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Etiqueta: Bitcoin

La estabilización del valor de Bitcoin

En artículos anteriores he tratado la volatilidad de Bitcoin y los problemas que puede tener para que su precio sea estable en el futuro. Este es un debate muy frecuente entre bitcoiners y economistas, pues Bitcoin generalmente se describe como un candidato a ser dinero. 

Por mi parte, considero que la función más importante del dinero es la unidad de cuenta, es decir, facilitar el cálculo económico y la formación de los precios. Carl Menger sostiene que esta función es importante, pero que no es una función causal del dinero, sino una consecuencia derivada de ser medio de intercambio. Pero creo que existen argumentos para pensar que la función de unidad de cuenta puede ser anterior a la función de medio de intercambio.

El economista Carlos Bondone en sus últimos trabajos sostiene que antes de realizar cualquier intercambio necesitamos realizar cálculos. Y la verdad es que es bastante evidente que esto es así, que si en una transacción se intercambian 2 unidades del bien A por 1 unidad del bien B, las dos partes tienen que calcular el valor de esos bienes y trasladar ese valor cuantificándolo en cantidades de ambos bienes.  Incluso para el propio autoconsumo, que sería un intercambio intrapersonal en el tiempo, también necesitamos cuantificar las unidades que vamos a necesitar almacenar en función de nuestra necesidad a lo largo del tiempo.

Antes la unidad de cuenta que el medio de intercambio

Esta cuantificación del valor la realizamos a través de los bienes de manera relativa. Cuando se trata del mismo bien comparamos el valor de la unidad marginal con el resto de unidades, y cuando se trata de dos bienes distintos, comparamos el valor de ambos para determinar una relación de intercambio, un precio. En economías monetarias, utilizamos el dinero como proxy del valor (i.e. unidad de cuenta).

Por tanto, y sin profundizar más en esta cuestión, pues no es el objetivo de este artículo, creo que existen argumentos para cuestionar o matizar a Menger en este punto y plantear que la función de unidad de cuenta de un bien destinado al intercambio puede ser causalmente anterior a la función de medio de intercambio. 

Llevando este argumento a la práctica, podríamos explicar por qué algunas monedas que son una pésima unidad de cuenta aún consiguen circular, como el peso argentino. Y es que de alguna manera estas monedas se convierten en una suerte de moneda fraccional de otra moneda más estable, como es el caso del dólar, que es la referencia, aunque no protagonice gran parte de los intercambios. La función importante, la unidad de cuenta, la pasa a desempeñar el dólar, y el peso simplemente sirve como medio de pago, estando las cantidades intercambiadas supeditadas a la unidad de cuenta.

Algo parecido sucede con Bitcoin en intercambios internacionales cuando las partes consideran que es más eficiente realizar el pago con Bitcoin que con una moneda fiat. Pero en la gran mayoría de estos casos la cantidad a intercambiar de Bitcoin se suele determinar en función de la cotización de Bitcoin en dólares o en euros. 

Oferta fija e inestabilidad

Existe un interesante debate entre los interesados en Bitcoin sobre si éste logrará ser dinero entendido como medio de intercambio generalmente aceptado, y según he argumentado en los párrafos anteriores, considero fundamental que para ello su valor se estabilice. Es más, me atrevería a decir que si su valor se estabilizara, su utilización como dinero sería una consecuencia natural e inevitable. El problema es que la oferta fija de Bitcoin dificulta sobremanera esta estabilidad, pues cualquier expectativa de cambio en la intensidad de la demanda ha de acomodarse vía precio porque la oferta no puede cambiar. 

Un argumento a favor de la estabilización es que se producirá gradualmente según se incremente la adopción de Bitcoin. Qué históricamente el mercado ha ido seleccionando como dinero bienes de oferta cada vez más restringida o “dura” hasta llegar al oro, y que de ahí se podría deducir que cuánto más dura es la oferta de un bien, mejor dinero puede llegar a ser.

Este argumento necesita hacer una excepción con la moneda fiat, pues la oferta de esta última es claramente menos restringida que la del oro, y, sin embargo, el mercado pasó de utilizar el oro a la moneda fiat. Para justificar esta excepción se puede aludir a que el Estado las impone al mercado por la fuerza, pero si esta imposición fuera posible ¿Por qué el mercado ha sido capaz de repudiar tantas monedas fiat? Tampoco se observa que en los mercados grises o negros, fuera del alcance de la coacción estatal, se opte generalmente por el oro.

Intermediar y compensar

Por otro lado, también es más que discutible que cuanto más restringida sea la oferta de un bien, más estable puede llegar a ser su valor. Si se me permite la analogía con la estabilidad de un coche, sería como decir que cuanto más dura sea la suspensión de un coche, más estable será su marcha. Pero por muy cierto que sea que la estabilidad óptima se alcanza según nos acerquemos a la dureza absoluta, eso no implica que la dureza absoluta sea la dureza óptima. En realidad, para que el coche sea lo más estable posible, la suspensión no debe ser ni demasiado blanda, ni demasiado dura.

Alternativamente, también se plantea como solución que la oferta se amplíe con sustitutos de Bitcoin, que básicamente serían deudas denominadas en Bitcoin emitidas por agentes económicos que a su vez sean acreedores de Bitcoin, de manera que si Ana le debe bienes por valor de un bitcoin a Juan, Juan se lo debe a Pedro y Pedro a Ana, todas estas transacciones se podrían liquidar por compensación sin necesidad de mover ningún Bitcoin y que ninguno de ellos tenga ningún Bitcoin. Quienes se acabarían especializando en esta función de intermediar y compensar deudas serían los bancos, que ante las fluctuaciones de la demanda emitirían o retirarían deudas denominadas en Bitcoin que utilizaríamos como sustitutos.

Creo que esta solución tiene bastantes problemas que por no extenderme hoy demasiado me limitaré a enumerar y que intentaré analizar con más detalle en próximos artículos.

Cuatro problemas

Los problemas que yo veo son los siguientes:

  • Si una de las razones por las que es útil Bitcoin es que resulta muy difícil de confiscar y que no hace falta confiar en ningún tercero, ¿Por qué un sustituto que requiera confiar en un tercero y sea fácilmente confiscable ha de ser igual de útil? Si la utilidad no es la misma, el valor no es el mismo. 
  • Enlazado con lo anterior, si los sustitutos de Bitcoin son pasivos bancarios y, en consecuencia, con emisores que tienen sede, nombre y apellidos, ¿Qué impide que los gobiernos metan ahí sus zarpas y “regulen” o incluso monopolicen la emisión de sustitutos? Y si esto sucede, ¿Qué incentivos van a tener los gobiernos al respecto de emitir estos sustitutos?
  • Si Bitcoin es volátil incluso cuando ya haya pasado el proceso de adopción y conocimiento por parte del mercado, ¿Cuál es el incentivo a denominar contratos o deudas en una unidad que no es estable?  Si muy poca gente se endeuda en Bitcoin, difícilmente existirán activos denominados en Bitcoin contra los que poder emitir pasivos.
  • Se pretende extrapolar un esquema de funcionamiento que existía durante el patrón oro, pero Bitcoin no es un recurso natural cuyo precio se autorregule de manera que cuando el precio sube se estimule la oferta. Aun sin llegar a ser dinero, el oro como simple activo ofrece una oportunidad de arbitraje cuando el precio se desvía mucho al alza de su coste de extracción. Es decir, en el proceso de producción de oro ya existen incentivos muy claros para endeudarse en oro cuando el precio se desvía mucho al alza.  

Sustitutos monetarios

Por último, si Bitcoin pasara a ser un patrón monetario internacional, para mantener su precio razonablemente estable, incluso en un contexto de deflación, sería necesario emitir cantidades adicionales de sustitutos a lo largo del tiempo. Pero la cantidad de Bitcoin va a ser siempre la misma, de manera que tendríamos una suerte de pirámide invertida cuyo vértice sería cada vez más pequeño en términos relativos, generando una situación potencialmente muy inestable, especialmente si los gobiernos se apuntan al negocio de emitir sustitutos de Bitcoin. Pero incluso si la situación fuera estable, es una situación que ni siquiera podría llegar a producirse si no existe previamente un incentivo para emitir y aceptar sustitutos de Bitcoin. 

Ver también

¿Es bitcoin irremediablemente volatil? (Manuel Polavieja).

Por qué los economistas son los que peor entienden bitcoin. (Álvaro D. María).

La Iglesia Católica y bitcoin

La Iglesia Católica no se ha pronunciado oficialmente ni a favor ni en contra de Bitcoin y otras criptomonedas. El motivo principal es la prudencia que deben tener las jerarquías antes de emitir un juicio moral sobre algo nuevo y desconocido. Pero sí que diversos cargos eclesiásticos y laicos se están pronunciando en contra de Bitcoin y del resto de criptomonedas por considerarlos “elementos especulativos sin ningún valor real que sirven a las grandes empresas en contra de los intereses de clases medias y bajas”.

Esta afirmación puede tener parte de verdad cuando menciona la especulación, pero se equivoca en decir que es mala per se y que perjudica a las clases bajas cuando en la realidad la actividad especulativa ayuda a la asignación eficiente de los recursos. Aunque no es el tema por tratar y, como además, soy escéptico sobre los diferentes criptoactivos, argumentaré por qué en el caso de Bitcoin esta afirmación es radicalmente falsa.

Qué es Bitcoin

Para criticar Bitcoin, hay que entender en qué consiste. Bitcoin es un tipo de dinero digital dentro de una red descentralizada P2P que permite enviar pagos online sin necesidad de que un intermediario valide la transacción. Es una cadena continua de bloques de información basada en un método de consenso bajo proof-of-work. La diferencia entre Bitcoin y cualquier otra criptomoneda es que está descentralizada. Ningún individuo ni organización puede modificarla.

El sistema de la red P2P basado en una proof-of-work consiste en que, cada vez que se emite una transacción, los nodos mineros (también hay nodos no mineros) recogen las transacciones en un bloque cada 10 minutos y deben competir para ser los primeros en actualizar el libro público de contabilidad y ganar el bloque. Para ello, gastan bastante energía para que la CPU resuelva la proof-of-work, que son problemas matemáticos difíciles de resolver, pero con una solución fácil de comprobar.

Transacciones seguras

Una vez se anuncian las transacciones, el resto de los nodos aceptan o rechazan la validez del bloque viendo si se han gastado los bitcoins con anterioridad. Si aceptan, deciden trabajar en ellos para el siguiente bloque. El minero que ha emitido el bloque válido recibe una recompensa en bitcoins, que se perdería en caso de ser una atacante de la red habiendo gastado energía de manera inútil. Por tanto, la mayoría de los nodos tienen inventivo a ser honestos.

Cada usuario tiene un monedero y posee una clave privada, que después genera una dirección pública, a la que poder enviar bitcoins o satoshis (las unidades divisibles de cada bitcoin) y que se puede comprobar mediante una firma. La clave privada es única y es imposible de adivinar mediante la dirección pública. Sólo los individuos o entidades con claves privadas serían propietarios de bitcoins. Es imposible conocer la clave privada de otro usuario. Pero las transacciones entre direcciones son públicas, lo que hace posible saber qué fondos tiene determinado usuario y de quién los ha recibido, aunque eso no implica saber su identidad real.

No atenta contra el Catecismo

Únicamente con explicar el funcionamiento de Bitcoin, se entiende que es un proyecto de moneda digital deflacionaria, puesto que su oferta está limitada y que elimina la necesidad de intermediarios en la red para validar las transacciones. La finalidad de Bitcoin fue, según dio a entender su creador, Satoshi Nakamoto, conseguir un dinero similar al mejor dinero que ha existido, el oro, según autores como Guido Hülsmann. A su vez, Bitcoin pretendía ser un dinero efectivo pero digital, sin necesidad de bancos o cajas de ahorro, siendo simplemente un monedero.

Por tanto, no hay ningún motivo para atacar Bitcoin que pueda estar enlazado al Catecismo de la Iglesia católica y sus enseñanzas sobre la moral. Los argumentos que se dan en contra son que sirve para fines especulativos (como si fuese malo, pero no quiero entrar a ese debate), favorece el crimen organizado y perjudica a la clase media y baja frente a los intereses del gran capital. Todos esos argumentos son falsos, o parcialmente falsos. Además, los críticos se olvidan de que Bitcoin otorga independencia financiera, que es importante para llevar una vida digna, y lleva un dinero seguro a personas perseguidas y oprimidas por gobiernos tiránicos.

Prevalecen los inversores a largo plazo

Es cierto que muchos individuos usan Bitcoin con fines especulativos, pero definitivamente son una minoría. Como las direcciones y transacciones son públicas, se pueden analizar y sacar gráficos estadísticos. Uno de ellos es el de long-term holders (LTH), que según Glassnode en 2023 ocupa un 78% de toda la oferta de Bitcoin. Los long-term holders son aquellos usuarios que no han hecho transacciones en más de 155 días. Por lo tanto, el 78% del Bitcoin está en manos de individuos o empresas que buscan una reserva de valor, una especie de oro digital.

La red Bitcoin es libre y puede entrar cualquiera, por lo que no se puede sacar, de ahí que favorezca únicamente a las grandes corporaciones. Es cierto que las grandes corporaciones o monopolios de la violencia, como EEUU o China, han estado comprando grandes cantidades de Bitcoin. Se estima también que su creador, Satoshi Nakamoto, tiene unos 700.000 bitcoins y hay otros grandes tenedores que puede causar fluctuaciones notables en el precio, pero eso ocurre con cualquier bien. Por eso no se puede sacar de ahí que perjudique a las clases medias y bajas, dado que sería como decir que el oro era un mal dinero porque grandes corporaciones como la Compañía de Indias Orientales o diversos monarcas mercantilistas acumulaban grandes cantidades de oro. No hay relación entre ambas afirmaciones y cualquier individuo con acceso a internet puede comprar Bitcoin.

Bitcoin y crimen

Hay que desestimar el argumento del crimen organizado. Es cierto que en Silk Road usaban Bitcoin, ya que las autoridades civiles desconocían su funcionamiento. Sin entrar en el debate de si las actividades de Silk Road eran ilícitas, usaban Bitcoin como podrían haber usado dólares o euros. Es más, la mayor parte del crimen organizado o, mejor dicho, de las actividades que se pueden dar en el mercado que son ilícitas (estafas, venta de bienes robados, sicarios…) porque dañan derechos de propiedad ajenos se efectúa en dólares. Además, Bitcoin dificulta las actividades criminales porque las direcciones y transacciones son públicas, por lo que, si se relaciona una dirección con una entidad criminal, se puede ver sus movimientos. La única diferencia es que no se puede confiscar si no se dispone de las claves privadas.

La imposibilidad de la confiscación de bitcoins es buena para el correcto desarrollo de la justicia. La confiscación de bienes de manera preventiva es peligrosa y puede llevar a que los gobiernos la usen de manera arbitraria, como hicieron en Canadá con una campaña para recaudar dinero a favor de los camioneros que se oponían a las restricciones Covid. Aquel que ha agredido a terceros debe ser obligado a reparar el daño causado hacia las víctimas, pudiendo ser privado de libertad. Que Bitcoin no sea confiscable no evita que un criminal sea detenido. Simplemente, se evitan las confiscaciones preventivas porque toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Juan Pablo II

No solo Bitcoin puede llegar a ser el dinero estable que pidió Juan Pablo II, sino que puede ayudar en la evangelización y la labor social de la Iglesia Católica. La vocación de la Iglesia católica es universal y, por tanto, miles de misioneros viajan a zonas donde los locales están sometidos bajo el yugo de gobiernos tiránicos, que impiden a los locales prosperar, o islamistas que les ejecutarían de convertirse al cristianismo y rechazar la Sharía. Las donaciones en Bitcoin podrían ser uno de los mejores mecanismos para llevar a cabo estas misiones.

De momento, la evangelización en naciones subdesarrolladas no se está llevando a cabo con Bitcoin, pese a cada vez más locales lo usan para proteger sus ahorros. Pero sí que está empezando a haber ejemplos, como el de las monjas Benedictinas de María, Reina de los Apóstoles, en Kansas. Dirigidas por el capellán Matthew Bartulica, que da misa tradicional en latín y es defensor de Bitcoin, financiaron la construcción de una nueva iglesia mediante donaciones en Bitcoin. No es el único caso, la Archidiócesis Católica Romana de Washington DC empezó a aceptar donaciones de criptomonedas. Finalmente, en 2023, Matthew Pinto organizó la primera conferencia cripto-católica en EEUU. Argumentó por qué los católicos tenían que tener en cuenta las criptomonedas y Bitcoin.

Aunque sigue habiendo muchas voces en contra, esto es el comienzo. Bitcoin puede ayudar a reconstruir la civilización cristiana. Por eso la jerarquía eclesiástica no debe emitir juicios imprudentes sobre la naturaleza de Bitcoin. Debe usarlo frente al dinero fíat, mediante el cual los gobiernos acaban con nuestros ahorros y nuestras libertades. Además, el dinero fíat ha fomentado el cortoplacismo, que tanto daño ha hecho a la moral pública. Y ha fomentado modos de vida no acordes al Evangelio.

Ver también

Bitcoin y la crisis de legitimidad del Estado (I): introducción. (Álvaro D. María).

Bitcoin y la crisis de legitimidad del Estado (I): camino a las micrópolis. (Álvaro D. María).

Liberalismo y bitcoin. (Manuel Polavieja).

Bitcoin y libertad

Llevo varios años publicando artículos sobre Bitcoin en esta casa, y después de todo este tiempo mi perspectiva sobre este activo ha ido cambiando en algunos aspectos. El cambio más relevante es sobre la posibilidad de que Bitcoin pueda llegar a ser moneda generalmente aceptada, debido a la volatilidad que genera su oferta fija.

He de decir que desde mi punto de vista que fuera o no dinero nunca fue algo que me importase en exceso sobre Bitcoin. Me importaba más por el hecho de que Bitcoin acabase con la moneda fiat. En este sentido, en numerosas ocasiones he “defendido” la moneda fiat frente a los ataques de bitcoiners maximalistas y algunos austriacos. Pero no porque a mí me parezca bien la moneda fiat; todo lo contrario. La he “defendido” porque creo que para derrotarla hay que atacarla con rigor. 

Fortalezas y debilidades de la moneda fiat

En mi opinión, la fortaleza de la moneda fiat está en la parte técnica y su gran debilidad en la parte política. Ruego al lector que me permita realizar momentáneamente esta separación para mi ejercicio de análisis, pues soy plenamente consciente de que la interferencia política tiene su origen en que la naturaleza técnica de la moneda fiat permite que tal interferencia exista. 

Con la fortaleza de la parte técnica me refiero a que en un supuesto entorno de banca libre sin intervención estatal, donde los agentes privados en libre competencia monetizasen activos privados, reales o financieros, creo que tendríamos monedas muy estables con una pérdida de poder adquisitivo a largo plazo mucho más controlada.

El gran problema es que esto es imposible en la era de los grandes Estados Nación. La naturaleza de crédito de este tipo de moneda requiere de emisores de confianza. Y un emisor de confianza, aunque sea privado, ha de tener nombre y apellidos, una sede, auditarse voluntariamente, etc.  Por tanto, son una presa muy fácil para caer bajo el control de los Estados. Para que los políticos desplieguen estrategias de financiación a través de este tipo de moneda. Dominancia fiscal.

La dominancia fiscal

Es esta dominancia fiscal el gran problema de las monedas fiat. Los políticos las utilizan para financiar sus gastos, o peor aún su déficit fiscal. También hay otras consecuencias muy graves para nuestra libertad. Por ejemplo, la facilidad que tiene el gobierno para embargarnos, la supresión de nuestra privacidad en lo que se refiere al dinero, o el control sobre en qué gastamos o dejamos de gastar.

En este contexto, los políticos pueden deteriorar la calidad de las monedas fiat que controlan, mientras no las empeoren significativamente más que las alternativas. Pues para el ciudadano el coste de cambiar a otra moneda puede ser demasiado elevado comparado con la mejora que podría obtener con el cambio. Solo cuando la moneda es muy mala es cuando los ciudadanos comienzan a abandonarla con contundencia. 

Bitoin, el activo real digital

Nótese, por tanto, que no es la intervención estatal, el curso forzoso, el control de capitales o de precios lo que confiere el valor a la moneda fiat. ¡Todo lo contrario!  Son las cualidades técnicas las que el mercado aprecia, y el control y la coacción lo que el mercado desprecia. Es muy fácil contrastar con ejemplos actuales e históricos que cuanto más coactiva e intervenida está una moneda, menos demanda de atesoramiento tiene. Y al revés, cuanto más se somete el poder político a lo que demanda el mercado, lo que podríamos llamar dominancia monetaria en contraposición a la dominancia fiscal, más demanda tienen estas monedas.

Lo he explicado en uno de mis primeros artículos en esta casa, y lo destaco en mi bio de twitter desde hace años. Lo nuevo y relevante que trae Bitcoin que no existía antes es su naturaleza de activo real digital. Es decir, que es digital y al mismo tiempo no es la deuda, obligación o promesa de nadie. Esta característica hace que sea una forma de poseer riqueza.

A diferencia no sólo de la moneda fiat, sino también de las acciones, los bonos, los fondos de inversión, los inmuebles, queda mucho más lejos del alcance de las garras de los Estados. Esta característica es, en mi opinión, donde está la gran utilidad de Bitcoin. Pero sobre todo y mucho más importante, donde Bitcoin más puede contribuir a mejorar nuestras cotas de libertad. 

Ver también

Liberalismo y bitcoin. (Manuel Polavieja).

Bitcoin: inmutabilidad y libertad. (Manuel Polavieja).

Bitcoin y el derecho de propiedad. (Manuel Polavieja).

Cadena de bloques para la libertad. (Jordi Pàmies Segura).

Mercancías y dinero como bienes de capital

En la obra de Carl Menger podemos observar como el tiempo está presente como cuestión esencial en todos sus desarrollos teóricos. Ya desde el mismo prólogo de Principios de Economía Política define a la misma como “las condiciones bajo las cuales desarrollan los hombres su actividad previsora en orden a la satisfacción de sus necesidades”. Como es habitual en el lenguaje de Menger, el término “actividad previsora” es sencillo y tremendamente explicativo. El hombre economiza en el tiempo, mirando hacia el futuro.

De este modo, para que un bien pueda considerarse como tal tiene que satisfacer una necesidad humana, que puede ser inmediata o no.  Aunque yo creo que en la primera edición de Principios de Economía Política esto es bastante obvio, en la segunda edición Menger matizó su definición de bien para que quedara, más claro aún si cabe, este componente temporal añadiendo la palabra anticipación a la primera condición para que una cosa se pueda considerar un bien, quedando redactada de a la siguiente manera: “La percepción, o, la anticipación de una necesidad humana”.

El mero acto de almacenar o atesorar cosas ya implica que estamos anticipando una necesidad futura, pues si la necesidad fuera presente o inmediata, no almacenaríamos la cosa y la consumiríamos inmediatamente, o la utilizaríamos solo ahora para desecharla posteriormente. En este sentido la utilidad técnica de la cosa es irrelevante desde un punto de vista económico, lo relevante es que satisfaga efectivamente una necesidad. 

Si inventamos un extintor, no tendría ningún sentido afirmar que no es tal hasta que de manera efectiva satisfaga la necesidad de apagar un incendio (no un fuego de prueba controlado), o afirmar que realmente nunca fue un extintor si, afortunadamente, nunca padecemos un incendio o si cuando llega el momento de usarlo no es eficaz porque el fuego tuvo origen eléctrico, y a la hora de inventar el extintor erramos al no tener en cuenta esa posibilidad. Insisto que el carácter de bien del extintor no reside en la apreciación de las propiedades objetivas para apagar un fuego (utilidad técnica), sino en la conexión causal de que la cosa será apta para satisfacer la necesidad futura de apagar un eventual incendio.

La utilidad del extintor no es distinta mientras transcurra el tiempo hasta que satisfaga esa necesidad. La utilidad es siempre esperada, incluso hasta en los bienes de consumo más inmediato. Una nuez nos puede parecer útil hoy para satisfacer nuestro hambre en el futuro cercano, y cuando la abramos mañana encontrarnos con la desagradable sorpresa de que está podrida y es incomible. La utilidad de un bien es siempre esperada y conlleva un menor o mayor grado de incertidumbre.

En el capitulo 2.1 sobre La Necesidad Humana, donde Menger en su análisis comienza a poner en relación las cantidades de bienes con las necesidades humanas, el factor tiempo cobra un protagonismo total, explicando con detalle como las cantidades necesarias de un bien dependen totalmente de nuestra previsión futura de la necesidad de dicho bien a lo largo del tiempo.

Aquí comienza a dibujarse ya el concepto de utilidad marginal de Menger, donde la relación entre la cantidad de un bien y el tiempo es esencial.  Las unidades de un bien que necesitamos de manera inmediata son más necesarias que las unidades de un bien que prevemos necesitar en un futuro lejano.  Valga el clásico ejemplo de los vasos de agua, el vaso de agua n es más valioso que el vaso de agua n+1, porque el vaso n es el que utilizamos antes en el tiempo para satisfacer nuestra sed.

Las mercancías son bienes destinados a un eventual intercambio. En una economía moderna altamente especializada es muy habitual que los bienes y servicios que producimos no tengan ningún valor de uso para nosotros, y por tanto tenemos una enorme necesidad de intercambiar. Las mercancías son los bienes que posibilitan el intercambio en primera instancia, el primer eslabón en esa cadena. Las producimos por su valor de cambio y la utilidad de la mercancía es poder intercambiarla obteniendo el mayor valor posible.

De la misma forma que el extintor, la posibilidad de que una mercancía finalmente satisfaga la necesidad esperada, en este caso la de intercambiar, es incierta y se producirá en un futuro más o menos mediato, pero futuro en todo caso.  Y la incertidumbre no solo existe en el sentido del mayor o menor valor que consigamos obtener de dicho intercambio, incluso existe la posibilidad de no obtener ningún valor en absoluto.  Esto es muy habitual en aquellas mercancías que se producen en exceso, o las mercancías de nueva invención.

Sobre la conexión causal de los bienes, Menger acaba concluyendo lo siguiente:

Por consiguiente, lo primordial no está en los números ordinales de los bienes de que hemos venido hablando en esta sección y de los que se hablará en la siguiente, a propósito de las leyes que rigen estos bienes, aunque no es menos cierto que tales números constituyen, a condición de ser bien entendidos, un medio auxiliar provechoso para la exposición de un tema tan difícil como importante. Lo primordial, a nuestro entender, es la comprensión de la conexión causal entre los bienes y la satisfacción de las necesidades humanas y de la relación causal más o menos directa de los primeros respecto de las segundas.

Carl Menger. Capítulo 1.2 de los Principios de Economía Política)

Dado que la mercancía es un medio para obtener otros bienes, cabe la posibilidad de plantear que sea un bien de orden superior, pues no satisface nuestras necesidades finales de forma inmediata, sino de manera mediata o indirecta.  De la misma manera que vamos con trigo a un molino para obtener harina a cambio, se podría decir que el carácter de mercancía de un bien cumple la misma función que el molino si producimos trigo para intercambiarlo interpersonalmente por harina.  La mercancía, el trigo, en este caso actúa de intermediario que sirve para intercambiar nuestro tiempo y esfuerzo por harina. Puede ser trigo o cualquier cosa de valor suficiente para obtener la harina que necesitamos.

Considerando que en todo intercambio se crea nuevo valor, pues ambas partes valoran más lo que reciben que lo que entregan, todo lo anterior nos permite plantear, a su vez, y al igual que para cualquier bien de capital, que el valor de la mercancía proviene del valor añadido proporcionado por los intercambios que la mercancía se espera que facilite. Así que, por ejemplo, cuanto más duradera sea la mercancía más intercambios puede facilitar pasando de mano en mano, y mayor será su valor como medio para el intercambio.

Las mercancías que no abandonan nunca su carácter de mercancía son aquellas que el mercado reputa como más valiosas para el fin de intercambiar, y serían bienes de capital permanentes.  Este es el caso de la moneda, el bien de capital permanente más importante de una economía tal y como expone aquí Carlos Alberto Bondone.

Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (y V)

Réplica (4 de 4) al artículo “Bitcoin es una mercancía”[1]

Las tomas falsas de este debate

Algunos de los argumentos empleados por Polavieja en este debate los considero como tomas falsas. En el mundo del cine o de la televisión, las tomas falsas son aquellas tomas descartadas para su emisión o emitidas posteriormente, por ejemplo, por ser divertidas. En este caso, considero tales argumentos como errores o manipulaciones demasiado evidentes como para ser tomados en serio (es decir, los considero una toma falsa, una toma que debe ser descartada). Por ese motivo, apenas los analizaré. Simplemente, mostraré aquí esas “tomas falsas” para que no se lleve a engaño el autor y crea que sus argumentos han pasado por buenos.

Primera toma falsa

Para que se pueda entender a lo que me voy a referir con esta primera toma falsa, comenzaré por repetir de forma abreviada algunos de los argumentos que empleaba en mi réplica a Polavieja, en los que planteaba una duda que podía surgir a partir de ciertas palabras de Menger. La duda era si Menger consideraba necesario que una mercancía (un bien destinado al intercambio) tuviera usos distintos a ser medio de cambio. En primer lugar, citaba unas palabras de Menger referidas al dinero (la mercancía por antonomasia, según su definición) en las que parece entenderse que considera necesario el valor de uso:

La fuerza de la costumbre es tal que asegura al dinero su capacidad de intercambio, incluso cuando ya no se tiene inmediatamente en cuenta su carácter de metal útil. Esta observación es del todo correcta. Pero no es menos claro que desaparecería rápidamente la capacidad de intercambio del dinero, a una con la costumbre sobre la que se fundamenta, si, por la razón que fuere, el dinero perdiera su característica de metal útil.[3]

Manuel Polavieja

A continuación explicaba que “este párrafo se refiere a una observación de Oppenheim en Die Natur des Geldes (1855)” y decía que, se compartiera o no la última afirmación de Menger, tal vez Polavieja no estaba muy acertado “cuando interpreta que según Menger no sería necesario que una mercancía tuviera otros usos distintos a ser medio de cambio”.

La respuesta de Polavieja a mis argumentos fue la siguiente:

…al contrario de lo que parece insinuar Serrano, Menger no afirma que la amplia demanda de una mercancía tenga que venir porque además tenga valor de uso, e incluso si así fuera (que no lo es), tampoco afirma que sea una característica obligatoria.

Manuel Polavieja

Por supuesto, yo nunca insinué nada en ese sentido, simplemente plantee una duda y esperaba que Polavieja pudiera ofrecer alguna explicación, cosa que no hizo. Pero lo mejor viene a continuación. Dice Polavieja:

Con respecto al texto de Menger en el que se refiere a Oppenheimer, la conozco muy bien y la traducción al castellano omite la palabra “cantidades”. Este texto termina de la siguiente manera en el escrito original: “wenn der Charakter der Geldstücke, als Quantitäten von Nutzmetall, verloren ginge.” Que en la versión en inglés está traducido con mayor fidelidad que en castellano: “if the character of coins as quantities of industrial raw materials were lost. Menger se está refiriendo a que la cantidad de metal (oro o plata) desaparezca, es decir, al envilecimiento de la moneda.

Manuel Polavieja

El texto de Menger citado al comienzo y al que se refiere Polavieja en esta cita corresponde a una nota del primer apartado (“Naturaleza y origen del dinero”) del capítulo VIII (Teoría del dinero) del libro de Menger Principios de Economía Política. Cuando introduce esa nota a pie de página (larguísima nota), Menger está hablando de la gran importancia de la costumbre en el origen del dinero. La nota al completo (casi dos mil palabras) trata sobre las diferentes teorías del origen del dinero defendidas por los economistas a lo largo de la historia (desde Aristóteles, Jenofonte y Plinio, pasando por Law, Genovesi y Turgot, hasta llegar a Rau, Roscher y, finalmente, Oppenheim, entre muchos otros).

¿Por qué incluyo este asunto en la categoría de “tomas falsas”? Porque este texto no tiene absolutamente nada que ver con el envilecimiento de la moneda, ni en español, ni en inglés ni en alemán. Bajo ningún concepto se puede afirmar lo que dice Polavieja.[4] Les pido a aquellos que se creyeran la réplica políglota de Polavieja que la comprueben (don´t trust, verify). Aquí no cabe una mala interpretación. Polavieja se “saca de la manga” el sentido de las palabras de Menger para no dar explicaciones de la duda que se le estaba planteando y que ponía en un brete sus tesis.

Segunda toma falsa

Siguiendo con el tema anterior, en la réplica le mostraba a Polavieja otro texto en el que de nuevo se podía interpretar que Menger consideraba necesario que las mercancías tuvieran siempre un uso distinto al de estar destinadas al intercambio:

Por doquier vemos que las mercancías que, por condiciones históricas y geográficas, son más negociables, además de ser empleadas para fines útiles, asumen al mismo tiempo la función de medios de cambio de uso general.[5]

Menger, Carl (1892): El dinero. Madrid: Unión Editorial, 2013, p. 90

En mi opinión, Menger da por hecho que las mercancías usadas como dinero se emplean siempre para fines útiles. No dice a veces asumen, dice asumen al mismo tiempo… De hecho, se podría cambiar el orden de la frase sin alterar el significado. Las mercancías más negociables, además de ser usadas para el intercambio, se emplean al mismo tiempo para fines útiles. Sin embargo, Polavieja me saca del error con una lección magistral (nótese la ironía):

También trae Serrano otra cita donde Menger se refiere a mercancías donde dice: “además de ser empleadas para fines útiles”. En primer lugar, el adverbio “además” ya denota un carácter accesorio o accidental (no esencial).

Manuel Polavieja

Decir que el adverbio “además” denota un carácter accesorio o accidental (no esencial) es simplemente ridículo. El adverbio “además” se usa para introducir información que se añade a la ya presentada (RAE), pero ese uso no denota nada. La locución preposicional “además de” se usa para añadir información a algo que se indica expresamente (RAE) y, de nuevo, este uso no denota nada. El diccionario María Moliner dice que el adverbio “además” expresa que la acción del verbo a que afecta ocurre añadida a otra ya expresada. Y pone como ejemplo la frase tiene mucho dinero, además de fincas, que como se podrá entender no denota ningún “carácter accesorio o accidental (no esencial)” de las fincas, simplemente añade información.

Por los motivos expresados, este pequeño pasaje de Polavieja también se ha ganado el derecho a aparecer en la categoría de “tomas falsas”.

Tercera toma falsa

Dice Polavieja, en referencia al origen del dinero que

una cosa es que individualmente sea históricamente muy improbable, más bien virtualmente imposible, inventar algo tan abstracto como el dinero de forma individual, y otra muy distinta que una vez descubierto espontáneamente y sobre el soporte de los bienes con valor de uso, cualquiera pueda intentar lanzar, de manera expresa y exclusiva, un bien cuya finalidad sea únicamente servir como medio de intercambio.

Manuel Polavieja

Por supuesto, nada impide que cualquiera pueda lanzar un bien con la única intención de servir como medio de intercambio o cuya finalidad sea, desde su punto de vista, únicamente esa. Pero, por un lado, la intención del creador de ese bien no es relevante a la hora de que ese bien sea adoptado finalmente en sociedad como medio de intercambio y, por otro, el hecho de que el creador de un bien solo encuentre en ese bien una determinada finalidad no impide que otras personas encuentren finalidades distintas (la creatividad del ser humano es sorprendente e inagotable).

Y, relacionado con lo que dice Polavieja en ese párrafo, uno de los errores más habituales es pensar que la teoría del origen del valor del dinero de Mises (una teoría apriorístico-deductiva compatible con la teoría histórico-evolutiva del surgimiento del dinero de Menger) es solo aplicable al primer dinero, pero que cuando hay otros dineros en funcionamiento y es conocido el concepto de dinero las circunstancias son diferentes. En realidad, las circunstancias son, en última instancia, exactamente las mismas. Es posible inventar un bien con la intención de que se convierta en dinero, y ese bien puede efectivamente llegar a ser dinero, pero no es posible demandar algo como dinero/MoE si no se ha establecido antes un precio de ese bien en el mercado. Y precisamente de este asunto del primer precio es de lo que quería hablar ahora. En referencia a la hipotética invención de un bien con la intención de ser dinero, dice Polavieja:

Que dicha invención no tenga ningún valor de uso no monetario que genere un primer precio, o que dicha invención acabe por fracasar, en absoluto impide que el promotor la lance y que uno o más individuos consideren que puede funcionar como medio de cambio adquiriendo las primeras unidades al precio que voluntariamente acuerden las partes y generando así un primer valor de cambio basado única y exclusivamente en la expectativa de utilidad monetaria.[6]

Manuel Polavieja

Ya he analizado en profundidad el asunto de las expectativas, las esperanzas, etc., en la tercera parte de este trabajo,[7] y ese análisis las ha mostrado como valor de uso, así que no voy a repetirme. Lo único que voy a hacer aquí es mostrar un ejemplo similar al de Polavieja, el de Lawrence H. White en el año 2014 y su rectificación en el año 2015.

En 2014, poco después del 100 aniversario de la obra de Mises La Teoría del Dinero y del Crédito, Lawrence H. White organizó un debate en “Liberty Matters”.[8] Los participantes (Lawrence H. White, Jörg Guido Hülsmann, Jeffrey Rogers Hummel, y George A. Selgin) analizaron la importancia de La Teoría del Dinero y del Crédito de Mises como un paso más en la aplicación de los avances de los economistas austriacos a la teoría monetaria y discutieron la solidez de la teoría de Mises una vez que, supuestamente, había sido puesta a prueba por la aparición de Bitcoin. En ese debate Lawrence H. White consideraba un desafío dar cuenta de Bitcoin utilizando el teorema de la regresión de Mises y utilizaba muchos de los argumentos que hoy emplea Polavieja. Incluso llega a cuestionar el propio teorema. Pero al igual que le sucede a Polavieja, el cuestionamiento del teorema por parte de White estaba basado en asunciones manifiestamente erróneas acerca de los inicios de Bitcoin. No obstante, a diferencia de Polavieja, White corrigió algunos de esos errores en 2015:

Anteriormente (White 2014a) rechacé demasiado apresuradamente este argumento como explicación de cómo Bitcoin logró por primera vez un precio de mercado positivo, sobre la base de que «no ofrece lo que requiere el argumento, es decir, una descripción de cómo Bitcoin inicialmente alcanzó un valor independiente de su uso real o futuro como medio de intercambio. El valor en cada punto de este escenario deriva enteramente del uso o uso prospectivo como medio de intercambio…» Me equivoqué al pensar que el argumento requiere tal cosa. Una valoración de afinidad positiva de una criptomoneda bien puede estar referida a la posibilidad de que despegue como dinero no estatal, pero eso no implica el problema del huevo o la gallina. La demanda de afinidad y, por lo tanto, el valor de mercado pueden ser positivos antes de que comience el uso real del medio de intercambio.[9]

Lawrence H. White, The Market for Cryptocurrencies.

Polavieja sigue repitiendo hasta la saciedad que Bitcoin no tuvo nunca ningún valor de uso no monetario y que cualquier valor que se le apreciara y que condujera al primer precio de mercado fue debido únicamente a su utilidad monetaria esperada. Ese empeño absurdo de Polavieja, que como hemos visto White no tardó en abandonar, le hace merecedor de esta nueva “toma falsa”.

Cuarta toma falsa

Antes de comenzar, conviene recordar dos cosas: la primera, que tanto la utilidad como el valor son siempre subjetivos, y la segunda, que no se debe confundir la eficiencia de una máquina (utilidad técnica) con la utilidad que cada uno pueda encontrar en ella (utilidad praxeológica). Digo esto, porque Polavieja utiliza muy a menudo el ejemplo de los coches o los teléfonos para compararlos con Bitcoin. Según su opinión, son todos mercancías y no hay diferencias esenciales entre ellos. Pero las diferencias existen y son insuperables.

La utilidad técnica de un coche es innegable, al igual que la de un teléfono. Digamos que no es necesaria una red de personas para reconocer la utilidad técnica de un teléfono (la puede comprobar el inventor por sí mismo, poniéndose un auricular en el oído izquierdo y otro auricular en el derecho). Y el hecho de que se venda o no el teléfono es indiferente, la utilidad técnica existiría igualmente aunque no se vendiera un solo teléfono y se dejara de fabricar.

En el caso de Bitcoin (como en el caso del coche o del teléfono) también hay un funcionamiento técnico evidente (bueno… al principio no era tan evidente, Satoshi Nakamoto y “Hal” Finney pasaron algunos apuros corrigiendo los problemas que iban surgiendo, pero hace mucho tiempo que no hay ninguna duda al respecto). No obstante, a pesar de un funcionamiento técnico impecable, el sistema Bitcoin no produce medios de intercambio. Un congelador produce cubitos de hielo, y el sistema Bitcoin “produce” bitcoins, pero este sistema no produce medios de intercambio. El hielo se puede utilizar para enfriar bebidas, independientemente de que los usuarios finalmente decidan no enfriar sus bebidas.

Sin embargo, la utilidad monetaria de Bitcoin no es independiente de que los usuarios decidan utilizar los bitcoins como medio de intercambio indirecto, porque los medios de intercambio surgen precisamente como consecuencia de las acciones de los agentes económicos (no como consecuencia del funcionamiento técnico de un sistema). Es decir, los bitcoins solo se convierten en medios de intercambio si los usuarios los utilizan para tal fin. Mientras los usuarios no utilizaban los bitcoins para el intercambio indirecto, los bitcoins no eran medios de intercambio (a pesar de que el sistema desde el primer momento y sin descanso “producía” nuevos bitcoins cada diez minutos).

Pretender que la utilidad monetaria de Bitcoin es equivalente a la utilidad técnica de los coches, de los teléfonos o de la máquina de hielo es absurdo; es desconocer completamente las leyes que rigen el intercambio indirecto. Por ello, esta idea de Polavieja merece ser considerada como una nueva “toma falsa”.

Quinta toma falsa

Respecto a ciertos asuntos que no vienen al caso, dice Polavieja lo siguiente:

Esto ni siquiera lo disputa Mises en la cita que expuse en el IV artículo de mi serie, donde afirma que los servicios monetarios son capaces de generar valor, que Serrano parece que no leyó, pues la aporta como novedad en su crítica.

Manuel Polavieja

Antes de nada, decir que yo no aporto ese párrafo de Mises como novedad, sino que lo aporto en apoyo de mis argumentos. El hecho de que también lo citara Polavieja en su artículo es irrelevante, pues no tiene la exclusiva de las ideas de Mises. Además, seguramente las interpretemos de forma muy diferente. No obstante, lo que quiero decir sobre este asunto no tiene del todo que ver con la respuesta de Polavieja a mi crítica, sino más bien con esa alusión directa.

El caso es que hace un tiempo Polavieja publicó en Twitter el siguiente mensaje:

Incluso Ludwig V. Mises, a pesar de su desafortunado teorema de la regresión, finalmente reconoció que la función monetaria es en sí misma capaz de crear valor.[10] [Traducción propia]

Manuel Polavieja

Añadiendo una foto de un párrafo de Mises, que es precisamente el párrafo del que estamos hablando ahora:

Todos los que negaron la capacidad de los servicios del dinero para determinar su valor de cambio no supieron reconocer que el único elemento decisivo es la demanda. El hecho de que exista una demanda de dinero —el bien más comerciable (más vendible), por el cual los propietarios de otros bienes están dispuestos a intercambiar— significa que la función monetaria es capaz de crear valor.[11] [Traducción propia]

Mises, Ludwig von. Money, Method, and the Market Process : essays by Ludwig von Mises. Selected by Margit von Mises. United States of America: Kluwer Academic Publishers, 1990, p. 59

Esto que dice Mises en ese libro de 1990 (que la función monetaria es capaz de crear valor) coincide al cien por cien con lo que defiende Polavieja. Por ello, Polavieja interpretó esas palabras de Mises a su favor y dijo eso de “a pesar de su desafortunado Teorema de la Regresión, Mises finalmente reconoció que la función monetaria en sí misma era capaz de crear valor” [las cursivas son mías]. Como yo conocía la fecha en que Mises escribió tales palabras, le pregunté a Polavieja lo siguiente:

¿Qué quieres decir con eso de “finalmente reconoció”? Escribió eso en 1932, 17 años antes de escribir La Acción Humana y en este trabajo no necesitó cambiar nada esencial sobre su teorema de la regresión de 1912…[12] [Traducción propia]

Tras esto, Polavieja me responde: “Esa cita es de Money, Method, and the Market Process, publicado en 1990 por su esposa. No sabía que lo escribió en 1932, ¿estás seguro de esa fecha?”[13] [Traducción propia]. Una vez que le envié los datos de publicación,[14] Polavieja no tuvo inconveniente en reconocer su error:

Entonces me equivoqué usando la palabra “finalmente”.[15] [Traducción propia]

Manuel Polavieja

Pero aquí la cuestión verdaderamente importante no es reconocer el error de usar la palabra “finalmente”, sino lo que esto significaba. Polavieja daba a entender que Mises había planteado su teorema de la regresión en 1912 (en La Teoría del Dinero y del Crédito), lo había ratificado en 1949 (en La Acción Humana) y, sin embargo, en 1990 se daba cuenta por fin de su error y rectificaba. Es decir, Polavieja se había inventado una interpretación favorable a las tesis que defiende a partir de un dato erróneo y que no había comprobado antes de hacer su interpretación. A esto se le llama sesgo de confirmación. Ignacio Moncada lo explicaba muy bien en este mismo medio (el IJM):

Las personas tenemos una enorme tendencia a intentar confirmar nuestras ideas preconcebidas. Para ello, inconscientemente, buscamos y seleccionamos la información que nos interesa, la interpretamos como nos viene bien y le damos una importancia desproporcionada. Sin embargo, tendemos a evitar la información que pone en duda nuestras ideas, la reinterpretamos para no tener que modificarlas y le damos una importancia mucho menor que a la información que nos interesa.[16]

Ignacio Moncada

Polavieja aceptó su error al usar la palabra “finalmente”, pero la inclinación a hacer interpretaciones que favorecen los argumentos propios únicamente le condujo a cambiar de interpretación. Si primero decía que Mises, “a pesar de su desafortunado teorema de regresión, finalmente reconoció…” Ahora dice: “estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Mises en esa cita, y añado que ahí contradice de pleno su propio teorema de regresión”. En lugar de pensar que Mises difícilmente caería en tal contradicción y buscar una explicación plausible, eligió el camino fácil.

En realidad, en este caso a Polavieja no parece importarle demasiado qué versión dar, lo que parece interesarle más es confirmar sus ideas preconcebidas. Esto es una reinterpretación en el sentido que señalaba Ignacio Moncada cuando explicaba el sesgo de confirmación. En castellano antiguo esta actitud se describía como “sostenella e no enmendalla”. Y creo que merece ser incluida en la categoría de “tomas falsas”.

Evidentemente, el sesgo de confirmación es muy poco recomendable en la investigación, sobre todo si como dice Polavieja él solo busca “avanzar en conocimiento”. De hecho, el sesgo de confirmación es más propio de propagandistas que de investigadores. No quiero decir con esto que Polavieja actúe como un propagandista, si lo pensara lo diría. Ahora bien, ese peligro siempre está ahí, ¿a cuántas personas conocen que después de llevar mucho tiempo defendiendo una misma posición se dan cuenta de su error y rectifican? Eso es más fácil hacerlo cuando uno lleva poco tiempo, pero cuando lleva mucho…

En mi caso particular, siendo Jesús Huerta de Soto presidente del tribunal que me examinaba, defendí los errores del teorema de la regresión en un trabajo de investigación sobre Bitcoin. Pero, una vez que profundicé en esa investigación (en el doctorado que estoy realizando en la actualidad) y entendí el teorema en toda su profundidad, me di cuenta de que el error era mío, no de Mises ni del teorema. Y no tengo problema ninguno en admitirlo.

Por supuesto, cuando cometí ese error llevaba poco tiempo de investigación y, por lo tanto, era más fácil admitirlo que si hubiera llevado muchos años defendiendo la misma posición. Como simple curiosidad, quiero añadir que el hecho de que cualquier aprendiz de economista o cualquiera que empiece a profundizar en teoría monetaria encuentre (o crea encontrar) fallos en las teorías de Mises al parecer es algo muy habitual. Se lo he leído a Joseph T. Salerno e incluso también a Rallo:

… cuando releo a Mises intentando encontrar sus fallas me doy cuenta, la mayoría de las veces, de que cuando yo he ido, él ya ha vuelto. Es cierto que sigo manteniendo ciertas diferencias irreconciliables con él, en asuntos en los que estoy seguro de que se equivoca, pero en muchas otras ocasiones sólo me queda concluir que las objeciones que había desarrollado contra sus argumentos ya las había tenido él en cuenta, analizado enteramente y refutado en unas pocas líneas. Y es en esos momentos en los que me rindo ante la elegancia del austriaco y comprendo que una sola lectura de La acción humana no es suficiente: la riqueza intelectual que contiene cada uno de sus párrafos es demasiado grande como para apreciarla y comprenderla en toda su magnitud… [17]

Juan Ramón Rallo. El libro que me convirtió en economista

Me quedo con estas últimas palabras de Rallo y doy por terminada mi respuesta al artículo de Polavieja. A continuación añadiré un apartado final con unas breves reflexiones (simples pensamientos puestos por escrito).

Addenda

Unas breves reflexiones. Vaya por delante que estas reflexiones no son las conclusiones del análisis realizado (eso ya queda visto para sentencia de los lectores), sino solo unas reflexiones personales expuestas con luz y taquígrafos. Esta expresión, popularizada en su día por Antonio Maura en el Congreso de los Diputados quiere decir “claridad en los planteamientos y que quede por escrito para que conste”. Pues esa es precisamente mi intención con estas reflexiones.

Como ya he comentado anteriormente, Polavieja dice que prefiere hablar de mercancía para referirse al estatus inicial de Bitcoin, renunciando a hablar de medio de intercambio. Pero, en mi opinión, si pretende hablar de utilidad monetaria, no queda otro remedio que hablar de medios de intercambio. Según alega, el motivo de su renuncia es despejar el debate. Sin embargo, cuando Polavieja dice esto, parece que lo único que pretende es enredar los argumentos, no aclararlos. Comienza con las mercancías, que transforma en medios de cambio, luego cambia el significado del concepto valor de cambio de forma que pueda enlazar con los anteriores… Con estos tejemanejes presenta como verosímil lo que en realidad es una imposibilidad lógica (la existencia de una mercancía con valor de cambio sin haber tenido antes valor de uso) y, finalmente, mediante una interpretación ad hoc de Bitcoin, acaba sosteniendo que este novedoso fenómeno monetario refuta el teorema de la regresión de Mises.

En mi opinión, el verdadero interés de Polavieja es arrumbar el teorema de la regresión. Polavieja defiende una teoría monetaria muy difusa. Dado que esta teoría no cuenta con unos sólidos fundamentos y es puesta en evidencia desde su misma base por el teorema de Mises, Polavieja se afana en tratar de desprestigiarlo. Como curiosidad, decir que mientras escribía estas palabras me llegó un mensaje informándome de un nuevo artículo de Polavieja en el Instituto Juan de Mariana, adivinen sobre qué trataba… Efectivamente, sobre el teorema de Mises. El artículo se titulaba “Refutación del teorema de regresión de Mises”. La casualidad hizo que llegara esta supuesta “refutación” justo cuando trataba de explicar el porqué de la obsesión de Polavieja por dicho teorema.

En línea con lo ya apuntado, el intento de Polavieja de enfrentar a Mises y a Menger[18] se podría explicar por dos motivos, en primer lugar, por la imperiosa necesidad de refutar el teorema de Mises (los defensores de esa teoría monetaria tienen que aparentar haber refutado la teoría de Mises antes de poder seguir adelante con sus planteamientos). Y, en segundo lugar, porque al romper con Mises los defensores de esa teoría monetaria necesitan imperiosamente mantener un enlace con la Escuela Austriaca de Economía. De lo contrario, se quedarían huérfanos, espantando a todos aquellos que solo llegan a ellos atraídos por el prestigio de esta escuela económica (principalmente liberales, anarcocapitalistas y, en los últimos años, también bitcoiners). En el caso de Polavieja, el enlace con la escuela lo busca a través de la defensa de algunas teorías muy específicas de Menger y, en lo relacionado con Bitcoin, ese enlace lo busca principalmente a través de la teoría de la mercancía del mismo autor.

Desconozco si Polavieja se considera seguidor de la Escuela Austriaca de Economía o simplemente seguidor de Menger. Tal vez ninguna de las anteriores y, en realidad, solo se sirva de Menger de forma utilitarista para conseguir los objetivos citados. En todo caso, mi opinión es que en la actualidad desarrolla una estrategia que solo está enfocada hacia la defensa de su teoría monetaria (considero que esto es así incluso cuando habla de Bitcoin). Esa teoría monetaria que defiende supone un claro retroceso en el ámbito de la teoría económica y es un peligro para el entorno de Bitcoin (es un peligro siempre que esta teoría monetaria sea tomada en serio, por supuesto). A este respecto, resulta curioso (y triste) observar las contradicciones de aquellos que a lo largo de los años han convencido a muchos bitcoiners de que la teoría monetaria de Mises era rechazable porque implicaba la imposibilidad del surgimiento de Bitcoin como dinero/MoE (en una errónea interpretación del teorema de la regresión y del surgimiento de Bitcoin) y ahora tratan de convencerlos de que Bitcoin no puede llegar a ser dinero (por su volatilidad, falta de estabilidad, imposibilidad de adaptar la oferta a la demanda, etc.) Ver para creer.

En referencia a esto, últimamente veo asomar un peligro en el horizonte, no para Bitcoin, sino para el interés particular de aquellos bitcoiners que han aceptado la teoría monetaria defendida por Polavieja como si fuera una verdad absoluta e incuestionable. Este potencial peligro es que los defensores de dicha teoría traten de lanzar una nueva moneda digital que “solucione” los problemas de Bitcoin (por supuesto, una moneda que estaría basada en su defectuosa teoría monetaria). Hace mucho tiempo que sigo con interés las publicaciones de Polavieja referentes a Bitcoin y tengo que decir que me inquieta su actual deriva. Solo en los últimos días, he visto a Polavieja decir lo siguiente:

Esta fue claramente la intención de los cypherpunks desde la década de los 80 del siglo pasado, que Friedman veía venir con toda claridad, también es clara la intención de Satoshi viendo el título de su whitepaper, o la intención de todo aquel que esté trabajando hoy en diseñar una moneda totalmente independiente trust minimized sin vinculación a ningún activo que por ejemplo sea más estable que Bitcoin por la vía de adaptar algorítmicamente la oferta a la demanda.[19]

Manuel Polavieja. Bitcoin es una mercancía II

No parece que esta última idea le produzca a Polavieja ningún rechazo, toda vez que coincide con su teoría monetaria. Lo dice aún más claro en el siguiente mensaje:

Totalmente spot on. Una moneda estable e igual de trust-minimized que Bitcoin sería la muerte de las monedas fiat. Posiblemente, dejaría a Bitcoin agonizando, no lo sé. Pero si esa nueva moneda liquida las monedas estatales, yo firmo ya mismo.[20]

Manuel Polavieja. Una moneda estable e igual de trust-minimized que Bitcoin

Estos mensajes me resultan muy extraños. En primer lugar, porque Polavieja es uno de los mayores defensores del dólar que yo conozca. Pero dejando esto a un lado, qué lejano queda aquello de que Bitcoin era un berserker, la anti fragilidad, la resiliencia… cuando ahora los defensores de esta teoría monetaria sostienen que Bitcoin no sirve para aquello que fue creado (no sirve como dinero). Lamentablemente, algunos bitcoiners de perfil técnico aceptan con poco espíritu crítico las conclusiones que se deducen de dicha teoría monetaria, mientras asumen ingenuamente que tales conclusiones están basadas en hechos y no en teorías.[21]

Probablemente, cada vez está más cerca el momento de ver aparecer una nueva moneda patrocinada por los defensores de esa teoría monetaria (una stableshitcoin diseñada para “solucionar” los problemas de Bitcoin). Mientras llega ese momento, espero que muchos de los bitcoiners influidos por dicha teoría monetaria empiecen a darse cuenta de que los problemas no se sitúan en Bitcoin, sino en la teoría monetaria desde la que se interpreta. De no ser así, seguramente serán ellos los que soporten voluntariamente el coste de lanzar esa nueva moneda(por supuesto, a costa de sus bitcoins, como lo fue en su día para otros bitcoiners pensar que la solución de los problemas se encontraba en Bitcoin Cash o en Bitcoin Satoshi Vision). Incluso Fernando Nieto tiene esto muy claro, al menos cuando es capaz de abandonar el punto de vista de esa defectuosa teoría monetaria que defiende y lo analiza desde el punto de vista de un bitcoiner experimentado:

Complexity implies risk, and risks have a cost. Bitcoin excels as the simplest digital trust-minimized wealth. Trying to add complexity in the pursue of something that may be impossible or not provide enough utility to offset its cost puts you in the path for creating an altcoin.[22]

Para terminar quiero decir que mi interés está centrado desde hace ya tiempo en el análisis de Bitcoin desde los postulados de la Escuela Austriaca de Economía. Esta tarea autoimpuesta me obliga (y me obligará) a tratar de mostrar los errores que encuentro en las diferentes interpretaciones de Bitcoin (acertada o equivocadamente). Soy plenamente consciente de que la crítica no suele ser bien recibida, pero al menos los defensores del espíritu crítico, del don´t trust, verify y de la profundización en el conocimiento de Bitcoin no podrán achacarme que no sea perseverante y que no hable claro. Por supuesto, estas reflexiones en voz alta no son más que una opinión personal. Reflejan mi actual interpretación de la situación. Tal vez, dentro de un tiempo esa interpretación cambie. El tiempo lo dirá.

Notas

[1] El presente artículo es una réplica al artículo de Manuel Polavieja “Bitcoin es una mercancía II”, que a su vez es una contrarréplica a mi artículo “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger”, que asimismo es una réplica a la serie de artículos de Manuel Polavieja titulados “Mises no comprendió a Menger” (véase “Mises no comprendió a Menger”,Mises no comprendió a Menger II”, “Mises no comprendió a Menger III” y “Mises no comprendió a Menger IV”)

[3] Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 326 (nota al pie). Esta nota de la edición en español aparece en la versión en inglés en el “Appendix J: History of Theories of the Origin of Money”: Menger, Carl (1871), Principles of Economics. Auburn, Alabama:Ludwig von Mises Institute, 2007, p. 320

[4] De hecho, ese tema del envilecimiento de la moneda solo es abordado por Menger, y muy tangencialmente, en las tres últimas páginas del libro (pp. 347-349) y en la nota 21 (p. 347).

[5] Menger, Carl (1892): El dinero. Madrid: Unión Editorial, 2013, p. 90

[6] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[7] Véase “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger (III)

[8] Véase Lawrence-white-mises-theory-of-money-credit

[9] Este es el texto original: “I previously (White 2014a) too hastily rejected this argument as an explanation of how Bitcoin first achieved a positive market price, on the grounds that it «does not deliver what the argument requires, namely, an account of how Bitcoins initially had a positive value apart from their actual or prospective use as medium of exchange. The value at every point in this scenario derives entirely from use or prospective use as a medium of exchange …» I was mistaken to think that the argument has such a requirement. A positive affinity valuation of a cryptocurrency may well require the possibility of its taking off as a nonstate money, but that does not imply a chicken-or-egg problem. Affinity demand and hence market value can be positive before actual medium-of-exchange use begins.” White L. H., (2015), The Market for Cryptocurrencies

[10] Véase Even Ludwig V. Mises

[11] Mises, Ludwig von. Money, Method, and the Market Process : essays by Ludwig von Mises. Selected by Margit von Mises. United States of America: Kluwer Academic Publishers, 1990, p. 59

[12] Véase ¿Qué quieres decir con eso de “finalmente reconoció”?

[13] Véase ¿Estás seguro de esa fecha?

[14] Originally published in Die Wirtschaftstheorie der Gegenwart vol. 2, Hans Mayer, Frank A. Fetter, and Richard Reisch, eds. (Vienna: Julius Springer, 1932). Translated for this volume by Albert H. Zlabinger—Ed

[15] Véase Entonces me equivoqué…

[16] Véase Behavioral investing una cura de humildad

[17] Véase El libro que me convirtió en economista

[18] Recuerden sus cuatro artículos titulados “Mises no comprendió a Menger” I, II, III y IV

[19] Escrito el 12 de enero de 2023 en el artículo “Bitcoin es una mercancía II

[20] Escrito el 2 de febrero de 2023: Una moneda estable e igual de trust-minimized que Bitcoin

[21] Por ejemplo, Miguel Vidal, un bitcoiner al que tengo por una persona muy coherente, me sorprendió hace unos días con varios mensajes de apoyo al enésimo intento de refutación del teorema de la regresión de Mises, esta vez por parte de Polavieja. Decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Yo creo que la mera existencia de Bitcoin falsa (y por tanto refuta) dicho teorema. … Es decepcionante que tantos académicos tengan más apego a la teoría que a los hechos”. Miguel Vidal no parece darse cuenta de que en las ciencias sociales las teorías se desarrollan para poder entender o explicar la realidad, es decir, la realidad solo se puede entender o explicar a partir de esas teorías. Usaré un ejemplo para mostrar lo que quiero decir (creo que este ejemplo o uno muy parecido se lo leí alguna vez a Rothbard o a Huerta de Soto, no estoy muy seguro). Si un extraterrestre observa a una persona acercarse a un cajero automático y sacar 200 euros en billetes de 50, de 20 y de 10. Lo único que capta es que un terrícola se acerca a lo que parece una máquina y después de manipularla salen de ella unos papeles de diferentes tamaños y colores, los recoge y se va. Esto es así, salvo que el extraterrestre parta de una teoría de los medios de intercambio y del dinero y que esta teoría, junto a su experiencia vital y su conocimiento histórico, le permita comprender lo que en realidad estaba haciendo el terrícola. En el mismo sentido de este ejemplo, se puede decir que no es posible interpretar el fenómeno monetario Bitcoin sin partir de una teoría de los medios de intercambio y del dinero o de la teoría del intercambio indirecto (como se prefiera denominar). Por supuesto, sobra decir que todo esto no tiene nada que ver con la utilidad técnica del sistema Bitcoin. Por otra parte, Miguel Vidal no cae en la cuenta de que Polavieja también extrae sus conclusiones acerca de Bitcoin a partir de la teoría (no puede ser de otra manera). En su caso, a partir de la teoría monetaria que defiende y de la teoría de la mercancía de Menger (que yo creo que malinterpreta, pero eso es cuestión aparte). Espero que estas palabras sirvan al menos para hacer reflexionar a Miguel…

[22] Véase The path for creating an altcoin

El debate sobre las mercancías

Joel Serrano

La liquidez frente al teorema de la liquidez del dinero: una crítica a J. R. Rallo

Manuel Polavieja

Mises no comprendió a Menger (I)

Mises no comprendió a Menger (II)

Mises no comprendió a Menger (III)

Bitcoin, dinero y mercancías

Bitcoin es una mercancía (I)

Mises no comprendió a Menger (IV)

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (I)

Manuel Polavieja

Bitcoin es una mercancía (II)

Refutación del teorema regresivo de Mises

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (II)

Manuel Polavieja

Mercancías y economía de mercado

Joel Serrano

Manuel Polavieja no entendió a Mises; tampoco a Menger (III)

Manuel Polavieja no entendió a Mises; tampoco a Menger (IV)

Por qué los economistas son los que peor entienden Bitcoin

No hay más remedio que reconocer que las opiniones acerca del dinero son más difíciles de describir que las nubes deformadas por el viento.

J. A. Schumpeter. Historia del análisis económico,

Suelo emplear un meme que dice “Economist have the worst understanding of Bitcoin. Change my mind”. Los economistas no entienden bitcoin. Una y otra vez compruebo cómo es este gremio el que tiene peor comprensión del activo. Y no depende de la escuela que sigan, de si son catedráticos o directivos de banca, de que sean de izquierdas o derechas, de la Escuela austriaca o de la Teoría Monetaria Moderna. Tras cuatro años dedicados a Bitcoin, cientos de entrevistas, conferencias y debates, puedo contar con los dedos de una mano los economistas que lo entienden.

Y es que Bitcoin ataca a creencias establecidas, y las creencias, como bien sabía Ortega, nos constituyen, estamos “sujetos” por ellas. Es desde las creencias desde donde interpretamos el mundo, y no admitiremos un pensamiento distinto ni una ocurrencia opuesta a ellas.

¿Qué les ocurre a los economistas?

Indudablemente, Bitcoin se sitúa en el campo económico —aunque no solo en él—. ¿Cómo es posible que algo de tanta trascendencia se les haya escapado a sus teóricos? “¡Es una burbuja! ¡Los tulipanes digitales!”, con la leve diferencia de que los tulipanes multiplicaron su precio por 22 y bitcoin por 60 millones. “No puede ser, el mercado se debe estar equivocando al valorarlo”, deben de pensar. Pero, ¿qué se les está pasando?

Bitcoin consigue resolver una serie de problemas históricos en el mundo digital. En éste, por defecto, carecemos de privacidad, puesto que siempre tiene que haber un proveedor del servicio. La privacidad es revelarse selectivamente. Hay que elegir a quién revelar tu información (un proveedor del servicio). Y éste siempre va a poder vulnerar tu decisión de no dar tus datos. Cuando das en mano una carta, el contenido de esa carta es privado. Sin embargo, cuando envías un correo electrónico, esa privacidad puede ser vulnerada por el proveedor del servicio, por lo que por defecto careces de privacidad. Lo mismo pasa con el dinero en efectivo.

Si tú pagas en una tienda con un billete físico, el tendero no tiene por qué saber quién eres o cuál es el origen de ese dinero, ni el que ha emitido ese billete, saber qué compras, cuándo y a quién, o de dónde procede ese dinero. Sin embargo, si nos movemos en el mundo digital, esa privacidad se pierde. Tu proveedor de ese servicio, tu banco, sí lo sabe, y con ello puede llegar esa información a muchos otros agentes.

Efectivo electrónico

Pues bien, el primer paso es entender que bitcoin vendría a ser ese “efectivo electrónico” que Satoshi describía en el whitepaper. Sin embargo, estas dos palabras han llevado a una serie de presunciones, a mi juicio totalmente erróneas, que son las que llevan a los economistas a no entenderlo. Bitcoin no es una alternativa al dinero fiat y a los bancos centrales, como propone el libro de Saifedean El Patrón Bitcoin. Veamos por qué.

Los dos problemas que conseguía resolver Bitcoin en el mundo digital son los siguientes: el problema del doble gasto y el problema de este tercero de confianza que provee un servicio digital. Lo fácil en este ámbito digital es multiplicar las unidades sin apenas coste. Por ejemplo, podemos distribuir una misma imagen a través de una aplicación de mensajería a múltiples personas. Pero el hecho de poder replicarla tantas veces como se quiera impide que sea un bien escaso y, por tanto, que merezca la pena atesorarlo.

La dependencia de un tercero

Además, para un activo que aspire a convertirse en un bien económico, su reproducción ilimitada equivale a la falsificación. Imaginemos que 100 unidades monetarias de nuestro banco pudiesen ser enviadas a muchas personas a la vez (problema del doble gasto). Este problema se podría resolver introduciendo un tercero que haga de intermediario y que garantice que esa imagen o esas 100 unidades monetarias no puedan ser reenviadas, como por ejemplo hacen las plataformas de series y películas o los bancos con nuestras monedas digitales.

Pero si tienes que depender de un tercero hay una serie de riesgos considerables, empezando por la pérdida de privacidad, dependes de su diligencia, estás sometido a sus normas, si tiene problemas técnicos te ves perjudicado en tu servicio, puede establecer mecanismos de censura, puede ser atacado, puede quebrar, puede ser intervenido por el Estado, etc. (problema del tercero de confianza).

Solución del doble gasto y tercero de confianza

Pues bien, bitcoin es el primer y único activo digital que consigue resolver estos problemas del doble gasto y del tercero de confianza, siendo el único activo real digital, una commodity digital. Sí, bitcoin es un activo real, no es el pasivo de nadie, no tiene emisor, ni una empresa que lo controle o que se centre en generar valor respecto de él. Entender bitcoin como un activo real es su primera dificultad.

La segunda dificultad es la comparación con los medios de pago. Bitcoin no es un gran medio de pago, no por problemas técnicos, sino porque no está diseñada principalmente para eso. Tampoco tenemos problemas para pagar en el día a día en la mayoría de casos, así que su demanda para eso tampoco nos importa demasiado. Además, incrementa considerablemente los costes de transacción —R. Coase— para hacer pagos. Por si fuera poco, bitcoin tiene una oferta determinística, por lo que cualquier cambio en la demanda se refleja vía precio, no hay manera de ajustar la oferta a la demanda para estabilizarlo, por lo que encima es inherentemente volátil. Los medios de pago y unidades de cuenta requieren ser estables para permitir el cálculo económico, pero precisamente esa estabilidad se logra sacrificando la revalorización del activo en el largo plazo. Entonces, ¿qué valor aporta bitcoin?

Redefinición del derecho de propiedad

Pues lo primero es que es una redefinición del derecho de propiedad, hasta ahora, toda nuestra propiedad dependía del orden establecido por el poder coactivo. Como Bitcoin suprime al tercero de confianza y genera un sistema global autónomo donde se puede poseer y transmitir el control de un activo real —bitcoin—, en realidad se parece más a un sistema global de derechos de propiedad privada absolutos.

El cambio es de dimensiones históricas, porque como además hace depender la propiedad de un activo del conocimiento de unas palabras, permite hacer tu riqueza y tus transacciones de forma privada a una escala global por ser digital. Por primera vez, todos los seres humanos tenemos la posibilidad de acceder a propiedad para ahorrar, intercambiar y dejar en herencia a quien consideremos sin censura, con una accesibilidad total y sin que nadie la pueda diluir. No me parece poco.

Deterioro, divisibilidad, costes de custodia…

Lo segundo, es que si es un activo real debe tener unas propiedades X, puesto que no es el pasivo de nadie, su valor dependerá de la demanda de esas propiedades. Al no depender de nadie, se convierte en el primer y único activo resistente a la censura, siendo muy difícil de confiscar. Además, reduce enormemente los costes de transacción para ahorrar, para transmitir valor en el tiempo. Al tener una oferta determinística, en realidad deflacionaria por errores de custodia, con el paso del tiempo tu parte respecto del total no para de incrementarse, lo que acaba con el riesgo de dilución e incrementa tu concentración.

Tampoco requiere de información asimétrica para elegir en qué depositar tus ahorros. Es como si comprases oro, no hay que elegir entre miles de empresas en cuál invertir, ni entre un fondo u otro. Sin embargo, el oro es caro de dividir, custodiar, verificar y transportar. Y tiene una dilución del 1,6-2% al año, lo que a largo plazo es considerable. Bitcoin no solo no se deteriora. Tampoco tiene unos costes de custodia altos. Es fácil de dividir, verificar y transportar. La divisibilidad, el no tener deterioro, ni riesgos regulatorios también lo hacen una opción atractiva frente a los bienes inmuebles, en los cuales sí necesitas una parte de tus ahorros, tienes que liquidar el bien entero, tienen muchos gastos asociados por el deterioro y su exposición a mayores impuestos o regulaciones y okupas es significativa.

La superioridad de Bitcoin

Si lo comparamos con aquellos activos que utilizamos para aparcar riqueza, para transportar valor en el tiempo, tiene propiedades muy superiores a la mayoría de ellos. Bitcoin está diseñado para el atesoramiento, que con una oferta fija es lo que realmente da valor a un activo, que sea demandado para ser atesorado, no para desprenderte de él, no para hacer pagos. Además, por ser un activo real, no tiene riesgo de contrapartida, no tiene que estar respaldado por nada ni hay posibilidad de que alguien incumpla su obligación.

¿Qué opciones hay de que los Estados dejen de devaluar sus monedas? ¿Cuáles son las perspectivas de que no se incrementen las regulaciones? ¿Qué se puede esperar de los impuestos sobre todos los activos, especialmente los más ilíquidos? ¿Dejarán los políticos los fondos de pensiones privados intactos sabiendo que allí hay acumulado dinero? ¿Ha quebrado alguna vez un banco y no ha podido devolver el dinero a sus depositantes? ¿Ha quebrado alguna vez un Estado o una empresa y no ha podido hacer frente a sus obligaciones? Bitcoin puede ser una respuesta para muchas de estas preguntas.

Los economistas tienen pendiente hacer los deberes. No se trata de pensar Bitcoin desde las categorías y las creencias preconcebidas que tenemos, sino que repensemos todas estas creencias, estas teorías y categorías a la luz de Bitcoin. 

Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (IV)

Sobre la idea de bien en Menger

En mi réplica al artículo de Polavieja decía que, de acuerdo a las condiciones que establecía Menger para poder considerar que una cosa era un bien, Bitcoin se podía considerar un bien desde el momento de su “nacimiento”. Y citaba un caso particular para demostrarlo, como era que al surgir el genesis block Satoshi Nakamoto daba satisfacción a esa necesidad intelectual que le llevó a trabajar en un proyecto tan complejo. Sólo por ese motivo, ya era posible considerar a Bitcoin como un bien.

Según Menger, para que una cosa sea considerada un bien, debe darse, en primer lugar, la existencia (o anticipación) de una necesidad humana; en segundo lugar, que la cosa tenga cualidades que la capaciten para mantener una relación causal con la satisfacción de dicha necesidad; en tercer lugar, que se conozca esta última posibilidad; y, en cuarto lugar, que el ser humano tenga poder de disposición sobre la cosa y la pueda utilizar para satisfacer su necesidad.[1]

No obstante, no se trataba de decidir si Bitcoin era un bien, sino de decidir si era un bien monetario (si tenía utilidad monetaria en el momento de su “nacimiento”). Y, en ese sentido, en mi réplica a Polavieja decía que se incumplía la segunda parte de la cuarta condición de Menger. Es decir, que aun teniendo poder de disposición sobre sus bitcoins, Satoshi no los podía utilizar para satisfacer sus necesidades mediante el intercambio indirecto. Por tanto, concluía que “en ese momento inicial, Bitcoin no se ajustaba a todas las exigencias de Menger para que pudiera ser considerado un bien de tipo monetario (un medio de intercambio)”.[2] En referencia a esto, dice Polavieja:

Es curioso que Serrano parece utilizar el texto de la segunda edición de Principios de Economía Política donde Menger añade la palabra “anticipación” en la primera condición, pero no parece utilizar esta segunda edición para citar la cuarta condición donde Menger añade: “aunque sea una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”.[3]

Anticiparte a las necesidades futuras

En su respuesta, Polavieja desvía la atención hacia la palabra anticipación. Pero la necesidad que detectaba Satoshi Nakamoto estaba bien presente, no necesitaba anticiparla. Y, precisamente, Satoshi trató de satisfacerla mediante la creación de Bitcoin. Por tanto, dado que la necesidad estaba ya presente en él, la palabra anticipación no aporta nada. De hecho, cuando cité las condiciones que establece Menger para que una cosa sea considerada un bien, añadí la palabra anticipación (de la segunda edición de Principios de Economía Política) precisamente para tratar de evitar que Polavieja recurriera a ese ardid, algo que hace habitualmente y que, en realidad, es irrelevante para la discusión.

Sin embargo, esto no ha sido suficiente para lograr que Polavieja abandonara ese asunto. Como se ha podido comprobar, decidió añadir la frase de Menger: “aunque sea una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”, y lo hizo señalando en negrita la palabra futura como si aportara algo novedoso. Pero es obvio que referirse a una necesidad futura es volver a insistir en la anticipación de una necesidad, que como he dicho es irrelevante en la discusión.

Posteriormente, Polavieja todavía vuelve a insistir en que “la necesidad puede ser futura, no tiene que ser presente”.[4] Dado que esto yo no lo he negado, no es más que un intento continuado de desviar la atención del asunto principal. Enseguida hablaremos sobre lo que quiere decir realmente Menger cuando se refiere a anticipar una necesidad o, también, cuando se refiere a “una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”, pero ya adelanto que nada tiene que ver con lo que da a entender Polavieja.

Crusoe naufraga y llega a una isla desierta

Lo dicho hasta ahora se podrá entender mejor a través de unos ejemplos. Imaginemos a Robinson Crusoe tras el naufragio de su barco. Completamente solo en una isla. La desgraciada circunstancia que vive le lleva a agudizar el ingenio para tratar de satisfacer de la mejor forma posible sus necesidades más básicas. Con esa intención, fabrica un sortricultor, utensilio que le facilita mucho la vida.

Evidentemente, Crusoe considera ese utensilio como un bien desde el mismo momento de su fabricación. Menger estaría de acuerdo con él, pues cumple todas las condiciones para que un objeto pueda ser considerado un bien: Crusoe tiene una necesidad; el utensilio tiene cualidades para satisfacer su necesidad; conoce esas cualidades; tiene poder de disposición sobre el utensilio que ha creado, y puede utilizarlo para satisfacer su necesidad. Es decir, el sortricultor sería un bien para Crusoe, y no importaría si nadie más en el mundo apreciara su utilidad, seguiría siendo un bien para Crusoe. Vemos que en este caso no hace falta que Crusoe anticipara la necesidad, pues la necesidad estaba ya presente. Es esa necesidad la que motivó que Crusoe fabricara el utensilio.

Imaginemos ahora que unos monos con muy mala intención se llevan el sortricultor y lo cuelgan en el árbol más alto de la isla, de forma que es inalcanzable para Crusoe. En esta situación dejaría de ser un bien para Crusoe (en el sentido de Menger), pues ya no tendría poder de disposición sobre el utensilio.[5] Vemos que en tal caso sería irrelevante cualquier referencia a la anticipación de la necesidad o a una necesidad futura de Crusoe.

Conchas, plata y dinero

Pasado el tiempo, Crusoe se encuentra ya en unas circunstancias muy diferentes. Tiene cubiertas las necesidades más básicas y su imaginación se dirige hacia otro tipo de cosas. Añora su país natal y piensa en el porqué de que se utilizara la plata como dinero. Se acuerda de la libra esterlina y, al mismo tiempo, recuerda haber leído que a lo largo de la historia muchos bienes habían sido utilizados como dinero antes de que se empezaran a utilizar las monedas metálicas. De repente, se pone a recoger conchas marinas, convencido de que algún día se convertirían en el dinero de su isla. Tras unos días de intensa recolección, Crusoe da por terminada esa actividad y guarda celosamente su colección de conchas marinas en una cueva. Está muy satisfecho. Las conchas son, sin duda, su tesoro más preciado.

En esa situación, ¿se podría considerar que las conchas marinas eran un bien para Crusoe? Según los criterios de Menger, Crusoe tiene una necesidad; las conchas marinas tienen cualidades para satisfacer su necesidad; conoce esas cualidades; tiene poder de disposición sobre las conchas marinas, y puede utilizarlas para satisfacer su necesidad. Por tanto, es evidente que las conchas marinas son un bien para Crusoe.

Pero, ¿cuál es la necesidad que puede satisfacer Crusoe con sus conchas marinas? Esa necesidad es meramente psicológica, en su difícil situación seguramente necesitaba alguna esperanza que le proporcionara ánimo para seguir adelante. Y en su mente delirante, las conchas marinas le llevaban a imaginar que poseía el equivalente a muchas libras esterlinas de buena plata y le permitían soñar que era inmensamente rico.

No hay dinero sin intercambio

Ahora bien, la cruda realidad nos dice que las conchas de Crusoe no eran dinero, tampoco eran un medio de intercambio, ni siquiera había gente en la isla con la que pudiera utilizarlas en el intercambio. Así las cosas, ¿se podría considerar que las conchas marinas eran un bien de tipo monetario para Crusoe? Según los criterios de Menger, Crusoe tiene una necesidad monetaria; las conchas marinas tienen cualidades para satisfacer esa necesidad (ya lo han hecho en otros períodos de la historia); conoce esas cualidades; y tiene poder de disposición sobre las conchas marinas, pero ¿puede utilizarlas para satisfacer su supuesta necesidad monetaria?

Como ya he dicho, en tales circunstancias las conchas no son dinero. ¿Podrían llegar a serlo? Sí, pero no lo son. Tampoco son medios de intercambio. ¿Podrían llegar a serlo? Sí, pero no lo son. En la isla no hay habitantes que puedan intercambiar las conchas. ¿Podrían llegar nuevos habitantes a la isla? Sin duda, pero de momento no han llegado. Y, además, ¿qué garantías existen de que esos nuevos habitantes acepten las conchas como medio de intercambio? Evidentemente, ninguna. Por tanto, ¿se puede decir que las conchas marinas tenían utilidad como medio de intercambio indirecto para Crusoe? De ningún modo. Las conchas marinas no eran un bien de tipo monetario para Crusoe y, de nuevo, sería totalmente irrelevante cualquier referencia a la anticipación de una necesidad o a una necesidad futura.

Martes, Miércoles, Jueves y Viernes

Tiempo después llega Viernes a la isla. Crusoe piensa inmediatamente en su tesoro más preciado, piensa en utilizar sus conchas marinas como medio de intercambio indirecto con su nuevo vecino. Pero Viernes enseguida le devuelve a la realidad. Siendo solo dos personas, no tiene demasiado sentido usar medios de intercambio. El cambio puede ser directo. Viernes le dice a Crusoe que para utilizar las conchas marinas como medio de intercambio sería preferible que hubiera más habitantes en la isla. Ante semejante golpe de realidad, Crusoe cae en depresión.

Meses más tarde llegan a la isla Martes, Miércoles y Jueves. Esto anima mucho a Crusoe. De hecho, está eufórico, piensa que por fin podrá usar su preciado tesoro. Enseguida entabla relación con ellos y trata de comprarles unos relucientes cuchillos que llevaban colgados del cinturón. Les ofrece a cambio un buen número de conchas marinas. Pero una vez más se lleva una decepción. Martes, Miércoles y Jueves rechazan las conchas. Crusoe les explica que no son unas meras conchas, sino un medio de intercambio indirecto muy valioso. Pero los tres personajes, entre risas, le contestan que si las conchas son tan valiosas se las puede quedar todas. Crusoe cae de nuevo en la depresión.

Pan y cuchillos

Un buen día, la lucidez hizo aparición en la mente de Crusoe. Había encontrado una forma de satisfacer la imperiosa necesidad que sentía de poseer aquellos relucientes cuchillos. Decidió hacer pan. El olor a pan recién hecho se extendió inmediatamente por toda la isla y llegó al resto de habitantes, que acudieron como las moscas a la miel. Finalmente, tras una intensa negociación, Crusoe consiguió sus deseados cuchillos a cambio de un buen número de panes.

Se podría pensar que Crusoe logró satisfacer sus necesidades mediante un simple trueque y en parte es cierto, pero esto se puede ver también desde otro punto de vista. ¿Cómo logró realmente Crusoe sus cuchillos? En primer lugar, anticipando una necesidad. La que sentirían los habitantes de la isla al oler sus panes. Es decir, intuyendo que, en algún momento de su vida, todos ellos habrían comido pan recién hecho y lo apreciarían mucho, máxime en la situación de penuria en la que se encontraban en la isla. Y, en segundo lugar, anticipando que esa necesidad futura se podía satisfacer con la ayuda de otros bienes, en este caso, con las plantas de maíz y la harina de maíz que previamente hubo de procurarse Crusoe.

La planta crecía por sí sola en una parte remota de la isla y la harina la obtuvo Crusoe moliendo con piedras los granos de maíz maduros que había dejado secar. De ese modo, el maíz, que hasta ese momento no era un bien para Crusoe, pues desconocía su existencia en la isla, se convirtió en un bien de producción o bien de orden superior (esto es así, independientemente de que el pan fuera para consumo propio o para destinar a la venta).

Conclusiones obtenidas a partir de los ejemplos

Menger reconoce dos formas indirectas de satisfacer las necesidades. La primera de ellas es a través del valor de cambio de los bienes (aquellos bienes que son apreciados por muchas personas pueden tener valor de cambio para su poseedor). La principal consecuencia histórica del hecho de que mucha gente reconociera valor de cambio en un bien y de que aumentara mucho la negociabilidad de ese bien fue el descubrimiento del intercambio indirecto. En la actualidad, sigue sucediendo algo similar. Determinados bienes muy comercializables se convierten en medios de intercambio. Y algunos llegan a convertirse en dinero (medios de intercambio común o generalmente aceptados).

La segunda forma indirecta de satisfacer las necesidades es la que se va a analizar en estos momentos. Antes de comenzar con las peripecias de Crusoe en la isla, dejé pendiente de explicar qué quería decir realmente Menger cuando se refería a la anticipación de necesidades o, específicamente, a “una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”. Pues bien, el ejemplo del maíz indica claramente a qué se refería. Menger tenía en mente los bienes de producción.

Los bienes de un orden superior piden y afirman su cualidad de bienes no con referencia a necesidades del presente inmediato, sino únicamente respecto a necesidades que, a tenor de las expectativas humanas, sólo aparecerán en unos momentos en los que ya habrá llegado a su fin el proceso de producción…[6]

Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 121.

Bienes de orden superior

Por ese motivo, las condiciones que establecía Menger para que una cosa se pudiera considerar un bien debían incluir las especificidades de estos bienes de orden superior. Y eso es precisamente lo que hace cuando se refiere a la anticipación de una necesidad, cuando habla de necesidades futuras y cuando añade solo con la ayuda de otros bienes.

Los bienes de producción se emplean para dar satisfacción a necesidades en el futuro, puesto que estos bienes se transforman en bienes de consumo tras un periodo más o menos largo de producción (i. e., son usados para producir bienes de consumo en un proceso que conlleva tiempo). Por tanto, esas necesidades deben ser anticipadas necesariamente.

Estos bienes de producción son apreciados como bienes porque, como diría Menger, tienen cualidades que los capacitan para mantener una relación causal con la satisfacción de una necesidad (la harina es indispensable para ese bien de consumo que es el pan, las ruedas son indispensables para ese bien de consumo que es un coche). En líneas generales, esto es de lo que habla Menger y, como se ve, nada tiene que ver con lo que da a entender Polavieja cuando cita sus palabras.

Una utilidad desconocida

Algunos lectores podrán pensar que, al igual que Crusoe anticipó la necesidad de pan que sentirían los habitantes de la isla, Satoshi Nakamoto también podría haber anticipado la necesidad futura de bitcoins (como medio de intercambio) por parte de otras personas. Y, a partir de esta idea, estos lectores tal vez deducen que los bitcoins serían un bien monetario desde su “nacimiento”, como el sortricultor era un bien desde el momento en que lo creó Crusoe, o el pan desde el momento en que estaba listo para comerse, o la harina desde el momento en que podía ser utilizada para hacer pan. Evidentemente, esto es un error. Veamos el porqué y las diferencias entre estos casos.

En primer lugar, nadie en el mundo sabe qué es ni para qué sirve un sortricultor, por tanto, solo podía ser un bien para Crusoe. Y lo mismo pudo suceder en el caso del primer pan de la historia. En ese momento, ese pan solo era un bien para aquel que lo cocinó. Esta persona era la única que conocía de qué estaba hecho el pan, es decir, era la única que sabía que era un alimento. Esto no era conocido por el resto del mundo, el resto del mundo necesitó conocerlo y probarlo, antes de considerarlo como un bien.

Valor de cambio

El caso de Bitcoin tiene algunas similitudes con el primer pan de la historia, al igual que ese pan Bitcoin también era un bien para su creador desde el momento de su “nacimiento” (ya se ha hablado de los valores de uso que se podían otorgar a Bitcoin en los momentos iniciales). Sin embargo, si se considera desde el punto de vista de un bien monetario, tiene algunas diferencias insalvables.

Ni siquiera su creador (que conocía perfectamente el sistema Bitcoin) podía considerarlo como un bien monetario desde sus inicios, pues un bien monetario depende de otras personas, es una institución social (Viernes enseguida se dio cuenta de eso y se lo hizo ver a Crusoe, lo que le produjo una gran depresión).

El hecho de que Satoshi especulara con la posibilidad de que en el futuro Bitcoin fuera aceptado y usado como medio de intercambio era un valor de uso[7] similar al que Crusoe otorgaba a sus conchas marinas (el valor de uso otorgado por ambos personajes existe y es completamente independiente de la verosimilitud que cualquiera de nosotros podamos otorgar a la idea de Satoshi o a la de Crusoe).

En todo caso, en aquellos momentos iniciales ni Satoshi ni Crusoe podían otorgar valor de cambio[8] a sus bienes. Antes de poder hacerlo, era necesario que se estableciera un precio de esos bienes en el mercado como consecuencia de la utilidad apreciada en ellos (del tipo que fuera).

Hal Finney

Eso tal vez es lo que intentaba provocar “Hal” Finney tan solo ocho días después del genesis block. El 11 de enero de 2009, Finney imagina a Bitcoin convertido en el sistema de pagos dominante en el mundo, y calcula que en ese caso su valor sería aproximadamente de 10 millones de dólares por bitcoin. A continuación dice lo siguiente: “Entonces, la posibilidad de generar monedas hoy con unos pocos centavos de tiempo de cómputo puede ser una buena apuesta, ¡con una rentabilidad de algo así como 100 millones a 1!”[9] Es decir, Finney incitaba a que se apreciara una utilidad especulativa en Bitcoin, buscando sin duda hash rate, pero también buscando un primer precio.

En el caso de Bitcoin, la aparición de un precio de mercado se demoró más de lo que es habitual en cualquier bien novedoso que aparece en el mercado. Esto fue debido a que Bitcoin no era un bien al uso, un bien del que se pudiera valorar fácilmente su utilidad. Era necesario un trabajo de “investigación” previo. Transcurridos varios meses, casi un año, surgió ya un precio de Bitcoin en el mercado. A partir de la existencia de ese precio, podía darse el caso de que Bitcoin alcanzara una buena comerciabilidad (como le puede suceder a cualquier otro bien) y a partir de esa situación era igualmente susceptible de convertirse en medio de intercambio (i. e., la gente podía decidir usarlo como intermediario de los intercambios).

Bitcoin, medio de intercambio

Bitcoin se convirtió en medio de intercambio muy rápidamente, solo fue necesario el transcurso de varios años, todo un hito histórico. Evidentemente, puede haber personas que anticiparan esta circunstancia, de hecho, la propia hipótesis de trabajo de Satoshi Nakamoto pasaba necesariamente por anticipar que Bitcoin se convertiría en medio de intercambio. Lo contrario no tendría sentido.

Sin embargo, esa anticipación intelectual e hipotética, esa anticipación esperanzada, expectante y especulativa de Satoshi Nakamoto no se debe confundir con la anticipación de Menger, que se refiere al empleo de un bien de producción. Por definición, un bien de producción sirve para dar satisfacción a una necesidad futura. Esta necesidad debe ser necesariamente anticipada por aquel que use un bien de producción para tratar de satisfacerla.

Menger sobre los bienes

Veamos cómo se aplicarían las condiciones establecidas por Menger a la harina de Crusoe. Para que la harina pueda ser considerada un bien, debe darse, en primer lugar, la existencia (o anticipación) de una necesidad humana (Crusoe anticipa que en el futuro los habitantes de la isla tendrán hambre, es decir, anticipa una necesidad futura sobre la base de una necesidad presente y constante en el ser humano). En segundo lugar, que la harina tenga cualidades que la capaciten para mantener una relación causal con la satisfacción de dicha necesidad (con la harina se puede hacer pan y el pan sacia el hambre).

En tercer lugar, que se conozca esta última posibilidad (Crusoe sabe que con la harina se puede hacer pan y que el pan sacia el hambre). Y, en cuarto lugar, que el ser humano tenga poder de disposición sobre la harina (Crusoe tiene ese poder de disposición sobre la harina que ha elaborado) y la pueda utilizar para satisfacer su necesidad (no hay duda de que Crusoe puede saciar el hambre con el pan hecho con harina).

Por tanto, la harina es un bien. Pero la harina es un bien, no porque permita satisfacer directamente las necesidades alimenticias, sino porque se puede emplear para hacer pan. Es decir, se anticipa que usando la harina en el presente como bien de producción se podrá satisfacer una necesidad futura cuando el pan esté listo para el consumo (bien de consumo). Ese y no otro es el sentido de la anticipación de Menger.

Los primeros bitcoin

¿Sucede lo mismo en el caso de los primeros bitcoins? El hecho de que Bitcoin pudiera ser considerado un bien está fuera de toda duda, lo que nos interesa aquí es si los bitcoins surgidos en el primer bloque efectivo[10] podían ser considerados desde un inicio bienes de tipo monetario. Veamos. A este respecto, tendríamos que, según Menger, para que los bitcoins surgidos en el primer bloque efectivo puedan ser considerados un bien de tipo monetario, debe darse, en primer lugar, la existencia (o anticipación) de una necesidad humana (Satoshi sentía la necesidad de una moneda digital que se pudiera intercambiar sin necesitar terceros de confianza y, además, podía anticipar que otras personas sentirían esa misma necesidad).

En segundo lugar, que los bitcoins surgidos en el primer bloque efectivo tengan cualidades que los capaciten para mantener una relación causal con la satisfacción de dicha necesidad (no hay duda de que los bitcoins tenían esas cualidades). Tres: que se conozca esta última posibilidad (nadie más indicado que Satoshi Nakamoto para conocerlo). Y, en cuarto lugar, que Satoshi tenga poder de disposición sobre los bitcoins surgidos en el primer bloque efectivo (aceptemos que desde el primer momento Satoshi tenía ya ese poder de disposición sobre sus bitcoins)[11] y que pueda utilizar esos bitcoins para satisfacer su necesidad (aquí es donde se incumplen las condiciones de Menger, pues en aquel momento los bitcoins no se podían utilizar para tal fin).

Por tanto, aquellos bitcoins eran un bien, pero no eran un bien monetario (pues no era posible usar ese bien como dinero o como medio de intercambio cuando todavía no existía un precio de mercado de ese bien). Y, además, nadie podía saber si algún día llegarían a ser un bien monetario.

Producción y premonición

Ciertamente, es posible inventar algo y que ese algo en el futuro se convierta en dinero/MoE, e incluso es posible inventarlo específicamente con esa intención (aunque la intención no sea relevante a la hora de que se logre el objetivo), pero no es posible utilizarlo como medio de intercambio sin la referencia de precios de intercambio pasados[12] y tampoco es posible adivinar si un bien se convertirá en medio de intercambio en el futuro.

Desde el punto de vista de Menger, se puede anticipar razonablemente una necesidad futura (e. g., el hambre), pero no es posible adivinar el futuro (en el caso del surgimiento de Bitcoin, no era posible adivinar lo que le depararía el futuro). Este tipo de anticipación premonitoria no es, de ninguna manera, el tipo de anticipación que contemplaba Menger a la hora de aceptar que un objeto pudiera ser considerado un bien.

Una vez más, Polavieja juega con el significado de las palabras para forzar las conclusiones en el sentido que le conviene, pero lo que dice es completamente ajeno a Menger. Pensar que un bien es un bien monetario (i. e., que tiene utilidad monetaria) antes de que sea posible utilizar ese bien para satisfacer las necesidades a través del intercambio indirecto es autoengañarse. Polavieja afirma:

Si Bitcoin no cumpliera la segunda parte de la cuarta condición de Menger por razón de no poder ser utilizada en el presente de forma inmediata a voluntad de su propietario, entonces ninguna otra mercancía sería un bien económico.[13]

Manuel Polavieja. Bitcoin es una mercancía II.

Pero, cuando dice esto, Polavieja está tergiversando los argumentos, pues nadie ha puesto en duda que Bitcoin se pudiera considerar un bien económico. Lo que se afirma es que, en sus inicios, no se podía considerar un bien monetario. Pretender tal cosa es como pretender que las conchas marinas de Crusoe tenían utilidad monetaria debido a algún tipo de anticipación trascendental de este personaje.

Contingentes, especulativos, inciertos

En el mismo párrafo que acabo de citar, afirma Polavieja que “tanto el valor de uso como el valor de cambio, son contingentes, especulativos y más o menos inciertos”.[14] Evidentemente, hace esta afirmación con la intención de reforzar sus argumentos. Pero no estoy de acuerdo con él en absoluto. De hecho, voy a rechazar los tres atributos que Polavieja adjudica al valor de uso y al valor de cambio.

En primer lugar, estos valores no son contingentes (lo que es contingente es el resultado perseguido por la acción, pero no el valor que le otorgamos al llevarla a cabo). Ese valor que le otorgamos subjetivamente es lo contrario de contingente, es cierto y seguro, pues los valores se manifiestan a través de la acción y si hemos actuado en cierto sentido esto demuestra la existencia de determinada valoración en el momento de nuestra actuación.

En segundo lugar, el valor de uso y el valor de cambio no son especulativos en ningún sentido. El hecho de que, en un momento dado, otorguemos a un bien determinado valor de uso o de cambio solo quiere decir que en nuestra escala de valoración lo situamos en determinada posición en relación con otros bienes y que actuamos en consecuencia para satisfacer de la mejor manera posible nuestras necesidades. En relación con estos valores, no existe especulación ninguna, puesto que la acción es la demostración de nuestra valoración en un momento determinado, es decir, solo atañe al presente, no al futuro (en el futuro podemos cambiar de valoración y actuar de un modo distinto).

Y en tercer lugar, el valor de uso y el valor de cambio tampoco son inciertos. Se aplica aquí lo mismo que se ha dicho en el primer caso, lo único incierto son los resultados perseguidos con la acción, pero no el valor que le otorgamos al llevarla a cabo.

Diez razones

Esto es, los ejemplos utilizados con Robinson Crusoe, así como el resto de cuestiones que he relacionado con estos ejemplos, sirven para mostrar lo siguiente.

En primer lugar, que el sortricultor es un bien para Crusoe, pero no es un bien para nadie más, porque nadie sabe qué es un sortricultor ni para qué sirve. En segundo lugar, que el pan es un bien para Crusoe. También lo es para cualquier otra persona (al menos en potencia), quien lo niegue que se quede un mes a pan y agua y veremos si lo considera o no un bien. En tercer lugar, que la harina de maíz es un bien de producción que permite obtener pan (un bien de consumo). Por tanto, de forma indirecta, se aplica igualmente el dilema del mes a pan y agua.

En cuarto lugar, que las conchas marinas eran consideradas un bien por Crusoe y también podrían ser consideradas un bien por otros habitantes de la isla (e. g., para hacer adornos, sonajeros, carrillones de viento, etc.) En quinto lugar, que los primeros bitcoins eran considerados un bien por Satoshi Nakamoto. También podían ser vistos como un bien por todos aquellos que en el momento de su surgimiento ya se hubieran formado una idea de qué era Bitcoin (acertada o equivocada, no importa) y consideraran que para ellos cierta cantidad de bitcoins tenía valor de uso (del tipo que fuera).

Utilidad monetaria

En sexto lugar, que el sortricultor de Crusoe no tenía utilidad monetaria, ni podía tenerla en las circunstancias descritas. Siete: que los panes de Crusoe no tenían utilidad monetaria, pero no era posible descartar que se pudieran convertir en un medio de intercambio en la isla (a pesar de que, siendo perecederos, difícilmente serían un buen medio de intercambio). En octavo lugar, que la harina de maíz de Crusoe no tenía utilidad monetaria, pero no era posible descartar que se pudiera convertir en un medio de intercambio en la isla (a pesar de que, siendo perecedera, difícilmente sería un buen medio de intercambio).

En noveno lugar, que las conchas marinas no tenían utilidad monetaria, pero no era posible descartar que se pudieran convertir en medio de intercambio en la isla (a pesar de que, siendo tan abundantes y fáciles de conseguir, difícilmente serían un buen medio de intercambio). Y, en décimo lugar, que los primeros bitcoins no tenían utilidad monetaria, pero no era posible descartar que se pudieran convertir en un medio de intercambio utilizado en todo el mundo. Para ello deberían alcanzar previamente un precio de mercado (sin precio de mercado no podrían convertirse en medio de intercambio); luego deberían alcanzar una gran comerciabilidad, pues solo así podrían competir con las alternativas existentes (esta gran comerciabilidad, en caso de alcanzarse, implica que se aprecian sus características); y, por fin, la gente debería empezar a utilizarlos en el intercambio indirecto.

Como conclusión, es evidente que Polavieja no puede alegar la anticipación de una necesidad futura para defender que el sortricultor de Crusoe, sus panes, la harina de maíz, las conchas marinas o los bitcoins en sus inicios tuvieran utilidad monetaria. Sin embargo, a todos estos bienes se les apreciaba una utilidad de otro tipo (no monetaria), por tanto, antes de que cualquiera de ellos pudiera convertirse, hipotéticamente, en medio de intercambio (como así ha sucedido en el caso de Bitcoin) ya eran valorados previamente por otros usos, tal y como establece el teorema de la regresión de Mises.[15]


Notas

[1] Véase “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger

[2] Ídem

[3] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[4] Ídem

[5] “Un bien pierde esta su cualidad [cualidad de bien] cuando el hombre carece del poder de disposición sobre ella, de modo que o no puede utilizarla para la satisfacción inmediata de sus necesidades o no dispone de los medios necesarios para volver a ponerla bajo su dominio”. Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 105 Vemos que esta idea de Menger, además de aplicarse al ejemplo citado, también se aplica perfectamente a lo que sucede cuando un bitcoiner pierde la semilla que da acceso a sus bitcoins.

[6] Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 121

[7] Se ha explicado ese valor de uso en “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger (III)”

[8] Se ha explicado ese valor de cambio en “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger (III)”.

[9] Véase https://www.mail-archive.com/cryptography@metzdowd.com/msg10152.html

[10] Recordemos que los bitcoins surgidos en el genesis block (3 de enero de 2009) no se pueden gastar y que el primer bloque efectivo tuvo lugar seis días después, el 9 de enero de 2009.

[11] En realidad, la primera transferencia de bitcoins no tuvo lugar hasta tres días más tarde y a modo de prueba. Se produjo el día 12 de enero de 2009 entre Satoshi Nakamoto y “Hal” Finney, un desarrollador y activista de la criptografía que recibió 10 bitcoins. Finney había publicado en 1993 dos estudios, uno acerca del doble gasto “Detecting Double Spend” y otro sobre el dinero digital y la privacidad “Digital Cash and privacy”, y apoyó el proyecto Bitcoin desde un inicio. Esta transferencia de bitcoins recibida por Finney fue solo una prueba de funcionamiento del sistema. https://bitcointalk.org/index.php?topic=155054.0 En palabras de Finney: “I mined block 70-something, and I was the recipient of the first bitcoin transaction, when Satoshi sent ten coins to me as a test. I carried on an email conversation with Satoshi over the next few days, mostly me reporting bugs and him fixing them.”

[12] En el caso de Bitcoin, como en el de cualquier otro bien, la existencia de precios de intercambio anteriores es un requisito necesario para poder convertirse en medio de intercambio. Ahora bien, no es suficiente, como lo demuestra el hecho de que una vez que existieron precios de intercambio de Bitcoin en el mercado, todavía tardó algunos años en convertirse de hecho en medio de intercambio.

[13] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[14] Ídem

[15] Aprovecho para decir que en esta serie de artículos no daré respuesta a lo alegado por Polavieja en referencia al teorema de la regresión de Mises. Ello es debido a que Polavieja suscribe la refutación de Bondone y Rallo del teorema de la regresión y ya he expuesto mi posición en el artículo “La liquidez frente al teorema de la regresión del dinero: una crítica a J. R. Rallo”. Revista Procesos de Mercado, vol. 19, no. 1, Aug. 2022, pp. 63-96.  Los argumentos utilizados por Rallo contra el teorema de la regresión son igualmente rebatidos aquí:

Bagus & Serrano (2023): “Anexo: Por qué el teorema regresivo del dinero no es lógicamente defectuoso”, en Bagus, Philipp (2023): Anti-Rallo: Una crítica a la teoría monetaria de Juan Ramón Rallo. Madrid: Unión Editorial, pp. 155-179. https://www.unioneditorial.net/libro/anti-rallo/ 

El debate sobre las mercancías

Joel Serrano

La liquidez frente al teorema de la liquidez del dinero: una crítica a J. R. Rallo

Manuel Polavieja

Mises no comprendió a Menger (I)

Mises no comprendió a Menger (II)

Mises no comprendió a Menger (III)

Bitcoin, dinero y mercancías

Bitcoin es una mercancía (I)

Mises no comprendió a Menger (IV)

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (I)

Manuel Polavieja

Bitcoin es una mercancía (II)

Refutación del teorema regresivo de Mises

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (II)

Manuel Polavieja

Mercancías y economía de mercado

Joel Serrano

Manuel Polavieja no entendió a Mises; tampoco a Menger (III)

Manuel Polavieja no entendió a Mises; tampoco a Menger (IV)

Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (III)

Sobre el valor de uso y el valor de cambio

Introducción

Este apartado está dedicado a los conceptos valor de uso y valor de cambio, conceptos que serán utilizados para interpretar el fenómeno Bitcoin. Considero que esta actividad puede resultar fundamental a la hora de desmontar los habituales juegos de palabras y tergiversaciones que se dan en este asunto.

El valor de uso es, pues, la significación que adquieren para nosotros los bienes que nos aseguran de una manera directa la satisfacción de necesidades en unas circunstancias en las que, si no dispusiéramos de estos bienes, no podríamos satisfacerlas. El valor de intercambio es la significación que adquieren para nosotros aquellos bienes cuya posesión nos garantiza el mismo resultado bajo las mismas circunstancias, pero de forma indirecta.[1]

Como se puede deducir de las explicaciones de Menger, tanto el concepto valor de uso como el concepto valor de cambio o valor de intercambio son subjetivos. En la misma línea se pronuncia Böhm-Bawerk:

El valor de uso es la importancia que el bien tiene para el bienestar de una persona, suponiendo que esa persona lo utilice personalmente para dar respuesta a sus objetivos. De igual forma, el valor de cambio subjetivo es la importancia que el bien tiene para el bienestar de la persona, pero en función de su capacidad para procurarse otros bienes por medio del intercambio.[2]

Con anterioridad a Menger y Böhm-Bawerk, en el ámbito económico no solo era aceptado el valor de uso subjetivo, sino también el valor de uso objetivo. Y lo mismo, en referencia al valor de cambio, tanto el subjetivo como el objetivo. Tras el desarrollo de la teoría subjetiva del valor por parte de los fundadores de la Escuela Austriaca de Economía, todavía se arrastraron durante mucho tiempo esos conceptos caducos, que fueron utilizados incluso por algunos de los propios maestros austriacos, pues nunca resulta sencillo romper con el pasado. Aún hoy en día hay quien se sigue refiriendo al valor intrínseco de determinados bienes, como si tal cosa pudiera tener algún sentido. Todas estas circunstancias han provocado y siguen provocando mucha confusión.

Antes de continuar con lo que nos interesa, comencemos por aclarar que el concepto valor de uso objetivo es una contradicción en los términos, toda vez que el valor es siempre subjetivo. Este concepto, desechado en la actualidad en tales términos, venía a referirse, como nos dice Mises, a un funcionamiento técnico objetivo:

El concepto praxeológico de utilidad (valor de uso subjetivo, según la terminología de los primitivos economistas de la Escuela Austríaca) debe diferenciarse claramente del concepto técnico de utilidad (valor de uso objetivo, como decían los mismos economistas). El valor de uso en sentido objetivo es la relación existente entre una cosa y el efecto que la misma puede producir. Es al valor de uso objetivo al que se refiere la gente cuando habla del «valor calórico» o de la «potencia térmica» del carbón.[3]

El concepto valor de cambio objetivo es, igualmente, una contradicción en los términos y también se ha dejado de utilizar. Sin embargo, hasta el propio Böhm-Bawerk lo utilizaba, siguiendo el uso tradicional de este concepto en la ciencia económica. No obstante, también utilizaba, de vez en cuando, la expresión capacidad objetiva de intercambio que evitaba al menos la contradicción valor-objetivo. De la misma forma que Böhm-Bawerk, Mises también utilizaba el concepto valor de cambio objetivo en su obra de 1912, La Teoría del Dinero y del Crédito, aunque dejó ya de utilizarlo en su obra de 1949, La Acción Humana. Este concepto venía a significar en todos los casos lo que hoy entendemos como poder adquisitivo o poder de compra.[4]

En la tradición subjetivista de la escuela austriaca nunca se dudó de que la separación entre valor de uso y valor de cambio era un simple recurso explicativo que facilitaba el análisis. El propio Menger deja claro en 1871 que valor de uso y valor de cambio son “las distintas formas del único fenómeno general del valor”.[5] En esa misma línea, dice Böhm-Bawerk en 1889 que

es fácil ver que podemos hablar de dos «valores» solo con la misma inexactitud que lo hacemos cuando hablamos de «disposiciones alternativas de la utilidad marginal». Porque evidentemente para una persona solo puede tener un valor subjetivo. Valor es, por definición, la importancia que un bien tiene para el bienestar de un ser humano y ese valor no puede ser a la vez, grande y pequeño, alto y bajo. Pero la manera de pensar y hablar acerca de esto, aunque no totalmente correcta, es la forma real de pensar y hablar en la vida diaria y por esa razón, en los pasajes anteriores, he adaptado mi fórmula a ella.[6]

Y en 1912 dice Mises que “la distinción entre valor de uso y valor de cambio no tiene ya en la teoría del valor la importancia que solía tener”.[7]

En la práctica, no cabe duda de que es siempre una única valoración la que nos conduce a la acción. Esa valoración es, por supuesto, subjetiva. Y si nos centramos en la subjetividad de la valoración, evitando que la palabra cambio o la palabra uso nos lleven a equívoco, nos daremos cuenta de que el valor de uso y el valor de cambioúnicamente están relacionados con nuestras necesidades, el hecho de que la forma que encontremos de satisfacerlas sea a través del uso o del intercambio es circunstancial e irrelevante y no debería llevar a confusión. En definitiva, los conceptos valor de uso y valor de cambio pueden ser un buen recurso explicativo a nivel analítico, pero siempre que se utilicen para aclarar las cosas y no para tergiversarlas.[8]

Sobre el valor de cambio de Bitcoin en sus inicios

Las definiciones citadas al comienzo de este apartado nos permiten darnos cuenta de que cuando “nace” Bitcoin todavía no podía dar satisfacción a nuestras necesidades de forma indirecta, es decir, todavía no se podía cambiar por otros bienes que dieran satisfacción directa a nuestras necesidades. En consecuencia, en aquellos momentos iniciales, no era posible apreciar en Bitcoin ningún valor de cambio. Por supuesto, menos aún se podría haber apreciado utilidad monetaria,[9] puesto que esta implica un valor de cambio que todavía no era posible otorgarle a Bitcoin y algunas otras condiciones más (e. g., una gran comerciabilidad, que no podía existir en el momento de su “nacimiento”). En definitiva, la esperanza de que a Bitcoin se le pudiera llegar a apreciar valor de cambio y utilidad monetaria en el futuro no le otorgaba valor de cambio ni utilidad monetaria en el presente, que es más o menos lo que hace ilusoriamente Polavieja:

La “mera esperanza” de que un bien pueda servir para satisfacer la necesidad de comunicarse, es demandar el bien por el motivo de satisfacer la necesidad de comunicarse. Punto. No hay que elucubrar con otras necesidades. De la misma manera, la mera esperanza de que un bien pueda satisfacer la necesidad de intercambiar, ya es demanda por utilidad monetaria.[10]

Dejando a un lado el “tono” empleado por Polavieja en este párrafo, tengo que decir que esa esperanza, al igual que sucede con las expectativas, permite otorgarle subjetivamente a Bitcoin un valor de uso, pero nunca un valor de cambio. Aquellos que no estén de acuerdo con esta idea me gustaría que reflexionaran sobre lo siguiente. Todo el mundo, en mayor o menor medida, aprecia la música y concede valor de uso a alguna canción en particular. El valor de uso que una persona concede a una canción concreta se debe, entre otros posibles motivos, al agrado que siente al escucharla. Es decir, ese valor de uso se debe a que la canción logra dar satisfacción psicológica a ciertas necesidades de esa persona relacionadas con el disfrute del placer sensorial. Pues bien, de la misma manera, el valor de uso que una persona concede a una determinada cantidad de bitcoins también se debe, entre otros posibles motivos, a que dichos bitcoins logran dar satisfacción psicológica a ciertas necesidades subjetivas (e. g., la esperanza de que Bitcoin se convierta en dinero y el Estado pierda el monopolio en el ámbito monetario o la expectativa de una gran revalorización). En todo caso, tanto la satisfacción psicológica que una persona pueda alcanzar al escuchar su música preferida como la satisfacción psicológica (esperanza o expectativa)[11] que una persona pueda apreciar al adquirir determinada cantidad de bitcoins solo pueden ser valorados como valor de uso, nunca como valor de cambio.

En relación con esa esperanza que es posible alcanzar gracias a Bitcoin, Polavieja solía terminar sus artículos en el Instituto Juan de Mariana con las siguientes palabras de Hayek:

No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.[12]

Cuando Polavieja concluía sus artículos citando estas palabras, algo que ya no hace, estaba otorgando a sus bitcoins el valor de uso psicológico correspondiente a la esperanza que mantenía en aquellos momentos. Pero, en sí misma, esa esperanza no permitía otorgarle valor de cambio a Bitcoin. De hecho, las esperanzas que uno pueda albergar no permiten otorgarle valor de cambio a ningún bien (todo aquel que no tenga esto claro deberá volver a la definición de valor de cambio).

Este asunto de la esperanza y las expectativas como valor de uso será abordado con mayor detalle más adelante, puesto que se pueden plantear algunas dudas relacionadas con la ley de la utilidad marginal que será necesario solventar. Por el momento, seguiré tratando de establecer firmemente los fundamentos.

Sobre las “necesidades” y sobre la amplitud del concepto “valor de uso”

La acción humana persigue la satisfacción de necesidades subjetivas no satisfechas que son valoradas y consideradas como fines. Si no fuera así, no se actuaría en esa dirección. Todo ser humano satisface siempre en primer lugar las necesidades más básicas, pero cuando ya las tiene satisfechas surgen inmediatamente otro tipo de necesidades y actúa en consecuencia para satisfacerlas. Estas necesidades pueden ir desde lo más superfluo y mundano hasta lo más elevado. Tanto las propias necesidades como los medios que se consideren adecuados para satisfacerlas son producto de la subjetividad de cada persona, así que desde un punto de vista praxeológico no hay demasiado que decir al respecto. Aquellos que se hacen tatuajes o se ponen piercings es indudable que sienten esa “necesidad” y actúan en consecuencia para satisfacerla. Exactamente igual, aquellos que sienten necesidades intelectuales o ideológicas. Y lo mismo, aquellos que dedican su vida a Dios, a la ciencia, al altruismo, etc.

El distinguir las diversas actuaciones con arreglo a los múltiples impulsos que las motivan puede ser importante para la psicología o para su valoración moral, pero para la economía tales circunstancias carecen de interés. Lo mismo puede afirmarse de las pretensiones de quienes quisieran limitar el campo de la economía a las acciones humanas cuyo objetivo es proporcionar a la gente mercancías materiales y tangibles del mundo externo. El hombre no busca los bienes materiales per se, sino por el servicio que tales bienes piensa le pueden proporcionar. Quiere incrementar su bienestar mediante la utilidad que piensa pueden reportarle los diversos bienes. De ahí que no deban excluirse de las acciones «económicas» las que directamente, sin mediación de ninguna cosa tangible o visible, permiten suprimir determinado malestar humano.[13]

Hemos hablado con anterioridad del valor de cambio. Como veíamos en la definición de Menger, cuando se otorga valor de cambio a un bien es porque se puede usar para satisfacer las necesidades de forma indirecta. Es decir, o se puede usar para satisfacer las necesidades de forma indirecta o no se le otorga valor de cambio. Este valor de cambio es un concepto más bien estrecho, pues solo hay un tipo de valor de cambio, el que surge gracias al intercambio. Vayamos ahora al valor de uso. Cuando se le otorga valor de uso a un bien, es porque se puede usar directamente para satisfacer las necesidades. Es decir, o se puede usar para satisfacer directamente las necesidades o no se le otorga valor de uso. A diferencia del valor de cambio, el valor de uso es un concepto muy amplio, de hecho, no es posible imaginar un concepto más amplio, pues el ser humano, en su inmensa creatividad, puede descubrir infinitos tipos de valor de uso en un mismo bien.

Con un ejemplo, se podrá ver mejor lo que quiero plantear acerca de la amplitud del concepto valor de uso. Pensemos en la música y, en concreto, en una pieza musical determinada como es la última canción de Shakira con Bizarrap. Esta pieza musical puede tener valor de uso como mero disfrute sensorial. Puede tener valor de uso para crear un ambiente activo y dinámico en una tienda de ropa juvenil. Puede tener valor de uso como símbolo en el seno de agrupaciones feministas que promueven el empoderamiento de las mujeres frente a los hombres. Puede tener valor de uso en una asociación de mujeres engañadas como terapia emocional que ayuda a superar determinados acontecimientos de la vida privada. Puede tener valor de uso para la propia cantante como venganza personal y escarnio público contra su ex pareja. Sirvan estos casos hipotéticos únicamente como una pequeña muestra de los diferentes valores de uso que pueden ser apreciados en un mismo bien.

La satisfacción intelectual como valor de uso

Teniendo en cuenta todo lo dicho, nos daremos cuenta de la gran variedad de valores de uso que se pueden apreciar o descubrir en los bienes de nueva creación. Esta variedad comienza ya en el propio creador. Por ejemplo, cuando alguien crea un producto eminentemente práctico, las necesidades que satisface al hacerlo no son solo las relacionadas con la utilidad técnica del producto. Así, es indudable que el creador estará más o menos orgulloso de su creación y sentirá la satisfacción intelectual de haber tenido la capacidad de desarrollar el producto. Si trasladamos esto a Bitcoin, es posible asegurar que para Satoshi Nakamoto tanto el sistema como las unidades que surgen de ese sistema tenían valor de uso desde un inicio, al menos en cuanto suponían la culminación de un desafío que logró satisfacer las necesidades intelectuales de su creador. Cuando Satoshi Nakamoto descubrió como encajar las piezas de ese puzle que es Bitcoin, cuando publicó su white paper y cuando minó el genesis block dio satisfacción a aquellas necesidades intelectuales que le habían conducido tiempo atrás a emplear su tiempo y sus recursos en esa tarea.

Obviamente, no fue únicamente una necesidad intelectual lo que motivó a Satoshi a emprender ese camino. El hecho de que ponga el énfasis en este asunto se debe a que Polavieja mostró una gran sorpresa en su artículo por el mero hecho de que hice referencia a un valor de uso “intelectual” de Bitcoin en sus inicios (dijo textualmente: “¿satisfacción intelectual?, ¡¡por favor!!”). Pero si él se sorprende con mi afirmación, más sorprendido estoy yo con su asombro. ¿Pretende Polavieja que no es posible valorar, por ejemplo, el intento de Bit Gold por parte de Nick Szabo? ¿Acaso no es cierto que Satoshi tiene en cuenta las aportaciones previas de Wei Dai, Ralph Merkle o Adam Back? Como resultará evidente, la alta valoración intelectual que estas aportaciones previas le merecen a Satoshi se demuestra cuando las incluye como referencias en su white paper. Esta circunstancia significa que estas aportaciones tienen para Satoshi un claro valor de uso, pues fueron tenidas en cuenta y/o utilizadas para el desarrollo de Bitcoin. ¿Hubiera sido posible Bitcoin sin el valor de uso “intelectual” que Satoshi concedió a los trabajos teóricos existentes con anterioridad? ¿Hubiera sido posible Bitcoin sin el valor de uso “intelectual” que Satoshi concedió a su propia investigación? Si no la hubiera valorado, es indudable que la habría abandonado a medias.

Naturalmente, la motivación intelectual de Satoshi no era su única motivación y probablemente no la principal, pero es evidente que esa motivación existía. Cuando cité la “satisfacción intelectual” en mi réplica al artículo de Polavieja, lo hice únicamente para dejar claro que Bitcoin era un bien desde un inicio (lo era desde el punto de vista de Satoshi, pues ese bien lograba dar satisfacción a su necesidad intelectual). Por supuesto, se podía considerar igualmente un bien desde otros puntos de vista que ni siquiera consideré necesario citar, pues en aquella parte de mi réplica solo se trataba de señalar que, según el criterio de Menger, Bitcoin era indudablemente un bien (al menos, en el sentido citado), pero no era de ningún modo un bien monetario (lo sería más adelante). En aquellos momentos iniciales, no se podía otorgar valor de cambio a Bitcoin ni se podía utilizar como medio de intercambio indirecto (utilidad monetaria). Solo se trataba de señalar eso, cosa que al parecer no le gustó a Polavieja que señalara.

Valores de uso peculiares y su utilidad marginal

Decía más arriba, cuando hablaba del valor de uso de la esperanza y las expectativas que muchos encontramos en Bitcoin, que desde un punto de vista económico se podrían plantear algunas dudas que sería necesario solventar, relacionadas con la ley de la utilidad marginal. Debo recordar antes de nada que nos situábamos en los inicios de Bitcoin, cuando todavía no era posible utilizarlo como medio de intercambio. Pues bien, hay que empezar por decir que en términos económicos es un error de concepto referirnos de forma general a la esperanza y las expectativas depositadas en Bitcoin (considerado como un todo), puesto que el valor de un bien “viene determinado por su utilidad marginal, no por la utilidad «filosófica» de los bienes tomados en absoluto o en abstracto.”[14] Este error tan simple, repetido a lo largo de la historia, impidió durante mucho tiempo que los economistas resolvieran la supuesta paradoja del valor entre el agua y los diamantes. Si el agua es más necesaria para el ser humano que los diamantes, ¿por qué los diamantes son más caros que el agua? La solución a la paradoja del valor pasaba por darse cuenta de que no se compara el agua en su conjunto con los diamantes en su conjunto, sino que se comparan cantidades específicas de unidades relevantes para la acción de un sujeto en un momento determinado. Como señalaba muy acertadamente Menger, “valor es la significación que unos concretos bienes o cantidades parciales de bienes adquieren para nosotros, cuando somos conscientes de que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades”.[15] Por tanto, aunque filosóficamente podamos reflexionar sobre Bitcoin de forma general, nuestra valoración praxeológica (que es la que nos conduce a actuar) solo se puede referir a una cantidad parcial de ese bien, pues es solo una cantidad concreta la que nos permitirá satisfacer nuestras necesidades. Rothbard también subraya esta idea al decir que el valor “no pertenece en abstracto a una clase de bienes; es atribuido por los consumidores a unidades reales, específicas…”[16] En definitiva, una valoración subjetiva de Bitcoin debe consistir en elegir entre cierta cantidad de bitcoins o cierta cantidad de bienes alternativos que pueden competir con esos bitcoins a la hora de paliar nuestras necesidades.

Planteado así el asunto, tenemos que dilucidar si los valores de uso que hipotéticamente se le podrían haber apreciado a Bitcoin en aquellos momentos iniciales de su existencia eran coherentes con la ley de la utilidad marginal. Citábamos anteriormente como posibles valores de uso, en primer lugar, la satisfacción intelectual del creador de Bitcoin. También mencionábamos como valor de uso la esperanza de que Bitcoin se convirtiera en dinero. De igual manera, la esperanza de que Bitcoin le quitara el dinero de las manos al Estado. Y, por último, la expectativa de una gran revalorización. En todos estos casos nos encontramos ante valores de uso un tanto peculiares, pero ya se ha explicado que tanto las necesidades como los valores de uso no tienen límite alguno (son subjetivos). A cualquier bien se le puede atribuir subjetivamente valor de uso simplemente por el hecho de que logre dar satisfacción a una necesidad psíquica. Y, evidentemente, ese es el caso de la satisfacción intelectual, de la esperanza y de las expectativas. Por tanto, lo que nos queda ahora es ver si esos valores de uso eran o podían ser atribuidos a una cantidad específica de bitcoins o, por el contrario, solo se trataba de simples valoraciones filosóficas de Bitcoin, en cuyo caso, no se podrían considerar verdaderamente valores de uso. Quede claro que esta “confrontación” no quiere decir que no pueda darse al mismo tiempo una valoración filosófica y un valor praxeológico, pero en nuestro análisis debemos dejar a un lado la primera y centrarnos exclusivamente en la segunda.

Vayamos con el caso de la satisfacción intelectual. Cuando Satoshi Nakamoto publica el white paper de Bitcoin, es evidente que siente la satisfacción de un logro intelectual y puede atribuirle valor de uso. No obstante, no es el valor de uso de una publicación lo que estamos buscando, sino el valor de uso de unos bitcoins que en ese momento todavía no existían. Sin embargo, cuando se produce el genesis block, nos encontramos ya ante 50 bitcoins y ante una persona que ha utilizado esfuerzo, tiempo y recursos en su consecución. Por tanto, es indudable que puede sentirse satisfecho intelectualmente y atribuirles valor de uso en ese sentido. Pero esto no acaba aquí, pues el proyecto continúa, debe seguir desarrollándose y corrigiendo sus pequeños fallos de funcionamiento. En consecuencia, cada nuevo bloque que se mina con éxito (tic toc, un nuevo bloque cada diez minutos desde el año 2009) supone una nueva satisfacción intelectual (producto de las mejoras introducidas en el proyecto). Y, dado que Bitcoin era (y es) un proyecto en continuo desarrollo, siempre se podrá atribuir un valor de uso intelectual a los bitcoins que se minen exitosamente bajo nuevas especificaciones.

Vayamos ahora con los casos de la esperanza puesta en que Bitcoin se convierta en dinero o en que le quite el dinero de las manos al Estado. El motivo por el que pueda pensarse que son deseables estas circunstancias resulta aquí irrelevante. Lo realmente importante es que para que podamos reconocer un valor de uso tiene que haber unos bienes que nos aseguren de manera directa la satisfacción de ciertas necesidades. Evidentemente, Bitcoin no asegura las circunstancias citadas, pero de lo que se trata aquí no es de las circunstancias en sí, sino de la esperanza puesta en que tales circunstancias sucedan. En este sentido, resulta claro que, ante una necesidad psíquica, a cualquier medio que le dé satisfacción se le podrá atribuir valor de uso. Es cierto que hasta este momento el planteamiento puede parecer más general o filosófico que referido a cantidades específicas de bitcoins. Sin embargo, nada impide que una persona adquiera[17] una cantidad específica de bitcoins por el mero hecho de ser consecuente con sus ideas, apoyando así el proyecto que vislumbra en Bitcoin (económico, político, filosófico o del tipo que sea), y obtenga de esa manera una esperanza que le permite otorgar valor de uso a los bitcoins adquiridos. Y no importa cuántas veces se repita esta acción, puesto que en cada una de las ocasiones la nueva adquisición de bitcoins implicará siempre que esta persona ha situado las nuevas unidades en una posición ordinalmente superior en su escala de valoración a otros bienes que podría haber adquirido alternativamente para tratar de satisfacer sus necesidades.

Algo similar se puede aplicar a la expectativa de una gran revalorización. Si alguien tiene esa expectativa, lo lógico es actuar en consecuencia, es decir, lo lógico es comprar/minar bitcoins. Y el hecho de comprarlos/minarlos debido a la expectativa de una gran revalorización es la constatación de que a tal expectativa se le concede valor de uso. En definitiva, se puede concluir que los valores de uso que hipotéticamente se le apreciaban a Bitcoin en los momentos iniciales de su existencia son coherentes con la ley de la utilidad marginal.

Notas

[1] Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 290

[2] Böhm-Bawerk, Eugen von (1889) Teoría Positiva del Capital. Madrid: Ediciones Aosta, 1998, pp. 279-280

[3] Mises, Ludwig von (1949): La acción humana. Madrid: Unión Editorial, 2007, p. 145

[4] He realizado un breve análisis crítico del concepto “valor de cambio objetivo” y de su utilización por parte de Mises en la nota 21 pp. 73-74 del artículo “La liquidez frente al teorema de la regresión del dinero: una crítica a J. R. Rallo”. Revista Procesos de Mercado, vol. 19, no. 1, Aug. 2022, pp. 63-96. https://www.procesosdemercado.com/index.php/inicio/article/view/776/863  

[5] Menger, 1871, óp. cit., p. 291

[6] Böhm-Bawerk, 1889, óp. cit., p. 280, nota 5

[7] Mises, Ludwig von (1912) La Teoría del Dinero y del Crédito. Madrid: Unión Editorial, 1997, p. 72

[8] En este trabajo se utilizarán los conceptos valor de uso y valor de cambio para interpretar el fenómeno Bitcoin. Pero esta interpretación solo es posible sobre una base teórica que se ha desarrollado previamente. En el próximo número de la revista Procesos de Mercado se publicará un artículo que he escrito en colaboración con el profesor Philipp Bagus. Entre otras cosas, en dicho artículo se analizarán desde un punto de vista teórico general los conceptos valor de uso y valor de cambio, refutándose la posibilidad de la existencia de un bien con valor de cambio y sin valor de uso previo. Si el lector del presente trabajo echa en falta alguna explicación o no entiende alguno de los argumentos que aquí se emplean, le sugiero que lea dicho artículo, puesto que se complementa perfectamente con este.

[9] Utilidad monetaria o bien monetario es una forma breve (e incorrecta) de referirse a la utilidad de un bien como medio de intercambio. Evidentemente moneda y medio de intercambio no son lo mismo, sin embargo, esas expresiones se suelen usar de una forma general con ese significado. Por ese motivo y por la falta de otra expresión más adecuada para referirnos a esta idea de forma breve, en este escrito se utilizarán tales expresiones.

[10] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[11] RAE: Esperanza: Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. RAE: Expectativa: Posibilidad razonable de que algo suceda.

[12] Estas palabras de Hayek eran utilizadas por Polavieja al final de sus artículos, por ejemplo en este: https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/bitcoin-burbujas-y-especulacion/

[13] Mises, 1949, óp. cit., p. 284

[14] Rothbard, Murray N. (1995): Historia del pensamiento económico (Vol. I): El pensamiento económico hasta Adam Smith. Madrid: Unión Editorial, 1999 (segunda reimpresión, 2012), p. 92

[15] Menger, 1871, óp. cit., p. 172

[16] Rothbard, 1995, óp. cit., p. 416

[17] Más que adquirir, me tendría que referir a minar, puesto que para este planteamiento nos situábamos en los inicios de Bitcoin, cuando todavía no se podían comprar bitcoins en el mercado. No obstante, mantengo el uso de la palabra “adquirir” para hacer más sencillo el argumento. Considérese que “adquirir” se refiere de forma general a emplear recursos para obtener bitcoins.

El debate sobre las mercancías

Joel Serrano

La liquidez frente al teorema de la liquidez del dinero: una crítica a J. R. Rallo

Manuel Polavieja

Mises no comprendió a Menger (I)

Mises no comprendió a Menger (II)

Mises no comprendió a Menger (III)

Bitcoin, dinero y mercancías

Bitcoin es una mercancía (I)

Mises no comprendió a Menger (IV)

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (I)

Manuel Polavieja

Bitcoin es una mercancía (II)

Refutación del teorema regresivo de Mises

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (II)

Manuel Polavieja

Mercancías y economía de mercado

Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (II)

Tras la respuesta de Polavieja a mi artículo, decía un amable lector lo siguiente: “Buena respuesta. No tan detallada y precisa como la de Joel Serrano, pero «salva» alguno (o algunos) de los puntos criticados. Enhorabuena a los dos”. Agradezco este comentario y reconozco que, en apariencia, la respuesta de Polavieja “salva” alguna de las críticas recibidas. Pero, como digo, creo que solo las salva en apariencia. He analizado en profundidad la réplica de Polavieja y, en mi opinión, puedo mantener todas las tesis, si bien es posible explicarlas mucho mejor. Esa es mi intención en este nuevo artículo, mejorar las explicaciones y rebatir los argumentos de Polavieja.

Cuatro partes más

Ya adelanto que mi escrito no será breve. Esto se debe, por un lado, a que en muchas ocasiones, antes de cuestionar los argumentos de Polavieja me he visto obligado a explicarlos. Y, por otro lado, se debe también a que en esta ocasión he preferido partir de cero en mis argumentaciones, no dar nada por sobreentendido. Estas dos circunstancias explican la extensión del artículo. Para facilitar su lectura lo he dividido en varias partes claramente diferenciadas.

Mi pretensión inicial era publicar el artículo de una sola vez, en lugar de publicar cada una de las partes quincenal o mensualmente, el motivo es que, en mi opinión, las ideas solo se logran explicar y entender bien después de ser analizadas en profundidad desde diferentes puntos de vista (en este caso, las diferentes partes). Sin embargo, al final no será así, la extensión no lo hace aconsejable. En la primera publicación se incluirá un apartado referido a las mercancías y otro referido a los medios de cambio. La segunda publicación estará relacionada con el valor de uso y el valor de cambio. La tercera publicación tratará sobre la idea de bien en Menger. Y la cuarta y última publicación constará de un apartado con las tomas falsas del debate y de una addenda en la que se plasmarán unas reflexiones finales.

Bitcoin, una visión austríaca

Cada una de estas publicaciones podrá ser leída de forma independiente, pues todas las partes tienen sentido en sí mismas. No obstante, no hay que olvidar que las cuatro publicaciones son, en su conjunto, la contrarréplica a la réplica[1] que a Polavieja le mereció mi artículo.[2] Por ello, pediría a los interesados en el debate que lean el trabajo completo antes de sacar conclusiones apresuradas, sobre todo si encuentran algún razonamiento muy distinto al que suelen estar acostumbrados.

Si algo bueno encontrarán en este artículo, es que toda afirmación la trataré de explicar en detalle (no obligaré al lector a ser, además de lector, intérprete). En ese sentido, siempre intento ser muy claro en mi lenguaje. Cuando estudiaba filosofía se me quedó grabada en la mente una frase de Ortega y Gasset que decía: “la claridad es la cortesía del filósofo”. Y yo creo que esto no debe aplicarse únicamente a la filosofía.

Por último, me gustaría señalar que en estas publicaciones se va esbozando la idea de Bitcoin que va fraguando poco a poco en la tesis doctoral que estoy desarrollando en la URJC y que llevará por título: “Bitcoin como dinero fuerte en potencia: una interpretación de Bitcoin a la luz de la Escuela Austriaca de Economía”.

Sobre las mercancías

En el artículo titulado “Bitcoin es una mercancía”,[3] dice Polavieja que la RAE define mercancía como “cosa mueble que se hace objeto de trato o venta” y añade que esta definición va “en la misma línea” que la del diccionario Merrian Webster, que define “commodity” como “something useful or valued”. En mi opinión, estas definiciones no tienen nada que ver la una con la otra, pero dejemos esto a un lado por el momento. Manuel Polavieja establece lo que considera como la definición más precisa de mercancía. Esta definición concuerda básicamente con las explicaciones de Menger de 1871 (tanto es así que resulta un poco extraño que no cite a su autor). La definición de mercancía de Polavieja es la siguiente:

Como explicaré en este artículo, la definición más precisa de mercancía es aquello que poseemos con el único propósito de venderlo. Después, es posible que el siguiente comprador tenga la intención de venderlo o consumirlo. Si el comprador lo revende, sigue siendo una mercancía. Si lo consume, deja de ser una mercancía y pasa a ser un bien de consumo. Es decir, el carácter de mercancía no es intrínseco al propio bien, sino una relación que tenemos con ese bien. En concreto esa relación consiste en que el bien solo tiene valor de venta para mí, no tiene valor de uso, no lo quiero consumir.[4]

Definición de mercancía

Dado que el uso del término mercancía en la argumentación depende de cómo se defina ese término previamente, de ningún modo se puede considerar incorrecta la definición de Polavieja, simplemente se está obligado a conocerla para entender a qué se refiere cuando la utiliza y poder debatir sobre ese asunto en esos términos.

Evidentemente, el hecho de otorgar diferentes significados a los mismos términos complica un poco el debate, pero si las definiciones están claras, esto es lo único que se puede objetar. Nadie debería molestarse por el uso de un término con un significado diferente al suyo, al menos siempre que se haya definido con antelación y sea usado coherentemente. Sin embargo, Polavieja parece incomodarse cuando no se usan las palabras en el sentido que él les otorga. Por ejemplo, se refiere a Mises en estos términos: “El raro es Mises al utilizar el significado de “valor de uso”.[5]

De esa manera tan poco elegante, Polavieja trata de sostener que la esencia de las mercancías es tener valor de cambio y no valor de uso. Pero, como ya ha quedado claro, eso dependerá necesariamente de la definición previa de mercancía. Así, si alguien definiera mercancía de forma muy amplia, como hemos visto que hace el diccionario Merrian Webster (“something useful or valued”), ese debate sobre la esencia de las mercancías no tendría sentido (cualquier bien útil o valorado sería una mercancía, sin importar si se le otorga valor de uso o valor de cambio). En definitiva, toda crítica y todo desprecio a Mises en ese sentido resultan absurdos.

Decisión sobre el uso y la enajenación

Pero centrémonos en la definición de mercancía de Polavieja/Menger. En mi opinión, la idea planteada se entiende perfectamente, pero debe quedar claro que el poseedor del bien puede cambiar su propósito de venderlo cuando le parezca oportuno (es su propiedad y, por lo tanto, en cualquier momento puede decidir consumirlo, regalarlo o incluso destruirlo).

Aparte de esa aclaración, quiero señalar que la última frase de Polavieja (“el bien solo tiene valor de venta para mí, no tiene valor de uso, no lo quiero consumir”) puede llevar a engaño. No digo que esté mal o sea incorrecta, pero puede dar lugar a malas interpretaciones. Por ese motivo, más adelante se abordarán en profundidad los conceptos valor de uso y valor de cambio.

Siempre dedicamos nuestros bienes a aquel uso que tiene una mayor utilidad y ese es su verdadero valor. El profesor guarda sus libros, el librero los vende. O el académico puede venderlos también si siente el aguijón de la pobreza[6]

¿Es bitcoin una mercancía?

Dicho esto, vayamos con el análisis crítico de las conclusiones relacionadas con Bitcoin a las que llega Polavieja a partir de su definición de mercancía. Si mercancía es “aquello que poseemos con el único propósito de venderlo” y “el carácter de mercancía no es intrínseco al propio bien, sino una relación que tenemos con ese bien”, ¿cómo llega Polavieja a la conclusión de que Bitcoin es una mercancía? Es decir, si la consideración de mercancía es siempre subjetiva, ¿basándose en qué podríamos definir a Bitcoin como una mercancía? Antes de continuar, quiero aclarar que, en mi opinión, Bitcoin es una mercancía, pero lo es en el sentido de la acepción del diccionario Merrian Webster (i. e., Bitcoin es una mercancía porque es algo útil o valorado).

Resulta evidente que, bajo la definición de mercancía de Polavieja, no se puede definir a Bitcoin como una mercancía. A lo sumo se podría afirmar que, en determinado momento, ciertas personas consideran como mercancía una determinada cantidad de bitcoins que poseen (es decir, que los consideran bienes dedicados al intercambio). Respecto a este asunto, se podría decir, incluso, que bajo la teoría de la mercancía de Menger en la que se apoya Polavieja no sería suficiente con el hecho de considerar esos bitcoins como bienes dedicados al intercambio. Esa consideración de mercancía se demostraría únicamente poniendo a la venta los bitcoins que uno posee.

Intercambio y precio

Por supuesto, admito que es posible tener la intención de intercambiar los bitcoins, pero no a cualquier precio. Esta posibilidad también la dejaba abierta Menger:

La mercancía es un bien económico destinado al intercambio. Pero no se define únicamente en razón del intercambio. El dueño de las mercancías tiene, sin duda, la intención de intercambiarlas. Pero no a cualquier precio.[7]

No obstante, el planteamiento de Menger es muy claro y de él se deduce que en el momento en que los poseedores de bitcoins tienen la capacidad de cambiarlos o venderlos a precios económicos (expresión de Menger) y, sin embargo, no lo hacen, ello solo puede ser debido a que en ese momento no los están considerando “mercancías”, sino otra cosa muy diferente que valoran por encima del hecho de destinarlos al intercambio. Posteriormente, los propietarios podrán cambiar de idea y dedicarlos al intercambio, pero, en tanto en cuanto no sea así, no pueden afirmar que los consideran mercancías en el sentido de Menger (y de Polavieja).

Ejemplos

Vayamos con algunos ejemplos clarificadores. Un trader es indudable que considera sus bitcoins como bienes dedicados al intercambio, y ello a pesar de que en ciertos momentos no los venda y esté esperando el precio que considera adecuado, según sus análisis. Esto es lo mismo que ocurre con un comerciante, podría vender en cualquier momento sus productos, pero decide poner un precio que considera ventajoso y esperar que los clientes los compren a ese precio (por supuesto, si esto no sucede, rebaja los precios). Por lo tanto, para un trader los bitcoins serían mercancías, en el sentido de Menger/Polavieja.

Otro ejemplo, muy diferente, lo encontraríamos en Michael Saylor y la empresa MicroStrategy (que fundó en 1989, dirigió hasta el año 2022, y controla de forma mayoritaria).[8] MicroStrategy tiene en su balance 132 500 bitcoins (enero de 2023) y, a decir de Saylor, no tiene ninguna intención de venderlos. De hecho, a menudo se refiere a la propiedad de esos bitcoins como “la granja familiar”, algo que nunca se debería vender.[9] Considera que posee el activo más deseable del universo y, por tanto, le parece absurdo querer venderlo.[10] En definitiva, esos bitcoins que forman parte del balance de MicroStrategy no se pueden considerar mercancías, en el sentido de Menger/Polavieja. Por otra parte, Saylor es solo un ejemplo, otros muchos poseedores de bitcoins consideran igualmente que por uno u otro motivo (acertado o equivocado) no deben vender sus bitcoins.[11]

“Medios de intercambio”

En algún momento de su respuesta a mi crítica, decía Polavieja que aunque estaba plenamente convencido de mi equivocación al interpretar a Menger renunciaba a usar el término “medio de cambio” (supuestamente por despejar el debate) y, en adelante, se limitaría a usar el término “mercancía” para referirse al estatus inicial de Bitcoin. Esto podría ser interpretado de una forma muy diferente. De hecho, yo lo hago de la siguiente manera: Como Serrano me ha pillado con el carrito de los helados en el asunto de los medios de intercambio, en lugar de reconocerlo voy a tratar de enfocarlo hacia el término mercancía y hacia los inicios de Bitcoin donde creo que lo tengo todo mejor atado… Sea esto realmente así o solo imaginaciones mías, enseguida se podrá comprobar que, a diferencia de Polavieja, yo no voy a rehuir el desafío.

Según afirma Polavieja, “Bitcoin es una mercancía pura”. Ya hemos visto el poco sentido que tiene decir esto a partir de su propia definición de mercancía, puesto que la consideración de un bien como mercancía dependería de la subjetividad del propietario de ese bien. También hemos visto el poco sentido de esa afirmación a través de un ejemplo.

Un propósito distinto

Como se acaba de mostrar, el caso de Saylor/MicroStrategy sirve para echar por tierra la idea de Polavieja de que Bitcoin es una mercancía (según su definición de mercancía, por supuesto). En opinión de Polavieja, una mercancía pura (supuestamente Bitcoin) es aquella que solo sirve para comprar y vender. Y, sin embargo, hemos comprobado con el ejemplo citado que esto no es así, que los bitcoins de Saylor/MicroStrategy tienen otro propósito. No obstante, hay que reconocer que este ejemplo no nos sirve para referirnos a los inicios de Bitcoin (que tanto nos interesan a Polavieja y a mí, aunque los interpretemos de manera diferente). Por tanto, en este caso lo mejor será utilizar el ejemplo de su creador, Satoshi Nakamoto. De nuevo, un ejemplo muy diferente a los anteriores. Veamos.

Antes de nada una aclaración. Hay otro punto de vista muy importante desde el que no tiene ningún sentido afirmar, como hace Polavieja, que “Bitcoin es una mercancía pura”. Y es que si hablamos de bienes dedicados al intercambio por sus propietarios, el bien en cuestión no sería Bitcoin (en general), sino una cantidad específica de bitcoins que su propietario considere relevantes para la acción. Y dado que hay diferentes propietarios con diferentes objetivos no es posible afirmar que todos los bitcoins son una mercancía pura. En el caso de aquellos propietarios de bitcoins que sí los consideran como bienes dedicados al intercambio (mercancía en el sentido de Polavieja/Menger), la acción efectuada por ellos debe ser coherente con dicha consideración, es decir, la acción de estos propietarios debe ir encaminada a destinarlos de hecho al intercambio (recordemos el concepto preferencia demostrada desarrollado por Rothbard).

Satoshi Nakamoto

Aquí es donde voy a introducir a Satoshi Nakamoto. El creador de Bitcoin posee aproximadamente un millón de bitcoins, que consiguió gracias al intercambio autístico (utilizando su tiempo y su ordenador personal para obtener bitcoins mediante “minado”).[12] Dado que en el sistema de funcionamiento de Bitcoin todas las transacciones son registradas de forma inmutable, es conocido que Satoshi no ha utilizado uno solo de sus bitcoins[13] para intercambiarlo por otros bienes. Polavieja da por hecho que Satoshi consideraba sus bitcoins como mercancías (bienes destinados al intercambio), sin embargo, los hechos demuestran lo contrario.

Es cierto que, si solo nos fijamos en los momentos iniciales, podría pensarse que el hecho de no dedicarlos al intercambio solo fue debido a que, en la práctica, esas unidades todavía no podían ser utilizadas para el intercambio por otros bienes (y es que los pocos interesados en esas unidades también podían conseguirlas mediante intercambio autístico, así lo hizo por ejemplo “Hal” Finney).[14]

Bitcoin como mercancía

También podría pensarse que el hecho de no venderlos en los momentos iniciales solo fue debido a que todavía no existía un precio de mercado. Y, en efecto, tuvieron que transcurrir varios meses para que apareciera un precio de Bitcoin en el mercado.[15] En realidad, ya he admitido la posibilidad de que el propietario de una mercancía no quiera venderla a cualquier precio y, por lo tanto, espere el momento adecuado (como sucede en el caso del trader y de cualquier comerciante). Pero realmente esas hipótesis ya pueden ser rechazadas. Hace mucho tiempo que Satoshi podría haber utilizado sus bitcoins para intercambiarlos por otros bienes (pagar bienes con bitcoins), y lo mismo se puede decir en el caso de que hubiera querido venderlos (obtener dinero fiat a cambio de bitcoins).

Si al menos hubiera vendido o intercambiado una pequeña parte de sus bitcoins, por pequeña que fuera, podríamos pensar que los utilizaba como mercancías, aunque prefiriera reservar la mayor parte en espera de una revalorización posterior. Sin embargo, nunca los ha utilizado para el intercambio, ni siquiera esa mínima parte, y ello a pesar de que sus bitcoins pronto se revalorizaron considerablemente.

Revalorización

Sirva como ejemplo que el último mensaje de Satoshi Nakamoto tuvo lugar el 12 de diciembre de 2010, pues bien, un mes antes, el precio de un bitcoin en el mercado había llegado a ser de 0,5 dólares. Esto suponía una revalorización de aproximadamente un 12 500 % con respecto al precio pagado por dos pizzas solo unos meses antes.

En definitiva, si las intenciones o los propósitos se demuestran andando, es evidente que hasta diciembre de 2010 Satoshi nunca consideró sus bitcoins como mercancías (bienes destinados al intercambio, según Menger/Polavieja) y tampoco lo ha hecho en el período que va desde 2010 hasta 2023. El propio Polavieja reconocía en su definición de mercancía citada al comienzo de este apartado que “mercancía es aquello que poseemos con el único propósito de venderlo”.

Zarandear el sistema

Se podrá especular con la idea de que Satoshi no ha utilizado sus bitcoins debido a que no ha querido poner en peligro el sistema, y estoy muy de acuerdo en que seguramente ese fuera/sea el motivo, pero tal cosa querría decir, precisamente, que valoraba o valora más la satisfacción directa que le proporcionaba o proporciona el hecho de mantener sus bitcoins intactos y no poner en peligro el sistema (valor de uso) que la satisfacción indirecta que de hecho le podía y le puede proporcionar dedicarlos al intercambio (valor de cambio).

Todo lo dicho implica que, a la hora de la verdad, Satoshi Nakamoto no ha considerado sus bitcoins como mercancías en ningún momento, por más que deseara que todos los bitcoins presentes en el mercado se pudieran utilizar como medios de intercambio (así es en la actualidad) y que posteriormente se generalizara su uso y se convirtieran en dinero (así puede ser en el futuro). Como vemos, lo primero (la consideración de sus bitcoins como mercancías) es independiente de lo segundo (el deseo de que se conviertan en MoE/dinero).

Cambio intrapersonal y cambio interpersonal

Un bien deja de ser mercancía en el instante mismo en que el sujeto económico que dispone de ella renuncia a su intención de venderla o bien pasa a manos de una persona que no tiene intención de intercambiarla.[16]

A estas alturas, creo que todos los bitcoiners deberíamos empezar ya a considerar que Satoshi Nakamoto ha hecho una donación al resto de propietarios de bitcoins (ceteris paribus, a menor número de bitcoins, mayor precio). Es decir, ha realizado un cambio intrapersonal o autístico en el que nos ha implicado a todos:

La frontera entre el cambio intrapersonal y el interpersonal resulta, por ello, nítida. Es cambio intrapersonal hacer obsequios unilateralmente, sin ánimo de ser correspondido por parte del donatario o de tercero. El donante goza de la satisfacción que le produce el contemplar la mejor situación personal del obsequiado, aunque éste no sienta agradecimiento.[17]

Valor de uso y valor de cambio

Para concluir este apartado quiero poner el foco sobre las siguientes palabras de Polavieja: “quisiera recalcar que mi argumento no es tanto el hecho histórico de que Bitcoin se demandara como mercancía sin ningún valor de uso, sino la posibilidad de que pudiera valorarse de esta manera”.[18] He rechazado por activa y por pasiva ese supuesto “hecho histórico” (y lo seguiré haciendo siempre que sea necesario). Pero, dado que también considero absurda la idea teórica de un bien con valor de cambio y sin ningún valor de uso previo, quiero decirle a Polavieja y a los lectores que acepto el reto de discutir ese planteamiento.

Así se hará en un artículo que será publicado próximamente en la revista Procesos de Mercado.[19] No obstante, dicho artículo estará enfocado únicamente desde un punto de vista teórico y general, así que en el presente trabajo dedicaré igualmente un apartado a los conceptos valor de uso y valor de cambio, que se desarrollará sobre la base del artículo citado, pero que se relacionará específicamente con Bitcoin (i. e., se utilizará para interpretar el fenómeno Bitcoin). Considero que ese apartado resultará fundamental a la hora de desmontar los habituales juegos de palabras y tergiversaciones que se dan en este asunto.

Sobre los medios de cambio

En un artículo anterior, afirmaba Polavieja que “para Menger lo que caracteriza a una mercancía es precisamente ser medio de cambio”.[20] En mi réplica a esa idea,[21] sostuve que Menger nunca defendió que la esencia de una mercancía fuera el hecho de ser un medio de cambio, sino simplemente ser un bien destinado al intercambio.

Mi opinión era (y es) que esa interpretación de Polavieja no se encontraba de ningún modo en la teoría de la mercancía de Menger. Para demostrarlo puse negro sobre blanco las teorías defendidas por Menger y mostré las incoherencias en que incurrirían estas teorías si se interpretaran como lo sugiere Polavieja (en ese caso, la teoría del surgimiento de los medios de intercambio y del dinero de Menger sería incoherente con su propia teoría de la mercancía). Dado que resulta difícil negar esta circunstancia, Polavieja ha tratado de salvar la situación alegando que cuando se refería a medios de cambio no se refería a medios de cambio indirecto, sino a medios de cambio en general.

Extra Menger

El problema que encuentro en esta alegación es que, aunque Polavieja se hubiera referido a medios de cambio en general y no a medios de cambio indirecto, Menger sí lo hace. Cuando Menger emplea el concepto medio de cambio lo hace inequívocamente en el sentido de “intermediario de los intercambios”, es decir, siempre refiriéndose a un intercambio indirecto (en perfecta sintonía con Mises: “el cambio indirecto se distingue del cambio directo según se emplee o no un medio”).[22] Esto se puede ver, por ejemplo, en la siguiente frase de Menger referida al dinero: “más allá de su función de medio de cambio (de intermediario del mercado de mercancías)”.[23]

Como se puede ver, no solo usa medio de cambio en el sentido indirecto, sino que además lo explica para aquellos que tengan dudas, dejando claro en una sola frase que los medios de cambio son los intermediarios del mercado de mercancías. Otra frase en la que queda claro que para Menger las mercancías no son medios de cambio es la siguiente: “La circunstancia de que una mercancía se convierta en medio de cambio…”[24] El propio Polavieja, en la primera parte de su artículo, dice lo siguiente: “Quisiera dejar claro que cuando digo «medio de intercambio» me estoy refiriendo a medio de intercambio indirecto, en oposición al intercambio directo o trueque”.[25]

Es decir, Polavieja (al igual que Menger y Mises) utiliza la expresión medio de cambio o medio de intercambio en sentido indirecto, por más que ahora quiera esconder su error diciendo que se refería a medios de cambio en general y no a medios de cambio indirecto. En definitiva, debo insistir en que la interpretación de Polavieja no se encuentra de ninguna manera en la teoría de la mercancía de Menger y, además, puede llevar a graves confusiones.

Medios directos e indirectos

No obstante, Polavieja no se conforma únicamente con esa alegación. Al leer la crítica que reciben sus argumentos, decide lo que coloquialmente se conoce como “marear la perdiz”. Rehúye en su respuesta el fondo de la cuestión y decide adornarse con argumentos irrelevantes y juegos de palabras. Por ejemplo, se escuda en unas palabras de Menger en las que dice que en alemán medio de cambio, además de ser usado en el sentido indirecto, también se usa para referirse simplemente a un bien destinado al intercambio. Y, para reforzar esta idea, Polavieja añade que “la mera existencia en la literatura económica de calificar algunos medios de cambio como “indirectos”, ya demuestra que existen los medios de cambio directos”.[26]

Empezando por esto último, tengo que decir que una cosa no se deduce de la otra. El hecho de que alguien se refiera a medios de cambio indirectos puede ser una simple redundancia. Pretender que tal cosa es una demostración es como pretender que la referencia a un “supuesto hipotético” demuestre la existencia de supuestos no hipotéticos o que referirse a una “opinión personal” demuestre la existencia de opiniones impersonales. Por otra parte, si Polavieja quería referirse a una acepción de la expresión medio de cambio con el significado de bien destinado al intercambio no necesitaba recurrir a una deducción tan poco afortunada, ni era necesario que viajara hasta Alemania, pues en español sucede algo similar. Una de las acepciones de medio, reconocidas por la RAE, es “cosa que puede servir para un determinado fin” (así se usa, por ejemplo, en las expresiones medio de transporte o medio de comunicación).

Lo que Menger quiere decir

Lo que quiero decir con esto es que lo relevante en nuestra discusión no es que la expresión medio de cambio pueda ser usada de esa manera, sino que Menger nunca la usa en ese sentido. De hecho, si Polavieja, en lugar de citar únicamente la primera parte de ese párrafo con la clara intención de “arrimar el ascua a su sardina”, hubiera citado el párrafo completo, se podría ver que lo que trataba de hacer Menger es, precisamente, evitar los posibles malentendidos. En ese párrafo, Menger explica que cuando use la expresión medio de cambio lo hará siempre con el sentido de “intermediario de los intercambios” (i. e., como medio de cambio indirecto). El párrafo completo (incluida la parte referida al uso de la expresión medio de cambio en alemán que es utilizada por Polavieja) es el siguiente:

La expresión «intermediario del intercambio» para designar la función de intermediación del dinero en el intercambio de bienes es incomparablemente más exacta que la de «medio de cambio», que en alemán se utiliza también para dar a entender cualquier otro bien destinado al intercambio. Pero como, en el lenguaje de la ciencia, para ambos conceptos se emplea la expresión «medio de cambio», y resulta difícil repetir continuamente la expresión «intermediario en el intercambio», en la exposición que sigue nos hemos atenido a la expresión usada hasta ahora siempre que la rigurosa distinción en los mencionados conceptos no da lugar a dudas.[27]

Estas palabras de Menger se corresponden con una nota aclaratoria al título del primer capítulo de su libro El Dinero. Ese título es “El origen de los intermediarios de uso general” y cualquiera que lea con atención el capítulo podrá darse cuenta de que Menger utiliza siempre medios de cambio en el sentido de “intermediario del intercambio”.[28] También utiliza en numerosas ocasiones esta última expresión, pero lo hace solo cuando de no hacerlo pudiera dar lugar a dudas y crear confusión (como explica en la nota citada). Parece ser que ni siquiera esta nota aclaratoria ha sido suficiente para que Polavieja entienda al bueno de Menger.

Tradición alemana

En resumen, se podría decir que Polavieja, con el objetivo de llevar a los lectores hacia su interpretación, ha recurrido a un uso irrelevante de la expresión medio de cambio, ha forzado una deducción a todas luces errónea y ha cercenado un párrafo a conveniencia. Después de tergiversar los argumentos de esta manera, Polavieja decide citar, por fin, unas palabras de Menger correspondientes a su teoría de la mercancía: “De ahí que un gran número de economistas, sobre todo germano-parlantes, entienda por mercancías los bienes (económicos) de todo tipo destinados al intercambio”.[29]

Por supuesto, nunca he puesto en duda esta circunstancia. En el primer párrafo de este apartado ya he dicho que “Menger nunca defendió que la esencia de una mercancía fuera el hecho de ser un medio de cambio, sino simplemente ser un bien destinado al intercambio”, y prácticamente con las mismas palabras sostuve en mi réplica original que “Menger en ningún caso afirma que toda mercancía sea un medio de cambio, sino que su esencia es estar destinada al intercambio.”

Intermediario de los intercambios

Sin embargo, Polavieja, que parece tener el valor de un torero, cita estas palabras de Menger como si demostraran mágicamente su posición, y para no entrar en explicaciones remata su escenificación con un pase de pecho diciendo: sobra ningún comentario adicional por mi parte”. Le diría a Polavieja que no me convence mucho eso de que sobren los comentarios (esto no es Twitter, aquí puede uno desarrollar sus argumentos) y tal vez los lectores hubieran agradecido alguna idea hilada y coherente, en lugar de simplemente dejarlas caer y obligar a quien quiera rebatirlas a tener primero que explicarlas.

Para dar por concluido este apartado, quiero insistir, una vez más, en que cuando Menger utiliza la expresión medio de cambio lo hace inequívocamente en el sentido de “intermediario de los intercambios”. Y, además, resulta definitivo que Menger nunca emplea la expresión medio de cambio en el desarrollo de su teoría de la mercancía. Únicamente utiliza esta expresión cuando desarrolla su teoría sobre el surgimiento de los medios de intercambio y del dinero (y siempre en sentido indirecto).

Así que, si Polavieja quiere jugar con las palabras mercancía, medio de cambio, valor de cambio; si Polavieja quiere tergiversar los argumentos para tratar de demoler la teoría monetaria aceptada mayoritariamente en la Escuela Austriaca, que es la de Mises (y que incluye su impecable teorema de la regresión); si Polavieja quiere confundir a los bitcoiners y austriacos más ingenuos para atraerlos hacia su teoría monetaria, tengo que decirle que no podrá hacerlo usando como excusa a Menger.


[1]Bitcoin es una mercancía II

[2]Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger

[3] Véase “Bitcoin es una mercancía

[4] Ídem

[5] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[6] Böhm-Bawerk, Eugen von (1889) Teoría Positiva del Capital. Madrid: Ediciones Aosta, 1998, p. 280

[7] Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 310

[8] A este respecto, véase: https://capital.com/microstrategy-shareholder-who-owns-most-mstr-stock

[9] Véase https://cfi.co/finance/2022/08/michael-saylor-bitcoin-secrets/

[10] Sobre este asunto, véase https://mobile.twitter.com/saylor/status/1347621155738419200 Para evitar algunas posibles respuestas ventajistas, adelanto que, a finales del año 2022, MicroStrategy vendió 704 bitcoins. No obstante, dos días más tarde compró 810 bitcoins. Como muestra la información facilitada por la empresa a la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), esos bitcoins se vendieron para generar beneficios fiscales: “MicroStrategy plans to carry back the capital losses resulting from this transaction against previous capital gains, to the extent such carrybacks are available under the federal income tax laws currently in effect, which may generate a tax benefit”. Sobre este asunto, véase https://www.binance.com/es/feed/post/143393

[11] Sobre este asunto, véase https://www.investortrip.com/never-sell-bitcoin/

[12] “La acción consiste fundamentalmente en sustituir una situación por otra. Cuando la acción se practica sin contar con la cooperación de terceros, podemos calificarla de cambio «autístico» o intrapersonal. Un ejemplo: el cazador aislado, que mata un animal para su propio consumo, cambia su ocio y cartucho por alimentos.” Mises, Ludwig von (1949): La Acción Humana. Madrid: Unión Editorial, 2007, p. 233

[13] En adelante, señalaré siempre en cursivas las palabras “sus bitcoins” para indicar que cuando se habla de Bitcoin desde un punto de vista económico y monetario, en realidad se habla siempre de las unidades de ese bien relevantes para la acción, no del bien en sentido filosófico o general.

[14] “Hal” Finney en https://bitcointalk.org/index.php?topic=155054.0 :“When Satoshi announced the first release of the software, I grabbed it right away. I think I was the first person besides Satoshi to run bitcoin. I mined block 70-something…” Es decir, Finney comenzó a minar menos de un día después de que lo hiciera Satoshi.

[15] Nueve meses después del “nacimiento” de Bitcoin se creó el primer exchange específico. Este primer mercado organizado, en el que se podían comprar y vender bitcoins, se denominó New Liberty Standard. En la web de New Liberty Standard se podía leer lo siguiente: “An Economic Revolution: Bitcoin is the gold standard of digital currency. The availability of bitcoins can not be manipulated by governments or financial institutions and bitcoin transactions occur directly between two parties without a middleman.”

Su propietario había lanzado la idea en un foro y Martti Malmi, uno de los colaboradores más cercanos a Satoshi Nakamoto, vio la iniciativa con interés, por lo que decidió colaborar en su consecución. Malmi vendió 5050 bitcoins al propietario del exchange por un importe total de 5,02 dólares. Es la primera transacción registrada de bitcoins por dólares de la que se tenga noticia. Fue realizada a través de PayPal. Comprador y vendedor se pusieron de acuerdo en establecer el precio calculando el coste energético necesario para minar dicha cantidad de bitcoins. Es decir, Martti Malmi (uno de los principales desarrolladores de Bitcoin en aquellos momentos) estaba interesado en facilitar que el exchange comenzara su actividad, por lo que vendió esos bitcoins al propietario de New Liberty Standard a precio de coste.

Esto sucedió el 12 de octubre de 2009, a partir de ese momento, el precio de intercambio de bitcoin comenzó a fluctuar libremente en el exchange. En febrero de 2010, surgió el segundo exchange. Un usuario de Bitcointalk denominado dwdollar creó un portal llamado “Bitcoin Market” en el que se podían comprar y vender bitcoins de persona a persona, mediante sistemas de pago como Paypal. En el mensaje original, decía dwdollar que intentaba “crear un mercado en el que los bitcoins se trataran como una mercancía”. Un mercado en el que la gente pudiera “intercambiar Bitcoins por dólares y especular sobre su valor”.

[16] Menger, 1871, óp. cit., p. 302

[17] Mises, Ludwig von (1949): La acción humana. Madrid: Unión Editorial, 2007, p. 234

[18] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[19] En un trabajo realizado en colaboración con el profesor Philipp Bagus y que será publicado en el próximo número de la revista Procesos de Mercado, se han analizado los conceptos valor de uso y valor de cambio. Este trabajo incluye la refutación de la posibilidad de un bien con valor de cambio y sin valor de uso previo.

[20] Véase “Mises no comprendió a Menger”

[21] Véase “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger

[22] Mises, Ludwig von (1912) La Teoría del Dinero y del Crédito. Madrid: Unión Editorial, 1997, p. 4

[23] Menger, Carl (1892): El dinero. Madrid: Unión Editorial, 2013, p. 162

[24] Ibídem, p. 95

[25] Véase “Bitcoin es una mercancía

[26] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[27] Menger, 1892, óp. cit., p. 97

[28] Ejemplo del uso por parte de Menger de la expresión medio de cambio en el sentido de medio de intercambio indirecto [las cursivas en los siguientes textos son mías]: “Quien en cambio acude al mercado con mercancías de otro género, se encuentra normalmente en una situación menos favorable que antes, en el caso de que quiera cambiarlas directamente por bienes que necesita particularmente. En efecto, en el mercado encuentra ya consolidada la costumbre de servirse de un medio de cambio, con la consecuencia de que un intercambio directo de bienes —ya de por sí incierto y difícil en los mercados en los que se practicaba el trueque— se hace desde ese momento todavía más difícil y en definitiva y por regla general incluso casi imposible.” Menger, 1892, óp. cit., p. 94.

[29] Menger, 1871, óp. cit., p. 300

Serie Polavieja no comprendió a Menger; tampoco a Mises

I Mercancía y teorema de la regresión

¿Un presidente pro-bitcoin en los Estados Unidos?

Seguramente, estamos a menos de una década de que un presidente de la Nación más poderosa del mundo sea proBitcoin y, con su llegada a la Casa Blanca, veremos el inicio de la carrera por el ciberespacio, donde Bitcoin será el catalizador hacia una nueva era.

Regreso de presentar The Philosophy of Bitcoin en Miami, en la mayor conferencia de Bitcoin del mundo. Para mi sorpresa, dos candidatos a presidente de los Estados Unidos iniciaban su campaña electoral en la misma conferencia en la que yo presentaba el libro: el demócrata Robert F. Kennedy Jr. y el republicano Vivek Ramaswamy. Sin lugar a dudas, el más destacado fue Robert F. Kennedy Jr., que realizó un discurso muy favorable a Bitcoin y se declaró claramente partidario de asegurar el derecho a tener y utilizar Bitcoin. Sus propuestas incluyeron: defender la autocustodia, al igual que puedes tener dinero en tu cartera o tener las llaves de tu coche; el derecho a correr un nodo de Bitcoin; defender una regulación neutral para la industria de la minería de Bitcoin; revertir la hostilidad del actual Gobierno con la industria para traer de vuelta a los desarrolladores, programadores y demás ingenieros de software que han abandonado el país; y, sobre todo, reconocer que Bitcoin no es una security, y no debe estar regulada como tal, Bitcoin tiene una categoría propia (digital commodity) separada del resto de Crypto.

Por si fuera poco, otro de los candidatos republicanos a la presidencia, DeSantis, Gobernador de Florida, también incluyó recientemente la defensa de Bitcoin entre sus propuestas. Claramente, en US se están haciendo los deberes respecto a Bitcoin, y comenzamos a ver una carrera por captar a los bitcoiners. Aquí se ve cómo se cumple aquello que decía Taleb: Los más intolerantes ganan: La dictadura de minoría.

Para los bitcoiners, la confianza y la percepción de seguridad que se había depositado en el Estado ha sido desplazada a Bitcoin, y con esta sensación de seguridad se traslada también un carácter religioso. Al ser lo que proporciona seguridad no quieres que nadie lo ataque y quieres protegerlo a toda costa, un elemento religioso o de fanatismo si se quiere, que se suele ver reflejado en los que ahora se conocen como maximalistas de Bitcoin (a los que se suele tachar de tóxicos). Como supo analizar Taleb, esto es lo que asegurará su éxito. Al final, las religiones duran más que los imperios.

No obstante, el elemento de religiosidad es hacia fuera, hacia dentro uno de los mantras de la comunidad es don’t trust, verify. Cada cambio se discute durante largos periodos de tiempo y requiere amplísimos consensos para ser implementado. Cada nueva tesis es analizada con lupa y sometida a todo tipo de objeciones y debates. Por ello, la comunidad es tan fuerte y crece a ese ritmo: hacia fuera, una unión total; hacia dentro, crítica constructiva muy exigente.

Con todo esto, ya empezamos a ver que la principal crítica a Bitcoin, que los Estados lo atacarán, se está viendo rápidamente superada por una comprensión superior del activo y por la fuerza de su comunidad. Como suelo decir, Bitcoin se entiende mucho mejor si lo comparamos con la pólvora, y ahí se ve que no cabe ser partidario o detractor, simplemente aquel que lo adopte primero saldrá beneficiado, y el que lo persiga, dificulte su acceso a su población y aprenda a utilizarlo más tarde se está pegando un tiro en el pie, nunca mejor dicho. Al igual que con la pólvora, no se trata de lo que los políticos opinen o legislen sobre él, sino de qué manera se van a adaptar a Bitcoin.

Que EEUU lidere la adopción no es casual, entre sus filas cuentan con un miembro de la Space Force, Jason P. Lowery, que ha presentado su tesis doctoral en el MIT sobre la relevancia geopolítica de Bitcoin: Softwar: A Novel Theory on Power Projection and the National Strategic Significance of Bitcoin. Un magnífico resumen en español de la tesis se puede encontrar aquí. Lowery ve a Bitcoin más allá del punto de vista económico, lo ve como una manera de proyección de poder en el ciberespacio, hasta el punto de denominarlo bitpower.

En Internet tenemos un problema por defecto: la ausencia de privacidad. No podemos elegir revelarnos selectivamente, al haber un proveedor del servicio, siempre alguien puede acceder a nuestros datos sin nuestro permiso y de esa manera explotarlos. Bitcoin, al no depender de terceros, y si se mantienen las debidas precauciones, devuelve de forma muy sencilla la privacidad al ámbito de las relaciones digitales, y con ello, inicia el fin de los ciberimperios que se han formado en los inicios del ciberespacio con las empresas tecnológicas que controlan la mayor parte de los datos de la población, es decir, que explotan los recursos de los ciudadanos. Bitcoin vendría a ser un elemento que permitiría reequilibrar, desmantelar y restringir ese poder:

“Es posible que lo que estamos viendo con la adopción global de Bitcoin represente un patrón ‘estrangulador’ que se está desarrollando en la arquitectura existente de Internet, podríamos estar modernizando en este momento un sistema informático grande y monolítico al reemplazar gradualmente los servicios realizados en el sistema heredado con servicios realizados en el sistema modernizado, y podría ser simplemente que el intercambio de información financiera represente el primer servicio de muchos que se realizarán en una arquitectura modernizada de la World Wide Web” (p. 330)

Lowery desarrolla de forma brillante unas ideas que estaban de forma germinal en De las ballestas a la criptografía, Chuck Hammill, 1987.

Por mi parte, tras dos años de escribir La filosofía de Bitcoin y tras cientos de conversaciones, entrevistas y debates, me he dado cuenta de que yo mismo he infravalorado a Bitcoin. El aspecto más novedoso de mi libro es analizar Bitcoin como una nueva forma de propiedad, dado que Bitcoin redefine el derecho de propiedad privada haciéndola depender del conocimiento y, por ello, permitiendo que la propiedad pueda ser un secreto, es decir, difícil de confiscar y censurar. Sin embargo, esto tiene un alcance mucho mayor del que yo mismo había pensado en un inicio.

El hecho de disponer de un sistema global de derechos de propiedad privada sin restricciones ni censura es fascinante. En el mundo occidental gastamos cantidades ingentes de recursos para poder gozar de “seguridad jurídica”, para poder disponer de una propiedad privada muy limitada. Necesitamos sistemas judiciales, leyes, registros de la propiedad, notarios, policías, ejércitos, administraciones, abogados, etc., para hacer la propiedad efectiva. Con Bitcoin se puede acceder a propiedad de forma sencilla y segura en todo el mundo sin necesitar todo eso. Aquellos países que no se pueden permitir económicamente desarrollar sistemas de Rule of Law o Estados de Derecho verán con muy buenos ojos un sistema que les permite acceder a propiedad e intercambiarla de forma segura, especialmente a medida que se desarrollen capas superiores sobre Bitcoin.

Pensemos que hay 1.800 millones de personas desbancarizadas; y que hay muchas más que no son capaces de acceder países con seguridad jurídica, es decir, a tener propiedad efectiva; ni a poder intercambiar valor por otros activos en Internet. Bitcoin y los desarrollos que se hagan sobre él van a permitir a todo el mundo, sin restricciones ni censura, acceder a propiedad, poseerla y transmitirla de forma segura en un mundo global. Explorar estos aspectos abre un mundo fascinante de ideas, veamos una de ellas.

En la Bitcoin Conference 2023, Tuur Demeester tuvo un panel titulado Will AI Dream of Electric Bitcoin?. Y es que, una IA no puede abrirse una cuenta bancaria, pero sí puede generar su propia semilla de Bitcoin y a partir de ahí generar las direcciones para recibir bitcoin a cambio del valor que aporte, y eso hace de bitcoin el dinero perfecto para estos softwares autónomos. Podrán aportar valor y recibir bitcoin a cambio sin que nadie se lo pueda impedir, de forma global, gracias a la accesibilidad total de Bitcoin. Pensemos en los incentivos para programarlas así e ir haciéndolas más rentables, además de tener una guía para que se centren en lo que aporte más valor al mundo.

Mientras la mayoría sigue pendiente del precio, parece que estamos en la antesala del inicio de la carrera ciberespacial y de comprobar que el alcance histórico de Bitcoin, efectivamente, se entiende mucho mejor cuando lo comparamos con la pólvora.