En particular, el sector público italiano adeuda 914.637 millones de euros a la banca italiana; y, a su vez, el sector público italiano y la banca italiana (cuya solvencia depende de la del primero) adeudan 91.821 millones de euros a la banca francesa, 44.477 millones a la banca alemana y 51.079 millones a la banca española. Por su parte, el Estado español adeuda 471.404 millones de euros a la banca española; y, a su vez, el sector público español y la banca española adeudan 41.857 millones de euros a la banca francesa, 34.541 millones de euros a la banca alemana y 56.163 millones a la banca italiana. Dejo fuera de estas cifras los 341.179 millones de euros en deuda pública italiana y los 241.601 millones de euros en deuda pública española que se hallan en manos del BCE merced al QE, los cuales son imputables en un 18% a Alemania, en un 14,1% a Francia, en un 12,3% a Italia y en un 8,8% a España.
Por consiguiente, las políticas populistas que puedan llegar a implantarse en Italia o en España constituyen un peligro potencial para la eurozona como consecuencia del Himalaya de deuda pública con que ambos países han contaminado todo el sistema bancario de la eurozona. En caso de que ambos países estuvieran muchísimo menos endeudados y de que, como resultado, su solvencia no corriera peligro, entonces los ‘aventurismos’ políticos transalpinos o ibéricos resultarían mucho menos relevantes para el resto del continente.
¿Y qué han hecho los políticos prosistema, proeuropeos y pro-rigor presupuestario para contener la extensión de semejante plaga financiera en Italia y en España? Absolutamente nada: si observamos la evolución del ‘stock’ de deuda pública de ambos países desde el inicio de la crisis, comprobaremos que su crecimiento ha sido ininterrumpido desde el año 2007. En particular, la deuda pública italiana se ha expandido desde el 99,7% al 131,4% del PIB, y la española desde el 35,5% al 98,3%. Uno podría ciertamente argumentar que la explosión de pasivos estatales durante las etapas recesivas fue una lacra inevitable y, por tanto, inimputable a los políticos que ocuparon el cargo durante esos años. Y aun estando en desacuerdo con la totalidad de semejante enunciado, al menos tendría una cierta lógica subyacente. Pero lo que resulta completamente indefendible es que, durante la nueva etapa de crecimiento económico, la deuda pública heredada de la crisis no se haya reducido ni en Italia ni en España.
O expresado de otro modo, los políticos que ahora levantan la bandera de la estabilidad económica para alertar contra el riesgo que suponen los gobernantes populistas han sido los que no han movido ni un dedo para disminuir la magnitud de ese riesgo. Han sido Renzi y Gentiloni en Italia o Rajoy en España los que durante años se han negado a desactivar la bomba financiera de la deuda pública y los que ahora se rasgan las vestiduras por el hecho de que pueda terminar cayendo en manos de pirómanos-populistas: si finalmente sucediera, su negligencia sería corresponsable del consiguiente desastre.