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Vie, Nov 17

José Larráz y el concepto de Escuela de Salamanca

La idea, el concepto y la expresión “Escuela de Salamanca” son recientes, muy recientes. Su origen puede fijarse casi con la precisión del día y de la hora. Su autor fue José Larráz López (1904-1973). No fue exactamente un pensador o un teórico de la economía, del derecho o de la historia. Fue, más bien, un gran abogado y un estudioso que realizó algunas investigaciones de relevancia suficiente, como para ser acogidas y valoradas por algunos de los más destacados economistas de su tiempo, como Schumpeter (1883-1950) o Hayek (1899-1992).

En las historias de la filosofía generales, al igual que en las del pensamiento español, nunca antes de él se había denominado “Escuela de Salamanca” a los autores clásicos españoles de la filosofía del derecho y del estado, y de la filosofía en general, de los siglos XVI y XVII. Se los estudiaba separadamente y sin muchas conexiones internas ni exteriores, pese a que algunos, como Suárez (1548-1617), fueron trascendentales para el pensamiento europeo posterior. No le faltaba razón a Julián Marías al decir que, durante dos siglos, los europeos aprendieron la metafísica en Suárez, pero no aprendieron la metafísica de Suárez.  

Creador de la Escuela de Salamanca

Menéndez Pelayo (1856-1912), en su monumental Historia de los Heterodoxos Españoles, obra juvenil, se limitó a mencionarlos en el epílogo del Libro V, bajo la rúbrica de Resistencia Ortodoxa, pero sin referencia alguna a una concreta escuela de pensamiento. Por su parte José Luis Abellán, en su no menos monumental Historia Crítica del Pensamiento Español (1979), tampoco la empleó. Abellán abordó separadamente el estudio de todos estos autores, sin establecer muchas conexiones entre ellos. Por ejemplo, trata a Juan Luis Vives (1492-1540), como máxima expresión del erasmismo español, pero desconectado de Francisco de Vitoria (1483-1546) o de Domingo de Soto (1494-1560), y sin ninguna conexión con los autores jesuitas de la segunda época de la Escuela de Salamanca definida por Larráz.

Antonio Truyol y Serra (1913-2003), en su imprescindible Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado (1975), sí utilizó la expresión “Escuela de Salamanca”, aunque la reservó para los autores de la primera época de la misma, o fase de los Dominicos, como Vitoria o Soto. Pero estudió a estos separadamente de Vives, a quien sitúa en el Humanismo Político, junto con Erasmo de Rotterdam (1466-1536). Al igual que trató, también al margen de Vives y de los dominicos salmanticenses, a los tratadistas de la Compañía de Jesús que conformaron la segunda época, o fase jesuita, de la Escuela de Salamanca, tal como la definió Larráz.

José Larráz

Larráz había estudiado Derecho en la Universidad de Madrid, donde obtuvo al licenciase el Premio Extraordinario de Fin de Carrera. En marzo de 1926, ingresó con el número uno de su promoción en el Cuerpo de Abogados del Estado. Gracias a su brillante currículo, fue becado por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, para ir a Bélgica. Allí trabajó sobre la economía belga en el Instituto de Sociología Solvay de Bruselas (1927-1928), y estudió las razones históricas del enriquecimiento. Buscó un modelo real para el análisis de las causas de las que depende el desarrollo económico. Resultado de sus trabajos fue su libro La evolución económica de Bélgica, publicado en 1930.

Como Abogado del Estado ejerció en las Delegaciones de Hacienda de Barcelona y Madrid, y en la antigua Dirección General de lo Contencioso del Ministerio de Hacienda. En 1929, en los meses finales de la dictadura de Primo de Rivera, fue nombrado asesor jurídico de la Presidencia del Consejo de Ministros, por recomendación de José Calvo Sotelo. En 1930 entró en el Servicio de Estudios del Banco de España, que dirigió junto con Olegario Fernández Baños (1886-1946), aunque sólo estuvo un año. Tras la victoria de las derechas en las elecciones de 1933, accedió a puestos destacados de la política económica, como colaborador de Gil Robles, contribuyendo a reorganizar el Consejo Nacional de Economía, cuya vicepresidencia ocupó desde 1934. En 1935, fue nombrado para dirigir la Comisaría Nacional del Trigo.

Guerra Civil

De profundas convicciones religiosas, ya de joven se integró en la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, en cuyo consejo rector figuró en 1935. Desde 1931 dirigía la sección de economía del diario católico El Debate y, a partir de 1936, presidió el consejo de administración de la Editorial Católica.

La Guerra Civil 1936-1939, le sorprendió en Madrid, de donde pudo escapar a mediados de 1937. Ya en Zona Nacional, se incorporó al grupo de técnicos que empezaban a formar el equipo económico que hizo frente a los problemas financieros y económicos del gobierno de Franco, en Burgos. En noviembre de 1937 se reorganizó el Servicio de Estudios del Banco de España en Burgos, encargándose a Larráz de su Dirección. Allí, propuso las políticas y las leyes necesarias para hacer frente a las consecuencias financieras de la guerra. En 1938 fue nombrado director del Servicio Nacional de Banca, Moneda y Cambio. Una destacada trayectoria técnica que culminaría con su nombramiento para Ministro de Hacienda, el 9 de agosto de 1939.

Reunificación de las monedas nacional y republicana

El 19 de mayo de 1941, José Larráz López, presentó a Franco su dimisión como Ministro de Hacienda y abandonó la política para siempre. El motivo, sus hondas discrepancias con la opinión general del Consejo de Ministros respecto a la política económica que debía seguir España entonces. Una salida tan sorpresiva como lo había sido su ascenso al Ministerio, en 1939. En los 21 meses que ejerció de ministro, desplegó una notable actividad. Al hacerse cargo de las finanzas del Estado su objetivo fue alcanzar una situación de economía de paz.

Desde el Ministerio de Hacienda resolvió la reunificación monetaria de España, tras la Guerra Civil (1936-1939), entre la peseta republicana y la peseta nacional, con la Ley de 7 de diciembre de 1939, de desbloqueo de saldos bancarios en moneda republicana. Norma que complementó con la refinanciación de la deuda pública y con una reforma fiscal redistributiva, muy necesaria. Y con el control de la inflación. Gran parte de ello se plasmó en la Ley de Reforma Tributaria, de 1940, que dotó a España de un sistema tributario eficaz. Y, tras 21 meses de ingente actividad al frente de la Hacienda Pública española, abandonó la política para centrarse en la abogacía, en el estudio, en la investigación y en la docencia.

Abogacía, investigación y docencia

Al abandonar el gobierno, rehusó aceptar las ofertas que recibió, entre otras, la Presidencia de Telefónica, la de Renfe o la Embajada de España en Washington. Salió de la política para adentrarse en la abogacía, en el estudio y en la docencia. A él se deben algunas importantes aportaciones que lograron alcanzar resonancia internacional. Ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas al poco de su cese, en abril de 1943. También fue académico de la Real de Jurisprudencia y Legislación, en 1952, dedicando su discurso de ingreso a la Metodología aplicativa del Derecho Tributario. Y no perdió la confianza de Franco, que le consultó en numerosas ocasiones, por lo menos hasta el Plan de Estabilización de 1959. Pero jamás volvió a tener responsabilidades públicas.  

Desde 1942, además de a la abogacía, se dedicó al estudio y a la investigación, y a participar activamente en las sesiones de las Reales Academias de las que era miembro. La faceta docente de Larráz fue importante, pues impartió clases en la Escuela Social de Madrid y dio cursos libres de Economía en el Centro de Estudios Universitarios (actual Universidad San Pablo CEU). En la recién creada Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid, tuvo a su cargo la cátedra de Sociología, en 1947, aunque solo dictó un curso académico. Y también impartió conferencias, como la dictada en el Ateneo, el 22 de febrero de 1947, sobre La crisis de la sociedad contemporánea, citada en la última Historia del Ateneo de Madrid, de Víctor Olmos. Una conferencia importante por lo que dijo, ante quien lo dijo y desde donde lo hizo.

La época del mercantilismo en Castilla

Pronunciada ante el entonces Ministro de Educación, José Ibáñez Martín, la disertación de Larráz se centró en la crisis social del siglo XX, fruto a su juicio de los excesos de la economía liberal del laissez faire, laissez passer, del siglo XIX, que no atendió la cada vez más acuciante cuestión social. Un análisis que recuerda las tesis del alemán Wilhelm Roepke (1899-1966), en su obra La Crisis Social de nuestro tiempo (1942), que quizá Larráz conocía. También subrayó la importancia de los autores españoles clásicos de los siglos XVI y XVII, a los que él había denominado Escuela de Salamanca, en 1943, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y a los que Larráz consideraba los verdaderos teorizadores de la economía moderna.     

En ese discurso de ingreso, leído el 5 de abril de 1943, y titulado La época del mercantilismo en Castilla (1500-1700), incorporó una profunda investigación histórica. Con esta obra, Larráz impulsó la recuperación de los clásicos españoles del Siglo de Oro, a los que agrupó en una única escuela de pensamiento. En el capítulo III de dicho discurso, titulado El cuantitativismo monetario de Salamanca, empleó la expresión de “Escuela de Salamanca” por primera vez, que pronto se difundiría, al acogerla Schumpeter en Historia del Análisis Económico (1954).

Escuela de Salamanca

La utilización de la expresión “Escuela de Salamanca” y su concepto de escuela de pensamiento económico, fue una aportación indiscutible de Larráz. Aunque podría objetársele que, tan importantes fueron para esta escuela las Universidades de Coimbra, de Granada o de Alcalá de Henares, como la de Salamanca. Y, además, también mantuvieron esos autores importantes relaciones con las Universidades de la Sorbona (París), de Lovaina o de Bolonia, etc. 

Esta referencia de Schumpeter a la Escuela de Salamanca procedía de Marjorie Grice-Hutchinson (1909-2003), personaje fundamental para recobrar a estos clásicos españoles, no siempre adecuadamente estimados en la historiografía, tanto en la filosófica, como en la teoría política o en pensamiento jurídico, pese a su trascendencia. Grice-Hutchinson (1909-2003) desempeñó un gran papel en esa recuperación.

Por azar, conoció el discurso de Larráz y, no sólo lo utilizó para su tesis, sino que lo divulgó. Su obra La Escuela de Salamanca (1952), constituyó un hito en el pensamiento económico, pues su director de tesis, Friedrich Hayek, consideró de interés su trabajo. Grace-Hutchinson, con La Escuela de Salamanca, abrió una línea de investigación que proseguiría con el estudio de los precursores medievales de dicha escuela.

Marjorie Crice-Hutchinson

Unos 25 años después publicó una segunda entrega de sus estudios titulada El Pensamiento Económico temprano en España, 1177-1740 (1978), obra casi de mayor interés. En ésta, pese a su propósito de rastrear los antecedentes medievales del pensamiento económico de los escolásticos españoles del Renacimiento, realizó una importante aportación. En su obra, Grice-Hutchinson situó ante su espejo histórico a la ciencia económica que, hasta entonces, tenía datado su origen en Adam Smith (1723-1790), en Cantillon (1680-1743), en los mercantilistas o en sus precedentes inmediatos. Y el espejo reflejaba a otros personajes anteriores, como los adustos monjes dominicos y jesuitas españoles que conformaron la Escuela de Salamanca.    

Gracias a estos estudios se pudo recuperar, en el siglo XX, el pensamiento económico de los clásicos españoles del Siglo de Oro, agrupados por Larráz en su concepto de “Escuela de Salamanca”. Fue su más relevante aportación teórica. Sin ser exactamente un pensador o un teórico, Larráz hizo con ello una importante contribución a la historia del pensamiento económico y, en un sentido más amplio, a la historia general del pensamiento.

Ver también

Balmes y el marginalismo en España. (León Gómez Rivas).

Schwartz y la Escuela de Salamanca. (León Gómez Rivas).

Pedro López Arriba

Autor de la investigación

Documento de la investigación

José Larráz y el concepto de Escuela de Salamanca

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