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¿Propiedad, trabajo y ahorro? Una crítica al discurso del profesor Bastos

En su discurso como premiado Juan de Mariana en la edición 2023, el profesor Miguel Anxo Bastos reivindicó la recuperación para la sociedad de tres valores esenciales: la propiedad privada, el trabajo y el ahorro. Bastos advirtió contra la visión estática del mundo y la asunción correspondiente de que las cosas que vemos son así porque sí e inmutables, y defendió que la situación actual de riqueza (en que podemos “comer salmorejo”) era completamente distinta hace pocos años, y se debe a los valores y esfuerzos asumidos por las generaciones pasadas.

Dichos valores, según él, se corresponden con los tres conceptos del título: Propiedad, trabajo y ahorro. Como no podía ser de otra forma, nos los recomendó como valores vitales para asegurar la prosperidad de la sociedad. El discurso del queridísimo profesor fue magnífico, e interrumpido por numerosas ovaciones, quizá demasiadas incluso para su gusto.

Trabajo y ahorro

¿Y quién puede discrepar de tal planteamiento? Los fundamentos teóricos de la recomendación de Bastos son impecables. Dado que el trabajo está presente en toda actividad productiva[1], es siempre necesario el concurso del trabajo para añadir valor. Es más discutible si hay proporción directa entre cantidad de trabajo y cantidad de valor añadido, que ya sabemos por teoría del valor que no; eso pone en entredicho la necesidad de trabajar más para que la sociedad progrese más. En todo caso, cuanto más se trabaje, mayor probabilidad hay de que se añada valor a la sociedad. Interpretemos así la reivindicación del trabajo por Bastos.

En cuanto al ahorro, en este caso hay menos dudas sobre su papel fundamental en el enriquecimiento de la sociedad. Esto es así porque solo mediante ahorro real se pueden conseguir procesos de mayor productividad para la sociedad. Y cuando digo mayor productividad, entiéndase en sentido muy amplio. También la aparición de activos que permiten hacer cosas previamente imposibles. El ejemplo paradigmático es el ahorro que tiene que hacer Robinson Crusoe para construir la vara que le permita recoger muchos más frutos de bosque por unidad de tiempo.

Y propiedad

Ambos conceptos se asientan, necesitan como precondición, la existencia del tercer valor de Bastos: la propiedad privada. En efecto, el ahorro solo se produce en un contexto en que la propiedad privada se puede defender. Y la motivación para trabajar tiene que ver en gran parte con la posibilidad de retener parte del valor que se genera con dicho trabajo, sea porque se obtiene un salario, o porque se anticipa la existencia de beneficios. O sea, porque vamos a ser propietarios de parte del valor que se ha creado con nuestro trabajo.

¿Qué ocurre si la propiedad privada está cuestionada por otras instituciones, aunque no sea de forma absoluta? Y a nadie se escapa, y menos que a nadie al profesor Bastos, que en muchos países, como España, la propiedad privada está bajo continúo acoso de muchas formas y maneras, y por todo tipo de organismos, empezando por el Estado en cada ámbito geográfico.

En este contexto, ¿qué se va a encontrar el individuo que siga los consejos de Bastos de trabajar y ahorrar para conseguir su progreso y el de la sociedad? Pues seguramente su proceso de descubrimiento va a terminar de forma decepcionante, a veces para él, a veces para la sociedad, y en ocasiones para ambos.

Trabajar para la destrucción

Si aceptamos la idea de trabajar más, hay un riesgo muy grande de que terminemos trabajando en un lugar que destruye valor para la sociedad, en vez de acrecentarlo. Esto es así porque hay muchas probabilidades de que ese trabajo se lleva a cabo, precisamente, para el Estado que amenaza la propiedad privada. ¿Querría el profesor Bastos que esta gente trabajara más? Pero esto ocurre no solo si trabajas para el Estado, puede que estés trabajando para empresas que se benefician de privilegios concedidos por el mismo, y que, por tanto, también tienden a destruir valor cuanto más trabajan. ¿Y cómo decidirán las personas en qué puestos de trabajo se crea valor y en cuáles se destruye?

Pero incluso si evitas este campo minado, cuanto más trabajes y valor generes, más impuestos deberás pagar por tus ganancias, vengan de donde vengan. Estos impuestos servirán para acrecentar el poder del enemigo declarado de la propiedad privada, por lo que ese trabajo tan reivindicado por Bastos resulta que, con una probabilidad muy alta, va a servir para dinamitar el valor base que defiende el profesor.

Éxito en el ahorro

En cuanto al ahorro, que no se engañe la persona que haga caso del profesor. No es nada fácil tener éxito ahorrando; lejos están los tiempos, narrados por Stefan Zweig en sus “Memorias de un europeo”, en que bastaba con hacer lo que hacía su padre: guardar la moneda obtenida de una venta. No, en la actualidad, el ahorrador que lo haga de esa forma verá como merma su riqueza por las políticas monetarias generalizadas de los Estados, que continuamente inflan la oferta monetaria para sus fines. Así, quien quiera ahorrar, deberá asumir una ocupación adicional a la de su trabajo normal, la de ser experto en decidir cómo ahorrar para no perder su esfuerzo (alternativamente, pagar a un experto para que lo haga por él).

De estas reflexiones surgen mis dudas sobre la recomendación del profesor. Pero, al mismo tiempo, sugieren un destino provechoso para dicho trabajo y para dicho ahorro: el de asegurar el primero de los valores de Bastos, la propiedad privada, para que la realización de los otros dos sea de verdad provechosa para todos.

En otras palabras, trabajemos, sí, y ahorremos, también, pero con el objetivo inicial de conseguir una institución de la propiedad privada bien defendida de los asaltos de los Estados.

* Este artículo está dedicado, por supuesto, al Premio Instituto Juan de Mariana 2023, el profesor Miguel Anxo Bastos.


[1] Aunque su aparición se produzca muy aguas arriba en el proceso, siempre es necesario el factor trabajo. Lo digo para los que estén pensando en las actividades productivas de robots y/o utilizando técnicas de Inteligencia Artificial.

Miguel Anxo Bastos

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