Ir al contenido principal

Que no hay crisis…

Como ha quedado claro en su entrevista con Pedro J. Ramírez, Zeta prosigue con su estrategia negacionista y afirma que "en absoluto" estamos inmersos en una crisis. De hecho, para 2009 espera retomar la senda de crecimiento de la que nos apartaremos en 2008. Este último ejercicio quedará como un pequeño bache sin importancia en la trayectoria meteórica de nuestra economía.

Uno sigue sorprendiéndose con la arrogancia de unos políticos que, si hace unos años reconocían en privado ser unos completos ignorantes en economía, hoy se permiten el lujo de hacer predicciones a dos años vista en medio de un clima internacional absolutamente turbulento que ni siquiera las casas de análisis fueron capaces de anticipar (en realidad, sólo quienes tenían un mínimo conocimiento de la teoría austriaca del ciclo económico, como Mike Shedlock o Christopher Mayer, previeron las desastrosas consecuencias de la política crediticia de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo. Por cierto, esta misma gente no comparte la idea de que los años venideros vayan a ser una suerte de Arcadia feliz, y perdón por la redundancia).

Pero a lo mejor es que Zapatero piensa que España puede seguir creciendo y desarrollándose en medio de una crisis económica internacional gracias a la diligente gestión de su Gobierno. En cualquier caso, Z, como de costumbre, se equivoca o miente. Y no sé cuál de las dos opciones resulta más preocupante: si se equivoca, vamos a darnos de bruces con una crisis que el Ejecutivo ni ha previsto ni tratado de remediar, y si miente para ganar las elecciones es que no sabe cómo gestionar la mala coyuntura que se le viene encima, por lo que las imprescindibles reformas se quedarían en el tintero.

Los últimos datos económicos no son, desde luego, para tirar cohetes. El sector de la construcción se contrae cada vez más (en un año ha visto crecer un 20% su número de parados); los precios de las viviendas residenciales dejaron de crecer en el segundo semestre del año pasado (y Standard and Poor’s estima, de manera bastante realista, una sobrevaloración del 30%); la inflación se ha disparado hasta el 4,3% en diciembre (si bien probablemente sea muy superior); la tasa de ahorro de las familias sigue cayendo, por los altos impuestos y la subida de los tipos de interés y de los precios; la renta disponible de las empresas se redujo un 69% en el tercer trimestre de 2007; la confianza de los consumidores lleva más de seis meses consecutivos registrado mínimos históricos, uno tras otro; la tasa de morosidad de los efectos comerciales de las empresas creció en noviembre un 32% (hasta los 1.100 millones de euros, alrededor del 1% del PIB); la creación de empresas se desplomó un 16%, y el número de las que se disolvieron creció un 66%.

Lo peor, sin embargo, está por llegar. A ver cómo hacen las entidades de crédito para soportar en 2008 el continuo aumento de la morosidad (que se trasladará al ámbito hipotecario y al crédito al consumo), los mayores tipos de interés de la refinanciación de sus depósitos y la caída del valor de las garantías hipotecarias. A ver cómo hacemos para financiar uno de los déficits exteriores más elevados del mundo, cuando, además, no tenemos posibilidad de devaluar la moneda. A ver cómo hace ZP para sufragar el enorme gasto público al que se ha comprometido en esta legislatura (lo ha aumentado más en cuatro años que el PP en ocho, tanto en términos relativos como absolutos), cuando la recaudación fiscal comience a menguar y los gastos en prestaciones de desempleo a subir (UBS espera que incurramos en déficit público en 2009).

Y todo ello en un contexto poco favorable, en que las pérdidas de los bancos se verán corregidas y aumentadas y las materias primas seguirán subiendo (oro, petróleo y platinio ya están en máximos históricos en términos nominales).

Por supuesto, nada de esto parece preocupar a ZP. Lo único que le preocupa es echar balones fuera. Después de negar que hubiera crisis, la consigna del PSOE parece ser atribuirla a factores exógenos al Gobierno, como la crisis de las subprime, obra de los malvados especuladores yanquis, y el incremento de precios del petróleo y los cereales, consecuencia de la mayor demanda de chinos e indios.

Pese al sesgo simplista y demagógico del análisis de los miembros del PSOE, lo cierto es que el actual ciclo económico no resulta directamente imputable al Gobierno. El principal responsable es el Banco Central Europeo, con su política crediticia, sobre el cual Zapatero puede influir bien poco. Sin embargo, sí es responsable de una política económica destinada a prolongar y agravar la crisis.

Como ya hemos dicho, el PSOE ha emprendido un brutal incremento del gasto público que obviamente se ha traducido en un sustancial aumento de la presión fiscal. En unos momentos en que la renta disponible de los individuos no es capaz de seguir el ritmo de los repuntes de los tipos de interés, la reducción de la renta disponible sólo nos acerca al colapso financiero y a la mala asignación generalizada de recursos. El INE informa de que en el tercer trimestre de 2007 la recaudación por los impuestos sobre la renta y el patrimonio, en el caso de los hogares, y del de sociedades, en el de las empresas, aumentó un 21,4% y un 44%, respectivamente. He aquí uno de los principales responsables del ahogo financiero.

Además, Zapatero tampoco ha aprovechado la legislatura para flexibilizar el mercado laboral y facilitar un rápido reajuste entre los sectores productivos. Incluso el Ministerio de Trabajo reconoce ahora que el 44% de los parados de la construcción tiene nulas opciones de recolocarse (a buen seguro, la tasa real es muy superior).

El optimismo de ZP, cuyo peor escenario es un crecimiento del 2,8% para 2008 y uno superior para 2009, contrasta con el de algunas casas de análisis de prestigio que, tras basar sus estimaciones en la situación actual (que sin duda se agravará en los próximos meses), prevén una expansión mucho menor. La OCDE y Standard and Poor’s hablan del 2,5% para 2008, y algunos economistas de Merrill Lynch hablan del 2,2%. Eso sí, para 2009 todos coinciden en un empeoramiento significativo de la situación: la Comisión Europea estima un 2,25%, Standard and Poor’s un 2% y Merrill Lynch unl 1,6%.

En todo caso, el futuro parece depender más de una preocupante evolución de las economías internacionales que de la islita española. Como decía Mises, "el Gobierno no puede enriquecer a la gente, pero sí puede empobrecerla". En el caso de ZP es exactamente así: poco puede hacer para evitar la crisis, pero está haciendo mucho por agravarla.

Para dominarlos a todos

Quizá por esta incomprensión, un asunto como es el affaire Network Solutions ha pasado más bien desapercibido. Para quien no la conozca, esta compañía es una de las cinco principales empresas en el negocio del registro de dominios. Ya estamos otra vez con las palabras incomprensibles, pensará usted. Bueno, esta es más bien fácil de definir: un dominio es un nombre en internet; nosotros, para poder utilizar libertaddigital.com, tenemos que pagar cierto dinero al año a una de estas empresas registradoras, no sé cuál. La fama de Network Solutions se debe a que, en su día, fue la única a la que se podía acudir para adquirir los dominios .com, .org y .net. Costaban 100 dólares por dos años y fueron esos altos precios los que provocaron el nacimiento del sistema actual, en la que es una organización llamada ICANN la que otorga a empresas u organizaciones la gestión de cada uno de los dominios de primer nivel (Verisign, por ejemplo, se encarga de los .com), además de conceder licencias a otras muchas empresas para vender dominios al público. Con este sistema, el precio ha bajado en algunos casos a unos 8 dólares al año.

El caso es que hace unos años se creó un periodo de gracia de cinco días durante el cual se puede devolver un dominio sin tener que pagar nada, como si fuera El Corte Inglés. El problema es que hubo gente que empezó a realizar una práctica llamada domain tasting, que consiste en comprar un dominio, poner una página con anuncios y ver si en esos cinco días hay gente que entra, bien porque es el nombre de una antigua web ya desaparecida o porque sea muy parecido a otro y la gente entra cuando se equivoca al teclear… lo que sea. Si reciben visitas, se quedan con el dominio; si no, lo devuelven. Para que vean lo extendida que está esta práctica, el director ejecutivo de GoDaddy, la primera empresa registradora del mundo, afirmó el año pasado que de 55,1 millones de dominios que registraba su empresa, 51,5 millones eran cancelados antes de que pasara el periodo de cinco días.

Pues bien, si ha tenido usted paciencia para llegar hasta aquí, vamos a hablar al fin de Network Solutions. Lo que se ha descubierto que hace esta empresa es que, en el momento en que alguien comprueba usando sus servicios si un dominio está libre, lo registran y se lo quedan durante cuatro días. Durante ese tiempo sólo se puede comprar a través suya. Y cobran como 4 veces más que la competencia. Así que se ha armado bastante revuelo, como es lógico, y están recibiendo mucha publicidad negativa, aunque no parece que la ICANN les vaya a sancionar. Eso sí, están estudiando imponer una penalización de 5 centavos de dólar por borrar un registro de dominio dentro del periodo de gracia, algo que hicieron el año pasado los encargados de gestionar los .org, pasando de tener 2,4 millones de casos a 152.700 al mes siguiente.

En diversos foros de internet se está llamando al boicot a Network Solutions. Pero no creo que eso les vaya a hacer mucho daño. Y es que lo que habría que preguntarse es cómo es posible que pese a ser tan cara, siga siendo una de las principales empresas de este sector. La respuesta está, creo yo, en la costumbre. Para muchos, los dominios son suficientemente baratos como para que no les merezca la pena la molestia de trasladarlos a otra parte, y hay mucha gente que los tiene en Network Solutions porque es el único lugar donde se podían tener. De modo que, o la ICANN les pone firmes, o seguirán quedándose con los dominios que usted busque con todo el morro.

El dinero tiene valor aunque no circule

Leer a Benjamin Anderson es siempre un placer intelectual de primer orden para quienes nos apasiona la teoría monetaria. Cuando uno cree que ya ha exprimido todo el contenido de alguna de sus páginas de The Value of Money, siempre está a tiempo de releerla y comprobar que se había equivocado en su apreciación.

Rindo este pequeño homenaje al economista estadounidense como disculpa anticipada a fusilar uno de los numerosos ejemplos que contiene su obra. En este caso me servirá para retomar un tema que ya traté en uno de mis artículos anteriores: el valor del dinero emerge de un acuerdo común –explícito o tácito, consciente o inconsciente– por el que ese dinero circula.

Los cuantitativistas y los enemigos del oro suelen argumentar que la elección del patrón monetario es indiferente, ya que el valor del dinero puede derivarse de cualquier bien que circule. Por esto motivo, el dinero fiduciario en papel o incluso en soporte electrónico sería más conveniente que el dinero en forma de oro por los menores costes de creación, conservación y gestión.

La única ventaja que, según ellos, podría poseer el oro sería que sus limitadas existencias suponen un freno para la expansión monetaria y la inflación de los bancos centrales. Sin embargo, incluso este punto podría ser replicado por un banco central independiente o sometido a ciertas restricciones (como la regla de emisión fija de Friedman) o por un banco privado que obtuviera su credibilidad de limitar su stock de dinero fiduciario.

En un artículo anterior ya critiqué la visión según la cual el dinero tenía valor porque circulaba. El dinero es un proceso de mercado que necesariamente ha de surgir sobre mercancías que con anterioridad ya tenían valor; la gente no intercambia sus bienes por nada, sino por bienes líquidos que sirven para atesorar el valor y que se demandan con independencia de su circulación futura.

Esto no significa, claro está, que los bienes líquidos no se vuelvan más valiosos cuando pasan a ser utilizados como medio de intercambio. El intercambio es una parte del proceso productivo y un bien que cumple además con esa finalidad es un bien más útil.

Sin embargo, siguiendo a Anderson, cabe imaginar un supuesto en el que un bien sea utilizado como patrón monetario, pero no como medio de cambio. Dicho de otro modo, ya probamos que el dinero sólo podía circular si antes ya poseía valor, pero además es posible que exista dinero sin que circule.

Supongamos que un banco (público o privado) emite dinero en forma de papel convertible a un tipo de cambio 1 billete=1 onza de oro, con una particularidad: los billetes no son convertibles directamente en oro, sino en plata al tipo de cambio vigente en ese momento entre el oro y la plata. Por ejemplo, si hoy el precio en oro de la plata es 1 onza de oro=10 onzas de plata y yo acudo a convertir mi billete al banco, me entregarán 10 onzas de plata. En cambio, si mañana el tipo se eleva a 1 onza de oro=20 onzas de plata, yo recibiré 20 onzas de plata.

En este supuesto, el valor del oro procedería por completo de su valor como mercancía, y no como medio de cambio, ya que ni siquiera se emplearía como tal. Sin embargo, el valor del billete sí sería completamente dependiente del valor del oro: si el oro subiera de valor, el dinero también aumentaría de valor y viceversa. Pero lo relevante es que tanto la cantidad de billetes (correctamente respaldados) como la de plata serían irrelevantes a la hora de determinar el valor del dinero y por tanto los precios.

La teoría cuantitativa del dinero quiebra una vez más en la medida en que, cuando el valor del oro crece, los precios caerían aunque no disminuyera la cantidad de billetes; y lo mismo cabe decir con respecto a la plata (más plata significaría sólo su precio caería con respecto al oro, que seguiría siendo el estándar de valor).

Es más, no se trata sólo de que la cantidad de billetes no tendría influencia sobre su propio valor (dependiente por completo del valor del oro), sino que el valor del oro (y por tanto del billete) determinaría su cantidad.

Si el oro (y por tanto los billetes) aumentara de valor, los precios del resto de bienes bajarían. Con precios más bajos, sería necesaria una menor cantidad de billetes para atender el tráfico diario de la economía, de modo que la gente los llevaría al banco para convertirlos en oro. En otras palabras, se produciría una contracción monetaria porque el oro –pese a no emplearse como medio de cambio- ha aumentado de valor.

Por supuesto se trata de un sistema monetario muy especial que acarrearía más costes que un simple papel moneda convertible en oro (sobre todo por el riesgo y costes de conversión entre el oro y la plata), pero en cualquier caso un sistema monetario posible, donde el patrón monetario tendría valor pese a no circular.

De nuevo se comprueba como la simpleza matemática de una ecuación es incapaz de describir las complejísimas interrelaciones de una economía completa con presencia de dinero, y también como la pretensión ingenieril de atribuir el valor al dinero por los pactos humanos sobre el mismo supone un error intelectual de primer orden.

Retrato de Jon Sistiaga

La cinta es un verdadero documental, mucho más cierto de lo que jamás pensó Sistiaga que lo fuera; pero no sobre Estados Unidos, o las armas, o la libertad, sino sobre él mismo y las ideas que tienen él y muchos, no sólo dentro de la profesión periodística, del papel de los medios de comunicación. Son vehículos al servicio de su ideología, no al servicio de la realidad. Y el involuntario objeto de este documental, el propio Sistiaga, aparece con su retrato más auténtico y más despreciable.

Comienza por mentir ya desde el título. “¡Papi, cómprame un Kalashnikov!”, se llama, y el único que aparece es de juguete. Por error o por servicio a la causa confunde la pronunciación en inglés de “M-60” con “M-16” e insiste en viejas mentiras, ya vertidas por su maestro Michael Moore. Intenta hacer pensar al ignorante que el hecho de que los ciudadanos puedan tener armas es un rasgo más de la excepcionalidad estadounidense, “muy lejos de cualquier parámetro europeo”, dice, cuando los británicos estaban en esa situación hasta 1997 (desde entonces se ha multiplicado el crimen, por cierto) o en Suiza la mayoría de los ciudadanos tiene al menos una.

Confunde las armas, que son un objeto, con la libertad de armas, que es un derecho, artilugio que le es muy útil para atizar el último con el primero. Menciona las matanzas de Columbine o Virginia, pero no dice que en esos sitios se daba la situación que él defiende, ya que allí (como en Omaha), estaba prohibida la tenencia de armas. Probablemente ni sepa, porque no lo habrá ni mirado, que según el estudio más profundo sobre la incidencia de la libertad de armas en el crimen, ésta salva más de 1.000 vidas al año, cuatro veces más violaciones o 60.000 asaltos violentos. Un aumento del 1 por ciento en la tenencia de armas provoca una caída del 4 por ciento en los crímenes violentos.

La razón es sencilla: no son las armas las que matan sino las personas. Los criminales, que hacen del actuar fuera de la ley su profesión, no tienen problema en saltarse una prohibición de armas si con esta nueva violación de las leyes consiguen su instrumento de trabajo. El ciudadano normal, el que sólo las utilizaría para defenderse de los criminales, es quien queda sin ellas. Si se le permite hacerlo aumentan los usos defensivos de las armas y baja el crimen.

Pero lo mejor del documental de y sobre Sistiaga es su construcción del hombre de paja. Todas las encuestas muestran que los dueños de armas en Estados Unidos no son más demócratas o republicanos que la media, ni tienen tendencia a unas ideas que sobresalga sobre el conjunto de la población. Acaso tienen un nivel económico y educativo ligeramente superior, pero muy poco. Qué más da. Él tiene recursos para identificar al ciudadano estadounidense con armas con la ultraderecha, el nacional socialismo, el segregacionismo, el KKK o lo el brazo incorrupto de Santa Teresa. No importa que la segunda enmienda fuera redactada por quienes dieron lugar a la más antigua de las democracias del mundo. Da igual que quienes primero quisieron, como él mismo dice, “regular mejor las armas”, es decir, controlarlas, fueran precisamente los racistas y el KKK. Es lo de menos que fuera Hitler quien pronunciase en 1935 una frase revolucionaria: “Este año marcará un hito en la historia. Por primera vez una nación civilizada tiene un completo registro de las armas. Nuestras calles serán seguras, nuestra policía más eficiente y el mundo seguirá nuestro liderazgo en el futuro”. Oh, sí. Un liderazgo lleno de Sistiagas.

El derecho a la vida como vértice de los demás

El liberalismo es la filosofía opuesta al principio de que el fin justifica los medios. El liberal juzga si un medio es legítimo o no y no cree que la mejor de las intenciones justifique, por ejemplo, prohibir la expresión de unas ideas, forzar a trabajos forzados o acabar con la vida de otra persona.

Pero esta posición exige definir qué medios son legítimos y cuáles no, y dar cuenta de la corrección del criterio que se elija. Todos convenimos en que tenemos derecho a la vida y en que tenemos derecho a la propiedad, aunque el grado que le otorguemos a esos derechos varía. Una interpretación absoluta de los derechos individuales llevaría a la existencia de una sociedad en que no existiese una vulneración sistemática del derecho del individuo a elegir sobre su vida y su propiedad, es decir, que llevaría a la desaparición del Estado, una institución a la que resulta emocionalmente difícil de decir adiós para muchos. En la medida en que justifican su existencia apelan a un conjunto de fines necesarios que justifican los medios. Por eso hay quien entiende que un minarquista o un liberal clásico no ha llevado su liberalismo hasta sus últimas consecuencias.

Pero, en cualquier caso, sea cual fuere la medida en que se abrace a la idea de que hay un ámbito de los derechos de la persona que hay que proteger, debe explicar qué criterio utiliza, y cuál es el fundamento de este. Es decir: ¿cuál es la fuente última de legitimidad de los derechos individuales? Lord Acton recurrió a la primacía de la conciencia individual. Despreciaba a Locke por ser materialista, ya que éste recalaba en el concepto de propiedad. Rothbard, siguiendo precisamente a Locke y otros autores, acuñó el concepto de auto-propiedad, y lo llevó tan lejos como es posible, investigando siempre sus lindes, no siempre perfectamente definidas. La propiedad sobre uno mismo se toma como un axioma, reforzado además porque sus dos únicas alternativas son el comunismo (todos nos poseemos a todos), que es absurdo, y el esclavismo (uno decide sobre el otro).

Pero se puede construir el mismo edificio sobre otra base. Aceptando simplemente como vértice del edificio de derechos individuales el derecho a la vida. El derecho a la vida es el derecho a vivir, claro está. Pero vivir no es un estado automático de la persona, ni de cualquier ser vivo. Para el hombre vivir supone seguir una serie de comportamientos, ya que sin éstos la vida es imposible (necesita comer y beber y guarecerse de las inclemencias del tiempo, de los peligros, de las enfermedades). Vivir no sólo exige hacer ciertas cosas, sino evitar otros comportamientos que son incompatibles con la vida o que la ponen en riesgo.

Pero, si vivir no es automático, sino que depende del comportamiento individual, el derecho a vivir quedaría vacío (y por tanto no estaría reconocido) si no amparase todas las acciones necesarias para la vida. El derecho a la vida queda vacío si no se reconoce el derecho a comer. Pero hay más, porque la comida, y con ella el resto de bienes necesarios y amenidades de la vida, no es sobreabundante, sino que es escasa. La mayoría de los bienes que necesitamos para vivir son escasos. De modo que tendremos que realizar una serie de comportamientos, que denominamos económicos (producción e intercambio, básicamente), para procurárnoslo. Así, el derecho a la vida no sólo se extiende a los bienes y servicios beneficiosos para ella, sino a los comportamientos necesarios para producirlos y ponernos a nuestra disposición. El derecho a producir viene del derecho a los productos que son positivos para la vida, y el derecho a éstos proviene del que hemos proclamado en primer lugar como base de nuestro sistema ético.

Por esta vía del derecho primigenio, el de la vida, llegamos al que tenemos sobre la propiedad, pues sin ella no puede haber control sobre los recursos que incorporamos con nuestro comportamiento en el proceso productivo y ponemos a nuestro servicio. Y si lo que hacemos no es negar la propiedad sino reconocerla sobre la vida ajena, lo que estaremos haciendo es negar para alguien el derecho sobre su vida. Si le reconocemos el derecho a la propiedad ajena, estaremos negando indirectamente el pleno derecho a la vida del otro, ya que el derecho a la propiedad proviene del que tiene sobre su vida. Una vez asentado el derecho de propiedad, hemos conseguido mostrar la justificación de todos los derechos propios del individuo a partir del derecho a la vida que, en principio, nadie pone en duda.

La “gracia” de Bill Gates

Bill Gates no tuvo mejor idea que rodar un vídeo en tono supuestamente humorístico mostrando como será su último día de trabajo. Menos gracia no puede tener. En él vemos como este personaje se dedica a llamar a sus amigos para pedirles un nuevo trabajo, y como uno tras otro van dando larga a sus propuestas debido a su falta de aptitudes para el empleo solicitado. Suponemos que a cualquier persona que haya sido empleada de Microsoft y le hayan despedido, ya sea en Estados Unidos, España o La India, la película de marras le habrá hecho todo menos gracia.

El hombre más rico del mundo, o el segundo según que listados y en que año, se puede permitir la gracieta precisamente gracias a su inmensa fortuna y por ser un retiro voluntario. Debe resultarle muy difícil comprender no sólo las dificultades económicas por las que pasa alguien que se queda desempleado, tampoco debe de llegar a imaginar lo frustrante a nivel personal que resulta la situación para muchos. Sin embargo, él queda a salvo de la Inquisición de lo políticamente correcto y su video no es objeto de protestas por lo más granado de la progresía mundial.

El motivo es simple. Este multimillonario es uno de ellos (recordemos como se ciñó a un discurso multiculturalista para justificar la falta de libertad de expresión en el régimen comunista chino) y son algunos de los más destacados izquierdistas del mundo anglosajón quienes salen en el vídeo. Las amigos a los que Gates pide ayuda no son otros que el director de cine Steven Spielberg, el actor George Clooney, el cantante Bono, el eco-catastrofista y frustrado aspirante a presidente de Estado Unidos Al Gore y dos aspirantes demócratas a la candidatura para llegar a ser inquilino de la Casa Blanca: Barack Obama y Hillary Clinton. Una panda de lo que en España llamamos pijo-progres y en Francia definen con el divertido apelativo de bo-bo.

Todos los participantes en el video se definen claramente con su participación en el "humorístico" cortometraje. Dicen preocuparse por los más pobres, pero no dudan en reírse de la difícil situación por la que pasan quienes no tienen fortunas y contactos como las suyos y se quedan en paro. Como buenos pijo-progres les gusta demostrarnos que son solidarios y no dudan en recriminarnos por no actuar como a ellos les gustaría que hiciéramos (no suelen destacar por su respeto a la libertad individual) pero, como buenos bo-bos, desprecian a las personas.

La enfermedad como derecho

"Estar gordo es una elección", dice Karen de Coster en esta entrada de su estupendo blog. La autora explica qué decisiones individuales llevan a los padres a criar niños obesos y a ser, ellos mismos, obesos. Llama la atención que lo que Karen reclama es que se abandonen las excusas que justifican las malas elecciones individuales y resalta que la responsabilidad es de quien elige la pereza y el sedentarismo.

Esta defensa paternalista que denuncia De Coster y que, de paso, justifica la dejación de la responsabilidad de cada cual en las vigilantes manos del Estado, se extiende a otros problemas. Los diferentes tipos de drogadicción y las enfermedades derivadas de malos hábitos alimenticios son los dos ámbitos más relevantes en los que se produce este fenómeno. Pero no son los únicos: las enfermedades cardiovasculares, los hábitos saludables y los accidentes caseros –especialmente los infantiles– se llevan gran parte del presupuesto en campañas del Ministerio de Sanidad y Consumo.

Detrás de la reclamación de regular el comportamiento individual se esconde la fantasía de que en caso contrario proliferarían los obesos, las anoréxicas, las fumetas, los yonkis, los infartados, los niños beberían lejía… como si la población fuera tonta o incapaz de ser responsable. El objetivo de estas campañas que, en ocasiones, se elevan al grado de ley, no es necesariamente malo en sí mismo, pero la manera de alcanzarlo es más perniciosa de lo que parece.

Como señala Karen de Coster, los medios de comunicación habituales excusan al actor que realiza las elecciones al incluir como causa en última instancia de determinadas "enfermedades" a la pereza y las elecciones equivocadas.

Por otro lado, la lectura de las campañas ministeriales deja claro dos cosas: la campaña forma parte de un plan europeo y el problema de fondo es presupuestario. Párrafos como el que sigue hacen pensar:

Hay que considerar el impacto socioeconómico de la gestión y tratamiento de las lesiones, que en Europa representa más de cuatro veces el presupuesto total de la UE… Con la muerte de un niño se pierden también a los más jóvenes de nuestra sociedad y a aquellos que tienen por delante mayor número de años para contribuir como individuos sanos y capaces, pero más importante todavía es que la muerte de un niño tiene efectos devastadores sobre su familia, destruyendo a veces la unidad familiar.

De los argumentos que expone (presupuestos, recaudación, daño a la familia), los dos primeros son tan lógicos como terribles. Deja claro que el interés de los gobernantes no es tan bondadoso sino que quiere que sus súbditos estén sanos y fuertes para cotizar como Dios manda. El tercero, simplemente, no es de incumbencia del Estado. ¿Por qué razón? Porque no es el cuidador, ni el consuelo de las familias de manera coactiva, obligatoria. No es responsable de evitar accidentes, ni de asegurar la salud de las personas, sus buenos hábitos, la elección de su ocio o de su comida. Es cada cual el que debería ser responsable de lo que hace o deja de hacer.

El problema de las enfermedades "familiares" o sociales es más claro. El consumo de drogas genera un enorme dolor a quien tiene un adicto en su familia, sea un borracho, sea un yonki. La diferencia con el tabaco es que no es causa única y directa de ninguna enfermedad. Puede ser o es una de las causas del cáncer de laringe, por ejemplo, pero la relación no es tan directa y evidente como en el caso de la heroína.

¿Afecta ello a que sea más susceptible de ser legislado el consumo de una o de otra? No, en mi opinión. La razón es que se trata de que el Estado no debe legislar qué hace cada cual con su cuerpo. Y que el dolor que un enfermo causa a la familia tampoco justifica la prohibición. Aunque se suelen dar argumentos utilitaristas, yo creo que incluso si la prohibición por el Estado funcionara debería dejarse en manos del individuo esta responsabilidad.

Ser drogadicto es una elección, ser anoréxica es una elección, ser enfermo es una elección… al menos en parte. Uno sabe que la droga es droga, cualquiera sabe que una raya de coca no es como tomarse un café, de hecho quien empieza a consumir lo hace precisamente por eso. Igual que todos sabemos que quien sale a la intemperie desabrigado se resfría o que si caminas descalzo te saldrán hongos. Hay un tránsito hasta que te conviertes en adicto sin solución. Y en esos momentos, el consumidor elige no poner remedio, la anoréxica elige seguir perdiendo a pesar de que quienes te quieren te dicen que estás en los huesos. Eres débil, por las razones ambientales, psicológicas que sean, pero débil. Por más que escueza.

Y ese es el punto que me gusta del artículo de De Coster. Pone encima de la mesa cómo los mensajes que quitan peso a la decisión individual fomentan la irresponsabilidad, generan personas cobardes ante sus problemas. No se trata de prohibir, sino de que la persona se eduque con fuerza de voluntad, y eso no atañe al Estado, sino a cada cual.

Sé de una anoréxica que preguntó llorando y desesperada a su terapeuta: "¿Qué tengo que hacer para que acabe este infierno?" La respuesta fue clara: "Come. Llorando, enrabietada, odiándote… pero, si quieres curarte, come."

Pepiño el bárbaro

¿Es que usted está en contra de que los jubilados perciban sus pensiones, que los jóvenes tengan un mejor nivel de vida o de que puedan estudiar? Es la clásica pregunta retórica que durante años han formulado los socialistas a sus adversarios para deslegitimarlos moralmente. ¿Quién podría ser tan vil como para estar en contra de los desfavorecidos? Efectivamente, sólo alguien de derechas. A propósito, si es por esto, el PP no hace falta que se dé por aludido ya que en el arco ideológico está al ladito mismo, por no decir encima, del PSOE.

Pero ah, qué perversas se vuelven las ideologías cuando, como hace José Blanco en su nota, nos da por supuesto que los fines justifican los medios. El teleologismo (moral de los fines) es la piedra angular del socialismo. Se justifica por ella misma independientemente de cómo llegue a esos fines. ¿A nadie se le ocurre preguntar qué medios usará el jerarca para establecer el paraíso terrenal? El Gobierno no es una ONG que se financie con contribuciones voluntarias, es el monopolio de la fuerza, el Gobierno ordena y el resto obedecemos. La moral del socialista y Gobierno se apoyan en la solidaridad a punta de pistola. En su razonamiento, como la gente es mala y egoísta, la oligarquía política ha de impartir justicia de todo tipo: social, moral, cívica y económica.

Como los medios no son más que un formalismo sin importancia, el burócrata se ve obligado a robar a la gente honrada financiándose con impuestos. Recuerde que los impuestos se pagan por la amenaza real del Gobierno, de lo contrario nadie los pagaría. Algo que jamás ocurre en el libre mercado, si usted compra o vende algo, es porque quiere. Si usted trabaja en una empresa, es porque quiere, nadie le obliga a que se dedique a otra cosa. Si la precariedad laboral es alta en España, el socialista no dudará en afirmar que se han de aprobar leyes obligando al empresario a hacer los trabajos perennes. No cae en la cuenta el bienintencionado que no hay trabajo más precario que el de empresario y que si carga costes adicionales a su labor, lo único que conseguirá es que acabe cerrando dejando una estela de desempleados por el camino.

En el terreno social, el socialista también apuesta por el uso de la fuerza contra el hombre libre. La moral del socialista dicta que si algún niño es enseñado por sus padres, esquivando así la ideología que impone el Gobierno en los colegios, esta familia ha de ser denunciada, investigada y desposeída de sus niños si es necesario por no obrar conforme al “bien común”. Otro de los principales dogmas de la religión socialista. El caso más reciente se produjo esta misma semana, cuando unos guardias civiles a las diez de la noche se presentaron en casa de una familia por practicar la “escuela en casa” (caso similar al de la familia Branson-Sánchez). Ni se molestaron en informar a la desdichada familia de qué se les acusa.

Pero es que ni con el uso constante de la fuerza y “brutalidad”, el socialista consigue sus fines. Señor Blanco, cuatro años de su Gobierno socialista han dado uno de los índices más altos de desempleo juvenil comparados con Europa. Salario mínimo significa que menos jóvenes serán contratados, y más ante una economía incierta como la que se nos avecina. Ahora también el Gobierno quiere convertir a los jóvenes en rentistas para que adquieran una vivienda. No son rentistas a la vieja usanza, es decir, aquellos que obtienen beneficios de sus inversiones exponiendo su dinero al riesgo, sino que Blanco en su blog habla de rentas obtenidas mediante el robo que el Gobierno practica sobre todos los individuos de la sociedad. Quién iba a decir que el socialismo apoyase el “rentismo”.

Señor Blanco, ni su Gobierno ni ningún otro que pueda haber va a garantizar las pensiones de nadie. El fondo que acumulan no da ni para ocho meses y tendría que cubrir la vida de cada uno de los trabajadores que por la fuerza han visto marchar su dinero a las arcas del Estado. ¿Dónde está ese dinero nuestro, en qué se lo gastaron ustedes los políticos?

Señor Blanco, no hay nada más absurdo que un político nos dé lecciones de moralidad. La principal amenaza para el ciudadano en este país es el Gobierno y toda su corte de burócratas y vividores que incapaces de defender sus intereses personales con hechos, siempre han de recurrir a falsos tópicos socialistas y “humanitarios”.

Democracia populista en España

Yo también estoy preocupado por el cariz populista que está tomando la política en España. El elevado número de manifestaciones que se ha producido en las últimas dos legislaturas ha propiciado una política que se centra en sacar a la calle el mayor número de personas posible y asegurar después que el pueblo español pide un cambio.

No es extraño comprobar que tras ellas, el número de asistentes se convierte en el centro del debate y así, resulta paradójico ver que en la última que concentró a católicos y no católicos en defensa de la familia, los números bailaban entre algo más de 100.000 asistentes y los dos millones. No menos inquietante es la virulencia dialéctica con la que se responde a ciertas ideas, y no porque no defienda la libertad de expresión, sino porque esta brusquedad proviene del partido que detenta el poder y que, con la fuerza de su parte, puede acallar cualquier disidencia, cualquier divergencia a su política. Y es que el socialismo siempre ha diluido al individuo en la sociedad, la sociedad en el Estado y el Estado en el Partido para justificar sus acciones y políticas.

La reacción de buena parte de la cúpula del PSOE al Encuentro de las Familias ha sido desproporcionada, sobre todo si lo comparamos con la que mantiene ante otras manifestaciones mucho más radicales como la de los nacionalismos o la del entorno del terrorismo. Mientras el presidente del PSOE y del Gobierno autonómico andaluz Manuel Chávez llamaba retrógrados a los obispos y cardenales por su modelo de familia cristiana, José Blanco, secretario de Organización, se atrevía a mandar a los obispos a releer la Biblia y a aconsejarlos que pidieran directamente el voto para el PP o de lo contrario: "presentarse a las elecciones o mantenerse al margen de la política".

Todo lo dicho anteriormente encaja perfectamente en una política socialista que es común en mayor o menor medida a todos los partidos, de derechas, de izquierdas y de centro, la de despojar a la sociedad de su capacidad de influir en la alta política y absorber cada vez más competencias y decisiones que deberían recaer en la responsabilidad de cada uno. De esta manera, la Iglesia no debe meterse en política aunque el Estado ataque cada vez más su sistema moral, pero tampoco lo podrán hacer otras organizaciones, sin importar su orientación moral o ideológica, si los perjudicados son aquellos que están en la poltrona o potencialmente puedan estarlo. La democracia se termina convirtiendo en una algo exclusivo de los partidos, como indicaba Blanco a los responsables eclesiásticos, y si alguien quiere dejar claro que no está de acuerdo con una ley o norma, deberá crear un partido, algo no precisamente fácil, y meterse a político y ganar las elecciones o, lo más habitual, votar y callar.

En estas circunstancias es lógico, y peligroso, que la manifestación se convierta en el único sistema relativamente efectivo para cambiar algo en España, pero eso no está al alcance de muchos y sólo con la colaboración de los medios de comunicación de masas se puede organizar algo realmente importante, de ahí que los medios especialmente hostiles con las ideas del Gobierno de turno deban ser acallados o, como ya ocurrió en su momento con Antena 3 Radio, eliminados.

Si la forma ya es preocupante, mucho más lo es el fondo. Lo que últimamente se discute no son las formas de cómo se debe articular una ley que permita una mejor educación pública o una sanidad más eficiente o un sistema territorial más eficaz, facetas ya de por sí bastante intervencionistas, sino qué es lo que se debe enseñar –por ejemplo la asignatura de Ecuación para la Ciudadanía–, o cuál debe ser nuestra posición a cuestiones morales como el aborto y la eutanasia o qué idioma debemos emplear en alguna de nuestras actividades diarias, hasta el punto de que si no compartimos lo que se enuncia en la norma estaremos cayendo no sólo en la ilegalidad, sino en el mismo infierno a los que se van los que osan contradecir el espíritu "democrático".

Tal es el cariz de los acontecimientos que deberíamos preguntarnos qué ganamos votando a cualquiera de los partidos o incluso qué ganamos simplemente votando. ¿Acaso seremos más libres si apostamos por uno o por otro? ¿De verdad tenemos capacidad de cambiar las cosas con nuestro voto si todos los partidos parten de planteamientos parecidos? Es verdad que podemos apostar por el voto útil, es decir el de apostar por aquel que al menos nos deje como estamos, pero eso es una quimera. Los programas se han hecho para incumplirlos, y una vez apoltronados no cuesta mucho romper la palabra dada si peligra el poder del legislador. La gente tiene poca memoria política y demasiada fe en sus equipos de fútbol. Perdón, quise decir en sus partidos políticos. No quisiera ser demasiado pesimista, pero España necesita una revolución, la que elimine el peso de la política en todos los aspectos de la vida de los españoles, la que la desregule, la que le dé más libertad y esa aún no ha llegado después de 30 años de Constitución.

Las búsquedas siguen sin moverse

Pero es quizá tecnológicamente donde más estancada parece la cosa. Google marcó la pauta y todos la han seguido, pero hace ya años que en cuestión de búsquedas parece todo inventado; la única novedad es la incorporación de mapas y búsquedas locales, algo que, la verdad, tampoco parece para tanto.

Este año vamos a contemplar varios intentos de atacar la fortaleza del gigante de las búsquedas. Y no me refiero a la compra de FAST, la veterana compañía noruega especializada en este campo, por parte de Microsoft, que parece más enfocada al desarrollo de soluciones de búsqueda para empresas. Existen dos novedades principales a tener en cuenta.

La primera es Wikia, el proyecto del creador de la Wikipedia, Jimmy Wales. Su idea es extender la filosofía participativa de la enciclopedia online a las búsquedas, algo que ya tiene Mahalo en funcionamiento. Está movido por herramientas de código abierto y se supone que los usuarios serán la clave para que los resultados vayan afinándose con el tiempo mediante herramientas como votaciones o la inclusión de "mini-artículos" en los resultados de las búsquedas, textos que cualquiera puede editar. Por ahora, sin embargo, todo el mundo está de acuerdo en concluir que los resultados que ofrece son una porquería, incluyendo a los propios responsables del proyecto. No tengo claro que el modelo vaya a funcionar, pues en el supuesto de que tuviera éxito habría incentivos aún mayores para alterar los resultados que los que existen en Wikipedia para modificar las definiciones.

El segundo son los proyectos de procesamiento de lenguaje natural. Es decir, buscadores a los que puedas hacer preguntas, que las entiendan, y que te respondan con los resultados adecuados. El problema es que esta suerte de Santo Grial de las búsquedas lleva buscándose desde hace años y nada, oiga, que no hay manera. Otra cuestión añadida es que, si lo consiguieran, lo harían en inglés. Hay varias empresas empeñadas en lograrlo, como ChaCha, Hakia o Powerset; también existen proyectos de la propia Google o de IBM. La informática avanza a paso firme en muchos ámbitos, pero la inteligencia artificial no es uno de ellos, así que no apostaría porque este sea el año de su eclosión.

Existen otros proyectos detrás de los cuales hay gente muy válida, en algunos casos salida del propio Google, como Blekko y Cuill, que no está muy claro qué aportarán al mercado y que, en todo caso, hasta 2009 no tendrán nada usable. Y no voy a hablar de Quaero, el proyecto estatal europeo del que no se ha vuelto a saber nada. Posiblemente tenga razón Rick Skrenta, responsable de Cuill y creador del primer virus informático, cuando afirma que tanto Google como sus imitadores están funcionando con tecnología basada en la web de hace diez años y no en la de ahora. Pero no está nada claro que haya nadie capaz de hacer un motor de búsqueda para la web de ahora. No, al menos, durante este año 2008 que acaba de comenzar.