentes llevan martillando con ellas décadas y décadas. Y que la propaganda de estos sectores se basa en que la sociedad acepta como una verdad innegable algo tan inmoral como que el que tiene (gana) más debe pagar más.
Debo de ser una persona bastante rara, pero siempre me han preocupado más estas dos realidades que lo votos que consiguen en las elecciones los partidos de extrema izquierda o derecha. De igual forma que prefiero juzgar a una sociedad por los medios que utiliza para conseguir ciertos fines colectivos pequeños y no por a quién votan.
Por ejemplo, viendo un programa sobre subastas de Estados Unidos, vi a un grupo de personas muy preocupadas por la siniestralidad de los motociclistas en las carreteras locales. Su forma de intentar paliar el problema fue recaudar dinero y vender objetos para comprar señales que advertían de la necesidad de prestar mayor atención a este tipo de vehículos en las intersecciones. La verdad es que a un europeo casi le dan ganas de llorar cuando escucha algo así…
¿Se imagina alguien a alguna organización española haciendo algo semejante? Hasta dudo que la DGT permitiera las señales de marras si no pasas por el aro de ir de la mano con ellos en la iniciativa.
Aquí, como digo, no hacemos esas cosas. En cambio sí tienen bastante éxito las campañas para que otros paguen dinero por cosas que nos parecen bien. Y es que respecto a la inmadurez intelectual sí se cumple el dicho de Intermón y, cuanto más tienes, más pagas.
La retirada voluntaria de Susana Díaz de la carrera para dirigir el PSOE deja como principal candidato a ocupar la secretaría general a Eduardo Madina, un joven socialista que apenas lleva una década amorrado al presupuesto y, por tanto, es garantía de renovación. Enfrente tendrá a Pedro Sánchez, un ZP con estudios que, como Madina, empezó a cobrar un sueldo público también en 2004. Las dos criaturas se disputarán el liderazgo del PSOE con el permiso de Carmen Chacón, otra jóvena renovadora pero con algo más de experiencia, puesto que se subió al coche oficial en 1999 y además ha sido ministra con Zapatero, mérito que en según qué ámbitos del PSOE tiene también su importancia.
La posibilidad de que Madina sea finalmente el preferido por los afiliados socialistas ofrece un panorama apasionante en la izquierda, con el PSOE compitiendo abiertamente con Pablemos por ver qué partido disparata más en su discurso antisistema. Madina, además, es probablemente el político más soporífero de todos los que escriben ocasionalmente en los periódicos, lo que no es nada fácil dado el nivel existente entre la profesión, pero es que este muchacho talla sus artículos en basalto. Como ejemplo sublime de los extremos a los que puede llegar una mezcla apropiada de tedio y pedantería, consúltese el último artículo del protocandidato socialista en el diario El País, "El paso suspendido de la cigüeña", donde Madina le atiza al lector una mano de citas de Engels en pleno arrebato de originalidad. El pobre becario de turno solo atinó a resumirlo de esta manera antes de salir huyendo de la redacción en busca de apoyo psicológico: "La defensa de la diversidad hacia fuera entre colectivos, se acompaña de pluralidad hacia dentro". Ele.
Madina ha dado abundantes pruebas de que es casi tan sectario como Pablemos e igual de versátil. Uno se confiesa republicano y, en consecuencia, anuncia que votará a favor de la Ley Orgánica de sucesión del trono de España, y el otro trinca una beca de una organización eminentemente corrupta para pasar una temporada viendo mundo a costa del sufrimiento de los estafados por las preferentes que dice defender. Ahora bien, Pablemos no es tan peñazo como Madina. Es decir, no hay quien lo soporte más de un par de minutos en La Sexta, cuya programación está a su servicio como la de Telecinco al de Belén Esteban, pero como escribe poquito en la prensa y además va siempre al grano, sus alardes de marketing pijoflauta son más llevaderos.
Susana Díaz ha dado un paso atrás a ver qué hacen estos desoficiados con su partido, pero no es descartable que antes de que el PSOE se convierta en Madinemos aparezca en la calle Ferraz en un trono de salvadora, portado a hombros por los barones más insignes del partido y con Moreno Bonilla de cabo de andas.