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Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXVIII): ¿Se rompe España?

Escribo con motivo del proceso de investidura como presidente del gobierno de España de Pedro Sánchez y sus aparentes cesiones a los partidos nacionalistas. Y digo aparentes, porque me gustaría saber en qué van a concretarse las negociaciones que se han emprendido en Ginebra con Junts. Y con motivo de las disputas sobre el control gubernamental sobre buena parte de los poderes judiciales. Pues se ha comenzado a difundir la impresión, sobre todo en medios de la derecha política española, de que España corre riesgo serio de ruptura.

Que una de las medidas acordadas en la investidura sea la de la posible convocatoria de un referéndum de autodeterminación, al estilo escocés o montenegrino, parece reforzar esa idea, la de que el presidente del gobierno español ha sacrificado la unidad de España por seguir disfrutando de su cargo, y que, por tanto, esta está cuando menos cuestionada. 

Por otra parte, las cesiones de Sánchez, no incluidas en su programa electoral, parecen abonar la idea de que no existen principios éticos en la política y que esta ha perdido buena parte de su prístina pureza. Se ha transformado, parece, en una actividad indigna. Cunde la idea de una degradación de la vida democrática, que de no corregirse podría derivar en una democracia iliberal. O peor aún en un despotismo más o menos abierto. En este artículo quisiera relativizar ambas propuestas sin negar la posibilidad, pues nada es imposible en el mundo de la política, de que estas derivas pudiesen en algún momento concretarse en los modelos políticos temidos por los que defienden los que difunden estas especies.

División del estado en dos o más

Comencemos por la cuestión de la deriva independentista en el marco español y analicemos la posibilidad real de una fragmentación del estado, con independencia de lo que pueda pensar cada uno acerca de si es una posibilidad deseable para España o no. Cuando hablamos de una ruptura de España nos referimos a una división de su estado en dos o más estados de dimensión menor. Nos referimos a su estado y no a otras dimensiones como una división en culturas, religiones o grupos sociales, porque esto ya se da en mayor o menor medida.

Al revés, varios estados que operasen en el espacio del actual estado podrían perfectamente estar unidos en muchos aspectos culturales, lingüísticos o interrelacionados económicamente. Incluso pudieran tener un sentido de identidad común, aún careciendo de unidad política. Macedonios y eslovenos podían tener identidades y culturas muy distintas cuando vivían bajo un mismo estado, y tan alemanes eran los habitantes de su territorio antes de su unificación, cuando vivían organizados en dos docenas de principados, que después. Cambia la forma de organización política, no su identidad. 

Una ruptura del estado español implicaría que una parte de su clase política, por seguir las ideas de Gaetano Mosca, se separaría de la actual clase española y se constituiría en una nueva entidad soberana. Pero para ello debería previamente ser capaz de establecer una posición hegemónica en su propio territorio, algo que de momento no parece ser efectivo.

PSOE, garante de la unidad de España

Es cierto que una parte de la clase política catalana manifiesta su deseo de independencia (si lo dice en serio o como una mera estrategia de negociación está también por determinar). Pero todo apunta a que esa voluntad se da sólo en parte de la élite política, sin demasiado apoyo electoral o en otros sectores del aparato del estado radicado en Cataluña. Los poderes económicos asociados al estado no parecen ser tampoco muy partidarios. Sólo tendría apoyos en parte de la elite administrativa y en buena parte del aparato de hegemonía. Podría ser suficiente, pues otros estados se constituyeron con menos, pero en el caso catalán partiría de una situación muy precaria. De ahí que no parece factible una ruptura ni a corto ni a medio plazo.

De hecho, y aunque pueda parecer extraño al lector, es el PSOE, al tener presencia política y fuerza electoral en todos los territorios españoles, uno de los principales garantes de su unidad política. Eso, en el caso de que se le concediera por parte del gobierno español la posibilidad de hacerlo a través de un proceso reglado que permitiese su ulterior  reconocimiento internacional, al estilo checoslovaco o escocés.

Los intereses de Sánchez, y los de España

Y es ahí donde me extraña que el presidente español ceda y conceda el inicio de un proceso legal. Primero, porque sería raro que un presidente en ejercicio quisiese voluntariamente ceder poder a otra entidad sin existir necesidad extrema. Y segundo, porque de concretarse el proceso en una declaración legal de independencia, la base electoral y parlamentaria del actual presidente se esfumaría y quedaría en minoría y sin el puesto de presidente. Todo ello sin contar que un proceso tal le haría perder el poder, al hacerlo a él responsable delante de buena parte del pueblo español de la ruptura de la secular unión española.

Es decir, aunque fuese el ser amoral que se describe en muchos medios de comunicación, esto es una persona que piense sólo en el poder, precisamente por eso no cedería en las pretensiones nacionalistas. Y aunque su discurso pareciese favorecer tal posibilidad, no puede ser sincero, salvo que no fuese tan amoral y pensase por idealismo en los derechos del pueblo catalán a la autodeterminación.

El mito de la decadencia

La cuestión de la degradación democrática es también muy interesante. Partamos de la base de que casi siempre tendemos a denigrar a la época en que vivimos ya mitificar épocas pasadas, que supuestamente serían mejores y más nobles que las actuales. Si hacemos un breve repaso histórico podemos constatar que la idea de decadencia y degeneración está muy presente en el imaginario occidental (recomiendo al respecto el extraordinario libro de Arthur Herman, La idea de decadencia en el pensamiento occidental). Ya Hesíodo, en su obra Los trabajos y los días, relata una mítica edad de oro de los humanos que iría degenerando en una era de plata, de bronce, hasta llegar al hierro.

Si leemos la literatura regeneracionista española de fines del siglo XIX nos encontramos con la idea de una España corrupta y degenerada a la cual hay que revitalizar. Los fascismos también usaban metáforas semejantes para volver a dar vigor a sus enflaquecidas sociedades. Porque para hablar de degradación, decadencia o degeneración hay que establecer antes un estadio en el cual la política era noble y desinteresada y seguía todos los cánones democráticos.

¿Cuándo fue la edad de oro?

Y el problema es que muy probablemente no encontremos esa situación ideal en ninguna de las etapas recientes de nuestra vida política democrática. De hecho se afirma la degradación pero nunca se dice cuándo fue exactamente la edad de oro. La política española tiene en efecto muchos problemas, algunos de ellos potencialmente muy graves. Pero lo que acontece es que muchos de ellos son problemas nuevos con los que no estamos acostumbrados a tratar, y  que no son necesariamente más graves que los viejos, pero que al revestir novedad nos parecen insolubles o cuando menos muy difíciles de afrontar.

Recordemos que la democracia española actual tuvo que afrontar un golpe de estado, casos de terrorismo de estado juzgados y condenados, un sin fin de escándalos de corrupción y numerosas alteraciones de la letra estricta de la Constitución, interpretadas de manera creativa por los sucesivos tribunales constitucionales de este periodo. Esto es nuestra democracia hace tiempo que perdió su inocencia.

La novedad del problema radica en la petición de una amnistía, teóricamente prohibida por la Constitución, y en el uso del concepto de lawfare, importado desde Latinoamérica. La amnistía viola claramente la igualdad ante la ley de los españoles, puesto que por razones de interés político, muchos imputados por crímenes graves verán eliminados sus delitos. Eso es algo que en cualquier otro delito es impensable que ocurra. Habría, pues, ciudadanos privilegiados ante la ley frente al común de los mortales que no pueden ni imaginar un trato semejante ante sus faltas.

Una clase distinta a las demás

La cuestión que se podría presentar desde nuestra postura es si constituye o no una novedad que la clase política sea tratada de forma distinta la resto de la ciudadanía. Ni históricamente ha sido así, pues nobles y gobernantes han disfrutado siempre de un status legal distinto. Distinto no quiere decir  necesariamente mejor, pues  aparte de que algunos delitos dentro de la clase política no lo son fuera y algunos que lo son fuera no lo son para las clases dominantes. Lo cierto es que algunos de ellos son castigados con más rigor, sobre todo si afectan al juego de poder interno dentro de esta clase. Otros en cambio, aún siéndolo, no son castigados. O lo son muy levemente en el aspecto penal. Ello implica solamente la expulsión de la clase.

Un caso de delito que afecta solamente a la clase política son algunos de los juzgados en el caso de la amnistía, pues solo puede cometer sedición (o rebelión) quien ya forma parte del aparato de poder. Esto se aplica también en buena medida a la malversación. Recuerden que los delitos de rebelión o sedición varían en su gradación penal según los países pero en algunos de ellos están considerados entre los delitos más graves que se pueden cometer.

Tribunales especiales

Lo cierto es que es frecuente encontrar en casi todos los países del mundo a políticos condenados, que por una razón u otra no cumplen sus penas o si las cumplen no las cumplen en las mismas condiciones que el resto. También es frecuente encontrar que esos mismos políticos gozan de algún tipo de fuero o inmunidad, al menos mientras están en el ejercicio de su cargo, y algunos cuentan con el privilegio de indultar a sus pares. En el caso de ser juzgados tampoco es raro que lo sean por tribunales especiales. Tribunales distintos de los del resto de la población, que en muchas ocasiones los juzgados han contribuido a conformar.

La novedad que llama la atención en nuestro entorno político la forma en que aborda a respecto del caso del proceso independentista catalán. Este se hace de forma abierta y descarada, no sólo eliminando la pena sino el propio delito. Lo usual es hacerlo de forma más disimulada, a través de industos parciales, gradación de penas, usos estratégicos de la prescripción o uso recurrente del derecho de recurso. Así no es raro encontrar, como algún caso reciente en España, a políticos de alto nivel que no llegan por una razón u otra aentrar en prisión. O que, de hacerlo, lo hacen en condiciones muy favorables y salen relativamente pronto. La degradación de haberla está en la propia política y no es privativa de este gobierno. Lo asombroso puede ser el descaro con que se hace, no el hecho mismo, que cuenta con antecedentes en todo tiempo y lugar.

Ver también

Sobre la declaración de algunos representantes en Cataluña. (Francisco Cabrillo).

La tensión entre el libre comercio y la política de poder

La narrativa, comúnmente aceptada en Europa sobre la guerra en Ucrania, es que existe un paralelismo histórico evidente entre los acontecimientos políticos de los años anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial y la agresión militar rusa contra Ucrania. Según esta narrativa, los movimientos de la Alemania nazi, bendecidos por la política de apaciguamiento de Occidente, para apoderarse de Austria y de los territorios de Checoslovaquia, predominantemente poblados por alemanes, solo sirvieron para alimentar los agresivos planes de Hitler para la conquista del mundo.

Desde esta perspectiva, cualquier política exterior de apaciguamiento frente a un gobernante autoritario se considera un error fundamental. Especialmente cuando el agresor alega que está protegiendo a la minoría étnica de un estado vecino. El compromiso está así prohibido y solo se permite la victoria absoluta sobre una reencarnación del malvado dictador que pretende revisar las fronteras.

Tú Chamberlain, yo Churchill

Esta postura se ha convertido en un absoluto moral, un absoluto que se ve reforzado por su conexión indirecta con el holocausto. Cualquiera que piense de un modo diferente quedará anulado. Esta anulación se ve reforzada por el hecho de que los políticos marginados, como Trump y Orbán, son vistos como las reencarnaciones actuales de Chamberlain, marionetas de Putin, mientras que su némesis asume el papel de Churchill. En este sentido, no niego que la “posición churchilliana” tenga y haya tenido méritos, ni que existan paralelismos válidos. Sin embargo, sostengo que la realidad del estallido de la guerra en Ucrania guarda un gran parecido con los acontecimientos que condujeron a la Primera Guerra Mundial. 

En aquella ocasión, la chispa fue el asesinato del príncipe heredero de la monarquía austrohúngara en Sarajevo, la capital de Bosnia, en el verano de 1914. Un complejo y aparentemente insoluble conjunto de problemas condujo al asesinato en sí y desencadenó una serie de acontecimientos en los que no se llegó a ningún compromiso, ya que cada participante en el conflicto estaba impulsado por una mezcla de miedo, ambición imperial y nacionalismo.

Hacia los cañones de agosto

La monarquía austrohúngara temía el ascenso de Serbia y Rusia y, por prevención, ocupó Bosnia en 1878, a pesar de que no tenía ni reivindicación nacional ni histórica legítima sobre este territorio multiétnico, poblado en parte por serbios. Los serbios estaban impulsados por su afán de unir y reunificar a los serbios y a toda la nación sureslava bajo dominio serbio cuya búsqueda amenazaba la existencia de Austria-Hungría, con su numerosa población sureslava. Serbia, por su parte, contaba con el apoyo de Rusia, que pretendía controlar los Dardanelos y la Península balcánica poblada, en su mayoría, por eslavos ortodoxos. Además, el paneslavismo ruso amenazaba la existencia de Austria-Hungría con su numerosa población eslava.

Austria-Hungría contaba con el apoyo de Alemania, que temía la rápida aceleración del desarrollo industrial ruso y la pinza potencialmente mortal de la recién creada alianza ruso-francesa. Al mismo tiempo, las élites políticas y empresariales alemanas albergaban diversas ambiciones imperiales a costa de sus rivales.

A su vez, ni Francia ni Inglaterra podían permitirse la derrota de Rusia, ya que inclinaría la balanza de poder en Europa hacia Alemania y significaría una amenaza directa para sus propios vastos imperios.

Así, no es de extrañar que los historiadores sigan discutiendo hasta hoy sobre la proporción de la responsabilidad de las grandes potencias ante el estallido de la guerra, mientras que no se discute quién disparó los primeros tiros.

El fin de la belle epoque

La terrible guerra fue la gran catástrofe del viejo mundo. Puso fin al periodo de la belle epoque de Europa, caracterizada por el aumento de la riqueza, la democratización y una larga paz. Uno de los legados de esta guerra fue la insoportable tensión surgida a raíz de los tratados de paz unilaterales dictados por los vencedores que dieron lugar a un sentimiento generalizado de injusticia entre los perdedores.  La guerra fue la causa directa del ascenso del comunismo y el fascismo y, en consecuencia, de la aún más terrible Segunda Guerra Mundial.

El actual conflicto sobre Ucrania es, probablemente también, una de las últimas consecuencias de estas dos guerras mundiales interconectadas, de su violento legado y de los acuerdos de paz entre los vencedores que, una vez más, volvieron a trazar las fronteras internacionales sin tener en cuenta las tradiciones culturales y la composición étnica de su población ni sus deseos.

Causas inmediatas y causas mediatas

En el caso de la guerra en Ucrania, al igual que en 1914, no hay duda sobre quién disparó el primer tiro. Ucrania fue atacada por Rusia. Y punto. Sin embargo, las causas subyacentes son complejas, al igual que en 1914. En el antiguo territorio de un imperio soviético fallido surgió un peligroso campo de minas tras la formación de nuevos estados intensamente nacionalistas con cuestiones de nacionalidad sin resolver. Una parte de la población de Ucrania es rusa o tiene simpatías rusas, mientras que la otra parte es fervientemente ucraniana y alberga fuertes sentimientos antirrusos que se vieron reforzados por los horribles crímenes del régimen estalinista. Al igual que en el periodo previo a la Primera Guerra Mundial, Ucrania, dividida internamente, también se convirtió en un punto de ignición entre las ambiciones de las grandes potencias. 

Rusia pretendía mantener a Ucrania en su órbita y apoyaba las reivindicaciones de aquella parte de la población ucraniana concentrada, sobre todo, en las regiones orientales de Ucrania que albergaba simpatías rusas. Las potencias occidentales prestaron su apoyo a los ucranianos que buscaban la inclusión de su país en la OTAN y la UE, lo que también significaba el total alejamiento de la influencia rusa.

Lucha sin renuncias

Otra complicación es que la guerra ucraniana también está vinculada a las luchas entre Estados Unidos y China, ya que Rusia volvió sus ojos hacia Oriente a medida que se distanciaba de Occidente.  En este sentido, al igual que en el período previo a la Primera Guerra Mundial, existe un conflicto más amplio de fondo entre Estados Unidos y China.

La guerra continúa … La situación es trágica. Trágica la pérdida de vidas y la destrucción material. El gran desafío, sin embargo, llegará cuando las líneas defensivas sean traspasadas por uno u otro bando. En ese caso puede darse incluso el peor de los escenarios, dada la determinación y el profundo compromiso emocional de los beligerantes con sus propios objetivos bélicos. Lo que está en juego es si puede evitarse otro enfrentamiento militar de la magnitud de una guerra mundial entre las grandes potencias con armamento nuclear.

En la actualidad, ambos bandos mantienen sus objetivos bélicos máximos y, por tanto, no existe ninguna posibilidad de compromiso entre ellos. Para poner fin a esta horrenda sangría, cada una de las partes beligerantes debe realizar el duro trabajo interno de examinar su propia posición y buscar una solución que no solo satisfaga sus propias necesidades mínimas, sino que también represente un arreglo aceptable para la otra parte. A largo plazo, solo un compromiso aceptado como legítimo de alguna forma por ambas partes conducirá a una paz real.

Comercio y paz

Una de las condiciones de la paz real, en mi opinión, es la reconstrucción de las conexiones comerciales normales en el mundo. En los albores de la civilización industrial moderna, Adam Smith y otros pensadores pro-mercado esperaban que el libre comercio condujera a la paz universal, ya que el libre comercio haría innecesarias las guerras por la propiedad exclusiva de los recursos. De hecho, en el propio continente europeo, las grandes potencias europeas mantuvieron durante el siglo XIX una política de libre comercio casi perfecta que provocó, o al menos coincidió, con un periodo inusualmente pacífico en la historia del continente.

No es de extrañar que el ruso Ivan Bloch, y el inglés Norman Angell, justo antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, sostuvieran que el daño de una guerra sería tan grande que ningún político en su sano juicio se arriesgaría a ella. Ambos afirmaban que la guerra era una acción suicida, ya que la economía europea se había interconectado y la prosperidad de las naciones se basaba en un comercio libre casi sin fricciones entre sí.

Ludwig von Mises y Richard Overy

Tenemos que decir, en retrospectiva, que las mismas potencias europeas incumplieron esta idea smithiana del libre comercio al perseguir un implacable sueño colonizador y construir imperios coloniales cerrados. Sin duda, los planes de expansión imperial contrapuestos fueron una de las causas de las dos guerras mundiales entre las grandes potencias. Ludwig von Mises, en su libro El Gobierno Omnipotente, sostenía que una de las razones más importantes del estallido de las guerras mundiales fue el cambio de política económica en los años setenta para restringir el libre comercio e introducir aranceles industriales y económicos. A falta de libre comercio, Alemania, industrialmente avanzada pero escasa de materias primas, optó por lanzar guerras de agresión.

Richard Overy, en su libro Blood and Ruins,The Last Imperial War, llegó a una conclusión similar, identificando la Segunda Guerra Mundial como la última gran guerra imperial por el dominio de las colonias. Overy argumentó que las políticas arancelarias defensivas de las antiguas potencias coloniales forzaron el impulso colonial de los nuevos estados industriales emergentes, ya que Alemania, Italia y Japón llegaron a la conclusión de que sólo construyendo un imperio podrían asegurar su supervivencia nacional.

Si el comercio es realmente libre, no utilizará ni la fuerza ni la coerción, ni se basará en la construcción de imperios. Pero si el comercio, relativamente libre, se combina con la construcción de imperios y la coerción, surgirá el miedo y un sentimiento de injusticia y crecerá un fuerte impulso para extender la influencia más allá de las fronteras propias. Así pues, parece claro que el principio del libre comercio no es suficiente para alcanzar la paz. Se impone la necesidad de buscar una política de paz.

Friedrich von Wieser

Por lo tanto, es muy importante preguntar a cada gobierno no solo si cumple el requisito de mantener el libre comercio entre países, sino si está dispuesto a renunciar a las ambiciones imperiales y a la construcción de una esfera de influencias que lo beneficie.

Friedrich von Wieser, uno de los alumnos más importantes de Carl Menger, se dio cuenta de la importancia de la política en 1924, tras el final de la Primera Guerra Mundial. Wieser era miembro del gabinete de guerra austriaco, por lo que tenía experiencia de primera mano sobre el poder y las ambiciones. En su libro La ley del poder, sostenía que las consideraciones políticas prevalecían sobre las económicas y establece que la cuestión más importante para los políticos es el poder y su inmensa capacidad de manipulación. Por este motivo es fundamental plantear qué límites se deben poner al poder político. Para llegar a una situación de paz, más allá de abogar por un comercio lo menos friccionado posible entre naciones, tenemos que observar cuáles son las lecciones políticas de las horribles experiencias de las guerras europeas modernas.

El poder destructor de una guerra

En primer lugar, debe quedar claro que la guerra es la peor solución para los conflictos interestatales y los choques de poder. Las guerras modernas, libradas por ejércitos masivos con una potencia de fuego devastadora son tan destructivas para todos los beligerantes que hay que aprovechar cualquier oportunidad para evitar la guerra.

La disuasión es importante para defenderse de una posible agresión. Pero la disuasión solo debe utilizarse como medio de defensa y hay que tener el mayor cuidado posible para garantizar que otro país no se sienta amenazado por una potencia competidora. Una sensación de amenaza por parte de un vecino o de una ideología intolerable cercana puede provocar una histeria política que desemboque en una guerra. Lo mejor es que cada parte siga una política de moderación, tenga en cuenta los intereses de la otra y evite la histeria política, el odio personal o la ideología dogmática para no caer en el círculo vicioso del alarmismo y el miedo real.

Autonomía cultural y territorial en un Estado multicultural

Es especialmente importante abordar la cuestión de las aspiraciones nacionales contrapuestas dentro de un Estado. Ludwig von Mises concluyó, a partir de las lecciones de la desintegración de la monarquía austrohúngara, que la solución al problema de los nacionalismos en conflicto reside en la garantía de la autonomía cultural y territorial en el marco de un estado multinacional. En última instancia, un referéndum en un territorio determinado también es concebible si no hay otra forma de evitar la guerra civil.

Pero, incluso con los referendos hay que proceder con la máxima cautela y moderación. Eso es porque sabemos que la disolución de un marco estatal puede ser un caldo de cultivo para nuevos conflictos internos, ya que es muy probable que los nuevos estados que se creen en el lugar del estado multiétnico en disolución estén compuestos, a su vez, de conjunto de nacionalidades, y es probable que surjan inextricables antagonismos nacionales. 

Ninguna solución de poder puede sustituir el papel de la cooperación pacífica, la buena voluntad y la búsqueda de compromisos. Las élites políticas tienen la enorme responsabilidad de no manipular los sentimientos nacionales de la comunidad real o imaginaria en cuyo nombre actúan con fines políticos, sino de aplicar políticas moderadas y equilibradas. Podemos añadir que, salvo el engrandecimiento personal, el beneficio global se maximiza con una economía pacífica a favor del libre comercio y no con la especulación bélica.

Nuestra conclusión es que la mejor garantía de paz pasa por procurar el establecimiento de un comercio lo más libre posible y una política de moderación que incluya la renuncia a sueños imperiales y que se base en el ejercicio de la tolerancia y el compromiso.

Ver también

La interdependencia y el libre mercado, ¿amortiguan los conflictos internacionales? (George Youkhadar).

Fricciones europeas por la guerra de Ucrania. (José Antonio Díaz).

¿Los establos de Augías en Polonia?

El recién investido primer ministro de Polonia, Donald Tusk, es un político avezado en la batalla política desde los tiempos de la oposición al régimen comunista e historiador de formación. Lleva tiempo comparando la situación que ha heredado después de ocho años de gobiernos del Partido Derecho y Justicia[1] y sus aliados[2], con los establos de Augías de la mitología griega. Astuto recurso a la erudición que reiteró en su discurso de investidura ante el Congreso de los Diputados (Sejm) la pasada semana.

¿Un trabajo hercúleo?

Como el que no quiere la cosa asimilaba su tarea como primer ministro al quinto de los trabajos de Hércules, el ingenioso héroe que recibió el encargo de Eurísteo de limpiar el estiércol acumulado durante años por el ganado del rey Augías de Élide en esas cuadras. Para estupefacción y enojo de su comitente, despachó tamaña empresa en un solo día, desviando el curso de los ríos Alfeo y Peneo por un canal que atravesó los establos, de suerte que las inmundicias fueron arrastradas por la corriente fluvial.

La trama mitológica clásica no termina en ese punto. Este animal político vuelve a ser primer ministro después de dimitir antes de la derrota electoral de su partido en el año 2015 y de ocupar la presidencia del Consejo Europeo entre los años 2014 y 2019. Con independencia del mayor o menor acierto de la analogía, el diagnóstico de Tusk viene muy a cuento para examinar lo que ha sucedido en Polonia en las últimas elecciones generales del 15 de octubre[3].

Participación histórica

Un primer dato destacable fue la histórica participación electoral sin parangón alguno desde el establecimiento de la democracia en 1989. En efecto, casi un 75 por ciento de los electores con derecho a hacerlo depositó sus papeletas en las urnas para elegir a los diputados y senadores que conforman el Parlamento polaco. Comparado ese porcentaje con el 62 alcanzado en los anteriores comicios, celebrados hace cuatro años, se observa un incremento de la participación del electorado espectacular, lo cual determinaría en gran medida el resultado final.

En segundo lugar, los términos de la confrontación electoral habían quedado muy claros mucho antes de la convocatoria por parte del presidente de la República[4]. Por un lado, pugnaba por revalidar su mandato el gobierno del PiS, dirigido por el primer ministro Mateusz Morawiecki y apoyado por sus aliados de Zbigniew Ziobro del llamado ahora Partido Republicano, quienes se presentaron a las elecciones en listas separadas[5].

En la oposición

Y, por otro lado, compartiendo el objetivo de derribar al gobierno en las urnas, partidos de una oposición muy diversa. Bien es cierto que todos ellos reconocían la primacía de la Coalición Ciudadana de Tusk y, especialmente durante los últimos dos años, habían establecido distintos grados de colaboración. De esta manera, el abanico opositor comprendía desde la coalición de la Tercera Vía (Trzecia Droga)[6] centro moderado, a la Izquierda (Lewica) otro conglomerado de partidos que abarcarían, salvando las distancias, los postulados del PSOE y Sumar en España[7].

Para terminar el cuadro de los partidos que obtuvieron representación parlamentaria, debe añadirse al grupo Confederación Libertad e Independencia (Konfederacja Wolność i Niepodległość) en un plano alternativo a los anteriores. Se trata de una amalgama de políticos jóvenes de diferentes ideologías, principalmente inspirados por el paleo libertario Janusz Korwin-Mikke[8], que defiende las libertades individuales y el derecho de propiedad, pero no es consecuente con el libre comercio y sostiene ideas ultranacionalistas y confesionales.

La izquierda repta por el lomo del PiS

Sobre esas premisas, el resultado electoral mostró el hartazgo de una sociedad, muy plural políticamente, contra un partido que ha gobernado con una arbitrariedad, un sectarismo y un intervencionismo pertinaces durante ocho años. No en vano los dos principales grupos de la oposición (Coalición Ciudadana y la Tercera Vía) obtuvieron el 30 y el 15 por ciento de los votos escrutados[9], respectivamente, frente al 35 por ciento de Derecho y Justicia. Solo los efectos del sistema D´Hont para la asignación de escaños han forzado a los dos primeros partidos a negociar también con el partido de la Izquierda (con menos del 9 por ciento de votos) un acuerdo poselectoral y su apoyo a la investidura de Donald Tusk y su gobierno. De esta manera, la nueva mayoría parlamentaria queda constituida por 248 diputados, diecisiete más de los necesarios para la absoluta.

En contra de las interpretaciones que se hacen en España[10], la política económica del PiS entraña más reminiscencias del tardo comunismo polaco[11]que las típicas de un gobierno conservador europeo occidental. De hecho, los cuadros este partido no solo motejan el proceso de privatización de empresas públicas de los años 90 – “por haberlas malvendido al capital extranjero” – sino que, además, han estatalizado empresas o mantenido la participación mayoritaria en el capital de sociedades mercantiles por parte del estado. Han llamado a esta reversión “Repolonización” (Repolonizacja), para resaltar que se trataba de “recuperar” para el Estado empresas cuyo capital se había transmitido a inversores extranjeros[12].

Contra el Estado de Derecho

El gobierno polaco de Derecho y Justicia alcanzó una deplorable reputación internacional, junto al húngaro, por sus consistentes ataques al Estado de Derecho y la reacción de las instituciones de la Unión Europea. Sin embargo, no es el único episodio que le ha enfrentado a otros países europeos. A pesar de ser su mayor socio comercial y pertenecer ambos países a todas las organizaciones de integración europea, los gestos públicos de animadversión hacia los alemanes pasan desde las poco serias reclamaciones de indemnización por los daños causados en la II Guerra Mundial[13] a las reiteradas invectivas dirigidas a Tusk por Jarosław Kaczyński de ser un “agente alemán”.

La última en pleno debate de investidura la semana pasada. Menos conocido es el caso de la mina de Turów, situada en Polonia cerca de la frontera, que le ha enfrentado con la vecina Chequia a cuenta de la contaminación causada en las aguas subterráneas y que mereció la condena del Tribunal de Justicia de la Unión Europea al cierre de la mina y al pago de multas coercitivas en caso de incumplimiento. Opción ésta última que viene sucediendo debido a la contumacia del gobierno polaco de permitir la explotación hasta el agotamiento de la concesión en el año 2026.

Demoledor informe

En cualquier caso, meses antes de las elecciones, el FOR (Think Tank presidido por Leszek Balcerowicz ) ya había publicado un informe demoledor titulado Ocho años de Derecho y Justicia. La destrucción de la Economía y el Estado de Derecho[14]. En él se asegura que aunque durante cierto tiempo la economía polaca continuó su desarrollo, gracias en buena parte a la coyuntura económica internacional favorable y a la afluencia de inmigrantes (principalmente de Ucrania) los gobiernos del PiS han intervenido de tal manera la sociedad y la economía, que los riesgos para el desarrollo del país son evidentes, a no ser que se corrija el rumbo marcado.

En resumen, mediante leyes de urgencia aprobadas como un relámpago en fraude de ley, se introdujeron regulaciones muy nocivas, como la prohibición del comercio los domingos o de la adquisición de más de una hectárea de terreno rústico para quiénes no sean agricultores. Se aprobaron reformas tributarias para aumentar los impuestos que crearon una gran inseguridad jurídica. Se nacionalizaron empresas privadas y se construyeron monopolios estatales. Significativamente, el Estado mantiene la propiedad de casi la mitad de la Banca y más del sesenta por ciento del sector energético, lo cual añade riesgos para un crecimiento económico sano.

Acuerdo de gobierno

En contraposición a lo anterior, el acuerdo de gobierno firmado entre las fuerzas políticas de la otrora oposición contiene medidas contradictorias entre sí y vagas declaraciones de voluntad. Entre ellas, lo más palpable para el presupuesto serán aumentos salariales de hasta el 30 por ciento para empleados públicos, como los docentes, personal sanitario, funcionarios, tribunales y fiscalías, así como del gasto en sanidad para establecer más centros de salud, al mismo tiempo que se prometen mejoras en la gestión sanitaria.

Se promete una simplificación y reducción de la carga fiscal a los trabajadores, profesionales, así como medidas a favor de los empresarios. Se prevé establecer una gestión transparente de los fondos públicos, despolitizar y profesionalizar la gestión empresarial pública, así como reconsiderar diversas instituciones creadas por sus antecesores. Por otro lado, también se anticipan mayores gastos futuros en prestaciones sociales para la familia, los discapacitados, los cuidadores de personas dependientes y las personas mayores, a quiénes, asimismo, se quiere garantizar pensiones dignas.

Fin al asalto del sistema judicial por parte del Parlamento

Ahora bien, el punto del acuerdo que, de cumplirse en la realidad, abriría perspectivas más halagüeñas para la democracia se refiere a las derogación de las leyes y las prerrogativas que el gobierno anterior y el Parlamento se arrogaron respecto al Poder judicial y la Administración de Justicia. En efecto, en el programa se puede leer “los tribunales estarán libres de presiones políticas, la fiscalía será independiente y apolítica. Velaremos por la legalidad del funcionamiento del sistema de justicia y de los tribunales constitucionales. Haremos todos los esfuerzos posibles para restablecer la forma constitucional y apolítica del Consejo Nacional de la Judicatura y del Tribunal Supremo”.

Si al menos el gobierno entrante y la actual mayoría parlamentaria adoptaran las reformas necesarias para garantizar el sometimiento de todos los poderes del Estado al Derecho (Constitución polaca y Tratados fundacionales de la UE incluidos) y la independencia judicial y del Ministerio Fiscal, no solo revertirían el desacato a las sentencias de Tribunal de la Unión Europea, sino también la deriva autoritaria a la que fue arrastrada la República Polaca por el gobierno anterior. Quizás en este caso el río Vístula limpie la porquería acumulada en los establos polacos.


Notas

[1] Prawo i Sprawiedliwość (PiS). Partido fundado por los hermanos Lech y Jarosław Kaczyński en 2001. Ha sido absolutamente acaparado por el segundo como presidente, desde la muerte del primero el 10 de abril de 2010 en la conocida como “Catástrofe de Smoleńsk”. En este suceso fallecieron 96 pasajeros y tripulantes de un avión oficial Tupolev TU 154. Componían la delegación polaca para los actos conmemorativos de la matanza de Katyn (1940). El avión se precipitó sobre la pista de aterrizaje de ese aeropuerto en territorio ruso.

[2] Fundamentalmente el grupo liderado por quién fue Ministro de Justicia y Fiscal General del Estado, simultáneamente, durante todo ese tiempo, Zbigniew Ziobro. Dicho grupo ha tenido, desde 2012 curiosas redenominaciones: Suwerenna Polska, Solidarna Polska y, en la actualidad, desde 2021, Partia Republikańska.

[3] Para despertar los sentidos del lector español en circunstancias hipotéticas del pasado, yo compararía a Donald Tusk con un Jose María Aznar López. Imagine que hubiera presidido alguna institución europea durante el mandato de linchamiento retrospectivo llevado a cabo por Jose Luís Rodríguez Zapatero. E imagine que regresara a la presidencia del gobierno ocho años después, apoyándose en una coalición articulada alrededor del Partido Popular, Ciudadanos e, incluso, Vox contra el gobierno del PSOE. No se olvide que el ecosistema polaco presenta un reparto de papeles diferente al español. Pero el partido Koalicja Obywatelska (Coalición Ciudadana) de Donald Tusk comparte grupo en el Parlamento Europeo con el Partido Popular español.

[4] El presidente de la República, Andrzej Duda, con un mandato de cinco años que cumple en mayo de 2025, es un político aupado por el PiS. Como tal mantiene la potestad exclusiva de convocar elecciones parlamentarias ordinarias, según dispone el artículo 98.2 de la Constitución polaca de 1997.

[5] El partido Kukiz 15 que tuvo cierta representación en la legislatura anterior ha terminado por ser absorbido por Derecho y Justicia. De hecho el fundador del mismo, Paweł Kukiz, y otros dos dirigentes resultaron elegidos como diputados en las listas del partido de Kaczyński.

[6] Formada por el Polskie Stronnictwo Ludowe (PSL) dirigido por Władysław Kosiniak-Kamysz (Partido Popular Polaco –o  Partido Campesino–) y Polonia 2050 de Szymon Hołownia.

[7] Cualquier comparación, no obstante, de los partidos de izquierda polacos con los españoles no debe olvidar la radical diferencia sobre la autopercepción nacional. Es evidente que su posmodernismo no contempla la “deconstrucción” de Polonia como ocurre en España.

[8] Curiosamente expulsado del partido que había contribuido a fundar, poco después de las elecciones generales del 15 de octubre.

[9] Particularmente reseñable es el resultado (65 escaños) de la Coalición preelectoral La Tercera Vía, que mejora las expectativas que el PSL mantenía. No obstante, esos votos más los 157 de KO son insuficientes para alcanzar la mayoría absoluta de 231.

[10] Que tienen su deformación recíproca sobre la percepción que tienen de la política española los medios polacos.

[11] Particularmente, con el periodo de Edward Gierek en los años 70 como secretario general del Partido Socialista Unificado de los Obreros Polacos (comunista). En una entrevista, la pasada semana el profesor Leszek Balcerowicz señalaba: (La política económica con este gobierno) “Es como con Gierek: Primero endeudarse y después pagar”.

[12] Obsérvese a este respecto la absoluta coincidencia con la estrategia del gobierno social comunista en España.

[13] Después de reiterados tratados y convenios internacionales suscritos por la República Polaca en las que se renuncia expresamente a ellas y a cambios de las fronteras de posguerra.

[14] https://for.org.pl/pliki/artykuly/8225_8latpisinternet.pdf

Ver también

Lecciones de la Unión Europea. (José Antonio Díaz).

Tiempo de elecciones en Polonia. (José Antonio Díaz).

La economía a través del tiempo (X): Los egipcios se adelantaron a Weber

La importancia del ascetismo como valor ético para el desarrollo de uno u otro sistema económico se ve en Weber (2020). Si bien la obra del sociólogo ha sido muy criticada por un déficit relacionado con los datos que utiliza (Cantoni, 2015),

los contraargumentos que el autor ha recibido no han ido dirigidos a desmentir la correlación entre capitalismo y ascetismo. En general, el estilo weberiano pone el foco sobre la importancia del agente, es decir, de los valores, principios y creencias, a la hora de conformar y transformar el todo.

El ascetismo en el antiguo Egipto

Por ello, es especialmente importante tratar la importancia que los textos primitivos egipcios daban a los comportamientos ascéticos. Las Enseñanzas para Kagemni son un conjunto de consejos similares a los vistos en el artículo anterior que pretenden servir de pauta para los más jóvenes. El texto se encuentra en el Papiro Prisse, datado alrededor del año 1.900 a.C.

El texto comienza (Sánchez, 2020), por tanto, dándole la razón a Weber pese a estar escrito milenios antes de que el alemán naciera:

El respetuoso prospera y el hombre recto es favorecido; la tienda se abre al discreto y el lugar del moderado es amplio. No hables, pues están afilados los cuchillos contra quien confunde el camino, (pero) no hay prisa si no es su ocasión. Si te sientas con una multitud, desprecia los panes que deseas. Es (solo) un pequeño momento de autocontrol, pues la glotonería es una bajeza y se apunta con el dedo por ella. Un (solo) cazo de agua apaga la sed y un (solo) bocado de heno fortalece el corazón. Lo que está bien suple a lo que está bueno y una pizca de lo pequeño suple a lo abundante (pp. 16-17).

Benjamin Franklin

En efecto, estas palabras recuerdan a las que Weber (2020) rescata de Benjamin Franklin en una de sus obras magnas:

Ten en cuenta que — según el refrán — un buen pagador es el dueño de la bolsa de todo el mundo. Quien sea reconocido como pagador puntual en el plazo convenido siempre podrá disponer del dinero que a sus amigos no les hace falta. Esto puede ser muy beneficioso. Además de la laboriosidad y la mesura, no hay nada que contribuya más al progreso de un hombre joven que la puntualidad y la rectitud en todos sus negocios. Por ello, nunca retengas el dinero que has pedido prestado ni por una hora más de la convenida a fin de que el enojo de tu amigo no te cierre su bolsa para siempre.

Autocontrol para los egipcios, mesura para Franklin y, en ambos casos, rectitud como fórmula de éxito.

Contención

El texto antiguo continúa con otra serie de instrucciones que redundan en la idea de autocontrol y cómo llevarla a la práctica, algo común a numerosas civilizaciones:

Si te sientas con un glotón, deberás comer (solamente) cuando su apetito febril haya pasado. Si bebes con un borracho, deberás tomar cuando su deseo quede satisfecho. No seas ansioso hacia la carne en presencia de alguien codicioso. (…) Haz que salga (a relucir) tu nombre, pero que el silencio esté en tu boca cuando seas llamado. No te vanaglories por tu poderío en medio de tus jóvenes. Guárdate de hacer oposición, pues no se conoce lo que puede ocurrir, lo que dios puede hacer cuando castiga (pp. 17-18).

La remata narrando lo muy apropiadas que fueron estas enseñanzas para los jóvenes, quienes siguieron a pies juntillas la norma con un gran resultado. En definitiva, en Egipto ya se le da importancia a la rectitud. Las buenas formas aparecen como una cuestión importante para alcanzar el éxito y el respeto del prójimo. Además, de nuevo aparecen elementos en escritos primitivos que posteriormente sonarán más familiares gracias a autores más modernos.

Bibliografía

Weber, M. (2020). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Akal

Cantoni, D. (2015) The Economic Effects of the Protestant Reformation: Testing the Weber Hypothesis in the German Lands. Journal of the European Economic Association, 13(4), 561–598. http://www.jstor.org/stable/24539263

Sánchez, A. (2020) La literatura sapiencial egipcia. (Vol. I). https://egiptologia.com/wp-content/uploads/2020/10/Literatura-sapiencial-Ensen%CC%83anzas-Ptahhotep.pdf

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

(VI) Los impuestos para los sumerios

(VII) La riqueza para los asirios

(VIII) Urakagina, el primer Juan de Mariana

(IX) La meritocracia y el ahorro para los egipcios

Los cien días de Milei

El 20 de marzo de 1815, el prefecto de París (algo así como el alcalde), Conde de Chabrol, entonó un discurso de bienvenida al emperador Napoleón Bonaparte tras su triunfal regreso desde la isla de Elba, donde había sido desterrado por la coalición de potencias europeas. Napoleón había conseguido regresar de su exilio tras un periodo de apenas once meses, tiempo en el que se dedicó a conspirar sin descanso por su vuelta al poder. Francia volvió a la guerra contra toda Europa. Este período terminó abruptamente el 8 de julio de 1815 con la reinstauración en el trono francés de Luis XVIII. Sumando, obtenemos una cantidad de cien días. Precisamente el tiempo, cien días, que en la actualidad, suelen pedir los gobernantes para tomar sus primeras medidas y dejar claro cuál será su política a lo largo del mandato.

Ni cien segundos

Este mismo mes de diciembre, Javier Milei ha juramentado el cargo como presidente de la Nación Argentina tras su victoria en las elecciones presidenciales del pasado mes de noviembre. A Milei no es que precisamente le hayan dado cien días de gobierno de cortesía. Por ejemplo, los funcionarios de Banco Central de la República Argentina (BCRA), institución maldita para el nuevo presidente argentino, llevan en huelga desde antes de la celebración de las elecciones. No va a tener ni cien segundos por parte de sus enemigos. Es más, le van a culpar por todo lo que haya pasado en los cien días anteriores a su toma del poder.

De otra, los liberales tampoco le van a dar cien días. No le van a perdonar que Argentina no adelante a Luxemburgo en renta per cápita antes de que acabe el año. En un país que ha perdido poder adquisitivo en las últimas dos décadas de forma exponencial, la paciencia ante unas medidas tan duras como necesarias es vital para conformar en cuatro años una mayoría necesaria para continuar en la senda de la economía de mercado.

Tercermundismo e inflación

Porque lo que se encuentra Milei al tomar en poder no es que sea una herencia envenenada, es directamente un país del tercer mundo. Desde la llegada al poder de Néstor Kirchner en 2003, el peronismo ha gobernado el país dieciséis de veinte años, es decir, el 80% del tiempo. En esos momentos, Argentina salía del corralito y de las políticas de austeridad que asumió voluntariamente tras el rescate del FMI. En una primera fase, el gobierno Kirchner gozó de cierta estabilidad económica.

Sin ir más lejos, ya en 2011, tras tres años de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, los argentinos tocaron techo en lo relativo al PIB per cápita, con $14.200, medido a precios constantes. Luego, las medidas de incremento del poder estatal sobre la vida de los argentinos han dado poco a poco sus frutos. De hecho, ya en 2023 van a cerrar con un PIB de $12.932,50, es decir, un 8,93% menos que el tope de 2011. Esto es, los argentinos se han dejado casi un 10% de PIB en una década.

Sin embargo, el gran problema que se encuentra Milei es, sin ninguna duda, la inflación. La subida de precios durante el mandato de Alberto Fernández, o Néstor Kirchner III, ha sido, simplemente, dramática. A una inflación interanual del 14,7%, entre octubre de 2022 y octubre de 2023, poco se le puede añadir. O que la inflación entre enero y octubre sea del 120%, con visos de acabar el año cerca del 200%, algo de lo que seguro culparán a Milei por asumir el cargo el 10 de diciembre. En 2022 la inflación se situó en el 69,7%, que, siendo alta, se queda a la altura del betún con la inflación de 2023.

Y acabar con el Banco Central

Por ello, la gran promesa de Milei durante su mandato pasa por la dolarización. No es que los argentinos no utilicen dólares, medio de cambio generalizado en estos momentos. La cuestión es convertir el dólar en moneda de curso legal, con lo cual se podrá pagar impuestos y llevar la contabilidad en dólares, además de terminar con el control de la política monetaria por parte del BCRA, institución que Milei se ha comprometido a cerrar.

Ahora bien, no puede haber dolarización sin cerrar el déficit público, del 17% del PIB este año. La razón es que un déficit público semejante con una dolarización implicaría un desequilibrio en la balanza de pagos tan traumático que la situación podría llevarse por delante cualquier atisbo de cambio. Pero no se podrá cerrar el déficit público sin recortar el gasto de forma espectacular. Milei ya ha anunciado que pretende recortar el gasto público un 5% del PIB en 2024, algo de momento insuficiente, pero desde luego en la senda correcta.

Sin embargo, corre el riesgo, y esta lección la tiene bien aprendida del gobierno de Macri, de que los recortes no sean suficientes. La solución pasa por un recorte del gasto público muy directo (la famosa motosierra). Pero, y aquí el gran problema, el Estado argentino tiene a la mitad de la población encaramada al presupuesto público. Recortar y eliminar paulatinamente los subsidios va a provocar dolor, miseria y hambre. Esto es, pagar los costes del estatismo.

Juntos por el Cargo

Para este fin, Milei tiene que apoyarse en la coalición Juntos por el Cambio, o, como él mismo los llamaba despectivamente, Juntos por el Cargo. En estos momentos, La Libertad Avanza tiene treinta y ocho diputados en la Cámara y siete senadores, una minoría exigua para llevar a cabo su programa de gobierno. Necesita sí o sí el apoyo de Juntos por el Cargo, el cual, con sus noventa y tres diputados y veinticuatro senadores, otorga a Milei una mayoría absoluta en la Cámara y un 43% de apoyo en el Senado (aquí todavía tiene que buscar más apoyos).

De ahí la razón de haber nombrado a Patricia Bullrich ministra de seguridad (lo que aquí equivale a ministro del interior) para atraer a su proyecto diputados de la derecha. La buena noticia es que esta coalición se trata de un grupo sin alma, sin interés por las reformas de calado ni ideología ninguna, que únicamente pretende manejar la ruina peronista de vez en cuando sin atacar los problemas fundamentales del país. (Por favor, que nadie compare esto con algún partido español).

Ver también

Las corridas de toros y el futuro de Argentina. (Santiago Dussan).

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

El liberalismo es riqueza

Saber qué es la riqueza es crucial para entender el proceso económico, defender el modelo político adecuado, reducir conflictos e incluso guerras y, por supuesto, enriquecerse. Mientras que la mayoría siga sin entender qué es la riqueza, es decir, donde está y donde no está, como se obtiene y como se pierde, muchos seguirán navegando con determinación hacia ningún puerto.

Lo que no es riqueza

Hoy es fácil comprender que el oro, el dinero, el trabajo, las materias primas e incluso los bienes materiales terminados no son riqueza; son elementos necesarios, pero no suficientes para la riqueza. Y confundirlos con la riqueza conduce a error en la búsqueda de este preciado tesoro.

El oro o el dinero no son riqueza porque son simplemente medios para el intercambio de bienes y servicios, por lo que aumentarlos no repercute positivamente en la calidad de los intercambios. Sin embargo, es cierto que, si el dinero no es de buena calidad o si la cantidad de dinero no se ajusta continuamente a las necesidades humanas, la riqueza disminuye. Por lo tanto, la riqueza depende de la posibilidad de hacer intercambios, mover recursos e información, que a su vez depende de la existencia de dinero determinado, dinámicamente, de calidad y cantidad adecuadas.

Tierra y trabajo

La tierra y los recursos naturales y materiales tampoco son riqueza. Al igual que ocurre con el dinero, la riqueza reside en la relación entre la cantidad, la calidad y la empleabilidad de los recursos. Si se descubrieran nuevos yacimientos de petróleo en Venezuela, la riqueza de los venezolanos no aumentaría, no sólo porque la industria petrolera es un monopolio estatal, sino también porque no existen ni los conocimientos ni los elementos materiales complementarios necesarios para extraer el petróleo y utilizarlo de forma óptima.

La riqueza tampoco está en el trabajo, más trabajo no es más riqueza, la tendencia es a trabajar menos o con menos esfuerzo, pero con más o mejor información. Como ocurre con el dinero y los recursos materiales, el valor del trabajo está en su cantidad y calidad óptimas en relación con las necesidades o preferencias humanas. El socialismo lleva a trabajar más y el liberalismo a trabajar mejor.

Lo que sí es riqueza

La riqueza está en la coordinación y la coordinación depende de la capacidad del sistema para crear e incorporar información adecuadamente de forma continua y libre. El poder del dinero no está en sus cualidades materiales, sino en sus cualidades “inmateriales” como la confianza, la adecuada coordinación intertemporal del crédito, su estabilidad de precios, etc. Elementos que dependen de que los agentes que interactúan incorporen la información correcta de la forma adecuada.

Del mismo modo, los recursos materiales sólo son valiosos cuando se emplean coordinadamente. Por ejemplo, un sistema de transporte público con unidades de primera calidad puede no servir a nadie si no realiza el recorrido demandado en el momento demandado. Aumentar el número de unidades de transporte no resolverá el problema y aumentarlas no es gratuito, hay costes de oportunidad de por medio. Por eso el crecimiento desordenado, con información manipulada, como los tipos de interés o los precios, destruye capital porque hace que se emplee antieconómicamente y luego es muy difícil ajustarlo a las necesidades reales.

Invasión y riqueza

Si la riqueza es saber hacer con lo que se tiene, cabe preguntarse: ¿aumentan la riqueza tanto el aumento de los conocimientos como el de los recursos? En el primer caso, ambas vías funcionarían. Por ejemplo, si se sabe utilizar el petróleo para satisfacer las necesidades humanas y se obtiene más petróleo, entonces se satisface a más gente. Sin embargo, si el recurso es escaso, te verás obligado a aumentar los conocimientos, y los conocimientos son el único recurso que no viene dado. Así que aumentar el conocimiento es la ganancia neta.

Por consiguiente, la búsqueda constante de aumentar la cantidad de recursos naturales y materiales de que se dispone, por ejemplo, invadiendo otros territorios, a la larga aleja a una sociedad de la riqueza. La opinión pública mayoritaria sobre la riqueza que aportaría a los venezolanos la recuperación del territorio del Esequibo, actualmente gobernado por Guyana, es errónea. El Estado venezolano que administraría estos recursos es un destructor neto de capital.[1]

Del mismo modo, a nivel individual y de desarrollo personal, somos ricos en la medida en que tenemos los conocimientos correctos sobre gestión del capital y la sabiduría para ponerlos en práctica. Podemos heredar o ganar la lotería, haciéndonos ricos a corto plazo, pero sin conocimientos sobre cómo invertir y autocontrolar nuestros gastos, esa abundancia material no durará. La coordinación intertemporal también se da a nivel personal, cuando tomamos decisiones presentes buscamos que complementen o no contradigan nuestras decisiones pasadas y futuras. Cuando ahorramos para comprar algo y poco antes de alcanzar nuestro objetivo nos gastamos el dinero, hemos traicionado a nuestro yo pasado y futuro.

Liberalismo es riqueza y la riqueza genera abundancia

Se suele decir que el liberalismo genera riqueza porque donde se aplica aparece mayor abundancia material. Y como hemos mencionado ya, la abundancia material puede entenderse como una condición necesaria, pero no suficiente, para la riqueza. También se puede ver como una consecuencia de la riqueza; es decir, es el producto del enriquecimiento pasado o el producto de haber tomado decisiones correctas en su debido momento.

Al comprender que, para enriquecernos a nivel individual y colectivo, necesitamos:

1.    Un sustrato material mínimo, explotable, y que no necesariamente será mejor mientras más grande sea.

2.    Libertad para crear e incorporar información.

3.    Libertad para experimentar y cometer errores de manera continua.

4.    Sabiduría personal o instituciones sociales sólidas que faciliten la coordinación.

Nos damos cuenta de que, más que simplemente generar riqueza, el liberalismo es riqueza. Al adoptar un modelo liberal, obtenemos las condiciones necesarias para la generación de una abundancia material adaptada a las necesidades humanas. Bajo un modelo liberal, se genera e incorpora la información necesaria, y el sistema puede autoorganizarse y realizar ajustes pertinentes. Como contraparte, cuando perdemos la libertad, perdemos la riqueza y, consecuentemente, la abundancia material disminuye.

La pobreza está también en el sistema

De esta manera, podemos afirmar que la pérdida de libertad conduce a una abundancia descoordinada. Los países que han dejado de apostar por la libertad individual y el libre mercado ya no poseen riqueza, ya que sus sistemas se vuelven inflexibles y distorsionados. Aunque puedan tener una abundancia material residual, esta irá disminuyendo con el tiempo debido a la destrucción de capital que se produce al abandonar el modelo de libre mercado.

Finalmente, si la riqueza reside en el sistema, ¿dónde se encuentra la pobreza? De manera similar, en el sistema. Interpretar la pobreza como escasez material nos distancia de su comprensión integral. La humanidad ha prosperado gracias al conocimiento que ha obtenido y acumulado. Cuando se pierde o descarta ese conocimiento, o se restringe la formación y puesta a prueba del viejo y nuevo conocimiento, la pobreza surge de inmediato, manifestándose posteriormente en forma de carencias materiales.


Notas

[1] La principal razón para oponerse a la ocupación del Esequibo por parte del Estado venezolano radica en que, al abandonar el territorio y permitir que las instituciones estatales guyanesas lo gobiernen, los escasos habitantes han tendido a adoptar la cultura y las instituciones de Guyana. Es evidente que, cuando se les da la opción, estos pobladores prefieren ser parte de Guyana en lugar de Venezuela y eso debe ser la prioridad.

Ver también

Riqueza y pobreza en una lección. (José Carlos Rodríguez).

El lenguaje económico (XII): riqueza y pobreza. (José Hernández Cabrera).

La función social de la riqueza. (Adrián Ravier).

La riqueza. (José Carlos Rodríguez).

El Informe Kalven: ¿Medicina o veneno?

Por Tom Christina. Este artículo ha sido publicado originalmente en Law & Liberty.

Con gran respeto y gran reticencia, escribo para explicar mi desacuerdo con el análisis y las recomendaciones del reciente ensayo de John McGinnis, Atendiendo a la podredumbre en nuestras universidades.

No se puede negar la importancia de los problemas identificados en el ensayo del profesor McGinnis. Para nuestro horror, las universidades se han convertido en el caldo de cultivo de un antisemitismo asesino, vil hasta un punto que dejó atónitos a muchos observadores inmediatamente después del 7 de octubre de 2023. Resultaba nauseabundo escuchar cómo los manifestantes estudiantiles coreaban consignas de apoyo al exterminio de todos los ciudadanos israelíes.

Limpiar los establos de Augías

El antisemitismo es un síntoma de una grave enfermedad en el cuerpo político. El antisemitismo que se extiende por algunas de nuestras universidades más importantes es, sencillamente, un desastre cultural. Sus efectos se ven agravados por la dejadez, el cinismo y la fácilmente detectable falta de entusiasmo con que las universidades han respondido a esta barbarie.

La reacción inicial de los portavoces universitarios ante las manifestaciones a favor de Hamás, en las que pedían la destrucción total de Israel, fue tardía y rencorosa. Incluso cuando la presión financiera suscitó “condenas” más enérgicas, el mensaje se diluyó al menos de dos maneras. En primer lugar, recitando comparaciones inverosímiles entre los efectos de estas manifestaciones sobre los estudiantes judíos y los musulmanes. Y en segundo lugar, por la aparente falta de voluntad de las universidades de respaldar esas condenas despidiendo a los autores.

Incluso dos meses después del mortífero ataque furtivo de Hamás contra civiles israelíes, los presidentes de las universidades que testificaron ante un comité del Congreso no se atrevieron a denunciar la oleada de antisemitismo que envolvía a sus instituciones sin incluir “matices” que socavaran el mensaje. (Es alentador que uno de esos presidentes universitarios dimitiera cuatro días después, pero debemos tener en cuenta que limpiar los establos de Augías es una tarea heroica, que requiere esfuerzos hercúleos).

La etiología del antisemitismo

Aunque estoy de acuerdo con el diagnóstico del profesor McGinnis -que las universidades modernas están afectadas por la podredumbre, como él dice-, no lo estoy sobre la etiología de la enfermedad. En concreto, no creo que la “podredumbre” pueda explicarse en última instancia por los factores que señala en su ensayo: la no adopción del Informe del Comité Kalven de 1968; la creación de departamentos universitarios que promueven la “diversidad, equidad e inclusión”; la interseccionalidad; o las políticas de identidad. No creo que estos fenómenos lleguen a la raíz de la cuestión.

Una exposición completa de mis opiniones sobre este tema queda para otro día. Aquí intentaré demostrar que la fe del profesor McGinnis en el poder terapéutico del Informe Kalven está fuera de lugar. Ese informe, publicado en 1968 por un comité de profesores de la Universidad de Chicago, recomienda que la universidad como institución mantenga una estricta neutralidad, manifestada por un estricto silencio, sobre las cuestiones políticas y sociales del momento (que no sean las que afectan directamente a la función educativa de la universidad).

Las premisas del Informe Kalven son incoherentes con la concepción que el profesor McGinnis tiene de la universidad. Lejos de ayudar a elevar la educación universitaria de su actual estado degradado, los supuestos subyacentes en los que se basa el Informe Kalven sólo contribuyen a la podredumbre.

El rechazo del Informe Kalven a los principios de la Ilustración

Permítanme identificar primero la concepción central que subyace en el ensayo del profesor McGinnis. Escribe:

La ventaja comparativa [de la universidad] reside en la capacidad de difundir el conocimiento, no de trazar líneas políticas. … Con el tiempo, cabe esperar que un mayor conocimiento ayude a otros a trazar mejores líneas morales y políticas. … [Dejar que los individuos] saquen sus propias conclusiones descriptivas, pragmáticas y morales … acentúa la apertura epistémica que debería ser el sello distintivo de la universidad y su papel único a la hora de trascender las diferencias partidistas e ideológicas en una búsqueda de la verdad y el entendimiento.

John McGinnis, Atendiendo a la podredumbre en nuestras universidades.

Esta descripción del papel de una universidad que funcione bien es fácilmente reconocible. Se trata de la concepción idealizada de las instituciones de enseñanza propias del liberalismo clásico y, en concreto, del pensamiento de la Ilustración. Ese pensamiento se caracteriza por la creencia de que la felicidad y el bienestar humanos aumentan con el perfeccionamiento y la difusión del conocimiento, concretamente del conocimiento científico. Para los pensadores de la Ilustración era evidente que, en un ambiente de libre discusión y debate razonado, el conocimiento aumentaría a medida que se verificaran o falsificaran las distintas versiones de los fenómenos.

“Comunidad de académicos”

El informe del Comité Kalven tienta al lector a pensar que sus conclusiones se basan en el paradigma inherente al liberalismo clásico. La tentación comienza con el anuncio de que “la misión de la universidad es el descubrimiento, la mejora y la difusión del conocimiento”. A continuación, invoca una imagen idealizada de lo que denomina “[la] comunidad de académicos”.

[La universidad] es, volviendo una vez más a la frase clásica, una comunidad de eruditos. Para cumplir su misión en la sociedad, una universidad debe sostener un entorno extraordinario de libertad de investigación y mantener su independencia de modas, pasiones y presiones políticas. Una universidad, si quiere ser fiel a su fe en la investigación intelectual, debe acoger, ser hospitalaria y fomentar la más amplia diversidad de opiniones dentro de su propia comunidad.

Informe Kalven

Razonando aparentemente a partir de estas premisas, el Comité Kalven llegó a las siguientes conclusiones:

La neutralidad de la universidad… surge del respeto a la libre investigación y de la obligación de valorar la diversidad de puntos de vista. Y esta neutralidad como institución tiene su complemento en la plena libertad de sus profesores y estudiantes como individuos para participar en la acción política y la protesta social. También encuentra su complemento en la obligación de la universidad de proporcionar un foro para el debate más profundo y sincero de las cuestiones públicas. (énfasis añadido)

Informe Kalven

Protestas públicas y discusiones académicas

Estas conclusiones no son congruentes. La conclusión a la que se llega en la frase subrayada no es un “complemento” (es decir, un corolario) del “respeto” de la universidad por la libertad académica ni de su recién mencionada “obligación de valorar” la diversidad de puntos de vista. El intercambio de opiniones diversas puede desarrollarse perfectamente en el seno de la comunidad universitaria sin que ésta participe en la “acción política y la protesta social” fuera de la universidad.

De hecho, la acción política pública de los miembros de una comunidad universitaria puede impedir la difusión efectiva del conocimiento a una sociedad más amplia, aunque el Informe Kalven pasa silenciosamente por alto esta dificultad. Una protesta pública implica necesariamente simplificar una idea para el consumo público. La moneda de cambio de las protestas públicas es el eslogan. El eslogan es, en el mejor de los casos, la difusión de una conclusión que puede estar basada en el conocimiento, pero no es la difusión del conocimiento en sí. La sociedad exterior a la universidad queda excluida de cualquier debate razonado que pueda haber precedido a la formulación del eslogan, como un niño al que se excluye de una conversación sobre un tema demasiado maduro.

La inferencia del activismo en el prestigio

La protesta política o social de un miembro del profesorado también supone un obstáculo potencial para la difusión del conocimiento, ya que pone en entredicho su reputación de neutralidad y objetividad en el trabajo académico, una reputación de la que depende su credibilidad. Es bien sabido que la gente aprecia especialmente sus propias opiniones y a veces se aferra a ellas obstinadamente. Conociendo esta fragilidad humana, el público al menos se preguntará cuando un erudito escriba sobre el tema de una protesta en la que participó: ¿fue la erudición influenciada más por el amour-propre que por los méritos? El Informe Kalven ni siquiera reconoce este problema, negando de hecho su existencia sub silentio. Al hacerlo, revela su alejamiento del modelo de universidad que el profesor McGinnis tiene en mente.

De hecho, la prueba más clara de las premisas post-Ilustración del Informe Kalven se encuentra en lo que no dice, después de invitar primero al lector a pensar que el libre intercambio de opiniones divergentes entre el profesorado es el motor que impulsa el Autobús de la Verdad. Lleva al lector hacia, pero no del todo, una noción familiar para todos nosotros, conocida como “el mercado de las ideas”. Esa noción se convirtió en un elemento básico de la jurisprudencia de la Primera Enmienda del siglo XX tras su primera aparición en una disidencia del juez Holmes en Abrams contra Estados Unidos.

El mercado de las ideas

Sin embargo, aunque el Informe Kalven insinúa que la libertad de opinión ilimitada en el mundo académico expulsa las opiniones falsas como los productos de mala calidad, no lo dice explícitamente en ninguna parte, y no invoca “el mercado de las ideas” ni nada parecido cuando sería natural hacerlo.

La ausencia de un modelo como el del mercado de ideas en el Informe Kalven es motivo de asombro. ¿A qué se debe esta omisión claramente intencionada? No es desconocimiento del concepto. Sólo ocho años antes, el profesor Kalven había invocado el mercado de ideas en un artículo académico. Véase A Commemorative Case Note: Scopes v. State, 27 U. Chi. L. Rev. 505, 516-17 (1960): “La teoría clásica de la libertad de expresión… está vinculada… a la confianza en que la verdad no será vencida en una lucha justa, a la competencia en el mercado de las ideas”.

La única explicación plausible de la exclusión de este modelo del Informe Kalven es que, en 1968, la mayoría de los miembros del Comité ya no creían que la búsqueda de la verdad fuera un objetivo filosóficamente plausible. En las arboledas del mundo académico, la verdad se había convertido en la palabra primordial entre comillas aéreas.

Así, como patrocinadora de una comunidad de académicos, la Universidad protege el derecho a expresar cualquier punto de vista, no porque esa protección pueda conducir a alguna parte, sino porque la comunidad de académicos ya no cree que ningún punto de vista sea demostrablemente más válido que otro. En la Universidad, la tolerancia mutua de todos los puntos de vista es una norma de buena conducta, no una puerta a un mayor conocimiento. Lejos de adherirse al modelo liberal clásico de universidad implícito en el ensayo del profesor McGinnis, el Informe Kalven está impregnado de relativismo.

El Informe Kalven y la Escuela de Frankfurt

Ya sea por sí solo o junto con otras sugerencias del profesor McGinnis, la adopción del Informe Kalven no curará la podredumbre de las universidades occidentales. Por el contrario, la adopción del Informe Kalven es especialmente desacertada dada una de las causas fundamentales de la crisis de las universidades: el notable éxito de la Escuela de Frankfurt en la suplantación de otros modos de pensamiento social y político.

El principio animador de la Escuela de Frankfurt y de sus vástagos de los “estudios críticos” es el rechazo total de los ideales de la Ilustración. Esto implica negar categóricamente la validez de cualquier explicación de los fenómenos sociales y políticos que proceda de cualquier contexto que no sea perfectamente igualitario. La Escuela de Fráncfort sencillamente no acepta ni siquiera la norma de tolerancia mutua que sustenta el Informe Kalven. Es una fábrica de intolerancia.

Vías alternativas a la Universidad

Además, como espero demostrar en otro lugar, la magnitud de la podredumbre en nuestras universidades es en parte una función de los acontecimientos que preceden a la matrícula universitaria, como las tendencias en la crianza moderna de los hijos, el culto al título universitario y la deplorable deficiencia de la educación secundaria. Así pues, aunque estoy de acuerdo en que la gente responsable debería abstenerse de contribuir a Harvard, UPenn y la mayoría de las demás universidades, no creo que esos donantes deban financiar programas universitarios favorables a los conservadores del tipo que sugiere el profesor McGinnis.

Estos pequeños enclaves no mantendrán viva la cultura durante una época oscura. En el mejor de los casos, serán reductos a los que un puñado de pensadores imparciales puedan retirarse hasta que llegue una caballería imaginaria. En lugar de esta empresa quijotesca, los donantes deberían redirigir sus contribuciones a apoyar la creación de vías significativas hacia la edad adulta distintas de la educación universitaria, y a preparar mejor a los estudiantes que desean una educación universitaria para los desafíos a sus opiniones que conlleva esa educación.

Ver también

Atendiendo a la podredumbre de nuestras universidades. (John O. McGinnis).

Tres principios libertarios en tiempo de guerra

Por Patrick Carroll. Este artículo ha sido publicado originalmente por FEE.

La actual guerra entre Israel y Hamás parece haber sacado lo peor de muchas personas de ambos bandos, no sólo en el sentido de la sed de sangre, de la que por desgracia hay mucha, sino también en el sentido de dejar que las emociones se interpongan en el camino de un razonamiento moral claro. En menor medida, el conflicto entre Rusia y Ucrania ha dado lugar a resultados similares.

Desde las profundidades de las redes sociales hasta las alturas de la torre de marfil, las opiniones de la gente sobre estos conflictos han sido directamente descabelladas. Incluso aquellos que, por lo demás, son bastante buenos en muchas cuestiones, parecen haber dejado su brújula moral en la puerta al opinar sobre este tema.

En medio de este diluvio de malas interpretaciones, los libertarios tienen la oportunidad, y el deber, de aportar una auténtica claridad moral a estas cuestiones. Si podemos ser sensatos y tener principios, especialmente en tiempos de crisis, seremos mucho más respetados y estaremos mucho más cerca de ganarnos los corazones y las mentes de las masas.

Pero, ¿qué aspecto tiene la auténtica claridad moral cuando se trata de la guerra? ¿Cuál es la postura libertaria? He aquí tres principios que ayudarán a los libertarios a abordar esta cuestión.

1) Negarse a ignorar, condonar o justificar la matanza de inocentes

Hay mucha indignación en torno a este conflicto. Y de hecho, la indignación está plenamente justificada. Miles de inocentes están siendo asesinados, y eso debería hacernos hervir la sangre. Se están cometiendo grandes injusticias y hay que corregirlas. Pero hay formas mejores y peores de responder. Lamentablemente, ambas partes en este conflicto han respondido a las injusticias cometidas contra su pueblo cometiendo sus propias injusticias, perpetuando aún más el ciclo de violencia y dando a la otra parte aún más razones para arremeter.

Para discernir una solución mejor, tenemos que empezar por reconocer que ambas partes en este conflicto están cometiendo actos de maldad, como matar a civiles inocentes. Pero incluso esto está demostrando ser un punto de discordia. Por ejemplo, una de las primeras reacciones cuando estalló el conflicto entre Israel y Hamás fue este tuit de Ben Shapiro.

Con su comentario sobre “ambos bandos”, Shapiro parece apuntar al argumento de que ambos bandos tienen las manos manchadas de sangre. De algún modo, denunciar todas las injusticias forma parte del problema. La forma correcta de pensar sobre esto, presumiblemente, es mirar sólo a los crímenes de un lado, es decir, los crímenes de Hamás. Debería ser obvio por qué esto es lo contrario de la claridad moral.

La responsabilidad de ambos bandos en la guerra

Cuando ambos bandos matan a inocentes, hay que señalar a ambos. Podemos debatir el grado relativo de maldad que se está perpetrando, pero no hay lugar para ignorar selectivamente los actos de agresión contra inocentes. La existencia del mal en ambas partes debe ser reconocida y condenada por todos.

Ahora bien, mucha gente justifica el asesinato de inocentes con el argumento de que es necesario para defenderse, y, por tanto, el otro bando es “realmente” responsable de sus muertes. Por ejemplo, en respuesta a un comentario perfectamente civilizado y ecuánime de Piers Morgan en el que expresaba su consternación por las víctimas inocentes de ambos bandos, Ben Shaprio opinó: “Ambos son culpa de Hamás”.

Ben Shapiro

Pero esto no tiene ningún sentido. Digamos que un asesino en serie se esconde en un edificio de apartamentos lleno de civiles inocentes. Incluso si todo el mundo estuviera completamente de acuerdo en que el asesino en serie es culpable, peligroso y merece la muerte, ¿sería moral bombardear el edificio, matando al asesino junto con docenas de inocentes? Evidentemente, esto es ridículo. En esta equivocada búsqueda de la “defensa”, uno mismo se convierte en agresor.

Sin embargo, Ben Shapiro va un paso más allá. No sólo está justificado un atentado así a sus ojos, sino que la muerte de esos inocentes es de alguna manera culpa del asesino en serie. Según esta lógica, siempre que alguien comete un crimen y representa una amenaza activa, está justificado detenerlo por cualquier medio necesario, incluso matando a muchos cientos de inocentes, y la sangre de todos esos inocentes es de alguna manera responsabilidad de ese criminal y sólo suya. Sea lo que sea lo que representa este sistema, seguro que no es justicia.

Obsérvese que esto es igual de problemático para quienes, desde el otro bando, afirman que la matanza de palestinos inocentes por parte de Israel justifica las acciones de Hamás. Los izquierdistas propalestinos cometen exactamente el mismo error que Shapiro cuando justifican los ataques terroristas contra civiles israelíes.

2) Apoyar a los individuos, no a los colectivos

Los libertarios creen en los derechos individuales y en la responsabilidad individual, y en ningún lugar es esto más importante que en la guerra. Lamentablemente, la retórica colectivista domina estos debates, como cuando se llama agresores o defensores a grupos enteros de personas. ¿Cuál es la alternativa individualista?

En pocas palabras, condenamos a los agresores, es decir, a los individuos que cometen actos identificables de agresión, ya sea en nombre de un gobierno, una organización terrorista u otro grupo militar. Los libertarios no apoyamos a ningún “bando” en estos conflictos. No apoyamos a naciones, tribus o gobiernos. Más bien, estamos con los civiles inocentes de todos los bandos frente a quienes pretenden controlarlos.

Murray N. Rothbard y la guerra

Murray Rothbard expone brillantemente la mentalidad colectivista de la guerra en su libro Hacia una nueva libertad.

Con la superficie terrestre del globo ahora repartida entre Estados particulares, una de las doctrinas y tácticas básicas de los gobernantes de cada Estado ha sido identificarse con el territorio que gobierna. Dado que la mayoría de los hombres tienden a amar a su patria, la identificación de esa tierra y su población con el Estado es un medio de hacer que el patriotismo natural trabaje en beneficio del Estado. Si, entonces, “Ruritania” es atacada por “Walldavia”, la primera tarea del Estado ruritano y de sus intelectuales es convencer al pueblo de Ruritania de que el ataque es realmente contra ellos, y no simplemente contra su clase dirigente.

De esta manera, una guerra entre gobernantes se convierte en una guerra entre pueblos, con cada pueblo corriendo a la defensa de sus gobernantes en la creencia errónea de que los gobernantes están ocupados defendiéndolos. Esta estratagema del nacionalismo ha tenido especial éxito en los últimos siglos; no hace mucho, al menos en Europa Occidental, que la masa de súbditos consideraba las guerras como batallas irrelevantes entre varios grupos de nobles y sus séquitos.

Murray N. Rothbard. Hacia una nueva libertad.

Derecho a defenderse de un Estado agresor

Más adelante, en el libro, Rothbard destripa la idea de que un Estado “defensor” tenga algún “derecho” a “defenderse” de un Estado “agresor”.

“La idea de entrar en guerra para detener una ‘agresión’ es claramente una analogía de la agresión de un individuo a otro”, escribe Rothbard. Del mismo modo que Jones tiene derecho a defenderse cuando Smith le da una paliza, muchos sostienen que un Estado defensor tiene un derecho equivalente a librar una guerra “defensiva” cuando es invadido por agentes de otro Estado. También se deduce que otros países pueden intervenir en nombre del Estado “defensor”, ya que esto equivaldría a una “acción policial”.

“Pero ‘agresión’ sólo tiene sentido en el nivel individual de Smith-Jones, al igual que el propio término ‘acción policial'”, continúa Rothbard. “Estos términos no tienen ningún sentido a nivel interestatal”.

La analogía Smith-Jones

¿Por qué? Rothbard expone su razonamiento en términos inequívocos.

En primer lugar, hemos visto que los gobiernos que entran en guerra se convierten ellos mismos en agresores contra civiles inocentes; de hecho, se convierten en asesinos en masa. La analogía correcta con la acción individual sería: Smith golpea a Jones, la policía se apresura a ayudar a Jones y, al intentar detener a Smith, la policía bombardea una manzana y asesina a miles de personas, o ametralla a una multitud inocente.

Esta es una analogía mucho más precisa, porque eso es lo que hace un gobierno en guerra, y en el siglo XX lo hace a una escala monumental. Pero cualquier agencia policial que se comporte de esta manera se convierte ella misma en un agresor criminal, a menudo mucho más que el Smith original que inició el asunto.

Murray N. Rothbard. Hacia una nueva libertad.

Incluso si se acepta la analogía Smith-Jones, dice Rothbard, los defensores de las guerras “defensivas” no tienen argumentos. La misma analogía a la que apelan para justificar su posición, ¡en realidad la socava!

Los Estados no tienen propiedad sobre los territorios

“Pero hay otro defecto fatal en la analogía con la agresión individual”, continúa Rothbard, utilizando los hipotéticos Estados “Graustarkiano” y “Belgraviano” para demostrar su punto de vista.

Cuando Smith golpea a Jones o roba su propiedad, podemos identificar a Smith como un agresor del derecho personal o de propiedad de su víctima. Pero cuando el Estado Graustarkiano invade el territorio del Estado Belgraviano, es inadmisible referirse a la “agresión” de forma análoga. Para el libertario, ningún gobierno tiene una reivindicación justa de ningún derecho de propiedad o “soberanía” en un área territorial determinada.

La reivindicación del Estado de Belgravia sobre su territorio es, por tanto, totalmente diferente de la reivindicación del Sr. Jones sobre su propiedad (aunque esta última también podría, tras una investigación, resultar ser el resultado ilegítimo de un robo). Ningún Estado tiene ninguna propiedad legítima; todo su territorio es el resultado de algún tipo de agresión y conquista violenta.

Murray N. Rothbard. Hacia una nueva libertad.

Conflictos entre ladrones y agresores

Si asesinar a inocentes para detener a un agresor ni siquiera está justificado en el plano Smith-Jones, en el que Jones es al menos el legítimo propietario de su cuerpo, con mayor razón no lo está en el plano interestatal, porque los Estados ni siquiera son los legítimos propietarios de “su” territorio.

Ya sería bastante malo que los Estados asesinaran a inocentes para proteger a su población de cualquier forma de agresión. Pero en realidad, el Estado “defensor” asesina a inocentes para defender su propio monopolio de la agresión frente a otros posibles agresores.

“Por lo tanto”, concluye Rothbard, “la invasión del Estado graustarkiano es necesariamente una batalla entre dos grupos de ladrones y agresores: el único problema es que los civiles inocentes de ambos bandos están siendo pisoteados.”

Cuando dos mafias se disputan el territorio de una ciudad, ninguna de ellas es una “defensora” inocente y ninguna merece nuestro apoyo. Y yo diría que la única diferencia entre una mafia y un Estado es que este último se percibe como legítimo.

3) Defender una política exterior no intervencionista

Estados Unidos tiene una larga historia de no intervencionismo, y por buenas razones. El intervencionismo lleva asociados muchos problemas. En primer lugar, cuando un gobierno interviene en un conflicto exterior en nombre de una de las partes, millones de contribuyentes se ven obligados a financiar una iniciativa con la que están en profundo desacuerdo. Tal vez apoyen al otro bando, o tal vez simplemente no quieran participar en el conflicto. Independientemente de sus razones para oponerse a la ayuda, la cuestión es que se les obliga a financiar una causa en contra de su voluntad.

Esto es simplemente injusto. No se debe obligar a la gente a financiar cosas -especialmente guerras- con las que no está de acuerdo. Si usted personalmente quiere participar, siéntase libre de hacerlo de su propio bolsillo. Pero si siente algún respeto por la libertad de sus conciudadanos estadounidenses, respetará sus deseos de mantenerse al margen.

Y si el medio coercitivo de recaudar el dinero no es suficientemente malo, considere para qué se está utilizando el dinero. Estos fondos se están utilizando, entre otras cosas, para matar a miles de civiles inocentes. Como tales, los políticos y burócratas que facilitan esta financiación están actuando literalmente como cómplices de asesinato.

¿Una guerra de intervención “respetable”?

Resulta chocante, teniendo esto en cuenta, que la intervención extranjera esté incluso sobre la mesa como una opción respetable. En una sociedad justa, estos actores políticos serían procesados por facilitar actividades delictivas, no se les regatearía por cuestiones presupuestarias y, desde luego, no se les alabaría.

También hay razones consecuencialistas para oponerse a la intervención. El simple hecho es que cuando las potencias mundiales se involucran en un conflicto local, invariablemente se crea una situación más peligrosa que tiene el potencial de descontrolarse. Como escribió Rothbard en Por una nueva libertad: “Si este tipo de ‘seguridad colectiva’ se aplicara realmente a escala mundial, con todas las ‘Walldavias’ precipitándose en cada conflicto local y agravándolos, cada escaramuza local pronto se elevaría a conflagración global”.

Por todas estas razones, la intervención en guerras extranjeras debería estar prohibida desde el principio.

El camino de la guerra a la paz

Hay mucho más que decir, tanto sobre estos conflictos específicos como sobre las cuestiones filosóficas que rodean a la guerra en general. Para los interesados, antiwar.com ofrece un gran análisis en este sentido, y estos dos artículos también merecen la pena. Pero esperemos que se haya dicho lo suficiente en este punto para al menos exponer los argumentos libertarios básicos contra la guerra y la intervención extranjera. Y éste es un primer paso crucial.

El camino hacia la paz pasa por abrazar la filosofía libertaria y aplicarla correctamente. Sólo cuando lo hagamos pondremos fin al ciclo de violencia injusta y dejaremos atrás el sufrimiento, la muerte y la destrucción que se han vuelto demasiado familiares en todo el mundo.

Ver también

Sobre la guerra en Palestina. (Miguel Anxo Bastos).

La doctrina de la guerra y la guerra de Putin. (Alberto Illán Oviedo).

La advertencia de David Hume sobre las guerras permanentes. (Daniel Klein).

Las corridas de toros y el futuro de Argentina

No siempre me han gustado los toros. Escuché alguna vez decir a mi abuela, a quien sí le gustaban mucho, que iba a las corridas porque le gustaban los caballos y todo lo que hace el torero en la arena. No me gustaban, sintiendo incluso hasta repulsión y un reproche como de ética hacia las corridas, porque en algún grado participaba de un animalismo bobalicón. Por la gracia de Dios, superé esa infección mental y ahora me gustan mucho.

De cuando me gustaron los toros…

Comencé a ir a las corridas cuando tuve oportunidad de hacerlo y mi acercamiento a ellas fue, en el fondo, por dos vías. La primera fue yendo a ellas, justamente cada vez que he tenido la oportunidad, junto al único de mis amigos que ha tenido la entereza, la inteligencia, fibra moral y carácter de no dejarse influenciar por la moda de nuestra altura de los tiempos de rechazar las corridas por ser políticamente incorrectas. La otra forma en la que me he acercado a ellas es por medio del único camino que encuentro para acercarme a todo lo que me despierta interés, dada mi altísima, patentísima y muy inconveniente torpeza social: leyendo.

Leo tanto de corridas de toros como puedo, permaneciendo tan solo un fanático aficionado con aspiraciones de erudición en el campo. Que esto que digo sea la excusa por mi tono heroico cuando hablo de las corridas. Que seguro lo que sí conocen de toros notarán de inmediato.

… y Ernest Hemingway

Leo de sus raíces históricas. Aprendo que se pueden rastrear incluso hasta los etruscos. Sobre las corridas más memorables en España y en México. Sobre los toreros más famosos a lo largo de la tradición, que son famosos por su estilo y valentía. Sin duda, lo que más impacto me ha causado de todo lo que he leído sobre las corridas es el libro de Ernest Hemingway, Death in the Afternoon.

En ese libro, Hemingway escribe sobre la tradición de las corridas de toros en España. Describe los diferentes y muchísimos detalles de las etapas de las corridas, desde la crianza de los toros hasta la técnica de los matadores y de toda su cuadrilla. El libro es fascinante por la reflexión que el lector encuentra sobre la naturaleza de la valentía, el miedo, la habilidad y la tradición en el contexto de las corridas.

Además de todo esto, el autor escribe sobre la cultura española y la importancia histórica de los todos en la sociedad. Ha sido con ese libro que me enteré de Joselito y Belmonte, de la valentía de ambos, acompañada de la fuerza gitana de aquel y del apego al método y técnica de éste. Es a través de las imágenes de aquellos dos que veo a Morante la Puebla y a Luis Bolívar -sea lo que sea que signifique eso.

Una tragedia…

Ante la pregunta de qué son las corridas, uno de los argumentos que más llaman la atención del libro es el descarte de tratarse de un deporte. Se entiende, puesto que los resultados se llegan a conocer por un tipo de probabilidad, mientras que en las corridas hay certeza del resultado. Tampoco son las corridas precisamente un arte. Porque en ellas está ausente el elemento de la permanencia que vemos en él. Cada corrida es efímera. Persistiendo en la naturaleza de una taerde de toros, Hemingway propone que se vean como una tragedia, y expone este argumento con varias razones.

La muerte, el sacrificio del toro, que es una certeza, más no algo que podamos conocer por medio de alguna inferencia probabilística, es central. Es una tragedia sencillamente, porque implica la muerte violenta y predecible del toro, que es una bestia orgullosa y majestuosa; una cruda fuerza natural, lo cual cuesta mucho ver de primera mano. Además, el matador enfrenta un riesgo significativo de graves lesiones o incluso la muerte en cada enfrentamiento con el toro. Es una constante exposición al peligro, que precisa mucha valentía y técnica, lo que añade una considerable capa de tragedia a toda la situación.

Finalmente, tenemos el dramatismo y la intensidad emocional. Desde que sale el toro, con el afán de acabar con el matador, se construye un texto de tensión, valentía y confrontación entre el toro y el hombre. Termina percibiéndose como una especie de tragedia en la se ven entrelazadas vida, muerte, valor y miedo. Es una cita morir entre dos sustancias individuales, una participando de la razón, la otra blindada de ella. Es agencia y reacción, excluyéndose mutuamente.

Las corridas de toros, la acción humana y el triunfo de la razón

Han pasado los años y ya tengo un par de corridas más en mi haber. Y lo que veo cada vez que voy a una, desde el primer toro hasta el sexto, es una puesta en escena de una tragedia que involucra a la acción humana. Se enfrenta el hombre con su razón al autómata reaccionario del toro. Cada uno está puesto en función para acabar con el otro, siendo el triunfo del uno la inevitable derrota trágica del otro.

La encarnación de la razón, el matador, juzga constantemente, con información, que a pesar de todos sus esfuerzos no puede verbalizar, qué cursos de acción emprender. Suertes y movimientos resultan todo el tiempo de esos breves juicios. La verónica y el pase de pecho son utilizados como medios, que han probado ser eficientes en el pasado, para progresivamente disminuir la bravura del toro. Diezma su fuerza para que con cada una de ellas se vuelva más y más resistible. La estocada, el clímax de la corrida, consiste en clavar la espada entre los omoplatos del toro para provocar su muerte rápida.

Hasta el momento de su elegante muerte, después de varios minutos de ritual espectacular, el monopolio de la fuerza encarnada en el toro cesa, con la promesa de volver, y con la contrapromesa de volver a ser enfrentado por la razón, el matador. ¡Y esto es lo que más me conmueve y embelesa de la corrida! ¡Que la razón siempre triunfa! Que la razón de la acción humana siempre triunfa sobre la terquedad del toro. No es una probabilidad, sino una afirmación apodíctica.

El peronismo

El peronismo ha tenido una influencia significativa en la política argentina durante gran parte del siglo XX y XXI, con varios períodos en el poder, intercalados con interrupciones, golpes militares y otros eventos que han marcado la historia política del país. Hizo el peronismo del Estado argentino algo enorme, cada vez con más funciones. Tiende al monopolio de todo. De la fuerza, de la producción de bienestar, de las soluciones fáciles. Año tras año, cada vez es más y más grande. Ha sido una apuesta por la irracionalidad y la arbitrariedad de cualquier intento de avanzar en cualquier cosa.

Ha asignando recursos escasos hacia el único camino posible cuando se asignan por medio de un proceso distinto al proceso de mercado y el sistema de precios. Es el desperdicio, la generación de pobreza y la miseria generalizada de todos los habitantes -excepto de aquellos que forman parte del estado. Por mucho tiempo, la corrida de toros ha sido dominada, ante los ojos incrédulos del mundo, por el toro. Ha ganado cada vez más control sobre la arena. No ha habido banderilleros por un buen tiempo, y tampoco picador. Y el público fatigado ve cómo el matador emprende la faena, son los ojos vendados y las manos atadas.

El picador

Sin embargo, recordamos que, con paciencia y valentía, la certeza es que la razón siempre triunfa. Y el toro siempre muere a manos de ella, de la corona de la creación. Dando rienda suelta a la razón, liberándola para que elija los medios más eficientes para satisfacer las necesidades en sus diferentes grados de urgencia, siempre -¡siempre!- resulta en la liberación de las fuerzas creativas de los hombres. Una fuerza que les permite ponerse al servicio de los demás, en un afán imparable de creación de bienestar económico. Que reduce las capacidades y privilegios de la agencia criminal que es el estado. Una fuerza que libera aquellas fuerzas del mercado.

Si es que se viene pensando, a estas alturas, que Javier Milei es el matador en este símil, permítanme decepcionar en cierto grado. Hay que restarle utilidad al heroísmo de la imagen mental de verlo hincando mortalmente la espada entre los omoplatos del estado argentino. Milei es el picador, quien estratégicamente estaría llamado a restarle fuerza, bravura y velocidad al toro hipertrofiado del estado argentino y de sus medios.

Y, de fondo, el matador

Estratégicamente disminuido, enfrentándose a la certeza de su muerte, es el concierto de las acciones, la sociedad, la que pone la estocada final al estado, entendiendo que vivir libremente, sin interrupciones odiosas, es la única forma en la que vale la pena vivir: con respeto por la propiedad privada y poniéndose al servicio de los demás.

Me ha preguntado mi editor que cómo imagino el futuro del gobierno de Javier Milei. ¿Cómo me lo imagino? Pues que haciendo las cosas bien -que no es otra cosa más que el mercado, y no el estado, se encargue de todo-, y cumpliendo su promesa de estratégicamente disminuir el estado argentino, la sociedad argentina dará muerte solemne a esa bestia salvaje. Con algo de suerte y con mucho más esfuerzo, lo mismo sucederá en el resto de América Latina. Eso es lo que creo y espero que vaya a suceder. Sobre ello seguiré reflexionando durante las tres corridas a las que iré en un par de semanas.

Ver también

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Las ideas importan, y mucho

Javier Milei ha jurado al cargo de la presidencia de Argentina. Esto supone un cambio radical en el contexto político en el que se encuentra inmerso el país, que arrastra décadas de inoculación peronista, lo que ha supuesto la construcción, a lo largo del tiempo, de un aparato político sometido a las directrices, ideológicas y dependientes, de los dirigentes que propugnan alabanzas al socialismo desmedido e interesado.

Kirchnerismo, masismo y sanchismo

El ‘kirchnerismo’ ha supuesto el desprestigio de la política, como sucede en otros casos en el continente, como el masismo[1] en Bolivia o, más allá de esas fronteras, el sanchismo en España Los componentes son similares y difieren solo en las circunstancias y en la profundidad de su operativa. Hablamos de corrupción, vulneración del sistema democrático y del principio de contrapoderes, el enaltecimiento al líder, la difamación del adversario haciendo uso de los instrumentos del Estado y la construcción de un instrumento político al servicio de los intereses del líder y el partido.

Este es el contexto en el que aterriza el presidente argentino, además de la minoría parlamentaria con la que cuenta y la carencia de un partido político con poder y estructura territorial. Pero la política no sólo se trata de un sistema, un aparato al servicio del líder o un despliegue de poder capaz de articular cualquier estrategia para que la gestión de este se supedite a sus propios intereses. Las ideas también importan, mucho, y tienen consecuencias.

El papel de las ideas

Desde una derecha dispuesta a ‘mejorar las cosas’, que tiene consciencia de las dificultades y carencias de la política del mundo en el que vive actualmente y de la pérdida de credibilidad y brío, es más necesario que nunca, hoy, rescatar las palabras de Isaiah Berlin en las que parafrasea al poeta y filósofo alemán Heinrich Heine: 

Hace más de cien años, el poeta alemán Heine advirtió a los franceses que no subestimaran el poder de las ideas; los conceptos filosóficos engendrados en el sosiego del despacho de un profesor pueden destruir una civilización.

Esta concepción cobra especial importancia en el debate público de una derecha democrática que no parece tener claro el horizonte y que subestima a su adversario. La asimilación de ese error es, precisamente, el que ha concebido Javier Milei a la hora de proyectar su propuesta a la ciudadanía. La libertad como mensaje es un catalizador importante en una sociedad decante económica, política, social y moralmente como la Argentina de hoy después de más de setenta años de peronismo.

¿Qué es la libertad?

Pero un mensaje acerca de la ‘libertad’ que va más allá de la teoría, que permea en el individuo de a pie, con el ciudadano, el trabajador, el ama de casa, el obrero, el empresario, el estudiante universitario y el transportista.

Porque, ¿qué es la libertad? La respuesta en un discurso categórico sería llegar a fin de mes, contar con seguridad en el transporte público, poder estudiar, ser capaz de impulsar un emprendimiento, saberse parte de una sociedad que crece y se desarrolla. En síntesis, asumir que se puede crear, crecer y mejorar individual y colectivamente.

Estos conceptos, que parecen sencillos y nada elaborados, también son ideas porque entran en los marcos naturales de la gente y se canalizan de una forma reconocible, asimilable y, sobre todo, aplicable. Porque son las ideas las que condicionan la técnica y la estructura de las políticas públicas.

Un liberal sabe perfectamente que una reducción importante de impuestos implica un aumento de la productividad, del poder adquisitivo y el consumo. Al contrario, un socialista reconocerá en un paquete de medidas fiscales asfixiantes un principio de bienestar público, aunque todos salgan perdiendo. Esa es la diferencia y la radicalidad a la hora de ejecutar la gestión pública guiada por las ideas. En definitiva, la forma de hacer y ejercer la política. Además de dar la batalla cultural en un occidente democrático que, cada vez más, parece perder la brújula.

Milei contra todos

Javier Milei podrá ser calificado de populista, outsider, excéntrico, polémico, inquisidor, etc., pero se ha plantado contra todos. ¿Quiénes son todos? El sistema político argentino, la clase política denostada, el peronismo y el kirchnerismo ruines. ¿Cómo? Hablándole directamente a la gente, diciéndole la verdad de la situación (aunque en política esto suene a un idealismo innecesario) y, especialmente, constituyéndose en el canalizador de la insatisfacción, la frustración y el hartazgo de una sociedad al borde del abismo.

Este ‘experimento’, como lo califican algunos, no sin razón, podrá salir bien o mal, en un contexto económico y político francamente complicado. Pero lo que es seguro es que nos dejará muchas lecciones y experiencias, sobre todo, a la hora de plantear un proyecto alternativo frente a aquellos que consideran que la administración pública es su parcela agraria y los ciudadanos sus súbditos que confían en la paguita de fin de mes, concepción más bien similar a los tiempos de los opacos imperios o las dictaduras acérrimas. Y qué tiempos que seguramente añoran aquellos fracasados del 19 de noviembre. 


[1] Término referido al Movimiento al Socialismo, partido del expresidente Evo Morales y del actual presidente, Luis Arce.

Ver también

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).