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Lun, May 01

La historia reciente de España vista por Stanley Payne

El Estado, tal y como lo conocemos hoy, es una amenaza para la libertad individual.

El profesor norteamericano Stanley G. Payne es doctor en Historia por la Universidad de Columbia (NY) y catedrático emérito en la UW-Madison. Conocido “hispanista”, acaba de visitar la Universidad de Navarra donde mantuvo una larga entrevista que me ha parecido de interés para comentarla en estos Análisis. Estarán de acuerdo conmigo por el título con el que arranca ese diálogo: “El Estado, tal y como lo conocemos hoy, es una amenaza para la libertad individual”. Sin duda algo que compartimos los simpatizantes del IJM.

Me llamó la atención porque no es un autor catalogado de “liberal” (en el sentido que nosotros tenemos del término, justo lo contrario que en su país). Comenzó estudiando la España de la República, la Guerra Civil y el primer franquismo: por lo que, como señala él mismo, “al comienzo de mi vida académica decían que era de izquierdas”. Sin embargo, al continuar su investigación con el criterio de la honradez y el respeto a la verdad, “los historiadores que antes me aplaudían comenzaron a censurar mis tesis”. Aquí nos ofrece unas reflexiones muy lúcidas sobre el estado de la profesión en nuestro país: “la historia contemporánea de España sufre de una profunda corrección política”, en la que se arrincona a cualquiera que discrepe de la versión dominante.

Esto nos interesa por varios motivos: primero, en cuanto a una falta de libertad para expresar opiniones contrarias a ese mainstream oficial. Ciertamente, como reconoce, no se ha sentido “censurado” en su trabajo… “pero hay algo mucho más sutil que la censura, el silencio. Hay editoriales, también algunos medios, donde sabes que jamás te pedirán colaboración”. Me parece que conviene tener presente esta realidad.

Lo segundo es una tendencia a la manipulación de la Historia que siempre han manifestado los populismos de todo signo. Payne lo describe muy certeramente al defender la honestidad en la investigación científica, algo que “la izquierda occidental no acepta porque hay una ortodoxia que se blinda contra la realidad. Los hechos no importan -o importan muy poco- si rebaten la versión oficial. Es lo que pasaba en el bloque comunista: si la realidad no confirma mis teorías, la culpa es de la realidad”. En España tenemos el ejemplo de la manipulación socialista y podemita de la “memoria histórica”, por una parte; junto a una enseñanza falsificada del pasado, esta vez desde la educación oficial de los gobiernos nacionalistas de derechas en Cataluña o el País Vasco.

En la entrevista leemos algunas referencias concretas a opiniones que no se corresponden con lo políticamente correcto, como por ejemplo su crítica a la falta de democracia en los últimos periodos de la Segunda República: “la situación política en España en 1936 era tan desastrosa, que lo que ocurrió podía haber sucedido en cualquier país en las mismas circunstancias. Ahora bien, en los Estados Unidos la gente no habría soportado el abuso gubernamental que se produjo en la primera mitad de 1936. Podemos decir, por tanto, que los españoles fueron muy pacientes y que se acorraló a la oposición conservadora”. ¿Justifica con ello la insurrección militar? (le pregunta el periodista): “Un historiador debe entender los hechos y explicarlos, pero no entrar a justificarlos” es su respuesta. Tampoco da una solución al “qué habría pasado si…”. Los futuribles históricos no dejan de ser conjeturas respecto a otras posibles salidas de aquel embrollo, tanto desde el lado militar, como del monárquico, anarquista, socialista o comunista.

Termino con esa contundente frase referida al Estado como una “amenaza para la libertad individual”. Aquí está en sintonía con los padres fundadores de su país, preocupados por limitar ese poder y centralización gubernamental: “la amenaza se esconde en la corrección política y en las ideologías que intentan dominarlo todo y asfixiar la libertad de expresión, educativa o religiosa”. Aunque no se refiere sólo a los EE.UU. sino también a Europa, con unos consejos que me parecen muy recomendables: “Occidente debe recuperar su identidad y un sistema de valores coherente… Ahora se precisan cambios culturales básicos que redescubran una antropología correcta, que protejan la familia, que dignifiquen la educación… Sin un sistema educativo libre no podremos hacer nada”.

Pienso una vez más en la importancia que tiene defender y difundir los principios liberales que sostenemos desde posiciones como este Instituto. Conjugando la libertad con la responsabilidad individual, y sin caer en las manos de un estado benefactor que al final no mira por el bien común de la sociedad, sino por el interés propio de sus funcionarios. Como botón de muestra, esa lamentable corrupción política que parece comienza a ser juzgada en España: los partidos no pueden mirar hacia otro lado, como si solo se tratara de episodios personales de inmoralidad. Deben involucrarse en conseguir una ejemplaridad ética entre sus miembros, sin consentir la mínima sombra de duda. Y ello, desde el convencimiento de la importancia de educar en esos valores a toda la sociedad: esto es algo, desde luego, que no se consigue en unos meses. Pero hay herramientas: comenzando por una necesaria catarsis ciudadana contra el relativismo. No todo vale, ni lo progresista es respetar cualquier conducta: las hay buenas y malas. Lo que se tendría que reforzar por ejemplo, a través de la educación primaria, secundaria y superior; o exigiendo rigor informativo en los medios de comunicación.

Pueden leer la entrevista completa en el número 694 de la revista Nuestro Tiempo (primavera 2017).

leon.gomez@universidadeuropea.es

Autor de la investigación

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La historia reciente de España vista por Stanley Payne

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