Análisis diario
De bruces con el orden espontáneo
Las personas mayores descubren que en la tradición hay verdad o, en otras palabras, razón y conocimiento.
Tenemos la impresión de que, a medida que las personas se hacen mayores, se vuelven más conservadoras. Y cuidado; no me refiero estrictamente a convertirse en conservador puro, sino que incluso dentro de una ideología progresista abandones esas ideas más revolucionarias y te vuelvas más conservador o realista. En definitiva, uno se encuentra más alejado de los ideales más utópicos que pretenden moldear una sociedad perfecta y armoniosa, y prefiere conservar determinados elementos de la sociedad, puesto que acaba entendiendo que tampoco son tan perjudiciales y que, si acaso, necesitarán de una mejora progresiva pero no inmediata.
Más aún se nota en aspectos no políticos de la vida cotidiana, eso que podríamos llamar de sabiduría popular. Es común escuchar a los más jóvenes tomar por locos o “carcas” a sus mayores. Se supone que una mente en plena forma y actualizada a los conocimientos de hoy es mucho más sabía que la de cualquier persona mayor que no ha tenido al alcance la inmensidad de conocimiento que hoy tiene cualquier mente joven.
Sin embargo, ocurre que cuando nos hacemos mayores empezamos a decir cosas como: “qué razón tenían mis mayores, y yo que los tomaba por locos”. Como digo, el tiempo nos hace ver que aquellas personas que nos precedieron, en efecto, tenían razón sobre el funcionamiento de la vida, y nosotros, por inexpertos y soberbios, preferíamos ridiculizarlos. Ahora bien, ¿podríamos dar una explicación de carácter teórico o científico a este hipotético proceso?
Friedrich A. Hayek
Si tuviéramos que encontrar una explicación a todo esto en la teoría, podríamos hacerlo en la teoría del orden espontáneo de Hayek. Esta teoría viene a decir que el orden espontáneo es aquel orden de elementos en sociedad que son resultado de la acción humana, pero no del diseño humano, pues se crean en un largo proceso de prueba y error que acaba albergando una cantidad de conocimiento fáctico no asimilable por la mente humana.
Es cierto que las ideas que hay detrás de la teoría hayekiana son compartidas por muchos autores previos (Barry, 1982), y es el mismo Hayek quien dice los primeros en aplicar esta idea del orden espontáneo como fruto de la acción, pero no del diseño humano fueron los escolásticos españoles (Hayek, 1973). No obstante, es en Hayek donde encontramos una mejor justificación teórica del orden espontáneo que se remonta, nada más y nada menos, que a su teoría de los fundamentos de la psicología que recogió en su obra The Sensory Order (1952).
El orden sensorial y La fatal arrogancia
Hayek (1952) demuestra que la propia mente nunca será capaz de explicar al completo el funcionamiento de ella misma. Esto se deriva del razonamiento de que solo los órdenes de complejidad superior son capaces de explicar los de orden inferior. Por ello, si ni siquiera la mente es capaz de explicarse a sí misma, ¿cómo va a explicar un orden de complejidad superior, cómo es el orden social o espontáneo?
Precisamente, es espontáneo porque no es diseñado, y como no es diseñado, no se puede volver a planificar o diseñar. Dado esto, y conectando con la idea del orden espontáneo, Hayek (1988) concede suma importancia a la tradición. La tradición entendida como un orden de elementos heredados de generaciones pasadas y, por lo tanto, complejo y no diseñado, resultado de un proceso evolutivo. Es más, Hayek (1988) sitúa la tradición entre el instinto y la razón, aclarando que la tradición es lo que permite superar al instinto. Pero, a su vez, no es resultado de la razón, sino que, más bien, es la razón resultado de la tradición.
Tradición y conocimiento
La tradición, por tanto, engloba una cantidad de conocimiento que resulta inabarcable para la mente humana. Se aprende con el tiempo basándonos en comportamientos pautados sobre los que muchas veces no se tiene justificación, a pesar de su utilidad. Además, Hayek (1988) añade una expresión de sobra conocida para referirse al pecado capital de todo planificador, esto es, su fatal arrogancia. Precisamente, la fatal arrogancia es la actitud en la que, desde las limitaciones de la mente humana nos creemos capaces de rediseñar y planificar el orden espontáneo, la tradición y, casi por analogía, la propia razón humana.
Explicado así, cobra sentido nuestro planteamiento anterior. Las personas mayores descubren, a lo largo de su vida (de ahí que cuando son mayores dicen: ¡qué razón tenían mis padres!), que en la tradición hay verdad o, en otras palabras, razón y conocimiento. Por su parte, las personas más jóvenes, por inexpertos, caen en el pecado de la fatal arrogancia, rechazando la tradición sin saber que, con ello, están dando la espalda a la razón. Ciertamente, ocurre que cuando las personas van envejeciendo, la vida, en un proceso de prueba y error, les lleva a darse de bruces con el orden espontáneo. Debido a que son solo las reglas de dicho orden las que permiten sostener el funcionamiento y éxito de la sociedad, y de la vida individual misma (Hayek, 1973), acaban llegando finalmente a la conclusión de que en la tradición, en lo heredado por sus padres, es donde estaba efectivamente la razón, y que en el pasado fueron fatalmente arrogantes.
Referencias
Barry, N. (1982). The Tradition of Spontaneous Order. Literature of Liberty, 5(2).
Hayek, F. A. (1952). The Sensory Order: An Inquiry into the Foundations of Theoretical Psychology. The University of Chicago Press.
Hayek, F. A. (1973). Law, Legislation and Liberty. Vol. I: Rules and Order. Routledge.
Hayek, F. A. (1988). The Fatal Conceit: The Errors of Socialism. Routledge.