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Los capitalistas no han salido ganando con la crisis

We went down to hear the band begin, I blinked once and it was gone – Steve Forbert

Hace ya tiempo que los analistas veían tambalearse el proyecto de Eurovegas. Cuando la empresa Las Vegas Sands presentó en Londres sus planes, ya se percibían dudas y demasiadas preguntas sin responder. Eurovegas se presentaba como una oportunidad que, además de suponer una enorme inversión, podría aumentar el PIB de la Comunidad de Madrid en un 4,5% y generar 164.000 empleos directos y 97.000 indirectos.

Cuando se anunció este complejo hotelero y de ocio leí todo tipo de críticas diciendo que la empresa se aprovechaba de las condiciones laborales injustas y precarias, y de un país en ‘derribo’ para ‘forrarse’. Que suponía entregarnos al vicio, juego y prostitución. Eso en un país que ya suponía el 3,7% del mercado de casinos de Europa y donde cada español gasta 179 euros anuales en juego. Y no quiero hablar de esos clubes de luces de colores que abarrotan nuestras carreteras, que deben ser centros culturales. Ya me sonaba a nuestra famosa xenofobia empresarial. Si lo hacemos nosotros lo justificamos como “planes de crecimiento” y creadores de empleo, si lo hace un extranjero, malo malísimo.

Curiosamente, el proyecto que se iba a instalar a las afueras de Madrid probablemente vaya a desarrollarse en Japón. No en alguna república bananera donde obliguen a los jóvenes a trabajar por un mendrugo mientras otros son esclavizados en burdeles… A Japón, la tercera economía del mundo.

No, el fin de Eurovegas no es culpa del Gobierno, de un partido o de otro. Pero todo el asunto dice mucho sobre nuestro sistema económico de “déjame Paco, que tú no sabes quién soy yo y esto lo arreglaba yo con dos llamadas”. No había más que oír los mensajes de la oposición en cuanto se anunció la retirada.

Desde mi punto de vista, podemos aprender de este episodio para muchas otras ocasiones y así reforzar la Marca España.

– Empezar a evitar vender las cosas antes de que ocurran. “Que me lo quitan de las manos”, “que vienen los americanos-chinos-rusos”, y la peor “usted no tiene ni idea”. Que Bill Gates no tenga que pedir públicamente que no se use su nombre para especulaciones. Manejar las expectativas y sorprender al alza, no dar por hecha la venta de un aeropuerto, una empresa o un valor, la cifra de paro, déficit o la de crecimiento, y luego justificar la decepción.

– No pensar que los extranjeros son tontos. Los proyectos compiten. Los países y ciudades compiten por esos proyectos. Atraer capital no es un favor que le hacemos al inversor permitiéndole venir a nuestro feudo, es una obligación y una responsabilidad. Y tenemos que copiar a los mejores, y superarlos, no imitar a los peores para después criticarnos internamente y continuar con los mismos errores. Si el proyecto no es adecuado, la obligación es contar con un marco de apertura y libertad que haga que florezcan decenas de alternativas mejores. Y que se vea que merece la pena arriesgar.

– La seguridad jurídica no es una broma. Es muy revelador que la empresa Las Vegas Sands pusiera como condición que se le pagasen las pérdidas SI se cambiaban las leyes o el entorno impositivo. La percepción de inseguridad jurídica es el mayor escollo para que en España y Europa se atraiga capital en inversión productiva y a largo plazo. No se trata de atraer dinero a bolsa o a reciclar capital, como comentaba en mi post Llueve dinero en España, ¿o no?, sino a los centenares de miles de millones que necesita nuestro país para reducir el paro.

– Dar alternativas, no unicornios. Los que criticaban el proyecto por ser “ladrillo, vicio y putas” (sic) tienen todo el derecho a criticarlo, pero no han puesto una sola alternativa –ni un solo dólar- remotamente similar en inversión, creación de empleo y potencial económico. Y cuando han propuesto algo para “cambiar de modelo” curiosamente pasa por “el Estado” y “dar subvenciones”. Volver a 2004 y a llenar el país de sobrecapacidad en infraestructuras inútiles y ladrillo del que si nos gusta, el que paga el contribuyente. Más deuda, más déficit, más impuestos. Y otro desastre mal planificado. Con lo fácil que es abrir las puertas a que compita el capital y poner un entorno atractivo para la inversión. Nuestra mentalidad a veces parece que solo nos permite entorpecer y prohibir. Que España haya caído al puesto 142 de 189 entre los países con más facilidad para hacer negocios es algo que debe preocupar a todos. Mientras tanto, nos sentamos a esperar que vuelva 2004 y podamos volver a subvencionar cualquier quimera de pérdidas aseguradas con dinero de otros.

– Libertad y apertura para todos, y no hay que hacer excepciones. Nos llevamos las manos a la cabeza porque se estaba estudiando hacer excepciones legales para atender a algunas condiciones de inversión. En vez de pensar que lo que tenemos que hacer es apertura y desatascar el entramado burocrático y administrativo para todos, en un país donde el 70% del valor añadido lo crea las pymes, nos alarmamos de que haya empresas que no estén dispuestas a aceptar ‘nuestras maravillosas condiciones’. Sin un entorno confiscatorio y burocrático no hacen falta ‘excepciones’.

– No existen condiciones de extorsión ni excesivas cuando hay competencia y libertad. Si pensaban que el grupo Las Vegas Sands estaba exigiendo demasiado y recibiendo un trato de favor o un chollo… ¿Por qué no han salido treinta o cuarenta competidores inmediatamente? Si lo que pedía es inaceptable, debemos al menos contar con otras alternativas que demuestren que es así. Si las condiciones son inasumibles, ¿cómo es que estamos dispuestos a dar todo tipo de prebendas, parabienes y subvenciones al gasto cuando viene del estado o de empresas españolas o públicas? Igual que con tantos otros sectores, desde los hedge funds, al fracking, el petróleo en Canarias o la tecnología, a veces somos campeones en encontrar problemas, riesgos y rechazar –como buenos ricos que somos- las inversiones extranjeras que “vienen a llevarse lo nuestro”. Lo nuestro, seamos conscientes, es mucha deuda. Un 94% del PIB de deuda pública ya, y si queremos ‘ingresos fiscales’ tendremos que atraer inversión sí o sí.

El fin del sueño o pesadilla de Eurovegas va a ser utilizado para criticar a todo el mundo. Pero ese no es el problema. El problema es un sistema económico que pueda poner enormes dificultades para atraer inversiones productivas. Si hubiese un entorno de libertad económica real y apertura, como defiendo en mi libro Viaje a la Libertad Económica, la discusión sobre las condiciones de Adelson o del Gobierno simplemente seria innecesaria. El debate no se habría dado porque competirían muchos y diferentes proyectos para crear riqueza y empleo.

España tiene todos los ingredientes para que las empresas, nacionales y extranjeras, inviertan cientos de miles de millones de euros, se desarrollen los sectores más atractivos y se cree el empleo necesario. Esas empresas e inversiones no las va a decidir un comité, y ese crecimiento no va a venir por el BOE. Nuestra situación actual es precisamente la consecuencia del BOE-depresor. Vendrá cuando abramos las puertas, cerremos los despachos de ‘parar y entorpecer’ y pongamos la alfombra roja a la inversión productiva. Entonces, las exigencias más o menos agresivas de una empresa no serán noticia. Habrá multitud para sustituirla. 

La población de Cataluña huye hacia otras autonomías durante la crisis

España está perdiendo población como resultado de su particular crisis demográfica -baja tasa de natalidad y creciente envejecimiento poblacional- y, sobre todo, el aumento de la emigración hacia otros países, tanto de población extranjera como nacional. La elevada tasa de paro y las malas perspectivas económicas han provocado que un volumen cada vez mayor de gente opte por hacer las maletas en busca de un futuro mejor. Tanto es así que, en el primer semestre del año, casi 260.000 personas abandonaron España para instalarse en el extranjero.

Sin embargo, dentro de los flujos migratorios, cabe distinguir la migración exterior -entre países- de la migración interior -entre regiones o provincias-. Así, al igual que algunas personas optan por buscarse la vida fuera de España debido a la mala situación económica, otras prefieren emigrar a otras regiones del país, cuyas perspectivas son más favorables que en su lugar de origen.

En este sentido, los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrecen una imagen general sobre la migración interna que ha registrado España durante la crisis. El indicador más relevante en esta materia es el denominado "saldo migratorio interautonómico", ya que mide los movimientos netos poblacionales (entradas menos salidas) que se registran, única y exclusivamente, entre las distintas regiones de España.

Uno de los datos más llamativos es el referido a Cataluña. El otrora principal motor económico de España siempre se ha caracterizado por atraer población residente, procedente, sobre todo, del sur del país, gracias a su pujante industria y su intensa actividad empresarial. Sin embargo, los datos oficiales muestran que la presente crisis ha supuesto un cambio de paradigma, ya que Cataluña no sólo no atrae trabajadores de otras autonomías sino que parte de sus residentes ha preferido huir hacia otras comunidades en busca de oportunidades laborales o un mejor nivel de vida.

En concreto, desde 2008, Cataluña registra un saldo migratorio negativo de casi 16.000 personas. Esto significa que el número de residentes catalanes que ha decidido emigrar a otras autonomías (salidas) supera en casi 16.000 personas a los residentes de otras regiones que han optado por instalarse en Cataluña (entradas) durante la crisis.

Este balance contrasta de forma muy significativa con la Comunidad de Madrid, ya que la región que preside Ignacio González se ha convertido en el principal polo de atracción poblacional de España en estos años de dificultades económicas. Madrid presenta un saldo migratorio positivo de casi 14.000 personas desde 2008 -han entrado más de los que se han ido a otras regiones-. Así pues, la economía madrileña no sólo atrae empresas procedentes de otras regiones de España (casi 5.000 desde 2010) sino que también es el principal destino de la migración a nivel interno.

Asimismo, en el lado positivo, también destacan Baleares (+10.982),Galicia (+10.712), País Vasco (+8.949) y Navarra (+6.941). Por el contrario, la comunidad que encabeza el saldo miratorio negativo durante la crisis es Castilla y León, con una pérdida neta de 25.430 residentes desde 2008, seguida de Cataluña (-15.858), Canarias (-12.397), Comunidad Valenciana (-10.678) y Andalucía (-10.524).

Mención aparte merece Castilla-La Mancha, con un saldo positivo de 16.033 pesonas. Pero este dato favorable se debe, básicamente, a la conexión directa de Guadalajara y, en menor medida, Toledo con Madrid, conviertiendo ambas provincias en casi un anexo de la comunidad madrileña.

El estallido de la burbuja inmobiliaria y el menor coste de la vivienda produjo en los primeros años de crisis el regreso de numerosos trabajadores de la construcción a sus lugares de origen, que, sumado al aumento de residentes madrileños que optaron por comprar o alquilar un piso en las provincias manchegas más cercanas a la capital, se tradujo en un importante saldo positivo en Castilla-La Mancha entre 2008 y 2011, según aclara la Fundación Renacimiento Demográfico.

Sin embargo, desde 2012, y muy especialmente en el primer semestre de 2013, esta región lidera, junto a Castilla y León y Andalucía, la fuga de residentes hacia otras autonomías debido a sus peores perspectivas económicas.

La población cae en casi todas las CCAA

Por último, la combinación de escaso crecimiento vegetativo (nacimientos menos defunciones), el saldo migratorio negativo con el extranjero y el saldo migratorio con otras comunidades dan lugar a que la población sólo creciera en Baleares, Canarias, Murcia y en la ciudad autónoma de Ceuta durante el primer semestre del año.

Para Antonio Banderas

Querido Antonio:

Te escribo estas líneas desde la más profunda admiración por tu carrera profesional, porque has sido y eres un actor como la copa de un pino, habiendo interpretado y pasado por todo tipo de papeles, estilos y películas. Pero el motivo de estas líneas es diferente. Te escribo con la esperanza de que estas breves palabras sean leídas con detenimiento (por ti) para intentar arrojarte un poco de luz sobre las circunstancias tan excepcionales que la sociedad actual, y la española en particular, está experimentando. Haciendo especial énfasis en un aspecto muy destacado por los medios en general, y por mucha gente, que no es más que "los recortes, el papel de los bancos y de los mercados, en definitiva la famosa prima de riesgo". Estos palabros, que se han puesto tristemente de moda en los últimos tiempos, son usados por mucha gente, periodistas, políticos, amas de casa, taxistas, camareros, obreros, y también por muchos artistas. En concreto, he leído y oído en algunas de tus muy seguidas entrevistas (porque todo lo que dices o se dice que haces o promocionas me interesa mucho, porque te admiro) que tú también haces uso de esos palabros.

Este es el principal motivo de que se me ocurra escribir estas líneas. Cuando escucho que tú, Antonio Banderas, nombras las palabras "recortes", "bancos", pero, sobre todo, "los mercados", se me pone un no sé qué en el cuerpo que me irrita en parte, y me enfada por otro lado (teniendo en cuenta que el 99% de la población no sabe lo que significan, por tus declaraciones, me veo obligado a incluirte en ese grupo, Antonio). Y quiero, pretendo, humildemente, intentar aportarte algo de luz para que entiendas qué está pasando y por qué está pasando. Creo que es muy importante que gente tan importante como tú (y ojalá tuviéramos 100 Antonios Banderas en España) transmita sensatez en general a la sociedad española, porque, Antonio, eres una persona (esto ya lo sabes) que transmites unos valores muy sólidos, y en España hacen falta valores como la honestidad, el espíritu de sacrificio, el esfuerzo, en definitiva, ambición por mejorar y avanzar. Porque estas cosas implican capacidad de adaptación y, por tanto, tener la mente abierta y preparada para aprender; porque no sabemos nada, tenemos que saber que tenemos que seguir aprendiendo constantemente a lo largo de nuestra existencia, ya se tengan 10, 27, 42, 58, 65, 74 u 80 primaveras.

Y lo primero que quiero dejarte muy claro es que no me gusta la política, bueno, no me gusta la política en España (en estos momentos estoy viviendo fuera de España), no me siento identificado con ningún partido político de los que nos han venido gobernando desde que se acabó la dictadura (nací en el 71), y nunca he estado vinculado a ningún partido político de ningún color. Procedo de orígenes humildes, y eso hace que sepa dónde estoy, de dónde vengo y lo que me ha costado llegar a donde he llegado. Esto lo digo para evitar los pensamientos que te vendrán al final de mis palabras, sobre qué soy o de dónde vengo. Porque si hay un gran lastre en la sociedad española es simplemente aquello de etiquetar a una persona por el simple hecho de criticar a un partido o ideología política. Si en España llevas una bandera de ESPAÑA, te llaman facha, si criticas al inútil de Zapatero, te llaman del PP, si criticas las subidas de impuestos de Montoro, te llaman rojo, si opinas sobre alguna de las estupideces que propone Cayo Lara, eres facha otra vez, si no lees El País y lo criticas, dicen que eres de derechas, si lees el ABC, eres de derechas, si ves la Sexta, eres rojo… En fin, esto es España.

Al grano. Los mercados. No, Antonio, los mercados no tienen la culpa de nuestros males, de nuestra crisis. No son los responsables de nuestro déficit. No son los responsables de la quiebra de nuestras cajas de ahorro. No, Antonio. Los bancos, los malditos bancos. Los bancos no son culpables de nuestra crisis. Ni de los recortes que dicen que ha implementado el Gobierno de Rajoy. No, no, no y no.

El río comienza antes, mucho antes. Esto es como una partida de ajedrez. Desconozco si te gusta jugar al ajedrez, pero entiendo que sabes cómo se juega. Asumiendo esto, te pregunto, en la jugada 20, ¿qué parte de culpa tiene el movimiento 19 y 18, y qué parte de culpa el movimiento 1 y 2? ¿Tienen los movimientos anteriores al 20 culpa alguna de ese movimiento? ¿Y qué culpa ha tenido cada movimiento? ¿Se puede saber? ¿Se puede decir que, si ha habido 19 movimientos antes, entonces cada movimiento tiene 1/19 de responsabilidad?

Sigo. ¿Cuándo empieza la crisis en España? Una cosa es cuándo se empieza a notar la crisis en el bolsillo de los españoles, y otra cosa es cuándo empieza la crisis. Porque hay estratos sociales que notan la crisis antes que otros, y de hecho hay industrias que no han notado crisis, o, al menos, no en la misma magnitud. Los bares y restaurantes de la plaza mayor de Madrid no han notado la crisis igual que los bares del barrio de mis padres en el extrarradio de Madrid. ¿Y por qué surge la crisis? ¿Por qué, de repente, de lo bien que se vivía en 2005, por ejemplo, pasamos a las penurias de diciembre de 2013?

Estas preguntas me llevan a una conclusión. ¿Qué haces, Antonio, si tienes un problema de salud? Entiendo que, como eres una persona adulta y formada, acudes a un especialista. Pero no te he oído (ni a los medios) hablar de problemas concretos de salud, de lo que provoca el cáncer, por ejemplo (mucha habladuría sobre los hábitos de consumo), solo cuando lo dice un estudio o análisis clínicos. Y entiendo que no lo hagas porque no sabes, como yo tampoco sé. Pero entonces, ¿por qué hablas de los mercados y de los bancos? Tus declaraciones demuestran desconocimiento; sin embargo, tú, el taxista, mi madre, los camareros, todos hablan de ello. ¡Si es que en España el problema más grave que tenemos es que de fútbol, de toros, de algún programa de la tele y de economía saben todos!

Sigo. Para poder hablar de crisis, hay que entender lo que eso significa. Todos sabemos identificar cuándo estamos en crisis porque es obvio. Desempleo provocado por las malvadas empresas que despiden a sus empleados. Ya está. Todos sabemos que cuando esto sucede, estamos en crisis. No hace falta saber mucho de economía. Y desde hace 3 o 4 años, las malvadas empresas están despidiendo a mucha gente. En concreto, desde el verano de 2008. Si tomamos el dato más alto de la serie (mes de julio de 2007), desde entonces en España se han dado de baja de la Seguridad Social más de 3 millones de empleados.

Pero, dicho lo cual, el mayor ruido mediático se ha producido en los últimos 12 o 18 meses, cuando el actual Gobierno anunció medidas para intentar reducir el gasto público. Estas medidas están afectando directamente a los funcionarios de la administración central, pero también a otros colectivos, porque también se anunciaban subidas de impuestos a tutiplén. Es decir, afectan a todos los españoles sin excepción.

Bien. Llegados a este punto, se escucha por muchos sitios que "los mercados nos obligan a rebajar nuestro nivel de gasto público", "que los hombres de negro van a venir y, si no lo hacemos nosotros, lo harán ellos y eso será peor". En fin. En estas circunstancias, se escuchan historias de todo tipo y, como normalmente sucede, ninguna se sostiene por ningún lado.

Antonio. Yo te pregunto, ¿tú sabes por qué pasa todo esto? ¿Por qué un gobierno es capaz de intentar reducir el gasto público? ¿Por qué encabronar a todos los españoles a la vez bajando a todos los españoles su renta disponible tras subidas de impuestos directos (IRPF) e indirectos (IVA), y tras bajadas de salarios a funcionarios? ¿Por qué un cambio en la normativa laboral que intente flexibilizar el mercado de trabajo, tratando de simplificar procesos, contratos, rebajar el coste del despido? ¿Por qué exigir a las empresas públicas que tienen que encontrar el equilibrio en sus cuentas o serán cerradas? ¿Por qué el gobierno de Valencia cierra su televisión autonómica? ¿Por qué se reduce el presupuesto a RTVE? ¿Por qué intentar reducir los pagos o subvenciones a diferentes colectivos?

Antonio. ¿Por qué una persona o un Gobierno toma todas estas medidas sabiendo claramente que todo el mundo, todos los colectivos van a quejarse, y van a estar encabronados por mucho tiempo? ¿A quién benefician estas medidas? Yo he aprendido a preguntarme en la vida por qué pasa lo que pasa. ¿Hay algún motivo? ¿Hay alguna explicación?

Antonio, que no se te olviden mis palabras anteriores. No pertenezco a ningún partido. No colaboro ni simpatizo con ninguno. No me gusta el 90% de los políticos. Pero tengo grabada una frase que dijo Mario Conde hace muchas décadas: "si te interesa la economía, te tiene que interesar la política".

Prosigo. Todo esto que está pasando (el encabronar a todos), ¿tiene alguna explicación? Bueno, yo sé que la tiene, porque soy analista financiero, y de este tema algo sé. España, en verano de 2011, cuando el inútil de Zapatero convoca elecciones en agosto de 2011, se va a pique, y, aunque nadie me lo ha contado, es fácil intuir que le dicen a ZP que, o toma unas cuantas medidas para intentar arreglar el desaguisado que ha montado, o España se va por el retrete. Y sorpresa, ¿qué hace el simpático de ZP? Ya sabes lo que hizo, saltar del barco y convocar elecciones. ¿Para qué? Para quitarse de en medio, primero, y dejar al de enfrente el marrón de la quiebra de España. ¿Y qué ha pasado desde entonces? No, quebrado no hemos quebrado, pero ¿cuántos españoles piensan en esto? Ah, no, que lo que importa es que cierren la TV de Valencia, que quiten la paga extra a los funcionarios, y que le suban el IVA a la industria del cine.

Recapitulo, porque he escrito unas cuantas cosas que merece la pena explicar. ¿Qué significa que en verano de 2011 España va directa a la quiebra? Tú, Antonio, esto lo vas a entender fácilmente. Piensa en ti, en tu situación patrimonial, y piensa en qué tendría que pasar para que fueses a la quiebra. Es decir, para que no pudieras hacer frente a tus obligaciones de pago. Una persona, una empresa o un gobierno tiene dos tipos de obligaciones de pago, aquellas para subsistir (comida, luz, gasolina, colegios, nóminas, seguros sociales…) y las financieras (pago de hipoteca o de préstamo por la casa, el coche o finca, o proyecto, o planta industrial o cualquier proyecto nuevo). La primera depende del nivel de gasto de cada uno, o de cada empresa, o de cada gobierno, pero todos tienen que gastar en subsistir, las personas, las empresas y los gobiernos. La segunda depende esencialmente del nivel de deuda de cada uno. Los habrá con poca, mucha, muchísima o ninguna deuda. Es decir, los habrá que no tengan que pagar nada, porque sencillamente no tienen ningún tipo de deudas, o los habrá con mayor o menor carga financiera.

Centrémonos en por qué un Gobierno tiene deuda, o cómo esta se genera. Me siento en la obligación de recordarte, aunque sé que lo sabes, que el gobierno (ya sea central o regional o local) se financia con nuestros impuestos. Es decir, si no hay impuestos, no hay gobierno que valga. Es importante hacer esta aclaración o insistencia porque parece que a la gente se le olvida. Es decir, nuestro dinero, que a nadie nos lo han regalado (por lo menos a mí no y no conozco a ningún familiar o amigo o conocido que se lo hayan regalado), viene siempre del mismo sitio: trabajo (bueno, también hay rentas del capital, pero eso es para lo que tienen capital invertido). Sí, ya sé que hay por ahí gente que ha heredado, o que le ha tocado la lotería; yo no los conozco, siempre me ha dado por pensar que lo de la lotería es una farsa, porque no conozco a nadie cercano que le haya tocado, y ya es raro. Bien, pues la deuda del gobierno se genera porque se gasta más de lo que le damos todos. Es un poco flipante, ¿no? Encima que le damos de nuestro trabajo parte de nuestros ingresos, se gasta más de lo que recibe. Eso es lo que se llama déficit fiscal, déficit de ingresos frente a los gastos.

Si echas un vistazo a la cuenta de resultados (ingresos y gastos) de las administraciones, puedes observar las partidas de ingresos y de gastos. Para darte una referencia, cuando una empresa quiebra, todos los empleados se quedan sin empleo y los empresarios o locos o insensatos que invirtieron se quedan sin nada de lo que pusieron cuando se acumulan deudas (pérdidas acumuladas, o mayores gastos que ingresos acumulados), y los que financian (normalmente los bancos o, en otras ocasiones, los malvados mercados) dicen que ya no financian más. Es por tanto cuando la empresa se encuentra incapaz de afrontar sus obligaciones de pago (tanto para subsistir como para hacer frente a sus deudas). Ojo, normalmente no se quiebra porque en un ejercicio se pierda dinero, pero sí es normal que se quiebre cuando se llevan varios ejercicios perdiendo dinero, demostrando que esa actividad no es sostenible (qué palabra, sostenible, deberían ponerla en el diccionario de los políticos).

Espero no estar entrando en conceptos complicados, y que la descripción sea sencilla.

Es decir, el estado se gasta más de lo que ingresa; entonces, algún insensato le presta dinero (un banco o varios, o los malvados mercados). La cuestión es que desde hace décadas, España siempre ha tenido deuda, es decir, que siempre ha tenido que pagar interés. Esto es como si alguien, durante toda su vida, siempre ha tenido deudas. Ya sea una hipoteca o cualquier tipo de deuda. Eso es así. La cuestión es cuál es el nivel de deuda (¿alto, bajo?), y si crece o se reduce. El caso es que en 2004, cuando el inútil de ZP llegó al Gobierno, España tenía un nivel de deuda muy bajo, inferior al 50% del PIB, que es muchísimo menos que Francia, que Alemania o Italia. Cuando digo muchísimo menos, es que, en aquellos tiempos, Francia tenía casi el doble, y Alemania también, e Italia, unas 3 veces más. Pero en el verano de 2011, es decir, solo 7 años después, la situación es diferente, es dramática.

En estas líneas no pretendo criticar a un gobierno o a otro (añadir el adjetivo que añado a ZP no es intencionado, me sale solo, natural), solo ofrecerte datos, y tú, que de tonto no tienes un pelo, saques tus propias conclusiones.

Sigo. En verano de 2011, nuestra querida España va camino de la ruina. Porque el déficit fiscal sigue disparado después de que ZP no haya hecho más que aumentar el gasto público. (Con esta política de gasto se produce el efecto contrario que con la política de reducción de gasto. Si reduciendo el gasto – bajando salarios a funcionarios y subiendo impuestos a todos los españoles- encabronas a todos, te puedes imaginar cuando aumentas el gasto: la fiesta para todos, ¡yujuuu!, ¡esto es la fiesta!). Pero ojo, el aumento de gasto que lleva a cabo ZP y muchas regiones, durante los primeros años no generan un problema de déficit porque, primero, los ingresos siguen aumentando y porque, aunque se genere déficit, España parte de un bajo nivel de deuda. Es como si tú u otra persona no tiene deudas y se tiene que endeudar por algo, comparado con una persona endeudada ya hasta las cejas y que necesita más deuda. La situación no es la misma, y el que te tiene que prestar no te mirará igual en el primero que en el segundo caso.

Pero ¿qué pasa en 2011? Sencillamente pasa que España hasta ese momento ha demostrado que no le importan los desequilibrios, y que el Estado se gasta lo que haga falta (¿le importa a alguien?). ¿Es esto una actitud responsable´? Y es en 2011 cuando el desequilibrio fiscal está a un nivel desorbitado. Desorbitado significa la friolera de llevar camino de cuatro años gastando muy por encima de las posibilidades. Pongamos las cosas en perspectiva. Imaginemos que tú, yo o cualquiera tiene una deuda, y, por los motivos que sean, en un periodo de 3-4 años doblamos esa deuda, durante un periodo en el que nuestros ingresos (negocio o trabajo) está en crisis, pero no cambiamos nuestros hábitos de gasto y seguimos saliendo, comiendo fuera y viajando a esquiar y a la playa. Después de doblar prácticamente la deuda de 2008 (cuando estalla la crisis financiera global) hasta 2011, es decir, a un ritmo muy rápido, ¿qué nos dirá el banco cuando volvamos a pedir que si nos da más crédito?

Seguramente el banco nos pedirá más garantías y nos sugerirá que por qué no dejamos de gastar y demostramos un poco de responsabilidad y compromiso con las obligaciones de pago contraídas. ¿Este comentario, te parece fuera de lugar? ¿Te parece insensato? ¿Qué pensarías de un padre que tiene deudas hasta la camisa (con familia, hijos, hipoteca, colegios, comedor…) y sigue yendo al bar o a los toros como si no tuviera deudas? ¿Y si además su empresa, la que le paga todos los meses, empieza a tener problemas? ¿Qué pensarías sobre esa persona que no modifica sus hábitos de gastos ante la amenaza que existe de que se quede sin trabajo o que le rebajen el salario? Si esa persona no modifica su hábito de gasto y pierde su trabajo, ¿le prestarías tú dinero para que no solo alimente a su familia, sino para que siga yendo al bar y a los toros? Eso es lo que "los malvados mercados nos han dicho a España". Es decir, o demuestras responsabilidad, o yo no te presto más.

Esto más o menos es lo que le debieron de decir a ZP, en verano de 2011, para que saliera corriendo a decir, oye, que convoco elecciones en noviembre, que es mejor para todos. ¿Qué te parece la realidad contada de esta manera?

Sigo. Entonces, finales de 2011, ¿qué se puede hacer con la situación? La situación es la siguiente: desequilibrio entre ingresos y gastos del Estado (administración central y autonómica) que ha sido desbocado durante los últimos 4 años. Pues hay que reducir el desequilibrio como sea, y rápidooooo. ¿Tú qué harías? ¿Cómo se cogen los cuernos de este toro? ¿Qué harían otros?

Desde ese momento, finales de 2011, España necesita demostrar que es un país responsable con sus obligaciones de pago. Pero se podría pensar, ¿y por qué? Pues porque si uno no es serio, pierde credibilidad. ¿En qué consiste la labor de un Gobierno? A mí sinceramente me parece que la cosa es muy simple. Gobierno, tú estás ahí porque nosotros, los españoles (trabajadores, sobre todo) te financiamos, por lo tanto, sé responsable y no gastes más de lo que te damos. Si gastas mal, o no me gusta cómo gastas, en unos años, no te votaré. Pero ante todo, no nos metas a los demás en problemas. Eso es lo que yo le pido a un gobierno, por encima de todo. Luego están los ideales de cada uno, pero eso en 2011, e incluso hoy, da igual. Si, da IGUAL, porque se trata de sobrevivir, de superar la MEGA CRISIS de sostenibilidad de ESPAÑA. Si España quiebra, lo que estamos viviendo desde 2008 es una película de Walt Disney. O, dicho de otro modo, si España no hubiera afrontado el desequilibrio fiscal, los hombres de Negro ya habrían venido y habrían tomado medidas mucho más salvajes, estilo Grecia o Portugal (bajar más el salario de funcionarios, recortar las pensiones, cerrar infinidad de empresas públicas deficitarias…).

Recuerda, Antonio, una cosa fundamental. Todo esto ocurre porque estamos endeudados. Si España, en 2008 no hubiera tenido deuda, hoy no habríamos pasado por esta crisis. Pero, imagínate si en vez de deuda, España hubiera tenido posición contraria a la deuda, si en vez de deuda, hubiéramos tenido patrimonio positivo. Sí, esa situación que tú y yo tenemos, es decir, que nuestros activos son superiores a nuestras deudas o pasivos. Porque, aunque en España mucha gente tiene hipoteca, hay muchos que tienen activos que respaldan esa hipoteca, y muchos otros que no la tienen porque la terminaron de pagar. Si se hubiese dado esa situación, entonces estos años habrían sido un mal sueño. Pero ¿tú te imaginas que España no tuviera deudas? ¿Te imaginas un sistema de gobierno que no solo no hubiera gastado más de lo que le dábamos en impuestos, sino que además hubiese sido ahorrador? ¿Te lo imaginas?

¿Te imaginas a políticos que fuesen tan austeros que todos los años se consiguiera gastar menos de lo que les damos? ¿Es eso posible en este país? ¿Ha pasado esto alguna vez por la cabeza de un político? Yo, si algún partido político tuviera como único objetivo de programa alcanzar la posición de patrimonio positivo, me afiliaría sin dudarlo y hasta le donaría algo de dinero.

Recuerda que no tengo color político, solo analizo los números. Hubo un político que sí que pensó en esto, y aunque no consiguió pasar de una situación de deuda a una situación de patrimonio positivo, sí consiguió reducir el endeudamiento porque convirtió los déficits fiscales en superávits fiscales. Te dejaré que adivines quién fue este político, seguro que le conoces.

A mí me gustaría, si he podido explicar claramente la situación, que los politicuchos de este país que tanto se lanzan a criticar lo que haga el de enfrente, o el de al lado, que piensen dónde estamos, de dónde venimos y dónde tenemos que ir. Esos que pregonan "si yo estuviera en el gobierno, dejaba de pagar la deuda para que los mercados no dicten nuestras políticas". O los que dicen "los mercados nos están obligando y empujando a la situación de crisis que vivimos, esto es la dictadura de los mercados". "Que le den a la troika y a Europa".

Antonio, ¿tú qué piensas? ¿Qué te parece? ¿Qué hacemos?

A veces sueño que España ha cambiado, que la sociedad ha mejorado muchísimo su nivel educativo y entonces no se oyen demagogias como las que oímos todos los días.

Nadie quiere esta crisis, nadie, pero que todo el mundo sepa que estamos en esta grave crisis porque el Estado ha fracasado. Porque el Estado Español lleva más de 30 años endeudándonos, y cuando el nivel de deuda ha alcanzado el punto de casi no retorno, nos dicen que no nos dejan más dinero. No nos preguntemos que por qué no nos dejan más dinero. Ya lo sabemos: porque nuestros dirigentes han sido unos irresponsables. Seamos maduros, sensatos, lógicos y afrontemos la realidad, como hacen las empresas cuando pasan por este proceso. O se afronta la realidad, o se va al agujero. No juguemos con los sentimientos de las personas, no tratemos de engañarles, no abusemos de nuestra posición para decirles mentiras y demagogias. Seamos realistas, sinceros, también positivistas. Se puede salir de esta, pero todos juntos, entendiendo la situación.

Me encantaría que la gente tuviera metido en la cabeza como primera cosa de la vida el evitar la quiebra, ahorrar, no gastar, enseñar a los niños desde pequeños a ahorrar para que nunca, nunca más se repita esta crisis. ¿Sabías, Antonio, que esta crisis se podía haber evitado? Es muy sencillo. ¡¡Si no hubiéramos tenido deuda, no habríamos tenido crisis!! ¿No te parece sumamente sencillo? Tú mira qué países están sufriendo la crisis y mira si ves algo en común a todos ellos: su nivel de deuda, y la deuda se genera solo por una cosa, cuando gastamos más de lo que ingresamos durante un periodo de tiempo, simplemente. ¿Tú te imaginas una empresa, un restaurante o una productora que se pasa 30 años perdiendo dinero y aumentando su deuda? Eso ha sido España, salvo un pequeño momento de finales de los 90 y principios de los 2000.

Repito e insisto, no tengo colores políticos, no simpatizo con ningún partido político, solo me repugna que la política de ESTADO nos haya metido en esta crisis, pero, sobre todo, porque siempre pagan las clases más desprotegidas. Esos que se piensan que el Estado les protege, esos son los más perjudicados, y por culpa del ESTADO, que es el que se ha endeudado hasta las cejas.

Querido Antonio, no sigo más, después de tanto rollo. Espero de veras no haberte aburrido, y haber podido ofrecer un poco de luz sobre la realidad que nos rodea. Pero sobre todo que entiendas cómo hemos llegado hasta aquí y por qué estamos sufriendo lo que estamos sufriendo.

Un fuerte abrazo.

Luisaco (@numerosycosas)

Los 8 grandes retos que debe afrontar la economía española

Cada informe PISA es una oportunidad propicia para que los defensores de la educación coactiva estatal reivindiquen una educación pública de calidad apelando al modelo finés, lo que automáticamente se transforma en la querencia de un mayor gasto público en educación o, al menos, en una beligerante oposición a los recortes. Sólo hay un problema: de PISA no se desprende lo que ellos creen que se desprende.

El problema de la educación no es la falta de gasto

Según el propio informe PISA, entre los países desarrollados existe una nula relación entre gasto por alumno y resultados académicos. Gastar más en educación no equivale a mejorar la educación. En el gráfico podemos observar la correlación entre el gasto acumulado por alumno entre los 6 y los 15 años y la puntuación obtenida en PISA 2012: verán que la recta de regresión es casi plana, lo que indica que ambas variables no guardan correspondencia alguna. Como dato ilustrativo: España gasta en educación un 20% más que Corea del Sur, un 42% más que Polonia y un 48% más que Estonia, pero sólo obtiene una puntuación de 484 (posición 33) frente a los 518 de Polonia (posición 14), a los 521 de Estonia (posición 11) y a los 554 de Corea (posición 5).

La razón fundamental de por qué más gasto no proporciona mejores resultados es que, pese a que el imaginario colectivo tiende a pensar que el educativo es un sector muy capital intensivo donde hay que emplear carísimas y punterísimas tecnologías, alrededor del 70% de los desembolsos en educación se corresponden con los salarios de los profesores. Y a menos que haya un buen sistema de selección del profesorado y se dote a éste (o al centro, como luego veremos) de autonomía suficiente para desplegar su valía, aumentar el monto de la nómina o la cantidad de pagas extras no repercute en mejor enseñanza al alumno. E incluso cuando los profesores sí cuentan con suficiente autonomía, es obvio que a partir de cierto nivel salarial, más sueldo no es mejor educación (si corrigiéramos los datos de gasto educativo por la renta per capita de cada país, la correlación seguiría siendo nula).

El mito de Finlandia

Una muestra adicional de que un mayor gasto no solventa otros problemas más de fondo es que la tan modélica Finlandia apenas gastar por alumno un 5% más que España. Si tan excelente es el sistema educativo finés, ¿no deberíamos pensar que quizá las razones de su éxito sean otras distintas al gasto?

Con todo, los éxitos del modelo educativo finés –indudables en comparación con los fracasos del resto de países– han terminado deviniendo un mito para justificar que, como el problema no es que gastemos mucho sino que gastamos mal, lo que toca es gastar mejor, no gastar menos. Sucede, empero, que ambas hipótesis no son incompatibles: el sistema educativo español gasta mucho y gasta mal, de modo que necesitamos gastar mejor y gastar menos.

Pero, como digo, el sistema público finés se ha mitificado inadecuadamente por los lobbies educativos y mediáticos españoles. Al cabo, Finlandia obtiene una puntuación de 519 en PISA, frente a los 484 de España. 35 puntos de diferencia: sorprendente, sí. Pero, ¿qué tal si comparamos la escuela pública finesa con los centros privados y concertados de España? Pues que ahí las diferencias ya se estrechan notablemente: los centros privados y concertados puntúan 510,1 frente a los 517,9 de la pública finesa: 7,8 puntos de diferencia, menos de una cuarta parte.

Desde luego, la réplica inmediata a esta comparativa es que las muestras de alumnos no son homogéneas: los estudiantes de centros privados suelen proceder de un ambiente económico, social y cultural superior al de los centros públicos, de modo que es normal que puntúen más alto. Pero, ¿acaso el finés medio no posee un nivel económico, social y cultural superior al español medio? ¿Es necesario recordar que la renta per cápita de Finlandia es un 62% más elevada que la española? Dado que el 32% de los estudiantes españoles están escolarizados en un centro privado o concertado, ¿podemos asumir que el nivel económico, social y cultural del finés medio es inferior al nivel medio de ese 32% de españoles que llevan a sus hijos a un centro privado o concertado?

Basta con acudir a los resultados que ofrece PISA corregidos internacionalmente por la situación económico-social-cultural: en tal caso, la escuela pública finesa logra 508 puntos frente a los 498,5 de la privada y concertada española. No está mal, pero desde luego ninguna gesta diferencial como para que estemos todo el día flagelándonos pensando en las maravillas del modelo finés.

Recomponiendo el puzle: no existe educación realmente privada

Por lo visto hasta el momento, la clave del éxito de la educación no está en el gasto, pero tampoco parece residir en la titularidad de los centros, como evidencia que los centros públicos de Finlandia son algo mejores que los centros privados españoles. El caso encaja con el conjunto de la evidencia expuesta por PISA 2012: aunque en el global de países analizados los centros de titularidad privada (corregidos los antecedentes económicos del alumno) puntúen mejor que los públicos, no se trata de una correlación demasiado fuerte. ¿Dónde está, pues, la clave del éxito?

El informe nos da ciertas pautas. Primero, en la OCDE, sólo un 10% de la variabilidad de los resultados en PISA se explican por diferencias entre sistemas educativos: el 36% se debe a diferencias entre centros y el 54% a diferencias entre alumnos. Por consiguiente, los distintos “modelos” educativos son relativamente menos importantes que las características del alumno y que la organización de cada escuela. Segundo, PISA constata que un mayor grado de autonomía de cada escuela a la hora de diseñar el currículum y de organizar el centro contribuye positivamente a los resultados. Tercero, y acaso de manera paradójica con el anterior, la competencia entre centros no juega absolutamente ningún papel en mejorar los resultados.

¿Cómo es posible que la diversidad curricular sea buena y la competencia entre centros, que estimula esa diversidad curricular, no lo sea? Básicamente porque la competencia educativa que realmente marca la diferencia no es la de que dos centros cortados por el mismo patrón se peleen por captar un número limitado de alumnos: la competencia relevante es la que permite la autoorganización y autorregulación de cada centro, esto es, su autonomía para proponer planes de estudio y modalidades de enseñanza radicalmente distintas a las de otros centros, compitiendo con ellos en ese campo. Por desgracia, ese grado de autonomía no lo encontramos en ningún país del mundo, de ahí que la competencia no cuente para nada. En cambio, la escasa autonomía con que algunos Estados dotan a los centros sí sirven para mejorar marginalmente el rendimiento de los alumnos porque, en efecto, lo que cuenta es diferenciarse experimentalmente.

Conclusión

Aunque en España existen buenas razones para preferir una titularidad privada de los centros educativos antes que una titularidad estatal –básicamente, los resultados de los privados son mejores y su coste, según INE y Eurostat, es la mitad que el estatal–, ésa es una cuestión realmente secundaria. Cuando se trata de elegir entre centros estatales y centros privados encorsetados por la planificación estatal de la educación, lo único que estamos eligiendo es, primero, el nivel salarial de los profesores (en la privada cobran menos que en la pública) y, segundo, quién vaya a ser el gestor encargado de administrar el centro de enseñanza (un funcionario o un capitalista rentista encargado de reproducir las directrices que le marca el legislador). Nada más.

La diferencia es, pues, escasa y no debería extrañarnos que en algunos países los centros públicos puntúen mejor que los privados (ahora se ha puesto de moda hablar del fracaso del modelo de cheques suecos, cuando el 85% de alumnos sigue yendo a la pública y cuando los centros suecos tienen, según PISA, una escasísima autonomía). La cuestión de fondo, empero, es por qué el Estado tiene que imponernos un modelo educativo a todos los estudiantes; por qué cada escuela privada no puede experimentar descentralizadamente con el suyo y dedicarse no a gestionar las directrices educativas de los políticos, sino a innovar y revolucionar el modelo de educación decimonónico que todavía padecemos. He ahí la competencia realmente útil: aquella dirigida a ofrecer el mejor servicio al menor coste al estudiante, no la competencia en la que todos hacen exactamente lo mismo.

Por eso hoy no existe mercado educativo libre ni siquiera allí donde el centro es de titularidad privada: porque es la legislación estatal la que en última instancia determina cuál es el producto educativo ofrecido y cuáles son las condiciones en las que se ofrece. Ésa es la verdadera privatización que necesitamos, no un mero traspaso de la gestión a empresarios maniatados.

Las tres lecciones más importantes de PISA 2012

"La economía española ha salido de la recesión, pero no de la crisis. Para dejarla atrás es necesario abordar, a corto y a medio plazo,numerosos retos que exigen cambios de gran calado en las empresas, en la educación y en el sector público". De este modo, resume la Fundación BBVA el desafío que afronta la economía nacional de cara a los próximos años.

En su Informe 2013 Fundación BBVA-Ivie sobre Crecimiento y competitividad, presentado el miércoles, los investigadores del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) identifican ocho grandes retos cuya superación hará más probable que la necesaria competitividad económica de España sea duradera. El objetivo global es competir y crecer mejor, tanto a medio como a largo plazo, pero para ello será necesario solventar los siguientes aspectos:

1. Más inversión en intangibles

El primer reto es aumentar la invesión en activos intangibles: información digitalizada, innovación y competencias económicas que potencien la imagen de marca, mejoras en la gestión, en la organización del trabajo y formación. Es decir, que las empresas inviertan más en I+D, en mejorar su organización interna y en la formación de trabajadores y empresarios parar elevar su productividad y generar más valor añadido.

El problema es que la inversión en intangibles en España es baja, apenas el 6,7% del PIB, menos del 40% de la inversión en activos tangibles (capital físico), cuando en Estados Unidos representa un 150%.

2. Aprovechar mejor la globalización

La economía española ha de orientar más sus actividades hacia las que generan más valor, teniendo presente que la economía mundial se caracteriza por una elevada fragmentación de los procesos productivos que permite a las empresas especializarse en distintas tareas. La globalización plantea el reto de reducir los costes en tareas de baja cualificación y centrarse en las más cualificadas.

3. Atraer inversión extranjera

Poner en valor las ventajas competitivas de España ante las estrategias de deslocalización de las multinacionales extranjeras. Las dotaciones de infraestructuras, la oferta de mano de obra abundante de cualificación alta y los salarios, además de los costes del suelo y alojamiento que son más bajos que los de muchas economías europeas, deben servir para que determinadas actividades se localicen en España.

4. Cambiar la estructura y gestión de las empresas

Abordar cambios en la estructura, dirección y gestión de muchas empresas, en especial de las más pequeñas. "Las estrategias empresariales dependen con frecuencia de propietarios con escasa cualificación para manejar la actual complejidad tecnológica de las organizaciones y de los mercados", según el estudio.

Mientras el 71,1% de los directivos son universitarios, ese porcentaje se reduce al 10,5% entre los empresarios con asalariados y al 10,3% entre los autónomos, pero estos dos últimos grupos son los mayoritarios. Las empresas grandes y las multinacionales, gestionadas con frecuencia por directivos profesionales, logran mayores niveles de eficiencia y productividad.

 

5. Mejorar la productividad laboral

Es necesario incrementar las ocupaciones cualificadas, que quienes ocupan estos puestos estén bien formados y sean productivos, y que las empresas gestionen esos recursos adecuadamente.

Aunque en España el porcentaje de puestos de trabajo de alta cualificación representa ya alrededor de un tercio del total, en otros países esa cifra se aproxima al 45%. Las previsiones europeas son que dos de cada tres puestos de trabajo creados en España en esta década sean cualificados, y por ello es necesario contar con abundantes recursos humanos con formación superior (universitaria o profesional), con conocimientos, competencias y actitudes adecuados para cubrir una demanda cada vez mayor de capital humano.

6. Reducir el paro

Uno de los retos más importante para el resto de esta década, según los expertos, será "absorber una gran bolsa de parados con escasa formación, pues la exclusión laboral está siendo un factor clave del mayor riesgo de pobreza".

Por ello, abogan por emplear todo "el arsenal disponible para paliar el problema que representa el desempleo", mediante una mayor flexibilidad laboral, más facilidades para crear empresas, una mejor formación para desempleados, etc.

7. Igualdad de oportunidades

Un séptimo reto es garantizar el acceso a servicios públicos fundamentales como la educación y la salud, "claves para igualar las oportunidades de los grupos sociales más amenazados por la pobreza".

Y, para ello, es necesario garantizar "la sostenibilidad financiera del gasto público a medio y largo plazo, amenazada por la tendencia expansiva de los gastos asociados al envejecimiento; la existencia de grandes diferencias de recursos por habitante entre las comunidades autónomas, responsables de la prestación de estos servicios; y la falta de instrumentos de evaluación sistemática de los resultados de las políticas educativas y sanitarias, que promueva la difusión de buenas prácticas y la eficiencia".

8. Servicios públicos más eficientes

Por último, es necesario que España cuente con unos servicios públicos eficientes, minimizando costes y maximizando el volumen y calidad de los mismos. En este sentido, el informe recomienda apostar por "la evaluación sistemática ex-ante y ex-post de las políticas, basada en sistemas de información adecuados".

La UE vuelve a poner a Rajoy los ‘deberes’ que ignora desde hace dos años

Segunda ronda de la reforma laboral, cambios en el sistema tributario, revisión de las grandes partidas de gasto y control de las administraciones públicas. Esta es el conjunto de reformas que este martes los ministros de Economía de la UE (el grupo conocido como Ecofin) le han hecho a España.

Es muy probable que a muchos españoles la lista les recuerde a algo. En los últimos años han podido leer esta misma receta una y otra vez. La OCDE, el FMI, la troika, la Comisión Europea… Todos los organismos internacionales que han realizado informes sobre la economía española han repetido casi de corrido la misma cantinela.

Pues bien, han pasado seis años del comienzo de la crisis, tres años y medio desde el momento crítico de mayo de 2010, dos años de la llegada de Mariano Rajoy y un año y medio desde el rescate de las cajas españolas con dinero europeo. Sin embargo, los deberes siguen sin completarse. En algunos aspectos se han aprobado cambios parciales, que ahora Bruselas exige que se completen. En otros, prácticamente no se ha hecho nada. La buena noticia, para el Gobierno, es que no parece haber impaciencia en las capitales europeas, al menos por el momento…

En el comunicado de esta semana, el Ecofin recuerda que muchas de las recomendaciones de la UE sólo se han visto "parcialmente respaldadas por medidas concretas". En muchos casos las reformas todavía están pendientes de ser adoptadas o plenamente aplicadas, y su rápida y plena aplicación son claves para el éxito". Por eso advierte, otra vez, que "la Comisión y el Consejo vigilarán la ejecución de las reformas". Claro, que esto ya lo han dicho varias veces con anterioridad, sin que la falta de avances haya implicado ningún tipo de sanción concreta.

Las cuatro claves

Con el saneamiento del sector financiero en marcha y las cuentas públicas más o menos controladas, lo que queda por delante son las reformas. Ésas de las que tanto se habla, especialmente desde la llegada de Rajoy a La Moncloa, pero que parece que nunca llegan (o que cuando lo hacen se quedan a mitad de camino). En este sentido, las peticiones de Bruselas vuelven a la carga en las cuatro grandes cuestiones pendientes de la economía española:

– Mercado laboral: fue una de las primeras reformas que puso en marcha este Gobierno, nada más llegar a Moncloa. En febrero de 2012 ya estaba en marcha (aunque luego hubo modificaciones a lo largo del trámite parlamentario) y Fátima Báñez ha destacado sus buenos resultados en materia de flexibilidad interna y contención del número de despidos.

Sin embargo, no es suficiente en lo que hace referencia a las políticas activas de empleo y dualidad. Por eso, ahora se habla de la "segunda ronda" de la reforma laboral. En teoría, debería ir dirigida a concentrar las modalidades de contratación. De los 41 tipos de contratos existentes en la actualidad (según las cuentas de la propia Báñez) a 4-5 grandes formatos. El Gobierno ha hablado de "unificar", pero en realidad no se refiere a quitar formas de contratación, sino a unificar formularios. Sería un cambio cosmético, con poquísimas consecuencias prácticas. ¿Será suficiente para contentar a Bruselas?

Pero es que además el Ecofin no sólo pide este cambio. También se fijan en las "políticas activas de empleo". Los famosos cursillos del paro, tan de moda últimamente, y la forma en la que se incentiva a los desempleados para que busquen trabajo están en el punto de mira de Bruselas. Desde hace años, ésta es otra de las grandes asignaturas pendientes, pero hasta ahora nadie se ha atrevido a meterle mano.

– Reforma fiscal: se supone que está en marcha, pero hasta 2014 no habrá nada definitivo. Y cada vez que hay novedades se habla de que se retrasará su aplicación a 2015 y 2016. Tampoco está claro que cuando se conozca su contenido definitivo se parezca a lo que pide Bruselas. Tendrá que ser compatible con cuadrar el objetivo de déficit. La idea (también repetida hasta la extenuación) es que se simplifiquen los tributos y se acabe con la mezcla de tipos muy elevados con muchas excepciones (deducciones, reducciones, exenciones,…). El Gobierno lo deja todo al grupo de expertos encargados de la reforma. En teoría debería seguir el camino marcado por Bruselas.

– Reforma de la administración y recortes de gasto: se supone que el Gobierno está en ello, eliminando organismos, recortando aquí y allá, eliminando duplicidades, ahorrando allí donde se puede… Mariano Rajoy aseguraba este lunes, en la entrevista que concedía al diario El País, que el principal problema de España ahora mismo era de ingresos, que no se podía hacer mucho más por el lado del gasto. Pero el Ecofin no parece muy de acuerdo y alerta que sigue pendiente "una revisión sistemática de las grandes partidas de gasto para mejorar la eficacia" del sector público.

– Ley de estabilidad presupuestaria: otro de los grandes logros teóricos del Gobierno que el Ecofin denuncia que se puede estar quedando a mitad de camino. Por eso, pide que se "refuerce" su cumplimiento, con medidas como la publicación en plazo de los informes trimestrarles de las comunidades y la aclaración de en qué momento se activarán las sanciones contra las que incumplan. Vamos, que le están diciendo a Montoro que puede que el texto de la Ley esté muy bien, pero que de nada servirá si no se aplica. Otra denuncia habitual: muchas de las medidas aprobadas no se están aprovechando por falta de interés político. También aquí habrá que ver la respuesta desde Moncloa. Y si Bruselas aguantará mucho más sólo con buenas palabras.

El ‘mandelismo’ es libre

Muy pocos presidentes de postín se han quedado en casita, mirando por el televisor (¡qué antigua suena esta palabra!) los actos de canonización de Nelson Madiba Mandela. El más relevante de todos ellos, Vladímir Putin, que ni se ha movido del Kremlin ni ha enviado a ninguno de sus peones a codearse con la crema y nata del politiquerío mundial. Mariano Rajoy no se lo ha perdido. Es normal. Imagínense en la posición de un gran dirigente europeo cualquiera. Ahora te cruzas una mirada con Obama, luego saludas a uno con pinta de haber trabajado en una peli de Harold Lloyd, y resulta que es belga, comentas que Castro está más joven que nunca, y te sientas entre Nicolás Maduro y Robert Mugabe. Y oye, echas la mañana.

Putin no ha sido la única ausencia. Merkel está excusada, porque acude el presidente Gauck. Pero los austríacos se han hecho el sueco, en Hungría e Islandia pasan, en Ucrania están muy ocupados, y en los palacios de Indonesia, Argelia, Egipto o las dos Coreas se quedan con el zapping en casa.
En esta lista de ausencias falta, que ya les veo haciendo cuentas, el presidente de Cataluña. Por algún motivo, Artur Mas tiene suficiente con gobernar su pequeño imperio, quebrado por fronteras que desmentirá la historia. ¿No dicen que Mandela traspasó fronteras? Pues Mas no será menos. Mandela no tuvo tiempo para inspirarse en Artur Mas, pues el destino, caprichoso, ha querido que la emulación siga un curso contrario. Dice Mas: “Ha creado una identidad nacional basada en el perdón y la reconciliación”. ¿Perdonaría Mas a los catalanes que no comulgan con el credo nacionalista? ¡Claro que sí! ¿Y se reconciliaría con los castellanos irredentos? ¡Por descontado!

Madiba se encontró con un gran problema, y supo resolverlo: “Había que convencer a todos. Hacía falta un líder que lo hiciera. El de Mandela ha sido un patriotismo impensable, genial, contemporáneo, humano”. Qué coincidencia. Es como el ridículo del propio Artur Mas: Impensable, genial, contemporáneo, humano. Por cierto, que en Sudáfrica hay 11 idiomas oficiales, y los colegios eligen libremente en cuál enseñan, según la Constitución aprobada bajo la égida mandelita.

Mas ha acabado por no convencer a nadie, o a casi nadie. Eso sí, ha radicalizado a los convencidos. Por algún motivo los dirigentes del orbe no irán a su funeral ni con el mando en la mano, si es que entonces sigue existiendo tal cosa.

Esta pegajosa oleada de almíbar sobre la espinosa vida de Nelson Mandela no podía dejar indiferente a nuestro ex, José Luis Rodríguez Zapatero. Es el Andy Russell de la política mundial. Dicho ha: “Yo, desde luego, le tuve presente en algunas de las acciones de Gobierno que más vinculadas estaban a la dignidad personal”.

Es difícil casar al Mandela que salió de la cárcel, que hizo de la reconciliación su estandarte, con Rodríguez Zapatero, que dio por terminada la Transición, recuperó la ruptura derrotada entonces por la mayoría de españoles, enlazó la actual democracia con la de los años 30 contra la que conspiraron todos, PSOE incluido, y llamó “memoria histórica” al odio institucionalizado. Pero oye, el mandelismo es libre.

La ilusión óptica de las burbujas

Imaginen por un instante que se encuentran ustedes en cualquiera de los peldaños de la escalera que les muestro en la imagen adjunta. Traten ahora de recorrerlas mentalmente en sentido ascendente. Cuando hayan dado una vuelta completa, descubrirán con sorpresa que se encuentran en el punto de partida, pese a que, imaginariamente, no han dejado de subir escalones en ningún momento. ¿Cómo es esto posible? Si son aficionados a las ilusiones ópticas, probablemente habrán reconocido las escaleras imposibles o infinitas, también denominadas de Penrose, por el apellido de los matemáticos –padre e hijo– que las describieron por primera vez a finales de los años 50.

Si se fijan, el dibujo juega con la representación de la perspectiva para engañarles en su percepción, pues hace aparentemente plausible un objeto que en la realidad es imposible de construir. Pues bien, algo similar ocurre en la economía con las burbujas inducidas por las políticas de expansión monetaria y crediticia sin respaldo en el ahorro real: nos hacen creer que estamos subiendo cuando en realidad no hacemos sino descender a lo más profundo de una recesión.


Y es que nunca son demasiadas las alertas contra las recomendaciones que nos llegan, sobre todo del bando keynesiano, alentando a las autoridades monetarias a la creación de burbujas. Tal es el caso de Paul Krugman, tenaz en su empeño para que los bancos centrales continúen creando ilusiones ópticas que generen en el pueblo llano la sensación de que la economía crece, cuando, en realidad, no hacen sino hipotecar su futuro. Así es como se ha manifestado recientemente, alabando el discurso burbujístico de Larry Summers, sucesor wannabe de Ben ‘Helicopter’ Bernanke, cuyas expectativas profesionales parecen haber sido frustradas por la nominación de su rival, Janet Yellen.

Dado que, una vez más, este lunes se me ha adelantado McCoy –con referencia incluida a un estupendo recopilatorio de Pablo R. Suanzes– a comentar tanto las reacciones al discurso de Summers en el FMI como a la toma de posición opuesta de Charles Plosser, presidente de la Reserva Federal de Filadelfia, permítanme que me centre en insistir una vez más en el efecto tremendamente pernicioso y distorsionador que tienen las burbujas promovidas por los amantes de la manipulación monetaria.

Es creencia bastante común pensar que el crecimiento generado durante la fase expansiva del ciclo es bueno. A fin de cuentas, nadie puede negar que se crea empleo, se dotan infraestructuras, las fábricas venden más, los centros comerciales se llenan y no hay quien encuentre mesa en un restaurante un sábado por la noche. ¡Qué tiempos aquellos!, ¿verdad? Y, sin embargo, como en la escalera de Penrose, ahora sabemos que en aquel periodo estuvimos engañados por una ilusión óptica. En realidad, empezamos a empobrecernos mucho, mucho antes, de la quiebra de Lehman Brothers. Como expusieron Mises y Hayek, la destrucción del tejido económico no comienza en verdad con el pinchazo de la burbuja, sino con su mismo nacimiento.

Tal y como precisaron Lionel y Roger Penrose en su artículo original en el British Journal of Psychology, refiriéndose a su escalera imposible, “cada sección de la estructura es aceptable como representación de un tramo de escalera, pero las conexiones entre ellas están dibujadas de tal forma que, en su conjunto, es inconsistente”. Pues bien, con la economía, cuando se ve sometida a un proceso de expansión artificial del crédito sin que haya un aumento previo y voluntario del ahorro, ocurre un fenómeno parecido.

Así, si toman los sectores productivos más alejados del consumo, durante la fase de boom todo parece marchar viento en popa. La reducción en los tipos de interés propiciada por la mayor oferta de crédito –cuanto más préstamos quiera dar la banca, más deben bajar los tipos– convierte en rentables proyectos que no lo son a tasas mayores –si el retorno que se obtiene de la inversión es menor que los intereses del préstamo para financiarlo, el proyecto no es rentable y viceversa–.

En consecuencia, (i) se ‘ensancha’ la estructura de producción al ponerse en marcha nuevas iniciativas empresariales que requieren factores de producción que han de ser aportados por el tejido económico existente en ese momento –materias primas, mano de obra, bienes de equipo, etc.–; y (ii) a la vez se ‘alarga’, en el sentido de que se acometen inversiones cuyos frutos tardan más en materializarse –cuanto menores sean los tipos de interés, más atractivas parecerán las inversiones que ofrecen resultados más tarde en el tiempo–.

 

Por otro lado, durante la fase expansiva tampoco les va nada mal a los sectores que abastecen directamente al público. Si los estudian, comprobarán que los consumidores, al no haber incrementado su tasa de ahorro, continúan adquiriendo los productos de aquellos. Incluso a mayor ritmo, para regocijo de los creyentes en el PIB y de los recaudadores de impuestos, pues se verán animados por la combinación de tipos bajos –que les permite endeudarse para consumir– y la mayor actividad económica generada.

Por consiguiente, los productores de bienes de consumo, alentados por la mayor demanda de sus productos y favorecidos por las bajas tasas de interés, tenderán a acometer proyectos de ampliación de sus instalaciones, contribuyendo al ‘ensanchamiento’ de la estructura productiva y reclamando para ello factores de producción de entre los existentes en ese momento –materias primas, mano de obra, bienes de equipo, etc–.

Quizás se hayan percatado de que algo falla. Tal y como describían los Penrose, por separado todo parece funcionar. ¿Qué ocurre, sin embargo, cuándo ponemos en conexión los diferentes tramos de escalera? En efecto, el papel lo aguanta todo, y el papel moneda parece que también, pero cuando bajamos a la realidad nos encontramos con que, por mucho dinero fiduciario que hayan creado los bancos centrales y el sistema bancario, las materias primas, la mano de obra y los bienes de equipo con los que se cuenta inicialmente son los que son. Esos no se multiplican ni se crean de la noche a la mañana out of thin air.

Los productores de las diferentes etapas del proceso productivo entran, pues, en competencia por los factores de producción, generando importantes distorsiones tanto en los precios relativos como en la percepción de beneficios empresariales y en la asignación de recursos y distribución de la riqueza. Un proceso que, lejos de ser beneficioso, como nos insisten insistentemente, es tremendamente inicuo, ya que necesariamente se están desviando recursos de donde más se necesitan a proyectos sin futuro. Se está malinvirtiendo el capital, siempre escaso.

No se cansen de repetírselo a ustedes mismos, las urbanizaciones fantasma, las fábricas a medio construir y que nunca se acabarán, el dinero ‘invertido’ en apuestas especulativas fallidas, sean acciones ‘puntocom’ o bonos basura a precios inflados, no crean ninguna prosperidad, por mucho empleo y sensación de riqueza que hayan generado en su gestación. Antes bien, la destruyen.

Por este motivo, les sugiero que desconfíen de los cantos de sirena de aquellos que les venden las bondades de las burbujas, los tipos de interés artificialmente bajos y las ‘sanas’ tasas de inflación moderadas. El crecimiento que les proponen es una ilusión óptica.

Espacios libres de niños

La polémica vuelve a estar servida; tres aerolíneas asiáticas han decidido ofrecer zonas tranquilas. ¿Y en qué consisten? Pues sencillamente son zonas donde no se pueden sentar niños menores de 12 años.

Las comparaciones con la segregación racial saltan a la palestra desde el minuto uno. Las vestiduras rasgadas ante el desprecio al recurso más valioso de la humanidad aparecen en el dos. Los sesudos análisis sobre los derechos de los niños y la vital importancia que tiene que éstos sean escuchados son escritos en el tres. Y finalmente, la llamada a la tranquilidad porque en Europa una medida así no sería posible ya que los burócratas europeos y su superregulación no lo permitirían surge al cuarto.

Como siempre, el sentido común y la lógica elemental se dejan para mejor ocasión o para rincones con una audiencia más reducida de lo que sería normal en una sociedad con un mínimo de madurez mental.

Porque lo cierto es que si una persona prefiere sentarse en un lugar del avión donde se le garantice que no hay niños es, simplemente, porque piensa que las probabilidades de tener un viaje tranquilo aumentan en este tipo de espacios. Y el hecho de que unas empresas consideren rentable ofrecer estos espacios es porque las personas que tienen este tipo de percepción están dispuestas a desembolsar un precio lo suficientemente elevado como para cubrir el coste de ofrecerlas.

Hasta aquí nada es opinable. Es lógica elemental. Las opiniones o análisis tendrían que arrancar a partir de este punto e ir en la única dirección posible: ¿por qué ha aumentado la percepción de que la presencia de niños en un espacio cerrado aumenta las probabilidades de tener una estancia menos agradable? ¿Se comportan los niños con peores modales en la actualidad que en décadas pasadas o ha aumentado la sensibilidad de las personas a ciertos comportamientos infantiles normales?

Por desgracia el debate no va por ahí y gira sobre lo que a estas alturas debería ser intocable: el derecho de la empresa y del viajero a decidir pacíficamente pactar unas condiciones de viaje determinadas.

Lo curioso es que las aerolíneas y los viajeros antiniños no prohíben a los niños viajar. Ni siquiera les prohíben molestar en cierto grado al resto de pasajeros. Simplemente se alejan o proporcionan zonas alejadas de ellos. Es un comportamiento totalmente respetuoso con la libertad del prójimo, nos guste o no su decisión. En cambio, el comportamiento proniños dominante es totalmente asocial y consiste en obligar a terceros a aceptar una situación, la compañía de menores, por el simple hecho de imponer su punto de vista sobre la cuestión.

Una sociedad donde el derecho a imponer la presencia de un niño, o cualquier otro tipo de persona, a un extraño está por encima del derecho de una persona a pactar sus condiciones de desplazamiento con el dueño del medio de transporte ya dice bastantes cosas malas de sí misma. Que los niños sean mal educados no nos debería preocupar más que el grado de fobia a la libertad de sus padres.

Cohesión social: guerra, ayuda y parasitismo

La vida solitaria es muy diferente de la vida social, tanto para los seres humanos como para otros seres vivos. Un organismo aislado tiene problemas que podría solucionar mediante la cooperación con otros individuos, sea de forma ocasional o en un grupo estable. Pero la convivencia colectiva tiene sus propios problemas y requisitos.

La vida solitaria tiene muchas limitaciones: cada agente tiene una fuerza, una capacidad de acción y trabajo y unas habilidades determinadas, que se pueden mejorar, pero no de forma indefinida, de modo que hay logros que están fuera de su alcance; es imposible, o más difícil o ineficiente, hacer algunas cosas simultáneamente, como por ejemplo cazar y cuidar de las crías; y el individuo no tiene nadie que le ayude a superar una situación delicada si sufre un accidente o enfermedad, de modo que ciertos peligros pueden resultar letales.

Un agente solitario puede intercambiar bienes o servicios con otro si ambos coinciden e interactúan de algún modo. Pero estos encuentros requieren algún desplazamiento, coordinación y costes de búsqueda, o son casuales, aleatorios; quizás son poco frecuentes y cuando ocurren tal vez las partes no tienen nada valioso que interese al otro o no existe la confianza necesaria para negociar y realizar un intercambio. Algunos individuos pueden ser amenazas (depredadores, parásitos, ladrones, tramposos, estafadores) y conviene mantenerse a cierta distancia o vigilarlos cuidadosamente. Muchos animales de vida individual sólo cooperan esporádicamente (o incluso una sola vez en su vida) con otros de sexo opuesto para la reproducción sexual.

La vida social en un grupo estable permite compartir ciertos recursos valiosos, como un refugio o reservas de alimentos; juntar esfuerzos y generar sinergias para tareas comunes (caza, ataque y defensa); dividir el trabajo temporalmente (vigilar, construir el refugio, cuidar de las crías) o especializarse en tareas diferentes complementarias y realizar intercambios; y tener a otros siempre cerca y recibir ayuda en caso de necesidad. La cohesión social en animales es frecuente en situaciones de estrés y peligro.

La cooperación colectiva precisa algún tipo de coordinación mediante señales informativas e incentivos adecuados para conseguir fines comunes. Las interacciones frecuentes con otros y el conocimiento mutuo permiten desarrollar la confianza entre los individuos. La convivencia en proximidad requiere normas para evitar conflictos: molestias, externalidades negativas, parásitos, agresores, tramposos.

La cooperación social proporciona seguridad a los individuos mediante la lucha conjunta y la ayuda mutua: siendo muchos y estando cohesionados y adecuadamente organizados para la guerra (la unión hace la fuerza para la defensa ante ataques de otros grupos; divide y vencerás); y teniendo siempre a alguien al lado que puede y quiere socorrer o cuidar a un necesitado. Sin embargo estos dos fenómenos tienen diferencias importantes: la guerra es una acción necesariamente colectiva, de grupos contra grupos; la ayuda solidaria es una acción que puede realizarse de múltiples maneras, individualmente o mediante distintos tipos de asociaciones que no tienen por qué coincidir con el colectivo políticamente organizado.

Aunque no todos los individuos participan igual, la guerra es una actividad colectiva que implica a todo el grupo. La fuerza militar se incrementa notablemente conforme crece el número de guerreros o soldados disponibles, su calidad, su coordinación y su cohesión: jerarquía de mando, disciplina, capacidad de luchar como unidades eficientes de combate, cerrar filas, resistir, no ceder, no huir. La victoria en la batalla es más probable si se dispone de más combatientes con el armamento, la organización y la motivación adecuadas. Los grupos que más crecen (tanto en número de miembros como en recursos) y están más cohesionados (sentimiento tribal, patriotismo, compromiso, lealtad) tienden a triunfar en los conflictos bélicos. También son muy importantes las posibles alianzas entre grupos, las cuales pueden llegar a producir fusiones en unidades mayores.

Si un grupo crece y se organiza para la guerra sus potenciales víctimas deben a su vez crecer y prepararse si quieren sobrevivir y continuar siendo libres. Si el número de miembros no puede aumentar rápidamente es necesario mejorar la cohesión y la coordinación. Los colectivos pequeños, divididos o aislados, son débiles y pueden ser derrotados más fácilmente; tienden a ser eliminados, esclavizados o asimilados por otros grupos más poderosos, y para mantener su independencia suelen localizarse en zonas pobres en recursos o de difícil acceso (montañas, desiertos, junglas).

Los grupos organizados son poderosos para bien y para mal: es difícil separar la preparación para la defensa de la preparación para el ataque. Un grupo puede imponerse sobre otro grupo externo: guerreros que se establecen como gobernantes en el territorio de otro pueblo menos poderoso o le exigen sumisión y tributos. Un subgrupo organizado puede controlar coactivamente a los demás miembros de su propia sociedad: la casta militar o policial oprime al resto de la población.

La ayuda a un necesitado no suele implicar a todo el grupo, sobre todo cuando el colectivo es grande y complejo y la necesidad relativamente pequeña: pueden ser suficientes interacciones individuales. Cada sujeto tiene una red de relaciones familiares y de amistad en las cuales pide y ofrece, da y recibe ayuda. Es posible organizar asociaciones cooperativas de ayuda mutua como hermandades o fraternidades: estas intentan atraer a muchos miembros para incrementar los recursos disponibles y compensar mejor estadísticamente los riesgos, pero estos grupos no suelen coincidir con el nivel de asociación preciso para la defensa, y tampoco tienen por qué coincidir con las agrupaciones por otros motivos como la gestión de recursos comunes (ayuntamientos). En una economía avanzada también existen empresas especializadas dedicadas, como las aseguradoras de salud, accidentes o muerte.

La ayuda mutua suele ser limitada, ocasional, temporal y condicional. Funciona en ambas direcciones (hoy por ti, mañana por mí) gracias a la empatía de los donantes y a los sentimientos de agradecimiento y deuda de los receptores. Un caso problemático y minoritario es el de los necesitados permanentes, ya que sólo reciben y no dan y son una carga neta para otros.

Los parásitos recurren al engaño y la coacción para exigir y recibir mucho más de lo que dan, si es que dan algo. En la medida de sus posibilidades los individuos productivos intentan librarse de ellos mediante la denuncia y el repudio o exclusión de las redes de cooperación social. Pero el polizón descarado insiste en su derecho a viajar gratis total, el incompetente y negligente exige a todos que le ayuden en su fracaso, y el imprudente e irresponsable se aferra a otros para no hundirse y ahogarse solo.

La convivencia en grupos extensos con estados intervencionistas proporciona grandes oportunidades para el parasitismo interno, ya que el control social mediante relaciones personales es muy limitado y los grupos de interés capturan con relativa facilidad las estructuras del poder. Los parásitos suelen ser hábiles en la manipulación, la picaresca y el engaño: no se presentan abiertamente como tales sino que suelen camuflarse hipócritamente y sin escrúpulos morales como altruistas, inocentes necesitados, pobres explotados, víctimas merecedoras de ayuda o proveedores de servicios públicos esenciales que actúan por el bien común.

Los grupos de presión e interés obtienen beneficios y privilegios a costa de los demás: rentas, proteccionismo, subvenciones, restricciones de competencia. Puede tratarse de reducidas élites extractivas con profesiones corporativistas de alto estatus y muy lucrativas (poderosos próximos al poder político, notarios, registradores de la propiedad, farmacéuticos con licencia para su farmacia, controladores aéreos, pilotos de algunas líneas aéreas), o de colectivos formados por gran cantidad de individuos (jubilados que votan según qué partido político les garantiza su pensión pública).

Las estrategias de extracción de rentas evolucionan: en las socialdemocracias estatistas diversas castas subvencionadas se esconden tras la prestación ineficiente de servicios de pobre calidad por funcionarios inamovibles y otros empleados públicos por lo general interesados en esforzarse lo mínimo y obtener el máximo salario posible, como cualquier agente racional. Son especialmente importantes, por su impacto presupuestario y su relevancia económica y social, en la educación y en la sanidad. Algunos colectivos profesionales, como los bomberos, ocultan sus privilegios tras su aureola de sacrificio y heroísmo, que hace más difícil criticarlos.

Son especialmente problemáticos, por su importancia esencial para el buen funcionamiento de la sociedad, la posibilidad de que abusen de su poder, la falta de competencia y la dificultad de conocer su auténtica eficiencia y productividad (más allá de las campañas de relaciones públicas lanzadas desde el poder para mejorar su imagen y respetabilidad), colectivos profesionales como el judicial, el policial y el militar.

Las apelaciones a la cohesión social y a la solidaridad a menudo son declaraciones grandilocuentes que sirven para mejorar la reputación del hablante sin necesidad de asumir costes reales, ayudando él en lugar de exigirlo a todos los demás. Frecuentemente se invocan miedos tribales ancestrales, carecen de argumentación correcta, no suelen explicitar las razones reales de su necesidad y ocultan los auténticos intereses particulares inconfesables de sus defensores.

La cohesión para la guerra exige algún enemigo o amenaza, normalmente inventado, exagerado o no identificado: es la cohesión de la falange militar, el puño cerrado que amenaza con golpear (saludo de ciertos partidos políticos) o la piedra utilizada como arma arrojadiza contundente. Los que demandan cohesión social pueden en realidad ser parte esencial del problema: los sindicatos amenazan con romper la paz social, provocando enfrentamientos violentos, saboteando y alterando el orden público si los gobernantes y empresarios no ceden ante su chantaje.

Los políticos liberticidas más megalómanos reclaman más unión política y colectivización en todos los ámbitos, cohesión social a niveles progresivamente más alejados de los individuos y sus relaciones voluntarias: más jerarquías de mando, más coacción, más burocracia, más planificación centralizada condenada al fracaso, mayor aislamiento de los gobernantes de las malas consecuencias de sus decisiones, y menos oportunidades para las personas de escapar de la tiranía e ineficiencia del socialismo.

Los parásitos apelan a la cohesión social propia de la sanguijuela y otros chupópteros: serían rechazados por otros en asociaciones voluntarias, y dependen de la coacción y el engaño para mantenerse pegados a sus víctimas y que estas, atrapadas, no puedan huir y librarse de ellos. El Estado, tradicionalmente una herramienta para organizar la fuerza y matar a gran escala, se ha transformado en una herramienta para organizar la fuerza y robar a gran escala.

El socialista acusa al liberal de egoísta por pretender decidir libremente con quién sí se asocia y con quién no. Sin embargo el socialismo, aunque presuma de superioridad moral, no ofrece auténticas redes de seguridad: las impone a todos, y además resulta que son de mala calidad. Es muy diferente la cohesión social que se consigue en una estructura social extensa mediante una gran cantidad y variedad de ligaduras locales, voluntarias, libres, dinámicas y potencialmente reconfigurables (una sociedad libre y abierta), y la conseguida mediante barreras coactivas que impiden la salida de los individuos (un Estado). Las cuerdas de seguridad que atan a montañeros libremente asociados son muy diferentes de las redes y cadenas utilizadas para capturar y retener esclavos. Los apretones de manos que sellan los acuerdos contractuales son muy diferentes de las vallas que impiden que el ganado escape.

Al oír “cohesión social”, sospecha: hipocresía, histeria, guerra, robo.