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Fricciones europeas por la guerra de Ucrania

Desde enero de 2014, año en el que Rusia se anexionó ilegalmente la península de Crimea, Ucrania y los países de la Unión Europea se hallan ligados por un Convenio de asociación y libre comercio. En el momento que el gobierno ruso desató la guerra abierta el 24 de febrero de 2022, con la invasión de distintas partes de su país vecino, y reconoció como entidades independientes las regiones de Donetsk y Lugansk – parcialmente dominadas por  aliados armados suyos – aún no se habían desplegado plenamente sus efectos.

Libre comercio y libre movimiento

De forma consecuente, como parte de la natural respuesta de solidaridad ante una agresión tan injustificada, Parlamento y Consejo Europeo aprobaron un reglamento para levantar durante un año[1]casi todas las barreras aduaneras y contingentes a la importación que todavía se mantenían del lado comunitario. Por lo que vamos a comentar más adelante, reténgase que esas medidas precluirán el próximo 5 de junio, a no ser que las instituciones que las adoptaron prorroguen su vigencia o decidan anticipar los efectos del acuerdo comercial mencionado en primer lugar. Nótese, asimismo, que el complicado entramado de toma de decisiones permitiría a cuatro estados (de los 27 miembros) formar una minoría de bloqueo en el Consejo Europeo, dados los mecanismos de mayoría cualificada necesarios para manifestar su posición.

En paralelo, durante los primeros compases de la guerra se produjo también una decisión sin precedentes. A instancias de la Comisión de la Unión Europea, la mayoría de los países eliminó para los ciudadanos ucranianos los requisitos exigidos a los nacionales de países terceros para desplazarse por los países de la Unión Europea y los visados para la obtención de permisos de trabajo o residencia durante un periodo inicial de 3 años. Decisión muy acertada, pues facilitó la dispersión por Europa de estas personas según sus preferencias. En especial de ancianos, mujeres y niños, ya que el estado de guerra declarado y la ley de movilización forzosa, impiden, en principio, a los varones comprendidos entre los 18 y los 60 años salir de Ucrania, salvo si ocupan determinadas profesiones o concurren causas de exención del deber de alistamiento forzoso, como, por ejemplo, contar con más de 3 hijos dependientes o ser responsable único del cuidado de uno.

Irredentismo húngaro

Los iniciales cuellos de botella en el transporte hicieron pensar en un alojamiento prolongado en campamentos de refugiados en países fronterizos. A pesar de ello, lo cierto es que una parte apreciable de las personas desplazadas trabajan en empresas residentes en los países de acogida[2] o en otras que se han trasladado total o parcialmente de Ucrania.

Dicho lo anterior, la prolongación de la guerra en una situación de estancamiento de posiciones en los frentes de batalla, pone de manifiesto numerosas contradicciones en los países fronterizos de la Unión Europea. Conocida es la desconcertante equidistancia del gobierno húngaro de Viktor Orban, cuando no su afinidad con el régimen de Vladimir Putin anterior al conflicto, así como las trabas opuestas a ayudar al país agredido. Una posición estratégica que parece en parte relacionada con las apetencias territoriales sobre la zona fronteriza de Ucrania en los Cárpatos, donde se asienta una minoría húngara.  

Fronteras abiertas al cereal ucraniano

Menos conocida y, por lo tanto más sorprendente, ha sido la coordinada prohibición, a salvo, se dijo, de las operaciones en tránsito, de las importaciones de cereales y oleaginosas ucranianos por parte de los gobiernos polaco, eslovaco, húngaro, rumano y búlgaro, la cual comenzó el pasado Viernes Santo el primero de ellos, solo dos días después de la visita del presidente ucraniano Volodimir Żeleński a Varsovia.

Asumían, aparentemente, las reclamaciones de agricultores que denunciaban la afluencia masiva de cereales de esa procedencia que provocarían una competencia imbatible y el hundimiento de los precios. A la elección de la ruta europea no son ajenas las dificultades al transporte marítimo en el Mar Negro por el régimen ruso, pese al acuerdo tripartito de Estambul del verano pasado para desbloquear la exportación de cereales ucranianos a través del Mar Negro a países africanos y del Medio Oriente.

Pasión turca por Rusia

De hecho, el 25 de abril el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, ejerciendo como presidente rotatorio del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, planteó crudamente que su país incumplirá esos acuerdos si las sanciones impuestas contra Rusia no se levantan. Por si los gobiernos europeos no se hubieran enterado todavía del tipo de aliado que tienen en la OTAN, el gobierno turco ya ha anunciado que, a partir del 1 de mayo, el arancel sobre las importaciones de cereales de Ucrania a Turquía será del 130 por ciento, en lugar de la exención actual.

La torpeza de los países orientales de la UE[3] contradice flagrantemente las competencias de la Unión para decidir la adopción de medidas excepcionales en contra de reglamentos comunitarios en vigor y la pretendida solidaridad a Ucrania de la mayoría de estos países. No en vano, a mayor aprovechamiento de la producción agrícola del país invadido, menor será teóricamente la ayuda presente y futura que deberán prestar los países europeos.

Política agraria común

Las reuniones que han convocado el vicepresidente de la Comisión y el comisario del ramo para disuadir a los cinco países mencionados de continuar con las sanciones a los productos agrícolas y ganaderos ucranianos, al tiempo que se ofrecen compensaciones de urgencia para los sectores afectados, e, incluso, equivocadamente, puntuales contingentes para la importación, no han concluido con los resultados apetecidos hasta el momento.

En conclusión, cualesquiera que sean las soluciones parciales y de compromiso a las que lleguen los países de la Unión Europea, y el devenir de la guerra, las miserias de la política agraria común y de los grupos de presión europeos han quedado expuestos a la luz. Obviamente, los agresores y dictadores circundantes las conocen e intentan sacar el máximo provecho de ellas.


[1] Desde el 4 de junio de 2022 hasta el 5 de junio de este año. Reglamento (UE) 2022/870 del Parlamento Europeo y del Consejo de 30 de mayo de 2022.

[2] Según la Seguridad Social polaca (ZUS) en febrero de este año cotizaban en Polonia 746.000 refugiados, aparte de otros ucranianos que ya lo hacían antes del estallido de la guerra.

[3] Nótese, por otro lado, que en este caso echar la culpa a la burocracia de Bruselas tiene un difícil encaje en la retórica victimista habitual, cuando el comisario de agricultura, Janusz Wojciechowski, fue designado precisamente por el gobierno polaco.

Desamortización civil

A mediados del s.XIX, los liberales españoles llevaron a cabo una de las hazañas antiliberales más conocidas: la desamortización de los bienes eclesiásticos. Primero Mendizábal y después Madoz se dedicaron a expropiar los bienes considerados de manos muertas, esto es, sin suficiente productividad, con el fin de venderlos a precio superior y financiar así las guerras carlistas. Estas ventas supusieron unos suculentos ingresos para el Estado y la falta de estos fue una de las causas de la crisis del régimen de 1876 que terminó con el pronunciamiento de Primo de Rivera en 1923.

Las manos muertas del Estado

Pero, en los tiempos actuales de Estados del Bienestar, la situación de manos muertas ha pasado, más bien, al Estado. Para empezar, “la Seguridad Social tiene 874 inmuebles totalmente vacíos o sin uso”, con un coste de 143 millones al Estado. Los inmuebles o solares vacíos son directamente imposibles de conocer a efectos autonómicos o no digamos ya municipales. Mientras tanto, el sector público no deja de incrementar la presión fiscal sobre la economía privada a medida que entra en quiebra recurrentemente.

Aun así, esta pérdida de capital a manos llenas no se limita únicamente a los inmuebles vacíos. Las empresas públicas se han convertido en otro pozo sin fondo de dinero público malgastado a manos llenas. Los tertulianos se llenan la boca pidiendo la estatalización de servicios considerados arbitrariamente como esenciales, especialmente el suministro eléctrico o de gas. Mientras, el suministro de cartas se encomienda, en régimen de monopolio, a una empresa estatal, Correos, que ha perdido más de doscientos millones de euros sólo en 2022. Lleva seiscientos millones acumulados de déficit en tres años. A esto se suma que sus directos, que no tienen que rendir cuentas ante una junta general de accionistas, sino ante los políticos que ahí los han colocado, se reparten jugosos bonus (algunos de más de 50.000 euros anuales) por consecución de objetivos (que a saber cuáles son).

Beneficios míos, pérdidas vuestras

Las empresas estatales, por su propia naturaleza, no son entidades que se deban a unos accionistas, sino a unos políticos, tal y como hemos mencionado. No es de recibo que una persona sostenga una crítica a la clase política en su conjunto, mientras suspira para que ésta tome bajo su control mayores parcelas de la vida civil. Cabe imaginarse al político al que más odio visceral tengamos gestionando algún aspecto de nuestra vida para desarmar argumentalmente el control estatal.

Pero el que el Estado juegue a los empresarios tiene una consecuencia más perversa, y esta es la gestión de sus recurrentes pérdidas. Mientras que los beneficios son disfrutados por unos pocos, ahí está el caso de PetroBras, las pérdidas son sostenidas por aquellos a los que se decía defender con el paso de la gestión privada a manos estatales.

Una desamortización civil

Sin ir más lejos, este mes hemos conocido el fallo del Tribunal de Apelaciones argentino a favor de Repsol por la estatalización de YPF. El coste ascienda a 18.000 millones de euros. Alguno podría pensar que dicha indemnización podría costearse con los beneficios obtenidos a partir de la estatalización de la compañía. En tres días había perdido un 40% de su valor bursátil. Ya vemos cómo el Estado jugando a empresario, con personas que normalmente no han gestionado nada con una cuenta de resultados, supone un riesgo moral inasumible.

Por tanto, a los liberales del s.XXI les corresponde una tarea mucho más encomiable que la desamortización llevada a cabo en el s.XIX, que es la desamortización civil. Los activos en manos del Estado, especialmente las participaciones empresariales, deben pasar a manos de la sociedad civil. Los Estados deben quedar al margen de cualquier ejercicio empresarial, ya sea beneficioso o perjudicial desde el punto de vista contable. Los Estados no están para jugar a la tiendita con el dinero del contribuyente. Mil millones de euros perdidos por la SEPI únicamente en 2022 así lo atestiguan.

El entrelazamiento de la creación de la clase obrera con la formación del pilar obrero

El proceso de creación de la clase obrera, tal y como lo concibió Marx, pretendía crear una conciencia obrera basada en el antagonismo y la lucha de clases. Marx, así mismo, era laico; con una ideología profundamente antirreligiosa y cosmopolita. Pretendía movilizar a los trabajadores para destruir el orden capitalista y construir una nueva sociedad racional y secular socialista.

La hipotética clase obrera de la teoría marxista es el proletariado, oprimido y pobre, falto de cualificación y sin ninguna vía de integración en la nueva sociedad industrial del capitalismo. Los marxistas, en teoría, ignoraban e incluso odiaban a los trabajadores artesanos y cualificados, la “aristocracia obrera”, los miembros del pilar obrero. Sin embargo, la clave del éxito del marxismo fue la conquista del pilar obrero en las últimas décadas del siglo XIX.

El éxito clave del marxismo fue la conquista del pilar obrero y de su institución clave, los sindicatos, en la segunda mitad del siglo XIX. Este ocurrió en Alemania, afectando el desarrollo político en todo en Europa.

Sociedades de ayuda mutua

En Alemania, la avalancha de sociedades de ayuda mutua y sindicatos surgió en la década de 1850. Muchos trabajadores cualificados eran artesanos bien pagados en industrias artesanales y tenían una mentalidad pequeñoburguesa. Si se politizaban, lo hacían en el seno de los partidos liberales progresistas. La idea del socialismo fue un asunto más bien intelectual, en el que participaban Rodbertus, Lassalle, Engels y Marx, hijos de familias pudientes y cultas.

El primer partido socialista que pretendía representar a los trabajadores se creó en 1863 en Leipzig. El Allgemeiner Deutscher Arbeiter-Verein fue fundado por el carismático Ferdinand Lassalle, el competidor de Marx en el movimiento socialista alemán. Lassalle desarrolló un programa reformista. Exigía la democratización del Estado alemán y una expansión progresiva de las reformas del Estado del bienestar. El objetivo era establecer cooperativas de trabajadores subvencionadas por el Estado que sustituyeran a la propiedad individual.

Esta política reformista se expresaba en el título del periódico del partido, que se llamaba Der Sozial-Demokrat. Ferdinand Lassalle trató de buscar un compromiso con el Estado prusiano y con Otto von Bismarck, arquetipo del latifundista (Junker) prusiano conservador-modernizador estatista.

Lassalle y Bismarck

Ferdinand Lassalle y Otto von Bismarck se reunieron en secreto varias veces y Bismarck recordaba con cariño el poder intelectual de Lassalle. La inesperada muerte de Lasalle en un duelo en 1864 acabó la posibilidad de cooperación entre ambos. No obstante, esta cooperación era un faro para el futuro del desarrollo europeo: la cooperación entre el Estado y las organizaciones obreras reformistas apuntalando la unidad nacional para un objetivo nacional común.

Marx era revolucionario. Se opuso completamente al enfoque Lassalle-Bismarck y a la línea política acomodaticia de Lassalle. Irónicamente, “socialdemócrata” se convirtió en el nombre elegido para los partidos socialistas marxistas de todo el continente, emulando esencialmente el precedente lassalleano en Alemania. Esto es así porque dos miembros radicales del partido lassalleano, Wilhelm Liebknecht y August Bebel, se pasaron al marxismo revolucionario. Crearon un nuevo partido, el Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania, de orientación marxista en 1869.

Reforma o revolución

Los partidos marxista y lassalleano se fusionaron en el Congreso de Gotha de 1875. El programa del partido era una mezcla de ideas marxistas y lassalleanas, por lo que fue muy criticado por Marx. La Ley Antisocialista de Bismarck de 1878 radicalizó aún más el partido. Tras el levantamiento de la prohibición en 1890, el partido pasó a llamarse Partido Socialdemócrata de Alemania y adoptó un programa marxista en el congreso de 1891 celebrado en Erfurt.

A pesar de la adopción de un lenguaje y un programa marxistas revolucionarios, el partido estaba profundamente dividido internamente. Sus principales ideólogos eran intelectuales, como Karl Kautsky y Franz Mehring, defensores del marxismo ortodoxo. Los intelectuales marxistas depuraron con éxito la herencia ideológica lassalliana pro-prusiana y pro-estatal y hicieron que el partido sonara como un partido marxista revolucionario radical. El simbolismo de las consignas del partido lo convirtió en un partido extremista dentro del orden político alemán, a pesar de la creciente fuerza electoral del partido.

Eduard Bernstein

Sin embargo, la fachada revolucionaria desmentía en gran medida las prácticas reales del partido. La práctica real del partido era reformista y sus reivindicaciones concretas inmediatas contenían reformas democráticas y del bienestar que debía promulgar el Estado. Esta práctica recordaba a su herencia lassalliana. Los líderes sindicales eran especialmente fuertes entre las fuerzas de compromisos dentro del partido. Y arremetían contra los “literatos” por amenazar sus políticas de integración en el Estado alemán.

Esta diferencia entre los marxistas ortodoxos y los moderados prácticos se hizo aún más clara con la aparición del reformismo. Los reformistas surgieron como una ruptura ideológica en la década de 1890. Entonces, Eduard Bernstein rompió públicamente con el aspecto revolucionario del marxismo y adoptó las críticas de Carl Menger y Eugen von Böhm-Bawerk al Marxismo.

Bernstein dio un nuevo significado práctico posmarxista a la socialdemocracia. Propuso reformas del Estado del bienestar para reducir la desigualdad, así como medidas estatales para reformar el capitalismo. La idea era utilizar el poder democrático a través de medios electorales, al tiempo que aceptaba el capitalismo en forma de economía mixta. A pesar de los cambios prácticos, incluso Bernstein conservó en gran medida las consignas marxistas.

La oposición entre la práctica real y los principios retóricos fomentó la consolidación de un pequeño grupo de radicales dentro del partido, como Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, que creían sinceramente en el marxismo revolucionario.

Un partido roto en tres

Así surgió un partido dividido en tres partes. Los reformistas, que sólo defendían el marxismo como objetivo final, pero en la práctica eran una oposición leal del káiser, un pequeño núcleo de revolucionarios radicales y entre ellos los marxistas nominalmente ortodoxos, que hablaban como revolucionarios, pero aborrecían la revolución en sí. Estas divergencias no tenían mucha importancia en tiempos normales, pero en tiempos de crisis siempre daban lugar a fuertes luchas internas, que debilitaban al partido o incluso llevaban a escisiones.

Además, el tono revolucionario del partido bloqueó su aceptación en los círculos políticos más centristas y fue utilizado por los radicales de derechas para presentar al partido como una organización revolucionaria radical, bloqueando así la perspectiva de compromiso en la sociedad alemana.

Como hemos demostrado, la formación inicial de los sindicatos había precedido al establecimiento de los movimientos políticos socialistas. Una joven generación de activistas sindicales trabajó incansablemente para convertir el movimiento sindical de una comunidad parroquial en un movimiento de orientación socialista. Gracias a sus esfuerzos, los sindicatos se convirtieron en organizaciones socialdemócratas. El llamamiento marxista a ampliar la base de los sindicatos contribuyó al desarrollo de grandes sindicatos sectoriales y nacionales con objetivos políticos.

Integración en el partido

Aunque el partido y los sindicatos eran entidades jurídicas distintas, los sindicatos servían de base social del partido. Afiliarse a un sindicato equivalía a afiliarse al partido socialista. Los activistas y dirigentes sindicales tenían gran influencia en el partido debido en parte a su papel en la financiación de las actividades del partido. Esto era especialmente cierto en el caso de los sindicatos artesanales, ricos y bien arraigados. Los sindicatos apoyaban mayoritariamente las políticas reformistas y se resistían a la línea política marxista revolucionaria de los socialistas radicales. Por su parte, los socialistas radicales criticaron la dependencia del partido respecto a los sindicatos y fueron ardientes críticos del conservadurismo sindical.

Aún era más importante para el futuro, que la socialdemocracia se aliara con las jóvenes generaciones educadas de clase media social-liberal de izquierdas para luchar contra los restos semi-feudales, nacionalistas y tradicional-religiosos de la sociedad alemana con el fin de convertirla en una sociedad modernizada, racional, laica y verdaderamente “burguesa” o capitalista. Así, el partido tuvo un éxito de atraer la simpatía de la joven generación de la clase media burguesa intelectual progresista urbana. Se sintieron atraídos, por un lado, por el atractivo mensaje de la ideología socialista y, por otro, por los mensajes fuertemente anti feudales y reformistas, pro-modernización y pro-democráticos del partido.

El éxito de la socialdemocracia

Así, la clave del éxito de la socialdemocracia tuvo dos factores clave. En primer lugar, conquistó el pilar de los trabajadores, el movimiento sindical. En segundo lugar, la socialdemocracia tuvo bastante éxito en la construcción de una amplia coalición socialista amplia, interclasista. Ésta aseguró una base social más amplia para la socialdemocracia de lo que era el pilar obrero. La coalición socialista interclasista estaba compuesta por intelectuales socialistas radicales, clases medias progresistas, cultas, laicas y anti feudalistas y el pilar obrero de trabajadores urbanos institucionalizados a través de sindicatos y mutuas y asociaciones culturales relacionadas con los sindicatos.

Como toda gran coalición, tenía muchas facetas y objetivos políticos contradictorios. Hasta la tragedia de la Primera Guerra Mundial, el ala reformista, debido sobre todo a la influencia de los sindicatos, tuvo la influencia dominante. Los moderados y los reformistas bernsteinianos pudieron mantener el poder y marginaban a los intelectuales radicales revolucionarios.

Destrucción y radicalización

La Primera Guerra Mundial y la muerte y sufrimiento de millones de soldados, la miseria de la población civil ha cambiado todo. Los eventos desencadenaron la radicalización de una parte del movimiento socialista, así como de trabajadores e intelectuales, al tiempo que las élites dirigentes tradicionales y su liberalismo conservador ha perdido mucha legitimación, especialmente en los países que perdieron la guerra. Además, el éxito de los comunistas en Rusia tuvo importantes repercusiones. Creó tanta esperanza como miedo, a un nivel desconocido en Europa desde los tiempos de la revolución francesa en 1789.

Consecuencia de este miedo, era que la asociación de la socialdemocracia a las consignas marxistas bloqueó en muchos países la consolidación de la democracia política. Ya que el reformismo era visto como el trampolín hacia el comunismo, mientras los socialdemócratas también albergaban tendencias revolucionarias, que minaba sus pretensiones demócratas.

Socialdemocracia y Estado del Bienestar

Sólo aquellos países consiguieron mantener su sistema democrático en los que los moderados dominaban plenamente la socialdemocracia y rechazaban el marxismo, como en Suecia.

Sólo después de la Segunda Guerra Mundial se impuso el dominio reformista dentro de la socialdemocracia, lo que finalmente condujo al rechazo total del marxismo por parte de los partidos socialdemócratas.

Con el rechazo del marxismo, la socialdemocracia abrazó la integración de los trabajadores en el orden democrático liberal mediante la construcción de una economía de mercado controlada por el Estado del bienestar. Este rechazo les abrió el camino para ser partidos de gobierno y actores legítimos en un sistema democrático.

La disolución del pilar obrero

La consecuencia del desarrollo del Estado del bienestar fue la dilución del pilar obrero comunitario en la Europa occidental posterior a 1945. De hecho, una de las razones por las que Bismarck creó el primer Estado del bienestar, el alemán, fue para diluir las organizaciones obreras y hacer que los trabajadores alemanes fueran leales al Estado alemán.

La extensión del Estado del bienestar hizo redundantes a los sindicatos, la institución clave del pilar obrero: los servicios sociales de la cuna a la tumba fueron asumidos por el Estado. Este cambio trajo consigo una nueva ola de individualización. Todo el mundo se convirtió en cliente del Estado del bienestar universal, y los sindicatos perdieron su columna vertebral comunitaria. Siguen teniendo cierto papel en algunos lugares de trabajo como órganos de representación de intereses en las reivindicaciones locales, pero su alma comunitaria desapareció en su mayor parte. También se convirtieron en agentes del Estado del bienestar, legitimándose a sí mismos con exigencias cada vez mayores de ampliación del Estado del bienestar.

Las consecuencias más amplias de esta historia sobre el liberalismo pro-mercado y sobre los aspectos sociales de la teoría económica austriaca se analizarán en el próximo artículo.

Serie sobre el pilar obrero

I La formación del ‘pilar obrero’ y la creación de la clase obrera

II Integración del pilar obrero en el nuevo mundo del capitalismo industrial

El ciclo político es parasitario

El parasitismo puede ser entendido como una estrategia para obtener recursos (ganancias) o evitar pérdidas (costes) a costa de perjudicar a otros y suele ocurrir por medio del engaño, el robo y el inquilinato. El parasitismo puede ser temporal o permanente, en cuyo caso las estrategias varían ligeramente, un parasito temporal puede ser más destructivo que un permanente porque en el segundo caso el organismo parasitado debe sobrevivir y poder continuar obteniendo recursos sobre el cuales el parasito extraiga su parte.

El parasitismo no ocurre de manera aislada por lo que muchos otros elementos influyen sobre el sostenimiento de la relación parasitaria. Por un lado, el parasito puede ejercer influencia sobre el parasitado manipulándolo para que presente cambios que favorezcan al parasito y, por otro lado, el parasitado puede desarrollar mecanismos para defenderse ante el parasito, en cuyo caso ambos organismos entrarían en una competencia o carrera armamentista.

Fenotipo extendido

Un elemento interesante en el estudio de las estrategias en el marco del «fenotípico extendido» es que los parásitos pueden tener efectos sobre los genes del parasitado de la misma manera que el ambiente puede «moldear» evolutivamente al organismo. Sin embargo, no es necesario adentrarse en los cambios evolutivos que ocurren entre generaciones para entender que una estrategia parasitaria tiene un impacto complejo en el ambiente y el organismo.

Por ejemplo, el típico parasito intestinal puede afectar negativamente la salud, el desarrollo y la escolaridad de un niño, teniendo repercusiones importantes sobre su productividad e ingresos futuro, convirtiéndose en una variable que indirectamente lo mantienen en la pobreza y viviendo bajo condiciones insalubres que favorecen la propagación de parásitos intestinales.

A partir de la interacción compleja también es posible que una relación inicialmente parasitaria se transforme en una relación simbiótica, es decir, en algún punto de la parasitación los cambios que ocurren en los organismos o el ambiente permiten que el organismo que generalmente pierde o recibe muy poco de la relación pasa a recibir mucho más, de manera que le conviene la relación porque favorece su reproducción, adaptación o supervivencia.

Simbiosis

Este hecho nos permite entender las frecuentes simbiosis (ambos se benefician) entre los grandes empresarios y el Estado. Con frecuencia el Estado parasita a las empresas pequeñas y medianas imponiendo altos impuestos, documentos, permisos, cuotas, entre otro tipo de trabas burocrática, mientras que las empresas grandes suelen llegar a excelentes acuerdos con los políticos para obtener subsidio o protección frente a la competencia extranjera, nacional o frente la pequeñas y medianas empresas. En ese caso, entre el Estado y las grandes empresas hay simbiosis y entre el Estado y los autónomos, pequeñas y medianas empresas hay una relación parasitaria.

Cuando estudiamos las relaciones humanas, solemos enfocarnos en la forma en que el parasitismo constituye un obstáculo para el buen funcionamiento de los sistemas de cooperación, reciprocidad o mutualidad, por lo tanto, suele ser necesario que se identifiquen a los parásitos y tramposos con el objetivo de aislarlos, excluirlos o controlarlos. El problema se agrava cuando las personas con estrategias parasitarias emplean mecanismos políticos complejos para evitar ser excluidos o controlados y para obtener mayor poder sobre aquellos que parasita. Esto ocurre en la política actual, la cual se ha convertido en un campo de batalla en el que los parásitos buscan ganar más y retener a los parasitados, mientras que los parasitados buscan asilarse, excluir a los parásitos o poder generar simbiosis o sinergias sociales con ellos.

El Estado: el medio para parasitar

El Estado puede ser entendido como un parásito en sí mismo. Pero a los ojos de los votantes y grupos de presión parasitarios constituye el medio para conseguir sus objetivos. Así, al distribuir recursos desde quienes aportan más valor hacia quienes aportan menos, ejerce presión sobre los más productivos, generando que:

  1. Eviten formar parte de la clase parasitada, cambiando su comportamiento, evitando emprender, obtener mayores rentas, asumir riesgo que puedan traer potenciales beneficios, etc.
  2. Abandonen la relación parasitaria. Esta situación en ocasiones se sale de control dando rumbo a la migración de los individuos más talentosos, productivos, empresariales, trabajadores, planificadores, ambiciosos y flexibles del país.

Dos estrategias

En el primer caso, cuando casi nadie quiere llevar a cabo la conducta que es parasitada, el sistema entra en crisis. En ese punto, los políticos suelen buscar nuevos culpables o chivos expiatorios, por ejemplo, parasitan brutalmente a los negocios de comida hasta llevarlos casi a su extinción y luego pasan a atacar a los negocios financiaros, vendedores de electrodomésticos, etc. Eventualmente, no queda ningún agente que pueda ser parasitado, el sistema entra en crisis.

En el segundo caso, queda en el país individuos que no son necesariamente parásitos, en cuanto a que no pretenden vivir a costa de los demás, pero que si pueden presentar características socioeconómicas e individuales particulares que influenciaron en su decisión migratoria de no salir del sistema. Los más «parasitables» han abandonado el sistema y solo quedan los menos «parasitables». Resultaría descabellado pensar que las crisis socioeconómicas como la de Venezuela o Cuba generan una emigración aleatoria de rasgos de personalidad o aptitudes, en realidad ocurre una fuga de talentos y de individuos que son más abiertos a la migración o que se sienten más presionados por el ambiente que se vive en su país.

Comienzo del ciclo político

Cuando el parasitismo ha expulsado a una porción crucial de la población o una proporción muy grande de individuos que parasitar, enfrenta su extinción temporal como estrategia. Podríamos decir que en ese punto se sincroniza el ciclo parasitario con el ciclo político, ¿cuál ciclo político? El de socialización progresiva, expansión del estado de bienestar, incremento de la carga fiscal y la hostilidad hacia las empresas, que llega a un punto de insostenibilidad y requiere de liberalizaciones radicales.

En el ciclo parasitario, el punto de quiebre ocurre cuando a las empresas e individuos más capaces los costos de permanecer en el entorno parasitario han superado los beneficios personales, sociales y económicos de permanecer en dicho entorno, por lo que deciden abandonarlo.

Gradiente de parasitismo

Con este análisis no pretendo sugerir que existen entre los ciudadanos dos clases opuestas y claramente delimitados entre parásitos y parasitados, pero sí que existe una gradiente progresiva entre quienes presentan un saldo positivo y quienes presentan un saldo negativo neto por ciertas políticas públicas y fiscales. Además, parte de las consecuencias no intencionadas de ciertas regulaciones e intervenciones económicas son los cambios en los inventivos que hacen desaparecer ciertos comportamientos dentro del grupo o cierto tipo de individuos abandonan el grupo.

Del mismo modo, cabe mencionar un último punto interesante, los países que se liberalizan radicalmente, aunque por lo general sólo pasan a permitir el capitalismo y no el libre mercado o la libertad política, se convierten en entornos de altos riesgos y beneficios potenciales que atraen a individuos con preferencia por este tipo de espacios. En ese caso, el ciclo parasitario no expulsa ni vuelve a capturar al mismo tipo de personas en un orden secuencial.

El socialismo expulsa rápidamente a los individuos más correctos, menos corruptos y oportunistas, favoreciendo a los más mafiosos o parasitarios; y la reapertura económica atrae inicialmente a los más audaces y tolerantes al riesgo y, en la medida en que se reconstruye un orden institucional seguro y confiable, puede reaparecer un mayor autocontrol, virtudes burguesas y buenas costumbres.

Un ciclo

El parasitismo social siempre existirá, pero los grupos deberán encontrar formas de lidiar con ellos o de transformar la relación en simbiosis social. Sin embargo, el Estado, que es en sí mismo un parásito y un medio para parasitar, es un agente con un poder extraordinario que limita significativamente la capacidad social de hacer frente a los parásitos. Esto provoca que la estrategia se descontrole y que el parasitado muera o se retire; que emigre. En ese momento la estrategia deja de ser viable. Así, el Estado puede pasar a parasitar a los restantes o puede producirse una crisis que provoque cambios políticos e institucionales que atraigan de nuevo a los emigrantes o que favorezca la reaparición de las conductas desfavorecidas por el parasitismo previo.

En consecuencia, analizado de este modo, el ciclo político de socialización progresiva, crisis y liberalización es el ciclo de parasitismo progresivo, descontrol (consecuencias no intencionadas y cambios extendidos en el entorno) y disminución radical o cambio de estrategia.

El desmesurado esfuerzo del Gobierno por censurar la información (veraz) durante la pandemia

John Miltimore. Este artículo fue publicado originalmente por FEE.

En julio de 2022, Twitter suspendió permanentemente al médico de Rhode Island Andrew Bostom tras conceder al epidemiólogo e investigador de larga trayectoria de la Universidad Brown un quinto strike por difundir “información errónea”. Un tuit del 26 de julio en el que alegaba que no había pruebas sólidas de que las vacunas Covid-19 hubieran evitado la hospitalización de ningún niño – “los únicos datos de ECA que tenemos de niños revelan CERO hospitalizaciones evitadas por la vacunación frente al placebo”- fue aparentemente la gota que colmó el vaso. Lo curioso es que, al parecer, el tuit de Bostom era cierto.

“Se han saltado las directrices de los CDC”

El Dr. Anish Koka, cardiólogo y escritor, se mostró inicialmente escéptico ante la afirmación de Bostom. Pero después de hablar con él durante más de una hora, se dio cuenta de que Bostom estaba citando los propios datos del gobierno, un documento informativo de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) que incluía datos de ensayos controlados aleatorios (ECA) en niños. “…El tuit del Dr. Bostom parece bastante correcto, según los documentos de la FDA”, escribió Koka en Substack. “En los ECA disponibles, no parece haber pruebas de que la vacuna evitara hospitalizaciones”.

La suspensión permanente de Bostom fue una de las muchas anécdotas compartidas por el periodista David Zweig en un hilo de Archivos de Twitter de diciembre visto por más de 64 millones de personas, que expuso cómo el gobierno trabajó con Twitter para tratar de “amañar el debate Covid.” Resulta que este no fue el único de los tuits de Bostom que era cierto, pero que, sin embargo, fue marcado por “desinformación”.

“Una revisión de los archivos de registro de Twitter reveló que una auditoría interna, realizada después de que el abogado de Bostom se pusiera en contacto con Twitter, descubrió que sólo 1 de las 5 infracciones de Bostom era válida”, señala Zweig. “El único tuit de Bostom que todavía estaba en violación citaba datos que eran legítimos pero inconvenientes para la narrativa del establecimiento de salud pública sobre los riesgos de la gripe frente a Covid en los niños”. En otras palabras, los cinco tuits de Bostom marcados como “desinformación” eran legítimos. Al menos, cuatro de cada cinco lo eran, y eso según la propia auditoría interna de Twitter.

Burócratas árbitros de la verdad

Zweig analizó en parte cómo sucedió esto y explicó el enrevesado proceso de censura de Twitter, que dependía en gran medida de bots, contratistas en países extranjeros que carecían de la experiencia necesaria para tomar decisiones informadas, y de los altos cargos de Twitter que tenían sus propios prejuicios e incentivos. Esta estructura condujo a un resultado previsible.

“En mi revisión de los archivos internos”, escribe Zweig, “encontré innumerables casos de tuits etiquetados como ‘engañosos’ o eliminados por completo, a veces provocando suspensiones de cuentas, simplemente porque se desviaban de la orientación de los CDC o diferían de las opiniones del establishment”.

El CDC se había convertido en el árbitro de la verdad.

Suspendidos, vetados y desamparados

Esto es alarmante al menos por dos razones. En primer lugar, para cualquiera que conozca el historial del gobierno en materia de verdad, hay razones para ser escéptico a la hora de poner a cualquier agencia gubernamental a cargo de decidir qué es verdad y qué es mentira. En segundo lugar, el CDC ha sido, por decirlo amablemente, falible durante toda la pandemia. De hecho, la agencia ha estado plagada de tantas disfunciones y ha cometido tantos errores cruciales que su propio director anunció hace menos de un año que la organización necesitaba una revisión.

Así que hay razones para creer que Bostom y gente como él -incluidos epidemiólogos como el Dr. Martin Kuldorff (ex de Harvard) y el creador de la vacuna mRNA, el Dr. Robert Malone- estaban siendo suspendidos, vetados y desamparados simplemente porque Twitter no estaba bien situado para determinar qué era verdad y qué era mentira.

Sin embargo, hay razones para dudar de esta afirmación.

“Bromas preocupantes”, “inmunidad natural” y otras “posibles infracciones”

Meses después de que Zweig publicara su informe sobre los Archivos de Twitter, el periodista Matt Taibbi publicó otro análisis en profundidad del Proyecto Viralidad, una iniciativa lanzada por el Centro de Política Cibernética de la Universidad de Stanford.

El proyecto, que Taibbi describió como “un amplio esfuerzo multiplataforma para supervisar miles de millones de publicaciones en redes sociales por parte de la Universidad de Stanford, agencias federales y una serie de ONG (a menudo financiadas por el Estado)”, es digno de mención porque los funcionarios dejaron claro que uno de sus objetivos no era sólo señalar la información falsa, sino la información que era cierta pero inconveniente para los objetivos del gobierno. Los informes de “personas vacunadas que contrajeron Covid-19 de todos modos”, “bromas preocupantes” e “inmunidad natural” se caracterizaron como “violaciones potenciales”, al igual que las conversaciones “interpretadas para sugerir que el coronavirus podría haberse filtrado de un laboratorio”.

En lo que Taibbi describe como “un plan de vigilancia panindustrial de contenidos relacionados con Covid”, el Proyecto Viralidad comenzó a analizar millones de publicaciones diarias de plataformas como Twitter, YouTube, Facebook, Medium, TikTok y otros sitios de medios sociales, que se enviaban a través del sistema de tickets JIRA. El 22 de febrero de 2021, en un vídeo que ya no es público, Stanford dio la bienvenida al grupo a los líderes de los medios sociales y ofreció instrucciones sobre cómo unirse al sistema JIRA.

Verdadero, pero censurable

A diferencia de las anteriores directrices internas de Twitter, que exigían que las narraciones sobre Covid-19 fueran “demostrablemente falsas” antes de adoptar medidas de censura, el Proyecto Viralidad dejó claro que la información veraz también era susceptible si socavaba los objetivos generales del gobierno y del Proyecto Viralidad.

En concreto, se señalaron “historias reales que podrían alimentar las dudas [sobre las vacunas]”, testimonios personales sobre los efectos secundarios adversos de la vacunación, preocupaciones sobre los pasaportes de vacunación y muertes reales de personas tras la vacunación, como la de Drene Keyes.

Como señaló la NBC en 2021, Keyes, una mujer negra de 58 años, murió tras recibir la vacuna de Pfizer en febrero de 2021. Descrita como una “anciana negra” por el Virality Project, la muerte de Keyes se convirtió en un acontecimiento de “desinformación” después de que captara la atención de “grupos antivacunas”, aunque nadie negó que muriera pocas horas después de recibir la vacuna.

La táctica sediciosa de hacer preguntas

No se realizó autopsia a Keyes y no hay forma de saber si la vacuna causó su muerte. Pero el mero hecho de plantear la posibilidad podría haber dado lugar a una prohibición. Funcionarios del Proyecto Viralidad advirtieron a las plataformas que “sólo hacer preguntas” -al menos las preguntas equivocadas- era una táctica “comúnmente utilizada por los difusores de desinformación”.

Irónicamente, señala Taibbi, el propio Virality Project a menudo estaba “extravagantemente equivocado” acerca de la ciencia de Covid, describiendo los eventos de avance como “eventos extremadamente raros” (un hecho que más tarde admitió que era erróneo) e implicando que la inmunidad natural no ofrecía protección frente a Covid.

“Incluso en su informe final, [el Proyecto Viralidad] afirmó que era información errónea sugerir que la vacuna no previene la transmisión, o que los gobiernos están planeando introducir pasaportes de vacunas”, escribe Taibbi. “Ambas cosas resultaron ser ciertas”.

No pueden con la verdad

Está claro que el propósito principal del Proyecto Viralidad no era proteger a los estadounidenses de la desinformación. Su objetivo, como señala Taibbi, era conseguir que el público se sometiera a la autoridad y aceptara la narrativa Covid del Estado, en particular los pronunciamientos de figuras públicas como los doctores Anthony Fauci y Rochelle Walensky.

La política oficial puede resumirse en las inmortales palabras del coronel Nathan Jessup, el villano interpretado por Jack Nicholson en la popular película de Aaron Sorkin A Few Good Men (1992): “No puedes con la verdad”.

Es importante entender que los funcionarios públicos, al igual que el coronel Jessup, lo creen de verdad. Jessup pronuncia estas palabras con rabia en un maravilloso monólogo, después de que el teniente Daniel Kaffee (Tom Cruise) le incite a decir al tribunal lo que realmente siente. Del mismo modo, los Archivos Twitter revelan un programa diseñado para controlar la información -incluso la verdadera- porque sirve al plan del Estado.

El planificador

La última palabra -plan- es importante, porque recuerda la advertencia de Ludwig von Mises sobre quienes pretenden planificar la sociedad.

“El planificador es un dictador en potencia que quiere privar a todas las demás personas del poder de planificar y actuar según sus propios planes”, escribió Mises. “Aspira a una sola cosa: la exclusiva preeminencia absoluta de su propio plan”.

Las palabras de Mises se aplican perfectamente al Proyecto Viralidad, un programa diseñado específicamente para que la gente se someta a la narrativa y los objetivos del gobierno, no a los suyos propios. La preeminencia del plan es tan importante que requiere censurar la información y apuntar a los individuos -como hizo el Proyecto Viralidad- aunque sea cierta.

Es difícil exagerar lo orwelliano que es esto. En la novela clásica de Orwell Diecinueve Ochenta y Cuatro, Winston Smith, el protagonista de la historia, dice: “La libertad es la libertad de decir que dos más dos son cuatro”.

Orwelliano

Sin contexto, la cita no tiene mucho sentido. Pero es importante entender que Orwell veía el estatismo y la política como fuerzas destructivas de la verdad. Sus propios roces con la propaganda estatal durante la Guerra Civil española le dejaron aterrorizado de que la verdad objetiva se estuviera “desvaneciendo del mundo”, y veía al Estado como inherentemente propenso a la ofuscación y el eufemismo (independientemente del partido).

“El lenguaje político”, escribió, “está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas y los asesinatos respetables, y para dar una apariencia de solidez al puro viento”.

En el contexto de Mil novecientos ochenta y cuatro, el significado de las palabras de Winston Smith queda meridianamente claro. Decir “dos más dos son cuatro” puede ser una verdad objetiva, pero a veces la verdad objetiva va en contra del plan del Gran Hermano. Winston Smith aprende despacio, le dicen los agentes del Estado, porque parece que no puede comprender esta sencilla realidad.

A veces son cinco

Wiston: ¿Cómo puedo evitarlo? ¿Cómo puedo evitar ver lo que está delante de mis ojos? Dos y dos son cuatro.

O’Brien: A veces, Winston. A veces son cinco. A veces son tres. Otras son todos a la vez. Debes esforzarte más.

George Orwell. 1984.

Muchas personas que vivieron la pandemia de Covid-19 probablemente puedan identificarse con el terror de Mil novecientos ochenta y cuatro y el miedo de Orwell a que la verdad objetiva “se desvanezca del mundo”. Fuimos testigos de cómo funcionarios públicos decían cosas que eran demostrablemente falsas y no se enfrentaban a ninguna consecuencia, mientras que Andrew Bostom e innumerables otros eran exiliados del discurso público porque decían cosas que eran ciertas, pero que iban en contra de la narrativa del Estado.

Afortunadamente, en gran parte debido a la compra de Twitter por parte de Elon Musk, ahora sabemos cómo sucedió esto.

“El gobierno, el mundo académico y un oligopolio de competidores corporativos se organizaron rápidamente detrás de un esfuerzo secreto y unificado para controlar los mensajes políticos”, escribe Taibbi.

Un espíritu censor

Todo estaba diseñado para controlar la información. Y al hacerlo, el Estado -que de hecho intentó crear un “Consejo de Gobernanza de la Desinformación”, que los críticos no tardaron en bautizar como Ministerio de la Verdad- creó un entorno hostil a la libertad de expresión y a la verdad.

Irónicamente, a pesar de los atroces abusos cometidos contra la verdad en los últimos tres años en nombre de la lucha contra la “desinformación”, las encuestas muestran que aproximadamente la mitad de los estadounidenses creen que las empresas de medios sociales deberían censurar este tipo de material de sus sitios. Pocos parecen darse cuenta de que esto implicará casi con toda seguridad que aquellos con influencia y poder -especialmente el gobierno- decidan quién y qué se censura.

Es una receta para el desastre. La historia demuestra que no hay mayor proveedor de falsedad y propaganda que el propio gobierno. Los archivos de Twitter son un recordatorio de ello.

Por qué los liberales deben participar en la guerra cultural

Kristian Niemetz. Este artículo ha sido originalmente publicado por el IEA.

Mi colega Reem Ibrahim realizó recientemente una encuesta en Twitter sobre la pregunta “¿Deberían los libertarios participar en la guerra cultural?”, que estuvo a punto de replicar Los Números Malditos (es decir, el resultado 52-48 del Referéndum de la UE): El 48,6% votó “Sí”, y el 51,4% votó “No”. Debe de ser el resultado más ajustado que se haya producido nunca en una encuesta de Twitter.

Quizás no sea sorprendente. De hecho, no es inmediatamente obvio por qué los libertarios, o incluso los liberales, deberían tomar parte en la Guerra Cultural. Hay excepciones importantes, pero en general, el progresismo woke no viene impuesto por el Estado.

Pensamiento de grupo

Es una forma de pensamiento grupal de la élite (o, mejor dicho, de competición de estatus dentro de la élite), que luego se “filtra” (¡perdón!) a la cultura dominante, donde se convierte en presión de grupo y conformismo social. Existe una élite cultural woke, pero está muy separada de la élite política. Por eso prospera tan fácilmente bajo gobiernos de derechas, por ejemplo, un gobierno tory en el Reino Unido, una coalición conservadora-liberal en Alemania, o incluso el presidente Trump en Estados Unidos.

Ahora bien, nadie ha dicho nunca que una sociedad liberal sea una sociedad sin presión de grupo. En una sociedad que es políticamente liberal, pero socialmente conservadora, puede haber presión social para asistir a la iglesia, casarse y tener hijos. ¿Es realmente tan diferente, cualitativamente, una sociedad woke, en la que estás bajo presión para repetir los últimos tópicos de moda sobre la “transfobia” y el “privilegio blanco”?

No obstante, creo que los liberales no sólo deberían participar en la guerra cultural, sino estar a la vanguardia de ella.

Progresismo woke y economía

Los liberales que prefieren mantenerse al margen de la guerra cultural la ven como una distracción de temas más importantes, como nuestra área central: la economía. Y entiendo por qué. Con una inflación de dos dígitos, una crisis inmobiliaria, una crisis energética y un sistema sanitario que se cae a pedazos, ¿deberíamos estar hablando de pronombres y cuotas de diversidad?

Pero es un error tratar la guerra cultural como algo separado de la economía. Hay una enorme área de solapamiento. Los progresistas woke creen que las diferencias en los resultados -incluidos los resultados económicos- entre los distintos subgrupos de la población son el resultado de la discriminación, los prejuicios, la intolerancia y las estructuras de poder ocultas. No se sienten especialmente obligados a demostrar que esa es la razón, a diferencia de, por ejemplo, que personas diferentes simplemente toman decisiones diferentes. Simplemente lo afirman.

El enfoque liberal de estas cuestiones es fundamentalmente distinto. Para nosotros, se trata de cuestiones estrictamente empíricas. Podemos tener una corazonada sobre lo que podría estar causando los resultados económicos, y algunas explicaciones pueden sonarnos más plausibles que otras, y/o coincidir con nuestra propia experiencia personal. Pero también sabemos que las corazonadas son una guía traicionera para la economía, y que nuestra propia “experiencia vivida” puede ser muy poco representativa.

Guerra cultural con lógica económica

No se puede afirmar sin más que X está causado por Y, y luego tratar de verdad evidente, y acusar de mala fe a todo el que lo dude. “X está causado por Y” es una hipótesis. Una hipótesis es un buen punto de partida, pero hay que ponerla a prueba. Y hay que estar abierto a la posibilidad de que sea errónea.

Una de las razones por las que el liberalismo es irreconciliable con el progresismo woke es que el progresismo woke suele ser simplemente erróneo desde el punto de vista empírico. Por ejemplo, la diferencia salarial entre hombres y mujeres. La opinión de moda sobre la brecha salarial de género es que es el resultado de estructuras de poder patriarcales ocultas, del sexismo y de la misoginia. Pero una vez que lo analizamos empíricamente, como algunos de mis colegas llevan haciendo muchos años, resulta rápidamente que esto simplemente no es cierto. Las diferencias salariales entre hombres y mujeres existen por razones perfectamente inocuas e inofensivas.

Señalarlo es un argumento económico. Pero también significa participar en la guerra cultural. Significa luchar contra la guerra cultural armados con la lógica económica. Los culture warriors woke esgrimen argumentos (o más bien, afirmaciones) económicos todo el tiempo. Decir que la diferencia salarial entre hombres y mujeres es el resultado de una discriminación sexista es un argumento económico. Decir que el mundo occidental se enriqueció gracias al comercio de esclavos y al colonialismo es un argumento económico. Decir que el capitalismo es un sistema racista es un argumento económico. Los guerreros culturales woke ya han aparcado sus tanques en nuestro césped. No importa si queremos librar una guerra cultural o no. Ya estamos en una. El otro bando ya la ha iniciado.

Normas de debate

La “guerra cultural”, en sentido estricto, suele referirse a cuestiones candentes como el género, la raza y el islam. Pero también se trata de una cuestión más general: ¿cómo debemos manejar los desacuerdos en la sociedad? ¿Debemos enfrentarnos a las ideas contrarias e intentar explicar por qué pensamos que son erróneas? ¿O debemos intentar movilizar a una turba para que reprima a gritos a nuestros oponentes y los expulse del espacio público?

Naturalmente, los liberales están en el primer bando, los progresistas en el segundo. Esto es importante aunque no nos interese el tema del día. Una vez que las normas de “debate” woke sean ampliamente aceptadas, no habrá forma de que se queden confinadas a los temas de la Guerra Cultural tal y como ahora entendemos el término. Se extenderán a otras áreas y se extenderán hacia el exterior. Como demostró el episodio de Molly-Mae el año pasado, esto ya está ocurriendo.

Creación de coaliciones

Como ha demostrado mi colega el Dr. Steve Davies, Gran Bretaña ha experimentado recientemente un reajuste político. La economía ya no es el principal factor determinante de la posición política e ideológica de los ciudadanos. La cultura y la identidad han ocupado ese lugar.

Esto no es cierto para todos, pero sí para gran parte de la derecha política. Muchos derechistas están mucho más animados por las cuestiones de la guerra cultural que por la economía. Si logramos aliarnos con ellos en torno a nuestra oposición común al progresismo, puede que también escuchen nuestros argumentos económicos con más simpatía. Si no lo hacemos, la derecha antiliberal -los posliberales y los comunitaristas- ocupará ese espacio.

“Formar una alianza” no significa que tengamos que tener posiciones idénticas, ni siquiera particularmente similares. Un liberalismo antiwoke puede seguir siendo muy liberal desde el punto de vista social. Seguirá siendo muy diferente del conservadurismo “Gammon”.

Pero, al menos en el contexto de la Gran Bretaña de la década de 2020, sería inapropiado entrar aquí en el bipartidismo. Los impulsos autoritarios proceden casi exclusivamente de un lado del espectro ideológico: la izquierda progresista y woke. Los tan denostados “Gammon” no son los que intentan imponer sus valores culturales a todos los demás. Afortunadamente, Gran Bretaña no tiene una derecha “trumpiana”, y mucho menos una derecha “orbaniana”. El conservadurismo antiwoke que tenemos es relativamente benigno. Deberíamos estar agradecidos por ello y aprovecharlo al máximo.

El verdadero problema de las ciudades de 15 minutos

Matthew McCartney. Este artículo fue originalmente publicado en CapX.

En febrero, una protesta contra las medidas de reducción del tráfico tomó un cariz sorprendente. Entonces, unas 2.000 personas salieron a la calle portando pancartas con lemas sobre “guetos de 15 minutos”, “el nuevo orden mundial” y exhortando a los espectadores a “despertarse, gente, despertarse”. La histórica ciudad se ha convertido en un foco de teorías conspirativas muy modernas en torno al concepto de ciudades de 15 minutos. Pero estos manifestantes no entienden nada. Olvídense de la idea de que siniestros urbanistas quieren encerrar a la gente en ciudades-prisión; la verdadera pregunta es: ¿de quién son los 15 minutos?

En realidad, la “ciudad de 15 minutos” no es más que un nuevo eslogan concisivo unido a un viejo concepto. Los urbanistas llevan años hablando de la importancia del localismo y de los barrios de usos mixtos. Fue un componente destacado en las campañas electorales de Anne Hidalgo, alcaldesa de París desde 2014. La gloriosamente extravagante nueva ciudad de 500.000 millones de dólares en Arabia Saudí Neom – The Line, aunque tiene 170 km de largo (y solo 200 metros de ancho), ha prometido que los residentes tendrán acceso a todas las instalaciones a menos de cinco minutos a pie. La idea de una zona que proporcione a sus residentes educación, asistencia sanitaria, trabajo y cultura a menos de 15 minutos en bicicleta de casa suena bien. Pero el gran problema es la desigualdad.

Ganadores y perdedores

Es probable que la creación de ciudades de 15 minutos encierre prosperidad para algunos y privación en otras burbujas urbanas. El fenómeno ya se ha observado en todo el mundo con el auge de las urbanizaciones cerradas. Tomemos como ejemplo la ciudad escocesa de Glasgow. Algunas burbujas urbanas de la ciudad se caracterizan por una amplia prosperidad y otras por la privación crónica, la pobreza infantil, el elevado número de suicidios juveniles y el alcoholismo. La desigualdad más llamativa no se da entre Glasgow y otras ciudades y regiones del Reino Unido. Se da entre las distintas zonas de Glasgow, donde la esperanza de vida masculina puede diferir en más de 15 años.

Yo vivo en Tooting Broadway, al sur de Londres. Tengo la suerte de contar con una consulta médica, un supermercado, un bonito pub, una guardería, una estación de metro y un parque. Todo ello está a menos de 15 minutos a pie de la puerta de mi casa. Puedo trabajar desde casa para grupos de reflexión internacionales y, como muchos de mis amigos londinenses, no tengo coche porque no me hace falta. Si quiero cruzar la ciudad para ir a restaurantes y salir de noche, puedo coger taxis o el transporte público. En otras palabras, me muevo por la ciudad de los 15 minutos a mi placentera conveniencia. Pero mi comodidad depende del trabajo de otros. La mano de obra local de los servicios mal pagados en cafeterías, restaurantes, supermercados y empresas de reparto como Deliveroo. Mi ciudad de 15 minutos es la trampa económica de otros.

Las ciudades y el mercado laboral

Alain Bertaud ha escrito sobre “las ciudades como mercados de trabajo“. Un mercado laboral que funcione bien se estructura en torno a la interacción de una población diversa y empleos especializados en los que trabajadores, consumidores y proveedores intercambian mano de obra, bienes e ideas con facilidad. La ciudad de 15 minutos contradice este razonamiento económico. Los empresarios de éxito no seleccionan a sus empleados en función de su lugar de residencia; tampoco los trabajadores especializados seleccionan sus empleos en función de la proximidad a sus residencias.

Trabajando a distancia en Londres, formo parte de un mercado laboral global que ajusta mis aptitudes y experiencia a la satisfacción laboral y los ingresos. Pero si la mano de obra que me permite hacerlo se limita a una ciudad a 15 minutos, se verá privada de elección de ocupación. Estará confinada al mercado laboral de una pequeña burbuja urbana. Algunas de esas burbujas están marcadas por buenos servicios y altos precios de la vivienda, y otras por malos servicios y precios de la vivienda más bajos; en cualquier caso, los pobres salen perdiendo.

¿Es la solución innovadora que necesitamos?

Así que digo “sí” a algunas de las ideas (no muy innovadoras) de la ciudad de 15 minutos. Por ejemplo, más servicios locales como sanidad y educación, más comercios y cafeterías locales, un mayor énfasis en el uso local de la bicicleta y sus beneficios asociados para la salud y el medio ambiente. Pero en cuanto a convertirlo en un objetivo de la planificación urbana, es un “no” rotundo. Las ciudades pueden ser motores de crecimiento económico, reducción de la pobreza y oportunidades culturales y comerciales cuando funcionan con un mercado laboral que abarca toda la ciudad.

Los pobres del Reino Unido, y luego de todo el mundo, escaparon de la pobreza de la vida agraria en el siglo XIX para aprovechar las oportunidades de la industrialización urbana. Intentar recrear pueblos de 15 minutos sería dar marcha atrás a 200 años de progreso social y económico. Las ciudades deben hacer hincapié en la asequibilidad (de la vivienda) y la movilidad (de la mano de obra) para ofrecer opciones a los pobres y garantizar que conservan su papel como motores del crecimiento económico integrador.

Me encanta la sensación de 15 minutos cuando paseo por Tooting. Pero al crecer en una ciudad rural que tardaba el mismo tiempo en recorrer en su pintoresca totalidad, no veía el momento de marcharme. La razón por la que las ciudades han sido históricamente tan transformadoras socialmente es precisamente porque permiten a la gente escapar de sus burbujas de 15 minutos.

Bitcoin y elefantes rosas

Después de la quiebra del exchange FTX a finales del año pasado, ha habido un run run en los mentideros del mundo cripto sobre una posible operación política para excluir a los exchanges cripto del sistema bancario americano. Es la llamada operación chokepoint 2.0, que ha pasado de ser considerada una teoría conspiranoica, a acabar demostrándose cierta.

Una operación quirúrgica…

El primer objetivo de esta operación fue el banco SilverGate, que era la principal entidad que ofrecía servicios a los exchanges cripto. Incluso les proporcionaba una red de conexión que permitía enviar dólares de un exchange a otro de forma casi instantánea. 

Dicen las malas lenguas que desde Washington se hizo correr el rumor que el banco tenía problemas, para así provocar una espantada de los depositantes. SilverGate ya padecía importantes dificultades, porque se vio afectado por el colapso de FTX, así que solo faltaba darle el golpe de gracia. Eliminar a SilverGate de la ecuación, un banco pequeño, parecía una operación de precisión quirúrgica. Y de hecho inicialmente así parece que sucedió, puesto que finalmente SilverGate se rindió y el pasado ocho de marzo inició un proceso voluntario de liquidación de la entidad. Esta noticia fuera del ámbito cripto apenas tuvo repercusión. No saltó a los medios. 

que acaba en escabechina

Washington se las prometía felices, pero a los pocos días resulta que esa operación de bisturí acabaría por convertirse en una carnicería de serrucho y torniquete, cuando el problema se extendió al Silicon Valley Bank. Está relacionado con el mundo cripto, aunque con una ligazón algo distinta. En este caso, algunas empresas cripto eran las que tenían riesgo en el banco y no al revés. Muy en especial la empresa Circle, emisora de la moneda USDC. Una moneda que pretende valer siempre 1 dólar por unidad; una stablecoin.

Ahora sabemos que los bancos medianos americanos en general ya estaban teniendo problemas serios porque sus activos se habían depreciado mucho debido a las subidas de los tipos de interés durante el último año. De modo que no fueron las maquinaciones de Washington por sí solas las que provocaron el problema, sino que estas maquinaciones cayeron sobre una situación que ya era muy delicada.  

Una operación política

En fin, la historia ya la conocen los lectores. Silicon Valley Bank quiebra y junto con él también intervienen a Signature Bank. Un banco más parecido a SilverGate que daba servicios a exchanges cripto como Binance. Lo cierto es que si bien SilverGate estaba sufriendo salidas de depósitos, existen muchísimas dudas de que realmente estuviera al borde de la quiebra.

Estas dudas se despejan cuando la administración establece como condición para el comprador de Signature que elimine a todos los clientes relacionados con cripto activos. Quedó entonces demostrado con casi total seguridad que la operación chokepoint 2.0 es una realidad, y que el gobierno no ha dudado ni un segundo en llevarse por delante todo un señor banco por una cuestión política y no económica. Vergonzoso.

No es que yo le tenga especial simpatía a entidades como Binance, pero no por ello me parece bien que el gobierno haga este uso de su poder. Pero bueno, a estas alturas ya no nos escandalizamos por estas cosas. Estamos acostumbrados.

Gobernantes con lanzallamas

El caso es que todo este caos ha reavivado el movimiento anti-bitcoin en el establishment político y mediático, de manera que parecen querer restringirlo o incluso prohibirlo. Entre otras razones, uno de los principales argumentos es que Bitcoin no tiene respaldo ni tampoco ningún valor de uso. Que es inútil. Entonces, ¿Para qué prohibir una cosa que no sirve para nada? ¿Qué relevancia tiene? Si están en lo cierto, bastaría con ignorarlo pues debería morir más pronto que tarde.

Imaginemos por un momento que una compañía aseguradora saca al mercado una extraña póliza de seguro de hogar que te asegura única y exclusivamente de la posibilidad de que el gobierno incendie tu casa. ¿Qué pasaría con la demanda de dicha póliza si un buen día nos desayunamos viendo que nuestros gobernantes se pasean por las calles blandiendo antorchas y lanzallamas?

Pues a falta de un ejemplo mejor, esta es la sensación que tengo con Bitcoin. Bitcoin fue diseñado de manera expresa para resistir la prohibición de los gobiernos. ¡Menudo paranoico este Satoshi!, dirían algunos en su momento. Pero ahora resulta que el gobierno habría capitulado dándole la razón al creador de Bitcoin.

Prohibir el éxito conduce al éxito

Y es que además, me parece a mi que cuando el gobierno ordena “¡No use usted Bitcoin!” lo que va a conseguir es casi lo mismo que si ordenara “¡Prohibido pensar en un elefante rosa!”

Y digo “casi lo mismo” porque lamentablemente creo que el gobierno sí que va a conseguir que algunos no piensen en elefantes rosas. Existen muchos ejemplos históricos de este tipo de restricciones. Ya pasó con el oro hace muchos años o con los hedge funds más recientemente. Me temo que, salvo que a imagen y semejanza del dólar en Argentina se desarrollen muchísimo los mercados negros de Bitcoin, lo que acabaremos teniendo son fuertes barreras de entrada que dejen fuera al ciudadano de a pie, de manera que solo algunos privilegiados tengan acceso a cantidades relevantes de Bitcoin.

¿Habría coacción en crímenes sin víctima en una sociedad libre?

Los seguidores de la tradición iusnaturalista pero también de la teoría política libertaria de Murray Rothbard pensamos que coaccionar a criminales que dañen los derechos de propiedad ajenos es algo justo y ético, no así, respecto a los llamados «crímenes sin víctima» (este término se usa en el lenguaje popular y por ello lo voy a usar, pese a ser contradictorio, ya que un criminal es aquel que daña derechos de propiedad ajenos, por lo que esos “criminales” son simplemente personas quizá no virtuosas). Pero, dentro de esa tradición iusnaturalista hay diversas posturas que consideran que es necesaria una cierta coacción a individuos desviados, que serían aquellos con una moralidad perversa sin ser criminales, para preservar el bien común y la moralidad, es decir, la virtud.

Por lo tanto, las preguntas a las que habría que responder son: ¿se condenarían los crímenes sin víctima en una sociedad libre, entendida a mi parecer como una sociedad en la que no existiese el monopolio de la violencia? ¿Es virtuoso obligar a los hombres a ser virtuosos? ¿Habría incentivos económicos a perseguir crímenes sin víctima debido a la no externalización de los costes? Para ello, voy a intentar explicar qué es la ley natural entendida como nos la enseñó Santo Tomás de Aquino. Segundo, analizaré las situaciones respecto a la interpretación de la ley natural que pueden darse en una comunidad libre y, tercero, presentaré la remoción física de Hans-Hermann Hoppe como la solución para preservar el bien común y la moralidad sin usar la coacción.

La ley natural

La ley natural, según el Catecismo de la Iglesia Católica, expresa el sentido moral original que permite al hombre diferenciar el bien del mal, la verdad de la mentira. Nos muestra el camino que debemos seguir para practicar el bien y alcanzar el fin. Según Santo Tomás de Aquino:

 (…) no es otra cosa que la luz de la inteligencia puesta en nosotros por Dios; por ella conocemos lo que es preciso hacer y lo que es preciso evitar. Esta luz o esta ley, Dios la ha dado al hombre en la creación.

Santo Tomás de Aquino

Consecuentemente, está presente en el corazón de todo ser humano y es universal en sus preceptos. Si la ley natural no fuese universal, sería injusta, por lo que no sería una ley. También cabe añadir que la ley natural es inmutable en sus principios, e incluso renegando de ella, como ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia, sigue en el corazón humano. El mayor problema de la ley natural es que sus preceptos no son percibidos por todos, sin dificultad, con firme certeza y sin mezcla alguna de error. Por ello, en diversas sociedades a lo largo de la historia se han dado situaciones inmorales y repugnantes, como la esclavitud o la pedofilia, y se siguen dando, como el maltrato a la mujer y a los homosexuales en diversas comunidades islámicas. Eso no invalida la ley natural, ya que en el fondo de su corazón saben que están obrando mal.

¿Sólo la fe conduce a la naturaleza del hombre?

Uno de los mayores problemas es que en el debate sobre la ley natural, parte del bando religioso argumenta que es necesaria la fe para entenderla, por lo que, el bando ateo, o simplemente agnóstico, ha dicho que la fe debe quedar alejada del discurso racional y, por ende, la ley natural. Al ser universal, inmutable y descubrirse mediante la razón, se extrae que todo ser humano, sea cristiano, musulmán o ateo, puede descubrir la verdad escrita en la ley natural y llegar a ser una persona virtuosa, siempre que cumpla con sus preceptos.

Se dice que sin la Revelación divina puede haber un cierto grado de error debido al pecado original, lo que yo pienso desde mi fe que es cierto, pero no impide que un individuo no religioso pueda entenderla, la Revelación es simplemente una ayuda para comprenderla mejor. Hay otra famosa crítica lógica de David Hume que explica que el ser no justifica el deber ser, invalidando la ley natural.

Ley natural desde el agnosticismo

Esta afirmación es correcta, pero la respuesta que los iusnaturalistas dan es que, si existe una teleología en todos los cuerpos, es decir, un principio y un fin, esta crítica sería nula. Como no procede discutir si existe una teleología, voy a omitir el argumento de Hume. Murray Rothbard explica basándose en las enseñanzas de los iusnaturalistas:

La declaración de que hay un orden de ley natural, en resumen, deja abierto el problema de si Dios ha creado o no ese orden y la afirmación de la viabilidad de la razón humana para descubrir el orden natural deja abierta la cuestión de si esa razón fue dada o no al hombre por Dios. La afirmación de un orden de leyes naturales discernibles por la razón no es, en sí misma, ni pro ni antirreligiosa.

Murray N. Rothbard

Ley natural y ley humana

Una vez entendida la ley natural, hay que trasladarse a la ley humana. Aquí es donde hay más problema. Santo Tomás define la ley humana como las leyes hechas por humanos cuando viven en comunidad. Básicamente, la ley humana es una interpretación más específica de la ley natural, centrada en los supuestos de aquella en los que es necesario aplicar la fuerza. Según Santo Tomás, la ley sirve para saber los supuestos en los que la audacia humana sea frenada, que la inocencia sea salvaguardada en medio de la maldad, y que el temor del castigo impida que los malos causen daño. La ley humana, por tanto, es siempre coactiva. Cuando tú castigas a un violador o a un asesino, estás siempre coaccionando.

Entonces, el debate está en qué supuestos se puede coaccionar y quién puede hacerlo. Santo Tomás no está muy a favor de coaccionar crímenes menores (vicios, ofensas, mentiras, es decir, los llamados crímenes sin víctima) diciendo que la ley humana intentaría prohibir todos los vicios, aunque primarían los que implicasen agresión a otros.

Sociedad y Estado

Pero Santo Tomás no indicó hasta dónde se podía coaccionar ni quién, es más, dejó los límites y las decisiones a la comunidad. Él nunca negó la ley privada, pero el término «comunidad» ha sido erróneamente usado por defensores del poder y no de la autoridad natural. Explica Rothbard:

Como ya hemos indicado, el gran fallo de la teoría de la ley natural —desde Platón y Aristóteles, pasando por los tomistas, hasta Leo Strauss y sus actuales seguidores— es haberse inclinado en el fondo más del lado estatista que del individualista. Esta teoría «clásica» de la ley natural sitúa el lugar del bien y de las acciones virtuosas en el Estado, con estricta subordinación de los individuos a las instancias estatales. Y así, a partir del correcto dictum de Aristóteles de que el hombre es un «animal social» y de que su naturaleza se desenvuelve mejor en un clima de cooperación social, los clásicos se deslizaron ilegítimamente hacia la identificación virtual de la «sociedad» con el «Estado» y consideraban, por consiguiente, al Estado como el lugar principal de las acciones virtuosas.

Murray N. Rothbard

Considerar al Estado como monopolista de la ley es incorrecto y no entra dentro de la ley natural. O al menos, no como lo especificaron los escolásticos. La ley humana la crea una autoridad basándose en la ley natural, pero explican que cada hombre es libre de entender que no es justa e incumplirla. Por eso, llegaríamos a un punto donde a priori la autoridad no tendría ningún derecho a no ser castigada por esos mismos crímenes (contrariamente a lo que ocurre con el Estado) y podría existir perfectamente competencia entre autoridades y leyes

Una sociedad libre

Por lo tanto, así se llegaría a una sociedad libre. En una sociedad así, hay ausencia de “potestas”, no de “auctoritas”. El punto que no gusta oír a muchos libertarios es que podrían existir leyes humanas positivas, o simplemente costumbres no escritas, que condenasen vicios o «crímenes sin víctima» siempre que emanasen de una autoridad y fuesen ampliamente aceptadas. Por eso, vamos a analizar supuestos que podrían ocurrir y dar argumentos económicos y éticos en contra de la coacción cuando hablamos de «crímenes sin víctima».

Como ya hemos visto, la ley humana no deja de ser una interpretación de la ley natural. Si la comunidad interpretase que tuviese que haber una agencia monopolística que vigilase el cumplimiento de esas leyes, nos quedaríamos exactamente en la situación actual en donde existe el Estado. La ausencia de poder debido a la ausencia de monopolio en la ley debe ser mayoritariamente apoyada por el pueblo y por las élites en general para ser aceptada. Al eliminarse el juez final forzoso, también conocido como Estado, llegaríamos a una situación similar en donde la ley sería similar a la tradicional «common law». En este sistema, los jueces serían personas muy cultas y de buena moral, por lo que, en casos de disputa, su veredicto prevalecería sobre ambas partes, ya que gozaría de legitimidad. Básicamente, serían los intérpretes de la ley natural.

Una historia de condenas

Las sentencias judiciales condenarían principalmente a asesinos, violadores y ladrones. ¿Por qué, si no, habría un juez final forzoso? Porque, según la ley natural, es autoevidente que se debe aplicar la coacción en los supuestos que impliquen agresión. Todas las sociedades a lo largo de la historia han condenado estos supuestos, con excepciones de pecadores que renegaron de la ley natural, porque en nuestro corazón sabemos que matar, violar o asesinar está mal.

Una sociedad libre lo sería porque los individuos que la compondrían serían generalmente virtuosos y de buena moral, y cumplirían con las cuatro virtudes cardinales: justicia, templanza, fortaleza y prudencia. No hay ningún argumento sólido para indicar que en un orden social sin Estado habría asesinatos, robos y violaciones en mayor medida que con la existencia de Estado, tampoco para indicar que no existirían, ya que siempre han existido y existirán individuos que se desvíen de la ley natural. O peor aún, decir que se tolerarían. Aunque nos pusiésemos en el supuesto de que una sociedad no condenase esos crímenes, sería ampliamente aislada y rechazada, por lo que esa comunidad, llena de gente malvada, tendería a desaparecer.

Respuestas proporcionadas

Ahora, vamos con las normas de convivencia, que forman parte de la tomista ley humana. La teoría libertaria, que solo matiza qué son los derechos de propiedad y cuándo ha habido una agresión, dice que en cada propiedad privada cada uno pondría sus normas, siempre que no contradijesen la ley natural. En una comunidad de propietarios, los futuros propietarios se adscribirían voluntariamente a unas normas básicas de convivencia, pudiendo quedar temporalmente ligados los descendientes que heredasen la propiedad.

Por matizar que las leyes privadas no pueden contradecir la ley natural, Rothbard hace una muy buena crítica a esas leyes que permitirían cometer cualquier barbaridad por el mero hecho de encontrarte en tu propiedad con el argumento de que la respuesta a un crimen siempre debe ser proporcional, o al menos, tender hacia la proporcionalidad. El argumento que da es que si un niño roba unas chuches en una tienda, el dueño no tiene derecho a dispararle, ya que no sería una respuesta proporcional, lo que haría que tampoco fuese justa. En ese supuesto se condenaría al dueño de la tienda por asesinato.

Conflicto entre normas

El problema viene cuando no está todo privatizado o no hay unas normas claras de convivencia, lo que crearía conflictos. Para ello, a priori, existirían normas no escritas que reposarían sobre la costumbre y el sentido común. No tiene por qué ser necesario que existan leyes escritas, es decir, positivas, pero podrían existir. Esas leyes estarían ampliamente aceptadas o emanarían de una autoridad, que serían esos mismos jueces de buena moralidad. Es autoevidente entender que no puedes circular por el carril contrario, tampoco puedes conducir muy borracho, pegar palizas a tu perro ni pasear desnudo por un parque por el que pueden pasar niños. Todos esos supuestos serían ampliamente rechazados, ya que, como se ha explicado antes, toda norma reposa en nuestra interpretación y comprensión a través de la razón de la ley natural, en lo que consideramos en nuestro corazón correcto. Que existan individuos desviados respecto a estas normas no implica que se deban tolerar estas desviaciones.

He de añadir que la aplicación de esas leyes tradicionales, costumbristas o hasta positivas no tiene por qué ser mediante el uso de la fuerza, se podrían aplicar mediante un simple «no lo hagas» o «no eres bienvenido aquí» dicho por alguna autoridad o mediante el rechazo y la presión social, que implicaría la autoexpulsión de ese individuo de la comunidad, como dice Hans-Hermann Hoppe y mencionaré más abajo.

Consumo de sustancias, prostitución, pornografía

Para seguir con la tesis, vamos a puntos más grises, como pueden ser el uso de determinadas sustancias, la distribución de pornografía o la prostitución. Según la teoría libertaria, pese a ser supuestos inmorales, no se podría usar la coacción para castigarlos ya que realmente no dañan ningún derecho de propiedad ajeno. No sería igual en el caso de que adquirieses una propiedad en una comunidad donde por contrato se prohibiese la prostitución o el consumo de heroína ya que estarías vinculado al cumplimiento del contrato.

Pero, en la realidad, si en una comunidad no completamente privatizada (como pienso que sería) los individuos demandasen esas leyes y los jueces considerasen que esos supuestos fuesen punibles según la ley natural (la justificación sería que no nos llevan a ningún fin natural), entonces se podrían condenar. Esto podría pasar perfectamente, por eso, quiero recordar que la sociedad libre es nuestra condición natural, no un paraíso terrenal. Los males del mundo seguirían existiendo (creo que menos que ahora) y seguiría habiendo injusticias.

Crímenes sin víctima

El primer problema de la condena de los vicios, o «crímenes sin víctima», está en la virtud. Pese a muchas discrepancias, no es virtuoso que unos hombres condenen a otros por sus vicios. Para los católicos, en Juan 8:1-8:11, se puede apreciar cómo Jesús salvó a una mujer adúltera de ser apedreada. Iban a apedrear a la mujer, a lo que Jesús replicó el famoso: «el que esté libre de pecado que tire la primera piedra». Por lo que huyeron, y Jesús dejó marchar a la mujer diciéndola: «Ni yo te condeno. Vete. No peques más».

Como las leyes no son solo para los católicos, cualquier persona que use la razón para descubrir la ley natural puede entender que no hay virtud en el uso desproporcionado e injusto de la fuerza. La virtud está en la solidaridad y, por eso, lo correcto es ayudar a ese individuo a alejarse de sus vicios, lo que llevaría a lo ya mencionado antes. Eso sí, en caso de persistencia, habría que recurrir por obligación moral al ostracismo social, en el anterior ejemplo Jesús dice claramente que no peque más.

Leyes anti liberales

El segundo problema de la condena de los vicios es el económico. Al encontrarnos en un sistema de ley totalmente descentralizado, en el caso de que se decidan perseguir esos vicios, los costes de perseguirlos los asumiría el demandante, por lo que podría ser muy costoso. Esto lo explica muy bien Albert Esplugas (él define esas leyes como «leyes anti-liberales», definición que no comparto, ya que el liberalismo no sigue la teoría del castigo libertaria):

(…) que las leyes anti-liberales se provean ahora en un contexto descentralizado en el que no se externalizan los costes instituye incentivos que dificultan, en comparación con un contexto estatista democrático, la prevalencia de leyes anti-liberales, aunque éstas obedezcan a las preferencias de la mayoría. ¿Por qué razón? Porque en un escenario de ley privada los consumidores tienen que pagar por las leyes anti-liberales que demandan, mientras que en un contexto estatista-democrático pueden demandar lo mismo y pasar la factura a los demás. Emitir un voto a favor de un partido prohibicionista que quiere perseguir el consumo de droga y de pornografía cuesta poco.

Albert Esplugas

Una sociedad más liberal

Por lo tanto, si en una comunidad quisieses perseguir un vicio, donde tal persecución legal esté legitimada socialmente, tendrías que asumir los costes de patrullar y comprobar que se hiciese efectiva la ley, además de los costes de las prisiones. La conclusión a la que llega Esplugas es:

Por este motivo el estadio intermedio que describíamos no parece sostenible a menos que las preferencias de esta mayoría prohibicionista sean muy intensas y estén realmente dispuestos a costear lo que vale imponerlas a toda la población. Es más razonable pensar que sus preferencias serán intensas en lo que se refiere a la protección de su persona y su propiedad, pero más tenues con respecto a lo que hacen los demás en su casa, y que en consecuencia estarán dispuestos a pagar solo por los servicios que les protegen de las agresiones y se resignarán a que los consumidores de droga y pornografía hagan lo que les plazca en sus hogares. El resultado en este caso acabaría siendo una sociedad libre, una sociedad donde la población demandara leyes liberales, no tanto por convicción como por conveniencia.

Albert Esplugas

La solución Hoppe

En conclusión, si mediante la interpretación que demandase la comunidad y diesen los jueces sobre los «crímenes sin víctima» se quisiese utilizar la coacción, sería costoso y, seguramente, aquellos demandantes desistirían, no porque creyesen que es lo correcto, sino por puro interés económico.

Entonces, la solución para preservar la virtud en una comunidad no sería la imposición legal positiva ni la persecución. Hoppe explica claramente la solución, que sería la remoción física:

Un orden social libertario no puede tolerar ni a los demócratas ni a los comunistas. Será necesario apartarlos físicamente de los demás y expulsarlos de la sociedad. Del mismo modo, en un pacto instituido con la finalidad de proteger a la familia, no puede tolerarse a quienes promueven formas de vida alternativas, no basadas en la familia ni en el parentesco, incompatibles con aquella meta.

Hans Hermann Hoppe

Autoexpulsión

Lo que es importante aclarar es que Hoppe en ningún momento menciona la coacción como medio para promover la virtud, sino que explica que a aquellas personas desviadas del «orden natural» habría que removerlas físicamente. Hay que aclarar que Hoppe no es iusnaturalista en el sentido tomista y su definición de orden natural dista de la explicada antes, para él, el orden natural es la anarquía de propiedad privada, y con remoción física se refiere a modos o formas de vida que quieren destrozar la propiedad privada y, por ende, acabar con la prosperidad de la comunidad, lo que sería totalmente compatible con la ley natural tomista o la rothbardiana.

La remoción física, lo único que implicaría sería decirle al mal vecino que no está cumpliendo con las normas morales de la comunidad, por lo que sería condenado al ostracismo social. El ostracismo social no implicaría coacción, por lo que sería totalmente legítimo en una sociedad libre, además de ser la solución para condenar socialmente a aquellos individuos desviados de la ley natural cuyo objetivo fuese destruir el modo de vida de las personas virtuosas.

Referencias

Iglesia Católica. Catecismo de la Iglesia Católica

Martin Krause. Murray Rothbard y la ley natural. Desde Aristóteles y Platón, todos fueron estatistas hasta que llegó Locke y basó la ley natural en la libertad.

Albert Esplugas Boter. ¿Es viable el anarcocapitalismo?

Hans Hermann Hoppe. Democracia, el dios que fracasó.

Libertarian Christian Institute. The libertarian Aquinas.

¿Qué tipo de ciudad queremos?

La proximidad de las próximas elecciones municipales nos ayuda a repensar muchas cosas, entre ellas el valor -y la importancia- de los núcleos urbanos.

Dado que el hombre es un animal social, no es extraño que, para muchos, la ciudad sea uno de los mayores inventos de nuestra especie, aunque seguramente sea sólo la consecuencia, casi inevitable, de que seamos como somos.

Puntos de comunicación

Como dice Glaeser:

[las ciudades] suponen la ausencia de espacio físico entre las personas y las empresas. Representan la proximidad, la densidad de población y la intimidad. Nos permiten trabajar y jugar juntos, y su éxito depende de la demanda de contacto físico (…). En Europa y Norteamérica, las ciudades aceleran la innovación vinculando entre sí a sus habitantes inteligentes, pero en el mundo en vías de desarrollo las ciudades desempeñan un papel todavía más decisivo: son puntos de comunicación entre mercados y culturas

Edward Glaeser

La cuestión de los bienes públicos

En efecto, en la ciudad, como también señala Jane Jacobs, se forman las principales redes de relación y cooperación humanas, pero también en ella aparecen los principales problemas de convivencia social, surgiendo los típicos problemas de “externalidades” (las acciones de unos afectan, inevitablemente, a otros) y “bienes públicos” (existen elementos, espacios o servicios que son comunes a los habitantes de las ciudades, con lo que surge el problema de cómo sufragarlos). Como señala el profesor Rallo,

La existencia de externalidades y de bienes públicos hace necesaria algún tipo de coordinación social: hay que regular qué conductas son permisibles y cuáles no, y hay que imponer quiénes pagan y cuánto lo hacen por esos bienes y servicios comunes. De ahí que, tradicionalmente, el Estado se haya arrogado la competencia de regular las externalidades y de proveer los bienes públicos.

Juan Ramón Rallo

Público no quiere decir estatal

Ahora bien, ¿es necesario que sea el Estado, a través del municipio -como entidad local básica en la que se organiza territorialmente aquel- quien se arrogue una serie de competencias para solucionar los problemas de bienes públicos y externalidades que surgen en las ciudades? ¿Debe ser el Estado el encargado de diseñar urbanísticamente la ciudad y gestionar los servicios comunes (seguridad, provisión de agua potable, alcantarillado, redes de transporte público, recogida de basuras y otros residuos, alumbrado público o protección del medio ambiente)?

¿No deberían ser los ciudadanos quienes, libremente, se organicen en la forma y con las estructuras que consideren oportunas, a fin de solucionar los problemas de externalidades y bienes públicos inevitables en las ciudades, dejando libertad para que éstos puedan incorporarse o abandonar dichas organizaciones comunales en el seno de las cuales se establecerían las reglas por las que se regirían las relaciones dentro de esa comunidad? ¿No debería dejarse que sean los ciudadanos libremente, a través de la competencia, del ensayo y del error, quienes desarrollen de modelos organizativos innovadores, que permitan descubrir la mejor forma de organizarse?

Desamparados en el paraíso

Y es que diseñar todo desde un despacho no siempre es la mejor solución. Jane Jacobs explica, por ejemplo, cómo los bellos planteamientos urbanísticos, diseñados por reputados arquitectos y urbanistas, no hacen sino crear ciudades aparentemente bellas y muy ordenadas en las que, sin embargo, la gente no quiere vivir porque se siente sola, insegura y desprotegida.

Glaeser, por su parte, ilustra también este problema de ver lo superficial, y no las consecuencias, al explicar cómo las verdes ciudades aplanadas (que crecen a lo “ancho” y no a lo “alto”) diseñadas también por urbanistas y burócratas, aparentemente tan respetuosas con el medio ambiente, llenas de jardines y de amplias avenidas con aceras llenas de árboles y césped a la puerta de las casas, no son sino una “trampa” ambiental que obliga a sus habitantes a utilizar el coche hasta para ir a comprar el pan, generando muchos más atascos en las horas punta, más contaminación, y una mayor pérdida de tiempo que las grises ciudades concentradas y basadas en los edificios de altura.

Modelos más abiertos

Al final, en la forma de organizar y diseñar las ciudades -y la convivencia en el seno de las mismas-, como en cualquier otro ámbito en el que intervenga la acción humana, es esencial el papel del individuo, con plena autonomía de su voluntad, sin que pueda ni deba ser sustituido por políticos-burócratas que traten de imponer, desde sus despachos, la forma de vivir y de organizarse de la gente, y menos en un ámbito tan íntimo y privado como es la ciudad, que es donde el individuo establece sus vínculos personales, económicos y sociales más cercanos, estrechos y directos, ya que, como consecuencia de los problemas de información y de incentivos que surgen, es imposible que acierten.

Pero es que, en cualquier caso, y aun en el supuesto de que políticos y burócratas acertasen, por un segundo, en todo el territorio sobre el que “gobiernan”, por su propia naturaleza, las normas impuestas por la autoridad tienen una “inercia” que haría que las mismas, al segundo siguiente, quedasen desfasadas, dadas los cambiantes gustos e intereses de los ciudadanos, sin que los políticos y burócratas tuviesen medios o mecanismos para corregir y adaptar esas normas. De ahí que, a nuestro modo de ver, sea imprescindible tender a modelos de ciudad mucho más libres, abiertos, en los que los ciudadanos se relacionen sin más trabas que las expresamente autoimpuestas por ellos.

Pocos principios en las papeletas electorales

De esa manera, existirían tantas ciudades distintas como así lo quisiesen sus habitantes, cada una con sus peculiaridades, en las que se integraría la gente según sus gustos y afinidades, y en las que se estarían permanentemente innovando nuevas formas de convivencia que facilitaran una mejor vida de los hombres en sociedad, sirviendo la competencia entre ellas como acicate para que se descubran nuevas y mejores formas de satisfacer necesidades y de prestar servicios a menor coste.

El problema es que no son tantos los candidatos a nuestras alcaldías que vayan a basar sus programas en esos principios. Al menos, a mí no me suenan.

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Bibliografía:

Glaeser, Edward. El Triunfo de las Ciudades. Madrid: Taurus, 2011.

Jacobs, Jane. Muerte y Vida de las Grandes Ciudades. Madrid: Capitan Swing, 2013.

—. The Economy of cities. Vintage Books, 1970.

Rallo, Juan Ramón. Una Revolución Liberal para España. Barcelona: Deusto, 2014.