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La economía a través del tiempo (XI): Los egipcios se adelantaron a Aristóteles

Las instrucciones de Ptahhotep, escritas entre  2494 a.C. y  2345 a.C., son una serie de consejos que, al igual que los analizados en anteriores artículos, pretenden servir de consejos que alguien experimentado transmite al más joven. La forma de estos documentos no tiene más intención que la de legarse de generación en generación y servir como guía a lo largo de los años.

De hecho, es probable que la propia firma del texto sea falsa. Puede que se haya puesto simplemente para que los mandatos parezcan provenir de una autoridad. Esto se debe a que Ptahhotep era un escriba cercano al faraón Dyedkara Isesi, algo que, evidentemente, otorgaba cierta reputación. Es más, la posición del redactor era cercana a lo que hoy se entendería como un Primer Ministro. Era un administrador de la Hacienda Real que le infería una gran autoridad tanto para su pueblo como para las generaciones posteriores.

La codicia bien entendida empieza (y termina) con lo propio

Aunque no sea el momento de ver con profundidad el pensamiento de Aristóteles, es importante resaltar las similitudes que existen entre el siguiente fragmento y uno de los planteamientos que el filósofo griego realiza en su obra Política. En concreto, siguiendo la traducción de Sánchez (2020), las instrucciones de Ptahhotep establecen lo siguiente:

No seas avaro en los repartos, ni codicioso más que en lo relativo a tus bienes, ni avaro con tus allegados (p. 33).

No ser avaro ni codicioso, un valor común a numerosas culturas, no es lo que en este fragmento llama la atención, sino la excepción que se establece para tal normal. En efecto, el texto indica que las personas pueden codiciar sus propios bienes, algo que se puede interpretar como una defensa de la propiedad que, además, no está condicionada bajo una visión egoísta. Esto es porque, inmediatamente después, el instructor enuncia la importancia de compartir, de atender a los allegados. Es aquí cuando se asoma Aristóteles (1993), quien afirma lo siguiente:

Se censura el egoísmo justamente; pero éste no consiste en amarse a sí mismo, sino en amarse más de lo que se debe, y de igual modo pasa con el amor al dinero, ya que todos, en definitiva, amamos cada una de estas cosas. Por otra parte, el hacer favores y socorrer a los amigos, huéspedes y camaradas, es lo más agradable, y esto sólo se realiza gracias a la propiedad privada (p.75).

No es este el espacio para realizar un análisis sobre el pensamiento aristotélico, pero sí es menester resaltar que ambos textos parecen querer expresar más o menos lo mismo. El deseo exacerbado, ya sea en forma de avaricia y codicia en el caso del documento egipcio o de egoísmo en el caso del filósofo, es algo perjudicial. La protección de lo propio, ya sea en forma de codicia de los bienes que se poseen como en las instrucciones de Ptahhotep o en forma de propiedad privada o amar al dinero de forma sosegada, como plantea Aristóteles, es algo plenamente natural que no debe provocar mala conciencia.

Amor al prójimo

Y, por último, la atención y el amor al prójimo, ya sea dejando de lado la avaricia como en el texto milenario o haciendo favores y socorriendo a amigos como en el griego, es un valor positivo. Son estas tres ideas comunes las que se desprenden de ambas declaraciones.

De hecho, la importancia del buen trato al allegado es algo que aparece constantemente en todo el texto egipcio. Así, en otra de las máximas, el autor antiguo asegura que la ayuda acaba teniendo como resultado algo positivo en uno mismo:

Reconoce a quienes están a tu lado y tus bienes existirán siempre. No envilezcas tu carácter contra tus amigos, son un campo de la ribera cuando está inundado; es más importante que sus riquezas. Las cosas de uno son para el otro Es beneficioso el buen comportamiento del hijo de un hombre (un biennacido) para él. Una buena naturaleza quedará en el recuerdo (p. 43-44).

El buen trato que se le debe de prestar al prójimo tiene como consecuencia, como es evidente, el respeto de su propiedad privada:

No robes la casa de la vecindad, ni sustraigas los bienes de quien está próximo a ti, pues no será útil para quien lo hace, pero él (el vecino) no debería hacer una acusación contra ti hasta que hayas sido escuchado (p.41).

En definitiva, las instrucciones de Ptahhotep evocan el concepto ético aristotélico del punto medio. Para el egipcio, codiciar y robar son una falta, pero no lo es defender y amar lo propio. Eso sí, es virtuoso ofrecer de forma voluntaria lo que uno tiene. Una balanza de tres brazos que con posterioridad será desenterrada en Grecia.

Bibliografía

Aristóteles. (1993) Política. (García Gual, C. & Pérez Jiménez, A. Trad.) Atalaya.

Sánchez, A. (2020) La literatura sapiencial egipcia. (Vol. I).

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

(VI) Los impuestos para los sumerios

(VII) La riqueza para los asirios

(VIII) Urakagina, el primer Juan de Mariana

(IX) La meritocracia y el ahorro para los egipcios

(X) Los egipcios se adelantaron a Weber

Las contradicciones de Ayn Rand respecto del aborto

Ayn Rand, en su filosofía objetivista, expone su clara oposición al aborto como una cuestión de derechos y no-derechos.

  • El derecho moral de la mujer, criterio exclusivo del deseo de la mujer afectada, con las funciones de su cuerpo y las decisiones sobre el mismo.  
  • El derecho de la madre a no sacrificarse. Ayn Rand expone que el sacrificio de la madre, ser real, por el feto, ser potencial, es abominable, pues Ayn Rand, considera que un embarazo no deseado es un desastre, y un sacrificio, llevarlo a cabo.
  • Los no-derechos del embrión, pues el embrión no es un ser real, es un ser potencial, negando sus derechos naturales, hasta el momento que se produzca el nacimiento. El protoplasma no tiene derechos.

Intentaré exponer mis argumentos, contrarios a los planteamientos de Ayn Rand, desde tres perspectivas:

  • La esencia del feto.
  • La no racionalidad del aborto.
  • La responsabilidad moral de las acciones.

La esencia del feto

Entender si el feto es un ser real o un ser potencial, es una cuestión íntimamente ligada al conocimiento sobre el mismo basado en los avances científicos, lo cual contextualiza nuestro conocimiento y nuestra capacidad de razonar sobre su naturaleza. Se han publicado en la última década artículos, donde se relacionan los movimientos fetales con estímulos sensoriales, físicos, gustativos del líquido amniótico, y se interpretan como el deseo del feto de la autoexploración de su cuerpo como del entorno (1).

Estos movimientos se interpretan como comportamientos destinados a satisfacer la curiosidad, detección de contingencias, o acciones llevadas a cabo para recompensar una acción; estás, serán parte de la base de aprendizaje cuando el feto sea considerado un neonato. Como se mencionan en los escritos de Ayn Rand, “Nada le es dado al hombre en la Tierra excepto un potencial, y el material con el que hacerlo realidad”. ¿Es el feto en sí un ser potencial? ¿Es el feto al menos el material potencial? Si así fuera, el feto es el primer material del hombre para llevar a cabo su potencial y, por lo tanto, Es.

Desde la ética objetivista

Por otro lado, y hasta la fecha, existen estudios que demuestran, que la percepción sensorial del feto y, en consecuencia, su capacidad y potencialidad de comenzar un proceso básico de aprendizaje, empiezan en la semana catorce de embarazo. Aunque es correcto mencionar que muchos de estos, posponen la capacidad sensorial hasta la semana veintiocho de gestación (2)

Si aceptamos que un ser humano, pleno de moral basa sus acciones en conexión con un código moral originado de la razón, podemos afirmar, que el acto sexual es primariamente y objetivamente una acción destinada a generar una nueva vida, y, por tanto, continuar la existencia de la especie humana.

¿Por qué el hombre estaría interesado en generar nueva vida y así perpetuar la especie? Es una decisión puramente egoísta, el hombre necesita relacionarse y comerciar libremente con otro hombre, y, además, necesita de otros hombres para garantizar su supervivencia. Más íntimamente, y egoístamente, el hombre necesita en su vejez la asistencia de otros hombres para mantener su vida.

Si el hombre conoce que el fin primordial del acto sexual es generar vida, debe ser consecuente con los resultados de sus acciones, un embarazo. Si los hombres y mujeres quieren libremente realizar el acto sexual como un acto de puro disfrute, deben así mismo ser consecuentes con los resultados y poner los medios para que no se genere una nueva vida, medios que existen, y muy diversos y efectivos. Los hombres deben ser conscientes de sus decisiones y responsables por las mismas.

La responsabilidad moral

Si criar un hijo es una enorme responsabilidad, para toda la vida, realizar un acto que pueda generar una vida debe ser un acto plenamente racional, con el pleno conocimiento de la responsabilidad que conlleva y con plena voluntad sobre las consecuencias. Un embarazo indeseado no puede ser un desastre si este se ha producido conociendo los posibles resultados del acto sexual. Un embarazo indeseado entre dos seres racionales no es un desastre, es fundamentalmente una incoherencia.

Si el embarazo cambia el destino de los jóvenes, su vida, su trabajo, su ocio, como seres morales y racionales, tienen que asumir sus consecuencias, como hombres racionales, morales y libres. Por otro lado, si, como el objetivismo defiende, “La mente del hombre es su herramienta básica de supervivencia”, el hombre tiene que hacer siempre uso de la misma, y naturalmente también cuando hablamos de reproducción.  

Si la alternativa moral del universo es la existencia o la no-existencia, proteger la vida, o la vida potencial, da sentido al concepto de valor, y las cosas deben ser buenas o malas. Un embarazo no puede ser bueno o malo según las circunstancias, y en tanto que es vida, es bueno.

La jerarquía de los valores

Si como mencionó Ayn Rand en la revista Playboy en su número de marzo de 1964, que el sexo debe ser una respuesta a los valores, estos creo que deben ser jerarquizados, y el valor de la vida o vida potencial, moralmente tiene que ser siempre superior al disfrute sexual. En esta misma entrevista, Ayn Rand, menciona que el sexo es demasiado bueno y demasiado importante, entonces, seamos cautos con sus consecuencias sobre las potenciales vidas que conllevan, y actuemos racionalmente para evitarlas si no las deseamos. 

Una entidad viva que considerase malvados sus medios de supervivencia, no sobreviviría. Una planta que se esforzase por mutilar sus raíces o un pájaro que luchase por quebrar sus alas no permanecerían mucho tiempo en la existencia que estarían afrontando. Pero la historia del hombre ha sido una lucha por negar y destruir su mente.

John Galt
Referencias
  • Fetal Origin of Sensorimotor Behavior, published in “Frontiers in Neurorobotics”, 2018 May 23, Jaqueline Fagard, Rana Esseily, Lisa Jacquey,Kevin O’Regan, and Eszter Somogyi.
  • Diversos links relacionados con la percepción sensorial del feto: I, II, III, IV.
Ver también

El aborto es un asesinato, ¿lo sabía? (Pablo Molina).

Watson, ADN, racismo, aborto. (José Carlos Rodríguez).

Aborto y Estado. (Joaquín Santiago).

La incoherencia liberticida del feminismo radical. (Juan Morillo).

¿Por qué se debe rechazar el altruismo?

El objetivismo es un sistema de pensamiento integral que se articula sobre las ramas tradicionalmente fundamentales de la filosofía: metafísica, epistemología, ética, política y estética. En el terreno de la ética, el objetivismo destaca el egoísmo como la virtud moral más elevada. El altruismo es su contrario, el vicio ético por antonomasia.

La construcción racional del valor ético del egoísmo y el altruismo encuentra su fundamento en la consideración del ser humano individual como fin en sí mismo, nunca como medio subordinado a los fines de otros hombres o a fines abstractos. De acuerdo con este principio, cada individuo es libre de utilizar las facultades propias como mejor le parezca, sin más límite que el reconocimiento del mismo derecho en los demás individuos.

Ética y felicidad

La ética objetivista considera la felicidad como el objetivo moral del ser humano. El requisito básico de este objetivo es la conservación de la vida propia. El esfuerzo por conservar la vida es un atributo natural de los seres vivos y requiere una acción continua para sustentarla. Los animales disponen del instinto. Los demás seres vivos, de mecanismos biológicos aun más automáticos. En cambio, el hombre requiere del uso de la razón. A un nivel elemental, el egoísmo racional es el programa de acción para conservar la propia vida. Superado ese objetivo básico, se dirige a objetivos superiores hasta llegar al más alto de perseguir la felicidad. Así, pues, el egoísmo consiste en hacer de uno mismo el centro de su vida, racionalmente, para mantenerla, y conformar un proyecto de vida determinado por el beneficio propio con el fin último de alcanzar la felicidad.

El altruismo consiste en sacrificar el bien de algún individuo en aras de procurárselo a algún otro individuo. Por lo tanto, implica despojar al individuo sacrificado de su condición de fin y convertirlo en medio para la consecución de los fines de otros individuos. En un caso extremo, el sacrificio puede traer consigo la muerte. La acción que desemboca en la pérdida de la vida se encuentra en las antípodas de la racionalidad. Por este motivo, por revertir la condición de fin al individuo, es por lo que debe rechazarse el altruismo.

El manantial e Himno

La contraposición entre egoísmo y altruismo es una constante en las novelas de Ayn Rand, ensalzando el primero y vituperando el segundo. Así, por ejemplo, Howard Roark, el héroe de El manantial, repetidas veces califica su comportamiento de egoísta y desmiente que su conducta responda a otra cosa que su propio interés, a pesar de lo que pueda parecer, al contrario de lo que sucede con el villano Ellsworth Toohey.

En Himno, el hallazgo del protagonista es el número singular del lenguaje y el pronombre personal «yo», núcleo del término egoísmo, que habían sido perdidos en aquel futuro distópico; el peor pecado de la sociedad es el «nosotros», siempre vinculado al sacrificio personal presuntamente en aras del bien de los demás. El protagonista cobra conciencia de que su invento no lo había hecho por el bien de la humanidad, sino por su propia satisfacción personal; solo en segundo término desde la perspectiva moral, podría llegar a ser un bien para la sociedad.

Hank Rearden

En La rebelión de Atlas, Hank Rearden es juzgado por un delito contra una ley severamente intervencionista promulgada para el pretendido bien común. Esto es un extracto de lo que proclama ante el tribunal:

Trabajo para mi propio beneficio, el cual obtengo vendiendo un producto que necesitan hombres que quieren y pueden pagarlo. Yo no lo produzco para su beneficio a expensas del mío, y ellos no lo compran para mi beneficio a expensas del suyo; yo no sacrifico mis intereses a ellos, ni ellos sacrifican sus intereses a mí; tratamos de igual a igual por consentimiento mutuo para beneficio mutuo, y estoy orgulloso de cada centavo que he ganado de esa manera.

Hank Rearden

Y poco más adelante:

[…] que no se puede conseguir el bienestar de nadie a costa de sacrificios humanos, que, cuando ustedes violan los derechos de un hombre, han violado los derechos de todos, y que un público de criaturas sin derechos está abocado a la destrucción.

Hank Rearden

Egoísmo y altruismo

La ética objetivista contrasta e incluso desafía la ética tradicional occidental, aunque a veces se resalta en exceso este contraste. En el uso ordinario del lenguaje, el egoísmo es considerado un vicio y el altruismo una virtud. La RAE define el egoísmo como «inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás». En cuanto al altruismo, la RAE lo define como «diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio». Podemos considerar esta definición académica de altruismo como neutral. En cambio, los términos «inmoderado», «excesivo» y «desmedidamente» no dejan lugar a duda sobre la consideración censurable del egoísmo, por definición.

A fin de salvar a la vez la definición académica de egoísmo y la definición objetivista podríamos recurrir a Erich Fromm, aunque este autor suele ser presentado como opuesto al objetivismo. Si hacemos buena su distinción entre «egoísmo» (selfishness) y «amor a sí mismo» (self-love), podríamos asimilar el primer término a la definición académica de egoísmo y el segundo podríamos considerarlo muy cercano a la definición objetivista. En términos de Fromm, el amor a uno mismo es la base de cualquier otro tipo de amor a los demás.

Sacrificio

La declaración de Hank Rearden mostrada arriba ensalza la actitud egoísta y orgullosa del protagonista y rechaza la conducta que beneficia a otros a expensas de uno mismo. Una de las claves de esa declaración está en los términos «a expensas de» y «sacrificio», los cuales hacen referencia tácita a la no voluntariedad que acompañaría a la búsqueda del beneficio ajeno en los términos expresados por el personaje. Aquí yace una posible objeción al antagonismo entre egoísmo y altruismo tal y como lo presenta la ética objetivista: ¿qué sucede si una persona elige libremente beneficiar a otros a costa de su propio bien? ¿Es esto incompatible con la consecución de la felicidad personal? ¿Es un comportamiento irracional?

A modo de ejemplo, imaginemos a una persona que tiene a su cargo a otra persona que no puede valerse por sí misma ni siquiera para las funciones vitales básicas, motivo por el cual decide dedicar una parte sustancial de su tiempo a procurarle ese cuidado a la persona desvalida. Pensemos en personas desvalidas de manera objetiva, como un anciano demente, un bebé o un enfermo terminal. Cabe imaginar que distintas personas interpretarían dicha situación de forma diferente, desde el verdadero fastidio a la plena satisfacción, pasando por diversos grados de resignación y otros tipos de afecciones.

Podemos pensar en personas movidas por la obediencia a una religión o a un código ético no necesariamente religioso y podríamos censurar esas éticas que lo obligan a actuar de cierto modo, so pena de recibir el castigo del infierno o del ostracismo. No obstante, ¿importa la motivación de esas interpretaciones vitales? ¿No cabe imaginar una elección voluntaria para un caso así?

Virtudes que son vicios, y viceversa

Si aceptamos que una persona puede ser feliz decidiendo dedicar una parte de su vida o, ¿por qué no?, la totalidad de su vida a procurar cuidado y atención a personas desvalidas, tal vez sacrificando su proyecto de vida anterior, ¿denominaríamos esa conducta egoísta o altruista? Según el uso corriente del lenguaje, es más probable que esa persona fuese denominada altruista antes que egoísta.

En cambio, si profundizamos en el sentido de la virtud del egoísmo y el vicio del altruismo desde la perspectiva objetivista, para considerar a tal persona un ser racional podríamos decir correctamente que su comportamiento es cabalmente egoísta, pues al dedicar su vida al cuidado de personas desvalidas está actuando en su propio beneficio, haciendo de esa entrega la más genuina fuente de satisfacción.

El aparente altruismo de esta persona no sería tal, no porque no procure el beneficio de los demás, sino porque no lo haría a expensas de su propio beneficio. Estaría sacrificando, en efecto, otras opciones vitales, pero estas solo cabría considerarlas ya como un proyecto vital abandonado, no el proyecto vital actual. Por lo tanto, no hay un «a expensas de», sino una afirmación del proyecto elegido, es decir, egoísmo.

La ética cristiana

La ética cristiana suele presentarse como incompatible con el objetivismo porque invita al sacrificio por los demás: «el que quiera salvar su vida la perderá; el que la pierda por mí, la salvará». Esa salvación cabe verla no solo desde una perspectiva escatológica, sino también, ¿por qué no?, terrenal. Y esa «salvación terrenal» es compatible con la línea de la inversión de proyecto vital esbozada en el ejemplo anterior: perder la vida dedicándola a cuidar personas desvalidas y encontrar en ello un programa de vida para salvar la felicidad.

La felicidad como fenómeno psicológico es compatible con una componente de recursividad: mi felicidad como ayuda a la felicidad de otro, ejemplificado en la promesa del matrimonio. En todo caso, el talante del Evangelio cristiano es una llamada rigurosamente individual. La invitación al individuo A para que sacrifique al individuo B en beneficio del individuo C es completamente ajena a la ética cristiana.

En definitiva, el objetivismo lleva al límite el uso ordinario del lenguaje en su tematización de los términos egoísmo y altruismo, pues nos fuerza a rechazar la acepción común de que el egoísmo es malo por definición, pero lo más importante es la crítica de las corrientes éticas que no defienden al ser humano individual como fin supremo para sí mismo. Como conclusión, hay que rechazar el altruismo entendido como sacrificio coercitivo de unos seres humanos en favor de otros. No hay forma de vislumbrar dónde está el límite de una sociedad que consiente o incluso promueve el sacrificio de algún ser humano en beneficio de otros. Con la razón en la mano, nos unimos a la voz de Hank Rearden para denunciar que una sociedad así solo puede dirigirse a su autodestrucción.

Ver también

El egoísmo es un derecho, no una virtud. (Alejandro Salas).

El altruismo (I). (Francisco Capella).

El altruismo (y II). (Francisco Capella).

Estado de Derecho es una contradicción en los términos

Como bien decía Epicteto —y puso en práctica la escolástica clásica—, initium doctrinae sit consideratio nominis, esto es, conviene comenzar por explicar el significado de los términos que integran el título. Por ello, en primer lugar, procederemos a explicar qué es «Derecho» y la concepción clásica del mismo; en segundo lugar, qué es el Estado y las concepciones jurídicas que se derivan de la inversión en el sentido del Derecho que lleva a cabo; y, por último, la confrontación polémica de estos elementos, en la expresión Estado de Derecho.

Esta tesis se resume en que el Estado, a través de la soberanía, produce una inversión en la concepción del Derecho. Cuando la Potestad absorbe la Autoridad, es decir, cuando el poder político somete a la autoridad de la Iglesia y de los jueces al hacer que la fuente primera del derecho sea la ley, una ley que hacen los políticos a su voluntad, hace que deje de ser un límite. Esta absorción de la Autoridad por parte de la Potestad es la idea de soberanía y, con ella, llegamos a un poder jurídico-político absoluto.

Las monarquías absolutas son un fenómeno moderno, y el absolutismo que las caracterizaba a ellas y a su aparato de poder —el Estado— lo heredó la Nación política fruto de la Revolución Francesa. El Estado de Derecho trata de recuperar ese control de la potestad política por el Derecho, pero sin suprimir lo característico del Estado: el absolutismo de la soberanía.

Álvaro D´Ors

En nuestros tiempos, apenas queda rastro de lo que un día fue el Derecho, como bien señala Álvaro d’Ors:

En efecto, vivimos en esta segunda mitad del siglo XX, una época de profundo olvido del Derecho y esto no puede dejar insensible a los que creemos ser juristas por vocación, formación y convicción. En este momento histórico, cualquier tema jurídico concreto resulta menos urgente que el de la actual crisis del Derecho

Álvaro d’Ors, Á., Escritos varios sobre el Derecho en crisis

El Derecho es el gran legado que el Imperio romano dejó a sus herederos. No hay Derecho propiamente dicho antes de Roma. Sí hay, claro está, normas como el Código de Hammurabi; justicia, como la ley del talión; y resolución de conflictos, como el juicio a Sócrates. Sin embargo, ninguno de estos era Derecho. Claro que contaban con elementos jurídicos, pero no estaba constituido un orden concreto que enlazará la naturaleza de las cosas con el entendimiento de las mismas. No contaban con escuelas, instituciones y profesionales encargados de analizar las relaciones jurídicas para declarar lo justo en el caso concreto.

Ulpiano

Así, las prácticas jurídicas previas a Roma —o ajenas a su aportación— son como comparar a un curandero que trata de sanar a los enfermos con remedios populares o rituales, con el médico que cuenta con las instituciones —facultades de medicina y hospitales—, el conocimiento y la experiencia de otros profesionales de su campo. El Derecho es a la justicia como la Medicina es a la salud:

Conviene que el que ha de dedicarse al Derecho conozca primeramente de dónde deriva el término ius [o Derecho]. Es llamado así por derivar de “justicia”, pues, como elegantemente define Celso, el derecho es la técnica de lo bueno y de lo justo. En razón de lo cual se nos puede llamar sacerdotes; en efecto, rendimos culto a la justicia y profesamos el saber de lo bueno y de lo justo, separando lo justo de lo injusto, discerniendo lo lícito de lo ilícito, anhelando hacer buenos a los hombres, no sólo por el temor de los castigos, sino también por el estímulo de los premios, dedicados, si no yerro, a una verdadera y no simulada filosofía.

Ulpiano, 1 inst. D. 1.1.1. pr—1.

Ius / Lex

En la Roma clásica no se confundía el ius —Derecho— con la lex —Ley. Las leyes fueron muy escasas en derecho privado en un larguísimo periodo de unos quinientos años. El Derecho era algo propio del entendimiento, y por ello del saber socialmente reconocido: la Autoridad. Para dictar una sentencia sobre un conflicto particular no es necesario poder, sino el saber, al igual que para diagnosticar una enfermedad y emitir un tratamiento. Mientras que la Ley era un acto de ordenación, un mandato, del poder socialmente reconocido: la Potestad.

Los jurisprudentes no buscaban los elementos para hacer justicia en la Ley, pues la fuente de su conocimiento estaba en la realidad misma de las cosas: El derecho civil propiamente dicho, según Pomponio, se constituyó en la ausencia de textos escritos. Es la obra de los jurisprudentes, que lo habrían sacado de las costumbres y usos romanos, de un derecho no escrito. Según la definición de Ulpiano, “la jurisprudencia es en primer lugar el estudio de realidades” (D. I.1.10).

El ejercicio del Derecho se parecía más a estudiar la realidad social a la luz de la idea de bien y buscando qué es lo justo en el caso concreto, lo que corresponde a cada uno, sirviéndose de apoyo en la experiencia de las generaciones anteriores y el conocimiento institucionalizado.

Catón

Por eso para Catón el sistema jurídico romano es muy superior a los demás:

[Porque] no se debe al ingenio de un solo hombre, sino de muchos, y no se formó en una generación, sino en varios siglos de continuidad. Y decía que jamás había existido un tan gran ingenio, si es que en algún momento pudo haberlo, a quien no escapara nada, ni pudieron todos los ingenios juntos proveer tanto en un solo momento, que pudieran abarcar todo sin la experiencia de la realidad prolongada por mucho tiempo.

Cicerón, Sobre la República

Qué es lo justo

El Derecho tiene su propio lugar, no debe disolverse en la moral y las costumbres, aunque estén íntimamente vinculadas. El Derecho no fija conductas a las personas, ni trata de definir la naturaleza humana, ni las relaciones sociales, sino que toma éstas como base para elaborar su conocimiento y determinar qué es lo justo en cada caso, qué es lo que corresponde a cada uno:

 Querer separar al derecho de la moral como hicieron los positivistas y aun algunos idealistas procedentes del formalismo sería como separar la uña de la carne. Si nuestra posición se aparta, en cambio, de la de algunos moralistas, ello se debe precisamente a nuestro esfuerzo por respetar la carne como carne y analizar la uña como tal uña y no como carne, aunque esté destinada a protegerla; ni tampoco como una carne simplemente endurecida.

Álvaro d’Ors, Álvaro, Una introducción al estudio del derecho

El hombre político

La tarea del jurista estaría así entre la justicia y el orden político, sin encargarse de regular conductas, ni generar un orden coactivo de aplicación de normas. Su papel consiste en declarar lo justo y lo injusto a la luz del bien y del mal, ante un conflicto particular en el seno de un orden político, con la vista puesta en hacer más virtuosos a los ciudadanos:

La ciencia de lo justo y de lo injusto por medio del conocimiento de todas las cosas humana y divinas, de un lado, abre la ciencia jurídica a la experiencia en su integridad, mientras que, de otro, centra su especificad en la determinación de lo justo y el discernimiento de lo injusto. Así, lo justo jurídico, determinado prudencialmente, adquiere un estatuto propio entre la virtud de la justicia y las exigencias de la politicidad natural del hombre, concretada en el bien común.

Introducción de la Colección Prudentia Iuris

Como podemos comprobar, esto tiene poco o nada que ver con lo que entendemos hoy por Derecho. Y es que el Estado produce una transformación radical de las fuentes del Derecho.

Soberanía

Bodino hace depender la ley de la voluntad del rey, y con ello sienta las bases para el absolutismo. Las monarquías absolutas tienen su origen en la ruptura de la autoridad de la Iglesia iniciada por Lutero, que propicia que los monarcas se sientan con la legitimidad para absorber la autoridad de la Iglesia. Los Reyes Católicos, por ejemplo, reconocían la autoridad de la Iglesia, y eso actuaba como un límite para ellos, por eso no eran absolutistas, porque ellos no determinaban el bien y el mal, sino que se sometían a una Autoridad.

Sin embargo, un Enrique VIII, ante la negativa de la Iglesia a concederle el divorcio para abandonar a su mujer por otra, rompe con la autoridad de la Iglesia y se convierte tanto en cabeza de la Potestad como de la Autoridad, en Rey de Inglaterra y cabeza de los anglicanos; siendo su voluntad la que determina lo que está bien y mal, o lo que es justo o injusto, junto a su capacidad para imponerlo por la fuerza.

Al absorber todas las funciones de la Autoridad, el poder político empieza a crecer para abarcar ese nuevo poder absoluto, y crea una máquina de gobierno que es el Estado. Poco a poco, este aparato absorbe la soberanía de los monarcas, y se termina independizando de ellos, del L’État, c’est moi de Luis XIV al erste Diener des Staates Federico II (solo hay que ver para lo que ha quedado la monarquía española).

Hobbes y Schmitt

Thomas Hobbes —el teólogo del Estado— en su texto fundamental, explicita cómo el Estado produce una inversión radical en el Derecho: “Lo que [ahora] constituye el Derecho no es esa juris prudentia o sabiduría de jueces subordinados, sino la razón de ese hombre artificial nuestro al que llamamos Estado, y lo que él manda” (T. Hobbes, El Leviatán)

Los orígenes del pensamiento jurídico moderno son paralelos a la construcción teórica del Estado. Ambas culminan en el concepto de soberanía de Bodino y en su reformulación hobbesiana. Precisamente por ello, el término “Estado” es unívoco, y aquellos que lo aplican de igual forma en todo tiempo y lugar omiten la inversión de la concepción del Derecho clásica a la moderna que Hobbes sintetizó a la perfección.

Llamar a cualquier forma política “Estado” es una enfermedad, el estatismo:

El Estado no es un concepto general aplicable a todos los pueblos y tiempos. Antes bien, se trata de un concepto histórico concreto vinculado a una época determinada; la segunda mitad del siglo XVI, en el que se sitúan sus primeros comienzos, ciertamente decisivos, y solo llega a consumarse uno o dos siglos más tarde […] De las guerras civiles de religión surge en Francia la idea de la decisión política soberana que neutraliza todos los antagonismos teológico-eclesiales […] En esta situación los conceptos de Estado y soberanía hallaron en Francia su primera y decisiva plasmación jurídica. Con ello, la forma organizativa del Estado Soberano pasa a formar parte de la conciencia de los pueblos de Europa, convirtiendo al Estado, según la visión que de él tienen los siglos siguientes, en la única forma normal en que se manifiesta por antonomasia la unidad política.

Schmitt, C., El Estado como concepto concreto vinculado a una época histórica

La revolución francesa

La culminación del proceso de disolución del Derecho en la Ley se llevó a cabo en la Revolución Francesa. En ella, la Nación política sucede a los monarcas absolutos, y lo que hereda es el absolutismo, la soberanía. Se suele situar el origen de la Nación política cuando los soldados franceses en la batalla de Valmy gritaron “¡Viva la Nación!”, cuando acostumbraban a gritar “¡Viva el Rey!”. Y a partir de ahí, la ley que hace la Nación, según la voluntad general, es la que somete al Derecho mediante el principio de legalidad:

La primacía de la ley señalaba así la derrota de las tradiciones jurídicas… El Estado de Derecho suponía la reducción del Derecho a la ley y la exclusión, o por lo menos la sumisión a la ley, de todas las demás fuentes del Derecho, y en este sentido, no era más que la culminación del absolutismo.

Pereira Menaut, A., Rule of law o Estado de Derecho.

Mientras en Roma era competencia del juez y de los jurisconsultos buscar las soluciones de Derecho, a partir de ahora proceden del Estado. Ya no es el Gobierno el que se debe adaptar a la comunidad política, dado que no podía disponer del Derecho, sino la sociedad la que se adapte al Estado. De este modo, el Estado vendría a proceder de forma similar a Procusto, que no permitía precisamente que las personas se acomodaran en su lecho, sino que recortaba o estiraba a los durmientes al tamaño de la cama que les ofrecía, en vez de disponer de camas del tamaño suficiente para aquellos que las utilizaban —y por si acaso, tenía camas de diferentes tamaños.

Michel Villey

El resultado de esta inversión supone el corte de las raíces por las que se nutría la prudencia jurídica, dejando al Derecho en un estado crítico:

En el curso de la historia, desde Roma, la acumulación del trabajo de los juristas produjo tal superabundancia de reglas, que los frutos enmascararon el árbol, y su savia nutricia. Los modernos, obturada su mirada, no vieron más que estos resultados, al haber identificado las leyes con el Derecho. Ciertamente, hay que dar a las leyes su lugar […] pero detenerse en ellas, reduciendo el Derecho a ellas, es cortarlo de su suelo nutricio, condenándolo a la esclerosis….

M. Villey, Filosofía del Derecho

El jurista sometido al Estado ha dejado de ser, pues, el sacerdote de la justicia, y ya solo rinde culto a lo que dice el Leviatán: “El esquema central del sistema, esto es, el rechazo de Aristóteles, la negación de la naturaleza política del hombre, la artificialidad del Derecho, su reducción al texto de la ley, tuvieron tal éxito que aún soportamos su peso” (M. Villey, Filosofía del Derecho). La. La justicia va lenta por el peso de la ley —comentaba con humor un poeta.

¿Se somete el Estado al Derecho, o más bien al revés?

Por tanto, si el Derecho moderno es el Derecho estatal, ¿cómo se puede autolimitar? ¿Cómo se puede someter el Estado a su propia voluntad sin ser una mera ilusión? ¿No será acaso el Derecho el que se halla sometido al Estado? La imagen que mejor representa esta paradoja es la del barón de Munchausen de Raspe, que hundiéndose con su caballo en la ciénaga intentó salir tirando hacia arriba con su propio brazo de su propia coleta.

La imagen es todavía más trágica —en sentido teatral—, si imaginamos al Leviatán de Hobbes como un titiritero sosteniendo la espada y el báculo —símbolos de la Potestad y la Autoridad— frenando a su brazo derecho con su mano izquierda. Hablar de Estado de Derecho no es más que una contradicción en los términos, allí donde hay Estado hay absolutismo, y por ello, no puede estar sometido a Derecho.

En definitiva: “Hablar de Estado de Derecho es una contradicción de los términos tan grande como referirse a un círculo cuadrado, a la nieve caliente, a un esqueleto obeso o a una puta virgen.” (Huerta de Soto, Liberalismo vs Anarcocapitalismo)

Ver también

Imperio de la Ley frente a Estado de Derecho. (Miquel Roselló).

23 principios para un orden jurídico liberal. Joaquín Azpitarte.

La política ateniense (V): el sistema impositivo

Los impuestos directos no estaban demasiado desarrollados en la Grecia clásica. Podríamos diferenciar dos tipos de imposiciones principales. En primer lugar, existía el gravamen de la eisphorá, que en griego significa “pago” o “contribución”. La eisphorá era un impuesto que se recaudaba normalmente por cuestiones bélicas, se utilizaba para financiar guerras. Tenemos constancia de que este impuesto se recaudó por primera vez en el 428 a.C. Según Tucídides en su obra Historia de la Guerra del Peloponeso, los atenienses pagaron un impuesto de doscientos talentos.

Posteriormente, este impuesto extraordinario se convirtió en una institución. No todos los ciudadanos eran imponibles, ya que había que tener un capital determinado. Hay debate sobre quiénes pagaban la eisphorá. Se calcula que en torno a 1.200 personas, aunque otros autores aumentan esta cifra hasta 2.000 e incluso 6.000, por lo que también podrían pagarlo algunos ciudadanos sin demasiados recursos. Según la clasificación poblacional de Solón, los thetes, los últimos de la escala, no eran imponibles. La clase por encima de los thetes eran los zeugitas, para lo cual era necesario tener una renta mínima de 150 dracmas y una fortuna de 2.500 dracmas. Es posible que este fuera el umbral mínimo para contribuir con la eisphorá.

Sinmorías y liturgias

Esta contribución fue remodelándose tras el final de la Guerra del Peloponeso, ya que la clasificación poblacional de Solón se fue diluyendo cada vez más. Estas contribuciones se fueron haciendo cada vez más costosas de pagar, por lo que se creó las llamadas sinmorías. Eran agrupaciones de una docena de ciudadanos que hacían frente al pago de manera común. El capital común de cada una de las sinmorías debía ser equivalente para que ninguna de ellas tuviera más dificultades para contribuir.

El segundo servicio público esencial dentro de la sociedad ateniense eran las liturgias. Eran contribuciones obligatorias para los ciudadanos más ricos de la ciudad, aunque en muchas ocasiones lo hacían de manera voluntaria. El ciudadano rico buscaba con esto un reconocimiento social, que el demos lo viera como un ciudadano que se preocupaba por el bien público, una actitud que fue decayendo hacia finales del S. IV a.C frente al evergetismo de época romana.

Existían dos tipos fundamentales de liturgias, las civiles y las militares. Las liturgias civiles o agonísticas eran de diferente tipología. Existía la gimnasiarquía, que era la financiación de un gimnasio, o también la corregía, que financiaba la educación de los miembros del coro en un teatro. Como vemos, se dedicaban a financiar actos públicos que tienen una gran importancia en la sociedad ateniense. Por otro lado, estaban las liturgias militares, la más importante, sin duda, era la trierarquía. Consistía en la financiación completa de un trirreme durante un año, por lo que sustentaba la base del poderío naval ateniense.

Trierarquías

Los liturgos eran designados por los magistrados, de los que ya hablamos en un capítulo anterior. En una primera instancia se pedían voluntarios, y posteriormente se nombraban algunos de los candidatos que se consideraban más idóneos. La elección del liturgo dependía enteramente del capital con el que contaba, los ciudadanos que tuvieran un patrimonio de diez talentos entraban directamente en la “clase litúrgica”.

La horquilla de ciudadanos que podía formar parte de esta “clase” es bastante amplia, pero se encontraría entre 300 y 2.000 ciudadanos. Las sumas de las liturgias variaban dependiendo de la tipología, pero las trierarquías eran muy cuantiosas, incluso para los ciudadanos más ricos. Demóstenes en uno de sus textos menciona que los trierarcas se gastaban un talento (6.000 dracmas) en el desempeño de una liturgia.

Antídosis

Por último, mencionaremos la antídosis, el mecanismo por el cual un ciudadano podía quedar exento de pagar una liturgia. El procedimiento era el siguiente, imaginemos que los magistrados nombran al ciudadano A para que se haga cargo de una liturgia, si el ciudadano A quiere intentar librarse de la liturgia puede acusar a un ciudadano B de tener un capital mayor que él. El ciudadano B tiene tres opciones, una es aceptar la liturgia, la segunda es comenzar un juicio con el ciudadano A y, en tercer lugar, aceptar un intercambio de fortunas, si el ciudadano B tiene constancia de que es menos rico que el ciudadano A, le propondrá un intercambio de fortunas, que de ser rechazado por el ciudadano A significará que éste es más rico, por lo tanto, tendrá que hacer frente a la liturgia.

Con este artículo terminamos la serie de la política ateniense, donde hemos repasado desde la estructura “ideológica” de la democracia, el sistema de gobierno o la justicia. Espero que estos cinco artículos hayan arrojado algo de luz a un tema tan apasionante como intrincado y que conforma los pilares de nuestra civilización.

Serie ‘La política ateniense’

(I) La deliberación

(II) Los órganos de gobierno

(III) Las magistraturas

(IV) La justicia

Occidente ha ignorado las tensiones en el Mar Rojo durante demasiado tiempo

Por Robert Tyler. Este artículo fue publicado originalmente en CapX.

En marzo de 2021, un portacontenedores de 1.300 pies de eslora chocó contra un lateral del Canal de Suez, bloqueando una de las rutas comerciales más importantes del mundo. Lo que siguió fue una semana de caos, ya que cientos de buques de carga, que transportaban mercancías por valor de miles de millones de dólares, se vieron obligados a esperar a que se eliminara el bloqueo. Algunas compañías renunciaron a esperar y emprendieron el viaje mucho más largo alrededor del extremo sur de África, otras simplemente se quedaron paradas. Al final, las autoridades egipcias consiguieron restablecer el tráfico, pero el daño ya estaba hecho.

En los meses siguientes, el precio de los chips informáticos, los coches y otros artículos domésticos subió debido a los retrasos en las entregas y a la interrupción de las cadenas de suministro mundiales. La inflación, que ya estaba carcomiendo los bolsillos de la gente como consecuencia de las respuestas de los gobiernos a la pandemia de Covid, subió aún más. Todo ello por un descuidado error en el Canal de Suez, que se pudo remediar y solucionar fácilmente.

El problema, sin embargo, ha resultado ser mucho más a largo plazo, ya que cuando Occidente entró en pánico al despejar el canal para evitar más problemas económicos, quedó al descubierto una vulnerabilidad estratégica y económica.

El Canal de Suez

Por el Canal de Suez pasa cada año el 12% del comercio mundial y el 30% del tráfico marítimo mundial. Se calcula que entre 3.000 y 9.000 millones de dólares en mercancías pasan cada día, desde coches, ordenadores y artículos de lujo hasta rastrillos de jardín, bombillas y bolsas de basura. Sin embargo, todo ello puede interrumpirse, con enormes efectos perjudiciales, simplemente bloqueando el Canal.

Uno de los grupos que se percató de este punto débil fue el régimen iraní y sus representantes en Oriente Próximo, en particular sus aliados yemeníes, la milicia Hutí. Desde 2014, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC) ha estado apoyando a los Hutíes en una guerra civil en curso, con el objetivo de derrocar al gobierno reconocido por la ONU e instalar un régimen propio.

Para Irán, Yemen también se convirtió en una base conveniente para sus otras actividades. Un país sumido en un conflicto congelado que, a diferencia de Líbano y Siria, no atraía la atención de Occidente. Era el destino perfecto para realizar pruebas de armamento -contra objetivos vivos- con una protesta internacional limitada. Ya en 2017, los informes demostraban que Irán había empezado a probar misiles dentro del país -en contravención directa de sus acuerdos internacionales firmados con Estados Unidos-.

En 2021, esos mismos misiles apuntaban a la vecina Arabia Saudí, con un misil que aterrizó en Yeda en marzo de 2022, una semana antes de una carrera de Fórmula 1. Las operaciones de lucha contra la piratería dirigidas por Estados Unidos en la región también comenzaron a detener barcos pesqueros cargados de fusiles de fabricación iraní, destinados a los Hutíes.

Salvoconducto para los barcos chinos

Arabia Saudí, junto con una coalición formada por Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, lanzó sus propios ataques aéreos contra los Hutíes, en un intento de apoyar al gobierno reconocido por la ONU. Sin embargo, su intento de intervenir se topó con la condena internacional por el impacto accidental en zonas civiles. Desesperados, los saudíes y otros aliados pidieron apoyo a Occidente, pero recibieron poca ayuda. Esto envalentonó a Irán, que continuó apoyando a los Hutíes y ofreció entrenamiento del IRGC a los militantes yemeníes.

Las secuelas del bloqueo de Suez supusieron otra nueva oportunidad única para que Irán utilizara a su apoderado en Yemen para crear una base desde la que lanzar operaciones a través de la entrada del Mar Rojo -el infame estrecho de Bab-el-Mandeb- y perturbar el comercio mundial. El único obstáculo era China, que en el Cuerno de África ya había establecido una base naval en Yibuti para medidas contra la piratería.

En 2021, Teherán y Pekín firmaron un acuerdo económico global por el que el país se convertiría en país de tránsito de la iniciativa “Belt and Road”, lo que permitiría transportar mercancías por ferrocarril desde China hasta Occidente a través de Irán. Lo que se piensa es que una parte del acuerdo establecía que los barcos chinos estarían exentos de ser atacados.

La respuesta de Israel al ataque terrorista desde Gaza

Todo lo que Irán y los Hutíes necesitaban era una excusa conveniente para poner en marcha su plan. La respuesta israelí a los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 proporcionó la excusa perfecta. Alegando que actuaban en solidaridad con Palestina, los Hutíes empezaron a lanzar ataques contra barcos de bandera internacional que pasaban por el estrecho de Bab-el-Mandeb. Estas incursiones estaban bien ensayadas y orquestadas, y utilizaban equipos mucho más avanzados de lo que cabía esperar para los rebeldes Hutíes.

Por primera vez, Occidente tuvo que asumir por fin la crisis del Mar Rojo. Los ataques aéreos llevados a cabo la noche del 11 de enero por la coalición de Estados Unidos y el Reino Unido, junto con otros aliados, asestaron un duro golpe a los militantes apoyados por Irán. Sin embargo, queda una pregunta importante: ¿por qué llegó tan tarde? ¿Por qué Occidente decidió ignorar una amenaza de la que se había informado y documentado ampliamente? Sobre todo teniendo en cuenta que Irán y sus aliados tienen un historial de apoderarse de buques en el Golfo, al otro lado de la península arábiga.

Las consecuencias de la acción de los Hutíes e Irán en la región son cada vez más evidentes: esta semana Tesla y Volvo ya han anunciado la interrupción de la producción de nuevos automóviles debido a la escasez de piezas como consecuencia del caos en el Mar Rojo.

Dormido al volante

El hecho es que Occidente ha estado dormido al volante. Una combinación de crecientes sentimientos aislacionistas en casa, la pandemia de Covid que ha dejado a Oriente Medio en un segundo plano y un sentimiento de retirada tras la desastrosa retirada de Afganistán, ha creado un vacío en la región. Estados Unidos, Reino Unido, Francia y otros países habían intervenido anteriormente para proporcionar estabilidad y, sin embargo, en su ausencia se ha extendido la influencia de Irán, con la aprobación tácita de sus aliados China y Rusia.

Ahora, justo cuando las naciones occidentales ven por fin cómo se ralentizan las tasas de inflación, existe el riesgo de que nuevas perturbaciones en la región del Mar Rojo vuelvan a poner en apuros a Suez y perturben una vez más las cadenas de suministro mundiales, retrasen los bienes de consumo y provoquen un nuevo repunte de la inflación. Algunos pueden argumentar que el Reino Unido y Estados Unidos no tenían ninguna razón para intervenir en Yemen como lo hicieron – sin embargo, el coste de no hacer nada sería mucho mayor.

Ver también

Europa le da la espalda al libre comercio. (Robert Tyler).

El señuelo del mercado único europeo. (Fernando Herrera).

Crack-up Capitalism y los ‘renegados económicos’

Por Brian Domitrovic. Este artículo ha sido publicado originalmente en Law&Liberty.

En Crack-up Capitalism, Quinn Slobodian examina una característica esencial de la economía mundial moderna. Se trata de la existencia de “zonas” que ofrecen a los inversores y residentes acaudalados exenciones de impuestos, normativas e incluso la exposición a los problemas sociales de la región circundante. Algunos ejemplos son Hong Kong antes de las recientes medidas enérgicas, Canary Wharf en Londres, Liechtenstein, comunidades cerradas en Estados Unidos y enclaves privados en Sudáfrica y Centroamérica, Dubai y Singapur. Todos ellos son lugares comparativamente pequeños que permiten a los propietarios de bienes dentro de ellos, y a esas personas exclusivamente, mayores prerrogativas de las que podrían disfrutar fuera de la zona circunscrita.

El peligro del derecho policéntrico

En cuanto a dónde invertir, en Liechtenstein, el propietario de una fábrica puede obtener beneficios con una carga fiscal mucho menos onerosa que la que tendría que afrontar en la Unión Europea, al tiempo que importa trabajadores a los que no se ofrece la ciudadanía. En Singapur, los magnates comerciales pueden dotar de personal a los muelles con trabajadores que deben vivir ordenadamente en proyectos de vivienda pública cercanos, con el mínimo precedente de huelgas que los apoyen. Esto contrasta fuertemente con las condiciones cercanas en el sur de Asia.

En cuanto a dónde vivir, las comunidades cerradas (e incluso las asociaciones de propietarios) reflejan, según Slobodian explícitamente, teorías problemáticas de “derecho policéntrico” que hacen que “diferentes grupos lleven su ley consigo”, lo que puede llevar al “abandono de cualquier perspectiva de corregir la desigualdad mediante la acción colectiva”. A medida que las zonas de inversión y residenciales de diversa índole han proliferado en todo el mundo durante las últimas décadas, sostiene Crack-Up Capitalism, el espacio potencial de una democracia sólida ha disminuido proporcionalmente.

“Crea tu propio país”

Slobodian cita a un sudafricano con aptitudes para la zona:

Crea tu propio país. … Sudáfrica es enorme. Encuentra un terreno atractivo alejado de los centros urbanos, asegúrate de que tenga agua, construye una valla alrededor e invita a personas afines a vivir allí contigo. Pasa lo más desapercibido posible. Ten el menor contacto posible con la burocracia. Construye tu propia economía y tu propio sistema de gobierno. Ármate bien.

Slobodian comenta:

Una clara ventaja de este esquema de cantonización era que podía permitir la persistencia de patrones de poder económico racializado sin el estigma del apartheid formal. … Los ciudadanos-clientes votarían con los pies y ordenarían la población orgánicamente. … En una política reconcebida como una constelación de zonas, la redistribución ya no formaba parte del papel del gobierno.

Quinn Slobodian, Crack-Up Capitalism

El término “cantonización” es interesante. El ejemplo más notable de una nación formada por cantones es Suiza. Se trata de un país fuerte en crecimiento económico, con un enorme nivel de vida y estabilidad política. ¿Quién no querría ser Suiza? ¿O el Singapur de hoy o el Hong Kong de ayer?

Pensadores y activistas

El locuaz sudafricano es uno de los muchos defensores de la zona cuyas ideas y actividades constituyen la mayor parte del contenido de este libro. Murray Rothbard, Gordon Tullock, David Friedman, Paul Romer, el príncipe Hans-Adam II (de Liechtenstein), Peter Thiel, John Blundell, Michael von Notten, Balaji Srinivasan… cada una de estas figuras, tratadas extensamente, ha esbozado de algún modo notable la teoría de la zona o ha puesto en práctica una zona. A menudo es un poco de ambas cosas.

David Friedman, por ejemplo, escribió artículos académicos sobre los modelos jurídicos en la historia medieval, abordando temas como la forma en que el comercio y los modelos fiscales afectaban al tamaño y la forma de las unidades políticas, y cómo el sistema judicial en Islandia era en gran medida privado. Friedman participó en grupos de recreación medieval y fundó uno. Su hijo Patri llevó las cosas más lejos al desarrollar una empresa de “seasteading” para explorar la construcción de comunidades en el mar más allá de los límites de las autoridades nacionales.

Tapar con insultos la falta de ideas

Slobodian trata sus temas con suave condescendencia, presentándolos como nostálgicos, revanchistas y tontamente utópicos. Ni que decir tiene que la “comprensión de la Edad Media por parte de los Friedman y otros se basaba más en la imaginación que en un estudio académico riguroso”. El mundo medieval se reducía regularmente a unas cuantas viñetas”. El economista Tullock era “una urraca intelectual, que recopilaba y combinaba ideas de disciplinas muy diversas”. Para “los libertarios, Liechtenstein parecía un agujero de gusano de vuelta a una forma anterior de economía política global, libre de los tratados y regulaciones internacionales que parecían apretar … la integración que los libertarios temían que condujera a la redistribución y a las infracciones de la propiedad privada”.

Este tipo de lenguaje despectivo es una constante en Crack-up Capitalism. El autor no respeta a sus temas. Los pensadores y activistas que estudia son curiosos, aunque representativos de tendencias posiblemente peligrosas en nuestra sociedad, poseedores de un intelecto y un carácter problemáticamente formados y obtusos ante las exigencias de la justicia y los requisitos del bienestar de las masas.

Condescendencia, para no caer en el elogio

Crack-up Capitalism no expone ningún caso positivo. Toda su atención se centra en el escrutinio crítico de los teóricos y practicantes de las zonas. La condescendencia sirve por tanto a un propósito necesario. Si no fuera por la condescendencia, se podría considerar a los defensores de las zonas como un ejemplo notable de dinamismo intelectual y empresarial. Están construyendo ciudades en la arena, en las puntas de las islas, en el monte o en el océano, tras haber estudiado intensamente el asunto, utilizando sus ideas y proyectos para reunir a comunidades con un sentido y una perspectiva compartidos. Son el tipo de personas que normalmente se consideran renacentistas, una élite de vanguardia. Sin la condescendencia, Crack-up Capitalism correría el riesgo de convertirse en una hagiografía de estos hacedores libertarios.

Slobodian se cuida mucho de restar respetabilidad intelectual a los teóricos y practicantes de las zonas. Un buen ejemplo es el tratamiento que Slobodian da al economista Paul Romer. El libro habla de él extensamente, describiendo sus actividades en la creación de comunidades independientes en Honduras. No menciona que Romer ganó el Premio Nobel de Economía, un galardón que inexplicablemente no fue a parar a Tullock cuando su colaborador James Buchanan ganó el premio en 1986 (tampoco se menciona ese famoso descuido).

Lo más cerca que estamos de que Slobodian conceda algo de respetabilidad es enterarnos de que David Friedman publicó en “el prestigioso Journal of Political Economy”. En un santiamén, descubrimos que se trataba de una anomalía. La siguiente frase comienza: “Pero fue en 1978 cuando hizo su contribución más duradera”, en un artículo sobre Islandia en una revista de segundo nivel. La minimización es el método del capitalismo de Crack-up Capitalism.

Autoretrato del progresismo

Las críticas son tan continuas en Crack-up Capitalism que uno se pregunta si los teóricos y defensores de la zona, más allá de avanzar en sus ideas y proyectos incompletos, tocaron algún tipo de nervio en el académico Slobodian (que ocupa una cátedra en Wellesley College). Las constantes críticas sugieren que el enérgico dinamismo intelectual y empresarial libertario en sí mismo puede resultar problemático, quizá incluso ofensivo, para el académico establecido. La falta de un caso positivo en Crack-up Capitalism, en combinación con las incesantes críticas, fomenta la impresión de que Slobodian está convencido de que todas las cuestiones importantes están resueltas teóricamente y que el pensamiento y la actividad orientados a proyectos son indecorosos en la medida en que no se limitan a los estrechos mandatos de ideales progresistas bien establecidos.

Crack-up Capitalism, curiosamente, quizá sea más útil para revelar ciertos aspectos de la psicología de la clase académica dominante de centro-izquierda. Entre los académicos de nuestro establishment, nos permite especular el libro, se puede tener la sensación de que las cuestiones político-económicas como teoría han sido resueltas en gran medida durante generaciones. Simplemente sabemos, por ejemplo, que debería haber una participación creciente del gobierno en la economía, garantizando un nivel de vida y una distribución de la riqueza y el poder. La investigación que no parte de esta premisa es necesariamente una actividad de manivela.

“Los bastardos de Hayek”

Si la izquierda progresista, a la que claramente pertenece Slobodian, cree que ha resuelto las cuestiones básicas, la tarea actual de los mejores, incluido el profesorado universitario, es secundaria y burocrática. Se trata de limar detalles y pequeñas incoherencias, ayudar a poner en práctica la teoría progresista establecida e inculcar su espíritu entre la población. Perseguir cuestiones de primer orden -como parecen estar haciendo los teóricos de la zona- es decir que el actual consenso progresista es hasta cierto punto intelectualmente provisional y que la perspectiva de centro-izquierda carece de fundamento completo.

Cuando los pensadores exploran cuestiones de primer orden con ímpetu, incluso impulsándose en la transición a la praxis, como hacen los sujetos de Crack-up Capitalism, emprenden una actividad que ya no está permitida al pensador establecido. En una figura de este tipo se puede desarrollar una tristeza, dado que otros que no forman parte del grupo interno pueden atacar el “mar abierto” intelectual (en la frase de Nietzsche). En el caso de Slobodian, la tristeza podría haberse transformado en celos y manifestarse como condescendencia. El próximo libro de Slobodian podría llevar las cosas al siguiente nivel, el de la arremetida: su subtítulo contiene las palabras “Los bastardos de Hayek”.

Extraña división del trabajo

Una y otra vez en Crack-up Capitalism, leemos sobre los escenarios innovadores de Neal Stephenson y todos los demás en un lenguaje condescendiente, salpicado de referencias a “sueños febriles” y otros epítetos. Uno sólo puede hacer esto tantas veces sin protestar porque estas personas están viviendo en algún sentido importante la vida intelectual de su tiempo tal y como se supone que debe llevarse. Si a la humanidad le es dado en todas las épocas hacer teorizaciones de primer orden, sin importar el peso y la bondad de cualquier tradición, entonces los eruditos de primera fila actuales que se limitan a la crítica arrogante se lo están perdiendo.

Crack-up Capitalism es una de las muchas obras de los mejores eruditos y de la mejor prensa que aborda la cuestión de la derecha radical, los libertarios, los nacionalistas cristianos, etc., y sobre la base de esa erudición el autor ocupa un lugar augusto en el sistema intelectual actual. Se trata de una extraña división del trabajo. El pensamiento y la actividad vitales tienen lugar entre la gente lamentable, mientras que los mejores dedican su tiempo y energía a comentar a la gente lamentable.

En algún momento, sin embargo, el sistema tiene que cambiar. Si la erudición universitaria superior se ha convertido en comer y volver a procesar el polvo de los teóricos y profesionales de la vida real, que resultan no ser un fan del estado de impuestos y gastos, la demografía y, en última instancia, el prestigio van a redirigirse lejos del actual establecimiento académico hacia los profesionales listos.

Plantea una alternativa real, Slobodian

En cuanto a si hay algo malo en Dubai, los barrios cerrados, Singapur, Canary Wharf, las comunidades Bitcoin y todo lo demás, seguramente lo hay. Pero uno no puede, productivamente, ser sólo un crítico. Uno tiene que intentar plantear una alternativa real que sea prospectivamente beneficiosa y productiva. Si Slobodian quisiera defender los ideales de la Gran Sociedad de los años 60, o los compromisos más recientes de Europa occidental con el Estado del bienestar, debería hacerlo explícitamente y con intención. Sin duda, se interpondrían grandes obstáculos.

Deberíamos haberencontrado en este libro, pero no lo hicimos, el argumento de que las zonas de desgravación fiscal han redundado en beneficio de los sistemas de bienestar. Si un gran industrial puede ganar dinero en Francia, y contabilizar los beneficios no en ese país de altos impuestos, sino en alguna zona catalogada en los Papeles de Panamá, Francia, incluida su clase trabajadora y las comunidades marginadas, sale ganando gracias a la actividad económica que tuvo lugar en el país. Que la zona bien podría haber salvado las políticas de redistribución progresiva es una de las muchas cuestiones de primer orden que se quedaron por el camino en Crack-up Capitalism. Es hora de que nuestros augustos académicos hagan algo más que catalogar, repletos de desdén académico, las enérgicas ideas y proyectos libertarios que están explorando nuevas posibilidades para el futuro.

Ver también

Cantones, fueros y ciudades-estado. (Manuel Llamas).

Erigir ciudades libres, ¿es una buena herramienta para la libertad económica? (Thibault Serlet).

Ciudades-estado vs. Unión Europea. (Fernando Herrera).

Una solución medieval a la pobreza. (José Carlos Rodríguez).

Free charter cities. (León Gómez Rivas)

El Patrimonio de la Humanidad en manos de la izquierda

La idea de identificar una serie de lugares que por su belleza o historia merezcan preservarse para futuras generaciones, es indiscutiblemente buena. Esto es lo que decidió hacer la ONU a través de una de sus organizaciones, la UNESCO, allá por 1977, posiblemente con el objetivo de proteger algunos monumentos egipcios que amenazaban quedar anegados bajo la presa de Aswan.

Desde entonces ha llovido mucho, y la lista de lugares Patrimonio de la Unesco representa una verdadera guía turística para quien quiera conocer el mundo. De tal lista forman parte la Gran Muralla china, el Taj Mahal, Capadocia en Turquía, las iglesias rupestres de Lalibela, la Alhambra de Granada, Machu Picchu o el Gran Cañón del Colorado, por citar unos pocos lugares de los que la gran mayoría de la gente habrá oído hablar y le parecerían dignos de preservarse.

Burocratización y captación

Desgraciadamente, el proceso de selección esta lista, que es pretendidamente objetivo, está en manos de funcionarios y políticos, por lo que hay un gran riesgo de que se corrompa, como siempre ocurre con las buenas ideas cuando las implementan los Estados. Ya ocurrió con el dinero y las leyes, no va a ocurrir con el Patrimonio de la Humanidad. Es difícil identificar en qué momento habrá empezado el proceso de corrupción, y seguramente no merezca la pena. Baste avisar a quien inspeccione la lista, de que se fíe más de los lugares inscritos en los primeros años, y sea más crítico con tal inscripción conforme avance el tiempo.

El uso político de la lista de la UNESCO no es algo nuevo. Hace unos años, por ejemplo, Israel y los EEUU se salieron de la UNESCO tras decidir ésta que los sitios declarados en Palestina estaban en peligro, precisamente por el conflicto con Israel. Dicho de otra forma, que Israel representaba un peligro para, entre otros monumentos, la basílica de la Natividad de Belén.

ESMA

Sin embargo, lo que me impulsa a escribir estas líneas es la reciente inclusión en la lista del “Museo y Sitio de la Memoria de la ESMA”, en Buenos Aires. ESMA son las siglas de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, y es uno de los lugares donde se produjeron atrocidades durante la represión militar argentina de finales de los 70.

En la justificación que hace la UNESCO se habla de la “cooperación entre las dictaduras del Cono Sur de América para combatir la oposición armada y no armada de izquierda y comunista”. O sea, que la UNESCO considera que la humanidad no debe olvidar la persecución que se hizo en determinados países de las ideologías izquierdistas y comunistas. Ninguna referencia se hace a por qué se tuvo que acudir a dichos métodos y qué opinaba la población que estaba sujeta a la acción de dichas milicias izquierdistas, eso no merece la pena recordarse.

Como tampoco merece la pena recordar ninguna de las burradas que han hecho los seguidores de las ideologías “de izquierda y comunista” en países como Rusia y las antiguas repúblicas socialistas soviéticas, Camboya, Etiopia o, ¿me atreveré a decirlo?, China. Repase el lector interesado los sitios designados como históricos por la UNESCO a ver si encuentra algo que recuerde al Gulag o entidades similares en los otros países citados.

Represiones políticas buenas y malas

La situación llama más la atención al contrastarse con el otro gran régimen totalitario, la Alemania Nazi. Las acciones del régimen Nacional-Socialista[1] sí se han considerado dignas de pasar al recuerdo de la humanidad, mediante la declaración de los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau como Patrimonio de la Humanidad.

La asimetría es evidente: la UNESCO considera que la humanidad no debe de olvidar las barbaridades que perpetran los Nazis o los enemigos ideológicos de la izquierda, pero se puede correr un tupido velo sobre lo que hagan los comunistas y socialistas en pro de sus ideales. Quien se guíe por la lista de la UNESCO, en unos años pensará que la izquierda no ha hecho nunca nada malo digno de recordarse, mientras que (lo que la izquierda llama) la derecha, ha protagonizado lamentables episodios en la historia de la humanidad.

Mención especial merece un sitio Patrimonio de la Humanidad situado en Cuba, el Parque Natural Desembarco del Granma. Este sitio no ha sido declarado por su importancia histórica, sino por sus valores naturales, como es también el caso de las cataratas de Iguazu o del Coto de Doñana. No soy experto como para poder apreciar dichos valores, pero sí que he estado en algún otro parque natural, y este no ofrece nada medianamente comparable a otros que he visitado. Ni siquiera se puede comparar con el otro parque natural declarado Patrimonio de la Humanidad en Cuba, el de Alexander Humboldt. Está situado al otro lado de la isla.

Exaltación de Granma

Lo que sí encontrará el visitante nada más entrar al parque es una reproducción a tamaño natural del Granma, el barco con el que Fidel Castro llegó a la costa cubana en 1956 para empezar la fase de lucha armada de su revolución. Quien busqué algún sendero que hacer para familiarizarse con los valores naturales del parque, se encontrará con dos: uno pare recorrer el camino de los revolucionarios desde que desembarcaron hasta que llegaron a la costa, y otro para hacer otro tanto hasta la aldea de la Alegría del Pío, donde tuvieron las primeras escaramuzas con las fuerzas de Batista.

Es obvio para cualquier visitante al parque que lo que se trata de preservar para la humanidad no son los nada obvios valores naturales que pueda tener, sino la gesta y primeras andanzas de Fidel Castro y sus secuaces, que tanto daño llevan causando al pueblo cubano. Y que la única forma que tenían de incluirlo en la memoria de la humanidad es colarlo como parque natural. Otra opción no hubiera sido aceptada por muchos países miembros de la convención.

Pero la conclusión es la buscada: perpetuar en la memoria de la humanidad la gesta con la que dio comienzo una revolución comunista, olvidando sus terribles consecuencias. Si alguien de la ideología contraria tratara de hacer lo propio, no sé, imaginemos, con la sede del periódico “El faro de Ceuta”[2], seguro que encontraría barreras técnicas y burocráticas insalvables, aunque se tratara de colar como parque natural, muchas de ellas identificadas por los mismos funcionarios que han aceptado declarar el parque del Desembarco del Granma como Patrimonio de la Humanidad.

Corrupción ideológica de los burócratas

¿Qué lecciones se pueden sacar de todo esto que he contado? Yo creo que dos son las principales.

En primer lugar, ni siquiera ideas como el Patrimonio de la Humanidad, de naturaleza global y cuya implementación parece residir naturalmente en organizaciones estatales supranacionales, conviene dejarlas en manos del Estado. Su burocratización hace que tiendan a corromperse, y con ello arrojar dudas sobre las razones por las que se han incluido todos los elementos en la lista. Al final, es mejor fiarse de organizaciones privadas, con o sin ánimo de lucro, como es el caso de Lonely Planet.

Y en segundo lugar, esa corrupción no tiende a ser ideológicamente neutra, sino que normalmente acaba en las manos de políticos y burócratas de sesgo izquierdista, enemigos de la libertad. La lista del Patrimonio de la Humanidad se transforma así en un arma más de la izquierda contra la sociedad, como ya les ha ocurrido a tantas otras buenas ideas.


[1] Viene bien recordar el nombre completo, pues la izquierda ha conseguido asociar el régimen Nazi, pese a su nombre, a la ultraderecha.

[2] Donde Franco publicó el bando con el que dio comienzo el Alzamiento Nacional.

Ver también

Unesco da asco. (Antonio José Chinchetru).

Maldita Unesco. (Antonio José Chinchetru).

Necesades buenistas de Mayor Zaragoza. (Francisco Capella).

El trabajador medio ha perdido 615 euros de poder adquisitivo por la inflación

El IJM publica un informe sobre el impacto de la subida generalizada de los precios, que acumulan un aumento del 17% bajo mandato de Pedro Sánchez.

La pérdida de poder adquisitivo derivada de la crisis de la inflación que viene sufriendo España desde 2021 ha hecho que el salario medio pierda 615 euros de poder de compra. Un hogar en el que dos personas perciben el salario medio habría visto reducidos sus ingresos reales en 1.230 euros.


Así se desprende de un estudio elaborado por el Instituto Juan de Mariana en el que se concluye que la subida anual del IPC ha sido casi tres veces más intensa bajo gobierno de Pedro Sánchez (2,8%) que en los años de mandato de Mariano Rajoy (1%). De igual modo, el IPC acumulado llega al 17,3% en el periodo de gestión del PSOE, frente al 7,2% de los años del PP.


El estudio del IJM encuentra que la caída de los salarios de los españoles ha sido dos veces más intensa en España (-3,6%) que en la OCDE (-1,9%). Esta circunstancia ha hecho que la brecha de renta que nos separa de Europa vaya a más, hasta el punto de que el diferencial observado al comparar el PIB per cápita de España con el de la UE-27 haya subido del 8,7% al 14,4% bajo mandato de Sánchez.


El español medio gastó 1.696 euros más en 2023 que en 2018 por la subida de los precios, pero los bienes y servicios que adquirió con dicho desembolso habrían tenido un coste 579 euros menor de haber sido comprados en 2018. Esto significa que, en la práctica, igualar el consumo de 2018 en 2023 requiere gastar 2.275 euros más.


En campos como la alimentación, el 93% del incremento de los dispendios familiares se explica por la subida de precios y no por la compra de más productos. De hecho, si en 2023 queremos comprar en el supermercado lo mismo que en 2018 nos suponía 100 euros de gasto, deberemos asumir un desembolso de 135 euros, a raíz de la inflación que afecta especialmente a este tipo de consumos.

El IJM advierte que, si nuestro país hubiese mantenido el ritmo de convergencia con Europa apreciado hasta 2018 y no hubiese sufrido el retroceso de los últimos años, la renta media sería hoy 3.441 euros mayor de lo que es ahora. He ahí el coste de oportunidad derivado del decepcionante rumbo que sigue la política económica de nuestro país.


Además del impacto directo sobre la renta de las familias, la inflación también erosiona la riqueza de los hogares españoles. El trabajo del IJM encuentra que el volumen de depósitos se ha reducido en 28.500 millones, en gran medida por la necesidad de echar mano a los ahorros para sufragar unos costes cada vez más altos. Además, el valor real del dinero que sigue acumulado en depósitos bancarios se ha erosionado por un monto equivalente a 32.000 millones.


Por otro lado, la decisión del gobierno de no deflactar los impuestos para descontar el efecto de la inflación está golpeando duramente a los contribuyentes, cuyo sobreesfuerzo fiscal en 2022 y 2023 ronda los 25.000 millones, es decir, 1.315 euros más por hogar.


La política fiscal y monetaria de los años de Sánchez ha sido opuesta a la del tiempo de Rajoy. Mientras que el gobierno del PP aprobó una Ley de Desindexación, desligó las pensiones del IPC y redujo el déficit y el gasto público, el PSOE ha vuelto a anclar los precios y las prestaciones de la Seguridad Social a la inflación, al tiempo que ha elevado el déficit y el gasto de las Administraciones. En cuanto al Banco Central Europeo, su estrategia ha sido más expansiva bajo mandato de Christine Lagarde que durante la gestión de Mario Draghi. La confluencia de estos diferenciales de política fiscal y monetaria tiene mucho que ver con el contraste tan acusado que arroja el desempeño del IPC bajo los últimos gobiernos de PP y PSOE.

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El pensamiento político de Juan de Mariana

Quizá sea Juan de Mariana (1535-1624) uno de los autores más incomprendido en la historia del pensamiento político. Se ha querido ver en él un inspirador del liberalismo e incluso de la democracia política, y también un vulgar reaccionario católico que añoraba el viejo mundo medieval, arrumbado por el Renacimiento. Se le ha considerado el coetáneo “radical” de Suárez e incluso un extremado “monarcómaco” (calvinistas y católicos opuestos a la monarquía absoluta), el principal monarcómaco católico. Y, aunque hay razones a favor de unas y otras tesis, puede que Mariana sea más fácil de comprender que lo que todas esas hipótesis sugieren.     

Mariana destacó como profesor de teología (materia que incluía también saberes filosóficos, en especial la filosofía legal y política) en los colegios jesuitas de Roma, Sicilia y París, pero problemas de salud le obligaron a retornar a España (Toledo), en 1574, donde desarrolló una amplia tarea investigadora. Sus estudios fueron muy diversos, pues se ocupó de cuestiones bíblicas, filológicas, históricas (con su monumental Historiae de rebus Hispaniae), de política (De rege et regis institutione) y de economía (De monetae mutatione). Fue también autor de un informe, para la Inquisición, favorable a la Biblia políglota de Arias Montano. Y colaboró en la edición de las obras completas de San Isidoro de Sevilla, por encargo directo de Felipe II.

Arde París

La fama de teórico político la debe a su De rege et regis Institutione libri III (1599), dedicado a Felipe III de España, a quien ofrecía los principios para gobernar rectamente. La obra alcanzó fama mundial pues, no mucho después de su publicación, los franceses lo acusaron de regicida. El motivo, haber considerado “tiranicidio justo” el asesinato de Enrique III de Francia, en 1589, por el católico Jacques Clement, en las guerras de religión francesas de la segunda mitad del siglo XVI. Tras el asesinato de Enrique IV de Francia, en 1610, por Ravaillac (fanático católico), el Parlamento de París ordenó su quema pública, lo que aumentó su fama.

Por si fuera poco, en 1649, el inglés Cromwell justificó la ejecución del rey Carlos I Estuardo (1600-1649) apelando a la obra de Juan de Mariana. También se le acusó de inspirar el “Motín de la Polvora” (1605), para asesinar a Jacobo I Estuardo (1566-1625), por el que se ejecutaron a muchos sospechosos, entre ellos a cinco jesuitas.

El primer libro de De Rege se dedica al origen, límites y carácter del poder monárquico, a las ventajas y desventajas de las diversas formas de gobierno y al tiranicidio como modo extremo de resistencia a la tiranía. El segundo libro se dedica a la educación del príncipe y, el tercero, a los deberes del Rey respecto a la justicia, la guerra, la agricultura, los tributos, la propiedad y asuntos relacionados con el arte de gobernar. Se la considera el tratado más teórico y filosófico de todos los denominados “espejos de príncipes”, que proliferaron en los siglos XVI y XVII, que daban consejos al gobernante para el mejor gobierno.

Realismo político

Mariana se situó en la tradición de “Realismo Político” anterior a Maquiavelo o a los escolásticos, que se remonta al romano Tácito, y que compartieron los maestros españoles clásicos. Así, al igual que todos ellos, Mariana aspiraba a reflejar las cosas “tal como eran” (en su “ser”), más que “como deberían ser” (en su “deber ser”). Aunque Mariana, como los autores clásicos hispanos, que proponían la subordinación de la política a la moral, fue contrario al “realismo político” de Maquiavelo. Los autores españoles, aunque divergen en su concepción de la política y de la ética política, rechazaron también que el gobierno cristiano se pudiese plantear en términos de teología moral rígida y ortodoxa.

El pensamiento de los maestros españoles clásicos se correspondía con la realidad de la Monarquía Hispánica, una monarquía limitada, no absoluta. Episodios como la fuga de Antonio Pérez, el Secretario traidor de Felipe II, muestran la limitación del poder de los reyes de España, que fue en esto peculiar en los siglos XVI, XVII y XVIII. En esos siglos, los reyes tuvieron que gobernar con la Cortes. Ciertamente, las Cortes en España languidecieron desde comienzos del siglo XVI, ante la irrupción de las monarquías personalistas que abrieron paso al absolutismo. También es cierto que los reyes siempre buscaron estar lo menos limitados posible.

Pero, en España, las Cortes nunca dejaron de reunirse en todos los reinados, salvo en los de Carlos II y Fernando VI. Mas, en estos reinados, siguieron funcionando las Diputaciones Permanentes y las Comisiones de Cortes. La monarquía española, incluso bajo los Borbones, fue una monarquía limitada, aunque siempre procuró estar muy poco limitada de facto.

La obra española más importante en pensamiento político

De Rege et regis institutione se considera la obra más notable del pensamiento político español. Las peculiares tesis contractualistas expresadas por Mariana en De rege, aunque opuestas a las protestantes, permiten considerarle el inspirador de Hobbes (1588-1679) y hasta de Rousseau (1712-1778). Es importante indicar que esta obra no es un árido tratado escolástico, aspecto éste importante, pues uno de sus atractivos se debe a que Mariana introdujo, a modo de ejemplos, episodios históricos concretos con el fin de poder ilustrar los conceptos filosóficos analizados. Mariana no utiliza la cita de autoridades, sino que recurre a sucesos de la historia antigua y medieval, lo que ameniza considerablemente su trabajo.

Juan de Mariana fue uno de los teóricos que más defendieron la libertad contra la tiranía, así como la propiedad privada y la limitación del poder del soberano. También defendió el tiranicidio, si el príncipe faltaba a sus responsabilidades religiosas, abusaba con los impuestos o pretendía apropiarse de los bienes de sus súbditos. Se ha querido ver en la definición de “tirano” de Mariana, que incluye el caso de gobernantes herejes (protestantes), únicamente la apelación a los católicos para combatir a los príncipes que seguían la religión reformada.

Su teorización de la tiranía se circunscribiría pues, para esas tesis, a llamar a los católicos a luchar contra “reyes herejes”, como los príncipes germanos o británicos, en las guerras religiosas europeas de los siglos XVI y XVII. Pero, para Juan de Mariana, el rey que legisla sobre la religión es un tirano, pues esa materia sólo corresponde al Papa.     

En España, el pueblo no pierde su soberanía

Hay diferencias importantes en la comprensión del contrato social por los clásicos españoles, como Mariana, y los primeros contractualistas protestantes. A diferencia del anglicano Hobbes (1588-1679), los autores hispanos rechazaron que los derechos personales y la soberanía pudiesen delegarse irrevocablemente. Juan de Mariana sostenía que, pese a transferir al rey su poder político original, el pueblo se reservó importantes derechos, como la tributación, el de veto a las leyes y el derecho a determinar la sucesión si el rey no tenía heredero. Esto ha valido a los autores hispanos ser calificados a veces de liberales, republicanos y hasta democráticos, lo que quizá sea exagerado. Para Mariana, los hombres no podían perder su soberanía, si bien pueden delegarla válidamente si el gobernante respeta el Derecho Positivo y sigue en su gobierno la Ley Natural, inspirada por la Ley de Dios.

También hay diferencias en la concepción del Pacto Social, entendido de modo dispar, más que contrario. Para Hobbes, el pacto social suponía dos pactos sucesivos, entre individuos aislados y sin ley. En primer lugar, se producía el “pacto de unión” (pactum unionis), creador de la sociedad, seguido de un segundo pacto, el pacto de sujeción (pactum subjectionis), que creaba la autoridad política a la que se sometía la sociedad. Esta tesis del doble pacto social fue sostenida después por Pufendorf y Locke, y por la casi totalidad de la Ilustración europea y americana, y su influjo llegaría hasta Rousseau (1712-1778).

La sociedad, el bien; el Estado, el mal

Los autores españoles vieron el pacto social de otro modo. Para ellos, el origen de la sociedad no estaba en ningún pactum unionis, sino que su origen era el “bien”, la sociabilidad, uno de los bienes concedidos por Dios a los hombres. Por tanto, la sociedad está conformada naturalmente y sujeta a la Ley Natural ab initio. Por el contrario, el poder político (el Estado), nacido del pactum subjectionis, deriva del “mal”, que también acompaña al hombre, como el pecado, y crea las discordias sociales. Para evitarlas o limitarlas, es por lo que se necesita establecer la autoridad del gobernante en la sociedad. Aunque Mariana, a diferencia de Suárez, contempló la hipótesis de una época previa, tras el Pecado Original, en que los hombres vivieron de modo anárquico y sin propiedad (¿estado de naturaleza?), y estimaba en mucho menos la Ley Natural.

Para Mariana, el poder político sólo pertenece a la comunidad y nunca a individuos concretos. El poder político procede de Dios, supremo principio ordenador, pero mediatamente. Dios no entrega el poder directamente al gobernante, sino al pueblo, que instituye al gobernante, mediante el consentimiento que organiza políticamente la comunidad. En la comunidad política originaria, el poder radica en toda la colectividad o, dicho de otro modo, es en la comunidad, en el pueblo, donde reside la soberanía. De ahí su preocupación por la tiranía que, para Mariana, significaba la desnaturalización de la sociedad y de los hombres, y el mayor peligro.

Contra el absolutismo

Mariana, igual que Suárez, se opuso al avance del absolutismo en Europa, impulsado por los protestantes. Estos, como el Rey Jacobo I de Inglaterra, defendían el derecho divino de los reyes para gobernar absolutamente. Mariana, como los demás teóricos españoles, convirtió la doctrina escolástica abstracta de la tiranía en un argumento de peso para censurar a los tiranos de todos los tiempos. Denunció por tiranos a gobernantes antiguos, como Alejandro Magno, Julio César y Octavio Augusto, que adquirieron su poder injustamente. Y denunció a los reyes protestantes que, al abrazar la herejía, incurrían también en tiranía por usurpar las atribuciones religiosas del Papa. Juan de Mariana se fundaba en una concepción democrática de la titularidad del poder, común entre los escolásticos, pero formulada por él de un modo más radical.

Quizá por todo eso, sea más a Mariana que a Suárez, a quien debería considerarse el antecesor de la teoría del consentimiento popular de Locke y de la supremacía del pueblo sobre el gobierno. Y también se anticipó Mariana a Locke en que los hombres abandonaron el estado de naturaleza para formar gobiernos a fin de preservar sus derechos, como el de propiedad.

Ver también

El pensamiento monetario de Juan de Mariana (I, II, III, IV, V) (José Carlos Rodríguez).

Juan de Mariana en la academia de doctores. (León Gómez Rivas).