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Mié, Ago 26

El cisma liberal

El nuevo eje separaría dos bloques: las ciudades metropolitanas globales frente al entorno rural y las ciudades en decadencia.

El pasado martes, en un evento de European Students For Liberty,  Tom G. Palmer, senior fellow del Cato Institute y vicepresidente ejecutivo de Programas Internacionales en Atlas Network, recibió una pregunta que me hizo reflexionar sobre el futuro del liberalismo. La pregunta es sencilla: ¿cree usted que el mundo ha avanzado hacia el liberalismo (o hacia una situación de mayor libertad) en los últimos diez años? La respuesta fue aún más sencilla: en general, no. ¿Nos encontramos entonces ante el fin del liberalismo?

Los liberales tendemos al optimismo, insistiendo en la increíble reducción de la pobreza a nivel mundial que hemos presenciado en los últimos 50 años. Sin embargo, este optimismo no puede cegarnos a la hora de observar el desarrollo de la política en la última década. Desde los años 70, la política a nivel global ha estado centrada en el papel del Estado principalmente en dos planos: el económico y el social. Estos son precisamente los ejes que encontramos en el famoso diagrama de Nolan. ¿Quiere esto decir que la política se reduce esencialmente a dos cuestiones? Evidentemente no, el espacio político tiene muchas más dimensiones. Como explica el historiador Stephen Davies, director de Educación en el Institute of Economic Affairs, si hiciésemos una lista con cuestiones políticas importantes, es probable que cada persona tuviese un conjunto de respuestas único. Sin embargo, la opinión pública tiende a alinearse en torno a uno o dos temas especialmente relevantes, en torno a los cuales se generan dos polos ideológicos que llamamos izquierda y derecha, cuya definición depende precisamente de cuáles son esos temas centrales. Por lo tanto, cada polo está formado por alianzas entre distintas ideologías con objetivos comunes en ese momento histórico concreto. La cuestión primaria o dominante de esta época ha sido la economía. En torno a este tema, conservadores y liberales, unidos por un escepticismo frente a la redistribución económica y el apoyo a la economía de mercado, se han aliado a pesar de sus diferencias ideológicas. De la misma manera, socialistas y socialdemócratas, han conformado el otro polo ideológico a escala global. En torno a estas dos posiciones se configuró un centro político que ha logrado importantes avances en cuanto a libertad económica y social, pero esta era parece estar llegando a su fin.

En la última década hemos sido testigos del auge del populismo reflejado en el auge de figuras como Orbán, Bolsonaro, Duda, Salvini, Trump o Le Pen, y el surgimiento de nuevos partidos a nivel mundial como el Brexit Party, Vox o el Movimiento 5 Estrellas. Esto es frecuentemente representado como el declive del centro político, la polarización de la política. La tesis del doctor Davies es muy distinta. El historiador británico sostiene que nos encontramos ante el surgimiento de un nuevo eje primario, la identidad. Este nuevo eje separaría dos bloques: las ciudades metropolitanas globales frente al entorno rural y las ciudades en decadencia; la apertura o cosmopolitismo frente al localismo y nacionalismo; la identidad escogida frente a la identidad prescrita; el dinamismo y la innovación frente a la estabilidad y el orden. De esta forma no nos encontraríamos ante el fin del centro sino ante la creación de un nuevo centro en un espacio político definido por el eje primario de la identidad y el eje económico, que sería ahora eje secundario.

En este momento histórico, los liberales han de encontrar sus nuevas posiciones, y quizá nuevas alianzas. No es la primera vez que sucede, liberales y conservadores se encontraban en polos ideológicos opuestos cuando la relación entre el Estado y la religión era el principal debate político, pero se aliaron una vez este debate pasó a un segundo plano. El eje de la identidad parece estar dividiendo al liberalismo, tanto en España como en el resto del mundo. En este contexto, es importante adaptarse a la realineación política cuanto antes para evitar perder toda relevancia. Los liberales debemos volver a nuestros principios y tomar posición en el nuevo panorama político con base en estos en vez de dejarnos guiar por nuestras alianzas actuales, que ya tienen fecha de caducidad. Los liberales creemos ante todo en el individualismo frente al colectivismo, en la libertad frente a la coerción y en la tolerancia frente a la tiranía. Por ello, debemos defender el derecho del individuo a conformar su propia identidad y debemos entender los beneficios del libre intercambio económico y social, como ya hicieron nuestros predecesores. Desde sus inicios, el liberalismo separa preferencias personales, como la religión, de imposiciones políticas, como la prohibición de otras religiones. En la cuestión identitaria debemos ser igual de firmes, aceptando y reconociendo la legitimidad del patriotismo, pero rechazando las imposiciones nacionalistas de cualquier tipo. Defendiendo la tolerancia y la apertura al comercio frente al nacionalismo social y el nacionalismo económico o mercantilismo. Es momento de posicionarse guiados no por nuestros prejuicios, amistades o siglas políticas preferidas hasta ahora, sino por nuestros principios.

Andrés Moral Martín

Autor de la investigación

Documento de la investigación

El cisma liberal

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