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Los libros de texto saudíes, bombas de odio

Coincidiendo con la visita de Barak Obama a Arabia Saudí, la Fundación para la Defensa de las Democracias publicó un estudio en el que el experto en asuntos del Golfo Pérsico David Andrew Weinberg acusa a Washington de ocultar un informe del Centro Internacional para la Religión y la Diplomacia (CIRD) en el que se pone de manifiesto el adoctrinamiento en el odio a los no musulmanes que se perpetra en el sistema educativo saudí.

En 2011 el Departamento de Estado encargó al CIRD un informe sobre los libros de texto saudíes, libros que son exportados gratuitamente a todos los países en los que existen centros de estudios financiados por Riad. El documento, titulado "La tolerancia religiosa en el reino de Arabia Saudí", estaba acabado en 2012, pero Washington no lo ha publicado en su integridad, al contrario de lo que hizo con un estudio similar sobre los textos utilizados en las escuelas israelíes y palestinas.

La Secretaría de Estado aduce que no quiere molestar a los saudíes en un asunto en el que se están haciendo progresos. Sin embargo, antiguos funcionarios del departamento conocedores de este asunto aseguran que el motivo real es evitar dar una imagen pésima del régimen.

Los últimos manuales editados por Arabia Saudí contienen pasajes en los que se deshumaniza a judíos y cristianos, se promueve el asesinato de "desviados" como los homosexuales y se defiende la violencia contra los musulmanes no wahabíes. El libro de Ley Islámica correspondiente al décimo curso anima a los estudiantes a "matar a quien cambie de religión (…) porque no vale la pena mantener a esas personas con vida". También se afirma que "Dios creó a los judíos de monos y cerdos". El texto utilizado por los estudiantes de 12º describe a los judíos y a los cristianos como "las peores criaturas", que, lógicamente, "morarán en el fuego del infierno".

Este material de estudio se envía sin coste a toda la red académica internacional financiada por el régimen saudí, de la que forman parte centros de EEUU, donde un estudiante de un centro de Virginia cumple cadena perpetua por conspirar con Al Qaeda para asesinar al expresidente norteamericano George W. Bush. Y es que Arabia Saudí es un elemento clave en la exportación de yihadistas a todo el mundo, como demostró el informe de la comisión bipartidista sobre los atentados del 11 de septiembre, a través de un sistema educativo del que los jóvenes salen con escasa formación humanística y técnica pero profundamente radicalizados en su particular visión del islam.

El fanatismo religioso es una amenaza para la seguridad global, según aseguran expertos en la materia como el exvicesecretario para Terrorismo e Inteligencia Financiera del Departamento del Tesoro de EEUU Stuart Levey, quien considera "incluso más importante" luchar contra el adoctrinamiento que combatir la financiación del terrorismo, porque

a menos que la próxima generación sea educada en el rechazo al extremismo violento, estaremos siempre obligados a hacer frente al surgimiento de nuevos grupos de simpatizantes del terrorismo.

El rey Abdulá declaró semanas después de su coronación, en 2005, que habían cambiado los libros de texto para erradicar cualquier radicalismo. Lo mismo afirmó poco después el príncipe Saud al Faisal, ministro saudí de Exteriores, en referencia a un vasto programa destinado a revisar todo el sistema educativo para suprimir todo lo que no fueran llamadas a la cooperación y la coexistencia. Un año después de la llegada al trono de Abdulá, Arabia Saudí reconoció que la tarea de revisar los materiales de estudio estaba siendo muy laboriosa, por lo que se necesitarían uno o dos años más para finalizar los trabajos. La Casa Blanca llegó a un acuerdo con Riad para ampliar este plazo hasta mediados de 2008. Sin embargo, nada o muy poco se ha hecho en todo este tiempo, a tenor de los ejemplos antes citados, obtenidos del material utilizado en el actual currículo académico.

La promoción de la libertad religiosa es uno de los ejes cardinales de la acción exterior estadounidense, según han confirmado tanto Obama como su secretario de Estado, John Kerry. En el caso de Arabia Saudí, la tarea de suprimir este adoctrinamiento resulta especialmente imperativa por la cantidad de centros de estudio que tiene diseminados por todo el mundo. Weinberg insiste por este motivo en la necesidad de que la Casa Blanca adopte las medidas necesarias para forzar a los saudíes a reformar sus planes de estudios. También el Congreso norteamericano debería escuchar más a las organizaciones independientes que conocen de primera mano lo que ocurre en aquel país, en lugar de guiarse sólo por las informaciones que les proporciona la Secretaría de Estado.

© elmed.io

Política y mercado

Beatriz Talegón, secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas, publicó en EPlural un interesante artículo titulado "Deslegitimar la política es la política de mercado". Denuncia una siniestra campaña de "deslegitimación de la democracia" y advierte:

¿Qué pasaría si nadie participase en política? Sencillo: la especulación, el libre mercado se encontrarían en su hábitat ideal.

Ante ese temible escenario que aspira a "terminar con los derechos colectivos" mediante la manipulaciones de los medios, "que también responden en la mayoría de los casos al interés del mercado, donde el que paga, manda", doña Beatriz nos invita a defender la libertad, que define así:

La libertad de elección que se fundamenta en la igualdad de oportunidades, fruto de pactos sociales donde el Estado, a través de las normas nacidas de un poder legislativo elegido por la ciudadanía, debe garantizar por encima de todo el bienestar de sus ciudadanos.

Tiene mucho talento la destacada política socialista para resumir dos importantes facetas del totalitarismo. 

Primera, la paranoia. Estamos perseguidos por unos malvados, que son los mercados. Cualquier régimen despótico que usted pueda imaginar ha cultivado siempre el temor a un extraño y temible invasor. El objetivo es paralizar al ciudadano y prepararlo para que acepte mayores dosis de coacción, que, después de todo, deberá saludar porque son la mejor alternativa frente a ese tremendo enemigo. A ese objetivo colabora la clásica desvalorización de la persona libre, que en realidad está manipulada por los medios, lo que es una razón de más para que no se resista a la coacción política y legislativa.

Segunda, la mentira. El mercado es privado de su característica principal, que es la libertad; en efecto, según la señora Talegón, el mercado, que es donde podemos elegir qué hacer con nuestra propiedad, es un sitio espantoso donde prima la "especulación". La mejor alternativa, asegura, es la "democracia", donde las elecciones colectivas se imponen a los derechos individuales. De ahí que no diga ni una palabra de esos derechos, como si no existieran, y sólo subraye el peligro que se cierne sobre los derechos "colectivos".

La colectivización y negación de la elección individual ha sido siempre disfrazada por los totalitarios apelando a la democracia: recordemos, cuando había dos Alemanias, cómo se llamaba la Alemania donde los ciudadanos no podían elegir. La imposición política es siempre ocultada transfiriéndole sus defectos a la alternativa. Veamos cómo define doña Beatriz esa alternativa espeluznante: "El mercado, donde el que paga, manda".

Todo el mundo entiende esto: el que paga, manda. Lo inteligente del mensaje antiliberal es, como siempre, el escamoteo de su alternativa. ¿En el mercado, el que paga, manda? ¿Y qué pasa cuando no hay mercado? Según la retórica antiliberal, parece como si, en ausencia del perverso mercado, no mandara nadie. Ese el truco: ocultar la realidad de la política, que ha crecido precisamente a expensas del mercado y los derechos de los ciudadanos, y donde la coacción está siempre presente, y es paradójicamente saludada cuando es lo contrario del mercado. En el mercado el que paga, manda. En el Estado, el que cobra, manda.

La idolatría de la coerción se corona cuando sus propiciadores o ejecutores alegan que lo que hacen no es mandar, no es coaccionar, no es imponer. Lo que hacen es lo contrario: ellos representan la libertad, nada menos. Obviamente, para colocar una mercancía tan averiada hay que desfigurarla, y ese es el final del artículo, que asegura que la libertad no es un derecho de cada uno de nosotros, sino que depende totalmente de la política: nuestro único papel es votar, y nada más. Benjamín Constant llamaba a eso la libertad de los antiguos, y defendía, en cambio, la de los modernos, que no estriba en participar en la política sino en que la política no usurpe los derechos individuales.

Doña Beatriz Talegón está enraizada en la antigüedad: el ciudadano participa, pero su libertad no trasciende esa participación, porque depende de la igualdad, no la igualdad ante la ley, sino la igualdad mediante la ley, la llamada "igualdad de oportunidades" que, por supuesto, es sólo comprensible como igualdad de resultados impuesta por el poder.

Para que quede más claro, doña Beatriz va y lo dice: su libertad sólo es "fruto de pactos sociales". Obviamente, si su libertad de usted no es suya sino fruto de un pacto social, otro pacto social se la puede arrebatar. Y se la arrebatará con tanta más facilidad si el Estado no debe proteger su libertad sino, como concluye doña Beatriz de manera impecable, su "bienestar".

http://www.carlosrodriguezbraun.com/

Mitos de la Tasa Tobin, el cuento intervencionista

“A Tobin Tax would trigger the destruction of entire sections of the French financial industry and severely damage the economy”. , Christian Noyer, gobernador del Banco de Francia.

“The European Tobin Tax is the biggest present made to the City of London” .

Esta semana, el Eurogrupo ha aprobado el impuesto a las transacciones financieras que se va a implementar a partir de 2015 en 11 de los 18 países de la zona euro. Y como explicaba Eduardo Segovia en su artículo “La ‘tasa Tobin’ amenaza con dejar a España sin mercados frente al poderío de la City”es un enorme error.

Pobre James Tobin, premio Nobel de Economía. Le han puesto su nombre a un impuesto que él jamás habría aprobado. En 2002, poco antes de morir, el economista denunció que los “activistas antiglobalización han secuestrado mi nombre” al pe­dir un impuesto a todas las transacciones, de mayor calado e in­tervencionismo que cualquier propuesta que él hiciera. Porque su tasa estaba orientada solamente a un punto específico: las transacciones en moneda para reducir volatilidad, y no a todo tipo de movimientos financieros. Por eso, por respeto al Nobel, yo le llamo la Tasa Tontín.

Es un impuesto inútil y poco recaudatorio, con más efectos negativos que positivos. Suecia ha decidido no implementarla y no es casualidad. Porque es el país que la sufrió de manera más negativa para todos sus ciudadanos. Pero sobre todo es un impuesto injusto que paga el ciudadano.

Los mayores mitos sobre la tasa a las transacciones financieras son:

  • “Penaliza a los grandes especuladores”. Falso. Penaliza a los inversores minoritarios. Al día siguiente de la implementación, las comisiones por operación que un fondo que gestione más de 50 millones de dólares pagará a sus brokers serán de 15 a 20 puntos básicos (5 a 10 si es un discount bróker, cada vez más numerosos). Por cada contrato de futuro del Ibex 35, por ejemplo, entre dos y tres euros. Sin embargo, el inversor minoritario, según Arturo Villa y confirmado por entidades financieras españolas, pagará por cada contrato de futuro de Ibex 35 quince euros, unos tres euros de comisión para el banco que facilita la operación, y 12 euros a Hacienda. ¿Por qué? Porque los grandes inversores o dejan de operar en el país que implementa la tasa o el impacto de la misma lo debe asumir el banco que le presta el servicio. Y ustedes dirán: “Que se implante en todo el mundo” o “que los bancos les pasen la tasa a sus clientes”. Pero no, porque la competencia es alta y siempre pueden acceder a otros que no cobren el impuesto. Mi fondo de inversión recibe servicio de 150 bancos e intermediarios. Ni uno solo va a trasladar el coste del impuesto a sus clientes, ante el riesgo de que se desplomen las transacciones en las bolsas (un impacto estimado del 20% en volúmenes, según Deutsche Börse).
  • “Va contra los especuladores que atacan a nuestra deuda”. Falso. Esos especuladores, a los que hoy llamamos inversores que atisban la recuperación, no se ven afectados porque los estados europeos –pillines- han hecho caso a los informes de todos los expertos y, sabiendo que tendría un impacto de 13.500 millones de euros mínimo en mayores primas de riesgo y coste de deuda, han decidido eliminar la tasa de las transacciones en deuda soberana. Que no les fastidien su ansia endeudadora.
  • La tasa sobre las transacciones financieras evita la especulación a corto plazo”. Falso. Los que llevan a cabo operaciones a corto plazo son menos del 30% del volumen total. Ni pagan la tasa, como explicaba antes, ni tienen un riesgo adicional porque se ajusta tanto en el coste de préstamo como en volumen. El inversor a corto plazo siempre ajusta sus operaciones a la liquidez diaria. Si ésta se desploma, solo cambia el volumen, no la  actividad. Es decir, si la tarta (liquidez diaria del índice del país) se reduce por el efecto de la tasa, solo cambia el volumen de su pedazo, y el efecto es el mismo. De hecho, he leído informes de la bolsa italiana o francesa que alertan sobre volatilidades muy superiores.
  • “Los malvados fondos extranjeros pagan sus acciones”. Falso. El peor efecto de la Tasa es el del impacto sobre la industria financiera local. Centenares de pequeños operadores y bancos, y hasta 125.000 profesionales (según FT) en Europa, perderán su negocio y puesto de trabajo por la imposibilidad de asumir el coste del impuesto en sus comisiones. La propia Comisión Europea afirmaba que “el impacto directo en el empleo se va a dar en el sector bancario por deslocalización y perdida de actividad” (18/2/2013). En la City de Londres, Wall Street, Hong Kong, Tokio o Singapur, sin embargo, están celebrando con champagne el tiro en el pie que se han dado los estados europeos, anticipando la cantidad de negocio que va a revertir a sus plazas escapando de Europa. Esto, celebrar la decisión de la UE, lo vi el jueves en Berkeley Square, no es una metáfora.
  • “Se recaudarán miles de millones”. Falso. Lo explico en “Viaje a la Libertad Economica”. En Suecia se recaudó 15 veces menos de lo previsto. Querían ingresar 1.500 millones de coronas, no llegó a 100 millones y, encima, cayó la recaudación por plusvalías. Sin embargo, los defensores de la tasa suelen argumentar que el caso sueco “es diferente”, que, como hemos visto tantas veces, es la mejor excusa para hacer lo “A Tobin Tax would trigger the destruction of entire sections of the French financial industry and severely damage the economy”. Christian Noyer, gobernador del Banco de Francia.

    “The European Tobin Tax is the biggest present made to the City of London” .

    Esta semana, el Eurogrupo ha aprobado el impuesto a las transacciones financieras que se va a implementar a partir de 2015 en 11 de los 18 países de la zona euro. Y como explicaba Eduardo Segovia en su artículo “La ‘tasa Tobin’ amenaza con dejar a España sin mercados frente al poderío de la City”es un enorme error.

    Pobre James Tobin, premio Nobel de Economía. Le han puesto su nombre a un impuesto que él jamás habría aprobado. En 2002, poco antes de morir, el economista denunció que los “activistas antiglobalización han secuestrado mi nombre” al pe­dir un impuesto a todas las transacciones, de mayor calado e in­tervencionismo que cualquier propuesta que él hiciera. Porque su tasa estaba orientada solamente a un punto específico: las transacciones en moneda para reducir volatilidad, y no a todo tipo de movimientos financieros. Por eso, por respeto al Nobel, yo le llamo la Tasa Tontín.

    Es un impuesto inútil y poco recaudatorio, con más efectos negativos que positivos. Suecia ha decidido no implementarla y no es casualidad. Porque es el país que la sufrió de manera más negativa para todos sus ciudadanos. Pero sobre todo es un impuesto injusto que paga el ciudadano.

    Los mayores mitos sobre la tasa a las transacciones financieras son:

    • “Penaliza a los grandes especuladores”. Falso. Penaliza a los inversores minoritarios. Al día siguiente de la implementación, las comisiones por operación que un fondo que gestione más de 50 millones de dólares pagará a sus brokers serán de 15 a 20 puntos básicos (5 a 10 si es un discount bróker, cada vez más numerosos). Por cada contrato de futuro del Ibex 35, por ejemplo, entre dos y tres euros. Sin embargo, el inversor minoritario, según Arturo Villa y confirmado por entidades financieras españolas, pagará por cada contrato de futuro de Ibex 35 quince euros, unos tres euros de comisión para el banco que facilita la operación, y 12 euros a Hacienda. ¿Por qué? Porque los grandes inversores o dejan de operar en el país que implementa la tasa o el impacto de la misma lo debe asumir el banco que le presta el servicio. Y ustedes dirán: “Que se implante en todo el mundo” o “que los bancos les pasen la tasa a sus clientes”. Pero no, porque la competencia es alta y siempre pueden acceder a otros que no cobren el impuesto. Mi fondo de inversión recibe servicio de 150 bancos e intermediarios. Ni uno solo va a trasladar el coste del impuesto a sus clientes, ante el riesgo de que se desplomen las transacciones en las bolsas (un impacto estimado del 20% en volúmenes, según Deutsche Börse).
    • “Va contra los especuladores que atacan a nuestra deuda”. Falso. Esos especuladores, a los que hoy llamamos inversores que atisban la recuperación, no se ven afectados porque los estados europeos –pillines- han hecho caso a los informes de todos los expertos y, sabiendo que tendría un impacto de 13.500 millones de euros mínimo en mayores primas de riesgo y coste de deuda, han decidido eliminar la tasa de las transacciones en deuda soberana. Que no les fastidien su ansia endeudadora.
    • La tasa sobre las transacciones financieras evita la especulación a corto plazo”. Falso. Los que llevan a cabo operaciones a corto plazo son menos del 30% del volumen total. Ni pagan la tasa, como explicaba antes, ni tienen un riesgo adicional porque se ajusta tanto en el coste de préstamo como en volumen. El inversor a corto plazo siempre ajusta sus operaciones a la liquidez diaria. Si ésta se desploma, solo cambia el volumen, no la  actividad. Es decir, si la tarta (liquidez diaria del índice del país) se reduce por el efecto de la tasa, solo cambia el volumen de su pedazo, y el efecto es el mismo. De hecho, he leído informes de la bolsa italiana o francesa que alertan sobre volatilidades muy superiores.
    • “Los malvados fondos extranjeros pagan sus acciones”. Falso. El peor efecto de la Tasa es el del impacto sobre la industria financiera local. Centenares de pequeños operadores y bancos, y hasta 125.000 profesionales (según FT) en Europa, perderán su negocio y puesto de trabajo por la imposibilidad de asumir el coste del impuesto en sus comisiones. La propia Comisión Europea afirmaba que “el impacto directo en el empleo se va a dar en el sector bancario por deslocalización y perdida de actividad” (18/2/2013). En la City de Londres, Wall Street, Hong Kong, Tokio o Singapur, sin embargo, están celebrando con champagne el tiro en el pie que se han dado los estados europeos, anticipando la cantidad de negocio que va a revertir a sus plazas escapando de Europa. Esto, celebrar la decisión de la UE, lo vi el jueves en Berkeley Square, no es una metáfora.
    • “Se recaudarán miles de millones”. Falso. Lo explico en “Viaje a la Libertad Economica”. En Suecia se recaudó 15 veces menos de lo previsto. Querían ingresar 1.500 millones de coronas, no llegó a 100 millones y, encima, cayó la recaudación por plusvalías. Sin embargo, los defensores de la tasa suelen argumentar que el caso sueco “es diferente”, que, como hemos visto tantas veces, es la mejor excusa para hacer lo mismo que no ha funcionado en otro lugar, con resultados igualmente desastro­sos. Según las estimaciones de la propia Comisión Europea, la recaudación sería mínima. Cuando dicen 35.000 millones es una cifra máxima estimada. Sin embargo, los países europeos perderían decenas de miles de millones más en sus sectores financieros por perdida de negocio y de empleos. En el caso español, que pretende recaudar 5.000 millones, y serán menos, ya lo verán, hasta 6.250 millones de euros anuales según estimaciones usando datos de Bolsas y Mercados (pérdida de volumenes del 20%) y de los grandes bancos. Incluso en el caso francés e italiano, los gobiernos admiten un efecto “prácticamente neutral” de sus impuestos a las transacciones financieras.
    • “La bolsa subirá al desaparecer los especuladores a corto plazo”. Ni baja ni sube. Como comento en “Viaje a la Libertad Económica”, el efecto negativo es sobre los volúmenes y la liquidez diaria, no predice subidas ni caídas. Podemos comprobar el impacto en Italia, donde se ha aplicado una tasa similar. En marzo de 2013, el Gobierno italiano aplicó un impuesto “limitado” a acciones, derivados y trading de alta velocidad. Como no podía ser de otra manera, a pesar de la implemen­tación gradual, el impacto fue muy severo. La caída de transacciones en la bolsa italiana fue del 9,1 % (datos de Borsa Italiana). En el mercado de acciones específicamente, la liquidez y las operaciones se desplomaron un 18%, poniendo en peligro las salidas a bolsa y opciones de captar capital de más de veinte empresas que planeaban acudir a los mercados. En Brasil fue inmediato. Imponer la tasa sobre las transacciones financieras y hundir contratación, salidas a bolsa y financiación de empresas.
    • “La economía financiera que nos metió en la crisis paga nuestra deuda”. Una recaudación “estimada” de 5.000 millones de euros, que se queda en nada después, como ocurrió en Suecia e Italia, en un país que se endeuda en 65.000 millones anuales ni reduce el déficit ni reduce la deuda. Si el impacto es negativo, como estimo, por pérdida de recaudación de impuestos de nuestro sector financiero y empleo, peor.

    Dice la Unión Europea que “para evitar que se deslocalicen a la City de Londres, los instrumentos financieros emitidos por los estados miembros serán gravados cuando sean objeto de negociación”. Es sinceramente increíble. Conocen a la perfección el impacto negativo de los ejemplos precedentes y se lanzan al “esta vez es distinto”. ¿Buscan que se hundan la cotizaciones como ocurrió en Brasil? Eso les da igual. Tampoco les importa que las empresas endeudadas, que han estado utilizando el mercado bursátil para recapitalizarse, se vean en dificultades. Pero sobre todo, saben que es inútil. Gravar en el momento de la negociación no reduce en nada los riesgos mencionados.

    La Tasa Tontín no es un impuesto al sector financiero. Es, como el IVA, como los impuestos verdes que les cuelan en todo lo que compran, otro impuesto indirecto que paga el ahorrador, el pensionista, el pequeño inversor. A nadie en la City o en Wall Street le va a afectar. Porque los fondos que van a llegar escapando de las plazas europeas pueden a ser muy significativos.  

    ¿Por qué lo sé? Porque siempre ha ocurrido. En todas las ocasiones en que se ha aplicado, el efecto positivo directo ha ido a las tres plazas financieras globales: Nueva York, Tokio y Londres. Es un cheque regalo a Wall Street de unos estados hiperendeudados que pretenden seguir rascando de cualquier bolsillo para mantener sus privilegios. Mientras les dicen que “atacan a la especulación”… con su dinero.

Honduras, ¿el Dubái de Centroamérica?

Hong Kong, Dubái, Luxemburgo, Singapur… Desde hace años, todos estos países o territorios encabezan las listas de los lugares más prósperos del mundo. No tienen demasiado en común. Algunos están entre dos grandes estados ricos (Francia y Alemania), mientras que otros están a miles de kilómetros del resto del primer mundo. Unos tienen recursos naturales (petróleo en el caso de los Emiratos Árabes), otros le han tenido que ganar terreno al mar para hacer hueco a su creciente población. Los hay que fueron colonias, aunque no de los mismos países. Y la mayoría eran pobres hace 60-70 años.

En realidad, su único punto en común parece ser su tamaño: son pequeños. Eso sí, desde que comenzaron a enriquecerse, también están entre los territorios más densamente poblados del mundo. Hong Kong, por ejemplo, tiene siete millones de habitantes (más o menos los mismos que Bulgaria) en apenas 1.000 kilómetros cuadrados (la mitad de la superficie de Guipúzcoa).

Eso sí, comparten algunas otras cosas además de su pequeña extensión: son economías libres, con un entorno institucional que favorece la creación de empresas, el desarrollo del talento y la atracción de inversiones.

Buscando esos territorios en un mapamundi, es curioso darse cuenta de que están más o menos repartidos por todo el globo, con una excepción: el continente americano. Sí, hay algunas islas caribeñas que podrían considerarse paraísos (o refugios, como dicen los anglosajones) fiscales. Pero no existe el equivalente a Hong Kong o Dubái, que no sólo atraen por sus beneficios fiscales, sino que se han convertido en un foco de inversión y en lugares clave como centros de negocio. Quizás, en parte, es porque no hay motivo: Nueva York, Chicago o Toronto ya ofrecen un entorno atractivo para las empresas del que a lo mejor se carecía en Asia.

Precisamente, en estos días, se está poniendo en marcha en Honduras uno de los proyectos más ilusionantes que se recuerdan en Hispanoamérica: las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE). La idea sería crear áreas especiales con un tratamiento fiscal, administrativo y legal particular. El objetivo es atraer inversiones, y hacer del pequeño país centroamericano el nuevo Dubai o Hong Kong.

En un momento en el que se está disparando el comercio entre los dos grandes vecinos ricos americanos (EEUU y Canadá) y los países en desarrollo del cono sur (Brasil, Colombia, Perú, Chile), las ZEDE quieren jugar su baza geográfica. Este jueves, uno de sus promotores, Mark Klugmann, estuvo en Madrid y Libre Mercado habló con él. Sobre este tipo de proyectos se ha especulado mucho en el pasado. Pero ahora parece que podrían hacerse realidad.

¿Cuándo?

Como apuntamos, se habla desde hace años de estas zonas de desarrollo económico. En su momento, se conocieron como "ciudades libres". Pero siempre, por una cosa o por otra, no acababan de salir adelante.

Ahora, Klugmann cree que ha llegado el momento para "este mismo año". "Hay mucho optimismo", asegura, el proyecto fue aprobado por "una mayoría muy grande y transversal [en el Congreso de Honduras], de 128 diputados, sacamos más de 100 votos. Se ha reformado la Constitución y se ha ratificado un tratado con Kuwait. Ya no sólo hablamos de legislación interna, hay también un elemento internacional".

De hecho, en febrero una delegación de empresarios coreanos estuvo en el país centroamericano visitando las posibles ubicaciones. La más probable parece estar en el suroeste del país, cerca del Golfo de Fonseca. Incluso, Klugmann, exasesor económico de Ronald Reagan, cree que podría ser sólo el inicio de un renacimiento regional: "El presidente Juan Orlando Hernández ha puesto este tema en la agencia regional de Centroamérica. La idea es que los países vecinos también tengan sus zonas especiales, que colaboren entre ellas".

¿Cómo?

Ciudades libres, paraísos libertarios… El futuro de estas zonas ha sido siempre objeto de muchas elucubraciones, en parte por la novedad. Sus promotores creen que serán mucho más terrenales de lo que algunos creen. Escuchando a Klugmann, uno se hace una idea de un territorio a medio camino entre Hong Kong y el Dubai International Financial Centre. Es decir, un lugar con cierta autonomía en lo que hace referencia a las normas empresariales (fiscalidad, mercado laboral, tribunales, administración…), pero que en todo lo demás sigue siendo parte de un Estado soberano.

"Hong Kong es un caso interesante", explica Klugmann, "existe dentro del espacio soberano de la República Popular de China. Pero si quieres invertir allí, no es necesario que entiendas o conozcas el marco jurídico de la República Popular China. En realidad, hay un sistema jurídico que opera bajo el common law (derecho anglosajón), incluso los jueces que hay allí son jueces internacionales, que vienen de otros países. Esto permite al inversor la tranquilidad de que no habrá una fuerza política nacional superior que pueda favorecer un interés sobre otro. Tiene la confianza de que habrá un sistema para resolver disputas (defender contratos, proteger derechos de propiedad, mantener estables las reglas de juego)".

En el caso de Dubái, su emir "quiso crear una zona financiera y pensó que sólo con la pata económica (aranceles, impuestos, normas laborales, reglamentos,…) no iba a ser suficiente. Por eso, en 2006, estableció un elemento muy fuerte institucional-legal: tribunales, jueces, cultura judicial… Lo que hizo es decir: ‘En esta zona no habrá leyes ni jueces nacionales, habrá un sistema anglosajón’. Contrató a magistrados muy distinguidos de Singapur, Nueva Zelanda, Gran Bretaña".

¿Qué son las ZEDE?

Como apuntamos, las facilidades económicas para los inversores y un sistema legal estable son dos aspectos fundamentales. Pero los promotores de las ZEDE aseguran que el proyecto no estaría completo sin las otras dos patas de la silla, la administrativa y la política.

Klugmann defiende que "la pata administrativa también es de importancia fundamental. En la práctica es la diferencia entre lo que está escrito y lo que de verdad ocurre. Es un poder ejecutivo eficiente y transparente. Por ejemplo, en Hong Kong uno trata con el servicio civil, que tiene normas y cultura del Civil Service inglés. En Singapur, hay un poder ejecutivo con el que uno siente que no envejecerá mientras espera a la burocracia. Hay países donde el efecto de tratar con el poder ejecutivo es lento, burocrático, corrupto… En otros países, tienen grandes problemas de inseguridad u orden público. Problemas en la parte policial, no sólo en la jurídica".

Por último está la pata de la "estabilidad y la transparencia políticas". Ésta quizás sea la gran duda del proyecto. Ahora mismo, el Gobierno hondureño está muy implicado, pero quién asegura que en un futuro no logre el poder un populista que intente expropiar o controlar las ZEDE.

Klugmann apuesta por dos caminos para evitar este peligro. Por una parte, los tratados internacionales en los que estará implicado el estado hondureño y que protegerán a las empresas. Además, recuerda los altos porcentajes de apoyo que obtuvo en el Congreso del país la creación de esta zona. Y los promotores creen que una vez que esté en marcha y generando riqueza, será muy difícil que nadie lo detenga. Eso sí, es consciente de que sin esta estabilidad, nada será posible.

"El inversor quiere saber si todo va a cambiar después de la siguiente elección. Por ejemplo, en Suiza uno puede invertir en un proyecto sin tener angustia sobre lo que pasará con las elecciones. La estabilidad en el modelo y las garantías de que estará protegido del populismo son muy importantes".

¿Sin impuestos?

Cada vez que se habla de las ZEDE, lo primero que viene a la cabeza es un paraíso tributario, con tipos cercanos al 0% para empresas y residentes. Pero no es esto lo que han diseñado sus promotores.

Sí, habrá una baja fiscalidad, pero Klugmann asegura que su mayor atractivo no será éste: "Lo interesante es que la gran mayoría del capital productivo del mundo no está en zonas libres de impuestos. Parece una paradoja. El gran instrumento de los países en desarrollo para atraer inversión es decir ‘aquí no tiene que pagar impuestos’. Hay 3.500 zonas en todo el mundo libres de impuestos. Pero las grandes inversiones están en EEUU, Canadá, Suiza, Suecia, Singapur…"

Para explicar esta situación, pone un ejemplo muy gráfico: "Imagine un mundo en el que la única forma en la que compiten los restaurantes sea por el precio. En ese modelo, el límite sería un restaurante con la comida gratuita. Pero no sería el modelo dominante, porque en un restaurante de comida gratuita la comida sería mala, la atención lenta, las mesas sucias… Mientras, al lado, abrirán otro restaurante que pondrá una comida tan deliciosa y un servicio tan bueno que la gente estaría dispuesta a pagar. En el mundo real, se compite por calidad. Aunque claro, debe haber precios conforme a lo que está ofreciendo".

En lo que tiene que ver con las inversiones, Klugmann recalca que lo fundamental para una empresa es la seguridad jurídica (que no es incompatible, por supuesto, con un sistema fiscal muy atractivo).

"Si una empresa está pensando en hacer una inversión de 100 millones, su mayor riesgo es perderlo todo por una expropiación, por problemas jurídicos, etc… En ese contexto, imaginemos un impuesto del 10% sobre mis ganancias, que son de 10 millones al año. Sí, yo pierdo 1 millón cada año, pero estoy asegurando la inversión inicial de 100 millones. Es preferible esto, a cambio de estabilidad, instituciones sólidas, un buen sistema jurídico, etc… Imaginemos que le decimos a un inversor: ‘No va a pagar impuestos, pero no le damos seguridad’. Eso es lo que le garantizamos en la ZEDE: un sistema legal que conoce, seguridad, estabilidad política, jueces… Y también un modelo económico y fiscal muy atractivo".

Querer es poder y no querer es no poder

Ayer, jueves 3 de marzo, el Instituto Juan de Mariana coorganizó en la Fundación Rafael del Pino, el Free Market Road Show, una reunión de economistas, periodistas, asesores políticos, etc., dispuestos a reflexionar sobre diferentes aspectos de la lucha por la libertad. Tuve la enorme fortuna de estar en la misma mesa que el director del Instituto Juan de Mariana y compañero de tertulia, Juan Ramón Rallo, Carlos Rodríguez Braun y José Piñera. Éste último expuso el funcionamiento del sistema de pensiones chileno y las razones que explican sus más de treinta años de éxito.

Una de las cuestiones que más me llamó la atención fue que Piñera se mostró asombrado porque los españoles ante quienes explica su sistema, después de entender perfectamente la teoría, el funcionamiento, etc., invariablemente afirmaban: "Esto en España no es posible". Efectivamente, esa contestación encaja perfectamente en boca de cualquier español, de cualquier filiación política. Pero esa frase no solamente es imaginable en un español al contarle las bondades de un sistema de pensiones de capitalización frente a uno de reparto. Cualquier proyecto que implique un mayor protagonismo de las decisiones individuales se encuentra con un "Esto en España no se puede hacer".

La solidaridad no estatalizada: no se puede. Los españoles acudimos a las urnas para votar que nos quiten la mitad de nuestro medio de vida para que otros decidan a quién dárselo, pero estamos convencidos de que cada uno de nosotros dejaríamos morir al otro en mitad de la calle.

La educación libre: no se puede. Los padres pueden no ocuparse suficientemente de los hijos. El Estado, por el contrario, sabe qué necesitan tus hijos mejor que tú.

La lucha por la igualdad ante la ley de todos los seres humanos: solamente el Estado puede hacerse cargo. Las mujeres, por ejemplo, por si solas no son suficientes, necesitamos al Estado. Y así, todo. Y cuando algún entusiasta defiende un proyecto viable se encuentra con un torrente de voces que aseguran que no se puede. En España, no, no se puede.

Y José Piñera, el auténtico cartero de Neruda como explicó John Müller en la presentación, sonreía mientras señalaba los más de treinta años de éxito del sistema que aquí, al parecer es imposible, no se puede, va a ser un fracaso…

Así es como nos perdemos la oportunidad de asegurar el futuro de nuestros mayores, la justa retribución tras una vida de trabajo, y consentimos que nuestros políticos jueguen a proponer cambios en los parámetros relevantes en la fórmula que se utiliza para calcular las pensiones, sin que cambie el mal de raíz. Eso es el socialismo de todos los partidos, el que reclama y levanta la bandera por cosas que en realidad aniquila: los pobres, los ancianos, la educación de los niños, la sanidad y, como estrella, la justicia. De hecho, el socialismo de todos los partidos ha creado instituciones esenciales, supuestamente para asegurar la independencia de la justicia, la constitucionalidad de las normas, etc., como el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas y nos hemos creído que con eso bastaba. La triste realidad es que ninguna de esas instituciones medulares de justicia se caracteriza por un funcionamiento saludable. Y cuando uno se decide a crear un grupo de estudio, con la intención de que su finalidad última sea eminentemente práctica, para proponer reformas que faciliten el buen funcionamiento de estas instituciones, se encuentra con el mantra de siempre "En España no es posible".

Pues se puede. Se puede disfrutar de un sistema de pensiones liberal. Se pueden modificar los incentivos perversos en las instituciones. Se puede analizar la función de preferencia de los funcionarios, en concreto, los magistrados, para que les merezca más la pena comportarse honestamente que permitir que haya un sesgo político en su toma de decisiones. Solamente hay que ponerse. Y, sobre todo, hay que querer ese cambio. 

Contradicciones cargadas de ideología

La izquierda es esencialmente antipersona, egoísta, grupal y violenta hasta más no poder. Una persona violenta (que no sea un asesino en serie furtivo) consigue pocos resultados positivos con su acción; pronto será anulada. Pero un grupo violento es mucho más efectivo. De ahí su amor al colectivismo: por lo único por lo que aman al prójimo es para ser más y más fuertes. Que son maestros del engaño, sofistas manipuladores de la palabra y que manejan ingentes cantidades de recursos humanos y económicos (sí, especialmente monetarios) para alimentar y engordar su abyecta propaganda, además de sus agradecidos estómagos, es sobradamente conocido.

Que sus mantras (o" memes") van al corazón de la "ciudadanía" es igualmente sabido, pero su pretendido cientismo, con sus Galbraith, Krugman, Stiglitz, Sachs en la vanguardia, nos lleva a plantearnos no sólo la solidez de sus exigencias más reivindicativas (la "calle"), sino la solidez de sus teorías.

El mes pasado me referí a una de las contradicciones del socialismo: la simultánea defensa de la libertad (positiva) y de la "diversidad". No voy a insistir mucho más en los argumentos que ya espeté: diversidad, sí, siempre que ellos la sancionen y la glorifiquen. Al resto de personas no le conceden ninguna libertad.

El número de contradicciones es casi infinito y, desde luego, muy cansino. Me ceñiré fundamentalmente a casos de la macro y microeconomía. Lo que tienen en común estos mensajes es que siempre son antipersona y antimercado, recordemos. Y tengamos presente también que mercado, por más carga negativa que se le quiera imputar, no es sino la libre agrupación de personas para intercambiar, especializarse y crear valor. Por este grupo o "colectivo" que intercambia libremente no sienten la menor simpatía. No lo pueden dominar ni emplear como instrumento arrojadizo de coacción. Es un grupo extremadamente heterogéneo, no organizado (no existe una conciencia de pertenencia) y esencialmente pacífico. Lo atacan sin conmiseración. Así que en su odio al mercado o individuo, como veremos a lo largo de todo este repaso, son la mar de consistentes: no importa lo razonado del argumento (éste es sólo un medio para el fin citado), no importa si hoy dicen "A" y mañana "B".

Las crisis económicas y su contrapunto, las épocas de auge, son muy propicias para la proliferación de mensajes alarmistas.

En los auges económicos, proliferan monsergas que hacen hincapié en el exceso de consumo. Hablamos del terrible "consumismo", algo que se repite una y otra vez en las fiestas de Navidad. Autores como Galbraith nos recuerdan lo negativa que es la publicidad como engañabobos de inocentes despistados que compran por doquier (especialmente, en épocas de bonanza, claro). Es la orgía del consumo. El materialismo se impone a la solidaridad. Al tiempo que se sobreconsume, el mercado provee muchos bienes inútiles en esa época de producción desenfrenada. Desde la oferta (el empresario), además, se fuerza al consumidor a despilfarrar en casi cualquier cosa. Se pone de manifiesto una ineficiencia en el uso de recursos productivos debido a la oferta creciente de bienes absurdos. El despilfarro, por el lado de la demanda, apuntala la pérdida de bienestar social: ese dinero malgastado podría estar "mejor repartido" entre la sociedad, de manera más solidaria, aumentando el bienestar social.

El consumo, más allá de para fines realmente básicos, no está precisamente bien visto por la economía del bienestar. Pero en plenas burbujas económicas, no pueden criticar al mercado por su escasez (pobreza), sino por su exuberancia y por la propagación de valores más mundanos.

Pero y qué pasa cuando llega la crisis o recesión. ¿Cómo puede ser esto? Cambian las tornas. El consumo está por los suelos, la producción se contrae y el desempleo gana enteros. Emergen las teorías del subconsumo. Hay que revitalizar la economía como sea. La redistribución es un buen mecanismo. Consumir más allá de niveles que satisfagan necesidades más básicas (¿cuáles son éstas?) es de mal gusto. Se debe acudir a las transferencias de recursos desde los más adinerados (poderosos) a los menos con el fin de alcanzar mayor bienestar personal (y social). El Estado forzará la igualdad a través de la redistribución. Así es como personajes como Beveridge, impulsor del estado redistribuidor británico en los años 40, o Keynes (con la propensión marginal al consumo y redistribución a través del presupuesto) son tan complementarios.

En las crisis, la economía está paralizada. Los ricos, que no tienen dónde invertir en una economía en retroceso, asimismo consumen de sus rentas proporcionalmente menos que los pobres. Quitemos a unos para dar a otros y que consuman, que consuman como locos. Lo que sea, no importa, pero que consuman. La economía dejará de estar agarrotada.

Así nos topamos con que, según qué fase del ciclo, el consumo se vilipendia o se implora.

Por último, voy a detenerme en el marco regulatorio, que también da enorme juego. Si nos paramos a analizar la exposición de motivos de la legislación de competencia con la que se interviene la empresa por abuso de posición dominante, hallaremos sesudos y solidarios argumentos, todos ellos orientados, en teoría, a garantizar el bienestar del consumidor, siempre indefenso ante el egoísta y acaparador productor.

De nuevo, emerge la misma visión paternalista que ante la publicidad. El consumidor es tonto y por eso le engañan. Pensemos en las políticas sociales, monopolizadas por el Estado. En defensa de las políticas educativas del estado de bienestar, se asume que las élites políticas e intelectuales (despotismo) han de velar por los contenidos que deben recibir de forma uniforme los hijos secuestrados de sus padres para ser instruidos como colectivo y de manera inequívoca en "socialismo". El padre, como el consumidor, es tonto. Pero puede votar cada cuatro años para decidir no sobre su propio futuro y el de sus hijos (no le dejan), sino sobre el de los demás. Al parecer, sí está facultado para decidir lo que atañe a su vecino (la nación), pero no para lo que le conviene a él (que es lo que le tocaría, dado que sólo él sabe cuáles son sus planes). Bonita paradoja, señores. ¿No será que quienes nos toman por tontos son el Estado, los políticos, los burócratas y colectivos que viven del presupuesto?

El Estado no sólo crea monopolios propios, como los de provisión de servicios públicos como la sanidad, pensiones o educación, sino que los fomenta en áreas productivas de la economía (telecomunicaciones). Siempre en defensa del ciudadano o del consumidor, arguyen. El mercado abusaría del desvalido en caso contrario.

Según la teoría económica que sirve de coartada para el regulador, lo ideal es que en un sector determinado y dado, todos los productores produzcan lo mismo, sin diferenciar el producto y al mismo precio. También es ideal que sean productores pequeños que no tengan rentabilidades que exceden la tasa de beneficios de toda la economía. Y qué tiene esto de ventajoso para el consumidor. Si un empresario en un sector no está produciendo conforme a este modelo está ejerciendo, según afirman estos teóricos, prácticas desleales contra el consumidor y el resto de productores (barreras de entrada). El consumidor ve reducir su bienestar social porque en las formas monopolistas, los productores cargan mucho precio y restringen la producción (la OPEP, por ejemplo). El monopolista vende menos unidades de las que podría de no querer llenarse las manos de vil metal.

Cuál es el perjuicio al consumidor: más precio, menos cantidad y variedad de bienes de la misma categoría. Aunque no es el sitio para rebatir esto, pensemos en si Apple, bastante "monopolista" él, está impidiendo, por más que efectivamente venda caro (a gente encantada de pagar ese precio), que en su sector bajen los precios y se incrementen de manera abrumadora y gozosa para el consumidor los bienes tecnológicos de la categoría en la que esta compañía es vanguardia. Ellos son los líderes (o lo han sido hasta ahora) y otros, con otras propuestas de valor diferente, les han seguido, vigorizando el sector y satisfaciendo deseos de individuos con otro perfil comprador (y nivel adquisitivo) a precios cada vez más menguantes y atributos de producto cada vez mejores. Y todo gracias al vil metal. Quién en su sano juicio va a invertir en I+D en un sector moribundo, que no tiene el menor potencial creador, que da beneficios pírricos porque ya no hay forma de estirarlo más y está agotado…

Pero efectivamente parece que al Estado no le gustan los monopolios. Pero… ¿qué demonios es el Estado? El mayor monopolio privado (personas) que existe. A diferencia del impersonal, voluntario, dinámico y pacífico mercado, se legitima a través de la violencia institucional y sistemática (y buenas dosis de demagogia, eso sin duda). Valga la diferencia… Pero además: ¿Qué hace el Estado sino crear monopolios en los campos de la salud, la cultura, la educación, las infraestructuras, etc.? ¿Qué hace el Estado sino impedir disrupciones tecnológicas en áreas que, como la energía, tiene regulada hasta la saciedad, impidiendo la competencia y favoreciendo a las empresas establecidas? ¿Qué hace el estado sino imposibilitar que en campos estratégicos y básicos para el ser humano como la salud, la creación de conocimiento o la energía se creen nuevas formas de producción, nuevos bienes y servicios, más empleo y especialización? ¿Quién está impidiendo variedad experimental (prueba y error) a precios cada vez más reducidos? ¿Quién está empleando sus instrumentos de regulación y de política fiscal (de redistribución de rentas) para beneficiar a ciertos sectores o empresas? ¿Quién está haciendo que el individuo, el que parecía importar en todo este tinglado, se vea limitado en los servicios y bienes que podría disfrutar en una economía creativa, y constreñido en sus opciones, ahora que el conocimiento está disponible de manera prácticamente gratuita y es la clave de la creación de valor y progreso en la economía?

Hace unos días, Adolfo Lozano se preguntaba que quiénes eran más asesinos: si la enfermedad del SIDA o la enfermedad del gobierno. Aniquilan la libertad, no permiten experimentar a través de la diversidad y las personas (ellos los llaman "ciudadanos") lo pagan en sus débiles carnes.